El mirón

El periodista Gay Talese (Ocean City, Nueva Jersey, 1932) es uno de esos grandes periodistas que más que interesarse por los hechos, se interesa por las personas que provocan esos hechos. Sus libros, y por fortuna contamos en español con varios de ellos traducidos, son lecciones de un oficio que todo periodista que se precie debería de leer y reeler llegado el caso. Tuve la fortuna de descubrirlo por el que quizás se trate de sus libros más raros. Raro por su protagonista, Gerald Foos, que regentaba un motel en el que espiaba a sus huéspedes a través de los conductos de ventilación, en los que instaló una plataforma de observación. El caso es que Foos dejó constancia escrita de lo que vio a lo largo de los años en que fue propietario del motel. Un informe que fue enviando a Talese, a quien invitó a quedarse en su motel, invitación que el periodista aceptó.

Lo que observó a través de aquellos conductos de ventilación pero sobre todo el retrato de Foos, lo narra en El motel voyeur (Alfaguara, 2016), la edición definitiva de un reportaje que debería de estudiarse en todas las facultades de periodismo.

El libro revela no solo las dotes de observación de Gay Talese, sino también el retrato de un mirón, Gerald Foos, que se casó dos veces (sus esposas conocían y participaron en el secreto de su esposo) tuvo hijos y resultaba un tipo agradable que nunca se sintió un bicho raro sino más bien una especie de científico sin título universitario que estudiaba las relaciones de pareja, porque las habitaciones que Foos espiaba eran siempre las que ocupaban parejas.

El motel del voyeur no culpa al mirón sino que expone un caso sin añadidos sentimentales ni prejuicios morales. Además, no se puede tomar muy en serio las anotaciones de Foos porque como viene a decir Gay Talese, a veces terminaba por confundir la realidad con la ficción. Subyace en este reportaje la idea de hacer periodismo, y literatura también en torno a un personaje que para la mayoría es un enfermo, aunque al final esa “enfermedad” quede un poco disuelta ya que como razona Foos, todos, sobre todos los varones, son voyeur. Justifica además su confesa adicción a mirar sin ser visto por su voluntad de estudio, una justificación poco creíble, concluye Gay Talese, que se hizo amigo de Foos y de su familia.

La mirada de Talese sobre el mirón es la de un observador, la de un periodista que cuenta objetivamente lo que vio.

Saludos, no se lo pierdan, desde este lado del ordenador

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