Archive for the ‘Sin categoría’ Category

Un tío con una bolsa en la cabeza, una novela de Alexis Ravelo

Miércoles, Noviembre 25th, 2020

“Que los canarios somos así: compramos todo lo que viene de fuera, solo nos importa lo que se importa”.

(Un tío con una bolsa en la cabeza, Alexis Ravelo. Siruela Policíaca, 2020)

Comenta Alexis Ravelo que Un tío con una bolsa en la cabeza le ha servido de experimento literario. También, añadiría, de mirada fresca a un género que no le hace ascos a lo novedoso. Lo cultivan de hecho en la actualidad dos sobresalientes escritores mexicanos como son Elmer Mendoza, que escribe con un referente literario en la cabeza, James Joyce; y Jorge Moch, que cultiva y rinde tributo al gongorismo en sus barrocas historias de narcotraficantes. Hay otros ejemplos ya que lo experimental tiene cabida en lo negro y criminal para explorar caminos que transitan al filo de la navaja y en donde la forma de contar el relato es tan importante como lo que se cuenta.

Un tío con una bolsa en la cabeza pese a su carácter –se trata de un largo monólogo interior que emprende un tío que lleva, precisamente, una bolsa en la cabeza– pasa la prueba y con nota ya que no olvida –casi siempre– que tiene que convencer a quien se sumerja en ella.

El experimento resultante es apto así para toda clase de públicos. Comprensible para toda clase de lectores. Los que leen como para los que leen ocasionalmente.

La acción se desarrolla en San Expósito, una ciudad que son muchas ciudades, y en esta geografía más de personajes que de territorios, confluyen dos situaciones narrativas que circulan paralelas. En la primera, Alexis Ravelo nos introduce en la cabeza del protagonista, Gabrielo, un hombre hecho así mismo que se metió en política para medrar en aguas infestadas de tiburones. En este tramo, vamos conociendo cómo se abrió camino en la jungla de la política y los cadáveres que dejó a lo largo del camino, entre ellos los de su padre y hermano. También el de su primera esposa e, involuntariamente, el del hijo que tuvieron en común. Quizá sea esta parte, la íntima, la personal, el retrato de familia que hace de Gabrielo lo mejor de una novela donde suceden muchas cosas pero a una velocidad de vértigo que debe ser la misma que padece Gabrielo, que es el tío con una bolsa en la cabeza. A Gabrielo se le acaba el aire y el tiempo. Tiempo que aprovecha para hacer un examen de conciencia de una vida pasada que no juzga aunque sea responsable de la situación en la que se encuentra ahora: con una bolsa en la cabeza.

El otro camino, el otro tramo que va paralelo al que ya hemos comentado, consiste en describir el mecanismo que pone en marcha Gabrielo para descubrir quién pudo haber planeado el asalto. La lista de hombres y mujeres que lo odian, unos con civilizada cordialidad y otros con honestidad, es larga, lo que invita a que como lector se intente, con las pruebas que se van diseminando a lo largo de las páginas, a sospechar de unos y de otros y otras… A averiguar, con las herramientas que se dispone, la identidad no ya de los agresores –por lo que dice el tío con la bolsa en la cabeza dos macarras profesionales– sino de quién diseñó la operación para quitarlo de en medio.

El pilar de la novela lo sostiene no obstante la biografía del personaje. Su infancia y adolescencia, cómo entró en la política de la mano del que será su jefe dentro y fuera del partido. Su matrimonio, la separación; la relación que mantiene con una espectacular mulata. Los vaivenes de la política. Éxitos electorales y fracasos que desembocan en traiciones.

Todo esto y algo más explicado por el hombre que está a punto de morir de asfixia, la agonía de un personaje que determina el itinerario de una novela que, pese a que no llegue a las 240 páginas, logra que el lector siga con atención los coletazos finales de su protagonista que no es trigo limpio.

Un tío con una bolsa en la cabeza se desarrolla fuera del hábitat literario de Alexis Ravelo pero se mueve con comodidad en un territorio que cuando transita en sus otras novelas asocia con corrupción de altos vuelos, de tipos que no son para nada los granujas sin suerte que protagonizan anteriores obras del mismo autor.

Un tío con una bolsa en la cabeza
cuenta con otras constantes que han hecho de Alexis Ravelo un escritor al que merece seguirse con atención: brotan como flores sin marchitar palabros del habla canaria y se permite juegos de palabras como el de la cita que encabeza estas líneas. A su manera, insiste también en ajustar cuentas contra los poderosos. Si Eladio Monroy, esa especie de animal con conciencia de clase es un azote para multimillonarios y corruptos, Gabrielo es un corrupto que pertenece a la tribu de los corruptos solo que se ha cavado su propia tumba por una ambición desbocada.

En este aspecto, la novela queda como un punto y aparte (en una novela que curiosamente carece de puntos y aparte) en la trayectoria literaria de un escritor que busca alternativas para reinventarse y reiventar un género que no se agota porque cuenta historias.

En este proceso y con esta novela Alexis Ravelo demuestra con sus luces pero también con sus sombras que puede jugar con un género que en España él mismo contribuyó a poner patas arriba en un pasado que sigue pareciéndome que fue ayer.

Saludos, el bien más preciado…, desde este lado del ordenador

El intruso electrónico, un libro de Jorge Gorostiza

Martes, Noviembre 24th, 2020

Jorge Gorostiza, arquitecto, se ha especializado en cine, arte al que le ha dedicado varios libros que se ocupan de la vida y obra de cineastas (David Cronenberg y Peter Greenaway) o de la relación que mantiene el invento atribuido a los hermanos Lumière con la arquitectura. Cuenta además en su ya nutrida bibliografía con trabajos dedicados a los directores artísticos del cine español y al análisis de películas, entre otros.

Su libro más reciente no se ocupa sin embargo de cine sino de la televisión, pero no de la televisión como llegó este aparato en los hogares españoles. El autor ya lo advierte desde las primeras páginas de El intruso electrónico. La TV y el espacio doméstico (Newcastle ediciones, 2019) al indicar que pertenece a la generación de la televisión, a la que nació con la irrupción de este electrodoméstico y a su paulatino dominio en los hogares. También a la que vio cómo el artefacto invadía las azoteas con aquellas antenas que hacían posible el milagro de observar imágenes en casa.

El libro está estructurado en nueve capítulos, cada uno de ellos con un título que avisa del tema que trata: El lugar en el hogar, Conexiones, Pulgadas fijas, Pulgadas móviles, El espacio del telespectador, Peligros en casa, Ficción en la realidad, Fuera del hogar y El castillo de cartón, este último segmento explica la imagen de la portada y avisa de cómo Jorge Gorostiza ha abordado los temas que hilvana en cada una de las partes. Una combinación entre el ensayo y la autobiografía ya que, como insiste el autor, la televisión llega a su casa cuando él era todavía muy pequeño lo que le da pie a describir la emoción que supuso contar con una pequeña pantalla en casa y reflexionar sobre el espacio en el que terminó por ubicarse.

A nuestro juicio una de los capítulos más interesantes del libro es el que propone e intenta resolver esta cuestión: el lugar que ocupó el nuevo aparato en los hogares, también en cómo transformó la fisonomía privada de nuestros hogares como también la del exterior, con ese bosque de antenas que hoy prácticamente ha desaparecido.

No se trata así de un volumen con ánimo teórico, un manual que explique la aparición y el posterior desarrollo del electrodoméstico en la vida privada y pública de aquella sociedad española de los años sesenta, sino de un libro en el que además de reflexionar sobre la importancia física del televisor se narra lo que significó para una generación de futuros telespectadores. De ahí que ocupara un espacio privilegiado en los hogares y que solía ser el salón o el salón comedor.

Las primeras emisiones de televisión en España comenzaron en diciembre de 1956 por lo que muchas personas de la generación del autor “creció con aquel aparato incrustado en nuestras casas, por lo que aunque no lo quisiéramos fue inevitable que influyera en nuestras vidas”, escribe Jorge Gorostiza en la introducción de la obra. Esto hizo posible, evoca a continuación, que “por primera vez haya tenido que reseñar mis propios recuerdos, porque quizás por mi provecta edad ya formo parte de la historia al menos, reciente, de este país”.

En El intruso electrónico converge el material ensayístico con el de los recuerdos y el resultado es un libro con notable interés no solo para quien vivió la irrupción de aquel aparato en los hogares españoles de esos años sino su efecto en el paisaje urbano, un asunto, explica, que a “muchos profesionales les cuesta reconocer”. El autor se refiere a los “factores exteriores a la disciplina arquitectónica que influyen decididamente en las edificaciones y que deberían tenerse en cuenta en los proyectos”.

Otro momento interesante que propone la obra es cuando el escritor recuerda el momento en el que llegó por primera vez a su casa el televisor. Fue en 1963 y relata cómo gracias a este aparato hizo que “viniera más gente a mi casa”. Pero éste es solo uno de los argumentas que despliega Jorge Gorostiza para subrayar la importancia que desde entonces ha ido alcanzando el televisor, importancia que todavía mantiene pese al avance de otros dispositivos como son los ordenadores y el desembarco hace algunos años de la televisión por cable y la aparición de las grandes plataformas, monstruos audiovisuales que han cercenado en parte el monopolio que hasta bien entrado los años ochenta del pasado siglo XX todavía disfrutaba un invento que, como se dijo, entró en casa con la idea de quedarse. De formar parte del mobiliario con una función útil: entretener.

La televisión sirvió, igualmente, para reunir a la familia en torno al televisor así que actuó como elemento cohesionador pero son características que se han ido transformando con el paso de los años, despojando de su utilidad –de hoguera en torno a la cual se congregaba la tribu para calentarse y de paso contar historias– por otra cosa. La televisión que recuerda el libro de Jorge Gorostiza ya no es la televisión de estos días que nos ha tocado vivir, es como si el invento se hubiera convertido en un aparato que ha perdido su utilidad, de las atractivas tareas, más allá de las técnicas, que disfrutó en un tiempo que ahora parece que fue mucho mejor.

* TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge este miércoles, 25 de noviembre, la presentación del libro El intruso electrónico a partir de las 18.45 (entrada a partir de las 18:15). El acceso es gratuito con inscripción presencial el mismo día de la presentación. Aforo reducido a 46 personas

Saludos, una caja no tan tonta, desde este lado del ordenador

El Palmetum acogerá la 33 Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife del 3 al 8 de diciembre

Viernes, Noviembre 20th, 2020

El Palmetum acogerá la 33 Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife del 3 al 8 de diciembre. Colabora estrechamente en esta edición el V Festival Atlántico de Género Negro, que se celebrará del 25 de noviembre y el 8 de diciembre de 2020 después cambiar su calendario –que suele desarrollarse a mediados de marzo desde su primera edición–, por coincidir con la declaración del estado de alerta por la pandemia de la Covid-19.
 
En una situación histórica como la que se atraviesa, el festival, además de haber aplazado su celebración, ha dispuesto de las medidas necesarias para garantizar su compromiso con la cultura segura. El festival comienza, como ya es habitual, con la puesta en marcha de su faceta académica, con la celebración entre el 25 y el 27 de noviembre de la cuarta edición del Seminario Internacional de Investigación en el Género Negro desarrollado en colaboración con la Universidad de La Laguna (ULL), bajo la dirección del profesor de Literatura Española de esta universidad Javier Rivero Grandoso. Todas las actividades serán seguidas a través de Internet.
 
La coordinación con las administraciones públicas que colaboran con Tenerife Noir permite la ubicación de sus actividades en espacios que cumplen las exigencias impuestas por la pandemia en relación a los aforos para las actividades culturales. Las circunstancias relacionadas con estos aforos dependen de los distintos espacios designados para el desarrollo de cada actividad.


 
Está previsto el uso del Espacio La Granja, el Centro de Arte La Recova; el Gastro del Museo de la Naturaleza y la Arqueología (MUNA), Mues.ca; la Rambla de Santa Cruz y el Palmetum, el espacio donde también se celebrará la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife, evento con el que el Festival Atlántico de Género Negro coordina su programación en esta edición, del 3 al 8 de diciembre.
 
Con el fin de facilitar al público la información y el registro para asistir con seguridad a cada acto, el festival ha habilitado una herramienta digital en su página web: www.tenerifenoir.com. Estos espacios acogerán el desarrollo de las actividades literarias, cinematográficas, teatrales y musicales de Tenerife Noir este año.
 
“Hemos hecho un esfuerzo extraordinario para encontrar con nuestros colaboradores los espacios que garanticen el cumplimiento de las normas de seguridad para el público y el mantenimiento de actividades presenciales, en las que extremamos las medidas de necesarias; no obstante, hemos previsto también el desarrollo de algunas actividades que se difundirán a través de Internet”, explica el director y productor del festival, Alejandro Martín.

Saludos, ni un paso atrás, desde este lado del ordenador

La Roca

Martes, Noviembre 17th, 2020

Ha pasado ya mucho tiempo pero sigo mirando a Roy Harold Scherer, Jr. (Winnetka, Illinois, 17 de noviembre de 1925 – Beverly Hills, California, 2 de octubre de 1985) conocido como Rock Hudson, como un héroe. Héroe por enfrentarse a la muerte con la misma dignidad como la que supo imprimir a los personajes que interpretó a lo largo de una carrera que está cuajada de obras de notable interés, y héroe porque si no hubiera sido actor habría entonces que buscar a otro que estuviera a su misma altura. Una tarea imposible porque Roy –detestaba que lo llamaran por su nombre artístico– fue uno.

El actor que respondía a la perfección al estereotipo de galán, alto, fuerte, tremendamente atractivo, hizo carrera en una industria que estimulaba la doble moral. Una cosa era el personaje que los estudios construían para el público, en el caso de Roy la invención de Rock Hudson, y otro el difícil itinerario de intentar ser él mismo siempre y cuando fuera discreto.

La carrera cinematográfica de Roy está marcadas por cuatro grandes etapas. Una primera en la que participa en películas de aventuras como El capitán Panamá, La espada de Damasco y Rifles de Bengala. Estimables western como Winchester 73 (Anthony Mann, 1950) donde hace de ¡¡¡indio!!!; Fiebre de venganza e Historia de un condenado, estas dos últimas a las órdenes de Raoul Walsh y la que, personalmente, considero una de las mejores películas de desperados de la Historia del Cine: El último atardecer donde todos, Roy, Kirk Douglas, Dorothy Malone, Joseph Cotten y Carol Linney están en estado de gracia bajo la atenta mirada del cada día más reivindicable Robert Aldrich.

La segunda etapa en la cinematografía del actor se encuentran los melodramas que dirigió a las órdenes de Douglas Sirk. Se tratan de películas si quieren demenciales pero que todavía hacen estremecer. Sirk, una de cuyas primeras películas, La Habanera (1937) se rodó en mi Canarias-se-va-al-carajo, contó con Hudson como protagonista en nueve largometrajes, nueve si no cuento mal, para ver con el corazón en un puño como son Obsesión, Solo el cielo lo sabe, Ángeles sin brillo y Escrito sobre el viento, ente otros. De hecho, Orgullo de raza, del mismo director con el mismo actor, puede entenderse como el filme de transición de su cine de aventuras al melodrama. Una vez superada esa etapa, la trayectoria Roy se inclinó por una serie de comedias musicales donde contó como pareja con la cantante y actriz Doris Day y Tony Randall. Se tratan de comedias amables, de teléfono y pantalla partida, repleta de equívocos sexuales que fueron la marca de una fábrica que encumbró a Rock y no a Roy a la cúspide de su fama y popularidad.

Sus últimos trabajos ya no tuvieron que ver demasiado con el cine sino con la televisión. Fue el protagonista de McMillan y esposa, serie que se metió al público en el bolsillo y que siguió, quien ya tenga una edad digamos que provecta, con la familia reunida para ver la televisión y Crónicas marcianas, que si bien no termina de rendir justicia al clásico literario de Ray Bradbury, sí que se rodó en un archipiélago como es el que habito que hace años, muchos años perdió la noción de sí mismo.

Al margen de estas constantes, hay dos películas inclasificables que hicieron más grande el nombre de la Roca. Una de ellas es Gigante (George Stevens, 1956), en la que trabaja con una Elizabeth Taylor en la plenitud de su juventud y James Dean en el que sería el último trabajo de su fulgurante carrera y una película rara, dicen algunos que adelantada a su tiempo y de la que Roy como Rock Hudson pensó que se trataba del mejor trabajo de su filmografía, Plan diabólico (John Frankenheimer, 1966), una de cuyas imágenes apoya gráficamente estas líneas escritas como siempre de manera apresurada.

La Roca rodó muchas más películas a lo largo de su carrera. También fue protagonista de otras series de televisión que no alcanzaron el éxito de McMillan y esposa.

Comentan quienes fueron sus amigos que al conocer su enfermedad supo llevar la procesión por dentro y que entre los pocos que se quedaron a su lado cuando se conoció qué mal lo había dejado en los huesos ahí estuvo siempre Elizabeth Taylor.

Roy Harold Scherer, Jr falleció los primeros días de octubre de 1985. Rock Hudson comenzó a vivir a partir de ese día a través de sus películas. No es un mal epitafio para la carrera de un actor cuya vida parece confundirse con la leyenda.

Saludos, amén, desde este lado del ordenador

Domingo Pérez Minik leía también a Lovecraft

Viernes, Noviembre 6th, 2020

“Eso fue antes de la epidemia de 1846, en que murió más de la mitad de la población de Insmouth. No se llegó a explicar completamente qué fue lo que pasó, pero seguro que se trataba de alguna enfermedad exótica, traída de China o de alguna parte, por el mar. Debió de ser terrible; hubo desórdenes por culpa de eso, y pasaron cosas horribles que no creo que hayan llegado a trascender fuera del pueblo. El caso es que con eso se arruinó para siempre. No volvió a repetirse la hecatombe, pero ahora apenas vivirán allí trescientas o cuatrocientas personas”.

(La sombra sobre Insmouth, Los mitos de Cthulhu, H.P. Lovecraft y otros, Alianza Editorial, edición de 1985)

Si reside en estas islas abandonadas por las manos de los dioses y tiene una edad más cerca del final que del principio, el nombre de Domingo Pérez Minik tiene que sonarles. Al menos a los que habitan en la isla donde nació, Tenerife, y más en concreto en la ciudad donde vivió, que no es otra que Santa Cruz de Tenerife. Hombre de amplia cultura, parte de su biblioteca personal se conserva en la Casa de la Cultura de la capital tinerfeña y si se tiene la gracia de visitarla, comprobarán los gustos variados que tenía el venerable maestro con sus lecturas ya que hay un poco de todo y dentro de ese todo, algún libro de H. P. Lovecraft, a quien dedica uno de los trabajos que incorpora el libro La novela extranjera en España. La edición que repaso es la que publicó en su día la ya legendaria Taller Ediciones JB y la data corresponde al año de 1973. Ah, 1973, ese año que puso fin al sueño socialista en Chile (un desgraciado 11 de septiembre) y que vio aparecer un libro en el que el ensayista canario volcó sus gustos y disgusto literarios, entre otros, una aproximación a la literatura del escritor norteamericano que quiso haber nacido en el siglo XVIII y no en ese XX antipático por ruidoso.

El capítulo que dedica a Lovecraft lleva por título Los cuentos de miedo de H. P. Lovecraft y se centra fundamentalmente en la por aquel entonces reciente publicación de Los mitos de Cthulhu, colección de relatos de Lovecraft y su círculo de seguidores que prologa con notable claridad Rafael Llopis.

En aquellos años, mediados de los setenta, coincidieron en España la aparición de dos ediciones de Los mitos de Cthulhu. Una de ellas en Alianza Editorial y que coordinó Llopis, que fue uno de los traductores junto a Francisco Torres Oliver de los cuentos seleccionados en este volumen. La otra llevó el título de Relatos de los mitos de Cthulhu (Editorial Bruguera), y se publicaron tres volúmenes que reproducen los cuentos que Agust Derleth, compañero y albacea del mismo Lovecraft, recogió para esta antología que traduce, también, Francisco Torres Oliver. El libro de partida de Pérez Minik es, como se dijo, el que presentó por aquel entonces Alianza Editorial, obra que le sirve al veterano ensayista a especular sobre el cuento de miedo a partir de las reflexiones que propone Rafael Llopis y que no han perdido con el tiempo su temple. De hecho, aún considero las palabras preliminares de Llopis de lo mejor que se ha escrito en español en torno a Lovecraft y su círculo de corresponsales.

Escribe Domingo Pérez Minik: “cuentos de miedo hemos leído todos” pero recuerda que no todos han escrito cuentos de miedo. Y mucho menos en la España de aquel tiempo. Menciona a Juan Perucho y Las noches lúgubres de Alfonso Sastre pero olvida el que considero uno de nuestros más grandes escritores de miedo y humor, una antítesis que se une en su obra, como es el injustamente olvidado Noel Clarasó, escritor barcelonés al que descubrí precisamente gracias a Llopis en una antología de cuentos fantásticos que publicó en la misma editorial de Los mitos de Cthulhu.

Si hay un cuento que destaca de entre todos los que compila el libro es La sombra sobre Insmouth, a la que califica como “una de las más sorprendentes narraciones de H. P. Lovecraft”, así como fantasmagoría que sale de “la imaginación más desaforada”. Compara también en este breve trabajo los mundos de pesadilla del escritor de Providence, Rhode Island, con los que tejieron en su día los surrealistas aunque recuerda que tanto ideológicamente como proyecto artístico en sí se trataban de dos mundos radicalmente opuestos. Dos líneas paralelas que nunca llegaron a tocarse.

Concluye Domingo Pérez Minik su aproximación al universo lovecraftiano describiendo a Lovecraft como un hombre “de fuertes recelos, pero no sabemos si sus alucinaciones se las inventa para manifestar su complejo de superioridad, o su depresiva condición de incrédulo seguro, para satisfacer su personal miedo vital a través de creencias crueles, o para aplacar la ira de los dioses con una esotérica mitología hecha en convivencia con los diablos expulsados del paraíso” lo que me hace añorar un debate que nunca se podrá presenciar como es el de enfrentar al veterano ensayista canario con el veterano escritor francés Michel Houellebecq, autor como sabrán los iniciados del que probablemente es el mejor ensayo que se ha escrito sobre Lovecraft y su universo: H.P. Lovecraft: contra el mundo, contra la vida.

Me imagino a estos dos charlando sobre todo esto en ese kiosco de La Paz que ya no es el mismo, en torno a una cerveza (el francés) y un whisky a la inglesa el segundo. Sobre la mesa, la inevitable tapa de queso amarillo.

Saludos, no llega el frío, desde este lado del ordenador

La sangre manda, cuatro historias de Stephen King

Martes, Octubre 27th, 2020

La aparición de un nuevo libro de Stephen King ha dejado de ser una sorpresa porque están ahí cada dos por tres. Me pregunto cómo lo hace el escritor. Cómo logra no faltar a la cita y cumplir con sus compromisos y tareas, como la escritura de artículos, ensayos, guiones para cine y televisión. También cómics. Algunos sospechan que el escritor cuenta con un ejército de escritores fantasmas mientras que otros, entre los que me encuentro, prefiero pensar que se trata de un estajanovista de la literatura. De un escritor que no puede vivir si no escribe algunas líneas a lo largo del día.
A la espera de un nuevo libro del escritor, sobre todo porque nos acercamos a las fechas navideñas aunque sean una navidades extrañas por todo lo que estamos pasando, se edita en España un libro reciente, La sangre manda, que reúne cuatro historias de carácter fantástico.

El tono, sin embargo, no es el que el aficionado a King esperaría aunque es cierto que hay algún relato que destaca, que hace pensar que todavía habita dentro de él instinto literario. Es decir, el ímpetu y el arrojo que alimenta una extensa bibliografía en la que resaltan unos cuantos títulos que prevalecerán con el paso del tiempo cuando ninguno de nosotros estemos por aquí.

La sangre manda incluye además de los relatos y una novela corta cuyo título es el que da nombre precisamente a este volumen, La sangre manda, una nota del autor en la que explica el origen de las historias que publica. Es un atractivo añadido, sobre todo para aspirantes a escritores ya que así conocen las técnicas a las que recurre Stephen King a la hora de confeccionar sus novelas y cuentos. Da pinceladas además de cómo se le ocurren esas historias, todas ideas imprecisas que se inoculan en la fábrica de sus ideas cuando observa algo de la vida diaria que le llama poderosamente la atención. Como viene siendo habitual en el autor de Misery o El resplandor, uno de los relatos que incluye en el libro lo protagoniza un escritor en sus horas más bajas, lo que sirve de material para indagar en las neuras que atraviesa para enfrentarse al infierno de la página en blanco.

Este cuento, que significativamente está concebido como una fábula que no reniega de lo fantástico, se llama La rata y a mi, personalmente, me ha parecido el más atractivo de un libro muy irregular. Irregular porque no está bien acabada una historia como El teléfono del señor Harrigan ni La vida de Chuck, quizá el más tontorrón de un volumen que si respira algo es buenas sensaciones y de todos debe ser conocido que las buenas vibraciones no casan muy bien con lo extraño, con lo raro.

Se agradece, de todos modos, el ritmo que por norma general caracterizan a las cuatro historias que forman parte del libro, un ritmo jocoso, irónico a ratos, con el que describe las diferentes situaciones por las que deben de atravesar sus protagonistas. Recupera, además, a algunos de los personajes que aparecieron en la trilogía que inició con Mr. Mercedes (o trilogía de Bill Hodges, y que completan Fin de guardia y Quien pierde paga) y continuó con El visitante, aquella novela que prometía tanto y que se iba al garete en su recta final.

Con La sangre manda, que es la historia más extensa del libro y que se lee con agrado si uno está iniciado en la saga Hodges y, sobre todo, aún mantiene fresco en su memoria la lectura (no he visto ni creo que vea la serie) El visitante, donde presenta a una criatura que algo me dice seguirá apareciendo en el universo del indiscutible rey del terror norteamericano y, por extensión, del resto del mundo que todavía conocemos como civilizado.

Con todo y pese a que no se trate de lo mejor que puede dar de sí como narrador Stephen King, La sangre manda cumple las expectativas que todo lector conocedor de la obra del escritor espera encontrar en cualquiera de sus libros. Tampoco decepcionará a los profanos en su universo aunque, se resalta otra vez, no se trate de uno de los mejores trabajos de un narrador que hasta la fecha ha lidiado con espectros, vampiros tradicionales y renovados, hombres lobos y monstruos que no son sobrenaturales sino reales. Estos, quizás, sean los que a mi, particularmente, me suscitan más miedo.

A la espera de un nuevo libro de Stephen King que probablemente aparezca estas navidades o los primeros meses del año próximo, La sangre manda no ocupa un lugar destacado en la ya copiosa producción bibliográfica del escritor pero no es tampoco uno de sus peores libros que los tiene. Si algo lo define, si algo explica que haya conquistado el corazón de tantos lectores y logrado en algunos de los casos haber sido motivo de sus pesadillas es que el estilo de King no se busca complicaciones y su universo, ese en el que se mueven sus personajes (ancianos, maduros, adolescentes y niños) sigue todavía resultando real. Consigue que el lector tenga la sensación de que los conoce de toda la vida y esto, digan lo que digan los que niegan su talento, no es nada fácil de lograr y mucho menos de trasladarlo con palabras.

Dicho esto, y por muy mala (aunque prefiramos las buenas) que sean sus obras, son productos de un escritor que ha logrado en un género tan difícil como es el fantástico y la novela de misterio y psicológica que su nombre sea una marca. Que cuando uno entra en la librería y en la biblioteca no pregunte por uno de sus títulos sino por la última de Stephen King.
Y por ahora esa última es La sangre manda.

Saludos, lecturas atlánticas, desde este lado del ordenador