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Espacio Bronzo presenta la exposición El cuerpo infinito de Ana Lilia Martín, en las redes sociales

Martes, Abril 7th, 2020

Espacio Bronzo presenta a través de Internet la exposición El cuerpo infinito, de Ana Lilia Martín a partir de este martes, 7 de abril. Así, el público tendrá la oportunidad de conocer la propuesta de la escultora palmera a través de los sitios de la sala lagunera en las redes sociales Facebook, Instagram, Youtube y Twitter. La iniciativa pretende mantener viva la exposición al tiempo que constituye una colaboración con la ciudadanía, ya que aspira a facilitar el disfrute del arte en estos difíciles tiempos de confinamiento.

De esta manera, el equipo de Esculturas Bronzo, la artista, Ana Lilia Martín, los poetas que colaboran en la exposición y en el catálogo de El cuerpo infinitoCecilia Domínguez Luis, Félix Hormiga
y Roberto Toledo Palliser–, y, en algunos casos, el fotógrafo Raúl Santana unen esfuerzos para sumarse a las campañas #yomequedoencasa y #arteencasa.

La iniciativa ofrece al público imágenes estáticas de la obra montadas en vídeos de corta duración y realizados a propósito con un formato y una estética casera. Los poemas en las voces de sus autores, Cecilia Domínguez Luis, Félix Hormiga y Roberto Toledo Palliser, sirven de sugerente soporte sonoro a la muestra de las fotos –muchas de ellas, obtenidas de manera urgente con un teléfono móvil antes del cierre de la sala, aunque en alguna ocasión se ha recurrido a las fotos de Raúl Santana realizadas para el catálogo–.

Se trata de más de 20 videos muy cortos a los que se suman otros dos, unos minutos más largos, a cargo de Ana Lilia Martín, quien presenta dos introducciones a la exposición; la primera, con un texto descriptivo y la segunda, con referencias sutiles en las que sugiere ciertas claves al público, como una invitación y un estímulo para que aborde las piezas con el afán de apropiarse de ellas y desentrañar emociones y significados.

“Hemos escogido este formato casero y de urgencia para diferenciarlo plenamente de la exposición; queremos que el público se acerque a la propuesta de Ana Lilia Martín en este momento de confinamiento, pero también lo invitamos a que visite la sala en cuanto se superen las limitaciones de movimiento, porque la experiencia del contacto con la condición material de cada pieza es insustituible”, explica Ventura Alemán, portavoz de Esculturas Bronzo.

Igualmente, Espacio Bronzo prevé convocar al público cuando así sea posible para la presentación del “maravilloso catálogo elaborado por Ana Lilia Martín, con los poemas de Domínguez Luis, Hormiga y Toledo Palliser y las fotos de Santana; será una buena manera de entrar de nuevo a una vida que sabemos que será diferente a lo conocido y que va a requerir mucho del arte y la cultura en general, como ya estamos viviendo en estos momentos de cuarentena”, añade Alemán.

En El cuerpo infinito, la escultora palmera desarrolla su indagación sobre el cuerpo humano con 26 piezas realizadas en diferentes materiales –gres, resina, pasta de arcilla…– y una instalación de dibujo sobre papel vegetal. Se trata de modelados del cuerpo humano, como es tradicional en la trayectoria de la escultora, que siempre ha trabajado sobre este motivo. En esta ocasión, las obras siguen la línea desarrollada por Martín más recientemente, un trabajo mixto o de simbiosis entre el cuerpo y la naturaleza, por lo que las piezas semejan híbridos entre humanos y elementos vegetales u objetos encontrados.

“La creación de Ana Lilia emana de la experimentación, la búsqueda de lo humano en franca y profunda relación con otros materiales, vegetales o no orgánicos, una relación umbilicada, un reparto de vida que actúa sobre la suma”, asegura Félix Hormiga en uno de los textos que acompañan al catálogo de la exposición. Hormiga se refiere a las piezas de El cuerpo infinito como “el nacimiento de una nueva primavera”.

A propósito de la propuesta de Martín, el crítico destaca que “el ser humano puede sentir el viento de otra manera, por el mover de las hojas o el campanil de los pistilos de una flor que, de manera determinante, es él. Y él y el árbol, o lo que partiera del holismo creador de Ana Lilia, son un único ser, comparten un mismo latido y el flujo de la sangre y la savia que recorren esa entidad nueva en la que se han convertido”. Así, ante la mirada del público, “el mundo cambia, de igual manera que ha cambiado la realidad para estos nuevos seres”.

“Aprender a pronunciarnos sin palabras es la odisea que nos propone Ana Lilia Martín”, apunta en el mismo catálogo Roberto Toledo Palliser, quien refiere también esta otra propuesta de la escultora: “transformar la mirada o el tacto en ensoñaciones que narran el vuelo silencioso del espíritu en busca de un cielo que sostenga sus alas, no con la invocación de las palabras, sino con las potencias de su arte creativo, esculturas surrealistas que acarician nuestro inconsciente, invitándonos a transitar lo onírico para recuperar, como en la infancia, el agua de la vida”.

A juicio de Cecilia Domínguez Luis, las esculturas de Ana Lilia Martín obligan al público a “imaginar, a reconstruir el resto, a partir de nuestra propia concepción de la naturaleza humana”, de forma que la autora “nos invita a detenernos ante ellas y a reflexionar sobre nosotros mismos. La escultora apuesta por una mirada que nos desnuda y, al mismo tiempo, nos confirma en la vida, que se convierte en esperanza de futuro en esas mujeres embarazadas, en esas cabezas de las que surge un mundo vegetal: ramas, hojas, flores. Todo un anuncio, una promesa de un renacer”.

Saludos, ya lo sabe, güeys, desde este lado del ordenador

La Academia Canaria de la Lengua se divierte con las ‘Palabras nuestras’

Lunes, Abril 6th, 2020

El año pasado y con motivo de la celebración del XX Aniversario de la Academia Canaria de la Lengua (ACL) se publicó un libro, Palabras nuestras, en el que un total de 29 escritores y profesores reflexionaban sobre una palabra en particular del amplio y rico acervo de voces canarias. A estas voces se intentaba rendir homenaje con esta publicación que, mucho me temo, pasó igual de desapercibida que otros actos de la ACL, cuestión que la institución debería de analizar si quiere formar parte de la sociedad en la que vive.

De los 29 escritores que participaron en esta feliz iniciativa ya no está con nosotros José Carlos Cataño aunque sí que continúan en activo el resto de las 28 firmas que recoge un volumen que cuenta con ilustraciones de Patricia Delgado de la Rosa.

El libro se abre con unas palabras preliminares del actual presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, quien apunta que “el habla de los habitantes de las Islas, nuestra forma de comunicarnos, está más cerca del español de América que de cualquier otra modalidad lingüística peninsular”. Sea verdad o no, y reclamando otras maneras de mirar a la ACL, es urgente que tras estos días de confinamiento la institución se plantee nuevas fórmulas para llegar a una sociedad que prácticamente no sabe de su existencia y animarla a que sea éste y no otro su plan de objetivos prioritarios en el momento que hablar del Covid-19 sea cosa de un lejano y molesto pasado.

El presidente de la Academia Canaria de la Lengua, Humberto Hernández escribe en el prólogo que una de las razones que motivaron su publicación se debió a que por una vez se permitieron “la licencia de expresar lo que nuestras palabras nos sugieren”. Y así hicieron los profesores y escritores que recogieron el guante y que participaron con sus textos y sus palabras canarias en un volumen que resulta simpático, entrañable en muchas ocasiones y que sin caer demasiado en el sentimentalismo descubre y en otros casos redescubre términos que están desapareciendo en el archipiélago.

Si hay algo que hecho en falta de este trabajo es más sentido del humor en los artículos aunque se agradece en otros el carácter nostálgico que empapa a estos textos.

A continuación se mencionan las palabras y los autores que escribieron sobre cada una de ellas en un volumen que estaba llamado a tener mayor recorrido que el que obtuvo a finales del año pasado e inicios del que llevamos en curso. Ojalá que estas líneas sirvan para que en lo queda de 2020 y tras el angustioso paréntesis que ha supuesto la expansión del coronavirus llegue a más lectores y los ejemplares no se queden olvidados en cajas de cartón.

Abobancado (Ángel Sánchez); Alongarse (José Carlos Cataño); Aquellar (Antonio González Viétez); Arretranco (Víctor Ramírez); Beletén (Manuel Lobo Cabrera); Bichorno (Juan Cruz Ruiz); Chilín (Juan José Bacallado Aránega); Chirrimil (Marcial Morera); Coñobobo (Carmen Díaz Alayón); Empalambrarse (Gonzalo Ortega Ojeda); Faicán (Manuel de Paz); Fleje (Juan Manuel Pérez Vigaray); Folelé (Humberto Hernández); Gofio (Oswaldo Guerra Sánchez); Goro (Antonio Machado), Higo pico (Antonio Lorenzo); Jacío (Yolanda Arencibia); Jeito (Eugenio Padorno); Lajial (Sabas Martín); Machango (Nilo Palenzuela); Magua (Yeray Rodríguez Quintana); Maleta (José Antonio Sámper Padilla); Maresía (Manuel Torres Stinga); Moledo (José Antonio Martín Corujo); Nailas (Alicia Llarena); Orijama, orejama (Wolfredo Wildpret de la Torre); Perenquén (Cecilia Domínguez Luis); Tonga (Francisco Mayor Suárez) y Vidriago (Juan Manuel García Ramos).

Como sucede en textos colectivos como el presente, hay voces que están mejor que otras y ante la abrumadora presencia de profesores, cabe destacar que varios de los textos se decantan en el estudio de la palabra, algunos realmente interesantes.
Los escritores que colaboran en Palabras nuestras aportan por otro lado imaginación y algo de frescura al conjunto general. Escribieron sobre las voces que, libremente, escogieron lo que resta de seriedad y lustre académico a lo que nació, como asegura Humberto Hernández en el prólogo del libro, una licencia de la ACL. Una forma de soltarse la melena y llegar –la ocasión lo requería, el XX Aniversario– a más público del que suele llegar.

El volumen contó con una subvención del Gobierno de Canarias y es una lástima, se insiste, que pasara tan desapercibido porque aporta una perspectiva novedosa con la que observar unas palabras que organismos como la ACL intentan que no desaparezcan del vocabulario de los canarios. Por ello y pese a que la tónica general no resulte demasiado regular, Palabras nuestras merece más reconocimiento del que tuvo en su momento y un mayor alcance entre sus lectores potenciales.

Divertimentos así son los que aproximan y no alejan una institución que, como la Academia Canaria de la Lengua, nació para promover y aproximar “el estudio y la descripción de nuestra modalidad lingüística”.

Saludos, a la espera de que repitan iniciativa con más gracia, desde este lado del ordenador

Un viaje a ninguna parte

Miércoles, Marzo 4th, 2020

El programa para la promoción y difusión de cortometrajes canarios Canarias en corto celebra este año su 14 edición, una iniciativa que ya cuenta con suficientes ediciones para que sus resultados sean analizados. También la de mejorar y tener claro qué es lo que pretende. Cuáles son sus objetivos.

Alcanzada la mayoría de edad, Canarias en corto no termina sin embargo de brindar una mirada objetiva sobre este formato en Canarias aunque cuenta con ediciones precedentes que, como la 14, sorprenden para bien y para mal.

El teatro La Granja situado en las Casa de la Cultura en Santa Cruz de Tenerife acogió el pasado 14 de febrero el estreno de las siete piezas que componen este año el catálogo Canarias en corto. Se tratan de una serie de películas rodadas el año pasado pero que comienzan su vida cinematográfica en 2020.

Las butacas del teatro La Granja estaban relativamente ocupadas por un público predispuesto a ver lo que le echaran y, la verdad, había que tener cuerpo y alma para contemplar lo que allí se mostró. Y no por la calidad de los cortos seleccionados, siete, como siete son –o eran, que ya no sé– las islas Canarias, todos ellos elogiables en cuanto a técnica y profesionalidad pero muy irregulares en sus apuestas por contar algo.

En este aspecto y salvo alguna honrosa excepción, los trabajos del catálogo 2020 coinciden por resultar atípicos. Junto a la acostumbrada tendencia de sorprender con aparentes ejercicios cinematográficos “de autor”, esta edición no termina de tomar el pulso del cortometraje en Canarias porque olvida, a veces, que se trata precisamente de mostrar de qué va –o creía que iba– Canarias en corto.

Un error a corregir en próximas ediciones es conocer y entender qué es lo que pretende ser esta iniciativa. No se dice por los estilos y géneros en los que puedan encasillarse los cortos que, afortunadamente, suelen ser variado pero sí para evitar lo que ha pasado con el catálogo 2020: de los siete cortometrajes seleccionados cinco, y se dice pronto cinco, están rodados en geografías que no tienen nada que ver con Canarias. No critico que estas cinco piezas (Fuera de juego, Las Grietas, Grieta, Selfie y Los espacios confinados) se hayan realizado fuera y si bien reconozco su diversidad y que estén bien resueltos técnicamente es evidente que están muy alejados de este territorio lo que les resta compromiso y genera desconcierto. Más si tenemos en cuenta que este catálogo es una iniciativa del Gobierno de Canarias para promocionar cortos canarios y si bien –debe de constar– no se tenga la urgencia de que sean rodados aquí que cinco, de un paquete de siete, no tengan nada que ver con las islas me parece insólito y de paso una cachetada a los que realizan cortos aquí, con actores de aquí para contar unas historias que se desarrollen o no aquí.

Los cinco cortos de fuera se dejan ver. Uno está rodado en un pequeño pueblo chileno, otro en Barcelona y otro más en Madrid pero salvo que haya algún canario por ahí, que debe de haberlo, poco de aquí tienen estas cinco piezas. Una de ellas, Selfie, fue rodada en una ciudad estadounidense y la firma la única mujer del catálogo de este año, Nayra Sanz Fuentes.

En conjunto, el resultado final de Canarias en corto 2020 resulta bastante desigual y no por las temáticas, afortunadamente dispares como ha venido ocurriendo en otras ediciones.

Al margen de que algunos de los cortos cuenten con buenos actores y técnicamente resulten sobresalientes, se producen en ocasiones coincidencias en títulos y en contar con oficio historias familiares. En dos de los cortos, Grietas, de Alberto Gross Molo y Las grietas, de Valentino Raffaele Sandoli, los más formales en cuanto a sus pretensiones de narrar una historia se refiere, uno se queda con la idea de que más que cortos son parte de un proyecto mayor, un largometraje.

En otros casos se busca la complicidad del espectador. En Selfie, por ejemplo, se observa una plaza en plano fijo y se escucha una voz en off y en inglés, por cierto. La propuesta, que resulta atrevida termina por agotarse a los pocos minutos.

La sesión se inició con los dos únicos cortos rodados y protagonizados por actores de las islas: Zapato roto y Océano, de Domingo de Luis y Fernando García-Moreno, respectivamente.

Se tratan de dos trabajos con finales abiertos. El primero con un tono rural interesante cuya historia no termina de estar bien atada y el segundo, bajo paisaje urbano, cuenta cómo pasa la vida una joven anclada en la nada cotidiana.

Entiendo Los espacios confinados como un reto fallido y de alto contenido canario (esto es una broma). Lo firma un tal Razzak^Ukrainitz, quien plantea una reflexión animada de dos de las tres grandes religiones monoteístas del planeta: la judía y la musulmana. Se mezcla imagen real con la dibujada y en ella no hay individuos sino masas. Quizá sea la cinta que más me agradó de este catálogo porque no es fácil lo que aspira a mostrar un cineasta que termina por perderse en ese gigantesco laberinto.

Fuera de campo de Pablo Vilas Delgado es un bonita película sobre lo que rodea a un partido de fútbol de cuarta regional en cualquier aldea remota de Chile. Llama la atención, primero porque no hay voz explicativa en off y segundo porque parece que el relato fluye espontáneamente. Nada nuevo bajo el sol, aunque quizá si se hubiese hecho en Canarias sería otra cosa siendo lo mismo. El corto se sigue con interés pero se hace largo y repetitivo por su aire pastoril.

A modo de conclusión Canarias en corto 2020 tiene miga, aunque sea una miga con tropezones. Y sí, se trata de uno de los catálogos más cuquis y popis pero también distantes y ajenos de los que se han visto hasta la fecha. Un viaje, en definitiva, a ninguna parte por lo que se agradecería menos “profundidad” y más claridad en futuras ediciones.

Saludos, todo cambia para que no cambie nada, desde este lado del ordenador

Dos canarios, en el punto de mira de César González-Ruano

Martes, Febrero 25th, 2020

César González-Ruano (Madrid, 1903 – 1965) es una especie de rara avis en la España que le tocó vivir. Más escritor que periodista, periodista de columna, columnista, publicó en vida un libro de memorias un tanto desmemoriadas en el que ofrece retratos interesantes de personas a las que conoció y, otros, de personajes a las que dice que conoció.

En conjunto, estas supuestas memorias ofrecen un variado repertorio de protagonistas masculinos y femeninos con los que el escritor cocina un caldo a fuego lento que condimenta con observaciones afiladas e irónicas. Casi como si su pluma fuera el filo de una navaja.
En Mi medio siglo se confiesa a medias (Editorial Noguer, 1951) pone el ojo, entre otros personajes, en dos canarios ilustres. Uno escritor y el otro artista. Los dos vivieron fuera, uno en Madrid y el otro en París.

Los canarios que observa César González-Ruano son Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920) y Óscar Domínguez (San Cristóbal de La Laguna, 3 de enero de 1906 – París, 31 de diciembre de 1957).

A Benito Pérez Galdós ya lo había retratado el escritor y columnista en Siluetas de escritores contemporáneos. Del autor de Miau, escribe González-Ruano: “Galdós, con todos sus enormes valores que nadie le discute, debió de ser hombre poco escrupuloso con la sinceridad ni en la vida ni en la obra. Esto yo creo que con una mágica intuición lo notábamos los jóvenes. Don Pío Baroja –por cuya casa recientemente he ido con frecuencia– me contó hace poco (en 1950, desde luego) que él había comprobado que en varios pueblos que don Benito describe profusamente en sus Episodios, no había estado nunca. Pasando de una cosa a otra, con ese pintorequismo cazurro y estupendo que tiene la conversación de Baroja, me dijo después:

- Mire usted, Galdós tenía cosas de esas que no están bien… porque hablar con pelos y señales de un pueblo sin haber ido, pues no parece a mí que está bien, y lo de aquella muchacha de Santander, vamos, eso ni medio bien.

- ¿Qué es lo de la muchacha de Santander, don Pío?

- Pues que anduvo así como en amores con una señorita, y fue luego y la dejó plantada. La muchacha me enseñó a mí varias cartas de Galdós, y el muy tuno la decía cosas que ¡ya, ya! … Y luego va y la deja plantada. Eso no está bien… A Galdós no le interesaba más que Madrid”.

El resto del texto que dedica a Pérez Galdós continúa su labor desmitificadora pese a reconocer los “enormes valores” que reúne la obra el escritor canario. No obstante, finaliza su perfil narrando una anécdota que, supuestamente, le transmitió el también escritor y periodista Eugenio Montes, quien le cuenta, otra vez supuestamente, que “recién llegado a Madrid y teniendo muchos deseos de conocer a Galdós, iba un día con un amigo por la calle del Prado hacia el Ateneo, cuando le vieron venir muy despacio hacia ellos. Decidió Eugenio acercarse, y ya tenía en la mano en el sombrero y estaba a tres metros de él cuando salió de un portal una mujer de pueblo, guapa y castiza, que se puso en jarras delante de Galdós y dijo a gritos:

- ¡Ahí va la gloria nacional! ¡Menudo tío charrán es ese! ¡Me c… yo en la gloria nacional!”

El otro canario que conoció César González-Ruano fue Óscar Domínguez, con quien mantuvo una relación que parece de película y que alimenta el mito de golfos que tuvieron tanto el escritor madrileño como el artista canario en vida y después de muertos.

Tres años más viejo que el pintor, sí que pertenecían al mismo mundo.

En cuanto al artista escribe: “Domínguez, el canario, se encuentra a la misma latitud del surrealismo que del cubismo, lo cual, realmente, es peligroso, pero posible. En las telas de Domínguez hay dibujo y buen dibujo, y problema, pero le falta el color. Pinta con colores muertos. ¡Dios mío, el español más vital de París!”

De la mano del pintor, González-Ruano conoce a algunos surrealistas como Salvador Dalí y Paul Eluard y describe como tipo humano a Domínguez como “impresionante: enorme, con una cara que tiene el doble de proporciones que cualquier otra cara, gesticulante, agotados de alcoholes y de mujeres, incansable y sólo por tradición canaria, un poquito aplatanado, de forma y acento”.

Escribe con cariño distante su relación con el artista y cuenta alguna que otra anécdota más. En este aspecto, narra una muy divertida y jugosa con un coronel alemán en el París ocupado por los nazis que hacen de sus apreciaciones –probablemente más pegada a la ficción que a la realidad– un retrato humorístico pero nunca caricaturesco de Óscar Domínguez. Con Galdós es otra historia. En definitiva, dos perfiles de un escritor que tuvo algo de diletante pero que fue también un trabajador de la prosa, un contador de su tiempo.

Saludos, la vida es ansí, desde este lado del ordenador

Samir Delgado obtiene el Prix International de Littérature Antonio Machado 2020

Lunes, Febrero 24th, 2020

La edición anual del Premio Internacional de Literatura Antonio Machado que se convoca en la ciudad francesa de Collioure para homenajear a la figura del poeta Antonio Machado, ha sido otorgado este año a la obra poética La carta de Cambridge del autor canario Samir Delgado, residente en México.

La Fundación Antonio Machado ha dado a conocer el veredicto del jurado en el marco de las actividades de conmemoración del legado poético del poeta sevillano que se desarrollan cada febrero desde la creación del galardón literario en 1979. El premio consta de una cuantía económica y el reconocimiento del texto premiado que por segunda vez recae en un autor canario. En 2014 la autora Selena Millares resultó ganadora por la novela El faro y la noche. Las bases del certamen internacional contemplan la recepción de obras literarias de distintos géneros y en los idiomas francés, español y catalán.

Saludos, ¡felicidades!, desde este lado del ordenador

Los labios y la sed, un libro de Yves Namur

Martes, Febrero 4th, 2020

La colección Ministerio del Aire de Ediciones La Palma ha presentado recientemente una edición bilingüe (español y francés) de Los labios y la sed, del poeta belga Yves Namur. La traducción ha sido realizada por Clara Curell y José M. Oliver. El libro cuenta con un prólogo de Andrés Sánchez Robayna.

Yves Namur publicó su primer libro en 1971 y desde entonces cuenta con una apretada bibliografía en la que destaca su obra poética. El autor llega ahora al lector español de la mano de Ediciones La Palma.

El libro consta de dos partes, Un pájaro se posa en tus labios y Un pájaro se posa hoy en tus labios. Parte de la segunda sección fue escrita por el poeta en Costa Adeje.

En el prólogo, Andrés Sánchez Robayna destaca “la minuciosa traducción castellana de Clara Curell y José M. Oliver” y escribe a propósito del libro de Namur, “Si René Char había afirmado que Le poème es l’amour réalisé du désir demeuré désir (El poema es el amor realizado del deseo que permanece deseo), Yves Namur sabe por su parte que la sed se ha convertido en fuente. Fuente de la presencia, del amor, de la palabra recobrada, del deseo de ser. Experiencia de la continuidad, de la Unidad”.

Saludos, no hace frío, desde este lado del ordenador