La Huracana es Lanzarote

Leo por algún lado que los personajes protagonistas de la novela Cuando el miedo llama a un hombre, escrita por Carlos María Ydígoras, se inspiró en los pescadores de Lanzarote. Imagino que observar su trabajo durante unas vacaciones o por trabajo despertó en él sensaciones que igual creía que había olvidado. Se quedó petrificado o al ver la labor que toda esa gente desarrollaba en las aguas nada tranquilas del Atlántico. Debió de pensar este aventurero reconvertido en escritor que ahí había un buen material para escribir una historia. Una historia que en el ejemplar que llega a mis manos y publicado por la editorial Arrayán en 1961, está dedicado por el propio autor a Luis Diego Cuscoy “en la amistad y la admiración hacia su gran obra ‘guanche’”, guanche aparece entrecomillado, lo que me hace pensar que lo que leí, que los pescadores y el paisaje de la isla de Lanzarote inspiró realmente al escritor es verdad, aunque la disfrace.

Lanzarote es en la novela un Archipiélago de violento nombre, La Huracana, una isla que moldeó la lava y el carácter de unos hombres y mujeres que se forjaron en un desierto negro, de rocas deformadas por el fuego que se expande hasta llegar al mar. Y también están los vientos: “por lo que los vientos alisios, encolerizados muchas veces, resecándolo, lo recorrían sin pausa. Como poniéndose a tono con los camellos que en él vivían, las arenas lo amarilleaban en gran parte. Melancólico, terrible en la época de los huracanes, semejaba despojos de algún mundo perdido y a la deriva”.

El archipiélago de La Huracana se encuentra “más bien cerca que lejos” del gran desierto africano, “del que llegaba su aliento y, en ocasiones, sus arenas” y lo forma una única isla habitada, La Huracana, que mide sesenta kilómetros de perímetro y cuenta con cinco islotes, “de los cuales el mayor y menos inhóspito era el de Los Náufragos, un peñasco de lava vieja de cuatro kilómetros de diámetro, contra el cual fueron a estrellarse navíos de paso y, antes, cuando se celebraban romerías, embarcaciones conduciendo devotos de la Virgen de las Olas”. Entre ambas, explica el escritor, se extiende un brazo de mar que se conoce como Brazo Tiburón y que no cuesta demasiado esfuerzo situarlo en la isla que inspiró este relato. Otro de los islotes se llama de Las Aves, un refugio de inmensas colonias de pájaros marinos y donde el mar da con mucha violencia contra las rocas.

En La Huracana viven unas dos mil familias, la mayoría de ellas dedicadas a la pesca. Ydígoras los describe como gente arisca y supersticiosa, y muy leales a la ley del mar. En general, este perfil recuerda al del marinero de El viejo y el mar, tipos obstinados y encallecidos por las violencias del océano y de los poderosos rayos del sol. Gente fuerte y bravía que ha puesto su honor en el ánimo de resistir los embates de la mar salada y, escribe, la mayoría de ellos descienden de “una tribu que fue derrotada por los que después serían sus dueños, condenándose a vivir en el ostracismo”.

No hay, como se ve, una descripción paradisíaca de La Huracana pero su caprichoso paisaje está muy presente a lo largo de toda una novela poblada de personajes a los que ese mismo paisaje ha contrahecho. Se trata de gente que vive a dos velas, muy espartanos de carácter y que suelen comer “pescado cocido en sal y sazonado con mojo picante y unos sorbos de harina de maíz escaldada”.

La novela está protagonizada por Juan Terranova, que tiene 23 años y facciones “correctas” pese a una cicatriz que se ganó cuando le salvó la vida a un compañero uno imagina que en la mar, aunque no lo revela el escritor. A través de las páginas del libro seguiremos sus peripecias al tiempo que se describe la dura vida de los pescadores y sus creencias, algunas ancestrales como es la de escuchar a una bruja que es capaz de curar todo tipo de males como de causarlos si eres víctima de cualquiera de sus hechizos.

No termino de entender cuáles fueron las razones que llevaron a Carlos María Ydígoras a desarrollar la novela en ese archipiélago ficticio y no en Lanzarote, sobre todo cuando encuentro un recorte de prensa –fechado el 30 de junio de 1959– en el que el semanario lanzaroteño Antena publica la noticia que el escritor “escribirá una novela y un guion cinematográfico sobre Lanzarote titulado Volcán”, al mismo tiempo, se da la noticia que tiene la intención de “embarcar en un velero como tripulante con rumbo a Cabo Blanco (en la frontera entre Sáhara y Mauritania)”.

Son muchos los miedos que atraviesan el cuerpo de esta novela. Ahí está el miedo a la mar, que no caiga ni una gota de lluvia sobre la superficie volcánica de la isla y el miedo a la muerte como a la vida, y todas estas cuestiones las intenta resolver Carlos María Ydígoras, que ejerció toda clase de oficios — fue marino, minero, traductor, periodista, escritor y combatiente. Sus experiencias como soldado en la División Azul las dejó reflejada en Algunos no hemos muerto, que se trata de una de las grandes novelas que se han escrito sobre la División Azul. Cuenta además con desconcertantes ensayos históricos, varios de ellos dedicados a los Estados Unidos en los que sorprende por su visión profunda y razonadamente antinorteamericana como vuelca en Los libertadores USAS y América contra América. El hermano yanqui aunque su única novela con un acento apócrifo canario fue esta que comentamos.

Saludos, contra vientos feroces, desde este lado del ordenador

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