Archive for the ‘Libros’ Category

El viento y la sangre, una novela de M. A. West

Lunes, Mayo 20th, 2013

Los domingos por la tarde en Peoria son igual de plúmbeos que en cualquier ciudad de provincias. La gente sale al campo, se mete en el cine o se encierra en casa para intentar hacer más breves esos adelantos a la muerte.

(El viento y la sangre, M. A. West. Colección Negra, Navona Editorial)

“- Antes te dije que te mataría y te despedazaría, ¿verdad?

Vinnie asintió.

- Y te dije que si hablabas, te mataría primero, ¿verdad?

Vinnie volvió a asentir con resignación, casi con agradecimiento. Entonces, como si Lucifer se hubiera apoderado de él, los ojos de Rudy dejaron de ser castaños y se tornaron de un color amarillento, casi dorado, cuando dijo:

- Te mentí.”

(El viento y la sangre, M. A. West. Colección Negra, Navona Editorial)

La edad de oro de la novela negra en Estados Unidos, los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, está plagada de autores que no han trascendido con la fuerza que merecen al publicar sus obras en sellos editoriales de baja presupuesto, los pulp, y al entenderse que se tratan de títulos del montón, literatura facilona y demasiado directa, que carece del lirismo de los clásicos (David Goodis, William R. Burnett, Don Tracy, Jim Thompson, Charles Williams, entre otros), desechando el trabajo artesanal de muchos de estos escritores, algunos de los cuales incluso supieron dotarlo de una mirada que además de dar prioridad al estilo –repleto de frases cortas y contundentes– volcaron su ingenio en historias que, leídas en estos tiempos siniestros, resultan aún políticamente incorrectas.

Desconocía pues el trabajo de uno de estos artesanos de la palabra, M. A. West, pseudónimo bajo el que se esconde un profesor de Literatura que para doblar el sueldo que le proporcionaba su trabajo se dedicó a publicar novelitas que, pasado los años, pasado el tiempo, quiero entender ahora como la serie B del género negrocriminal.

Una serie B que destaca, como destacó en la gran pantalla, por su poderosa imaginación, sentido de la acción y, lo que es mejor, ofrecer una visión de esta literatura desde perspectivas radicales y desconcertantes.

El viento y la sangre, novela que traducen y recuperan para el mercado español Thalía Rodríguez y Alexis Ravelo, es un buen ejemplo para entender las constantes de esta narrativa si quieren menor.

Constantes que podríamos resumir en descripciones explícitas de sexo, extremada violencia, personajes de una pieza pero con matices en ocasiones insólitos, y un sentido de la acción que las hace inevitablemente reivindicables.

Poco sabemos de su autor, M. A. West, aunque al parecer dejó varias historias protagonizadas por Rudy Bambridge, mano derecha de un hampón de Chicago que se dedica a resolver casos empleando, al margen de la ley, las armas de su oficio.

Esta es la primera característica llamativa de El viento y la sangre. Novela que empieza con el secuestro de una rica adolescente, la huida que emprende uno de los miembros de la banda con el dinero del rescate y la persecución que inicia Bambridge para recuperar el dinero y vengar la violación a la que ha sido sometida la chiquilla.

En la historia, que transcurre en un pequeño pueblo de Dakota, intervienen también otros personajes, algunos de ellos tan atractivos como Lorna, o Conrado Bonazzo, el jefe de Rudy Bambridge, un gángster con un extraño sentido del honor.

El viento y la sangre, como muchas otras novelas de kiosco, lo que los norteamericanos reconocen como pulp, hay un poco de todo.

El lector iniciado puede encontrar influencias de La llave de cristal, de Dashiell Hammett; El secuestro de miss Blandish, de James Hadley Chase, escritor de origen británico que a su vez adaptó a las claves negrocriminales Santuario, de William Faulkner, y algún que otro autor y novela del género que ahora nos ocupa en el que late una preocupación no ya solo por entretener al lector, sino también por salpicar su relato con personajes que definen muy bien el espíritu abiertamente provocador y despiadado de este tipo de literatura.

Una literatura que pese al paso de los años aún sabe a subversiva y que dirige sus críticas contra el orden establecido, de naturaleza siempre corrupta, en el que sus personajes públicos son capaces de sacrificar lo que más quieren para ganar un puñado de dólares.

El dibujo que ofrece M. A. West de los poderosos resulta así demoledor, y explica con un cinismo muy propio del género, que ese orden en apariencia virtuoso lo sostiene en la sombra personajes como Bonazzo. Un gángster calculador sí, pero también un hombre de familia con un desarmante sentido de la caballerosidad. La misma que anima al único irlandés de la banda a resolver los cabos sueltos que se dan cita en esta extraordinaria El viento y la sangre, una novela de apenas 150 páginas que se lee con la misma avidez con la que fue escrita. Y que no deja de sorprender a medida que se avanza por el retrato que ofrece del hombre de confianza de Bonazzo, Rudy Bambridge, así como de otros miembros del gang.

El viento y la sangre se convierte así en una novela que no solo se queda en la anécdota, ya que contiene varias capas que, al modo de una cebolla, M. A. West va pelando a golpe de navaja.

Una serie B, en definitiva, en su estado más puro. Una novela que pese a estar escrita en tiempo record y probablemente sin apenas borradores, nunca pierde de vista su sentido de la acción. Una acción al servicio del entretenimiento pero con muchos mensajes respirando bajo sus páginas.

Por ello, y por muchas cosas más, El viento y la sangre es un título recomendable no ya solo para los aficionados a este tipo de novelas, sino también a los que todavía se cuestionan el tonelaje intelectual que respiran estas historias, aunque se traten de títulos de serie B y firmados por autores prácticamente desconocidos como M. A. West.

Un hombre, West, que dejó escritas otras historias con Bambridge como protagonista y que piden a gritos su pronta recuperación en el mercado editorial español.

Anoten por lo tanto este título: El viento y la sangre.

Y este nombre: M. A. West.

Uno de los nuestros.

Saludos, muchas felicidades Kiko, allá donde estés, desde este lado del ordenador.

“Nené: di adiós al pasado”

Domingo, Mayo 19th, 2013

Para alguien que no sabe conducir, para alguien que apenas se mueve de los estrechos límites de la ciudad en la que se finge que vive, desplazarse a cualquier punto de la isla que habita es algo así como un viaje.

Basta que la guagua o el automóvil recorra algunos kilómetros sobre el asfalto para que sienta el espíritu de la aventura que consiste en abandonar el lugar de origen para llevarlo a un lugar no tan remoto y que apenas reconoce, salvo recuerdos cada días más dispersos de una infancia que desaparece, y a la que el destino ahora lleva porque nada está escrito.

Por norma, estos desplazamientos que te abstraen durante un par de días de una rutina salpicada de desengaños, te hacen ver las cosas de otra manera.

Será, pienso ahora, por la gente que conoces, la mayoría de ellos igual de despistados el primer día que es el día en el que tienes que dar el primer paso, darte a conocer, comprobar que la risa que sale de tu boca es espontánea porque vuelves a ser tú, ese fantasma que desdibujas con el peso de la realidad diaria y que en estas escapadas reencuentras afortunadamente quizá porque, reitero, al final del camino solo estás tú. Tú y tus circunstancias, que diría ese filósofo al que todo el mundo cita pero que casi nadie conoce.

Quiero pensar, de todas formas, que algo se mueve.

Que algo late cada vez con más fuerza.

Quiero pensar que este tipo de literatura, la negra, la policíaca, la criminal, se hace camino porque hace camino al andar y no pierde el tiempo en disquisiciones sobre alta o baja literatura porque sabe que es literatura.

Cuenta, además, con un desarmante espíritu de camaradería entre quienes le dan voz –los escritores– que no he encontrado en otras tendencias, en otros estilos que se dicen más intelectuales.

El martes, 14 de mayo, Alexis Ravelo presenta en Santa Cruz de Tenerife La estrategia del pequinés, a mi juicio su mejor novela aunque Javier Hernández Velázquez no se cansa de recomendarme vivamente Los últimos días de Mercurio, título que espero conseguir un día de estos.

Ese día en el que lleguen las novedades que se editan en Gran Canaria con la misma regularidad con la que llegan a las librerías que existen en Tenerife las novedades que aterrizan del territorio peninsular…

Ya he comentado La estrategia del pequinés, lo que no he  comentado es que ver en directo a Ravelo es un espectáculo porque el escritor, que habla como una ametralladora, posee un discurso igual de bien armado como el que emplea para estructurar sus historias.

El miércoles, 15 de mayo, Susana Hernández da a conocer las claves de su última novela, la atractiva Contra las cuerdas, en la Librería de Mujeres. La Librería de Mujeres es una especie de oasis cultural en una capital, como Santa Cruz de Tenerife, tan necesitada de oasis culturales.

Contra las cuerdas no es una novela pugilística sino una intensa y absorbente novela policíaca en la que su autora recupera a las subinspectoras de la Policía Nacional Rebeca Santana y Miriam Vázquez tras Curvas peligrosas y título del que volverá a hablar el jueves de esta misma semana en la séptima edición de NNegra de Arona, jornadas en la que se analiza la aportación al género de un puñado de narradoras que ya no titubea en explorar los territorios de la novela negra para contar historias.

En Arona se recuerda a algunas señoras que lo hicieron posible.

Cito de memoria a Vera Caspary y Dorothy B. Hughes, a ellas le debemos entre otros títulos clásicos: Laura y En un lugar solitario; también se evoca a Margaret Millar y, cómo no, a la gran Patricia Highsmith, todas ellas escritoras que se hicieron espacio a base de codazos y sobre todo mucho talento en un género hasta ese momento acotado a los hombres.

Ello explica, razona alguien, que los protagonistas de sus relatos fueran hombres y no mujeres. Y se menciona al inquietante y ambiguo Tom Ripley.

En las mesas redondas, en las charlas que se producen en NNegra de Arona y en las que participan Susana Hernández y Yanet Acosta (El chef ha muerto), se habla también de la vampiresa, de la mujer fatal.

La mujer fatal encarna un tipo de personaje femenino que rompe cadenas y que utiliza la cabeza y su cuerpo para salirse con la suya. El protagonista masculino de estas historias es algo así como un pauloviano cachorro que solo sabe babear cuando cae en las redes de estas señoras que el cine elevó a los altares con la forma de Ava Gardner o Lana Turner por mencionar solo a dos actrices que aún despiertan mi lado más pauloviano de entender la vida.

En NNegra de Arona se proporcionan títulos, se firman libros, se suscita un debate donde una señorita del público lamenta la presencia de dos caballeros en una mesa donde se habla de novela negra escrita por mujeres, y se hace un poco de sociología mientras las nubes no desaparecen del cielo de Arona que durante tres días se ha vuelto negro.

O negra, como la literatura que una vez pruebas, ya no dejas. Y no dejas porque algo tiene este género que trasciende las fronteras del género y en el que ellas están ocupando el papel protagonista que antaño ocuparon ellos. Es más, ellos están escorando su literatura a la novela de crimen de salón. Galería en la que hasta el día de ayer eran precisamente ellas las más conocidas y celebradas. Pensad en Agatha Christie, en Anne Perry, en Donna Leon, en…

Falla a estas jornadas con aroma a pólvora la escritora Mary Jungstedt, quien por motivos personales no puede trasladarse de Suecia a Tenerife para presentar su última novela traducida en España, Un inquietante amanecer.

Lo que no supone un quebranto para que durante tres días, del 15 al 17 de mayo, el espíritu de la novela negra se extienda como un manto entre los que sí hemos tenido la suerte de participar en estas jornadas.

AroNa se escribe pues con N mayúscula.

N de Novela y N de negra.

(*) En la imagen Jane Greer en Retorno al pasado (Out of the past, Jacques Tourneur, 1947)

Saludos, “nené: di adiós al pasado”, desde este lado del ordenador.

Graceland, una novela de Chris Abani

Miércoles, Mayo 15th, 2013

Cuando empezó la película, Elvis leyó el título entre dientes, El bueno, el feo y el malo. Sonrió, esa era buena., plagada de acción, aunque el comienzo era lento, con los dos hombres esperando largo tiempo, uno de ellos mirando el reloj de vez en cuando, antes de dispararse entre ellos. No parecía una forma muy efectiva de matar a alguien. En cuanto la última nota del reloj murió, el proyeccionista empezó:

- El Actor está disparando a John Wayne, Wayne ha esquivado. ¡Oh, no!, el Actor ha caído. El caballo del actor ha caído. ¡Oh, no! El John Wayne en acción. El John Wayne es un poderoso hombre medicina. Las balas no pueden matarlo.”

(Elvis, Chris Abani, Baile del Sol Ediciones)

El escritor Chris Abani es natural de Nigeria y a raíz de la publicación de su primera novela tuvo que exiliarse a los Estados Unidos de Norteamérica donde ha continuado una carrera literaria que lo coloca en la primera fila de lo que podríamos llamar una  narrativa africana urbana que en Graceland, novela que edita en España Baile del Sol Ediciones, se desarrolla en un barrio del extrarradio de la caótica y cacofónica Lagos.

Graceland es una novela escrita desde las tripas. Y por lo tanto, un libro que desconcierta y desasosiega. Así, su lectura no resultará fácil no por la complejidad de su lenguaje, ni siquiera de su trama, sino por lo que cuenta con descarnada sinceridad.

El protagonista de la historia es un hijo del arroyo que tras la muerte de su madre, y posteriormente de su abuela, perderá cualquier lazo con la aplastante y sobre todas las cosas miserable realidad que le rodea.

Elvis, que así se llama el héroe/antihéroe, es pues el objeto de una historia que apuesta por la ironía si nos quedáramos solo con el título, Graceland, pero que va más allá al tratarse de un crudo relato sobre la huida que emprende su protagonista mientras aprende a hacerse adulto en condiciones terriblemente hostiles y en una sociedad marcadamente masculina que ha perdido cualquier noción con sus raíces originales y degenerar en una esquizofrenia violenta que solo valora a las personas por la cantidad de dinero que lleve en el bolsillo.

Chris Abani es un formidable contador de historias, y Graceland es una formidable historia escrita en varios tiempos, 1983 y los años setenta, en la que narra el laborioso proceso de crecimiento de Elvis, un personaje ambiguo, rico en matices y demasiado humano y por lo tanto creíble, que intenta escapar de su mundo refugiándose en sesiones de cine y escuchando discos, sobre todo de Elvis Presley, a todo volumen en el viejo tocadiscos que hay en casa de su padre.

La novela relata además las difíciles relaciones que mantiene con su progenitor, un hombre que no ha vuelto a ser el mismo tras la muerte de su esposa, aunque al final del libro podamos entender que el autor lo redime, aunque esa redención suene inútil, casi como un suicido obstinado; su amistad con El rey de los mendigos, un pordiosero de las calles de Lagos al que un dramático suceso del pasado ha convertido en los que es, un paria; y Redemption, su mejor amigo. Un buscavidas cínico, entre otros fascinantes personajes de una novela que, pese a su extensión, más de 350 páginas, está construida como si de una fábula se tratara. Algo así como la Alicia de Lewis Carroll, pero una Alicia, Elvis en nuestro caso, que viaja no al país de las maravillas sino de las desgracias.

Graceland es un relato escrito con vigoroso pulso narrativo, y está estructurado como un árbol en torno al cual crecen numerosas ramas, algunas de las cuales terminan por mezclarse.

El retrato que ofrece Abani de Nigeria resulta, por otro lado, demoledor. Aunque le pesa el pasado de un país inventado por los europeos con tiralíneas ya que podría levantar la cabeza, casi parece decir, si recordase las fabulosas tradiciones que guarda en una memoria que ha sido truncada por un sistema podrido y corrupto.

El escritor intercala en cada pasaje de esta fascinante novela recetas de platos tradicionales y descripciones de plantas originales, y describe con una hermosa metáfora el cordón umbilical que aún mantiene Elvis con su madre fallecida a través del diario personal que le dejó como única herencia. Páginas de las que solo lee, precisamente, sus recetas gastronómicas.

Abani es un escritor con mucho nervio, y un hábil contador de historias. También uno de esos autores necesarios para tomar conciencia y sobre todas las cosas, un creador poderoso al que no le tiembla el pulso a la hora de mostrar hasta donde ha degenerado la existencia del hombre en su país.

Con todo, reitero que estamos ante una novela difícil. Difícil por lo que significa, difícil por el horror que revela sin máscaras. Aunque en algunos momentos contiene dentro de sus páginas un lirismo semejante al que los neorrealistas explotaron en la Italia de postguerra, sin renunciar en ningún momento a la denuncia contra la pobreza material y espiritual, ese monstruo con dos cabezas que condena a sus hijos, uno de ellos Elvis, a escapar de un territorio en el que como ya mencionamos antes, no eres nada si no tienes dinero en el bolsillo.

Son demasiadas las sensaciones que se agolpan en mi cabeza mientras escribo estas líneas pero es que hacía tiempo que no sentía ese puñetazo en el estómago que, en ocasiones, me ofrecen algunas lecturas.

Lecturas que entiendo reveladores y que me hacen ver mi propia realidad con unos ojos afortunadamente menos siniestros, aunque sospechosamente inquietantes ante lo que podríamos vernos inmersos en esta obsesa pero también eunuca Europa en la que vivimos.

Sería interesante que la labor que ha emprendido Baile del Sol Ediciones continuara en esa línea que no tiembla cuando su apuesta es arriesgada, y que tradujera nuevos títulos de Abani o de otro de los grandes escritores africanos actuales como es Sami Tchack, ya que a través de sus libros se da una visión del continente negro opuesta a la que se queda solo en la postal turística.

Y es que Abani muestra África desde dentro. Desde sus tripas sin dejar de resultar conmovedor y tierno pese al caos que describe y a la apremiante denuncia –y aquí coincide con Tchak, aunque sea un escritor togolés y escriba en lengua diferente y, curiosamente, colonizadoras como son el inglés y el francés– de que están perdiendo sus lazos con el pasado.

La rica y compleja memoria como pueblos frente a un progreso, made in occidente, que solo conlleva a la más salvaje y descarnada explotación.

Saludos, no se la pierdan, desde este lado del ordenador.

Semana muy negra la que nos queda en Tenerife

Martes, Mayo 14th, 2013

INTRO

Semana negra lo que nos queda de semana. Pero de un negro afortunadamente literario y no asociado a los malos tiempos que corren. De martes a viernes se desarrollará en la isla de Tenerife una serie de actividades relacionadas con la novela policíaca que ningún aficionado que se precie debería de perderse. Así que desde esta última bitácora, metralleta Thompson en mano, quedan avisados…

BALAZOS

* El escritor Alexis Ravelo presenta este martes, 14 de mayo y a las 19 horas en la MAC (calle de Robayna, nª2, Santa Cruz de Tenerife) su última novela, La estrategia del pequinés, título editado por Alrevés y, probablemente, una de las mejores novelas negras que ha aparecido en este país que aún se sigue llamando España en lo que llevamos de año. Ravelo ha tenido la ocurrencia de que quien se lo presenta sea la misma persona que ahora mismo redacta estas líneas, así que es más que probable que allí hablemos de todo pero sobre todas las cosas de La estrategia del pequinés y de la literatura negrocriminal.

* La Librería de Mujeres (calle de Sabino Berthelot, 42, en Santa Cruz de Tenerife) acoge el miércoles, 15 de mayo, a las 19.30 horas, la presentación de la última novela negra de la escritora Susana Hernández, Contra las cuerdas (Alrevés), título en el que también intervienen las protagonistas de Curvas peligrosas, las subinspectoras de la Policía Nacional Rebeca Santana y Miriam Vázquez, lo que ha supuesto una corriente de aire fresco dentro de la literatura negrocriminal que se escribe en España no solo por su contundencia narrativa sino también porque se trata de dos títulos que ponen de manifiesto que las mujeres están ocupando un espacio importante dentro de una novela que hasta el día de ayer estaba escrita fundamentalmente por hombres.

* Y si usted es aficionado o no a lo que el escritor Paco Ignacio Taibo II define como la novela social de nuestro tiempo, la novela negra, del 15 al 17 de mayo se desarrollará en Arona la séptima edición, séptima edición ya, de NNegra de Arona, encuentro que este año se preocupa en estudiar y analizar en el Centro Cultural de Los Cristianos el papel que, precisamente, están desarrollando las mujeres en esta narrativa bajo el título de Una mirada negrofemenina y en la que intervendrán en las diferentes mesas redondas la ya mencionada Susana Hernández, Yanet Acosta, autora de la divertida El chef ha muerto y Mary Jungstedt, escritora de nacionalidad sueca que  cuenta, entre otros títulos, con Un inquietante amanecer, novela que forma parte de las jornadas de trabajos con alumnos de institutos del municipio Descuartizando a… La séptima edición de NNegra de Arona se inaugura el miércoles 15 de mayo a las seis de la tarde y continuará a las 18.30 horas, bajo la denominación Malignas suculencias, con un encuentro con Yanet Acosta. La acción proseguirá el jueves, 16 de mayo, y a las 18 horas, con una charla del escritor Alexis Ravelo sobre dos grandes de la novela negrocriminal en España: Ribas y Fallarás: mujeres al borde de un ataque de ira y a las siete de la tarde, Susana Hernández revelará algunas de las claves de su última novela, Contra las cuerdas. NNegra de Arona se despedirá el viernes 17 de mayo a partir de las seis de la tarde con una mesa redonda, Algo más que fatal, en la que participarán las ya mencionadas Yanet Acosta y Susana Hernández, así como Mary Jungtedt, los escritores Alexis Ravelo y Javier Hernández Velázquez, y el periodista que ahora mismo pone punto final a estas notas.

Saludos, desde la zona crepuscular, desde este lado del ordenador.

Vázquez Figueroa, más allá del bien y del mal

Martes, Mayo 7th, 2013

Podrá o no gustarte sus novelas pero Alberto Vázquez Figueroa pertenece, por fin y tras años de constante trabajo, a ese territorio que lo ubica más allá del bien y del mal.

He seguido así su trayectoria pública más que literaria a lo largo de estos años porque me resulta un personaje sorprendente que ha logrado quitarse de encima las cadenas regresivas que impone el territorio insular, por lo que entiendo al personaje como un escritor e inventor y lo que quiera acostumbrado a decir lo que le viene en gana sin miedo a despertar posibles hostilidades.

Durante unos años fue un fijo en la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife, donde asistí a la mayoría de las ruedas de prensa que ofreció no para hablar de su último libro sino de sus inventos con una fe en la que creí encontrar a un hombre capaz de firmar un pacto con el mismísimo Satanás para que le hicieran caso.

No sé como le habrá ido en su aventura como profesor Franz de Copenhague, pero su presencia, habitual en ese encuentro con la literatura en la calle que este año corrió peligro de enclaustrarse, se convertía en uno de los momentos más entretenidos y en ocasiones surrealistas que viví en mis años de servicio cuando el escritor de notables éxitos comerciales enviaba literalmente al carajo, o al cubo de la basura, o a la mierda para que me entiendan, la mayoría de sus libros porque él de lo que quería hablar era de sus inventos.

¿Excéntrico?, ¿provocador? No lo creo, en todo caso un reflejo defensivo natural al ninguneo al que ha sido sometido por parte de cierta crítica especializada en eso que llaman alta literatura y a unos escritores empeñados en calificar lo que escribe de facilón cuando continuo pensando que no debe ser nada fácil vender lo que ha vendido este señor a lo largo de su ya larga y prolija carrera.

Porque durante un tiempo, y secuela que aún le permite continuar en activo publicando prácticamente uno o dos libros por año, Vázquez Figueroa fue una marca. Es decir, que la gente compraba sus novelas no por el título, ni siquiera por el argumento que venía impreso en la contraportada, sino porque se trataba de un nuevo título de Alberto Vázquez Figueroa.

Sin querer entrar en cuestiones más complejas, y confesado pese a todo que no soy un lector regular de sus obras porque me llaman otros estilos y géneros, leo esta mañana –mientras hago una de esas colas en el banco donde parece que el tiempo se congela– una entrevista en la que dice que si este año no lo invitaron a la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife y de Las Palmas de Gran Canaria fue porque “no tienen dinero ni para pagarme el billete de avión”, añadiendo a continuación que por ahora no tiene pensado escribir más sobre el archipiélago porque entre las novelas, películas y series de televisión que han adaptado esas mismas novelas, nunca contó con “financiación de las Islas”.

Vázquez Figueroa olvida el escándalo, remoto ya en la noche de los tiempos, que se generó en torno a Océano, una de las primeras piedras que entorpecieron el camino de la hipotética y fantasmagórica industria audiovisual canaria, e historia chiripitifláutica a la que espero algún día dedicar un post retrospectivo.

“¿De qué me ha servido?”, se pregunta hastiado el escritor.

“De nada. De Canarias he escrito más que suficiente. Hice lo que quería hacer sin esperar nada a cambio, ni dinero, ni ninguna medalla. Ni un solo político me ha dicho gracias” sentencia el autor de Como un perro rabioso y Tuareg.

Y no le falta razón. Razón que me anima a exigir desde este su blog que Alberto Vázquez Figueroa, con todas sus luces y sombras porque todos tenemos nuestras luces y sombras, reciba algún día una Medalla o, mejor, el Premio Canarias de Literatura si estos galardones se toman en serio de una vez y dejan de lado molestas e inclasificables conveniencias.

Puestas las cosas como están, si todavía nos queda alguien que se lo merece es, precisamente, Alberto Vázquez Figueroa, para un amigo el último orate que nos queda en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses…

Saludos, decíamos ayer…, desde este lado del ordenador.

Pasa la tormenta, una novela de Tomás Felipe

Lunes, Mayo 6th, 2013

“- ¿Te estas quedando conmigo?, ¿eh, godita…? ¿Te estás vacilando de mi…?

Yo me quedé petrificado, sin saber qué hacer. Algunas personas pasaban junto a nosotros sin prestarnos mayor atención, acostumbradas, sin duda, a escenas como esta. Nuria permanecía impasible, sonriendo como si tal cosa. Se me hizo un nudo en la boca del estómago. Joder, pensé a toda velocidad, mira que le dije que no abriera la boca…”

(Pasa la tormenta, Tomás Felipe, colección Serie Negra, Baile del Sol Ediciones)

Me sorprende y me divierte Pasa la tormenta, segunda novela que publica Tomás Felipe (Cádiz, 1957) en la que propone una curiosa visión futurista de Gran Canaria e isla en la que su protagonista, un abogado abonado a toda clase de sustancias excitantes y a la ingesta de enormes cantidades de alcohol, se ve inmerso en una trama de tintes negrocriminales que ha logrado atraparme y seducirme como lector.

Tomás Felipe tiene la capacidad de hacer creíble el territorio que toca, y con apenas dos o tres pinceladas dar verosimilitud a una isla, unas islas, cuyo futuro presenta tenebroso en una Unión Europea que ha reinstaurado la pena capital: “Imagino que habrás leído lo referente a los dos casos de pena capital desde que esta se reinstaurara en Europa, pero si se os ha olvidado algo, os refresco la memoria… El primer caso fue el de aquel mecánico de Avilés que mató a martillazos a su madre, a su esposa y a sus dos hijos para después irse tranquilamente a un centro comercial a ver una película, antes de entregarse a la policía. El segundo caso fue el de aquel fundamentalista cristiano que disparó desde su coche a toda una fila de alumnas del colegio musulmán de Tarragona mientras hacía cola a la entrada del mismo, matando a seis de ellas e hiriendo de gravedad a nueve más… En ambos, las perspectivas de la defensa insistieron en lo mismo, “trastorno mental transitorio”, en buena lógica claro, pues ¿quién en su sano juicio sería capaz de matar a sus propios hijos y luego irse a ver una peli? ¿Quién en su sano juicio mataría a sangre fría a un grupo de niñas solo por llevar un pañuelo en la cabeza? Pero el veredicto fue invariable, culpable. Y la sentencia también, muerte.”

En este escenario oscuro y pesimista, en el que parece que ya no cabe ninguna esperanza, es en el que se desenvuelve su protagonista, Ángel, un bala perdida pero de familia bien, a quien su bufete de abogados le encarga la defensa de un subsahariano acusado de matar a tiros a cinco personas en la obra en la que trabajaba como inmigrantes clandestino.

La Isleta transformada en una gigantesca prisión de máxima seguridad, helitaxis que sobrevuelan los cielos de una capital de provincia con insalvable problema de tráfico, barrios marginales como el de La Vega de San José donde no se atreve a entrar ni la misma policía y que maneja con mano de hierro un mafioso que se hace llamar Bin Laden son solo algunos de los elementos que utiliza el escritor para dar credibilidad a una novela cuya línea argumental crece en vez de decrecer, y en la que Tomás Felipe plantea siempre con un agradecido verismo una denuncia con todas sus letras a la explotación del hombre por el hombre. Realidad, viene a contar, que por mucho que evolucionemos tecnológicamente no significa que, como sociedad, progresemos moralmente.

Pasa la tormenta está narrada en primera persona por su protagonista, Ángel, un perdedor que, pese a su renuncia, pese a sus fracasos, no pierde la ironía a la hora de enfrentarse a la dolorosa vida diaria siempre y cuando tenga a manos sus pastillas milagrosas y a quien le encargan que asuma la defensa de un hombre, un inmigrante subsahariano, que es el principal sospechoso de un caso aparentemente perdido.

Contará a lo largo de su investigación con los servicios de una aguerrida periodista catalana, Nuria, y con un policía atractivo pero taimado, Pino, para evitar que el acusado del quíntuple crimen sea condenado a muerte. Y así, como en toda novela de género que se precie, el escritor nos irá revelando que no todo es lo que parece.

Tiene Pasa la tomernta además la capacidad de embrujar al lector, sobre todo en lo que podríamos considerar su segunda mitad, y consigue que leas atentamente sus páginas con el fin de averiguar cómo solucionará los diferentes cabos que va dejando sueltos a lo largo de sus páginas.

Y lo logra, porque en ningún momento Tomás Felipe se deja arrastrar por sus personajes, personajes que en todo caso pone al servicio de una historia que se caracteriza por su notable sentido de la acción y del tempo narrativo sin camuflajes estéticos ni estilísticos.

Le estoy agradecido así al autor por haber logrado conmoverme y emocionarme con Pasa la tormenta, título que entre otras pretensiones tiene el objetivo de entretener.

En este sentido, y partiendo de la base que me vale su estrategia como producto de entretenimiento, su autor va más lejos del simple hecho de hacer pasar un buen rato.

Quizá sea esto lo que explique que haya leído sus casi doscientas cuarenta páginas en apenas unos días, sorprendido por la atrevida propuesta que Tomás Felipe hace del género negrocriminal que en la actualidad se escribe en España, así como el que se conoce como de ciencia ficción.

Porque esta novela con atributos es, reiteramos, una inteligente fusión entres ambos géneros que a mi me recordó, aunque sean historias radicalmente opuestas, a El hombre demolido, la obra maestra de Alfred Bester, y título en el que el escritor norteamericano fusionó con clase y elegancia los tópicos más rabiosos de la novela policiaca con los de la ciencia ficción de su tiempo.

No creo así que Pasa la tormenta deje indiferente a nadie. En especial a aquellos lectores que se han curtido en lo que podríamos denominan como pulp fiction, literatura de bolsillo para todos los públicos en la que subyace mensajes con calado.

Tomás Felipe tiene además el atrevimiento, y sale muy bien de la experiencia, de introducir al lector en la cabeza del acusado para entender las razones que lo llevaron a cometer los asesinatos en tres de los capítulos más sentidos y profundos de esta novela cuyos efectos aún agitan mis neuronas mientras redacto estas líneas.

El autor narra toda esta aventura con una sencillez aplastante, e incluso se permite un final con cierto aroma de redención que deja buen sabor de boca. Describe además situaciones complejas con estilo y da, insistamos en ello, verosimilitud a un futuro en el que a triunfado la apariencia por encima de las formas.

(*) Tomás Felipe es autor también de Extraños en su mundo, novela publicada en la colección F&CF Fantasía y Ciencia Ficción de Ediciones Aguere e Idea.

Saludos, palabra de ualiu, desde este lado del ordenador.