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David Suárez: “Algunos rosacruces impulsaron la creación de esa masonería que ha llegado hasta nosotros”

Lunes, Abril 15th, 2019

David Suárez Dorta (Santa Cruz de Tenerife, 1971) es el autor de Rosacruces, historia y personajes (Almuzara, 2019), un libro que explora una de las sociedades iniciáticas occidentales más conocidas pero menos popular que los masones y que contó entre otros iniciados con Descartes, Leibniz, Newton, Kipling, Butler Yeats, Edith Piaf o Yves Klein.

- ¿Qué fue lo que le condujo a escribir Rosacruces, historia y personajes?

“Desde que escuché hablar de los rosacruces, de adolescente, me despertó un interés especial, sobre todo saber quiénes habían pertenecido a esta corriente. Qué de mito y qué de realidad había en ellos. Con el tiempo, fui encontrando información al respecto, recopilándola, y al final nació este libro, en donde expongo su historia y personajes de una manera rigurosa, pero también amena y asequible para cualquiera”.

- ¿Qué es la Rosacruz?

“A la luz de la documentación con que se cuenta, es un movimiento surgido en la Alemania protestante, todo apunta a un grupo de profesores y alumnos de la universidad de Tubinga, que en 1614 publicaron un texto, la Fama Fraternitatis, en la que daban a conocer al mundo su existencia. A partir de ahí, no podemos hablar de un movimiento unificado, sino poliédrico, con muchas facetas, Las tendencias de estos grupos fluctúan, de unos a otros, entre el misticismo al ocultismo”.

- ¿Y los rosacruces?

“A mi modo de ver, personas que buscaban algo distinto a lo que la familia, la educación formal, la religión y la sociedad en general ofrece. Eso que en psicología llaman Necesidades de Autorrealización, o sea, buscar algo más transcendente, pero de una manera libre y autónoma, sin mediaciones”.

- ¿Qué los diferencia de los masones y cuáles son, si existen, sus relaciones?

“Los rosacruces aparecieron un siglo antes de la masonería moderna en Inglaterra. Yo percibo que los rosacruces van más por el camino de lo transcendente, aunque también les interesaba el bienestar social. Además, parece que algunos rosacruces impulsaron la creación de esa masonería que ha llegado hasta nosotros, introduciendo elementos simbólicos de la alquimia o la cábala. Incluso hay grados, como el de Caballero Rosacruz en el Rito Escocés, que muestran claramente la influencia que estos ejercieron en la masonería. Aunque también hay agrupaciones rosacruces, las nacidas más recientemente, que fueron fundadas por masones. Con lo que se aprecia una influencia mutua”.

- ¿Y con las tres grandes religiones monoteístas?

“El segundo texto con el que los rosacruces se dieron a conocer en 1615, la Confessio, critican al papado y a Mahoma. Tengamos en cuenta que todo esto surgió en la zona protestante de Europa, donde gracias a la Reforma estos países empezaron a crecer en lo económico y en lo social. Pero a partir de ahí no vamos a encontrar más alusiones contra el catolicismo u otras religiones en textos rosacruces. Por otro lado, aunque no hubo encíclicas papales condenándolos, como el caso de la masonería, sí que hubo sospechas por parte de las autoridades religiosas y políticas, fundamentalmente en naciones católicas, pero también en las de influencia calvinista.
En cuanto al judaísmo, no encontramos críticas de unos a otros. Es más, la cábala, que es una disciplina mística de la religión hebrea, aparece con mucha frecuencia en los textos rosacruces. Eso sí, los rosacruces se declaran cristianos, por lo menos al principio, aunque de un cristianismo, que podríamos denominar, esotérico, distinto al oficial de las iglesias”.

- En el libro recoge el perfil de un puñado de rosacruces conocidos. ¿Quién o quiénes destacaría por su papel desarrollado en la sociedad?

“Juan Amos Comenio, el padre de la pedagogía moderna, mucho de lo que él propuso en el siglo XVII no fue comprendido y practicado hasta la segunda mitad del XX, además de promover la creación de una entidad cultural que uniera las naciones. De hecho la UNESCO lo reconoce como uno de sus promotores. Además de eso, pues otros como Descarte o Newton, que aportaron en el mundo del pensamiento, y otros en la literatura, de hecho dos de ellos incluso llegaron a ser premios Nobel esta especialidad”.

- ¿Hubo alguno de estos personajes que le sorprendió que lo fuera cuando recogía documentación para el libro?

“Pues Newton, alguien que todos asociamos inequívocamente a la ciencia, parece que estaba más interesado por practicar la alquimia, la astrología o estudiar la simbología oculta de la Biblia. De hecho, escribió mucho más sobre estos temas que de ciencia. Afortunadamente se conserva todo ese material, en el que se observa que estudiaba estas disciplinas esotéricas con la misma minuciosidad que con las de carácter científico”.

- ¿Tienen ritos, ceremonias?, ¿en qué consisten básicamente?

“Como comentaba, es un movimiento tan variado que podemos encontrar de todo. Los hay que recuerdan mucho a la masonería, con iniciaciones y ceremonial, otros son más místicos y parece que prescinden de esa pomposidad, e incluso los hay con cierta inclinación a lo mágico. En general, pienso que sus ritos van desde la típica ceremonia de iniciación, como requisito para hacerse miembro, hasta aquellas con un trasfondo mayor, como las que tiene el budismo o el sufismo, por poner un ejemplo, en las que buscan conectar con algo superior de carácter metafísico”.


- En el libro escribe solo sobre una mujer Rosacruz, Edith Piaf, no hay más mujeres?, ¿cuál es la actitud Rosacruz ante la mujer?

“Las personas que elegí para el libro son aquellas que de alguna manera dejaron huella tras su paso por el mundo a través de su arte, ciencia, etc. Tristemente nuestra sociedad no dejaba sobresalir a la mujer en casi ningún ámbito de la vida, ojalá hubiéramos tenido más científicas, escritoras o filósofas en el pasado, seguro algunas hubieran optado por hacerse rosacruces.“En cuanto a este movimiento, por lo menos en la actualidad, está compuesto tanto por hombres como por mujeres en plano de igualdad”.

- Rosacruz, ¿sociedad secreta o discreta?
“Depende del cada grupo, unos con una discreción que a veces hace mucho ruido, otros más secretos”.

- ¿De qué fuentes beben los rosacruces?

“Del hermetismo que floreció en el Renacimiento, la alquimia, la cábala o el gnosticismo. Todo eso practicado de forma práctica, con técnicas de meditación, dramatización de rituales y el estudio”.

- En el libro no se ocupa de España pero ¿se implantaron en nuestro país?

“Apenas podemos hablar de rosacruces en nuestro país hasta los años veinte del pasado siglo, en la ciudad de Barcelona. Con la llegada de la guerra civil todo desapareció”-

- ¿Y en Canarias?

“Parece que algunos rosacruces se reunieron de forma esporádica en los últimos años de la dictadura, tanto en Santa Cruz como en Las Palmas. De ahí surgieron luego los primeros grupos formales. En Tenerife existe uno de los grupos rosacruces más antiguos de España”.

- ¿Cómo fue la selección de personajes, por qué incluyó a unos y desechó a otros?

“La verdad es que no deseché a ninguno, y elegí a esos por ser los más destacados a mi modo de ver, por su relevancia en la historia. Lo que sí hice es indicar como rosacruces aquellos de los que hay pruebas de ello, aunque estas no siempre sean evidentes. Tengamos en cuenta que en sus primeros siglos de existencia no siempre es fácil seguir la huella de esta agrupación, debido al sigilo con que se movían, evitando recelos y persecuciones”.

- ¿Y cómo viven sus ideales en la actualidad?

“La mayoría dan testimonio de su existencia, organizan conferencia, dan cursos y en Internet tienen portales donde indican cómo contactar con ellos. Con lo que podemos deducir que con mucha libertad”.

- Los rosacruces no levantan tantas suspicacias como los masones, ¿por qué?

“Pienso que se debe a que son menos conocidos, mucha gente no sabe de qué van o ni si quiera sabe que existen. Tampoco han tenido personas relacionadas con el mundo de la política, no han influido tanto, por lo menos de cara a la galería. Con lo que pueden dar una sensación de ser poco peligrosos, aunque ya algunos voceros los incluyen en el club de los conspiradores. Quizá porque esa idea de conspiración mundial, sociedades secretas que controlan el mundo, ha crecido mucho a partir de la crisis que hemos vivido estos últimos años, coincidiendo con una mayor presencia de los rosacruces”.

Saludos, palabra de paso, desde este lado del ordenador

Lecturas con acento de aquí

Jueves, Abril 11th, 2019

El Pacto de las viudas (Siete islas, 2¡19) es una novela de Víctor Álamo de la Rosa en la que recrea un mundo en el que las mujeres han logrado manejar los hilos del poder aunque ahora ese universo vive una pandemia de suicidios en la que Danilo Porter, un investigador privado, buscará la verdad de lo que está ocurriendo, adentrándose en una realidad distópica en la que el planeta está gobernado por las esposas de los más célebres dictadores del siglo pasado. El escritor, cuya última novela publicada obtuvo en 2013 el premio Benito Pérez Armas, despliega la historia de amor de Danilo Porter y Eleonore para demostrar que hay amores que no cura el paso del tiempo. Danilo Porter se niega a aceptar su divorcio y se dedica a espiar a su exmujer, convencido de que el tiempo no cura las heridas, de que hay amores que no se olvidan. Las viudas intervendrán para ayudarle. La trama, ambientada en Madrid, Río de Janeiro y en una extraña isla inventada llamada Calibán, describe las peripecias de Danilo Porter y sus investigaciones al mismo tiempo que reconstruye su fallido matrimonio y su obsesión por recuperar a Eleonore.

Santiago Gil es el autor de El Gran amor de Galdós (Ediciones La Palma, 2019), un libro en el que relata la historia del primer amor que vivió y sufrió el autor de, entre otras grandes novelas, Los episodios nacionales. En la contraportada se avisa que “Benito Pérez Galdós fue un hombre con muchos amores que, sin embargo, renunció siempre a la convivencia marital y al compromiso. Se encerró a escribir como un galeote y creó personajes en los que fue dejando rastros de su propia biografía. En sus memorias insiste en que no hay nada reseñable antes de 1864, pero quienes conocen su vida hablan de un primer amor con María Josefa Washington Galdós Tate que marcó toda su existencia”. La publicacion de esta novela se inserta en las conmemoraciones del denominado Bienio Galdosiano, comprendido entre 175 aniversario de su nacimiento, que se celebra desde mayo de 2018, y del centenario de su muerte, en enero de 2020.

Todo bien (Círculo Rojo, 2019) es una divertida novela de Gregorio Duque en la que repasa la actualidad que han vivido las islas que forman el archipiélago canario en los últimos años. El libro se plantea asì y entre otras cuestiones ¿podemos sustraernos a todos los hechos negativos de la vida o, por el contrario, se convierten en condicionantes y elementos que marcan la vida, la forma de pensar, la ética, la ideología y sus aficiones? A esta pregunta responde el autor mediante una novela peculiar, a través del humor, y de una serie de personajes que hablan en presente del pasado más reciente, encabezados por Antonio, fiscal sordo que llega a Santa Cruz de Tenerife una semana antes de incorporarse a su destino, y un grupo coral en el destacan Rafael, Jesusa y Chano.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordernador

David Llorente: “Cuando escribes una novela solo piensas en ella”

Lunes, Abril 8th, 2019

David Llorente (Madrid, 1973) es un escritor y dramaturgo que presentó en el marco de Tenerife Noir. Festival Atlántico de Novela Negra Madrid frontera, por la que recibió el Premio Valencia Negra a la mejor novela de 2016 y el Premio Hammett que concede la Semana Negra de Gijón en 2017. En este contexto, Llorente representó en el Salón de Grados de la Universidad de La Laguna Gregor Samsa, una obra con referencias kafkianas. El escritor reside en la actualidad en Praga, República Checa.

- Dice que no se siente cómodo con que lo definan como escritor de novela negra…

“El caso es que me pongo a escribir una novela porque se me ocurre una historia que tiene características en su trama y en los personajes de novela negra pero soy un autor que escribe una de género porque considera que éste se adapta mejor a esa historia aunque antes de estas novelas tengo otras que no tienen nada que ver con lo negro. Me siento a escribir y si me sale negra es negra como si me sale rosa es rosa”.

- En su novela Madrid frontera plantea una ciudad, Madrid, rodeada de mar. Un mar, sin embargo, negro y poblado de sirenas.

“Ese marco digamos que distópico me resultaba interesante porque al margen de derivar hacia la ciencia ficción que, personalmente, era lo que menos me interesaba, lo que pretendía escribir aspiraba ser un reflejo político y social de la actualidad y se me ocurrió, mientras escogía las cosas que más me molestaban y que más daño me hacían desde esos puntos de vista, contarlos uno detrás de otro, acción sobre acción que imaginé en un marco más cercano a la ciencia ficción y que tuviera un contenido metafórico y simbólico: Madrid rodeado de un mar negro como la tinta en el que nadan sirenas que son terribles porque en sus canciones convencen a la gente a para que salten con el fin de que revienten contra las rocas de los acantilados de Madrid. Hay además una serie de personajes que intentan sobrevivir en un contexto muy difícil porque las sirenas siempre están ahí, invitándolos a tentar, a que se rindan”.

- La novela no cuenta con un solo personaje sino que son muchos los que narran la historia.

“Cuando escribes una novela te das cuenta de lo que funciona y de lo que no. No sé cuántas versiones escribí de Madrid frontera pero deben de ser como unas veinte y no exagero hasta que un día, probando, tuve la idea y pensé que esa misma idea funcionaba. En cuanto a los personajes, cuando surgen las historias me aparecen muchos. Madrid frontera tiene 80, y todos ellos contribuyeron a que canalizara la historia y la llevase hacia donde quería”.

- Es una técnica complicada, ¿cómo hace para no despistarse con todos ellos?

“Tengo claro algunas cosas. Por un lado, sé el tono que va a llevar la novela, el ritmo y, por otro, tengo más o menos definido lo que quiero contar pero no soy un escritor que haga antes escaletas ni apuntes previos sino que me pongo a escribir. Llega, no obstante, un momento en el que tengo que parar para volver a empezar lo que significa que rompo todo lo anterior que he escrito y comienzo desde cero otra vez hasta que descubro hacia donde quiero ir. Hay como una intuición, un algo que no está cristalizado pero que va saliendo. Escribir una novela es un proceso de obsesiones tan grande que el mundo real desaparece porque solo piensas en tu historia, en los personajes. Sueñas y te enfadas con todos ellos”.

- Al parecer, le gustan los autores que arriesgan. ¿Cómo arriesga David Llorente en sus novelas?

“Creo que no todas las historias se pueden contar de la misma manera ni utilizando la misma técnica narrativa. No me gusta repetirme si bien admito que se repitan temas, estructuras y personajes. En mi caso, cuando escribo una nueva novela me someto a un proceso de desintoxicación, lo necesito para escribir algo nuevo”.

- ¿Y cuánto suele durar ese proceso?

“Necesité de entre seis a siete meses con la última novela”.

- El barrio de Carabanchel, en Madrid, es protagonista de algunos de sus libros. ¿Es el barrio que conoce o recurre a él como un territorio mítico, un espacio en el que poder fantasear relatos?

“Quizá ambas cosas aunque el que reflejo en Te quiero porque me das de comer, que se desarrolla entre 1993 a 2003 más o menos sí que existió. Fueron años en los que creció el consumo de la heroína y cómo la droga puso las cosas al revés en el barrio lo que hace que muchas de las cosas que cuento parezcan mentira pero no lo son por muy extremas que resulten. Ese Carabanchel del que escribo existió. Mi infancia la pasé allí, y en ese entonces el barrio era violento y peligroso aunque actualmente no es así”.

- Usted es un escritor que se preocupa mucho por el estilo y la estructura de sus obras.

“Pienso que se trata de una deformación pese a que la primera novela que escribí fue más un apasionamiento que otra cosa. He cambiado porque ya no lo hago así. Cuando tienes un poco de oficio sabes qué personaje se va, que tiempo verbal usarás. Ganas en experiencia lo que pierdes en frescura. Soy muy obsesivo corrigiendo porque no me gusta que sobren cosas y sí ir directamente a lo que me interesa para contar una historia muy compleja y complicada en unas doscientas páginas y no cuatrocientas”.

- Escribe novela, teatro… ¿cuentos no?

“No sé escribirlos, ese género no lo manejo bien”.

- Pero escribe teatro que no tiene nada que ver con la novela.

“Precisamente por ello, porque no tiene nada que ver con la novela escribo teatro. Por ejemplo, con la novela no suelo hacer esquemas previos pero cuando escribo teatro sí o sí porque antes de empezar con la obra debo tenerlo todo claro. Tengo que imaginarme el espacio donde se representará, la escenografía… Me exige que me divida en múltiples facetas”.

- ¿Le resulta entonces más difícil escribir teatro que novela?

“Sin duda pero hay que tener en cuenta que cuando escribo teatro lo escribo para una acción que dura unos 70, 80 minutos y una novela no”.

- ¿Es usted un escritor que piensa que para escribir es necesario tener disciplina?

“Escribo por las tardes en una cafetería porque necesito escuchar el murmullo de la gente, me acompaña y me obliga a concentrarme. Intento escribir todos los días pero también hay días en los que no escribo nada. No tengo en todo caso disciplina para escribir siempre a una determinada hora pero hay veces en que escribo aunque no tenga nada que escribir porque suele haber ideas que igual te valdrán para más tarde”.

- Su última novela es Luna cangrejo.

“Se trata de un proyecto de Javier Manzano, editor de Black & Noir, que consiste en que a través de los móviles descargues una aplicación para acceder a una novela por entregas que se escribe en tiempo real, lo que no me deja tiempo a quitar o añadir nada al texto, sino que sale tal cual lo que significa una locura, un suicidio aunque como me lo propuso Manzano, que es una persona muy arriesgada, me pareció bien y asumí el reto. Luna cangrejo empezó siendo una cosa y ha terminado por ser otra muy diferente y va sobre un hombre al que le diagnostican un cáncer y en los momentos de mayor dolor y angustia con las secuelas de la quimioterapia, se transforma en hombre lobo. Hay un cáncer interno porque cuando se transforma en lobo se convierte en un cáncer social, que es el que el hombre lobo ataca y que tiene mucho que ver con la manada y la violencia machista. Cuando se transforma en lobo, el protagonista intenta ajustar cuentas y a medida que actúa contra el cáncer social su cáncer físico va remitiendo. El texto recoge una tradición literaria que viene del norte de Europa que es la del desdoblamiento de la personalidad y me agarré a ella para crear este personaje que cuando se transforma se convierte en una especie de justiciero social”.

- Vino a Tenerife para representar también la obra Gregor Samsa, un personaje al que conozco y con el que me levanto cada mañana. Al margen de bromas, ¿que pretendió hacer con esta obra?

“Gregor Samsa es un personaje que está solo, un automarginado que tiene una deformidad física y un trauma psicológico. Vive aislado aunque conoce a una joven que tiene también traumas, traumas familiares y que se encuentra con este monstruo con el que no sabemos si quiere empatizar, tener un amigo o, por el contrario, lo que desea es terminar por machacarlo. Son dos personajes extremos, marginales y muy violentos y tiernos a la vez. Gregor Samsa, el protagonista de La metamorfosis de Franz Kafka, descubre que la chica lee ese libro y no sabe si lo que cuenta es verdad y si Kafka es Dios. Cuando finaliza la obra mucha gente se pregunta qué ha visto y eso me gusta, que el público se quede con la incertidumbre y la ambigüedad porque no quise cerrarla como sí he hecho con otras y pensé que sería buena idea representarla en un festival de estas características porque es teatro negro, teatro que no tiene nada que ver con el género porque cuando hablamos de lo negro en el teatro se refiere a lo interior, a la oscuridad que el ser humano lleva dentro”.

- ¿En qué está trabajando ahora?

“Me animaron a que un personaje de Te quiero porque me das de comer, Maximiliano Luminaria, un sociópata, un asesino en serie y un excelente gastrónomo, volviera a ser protagonista de una nueva novela y estando trabajando en mi último libro me di cuenta que uno de los personajes era el hijo de Maximiliano, que no es mejor que el padre y que cuenta la historia, una historia criminal. La novela empieza con ese género pero deriva a otros que son completamente diferentes para regresar al del principio”.



DECONSTRUIR AL DON JUAN

Don Juan (versión 8.0) es una obra en la que David Llorente intentó deconstruir al célebre calavera del teatro español. Quiso, explica el autor, reflexionar sobre un personaje que reúne más facetas que las del seductor. “Es un pecador, “un criminal que no se arrepiente de nada. Es satánico en el sentido que se enfrenta a Dios. Le da igual si muere o no. Lo más banal del personaje es que seduzca a mujeres”, dice. “Hasta que aparece una mujer fatal, pero fatal porque representa su destino, la muerte. Por eso tiene que perseguirla, ella representa su final. Mi Don Juan es un personaje grotesco porque el propósito era deconstruir su faceta de seductor, una faceta que reducido solo a ella le resulta “ridícula”

OTROS ÁMBITOS

David Llorente es un escritor y dramaturgo que vive en Praga, República Checa, desde hace unos años, ciudad en la que además de impartir clases dirige una compañía de teatro en español. Llorente reconoce que vivir en Praga ha afectado su manera de escribi porque ha encontrado aquí otras realidades que puede poner en sus novelas. De Praga, cuenta, le sorprendió cuando llegó “el frío y la falta de luz, pero te acostumbras al frío pero no a ver una niebla congelada. Y esto hace que el imaginario literario sea más rico”.

Saludo, se ha dicho, desde este lado del ordenador

Agenda

Martes, Abril 2nd, 2019

* El Salón de Actos de Cajasiete acoge hoy, martes, 2 de abril, la presentación de Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX, en una edición al cuidado de los profesores y escritores Antonio López Ortega, Miguel Gomes y Gina Saraceni. Acompañarán a uno de los antólogos, Antonio López Ortega, la profesora Nieves Concepción Lorenzo y los poetas Rafael-José Díaz y Ernesto Suárez. A partir de las 20 horas.

* El miércoles 3 de abril y a las 18.40 se presenta en la Sala MAC de Santa Cruz de Tenerife (Casa Elder) el libro Pedro García Cabrera. Suma crítica, de Miguel Martinon. En el acto intervendrá tambièn el profesor y poeta Andrés Sánchez Robayna.

* Las novelas Fulgor romántico y Yermo destello, ambas de José Rivero Vivas, se presentan este viernes, 5 de abril y a partir de las 19 horas en la MAC. En el acto intervendrán además del autor, el editor Ánghel Morales y el periodista Agustín Gajate.

* También el viernes 5 de abril pero en el espacio del Ámbito Cultural de El Corte Inglés en Santa Cruz de Tenerife y a partir de las 19 horas se presenta la novela Baraka de Javier Hernández Velázquez en un acto en el que será introducido por el también escritor Jesùs Villanueva.

Saludos, hagan sus apuestas, desde este lado del ordenador

Cuando gritan los muertos, de Paco Gómez Escribano, Premio Ciudad de Santa Cruz de Tenerife Noir 2019

Domingo, Marzo 31st, 2019



Cuando gritan los muertos
(Alrevés editorial, 2018), de Paco Gómez Escribano fue la novela ganadora del Premio Ciudad de Santa Cruz, que entrega Tenerife Noir en su cuarta edición, la quinta del galardón. De esta manera, el Festival Atlántico de Género Negro reconoce a la mejor novela negra publicada en España en idioma español durante el año previo a la celebración de este encuentro anual en torno al género negro en Tenerife (Islas Canarias).
 
La novela de Gómez Escribano, que competía por el premio con otras tres obras literarias, fue merecedora del reconocimiento del jurado por ser “una novela muy trabajada en la que cuenta de forma directa e incisiva la realidad de las personas y un barrio, Canillejas, que de alguna manera refleja el espíritu de la serie negra, no perdiendo el matiz de lo local”, según consta en el acta del fallo.
 
El jurado, integrado por el director de contenidos de la Semana Negra de Gijón, Ángel de la Calle; la escritora Yurena González; la librera de Librería de Mujeres de Tenerife, Izaskun Legarza, y un servidor destacó también que “Gómez Escribano utiliza un lenguaje clásico, directo y trabajado, que permite una lectura rápida y satisfactoria. Es una obra que desborda un alto nivel literario”.
 
El jurado llama la atención también sobre el alto nivel de las cuatro obras finalistas. Junto a Cuando gritan los muertos, competían por este premio las novelas Corazones negros (Eiren, 2018), de Noelia Lorenzo; Las voces de Carol (EdicionesB, 2018), de Clara Peñalver, y El porqué del color rojo (Salto de página, 2018), de Francisco Bescós.

En palabras de Paco Gómez Escribano, Cuando gritan los muertos es “una historia de perdedores” en la que hace un viaje en el tiempo hasta los primeros añis de la Transición, para contar una histori sobre corrupción policial, supervivencia y venganza.

Saludos, negros y criminales desde este lado del ordenador

Antonio López Ortega: “Hemos hecho una relectura del siglo”

Martes, Marzo 26th, 2019

El título de uno de los libros escritos por el “secreto mejor guardado de América Latina”, según Álvaro Mutis cuando se refería al poeta venezolano Juan Sánchez Peláez da nombre a Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX (Pre-Textos, 2019), obra cuya selección, notas y prólogo escriben Antonio López Ortega, Miguel Gomes y Gina Saraceni con el objetivo de transmitir la sensación, a través de los 87 autores que recopila el libro, que el mejor país es “el que aquí se expresa”.

La antología se presenta el martes 2 de de abril y a las 20 horas en el salón de actos de Caja Siete, en Santa Cruz de Tenerife donde uno de los antólogos, Antonio López Ortega intervendrá acompañado de Nieves Concepción, Ernesto Suárez y Rafael-José Díaz.

- ¿Es Venezuela tierra de poetas?

“En Venezuela la poesía ha sido un género muy sólido, muy constante. Hay una ilación que se mantiene, sin discontinuidades. Esto es aún más cierto durante el siglo XX, pues a partir de allí podemos hablar de poesía moderna. Asombra ver la profusión de poetas, la fuerza de la vocación poética. Junto al cuento, que también es un género que ha gozado de buena salud en el siglo XX, estamos hablando de dos géneros rectores, que han marcado y siguen marcando la literatura venezolana. No digo esto en detrimento de la novela, que también es un género importante, aunque no siempre constante. Volviendo a la poesía, siempre es importante preguntarse cuáles serían las razones históricas o culturales para que esta vocación sea tan vigorosa, pero las respuestas no son obvias. Tan sólo pensaría en que Venezuela ha sido siempre un país muy musical, y que con la música llega la versificación. La música tradicional venezolana está llena de poesía. No la conocemos lo suficiente: se trata de un tesoro por redescubrir”.

- En cuanto a la Antología, ¿qué criterios se han seguido para escoger a unos y no a otros poetas?

“Esta antología la hemos hecho a seis manos Miguel Gomes, Gina Saraceni y yo. Miguel es un gran narrador, al igual que gran crítico y ensayista, y hoy en día profesor de estudios hispánicos en la Universidad de Connecticut; Gina, por su parte, que se ha especializado en poesía hispanoamericana, ha estado asociada siempre al muy prestigioso Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, si bien hoy ejerce la docencia y la investigación en la Universidad Javeriana de Bogotá. En el estudio introductorio que firmamos los tres, trazamos cuatro líneas de fuerza que determinan la selección: la primera es cartografía de sujetos y cuerpos; la segunda, espacios y paisajes de la patria; la tercera, construcción de otras realidades; y la cuarta, desplazamientos de la cultura. Fueron como líneas orientadoras para ordenar la vasta creación poética del siglo. Pero volviendo a la pregunta, en estos ejercicios antológicos siempre son menos los que entran y más lo que quedan fueran; no podría ser de otra manera. Esto no es un álbum de fotos; esto es una selección razonada y discutida. Y para mayor consenso, decidimos que nuestras decisiones tendrían que ser todas por unanimidad”.

- ¿Cuáles de los autores que no han podido publicar, cree que deberían de estar en ella?

“Son varios; y es inevitable porque toda antología reduce su campo de selección a lo mínimo necesario. Siempre es difícil, y hasta doloroso, dejar por fuera a escritores que estimas; esa es la parte dura del trabajo. Pero aquí tenemos que actuar bajo criterios y consensos, que es lo que hemos hecho. Reducir cien años de creación poética a 87 nombres podría verse como un parecer rígido, pero para otros quizás sea más bien generoso. No me extrañaría que otros antólogos, enfrentados al mismo reto nuestro, hubieran optado por un número menor. Buena parte de nuestro empeño ha estado centrado en dar cuenta de la diversidad de la poesía venezolana: diversidad de referentes, temas, técnicas, propósitos, lenguajes, raíces culturales. Está comprobado que, a mayor diversidad, mayor vitalidad”.

- En la antología hay varios poetas venezolanos de origen canario…

“Sin pensarlo mucho, mencionaría a dos: Reynaldo Pérez Só y Eugenio Montejo. El primero no sólo es de ascendencia canaria, sino que ha vivido por temporadas en Tenerife. El segundo ha recordado a sus progenitores canarios en alguno de sus poemas. Montejo tiene un libro precioso llamado El taller blanco. Allí hace referencia a su padre, que era panadero. La palabra taller corresponde al espacio donde se hacía el pan, y la palabra blanco corresponde a la harina de trigo que flotaba en el ambiente. El niño Eugenio veía allí nubes o niebla. Ese espacio de elaboración del pan era también el espacio del nacimiento de la poesía”.

- ¿La poesía de estos autores con origen canario los diferencia de los otros? Y respecto a su origen isleño, creo que me dijo que uno de ellos recurría al paisaje en sus obras para revelar unas islas no muy gratas…

“No creo que sean diferentes; más bien calzan de lleno en la tradición venezolana. La diferencia pudiera estar en que, en vez de evocar antepasados andinos o llaneros, recuperan vivencias de culturas españolas o portuguesas o italianas, lo cual nos lleva a otro enriquecimiento, que es el del mestizaje y la transculturización. La diversidad de orígenes y de culturas de los poetas venezolanos no ha hecho sino engrandecer nuestra poesía. Pero volviendo a la pregunta, sí es cierto que en el caso de Pérez Só hay visiones del paisaje canario (el mar, los muelles, los barcos pesqueros, las playas volcánicas) que transmiten algo de desaliento, de desamparo. Quizás podríamos hablar del término saudade, que tanto gustaba a Montejo”.

- ¿Cómo se dividieron el trabajo los responsables de esta Antología?

“En principio, todos hicimos todo. Es decir, cada quien estaba muy al tanto de lo que estaban haciendo los otros dos. Este libro lo montamos entre 2014 y 2018, y durante todo ese período nos intercambiamos innumerables correos y nos visitábamos virtualmente al menos una vez por semana. A veces nos hemos dicho que, cuando nos toque reeditar el volumen, convendría agregar un apéndice con todos los correos que nos cruzamos, porque allí están compilados, esencialmente, todos nuestros juicios de valoración y selección. La verdad es que, en todo el proceso de trabajo, que fue extenuante por lo minucioso, nos sentimos muy a gusto, y por momentos conmovidos. Hemos hecho una relectura del siglo, y toda relectura cambia los pareceres. Ninguna antología se salva de omisiones, pero en la nuestra yo destacaría los redescubrimientos y las revalorizaciones. La selección la hicimos por etapas, y en la fase final los tres interveníamos hasta lograr la unanimidad en torno a cada poeta. En cuanto a las notas, nos las repartimos en tres bloques, pero al final todos interveníamos en la revisión y redacción. Y para el prólogo, dibujamos una especie de frankenstein al que cada quien le arrancaba un brazo o una pierna para engordarlos a adelgazarlos. Al final lo reensamblamos y lo obligamos a entrar en cintura con sucesivas ediciones”.

- ¿Cuáles son los temas y constantes entre los autores que se incluyen en la antología?

“La respuesta a esa pregunta es la propia antología: en esas mil cien páginas damos cuenta de los temas y las constantes. En todo caso, como temas deberíamos advertir la fascinación por el paisaje, que se extiende desde la generación del 18 hasta las últimas promociones del siglo; la irrupción de la ciudad como nuevo escenario del sentido, muy presente en la generación del 58; el cuerpo como superficie, que se advierte desde la precocidad de María Calcaño, pasando por Miyó Vestrini, hasta llegar a las poetas de los años 80, como Yolanda Pantin a María Auxiliadora Álvarez; también algo que, a falta de mejor nombre, llamaría terredad, para usar un término de Eugenio Montejo, presente desde Enriqueta Arvelo Larriva, hasta Ramón Palomares en los años 60 o Igor Barreto en los 90. Podríamos mencionar muchos más, hasta llegar a verdaderas singularidades: el sentido de extrañamiento, la subjetividad quebrada, el noctambulismo, el pasado visto como territorio de la orfandad. Ahora bien, en cuanto a constantes yo mencionaría el tratamiento del lenguaje, ya sea para hablar desde la exaltación o ya sea para reducirlo en pos del silencio. Siento que los poetas venezolanos, consciente o inconscientemente, han entendido desde muy temprana edad que la forma es el fondo, es decir, que tanto importa lo que se dice como cómo se dice. Las palabras son siempre peces muy vivos, que el poeta pone a nadar en un estanque en el que, sin quererlo, se refleja y lo reflejan”.

- ¿Qué poetas destacaría de los que se han escogido en este libro?

“Justamente los más desconocidos, que son la mayoría. El lector podrá reconocer a los grandes poetas del siglo: Ramos Sucre, Gerbasi, Sánchez Peláez, Cadenas, Sucre, Montejo, Pantin, Barreto, que son los árboles altos del bosque, pero yo diría que lo más importante es el bosque. Esta antología permite entender que nuestros grandes nombres son inexplicables sin esa tradición, o mejor dicho, que nuestros grandes poetas forman parte de una tradición: no salen de la nada. Y lo importante es tenerlos a todos allí, para que el lector reconozca, justamente, los rasgos comunes, que son muchos. En el bosque también hay singularidades, obras que son mundos propios, como las de Hanni Ossot, o Armando Rojas Guardia, o Edda Armas, o Santos López. Hay mucho por descubrir, por reconocer, por validar. Mi impresión, al ver el libro ya editado, es que la poesía venezolana, y en esto quisiera ser lo mas objetivo posible, es de las más importantes poesías del continente verbal iberoamericano. De esto no me cabe ninguna duda”.


- ¿Y qué etapas, y autores, cree que son las más importante por su calidad del pasado siglo XX?

“La generación del 18, incluyendo a Ramos Sucre, es de las más importantes: fueron cosmopolitas, se abrieron al mundo, tradujeron a los románticos alemanes, pero a la vez fueron grandes paisajistas verbales. Ellos se apartan de los tardomodernistas, muy europeizantes, y comienzan a hablar de nuestros árboles autóctonos: apamates, araguaneyes, bucares. Paz Castillo o Moleiro son poetas a los que regresamos porque fijan el rostro de la geografía nacional, pero no haciendo un inventario de especies, sino urdiendo una emocionalidad en torno al paisaje, esto es: el paisaje somos nosotros mismos. Luego, hacia mediados de siglo, nos hicimos vanguardistas, con obras como las de Luz Machado o Juan Sánchez Peláez. Un libro como La casa por dentro, de Machado, exige una relectura, que aquí proponemos, porque el ámbito de la domesticidad, donde se ha querido recluir a la mujer, explota en mil pedazos, por no decir en mil versos. En paralelo, la lujuria verbal de Sánchez Peláez, a mi manera de ver, parte el siglo en dos mitades: ya nunca se escribirá de igual manera a partir de su obra, que tiene la virtud de fijar un antes y un después en nuestro discurso poético. Si seguimos caminando por el siglo, llegaríamos a la generación del 58, que fue prodigiosa en muchos sentidos: allí están los nombres de Cadenas, Calzadilla, Silva Estrada, Pérez Perdomo, Sucre, Palomares, Montejo o Barroeta, poetas todos que marcaron a todas las promociones siguientes. Y como etapa final, yo señalaría la promoción que irrumpe en los años 80, que bien podríamos llamar del 78, con un protagonismo envidiable de mujeres poetas, como Yolanda Pantin, Edda Armas, Blanca Strepponi, Laura Cracco, Ana Nuño, María Auxiliadora Álvarez o Verónica Jaffé”.

- ¿Hay una poesía venezolana vinculada al mundo del petróleo?

“Curiosamente, el referente petrolero no ha sido importante en la poesía venezolana, como sí lo ha sido en la narrativa. Pero esto nos lleva a consideraciones mayores, que es la de preguntarnos por qué el pensamiento venezolano ha satanizado un hecho económico tan determinante como el petróleo. Sigue viéndosele como una riqueza mal habida. Allí tenemos un prejuicio estructural que ha campeado a través del siglo. Una economía cafetera como la de Colombia o del cobre como la de Chile han entrado de manera franca en la literatura, pero en nuestro caso, cuando ha entrado, es para maldecirla. Se diría que el paradigma agrícola es el que vale, mientras que el minero, riqueza fácil, se condena. ¡Pues ya el petróleo convive desde hace 120 años con la nación y todavía se le considera una extrañeza! Yo creo que eso habla más negativamente de nosotros que del chorro negro que sube anónimamente a la superficie. En síntesis, literariamente hablando, es una asignatura que tenemos pendiente”.

- ¿Hacia donde miran los poetas venezolanos del siglo XX?, ¿hacia España, Francia?, ¿por qué?

“Toda la poesía hispanoamericana moderna mira primero hacia Francia, que es de donde provienen movimientos tan importantes como el simbolismo o el surrealismo. Y Venezuela no escapa de eso. Esas corrientes de influencias recíprocas están bien estudiadas, y sobre todo en un libro que me parece capital: Los hijos del limo, de Octavio Paz. En cuanto a influencias literarias, los siglos XVIII y XIX de España no fueron importantes para Hispanoamérica. Todo lo importante venía de Francia: desde el pensamiento del Siglo de las Luces, que nutre las corrientes emancipadoras, hasta los poetas románticos, que siembran la poesía amorosa en el continente. Hay que esperar hasta el surgimiento de la generación del 98 para volver la cara hacia España, y esa renovación literaria peninsular provoca del otro lado del Atlántico un movimiento medular, que es el Modernismo. Luego, como otro eco, los poetas del Modernismo son una influencia determinante para la generación española del 27. Es decir, García Lorca es inconcebible sin Rubén Darío. Octavio Paz demuestra que, a partir del Modernismo, la literatura escrita en castellano comienza a contrapuntear de una orilla a otra, sin cesar, y me parece que ese danzón lo mantenemos hasta hoy, para fortuna nuestra. Volviendo a Venezuela, ya la generación del 18 leía a los simbolistas franceses, y de alguna manera rozaba los primeros brotes del Surrealismo. Pero hay que esperar hasta los poetas de la vanguardia, como Sánchez Peláez, para que ese lenguaje de la libre asociación que postulaba el Surrealismo se asumiera a fondo, con profunda convicción. La influencia surrealista llega hasta la generación del 58, y se ve claramente en las primeras obras de Cadenas o Pérez Perdomo”.

- ¿Y hacia donde creen que miran los poetas venezolanos del siglo XXI?

“Creo que miran hacia todos lados: no hay rincón del mundo que no conozcan. Leen por igual poesía hindú o náhualt, poesía griega o rusa. Están sujetos a todas las influencias, y en gran medida porque este mundo interconectado lleva información hasta las más lejanas fronteras. Son muy universales, y viven el mundo como una gran casa. Tienen por detrás una tradición que ya es muy vigorosa, y me parece que se relacionan con ella con mucha curiosidad y devoción. También son muy maduros, serios, precoces. Yo diría que surgen por generación espontánea, en todos los recodos del país, pero con un alto nivel de calidad”.

- ¿Cuál es el estado de salud de la poesía venezolana en lo que llevamos de siglo XXI?

“Desde el punto de vista de la edición, circulación y promoción de obras, estamos en uno de los peores momentos de nuestra historia, sencillamente porque no hay políticas públicas en el campo cultural. Pero en cuanto a creación poética, es un momento muy auspicioso, muy movido. Los jóvenes poetas se organizan para hacer concursos, montar recitales, hacer ediciones artesanales, colgar portales de poesía. No se amilanan con nada; más bien siguen con una energía que no se apaga. Han crecido en el peor país posible, en el país que les ha negado toda ayuda, y sin embargo persisten, porque la fe es inquebrantable. A mí me parece una generación admirable, que dará mucho que hablar en los tiempos venideros. Los nombres de Willy Mckey, Graciela Yáñez Vicentini, Jairo Rojas, José Delpino, Natacha Tiniacos, Alejandro Sebastiani, Santiago Acosta, Franklin Hurtado, Néstor Mendoza, Alejandro Castro, Adalber Salas, Camila Ríos y Raquel Abend serían referencias ineludibles en una eventual antología poética del siglo XXI.”

- En los tiempos de Maduro qué poesía se escribe, ¿una poesía contestataria?

“Más que contestataria, yo hablaría de otras persistencias. Una es la reconstrucción de la memoria, en tiempos en que el discurso oficial la quiere borrar; otra es la persistencia de la subjetividad, en tiempos en que todo se mide en términos masivos; otra es la vigilancia del lenguaje, en tiempos en que se nos quieren imponer neolenguas; otra es la afirmación de la libertad expresiva, en tiempos en que se censura; otra es la pulsión estética, en tiempos en que el lenguaje se corroe; otra es el hambre de universalidad, en tiempos en que se cierran fronteras; otra es una cierta reivindicación ética, en tiempos en que el poder es un nido de corrupción; y una última podría ser la apuesta ciega por recuperar los legados culturales, en tiempos en los que se nos quiere llevar a la anonimia. La poesía plural que se está escribiendo es el mejor antídoto contra la intención de borrarnos del mapa”.

Saludos, sol, otra vez sale el sol, desde este lado del ordenador