Abel Debritto: “El verso de Bukowski se revuelca con júbilo en el fango de la vida”
La relación que mantiene Abel Debritto con el escritor norteamericano Charles Bukowski viene de muy atrás. De cuando estudiaba en la Universidad de La Laguna y decidió mandar a paseo el canon y apostó por sumergirse en las lecturas de autores como Henry Miller y los de la generación beat hasta dar con Bukowski, cuya lectura confiesa que le alteró las neuronas. El caso es que si hay una voz autorizada para hablar del escritor, esa es la de Abel Debritto, quien tras conocer a Linda, la viuda de Bukowski, le llevó a editar seis de sus libros para Ecco/HarperCollins “y ocuparme luego de sus traducciones al español para Anagrama y Visor”.
Ha publicado además artículos en revistas literarias y académicas en España, Italia, Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos.
Abel Debritto mantentuvo ayer, jueves, 27 de febrero, en la Librería de TEA Tenerife Espacio de las Artes, un diálogo sobre su ensayo Bukowski. Rey underground (Punto de Vista Editores, 2024) en una presentación en la que estuvo, incluso, su álter ego: Henry Hank Chinaski.
- La primera novela que leí de Bukowski fue Factótum, luego vinieron sus cuentos y también otras novelas como Mujeres, Cartero y La senda del perdedor. Hace unas semanas intenté releer Factótum, pero el libro se cayó literalmente de entre mis manos. ¿Qué me ha pasado con Bukowski?
“¡Te has hecho mayor! El carácter inconformista, obsceno, polémico, políticamente incorrecto de la prosa de Bukowski, expresada en una primerísima persona que a veces resulta hiriente e inmisericorde, otras con una ternura que nos toca en lo más hondo, presenta unas instantáneas con las que los jóvenes conectan de inmediato. Por eso su obra sigue tan vigente. Como representante voluntarioso de la tragicomedia de la vida, y con un sentido del humor incombustible, Bukowski se cuela con una facilidad asombrosa en los móviles y las mentes de las nuevas generaciones. El hastío vital nos aleja de esa literatura. Ya no nos resuena y nos produce incluso cierta aversión. A medida que envejecemos nos preguntamos un tanto atónitos cómo es posible que nos gustara tanto Bukowski”.
- Otra de sus novelas, La senda del perdedor, recuerda su pasado como joven en un grupo de neonazis norteamericanos. Leyendo su obra, poco o nada de nazi tiene, ¿cuál cree que es la ideología de Bukowski por qué tener, tuvo alguna, además de beber como un cosaco?
“En 1940, poco antes de abandonar los estudios universitarios, se hizo pasar por nazi e incluso llegó a tener varios seguidores, pero no era más que una farsa para combatir el gregarismo de la época. No era antisemita ni por asomo, por mucho que algunos de sus detractores le hayan querido endilgar esa etiqueta a toda costa. Aunque se ha asegurado que Bukowski era de izquierdas, siempre se mostró apolítico y su único roce con el comunismo consistió en dedicarle un par de libros a Dorothy Healey en 1966 y a Fidel Castro en 1991”.
- Su literatura no fue muy bien recibida por las feministas de su tiempo. ¿Han logrado las feministas perdonarlo con el paso de los años?
“Más bien lo contrario. Se trata del efecto bola de nieve. Siguen sintiendo un odio visceral por su obra, pero las críticas se basan en fragmentos sueltos de Mujeres y algunos poemas de El amor es un perro del infierno, una parte ínfima de su producción. Cualquiera que lea su obra en profundidad se dará cuenta de que son críticas del todo infundadas; quien sale peor parado en el universo bukowskiano no es otro que el propio Bukowski”.
- ¿Cómo definiría la relación de Bukowski con el mundo editorial de su momento?
“Bukowski defendió a ultranza las editoriales alternativas que abanderaron su obra. Todos sus libros aparecieron en Black Sparrow Press y City Lights, dos editoriales independientes californianas. Recibió ofertas tentadoras de los gigantes editoriales neoyorkinos, pero se limitó a contestar: “¿Dónde estaban esos cabrones cuando me estaba muriendo de hambre?” Poco antes de morir, seguía enviando poemas sin cobrar nada a cambio a las decenas de nuevas revistas que emergían por doquier. Bukowski se formó en el mundillo literario alternativo y le fue fiel hasta su último aliento”.
- ¿Y con el cine?
“No era un gran cinéfilo. Una de sus películas preferidas, por raro que parezca, era Cabeza borradora, de David Lynch, que acaba de dejarnos”.
- ¿Cómo cree que ha tratado el cine la obra de este escritor norteamericano?
“Barbet Schroeder dirigió El borracho, con guion del propio Bukowski, protagonizada por Mickey Rourke y Faye Dunaway. Es una película menor, sin grandes pretensiones. Marco Ferreri lo intentó con Ordinaria Locura, con Ben Gazzara y Ornella Mutti, pero fue un experimento más bien fallido. Hay quienes prefieren Factótum, de Bent Hamer con Matt Dillon en el papel de Chinaski, el alter ego de Bukowski. Paul Verhoeven quiso dirigir Mujeres en la cúspide de su carrera, pero el proyecto no cuajó. En general, el cine no ha sabido trasvasar con demasiado acierto la esencia bukowskiana a la gran pantalla”.
- ¿Cómo definiría la obra de Bukowski?
“Navajazos en carne viva que dejan sin habla al lector. Instantáneas que captan la realidad sin necesidad de maquillaje. Bufonadas juglarescas que extraen la magia de lo cotidiano con una simplicidad pasmosa. En una palabra, atemporal”.
- ¿Mejor novelista que cuentista?
“Sus primeras novelas son, básicamente, cuentos hilvanados entre sí. Tanto Cartero como Factótum y Mujeres se publicaron primero por entregas, en forma de relato, en la prensa underground. La senda del perdedor, Hollywood y Pulp mantienen el mismo estilo despreocupado y enérgico marca de la casa, que Bukowski definiría como “ritmo, cadencia y danza”. Los relatos son novelas y las novelas, relatos”.
- ¿Y cómo calificaría su poesía?
“A pesar de ir de borrachera en borrachera y de haber estado a punto de morir desangrado por una úlcera interna a los 34 años, Bukowski escribió más de cinco mil quinientos poemas, cientos de relatos, seis novelas y miles de cartas. Ante todo, se consideraba poeta. Por desgracia, su poesía tardó mucho en traducirse al español, aunque Visor ha hecho una labor encomiable en los últimos años y ha publicado casi todos sus poemarios. Para entender a Bukowski de verdad no basta con leer su prosa, que fue la que le lanzó al estrellato en los setenta en Europa. Sus versos son claros y directos, sin concesiones ni ambages, a veces teñidos de lirismo e incluso surrealismo; las palabras son crudas, toscas, férreas. El verso de Bukowski huye de las atalayas del saber y se revuelca con júbilo en el fango de la vida. Su poesía es esencial para atisbar al hombre tras la máscara”.
- Entre sus autores, así lo decía el mismo Bukowski en sus libros, destacan Céline y Fante. ¿Hay otros escritores que lo influenciaran como escritor?
“Su dios personal era John Fante, pero, aparte de Céline, también le influyeron Dostoievski, Turguénev, Knut Hamsun, Carson McCullers, Sherwood Anderson, los primeros libros de Hemingway, los poemas más largos de Robinson Jeffers; Nietzsche y Schopenhauer; el estilo de William Saroyan sin el contenido; E. E. Cummings, D. H. Lawrence, Aldous Huxley, Ezra Pound, Li Po… A todos ellos les dedicó palabras de agradecimiento, o incluso poemas enteros, desde la más absoluta humildad. Bukowski era mucho más erudito de lo que se piensa, pero para no darse aires, o quizás para reírse de sí mismo, cultivó con ahínco la imagen de borrachuzo zafio e ignorante”.
- ¿Y qué escritores cree usted que hoy están bajo la influencia de Bukowski?
“Juan Bonilla, Ray Loriga, Roger Wolfe, Kiko Amat, Álvaro Colomer, Pedro Juan Gutiérrez y un largo etcétera. Todas las nuevas generaciones de autores inconformistas o del mal llamado “realismo sucio” se nutren de Bukowski para luego, como es normal, abandonarlo y encontrar su propia voz”.
- En un mundo tan políticamente correcto, ¿encaja en la actualidad la literatura del autor de Cartero?
“Lo más probable es que la obra de Bukowski no durase ni medio asalto. Abriría la boca de borracho empedernido, profiriendo blasfemias y obscenidades delirantes a diestro y siniestro, y los máximos exponentes del #MeToo y movimientos similares se la sellarían para siempre con las herramientas de la nueva censura. No hay nada nuevo bajo el sol. Bukowski sufrió la “cancelación” en sus carnes en más de una ocasión. Ya en 1985, supo que su libro Erecciones, eyaculaciones y exhibiciones, escrito en 1972, había sido retirado de las estanterías de una biblioteca de los Países Bajos por atentar contra la moral de las minorías, y su respuesta no pudo ser más inequívoca: “La censura es la herramienta que emplean quienes necesitan ocultar la verdad. Son incapaces de enfrentarse a la realidad y ni siquiera me cabreo con ellos sino que me dan una pena tremenda. Les educaron para protegerse de todo cuanto ocurre en la vida. Les enseñaron a mirar en una sola dirección cuando existen cientos de direcciones”. Precisamente porque existen cientos de direcciones para zafarse de lo políticamente correcto, la obra de Bukowski es más imprescindible que nunca para plantarle cara a todo cuanto nos oprime y nos apaga la llama interior. Decía Bukowski, con casi setenta años, que hay que desaprender las enseñanzas del estado, la religión y el sistema educativo y así dar un paso tan firme y resuelto hacia quienes somos de verdad que hasta la propia muerte nos tendrá miedo”.
- Su libro se titula El rey del underground, ¿que queda de todo aquello?
“Internet ha engullido todo y ha hecho un refrito bastante indigesto repleto de desinformación. ChatGPT y DeepSeek son las últimas muestras. Son herramientas que en teoría nos facilitan la vida pero que, en realidad, nos privan de nuestra esencia de manera sutil. Nos reprograman para convertirnos, como decía Waters, en otro ladrillo en el muro. Quedan vestigios del underground de los sesenta y los setenta en forma de editoriales independientes que todavía promueven la literatura con pasión y tesón, pero no se trata de una revolución antisistema porque, por lo que parece, ya no hay Sistema contra el que luchar”.
- ¿Y qué otros escritores destacaría del underground norteamericano?
“Ginsberg, Kerouac, Ferlinghetti, Burroughs, Diane di Prima, Ed Sanders, Tuli Kupferberg, Ruth Weiss, Michael McClure, Gary Snyder, Amiri Baraka, Joanne Kyger y David Meltzer, entre otros (Snyder y Sanders son los únicos que siguen vivos)”.
- ¿Cómo llega a Bukowski?
“Huyendo del canon literario durante mi época universitaria en La Laguna. Primero descubrí a Henry Miller. Ya al inicio de Trópico de Cáncer dice, y parafraseo, “estoy solo en París. No tengo amigos ni dinero ni recursos. Soy el hombre más feliz del mundo”. Luego leí a la generación beat y a Bukowski, que decía, y también parafraseo, “no me gusta el típico chico con corbata bien afeitado. Me gustan los hombres con los dientes rotos, las mentes rotas y las vidas rotas. No me gustan las leyes ni las normas. No me gusta que la sociedad me moldee”. Me sentía en buena compañía, lejos de los fantasmas de Shakespeare, las baladas de Wordsworth, los cantos de Pound y la tierra baldía de T. S. Eliot. La generación beat al final me pareció que rezumaba un tufillo místico demasiado vacuo, Miller filosofaba y filosofaba sin decir nada, mientras que Bukowski me vapuleaba los conceptos una y otra vez y, además, me hacía reír a mandíbula batiente. Para alguien con apenas dieciocho años, era una fórmula insuperable: un lobo solitario con sentido del humor y armado de una honestidad hiriente”.
- ¿Qué materiales recopiló para armar su libro?
“He analizado miles de revistas literarias independientes y manuscritos originales en decenas de bibliotecas en Estados Unidos e Inglaterra. También he tenido la suerte de consultar varias colecciones en manos privadas. He entrevistado a más de cien editores, quienes me han ayudado a dilucidar el nacimiento, vida y muerte de la revolución literaria de los sesenta. Tuve la suerte de que un gran amigo me presentase a Linda, la viuda de Bukowski. De ahí nació una amistad que me llevó a editar seis libros de Bukowski para Ecco/HarperCollins y ocuparme luego de sus traducciones al español para Anagrama y Visor. Linda me abrió de par en par las puertas de la casa de San Pedro, en Los Ángeles, donde Bukowski vivió sus años finales, y allí encontré parte del material que acabaría integrando en este libro”.
-¿Tiene alguna obra que destacaría de la producción literaria del escritor?
“De la primera etapa, Los días corren como caballos salvajes por las montañas y Ruiseñor, deséame suerte, quizás sus dos mejores poemarios, el volumen de relatos Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones, con el Bukowski más provocador y desasosegante, y Factótum, una novela picaresca de antihéroes en pleno siglo XX. De la etapa final, La senda del perdedor, para muchos su mejor novela, y Poemas de la última noche de la Tierra, un poemario repleto de meditaciones zen que, como diría John Martin, el editor de toda la vida de Bukowski en Black Sparrow Press, “son como rayos de luz directos al corazón”.
NUEVOS PROYECTOS
Abel Debritto tiene varios proyectos entre manos. Uno de ellos, explica, es un anecdotario “sobre mis vivencias como editor de Bukowski” mientras que el otro es un repaso “crítico y conciso de todos sus libros con citas clave y fotografías a toda página”. Debritto colabora en la actualidad con Pepe Ribas, fundador de Ajoblanco, en un proyecto monumental de más de 500 páginas.
Saludos, ron, ron, la botella de ron, desde este lado del ordenador

