Archive for the ‘Libros’ Category

Anoten, criaturas, anoten

Jueves, Abril 12th, 2018

* El Premio de Artes Plásticas Manolo Millares 2018 recae en José Pablo Falcón y su obra titulada Take-Angelos. El jurado de esta edición estuvo formado por María José Alcántara, directora del MIAC (Museo Internacional de Arte Contemporáneo de Lanzarote), Lola del Castillo, profesora de Bellas Artes y Jesús Mª Castaño, director de la Fundación Martín Chirino. A este galardón, que convoca la fundación de CajaCanarias y que cuenta con una dotación económica de 3.000 euros, optaron este año un total de 42 piezas pictóricas y de carácter escultórico, dos por participante, tal y como establecían las bases del concurso.

* La editorial Hora antes estrena página web, así que les invitamos a que la visiten y descarguen (son gratuitos) la variada e interesante oferta de libros canarios que ofrece. ¿A qué esperan?

* El Ateneo de La Laguna acoge este viernes, 13 de abril y a las 19.30 horas, un encuentro con Mario Domínguez Parra, traductor. En el acto se presentará, además, su versión del libro Recitativo o la educación del poeta, del norteamericano James Merrill. 

* El poeta y escritor Rafael-José Díaz presenta este viernes, 13 de abril y a las 20 horas en la librería Lemus, La Laguna, Dos o tres labios, los diarios que escribió entre 1998 (cuando aún residía en Alemania) y 2006 (su último año en Gran Canaria antes de desplazarse a Madrid). Edita Verbum y lo acompañará en la mesa el escritor venezolano Antonio López Ortega.

* Damián Marrerio Leal presenta también este viernes 13 de abril y a las 19.30 horas Leyeron con las botas puestas (delMedio Ediciones). El acto se desarrollará en el castillo de San Felipe del Puerto de la Cruz.

Saludos, anota, anota, desde este lado del ordenador

Santiago Roncagliolo: “Nunca me he identificado con el realismo mágico”

Martes, Abril 10th, 2018

Hijo del sociólogo, periodista y político Rafael Roncagliolo y de Catalina Lohmann Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) pasó parte de su infancia en México. Tras recorrer medio mundo, reside ahora en España.

Es autor, entre otras novelas de Abril rojo, por la que obtuvo el premio Alfaguara en 2006, y La noche de los alfileres (2016) que, de momento, es su última ficción literaria mientras se dedica a otras tareas, más periodísticas, como colaborar en las memorias del embajador del ex presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Barak Obama en España, James Costos; así como en guiones y artículos periodísticos.

El escritor visitó Tenerife donde participó el mes pasado en la gala de los premios literarios de la Universidad de La Laguna y en el festival de literatura policíaca Tenerife Noir.

- ¿Hasta que punto condiciona su literatura el exilio?

“Pues mucho porque todos mis personajes se siente de alguna manera exiliados, excluidos y buscan su lugar en el mundo aunque no terminan por encontrarlo. La búsqueda territorial de un lugar forma una parte muy importante de mi trabajo como escritor. Escribo bastante de personas que se encuentran fuera de su país y de su lugar físico por lo que cuento con libros que transcurren en ciudades como Miami y en países como España, Francia y Argentina, entre otros. Estoy marcado por esta tendencia porque yo mismo soy, no solo por la niñez sino por llevar mucho tiempo viviendo España y más ahora que resido en Barcelona, como un extranjero en todas partes aunque algunos de mis personajes se sienten igual de extranjeros sin haberse movido de su espacio físico”.

- ¿Cómo se siente al no pertenecer a ningún lugar?

“Por un lado es bueno para el escritor porque creo que toda literatura nace de la sensación de distancia frente a la realidad. La necesidad de contar una historia, al menos en mi caso, de crear un mundo tiene mucho que ver con no estar contento con éste porque no termina de convencerte ni de aceptarlo. Mis personajes siempre se sienten diferentes porque me importa mucho la gente que es diferente. Incluso políticamente me manifiesto a favor de los inmigrantes, las minorías sexuales que solo por ser diferentes pueden ser atacados precisamente por serlo. Y todo eso forma parte de mi trabajo creativo. Para escribir hay que conocer el lugar del que se escribe aunque a veces la mejor manera de conocerlo es marcharte de él ya que descubres, por contraste y desde la distancia, como es el tuyo. Por eso digo que sentirte extranjero me es útil como escritor aunque otra cosa es cómo me afecta a nivel personal”.

- ¿Pero no le da cierta sensación de orfandad carecer de patria?

“ Sí, sobre todo porque ahora vivo en Cataluña, donde todo el mundo te recuerda todo el día lo importante que es ser de allí y lo diferente que es ser catalán y, personalmente, creo que es bastante extraño. Patria, por otro lado, es la tierra de tus padres y cuando tienes hijos en otra parte, ese territorio se convierte en tu nueva patria y te ata a ella, te proporciona una raíz y hace que ese lugar sea tan tuyo como del que viemes”.

- La tierra de sus padres y la tuya es el Perú, ¿cómo lo observa desde la distancia?

“Cada vez mejor, el país del que me fui era un país en el que se había instalado un régimen no solo autoritario sino abiertamente mafioso que ejerció una política basada en la miseria social y cultural. No había espacio para que pudiera desarrollar mi trabajo, así que decidí venirme a España porque aquí sí encontré ese espacio. De todas formas y afortunadamente, los escritores peruanos y muchos latinoamericanos ya no se van porque contamos continente con un feria del libro a la que acude medio millón de personas, personas que consumen libros y películas. Esto me hace pensar que más bien es Europa la que está atravesando un declive de momento suave pero firme y que un país como España es el que tiene problemas que no tenía antes. Reconozco que uno de mis desastres es que vivo comprando ambos territorios y que los que me escuchan hablar aquí, en España, me dicen que soy de derechas mientras que en Perú me tachan de comunista”.

- ¿Y cuán es su punto de vista político?

“Bastante extraño porque tiene que ver con el constante contraste de estudiar qué funciona en un sitio y que cosas no más que la pertenencia a un partido político”.

- ¿Y qué opina de la situación en Venezuela?

“Que Venezuela es un lugar terrible, un lugar en el que se quiere ir tanta gente y al que nadie quiere ir a vivir no es un ejemplo para nada. Hace poco estuve en Colombia, en una ciudad cerca de la frontera y descubrí que además de las fronteras físicas existen las sociales ya que las prostitutas venezolanas que cruzan la frontera trabajan allí por la tercera parte de su sueldo lo que ha provocado manifestaciones de las prostitutas colombianas porque con estos precios las prostitutas venezolanas se están llevando a toda la clientela. Y me pareció terrible cómo un régimen hace que sus prostitutas trabajen más barato porque incluso así ganan más que en su país. Por otro lado, no viviría tampoco en Cuba, aunque la Cuba de hoy está mejor que la de 1992, la del Período Especial. Parece que ahora hay gente que puede poner un negocio aunque., para qué engañarnos, no habrá cambios de verdad hasta que se muera Raúl Castro”.

- Tras novelas como Abril rojo, que fue la que le abrió las puertas en España al obtener con ella el premio Alfaguara 2006 y reaparecer con el mismo personaje en La pena máxima, ¿no se ha planteado recuperar como personaje al fiscal Félix Chacaltana Saldívar?.

“No lo sé, depende de él ya que el segundo libro no estaba previsto aunque tenía la historia y apareció Félix. La verdad es que tengo poca autoridad con el personaje”.

- Usted se ocupa en mucho de sus libros de Sendero Luminoso, ¿qué significa este movimiento para la historia del Perú?

“Fue mi guerra, para los peruanos lo que se vivió en los 80 fue algo así como lo que significó la Guerra Civil para los españoles. De hecho, lo que pasó esos años en Perú fue una verdadera guerra civil en la que hubo 70.000 muertos y desaparecidos por ambas partes porque el ejército peruano y los hombres y mujeres de Sendero Luminoso fueron igualmente salvajes y todos los peruanos lo vivimos de cerca. A todos nos temblaron los cristales por las explosiones o conocimos a alguien cuya casa habían volado o tenían un muerto o un herido en la familia. Resultaba habitual encontrar cadáveres por las calles, donde tenías que agacharte por el silbido de las balas. Creo que escribimos para explicarnos a nosotros mismos y necesariamente todo aquello me hizo quien soy para bien o para mal y marcó, además, algo que tiene mucho que ver con todo lo que escribo: nunca me he identificado con el realismo mágico o con la literatura que escribían los intelectuales desde París, que era sobre todo lo que se cultivaba en los 80 porque no tenía nada que ver con mi vida. Mi vida estaba repleta de cadáveres por las calles, toques de queda, apagones y lo que hablaba de mi, de mi mundo, eran las películas de terror y los thriller porque todo lo que me hacía sentir miedo, ese miedo, podía controlarlo cerrando el libro o dejando de ver la película”.

- Luego su trabajo gira en torno al miedo.

“Siempre ha girado en torno al miedo. Mis personajes se enfrentan a sus peores pesadillas muchas veces sociales, cotidianas o producto de la violencia . Siempre digo que escribo historias de terror. Me interesa explorar qué convierte a una persona en alguien monstruoso. Qué hace que gente normal haga cosas atroces, aunque sea con buenas intenciones. Esa es la gran pregunta de todo mi trabajo, como es que cosas así ocurrieron y siguen ocurriendo”.

- Pero pese a este tenebrismo en sus novelas juega mucho con el humor, el humor negro.

“Y con la novela negra, el thriller aunque no las consideraría exactamente de género aunque juegan con él en la medida que el miedo es nuestra emoción más primitiva, la más básica y de la que se ha alimentado la literatura y el cine popular con la que crecí y a la que admiro. La literatura de los 80 era enormemente ambiciosa e intelectual y distante, por lo que si lo que querías era leer historias, escapar, evadirte de la realidad, leías unas de estas novelas populares o te metías en el cine. Y el cine y la literatura es muy importante en lo que hago. De hecho, la literatura popular y el miedo forman parte de esa cultura”.

- ¿Y ahora qué?

“Me he tomado un descanso tras La noche de los alfileres porque la literatura es un trabajo tremendamente solitario y una vez que se publica la novela está la fase de promoción que es agotadora y en la que básicamente hablas de ti mismo. Estos dos últimos años he estado ocupado con otros proyectos creativos, como un libro infantil, guiones. Ayudo, además, a James Costos, embajador de Barak Obama en Madrid, con sus memorias y es una historia muy interesante. Mientras tanto, le doy vueltas a unas ideas pero creo que no puedes publicar un libro de ficción todos los años porque necesitas oxígeno. De hecho, mis novelas van a tardar en publicarse en el futuro aunque nunca dejo de escribir. Tengo mucha suerte de poder dedicarme a lo que me gusta, que es escribir, a razón por la que lo dejé todo y me vine a España “,

Su última novela

La noche de los alfileres es la última novela hasta la fecha de Santiago Roncagliolo, un libro publicado en 2016 y en el que se mezcla humor negro y terror. La historia es la de cuatro adolescentes internos en un colegio en Lima que son los tipos raros y el objeto de las bromas de los demás compañeros de clase en unos año donde el bulling “no se había diagnosticado todavía”, que deciden un día, hartos de su humillante situación tomarse la justicia por la mano y sentir que que se siente ejerciendo el poder en un mundo cerrado, en el que no hay chicas, “solo que la cosa les sale muy, pero que muy mal”.

”He hecho una historia desde la memoria porque cada uno recuerda aquella experiencia como adultos aunque cada uno evoca una historia diferente porque la memoria es una película en la que quedamos bien, en la que siempre somos los buenos. La memoria reorganiza nuestro pasado de una manera que convenga a nuestro presente”.

Saludos, digo, desde este lado del ordenador

Sombras en la meta, una novela de Pascal Buniet

Martes, Marzo 27th, 2018

Pascual Buniet (Saint-Pol-sur-Mer, Francia, 1952) es un caso singular dentro del movimiento (serpenteante) de la novela negra y criminal que se escribe en la actualidad en España.

Singular se dice porque el escritor escribe en español y no en francés; singular porque se ha especializado en un género que todavía disfruta de cierto predicamento en este país y singular porque todas sus historias se desarrollan en Canarias y concretamente en la isla de Tenerife, isla que convirtió en su hogar hace ya muchos años.

Pascual Buniet es autor hasta la fecha de Lágrimas en el mar, donde abordada con mirada crítica la inmigración irregular a las islas; La verdadera historia de Gloria T, un más que interesante y negro retrato de cómo viven las comunidades de extranjeros que han fojado si residencia en el sur de Canarias y ahora Sombras en la meta con la que fue accésit del VII Premio Wilkie Collins de Novela Negra que convoca la editorial M.A.R., y en la que Buniet utiliza como escenario criminal una de sus grandes pasiones además de la literatura, la carrera Bluetrail que se celebra en la isla de Tenerife y en la que deportistas aficionados y de élite compiten no sé si por hacerse con el premio o por desafiar sus condiciones físicas, que es otra forma de desafío.

El inicio de Sombras en la meta es potente ya que uno de los corredores no aparece en la meta, lo que desencadena el misterio y que intervenga la policía para localizar el paradero del desconocido.

Más tarde, y como sucede en toda novela negra que se precie, la historia se bifurca en otras historias y revela algunas de las capas oscuras, tenebrosas, cubiertas por la niebla de un sur de Tenerife donde se mueven demasiados intereses multimillonarios.

El narcotráfico adquiere así un protagonismo cada vez más importante en un relato en el que se mueve una diversidad de personajes que dan consistencia a un relato que va hacia adelante, y en el que suceden muchas cosas que complican, aparentemente, la historia.

No vamos a revelar en esta reseña lo que sucede con el corredor desaparecido pero sí que diremos que hay turbios negocios relacionados con la cocaína y que al paso que va, Pascual Buniet lleva camino de convertirse en la voz autorizada para revelar en clave de ficción las opacidades de ese territorio donde todo no es, precisamente, lo que parece. Y lo que parece es turismo europeo que busca desesperadamente sol y playa.

Si se suma esta constante a un estilo que se nota cada vez más cuidado, las tres novelas que Buniet ha publicado hasta la fecha en español se caracterizan porque en ellas el autor conoce el territorio que pisa. Y eso las hace muy especiales. Más si se tiene en cuenta que estas novelas están escritas por un escritor francés que descubrió su vocación literaria en unas islas que forman parte de su vida y que han terminado por convertirse en territorio de su inspirado universo narrativo.

Saludos, se ha dicho, desde este lado del ordenador

Anelio Rodíguez: “En La Palma la relación espacio-tiempo cuaja en el carácter de la gente”

Lunes, Marzo 26th, 2018

Historia ilustrada del mundo (Pre-Textos, 2017) está llamado a convertirse en uno de los libros del año porque además de contener literatura de calidad, su autor repasa con una sencillez que desarma la historia ilustrada de su familia con rigor técnico narrativo. Este pequeño pero gigantesco volumen está escritor por Anelio Rodríguez Concepción (Santa Cruz de La Palma, 1963), autor de una obra que si por algo se caracteriza es por su notable constancia.

Y no, Anelio Rodríguez Concepción no es uno de esos escritores que publica una novela, un libro de cuentos al año… En su caso, el proceso implica maduración, reflexión antes de dar el visto bueno definitivo a una obra que, como Historia ilustrada del mundo, viene a recordar los personajes de una historia familiar que podría ser la de cualquier lector.

- ¿Cómo se le ocurrió escribir Historia ilustrada del mundo?, ¿qué motivaciones tuvo para publicar este repaso sentimental de su historia familiar?

“De jovencito intenté llevar adelante un proyecto de fotógrafo aficionado: con una Praktica de 35 mm. fui retratando a algunos personajes de mi familia, todos ellos vecinos en la zona de San Telmo, entre la calle que lleva ese mismo nombre y la carretera de Timibúcar, situada en lo alto de Santa Cruz de La Palma. Ingenuamente pretendía atrapar de buenas a primeras el espíritu de aquellas personalidades tan acusadas, tan sugerentes. Con el tiempo esas fotos, junto a otras de los viejos álbumes de casa, se convirtieron en testimonio conmovedor de algo que se estaba deshilachando poco a poco: a posteriori, cuando empezaba a peinar canas, tomé conciencia de que esas personas habían mantenido una idiosincrasia especial, habían encarnado una filosofía de vida basada en la comprensión de las debilidades humanas, una visión del mundo pasada por el tamiz de la ironía, una actitud calmosa -que no pasiva, ni contemplativa- ante los avatares de la existencia. Era inevitable que de ahí surgiera la idea de crear una serie de textos narrativos. Había infinidad de historias jugosas que explorar, tanto en la rama materna como en la paterna, pero por suerte tardé en decidirme a escribirlas. Digo “por suerte” porque algo así sólo puede darse cuando te acercas a los umbrales de la madurez”.

- ¿Qué textos le resultaron más difíciles de escribir?

“La larga dedicatoria a mi madre costó lo suyo, más que nada por su enorme carga de emotividad. Por otro lado, el texto que protagoniza mi primo Denis, que por cierto empecé a escribir al día siguiente de su muerte, me hizo llorar, literalmente. Mientras tecleaba una frase tras otra, veía borrosa la pantalla del ordenador a causa de las lágrimas. Hasta ese momento, nunca antes había sufrido el dolor que se siente cuando se escribe con las tripas. En cuanto a las dificultades técnicas de escritura, debo reconocer que todos los textos mantienen un mismo nivel de exigencia. Desde el principio supe que había que prescindir del punto y aparte: cada texto tenía que fluir imparable. Tenía que leerse de un tirón. Para alcanzar la fuerza justa de ese tirón, había que buscar un equilibrio compositivo calibrando cada frase y conectando con cuidado todas las bazas narrativas. Me impuse unas cuantas premisas: no entregarme al pintoresquismo, no caer en lo empalagoso, moverme entre la exactitud y la indeterminación, tirar de los hilos invisibles de la intrahistoria –más que de los visibles de la Historia-, buscar elementos legendarios en situaciones cotidianas, trabajar la prosa con rigor de poeta… En fin, a pesar de la relativa brevedad del libro, el plan era complejo y ambicioso”.

- ¿Hasta qué punto tiene de memoria y también de ficción este libro?

“En rigor podría afirmarse que aquí no hay ficción. Lo que sí hay es una voluntad seria, responsable, de aderezar la realidad con todas las armas posibles de que dispone un narrador. De hecho, cada vez que escarbas entre los recuerdos estás creando algo diferente, digamos una nueva realidad, paralela a la que perciben nuestros sentidos. El ejercicio de la memoria implica un proceso mental similar al de la inventiva. De cualquier modo, la ficción –lo que suele entenderse por ficción cuando pensamos en un texto narrativo- en este caso concreto no era necesaria, pues los hechos evocados se bastaban por sí solos, por su vigor y también por su singularidad, como materia literaria de primer orden. Lo determinante es que aquí aflora la verdad. Como bien decía Doctorow, mientras las obras historiográficas cuentan hechos, las narraciones literarias cuentan la verdad”.

- ¿Hay algún episodio familiar que fuese determinante para animarlo a escribir este libro?

“Ninguno en particular. Hay un cúmulo de episodios, algunos fascinantes. Todos ellos forman una larga saga que pervive en la memoria compartida de muchas personas. Es como un gran fresco pintado durante décadas. Lo puedes ver de lejos, nunca en su totalidad, o de cerca, fijándote en los pequeños detalles. Cada una de estas historias tiene su fuerza en tanto que forma parte de un conjunto”.

- ¿Hasta qué punto cree que influye el paisaje de La Palma en el carácter de los protagonistas de la obra?

“El paisaje, por su exuberancia, imprime carácter no ya en los personajes de la obra, sino en todos los habitantes de La Palma -los del presente, los del pasado y los del futuro-. Me quedo con ese término, “exuberancia”, que el Diccionario de la Real Academia define como ‘abundancia suma, plenitud extraordinaria’. En La Palma la relación espacio-tiempo cuaja en el carácter de la gente. Yo lo llamo “palmerismo”. No se sabe por qué, pero los espacios naturales de esta isla escarpada, nubosa, de un verde azulino, condicionan la percepción del paso del tiempo, que se vuelve lento e intenso”.

- ¿No sintió pudor al escribir sobre sus recuerdos de la familia?

“En algunos casos sí, pero eso no debía suponer ningún reparo. Por encima de todo estaban las exigencias técnicas que se presuponen detrás de todo buen relato. Quiero decir que lo primero es el compromiso del trabajo bien hecho; después están, en un segundo plano, las sombras de las dudas y del pudor ante las posibles reacciones provocadas por su lectura. Aun así, admito que en un principio me preocupaba el modo en que mis parientes iban a recibir el libro (es que en él se describe a los personajes tal como eran, con sus claroscuros, y eso entraña cierto riesgo, desde luego)”.

- Uno de los aspectos más interesantes del libro es cómo con sensaciones recupera un pasado que en el fondo nos pertenece a casi todos. Me refiero a las sensaciones, al olor del café, de los cigarros… más que a las palabras.

“Los recuerdos ajenos y los propios pueden compartir un espacio idealizado y un mismo tipo de chispazo en el tiempo. El olor del café casero, en efecto, se expande de un lado a otro, de la experiencia del narrador a la del lector. La memoria se nutre de lo que percibimos con todos los sentidos, empezando por el olfato y el gusto, un tesoro oculto que te transporta hasta el principio de los tiempos. Quien haya hecho algún cursillo de cata de vinos, o de quesos, sabe de qué estoy hablando. De repente un matiz sensorial indescriptible te ayuda a revivir fugazmente algo que creías perdido para siempre”.

- ¿Y ahora qué?

“Ahora estoy como hace unos meses. Mejor dicho, estoy como hace unos años. Siempre tengo un manuscrito a medio hacer sobre la mesa y más de un libro completo, terminado e inédito, en la gaveta. Esto es una carrera de fondo, apasionante por sí misma más que por la meta. Vamos tirando sin prisa y sin pausa”.

- No es usted un escritor que se prodigue mucho.

“Llevo doble vida, como profesor y como escritor, y resido en una ciudad pequeña. Lo mejor que puedo hacer es trabajar calladito, con pico y pala. Cuando acabo un libro, lo dejo cierto tiempo en maceración, lejos de la luz, hasta que llegue el momento oportuno de repasarlo en frío. No creo que convenga publicar a cada rato, así porque sí, donde sea y como sea. No le conviene al propio libro. Ni al autor. Ni siquiera al público potencial. Es verdad que, en este sentido, a veces me paso de la raya. Historia ilustrada del mundo llevaba años esperando su oportunidad de remontar vuelo”.

- ¿Cómo aborda la literatura?, ¿qué le interesa de ella?

“Abordo la literatura con honestidad y recato, tomando precauciones frente a sus encantamientos. Es una pasión. Como tal, te pone a prueba continuamente. Te sacude con puntuales adversidades en el trabajo diario, a la larga te exprime y de tarde en tarde te concede alguna satisfacción, como para compensar tanto esfuerzo, o eso quieres creer. Como lector y como escritor, de la literatura me interesa todo, de pe a pa. Me fascina el tricotar de las letras, las palabras, las imágenes, las ideas, todo ello en una labor sorda que acaba generando más y más preguntas sobre los misterios de la existencia en un círculo vicioso pero no dañino”.

- ¿Cómo fueron las negociaciones con Pre-Textos para la publicación de Historia ilustrada del mundo?

“Es una historia curiosa. En 2015 fui invitado a la feria del libro de Chacao, en Caracas. Allí conocí a varios escritores venezolanos, como Antonio López Ortega, de ascendencia canaria, quien me preguntó por qué hacía tanto tiempo que no publicaba nada. Le respondí que tenía varios libros inéditos y que era muy complicado, desde La Palma, buscar un buen editor. Antonio me dijo que quería leer alguno de esos inéditos, así que le pasé dos, uno de los cuales era Historia ilustrada del mundo. Le gustaron tanto que recomendó su publicación a la editorial Pre-Textos, para la que actuaba como “ojeador” en Latinoamérica. Es decir, me recomendó como si fuese un autor latinoamericano. Es más: Antonio, generoso a más no poder, habló con Manuel Borrás, alma de Pre-Textos, y le pidió que me leyera. A Manuel también le gustaron los dos libros y finalmente se decantó por este. Fue una carambola, vaya. Una carambola intercontinental. Es un honor que Antonio López Ortega y Manuel Borrás hayan creído en la obra de este escritor perdido en el quinto pino. Les estoy muy agradecido”.

- ¿Sigue la literatura que se escribe en Canarias? ¿Qué opinión le merece?

“Claro que la sigo. Me inspira respeto y admiración. Hay muchísimo talento, y además en plena efervescencia. Es lógico que una tradición cultural como la nuestra propicie la confluencia de tantas y tan estupendas voces literarias, da igual a qué generación pertenezcan y en qué género estén bregando. Para no resbalar con olvidos indeseados (soy muy amigo de mucha gente de la república de las letras insulares), no pondré aquí ningún ejemplo concreto”.

- ¿Y escritores canarios del pasado que de una u otra manera le invitaron a que escribiera?
“A bote pronto me vienen a la boca los nombres de Pérez Galdós y Alonso Quesada, así como el ejemplo arrollador de los poetas vanguardistas de preguerra. Qué tipos. De cualquier modo, no es bueno, ni justo, que nos ciñamos a unos pocos casos. Todos cuentan. De alguna u otra manera, todos te inspiran”.

- ¿Cuáles cree que son las constantes literarias que le marcan como escritor?

“Quizá el interés por las contradicciones humanas. Quizá la alergia al maniqueísmo. Quizá la socarronería, que de vez en cuando reverbera entre líneas. Quizá el cuidado formal, aunque no se note. Releo mientras escribo y escribo mientras releo, pues me preocupa el tiento con el que hay que pasar de una frase a otra, y de un párrafo a otro. Trabajo muy despacio. Hay que encauzar el esmero literario hacia un efecto de naturalidad expresiva, pero eso lleva demasiado tiempo, demasiadas tentativas con sus correspondientes tachones”.

- ¿Y qué espera de un libro?

“Que esté bien escrito y que no se caiga de las manos del lector”.

- ¿Qué significa la familia para Anelio Rodríguez Concepción?, ¿no cree que es una institución que puede encontrarse en franco retroceso?

“Los vínculos familiares siempre prevalecen, aquí y en el otro lado del planeta, incluso bajo esa especie de anonadamiento que produce la omnipresencia de los grandes medios de comunicación y las redes sociales. Lo que ocurre es que últimamente la memoria colectiva, a medida que se satura de nombres e imágenes externos a las relaciones familiares de cada cual, acaba simplificándose más de la cuenta. Aunque en general las evidencias de ese retroceso están ahí, me cuesta aceptarlo, quizá por vivir en una isla “menor”, donde el contacto humano es esencial, e inevitable. A mis amigos urbanitas –por ejemplo los de Santa Cruz de Tenerife o Las Palmas- les divierte comprobar que, como palmero, procedo de otro tiempo diferente al suyo –un tiempo indefinido, no arcaico, sino mítico-, y que me muevo con otro ritmo vital, sin duda más parsimonioso. Al hablar y al mirar a nuestro interlocutor, los palmeros desprendemos, sin querer, el halo de algo genuino, un nosequé marcado por el afán narrativo en el uso de la oralidad. No podemos obviar ese nosequé. Tampoco queremos. Pues bien, esa particularidad la adquirimos desde la infancia, en familia, escuchando y contando historias de sobremesa. Espero que mis hijos la hayan heredado y que la mantengan a su manera. Tienen que seguir transmitiéndola como un don beneficioso”.

- ¿Está trabajando alguna nueva obra?

“Sí. Un libro de relatos”.

FOTO: Vasco Szinetar

Saludos, game over, desde este lado del ordenador.

Réquiem por Philip Kerr

Sábado, Marzo 24th, 2018

El pasado 22 de febrero había cumplido 62 años y continuaba al pie del cañón, escribiendo novelas de género –esas que desprecia tanto la crítica casposa como sus lectores mal acostumbrados– entre las que destacaban la que protagonizaba el policía y más tarde detective Bernie Gunther primero durante la Alemania nazi y después, camuflado con otro nombre, en un mundo devastado tras la II Guerra Mundial.

Su nombre era Philip Kerr y muere demasiado joven como para justificar mi enfado.

Recuerdo que llegué a su obra por Una investigación filosófica, que no tiene nada que ver con la saga Gunther, y profundicé en ella gracias a su trilogía berlinesa (en la que Gunther sí que tiene mucho que ver, de hecho es su protagonista) y otras novelas en la que el escritor demostraba su talento para la novela popular, esa que despreciativamente se dice que se compra en los kioscos de los aeropuertos.

Cultivó además del policíaco –una de sus últimas series se desarrolla en el mundo del fútbol– la ciencia ficción y el thriller de espionajes con resultados más que aceptables aunque los puristas no opinen, quizá, lo mismo.

A mi me entretuvo Esaú, una curiosa incursión en la leyenda del abominable hombre de las nieves, y en la estupenda A tiro, donde propone una inquietante fantasía de atentados que tiene como protagonistas a J.F.K y Fidel Castro. También escribió y publicó cosas muy malas, material alimenticio con el que mantuvo cierto nivel de vida antes del éxito arrollador de las novelas dedicadas a Bernie Gunther, un personaje que ya ocupa un espacio de honor en esa amplísima galería de investigadores privados que decora el salón de la fama de la novela negra. O negra y criminal, como ustedes gusten.

Me conmueve la pronta desaparición de este escocés al que califican de hombre abierto y simpático quienes le conocieron. Como lector, solo me queda como consuelo conocer que faltan por publicar en España dos novelas más de la serie Gunther, material que iba creciendo con el paso de los años aunque se notara que el escritor estaba cansado de recrear su pasado al servicio del Mal, ese mal absoluto que encarna el nazismo por muchas vueltas y despedidas a la francesa que hiciera el protagonista en estas historias.

La muerte de Philip Kerr como la de todo escritor (de género o no) que desaparece tan pronto, demasiado pronto, la asumo como la pérdida de un buen amigo aunque me quede como recuerdo un puñado de libros que solo dejaría en el asiento de un avión para que mi sustituto de fatigas viajeras olvidara el trayecto que le espera con la lectura de relatos con tramas bien hilvanadas en la que se cuentan historias potentes, esas que enganchan y te hacen olvidar la grisura de la realidad…

Por eso aquí y ahora y con el sabor amargo de, precisamente, la realidad, solo nos queda decir gracias señor Kerr, lo vamos a echar muchísimo de menos.

Saludos, demasiado negros, desde este lado del ordenador

Un libro de cine diferente

Jueves, Marzo 22nd, 2018

¿Un libro de cine? Hay muchos aunque no creo que la gente compre tantos como antes… Internet y esas cosas. Los blogueros tienen parte de culpa y en España un caballero que se llama Carlos Boyero, un tipo que a base de opinar a veces con la cabeza y otras con el corazón ha generado el odio (no desprecio) de críticos y críticos apolillados que en el fondo solo piensan en ser como él. En tener su minuto de gloria, en que lo mencionen en la gala de los Goya para que el sector en peso se ría del que nadie puede reírse y esas cosas.

Todo la mercadería que genera el mundo del cine (y eso incluye los libros) suele ser bastante ligera aunque cuenta también con obras que editores bastante locos continúan publicando porque así les sale del corazón. Las facultades de Ciencia de la Información y sobre todos sus ramas especializadas en cine contribuyen también a que la edición de manuales teóricos sobre cine se mantenga y no desaparezcan como no desaparecen los filmes de Godard.

Ahora bien, si me preguntaran sobre qué libro de teoría no praxis cinematográfica recomendar escogería Filmish, un híbrido entre tebeo, colorín, chiste, cómic que escribe y dibuja Edward Ross, quien propone un apasionante repaso en clave intelectual por la historia del cine citando obras de referencia y películas que, por norma general, la mayoría hemos visto.

El libro no es otra cosa que un original ensayo sobre el cine y a través de sus páginas nos enseña las ideas y los mecanismos que se esconden detrás de algunos títulos inolvidables de eso que llaman séptimo arte.

En Filmish. Un viaje gráfico por el cine (Reservoir Books) se estudian centenares de películas y se revela la razón de porqué son tan especiales para el público en siete capítulos que con encabezados como El ojoEl cuerpoLos decorados y la arquitectura,  El tiempo, La voz y el lenguajeEl poder y la ideología y La tecnología y la tecnofobia (el cine y la tecnología siempre han estado muy unidos) dan una visión completa y compleja de sus objetivos.

Al mismo tiempo certifica la profunda historia de amor que mantiene su autor, Edward Ross, con el cine en su calidad de espectador que quiere ir un poco más lejos, investigando y leyendo obras de críticos sesudos, los que se parten la cabeza analizando una película aunque no diga nada, y volúmenes teóricos que ofrecen una visión nueva de lo que se observa.

Filmish es un libro recomendable para espectadores con curiosidad más que para cineastas aprendices o forjados. No interesará en modo alguno a los que viven del negocio gracias a las episódicas y multimillonarias ayudas que proporciona el Gobierno pero eso es otra historia.

Gráficamente, el libro no molestará a nadie. Las viñetas representan películas relativamente populares pero el tono siempre es el mismo, buen rollo para meternos en el estómago su particular visión de y sobre el cine.

Así que me pides que te recomiende un libro teórico sobre cine… No, me niego a que te leas Praxis del cine, ya llegarás a él cuando tengas más años y menos pelo sobre la cabeza… El libro, profesores y alumnos es un tebeo, un cómic, un colorín, un chiste: Filmish. Un viaje gráfico por el cine.

Y el que avisa no es traidor aunque claro, vendrá otro y bla, bla, bla…

Saludos, funde a negro, desde este lado del ordenador.