Archive for the ‘Sin categoría’ Category

Adaptaciones al cine de novelas canarias

Martes, Junio 18th, 2019

El cine que se hace en Canarias cuenta entre otras curiosidades con las adaptaciones de novelas escritas en las islas pero no son todavía muchas. En este artículo no se pretende enumerar todas las que se han realizado hasta la fecha pero sí algunos títulos que, a raíz del estreno de La estrategia del pequinés, trae a la actualidad la posibilidad de explotar cine y literatura por las sinergias que arropa y el diálogo que establece entre dos mundos aparentemente diferenciados pero que se retroalimentan cuando se unen.

En la relación que se expone a continuación hemos eliminado por razones de criterio La niebla y la doncella, de Andrés M. Koppel porque adapta una novela que se desarrolla en el Archipiélago, en concreto La Gomera, pero no está basada en una novela escrita por un autor de las islas y se han obviado los documentales de Miguel G. Morales Los mares petrificados, sobre Domingo López Torres y Una luz en la isla. Domingo Pérez Minik. Tampoco se reseñan Fetasianos, el laberinto habitado y Ella (s), ambas de David Baute, en torno al grupo literario tinerfeño y la escritora Mercedes Pinto, entre otros.

Comenzamos este viaje con una película que si bien no está basada en una novela sí que lo está en una zarzuela, La hija del Mestre, de Santiago Tejera Ossavarry y que fue llevada al cine en 1928 por Francisco González González y Carlos Luis Monzón. La película, que no rinde justicia a la pieza original porque es silente, está considerada como el segundo largometraje de ficción rodado en Canarias por un equipo canario. Dos años antes y en Tenerife ya se había comenzado a tantear las posibilidades del todavía nuevo arte con El ladrón de los guantes blancos (José González Rivero y Romualdo García de Paredes) que hace pasar los paisajes de Tenerife como británicos.

La segunda adaptación que tenemos registrada de un texto canario es Tirma (Paolo Moffa y Carlos Serrano de Osma, 1954) un filme que se basa en la obra teatral del mismo título de Juan del Río Ayala y que podría considerarse como la primera producción que se desarrolla en los tiempos de la conquista allá por el siglo XV. El filme, una coproducción hispano italiana, está interpretada por Silvana Pampanini, Marcello Mastroianni y Gustavo Rojo y cuenta el romance entre una princesa canaria con un joven europeo.

Marcello Mastroianni recordaba en su libro de memorias Sí, ya me acuerdo… (Ediciones B, 1997):

“Luego hice algo también exótico: Cuando suena el tam-tam (Tam Tam Mayumbe), en África, en El Congo y, ah, Tirma (La principessa delle Canarie), con la simpática Silvana Pampanini. Silvana parecía una piel roja. Todas las mañanas llegaba vestida y maquillada, y le preguntaba al director, Paolo Moffa (que se convirtió en director porque había echado al director español):

– Paolo, ¿estoy regia?
– ¡Sí, sí! – decía Moffa.

Pasé dos o tres meses en las Islas Canarias, en verano, embutido en un traje de Cristóbal Colón. Siempre he tenido las piernas delgadas, así que tenía que ponerme también esos pantalones tan ceñidos de terciopelo que llegan hasta medio muslo. ¡Hacía un calor infernal!.”

En los años setenta y con un guión basado en el poema escrito por Alonso Quesada, La umbría, Pepe Dámaso ofrece una personal visión de la obra sin descuidar la forma y el fondo del texto original, que cuenta la historia de una familia acuciada por la tuberculosis, la muerte y los espectros de sus antepasados en una casona del Valle de Agaete a principios del siglo XX.

Jorge Lozano, en La Palma rueda La pared de Roberto (1977), inspirada en una leyenda popular recogida en la prensa palmera del siglo XIX por Antonio Rodríguez López y Elías Santos Abreu, que inicia una nueva etapa en la filmografía del director bajo el nombre de Cuentos y leyendas de La Palma que engloba además El salto del enamorado (1979) y Aysouragan (Lugar donde la gente se heló), de 1981.

Al margen de estas dos producciones, si hay una novela canaria llevada al cine que esperaba romper con todas las expectativas fue Mararía (Antonio Betancor, 1998), una discutida adaptación de la ya canónica novela de Rafael Arozarena cuyo proyecto lo puso en marcha primero el colectivo Yaiza Borges barajando a Jaime Chávarri como director y con guión de Lola Salvador, hasta el resultado final, una producción de Andrés Santana con música de Pedro Guerra y un reparto internacional en el que figuraban Goya Toledo, Carmelo Gómez, Ian Glenn, Mirta Ibarra y José Manuel Cervino, según un guión escrito por Carlos Álvarez y Antonio Betancor.

En dibujos animados destaca en 1977 el episodio piloto de la serie de animación El chou de Cho-Juaá, basado en los personajes humorísticos de Eduardo Millares Sall y que en los años noventa se materializaría como serie de trece episodios bajo la dirección de Ramón Saldías y La historia de Canarias, en cuyo guión participaron historiadores de las dos universidades del archipiélago.

Dejando a un lado el mundo de la animación, en 2007 se estrena La caja, de Juan Carlos Falcón, una película basada en la novela Nos dejaron el muerto de Víctor Ramírez y en 2016 La punta del iceberg (David Cánovas) que adapta la obra de teatro del mismo nombre de Antonio Tabares.

Josep Vilageliú, uno de los cineastas de la resistencia del cine canario desde los setenta, es el director de otra adaptación, esta vez sí de una novela: No te mentiré, de la escritora y periodista Doris Martínez mientras que Aurelio Carnero adapta el relato de José Santiesteban Suena el destino, digo el teléfono, ¿lo coges?. A esta nómina se suma ahora La estrategia del pequinés, de Elio Quiroga según la novela de Alexis Ravelo.

Se han quedado en proyectos adaptaciones largamente anunciadas como Las espiritistas de Telde, una novela de Luis León Barreto, convertir en serie las andanzas de José García Gago y Ricardo Blanco, personajes creados respectivamente por Antonio Lozano y José Luis Correa, versionar Un camino a través del infierno de Javier Hernández Velázquez, Las flores no sangran, de Alexis Ravelo y Villa Melpópene, una novela de Santiago Gil que recrea la estancia del músico Camille Saint-Saëns en Gran Canaria.

Sañidos, mañana será otro día, desde este lado del ordenador
Saludos, ¿continuará?…, desde este lado del ordenador

La ceguera del cangrejo, una novela de Alexis Ravelo

Lunes, Junio 3rd, 2019

“No tardaron ni cinco minutos en preguntarle si era canarión. Y él aprovechó para decir que sí, que lo era, pero que tenía familia en Lanzarote, los hermanos de su madre, y que precisamente allí, en Viéitez, se suponía que seguía viviendo un primo de ella. A los viejos se les dilataron las pupilas, como se le dilatan siempre a todo anciano de provincias cuando tiene la oportunidad de descubrir un parentesco”.

(La ceguera del cangrejo, Alexis Ravelo, Siruela Policíaca, Siruela, 2019)

La corrupción urbanística en una isla como Lanzarote y la arrolladora personalidad de un artista como César Manrique son los ejes a través de los cuales gira La ceguera del cangrejo (Siruela, 2019), una nueva novela de Alexis Ravelo quien tras el experimento literario de La otra vida de Ned Blackbird y su incursión en la novela histórica vertiente Guerra Civil en Canarias con Los milagros prohibidos, las dos editadas también por Siruela, regresa a los territorios de la novela negra y criminal en el que el autor ocupa un destacado espacio entre los escritores del género en España.

ConLa ceguera del cangrejo Ravelo además de nadar en aguas que conoce, describe el fascinante y arrollador paisaje de la isla en el que late en cada roca, en cada volcán, el corazón de César Manrique, artista que está presente en toda la novela en carne y espíritu porque fue el gran transformador y defensor de la naturaleza agreste de Lanzarote, una tierra donde todo el mundo se conoce y se reconoce con motes y cuyos habitantes desde tiempos ya perdidos en la memoria se han adaptado las dificultades del paisaje para sobrevivir.

La isla que recorre Ángel Fuentes, el protagonista del libro, un militar que investiga la muerte ¿casual?, ¿suicidio?, ¿asesinato?, de su novia, Olga Herrera mientras recogía información para escribir una biografía de Manrique, empapa la piel de Fuentes y Ravelo y resulta clave para aceptar el juego que propone el escritor, quien va más allá del misterio para relatar el itinerario interior y exterior que emprende su protagonista por la isla mientras rastrea las huellas de su compañera que a su vez investigaba la vida de César Manrique.
Alrededor del protagonista se mueve una pléyade de personajes lo suficientemente sólidos para armar una historia que, como en otras novelas de Ravelo, va más allá de lo policial para meter la pezuña en las entrañas de los poderes que gobiernan una isla que, como todas las que conforman el archipiélago, funciona con sus idas y venidas en su pequeño y variado universo.

Entre las muchas y gratas sorpresas de esta novela está volver a encontrar la capacidad que tiene Ravelo para engarzar todos estos elementos: personajes, Lanzarote, César Manrique y, al mismo tiempo, dotarlos de una consistencia que los hace reales..
Alexis Ravelo demuestra también con esta novela que se puede mirar a la historia de Canarias como material literario. También la de algunos de sus hijos más ilustres, aquellos que desde la trinchera de la cultura hicieron el suficiente ruido como para trascender las fronteras isleñas aunque en su tierra sean pocos los que se acuerden de ellos. No es el caso de César Manrique, de quien se celebra este año el centenario de su nacimiento, lo que hace más oportuno si cabe un libro que, además de contar una historia, sirve de homenaje al artista.

En cuanto al protagonista, Ángel Fuentes, es inevitable que recuerde a un Eladio Monroy más joven ya que sus prontos y arranques de violencia –y despliega varios en la novela– evocan al del investigador grancanario que reside en la calle Murga. Fuentes, no obstante, se distancia de él en su busca de respuestas, respuestas que den una solución a la muerte de Olga Herrera mientras reconstruye sus últimas semanas de vida. Al mismo tiempo, conoce a la gente con las que ella se relacionó en Lanzarote y se reencuentra con un viejo compañero de armas.

La ceguera del cangrejo brinda también un personal retrato de la isla visto a través de los ojos de otro isleño y muestra durante su recorrido por las distintas realidades que viven en Lanzarote, una agradecida mirada y una notable capacidad para meterse en todos lados.

Con este libro Ravelo explora nuevas posibilidades en un género que está más vivo que nunca, por lo que más que ser una novela negra es una historia de amor con fantasma, César Manrique, en el paisaje volcánico de una isla que atrapa a quien decida conocerla si huye del cartón piedra de las zonas turísticas, esos gigantescos depredadores del territorio.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador

Concurso de guiones

Martes, Mayo 14th, 2019

La Universidad de La Laguna abre la convocatoria del XXIV Certamen Internacional de Guiones Cinematográficos de Cortometrajes 2019. Para más información pincha aquí.

Saludos, más breve imposible, desde este lado del ordenador.

María Elvira Roca: “Hace falta contar otra Historia de España”

Martes, Mayo 7th, 2019

María Elvira Roca Barea (Málaga, 1966) ha conseguido con su libro Imperiofobia y la leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español un hito en este país al llevar vendidos hasta la fecha más de cien mil ejemplares. La obra propone una vuelta a lo que hasta este momento se estudia y se aprende sobre la Historia de España, un relato, afirma, que lleva reproduciendo palabra por palabra y argumento por argumento lo escrito anteriormente por franceses e ingleses lo que explica, dice la historiadora, que temas tan candentes y polémicos como la leyenda negra sean ahora reinterpretados por los historiadores desde una perspectiva actual. Ha llegado la hora de “sacudir las alfombras”.

María Elvira Roca Barea estuvo recientemente en Tenerife para impartir la conferencia Martín Lutero y su mundo, título de una exposición en la que colaboró el Gobierno de Canarias y que hasta ayer, sábado, pudo verse en la sala Joaquín Amigó del Real Casino de Tenerife.

- Imperiofobia y la leyenda negra va ya por las 26 edición, más de cien mil ejemplares vendidos, ¿cómo explica el éxito de un libro de estas características en España?

“Esa es una pregunta que le planteo a la gente porque lo veo desde dentro y no termino de encontrarle una explicación. No lo sé, tengo hecho un repertorio de explicaciones y unas me dicen que porque el libro se lee bien y otras porque responde un poco a algo que siempre sospecharon y es que todo no pudo ser tan malo y le confirma que todavía queda algo por contar”.

- En el libro repasa el imperio Romano, el Ruso, el Norteamericano y el Español, ¿por qué?

“Porque era necesario explicar el fenómeno de la imperiofobia antes de entender qué fue la leyenda negra y para hacerlo necesitaba de cierto armazón conceptual teórico previo ya que no se puede entender la leyenda negra si no se conocen otros fenómenos semejantes. Simple y llanamente parece que no tiene parangón, que no hay ningún fenómeno como éste en la historia occidental. Era importante explicar que esa razón y reacción contra los imperios se trataba de un fenómeno universal. Lo que sucede es que la gente cree que en Europa occidental han habido muchos imperios pero no es cierto: solo hubo un imperio que fue el español. Han habido otros fenómenos de expansión pero eso no es un imperio”.

- ¿Y qué entiende usted por imperio?

“La consolidación de una situación hegemónica que dura siglos aunque tiene otras características fundamentales a mi modo de entender como el mestizaje, que engendra una realidad que es nueva porque no existe previamente y el mundo no vuelve a ser el mismo. Ahí está el imperio Romano y es igual en el caso del imperio Español por lo que tenía que ubicarlo al lado de otros imperios de naturaleza semejante y no de cualquier clase de expansión europea porque desenfocaba completamente el fenómeno”.

- ¿Se conoce dónde y cuándo nace la leyenda negra?

“Es un proceso larguísimo de, digamos, decantación. Empieza a manifestarse en Italia porque la primera expansión imperial española es aragonesa y se hace en el Mediterráneo. Se produce durante el Quattrocento cuando los humanistas italianos comienzan a decir que los españoles son malos cristianos, marranos, que son un pueblo de bárbaros. A principios del siglo XVI aparece el factor religioso que es cuando la hispanofobia cobra un carácter nuevo con las guerra santas. Es un momento en el que los españoles se transforman en los demonios del mediodía, que es la expresión que se usaba popularmente al referirse a Felipe II y por extensión a todos los españoles. Las honduras del componente religioso en la hispanofobia son muy profunda en la Europa occidental y luego nos encontramos ya en el siglo XVIII con una versión muy vinculada a los franceses y en la que los españoles no son marranos ni bárbaros en el sentido de godos, que es como los franceses concebían a los españoles: un individuo de sangre impura. Esa idea se trasmuta de la época de los conflictos religiosos al siglo XVIII como el español ignorante y antilustrado. Es decir, propaga la idea de que España no ha tenido cultura, ni ciencia y se va dando una visión de los españoles como el gran malo de Europa occidental durante su etapa hegemónica aunque cuando deja de existir esa hegemonía el fenómeno permanece porque esta escrito en los mitos fundamentales de las grandes naciones europeas y en algunas religiones”.

- La sensación es que en España pesa mucho todavía esa piedra que se llama la leyenda negra.

“Cuando se produce el cambio de dinastía en España durante el siglo XVIII, la cultura francesa se convierte en la gran ventana en la que los españoles ven el mundo y, por imitación, lo que en aquel momento es el estilo cortesano, el de la corte. España tiene afrancesados, ningún país de Europa tiene afrancesados y sí ilustrados. Lo de afrancesado tiene además una especial categoría intelectual por lo que a partir de la primera oleada de intelectuales españoles que imitan en todo a los franceses, también reproducen su sentido de la hispanofobia con el que denigran a su propio país”.

- A raíz de su libro parece que en España los lectores comienzan a demandar a que se cuente su Historia de otra manera por lo que da también la sensación de que esos lectores comienzan a plantearse la leyenda negra de otra manera.

“Creo que algo se mueve pero si cuaja en una corriente histórica no es trabajo de una sola persona. Hay que fabricar otra casa para tener una nueva. La Historia de España no ha sido contada desde dentro sino que está copiada de la de los franceses e ingleses. Hemos reproducido sus tópicos con asuntos relacionados con España como, por ejemplo, la derrota de la Armada Invencible que para los españoles no es tan importante como para los ingleses y se le presta menos atención a la victoria que sí obtuvo contra los ingleses en Cartagena de Indias. Hemos estudiado aquellos hechos que fueron importantes y significativos para los franceses e ingleses en función de sus egos y de sus necesidades nacionales en contraposición con las nuestras. En este sentido, hay que escribir una Historia de España desde un ángulo completamente diferente, lo que está por hacer y que no es tarea para una sola persona sino de varias generaciones de historiadores para que seamos capaces de levantar las alfombras y sacar los muertos de los armarios y quitar las telarañas de las lámparas. Yo he enseñado solo la punta del iceberg. Se tiene que escribir también una historia religiosa en Europa occidental para poner en su sitio a la Inquisición, que no es el peor ni el más grave fenómeno religioso de occidente”.

- Y según usted, ¿cuál fue el más grave?

“Está por escribir una historia religiosa de la Europa occidental aunque por citar solo un dato murieron más personas en la Noche de San Bartolomé que a manos de la Inquisición a lo largo de toda su historia pero claro, ¿quién va a escribir una historia de la intolerancia religiosa en Europa?”

- Usted defiende que los españoles no son cainitas.

“Lo he dicho muchas veces, los españoles no son cainitas, o más cainitas que otros pueblos. En este país hemos tenido pocos enfrentamientos si lo comparamos con las guerras civiles que se producen en Francia a lo largo del siglo XIX, que son constantes. O la Revolución Francesa, en el XVIII. El lado positivo de la Inquisición es que sometía a sistema y a juicio de delito la intolerancia religiosa. El médico forense es una creación de la Inquisición”.

- En este país se puso de moda durante unos años leer Historia de España escrita por historiadores británicos porque parecían más objetivos, sobre todo en temas como la Guerra Civil que estalla en julio de 1936.

“Esa tendencia viene de atrás. En el siglo XVIII ocupa el poder en España una nueva dinastía lo que lleva aparejado un cierto desconocimiento. Sin embargo, si bien cuando llegaron los Habsburgos tuvieron que enfrentarse a la Rebelión de los Comuneros, la nueva dinastía que reina en el XVIII, los Borbones, sí que es enemiga mortal de los Habsburgos. Cuando los borbones reinan en España consideraban a la anterior casa real un enemigo secular desde hacía dos siglos y eso tuvo que producir un enorme desajuste porque cuando desaparece el período Habsburgo estos dejan de existir y no se escribe en España una historia sobre ellos a lo largo de un siglo aunque sí que hay biografías de Carlos I y Felipe II publicadas esos años en Francia e Inglaterra”.

-Recientemente ha publicado Seis relatos ejemplares, seis, en el que escribe sobre “los luteranos del norte y los católicos del sur”.

“Son seis historias muy concretas con una trama real y una base histórica que vienen a reflexionar sobre el hecho de ¿por qué se piensa que el norte protestante es más virtuoso, más decente, trabajador y el ramillete de virtudes que quieras frente a ese sur que es mal pagador, indigno y falto de confianza?”.

– ¿Y con qué personaje de esa época siente mayor sintonía?

“Por Tomás Moro porque no ha perdido brillo con el paso del tiempo. Encarna de alguna manera la materialización de aquello que se asume con todas sus consecuencias y hasta el final sin doblegarse y sin ser desleal a su rey. Aceptó la muerte con valentía”.

– ¿Está trabajando en algún nuevo libro?
“Estoy trabajando en algo que tiene un poco que ver con el fenómeno de la absorción de la leyenda negra pero aún no tengo ni el titulo”



NI OLVIDO NI PERDÓN

La historiadora María Elvira Roca se lleva simbólicamente las manos a la cabeza cuando se le pide que dé su interpretación sobre la carta que el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, envió al rey de España, Felipe VI para que se disculpara de los agravios cometidos durante la conquista de América. Ese tipo de planteamientos es “una estupidez”, dice, “es como si le exigiéramos a los italianos que nos pidieran perdón porque vino a esta tierra Escipión el Africano. Es una forma infantil, ridícula y perversa que tiene esa maldad de los niños y que causa tanto daño porque no son conscientes de lo que están haciendo”. Este argumento lo extiende igualmente a algunos canarios que, sin la sonoridad del presidente de México, han exigido perdón por las muertes violentas y por enfermedad que sufrieron muchos de los primeros pobladores de las islas cuando se enfrentaron a los conquistadores europeos en el siglo XV.

“Es un intento de borrar la Historia pero no se puede porque entonces habría que eliminar también la tradición, la lengua común que nos une desde hace ya tantos siglos”.

Saludos, aún recuerdo…, desde este lado del ordenador

El gran amor de Galdós, una novela de Santiago Gil

Martes, Abril 30th, 2019

No se sabe demasiado sobre la vida de Benito Pérez Galdós durante los años de niñez y adolescencia, período clave en la existencia de cualquier ser humano y filón narrativo con el que poder especular las razones que marcaron el devenir de una existencia dedicada, y de qué modo, a la literatura. Muchos de estos episodios podrían haber inspirado el ciclo de sus novelas madrileñas, novelas tan necesarias para tomar la temperatura del Madrid de finales del siglo XIX y que fueron escritas, plantea Santiago Gil en su nueva novela, por la historia de amor que vivió siendo apenas un adolescente en la capital grancanaria, isla, cuenta la leyenda negra que rodea al escritor, de la que se quitó el polvo de los zapatos al llegar a la península.

Santiago Gil imagina en El gran amor de Galdós Sisita, un personaje que, describe, fue fundamental en la vida del escritor y que ha pasado de puntillas por las biografías y en el mismo retrato autobiográfico que don Benito expresó sobre su vida.

Para contar esta historia en la que realidad y ficción se dan la mano, Santiago Gil ha apostado por la distancia al utilizar la tercera persona, hecho que algunos han querido ver como un homenaje al autor de La fontana de oro y que desde nuestro lado se observa más que como tributo, como la manifestación del profundo respeto y admiración que guarda Gil ante la obra de Benito Pérez Galdós.

La historia se desarrolla en varias épocas y en escenarios distintos aunque se prioriza las experiencias del protagonista en las playas que rodean su ciudad natal y las golferías de estudiante en Madrid mientras su buen amigo Fernando León y Castillo le pide inútilmente sosiego para que se centre en sus estudios en una capital de España que en aquellos días era el centro geográfico y espiritual de un país tan acostumbrado a perder la brújula de la Historia.

El Benito, aún no don Benito, que retrata Santiago Gil es un muchacho perdido en su mundo y con una idea fija en la cabeza: ser escritor. Conocer a Sisita, casi su opuesto en cuanto representa todo lo que no es él –se trata de una chica extrovertida y alegre– es la primera llama que despierta su corazón, hasta ese entonces dormido en las contradicciones de la adolescencia. Tras marchar a Madrid, esa llama –relata Gil– continuará encendida hasta que la fuerza de la razón le obligue a tomar una decisión que marcará el resto de su vida.

En este aspecto, la novela más que explicar la génesis de un escritor en ciernes, que aún balbucea y anda en pañales tras la búsqueda de un estilo y de un mundo al que describir con fiero realismo, relata lo que pudo significar para don Benito aquel primer amor que se frustró en una isla bañada por las aguas del Atlántico y de cómo ese amor lo diseminó años más tarde –ya como escritor que ha madurado– entre las obras que dejó escritas.

Como punto de partida para construir la novela no está nada mal, y se agradece que Gil haya mantenido en todo momento cierta distancia con su Galdós, un Galdós muy Gil, por lo que tiene de personaje romántico muy metido en sí mismo.

El gran amor de Galdós permite al lector conocer de cerca la vida de un escritor en estado embrionario, un hombre que apenas se ha hecho hombre pero que tiene esa edad en la que comienza a darse cuenta que crece y que debe de enfrentarse –de ahí sus escapadas a los prostíbulos de Madrid y el abuso de bebidas espirituosas– a los primeros golpes que le propina la vida.
La novela cuenta el relato de la aventura personal que vivió, con sus gozos y sus sombras, un adolescente en apenas unas 150 páginas, trasmitiendo la belleza natural de una isla y por contra el tedio pueblerino de una capital de provincias que cuenta con pequeños pero muy desarrollados oasis humanos.

El Galdós de Santiago Gil resulta verosímil, una tarea de titanes porque cualquier lector de Galdós tiene en su imaginario a su Galdós, un personaje que se deja querer en esta novela porque todos hemos sentido algo parecido a lo que aquí se cuenta. El joven Galdós resulta cercano, humano. Sus titubeos son nuestros titubeos. También algunas de sus equivocaciones.

No le sobra nada a esta novela que mezcla lo que se conoce y se desconoce de aquel período de la vida de don Benito , ese vasto territorio abierto a la imaginación y en el que emerge con sobresalientes resultados la firma de un escritor, Santiago Gil, que crece al describir las contradicciones del alma humana.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador

El mercenario que coleccionaba obras de arte, una novela de Wendy Guerra

Miércoles, Abril 24th, 2019

Tras la lectura de Hija de revolucionarios (Anagrama, 2018) de Laurence Debray, unas memorias escritas por la descendiente del intelectual marxista francés Régis Debray, ya comentábamos el curioso proceso que están viviendo muchos de los nietos de las revoluciones socialistas, la mayoría de ellos proyectos fracasados que han terminado por encapsularse en dictaduras cuyos seniles dirigentes probablemente acabarán devorados por esos mismos nietos, una masa crítica y rebelde fascinada por el oropel del sistema capitalista y que necesita de otras ideologías más allá de las derechas y de las izquierdas.

Wendy Guerra es una escritora cubana que irrumpió en la escena internacional con una novela muy rabiosa y sincera con la Revolución castrista, de la que es nieta, y ha continuado una carrera en la que se mezcla novela histórica con otras de marcado acento individual e individualista.

En su nueva novela, El mercenario que coleccionaba obras de arte (Alfaguara, 2019), esta misma cuestión es planteada a través de dos voces narrativas que terminan por confundirse en una sola: la de un veterano mercenario de la derecha y una joven no se sabe muy bien si agente de los servicios secretos cubanos.

El primero le irá revelando sus trabajos como soldado de fortuna en diferentes países y del papel destacado que jugó al servicio de las oligarquías en Nicaragua durante la revolución sandinista mientras que la supuesta agente al servicio del castrismo describe las contradicciones que vive su país y ella como persona.

El personaje del mercenario no es una invención de la escritora, así al menos lo asegura. Se hace llamar Adrián Falcón en la novela aunque a lo largo de sus años en activo usó otros como El Parse, Garfio o Strelkinov. Pero que sea real o no es lo de menos en un libro presuntamente de no ficción, un género que como se sabe alcanzó la categoría de obra maestra con la publicación de A sangre fría, de Truman Capote, realidad e imaginación que no termina de funcionar bien en El mercenario que coleccionaba obras de arte.

Quien supuestamente se hace llamar Adrián Falcón asegura en el relato haber pertenecido a una organización de soldados de fortuna conocida como La Hermandad, y cómo realizó numerosos trabajos para desestabilizar el mundo bajo influencia comunista. No hay revelaciones que griten una exclusiva pero sí que resulta interesante conocer las actividades de un personaje como éste, un trabajo en el que Wendy Guerra no sale muy bien parada porque apenas termina por seducir al lector más bregado en cuestiones latinoamericanas y eso que el personaje, un villano con todas las de la ley, aunque villano con matices, reunía los elementos para hacerlo atractivo.

Este retrato, sin embargo, queda bastante borroso y planea la sensación de que el tal Adrián Falcón no es real, que se trata de un personaje de ficción, una invención de la escritora que se dejó guardada demasiada munición cuando acabó de escribir la novela.
Igual de borroso resulta el dibujo de la protagonista femenina aunque sus contradicciones y caprichos sí que recogen con acierto un carácter que oscila entre la realidad y la irrealidad. Es interesante el intento de que ambos, hombre y mujer, funcionen al modo de Scheherezade. Cuentan sus historia mientras hacen el amor en una habitación de un hotel de lujo en París o desayunan, almuerzan o cenan en restaurantes de cinco tenedores.

La mujer, que podría ser la hija del veterano y ahora retirado mercenario ya no cree en otra cosa que no sea la de vivir. Y vivir implica despojarse de cualquier lucha de ideas del pasado. Las derechas y las izquierdas son lo mismo. Como dijo Guillermo Cabrera Infante: “el comunismo es el fascismo de los pobres”.

El mercenario que coleccionaba obras de arte no es una novela redonda, de hecho da la sensación de que le sobran demasiadas páginas de las más de 360 que contiene.

El título obedece, por otra parte, a la afición que tiene el protagonista masculino de coleccionar arte pero esta paradoja, un asesino con sensibilidad, no está bien descrita por lo que no hace posible encontrar respuestas en dos personajes, hombre y mujer, que funcionan en la novela además de interrogantes como las dos caras de una misma moneda: América.

Saludos, pensando que no veía…, desde este lado del ordenador