Tontos tus fieles, una novela de Sophía Hidalgo

Leo Tontos tus fieles con mucho interés aunque a medida que avanzo en la novela el entusiasmo va menguando para dejar paso a un ligero encogimiento de hombros, a un las veo venir que además de contradecir los augurios que escribe Sabina Urraca en el prólogo, conseja que tome, tomemos, a las nuevas literaturas escritas en español con cierta distancia, una distancia que nos obligue a descubrir con perspectiva cuánto valen sus obras.

Quiero decir con esto que no ha terminado de convencerme en su totalidad Tontos tus fieles. Es una mezcla de sí y no al mismo tiempo. Es demasiado fácil achacar los balbuceos de esta obra al parecer primeriza por ser, precisamente, primeriza, pero es malo admitir que lo que comenzó como gozoso se me haya hecho un poco cuesta arriba en un libro de 150 páginas que pese a que no termina de convencer sí que ha sabido emocionarme en momentos precisos. Fragmentos que te pueden marear, y que esconden una verdad que por desgracia no acaba de explotar su autora, Sophia Hidalgo Hernández, que prefiere experimentar y lanzarse de cabeza a un caos narrativo que, como ya advierte la misma palabra, es imposible de organizar.

La novela está narrada en primera persona por su protagonista, quien desgrana una serie de relatos a un individuo que puede ser el mismo lector. Al principio sí que hace un poco de gracia esa voz a la que recurre Sophia Hidalgo Hernández aunque termina por abrumar a medida que avanza esta historia de ambiente lagunero y universitario. De amigas, algunas de las cuales se enamoran entre ellas y otras que deciden pasar a un segundo plano.

Más próxima al universo de la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda que al universo folk canario de Andrea Abreu y sus seguidoras/es, se nota en Tontos tus fieles una notable influencia de Mandíbula, que fue la novela por la que Mónica Ojeda recibió como una caricia envenenada el éxito de crítica como de público en España. Entiendo que esa misma influencia es la que arrebata a Sophia Hidalgo cuando en la segunda mitad del libro se vuelve más carnal. Esa parte en la que juega con la metamorfosis de la carne, en la que saca a relucir tras la piel las vísceras que esconde su protagonista y su novia aunque no termine de aclararse si quien nos cuenta la historia está o no enamorada.

De fondo, una ciudad universitaria y desapariciones misteriosas cuya clave encontrarán los que terminen de leer un libro que no es que resulte incómodo en su lectura sino más bien desorganizado, casi como si su estructura se hubiera construido a base de retales, de pequeñas piezas a las que une con costuras que no son perfectas. Se aprecian así las deshilachaduras que afectan una historia que no termina de encontrar su lugar aunque el estilo sea más o menos el mismo que define a toda esta generación de escritoras más que escritores que desde Canarias están logrando lo que para generaciones anteriores fue muy difícil: llegar a otros mercados, sobre todo el peninsular que es territorio donde parece que muchas y muchos lectoras/es han descubierto las literaturas que se escriben en provincias. Y si esas literaturas se escriben sobre todo en las de ultramar, con más interés si cabe.

Por un lado, y es una consideración personal, es probable que los lectores que han animado a los escritores/as de esta nueva ola tras la publicación de Panza de burro se deba en parte a cómo trufan el relato con palabras de la variedad del español que se habla en Canarias. Variedad que llega a su eclosión reivindicativa con Pajaritos preñados, la última novela de Abreu, recientemente publicada, aunque queda muy atenuado en el caso de Sophia Hidalgo, que recurre en alguna ocasión al dialecto con el muchacho, o el chacho a secas y sonoro que se dice por estas tierras pero poco más. Con esto no se quiere decir que esta ausencia minimice el interés de una novela que comienza muy bien pero que a medida que avanza no termina por levantar vuelo, y cuando parece que lo consigue, vuelve a tomar tierra porque la sensación es que algo falla, que algo no está bien en este libro que se supone resultará escandaloso a los puritanos/as, pero que apenas pasará factura a los lectores curtidos, todos aquellos que ya están acostumbrados a verlas venir.

La novela de Sophia Hidalgo sí que tiene en todo caso esa extraña rabia que encuentro en otras novelas que han escrito compañeras de su misma quinta, aunque en el caso de Tontos tus fieles ese furor que viene de dentro se apague de pronto, dejando a quien coja el libro bastante despistado porque no sabe qué es lo que parece que quiere contarle la escritora en esta su primera obra donde hace el esfuerzo de inventar y ser creativa. Y por eso mismo, alimento el entusiasmo por leer nuevos trabajos de Hidalgo Hernández, siendo consciente del desafío al que se encuentra esa legión de escritores canarios: la publicación de su segundo y espero tercer libro. Alcanzar el éxito con una ópera prima tiene estas cosas aunque hay que reconocer que tras el empujón de Panza de burro todos los que han venido después cuenta con trabajos más que estimables (entre los que incluyo Tontos tus fieles) aunque ahora estamos a la expectativa de discernir si todo este potencial entusiasmo es real o fruto del instante. Si de verdad se trata de una literatura que tiene la vocación de retratar sin ataduras ni vergüenzas a una generación que no ha superado los prejuicios de los que la precedieron y digiere otros vicios que, sospecho, no han terminado de admitir ni reconocerse entre ellos mismos.

Saludos, ya ven, desde este lado del ordenador

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