Archive for Septiembre, 2026

El quiromante, una novela de Carlos D. Gutiérrez Robayna

Jueves, Septiembre 3rd, 2026

Carlos D. Gutiérrez Robayna cuenta con una novela anterior, Tres tes, que a mi en su momento me desarmó. Sobre todo cuando descubrí que se trataba de la segunda novela que publicaba el autor. De eso hace ya unos cuantos años, no los suficientes, pero sí unos cuantos años en los que elogié la capacidad del narrador majorero en contar una historia en la que se mezclaba lo histórico con lo policíaco. Lo histórico porque la historia tenía lugar los últimos días en que el Sahara dejó de ser español y policíaca porque a esa zona se había destacado un investigador para que descubriera quién estaba asesinando a prostitutas en ese territorio geográfico tan pegado a Canarias.

La lectura de este libro me hizo descubrir a un escritor que se manejaba bien en la construcción de personajes y en el retrato de ambientes, todo ello sin perder su dependencia de una Canarias, y en concreto de una de sus islas, Fuerteventura, tan unida aquellos años a los destinos ya pactados del Sahara, tierra que de la noche a la mañana cambió de dueños, solo que los nuevos no resultaron ser los nacidos en aquel territorio, los que por derecho tenían que haber heredado ese pedazo de rocoso desierto que sigue levantando pasiones. Es una lástima que la posición de España desde entonces ante este territorio rico en recursos minerales haya dado un giro de 180 grados, en especial con el gobierno “progresista” que en la actualidad dirige y administra los destinos de este país al que continuamos llamando España.

El Quiromante (Alia ediciones, 2026) es la nueva novela que presenta a los lectores Carlos Gutiérrez Robayna, más un thriller que una novela policíaca a diferencias de como sí lo fue las Tres tes, ya que ahora propone un viaje a las tripas de las artes de la adivinación, tarot, horóscopos, quiromancia para responder preguntas sobre la familia, la pareja, el dinero y la salud que en Internet han alcanzado un gran éxito explotando un negocio que no mengua sino que va creciendo con el paso de los años.

El Quiromante como bien avisa su título cuenta la historia de un proyecto que pretende meterse a la humanidad en el bolsillo ya que gran parte de esas humanidad cree en los vaticinios que propone sobre su futuro la Inteligencia Artificial. También escora su crítica (es verdad que demasiado inocente) a la credibilidad del ser humano, a que piense que todo lo que se le dicta desde Internet deben ser verdades aplastantes y anuncios de lo que vendrá… El Quiromante es una novela en la que aprecio que su autor tiene que habérselo pasado muy bien mientras la escribía, ya que cuenta con varios capítulos que con independencia de si ayudan o no a que avance la acción, están muy bien escritos aunque resienten más que benefician el seguimiento de un relato que no termino de ver definido. No obstante, me revela a un escritor al que le están saliendo colmillos en la literatura y al que le gusta crear atmósferas y dibujar retratos que saben visibilizarse bastante bien, lo que da mucho contenido a una historia que repleta de ideas buenas no terminan de explotarse por esa ebriedad que a veces embarga al escritor por demostrar y demostrarse a sí mismo que es un narrador con todas sus letras, algo que no era necesario porque ya lo habíamos descubierto en las Tres tes y si nos apuran en Sangre de perros, que es su primera novela publicada, y que ambienta en los inestables años de la Transición española.

Los escenarios de El Quiromante son variados aunque la novela comienza en el santacrucero barrio del Toscal, donde aparece en una de sus viviendas el cadáver de un joven que, diecisiete años después, vuelve a ser actualidad cuando cae en manos de la inspectora Isadora Monteblanco, que cumple destino en la isla de Fuerteventura, en la que tiene que resolver un misterio “rodeado de silencios y supersticiones”.

Si tiene un problema El Quiromante, que tiene algunos, es que como lector no termino una vez finalizo el libro de explicarme qué fue lo que quiso contar Carlos Gutiérrez Robayna. El caso, por llamarlo de alguna forma, acaba por desdibujarse y perderse en complicadas tramas que me dicen que se cruzan en la novela pero que no llego a seguir como probablemente si lo vio el autor. Esto se debe a los tiempos muertos entre capítulos en los que se cuenta con notable brillantez narrativa poca cosa. Cosas que ayuden al buen seguimiento de la novela. También a que no termino de creer que el escritor tuviera muy claro lo que quería denunciar porque entiendo que El Quiromante es una novela que nació con vocación de denuncia. Y a veces esta denuncia parece que cuaja pero no, no acaba de asentarse porque da la sensación que todo se deja al aire.

Puede que al tratarse de un thriller mi interés por la novela quizá haya menguado porque no soy consumidor de thrillers, que a mi modo de ver es una género o subgénero donde el problema o el caso a averiguar necesita ser contundente para no despistar al lector, lector acostumbrado a historias que están sembradas de trampas, lo que deja en un segundo plano el retrato social de una época. La crítica a un sistema para el que sus súbditos, que somos todos, no valemos demasiado.

Lo ambicioso de la propuesta (mezclar suspense y misterio con creencias ancestrales y alta tecnología) no termina de cuajar por lo que tengo más preguntas que respuestas en torno a una historia que en manos de un escritor como Carlos Gutiérrez Robayna esperaba que resolviera. Pero no pierdo la esperanza, ya que se trata de un escritor que tiene talento y que me sigue pareciendo una de las apariciones más prometedoras e interesantes de la literatura con y sin acento policíaco que se escribe en la actualidad en Canarias.

Saludos, septiembre, desde este lado del ordenador

Andrea Abreu presenta Pajaritos preñados el 10 de septiembre en la capital tinerfeña

Miércoles, Septiembre 2nd, 2026

La semana próxima concretanente el jueves 10 de septiembre, la escritora tinerfeña Andrea Abreu presenta Pajaritos preñados (Anagrama, 2026) a las 19 horas en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife. La autora de Panza de burro conversará con la fotógrafa Lilia Ana Ramos Martín, una de cuyas imágenes ilustra la portada de Pajaritos preñados.

La novela se pone hoy, miércoles, 2 de septiembre a la venta en librerías, y está protagonizada por Cathaysa, que dieciséis años y El Tiznado, el padre de Cathaysa, un espíritu hedonista marcado por la precariedad, la ausencia y la culpa. Otros personajes que intervienen en la historia son Engracia, la madre, espejo en el que Cathaysa no quiere mirarse; Tío Aurelio; las amigas, La Macha y Chaxiraxi, que se quieren como hermanas y se entienden “a macanazos”, y un primo que la reclama como si le perteneciera.

La editorial avanza que con Pajaritos preñados Andrea Abreu construye “un universo donde el lenguaje late al ritmo de los cuerpos y del paisaje. Lejos de cualquier mirada complaciente, Pajaritos preñados se sostiene en la complejidad de aquello que rara vez se nombra y se adentra magistralmente en la intimidad de los personajes para mostrar la crudeza de lo cotidiano y la fragilidad de quienes intentan, a pesar de todo, cambear, imaginar otra vida”.

Saludos, shit!, desde este lado del ordenador

La Loca del Frente contra el dictador Pinochet

Martes, Septiembre 1st, 2026

“Tantas cosas que había hecho por Carlitos, y era capaz de hacer muchas otras, nada más que por su deliciosa compañía, meditó solitaria en el altillo, horadando con sus ojos la perspectiva de la calle que hacía tres días lo vio desaparecer. Cada vez que Carlos se perdía, un abismo insondable quebraba ese paisaje, volviendo a pensarlo tan joven y ella tan vieja, tan hermoso y ella tan despelucada por los años. Ese hombrecito tan sutilmente masculino y ella enferma de colipata, tan marilaucha que hasta el aire que la circundaba olía a fermento mariposón”.

(Tengo miedo torero, Pedro Lemebel, editorial Las afueras, 2021)

La reedición de Tengo miedo torero del chileno Pedro Lemebel por Seix Barral con un prólogo que firma Alana S. Portero recupera la primera y única novela que escribió este escritor y activista, creador del colectivo Yeguas del apocalipsis, que desarrolló un extenso trabajo plástico en fotografía, vídeo, perfomance e instalación, así como de varios libros, muchos de los cuales resultaron muy críticos con la sociedad chilena durante la dictadura de Augusto Pinochet y la democracia que vino después. Entre estos libros se encuentra una colección de relatos, Incontables, y los que reúne sus trabajos periodísticos como La equina de mi corazón, Loco afán. Crónicas del sidario, Adiós mariquita linda y Mi amiga Gladys, que se publicó tras la muerte de Lemebel.

Tengo miedo torero es una gran novela, por eso me extraña que apenas haya sido reivindicada da en España pasado todo este tiempo. Espero que la nueva edición que presenta ahora Seix Barral corrija este error, porque estamos ante una obra singular, de una brevedad que abruma (apenas supera las doscientas páginas) y que revela a un narrador de tonelaje que va más allá del discurso reivindicativo para contar, entre otras muchas cosas que cuenta, una historia de amor entre su protagonista, que no tiene nombre y que se autodenomina la Loca del Frente, y un joven que pertenece a la guerrilla urbana en una ciudad de Santiago de Chile con cielos plomizos (como el uniforme de sus militares) y en continúa agitación para arrebatar el poder a un dictador anciano que vive sus últimas boqueadas haciendo lo único que supo hacer a lo largo de su penosa vida: mandar a reprimir a los marxistas, que así es como conoce a los rebeldes, a los que van a la contra en esta novela que deja poso y más de un suspiro.

Hay elementos que son recurrentes en Tengo miedo torero, el primero de ellos es una emisora de radio clandestina que emite noticias del cambio que se avecina en Chile, y en la que se lanzan mensajes que van directos a erosionar el poder en el que se ha enrocado el dictador. También, y forma parte de los capítulos más hermosos de la novela, la relación que la Loca del Frente mantiene con Carlos, un amor platónico que nace cuando el joven le pide su piso para esconder una serie de cajas y herramientas que, aunque no se diga, aunque no lo explique el escritor, se sospecha que van a ser utilizadas por los guerrilleros contra el régimen militar que se hizo con el poder tras derrocar el 11 de septiembre de 1973 al presidente Salvador Allende y a su gobierno (marxista) de la Unidad Popular. Pero no se me asusten los que no soportan novelas políticas, aunque la mayoría lo sean por mucho que lo neguemos, porque Tengo miedo toreo da un paso más allá, sirviéndose de aquellos días de dolor y plomo para plantearse preguntas en torno a la militancia pero sobre todo la disidencia sexual.

Lemebel, que por desgracia falleció en 2015, se sirve de esta disidencia para contar una historia de amor entre una loca vieja como ella (así mismo se define) y un joven y apuesto rebelde que la utiliza para los fines de su organización. Me resulta en este aspecto llamativo porque el escritor además de no mostrarse para nada amable con el régimen totalitario de Pinochet, tampoco dedica demasiadas palabras de afecto a esa izquierda que irrumpe en su casa a través de un joven apuesto que milita en una formación marxista cuyos miembros mantienen distancia con la protagonista porque no terminan de aceptarla. La Loca del Frente no lo quiere tampoco. Asume que esa misma izquierda está tan llena de prejuicios como la derecha que pretenden derrocar. Esos marxistas están tan llenos de moral burguesa que son incapaces de ver a la Loca del Frente como una compañera. Además, ella asume el riesgo de guardar el material que le entrega Carlos a través de la organización guerrillera. Organización que no da respuestas a sus razonadas preguntas. Entre otras las más obvias: ¿qué hay en esas cajas que esconden en su casa?, ¿qué es esa tubería de metal que le han pedido que guarde en cualquiera de las habitaciones de su hogar?

La novela está narrada desde distintos puntos de vista así que podemos seguir a nuestro protagonista, conocer como se le acelera el corazón cuando está muy cerca de Carlos, y también a través de la cabeza de la esposa del dictador. Una mujer, aquí, entre nosotros, inaguantable. Pinochet también tiene su espacio, lo retrata como un hombre viejo y acabado, solo que se resiste a un final anunciado por mucho que lo evite, por mucho que mire a otra parte. Por mucho que se empeñe en sostener que lo que hizo, derrocar al anterior gobierno y matar a su presidente, fue por el bien de una patria que no es la de todos los chilenos sino la suya propia. Un egoísta que justifica su violencia y la represión para mantener a raya al enemigo. Los marxistas en los que paradójicamente casi parece que se ve reflejado por su sentido de la disciplina y sacrificio por una causa que no queda bien explicada. Claro que todas las causas políticas al final son tremendamente confusas, contradictorias, nada buenas para la persona de a pie que lo único que pide o aspira al menos es vivir el tiempo que le quede en paz.

La música tiene también un papel importantísimo en esta historia que cuenta muchas historias. Son boleros y canciones melódicas de un país cuyos versos se reproducen en algunas de las páginas de la novela, textos que apuntalan un poco más el modo de pensar de su protagonista y de algunas de sus amigas. Todas ellas viven como pueden en un país que se ríe de los mariquitas pero que no los persigue porque no resultan peligrosos a un sistema que solo busca a marxistas, la mayoría de ellos universitarios heterosexuales que no tienen nada mejor que hacer que enfrentarse en las sombras a un régimen que comienza a hacer aguas, que se le escapa de entre los dedos a su jefe, Augusto Pinochet. Un bruto que esconde sus ojos bajo gafas de cristales oscuros y al que le encanta escuchar marchas militares y que no soporta a su mujer. Siempre recriminándole cualquier cosa, siempre encima de él… Casi da pena ver al dictador en su vida familiar porque parece que es un hombre muy pequeñito.

Todo esto y más en un libro cuajado de palabras chilenas que le dan más color al texto y que se entienden por el contexto en el que se expresan. Hay también algo de sexo, aunque algo me dice que Lemebel se mostró bastante cauto. Vaya uno a saber el por qué. Igual temía escandalizar a unos lectores que siendo chilenos o no, hoy se escandalizan de cualquier cosa menos de los enfermizos males que arrastramos del pasado.

Saludos, léanla, desde este lado del ordenador