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Abderrahman El Fathi: “Dulcinea del Toboso pudo ser morisca”

Lunes, Noviembre 20th, 2017

Abderrahman El Fathi (Tetuán, 1964) fue uno de los protagonistas de la quinta edición del Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras del Puerto de la Cruz, escenario en el que mantuvo una entrevista con el también escritor Antonio Lozano. Su obra poética se encuentran en castellano y ha sido incluida en diversas antologías: Arribar a la Bahía, Tres Orillas, Luces y Sombras, Testimonios de Solidaridad. El Drama de la Emigración.

Su primer libro de poemas es Triana, imágenes y palabras. Le sigue 31 cantos nostálgicos a la vieja Al Andalus.

Con Abordaje obtuvo el premio Rafael Alberti de la Embajada española en Rabat.

- ¿Cuándo comienza a interesarse por Miguel de Cervantes?
“Lo descubrí en el colegio aunque fue más tarde,al llegar a los estudios superiores, cuando aprendí a amar a Cervantes y la lengua en la que escribía. Como docente me especialicé en el Siglo de Oro español y desde un principio me interesó estudiar la preocupación que hay en la obra de Cervantes con el mundo árabe. Durante la celebración del cuarto aniversario de la publicación de la segunda parte de la publicación del Quijote investigamos la presencia de Tetuán y de otras ciudades marroquíes en el libro,también de los personajes árabes que aparecen en otros de los trabajos del escritor. Tetuán, por ejemplo, conserva una de las mazmorras más importantes del Mediterráneo junto a Argel y Túnez, aunque Tetuán y Argel son las que aparecen con más referencias en varias de sus obras, como la primera parte del Quijote, en las Novelas ejemplares y en Los trabajos de Persiles y Sigismunda, donde se mencionan las mazmorras de Tetuán que llegaron a albergar en su tiempo unos tres mil cautivos portugueses y españoles y que en parte aún se conservan con las capillas que los mismos cautivos construyeron, y de las que Cervantes tuvo conocimiento por libros y el testimonio de los cautivos en Argel, donde pasó cinco años. Tetuán era en ese tiempo el puerto de entrada y salida de los corsarios y llegó a tener tanta importancia que el rey Felipe II ordenó que se hundieran dos barcos en la desembocadura del río Martín, que da a la entrada de la ciudad con el fin de evitar más saqueos porque Tetuán era en aquel entonces el puerto mayorista de cautivos de todo el Mediterráneo, así consta en los libros de redenciones de los franciscanos españoles”.

- ¿Cómo refleja Cervantes el mundo árabe que conoce?
“Con una doble vertiente porque refleja el que conoce de España y el que le tocó vivir mientras estaba cautivo en Argel. Miguel de Cervantes vivió uno de los momentos más tristes de la humanidad, como fue la expulsión por motivos religiosos de moriscos y judíos de la península Ibérica, y eso hizo que tuviera una visión del mundo musulmán amplia, más amplia de lo que se cree de hecho. El escritor lo vivió en sus propias carnes al participar como soldado en la batalla de Lepanto y después al ser recluso en las mazmorras de Argel. Convivió también con los moriscos, los andalusíes y este conocimiento lo volcó en sus obras que son muy importantes para conocer cómo era aquel mundo árabe y morisco que le tocó vivir”.

- ¿Y cuál cree que es su mirada?
“El problema con Cervantes es que nada es lo que parece. Son muchos los puntos de vista en sus libros y en todos ellos se mezcla realidad y ficción”.

- En Don Quijote se hace mención a un supuesto historiador morisco…
“En efecto, se trata de Cide Hamete Benengeli porque Cervantes repite una y otra vez en el libro que El Quijote es una traducción al castellano de un manuscrito árabe de ese tal Benengeli, y así rompe con los moldes de la novela de caballería, que solían estar escritas en griego y latín, al usar un personaje y una lengua que, en ese momento en que se está rompiendo con toda tradición árabe en España, pueblo que ahora es considerado el enemigo, resulta valiente y novedoso. En la Historia del capitán cautivo hay mucho de Cervantes, quien se vale literariamente de la experiencia vivida en los baños Argel. Luego está Zoraida y la misma Dulcinea del Toboso, un personaje de orígenes moriscos porque su trabajo, el de saladera de jamones, era que el que desarrollaban los moriscos para demostrar su conversión como cristianos. Incluso el inicio del libro: “En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” podría referirse a un pueblo morisco. En su día ya se habló del origen judeo converso de Cervantes pero es posible que también fuera morisco”.

- Hasta que punto es Miguel de Cervantes responsable que usted escriba en español y no en árabe.
“Es el resultado de mi educación, del pasado español del norte de Marruecos y que mi abuelo y mi padre estudiaran y hablaran con comodidad esa lengua. Todas estas circunstancias conjuraron para que eligiera el español como parte de mi vida y de mi identidad”.

- ¿Cómo cree que refleja la literatura española su vinculación con Marruecos y la literatura marroquí sus relaciones con España?
“Comparten una historia. Se observa en los relatos que nos dejaron viajeros y cronistas y más tarde algunos periodistas”.

- Entonces, ¿por qué ganó Francia la batalla del idioma y la influencia en Marruecos?
“Por la política cultural francesa, influencia que aún se mantiene. Francia cuida sus intereses económicos en el continente africano pero también la lengua. Desgraciadamente, el hispanismo brilla por su ausencia en España, que no ha sabido plantear una política clara y abierta para promocionar a una serie de personas que, como yo, han escogido el español como vehículo de su cultura. Y esto hay que mantenerlo porque si bien nos sentimos orgullosos de hablar y soñar en español, los españoles tendrían que estar igual de orgullosos de nosotros, un grupo de marroquíes que habla y escribe en español”.

- Dice que sueña en español. En unos tiempos tan difíciles para España ¿qué le llama la atención de este país?
“Su literatura. Y en todas las facetas. Desde Berceo al Cantar del Mío Cid y El libro del buen amor hasta Antonio Lozano. España cuenta con una literatura riquísima y está en el mundo por esa literatura pero también por su arte, su cine… Cuando se habla de España se habla de Picasso, Dalí, Camilo José Cela, Miguel de Cervantes. Lo que España tiene que tener en cuenta es que es lo que es por su cultura”.

- Dicen que usted es el poeta del Estrecho y la inmigración.
“Lo dicen porque he escrito obras sobre la inmigración clandestina, que es un asunto que preocupa a todo el mundo, y planteo soluciones al drama como la de tender a un control, a una inmigración ordenada para que los países de origen no la asuman como una solución “.

- Problemas como la inmigración irregular, políticos y sociales como la homosexualidad comienzan a hacerse eco entre los escritores marroquíes…
“La literatura marroquí es muy diversa y actualmente escribe de asuntos que hace diez años eran imposibles de abordar. La libertad de expresión ha hecho que no solo la literatura sino otras artes como el cine cuenten historias que interesan porque son muy críticas y tienen un compromiso social y político muy grande”.

- ¿Y cómo recibe el público marroquí estas obras?
“El público marroquí, que de momento es minoritario, las recibe no con sorpresa sino gratitud. Es aceptada por completo ya que cuenta historias muy atrevidas sobre la inmigración y el tráfico de drogas, entre otros temas”.

- ¿Qué significa Tetuán para usted?
“Tetuán es la ciudad donde nacieron mis padres y en la que yo crecí junto a cristianos, judíos y musulmanes. Mi patria es el patio de recreo donde jugaba a la pelota con niños cristianos y judíos, y en la que hablábamos tanto en español como en árabe. Era como vivir en dos mundos paralelos pero sin preocupaciones de raza ni credo religioso. Nadie miraba al otro con distancia. Tetuán además de ser la capital cultural del antiguo Protectorado español fue la capital de tres culturas aunque, desgraciadamente con el tiempo. este sentimiento se ha ido relajando ante la amenaza de un radicalismo que enturbia la paz y diálogo entre culturas”.

- ¿Tetuán aún conserva vestigios de ese pasado español?

“Totalmente. El Ensanche es español, como español son muchos de los puentes, edificios institucionales de la ciudad. En Tetuán se respira aire español por lo que uno se siente en una ciudad española. Creo, es una convicción personal, que ese ambiente relaja porque te encuentras en una ciudad donde se ha mezclado lo español con lo árabe y rifeño al mismo tiempo”.

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El bailarín de la feria

La producción literaria de Abderrahman Al Fathi es fundamentalmente poética y muy marcada por Lorca y Alberti, aunque el primer libro que leyó en español fue Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez escrito prosa. En prosa poética puntualiza el profesor y escritor marroquí, quien se encuentra en estos momentos trabajando en su primera novela que se centra en la figura del bailarín de las ferias ambulantes de verano, un travestí que danzaba mientras vendía boletos para que el público ganara premios como un televisor en blanco y negro o un ventilador. “Era un personaje muy querido y respetado por todos, aunque hoy ha desaparecido por completo”.

La novela recupera a uno de estos bailarines,y cuenta su historia personal, la de un hombre de familia que se implica en una serie de asuntos que lo llevarán a problemas de carácter político”.

FIRMA FOTO: Alejandro Amador

Saludos, ¡¡¡NO AL CIERRE DEL TEATRO TIMANFAYA!!!, desde este lado del ordenador,

Blade Runner 2049. El horror, el horror…

Miércoles, Noviembre 15th, 2017

Desplacé la mirada por la habitación, que estaba atestada de tipos de todas clases y que hacían cola frente a una mesa que atendía una señora con un traje gris y cola de caballo.

En ese momento no me pregunté qué diablos estaba haciendo allí, y no me atrevía a preguntarle al que tenía delante o detrás de la hilera porque el silencio que había en la sala rompía los oídos.

Cuando menos me lo esperaba me tocó el turno. Estaba frente a la señora del traje gris y cola de caballo.

Recitó mi nombre mientras observaba la pantalla de un ordenador y luego me miró con unos ojos que daban miedo.

- ¿Correcto?

- ¿Eh?, sì, sí, correcto.

Satisfecha, asintió con la cabeza y ladró:

“Siguiente”.

El de atrás me desplazó a un lado y alguien me empujó hacia a una puerta que no había visto.

Entré en una sala a oscura, aunque de repente un foco de luz impactó sobre una pantalla y descubrí que estaba en un cine. En penumbras, busqué un sitio libre y me senté mientras los de atrás pedían silencio.

Con la mirada puesta en la pantalla el caballero que tenía al lado me preguntó si era la primera vez.

“¿La primera vez que estoy en un cine?”, le respondí.

“No, no en un cine sino en este cine”, me dijo con una mueca.

Negué con la cabeza.

Yo vengo ahora todos los días. Es mi condena…

¿Condena?, no le pregunté porque decía condena ya que en ese momento comenzó la película.

Dios mío.- gemí al comprobar lo que iba a ver… Hice amago de levantarme de la butaca pero una mano invisible me impidió el esfuerzo hasta quedar empotrado en el asiento.

- No le queda nada.- me dijo el caballero de al lado con un gesto amargo impreso en la boca.

Ryan Gosling en la pantalla buscaba replicantes, aunque él mismo era un replicante. Colores muy fríos que relacionaban el aburrimiento con la enfermiza pero de autor lentitud de la cinta.

- Ahora viene lo peor.- me susurró el vecino de asiento.- No hay quien lo resista.

Sonó una voz engolada en la sala: “Blade Runner 2049 es un clásico del siglo XXI. Observad la cantidad de referencias que tiene la peli –lo dijo así, peli– y los símbolos que se mezclan en admirable tour de force.

Otra voz silenció a la primera.

- El abrigo que lleva puesto Gosling es una metáfora sobre la condición humana y a la vez una clave que explica que es una historia que se replica sobre sí misma…

Poco a poco, comencé a notar como me mareaba no ya por la película interminable sino por los comentarios que se cruzaban de un lado al otro de la sala aquellas voces invisibles que no dejaban de elogiar una pesadilla que parecía no tener fin.

- Es reseñable la aparición de Harrison Ford y el cameo de Edward James Olmos y la atractiva vuelta de tuerca que da con respecto a la cinta original. Blade Runner 2049 no debe verse como una continuación de la original sino como una película completamente nueva que bebe de las fuentes de la celebrada y ya de culto peli (lo dijo así, peli, y no era la misma voz de antes) de Ridley Scott…

- Se han currado el guión y los efectos especiales.- dijo otro.

- Y su mensaje, ¿nadie se ha dado cuenta de su mensaje?

La película continuaba discurriendo en pantalla cuando me entró hambre de cotufas o palomitas o roscas o rositas pero el tío de al lado, que escuchó el ronroneo de mis tripas, se encogió de hombros en señal de olvídate de eso, chico, no te dejan.

Intenté levantarme de nuevo de la butaca pero la mano invisible hizo imposible cualquier esfuerzo.

- Qué gran película. Y qué gran descubrimiento el de Ana de Armas.

- ¿No era tu vecina, figura?

- Ni virtual, oyes…

- Silencio y comenten cosas serias –se impuso una voz cavernosa sobre las otras-. ¿No han observado los colores…? acentúan el pesimismo de un relato que demandaba para contarlo el ritmo leeeento que tiene…

“Vaya” –pensé– habló un profeta- Solo falta que ahora diga…

- Tras Sicario y La llegada, Denis Villeneuve –prosiguió la voz– ha demostrado con creces que es un director visionario…

“Visionario, la palabra maldita y tramposa. Visionario”, reflexioné con la vista fija en una pantalla donde, canastos, me di cuenta que pasaban y pasaban la misma película para un público absorto y sin sueño…

Y de repente vi la luz. Que la clave, posiblemente para salir de aquel cine, era participar en el majadero juego de una nadería vestida de trascendente como todo el cine de ese señor que tiene el apellido de una actriz francesa y aún famosa.

- ¿Dónde estoy?.- le dije al compañero de al lado.

- ¿Dónde?- me respondió el tipo con la vista fija en la pantalla y con los ojos echando chispas…- . Pues en el infierno, y en el infierno no hay escapatoria si…

- Blade Runner 2049 es ya un clásico de la ciencia ficción y una de las mejores pelis (lo dije así, pelis) que se han estrenado este año.- grité a la pantalla para sumarme al coro de voces enloquecidas que solo querían, lo sé ahora que me toca sufrirla otra vez, huir, escapar de ese cine que, ya ven, se encontraba en el mismísimo infierno.

Saludos, ¡No al cierre del teatro Timanfaya!, desde este lado del ordenador.

Don Julio Camba escribe unas palabras sobre Santa Cruz de Tenerife

Lunes, Septiembre 18th, 2017

Julio Camba (Villanueva de Arosa, Pontevedra, 1884 – Madrid, 1962) es uno de los mejores articulistas españoles aunque por eso de la desmemoria hoy es un perfecto desconocido lo que exige una urgente recuperación.

Afortunadamente, aún se pueden encontrar muchos de sus libros, la mayoría editados por la ya mítica colección Austral de Espasa Calpe y en la que Julio Camba volcó su talento en una serie de artículos cortos que destacan por su ingenio, capacidad de observación y sentido del humor.

Entre otras obras, Julio Camba es autor de los interesantes y divertidos libros de viaje Londres y Alemania, impresiones de un español, que publicó en 1916; La rana viajera (1920); el excelente libro gastronómico La casa de Lúculo o el arte de comer (1920) y reflexiones sobre economía, aunque esceritas para todos los públicos, en Aventuras de una peseta (1923) y Millones al horno (1958), entre otros.

El escritor y periodista dio un interesante aviso de su estancia en Santa Cruz de Tenerife en uno de sus artículos, un breve texto en el que ofrece sus impresiones sobre lo que observaba desde la cubierta del barco.

“Era Santa Cruz de Tenerife. Serían a la sazón las nueve de la mañana y hasta media tardé no llegamos a puerto. Sin embargo, aquello nos llenó de alegría y nos proporcionó un agradable entretenimiento. Arrimados a la toldilla
del buque, íbamos observando cómo se concretaba poco a poco la vaguedad de la primera visión, cómo la nube se iba convirtiendo en tierra, cómo el color azul iba tomándose amarillento y salpicándose de motas blancas. El pico de Tenerife, coronado de nieve, se perdía en el cielo. En cuanto al puerto de Santa Cruz, me pareció uno de esos prodigios que hacen los confiteros en las tartas familiares y onomásticas.”

Julio Camba explica que permanecieron en el puerto pero sin salir del barco “unas cuantas horas” y describe “la infinidad de pequeñas barquillas” que rodean a la nave con vendedores que ofrecían a los tripulantes “paquetes de tabaco,
cerillas, refrescos, higos, plátanos y naranjas.”

Próximo el amanecer, el escritor se despide de la ciudad y de la isla con cierta tristeza y describe como poco a poco “los colores fueron desvaneciéndose en una misma nota vaga y azul, y, por último, la noche los recogió en su oscuro seno, como recoge a las nubes del crepúsculo.”

Julio Camba reflejó durante la Guerra Civil en sus crónicas sus simpatías por el bando franquista, artículos que se publican en el ABC de Sevilla. A lo largo de su vida colaboró en diarios como Arriba y La Vanguardia.

En 1949 fijó su residencia en el Hotel Palace de Madrid hasta su muerte, que se produjo el 28 de febrero de 1962.

Saludos, ovación, desde este lado del ordenador.

Tope Hooper, un artista de los 80

Domingo, Agosto 27th, 2017

Ha muerto Tobe Hooper, un cineasta que dicho así no llamará la atención de casi nadie que no esté iniciado en el cine fantástico y de terror de los ochenta, que fue una buena añada de directores, guionistas y actores antes de que el género se convirtiera en el circo que es hoy, días infames para fabular a través del horror en los miedos que nos aquejan como sociedad y, dejen que me apure, civilización.

Desgraciadamente, el terror ya no necesita de criaturas de ultratumba, venganzas del más allá y familias trogloditas con instintos asesinos para hacernos temblar en la butaca. El terror, de hecho, se ha instalado en occidente y se emite en directo en nuestros televisiones.

Con el miedo inoculado en nuestras venas, el género ha salvado la cabeza con nuevas fórmulas que me cuesta entender que se empeñen en mostrar tan creíbles. Es difícil, cosas de la edad, que me conmocione ante lo que veo, por lo que echo de menos aquella emoción ante lo imprevisto. O lo insólito porque el terror, como dijo aquel, se ha instalado ya entre nosotros. Y lo que cuenta es el susto y no la creación de atmósferas. Lo inmediato por encima de la construcción del relato.

Tobe Hooper se hizo un hueco en el género por una película primeriza, La matanza de Tejas, que no ha perdido todavía su poder de hacernos pasar miedo. Es probable que sea, como apuntan unos, porque fue rodada con cuatro pavos y con actores más o menos aficionados, lo que le da cierta pátina de macabro realismo.

Película de alcantarilla, tras su estreno generó una corriente de seguidores que lo elevaron a la categoría de culto en unos tiempos donde muchas películas del género fueron etiquetadas así, de culto. Contó además con una fotografía que desmejoró cuando se hinchó a 35 mm aunque ese carácter granulado de la imagen le da, si cabe, mayor entidad como un filme que raya lo documental y que muestra cómo unos chicos son asesinados por una familia de carniceros caníbales que vive en un lugar perdido de Tejas.

Terror rural y con desagradable acento gastronómico, La matanza de Tejas puede verse hoy como un musical en el que prima por encima de otros instrumentos de matarife el sonido de la sierra mecánica que en manos de Leatherface, probablemente el miembro más terrorífico del clan de garrulos, adquiere la dimensión de solista. Y la imagen más socorrida de una película que, como toda buena película de terror, no invita a demasiados visionados porque el espectador lo pasa mal.

El mismo Hooper potenciaría el espíritu de esta película en una segunda parte que pasó sin pena ni gloria aunque el cineasta contó con más presupuesto y actores de peso, entre ellos Dennis Hooper, para rodar la que probablemente sea una de las versiones más delirantes sobre tan extraña como carníviora familia.

Para conocer las interioridades de esta película les animo a que consulten el imprescindible volumen Sesión sangrienta, de Jason Zineman, una apasionante historia del cine de terror de los años 80 escrito con las mismas claves periodísticas que otro gran libro imprescindible sobre elcine de los setenta, Moteros tranquilos, toros salvajes, de Peter Biskind.

En esta obra, Zineman dice que lo que caracteriza La matanza de Tejas de otras películas es “la pasión pura” que sentía Hooper por el género. Y este capítulo, como el resto de la obra, merece ser leído porque aclara muchas cosas sobre ese fenómeno por el miedo que prendió en muchos jóvenes cineastas norteamericanos empeñados aquellos años en revelarnos las pesadillas que habitaban en sus cabezas enfermas. Monstruos y pesadillas que, curiosamente, retroalimentaba su país.

Es verdad que en contra de otros cineasta de su más o menos generación Tobe Hooper no fue uno de sus representantes más aplaudidos aunque tuvo un tosco talento que explotó en la mayoría de sus películas, todas ellas de terror.

En Trampa mortal contaba cómo el dueño de un motel de carretera (Neville Brand) da de comer a su mascota, un caimán que tiene en la piscina, con los huéspedes que ocasionalmente se alojan en su establecimiento y en El misterio de Salem Lot, una miniserie que adaptaba la novela del mismo título de Stephen King, centraba la epidemia de vampiros que se propaga por una pequeña ciudad estadounidense en un señor de la noche con pintas del Nosferatu de Murnau.

No gustó este terrorífico homenaje a los seguidores de la novela pero a mi, personalmente, me parece una digna película de miedo donde incluso hasta David Soul, el Hutch de los televisivos detectives Starky y Hutch, está bien.

La filmografía de Hooper cuenta también con una de terror para adolescente que mantiene el tipo, La casa de los horrores, y con una nueva revisión de los vampiros en su incomprendida Lifeforce, basada vagamente en una novela del escritor ocultista y tan querido en esta casa escobillonera como es Colin Wilson.

Más tarde rodó una nueva versión de una película de los años cincuenta, Invasores de Marte, aunque su estilo había quedado seriamente dañado tras rodar Polstergeist a las órdenes como productor de Steven Spielberg. Con todo, Poltergeist cuenta con escenas que todavía hacen sudar la gota gorda como la del muñeco con pinta de payaso que se encuentra debajo de la cama.

Que esta película fue un éxito, nadie lo pone en duda, y menos la taquilla, e hizo célebre el ya están aquí que más tarde sería utilizado millones de veces en contextos bien diferentes.

Las últimas aportaciones al cine de género que realizó el cineasta no respondieron sin embargo a las expectativas que muchos aficionados que habían crecido con su cine tenían depositado en él. Y no porque se volviera blando, precisamente, sino porque ya no aportaba mucho al género que tanto contribuyó a construir.

Con todo, el cineasta continuó en activo pero sus películas ya no se adaptaban a los nuevos tiempos, lo que hizo que la mayoría de ellas no se estrenaran y pasarán directamente al mercado del vídeo.

Tobe Hooper falleció este sábado, 26 de agosto, en su Austin, natal, Tejas, ese estado que dio título a una de las película de referencia de un género que, como se dijo al principio, hoy va por otros derroteros.

Nadie puede negarle, sin embargo, que gracias a su talento, a su capacidad para crear atmósferas, sentara cátedra y todavía aún hoy se le imite porque dejó huella.

Entre otras cosas, Tobe Hooper deja como legado a un matarife con cara de piel humana que dio origen a otros monstruos, con independencia de que estos vinieran del territorio de los sueños, celebraran Hallowen o pasearan enmascarados por campamentos de verano.

Solo sé, y ya es mucho para alguien que no sabe nada, que con Tobe Hooper desaparece un clásico reciente del género que provoca inquietud y de paso reparte buenos sustos. Y que su cine, por personal, ya es eterno.

Como sus vampiros.

Saludos, gimamos, gumamos, gimamos, desde este lado del ordenador.

“Estos hombres no son negros, ¡son ingleses!”

Viernes, Agosto 25th, 2017

“- No voy a hacer de ellos una nación –dice–. ¡Voy a hacer un imperio! Estos hombres no son negros, ¡son ingleses! Mira sus ojos, mira sus bocas. Mira la forma en que se tienen de pie. Y se sientan en sillas en sus propias casas. Son las Tribus Perdidas, o algo por el estilo, y han nacido para ser ingleses. En primavera voy a hacer un censo, si los sacerdotes no se asustan. Deben de haber sus buenos dos millones en estas colinas. Los poblados están llenos de niños. Dos millones de hombres… Doscientos cincuenta mil guerreros… ¡y todos ingleses! Sólo necesitan rifles y un poco de entrenamiento.”

(El hombre que quiso ser rey, Rudyard Kipling. Traducción: Encarna Castejón, Ediciones Destino, 1989)

Todo puede ser distinto

Lunes, Agosto 21st, 2017

Alberto Omar cuenta con una numerosa producción literaria en la que prácticamente ha tocado todos los palos.

Ha procurado hacerlo desde una perspectiva personal e intimista pese a que en sus últimas obras se aprecia cierta preocupación por explorar territorios que ya formaban parte de su cuerpo narrativo solo que ahora la mirada tiene más entusiasmo y tono festivo.

En Sin comienzo ni final (Editorial Mercurio, 2017), su última historia, escribe sobre las nuevas ideas que se plantean la existencia desde un punto de vista científico que mezcla razón y espíritu.
Este cóctel lo resuelve a través de varios planos narrativos en los que formula preguntas y devuelve respuestas con las que se podrá o no estar de acuerdo.

En este aspecto, y más que una novela, Sin comienzo ni final es la exposición de estas cuestiones, solo que el escritor las cuenta en escenario cotidianos y mediante conversaciones “informales” que mantienen los protagonistas.
Se trata de una apuesta muy arriesgada, aunque el tono que emplea Alberto Omar para narrarlo recurre afortunadamente al humor o a situaciones cómicas que hacen seguir con más comodidad la gravedad de lo que se está hablando.

Por eso, más que novela, Sin comienzo ni final es una larga exposición de suposiciones, más que teorías sobre el hombre, la muerte y el universo, entre otros temas de calado, lo que explica el título de obra tan singular, gigantesco rompecabezas en el que unos y otros dictan más que dicen lo que conocen tras preguntar cómo se encuentra la familia o pedir al camarero un café.

Sin comienzo ni final se resiente así de hilo argumental, muy débil, y apuesta por la exposición de ideas en un debate en el que muchos podrán ver algo de luz y recuperar cierta esperanza mientras que otros se encogerán de hombros.

Para contar todas estas cosas, Alberto Omar recurre al humor y a presentar los hechos y maravillas que salpican el relato con mirada gozosa, en ocasiones un tanto excéntrica, pero logra interesar no convencer a ese lector que sospecha siempre que todo cuanto nos cuentan puede ser distinto.

Saludos, enm algún lugar del mundo, desde esteb lado del ordenador.