La Guerra Civil española en directo a través de la mirada de un periodista británico

Se encuentra por casualidad con un libro, Vida y muerte de la República española, que firma el periodista británico Henry Buckley, un hombre profundamente católico y de ideas conservadoras, aunque en su testimonio sobre aquel periodo agitado de la historia de España,lo observa bajo la lente del profesional de la información, es decir, intenta observar las enloquecidas cosas que pasaban en esta país por aquel entonces con cierta distancia objetiva, aunque la objetividad es como el paraíso perdido para cualquier reportero porque cuando se tiene una edad, uno se da cuenta que es un sueño perdido, la objetividad me refiero. Una tarea de imposibles en la que quizá juegue un papel importante que Buckley, pese a sus ideas, cubrió el breve espacio que duró la II República y la Guerra Civil desde la castigada capital de España. En los preliminares de la contienda por huelgas, manifestaciones y quema de iglesias, y ya en pleno conflicto bélico, como testigo de la heroica resistencia de la capital de España contra el ejército sublevado.

El atractivo mayor de este libro es que está narrado a pie de calle y en muchos de sus momentos en directo (el periodista llevaba un diario que más tarde le serviría de base para la confección de este volumen), lo que le da un intensidad a sus páginas que es la misma que como lector he encontrado en otros textos escritos por periodista en su mayoría españoles de “nuestra” odiosa Guerra Civil, solo que en el caso de Buckley y pese a que su corazón sea republicano por lo que observa sobre el terreno, que las democracias europeas miraran a otro lado mientras el ejército rebelde era pertrechado de armas por la Alemania nazi y la Italia fascista. El problema es que se ve impelido por su oficio y tiende a una objetividad que, como se dijo, es prácticamente imposible si quien cubre la noticia es un hombre o una mujer con ideas y principios. Además, fue tal la intensidad de aquella guerra y dividió tanto al mundo que hubo entonces, que es inevitable preguntarse si la historia se repite. Si es verdad que los hecho que condenaron a este país hace ya más de noventa años, pueden volver a repetirse,

El caso es que Henry Buckley resume lo que pasó entonces, advirtiendo de los orígenes de una guerra que comienza a socavar a la sociedad española a partir del exilio de Alfonso XIII, y una guerra que en sí fue como todas las guerras aunque en el caso de la española con el agravante de que resultase un conflicto entre iguales, entre hermanos que por lo que pensaban ya no podían ni verse.

No resulta el periodista extremadamente crítico con el ejército sublevado, pero sí que carga las tintas ante la inacción de democracias como la británica y la francesa, que literalmente dejaron de prestar ayuda al gobierno republicano. Elogia el desinteresado papel que prestaron las Brigadas Internacional en aquella guerra y hace un repaso en torno a algunos de los representantes políticos de la II República, como Prieto, Azaña, Negrìn, José Antonio Primo de Rivera, Alcalá Zamora y algunos de los militares que terminaron por reorganizar lo que quedaba de las fuerzas armada republicanas como Enrique Líster, mientras describe algunas de las batallas más importantes que se produjeron en los campos de España, lo que incluye el Jarama, Teruel, El Ebro, Guadalajara… Frentes en los que Buckley comparte trabajo con otros ilustres compañeros de oficio como los norteamericano Ernest Hemingway, que se enamoró de este país mientras escribía artículos como un descosido y le dedicaría novelas como Por quién doblas las campanas así como la obrita de teatro La quinta columna y un puñado de cuentos, y Herbert Matthews, que fue el primer periodista norteamericano que subió a la Sierra Maestra (Cuba) para entrevista al comandante de la guerrilla, Fidel Castro, al que la prensa de Fulgencio Batista daba por muerto.

Es verdad que el libro de Henry Buckley incurre en algún que otro fallo, como por ejemplo equivocarse del lugar del nacimiento de Juan Modesto, uno de los grandes oficiales comunistas del ejército republicano, pero se suplen estos errores por el profundo amor y respeto que siente el periodista hacia España y los españoles. De ahí que se entienda que a lo largo del texto no deje de quejarse de cómo abandonaron este país a las fauces de la derecha más radical, aunque pasa casi de puntillas por muchas de las contradicciones que acabaron por minar el espíritu de la República española, que en plena Guerra Civil, observó desconcertada como aparecían otras pequeñas guerra civiles en su mismo bando, como los trágicos sucesos de Barcelona donde el ejército republicano, ya claramente comunista, acabó con la resistencia combinada que trosquistas y anarquistas sellaron en la ciudad Condal, o el golpe de Estado que el coronel Casado con el apoyo de, entre otros, el político socialista Julián Besteiro, capitanearon al final de la contienda para negociar una paz con condiciones con el ejército rebelde, bajo el mando único de Francisco Franco.

Vida y muerte de la República española cuenta con un prólogo de Paul Preton, quien escribe: “la indignación de Buckley se dirige sobre todo al papel del gobierno británico y del cuerpo diplomático” en la causa de España y la traducción corresponde a Ramón Buckley, quien advierte que la palabra República en el libro que firma su padre tiene “distintos y diversos significados”.

Con todo y pese a su aplastante brevedad que se disemina en una serie de capítulos cortos, Vida y muerte de la República española no deja de ser un libro llamativamente interesante no solo por la visión que da un extranjero de aquellos días sino también porque refresca, pese a que en ocasiones incurra en errores, el relato de una guerra que sigue conmoviendo no sé si al mundo (como si lo hizo durante los años treinta) pero sí a una país que no ha terminado todavía de superar aquel conflicto entre iguales, entre hermanos y vecinos que fueron incapaces de dialogar cuando decidieron apostar por la dialéctica de las pistolas.

Saludos, eso fue ayer aunque parezca hoy, desde este lado del ordenador

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