Archive for the ‘Sin categoría’ Category

Vidas paralelas

Jueves, Mayo 25th, 2017

Javier Reverte es un periodista bregado y como tal un formidable contador de historias. Sabe contar historias, las de sus viajes, por ejemplo, en una colección de libros en los que describe los lugares que visita con espíritu aventurero, de ahí que la mayoría estén escritos con el aliento del asombro y que capturen el interés de los lectores en sus travesías en busca de las fuentes del Congo o recorriendo Centroamérica. Los libros, en todos estos itinerarios están presentes, como están presentes en sus novelas.

Entre las que ha dedicado a la Guerra Civil cuenta con la notable El tiempo de los héroes, en la que noveliza la vida del general del ejército republicano Juan Modesto, miembro del partido comunista español y ahora en Banderas en la niebla (Plaza & Janés, 2017) la de dos hombres radicalmente diferentes que encuentran su detino durante los primeros meses de la Guerra Civil.

Ellos son José García Carranza, El Algabeño, un torero sevillano, señorito,  mujeriego y falangista de 34 años recién cumplidos y John Cornford, estudiante en la Universidad de Cambridge y bisnieto de Charles Darwin. Veinteañero poeta idealista que fue de los primeros voluntarios en alistarse en las Brigadas Internacionales.

Dos vidas paralelas –la novela se estructura en once capítulos más un epílogo en los que se alterna episodios de uno y otro– que encontraron el mismo final en las tierras de España y retratos de dos hombres de acción.

El primero lo lleva en la sangre, se ha curtido en las plazas de toros, y se convierte en un represor bajo las órdenes de uno de los personajes más siniestros del bando franquista, el general Gonzalo Queipo de Llano. El segundo es un soñador y combate en una tierra que no es la suya en nombre de la libertad.

En pocos más de trescientas páginas, Javier Reverte tiene tiempo para dotar de carne y sangre a estos dos personajes tan opuestos y recrea con pulso narrativo las numerosas batallas y escaramuzas en las que se vieron envueltos en un país que se desgarraba a pedazos y con sobresaliente violencia.

Resulta muy atractiva la mirada que Javier Reverte ofrece sobre la Guerra Civil, más si se tiene en cuenta que la mayoría de los personajes que intervienen existieron realmente, lo que otorga de autenticidad un relato que  no deja tregua.

El escritor reconstruye minuciosamente el carácter de El Algabeño, y eso incluye muchas de las contradicciones que tallaron su personalidad, y que sirve a  Javier Reverte para mostrar las acciones de un hombre que aprendió a jugar con la muerte pero que en su credo de asesino no entraba lo de matar a mujeres y a niños.

Curiosamente, el extranjero, el joven John Cornford es el personaje que se hace querer. Su entusiasmo por una idea explica que dejara atrás las comodidades de su familia para formar parte de una Guerra que en aquellos días estaba despertando las conciencias más jóvenes e inquietas del planeta. Probablemente lo mejor de una generación que se segó en nombre de muchas causas. Tamaño sacrificio hace mirar a aquellos jóvenes de otra manera. Y no es sorpresa sino admiración las lecturas que se sacan de lo que sin lugar a dudas fue una gesta.

José García Carranza, El Algabeño y John Cornford existieron y son la cara y la cruz de un tiempo cuyas heridas, mucho me temo, aún no han cicatrizado.

Saludos, de pie, desde este lado del ordenador.

Y otras voces…

Viernes, Mayo 12th, 2017

La editorial Trifolium ha publicado Interregno. Pasión e instante en la vida de Humberto Laredo, fotógrafo, de Roberto A. Cabrera, una divertida y ácida novela en la que se cuenta cómo Humberto Laredo, fotógrafo de un periódico de provincias, insatisfecho, arrastra sus días dividido entre la nostalgia de una mujer que lo ha abandonado hace tres años y su actual pareja, Natividad. La novela relata la grisácea existencia de este personaje a través de episodios absurdos mientras emprende una huida hacia ninguna parte.

Una luz en el tiempo (Antología poética, 1992-2017) reúne una muestra representativa de los siete poemarios, más algunos textos inéditos, de Carlos Javier Morales, libro que  publica Renacimiento coincidiendo con el veinticinco aniversario de la terminación de su primer libro de poemas. A través de esta personal selección, se evidencia la evolución de la poesía de su autor, “desde el desconsuelo inicial de sus primeros libros, que tienden a la narración simbólica y a la meditación sobre su experiencia vital, hasta la contemplación de la armonía del mundo a través de la fuerza cósmica del amor.”

Saludos, ¿cómo están ustedes?, desde este lado del ordenador.

Larga vida al Rey

Viernes, Marzo 24th, 2017

Los últimos libros de Stephen King que han caído en mis manos lograron algo que parecía imposible hasta el día de ayer, que esas historias largas y sinuosas, complejas como puede ser de compleja una novela de King, me desanimara como lector.

No pude con Revival, novela que dejé casi a la mitad siendo consciente que me quedaba sin saber el final del que tanto hablan los que sí lo conocen. Otros libros de King que no terminé fueron Insomnia y Buick 78, historias de las que de verdad ni me acuerdo… Así que en uno de esos raros momentos en los que pienso, me dije que la literatura de Stephen King ya me lo había dado todo.

Todo.

Todo, todo.

El bazar de los malos sueños es un volumen de cuentos que incluye relatos nuevos y otros reescritos por tan stajanovista escritor. El volumen en tapa dura cayó en mis manos porque existen las señales, las mismas señales que te advierten que no cruces la calle en ese momento, que no te fíes de esa persona y cuidado con el mar, porque esa mañana está raro… pero confieso que no tenía demasiadas esperanzas depositadas en él porque como ya he contado mis últimas experiencias lectoras con King no habían resultado satisfactorias aunque, llámalo sexto sentido, me dio un no sé qué que el autor de novelas como Carrie o Salem Lot regresara al mercado editorial con un libro de relatos, un género en el que se mueve francamente bien y en el que suele volverse más oscuro que en sus obras oficialmente mayores como El resplandor. Cementerio de animales es otra cosa, y es otra cosa fabricada con materia oscura precisamente porque continúa siendo una de sus novelas más cortas en cuanto a número de páginas se refiere.

El caso es que Stephen King no es que parezca, es otro cuando escribe relatos. Y ello sin renunciar a su estilo ni a las fórmulas hartamente repetidas en todos sus libros pero siempre narradas desde perspectivas diferentes. En los cuentos, King crece como autor, con independencia de que escriba en clave fantástica o realista, ese realismo sórdido que empaña algunas de sus mejores novelas y cuentos, relatos en los que disecciona con una pasmosa facilidad la sociedad norteamericana de su tiempo.

Además de diseccionar con mano de cirujano la sociedad norteamericana, Stephen King demuestra en las historias que disemina en este volumen que es un narrador que imita además y con notable pericia el estilo y el tono de narradores que, aparentemente, están en sus antípodas como son Philip Roth y Raymond Carver, entre otros, pero no creo que a ninguno de los dos les haya resultado molesto que un escritor tan inspirado como potente pero oficialmente abonado al fantástico como King, les imite con tanto respecto y precisión. Imitar, ya lo saben, no tiene nada que vez con plagiar, y esto es lo que hace quien nos reveló los demonios que habitan la zona muerta en El bazar de los malos sueños, en el que se reúne un puñado de historias que exploran los recovecos del alma así como presenta situaciones anómalas que terminan degenerando en inquietantes.

Una de las particularidades más llamativas de este volumen es que el mismo escritor explica antes de cada relato cuál fue su origen. En apenas unas líneas, describe cómo le apareció la idea, por norma general un suceso fortuito visto en la calle o durante la lectura de una revista o viendo un programa de la televisión. Momentos de la vida cotidiana que el escritor transforma en una pesadilla.

Y la verdad es que las historias funcionan porque están escritas a la manera de King. Un mucho de costumbrismo y personajes de la calle que, de pronto, observan como todo cuanto vemos puede ser distinto. Lo cotidiano de transforma en un campo minado, en un territorio hostil.

El bazar de los malos sueños reúne veinte relatos, y en ellos se tantea más que géneros maneras diferentes de enfocar las historias. Historias que insisten en enfrentar a los protagonistas con sucesos macabros y otras que respiran un insólito sentido del humor. Todas se leen con frenesí, e imagino que quien recale en el libro, escogerá sus cuentos favoritos. Para mi, como lector, lo fueron casi todos, incluso uno que dedica al béisbol, un deporte del que no tengo ni idea pero que imagino tremendamente interesantes tras leer esa historia que le dedica y en la que el propio escritor aparece como personaje.

Si usted es como yo, y se confiesa sin rubor lector de libros de Stephen King aunque en los últimos tiempos comenzara a pensar que al escritor se le había secado la fuente de la que mana su imaginación, lo recuperará en El bazar de los malos sueños. Es un libro completo, casi redondo, de esos que cuando termines te quedas un poco más huérfano y te peguntas ¿y ahora qué?

Ese qué, presumo, que nos asalta a todos cuando un libro te ha hecho pensar, te ha conmovido y, de alguna maneras, te ha enseñado a ser  otra persona.

Saludos, dulces pesadillas, desde este lado del ordenador.

“Los Estados Unidos quisieron penetrar en la América española a través de Canarias”

Lunes, Enero 23rd, 2017

Manuel Hernández González es profesor titular de Historia de América de la Universidad de La Laguna, así como doctor en Historia y miembro de la Academias Nacionales de la Historia de Venezuela y de la República Dominicana. Ha publicado más de un centenar de libros, el último de los cuales lleva por título Estados Unidos y Canarias: Comercio e Ilustración. Una mirada atlántica (Ediciones Idea), trabajo en el que desentraña algunas de las claves económicas y culturales que vincularon a la por aquel entonces joven nación norteamericana con el archipiélago.

En estos momentos, Manuel Hernández está trabajando en un estudio sobre una familia, los Gálvez, “como linaje de poder indiano”, y en el que abordará su auge y decadencia como élite dirigente de la América española, destaca.

- Las relaciones entre Canarias y EE.UU. ha sido un tema poco tratado por los historiadores canarios, ¿por qué cree que ha sido así?

“Por haberse insistido mucho más en Inglaterra por la importancia decisiva de ese país en el siglo XVII y en la etapa del puertofranquismo, descuidándose el siglo XVIII y primeras décadas del XIX.”

- ¿Cuándo inicia este trabajo, qué fue lo que más le llamó la atención?

“La reconversión del vino malvasía hacia el vidueño, que llevó a descepar muchos viñedos de las zonas medias y bajas para dar paso al cultivo del vidueño. Desde 1730 prácticamente no se exportaba malvasía a Inglaterra, mientras que cada vez se exportaba menos aguardiente de uva al mundo caribeño como consecuencia del agua del de caña, por lo que se hizo necesario buscar un nuevo mercado para nuestros caldos, y ese era el de las Trece Colonias de América del Norte, que por las actas de navegación británicas estaba reservado desde 1670 a las islas portuguesas de África. Pero para eso hubo que, progresivamente, sustituir las uvas blancas, mayoritarias en zonas como Acentejo Tacoronte o la Isla Baja por listán negro o negra moll, pero eso no fue de la noche a la mañana, por lo que se introdujo vino tinto de Valencia o Cataluña para mezclarlo con el blanco para los consumidores norteamericanos que apreciaban el tinto.”

- Pero, ¿qué elementos destacaría en esas relaciones durante el periodo que abarca su estudio?

“Que fue una relación que beneficiaba por igual desde el punto económico a norteamericanos y canarios, por un lado porque a los primeros les ofrecía un caldo mucho más barato que el de Madeira y le permitía dar salida a sus producciones de cereales, barcos y madera de roble de Virginia para los barriles, y a los canarios dar salida a sus vinos e introducir a finales del XVIII la barrilla y desde los 30 del XIX la cochinilla. El gran problema era el comercio de vuelta desde Norteamérica porque Estados Unidos antes y después de la independencia era un país rural y pesquero. El bacalao no tenía salida sino en cantidades muy limitadas porque los canarios tenían acceso al banco canario-sahariano, que le abastecía de pescado salado a precios muy económicos a través de la flota insular y los cereales solo era rentable enviarlos en épocas de malas cosechas. El tabaco asimismo tenía un gran competidor en el cubano. Por eso hubo que buscar alternativas como aconteció en el último tercio del siglo XVIII como el conducir las harinas norteamericanas como canarias para su exportación a Cuba. Pero a largo plazo ese fue su hándicap, y el que hizo que decayera a medida que avanzaba el XIX, especialmente en la década de 1850 con los parásitos del oidium y el mildium que repercutieron en la salud de nuestros viñedos.”

- ¿Por qué decide abordar este trabajo desde una perspectiva atlántica?

“Porque sin ello sería absurdo entender esa relación, primero porque había que vender nuestros caldos como falso Madeira y reconvertir nuestros vinos siguiendo las experiencias de esa isla. Madeira y Canarias estaban obligados a entenderse aun siendo competidores porque los dos archipiélagos tenían el mismo problema del tornaviaje. Canarias ofrecía unos caldos a mitad de precio, pero ambos necesitaban llevar llenos los barcos que se conducían desde Estados Unidos para hacer rentable el comercio. Por eso se hacía escala en Madeira. Por otro lado porque los Estados Unidos estaban interesados en penetrar en el mercado de la América española y era factible a través del renglón más débil de su comercio que eran las Canarias. Al tiempo que las casas de comercio canaria establecían redes en Cuba o Venezuela, como se puede apreciar en los Barry, que invierten incluso en el tráfico de esclavos y haciendas en la isla de Trinidad, se abrían hacia Estados Unidos y lo mismo los comerciantes norteamericanos como Francisco Caballero Sarmiento y sus cuñados los Craig y Oliver, que luego de establecer casas de comercio en Canarias llegan gracias al comercio de neutrales a controlar más del comercio de Venezuela. No es casual que una hija de Sarmiento enlace con Nicholas Biddle, director del Segundo Banco de Estados Unidos, la reserva federal de esa época.”

- ¿Hasta que punto esa atlanticidad define los trabajos de Manuel Hernández como historiador?

“Canarias desde su conquista y colonización está integrada en un universo atlántico, es la excepción al monopolio comercial sevillano gaditano. La emigración marca su trayectoria histórica también. La necesidad de buscar nuevos mercados y su papel de puente e intermediario entre Europa y América ha condicionado su vida, su economía  sus rasgos culturales. Desde esa perspectiva siempre me ha interesado comprender las interrelaciones existentes en ese mundo atlántico, sin las que no se puede entender la historia de los intercambios de toda índole entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Esas interconexiones en los ámbitos sociales, culturales, económicos e ideológicos han sido mi campo de estudio.”

- ¿Y qué huellas pudo dejar estas relaciones canarias y estadounidenses en ambas orillas?

“Desde el punto de vista económico abrió nuevos mercados para Estados Unidos y Canarias en una época crucial de su historia. En el terreno cultural e ideológico favoreció un clima de mayor pragmatismo y heterodoxia, que se expandió en ambos territorios para entender mejor sus imbricaciones en el mundo atlántico.”

- Además de vino vidueño y la cochinilla, ¿qué otro comercio se desarrolla entre norteamericanos y canarios?

“Anecdóticamente camellos y cerdos negros porque se trataba de introducir esos animales como también aconteció en la América española. Desde Estados Unidos harinas de trigo y millo, barcos que después eran nacionalizados como construidos en las islas, madera de roble para la fabricación de barriles y cantidades limitadas de tabaco rubio, arroz, todo el arroz que se consumía aquí procedía de Norteamérica y bacalao.”

- ¿Y qué personajes resultan claves para este desarrollo?

“El libro tiene dos partes claramente delimitadas, una comercial, en la que destacan personajes como el portugués Francisco Caballero Sarmiento, el Marqués del Sauzal, los Pasley, los Lugo Viña, los Barry, toda una serie de familias mercantiles que tratan de potenciar ese comercio. La segunda parte hace referencia al terreno ideológico, marcado por el auge de la ilustración, la masonería y el liberalismo. Ahí destacan personajes canarios que estuvieron en los Estados Unidos y que influyeron en su obra e ideas en ese país, en el liberalismo hispano y en la América Española. Nos referimos a Antonio José Ruiz de Padrón, Eduardo  Barry, Miguel Cabral de Noroña y Diego Correa entre otros.”

- ¿Se refleja estas relaciones en la literatura norteamericana de la época?

“Además de en personajes que eran grandes amantes de nuestros caldos como Thomas Jefferson, en la literatura tenemos los casos de la autobiografía del juez de Salem, Hawtorne, de su nieto el novelista Nathaniel Hawtorne, autor de La Letra Escarlata y de Herman Melville, a quien le debemos ese gran clásico de la literatura universal que es Moby Dick, que mencionan al vino canario en algunas de sus obras.

Una cuestión de vinos

El comercio del vino fue el motor que animó las por aquel entonces escasas relaciones entre canarios y norteamericanos. El historiador Manuel Hernández González señala un año, 1730, como clave en estas sinergias porque es entonces cuan do comienza a introducirse de forma significativa “nuestros vidueños como falsos madeiras” en los territorios de la por aquel entonces joven nación. No obstante, recuerda el historiador, antes hubo comercio entre americanos y canarios pero más ocasional, destaca. A medida que se van estrechando los lazos comerciales, aparecen como protagonistas de estas relaciones comerciantes y hacendados como los Pasley o el Marqués del Sauzal y tras la  independencia de las Trece Colonias, que los caldos canarios se vendan ya en esas tierras como “vinos canarios legalmente.” Manuel Hernández explica que el tráfico se intensificó entre 1796 y 1814 gracias al bloqueo continental napoleónico de los puertos ingleses, lo que hace que Canarias se convierta en un gran centro de intermediación y se vendan más vinos canarios, vinos que se transportan en barcos norteamericanos. “Con la derrota de Napoleón y la paz, surge de nuevo la crisis, aunque el comercio de los caldos canarios con los Estados Unidos se mantiene hasta 1851”, concluye.

Saludos, ¡hermanos y hermanas!, desde este lado del ordenador.

¡Levántate y anda!

Jueves, Enero 12th, 2017

Y RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

TEA Tenerife Espacio de las Artes estrena este viernes, 13 de enero y a partir de las 18.30 horas el tercer largometraje de Mateo Gil como director, Proyecto Lázaro. El filme, que se rodó en parte en este centro de arte contemporáneo del Cabildo de Tenerife, se podrá ver en versión original en inglés con subtítulos en español. Tom Hughes, Oona Chaplin, Charlotte le Bon y Barry Ward encabezan el reparto de este trabajo que se presentó en el Festival de Sitges dentro de la Sección oficial de largometrajes. Las entradas para ver esta película se podrán adquirir en la taquilla de TEA el mismo día del pase.

FE SIN RATAS

El último sueño de un viejo, de Quintín Alonso Méndez, se presenta el jueves 19 de enero, a las 20 horas en el Ateneo de La Laguna (Tenerife) y no el jueves 12 de enero como informamos.

Saludos, rediós, desde este lado del ordenador.

Puro cuento puro

Jueves, Noviembre 24th, 2016

Yolanda Delgado Batista debutó en la arena literaria con La isla de las palabras desordenadas (2011), una novela armada con fragmentos, aparentemente dispersos, en la que recurría a la memoria para hurgar en las entrañas de una familia.

La isla de las palabras desordenadas conmovía, en ocasiones por la desnudez emocional que su autora transmitía a través de sus páginas. Página en las que algo latía, como algo late ahora en Puro cuento (colección Sitio de fuego, Baile del Sol, 2016) que es el segundo libro publicado por Yolanda Delgado y volumen que recopila 32 relatos que revelan a una escritora que se mueve, y muy bien, en el complejo territorio de las historias cortas.

La literatura española cuenta con excelentes cuentistas pero no ha sido un género en el que transite demasiado. Esta tendencia ha ido cambiando en los últimos años por lo que no es extraño apreciar en quienes lo practican, al relato nos referimos, que se inspiren en autores extranjeros que hicieron del cuento un arte.

Chejov y Maupassant son, a nuestro juicio, dos de los grandes maestros del cuento. De cuento cuando el cuento bucea en las emociones humana; cuando desvela estados de ánimo con una profundidad psicológica que no necesita de páginas y más páginas para mostrar el alma de los personajes. Después vinieron Borges, Fitzgerald, Carver, Cortázar y no sé cuántos más que han hecho del cuento un género mayor.

Las historias que se reúnen en Puro cuento son 32 relatos independientes que cuentan, cada uno de ellos, con voz propia. Si se abre el libro, el lector se adentrará en las tinieblas de una cárcel colombiana, se sumergirá en la cabeza de una anciana británica a través de una de sus cartas, así como conocerá la fama que obtuvieron las películas de Tarzán protagonizadas por Johnny Weissmüller en la Rusia de Stalin. Y son solo tres historias de las 32 que contiene un libro que marca un antes y un después en la producción literaria de Yolanda Delgado Batista.

Resulta grato comprobar cuando se leen estos puros cuentos puros que en la mayoría de ellos subyace un sentido del humor que suaviza el pecado que arrastran los personajes que protagonizan las historias.

Hay que escarbar, sin embargo, en cada una de ellas para encontrar la veta de la que emana ese sutil sentido de la ironía que la escritora, no sé si por capricho, se empeña en muchas ocasiones por ocultar, casi como si quisiera que fuera el propio lector quien hallara la clave más que cómica, divertida, que respiran estas piezas que, como destaca el escritor Julio Llamazares en el prólogo del libro, carecen de unidad, son cuentos, cuentos puros o puros cuentos.

Así que Puro cuento ofrece lo que anuncia en su título: un conjunto variopinto de relatos que tocan muchos palos, géneros, y bucea en una serie de personajes que si tienen algo en común es, más que su soledad (la soledad a fin de cuentas es el pequeño reino que se fabrican algunos), un sentido abisal de la individualidad. O de esforzarse en seguir siendo persona.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.