Los nombres prestados, una novela de Alexis Ravelo

Lunes, Febrero 14th, 2022

“Puede que sea la forma que tiene Dios de castigarnos por quitar tanta vida. Digamos que uno piensa que tiene las manos limpias, que después de lavarse bien no ha quedado ni rastro. Pero no: la sangre derramada siempre se le queda a uno bajo la piel. No hay manera de limpiarla. –Laguna hizo una pausa y cambió de tono–: No me hagas caso, hijo. A veces me pongo muy pesado”.

(Los nombres prestados, Alexis Ravelo. Nuevos Tiempos Policíaca, Siruela, 2022)

Alexis Ravelo, que sigue la estrategia del pequinés, va poco a poco desembarazándose de la etiqueta de escritor negro y criminal para ser conocido como un escritor a secas, al margen de géneros, aunque conozca y muy bien las claves de la novela policíaca.

Este compromiso creador le ha llevado incluso a ensayar atractivos experimentos literarios como el que nos reveló hace dos años con la novela Una bolsa en la cabeza, un tour de force que trasciende las fronteras del género y un título en el que venía a confirmar una vez más las dimensiones que como narrador alcanza Ravelo a medida que desarrolla su carrera como escritor. Un escritor al que le gusta sorprender al lector y que no suele perder su curioso baile de cintura con cada nueva obra, cada nuevo libro que presenta.

Noto ese baile de cintura, más controlado que nunca, en Los nombres prestados (Siruela, 2022), obra por la que obtuvo el Premio de Novela Café Gijón 2021, y título que a pesar de su aparente sencillez (tanto en la forma como en el fondo) propone una diversa y compleja variedad de cuestiones que, en manos de otro autor, no se habrían resuelto con la aplastante sencillez de cómo lo hace Ravelo, que tiene la capacidad de sorprender con cada novela que publica y, lo que es mejor, que el lector se involucre en sus andanzas literarias.

Los nombres prestados es una novela que maneja, entre otros temas, política, terrorismo, arrepentidos, traición y redención. Un paquete de deberes –como se ve– complejo pero que resuelve con una simplicidad que desarma –no desconcierta– a quien se meta en las páginas de un libro que da lo que promete: entretenimiento pero también muchas preguntas. Preguntas que suscita un relato que protagoniza una mujer y su hijo, Marta Ferrer y Abel; un perro, Roco, y un corredor de seguros jubilado que no es lo que parece, Tomás Laguna.

La historia se desarrolla a mediados de los años 80 del pasado siglo XX, unos años en los que el terrorismo seguía golpeando con brutalidad la democracia española. En la novela los miembros de uno de estos grupúsculos, denominado Federación Revolucionaria Antifascista Diez de Agosto (FRADA), está inspirado en otra banda terrorista que sí actuó en aquellos años del plomo: los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO)y adquiere un indiscutible protagonismo. Esta hipotética formación de extrema izquierda juega un papel esencial en el desarrollo de la novela que no vamos a revelar por razones obvias, no estropear uno de los meollos de un libro en el que también se habla sobre volver a empezar.

Me pasa con Alexis Ravelo un fenómeno curioso cuando leo algunas de sus novelas. Si en La estrategia del pequinés detectaba destellos que bebían directamente de las fuentes de la edad dorada del género policíaco norteamericano, finales de los 30 e inicios de los 40, con una novela referente como fue La jungla de asfalto, de William H. Burnett; en Los nombres prestados el autor que se me viene a la cabeza no es anglosajón sino francés, Jean Patrick Manchette, que también cuenta con una novela con (no de) terroristas, NADA.

Argumentalmente NADA no tiene nada (nunca mejor dicho) que ver con Los nombres prestados pero la sintonía que escucho mientras leo la novela de Ravelo es, y con mucha insistencia, la de Manchette en cuanto a estilo. Un estilo poblado de frases cortas, diálogos contundentes y capítulos de apenas dos y tres páginas.

Como Manchette, Alexis Ravelo además de emocionar y que nos pongamos en la piel de sus personajes, logra con un estilo telegráfico que no abusa de descripciones pero que está tocado por un sentimentalismo que no moja ni empapa, que el lector se sumerja en la historia que nos cuenta, que nos narra.

No es fácil hacerlo aunque con el paso de los años Alexis Ravelo ha ido desarrollando una literatura personal e intransferible. Sus novelas, por mucho que cambien de escenarios y de técnicas narrativas, son suyas. Es su mirada, es su forma de contar historias, ahora más depurada que nunca.

La novela tiene lugar en algún remoto lugar de España. Se trata de una localización ficticia que revela lo que son por los nombres con los que el escritor las ha bautizado: Nidocuervo y San Expósito pero no es la primera vez, tampoco, que el escritor recurre a un territorio creado para contar una historia. Lo hizo en el primer volumen de La iniquidad, La noche de piedra, que transcurre en… San Expósito, la misma localidad que aparece aunque en plano secundario en Los nombres prestados. La iniquidad dio lugar a un segundo volumen: Los días de Mercurio que, pese a su ubicación geográfica, no tiene nada que ver con la última novela del escritor, títulos estos muy crudos, páginas que mostraban su vena más rabiosa. Los nombre prestados, por el contrario, es una novela que está escrita en otra clave. Es crepuscular y redentora. La contraportada del libro la califica de western incluso pero no es eso, aunque algunas de sus páginas parezcan haberse escrito en clave de indios y vaqueros.

Estructurada en siete partes (Un chico, una mujer, un hombre, un perro; La sangre derramada, Los monstruos, El último almuerzo, La voz y el bosque; Versión oficial y Vida de Roco) Los nombres prestados nos devuelve a un escritor que no renuncia a su pasado negro y criminal pero también, a un autor que se ha forjado a sí mismo.

Saludos, hoy es el día…., desde este lado del ordenador

Premiados

Lunes, Noviembre 22nd, 2021

Es probable que se me escape alguno pero de momento cuento tres, lo que no es poco para unas literaturas que escritas desde la ínsula o por hijos e hijas de la ínsula, han merecido premios que refuerzan una trayectoria que hace silenciar las bocas a los agoreros que critican el buen momento por el que está pasando la literatura que se escribe aquí y por gente nacida o residente de aquí.

Panza de burrro, de Andrea Abreu, fue el título del año pasado, sí, el de la pandemia, al despertar el interés no solo en su territorio chiquitito, Tenerife, sino más allá de sus fronteras. Representó a las islas junto a los inevitables Fernando Delgado y Andrés Sánchez Robayna en la Feria del Libro de Frankfurt y hace apenas unos días recibió el XVI Premio Dulce Chacón de Narrativa Española que concede el Ayuntamiento de Zafra (Badajoz) a la mejor obra en castellano impresa y editada el año anterior.

Por otra parte, el cineasta y escritor Elio Quiroga se hizo con el Premio de Novela Policía Nacional con su libro Tiempo Sucio. El Premio de Novela Policía Nacional, convocado por la Fundación Policía Española con la colaboración de la Fundación Unicaja y la editorial Algaida, pretende promover la creación literaria y reconocer el trabajo de las obras de temática negra, policial o de suspense vinculadas a la investigación policial y está dotado con 10.000 euros.

Por último y hace ya unos meses, Alexis Ravelo obtuvo por Los nombres prestados el Premio Café Gijón, dotado con 20.000 euros con una novela que desarrolla en 1986 y que protagoniza Marta Ferrer, la Colorada, y su hijo, que son considerados diferentes por todos los habitantes de Nidocuervo.

Y estos es todo de momento.

Felicidades mil a los premiados y…

Saludos, mañana será otro día, desde este lado del ordenador

Si no hubiera mañana, una novela de Alexis Ravelo

Miércoles, Julio 28th, 2021

“Al contrario de lo que muchos pensaban, Eladio Monroy no era especialmente inteligente”.

(Si no hubiera mañana, Alexis Ravelo.
Editorial Alrevés, 2021)

Para los que seguimos con atención las aventuras de Eladio Monroy, el ex jefe de máquinas de la marina mercante, el personaje forma parte de la familia. Me pasa lo mismo con los protagonistas más o menos fijos que han brotado de la imaginación de muchos otros novelistas.

Sin embargo, con Eladio Monroy el afecto es más cercano. En primer lugar porque el investigador a su pesar es de la vecina isla de Gran Canaria, reside en una de las viviendas de la calle de Murga en la capital y le gustan los buenos libros y el arte de la cocina. Solo sale de su pequeña zona de confort para tomar café en un bar que responde al nombre de Casablanca, con parroquianos fijos que aparecen novela tras novela de Monroy –con Si no hubiera mañana ya son seis– y en donde suelen proponerle los casos más variopintos como sucede en su última historia, en la que demandan sus servicios para que busque a un hombre que así, de repente y sin decir nada, ha desaparecido.

Creado por Alexis Ravelo, siempre he creído que hay mucho del autor en este personaje y no solo por la lustrosa calva que lucen con orgullo sandunguero los dos. A Ravelo como a Monroy les gusta el arte de la cocina, también los buenos libros y ambos residen en Las Palmas de Gran Canaria aunque en el caso de Alexis no sea en la calle de Murga. Otro elemento que hace difícil distinguir al escritor de su criatura literaria es su compromiso social. Las ganas que los parias de la tierra reciban la misma justicia que los que se encuentran en la cúspide de la pirámide. Solo encontrarán justicia los que se encuentran en la base de esa misma pirámide en las novelas de Alexis Ravelo, un tipo que por tener la cabeza bien amueblada intenta a través de sus libros que creamos que otro mundo puede ser posible, aunque la mayor parte de las veces sea porque su protagonista, Eladio Monroy, a quien le han calentado bastante la cabeza, decida tomarse la justicia por la mano. En el caso d e Si no hubiera mañana, tras marear la perdiz con unas investigaciones que no anuncian la solución que finalmente se resuelve en la novela.

La serie Monroy ha ido consolidándose con el paso de los años y su protagonista así como los satélites que lo rodean se han ido dotando de una consistencia que el escritor aprovecha para ocupar los puntos muertos de una investigación que, como toda investigación policiaca que se precie, se complica a medida que avanza la acción. Hay, como en casi toda la bibliografía de Ravelo, denuncia social y mala baba contra los que tanto el escritor como su personaje considera el enemigo: los poderosos, los changas vayan o no con chándal y en Si no hubiera mañana un partido de la extrema derecha bastante parecido a otro que tiene nombre de una empresa editorial especializadas en publicar diccionarios.

Una vez se han puesto sobre la mesas todas las piezas del rompecabezas, Alexis Ravelo lo arma con paciencia de cartujo procurando que el resultado final no contenga agujeros, ya que el objetivo es que todo sea parte de un todo.

Me ha sorprendido, en contra de otras novelas protagonizadas por Monroy, que la violencia en Si no hubiera mañana sea más contenida. No tanto las ironías con las que el escritor plaga un texto que, por norma general, sí que resulta más luminoso que en otras ocasiones.

Alexis Ravelo, más suelto, se permite el lujo, incluso, de ironizar sobre su Eladio Monroy, al que viene a comparar con Mike Hammer. Le une al legendario y ultraderechista detective creado por Mickey Spillane su contundente manera de desarrollar una investigación aunque ideológicamente uno y otro se encuentren en las antípodas. La comparación no obstante que plantea Ravelo no es ociosa porque, efectivamente, por su manera de actuar Eladio le debe mucho a Hammer pero también a otros protagonistas de novela negra y criminal que resuelven mejor los casos a base de golpes que de deducción.

Monroy de momento, mezcla muy bien ambos métodos, el de la violencia y el del razonamiento (lo que fuerza al personaje a pellizcarse la barbilla) aunque a veces uno se imponga sobre el otro. En Si no hubiera mañana el trabajo deductivo está por encima del de dar golpes. Lo que quizá resulte una anomalía para el seguidor de la serie pero que no recele porque la novela ofrece todo lo que ofrecen las anteriores: buena lectura y el reencuentro con unos personajes que, ya se dijo, son casi de la familia.

Con estos y otros elementos, Alexis Ravelo consigue lo que parecía imposible y es que Eladio Monroy funcione aquí como en otros sitios. Es probable que su interés en tierras continentales se deba no solo a lo que cuenta sino al estilo con el que lo cuenta: Se tratan de novelas trufadas de palabras de aquí, “nuestras”, que a lectores de otros espacios geográficos pueden resultarles exóticas. Es una curiosidad, sí, pero sin esta “forma de contar”, las aventuras de Eladio Monroy no serían las mismas ya que el personaje se define y debe al lugar en el que se mueve.

A modo de conclusión, solo unas cuantas preguntas: ¿para cuándo la próxima de este marinero en tierra?, ¿para cuándo otra novela pero sin Eladio Monroy? ¿para cuándo la próxima de Alexis Ravelo?

Saludos, sin fumar espero, desde este lado del ordenador

Alexis Ravelo: “La periferia tiene mucho que aportar al panorama cultural”

Miércoles, Enero 20th, 2021

Canarias es territorio literario criminal. La avalancha de autores de las islas que se han consolidado en el género ha propiciado además la celebración de varios festivales que como Tenerife Noir / Festival Atlántico del Género Negro y LPA Confidencial se suma ahora Aridane Criminal, que dirige el escritor Alexis Ravelo y que se desarrollará a partir de este jueves, 21, al 23 de enero en Los Llanos de Aridane.

- ¿Cómo nace y qué objetivos se plantea Aridane Criminal?

“Nace de la idea de que la periferia tiene mucho que aportar al panorama cultural y con la conciencia de que existe un espacio apropiado para un encuentro que propicie el debate en torno a la historia y la actualidad del género. Sus fines son los de cualquier otro festival: reunir a autores y lectores y a autores entre sí para proponerles intercambios y debates en torno a la novela negra y policíaca en particular y a la literatura en general, con un formato que resulte, al mismo tiempo que riguroso, dinámico y ameno. Algo que nos interesa mucho es mostrar que, pese a ser un género popular, la narrativa negrocriminal no está en absoluto reñida con la excelencia literaria y, además, presenta la ventaja de propiciar debates éticos, sociales y hasta políticos de gran interés. Todo esto lo hace un vehículo perfecto para la animación y la dinamización lectora”. 

- No era habitual, hasta hace unos años, que hubieran tantas escritoras dedicadas al género, ¿a qué cree que se debe?

“El género ha tenido históricamente una tendencia patriarcal que, por suerte, comienza a no ser dominante. Esto no es exclusivo del género negro: otros géneros y disciplinas han ocultado a sus creadoras, las han ignorado o han adoptado perspectivas exclusivamente masculinas. De hecho, algunos de los autores clásicos (está el caso extremo de Mickey Spillane) eran directamente misóginos. Y esa actitud se reflejaba en las programaciones de los festivales. Pero los tiempos han cambiado o, al menos quiero creer, están cambiando. Hoy en día, un encuentro de estas características, si quiere reflejar la actualidad del género, habrá de ser inclusivo o no será. No solo porque existen muchas y muy interesantes autoras, sino porque su influencia y sus logros han hecho evolucionar la escritura de muchos autores masculinos”.

- Este año se conmemora el centenario del nacimiento de Patricia Highsmith. ¿Cuál es su opinión de la escritora?

“Patricia Highsmith es, sencillamente, una maestra indiscutible. Sus historias truculentas en las que prácticamente no aparece la policía permiten al lector dar un paseo por el lado oscuro, examinar con toda crudeza las emociones humanas, vislumbrar los mecanismos psicológicos en los que se incardinan nuestras conductas más viles y también las más generosas. Técnicamente, envidio su capacidad para la postergación de la resolución del conflicto y su habilidad para crear momentos tremendamente plásticos, así como para introducir giros sorprendentes que siempre, una vez aparecidos, se te antojan no ya naturales, sino absolutamente lógicos. Digamos que es de las que nunca se sacan un conejo de la chistera. A veces, de sus novelas uno recuerda el color de un albornoz, un cenicero o un remo que casi puede tocar. Y son historias que suceden en un mundo donde Dios no existe, así que los seres humanos han de apañárselas solos. Quizá por eso interesara tanto a cineastas como René Clément, Claude Chabrol, Wim Wenders, Liliana Cavani o Anthony Minguella”.

- ¿Qué asuntos se abordarán en Aridane Criminal?

“Hemos preparado un programa breve pero intenso. El primer acto será un recorrido de Yanet Acosta por los lugares en los que transcurren sus novelas. Cualquiera que haya asistido a cualquier acto con Acosta sabe que siempre ofrece todo un espectáculo, que sus intervenciones siempre van más allá de la propia literatura. Posteriormente, ella misma participará con José Luis Correa y Carlos Álvarez en una mesa que lleva por título Échale mojo, en la que se hablará de novela negra canaria y novela negra en Canarias. Puede ser una mesa muy fecunda, porque Correa es un canarión que siempre ambienta en Gran Canaria, Yanet Acosta, que es tinerfeña, ambienta en la Península y Carlos Álvarez, que es leonés, desarrolla sus ficciones en Canarias y las escribe con el español de Canarias. También habrá una mesa dedicada a la saga de novelas protagonizadas por Ricardo Blanco, firmadas por José Luis Correa y un debate entre dos maestras: Alicia Giménez Bartlett y Rosa Ribas. Además, Rosa Ribas impartirá un taller de escritura creativa centrado en la estructura narrativa. Para la última jornada hemos reservado dos actividades que prometen ser interesantes. La primera será una sección fija en Aridane Criminal. Se llamará Dímelo en la calle y consistirá en que todos los autores y autoras participantes lean un fragmento de su obra. Por último, habrá un concierto leído, Letras a tiros, en el que Carlos Álvarez hará un recorrido por la historia de la novela negra acompañado por la Cristóbal Montesdeoca Quartet, que interpretará clásicos del jazz norteamericano. No hemos querido organizar un programa que contuviera entremeses: todo son platos fuertes”.

- ¿Qué no hay y le gustaría que hubiera en el Festival?

“Este año hemos organizado un programa que no implicara excesivos desplazamientos, y todo con actos al aire libre y aforo limitado, debido a la pandemia. Aun así, hemos conseguido una interesante representación de firmas canarias y nacionales de varias generaciones y orientaciones estéticas. En ediciones posteriores, nos gustaría contar con la presencia de otros firmas europeas, latinoamericanas y africanas. Estos últimos suelen ser los grandes olvidados en muchos encuentros y, siendo en Canarias, representan una realidad cultural insoslayable”.

- ¿Y por qué celebrarlo en Los Llanos de Aridane?

“Para empezar, es un punto de encuentro tricontinental. Podría pensarse que todas las ciudades de Canarias disfrutan de ese atributo y, efectivamente, así es. Pero no todas cuentan con la disposición, el buen ánimo y la profesionalidad de quien gestiona la programación cultural en ese municipio. Incluso en épocas de crisis, Los Llanos programa siempre y, además, programa bien. Y esto puede extenderse a su sociedad civil: el ocio y la restauración, las diferentes instituciones públicas y privadas y la propia población se muestran siempre dispuestos a implicarse en todo tipo de eventos culturales”.

PIE DE FOTO: En la imagen, la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, Charo González y Alexis Ravelo.

Saludos, negros y criminales, desde este lado del ordenador

Un tío con una bolsa en la cabeza, una novela de Alexis Ravelo

Miércoles, Noviembre 25th, 2020

“Que los canarios somos así: compramos todo lo que viene de fuera, solo nos importa lo que se importa”.

(Un tío con una bolsa en la cabeza, Alexis Ravelo. Siruela Policíaca, 2020)

Comenta Alexis Ravelo que Un tío con una bolsa en la cabeza le ha servido de experimento literario. También, añadiría, de mirada fresca a un género que no le hace ascos a lo novedoso. Lo cultivan de hecho en la actualidad dos sobresalientes escritores mexicanos como son Elmer Mendoza, que escribe con un referente literario en la cabeza, James Joyce; y Jorge Moch, que cultiva y rinde tributo al gongorismo en sus barrocas historias de narcotraficantes. Hay otros ejemplos ya que lo experimental tiene cabida en lo negro y criminal para explorar caminos que transitan al filo de la navaja y en donde la forma de contar el relato es tan importante como lo que se cuenta.

Un tío con una bolsa en la cabeza pese a su carácter –se trata de un largo monólogo interior que emprende un tío que lleva, precisamente, una bolsa en la cabeza– pasa la prueba y con nota ya que no olvida –casi siempre– que tiene que convencer a quien se sumerja en ella.

El experimento resultante es apto así para toda clase de públicos. Comprensible para toda clase de lectores. Los que leen como para los que leen ocasionalmente.

La acción se desarrolla en San Expósito, una ciudad que son muchas ciudades, y en esta geografía más de personajes que de territorios, confluyen dos situaciones narrativas que circulan paralelas. En la primera, Alexis Ravelo nos introduce en la cabeza del protagonista, Gabrielo, un hombre hecho así mismo que se metió en política para medrar en aguas infestadas de tiburones. En este tramo, vamos conociendo cómo se abrió camino en la jungla de la política y los cadáveres que dejó a lo largo del camino, entre ellos los de su padre y hermano. También el de su primera esposa e, involuntariamente, el del hijo que tuvieron en común. Quizá sea esta parte, la íntima, la personal, el retrato de familia que hace de Gabrielo lo mejor de una novela donde suceden muchas cosas pero a una velocidad de vértigo que debe ser la misma que padece Gabrielo, que es el tío con una bolsa en la cabeza. A Gabrielo se le acaba el aire y el tiempo. Tiempo que aprovecha para hacer un examen de conciencia de una vida pasada que no juzga aunque sea responsable de la situación en la que se encuentra ahora: con una bolsa en la cabeza.

El otro camino, el otro tramo que va paralelo al que ya hemos comentado, consiste en describir el mecanismo que pone en marcha Gabrielo para descubrir quién pudo haber planeado el asalto. La lista de hombres y mujeres que lo odian, unos con civilizada cordialidad y otros con honestidad, es larga, lo que invita a que como lector se intente, con las pruebas que se van diseminando a lo largo de las páginas, a sospechar de unos y de otros y otras… A averiguar, con las herramientas que se dispone, la identidad no ya de los agresores –por lo que dice el tío con la bolsa en la cabeza dos macarras profesionales– sino de quién diseñó la operación para quitarlo de en medio.

El pilar de la novela lo sostiene no obstante la biografía del personaje. Su infancia y adolescencia, cómo entró en la política de la mano del que será su jefe dentro y fuera del partido. Su matrimonio, la separación; la relación que mantiene con una espectacular mulata. Los vaivenes de la política. Éxitos electorales y fracasos que desembocan en traiciones.

Todo esto y algo más explicado por el hombre que está a punto de morir de asfixia, la agonía de un personaje que determina el itinerario de una novela que, pese a que no llegue a las 240 páginas, logra que el lector siga con atención los coletazos finales de su protagonista que no es trigo limpio.

Un tío con una bolsa en la cabeza se desarrolla fuera del hábitat literario de Alexis Ravelo pero se mueve con comodidad en un territorio que cuando transita en sus otras novelas asocia con corrupción de altos vuelos, de tipos que no son para nada los granujas sin suerte que protagonizan anteriores obras del mismo autor.

Un tío con una bolsa en la cabeza
cuenta con otras constantes que han hecho de Alexis Ravelo un escritor al que merece seguirse con atención: brotan como flores sin marchitar palabros del habla canaria y se permite juegos de palabras como el de la cita que encabeza estas líneas. A su manera, insiste también en ajustar cuentas contra los poderosos. Si Eladio Monroy, esa especie de animal con conciencia de clase es un azote para multimillonarios y corruptos, Gabrielo es un corrupto que pertenece a la tribu de los corruptos solo que se ha cavado su propia tumba por una ambición desbocada.

En este aspecto, la novela queda como un punto y aparte (en una novela que curiosamente carece de puntos y aparte) en la trayectoria literaria de un escritor que busca alternativas para reinventarse y reiventar un género que no se agota porque cuenta historias.

En este proceso y con esta novela Alexis Ravelo demuestra con sus luces pero también con sus sombras que puede jugar con un género que en España él mismo contribuyó a poner patas arriba en un pasado que sigue pareciéndome que fue ayer.

Saludos, el bien más preciado…, desde este lado del ordenador

Crimen, una novela escrita por Agustín Espinosa, “el hijastro de la isla. El aislado”

Lunes, Diciembre 9th, 2019

Al escritor Alexis Ravelo se le metió en la cabeza hace unos años reeditar Crimen, de Agustín Espinosa (Puerto de la Cruz, 1897 – Los Realejos, 1939), en una editorial de alcance nacional. Mientras, no dejaba de recopilar información sobre el autor y de releer un título, Crimen, que no se cansaba y no se cansa de recomendar a los demás.

Tres o cuatro años después aquel sueño que tuvo Ravelo se ha hecho realidad. Siruela publica con mimo y buen gusto una nueva edición de Crimen, novela o lo que sea -ni el mismo Alexis Ravelo tiene muy claro qué es salvo que es un gran libro- que Espinosa publicó en 1934 provocando una pequeña conmoción en la pacata sociedad de aquellos años y cierta polémica en la península, cuando algunos ejemplares –muy pocos la verdad– llegaron a manos de otros escritores que no dudaron en elogiarlo como Ramón Gómez de la Serna.

La nueva edición de Crimen que presenta Siruela al cuidado de Alexis Ravelo, un escritor que estaría en las antípodas de Agustín Espinosa aunque están más próximos uno del otro de lo que pudiera pensarse, consta de un prólogo en el que el autor de La estrategia del pequinés además de explicar quién fue Espinosa revela algunas de las claves de un libro que, desde que lo descubrió siendo muy joven, no ha dejado de acompañarlo en su devenir como escritor.

No lo explica en el prólogo pero Alexis Ravelo inició hace unos años su peculiar cruzada para recuperar esta obra. Al principio, se barajó que fuera la editorial Alrevés la encargada de rescatar del olvido el libro aunque el reto lo asume finalmente Siruela. Sea una editorial u otra, el caso es que el tesón de Ravelo ha logrado que esta obra de culto entre una pequeña comunidad de iniciados no necesariamente canarios, esté ahora a disposición de otros públicos además de los insulares, lectores que podrán acercarse a un trabajo literario que para Alexis Ravelo “rechaza cualquier clasificación”. Defiende, además, que Crimen es “la primera novela surrealista publicada en España”.

El prólogo resuelve otras cuestiones sobre Agustín Espinosa, un personaje complejo, con muchos enigmas que funcionan como capas de cebolla que Alexis Ravelo despliega con cuidadoso entusiasmo a medida que perfila el retrato de un escritor insólito, extraño, poeta y prosista destacado de aquel milagroso grupo de intelectuales y artistas canarios que se aglutinó en torno a la revista Gaceta de arte.

En el estudio que plantea Ravelo se indaga más en la vida del escritor tinerfeño que en su obra, así como se repasa con agradecida capacidad de síntesis unos años que fueron tan cruciales para la vida artística como cultural de Tenerife y por extensión en el resto del archipiélago.

El estudio que propone el escritor especializado en literatura negra y criminal es informar a lectores no necesariamente canarios de la importancia que adquirió el movimiento surrealista en las islas y como éste, por razones todavía de dudosa comprensión, apenas se conoce en el resto de España.

Este año se celebra el 80 aniversario del fallecimiento de Agustín Espinosa y en torno a su vida y a su obra se han celebrado algunos homenajes que no han tenido, sin embargo, eco ni repercusión en la sociedad española y canaria, particularmente. Ya se sabe que esta tierra no suele mostrar rasgos de generosidad con algunos de sus mejores hijos lo que agrava la desazón de que aún sea un perfecto desconocido entre los suyos.

Crimen, la obra capital de Espinosa, fue un libro que estuvo a la vanguardia de su tiempo y del nuestro. Se trata de una¿novela? atemporal, que no está sujeta a ninguna regla salvo la de la imaginación. Continúa resultando salvaje e igual de políticamente incorrecta que cuando vio la luz en 1934 con la idea de escandalizar a la sociedad de su tiempo.

Alexis Ravelo sostiene en el prólogo que esa misma provocación apenas ha envejecido con el paso de los años, lo que convierte a Crimen en una ¿novela? sin edad, en uno de esos raros libros que nunca envejecerán porque son eternos.

Detrás se encuentra el sello de un autor contradictorio, que vistió la camisa azul para alimentar a los suyos tras el fracasado golpe militar de julio de 1936 pero que antes se había cultivado viajando por Europa y conociendo en Madrid a algunos de los escritores e intelectuales más reconocidos y señeros de aquel entonces.

Un libro, Crimen, que rompió y que volverá a romperá moldes. Inclasificable, extraño, con viñetas de una turbadora sexualidad y una violencia satánica, el protagonista de esta ¿novela? continúa cargando con la maldición. ¿Qué maldición?, la de ser “el hijastro de la isla. El aislado”.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador