Larga vida al Rey

Viernes, Marzo 24th, 2017

Los últimos libros de Stephen King que han caído en mis manos lograron algo que parecía imposible hasta el día de ayer, que esas historias largas y sinuosas, complejas como puede ser de compleja una novela de King, me desanimara como lector.

No pude con Revival, novela que dejé casi a la mitad siendo consciente que me quedaba sin saber el final del que tanto hablan los que sí lo conocen. Otros libros de King que no terminé fueron Insomnia y Buick 78, historias de las que de verdad ni me acuerdo… Así que en uno de esos raros momentos en los que pienso, me dije que la literatura de Stephen King ya me lo había dado todo.

Todo.

Todo, todo.

El bazar de los malos sueños es un volumen de cuentos que incluye relatos nuevos y otros reescritos por tan stajanovista escritor. El volumen en tapa dura cayó en mis manos porque existen las señales, las mismas señales que te advierten que no cruces la calle en ese momento, que no te fíes de esa persona y cuidado con el mar, porque esa mañana está raro… pero confieso que no tenía demasiadas esperanzas depositadas en él porque como ya he contado mis últimas experiencias lectoras con King no habían resultado satisfactorias aunque, llámalo sexto sentido, me dio un no sé qué que el autor de novelas como Carrie o Salem Lot regresara al mercado editorial con un libro de relatos, un género en el que se mueve francamente bien y en el que suele volverse más oscuro que en sus obras oficialmente mayores como El resplandor. Cementerio de animales es otra cosa, y es otra cosa fabricada con materia oscura precisamente porque continúa siendo una de sus novelas más cortas en cuanto a número de páginas se refiere.

El caso es que Stephen King no es que parezca, es otro cuando escribe relatos. Y ello sin renunciar a su estilo ni a las fórmulas hartamente repetidas en todos sus libros pero siempre narradas desde perspectivas diferentes. En los cuentos, King crece como autor, con independencia de que escriba en clave fantástica o realista, ese realismo sórdido que empaña algunas de sus mejores novelas y cuentos, relatos en los que disecciona con una pasmosa facilidad la sociedad norteamericana de su tiempo.

Además de diseccionar con mano de cirujano la sociedad norteamericana, Stephen King demuestra en las historias que disemina en este volumen que es un narrador que imita además y con notable pericia el estilo y el tono de narradores que, aparentemente, están en sus antípodas como son Philip Roth y Raymond Carver, entre otros, pero no creo que a ninguno de los dos les haya resultado molesto que un escritor tan inspirado como potente pero oficialmente abonado al fantástico como King, les imite con tanto respecto y precisión. Imitar, ya lo saben, no tiene nada que vez con plagiar, y esto es lo que hace quien nos reveló los demonios que habitan la zona muerta en El bazar de los malos sueños, en el que se reúne un puñado de historias que exploran los recovecos del alma así como presenta situaciones anómalas que terminan degenerando en inquietantes.

Una de las particularidades más llamativas de este volumen es que el mismo escritor explica antes de cada relato cuál fue su origen. En apenas unas líneas, describe cómo le apareció la idea, por norma general un suceso fortuito visto en la calle o durante la lectura de una revista o viendo un programa de la televisión. Momentos de la vida cotidiana que el escritor transforma en una pesadilla.

Y la verdad es que las historias funcionan porque están escritas a la manera de King. Un mucho de costumbrismo y personajes de la calle que, de pronto, observan como todo cuanto vemos puede ser distinto. Lo cotidiano de transforma en un campo minado, en un territorio hostil.

El bazar de los malos sueños reúne veinte relatos, y en ellos se tantea más que géneros maneras diferentes de enfocar las historias. Historias que insisten en enfrentar a los protagonistas con sucesos macabros y otras que respiran un insólito sentido del humor. Todas se leen con frenesí, e imagino que quien recale en el libro, escogerá sus cuentos favoritos. Para mi, como lector, lo fueron casi todos, incluso uno que dedica al béisbol, un deporte del que no tengo ni idea pero que imagino tremendamente interesantes tras leer esa historia que le dedica y en la que el propio escritor aparece como personaje.

Si usted es como yo, y se confiesa sin rubor lector de libros de Stephen King aunque en los últimos tiempos comenzara a pensar que al escritor se le había secado la fuente de la que mana su imaginación, lo recuperará en El bazar de los malos sueños. Es un libro completo, casi redondo, de esos que cuando termines te quedas un poco más huérfano y te peguntas ¿y ahora qué?

Ese qué, presumo, que nos asalta a todos cuando un libro te ha hecho pensar, te ha conmovido y, de alguna maneras, te ha enseñado a ser  otra persona.

Saludos, dulces pesadillas, desde este lado del ordenador.

Un monstruo sobre cuatro ruedas

Martes, Marzo 3rd, 2015

No se trata Mr. Mercedes –una de las últimas novelas de Stephen King– de un título encajonado en el género que ha hecho multimillonario y famoso a su autor como es el fantástico y el de terror, pero sí de una novela en la que el lector iniciado reconoce el estilo y la técnica de King.

No pide ese mismo lector, en este sentido, otra cosa que lo mismo que espera recibir del escritor norteamericano aunque en esta ocasión el relato se distancie del territorio de las pesadillas sobrenaturales que habitualmente ofrece para explorar, en esta ocasión, los senderos del misterio con resultados notables pese a que a la novela le sobren bastantes páginas de las casi quinientas con las que arma la historia.

Puestas así las cosas, en Mr. Mercedes la dinámica continúa siendo la misma que en sus otras novelas, solo que en esta ocasión enfrenta a sus protagonistas: un policía retirado, una cuarentona con problemas de relación y un inteligente adolescente negro contra un asesino de masas que tiene complejo de Edipo.

Los cuatro lados del cuadrado –los personajes– están por lo tanto perfectamente definidos en un relato que se inicia con una brutalidad desconocida en anteriores trabajos del escritor, unas primeras páginas en las que describe como un potente Mercedes, de ahí el título de la novela, atropella a un grupo de desempleados mientras hacen cola con la esperanza de conseguir un puesto de trabajo. El resto de la novela se dedica a explicar las relaciones que unen a los buenos, el jubilado detective y sus dos compañeros de investigación para capturar al asesino.

Planea en Mr.Mercedes muchas de las constantes del universo literario de Stephen King como es la venganza, esa venganza que se sirve en un plato frío, así como la de mezclar personajes que poco o nada tienen que ver entre sí pero que unen sus fuerzas, aparentemente escasas, en su lucha contra el mal que encarna en esta novela un psicópata de libro.

No vamos a entrar en el debate de si Stephen King es un buen o mal escritor porque su obra habla por sí misma. Para nosotros es un autor con nombre y apellido que escribe sobre lo mismo solo que con variaciones. Y muchas de estas variaciones a veces resultan redondas o casi redondas como sucede en Mr. Mercedes.

El autor de novelas como Carrie o El resplandor narrar con estilo cinematográfico esta especie de duelo en la Alta Sierra y describe paso a paso la investigación que desarrolla ese extraño trío de detectives sin apenas aburrir al lector. Por otro lado, explora la vida cotidiana que desarrolla su asesino, el malo de la historia, presentando a un hombre con aguda inteligencia pero que odia al mundo. Un criminal que resulta ser un genio de los ordenadores pero un auténtico imbécil en su vida privada. Un monstruo víctima de sus circunstancias que resulta vagamente parecido a otros monstruos –marginales, personas que no han sabido integrarse en la sociedad porque sienten que están fuera de ella– que son tan característicos en su producción.

En la literatura de Stephen King no existen nunca los términos medios. Es decir, el gris es un color prácticamente inexiste, lo que hace que esta manera de observar la realidad sea uno de los elementos claves y en verdad algo cansinos en su producción literaria.

Para los lectores iniciados en los relatos de Stephen King esta insistencia es un sello, una marca, por eso no sorprende ni irrita su maniqueísmo porque así son las cosas en sus novelas. Y el invento funciona. Si nos gustaría destacar, sin embargo, que su mirada se ha vuelto, por contra, más negra y siniestra. Un pesimismo que sin terminar por absorber sus últimos títulos, sí que es determinante para explicar cómo ha evolucionado como narrador de entretenimiento. Y esa sensación obliga a leer sus relatos, por mucho que se sepa cómo van a terminar, con nuevos y asombrados ojos. Sus tics son los mismos, pero hoy parecen estar ahogados en reflexiones muy oscuras sobre lo cotidiano. Una rutina que en sus novelas es violentada, lo que ocasiona el brusco viraje existencial de sus protagonistas.

No es Mr.Mercedes, como se ha leído por ahí, una novela negra sino de misterio. Está más próxima al espíritu de Misery, por lo que se entiende como un intento por escribir de lo mismo pero probando ahora con otra geografía genérica. Si en Misery proponía un volantazo al gótico americano, en Mr. Mercedes lo que hace es navegar en el thriller adaptando el género a su peculiar manera de contar historias.

Y el invento resultante si bien es regular, ese regular es de los que tiran a bueno porque una vez se aceptan las reglas, la novela se lee con intensa rapidez y, lo que es mejor, sorprendido por los ratos de amargo desconcierto que proporciona.

Stephen King dedica Mr. Mercedes a la memoria de uno de los pesos pesados de la novela policíaca, James M. Cain, pero no hay rastro de Cain en esta novela que si bien  apuesta por el conflicto moral no cuenta con una de esas mujeres fatales que hace enloquecer el corazón de los hombres –aunque quizás la madre del monstruo respire algo de ese aroma– sino que avanza en función de la venganza que emprende tanto el asesino como el policía retirado. Las dos caras de una misma y siniestra moneda.

Como otras novelas de su autor, Mr. Mercedes toma el pulso de la sociedad norteamericana tras los atentados del 11-S y cuenta con cierta conciencia social al reflejar cómo la crisis económica ha desmoralizado a muchos de sus ciudadanos, reflexiones que se encuentran en las que son las mejores páginas de la novela como son  las del inicio. Esas en la que describe cómo un coche de lujo, un tanque sobre cuatro ruedas, aplasta a centenares de hombres y mujeres que esperaban la oportunidad de encontrar un trabajo por insignificante que resultara.

La metáfora, como se observa, no es nada sutil, pero tras ese prólogo que entendemos nihilista, la trama pronto deriva al juego del gato y el ratón, una relación que establecen a través de una página social de Internet el policía retirado y el asesino. Y sin dejar de ser apasionante este toma y daca, sí que se tiene la sensación de que el artefacto se desinfla pese a que la novela tenga un final, ligeramente parecido al de La naranja mecánica,  sorprendente por su oscura ironía.

Una ironía cruel que revela a un escritor que ha sabido reinventarse y cuya obra evoluciona inevitablemente hacia el escepticismo.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

Aún queda resplandor

Lunes, Septiembre 15th, 2014

“La vida era una rueda, su único objetivo era girar, y siempre retornaba al lugar de donde había partido”.

(Doctor Sueño, Stephen King. Plaza & Janés Editores, S.A., 2013. Traductor: José Óscar Hernández Sendín)

Stephen King ha publicado medio centenar de libros entre novelas, antología y ensayos. De hecho, es raro el año en el que no aparece en el mercado y casi siempre en las listas de los  más vendidos algún título suyo, en especial los que cultivan un género como es el fantástico que tiene en King señas de identidad muy personales aunque su esquema literario exige un urgente volantazo para que regrese a la autopista que lo lleva a ese infierno donde machaca sus demonios más oscuros.

El año pasado se publicó con gran respaldo publicitario Doctor Sueño, una continuación de una de sus novelas de más éxito, El Resplandor. Es verdad que la adaptación cinematográfica que realizó Stanley Kubrick le robó resplandor al original literario, sobre todo si tenemos en cuenta que Kubrick apenas recurrió a la novela para contarnos su peculiar y helada historia de fantasmas, lo que parece que no le perdona todavía el escritor y que justifica en parte, y así lo señala King en el epílogo de su colosal (por las seiscientas páginas) nueva entrega sobre el devenir existencial de Danny Torrance, el niño que veía muertos en El Resplandor y que en Doctor Sueño ya adulto arrastra un serio problema con el alcohol.

Doctor Sueño, como casi todas las novelas que escribe Stephen King, se lee de un tirón aunque el lector que conoce meridianamente su obra aprecie un discreto mecanicismo que recuerda vagamente al autor de Carrie, La hora del vampiro (Salem Lot), Cementerio de animales y Duma Key.

Parece que Stephen King más que estar agotado con el género que lo hizo rico y famoso apuesta por el piloto automático o continuar explotando la fórmula de siempre –la marca King– solo que ésta comienza ahora hacer aguas, a no sorprender como antaño.

El lector tiene la sensación mientras lee la novela que eso ya lo sabe, pero de otra forma, por otras novelas del escritor, y lo mismo pasa con los personajes… Tipos para lo bueno y lo malo. Pero siempre algo más que clones.

No provoca Doctor Sueño demasiada inquietud, pero creo que esto era lo de menos cuando King escribió la novela. Una novela que narra la redención de Torrance, su combate final contra los miedos que arrastra tras la experiencia vivida en el Hotel Overlook y su sacrificio no ya solo para abandonar el alcohol sino por una adolescente que se encuentra en el ojo del huracán. O circunstancias parecidas a las que él vivió siendo un niño.

Doctor Sueño es el relato de su titánico intento de reconciliación con todo lo que dejó atrás y lo más importante, consigo mismo.

El Danny Torrance adulto debe regresar al paisaje donde se originó todo: el Hotel Overlook, en la novela convertido ahora en un hogar de caravanas de lujo y espacio en el que hacen escala los malos de la historia.

Porque Doctor Sueño es una novela de buenos y malos, aunque los malos sean unos “vampiros vacíos” como los denomina King y que se hacen llamar así mismos el Nudo Verdadero que se alimentan en comunión de la esencia de niños con el don del Resplandor a los que luego asesinan ritualmente.

Doctor Sueño es una meridiana continuación en clave fantástica de El Resplandor, solo que donde antes había espectros, un tema por el que navega cómodamente el escritor, ahora propone otra mirada, aunque en tono menor, sobre la maldad.

Lo mejor de la novela se encuentra, y debe ser cosa de la edad, en que tiene más sustancia el relato de cómo Torrance intenta salir de la cloaca que la trama sobrenatural en sí.

Resulta más interesante seguir los pasos de Danny Torrance cuando intenta olvidar su pasado bebiéndose todo lo que llega a su garganta que la aventura fantástica con la que intenta arroparla el escritor.

Imagino que debe de haber algo de King en los días sin huella de Torrance. Stephen King no se cansa de contar que tuvo una vida bastante desordenada antes de que publicara Carrie, la novela que lo descubrió cuando aún era un don nadie.

Por eso, y a mi juicio, es un escritor que casi nunca termina por decepcionar. Es como si te reencontraras con un conocido del que estás harto pero también agradecido de que continúe siendo más o menos el mismo.

Saludos, el tiempo pasa…, desde este lado del ordenador.

Aviso a los navegantes: Robert McCammon

Martes, Junio 10th, 2014

El rey de la literatura contemporánea de terror, ya lo ven, así lo dice su apellido, es Stephen King, un escritor por el que confesamos bulliciosa devoción en este su blog pero es injusto y equivocado olvidar a los que conocí tras la estela de su éxito como Peter Straub, Dean R. Koontz, Robert R. McCammon y, ultimamente, Joe Hill.

El caso de Robert McCammon es una curiosidad dentro del género macabro norteamericano. Curiosidad porque lo han promocionado como un Stephen King para pobres. Es decir, un escritor mucho más liviano y truculento que el original. También más excéntrico en sus apuestas literarias, las mejores aquellas en las que combina elementos tan diferentes como son los de la novela de espías, de misterio y policíaca con el terror.

Primer aviso pues a los navegantes: hay que despiojarse de prejuicios para leer a McCammon. Entre sus novelas cuenta con La hora del lobo, mezcla de relato bélico y de comandos –la acción transcurre pocas semanas antes del desembarco de las tropas aliadas en las costas de Normandía– con el de hombres lobos y lobos hombres; Mary Terror, donde una ex terrorista norteamericana roba un bebé para entregárselo en ofrenda al líder de la banda y una historia  sobre vampiros que asaltan la ciudad de Los Ángeles, Sed de sangre, que comienza como un convencional policíaco para degenerar en un convencional relato de terror.

Segundo aviso a los navegantes: Con sus vicios y defectos, Robert McCammon ofrece entretenimiento. Es verdad que sin apenas atisbo de sutileza, pero sí entretenimiento grueso que puede despertar instintos adolescentes que ya creías dormidos.

Tercer aviso a los navegantes: Escribo sobre McCammon porque estos últimos días –días a ratos oscuros– he regresado a su universo con la lectura nerviosa y disparatada de La hora del lobo. Una novela que  lo ubica en la cima de la literatura barata y de ocasión.

Cuarto aviso a los navegantes:  McCammon, como otros tantos escritores industriales, cuenta con destellos que no termina de bordar porque lo suyo no deja de ser  ficción para leer durante un viaje aburrido de carretera.

Y quinto aviso a los navegantes: cualquiera de sus libros promete evasión sin dolor de cabeza.  Sos novelas perfectamente prescindibles y por ello tan necesarias para quemar la seriedad de algunas de tus neuronas.  

Saludos, fantasías animadas de ayer y hoy, desde este lado del ordenador.

El autor y sus pseudónimos

Martes, Marzo 4th, 2014

En términos generales, no creo que los escritores sepan quiénes son: es una incapacidad –y una ventaja– que comparten con los actores. Y probablemente es mejor así. El conocimiento de uno mismo puede conducir a la falta de naturalidad, y en un escritor la falta de naturalidad solo conduce a la parodia de uno mismo. O al silencio.”

(Donald Westlake en la Introducción de A quemarropa, colección BetsSellers Serie Negra, Editorial Planeta, 1985)

Escribían con su nombre y escribían también con pseudónimos. Uno de ellos, Donald Westlake, parecía de hecho desdoblarse en otra persona con la serie de novelas que dedicó a Parker. Camufla con oficio su identidad bajo la de Richard Stark.

Stephen King llegó a celebrar un falso funeral con Richard Bachman, el otro yo con el que firmó una serie de aventuras razonablemente populares.

Cuenta en la introducción de uno de sus libros como Bachman que al final terminó por quitarse la careta y mostrarse como King cuando se descubrió que Bachman no era real.

Escritor en ocasiones industrial, sacó tajada de todo este follón en una novela que sí que se publicó como de Stephen King: La mitad oscura, una original aunque extensa elucubración sobre su peculiar míster Hyde.

Cuenta King que fue Richard Bachman cuando su editor en los años setenta le aconsejó que firmara algunos de sus libros con otro nombre. La idea, dice, era no saturar el mercado con demasiados King aunque sospecho que también fue la de explotar el talento y el entusiasmo de un por aquel entonces desinquieto Stephen King.

Un Stephen King por aquellos años muy vitaminado y gamberro. Casi, casi como si su Richard Bachman quisiera ser el Richard Stark que significó para Donald Westlake…

Hay más escritores que han recurrido al pseudónimo para inundar el mercado con obras aparentemente menores.

Gore Vidal, esa especie de cronista norteamericano de la gran comedia humana, tanteó con oficio e ironía el género de misterio firmando sus historias como Edgar Box.

Las novelas policíacas de Edgar Box son tres divertidas entregas protagonizadas por el detective Peter Cutler Sergeant II, un encantador relaciones públicas graduado en Harvard, que están más próximas al universo de Agatha Christie que al del sabueso callejero de Dashiell Hammett.

Tres novelas que terminaron editándose en colecciones de bolsillo, destinadas a lectores que buscaban entretenimiento sin muchas complicaciones.

John Banbille es otra cosa. No solo por las novelas policíacas que plantea cuando escribe como Benjamin Black, sino porque se supo muy pronto que tras Black estaba Banbille.

El objetivo era dar sello de autenticidad a los relatos que protagoniza su Quique, un forense que trabaja en los años cincuenta en un apagado Dublín. La misma ciudad a la que años más tarde dará una violenta vuelta de calcetín Ken Bruen en sus amargas y nihilistas novelas negrocriminales.

Hay más escritores que han simultaneado la aparición de sus libros con su nombre o recurriendo a falsos. La lista resulta casi interminable. Basta con rastrear por la red y recoger peces que aún mueven la cola mientras te lo llevas a la boca… Pero ninguno de ellos y de ellas me marcó como estos cuatro. Es verdad, en todo caso, que menos el último de la relación.

Lo cierto es que llegué a todos ellos conociendo su verdadera identidad. Y que hubo casos en los que preferí al otro que al auténtico con toda su gloria y merecida gracia…

Así cuenta Donald Westlake como se le apareció un personaje como Parker: “el puente vibraba bajo mis pies, había tensión en toda la atmósfera.”

Pero ¿por qué firmar esa novela, la primera de Parker, como Richard Stark?

Westlake explica que por publicar en Gold Medal, una colección de novelas de evasión para lectores acostumbrados a tener las manos sucias.

Había firmado el manuscrito con un pseudónimo Gold Medal: Richard, por Richard Widmarck en El beso de la muerte (1947), y Stark, porque quería un nombre/palabra que significara desguarnecido, sin adornos.”

El resto es Historia .

(*) La imagen que ilustra este post corresponde a Yo, yo mismo e Irene (Me, Myself & Irene, Bobby y Peter Farrelly, 2000)

Saludos, seguimos en carnaval, desde este lado del ordenador.

Stephen King reflexiona sobre los Best Sellers

Jueves, Mayo 2nd, 2013

Dedicado a todos esos escritores y lectores que todavía se preguntan ¿por qué?

“Desde mi punto de vista inevitablemente tendencioso, los novelistas de éxito –incluso los que tiene un éxito modesto– son los más afortunados dentro de las artes creativas. Es verdad que la gente compra más discos compactos que libros, que va más al cine y ve mucho más la televisión de lo que lee. Pero el periodo de influencia de los novelistas es más largo, quizá porque los lectores son algo más listos que los aficionados a las artes no escritas, y por lo tanto tienen una memoria un poco más larga. Nadie sabe donde está ahora David Soul, de Starky y Hutch, ni qué ha sido de Vanilla Ice, ese peculiar grupo de rap blanco, pero en 1994 Herman Wuk, James Michener y Norman Mailer seguían en el candelero, por hablar de la época en que los dinosaurios poblaban la Tierra.

Arthur Hailer estaba escribiendo un libro nuevo (eso se rumoreaba al menos, y resultó cierto), Thomas Harris podía tomarse siete años entre un Lecter y otro y aún así producir éxitos de venta, y pese a que no se había sabido nada de él en casi cuarenta años, J. D. Salinger seguía siendo un tema de conversación en las clases de literatura inglesa y en las tertulias literarias de café. Los lectores tienen una lealtad sin parangón dentro de las artes creativas, lo que explica por qué tantos escritores que se han quedado sin gasolina pueden seguir en marcha, impulsados a las listas de libros más vendidos por las palabras mágicas AUTOR DE en la contraportada de sus libros.

Lo que el editor quiere a cambio, sobre todo de un autor que vende medio millón de ejemplares de cada novela en tapa dura y un millón más en rústica, es muy sencillo: un libro al año. Los agentes de Nueva York consideran que eso es lo óptimo. Trescientas ochenta páginas cosidas o pegadas al año, un comienzo, un nudo y un desenlace; un personaje principal que se repite, como Kinsey Milhone o Kay Scarpetta, optativo pero preferible. A los lectores les gustan los personajes que reaparecen; es como volver a reunirse con la familia.

Si escribes menos de un libro al año amenazas la inversión que el editor ha hecho en ti. Impides que tu contable continúe manteniendo a flote tus tarjetas de crédito y pones en peligro la capacidad de tu agente para seguir pagando a tu psicoanalista. Además, siempre está el riesgo de que tus lectores se enfríen un poco si tardas demasiado en publicar. Es inevitable. Lo mismo pasa si publicas demasiado; entonces habrá lectores que dirán: ya basta de ese tío por un tiempo, todo empieza a sonarme igual. Os digo todo esto para que comprendáis cómo pasé cuatro años usando mi ordenador como el juego de Scrable más caro del mundo y nadie sospechó nada. ¿Bloqueo del escritor? ¿Qué bloqueo del escritor? Aquí no hay nada por el estilo.”

(Fragmento de la novela Un saco de huesos, Stephen King, 1998)

(*) Portada de Joyland, la nueva novela del autor de Carrie y Salem Lot, cuyo próximo lanzamiento en junio será primero en rústica en los Estados Unidos de Norteamérica) 

Saludos, y yo que pienso que el señor King ha hecho un pacto con el diablo, desde este lado del ordenador.