Archive for Junio, 2026

El descanso, un corto de Iván López, es una durísima pero necesaria crítica al sistema laboral

Lunes, Junio 15th, 2026

Como otros cineastas en esta sufrida tierra, Iván López ha hecho del cine un acto de resistencia. Cuenta ya con una filmografía más que interesante, en la que se mezcla cine documental con el de ficción. Ha rodado además cortos y largometrajes aunque por desgracia y debido a circunstancias que están muy por encima de él, las películas que ha rodado no han tenido la suerte comercial que merecían. Por eso mismo me apena que su última experiencia cinematográfica , El descanso, pase desapercibida porque se trata además de un trabajo de madurez, de una película directa, que no tartamudea ante una realidad, la laboral, que marca profundas divisiones entre los que tienen y los que no tienen trabajo porque El descanso, pese a su título, va de eso, una mirada sin concesiones a un grupo de personas, todos ellos empleados, que caminan por el filo de la navaja.
Ellos son los protagonistas, quienes en primeros planos y planos medios nos cuentan y así lo refleja la gravedad de los rostros de los actores, las pequeñas miserias que tienen que aguantar para mantener su trabajo por muy precario que sea.

El cortometraje, de unos veintipocos minutos de duración, se ve así con una sensación de ahogo porque a más de uno le recordará lo que tiene que aguantar para mantener su empleo y a otros lo que significó cuando le comunicaron que estaba despedido. En El descanso por razones de la edad, 55 años, eso al menos dice la protagonista del fragmento, mostrando la profunda desolación y el vacío ante el que se enfrenta al conocer que la han puesto en la calle. “Y yo qué hago ahora con la edad que tengo” viene a decir. Es una frase desgarradora porque el sistema no absorbe a los que ya tienen una edad, hacerse viejo significa que no se tiene cabida ni futuro laboral en la empresa privada. En otra escena, y en el interrogatorio que el empleador le hace a una joven (los que preguntan están fuera de campo, son voces sin rostro que el espectador escucha en off, lo que acentúa el terror de ese momento), la candidata es capaz de prometer que hará todo lo posible para conseguir un trabajo que le servirá de promoción aunque no reciba remuneración económica a cambio… Ella acepta la explotación, como la aceptamos la mayoría para conservar un empleo que cada vez es más precario. Y el sistema contribuye a eso, a que sea cada vez más precario.

Son nueve los momentos que recoge la película, cada uno de ellos rodados en interiores salvo el que muestra a un trabajador vestido de Minnie repartiendo folletos que invitan a una sonrisa (durísima y ácida crítica) en la calle y que aprovecha un rato para fumar un cigarrillo y que el espectador se percate sin que medie palabra que el protagonista se pregunte de qué le sirvió prepararse todo una vida, estudiar una carrera, matricularse en un máster para terminar disfrazado de la novia de Mickey Mouse, hacen que a uno, al menos fue nuestro caso, se ponga muy triste porque todo lo que nos enseña El descanso, esos pocos minutos que te deja la empresa para que “descanses”, es brutalmente real.

Es verdad que el cine de Iván López no se caracteriza precisamente por su sentido del humor, pero es que el tema que trata en este más que corto, mediometraje, no tiene puñetera gracia. Incluso en el segmento que podría presumirse más cómico, y que no lo es, ese en el que dos empleados aprovechan un descanso para tomarse un bocadillo, el que habla todo el rato (él) pone nervioso no solo al espectador sino también a quien lo escucha (ella) que da la sensación que le da exactamente igual lo que diga. El resto de El descanso está protagonizado por otros empleados que no saben que les depara el futuro. Uno da vueltas en la cama, otra se desahoga en la intimidad de un cuarto de baño. Se tratan de pequeñas historias, de pequeñas tragedias de la vida vulgar como diría Wenceslao Fernández Flores, que te hacen reflexionar sobre si merece la pena lo que estamos soportando. Si no es hora ya de hacer algo aunque el sistema se haya preocupado en ponerlo todo difícil al asalariado, capaz ahora de hacer cualquier cosa por ganarse la soldada.

El descanso casi parece la versión realista de Camera café, aquellos sketch que resumían historias cómicas que no tenían puñetera gracia en televisión. La mirada que transmite Iván López es la de las víctimas de todo ese proceso de desguace, y si no lo ha vivido (que seguro que sí), conoce a gente que seguro ha pasado por momentos como los que retrata esta película. Una película que ayuda a ser muy creíble el estupendo plantel de actores y actrices que la protagonizan. Tengo mis favoritos, claro, pero en general el nivel es altísimo y si pueden ver este mediometraje, se darán cuenta que no mentimos. No sé el trabajo que habrá hecho el director con todos ellos pero es que trascienden la pantalla y todos aguantan los planos como profesionales. Y no es fácil aguantar un plano, los gestos, el movimiento de los ojos, las expresiones faciales en general dicen mucho de lo que está pensando el personaje que en ese instante aparece en pantalla.

Se trata de una película oscura, que muestra lo que está ocurriendo a miles de trabajadores. Iván López nos enseña sus miserias, sus ansiedades ante lo que pueda pasar (dos compañeros hablan en la máquina de café, precisamente, de un rumor en la empresa sobre recorte de personal) y el futuro improbable que les espera si terminan en la calle. Entonces y con suerte, uno acabará humillándose disfrazado de Minnie para repartir folletos en la calle. U otra se despedirá porque se jubila aunque las condiciones sean penosas.
El caso es que tanto sacrificio a una empresa, tanto tiempo entregado a un trabajo al que le has regalado media vida por un sueldo que igual no alcanza a final de mes, y cuyos jefes no tiemblan para ponerte de patitas en la calle dice mucho de un sistema que la película denuncia. Denuncia una realidad que por aplastante emociona y hace llorar.

Da rabia vernos convertidos en corderos. Da rabia asumir que, como decía el doctor Lecter, vamos en silencio y en fila india al matadero.

* El descanso (2026) está producida por El nido en el ático films con la colaboración de Edgar Cerdeña. El cortometraje cuenta con un amplio elenco de actrices y actores canarios: Nayra Ortega, Adrián Rosales, Lioba Herrera, Alba Tonini, Pablo Montenegro, Elisa Cano, Nieves Ordóñez, Norberto Trujillo, Alicia Rodríguez, José Delgado, Nayra López, Beneharo Hernández. Y con las Voces en off de Júlia Estornell, Lamberto Guerra, David Ramos, e Iván López.

Saludos, bravo, desde este lado del ordenador

Leyendas guanches sobre montañas

Miércoles, Junio 10th, 2026

La editorial Diego Pun, especializada en libros para todas las edades, cuenta en la colección de Leyendas Canarias con seis volúmenes, el último de ellos titulado Secretos de la montaña, en el que se narra con lenguaje apto para todos los públicos, una serie de leyendas que, inspiradas o no en la literatura oral y escrita del archipiélago, relata bajo la forma del cuento tradicional el por qué de las cosas. En este caso, todo lo relacionados con los macizos que salpican la geografía de las siete islas aunque ahora se hayan empeñado en decir que son ocho.

Los anteriores títulos de la serie fueron A la sombra de las palabras. Leyendas canarias de árboles; Lo que cuentan los barrancos, Bailadero. Leyendas canarias de brujas, Bandera y garfio. Leyendas canarias de piratas, Misterio entre muros, Voces del malpaís y ahora estos Secretos de montaña, obra sin pretensiones que se ha publicado este año y en la que colaboran con cuatro historias (inspiradas o no en la tradición es algo que desconozco), Cecilia Domínguez Luis, Ernesto Rodríguez Abad y Pepa Aurora.

Lo más atractivo e interesante de esta sexta entrega para lectores que dejamos de ser niños hace mucho, mucho tiempo, es comprobar los distintos estilos y esfuerzos que emplea cada uno de los autores para contar sus leyendas. También si el orden de aparición de cada una de estas pequeñas narraciones fue consciente o se dejó al azar, lo que no creo porque Cecilia Domínguez es quien abre el volumen con cuatro cuentos en los que sus protagonistas son guanches, dos de ellos guanches que se conocieron como alzados ya que una vez sometida la isla por los europeos se refugiaron en las montañas para seguir combatiendo a los invasores y de paso mantener sus costumbres, que desaparecían a ritmo endiablado bajo la influencia de los castellanos. Continúa Ernesto Rodríguez Abad, que firma los relatos más oscuros del libro, los que están escritos con la intención de provocar un poquito de miedo entre sus lectores y que yo imagino que conseguirá su misión si se narran a la luz de las velas o de una buena hoguera si se permitiera encender hogueras en el monte durante noche cerrada; y Pepa Aurora, que cierra estas leyendas de montaña con historias que nos llevan también a los tiempos de la conquista.

Cada uno de los autores juega con resultados a veces muy acertados con la tradición de contar cuentos al amor de la lumbre y a mi me parecen que estos doce relatos estarían muy bien que se narraran bajo la intermitente luz del fuego. Si algo tengo que agradecerle a los autores es que leyendo algunas de las narraciones no dejaba de preguntarme qué efecto me hubieran provocado si los leo siendo un niño. Más un niño ahora adulto a su pesar, que comenzó a leer precisamente gracias a los cuentos. Los cuentos de los más grandes cuentistas de la historia de la literatura como los hermanos Grimm, el todopoderoso Andersen y mi amado y nunca desechado Oscar Wilde. También devoré los de Calleja y no hace mucho tiempo adquirí con la emoción de un niño precisamente esa formidable antología que es El círculo de los mentirosos, recopilación de cuentos de todo el mundo que asumió con ojo de lince Jean Claude Carriére, reconocido guionista de, entre otras, las películas de la etapa francesa de Luis Buñuel. Se escribe todo esto porque resultaría interesante escribir una versión canaria (ya que estamos) de El círculo de los mentirosos si no se ha hecho ya, y que como recoge esta afortunada iniciativa de Diego Pun, incluyera cuentos y leyendas (a veces se confunden unos con otros) de todas las islas del archipiélago, admitiendo en esta caso ocho y no siete como defiendo que son.

Las historias de Cecilia se desarrollan en la isla de Tenerife y la protagonizan pastores y cabreros de un mundo guanche no tan idealizado como sí retratan a otros autores que todavía fantasean con el mito del buen salvaje cuando cuentan historias de los primeros pobladores de Canarias. Cecilia Domínguez Luis se ajusta a lo que entiendo como leyenda, explicando en cada una de sus cuatro pequeñas historias el origen del nombre de las montañas que las protagonizan. Ernesto Rodríguez Abad se decanta más por el cuento tradicional de miedo con la intención, como se dijo, de meter viruje en los lectores porque, y es algo que no hay que olvidar, estas Leyendas están dirigidas a los lectores más jóvenes de la casa aunque los adultos disfrutarán mucho con ellas también, ese al menos ha sido mi caso. Pepa Aurora, como hace Domínguez Luis, se ajusta más a la leyenda tradicional y escribe sobre cosas insólitas en las islas de Fuerteventura, Lanzarote y Gran Canaria. Al final, los doce cuentos están llenos de una plasticidad sin impostar, e incluso están escritos con una seriedad que a veces se decanta por el humor socarrón. El caso es que no toma por idiotas a los lectores que, como se dijo, son potencialmente los más jóvenes de la casa.

Si me gustaría antes de la despedida resaltar la importancia que libros como estos tienen para una sociedad como la canaria tan necesitada de articular una cultura que se eleve desde sus cimientos. Reforzando las características de un territorio como el nuestro, tan fragmentado y disperso, tan ajeno a sus realidades por acostumbrarse a mirar afuera y no adentro. Sin excesos en eso de mirarnos hacia adentro también, la aparición de esta colección de Leyendas canarias aporta un elemento más para identificarnos y de paso identificar el origen de por qué llamamos así a las montañas, los riscos, los barrancos de estas tierras tan abandonadas de las manos de los dioses.
Y un apunte final, las ilustraciones de la obra que firma Nareme Melián, quien visualiza con creatividad estos érase una vez con acento de aquí.

Saludos, bailando bajo el sol, desde este lado del ordenador

Jonás Vega Morera: “El desarraigo no tiene que ver con un lugar físico sino emocional”

Martes, Junio 9th, 2026

Fran trabaja en una editorial que usa sus servicios para que escriba historias para los demás. Un día firma un contrato millonario para que cuente la vida de Marcelo Durán, un político que llegó a ministro de Hacienda pero que tuvo que abandonar su carrera cuando fue acusado de abuso de menores. De las conversaciones que mantiene Fran con Durán habla Nada reseñable (Ediciones Atlantis, 2026), aunque la novela abarca muchos más temas que la escritura mercenaria, el trabajo de un negro, o de los escritores fantasmas como se los conoce en el mundo anglosajón, y que hace el tercer título en la carrera literaria de Jonás Vega Morera (Santa María de Guía, Gran Canaria, 1976) que trabajó primero como negro y ahora como profesor y escritor en Madrid, donde firmará ejemplares de la novela en la Feria del Libro los próximos 14 y 15 de junio.

- Además de Nada reseñable es autor de otras dos novelas…

“Sí, escribí en el 2006, Los amigos circunstanciales y en el 2007, Estación en curva, y luego publiqué con otros autores un libro de relatos: El último baile, un homenaje a la Movida Madrileña, en el 2008”.

- ¿Y hasta qué punto encuentra constantes que le inquieten y que también refleja en Nada reseñable?

 “Creo que algunos temas sí que están no de forma consciente, pero echando un poco la vista atrás, en Los amigos circunstanciales sí que había también personajes como bastante solos y en entornos sociales complicados que se quejan de la situación actual. No fui consciente de ello cuando estaba escribiendo Nada reseñable, pero algunas personas me lo han comentado y al repasarlo sí que siento que hay algún tipo de constante, quizás en los temas y también en los personajes, en algunos de ellos al menos, sobre todo con el primero, con Los amigos circunstanciales”.

- ¿Y qué temas y personajes son los que se repiten?

“Por ejemplo, no había ningún escritor en Los amigos circunstanciales, pero sí personajes con carencias, con algún tipo de desarraigo. Personajes como desubicados en los entornos, como que no encajan con la situación actual. Recuerdo uno de los personajes de Los amigos circunstanciales que sí que estaba como en entornos donde no se sentía cómodo y que parecía que no había evolucionado, y creo que Fran, por ejemplo, el personaje de Nada reseñable, sí que me parece mirado con perspectiva de lector –seguramente cuando lo escribía no era tan consciente- que es un personaje que igual tuvo una infancia bastante feliz, creo que sí que la tuvo, pero ha envejecido como un poco entristecido, como que no encaja en el entorno, aunque sea una persona funcional, que tiene un trabajo, pareja, amigos, a mi me parece que no acaba de encajar y que tiene cierta tristeza o decepción con cómo su vida se ha desarrollado, y creo que por ejemplo ese personaje de Los amigos circunstanciales también tenía ese tipo de evolución, fue feliz en la infancia pero ahora no acababa de estar satisfecho con su entorno”.

- Habla del desarraigo, ¿quizás por qué nació en una isla y ahora reside en territorio continental? ¿Fue muy duro dar el salto? ¿Por qué el desarraigo?

“Diría que no porque llegué a Madrid hace 33 años, me vine con 17 años a punto de cumplir los 18 para hacer la carrera y no he vuelto, o sea, sí que vuelvo mucho a Gran Canaria pero para ver a los míos y no para vivir. Creo que el desarraigo no tiene que ver con el lugar, en este caso con que viva en Madrid, o que yo viva en Madrid, o que el personaje viva aquí en Madrid, o que el protagonista sea manchego. No tiene que ver con el lugar físico, sino con un lugar emocional o un lugar donde uno quiere estar bien y no acaba de estarlo”.

- Busca su espacio.

“El espacio puede influir pero es algo más interior, ese algo que uno no encuentra, que no acaba de encontrar para estar bien consigo mismo”.

- Fran, el protagonista, es manchego pero es un hombre de mediana edad, con pareja aunque no viva con ella, tiene un perro y trabaja como negro aunque imparte también clases. Hay muchas coincidencias con Jonás Vega Morera pero ¿por qué le dio carta de naturaleza manchega y no canaria como usted?

“Un poco fue por quitarle, y no sé si lo he conseguido, toda vinculación, aunque siempre hay vinculación porque es imposible escribir sin poner algo, aunque sea algo muy relativo, de ti mismo. Las tres únicas cosas que puedo decir que comparte conmigo es el perro, porque es un perro que tuve; que trabaje como negro, porque yo trabajé como negro literario también, y que es muy maniático con el orden y las rutinas. Fue hecho a posta, el resto tiene muy poco que ver conmigo y ese fue uno de los motivos que me llevó a situar su infancia en La Mancha y no en Agaete, aunque la idea primera fue situarlo en Agaete”.

- Ha ejercido como escritor fantasma ¿cómo recuerda aquella etapa?

“No la recuerdo mal, tampoco siento que mi novela sea una crítica al sistema editorial español. Empecé a trabajar en una editorial leyendo primero manuscritos y dando algún tipo de ideas y es una etapa que evoco con cierto cariño porque disfrutaba mucho con ella. Tenía contactos en la editorial y pensaba que estos me iban a ayudar mucho a crecer y a publicar aunque, evidentemente, la cosa no fue por ahí, pero reitero que no tengo un mal recuerdo ni tuve una mala relación con nadie para escribir sus historias. Es verdad que tienes que lidiar con los egos de personas y es complicado negociar, llegar a acuerdos, pero quizás por mi carácter, que soy bastante poco dado a estar en la primera línea, me fue bastante sencillo. Lo que pasó al final es que no me llenaba escribir para otros aunque es un sector donde se pagaba bastante bien, nada que ver con lo que uno puede ganar publicando novelas con su nombre. El recuerdo que tengo no es negativo, pero sí es cierto que para ser un negro aparte de saber más o menos escribir hay que saber conciliarlo con quien te dicta, te cuenta su historia, porque al final no tienes que olvidar que tú ahí no eres el autor, estás cediendo la autoría a otra persona que es la que te da las directrices y las pautas por eso si tienes ideas muy claras y quieres imponerlas, pues puede resultar frustrante. Con todo, fue un momento no voy a decir feliz, pero que no me supuso un grave problema”.

- Entiendo que no pueda decir nombres para los que trabajó como escritor fantasma pero ¿tendría problemas en decirnos a qué se dedicaban?

“Pues eran políticos, presentadores, cocineros, mucho coaching, que me aburrían soberanamente. También personas particulares que querían contar su vida para dejárselas a sus familias, y que resultaron ser las que más me interesaban porque en general se trataban de vidas de lo más peregrinas”.

- ¿Peregrinas?

“Peregrinas me refiero porque no tenían la intención de alcanzar a una audiencia grande pero sí la de intentar resolver problemas familiares y eso me parecía bastante interesante porque había más que contar. Lo aburrido era cuando escribía para presentadores, varios políticos, cocineros bastantes y lo peor los coaching porque son casi una religión”.

- Entiendo que para todos estos libros la escritura sería la misma, muy mecánica y sin sello de autor.  

“Depende. Hacía muchas entrevistas, conocía a la persona y en algunos trataba de marcar cierta autoría sin dar un nombre. Recuerdo una persona, bastante conocida a nivel mediático, que me contó una historia tan potente que me puse en su lugar y así lo intenté reflejar pero al final no deja de ser una historia así que por mucho que empatices o que tengas algún tipo de sintonía, la escritura tiene que ser fría. Seguramente, de los treinta y pocos trabajos que escribí y que recuerdo haber leído posteriormente hubo uno que tras unas 40-50 páginas me dije a mi mismo que no estaba tan mal”.

- ¿Y que pensaba cuando entraba en una librería y veía en la mesa de novedades ese libro escrito por usted pero firmado por otra persona?

“Cuando lo veo en librerías y algunos colocados en lugares donde jamás van a estar mis novelas, me parece, bueno, me genera simpatía y también un poco de rabia. Aquí, en la Casa del Libro, en Gran Vía, sucede. Los ves en lugares destacados en la mesa de novedades y el mío ocupando otro espacio y no en la mesa de novedades pero al menos hay tres en la letra V”.

- Por cierto, qué prefiere ¿escritor negro o fantasma?

“A mí me gusta más escritor fantasma. Lo de escritor negro no me acababa de gustar aunque confieso que durante toda la escritura de este libro, que creo que empecé a escribirlo en el 2020 y a ratos hasta terminarlo en el 2025, la novela se titulaba El negro, porque esa era un poco la idea, lo de Nada reseñable vino mucho más tarde, cuando estaba en el gimnasio, escuchado un podcast sobre historia y ahí tuve un fogonazo y le di la vuelta al título, pero durante mucho tiempo reconozco que el libro se llamaba El negro pero sabía que no era el nombre definitivo y sí una forma de ir escribiendo sobre algo que iba en alguna dirección”.

- ¿Cómo observa el mundo editorial español?

“El mercado editorial, aparte de que está saturado, valora cuestiones que no tienen nada que ver con la literatura o con lo que yo entiendo por literatura. No hay más que pasarse por la librería, una gran librería al menos, para ver un poco cuáles son los títulos que más se venden, cuáles son los que tienen cuatro, diez, veinte ediciones pero que al leer cuatro páginas se te cae de las manos. Sí, el mundo editorial no deja de ser un negocio y esa parte la comprendo y sé que al final hay que vender libros, pero tengo la impresión de que los que se venden no siempre son los que, bueno, no son los que a mí me gustan. Y no pasa nada, pero creo que muchas veces lo que se está vendiendo en el mundo editorial hoy es como de consumo rápido, son libros de consumo rápido que están escritos, me temo que la mayoría con Inteligencia Artificial por lo que el papel del escritor fantasma va a tender a desaparecer. La situación es bastante triste no porque haya libros de todo tipo y para todo tipo de lectores porque da igual lo que leas, si lees está bien, da igual el texto por el que comiences siempre y cuando te descubra cosas interesantes, pero me temo que tanta exposición de autores mediáticos o autores que escriben una literatura de consumo fácil y rápido no sé si al final el lector que lee eso acabará llegando a Thomas Mann”.

- Uno de los capítulos más hermoso de la novela son los recuerdos de Fran sobre la muerte de su abuela. El libro está salpicado de literatura, literatura que fusila el protagonista para escribir las memorias de Durán cuando la relación entre los dos se deteriora. Me hizo recordar las acusaciones de plagio de algunos famosos en España.

“En cuanto a la escena de la muerte de la abuela es completamente ficción, inventada pero siento que algunas de las ideas tienen que ver con algunos de los momentos de muertes cercanas que uno ha vivido. Siempre introduces algún recuerdo personal o ideas que tienes de momentos que has vivido, tristes o no. En cuanto a lo de salpicar la novela con autores son homenajes a escritores que me gustan y cuando Fran los plagia escoge los que le gustan, como Agustín Gómez Arcos, el autor de El cordero carnívoro, aunque no le pega nada para las memorias que está escribiendo de Marcelo Durán, pero se empeña en meter un cachito porque le parece un libro maravilloso, que le reventó la cabeza. Coge cosas de autores que le parecen que son los que tienen que estar y es un homenaje a la gente que me gusta y que el protagonista copia para simplificar su trabajo y, claro, cuando lo hace copia a la gente que le gusta”.

- Y en su caso, ¿cuándo fue negro fusiló otros textos?

“No se me ocurrió”.

- ¿El personaje de Marcelo Durán está inspirado en alguien que conoció?

“No está pensado en nadie aunque una vez recibí un encargo que no acepté de un crítico musical al que habían acusado de lo mismo que acusan a Durán, que es un personaje inventado y original”.

Saludos, difuminado, desde este lado del ordenador

La hijuela, una novela de Marcos Hormiga

Lunes, Junio 8th, 2026

“Tristeza despierta buenas intenciones, se traspasa y se contagia; sin embargo, con tristeza no se hace negocio. Miseria te arrincona y por pobreza no hay quien dé un céntimo. Caridad, como su hermana compasión, resultan voluntariosas; ni una ni otra son de fiar. En cambio, solidaridad no tiene precio: un acto humanitario tendría que devolverse de la misma forma que una deuda. De todos los sentimientos, en esta cárcel, al final, lo que importa es el sentimiento que nace desde dentro. Altruismo tiene que ver mucho con eso porque hay desinterés”.

La hijuela, Marcos Hormiga, Mercurio editorial, 2021

La crónica de sucesos de Canarias cuenta también con casos sin resolver que forman parte del imaginario misterioso de cada una de las siete islas. El escritor Marcos Hormiga se inspira en La hijuela en un oscuro asesinato real relacionado con una herencia, de ahí el título, que tuvo lugar en Fuerteventura en plena postguerra. El estilo al que recurre el escritor para dar su versión de lo que pasó –y se supone que muy fiel a lo que se conoce en torno al caso– es lo primero que llama la atención de una novela que parece incluso escrita en aquella época por el lenguaje que se emplea para reconstruir y para ambientar unos años muy difíciles, no ya solo por la situación de aislamiento que sufrían las islas en aquel entonces (pese a que los ecos de la II Guerra Mundial llegasen a Canarias atenuados porque España fue un país no beligerante en la contienda) sino también por la represión y el miedo que caló hondamente en la población.

La hijuela recrea en este sentido muy bien aquellos tiempos aciagos y se agradece la voz con la que se cuentan unos hechos que conmovieron a un pequeño pueblo majorero y que puso en marcha toda una operación de represión en busca de un probable asesino. Asesino que pudo ser más de uno. Al margen de cómo se desarrolla la trama, que tiene notable interés, sobre todo porque hace planear en la cabeza del lector quién o quiénes fueron los autores que perpetraron el crimen, lo que más sorprende de este relato triste y reflejo de miserias, miserias humanas, es la manera en cómo Marcos Hormiga apostó por contar la historia. Una apuesta por un lenguaje cortante, que casi reproduce a dentelladas una realidad asfixiante que transmite a través de varias voces que dan sus versiones de un mismo hecho, aunque estas maneras de observar lo que pudo pasar siembra más dudas que certezas en quien lee con asombro (ese al menos fue nuestro caso), un libro que merecía haber tenido otra trayectoria que la que tuvo aunque el ejemplar que llega a mis manos es una segunda edición. No obstante, y que conozca, La hijuela no llegó a promocionarse en la provincia occidental del archipiélago, y si se hizo, que me perdone el autor porque no me enteré. Y en mala hora no me enteré de la publicación de una novela que además de bucear en las siempre cenagosas aguas de la novela negra, quiere hacer literatura. Y literatura hace, a fe mía. Buena literatura, sobre todo acostumbrado a literaturas que si son algo son enjuagues, libros de usar y tirar porque carecen de cualquier tipo de interés.

El libro está estructurado en tres partes, y en cada una de ellas se cuenta un pedazo del caso que anima la historia. Una historia que más allá del asesinato de un hombre “respetable” en la España de aquel entonces, y cuya visita a la capital grancanaria merece una nota en el periódico Falange el martes 24 de noviembre de 1940, salta a otros de los personajes que interviene en este fresco de época, en esta historia de muertes y repartos de tierra una vez ausente el mentado, que sirve también al escritor para hacer una radiografía de una sociedad demasiado encerrada en sí mismo, y en las que los posibles sospechosos no van a ser las personas que rodean al finado sino los miserables, los humildes, todos aquellos que apenas alcanzan para llevarse algo a la boca y dormir con el estómago lleno.

Otra característica de esta novela asombrosa por hacer, precisamente, literatura en unos días donde esa palabra parece algo desmemoriada en las letras recientes que se escriben en el archipiélago, es el uso que hace el escritor de la manera de hablar en Canarias, en especial de la majorera, y de la destreza que tiene en el empleo de los diálogos. Fluidos pero sobre todo tremendamente reales. Es esta capacidad en los diálogos otra de las características que tiene La hijuela como novela y que la distingue de otras tantas que se escriben en las islas. Además, Marcos Hormiga tiene talento para describir ambientes y crear atmósferas, algunas de ellas muy oscuras, y de expresar una violencia que sobrepasa lo verbal con una autenticidad que me hace descubrir a un escritor que desconocía y al que llego precisamente por un afortunado encuentro que ahora no viene al caso mencionar.

En esta historia se mezcla además de la narración en tercera persona, avisos de periódicos, cartas que modifican la grafía del texto y encomiendas cuya letra reproduce las de las máquinas de escribir de aquel entonces.

Se aprecia además el dominio que tiene Marcos Hormiga de la narración al narrar una historia hecha a retazos, coral, repleta de interrogantes también, en tan pocas páginas, ya que el libro no llega a las doscientas, algo que resulta insólito en unos tiempos donde lo habitual es sobrepasar las trescientas aunque no se diga absolutamente nada.

Solo lamento lo tarde que llego a una novela de aquí y que me ha conmovido tanto aunque como me comentó en cierta ocasión un profesor de cuyo nombre no quiero acordarme: más vale tarde que nunca. Y por una vez lo que me sonó como amenaza me suena hoy a dichosa oportunidad, y a reivindicar un título, La hijuela, con el entusiasmo que entiendo que se merece.

Saludos, un grato descubrimiento, desde este lado del ordenador

Presentaciones de libros

Jueves, Junio 4th, 2026

* La librería Cuentos en la cabeza, calle de Callao de Lima, 48, Santa Cruz de Tenerife, acoge esta tarde, a partir de las 18 horas,la presentación de Aullido (Diego Pun, 2026), del escritor mexicano Adolfo Córdova, un álbum fascinante y poético que cuenta con ilustraciones igual de poéticas y fascinantes de Armando Fonseca. Esta obra obtuvo la Placa de oro en la Bienal Internacional de Ilustración de Bratislava en 2020.

También este viernes, 5 de junio, la librería El Refugio, sita en la calle de Maya, 21, La Laguna, acoge la presentación del libro Que arda. Tránsito femenino hacia otra fertilidad (Alkibla editoriañ, 2026), de la escritora Inma Luna. El acto comenzará a las 19 horas y en el mismo acompañará a la autora la filósofa y actriz Lourdes Reyes. En esta obra, que cuenta con un prólogo de Ángeles Caballero, Luna reflexiona sobre “el cuerpo que cambia y desde la confusión que producen esos cambios, pero también desde la lucidez que llega cuando una deja de responder a papeles heredados. El climaterio no como final, sino como otro territorio vital: incómodo a veces, revelador casi siempre, y profundamente político”.

Saludos, yo no me lo perdería, desde este lado del ordenador

Nada reseñable, una novela de Jonás Vega Morera

Miércoles, Junio 3rd, 2026

Nos ha sorprendido la lectura de Nada reseñable (Ediciones Atlantis, 2026), del escritor grancanario Jonás Vega Morera porque no nos esperábamos encontrar con una novela que sí que es reseñable. Un libro que condensa en muy pocas páginas –no araña las trescientas– cuestiones tan serias como el oficio de escribir pero de escribir para otros. En España se conoce a este gremio como negros, que son todos aquellos que escriben libros que firman otros.

La existencia de negros no es nueva, y entre los escritores que recurrieron a ellos se encuentra un gigante: Alejandro Dumas si miramos al pasado sin ira. Actualmente y en España se conoce que presentadores de televisión y políticos que han dejado de ejercer o no…., contratan también los servicios de escritores fantasmas para que escriban libros que, una vez publicados, no contarán con el nombre del “negro” en portada sino el del famoso de turno que promociona en los medios de comunicación que se lo trabajó semanas e incluso meses. Lo que no dice es que el trabajo sucio, el de pasar horas interminables frente a la pantalla del ordenador lo hizo, efectivamente, otra persona.

Sobre este mercado habla Nada reseñable pero también, y he aquí para mi lo más interesante de esta novela, cuando el proceso de creación se hace con intenciones mercenarias como si no.

La historia comienza con cierto aroma de novela negra, cuando Fran, el protagonista y escritor fantasma aunque también imparte clases por las tardes, lo reclama la editorial en la que trabaja para que firme un jugoso contrato: ejercer de negro de Marcelo Durán, un político que fue ministro de Hacienda que cayó en desgracia tras ser acusado de abusos de menores.

El primer contacto que mantiene el escritor con el expolitíco resulta muy interesante aunque pronto conocerá el lector que Durán no es trigo limpio. Que como lector conozcamos que efectivamente es mala persona es un error de cálculo literario que leyendo la novela se termina por perdonar a Jonás Vega Morera ya que lo que importa no es que el expolítico sea un hombre envenenado por la fiebre del poder y por sus deseos más corruptos, sino también por el proceso de cambio que sufre Fran. El personaje evoluciona ya que además de encontrarse al final de la cincuentena, vive solo aunque los fines de semana los comparte con su pareja, sale a correr y tiene un perro para no estar solo. Estos elementos cotidianos marcan la existencia de un escritor asalariado, autor de historias que escribe para que las firmen otros.

No hay, sin embargo, una crítica despiadada a quien consiente en prestar su oficio para otros. Bien mirado y más en una sociedad como la nuestra, es de lo más lógico. El problema comienza cuando se da cuenta que está cansado de que las alabanzas o las quejas más encendidas que reciben los trabajos que escribe por contrato recaigan, precisamente, en otros. Es decir, el negro sigue siendo negro, un fantasma como lo denominan los anglosajones y término que, particularmente, me parece más adecuado para los que ejercen este oficio.

La novela está escrita sin grandes alardes de estilo aunque llegando al tramo final sí que mezcla realidad y sueños en una sucesión de momentos que sin despistar al lector nos hace conocer un poco más en profundidad el pasado de Fran, que no mantiene una relación sana con su padre pero sí con su madre y la familia de ésta. De hecho, uno de los capítulos más hermosos y vibrantes de Nada reseñable es aquel en el que el protagonista recuerda como era pasar las vacaciones en el pueblo de su abuela, donde su tío dirige una funeraria y enseña a su sobrino a arreglar los cadáveres. Puede resultar escrito así muy morboso, pero nada más alejado de la realidad porque este momento está descrito con tanto cariño que lo que pudiera parecer retorcido adquiere mucha luz y es un segmento clave para entender por dentro la tormenta que se desata en el corazón y en el espíritu de su protagonista. Además, es muy creíble la relación que Jonás Vera recrea de Fran con su abuela y su tío. La liberación que supone para ese joven que aún no tiene demasiado clara su identidad y la formación que como persona atraviesa, residir las vacaciones en un pueblo donde los suyos simplemente lo quieren por lo que es.

El escritor grancanario propone en Nada reseñable –una novela que no tiene nada que ver con El poder en la sombra, del británico Robert Harris, y en la que también aparecía un escritor fantasma que contrataba un político para que escribiera sus memorias, y que se trataba más de un thriller que dio origen a una atractiva película dirigida por Roman Polanski– una reflexión sobre el arte de escribir y todo ese pequeño mundo de miserias que orbita a su alrededor. Entiendo que por ello sería una gran injusticia que un libro con tantas lecturas “desapareciera” de las mesas de novedades entre otros títulos que las abarrotan y que por norma general no valen demasiado.

La novela aproxima al lector al proceso de creación literaria y al mundo editorial español, al que critica y denuncia sus falsedades y el oportunismo que lo caracteriza. También lo difícil que resulta ser uno mismo en una jungla repleta de depredadores, la mayoría de ellos “profesionales” que se encuentran alrededor del escritor/a que es, al final de todo el proceso, el que menos ganará una vez publicada la obra. Las trampas del mercado editorial, que no toma en cuenta que sin autores/as no existiría como tal. En cuanto a qué juega el escritor fantasma en todo este proceso, aunque más que proceso me atrevería a definirlo como juego entre las sombras, reflexiona Jonás Vega con atinado espíritu crítico. Con la sabiduría de quien conoce las reglas del juego.

Nada reseñable conmueve y hace reír a ratos. Esas cosas que no esperaba descubrir en la novela de un autor que desconocía y que ha terminado por atraparme y hacerme reflexionar.

Saludos, millones de gracias, desde este lado del ordenador