Javier Negrete: “La ambición y la corrupción están en nuestra naturaleza”

Sertorio. El elegido de la Diosa Blanca (HarperCollins, 2026) es el segundo volumen de una serie que su autor, Javier Negrete (Madrid, 1964), espera convertir en una tetralogía en la que contará la infancia y juventud de este militar y político romano que en la etapa final de la república creo una especie de alternativa de este sistema en Hispania.

La carrera literaria de Negrete es la de un autor de género, ha cultivado además de la novela histórica la de ciencia ficción, la fantasía heroica y también la erótica, entre otras, actividad que compagina con su trabajo como profesor. Es además un apreciado divulgador histórico, entre los que se encuentran títulos de ensayos como Roma victoriosa y Roma invicta y ha recibido numerosos premios que reconocen una trayectoria que lo ubica entre los narradores más reconocidos que actualmente escriben en España novela de género.

- Tras Las Idus de enero regresa ahora con Sertorio. El elegido de la Diosa Blanca. ¿Qué atractivos tiene para usted este personaje?

“Ya había escrito sobre Sertorio en algunas de mis obras de divulgación histórica, como Roma Invicta y es un personaje interesante porque la parte más conocida de su vida es cuando funda una especie de república paralela a la de Roma en Hispania, pero esa no es la parte que he decidido explorar en mis novelas”.

- ¿Pero entonces por qué ese interés en un personaje como Sertorio?

“Todo viene de algo que también cuento en Roma Invicta, y es que siendo muy joven Sertorio participa en las guerras contra los invasores cimbrios. Y en una batalla, la batalla de Arausio, que significó un terrible desastre para Roma, es uno de los pocos supervivientes. Cruza el Ródano a nado con la armadura puesta y estando herido, luego actuó como espía al servicio de Cayo Mario, tío político de Julio César, entre los propios cimbrios porque se cuenta que conocía las lenguas de esos pueblos y eso es lo que sabemos de esa época de su vida, lo que me hizo pensar que sería muy interesante fabular sobre ello y escribir sobre esta campaña de los cimbrios, ese enfrentamiento entre romanos y bárbaros desde el punto de vista de Sertorio pero como suele ocurrir, cuando me fui sumergiendo en esa época, descubrí otros aspectos que me resultaron fascinantes y de ahí nació Los Idus de Enero, que es una novela que iba a ser un flashback sobre el origen de este personaje, el nacimiento de Sertorio”.

- ¿Y Sertorio. El elegido de la diosa blanca?

“La novela arranca con la presentación de por qué los cimbrios abandonaron sus tierras en la actual Dinamarca. Y, por otro lado, muestro la infancia y el desarrollo personal de Sertorio hasta dejarlo a punto de entrar en las legiones y partir a la guerra contra este pueblo, parte que estoy desarrollando ahora en la tercera novela de la saga”.

- ¿Va camino entonces de convertirse en serie o será una trilogía?

“Es una saga, pero espero no alargarla. Mi idea es escribir cuatro novelas aunque ya veremos ”.

- No le interesa abordar su etapa en Hispania, cuando crea esa casi república paralela a Roma?

“Bueno, es un periodo muy interesante pero ahora mismo estoy tan centrado en lo que tengo que escribir y es tanto el trabajo que espero no pensar demasiado en eso. Más adelante ya veremos. A mí la verdad es que sobre esa época, como es más conocida y lógicamente se ha escrito más, la evito. En las novelas que escribo ahora sobre Sertorio tengo que inventar mucho. Lo que pasa es que inventar es algo que un divulgador histórico no debe hacer pero es un patio de recreo para un novelista. Es decir, cuando encontramos épocas oscuras de las que poco sabemos ahí puede penetrar nuestra imaginación”. 

- Le quería preguntar eso precisamente. ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en estas dos novelas?

“Me atengo a los hechos que se conocen, que no son muchos, pero me sirven como puntos en ese camino. Son como los miliarios de las calzadas romanas. En la primera novela sabemos que Cayo Sempronio Graco fue asesinado en un grave disturbio en el foro romano lo que significó el inicio del fin de la República aunque se prolonga. Más adelante sabemos que los cimbrios empiezan a derrotar a los romanos lo que me sirve como puntos alrededor de los cuales construyo la trama sin desviarme del camino, del sendero de la historia real. Pero entre medias, en ese camino, podemos dar pequeños rodeos, visitar paisajes, entrar en posadas, que me dan muchísima libertad. Intento todo el tiempo ser verosímil. Siempre digo que en una novela histórica hay que ser verosímil y no tanto veraz, porque a veces inventamos hechos, personajes, o algunos personajes históricos de los que sabemos poco más que el nombre, como Artemidoro de Éfeso, al que le he creado una biografía y una personalidad siempre dentro de la verosimilitud histórica”.

- ¿Por qué la Diosa Blanca?

“Se conoce que cuando Sertorio está en Hispania una cierva blanca se le acercó a la salida del bosque como si la tuviera amaestrada y que fue como si hablara con ella. Imaginémonos algo así como el hombre que susurra a los caballos, pero en este caso con una cierva que le da información sobre el futuro y de lo que ocurre en otros lugares y esa cierva es blanca y el animal totémico de la diosa que los romanos conocen como Diana, y los griegos como Ártemis, juega un papel importante en la vida del personaje porque desde que nace, esto ya es una cosa que fabulo en la novela, una vieja criada etrusca le dice que es un elegido de la diosa, incluso tiene un antojo con forma de cierva blanca. Digamos que sobre este hecho histórico he decidido iluminar un montón de zonas oscuras e incluso la propia personalidad de Sertorio, de mi Sertorio”.

- ¿Y qué retrato hace del protagonista? ¿Lo imaginas como un héroe, un hombre con dobleces?

“Bueno, en esta novela todavía es muy joven. En Los Idus de enero y nada más nacer es como si pudiera ver otro mundo, una capacidad que no tenemos el común de los mortales y eso hace que desde bebé tenga una extrema sensibilidad a todo lo que viene del exterior, a todos los estímulos externos, visuales, auditivos, sensoriales. Tanto que a veces, ya desde niño, entra en una especie de trance para aislarse porque la realidad le puede superar. O sea, por un lado tiene una curiosidad tremenda, pero a veces necesita descansar. Lo retrato como un muchacho que es increíblemente perceptivo. Lo cual hace que, por ejemplo, pueda saber cuándo miente alguien. Ahora, como me comentan, dirían que tuvo altas capacidades pero me baso en que sabemos que como general fue muy astuto, alguien que sabía aprovechar muy bien las fuerzas que tenía a su alcance. También aprovechaba las debilidades del enemigo, las característica del terreno y con esa astucia e inteligencia es con lo que derrotó a los mejores generales de su época. Así que lo que intento es mostrar que desde niño fue muy inteligente e imaginativo para desarrollar estrategias. Y al pequeño nivel de su infancia y juventud, veremos cómo acaba liderando un pequeño ejército, una especie de banda juvenil, los Mirmidones, a los que hace ganar las batallas que se podían tener en las calles de Roma y que son preparativos para lo que le pasará más adelante pero sigue siendo un personaje relativamente desconocido por el gran público aunque se están escribiendo libros, uno que ha salido recientemente se titula La guerra de Sertorio, y aparece en la saga de Masters of Rome, de Colin McCullough, pero como secundario”.

- ¿No cree que el hecho de que no termine de ser muy conocido entre el público quizá se deba a que los aficionados conocen la historia de Roma pero a partir de Julio César en adelante?

“Es posible porque, por ejemplo, los restos arqueológicos en general que nos han llegado de Roma tienen que ver más con la época imperial porque también ellos mismos construían encima de lo que tenían antes. Una de las cosas que me ha ocurrido al documentarme es que no es tan fácil saber cómo eran las calles de Roma de aquella época, cómo era el foro, porque lo que más conocemos es la gran Roma de mármol que nos llegó de Augusto y los emperadores sucesivos. La República, sin embargo, me resulta más atractiva. A lo mejor Roma no era tan poderosa ni esplendorosa, pero sí que tuvo mucha más intriga política, lo que te facilita un conflicto entre los personajes y eso a los novelistas nos gusta mucho”.

- Es especialista también en la Grecia clásica. ¿En que periodo se siente más cómodo cuando escribe?. ¿Grecia o Roma? ¿Roma republicana o imperial?

“Por mi especialidad y por la asignatura que he impartido, soy griego. La primera obra de divulgación histórica que escribí fue La gran aventura de los griegos, igual que también mi primera novela puramente histórica fue Salamina. Sin embargo ya mezclé a griegos y romanos en una ucronía histórica que es Alejandro Magno y las águilas de Roma, en la que hice enfrentarse estos dos mundos que me apasionan y que para mí están imbricados constantemente en Los idus de enero y en Sertorio. El elegido de la Diosa Blanca, en la que Artemidoro de Éfeso, que es griego, tiene un papel importantísimo y no deja de contemplar a los romanos desde su punto de vista griego. Una época que me fascinan en Grecia son las Guerras Médicas, por eso escribí Salamina y El Espartano y en cuanto a Roma todo el convulso final de la república desde los Cayos hasta la muerte de Julio César e incluso hasta que Augusto se convierte en emperador. Me parecen momentos que dan para miles de libros y horas de lectura y de estudio”.

- Hablamos de novelas históricas pero también ha escrito de ciencia ficción y fantasía heroica. ¿Es más fácil escribir ciencia ficción y fantasía heroica que novela histórica?

“Es cierto que tienes más rienda suelta aunque también depende un poco de qué tipo de fantasía y ciencia ficción escribas. Por ejemplo, a mí me gusta mucho la ciencia ficción dura, que te obliga a documentarte aunque sea para extrapolar sobre lo que podría ocurrir en el futuro o en otros universos. En cuanto a la fantasía, tienes que mantener los pies en el suelo pero te permite una libertad que es más complicada que encuentres en una novela histórica pura. Y quizá por mi amor a la literatura fantástica elijo a veces, como en este caso, épocas en las que puedo rellenar muchos huecos e iluminar rincones oscuros. En esta novela, utilizó elementos narrativos diferentes e incluso sobrenaturales”.

- ¿Qué le interesa del género histórico en comparación con el de la ciencia ficción y otros que ha tratado, creo que también la novela erótica?

“Esa novela erótica fue un pequeño juego literario. En cuanto a mi incursión en el mundo griego era inevitable porque es la pasión de narrar, en mi caso, y contar historias, que ya empecé desde niño. Mi primera novela, que nunca será publicada, era una de romanos, así que la misma fascinación que siento como novelista y como lector por lo lejano y lo exótico me guió al pasado. Desde niño, lo que buscaba en la historia era conocer mundos muy lejanos en el tiempo, como Grecia y Roma. A ver, me gusta toda la historia pero tiendo más a la antigüedad por eso, por mi gusto por lo lejano y lo exótico. Y eso es lo que a mí ha llevado, como escritor, a la novela histórica. Como lector, soy muy ecléctico, leo novela histórica, novela negra, pero tengo predilección, como decía, por la fantasía, la ciencia-ficción e incluso el terror.”

- Pero no ha cultivado el género de terror que recuerde.

“No exactamente, aunque hay mucha influencia. Hay escenas en mis novelas, tanto en Los idus de enero como en esta última que podrían separarse y convertirse en una especie de relato breve de terror, así que quienes sean lectores de Lovecraft y de su círculo, encontrarán esas influencias en estos fragmentos porque también, a mi manera, los elementos lovecraftianos impregnan mis libros”.

- No me escandalice ¿aparece en estas novelas el panteón de deidades lovecraftianas?

“ No, no aparecen, evidentemente. Pero cuando hablo de las potencias, de lo luminoso, de los dioses, Sertorio o Artemidoro de Éfeso comienzan, de alguna manera, a comprender que los dioses no son tan humanos como lo representan las estatuas de los templos sino que hay algo mucho más primordial en ellos. En la novela, por ejemplo, hay una adivina que viene a decir a varios personajes, incluyendo a Sertorio, que si pudieran levantar el velo de la realidad y ver lo que hay detrás, como lo ven las adivinas de templos como el de Delfos, nos volveríamos locos, perderíamos la razón y eso es algo muy lovecraftiano”. 

- Hace ya algunos años que en España se está leyendo novelas de género escritas por autores españoles, cosa que no pasaba hace cuarenta 40 años.

“Es verdad que eso ha ocurrido. Hace décadas, como tú comentas, en España se escribía poca novela de género, y la que se escribía terminaba en nichos reducidos de autores y lectores. Daba entonces la impresión de que había que escribir novela realista, novela social, no se entraba en los géneros. En mi caso, cuando comencé mi carrera como escritor a finales de los 80 y primeros de los 90, intenté publicar la novela La espada de fuego, una fantasía heroica, pero me resultó imposible porque incluso las editoriales que publicaban historias de ese género decían que sólo querían publicar ese tipo de novelas por autores anglosajones. Los escritores españoles tenían que dedicarse a otra cosa. Tuve la suerte y el honor de ser el primer español que publicó, por ejemplo, en la prestigiosa editorial Minotauro la novela La espada de fuego, pero ya en 2002 o 2003, y la verdad es que funcionó mejor de lo que parecía y de alguna manera, humildemente, abrí la puerta de la fantasía a muchos otros autores españoles. Creo que lo mismo ha ido ocurriendo con la novela negra, la novela histórica, y tiene que ver con los gustos de los lectores. Los popes literarios que despreciaban esta literatura de género a la que tachaban de inferior calidad han ido cediendo el terreno a otros, a gente de mi edad o incluso más joven, cuyos gustos son diferentes y que ya no tienen empacho en decir que una novela fantástica, una novela histórica, si está bien escrita, puede tener tanta altura literaria como cualquier otra de las que se considera literatura seria”.

- Me gustaría que ahora viajáramos al origen por lo que la pregunta es: ¿de dónde viene su interés por la Grecia clásica?

“Leí La Odisea con ocho o nueve años. La Odisea tal cual, y me sorprende pensar cómo pude leerla porque se trataba de una edición que teníamos en casa, un libro muy pequeñito, pero la edición completa que incluía una traducción de términos muy arcaicos. La leí porque se la habían marcado como lectura en el colegio a mi hermano mayor y me piqué con él y la íbamos leyendo a la vez. Mi hermano debía estar en séptimo de Educación General Básica (EGB) y yo en quinto. Ahora resulta impensable recomendar La Odisea a los alumnos, de hecho cuando he intentado que los de bachillerato lean ese libro me cuesta horrores que entiendan que es un texto de otra época. La verdad es que en casa fuimos muy lectores y yo era un bicho tan raro como Sertorio. Por otro lado, iba mucho al cine de mi barrio, y cuando se estrenaba una de romanos se trataba de un acontecimiento como ahora lo son los estrenos de las películas de Los Vengadores solo que en aquella época hablábamos de Ben-Hur y de otras por el estilo que a mi me fascinaban lo que no es tan raro si recordamos la canción de Sabina, esa en la que habla de una de romanos porque eran auténticos acontecimientos. A mí esa estética me gustaba mucho y luego había libros en casa, así que leí obras que a lo mejor no eran muy propias de mi edad. Con diez años ya había leído Ben-Hur y empecé con la serie de novelas históricas de Alejandro Núñez Alonso, el ciclo de Benasur de Judea, y ya entre los diez y los once fue cuando decidí que quería hacer algo así y empecé a escribir y escribí mi primera novela que era de romanos, una ucronía histórica de romanos, yo no sabía ni que era una ucronía pero lo hice, así que me viene desde entonces esa fascinación por la estética, me gustaban mucho los uniformes de los legionarios, las películas de romanos hasta que descubrí muchas otras cosas sobre esas dos culturas, la griega y la romana con más profundidad y me fascinaron. Con el tiempo, cerrando el círculo, escribí mi propia versión de La Odisea que este verano reeditará HarperCollins”.

- ¿Ve correcto que se hable de novelas y cine de romanos. O prefiere referirse al género como peplum y hasta donde cree que el cine ha condicionado nuestra manera de ver lo que era la Roma Antigua y la Grecia Clásica?

“Cuando se habla del peplum se suele referir a las producciones italianas de los años sesenta del pasado siglo XX. Recuerdo haber visto una de Ursus y a mi de chaval me gustaban mucho. El León de Esparta me dejó fascinado, se trataba de una producción más que digna y relativamente fiel a los hechos, mucho más que 300, por ejemplo, porque 300 es una pura fantasía, no tiene nada de histórico y no pasa nada por ello. Luego hay producciones norteamericanas sobre todo porque cuentan con más medios, que es verdad que nos han hecho tener una imaginería, que muchas veces no se corresponde con la realidad pero creo que eso últimamente está cambiando aunque entiendo que los guionistas se tomen ciertas libertades ya que deben contar una historias en dos horas. Troya es una película que pese a sus licencias a mi me parece que está bien, veremos que pasa ahora con la versión de La Odisea de Christopher Nolan, que está a punto de estrenarse y que imagino que se habrá tomado muchas libertades pero pienso que en el fondo viene bien, porque para el espectador es un primer contacto con todo aquello y puede que se les despierte la curiosidad y busque más información en libros –ya sean novelas, libros de historia, revistas de divulgación– . He utilizado estas películas en clase porque entiendo que es una manera de familiarizarse con aquellos tiempos aunque contengan errores. Los errores se subsanan con más conocimiento”-

- ¿Y qué lecciones cree que puede sacar el lector actual de la novela histórica?

“Reconozco que como escritor no es lo mismo cuando escribo divulgación o novela histórica. Como novelista no intento impartir lecciones sino reflejar un mundo que, tal como yo lo veo, intento reconstruir a partir de las fuentes y transportar allí a los lectores, lo que pasa es que luego dentro de estas historias pues hay cosas que son universales para la naturaleza humana y lecciones que podemos aprender de Roma en concreto”.

- ¿Cómo cuáles?

“Creo que podemos descubrir mucho sobre el mundo actual porque la época que yo retrato fue muy turbulenta –ahora diríamos muy polarizada– y en que se produjeron varios enfrentamientos civiles siempre encabezados por personajes opuestos. Tenemos a Mario contra Sila primero, luego a César contra Pompeyo y a Octavio contra Antonio y visto el recorrido y los resultados de esos enfrentamientos que muchas veces causaron grandes sufrimientos a la población pues quizás podríamos aprender de los errores que cometieron pero reconozco que no soy demasiado optimista porque como humanos tropezamos en la misma piedra una y otra vez. La ambición y la corrupción están en nuestra naturaleza”.

Saludos, ave Caesar, morituri te salutant, desde este lado del ordenador

Escribe una respuesta