Habanera, una novela de Emilio González Déniz
Habanera fue una novela que el escritor grancanario Emilio González Déniz fue publicando por entregas en el periódico Canarias 7 entre diciembre de 1990 y junio de 1991. Se trata de una novela escrita por encargo por el mismo periódico, lo que acentúa el interés de una obra que sin aparentes pretensiones siguieron los lectores de este diario. Esta novela se publica por fin en libro a través de la editorial Mercurio y fue una apuesta literaria que ahora se puede leer de una tacada sin esperar al próximo capítulo.
Encuentro en Habanera algunas de las fórmulas narrativas a las que González Déniz recurrió para escribir Hotel Madrid: narrar la historia a través de sus protagonistas, lo que permite al lector ponerse en la cabeza de todos ellos. Al mismo tiempo, el escritor permite que sea el mismo lector quién decida qué personaje le cae mejor que otro a medida que se avanza en este relato de amor, lo que me hace redescubir a un narrador que vuelca en esta propuesta literaria de publicar por entregas como en Hotel Madrid, que Emilio González Déniz es un escritor que mueve sus historias por latidos emocionales, y qué mejor latido emocional es el amor. Amor a tres bandas en este relato de encuentros y desencuentros entre unos personajes que no terminan de digerir demasiado bien el tránsito a la madurez, en concreto su personaje protagonista, Charly, Carlos, un don Juan de provincias, un Casanova de cuidado en una capital grancanaria que permanece al fondo pero que se encuentra muy presente en este relato de fidelidades e infidelidades, de manipulaciones y chantajes emocionales, de solitarios que no quieren serlo y de otros que sí quieren. Una historia de amor a tres bandas que se va metiendo en las tripas y en el corazón a medida que se leen sus páginas y que consagra al escritor como uno de los más interesantes y originales de su generación, lo que explica que su influencia haya marcado a unos cuantos escritores que vinieron después y que de alguna manera acabó por influenciarles con una literatura en la que se combina muy bien las voces narrativas con lo que se cuenta. Que da prioridad a los personajes como al sentido del relato.
No hay nada o muy poco baladí en Habanera, y eso que pese a sus irregularidades, que las tiene al tratarse sobre todo de una novela por encargo, termina por enganchar y que uno (este al menos fue mi caso) le pusiera su particular banda sonora. Banda sonora que como anuncia el título de la obra, es una habanera de creación propia. La música juega así un importantísimo papel en esta historia. Y no solo porque Charly y Gertrudis (perdón, Greta) vivan de la música, el primero como un reconocido pianista local y la segunda por llevar una tienda de instrumentos musicales, sino porque las casualidades en este libro suenan también como si se trataran de solos que improvisan melodías. Los capítulos de la novela se subtitulan con vocabulario musical y hacen a veces de espejo de lo que vamos a leer a continuación.
Es como si el fin del autor fuera la de sugerir las emociones que se van a desarrollar en los distintos cuadros según el subtítulo que los represente. Y a veces cuadra este juego aunque en otras las expectativas quedan algo frustradas lo que me hace pensar si esa era la intención verdadera de Emilio González Déniz. Lo fuera o no, da igual. El caso es que Habanera se lee como lo que es, una habanera con sentido de la percusión que habla de amor. Y el amor es uno de los mayores regalos envenenados de la vida. En este caso, las relaciones que unen a unos y a otros, todas ellas heridas por recelos y sospechas. Greta (Gertrudis) no se fía de Charly (Carlos), su fama de seductor hace que cualquier aproximación romántica se pulverice por el miedo al engaño y la traición, a que ella sea una más de su ya larga lista de amantes. Es lo que tiene caer rendido entre sus brazos.
No es cuestión de desvelar lo que sucederá, ni cómo actúan otros personajes que orbitan en torno a la pareja protagonista, pero sí que parece necesario señalar que como aprecié en Hotel Madrid, el otro gran tema que el escritor abordaba en esta novela regresa a esta historia por entregas: la amistad. Aunque en este caso la amistad, una amistad entre mujeres, tenga cierto eco a la fraternidad que existe entre los personajes de un cineasta tan masculino en sus películas como fue Sam Peckinpah. En Habanera hay apoyo y solidaridad, solo que ese apoyo y solidaridad tiene un precio. Y ese precio resulta al final extremadamente amargo.
Como pasa en otras novelas que he leído hasta la fecha de Emilio González Déniz, Emilio González Déniz es un escritor que tiene estilo, un sello autoral que hace que sus libros sean de Emilio González Déniz. Es como una marca de agua, se traten de las historias que se traten. Cuenta además con una serie de constantes y una cualidad para pintar el retrato de la burguesía de la capital grancanaria con tintes naturalistas muy críticos. No hay que perder de vista el trabajo del que quizá sea el más escritor de nuestros escritores. El fabulador que moldea la realidad a su antojo para contar historias, la mayoría de ellas desarrolladas en un mismo espacio geográfico, en una capital de provincias, Las Palmas de Gran Canaria, que opta a convertirse en capital europea de la cultura aunque el año pasado no celebrara su Feria del Libro. Pero estos son los modos, las formas de hacer de una isla, de un archipiélago, que se encuentra como varado a este lado siempre inestable del Atlántico.
Saludos, cut, cut, cut, desde este lado del ordenador

