Archive for the ‘Sin categoría’ Category

Palabra de Woody

Sábado, Junio 27th, 2020

“No me gusta la idea de que se premie obras de arte que no se realizan con un propósito competitivo sino para satisfacer un deseo artístico y, con suerte, entretener”.

(Woody Allen, A propósito de nada. Autobiografía. Traducción: Eduardo Hojman. Alianza Editorial, 2020)

Saludos, The Show Must Go On, desde este lado del ordenador

Ay, Santa Cruz

Miércoles, Junio 24th, 2020

El espacio que ocupa TEA Tenerife Espacio de las Artes fue antes un terreno en el que se hacinaban viviendas fabricadas con chatarra y madera. No sé la cantidad de gente que podía vivir allí pero seguro que no eran ni cinco ni seis sino muchos más.

Es una pena que las historias que se fraguaron en ese entorno, historias que no tienen que ser siempre dramáticas, se hayan perdido para la historia de esta capital de provincias tan rara ella pero tan cargada de relatos generosos como infames. Como la calle de Miraflores, el espacio que ocupa TEA albergó entre otros a mujeres que se dedicaban al oficio más viejo del mundo en unas condiciones deplorables y que mucho me temo no han mejorado con el paso del tiempo para las señoras que hacen la calle en el sentido estricto de la palabra.

Estos pensamientos me asaltan siempre que paseo por las proximidades de TEA Tenerife Espacio de las Artes. El edificio permanece y forma parte del entorno urbano –junto a la fantástica por colonial fachada del mercado de Nuestra Señora de África– como una pieza más del agradable feísmo que caracteriza a la ciudad en la que vivo.

Y sí, sí que es una lástima que TEA no se haya convertido en lo que tenía que haberse convertido hace años. No arranca, mucha carrocería para tan poco Fittipaldi al volante.

Estos pensamientos también me asaltan cuando estoy por las proximidades de TEA, un lugar donde últimamente me encuentro con un conocido de toda la vida, es decir, un tipo que conoces de vista pero que por saber, no sabes ni su nombre. Ese mismo tipo, que ya debe de tener sus añitos, nos detuvo a Kala y a mi la semana pasada justo debajo del arco de entrada del Mercado de Nuestra Señora de África para pedirme tabaco.

- Lo siento, no fumo.

Se quedó trabado mientras me ofrecía la cajetilla.

- Pero no sabe las ganas que tengo de fumarme uno. Mejor guárdese la caja.

El tipo recuperó poco a poco el color y me señaló TEA Tenerife Espacio de las Artes.

- Todo eso era antes chabolas de putas.- me soltó con un graznido. Me molestó no lo del graznido sino lo de chabolas de putas.

- Y usted qué sabe si ahí vivían putas…

- Lo sé porque estuve ahí dentro una vez.

El tipo, que ya digo debe de tener unos setenta años y no lleva boina, aguanta bien la edad que tiene. Se mantiene como un roble o, mejor, como un drago que diríamos aquí no vayan a ahorcarme por pinínsular .Tiene, eso sí, las espaldas un poco cargadas.

- Escúcheme.- me dijo apartándose la mascarilla mientras pedía fuego y un cigarrillo a un paseante con pintas de estudiante– Esta ciudad entonces era otra cosa- esperé a que dijera cristiano pero no lo dijo- y era más pequeña y todo el mundo se conocía.

- Sí que es verdad.- le di la razón porque aún recuerdo aquellos días convenientemente idealizados en la memoria en donde creía que conocía a casi todo Santa Cruz y casi todo Santa Cruz creía que me conocía. Me llegó un poco del humo de su cigarrillo y los recuerdos que creía muertos de mi adicción al tabaco volvieron a reaparecer aunque todo aquel humo me supo a ceniza.

- Si yo le contara.- dije.

El tipo se agachó con el fin de acariciar a Kala pero no hubo manera con la perrita.

- Es que muy tímida.- dije con una sonrisita.

El tipo se puso en pie, lo que aproveché para alejarme un metro más.

- Hay que mantener las distancias.- dije con la misma sonrisita.- El coronavirus.

El tipo se puso a reír pero no sé yo si con sinceridad.

- Todo esto eran chabolas de putas.- insistió entre salivazos.- Y aquí eran más baratas que las de Miraflores, me dijo Toño, un amigo con el que terminé una noche de verano aquí mismo tras bebernos todo lo bebible en los bares del chicharro.

Como sospeché que la historia iba para largo y aprovechando un oportuno tirón de Kala para irnos, hice que consultaba la hora en el reloj.

- Se me está haciendo tarde y me esperan en casa.- comencé a decir cuando el tipo dio un grito.

-Relájese, tolete, relájese.

Y el tolete no tuvo más remedio que relejarse.

- El amigo y yo nos fuimos con una andaluza que hacía la calle en la avenida de José Antonio a una de las chabolas que llevaba una señora con dos caniches que no paraban de ladrar. Una, dijo la vieja señalando a los perritos, se llamaba Rocío y la otra La Jurado. Los caniches daban vueltas sin dejar de dar esos ladriditos antipáticos que parecen de bocina. La vieja, muy pintada, las cogió en peso y nos mostró la barriguita de los dos animales que continuaban dando ladridos.

- Mira qué tetazas tienen las dos.- exclamó orgullosa y tan entusiasmada como una madre que exhibe a sus hijos.- Son tan grandes como las de Rocío Jurado. Y sí que eran grandes.- dijo el tipo dando una calada larga al cigarrillo.

- Recuerdo que el aire estaba cargado –continuó con su relato mientras Kala no dejaba de dar tirones a la correa–, esa humedad y ese calor que a veces ahoga a Santa Cruz. Más, como aquel día, con la peste que venía de la refinería. Tú que eres vecino estás graduado y sabes a lo que me refiero: ese olorcillo a huevos podridos que envenena el aire y calienta el ánimo. Toño, mi amigo, me miró y lo vi blanco como la cera. La andaluza cruzó el cuartucho y apartó una cortina.

- ¿Quién es el primero?.- preguntó.

Crucé una mirada con Toño y Toño conmigo. Su jeta de blanco pasó al amarillo pero justo cuando le iba a preguntar qué le pasaba soltó la pota, arrojó la cena –que había sido en el Puntero, por cierto– mal digerida y enterita en uno de los caniches, no sé si en Rocío o en La Jurado, que más que ladrar lo que hacía era pasarse la lengua por la cara para devorar algún tropezón del cherne que habíamos cenado.

El tipo escupió una risotada y sacudió la cabeza.

- ¿Y que sucedió?.- pregunté.

- La vieja y la andaluza comenzaron a dar gritos mientras nos echaban a patadas. Nos llamaron de todo, y nada fino. Yo, en el estrecho callejón intenté poner orden pero la andaluza que se metió en la casa salió con un cuchillo de carnicero mientras Toño y yo pusimos pies en polvorosa.

El tipo tiró la colilla al suelo y se frotó la barbilla.

- Qué tiempos, ¿verdad?

Kala volvió a tirar de la correa así que aproveché para despedirme. Cuando atravesaba el puente de Galcerán caí de pronto en que no le había preguntado cómo se llamaba el tipo… Pero qué más da, si me lo vuelvo a tropezar cruzaré los buenos días o tardes y los adioses de siempre.

El cielo estaba azul y hacía un sol de justicia.

Saludos, ay, ay, ay, desde este lado del ordenador

Encuentros en la tercera fase

Martes, Junio 9th, 2020

Estrenamos tercera fase para adentrarnos en la leeenta “nueva normalidad” que dicen y paseo por las ramblas de mi pequeña capital de provincias bajo un sol de justicia y un cielo azul que solo se ve por aquí que alegra el alma de cualquier mortal que se precie.

El rito es más o menos el de siempre. Mañana de paseo con Kala. Parada en el kiosco para comprar el pan y aprovechar unos segundos para mirar los titulares de las portadas de los periódicos. Rumbo al Viera y Clavijo, cada día más abandonado de la mano de los dioses para que la perra busque lagartos (ni se imaginan cómo se le iluminan los ojos cuando le digo que vamos a buscar lagartos) y luego de que rebusque entre las rocas sin demasiado éxito porque las lisas y las lagartijas se le escabuyen por entre las endiduras de las paredes, paseo al parque La Granja que, entre las obras que dificultan su acceso, aún cuenta con un pequeño reducto donde tumbarte en el césped a la sombra de un árbol y leer un poco de El conde Belisario, algún día rendiré homenaje a Robert Graves, escritor que sabe quitarme el aburrimiento mientras me da una lección de Historia, y vuelta a casa por otro camino que no es el de las ramblas sino el que baja por la avenida Islas Canarias hasta la calle de Salamanca, que atravieso con un nudo en el estómago cuando cruzo los multicines Price, la pastelería Soto, con una cola no demasiado extensa para comprar pasteles y más allá las carnicerías, la tienda de arreglo de ropa, la ferretería, los supermercados chinos para llegar a la calle del capitán Gómez Landero y contemplar la fachada de la vivienda donde residieron hace mucho tiempo mis abuelos. La casa ya no es la misma sino un moderno edificio de viviendas y la verdad es que de muy poco me acuerdo de cómo era entonces porque aún llevaba pantalones cortos y, probablemente, chupa.

Sí que recuerdo, no obstante, haber perdido un muñeco de Ursus (¿o era Goliat), el compañero de El Jabato o El capitán Trueno en el jardín y no descubrir jamás donde fue a parar aquella figurita que me llevaba a todos lados. Lo curioso del caso es que siempre he tenido la certeza de que algún día lo descubriría, que volvería a mi o mejor que volvería a él pero de momento es otro de esos sueños imposibles que uno lleva en la cabeza y que no quieren marcharse aunque te vayas haciendo más viejo.

Las ciudad recibe con entusiasmo la tercera fase porque veo más gente, la mayoría con mascarillas, y tráfico en las calles. Llego hasta el kiosco de La Paz y una vocecilla ronca de fumador me llama. Doy la vuelta con Kala tirando de la correa y me encuentro al mismo tipo que me encuentro casi siempre en la rambla con el que he establecido una amistad que consiste en saludarnos… Aunque el hombre, que cojea y que por eso lleva bastòn, me confunde siempre con otro.

- Señor juez.- me dice.- señor juez, buenos días.

- Buenos dìas.

A veces estoy tentado en decirle que no soy juez ni que estoy jubilado, que es otra palabra que utiliza cuando me saluda, pero qué más da, me alegra encontrármelo y decirnos estas cosas que como decía aquel se perderán como lágrimas en la lluvia pero que a mi, particularmente, me da sensación de que soy habitante de esta ciudad donde comienza a ser habitual ver ratas merodeando por los cubos de basura, gatos callejeros que comen los que le deja una anciana que solo compra arroz cuando me la encuentro en la cola del supermercado, y alguna que otra cucaracha despistada que sale de la boca de las alcantarillas. Y sí, no está la ciudad lo que se dice muy limpia. Si vivieran aquí les invitaría a que pasearan por algunos de sus barrancos. Uno de ellos, que la atraviesa como un cuchillo casi a la mitad, es territorio comanche repleto de basuras. El otro día recorrí un tramo con un amigo y mientras caminábamos observando las cuevas donde vive gente, los troglodietas de la Santa Cruz, miraba hacia arriba, con la perspectiva que da el contrapicado, otra realidad de esta reitero pequeña capital de provincias

Continuamos el paseo Kala y yo, estamos de regreso asi que son como la una de la tarde más o menos.

- Señor juez, señor juez…

Y vuelta a empezar.

¿Dónde voy?

A caaasa.

Encuentros en la tercera fase.

Saludos, íntimo, sincero, desde este lado del ordenador.

Espacio Bronzo presenta la exposición El cuerpo infinito de Ana Lilia Martín, en las redes sociales

Martes, Abril 7th, 2020

Espacio Bronzo presenta a través de Internet la exposición El cuerpo infinito, de Ana Lilia Martín a partir de este martes, 7 de abril. Así, el público tendrá la oportunidad de conocer la propuesta de la escultora palmera a través de los sitios de la sala lagunera en las redes sociales Facebook, Instagram, Youtube y Twitter. La iniciativa pretende mantener viva la exposición al tiempo que constituye una colaboración con la ciudadanía, ya que aspira a facilitar el disfrute del arte en estos difíciles tiempos de confinamiento.

De esta manera, el equipo de Esculturas Bronzo, la artista, Ana Lilia Martín, los poetas que colaboran en la exposición y en el catálogo de El cuerpo infinitoCecilia Domínguez Luis, Félix Hormiga
y Roberto Toledo Palliser–, y, en algunos casos, el fotógrafo Raúl Santana unen esfuerzos para sumarse a las campañas #yomequedoencasa y #arteencasa.

La iniciativa ofrece al público imágenes estáticas de la obra montadas en vídeos de corta duración y realizados a propósito con un formato y una estética casera. Los poemas en las voces de sus autores, Cecilia Domínguez Luis, Félix Hormiga y Roberto Toledo Palliser, sirven de sugerente soporte sonoro a la muestra de las fotos –muchas de ellas, obtenidas de manera urgente con un teléfono móvil antes del cierre de la sala, aunque en alguna ocasión se ha recurrido a las fotos de Raúl Santana realizadas para el catálogo–.

Se trata de más de 20 videos muy cortos a los que se suman otros dos, unos minutos más largos, a cargo de Ana Lilia Martín, quien presenta dos introducciones a la exposición; la primera, con un texto descriptivo y la segunda, con referencias sutiles en las que sugiere ciertas claves al público, como una invitación y un estímulo para que aborde las piezas con el afán de apropiarse de ellas y desentrañar emociones y significados.

“Hemos escogido este formato casero y de urgencia para diferenciarlo plenamente de la exposición; queremos que el público se acerque a la propuesta de Ana Lilia Martín en este momento de confinamiento, pero también lo invitamos a que visite la sala en cuanto se superen las limitaciones de movimiento, porque la experiencia del contacto con la condición material de cada pieza es insustituible”, explica Ventura Alemán, portavoz de Esculturas Bronzo.

Igualmente, Espacio Bronzo prevé convocar al público cuando así sea posible para la presentación del “maravilloso catálogo elaborado por Ana Lilia Martín, con los poemas de Domínguez Luis, Hormiga y Toledo Palliser y las fotos de Santana; será una buena manera de entrar de nuevo a una vida que sabemos que será diferente a lo conocido y que va a requerir mucho del arte y la cultura en general, como ya estamos viviendo en estos momentos de cuarentena”, añade Alemán.

En El cuerpo infinito, la escultora palmera desarrolla su indagación sobre el cuerpo humano con 26 piezas realizadas en diferentes materiales –gres, resina, pasta de arcilla…– y una instalación de dibujo sobre papel vegetal. Se trata de modelados del cuerpo humano, como es tradicional en la trayectoria de la escultora, que siempre ha trabajado sobre este motivo. En esta ocasión, las obras siguen la línea desarrollada por Martín más recientemente, un trabajo mixto o de simbiosis entre el cuerpo y la naturaleza, por lo que las piezas semejan híbridos entre humanos y elementos vegetales u objetos encontrados.

“La creación de Ana Lilia emana de la experimentación, la búsqueda de lo humano en franca y profunda relación con otros materiales, vegetales o no orgánicos, una relación umbilicada, un reparto de vida que actúa sobre la suma”, asegura Félix Hormiga en uno de los textos que acompañan al catálogo de la exposición. Hormiga se refiere a las piezas de El cuerpo infinito como “el nacimiento de una nueva primavera”.

A propósito de la propuesta de Martín, el crítico destaca que “el ser humano puede sentir el viento de otra manera, por el mover de las hojas o el campanil de los pistilos de una flor que, de manera determinante, es él. Y él y el árbol, o lo que partiera del holismo creador de Ana Lilia, son un único ser, comparten un mismo latido y el flujo de la sangre y la savia que recorren esa entidad nueva en la que se han convertido”. Así, ante la mirada del público, “el mundo cambia, de igual manera que ha cambiado la realidad para estos nuevos seres”.

“Aprender a pronunciarnos sin palabras es la odisea que nos propone Ana Lilia Martín”, apunta en el mismo catálogo Roberto Toledo Palliser, quien refiere también esta otra propuesta de la escultora: “transformar la mirada o el tacto en ensoñaciones que narran el vuelo silencioso del espíritu en busca de un cielo que sostenga sus alas, no con la invocación de las palabras, sino con las potencias de su arte creativo, esculturas surrealistas que acarician nuestro inconsciente, invitándonos a transitar lo onírico para recuperar, como en la infancia, el agua de la vida”.

A juicio de Cecilia Domínguez Luis, las esculturas de Ana Lilia Martín obligan al público a “imaginar, a reconstruir el resto, a partir de nuestra propia concepción de la naturaleza humana”, de forma que la autora “nos invita a detenernos ante ellas y a reflexionar sobre nosotros mismos. La escultora apuesta por una mirada que nos desnuda y, al mismo tiempo, nos confirma en la vida, que se convierte en esperanza de futuro en esas mujeres embarazadas, en esas cabezas de las que surge un mundo vegetal: ramas, hojas, flores. Todo un anuncio, una promesa de un renacer”.

Saludos, ya lo sabe, güeys, desde este lado del ordenador

La Academia Canaria de la Lengua se divierte con las ‘Palabras nuestras’

Lunes, Abril 6th, 2020

El año pasado y con motivo de la celebración del XX Aniversario de la Academia Canaria de la Lengua (ACL) se publicó un libro, Palabras nuestras, en el que un total de 29 escritores y profesores reflexionaban sobre una palabra en particular del amplio y rico acervo de voces canarias. A estas voces se intentaba rendir homenaje con esta publicación que, mucho me temo, pasó igual de desapercibida que otros actos de la ACL, cuestión que la institución debería de analizar si quiere formar parte de la sociedad en la que vive.

De los 29 escritores que participaron en esta feliz iniciativa ya no está con nosotros José Carlos Cataño aunque sí que continúan en activo el resto de las 28 firmas que recoge un volumen que cuenta con ilustraciones de Patricia Delgado de la Rosa.

El libro se abre con unas palabras preliminares del actual presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, quien apunta que “el habla de los habitantes de las Islas, nuestra forma de comunicarnos, está más cerca del español de América que de cualquier otra modalidad lingüística peninsular”. Sea verdad o no, y reclamando otras maneras de mirar a la ACL, es urgente que tras estos días de confinamiento la institución se plantee nuevas fórmulas para llegar a una sociedad que prácticamente no sabe de su existencia y animarla a que sea éste y no otro su plan de objetivos prioritarios en el momento que hablar del Covid-19 sea cosa de un lejano y molesto pasado.

El presidente de la Academia Canaria de la Lengua, Humberto Hernández escribe en el prólogo que una de las razones que motivaron su publicación se debió a que por una vez se permitieron “la licencia de expresar lo que nuestras palabras nos sugieren”. Y así hicieron los profesores y escritores que recogieron el guante y que participaron con sus textos y sus palabras canarias en un volumen que resulta simpático, entrañable en muchas ocasiones y que sin caer demasiado en el sentimentalismo descubre y en otros casos redescubre términos que están desapareciendo en el archipiélago.

Si hay algo que hecho en falta de este trabajo es más sentido del humor en los artículos aunque se agradece en otros el carácter nostálgico que empapa a estos textos.

A continuación se mencionan las palabras y los autores que escribieron sobre cada una de ellas en un volumen que estaba llamado a tener mayor recorrido que el que obtuvo a finales del año pasado e inicios del que llevamos en curso. Ojalá que estas líneas sirvan para que en lo queda de 2020 y tras el angustioso paréntesis que ha supuesto la expansión del coronavirus llegue a más lectores y los ejemplares no se queden olvidados en cajas de cartón.

Abobancado (Ángel Sánchez); Alongarse (José Carlos Cataño); Aquellar (Antonio González Viétez); Arretranco (Víctor Ramírez); Beletén (Manuel Lobo Cabrera); Bichorno (Juan Cruz Ruiz); Chilín (Juan José Bacallado Aránega); Chirrimil (Marcial Morera); Coñobobo (Carmen Díaz Alayón); Empalambrarse (Gonzalo Ortega Ojeda); Faicán (Manuel de Paz); Fleje (Juan Manuel Pérez Vigaray); Folelé (Humberto Hernández); Gofio (Oswaldo Guerra Sánchez); Goro (Antonio Machado), Higo pico (Antonio Lorenzo); Jacío (Yolanda Arencibia); Jeito (Eugenio Padorno); Lajial (Sabas Martín); Machango (Nilo Palenzuela); Magua (Yeray Rodríguez Quintana); Maleta (José Antonio Sámper Padilla); Maresía (Manuel Torres Stinga); Moledo (José Antonio Martín Corujo); Nailas (Alicia Llarena); Orijama, orejama (Wolfredo Wildpret de la Torre); Perenquén (Cecilia Domínguez Luis); Tonga (Francisco Mayor Suárez) y Vidriago (Juan Manuel García Ramos).

Como sucede en textos colectivos como el presente, hay voces que están mejor que otras y ante la abrumadora presencia de profesores, cabe destacar que varios de los textos se decantan en el estudio de la palabra, algunos realmente interesantes.
Los escritores que colaboran en Palabras nuestras aportan por otro lado imaginación y algo de frescura al conjunto general. Escribieron sobre las voces que, libremente, escogieron lo que resta de seriedad y lustre académico a lo que nació, como asegura Humberto Hernández en el prólogo del libro, una licencia de la ACL. Una forma de soltarse la melena y llegar –la ocasión lo requería, el XX Aniversario– a más público del que suele llegar.

El volumen contó con una subvención del Gobierno de Canarias y es una lástima, se insiste, que pasara tan desapercibido porque aporta una perspectiva novedosa con la que observar unas palabras que organismos como la ACL intentan que no desaparezcan del vocabulario de los canarios. Por ello y pese a que la tónica general no resulte demasiado regular, Palabras nuestras merece más reconocimiento del que tuvo en su momento y un mayor alcance entre sus lectores potenciales.

Divertimentos así son los que aproximan y no alejan una institución que, como la Academia Canaria de la Lengua, nació para promover y aproximar “el estudio y la descripción de nuestra modalidad lingüística”.

Saludos, a la espera de que repitan iniciativa con más gracia, desde este lado del ordenador

Un viaje a ninguna parte

Miércoles, Marzo 4th, 2020

El programa para la promoción y difusión de cortometrajes canarios Canarias en corto celebra este año su 14 edición, una iniciativa que ya cuenta con suficientes ediciones para que sus resultados sean analizados. También la de mejorar y tener claro qué es lo que pretende. Cuáles son sus objetivos.

Alcanzada la mayoría de edad, Canarias en corto no termina sin embargo de brindar una mirada objetiva sobre este formato en Canarias aunque cuenta con ediciones precedentes que, como la 14, sorprenden para bien y para mal.

El teatro La Granja situado en las Casa de la Cultura en Santa Cruz de Tenerife acogió el pasado 14 de febrero el estreno de las siete piezas que componen este año el catálogo Canarias en corto. Se tratan de una serie de películas rodadas el año pasado pero que comienzan su vida cinematográfica en 2020.

Las butacas del teatro La Granja estaban relativamente ocupadas por un público predispuesto a ver lo que le echaran y, la verdad, había que tener cuerpo y alma para contemplar lo que allí se mostró. Y no por la calidad de los cortos seleccionados, siete, como siete son –o eran, que ya no sé– las islas Canarias, todos ellos elogiables en cuanto a técnica y profesionalidad pero muy irregulares en sus apuestas por contar algo.

En este aspecto y salvo alguna honrosa excepción, los trabajos del catálogo 2020 coinciden por resultar atípicos. Junto a la acostumbrada tendencia de sorprender con aparentes ejercicios cinematográficos “de autor”, esta edición no termina de tomar el pulso del cortometraje en Canarias porque olvida, a veces, que se trata precisamente de mostrar de qué va –o creía que iba– Canarias en corto.

Un error a corregir en próximas ediciones es conocer y entender qué es lo que pretende ser esta iniciativa. No se dice por los estilos y géneros en los que puedan encasillarse los cortos que, afortunadamente, suelen ser variado pero sí para evitar lo que ha pasado con el catálogo 2020: de los siete cortometrajes seleccionados cinco, y se dice pronto cinco, están rodados en geografías que no tienen nada que ver con Canarias. No critico que estas cinco piezas (Fuera de juego, Las Grietas, Grieta, Selfie y Los espacios confinados) se hayan realizado fuera y si bien reconozco su diversidad y que estén bien resueltos técnicamente es evidente que están muy alejados de este territorio lo que les resta compromiso y genera desconcierto. Más si tenemos en cuenta que este catálogo es una iniciativa del Gobierno de Canarias para promocionar cortos canarios y si bien –debe de constar– no se tenga la urgencia de que sean rodados aquí que cinco, de un paquete de siete, no tengan nada que ver con las islas me parece insólito y de paso una cachetada a los que realizan cortos aquí, con actores de aquí para contar unas historias que se desarrollen o no aquí.

Los cinco cortos de fuera se dejan ver. Uno está rodado en un pequeño pueblo chileno, otro en Barcelona y otro más en Madrid pero salvo que haya algún canario por ahí, que debe de haberlo, poco de aquí tienen estas cinco piezas. Una de ellas, Selfie, fue rodada en una ciudad estadounidense y la firma la única mujer del catálogo de este año, Nayra Sanz Fuentes.

En conjunto, el resultado final de Canarias en corto 2020 resulta bastante desigual y no por las temáticas, afortunadamente dispares como ha venido ocurriendo en otras ediciones.

Al margen de que algunos de los cortos cuenten con buenos actores y técnicamente resulten sobresalientes, se producen en ocasiones coincidencias en títulos y en contar con oficio historias familiares. En dos de los cortos, Grietas, de Alberto Gross Molo y Las grietas, de Valentino Raffaele Sandoli, los más formales en cuanto a sus pretensiones de narrar una historia se refiere, uno se queda con la idea de que más que cortos son parte de un proyecto mayor, un largometraje.

En otros casos se busca la complicidad del espectador. En Selfie, por ejemplo, se observa una plaza en plano fijo y se escucha una voz en off y en inglés, por cierto. La propuesta, que resulta atrevida termina por agotarse a los pocos minutos.

La sesión se inició con los dos únicos cortos rodados y protagonizados por actores de las islas: Zapato roto y Océano, de Domingo de Luis y Fernando García-Moreno, respectivamente.

Se tratan de dos trabajos con finales abiertos. El primero con un tono rural interesante cuya historia no termina de estar bien atada y el segundo, bajo paisaje urbano, cuenta cómo pasa la vida una joven anclada en la nada cotidiana.

Entiendo Los espacios confinados como un reto fallido y de alto contenido canario (esto es una broma). Lo firma un tal Razzak^Ukrainitz, quien plantea una reflexión animada de dos de las tres grandes religiones monoteístas del planeta: la judía y la musulmana. Se mezcla imagen real con la dibujada y en ella no hay individuos sino masas. Quizá sea la cinta que más me agradó de este catálogo porque no es fácil lo que aspira a mostrar un cineasta que termina por perderse en ese gigantesco laberinto.

Fuera de campo de Pablo Vilas Delgado es un bonita película sobre lo que rodea a un partido de fútbol de cuarta regional en cualquier aldea remota de Chile. Llama la atención, primero porque no hay voz explicativa en off y segundo porque parece que el relato fluye espontáneamente. Nada nuevo bajo el sol, aunque quizá si se hubiese hecho en Canarias sería otra cosa siendo lo mismo. El corto se sigue con interés pero se hace largo y repetitivo por su aire pastoril.

A modo de conclusión Canarias en corto 2020 tiene miga, aunque sea una miga con tropezones. Y sí, se trata de uno de los catálogos más cuquis y popis pero también distantes y ajenos de los que se han visto hasta la fecha. Un viaje, en definitiva, a ninguna parte por lo que se agradecería menos “profundidad” y más claridad en futuras ediciones.

Saludos, todo cambia para que no cambie nada, desde este lado del ordenador