Demasiadas cosas perdimos en Cuba

“Sigo siendo el soldado entusiasta, el ferviente defensor de mi patria ofendida; pero esta no es la guerra con que yo he soñado; falta en ella la solemnidad, el quid divinum que todos los idealistas sabemos ver en nuestras concepciones; yo hubiera hecho un gran papel siguiendo, encerrado en mi estuche de acero, al gran duque de Alba, o caminando junto a Napoleón entre los hielos de Berésina.

Yo no sé si nuestro enemigo es un fantasma invisible o es una quimera forjada en un cerebro quijotesco”.

Vocación, Eduardo Barriobero,
Pepitas de calabaza, 2025

Descubro gracias a la editorial riojana Pepitas de Calabazas, sí, la misma que publicó el año pasado Niñas sucias, de la escritora tinerfeña Elena Correa, la conmovedora novela Vocación, escrita por Eduardo Barriobero y publicada hace más de cien años y que se desarrolla mayoritariamente en Aragón pero también en Madrid y en la guerra de Cuba, donde va voluntario el protagonista de esta historia, Pepe Alcañiz, no por ganarse la gloria en campos de batalla que pronto descubre que no existen en aquella guerra de emboscadas violentas en la manigua, sino porque quiere servir a su patria, patria que a medida que avanza el relato descubre el mismo Pepe y el atribulado lector que solo existe en su imaginación.

Los capítulos que se desarrollan en la que fue una de las últimas colonias que perdió lo que quedaba entonces del apolillado imperio español, son cartas que Alcañiz envía a su sufrida novia María Sádaba y a su mejor amigo, León Lozano y es un episodio que marcará a Alcañiz, porque lo que ve y escribe de Cuba es una pesadilla hecha realidad en la que el ejército español actúa con una violencia cruda y represora y, al mismo tiempo, descuida el cuidado de sus soldados que son, a fin de cuentas, los que se enfrentan a ese ejército fantasma de rebeldes independentistas que se esconden en la selva mientras los héroes de España caen como moscas más que por los combates de guerrilla por las enfermedades tropicales.

El estudiante que conocemos en la primera parte de esta sorprendente novela regresa a España cadavérico y cambiado por lo que vio en aquella isla del Caribe que luego se lloró tanto cuando se dejó perder, así que malvive como puede, y si algo lo sostiene para no hacer lo irreparable, es el amor que le tiene a María que, pese a que apenas reconozca al hombre que vino del Caribe, sigue unida a él por lazos sentimentales que nada ni nadie puede romper. Eso al menos es lo que piensa la pareja, aunque tras el regreso a España de Pepe las cosas irán paulatinamente cuesta abajo, y cada vez más deprisa y sin freno.

Eduardo Barriobero fue todo un personaje en la España de su tiempo, una España que dio al mundo ejemplares como el autor de esta novela. Intelectuales con vocación de denuncia y a la vez hombres que no podían estarse quietos. Su vida es casi como una carrera en la construcción no solo de un ideal que tiene claras alianzas con las corrientes anarquistas de su tiempo sino también de un profundo compromiso moral que en él se caracteriza por un sentido de la dignidad que quizás hayamos perdido para siempre en estas Expañas en las que vivimos.

Por lo que se sabe, se mantuvo leal a la II República y durante la Guerra Civil el Gobierno legal propuso su nombre para que fuera presidente del Tribunal Supremo pero rechazó el cargo para presidir la Sala de lo Criminal, También fue nombrado fiscal general de la República aunque en septiembre de 1937 fue acusado de apropiarse de una sustanciosa cantidad de dinero, acusación de la que lo absolvió el Tribunal Supremo aunque permaneció el resto de la guerra en prisión.

Tras la caída de Barcelona, Barriobero se negó a exiliarse a Francia, pese a que había sido nombrado caballero de la Legión de Honor, por lo que fue detenido y ejecutado por el ejército rebelde. Fue enterrado en los fosos de Montjuïc.

Me consta que dejó una obra literaria que sin ser demasiado extensa cuenta con títulos de interés. Vocación, la novela que recupera ahora la editorial Pepitas de calabaza es una clara demostración que se trata de un autor contestatario al sistema, aunque su retrato de las clases medias y bajas con las que se relaciona el protagonista de la novela resulten muy desesperanzadoras. Ataca además y con violencia verbal no solo al ejército sino también a una justicia enrevesada y contaminada por una burocracia que convierte a los funcionarios en hombres sin alma. Si que derrama, aunque sin excesos, cierta benevolencia hacia los marginados mientras pinta un retrato ferocísimo del sistema penal de su tiempo, ya que prácticamente la tercera parte de Vocación (el título es de una descarnada ironía) transcurre en una cárcel donde da con sus huesos el protagonista, que se ve inmerso en un proceso judicial que casi parece kafquiano, ya que esa fuerza invisible que llaman ley parece en la novela que fue creada por el hombre para enterrar a los hombres.

El único defecto que le encuentro a Vocación es que una vez terminada se acabó, ya no hay más descenso al horror, a este retrato penoso pero muy real que hace de un país, España, que maltrata a sus héroes y promociona a sus villanos. Ese grupo de mediocres que cree estar por encima de todas las cosas y que aplasta a las personas honestas y creativas por miedo. Todo esto se encuentra en una novela que se publicó hace más de noventa años, lo que se aprecia en un lenguaje de época pero que significa también otra seña de identidad de una obra y de un autor que pedía a gritos una urgente recuperación. Se trata además, de uno de los poquísimos escritores españoles que se preocuparon por reflejar en sus novelas el mundo carcelario de su tiempo. Pienso, ahora mismo, en otras novelas que se sumergen en este universo opresor y cerrado como Los vivos muertos de Eduardo Zamacois y Cabo de vara de Tomás Salvador. Es probable que haya alguna más pero no tantas como uno imaginase, y es que este país, literariamente, se acostumbró hace tiempo a mirar a otro lado como si no quisiera hurgar en sus miserias morales que son, por desgracia, demasiadas.

Saludos, muy agradecido por la sugerencia, desde este lado del ordenador

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