El final de un dictador

El profesor de literatura y escritor Antonio Scurati pone fin a su ambiciosa pentalogía sobre el dictador italiano Benito Mussolini en M. El fin y el principio, en la que narra los tres últimos años en la vida de un hombre que convirtió la política en arcilla con la que manipular el pasado y el presente de una nación. Un arte inspirado en una retorcida improvisación con la que salir del paso, con la de salvar cualquier problema político recurriendo a la hipocresía con todos y con todas ya que los daba por tontos. Método hoy por desgracia al que sigue recurriendo el poder (por minúsculo que sea) combinándolo con el miedo. ¿El fin? El fin es cambiar la historia en su propio beneficio. Se niega cualquier oposición, la oposición en todo caso debe manar de un único partido, el Fascista, que deja la decisión final al jefe.

Bajo ese sistema se rigió Italia una veintena de años y entre sus logros visibles, además de crear una sólida industria cinematográfica que produjo películas bastante mediocres, fue conseguir en un país de la Europa mediterránea que los trenes salieran y llegaran puntuales a la estación. Lo dijo Churchill, uno de los más entusiastas defensores del régimen mussoliniano antes de que comenzara la II Guerra Mundial.

El quinto y último volumen de esta serie mantiene el mismo tono acusador con el que Scurati inició este ambicioso proyecto hace unos años, es decir, señala y muestra las vergonzosas contradicciones del fascismo y de quien fue su creador, solo que en esta quinta y última parte asistimos al drama final, al desmoronamiento de un proyecto político que se tomó demasiado en serio, tan en serio que terminó gangrenándose en una terrorífica guerra civil claro que qué guerra civil no es terrible, qué guerra en general no es brutal y terrible… Uno de los atractivos de M. El fin y el principio es su aire de tragedia. Y que una de las voces que narran esta tragedia sea la del protagonista de esta historia: Mussolini. Solo que un Mussolini derrotado, una sombra de aquel que aparece en la letra de You’re the top, de Cole Porter. Un hombre que de la nada llegó hasta lo más grande. Un genio político que fue capaz de rodearse de lo peor y de lo mejor para ser el duce de una Italia imperial que nunca se creyó demasiado lo del sueño romano.

Este es el capítulo final de un socialista que tras cambiar la camisa por una negra, hizo creer al mundo que de él dependía la paz en Europa y que fue recibido con alfombra roja por uno de sus alumnos más aventajados, Adolf Hitler, con el que selló un alianza que terminó por convertirse en una maldición. Maldición que le persiguió hasta el final de la guerra.

Me pregunto mientras leo la ¿novela? si se trata de un libro recomendable a quien no conozca o no le interese la figura del dictador italiano, pero me aventuro a recomendarlo incluso a los profanos en su biografía porque el mensaje que transmite el escritor y profesor va más allá de los hechos que marcaron el devenir existencial de un oportunista. En las páginas de esta monumental novela que se inspiran en hechos reales, se denuncia y advierte de los grupos de conductas fascista que hoy se han instalado con comodidad en las democracias europeas bajo el disfraz del populismo, que también lo es de izquierda. Es decir, que estos comportamientos ya no corresponden solo a las derechas sino también a las izquierdas. Y que este fenómeno haya despertado de su larga derrota en los tiempos que corren es porque la ciudadanía se siente huérfana de fe. Fe en sus representantes políticos, fe en un sistema donde solo medra el mediocre. Fe en seguir ciegamente a un líder, a un duce, que hace público en sus discursos el malestar de un país sin proponer soluciones, solo señalando probables culpables (los judíos y comunistas para unos, los inmigrantes irregulares y la extrema derecha para otros) para los que plantea soluciones radicales que justifica por el daño que le hacen a la nación.

En el caso de Mussolini, empleando la violencia como arma política, y a sus escuadrones de camisas negras como ejecutores de esta dialéctica de los puños y las pistolas. El fin es asaltar el poder y una vez instalado en él, silenciar a los divergentes como hicieron con el diputado socialista Matteoti, a quien golpearon hasta la muerte en Roma cuando el fascismo mantenía todavía un rostro amable de cara a la galería.

Los libros que componen esta pentalogía observan el fascismo, y encarna su ideario en la figura de su jefe, Benito Mussolini, belicoso socialista que hizo carrera política al finalizar la I Guerra Mundial hasta poner las bases de un movimiento radical que terminó convirtiéndose en partido y traicionándose a sí mismo.

Scurati estudia esta corriente deteniéndose en los momentos estelares como más oscuros del régimen mussoliniano, pero pasa de puntillas por otros hitos que marcaron el devenir de los últimos días del dictador italiano como fue su espectacular rescate a cargo de un comando de paracaidistas alemanes a las órdenes de Otto Skorzeny. Sí que detiene su mirada en la descomposición que sufre el líder por dentro y por fuera a medida que se aproxima la derrota y a medida que la Alemania nazi se hace con el control de media Italia cuando los aliados desembarcaron por fin en el sur. Esa reconstrucción del personaje es una de las claves de esta obra mayor con la que el profesor pone punto y final a un proyecto que ha provocado airados debates en su país. Se esfuerza además en ofrecer un retrato humano de un hombre cruel cuando llevaba las riendas del destino, y débil y cobarde cuando la suerte cambió de lado, arrinconado en su pequeña república de Saló, acosado por alemanes como por italianos que se echaron al monte para combatir los últimos rescoldos del fascismo, a la espera del avance anglo-norteamericano. Se asiste en esta última entrega además al final de un romance de tan honda resonancia shakesperiana como fueron los últimos días de vida que Mussolini pasó junto a su amante, Clareta Petacci, que moriría y sería colgada de la misma viga tras su fusilamiento en abril de 1945 en una plaza de la ciudad de Milán. Todo esto y más en una novela, la quinta de la serie, que cierra con un mensaje que a veces se desdibuja en estas páginas y que tiene la pretensión de advertir del renacer de la serpiente, una serpiente que como aquel fantasma, hoy recorre no solo las tierras de Europa.

Saludos, ¿creer, obedecer, combatir?, desde este lado del ordenador

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