Hotel Madrid, una novela de Emilio González Déniz

John es un artista, un genio –explicó Latines– y los genios deben amarse a sí mismos, es la única manera de hacerlo.
Entonces estuve segura de que John no era un genio, sino un hombre. En algún momento sentí que me amaba, aunque la única declaración de amor que obtuve de él fue por escrito y en inglés. Pero estoy segura de que hubo tiempo, tal vez muy corto, en que me amó: las horas doradas con John Huston. Para mí era suficiente”.

Hotel Madrid. El amor secreto de John Huston, Emilio González Déniz, Algaida, 2000)

La primera vez que leí Hotel Madrid, de ese gran fabulador que es Emilio González Déniz, fue en fotocopias que me pasó el propio autor porque la novela estaba y sigue estando agotada desde su publicación hace ahora 26 años. Hace unas semanas tuve la suerte de encontrarme con un ejemplar en la librería solidaria Solican, a la que todos los lectores que somos visitantes habituales deberíamos de erigirle un monumento. El ejemplar que adquirí me hace pensar otra vez (y ya van) que pese a que Emilio González Déniz es uno de nuestros más originales escritores, éste continúa siendo en gran parte un desconocido no ya en su propia tierra, Gran Canaria, sino en el resto de las islas y las Expañas peninsulares, lo que se trata de una injusticia, una de esas injusticias que de tan gordas no se resolverán nunca en nuestro esmirriado país canario.

Le tengo, como lector, especial cariño a Hotel Madrid. Será porque considero el Hotel Madrid un símbolo de la capital grancanaria y no porque allí pasara una noche el general Franco antes de volar a Marruecos y más tarde aterrizar en la Península y contribuir en su propio beneficio al fin de las Españas como país que tanteaba entrar en la democracia republicana, sino porque ese hotel está situado en una zona que a mi me encanta de la ciudad. El nombre del hotel me evoca además una cariñosa remembranza. Será por lo que significa Madrid. Una palabra que es mucho más que una ciudad.

La novela de Emilio González Déniz es muy de Emilio González Déniz. Es decir, está en ella las señas de identidad literarias que he ido detectando en un escritor que tira de la memoria para construir historias. Sean estás verdad o mentira. Yo prefiero pensar lo último cuando se trata de ficción literaria. Y en el relato imaginado, González Déniz es un maestro, y en eso también lo diferencia de otros escritores que se inspiran en hechos reales para construir historias, muchos de ellos acorralados porque procuraran ser lo más exacto posible a lo que conocemos que sucedió pero no inventan, no crean, no hacen ficción.

El autor de novelas como La mitad de un Credo, reeditada por la barcelonesa Alrevés hace un año, fabula, crea una historia tremendamente original inspirada en hechos reales en la que Emilio González Déniz inventa y hace ficción donde otros no lo harían. Y el resultado final es una novela que se sigue leyendo y disfrutando como hace 26 años.

Hotel Madrid es una historia que nos narra el escritor a través de tres de sus protagonistas (Dácil, John Huston y Latines), también una tercera persona que pone en situación al lector y un personaje que viene a aparecer al final que los muy atinados podrán pensar que se trata del mismo González Déniz. También se puede preguntar, aunque pierde el tiempo, qué hay de verdad en este relato y qué hay de mentira pero la mejor respuesta es dar un y qué más da. Lo importante, lo verdaderamente mágico y especial de esta historia de amor (así, como lo oyen, de amor pero también de amor a la amistad) es la forma en cómo se cuenta y el tremendo cariño que siente el escritor por sus personajes.

Leyendo Hotel Madrid no dejaba de preguntarme cómo no se le ha ocurrido a nadie adaptar esta novela al cine o convertirla en una serie. Reúne todos los ingredientes para entretener al espectador más bregado como al que no, y propone un recorrido geográfico sobre una capital que cuenta en Emilio González Déniz con uno de sus mejores narradores. Es una pena que en Santa Cruz de Tenerife los mejores que la han retratado ya no se encuentren entre nosotros, pero como dejó escrito Pedro García Cabrera: la esperanza me mantiene…

En la novela, el escritor grancanario tiene la osadía de meterse y de meternos dentro de la cabeza de sus personajes y más que escorarse hacia una novela de y sobre cine, lo que hace es contarnos la historia de amor que nace entre un cineasta de origen irlandés mal hablado y aficionado a los licores con una mujer a la que la cerrada sociedad de aquellos días margina por ser la esposa de un rojo al que asesinaron los vencedores de aquella guerra que nunca tuvo que haberse producido.

El otro ángulo de este triángulo lo ocupa Latines, un periodista honesto y de los que sabe buscar noticias hasta debajo de las piedras y si no las encuentra, inventárselas, que muchos reconocerán en la vida real como quien fue uno de los alcaldes más originales que tuvo Las Palmas de Gran Canaria, un hombre irrepetible aunque su espíritu seguro que recorre las calles de la ciudad llevándose las manos a la cabeza.

En esta realidad paralela que propone Emilio González Déniz, en esa Palmas de Bardinia que no es otra que Las Palmas de Gran Canaria, se producen momentos muy cómicos que a mi me han hecho reír, y reír cuando leo –me pasó hace unas semanas con Don Luis se divierte, de Eduardo Zamacois– es una de las experiencias más gratificantes que tiene el acto de leer. Se habla además de la primera visita de Huston a Palmas de Bardinia mientras planea rodar una película en el desierto del Sahara que nunca llegó a realizarse y más tarde del rodaje de Moby Dick.

Gregory Peck y Orson Welles intervienen como muy respetables secundarios y aparece el rodaje de Tirma, que aquí, en la novela, se retitula El capitán y la salvaje, que protagoniza la exuberante Claudia Stromboli, La Stromboli, por la despampanante Silvana Pampanini, un torbellino que exhala sexualidad por todos los poros de la piel aunque como actriz no valga mucho. La Stromboli es otro de los grandes personajes secundarios de esta novela.

En definitiva, que Hotel Madrid mima a todos los que intervienen en su peculiar universos y se trata de una historia (ese fue nuestro caso) que invita a releerla para redescubrir donde ya habías descubierto y disfrutar con una historia que aunque al final te deje cierto sabor agridulce eso pasa porque te conmueve y es buena literatura. Y lo que escribe Emilio González Déniz es buenísima literatura. Ficciones que se inspiran en hechos reales para demostrar –una vez más– que la imaginación supera a la puñetera realidad.

Saludos, veamos otra vez El tesoro de Sierra Madre, desde este lado del ordenador

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