Muchos gritos y muy pocos susurros

Me cuentan que sucedió hace unas semanas y que esto es resultado de los comportamientos de un director insular de Cultura, Conrado Álvarez Fariña al que educaron, repitiendo la palabra que pronunció en un programa de televisión el periodista Francisco Pomares a un socialista la semana pasada, como un “malcriado”. Habría que recordar, y deberían de tomar nota Rosa Dávila y Lope Afonso, como presidente y vicepresidente del Cabildo de Tenerife respectivamente, que quien lo puso ahí a dedo fue José Carlos Acha, alias Pepón en los mentideros culturetas, que es quien ahora debe estar planteándose si matricula a su adlátere en un curso acelerado de cómo comportarse para dejar los malos modos (entiéndase falta de educación, gritos y gruñidos) en casa.

Se hace constar que cuando una persona estrena cualquier tipo de responsabilidad debe establecer una estrategias de comunicación con la gente que tiene a su servicio y eso no se ha hecho ni lleva camino que se haga en esa nave a la deriva que es la consejería de Cultura del Cabildo Insular, un reducto que se caracteriza por un estilo, el achista, que consiste en no hacer nada dando la apariencia que se hace mucho (de ahí la obsesión por salir en la foto). Esta preocupación por la imagen a veces produce situaciones perturbadoras como una que, recientemente, el consejero subió a sus redes sociales y en las que aparece rodeado de un grupo de personas en la sala de arte del Casino de Tenerife. Que haya una sala de arte en un templo dedicado al juego es una cosa que no termino de entender aunque este último año ha sido tan extraño, tan raro, que al final ya no me sorprende nada de nada.

En la imagen de la vergüenza, esa que fue tomada en la ¿sala de arte? del Casino de Tenerife, que se encuentra en los bajos del Hotel Mencey, se puede ver junto a Pepón, ups, José Carlos Acha, a ese pintor (dícese) que si tiene algún talento es para encontrar padrinos y contar con una agenda de contactos muy envidiable. El pintor (vamos a llamarlo así) es Alejandro Tosco, un artista (ídem) que sin padrinos ni contactos no llevaría la inexplicable carrera que lleva en este archipiélago demasiado acostumbrado a que lo gobiernen los imbéciles que van de listos.

Vamos, que Acha lo mismo aparece acompañado de Conrado amo mis gritos que del histérico Mr. Ego, el que vende por todos lados que es jefe de servicio del área de Cultura del Cabildo de Tenerife, lo que da una idea del nivel intelectual y de la sensibilidad artística de este nuevo trío Los Panchos, solo que lo que es cantar, cantan poco. El caso es que son las cabezas rectoras de las políticas culturales que emanan del Cabildo insular. Es decir, que son ellos los responsables de los numerosos desaguisados que están brotando como setas en un año que se precipita a comicios electorales. Su gestión, como me la definió un querido y perspicaz amigo es la de un iletrado, la de un mago muy bestia que se las da más que de servidor de beneficiario público. Solos tres pequeños botones de muestra con el fin de que se hagan una idea de lo que hay: uno de ellos todavía comete faltas (y muy gordas) de ortografía, otro confunde como familia de Alfonso García Ramos a otro que se apellida igual pero que no tiene ningún parentesco con el autor de Guad y un tercero que va dando voces para hacerse respetar. En fin, que así está el patio.

El caso es que hay serios problemas con el viaje previsto de la Orquesta Sinfónica de Tenerife a Holanda. Hasta tal punto es la gravedad de este problema que el personal de la OST “está de brazos caídos contra el nuevo director insular”, el amigo Conrado Álvarez Fariña, quien se ha ganado fama de déspota porque quieto todo el mundo… Su palabra debe ser ley, caviar para los oídos de los administrativos que tiene bajo su mando. Yo ordeno y los demás me obedecen sin rechistar. Nada de diálogo, de conocer al otro… Con Conrado, me dice alguien que lo conoce desde sus tiempos universitarios, tienes que acatar lo que te dice sin rechistar. Si lo que es negro para él es blanco, es blanco y no negro.

Me cuentan que alguien muy de arriba del Patronato Insular de Música le recordó a Conrado que no pertenecía al consejo de administración y que no tenía autoridad sobre ninguno de los miembros de este órgano. En todo caso, le aclaró, acataría lo que le dijera el consejero (que es ese osito panda que responde al nombre de José Carlos Acha) aunque la reacción de Conrado fue mover cielo y tierra con Recursos Humanos para que le abrieran un expediente disciplinario al protestón. El problema es que el protestón “tenía razón por lo que sería deseable que Conrado aprendiera el funcionamiento de las administraciones públicas”. Este es el resumen de lo que le explicaron al Director Insular de Cultura desde Recursos Humanos, aunque no procesó lo que debió de digerir como una derrota y en represalia cambió los trámites de los traslados de la OST a Holanda, trámites que ahora asume Cultura y no el Patronato, lo que ha generado otro malestar en un área que le viene demasiado grande al consejero y sus cuates, gente voluntariosa pero de muy bajo perfil humano.

El caso es que las dos personas que llegaron de la mano de Acha no se han molestado en ensamblar y conocer al equipo con el que trabajan. No se ha hecho y no se hará. Y mucho menos a estas alturas del partido. Acha mira mientras tanto a otro lado, o desoja la margarita echando días pa’trás, preocupado por los números que revelan las primeras encuestas de las elecciones del 2027. O 2026 si todo se precipita.

Me cuentan que lo que se respira dentro de Cultura es aire viciado, lo que no es nuevo porque las personas que vienen y las que se han ido tienen sus ideas, aunque en este caso y si por algo se caracteriza la responsabilidad que ahora ocupa Acha es por resultar tan extremadamente casposa y mediocre, lo que me hace sospechar que la consejería que dice que dirige está enferma, y que si necesita algo es a un cirujano de hierro y no a un trío que ya huele a podrido y un poquito a col hervida. Y que si algo sabe hacer es salir en la foto (en cualquiera y con cualquiera, eso da igual); gritar para hacerse respetar (¡!) o hablar de fútbol con el sufrido y doliente administrativo que se le ponga a tiro a cualquiera de estos tres.

Y sí, esto es el nivel. Y solo es la punta del iceberg.

Saludos, seguimos en la trinchera, desde este lado del ordenador

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