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Ángel Sánchez: “Los canarios somos un pueblo ombliguista”

Martes, Junio 19th, 2018

La concesión del premio Canarias de Literatura 2018 a Ángel Sánchez Rivero (Gáldar, Gran Canaria, 1943) unió por una vez a las distintas y no tan complejas familias literarias del archipiélago cuando todos, absolutamente todos, manifestaron su satisfacción de que el galardón reconociera la trayectoria de un escritor cuyo sentido de lo canario, de esa posible canariedad, se desarrolló mientras estudiaba en el extranjero.

Poeta y narrador, ensayista y antropólogo, Ángel Sánchez cursó sus estudios de primaria y secundaria en el Colegio Alemán de Las Palmas de Gran Canaria y estudió francés en la Alliance Française de Las Palmas. Se especializó en filología y antropología en la Universidad de La Laguna, y también en la de Salamanca, Grenoble, la Université Paris-Vincennes y en la Universität Göttigen.

El escritor, que el pasado viernes 8 de junio recibió un homenaje por parte de sus compañeros de la república de las letras en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife, es autor de una obra variada y copiosa entre las que destacan entre otros títulos Cuchillo criollo y Calibán (narrativa); Manual de supervivencia y Teoría y práctica del vuelo (poesía) y Ensayos sobre cultura canaria y Gaceta de Arte (ensayo). Ángel Sánchez es autor además de una poesía visual que ha sido recogida en parte en un libro cuyos editores son los responsables del tributo que recibió días pasados en la capital tinerfeña, acto en el que además de leerse algunos de sus poemas se inauguró una exposición que recoge, justamente, parte de este material que transforma el verso en objeto visual.

- El mestizaje es una constante en su producción literaria.

“Propongo el mestizaje porque es una realidad que vivimos pero que no reconocemos como ontología canaria. Yo me muevo entre el pasado remoto y el presente conflictivo de modo que mi temática va desde el neolítico a la era del chip de una forma diacrónica. Esto es lo que he hecho siempre: observar, anotar, interpretar y difundir”.

- Pese a su labor, parece que a los canarios les cuesta interpretar su pasado.

“Los desconocemos porque el sistema de enseñanza no hace que el alumnado se incline sobre la realidad desde el principio y solo conoce lo que ve en los programas españoles. Un libro como Natura y Cultura de las Islas Canarias se mantuvo en las escuelas unos años pero luego se retiró y ahí tenían los alumnos todo el panorama de la realidad canaria. Desde luego que vivimos de espaldas a la introspección y el debate de la identidad y del decurso sociocultural, histórico y económico de Canarias”.

- Salvo casos aislados como el suyo parece que en estas islas se ha estudiado poco eso que podría llamarse lo canario.

“Hay cierta parcela que sí está muy desarrollada como la dialectología, la historia y la arqueología pero Canarias adolece, está aún pendiente de un estudio interdisciplinar en el que se agrupen todas las ramas del llamado campo humanístico para estudiar la realidad y la mixtificación de los modelos que se ofrecen al exterior, la folclorizaciòn de la realidad y los esquemas y arquetipos que se ofrecen al turismo”.

- Pero ¿se puede hablar de identidad canaria?

“La identidad canaria existe pero está muy sectorializada por islas. Cada isla es diferente a otras pero hay una historia común que hemos compartido durante los siglos de colonización por lo que habría que estudiarla en su conjunto, uniendo las cosas que son comunes y observando las diferencias particulares de cada isla, de cada provincia, las luchas intestinas que a lo largo de la historia nos han ido separando y eso está pendiente de hacer”.

- ¿Cuáles piensa que son las constantes que marcan su poesía, narrativa y ensayo?

“Empecé como poeta discursivo y poco a poco me he ido metiendo en una zona que pensé que necesitaba ser estudiada. En el libro Ensayo sobre cultura canaria (1983) comencé de modo diletante metiéndome en el nacionalismo, el cine, la literatura, el folclor aunque paulatinamente he ido ampliando el visor para sumergirme en lo que es mi campo referencial: la antropología, la lingüística, el etnofolclore, que es lo que ahora me ocupa y, también, la iconografía, de la que tengo un libro pendiente de publicar en tres volúmenes en el que analizo la iconografía canaria. Cuento además con novelas pendientes, ensayos sobre antropología, mis memorias, entre otros materiales que todavía son inéditos”.

- ¿El canario debe viajar?

“Por supuesto. Tenemos que relativizarnos porque somos un pueblo ombliguista. Creemos que estamos en el paraíso, en las Hespérides por la bondad climática pero ese ombliguismo hay que romperlo viajando ya que la distancia nos enseña a ver la verdad. En mi caso, he podido acercarme a la realidad canaria de modo crítico con un análisis racional distanciado precisamente por formarme fuera. Al canario le hace falta viajar para relativizar ese ombliguismo que nos caracteriza”.

- Nuestra forma de hablar está muy presente en su literatura. Usted, de hecho, fue de los primeros escritores en utilizar canarismos en sus novelas.

“He sido siempre muy natural en ese aspecto. Hablo la lengua de mis mayores y desde mi primer libro comencé a utilizar canarismos. No entiendo que haya gente que se encierre en el español normativo porque cuando uno lee literatura sudamericana ve como Rulfo, Carpentier, Gallegos, Llosa incluyen localismos sin ponerlos en cursiva porque entienden que ésta y no otra es su lengua natural. ¿Por qué no lo hacemos nosotros? Valle Inclán lo hizo y Federico García Lorca también, así que los canarios tenemos todo el derecho del mundo a describir con estas palabras nuestra realidad aunque hay que apalabrarla y escribirla bien para lo que es necesario dejar a un lado la fonética ruda y apalabrarla de modo correcto, como está en el Diccionario de canarismos”.

- Su última novela publicada es Calibán

Calibán, efectivamente, es mi última novela publicada aunque ahora tengo entre manos una sobre los 4.000 canarios que emigraron en 1774 a la Luisiana para poblarla cuando Francia se la cedió al rey de España, Carlos III. Entré en este tema por la vía lingüística al observar que los descendientes de canarios que todavía viven ahí hablan esa lengua de tiempos tan remotos y al hacer acopio de bibliografía pensé “caramba, aquí hay para una novela”, una saga que comienza con los primeros emigrantes del siglo XVIII y que termina con el huracán Katrina. Una especie de novela para la que he ido tejiendo una red de personajes a través del tiempo aunque lo más difícil es reproducir la lengua que hablaban aquellos canarios de la que conocemos algo de su repertorio léxico gracias a unos pocos fragmentos que se han conservado, hecho que me hace sospechar que estoy a medio camino de escribirla”.

PASIÓN POR EL CINE

Entre las aficiones de Ángel Sánchez se encuentra el cine, tanto, que dice que procura ver una película todos los días. Esta adicción se potenció durante su etapa en París, en la que no dejaba de visitar la cinemateca y de asistir a las conferencias que cineastas como Stanley Kubrick, por ejemplo, ofrecían en su salón de actos. Paralelamente, Ángel Sánchez se quemaba las pestañas descubriendo la cinematografía del brasileño Glauber Rocha y del italiano Michelangelo Antonioni, entre otros. Cuando finalizaba la película salía corriendo de la sala para coger el metro–recuerda con una sonrisa que evoca aquel grato momento de su juventud– transporte que nunca perdió.

De su cinefilia dan muestra centenares de críticas que en su día escribió para revistas y periódicos como el Diario de Las Palmas, reseñas que el periodista cinematográfico Claudio Utrera le anima a que recopile en un libro.

Ángel Sánchez dice que conserva todo ese material, todas esas reflexiones sobre películas a las que somete a un severo análisis como espectador y como crítico, y de la que deja testimonio en algunos de sus trabajos, como el que le dedica a F. A. Siliuto y que forma parte del libro Ensayos sobre cultura canaria (Edirca, 1983).

Saludos, luz y color, desde este lado del ordenador

Carlos Cruz: “Es un reto indagar sobre la verdad que nos pasa partiendo de la ficción”

Miércoles, Junio 13th, 2018

Carlos Cruz García (Los Realejos, 1977) ha dejado que pasan más de cinco años para publica una nueva novela, Todos los días son de Raquel (Ediciones delMedio, 2018), en la que apenas queda rastro de su primer y segundo libro, H y No es la noche, respectivamente, en la que sio embargo sí que se puede atisbar cierto gusto por lo oculto y lo extraño.

Escritor y periodista, hay mucho de periodista y también de escritor al intentar resolver literariamente un caso que se inspira en el hundimiento en medio del Atlántico del pesquero turco Omer Demir, tras llegar al muelle de la capital grancanaria.


- Llama la atención el título de la novela, Todos los días son Raquel.

“Al final se convirtió casi en un grito de guerra que hace avanzar esta novela. Me di cuenta finalmente que esta novela, esta historia va de unos personajes que quieren sostener, proteger y cuidar el legado de Raquel, así que sin ella, no habría ni recorrido literario ni aventura”.

- En la novela mezcla realidad con ficción, ¿cómo ha sido este proceso?

“Para mí ha sido sorprendente. Por mucho que yo corriera la realidad siempre me estaba esperando en una esquina para decirme: Venga Carlos, corre que te estás quedando atrás. No me pasó ni una ni dos veces. Parecía que cuando más rascaba esa superficie que pensamos todos era la realidad para fabular, más de deshacía entre los personajes y sus aventuras, lugares y diálogos. Tengo que admitir que esa vieja máxima de que la realidad siempre supera a la ficción no es sólo un lugar común”.

- Y que le llamó la atención del caso real para volcarlo en una historia. ¿Cuáles fueron los atractivos que le inspiraron a escribir sobre ella?

“En primer lugar, la falta de respuestas que hubo ante las preguntas que suscitaba la deriva del barco que se comenzó a incendiar en el Puerto de La Luz y de Las Palmas. No hay nada más que ver la trayectoria errática que siguió el Oleg, nuestro Omer, cuando fue sacado a alta mar. Y también el coste. Nos ha costado más de 43 millones de euros la extracción del fuel de ese barco que terminó, por supuesto, hundiéndose. Esos dos factores me tenían intranquilo, enfadado y fue cuando surge Raquel para darme las respuestas que la realidad me negaba”.

- La novela se desarrolla en Las Palmas de Gran Canaria. ¿Cómo trata esta capital de provincias?, ¿qué papel protagónico juega en el relato?

“Aprovecho la relación íntima que tiene Las Palmas no sólo con su muelle sino con su mar a través de la playa de Las Canteras para otear un poco por ese arriba-abajo que tan de moda está si hablamos de política. Obviamente esta es una ciudad, como lamentablemente todas, con grandes desigualdades que quería mostrar en la novela. Y además me quise fijar en esa panza de burro que a veces ayuda a ensombrecer la realidad que menos nos gusta y la que a veces nos cuesta reflejar en el día a día de lo que se lee en prensa. Aunque la prensa se lea cada vez menos. O eso parece.”

- La novela trata sobre corrupción, ¿es Canarias tierra de corrupción?, ¿por qué?

“Si vamos a las estadísticas es una tierra abonada para la corrupción. Somos islas, con terrenos limitados y donde la presión tanto demográfica como turística pone muchas veces en el filo a demasiados responsables públicos. Los números están ahí. Por mi propia experiencia en la administración faltan recursos y también nos falta algo de educación. Claro que este problema no es sólo canario, pero echo a faltar una mayor reprobación social hacia ciertos comportamientos que parece que no son castigados”.

- Sus anteriores novelas, H y No es la noche, son muy diferentes a Todos los días son Raquel. ¿Está cambiando el escritor en la temática de sus historias?

“Me decidí a pasar página de esas anteriores novelas en donde parte de mis intereses quedaban apartados porque quizá eran historias donde la piel y el corazón jugaban un papel primordial. Raquel está más hecha con la cabeza, sistematizada, pero no robotizada porque los personajes siguen estando muy vivos. A veces demasiado y eso te hace cambiar, incluso, hasta el final”.

- Hablemos de la construcción de personajes. Y de la estructura de la novela.

“Como decía, y porque se trata casi de una novela negra, la estructura es muy importante y fue la parte más costosa en cuanto a tiempo y la toma de decisiones. Los personajes casi salieron casi solos cuando la trama estuvo construida. Pero, aun así, los personajes boicotearon el final de la historia. Porque contra ellos, contra Raquel, no había nada que hacer”.

- Al estar basado en un hecho real, ¿a qué fuentes recurrió para dar consistencia al relato?, ¿además de las escritas, habló con alguien relacionado con el caso?

“Hablé con representantes de los colectivos que presentaron una denuncia ante la fiscalía por cómo se gestionaron los hechos que dieron lugar a esta historia. Además leí tanto el archivo de la causa que es muy curioso, porque sólo pregunta a los responsables que dijeron, cómo no, que lo habían hecho muy bien; y un informe del propio Ministerio de Fomento donde dice que no lo hicieron tan bien. Al final nos ha costado 43 millones de euros y una marea negra en toda la costa este de Gran Canaria”.

- A la hora de abordar el libro, ¿cuánto hubo de autocensura cuándo escribía la historia?

“Hubo, en la medida en que cambié los nombres de todos los responsables que se podrían reconocer en estas páginas. Pero quizá ahora, con el clima que hay, este libro nunca lo habría escrito”.


- Próximas novelas

“Me temo que la próxima ya está escrita y dentro de poco buscará editora o editor. Para equilibrar quizá esta nueva línea de trabajo, la próxima que se llamará Rabo de gato, trata también sobre un episodio de corrupción que seguramente no ocurrió jamás en Tenerife. O sí. También hay dos historias más donde quiero experimentar las posibilidades que me da la escritura. Me preocupa estancarme y quiero probar cosas nuevas. Sorprender al lector y sorprenderme a mí mismo. Al menos lo intentaré”.

- Y por último, ¿qué atractivos tiene para usted la novela policíaca?

“Me da la oportunidad de hacer una reflexión con cierta libertad, cada vez menos parece, entre líneas sobre la realidad que vivimos aquí en la isla. Es un reto y es una aventura indagar sobre la verdad que nos pasa partiendo de la ficción. Porque para eso sirve la novela, ¿no?”

Saludos, flying to the moon, desde este lado del ordenador

Todos se van, una novela de Wendy Guerra

Viernes, Junio 8th, 2018

A través de los diarios de su infancia y adolescencia, la protagonista de la novela Todos se van, Nieves Guerra, cuenta su particular viaje al abismo en completa soledad.

Escrita por Wendy Guerra, y libro por el que obtuvo el premio Bruguera en 2006, Todos se van propone una dolorosa visión sobre una joven que aprende a ser mujer, y su paulatinano divorcio con una causa, como es la de la Revolución cubana, en proceso de descomposición.

Todos se van, por las cosas que narra y la sutil descripción del proceso de aislamiento al que se somete su protagonista, pone de manifiesto la descarnada verdad que marca el camino literario de una escritora que cuenta hechos, muchos de ellos inspirados en su propia experiencia vital, que muestran cómo se sobrevive a esa edad en el infierno cotidiano que construye la realidad exterior e interior que Nieves Guerra va trabajando a medidas que transcurren los días, que se convierten en páginas de un diario que terminan por convertirse en un pudridero sentimental y emocional.

Dividida en dos mitades, la más atractiva a nuestro juicio es la que plantea esta escritora sobre la infancia. En este relato se despliega cómo las contradicciones que genera el régimen castrista terminan por devorar a sus hijos. A través de la madre, una hija a la que amantó la revolución pero desengañada por la deriva que ha terminado por devorar al sistema, se le inculca a la protagonista a no callarse nada y a ser capaz de enfrentarse a una realidad en pleno proceso de descomposición imponiéndose una férrea disciplina de silencios. Silencios de los que se libera en un diario personal en el que suelta todo lo que observa y debe callar para que no la acusen de gusana, de traidora, de Judas de un proceso político que mantiene a su gente a raya porque genera miedo y esquizofrenia.

Todos se van no plantea una distopía sino una realidad vista a través de los ojos de una niña y adolescente, aunque la sustancia de la novela no gira solo en torno a la política y al desgaste personal al que este sistema somete a su gente sino también, y he aquí lo más importante, incide en la soledad de su protagonista ante la continua fuga de amigos y conocidos al exterior o, en un golpe maestro, en el mismo interior de una isla que hace mucho tiempo dejó de ser un paraíso con rejas.

No he leído otras novelas de Wendy Guerra, pero algo me hace sospechar que he tenido la buena fortuna de llegar a su peculiar y retorcido universo a través de su primer libro. Un libro en el que, se intuye, debe de recogerse la mayoría de las constantes de una carrera literaria que, de momento, no es lo suficientemente pródiga para que su nombre suene con la importancia que se merece no solo dentro de lo más reciente de las letras cubanas.

Saludos, venceremos, desde este lado del ordenador

Los Llanos de Aridane acogerá el Festival Hispanoamericano de Escritores

Miércoles, Junio 6th, 2018

La Fundación SGAE acogerá el próximo martes, 12 de junio, la presentación del Festival Hispanoamericano de Escritores, promovido por la Cátedra Vargas Llosa y el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane (Isla de La Palma), con la colaboración del Instituto Cervantes, la Fundación Universidad de Guadalajara, Canarias Cultura en Red, el Instituto de Astrofísica de Canarias, el CIT Tedote y el Hotel Hacienda de Abajo. 

En el acto intervendrán el senador Mariano Hernández Zapata, J.J. Armas Marcelo (director de la Cátedra Vargas Llosa), Charo González Palmero (concejal de Cultura de Los Llanos de Aridane) y Nicolás Melini (director del Festival Hispanoamericano de Escritores).

El Festival Hispanoamericano de Escritores pretende el desarrollo de la cultura en español a través de una de sus principales manifestaciones, la literaria. Además, quiere convertirse en un encuentro entre escritores españoles y americanos, con la particularidad de que concederá espacio a los escritores españoles del conjunto de las Islas Canarias.

Al acto de presentación asistirá el Premio Cervantes Jorge Edwards, el escritor e historiador José Esteban, la escritora argentina Valeria Correa Fiz y los escritores Juan Carlos Méndez Guédez, Jorge Eduardo Benavides, Olvido García Valdés, Ernesto Pérez Zúñiga, Fernando Rodríguez Lafuente, Carmen Posadas, Juan Carlos Chirinos, el crítico Willy Corral y Francisco Javier Pérez, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua, entre otras personalidades de las letras hispanas e hispanoamericanas.

(*) En la imagen los escritores Jorge Edwards y Mario Vargas Llosa

Saludos, a la expectativa, desde este lado del ordenador

Los tesoros de la cripta, un libro de Juan Manuel de Prada

Martes, Mayo 29th, 2018

Juan Manuel de Prada además de ser un notable escritor es un confiable espectador de cine ya que mezcla la más desarmante cinefilia con igualmente la más descacharrante cinefagia. Cualidad, esta última, que le permite ver y analizar películas del arroyo, producciones abominables en las que encuentran entrañable joyas que relucen entre tanta basura transformada en celuloide.

El escritor reúne ahora estas opiniones diversas, lacerante pero siempre vibrantes porque están escritas más con el corazón (o el estómago, escojan ustedes) que con la cabeza, en el libro Los tesoros de la cripta (Editorial Renacimiento, 2018), volumen que ya resulta apetecible a lectores y cinéfilos y cinéfagos confesos por su portada, que ilustra una imagen poderosísima de El signo de la cruz (Cecil B. DeMille, 1932), y largometraje que se incluye en este amplio catálogo de reseñas que tienen la voluntad de recuperar películas olvidadas y en otros casos maltratadas por una crítica que en opinión de Juan Manuel de Prada y de quien ahora escribe estas líneas, no ve cine con entusiasmo ni espíritu descubridor.

La lista de largometrajes que comenta el autor de la novela Las máscaras del héroes es amplísima, casi noventa, y en ella reparte elogios o condenas sobre películas de todos los géneros y colores, sean de cine silente (o mudo) como sonoro. Las preferencias del escritor y ahora estimable crítico cinematográfico son variadísimas y se agradece mano en el corazón que descubra títulos que permanecían hasta ahora olvidados en los rincones más polvorientos de esa cripta a la a más de uno le gustaría meter la cabeza. Olisquear, que se dice en esta tierra, las promesas de festivo espectáculo que describe Juan Manuel de Prada, una especie de Indiana Jones que dedica todos sus esfuerzos en estos artículos a quitarles el polvo del tiempo.

Se podrá estar de acuerdo con la inclusión de algunos de los títulos sobre los que escribe, pero al margen de este hecho (para gustos de inventaron los colores) dan ganas de revisar muchos de estos trabajos para volver a observarlos con otros ojos, despiojados de prejuicios estéticos y sobre todo ideológicos.

Juan Manuel de Prada reivindica una serie de películas ante las que huirán, como el vampiro ante el agua bendita, ese espectador dado a capillas de cineastas en boga, “que allá en mi adolescencia podían ser –O tempora, o mores!– Alan Rudolph o Peter Greenaway”, pero no el que se curtió en las salas de cine de barrio o en casa quemando el vídeo VHS. Ese espectador rarito que lo mismo disfrutaba con una de arte y ensayo que con otra de caspa y ensayo que, a fin de cuenta viene a ser lo mismo, sin desdeñar ese cine comercial y de explotación en el que se combinaba de todo, con independencia del género al que presuntamente perteneciera.

Desfilan así por las páginas de este libro recomendable para todo cinéfilo y cinéfago a la caza de piezas extrañas, cineastas que van desde el celebrado Cecil B. DeMille a Louis Feuillade, David Wark Griffith, Georg Wilhem Pabst, Friedrich Murnau, Tod Browning, Jack Conway, King Vidor, James Whale, Karl Freund, Carmine Gallone, Joris Ivens, Alessandro Blassetti y Mario Camerini, entre otros, así como los españoles Rafael Gil y Edgar Neville, a quienes reivindica sin rubor alguno, y sí con algo de rubor películas firmadas por Ignacio F. Iquino y Antonio Isasi Isasmendi, sepultados hasta ahora bajo tierra por ser cineastas de derechas, escribe sin empacho un escritor que no niega que es, precisamente, de derecha aunque esta forma de ordenar el mundo no le ciegue para elogiar igualmente el trabajo de directores de izquierda.

Los tesoros de la cripta
resulta por ello y otra cosas más un libro muy recomendable para lectores y espectadores con mente abierta. Consumidores culturales que no le hacen asco a un solomillo como a una hamburguesa siempre y cuándo ambas estén bien cocinadas y su sabor y textura las diferencie del resto, esas unidades de una cadena de producción que solo satisface momentáneamente al estómago pero no a la cabeza, que a fin de cuenta debe ser alimentada con productos frescos y originales.

Los tesoros de la cripta es por eso un libro no solo recomendable para el aficionado al cine, sino también para el especialistas sin prejuicios y ganas de seguir aprendiendo como para ese otro que odia el cine pero que disfruta con la lectura de una obra a la que podrán acusar de lo que quieran pero no de aburrir y enseñar a quien la tiene entre las manos y la devora, como fue nuestro caso, con tanto deleite cinéfilo como cinéfago.

Saludos, The End, desde este lado del ordenador

Laura Freixas: ““Mi madre sentía que nacer como una mujer era nacer minusválida”

Lunes, Mayo 28th, 2018

La escritora Laura Freixas (Barcelona, 1958) estuvo la semana pasada en Tenerife para presentar el segundo volumen de sus diarios, Todos llevan máscaras. Diario 1995-1996 (Errata Naturae, 2018) e impartir varias conferencias sobre mujeres y literatura femenina.

Freixas es autora de una notable producción literaria en la que se encuentra además de el diario, la novela y el ensayo, entre otros. Algunos de sus libros son los ensayos Literatura y mujeres y El silencio de las madres; el libro autobiográfico Adolescencia en Barcelona hacia 1970 y las novelas Último domingo en Londres, Entre amigas y Amar o lo que sea. Ladrona de rosas es una biografía de la escritora Clarice Lispector

- Tras Una vida subterránea publica ahora Todos llevan máscaras, la segunda entrega de sus diarios. ¿Cuáles son las máscaras de Laura Freixas?

“En este diario he intentado quitármelas y mostrarme como nos mostramos muy pocas veces: desnuda y con todos mis defectos, mis carencias y fracasos. Mi única máscara es el paso del tiempo porque estos diarios se escribieron hace más de veinte años y ahora no vivo como entonces”.

- Algunos de los retratos que ofrece de escritores y editores españoles resultan demoledores.

“Quizá no sea muy consciente de si he podido generar enemistades porque nadie me ha dicho nada. En todo caso, no me parecen retratos negativos y como el autorretrato que hago es muy duro conmigo misma, ya que me muestro a veces derrotada, angustiada, deprimida, eso me da como la libertad de ser dura con otros. No obstante, quizá dentro de algún tiempo descubra que fui muy imprudente pero como mi relación con el mundo literario es de amor-odio y como no me siento totalmente integrado en él, esa distancia que mantengo para no pertenecer a los corrillos salvo los del círculo feminista dentro de la Cultura, hace que no tenga nada que perder”.

- Todo parece indicar que continuará con estos diarios.

“Los escribo al menos una vez por semana, cuando tengo un rato y cosas que contar aunque al ritmo que voy si se publican será con carácter póstumo porque necesito que pase un tiempo para tener la libertad de escribir lo que pienso aunque hay cosas, pocas, que por ejemplo no he incluido en Todos llevan máscaras”.

- ¿Por qué?

“Son demasiado íntimas”.

- Los diarios comienzan en los años 90 del pasado siglo XX. ¿Antes no escribía diarios?

“No, no escribía diarios. El diario lo empecé el año que me fui a vivir a París lo que me hace pensar que, en cierto sentido, el diario está ligado muchas veces al exilio aunque lo mío no lo fuera. No obstante, el hecho de encontrarte en otro lugar donde no tienes identidad y apenas conoces a nadie condiciona. Luego me marché con quien entonces era mi marido a Madrid, ciudad en la que tampoco tenía demasiadas amistades pero me fui forjando una nueva identidad profesional como escritora. Había dejado la editorial en la que trabajaba y todo eso hizo que necesitara el diario como confidente e interlocutor. Así que si comencé a llevar un diario en los 90 con el que traté en el fondo de manifestar el propósito de hacerme un lugar como escritora por lo que estas confesiones son el relato de cómo me hice un espacio, de cómo encontré mi lugar como mujer y como escritora”.

- ¿Pero ya le rondaba entonces la idea de publicarlos?

“Siempre la tuve aunque como una posibilidad remota que apareció veinte años más tarde y que coincide, además, con un momento en el que no tengo novela que publicar”.

- ¿No le da cierto pudor desnudarse como se desnuda en estas páginas?

“La verdad es que es como tirarse a la piscina y cuando ya estás en el agua darte cuenta que no sabes nadar. Pero hay un intento y un momento temerario en el que te dices que si un editor lo quiere publicar, lo publico”.

- Me gustaría saber cuándo toma conciencia feminista.

Es un proceso que tiene dos fases. Que recuerde y como mujer he sido feminista siempre. Tuve una madre que constantemente protestaba por esas limitaciones frente a las que sentía que no podía hacer nada y antes las que se sometió como las de hacer las faenas de la casa, la parte aburrida, que es mucha, de ejercer de madre; la desigualdad que existía entre la libertad sexual de hombres y mujeres. Mi madre sentía que haber nacido mujer era como haber nacido minusválida. Fue una mujer muy feminista. En cuanto a mi, yo me crié durante el franquismo pero era consciente de esas desigualdades. Desigualdad frente a las leyes mientras observaba a mi padre y sus amigos que desarrollaban una vida en el mundo de la burguesía catalana en la que si bien carecían de libertad política, sí que la tenían en la profesional. Los amigos de mi padre tenían profesiones interesante mientras que las mujeres permanecían aburridas en sus casas”.

- ¿Pasaba lo mismo en el mundo de la Cultura?

“Creía que las cosas no iban a ser igual en en la Cultura, que no hacía falta ser feminista porque había igualdad y libertad y se valoraba la creatividad y la meritocracia, y esta fue una de las razones de que me dedicara a la literatura aunque mi sorpresa fue descubrir que no era así”.

- ¿Han cambiado las cosas en los últimos tiempos?

“Lo que ha cambiado es la percepción pero la realidad todavía no”.

- Es un primer paso…

“Claro y muchas de nosotras estamos encantadas y hemos trabajado mucho para conseguirlo. En mi caso, con libros como Literatura y mujeres y la antología Madres e hijas y junto a otras compañeras de la Fundación Clásicas y Modernas para la Igualdad de Género en la Cultura, donde hemos cambiado entre otras cosas lo que era flagrante y obvio, pero que nadie veía: la desigualdad en el mundo de la Cultura. Yo misma, cuando empecé, no lo veía hasta que tras la publicación de Literatura y mujeres me di cuenta que la exclusión era sistemática, que no se me iba a juzgar por mi obra ya que antes me iban a invisibilizar. Algo que he seguido viendo constantemente y que desanima y te hace plantear preguntas y a partir de ahí, con otras mujeres, comenzamos una labor de denuncias para concienciar la visibilización de la mujer. También se desarrolla un trabajo que ofrece propuestas a las instituciones para la organización de actos, charlas y conferencias como las que desarrollamos con la Biblioteca Nacional con la creación de El día de las escritoras y desde hace cinco años con Caixa Fórum el ciclo Ni ellas musas ni ellos genios sobre parejas de artistas e intelectuales que han tenido un gran éxito de público lo que pone de manifiesto que hay verdadera sed de nuevos modelos en el mundo de la Cultura y un público con ganas de conocerlo y al que nosotros hemos sabido ponerle voz”.

- ¿Pero encuentra diferencias entre la literatura escrita por mujeres y hombres?

“Si me das un solo texto no pero tampoco si me entregaras un texto escrito por un afroamericano o una mujer judía. Si tenemos una visión global, la literatura afroamericana, judía y gay, por ejemplo, cuenta en su conjunto con unas características por lo que la diferencia no es tanto entre lo que escriben hombres y mujeres sino entre la identidad dominante y la subalterna. Los que pertenecen a ciertas identidades dominantes no tienen conciencia de identidad. Tú y yo, por ejemplo, no tenemos conciencia de ser blancos pero si fuéramos negros en un país de blancos tendríamos conciencia de ser diferentes. En mis libros nunca escribo que soy blanca o que no soy judía pero sí quiero que se vea que soy mujer”.

- ¿Encontró puntos de contacto entre la literatura afroamericana y la femenina?

“Mientras estudiada literatura afroamericana me di cuenta que si había algo en común con la de mujeres es su vena autobiográfica porque los autores de ambas literaturas necesitan contar su historia ya que no está consagrada como legítima por la Cultura. Es típico de los hombres los libros donde describen y narran luchas por el poder y la guerra, temáticas que se han incorporado a la Cultura. Ahí está La Iliada hasta la última producción de Hollywood. En cambio la maternidad, que es algo que nos condiciona para bien, mal o regular, no. El hecho de querer ser madre, de quedarse embarazada todo eso que ocupa muchos años de nuestra vida y es fundamental, cuando buscamos nuevos modelos literarios apenas los encuentras y eso te marca”.

- Pero en estos diario intenta poner fin a esta situación.

“La maternidad está muy presente. Una maternidad que fue gozosa pero también una carga asfixiante”.

- Algunas de las páginas de Todos llevan máscaras no resultan demasiado amables con los saraos culturales de los 90. Es un mundo demasiado masculino pero ¿ha cambiado en 2018?

“Continúa igual o ha cambiado pero muy poco pese a manifiestos como No sin mujeres en el que sus participantes masculinos se comprometen a no participar en mesas redondas y debates en el que no encuentren mujeres porque se han dado cuenta de que se nos sigue excluyendo sistemáticamente”.

- Una curiosidad, ¿por qué se cultiva tan poco la autobiografía y el diario como género literario en España?

“Por la contrarreforma. Los géneros autobiográficos se desarrollan en los países protestantes y en los grupos protestantes de países católicos como Francia, caso de André Gide o Rosseau que fue protestante antes que católico. Y tiene una explicación, al desaparecer el sacramento de la confesión se establece una relación personal con Dios que pasa a través de la lectura de la Biblia y ese diálogo se traduce en una introspección que se hace también a través de la palabra escrita. Desde los reyes Católicos existe el sacramento de la confesión que lleva a una libertad vigilada, oral y por supuesto no escrita ya que se le confía a otra persona. Lo observas en la autobiografía de Blanco White, donde escribe que lee libros a escondidas y que es incapaz de decírselo a su mejor amigo. La autobiografía se desarrolla en Francia porque hay libertad religiosa, así como en Alemania, Suiza y muy poco en países católicos como España e Italia y nada en los musulmanes”.

- ¿Qué atractivos tiene para usted leer diarios y autobiografías?

“Me los creo más. Me pasa, de hecho, que hay autores cuya obra novelística se me cae de las manos, como Rosseau o Mary McCarthy, pero no con sus libros de memorias”.

- En su caso, y en estos diarios ¿hasta dónde maquilla su vida?

“He intentado no maquillarme ni enmascararme ya que me resultan bastante irritante leer ciertos diarios en los que su autor domina la situación. Me da la sensación que tienen algo de escaparate, de estar escritos para la galería, lo que me molesta bastante. Eso me animó a publicar mis diarios porque van contracorriente”.

- Usted ha estudiado las tendencias genéricas de escritoras y escritores. ¿Resultados?

“Las mujeres cultivan más la novela y menos el ensayo, que está dominado por los hombres”.

- En cuando a lectores, las encuestas dicen que en España las mujeres leen más que los hombres…

“Leen más que los hombres, no mucho más pero sí que hay una diferencia sostenida en el sentido que se da prácticamente en todas las franjas de edad y niveles de educación. Las mujeres leen más aunque mi observación personal es que las mujeres leen a hombres y mujeres y los hombres a hombres y muy pocos a mujeres. Pero tengo mi teoría de por qué.

- ¿Y cuál es?

“Mi teoría es doble aunque son las dos caras de lo mismo. Por una parte, parte de la cultura patriarcal tiene como gran axioma la identificación o confusión entre lo masculino y lo humano. La literatura en general se identifica con la que hacen los hombres mientras que las mujeres escriben literatura de mujeres. Lo universal se identifica con lo masculino y lo particular, lo marginal, con las mujeres. Los hombres leen a hombres porque se identifican con lo masculino y creen que la literatura es la de hombres. En este aspecto, las mujeres se han entrenado a leer a hombres pero los hombres no están entrenados para leer a mujeres y eso tiene que ver con la jerarquía cultural: los temas de hombres pertenecen a la gran literatura mientras que los de de mujeres históricamente han sido relegados a una especie de subcultura”

La crítica
Laura Freixas que ha hecho un poco de todo en el mundo literario, editora, traductora, escritora y crítica piensa que la crítica ya no tiene la influencia que sí tuvo en el pasado aunque se han generado nuevos modelos de lectores que, como el que recurre a las redes sociales, se ha convertido “en una especie de crítico de a pie”.

En cuanto a si hay que fiarse o no de lo que dice el crítico, opina que “a medias” aunque si se trata de una opinión que calibra como interesante la tiene en cuenta pero antes tiene que “convencerme con argumentos”. Blogs, redes sociales, son un sistema que permite, destaca, que “como lectora me sienta más independiente”.

Autobiografía

Laura Freixas trabaja ahora en una autobiografía que lleva el título de A mi no me iba a pasar, un libro “con perspectiva de género” y en el que cuenta el relato de su matrimonio y su maternidad. “Soy madre dos veces, una biológica y otra por adopción” y esta experiencia la narra ahora desde una conciencia feminista de la que carecía entonces, explica. A mi no me iba a pasar trata de responder la pregunta de “por qué me pasó lo que pensaba que no me iba a pasar, convertirme en un ama de casa, en una maruja. Y eso siendo escritora aunque no ganaba dinero suficiente y vivía del sueldo de mi marido mientras me dedicaba a las faenas de la casa y al cuidado de los niños”.

Saludos, ya sa sabe, desde este lado del ordenador