Archive for the ‘Libros’ Category

Nathalie Le Brun: “La imagen de Canarias que desprenden los diarios es la de unas islas situadas en la periferia”

Martes, Enero 18th, 2022

Profesora de la Universidad de Estrasburgo y autora, entre otros, de Un francés entre guanches. Sabino Berthelot y las islas Canarias, Nathalie Le Brun escribe la documentada introducción de Apuntes de viajes. Excursiones en las costas de Marruecos y las islas Canarias durante los años 1877, 1878, 1879 y 1881 (Instituto de Estudios Canarios, 2021), de Arthur Jean-Philibert Grasset, diarios de los que no se tenía noticia hasta que Le Brun los encontró reseñados en el catálogo de una librería especializada.

Estos cuadernos se ocupan en muchas de sus páginas de las excursiones que Grasset hizo a las islas a finales de la segunda mitad del XIX, notas e ilustraciones que describen cómo era Canarias por aquel entonces.

-¿Quién fue Arthur Jean-Philibert Grasset?

“Arthur Grasset fue un viajero francés, una persona culta, que procedía de la alta burguesía de la región de Franco Condado, en el este de Francia. Nació en Dijon en 1828 y murió relativamente joven, a los 58 años, en Argelia, donde pasó los últimos años de su vida, junto con su amada, a la que llamaba Blanche, y rodeado de animales, perros y monos, entre otros. Su padre era un magistrado de la ciudad de Dijon, que poseía un castillo y tierras, y su madre, a la que nunca llegó a conocer, porque murió poco después de dar a luz, procedía de una familia de industriales. Creció en un entorno muy acomodado, lo que le permitió recibir una muy buena educación y, posteriormente, viajar por el mundo sin más preocupaciones que las de dedicarse a lo que le gustaba, la historia natural y las artes, entre otras cosas. Un administrador francés llamado Henri Drouet, que lo conoció en 1886, es decir, poco antes de que falleciera en medio de una excavación arqueológica que se estaba realizando en la zona de Cherchell, lo definió como naturalista, arqueólogo y artista. De hecho, estas tres facetas de su personalidad se reflejan, aunque en distinto grado, en sus diarios de viaje a Canarias”.

- ¿Y cuáles son las razones que motivan sus viajes a las costas de Marruecos y las islas Canarias en 1877, 1878, 1879 y 1881?

“Entre 1877 y 1881, realizó tres viajes a Canarias, en un contexto que podría calificarse de “turístico”, de paseo y ocio, y para pasar tiempo con sus amigos. El objetivo inicial de estos viajes era cumplir con una promesa hecha a su viejo amigo Sabin Berthelot, al que había conocido en 1854 en Santa Cruz de Tenerife, de volver a visitarlo algún día. El paso por los puertos marroquíes como Tánger, Rabat y Mogador fue circunstancial, dependiendo de las escalas de los vapores que hacían la conexión entre el Mediterráneo y el archipiélago canario. Grasset viajaba siempre con compañías marítimas francesas. La principal era la de Nicolás Paquet, que operaba la ruta Marsella-Tenerife, con paradas en Arrecife y Las Palmas, además de las realizadas en los puertos de la costa marroquí. En realidad, para él, estos viajes a Canarias no supusieron exactamente un “descubrimiento” sino un “redescubrimiento” de esta región del mundo, porque ya había estado en Tenerife y Gran Canaria 23 años antes. De hecho, la mirada y observación comparatista del viajero, entre lo que estaba viendo y los recuerdos que había conservado de algunos lugares en concreto, se manifiesta en varias ocasiones en los diarios. Lo que sí descubre Grasset durante estos nuevos viajes son las islas de Lanzarote y Fuerteventura, aunque esta última, muy brevemente. El viajar por placer lo llevó, además, a dedicarse ocasionalmente a actividades como la búsqueda de conchas para enriquecer sus colecciones, o a interesarse por las antiguas poblaciones del archipiélago y a acompañar a René Verneau a la Cueva de los Reyes, en Güímar, en enero de 1878”.

- ¿Qué tipo de impresiones sacó de sus viajes a Canarias?

“¡Qué pregunta más difícil de responder con pocas palabras! La imagen general del archipiélago que se desprende de los diarios es la de unas islas situadas en la periferia de los grandes centros europeos donde se generaba lo que entonces se consideraba como el “progreso”. Grasset reparó en algunas mejoras en las infraestructuras de comunicación de las islas en comparación con la década de 1850. Por ejemplo, las carreteras habían mejorado, pero seguía habiendo deficiencias en otros ámbitos, como en materia portuaria, especialmente en Las Palmas, que todavía no tenía su puerto de Refugio. Los interiores de las viviendas, nos dice, estaban llenos de objetos que el norte de Europa ya no quería, etc. Pero este retraso, según él, no era exclusivo de Canarias, sino que concernía a España de modo general. En cuanto a los habitantes de las islas, al igual que todos los españoles, le parecía que conservaban un fuerte vínculo cultural con los árabes. Lo constataba a través de una multitud de hábitos comunes. El isleño se acercaba al “salvajismo” en sus hábitos y forma de vida, en contraposición a la civilización que caracterizaba a Europa. Otro aspecto destacable, en nuestra opinión, es que coincidía con Sabin Berthelot en que se había producido una degradación progresiva de los bosques de Tenerife, especialmente los de Agua García y Las Mercedes, entre 1854 y 1877. En fin, son muchos más los aspectos interesantes de los diarios que podríamos comentar, como su observación de las relaciones que los isleños tenían con sus animales, su percepción de las mujeres canarias y europeas, etc”.

- ¿Y qué elementos destacaría usted de sus dibujos y textos?

“Grasset escribe diarios de viaje de carácter íntimo, que comparte con Blanche, la persona amada, sin las limitaciones que imponen los proyectos editoriales como los de René Verneau o Jules Leclercq, por ejemplo, cuyas estancias en el archipiélago se remonta a la misma época. Desde el punto de vista de los contenidos, son textos que, además de contar la vida cotidiana del viajero, desde la salida hasta el regreso, brindan impresiones en caliente sobre los paisajes que iba observando, comentarios espontáneos sobre las poblaciones con las que se cruzaba o las personas con las que tenía trato, y nos permiten penetrar en el día a día de la sociedad santacrucera del último cuarto del siglo XIX. En esto difieren bastante estos diarios de los relatos o libros de otros viajeros. Otra de sus especificidades es el estilo de escritura de Grasset, que incorpora en los textos referencias y citas literarias, recurre con frecuencia a la ironía y el sarcasmo. Es un estilo ligero que hace que el lector se impregne con facilidad de los textos y los lea como si se tratara de una obra recreativa. En cuanto a los dibujos y las acuarelas, representan casi exclusivamente paisajes. Son instantes inmortalizados, como destellos visuales que remiten a lo que experimentaron los cinco sentidos del viajero durante sus peregrinaciones, lo que queda reflejado en diarios no solo a través de lo que vio e intentó reproducir artísticamente, sino también a través de la evocación, en los textos, de los sonidos y las músicas que escuchó, los olores en las calles o los barcos, los sabores que descubrió, como el del vino de Lanzarote, por ejemplo, o la comida que le sirvieron, etc”.

- ¿Cómo descubre usted estos Apuntes de viajes?

“La figura de Arthur Grasset empezó a interesarme cuando estaba investigando sobre Sabin Berthelot, por la amistad que los unía a los dos y porque tenía conocimiento de sus viajes a Canarias. También sabía que escribía diarios íntimos cuando estaba en Francia y diarios de viaje cuando viajaba. De ahí que durante varios años haya andado buscando sus escritos, aunque hay que reconocer que consideraba más probable la localización de una correspondencia epistolar relacionada con Canarias que la de encontrar el paradero de sus diarios. Finalmente, fue hojeando el catálogo de una librería especializada en libros y documentos antiguos como los localizaron. Quisiera subrayar que no es tan inhabitual que un investigador utilice este tipo de fuentes como documento de trabajo. Por supuesto, la investigación se realiza con más frecuencia a partir de una documentación encontrada en archivos públicos, pero la consulta de bibliotecas privadas, incluso la compra de documentos, también es una práctica ocasional para el investigador”.

- ¿Cree que todavía se puede encontrar textos inéditos sobre Canarias escritos en siglos anteriores al nuestro?

“No sucede todos los días, pero puede pasar. De hecho, estos diarios de viaje a Canarias no fueron los primeros que examiné en una librería. Ahora bien, la calidad de los textos es variable”.

- ¿Tuvo relevancia la obra de Arthur Jean-Philibert Grasset en Francia?

“Hoy en día, Arthur Grasset es prácticamente un desconocido. Solo unas pocas personas interesadas en la malacología conocen su nombre. Se le conoce por la colección de conchas marinas y terrestres que reunió a lo largo de su vida, de las cuales 4.500 piezas se conservan hoy en el Museo de Historia Natural de Dijón, y otras 200, en los museos de Lons-le-Saunier. Empezó a forjarse una reputación de viajero y naturalista en la década de 1850. Su nombre se menciona de forma recurrente en el Journal de conchyliologie, así como de forma esporádica en los boletines de la Société de géographie y de la Société d’anthropologie de París, de las que era miembro desde 1861 y 1878, respectivamente. Sin embargo, nunca estuvo en el primer plano científico ni en la vanguardia artística, a pesar de haber participado como exponente de obras en salones parisinos y exposiciones provinciales. Era un hombre relativamente discreto”.

- ¿Cuál es su formación como artista y evolucionista?

“No lo sabría decir exactamente. Muchos aspectos de su vida siguen siendo enigmáticos. Sabemos que realizó sus estudios de secundaria en el Collège de Juilly, un establecimiento fundado por el rey Luis XIII, donde Montesquieu había estudiado antes que él. Una vez terminada la adolescencia, vivió unos años de vida bohemia en París antes de embarcarse, a los 22 años, para un viaje alrededor del mundo. En esa época ya tenía inclinación hacia la historia natural y el dibujo. Uno de sus familiares, un primo llamado Hippolyte Plantet, era pintor, pero no sabemos si este pariente, que solo tenía un año menos que él, pudo ayudarle a acercarse al mundo de los artistas. En cuanto a las teorías de Darwin, ignoramos cuándo las descubrió. De lo que sí tenemos constancia es que a principios de la década de 1870 ya rechazaba las teorías fijistas. Había adoptado el principio de la variación permanente de las especies y el de la selección natural”.

¿Y cómo es su vinculación con Canarias y su amistad con Sabin Berthelot?

“Grasset conoció a Sabin Berthelot al final del año 1854, con ocasión de un viaje a Senegal. El archipiélago canario, al encontrarse en su ruta, fue una parada en su periplo. En aquel entonces Berthelot dirigía el viceconsulado francés, que era un lugar de paso imprescindible para los franceses que paraban en Santa Cruz, especialmente para los naturalistas. Berthelot era toda una referencia para quienes necesitaban orientación en sus excursiones por la isla de Tenerife. Después de este primer encuentro, los dos hombres siguieron en contacto por carta. Parece que se vieron en una ocasión en Francia, hacia el año 1861. Ese mismo año, Berthelot lo presentó a la Sociedad Geográfica, y quedó elegido socio de la asociación. Pero no fue hasta 1877 cuando cumplió su promesa de volver a visitar a su amigo. Ese año, se encontró con un hombre debilitado por la edad. Berthelot tenía 83 años, perdía un poco la memoria, pero aún disfrutaba de la buena compañía. En su casa de la calle de Las Flores, en Santa Cruz de Tenerife, organizaba reuniones y compartía su mesa con René Verneau, que estaba realizando su primera misión científica en las islas. En ese momento, Berthelot estaba escribiendo la obra que se publicaría con el título Antiquités Canariennes. La cuestión del origen de las primeras poblaciones del archipiélago, que también ocupaba a Verneau, debió de ser un tema de conversación durante estos encuentros en la calle de las Flores. Aunque Grasset tenía otras amistades en Tenerife, es probable que los tres viajes realizados entre 1877 y 1881 tuvieran algo que ver con Berthelot. El de 1881 tuvo lugar unos tres meses después del fallecimiento del viejo cónsul. Ese año, Grasset conoció a Elías Zerolo, que, junto con el marsellés León Lavialle, era uno de los albaceas testamentarios de Berthelot. Durante los dos siguientes, participó en las gestiones para la publicación, en la editorial parisina Plon, de la obra póstuma Souvenirs intimes ou miscellanées épistolaires. Se trata de una obra de 1883, que Luis Diego Cuscoy tradujo al español y dio a conocer en 1980 como Recuerdos e epistolario”.

- ¿Es cierto que Berthelot le publicó un libro de viajes que realizó alrededor del mundo?

“Sí, totalmente cierto. En 1879, Berthelot le publicó en Francia los diarios de un viaje que realizó entre abril de 1850 y enero de 1853. Fue un viaje por las costas suramericanas, el litoral occidental norteamericano, los archipiélagos del Pacífico, Australia, China, Indonesia y la costa occidental de África. Pero como bien indica el título del libro, Journal d’un voyageur ou Recueil de notes pendant un voyage autour du monde, mis en ordre par S. Berthelot, en este caso no se trata de una reproducción fiel de los textos, sino de la publicación de fragmentos de los diarios, pasajes seleccionados por Berthelot y comentados por él. Estos diarios contenían dibujos, que no se reprodujeron en el libro”.

- ¿Qué cree que pueden aportar estos Apuntes de viaje a la bibliografía que ha escrito sobre el Archipiélago canario?

“Estos diarios vienen a enriquecer un corpus de textos ya conocidos, escritos por extranjeros que estuvieron en Canarias en el último tercio del siglo XIX, como, por ejemplo, los ya mencionados Jules Leclercq y René Verneau, pero también Eugène Goblet d’Alviella, Olivia Stone, etc. Pertenecen al género de la literatura de viajes, de viajes reales, que nos permiten descubrir las islas a través de los ojos de los europeos y entender qué lugar ocupaban en su cartografía mental del mundo. Por supuesto, nos proporcionan además valiosos detalles sobre las islas en sí y los isleños, sobre cómo se relacionaban entre ellos, sus hábitos y costumbres, y también, en el caso de los diarios de Grasset, sobre cómo se viajaba al final del siglo XIX. El viajero nos cuenta todo lo que sufría el que navegaba bordeando la costa africana, para ir y venir entre el Mediterráneo y el Archipiélago”.

- En uno de los apartados de la introducción señala los estereotipos y prejuicios que caracterizan a Arthur Jean-Philibert Grasset. ¿Podría indicarnos algunos? ¿Se conoce si logró desembarazarse de ellos?

“Ya he mencionado algunos, como la imagen de una España atrasada, que era un estereotipo bastante arraigado en Francia en el siglo XIX. Podemos señalar también los prejuicios judeófobos, muy presentes en las páginas escritas en Gibraltar y Tánger, los estereotipos como el del judío avaro, que no hacen sino reflejar el antisemitismo creciente en la sociedad francesa de esa época. Pasa también con la comunidad musulmana, especialmente con sus componentes masculinos vistos como seres bastante brutales, a veces guiados por pulsiones violentas. Grasset busca entre los estereotipos los recursos necesarios para describir a la otredad dentro de una lógica de separación que va del distanciamiento, en el caso de los isleños, por ejemplo, a la exclusión en el caso de las poblaciones del Magreb. Tiene cierto trato social con los habitantes de Canarias, pero no con los judíos ni con los musulmanes. En relación con el choque cultural que experimentaban los viajeros en una época en la que viajar era más complicado que ahora, y a modo anecdótico, podemos mencionar una experiencia vivida por Grasset en Canarias. Me refiero a su descubrimiento del vino de Lanzarote. Él partía del principio de que todo lo que se comía y se bebía en las islas era malo. La primera vez que probó el vino, no le gustó para nada. Al segundo día, tampoco le pareció bueno, pero dijo que se bebía a pesar de todo. Pero al final, al tercer día, ya no le parecía tan malo. Este ejemplo nos muestra cómo la confrontación con lo diferente da lugar a veces a comentarios negativos, pero si aceptamos o nos tomamos el tiempo de aprender a conocer, nuestro juicio puede cambiar y volverse positivo”.

- De los dibujos que realizó en sus viajes a las islas, ¿resaltaría alguno? ¿Por qué?

“Me resulta interesante, por ejemplo, la acuarela del idolillo de la antigua colección de la familia Maffiotte, por lo que nos sugiere y no se cuenta en los diarios. Grasset viajó a Canarias en un momento en que la élite isleña se interesaba por las poblaciones prehispánicas y se estaba desarrollando el coleccionismo. Estamos hablando de finales de la década de 1870, y no olvidemos que la fundación del Museo Canario data de 1879. Como dije antes, Sabin Berthelot estaba escribiendo su obra Antiquités canariennes y esto coincidió, además, con la primera misión de René Verneau en el archipiélago. Una de las primeras tareas que se propuso este antropólogo al llegar a Santa Cruz fue precisamente visitar a las personas que poseían colecciones de objetos prehispánicos. Este idolillo que pintó Grasset y también se reproduce en la obra del cónsul, no está representado en la obra que publicó Verneau en 1891, Cinq années de séjours aux Canaries, aunque sí, se menciona en sus publicaciones. No cabe duda de que tanto Verneau como Berthelot vieron esta colección o una parte de ella, y no podemos descartar que Grasset también. Por otra parte, me llama la atención una serie de paisajes, en particular de Gran Canaria, como el Barranco Seco, el de la Angostura, que se corresponden con los que, más adelante, se fotografiaron y salieron en las primeras postales que circularon por Europa con el turismo de las primeras décadas del siglo XIX”

- Es autora, entre otros, de Un francés entre guanches e Informes y memorias consulares de Sabino Berthelot (1847-1874), ¿por qué este interés en la Historia de Canarias y en concreto en la vida y obra de Berthelot?

“Existe un cierto apego a la figura de Sabin Berthelot no solo en el mundo académico canario sino de forma general entre las personas interesadas en la cultura y la historia del archipiélago. Esto siempre me ha llamado la atención, como francesa que ha pasado muchas estancias en Tenerife. Mis primeras lecturas de las obras de Berthelot se remontan a mi época de estudiante, y las hice en un ambiente propicio al descubrimiento y al estudio, en la biblioteca universitaria de La Laguna. La idea de desarrollar su biografía a partir de fuentes archivísticas francesas surgió más tarde, en un momento en que yo vivía en París y me encontraba en una situación ideal para intentarlo. Son muchos años de investigación, pero aún queda mucho por hacer. En cuanto a las memorias y los informes consulares, fue un proyecto que nos planteamos, de forma conjunta, un compañero de la Universidad de Estrasburgo, Cristian Díaz Rodríguez, y yo. El objetivo de esta iniciativa era poner las fuentes documentales a disposición de un público que no siempre tiene acceso a los archivos. De hecho, la idea que guio la publicación de los diarios de Arthur Grasset es la misma. Me refiero a hacer lo necesario para difundir un documento que podría haber permanecido “encerrado”, por así decirlo, en una gaveta o un armario, y hacer lo posible para que su significado sea accesible a un amplio número de lectores mediante su traducción y notas explicativas”.

- ¿Cuál es la visión que tenían los intelectuales franceses de las islas en el XIX? ¿Y cuál piensa que es la aportación que Berthelot a suscitar esta curiosidad?

“El interés por las Islas Canarias surgió en Francia en gran medida gracias a la contribución de Sabin Berthelot, no solo mediante la publicación de obras, sino también por su gran implicación en diversas sociedades científicas francesas, como la Sociedad de Geografía, la Sociedad Etnológica, de la que fue uno de los fundadores en 1839, o, posteriormente, la Sociedad Imperial de Aclimatación Zoológica y la Sociedad de Antropología de París. Tres de ellas llegaron a ser reconocidas de interés público por el Estado francés. Los trabajos que Berthelot presentó allí y la información que trató de difundir a través de ellas pusieron a Canarias en el centro de la atención de los científicos, especialmente entre 1835 y 1847. A partir de 1870, una nueva generación de intelectuales tomó el relevo, sobre todo en lo que se refiere al estudio de las antiguas poblaciones del archipiélago: pensamos, por ejemplo, en Gregorio Chil y Naranjo y Diego Ripoche, que publicaron algunos trabajos en Francia, así como en René Verneau, que llegó a Tenerife en junio de 1877 con la intención de continuar lo iniciado por Berthelot. Verneau sólo tenía 25 años en ese entonces y rápidamente se alejó de Berthelot. Pero no es menos cierto que, inicialmente, este fue una referencia para él”.

FOTOS:

1.- Portada del libro-

2.- La profesora Nathalie Le Bruen

3, 4 y 5: ilustraciones de las islas Canarias realizadas por Arthur Jean-Philibert Grasset y que se incluyen en el libro.

Saludos, maravillados, desde este lado del ordenador

Atis Tirma, una novela de Ulises Martín Hernández

Lunes, Enero 17th, 2022

Es nutrida pero también desigual la literatura que hay sobre los primeros pobladores del archipiélago. El año pasado, sin ir más lejos, aparecieron varios títulos que tratan (cada uno a su manera) la conquista de Canarias desde diversas perspectivas. La de Tenerife ocupa los contenidos de las dos novelas que hasta la fecha ha dedicado Andrés Martín Peinado a este periodo de la Historia, tenso y convulso, en Achineche y Orgullo ancestral (Idea/Aguere) mientras que Jesús Alberto Reyes Cornejo se inspira en hechos reales en Cherfe, anhelos de justicia, (Éride Ediciones, 2021) en la que describe la tenacidad de un guanche que busca que se cumpla la ley viajando incluso a la Corte de Castilla para reclamarla en unas islas, las de Canarias, ya sometidas a una España que entonces estaba todavía en construcción.

La última aportación de lo que podríamos denominar como género en sí mismo de la literatura que se escribe en y desde Canarias, la guanche por uniformar a los diferentes pueblos que moraban en las siete islas, es Atis Tirma (Baile del Sol, 2021), relato que firma Ulises Martín Hernández, y que se centra en la conquista de Gran Canaria, una historia trufada de grandes batallas, héroes y traidores que en manos de un escritor con entusiasmo es un material excelente para construir una novela. Y Ulises Martín lo consigue, escribir una buena novela sobre aquellos hechos situando al lector en unos años fundamentales para el archipiélago en el que vivo, tejiendo una tupida red de relaciones entre los protagonistas ficticios y reales que intervienen en el libro. Libro que, entre otros de sus aciertos, está la forma en que ha escogido su autor para contar la historia, un tiempo presente que revive unos días que han quedado sepultados por la leyenda.

Atis Tirma nos transporta desde las oscuras tabernas de cualquier ciudad portuaria del sur de la península a una isla, la de Gran Canaria, en permanente estado de ebullición con el desembarco de tropas que se preparan para su conquista. Entre esta tropa de desalmados se encuentra un isleño, Juan Mayor de nombre castellano, que sirve de traductor a ese ejército en el que anida la discordia entre unos y otros mientras en las montañas se refugian para la batalla los hombres de Doramas, Adargoma y Bentaguayre, entre otros.

La novela presta especial atención a uno de los personajes más interesantes de aquel conflicto, Fernando de Guanarteme, al mismo tiempo que la acción se bifurca en varias direcciones que no necesitan confluir en un final que, los interesados en la Historia de Canarias y en concreto de la Historia de la conquista de Gran Canaria, conoce de sobra.

El material que me llama más la atención de la novela de Ulises Martín es que retrata el carácter de los hombres que vinieron con el espíritu de conquista. También el de los canarios que supieron ver en aquel ejército formidable el fin de un mundo y el comienzo de otro. Mestizo, en el que se combinó el ingenio de unos con la fuerza de los otros.

No se trata así de una novela que ensalce a los canarios, a los primeros habitantes de la isla, ni a los conquistadores que vinieron para someterlos sino de equilibrar los bandos y mostrarlos con agradecida distancia, como si la voluntad del autor fuera la de contar aquella conquista con vocación de cronista.

Se trata de un periodo tan apasionante, el sometimiento de todo el archipiélago por aquel reino que vino de Europa y que ya comenzaba a acariciar la idea de crear un imperio, que se agradecen las páginas de Atis Tirma para confirmar una vez más que Canarias es resultado de todo un largo y laborioso proceso de mestizaje y que, como dijo alguien de cuyo nombre no quiero ahora acordarme, los vientos de la modernidad son resultado siempre, siempre, de esa mezcla, mezcla que procede siempre, siempre, del sur. En este caso, de más allá del sur de Europa.

Sí que hubiera agradecido al final de la novela, una novela basada en hechos reales, una nota histórica que aproximase a través de su dictado unos hechos que forman parte ya de la identidad del archipiélago canario. Unas notas donde el autor justificase algunas de las licencias que se ha permitido a la hora de escribir el libro. También para corroborar que en casi todo momento ha intentado ser lo más aproximado posible a lo que se conoce del sometimiento sangriento de una isla de la que partirían más tarde las expediciones militares que condujeron a la conquista de La Palma y Tenerife, y que fueron capitaneadas por un hombre que contribuyó a la batalla de la de Gran Canaria, Alonso Fernández de Lugo. Un personaje que por otro lado está pidiendo a gritos una biografía que permita a los lectores, pero sobre todo a los lectores canarios, conocer al hombre más allá de las ambiciones que pudo hacer realidad en vida.

Se trata en definitiva Atis Tirma de una excelente novela sobre un capítulo fundamental de la Historia de Canarias, uno de esos libros que como me sucedió con La señora Beatriz de Bobadilla, señora de Gomera y Fierro, de Carlos Álvarez, hacen viajar al lector a un mundo en declive y al surgimiento de otro. Ese otro del que venimos los que habitamos estas islas abandonadas de la mano de los dioses.

Saludos, leímos, leemos, leamos, desde este lado del ordenador

Libros con acento canario

Viernes, Enero 14th, 2022

* Honda meditación de toda cosa. Poesía canaria del paisaje .1990-2020 (Fundación Ortega Muñoz, ¿?) se trata de una antología al cuidado de Jordi Doce y Francisco León que reúne una selección de la obra de quince poetas de las islas nacidos entre 1965 y 1980 (Melchor López, Juan Fuentes, Oswaldo Guerra Sánchez, Ricardo Hernández Bravo, María José Alemán Bastarrica, Alejandro Krawietz, Francisco León, Luis Lenz, Antonio Martín Sosa, Isidro Hernández, Bruno Mesa, Miguel Pérez Alvarado, Iván Cabrera Cartaya, Daniela Martín Hidalgo y Sergio Barreto) y que han hecho “una reflexión del paisaje por medio de la palabra poética, uno de los ejes de su trabajo creativo”, se precisa en una nota informativa.

* La Biblioteca Atlántica edita La prisión de Fyffes, del escritor José Antonio Rial. La edición se basa en la llevada a cabo por la Editorial Monte Ávila venezolana, pero corrigiendo muchas de sus erratas y teniendo en cuenta advertencias muy precisas del autor hechas al editor actual. Esta edición puede considerarse la definitiva después de ser corregidas las anteriores y del diálogo mantenido entre José Antonio Rial y Juan Manuel García Ramos a lo largo de muchos años antes de ser fraguada la versión definitiva que ahora se ofrece.

* El Gobierno de Canarias publica el Libro de estilo del Gobierno de Canarias, una guía de consulta sobre el buen uso del español dirigida a todos los miembros de la Administración regional. La obra, escrita por el periodista y asesor lingüístico Ramón Alemán, coordinador del servicio de corrección Lavadora de textos, incluye la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) entre las fuentes de consulta recomendadas. Además, la FundéuRAE también aparece citada en varias de las orientaciones que se dan en la tercera parte del libro, que es un diccionario de dudas.

* La editorial Baile del Sol presenta en su colección Sitio de fuego el libro La diosa de los eunucos (2021), de Sergio Barreto, volumen que recoge diez relatos que “muestran un rostro diferente del ser humano civilizado”, se lee en la contraportada.

* Ocho (La equilibrista Editorial, 2021) es una novela de Claudio Colina Pontes, pseudónimo tras el que se encuentra Gabriel Díaz. La historia cuenta el reencuentro de dos amigos que llevaban sin verse quince años, quienes deciden viajar al interior del país en el que viven para visitar a su antiguo jefe, “a quien daban por muerto”, se informa en la contraportada.

* Planes de fuga (Ediciones del Pampalino, ¿?) de Bruno Mesa significa el regreso al aforismo de su autor. El libro cuenta con un prólogo que firma Sergio García Clemente.

Saludos, eso es todo por hoy, desde este lado del ordenador

Re-Reader, nueva librería de ocasión en Santa Cruz de Tenerife

Miércoles, Enero 12th, 2022

Entienda usted que no es una noticia para abrir la primera página de un periódico ni los informativos de radio y televisión, que cosa rara sería, pero sí que se trata de un anuncio con cierta enjundia para los que no sé si leer, pero sí que disfrutan con un libro entre las manos.

Óigame usted bien, no hace falta leer un libro para sentir placer con uno entre las manos. Incluso olerlo si le apetece mientras pasa las páginas imaginando la de historias que guardan ahí dentro las palabras… Así que dicho esto, ya sabe usted, le digo que pronto, no sé bien cuándo, esta capital de provincias en la que vive, Santa Cruz de Tenerife, contará con una nueva librería. Solo que una librería de saldo, de libros de ocasión. También viejunos si alguno cae…

Me cuentan que quienes quieran desprenderse de sus libros podrá llevarlos allí, que se los compran al peso. Sí, eso mismo, al peso… No sé si se trata de un triste destino para ese ensayo, novela o libro de poemas que le cambió la vida pero el caso es que puede sacarse unas perras, pocas es verdad, si vende su biblioteca al peso.

Me informan que en la capital grancanaria ya existe una librería Re-Reader, luego la que llega a Santa Cruz de Tenerife forma parte de una franquicia que es una palabra que les encanta escribir a los que comentan películas. Re-Reader.

El establecimiento, aún vacío, se localiza en la calle de Imeldo Serís, y me pregunto si me dejarán entrar con la perra cuando abra sus puertas al público.

Esto me hace pensar, sabe usted, en la de librerías de ocasión que una vez y ahora existieron en esta capital de provincias. Al margen de las que existieron y existen en La Laguna.

En mi memoria, algo dificultosa por la edad, está grabada al fuego Sonora (ahora una tienda de discos), que llevaba un tipo que fumaba tras un mostrador atestado de libros. Fumaba tanto, que aquel antro mezclaba el olor de las páginas viejas con el del tabaco, tabaco que había manchado los dedos de aquel señor del que nunca supe su nombre con rastros grasos y amarillentos.

Allí fue feliz haciéndome con cómics para adultos que no me dejaban adquirir en librerías y kioscos, y libros muy raros a precios de risa que es la mejor manera de adquirir un libro, un disco, una película… La cultura de hecho debería de tener precio de risa para que todos tuvieran acceso a ella pero me voy por las ramas…

No era exactamente una librería pero vendían colorines y sellos y monedas entre otros cachivaches. Música y Labores, la otra tienda, se encontraba en la avenida de Ramón y Cajal, donde ahora se ubica una peluquería, y la llevaba un gallego bajito, bastante parecido al Elmer de los dibujos animados de la Warner Bros, que llevaba una bata de color azul marino y un lápiz en la oreja cuya punta chupaba antes de escribir alguna nota, alguna cifra en papel de embalar.

Me contó en una ocasión que había pasado los mejores años de su vida en Cuba, en la Cubra antes de que la fiesta la mandara a parar Fidel Castro y los suyos cuando tomaron el poder, y lo evoco mirando a la nada mientras me contaba cómo era aquella Habana que más tarde descubrí que había inmortalizado en novelas Guillermo Cabrera Infante.

Tras cerrar estos dos locales que se llevaron consigo ratos estupendos de mi infancia y adolescencia (solía ir en dos ruedas, las ruedas de una bicicleta Chopper made in Taiwan), el actual panorama de librerías de ocasión en la capital tinerfeña no está mal si tenemos en cuenta que siguen en activo Solican, en la calle del Padre Anchieta, un refugio para los que aman los libros usados, y que cuenta con un gemelo en La Laguna; El Libro en Blanco, donde además de novedades te encuentras en el piso de arriba con una amplia y atractiva selección de libros viejunos y te da la alternativa de tomar un café o una cerveza con un bocata o un dulce porque mezcla el concepto café con el de librería, como hizo antaño La librería de Franz que estaba ubicada en la Rambla de Pulido; un par de kioscos donde más que vender, liquidan libros a uno o dos euros así como una de las casetas azules de la rambla que está a un lado del mercado NJuestra Señora de África, solo que hace tiempo no paso por ahí porque quien la lleva no puede ser más tonto que el tonto que conoces y crees que es el rey de los tontos.

Y no, que tonto más tonto que éste no hay en el lugar en el que vivo.

Otros sitios en la capital donde puedes hacerte con libros que fueron de otros son las tiendas de objetos usados en las que encuentras algún volumen a precio de ganga (20 céntimos si procede) y esos establecimiento que ahora mismo no recuerdo porque, sabe usted, tengo la sensación de pertenecer a otro mundo, a otro espacio, a otra escuela… ¿Entiende? Y todo eso en unos tiempos en los que me cuesta cada día leer como leía antes aunque haya aprendido a coger rapidez cuando me enfrento a un texto. Cosas de la edad, imagino mientras algo o alguien me susurra al oído que siga soñando, que por nada del mundo se me ocurra abrir los ojos y enfrentarme a una realidad que, como dijo alguien o quizá lo vi en una película, resulta extremadamente amarga por mediocre.

Y eso era todo, ¿me invita a otro barraquito?

Saludos, próximamente, desde este lado del ordenador

José Zoilo: “Estamos en un momento dulce para la novela histórica”

Martes, Enero 11th, 2022

Entre los escritores españoles que se se han especializado en novela histórica se encuentra José Zoilo Hernández (Tenerife, 1977), biólogo antes que escritor, aunque lleva la literatura en la sangre. Publicó con ediciones B la trilogía que ha dedicado a la Hispania tardorromana y que incluye El alano, Niebla y acero y El Dux del fin del mundo. También es autor de El nombre de Dios y de Lordemano (Ediciones B, 2021) en la que narra las incursiones de los normando contra las costas del norte de España en el siglo IX de nuestra era. Zoilo, que firma sus historias como José Zoilo está en este momento trabajando en una novela que se desarrollará en La Laguna del XVII.

- Lordemano trata un momento de la Historia de España poco o nada conocido, la presencia de vikingos en la Península Ibérica. ¿Qué despertó su interés para escribir una novela sobre vikingos en la península Ibérica?

“Una constante en todas mis novelas es bucear en períodos poco conocidos para el gran público, pero que resultan fascinantes una vez que indagamos un poco más. En este caso, la idea surgió durante un viaje a la Bretaña francesa, donde, sin esperarlo, encontré los restos de un antiguo campamento de piratas nórdicos. Este descubrimiento, en un momento en el que yo ya había comenzado a escribir ficción, me llevó a investigar acerca de aquellas incursiones que los vikingos habían llevado a cabo en la península ibérica; aunque no es un tema que se trate con frecuencia, sí se sucedieron unas cuantas de estas expediciones entre los siglos IX y XII; muy pocas, ciertamente, pero la casualidad quiso que fuera precisamente la Bretaña francesa el lugar del que provenía la gran flota vikinga que asoló nuestras costas en el año 844. Para mí aquello fue una señal inequívoca de que en algún momento tenía que investigar sobre ese suceso y tratar de llevarlo a la ficción, y aunque tardé unos años, finalmente me decidí a hacerlo durante 2018”.

- ¿Qué es un Lordemano?

“Lordemano es el término con el que se conocía a los saqueadores nórdicos en algunos rincones de la península Ibérica del siglo IX, así como en los posteriores. Nadie en ese entonces llamaba a esos piratas “vikingos”, pues este es un término más actual; lo habitual era que los cristianos del oeste de Europa se refirieran a ellos como normandos (hombres del norte), o lordemanos en algunos rincones de los reinos del norte de la península (Asturias, principalmente), así como madju al sur, en tierras musulmanas”.

- ¿Qué fuentes son las que consultó?

“Para una novela histórica como esta, en la que interactúan personajes nórdicos, pero también otros provenientes de los reinos cristianos de la península ibérica de la época, y del vecino emirato de Al-Ándalus, fue necesario recurrir a fuentes de todos estos pueblos. Esta es parte fundamental del trabajo de documentación, pues es necesario que la ambientación, y no solo los hechos políticos o militares, resulten acordes a la época en cuestión”.

– ¿Y a qué fuentes dio más importancia?

“Gran parte de la trama discurre en la península, así que durante la documentación tuvieron gran importancia aquellas fuentes contemporáneas tanto cristianas como musulmanas; no solo para recrear los estados peninsulares, sino también para ver a través de sus ojos a estos invasores llegados desde muy lejos. Entre las fuentes cristianas siempre hay que mencionar las crónicas Albendense y Rotense, así como otras posteriores, como la del obispo Jiménez de Rada. En cuanto a las musulmanas podríamos citar la de ibn Idhari, entre otras. Además, tuve que consultar la Crónica Anglosajona y, aunque la cultura nórdica apenas cuenta con registros escritos hasta el siglo XIII, revisar las sagas existentes para así poder trasladar el panteón y parte de las costumbres nórdicas que han llegado hasta nosotros. Además, siempre hay que echar mano de tratados más actuales, las fuentes secundarias, tanto aquellas de principios del siglo XX como las de Claudio Sánchez Albornoz, u otras mucho más modernas, como las de Neil Price, Iván Curto, Daniel Fernández de Lis, etc”.

- ¿Cómo era la España de aquel momento y los vikingos?, ¿qué pudieron ambos pueblos darse?

“El siglo IX es una época muy importante para los reinos de la península Ibérica. Se trataba de un territorio duro, fronterizo en casi la totalidad del tercio septentrional, en el que se vivía en un permanente estado de alerta militar. Un período en el que las razias musulmanas eran temidas cada año, y donde los reinos cristianos del norte, poco a poco, comenzaban a fortalecerse. Una península que, desde luego, no respondió de igual manera a estos saqueadores nórdicos que como lo hicieron quienes vivían en los reinos sajones de Inglaterra, o en los vecinos reinos francos. Este fue, sin duda, el gran error que tuvieron los nórdicos en su llegada a Spanland, como ellos la denominaban, pues no fueron capaces de prever el esfuerzo militar que los pueblos ibéricos eran capaces de acometer. En nuestro caso, el aporte cultural o étnico vikingo fue residual, pues el contacto se limitó a muy pocas expediciones de saqueo, en las que en ningún momento se produjo el asentamiento de estos hombres venidos del norte. Todo lo contrario que lo que ocurrió en los reinos sajones de Inglaterra, por ejemplo, donde los siglos posteriores en la vieja isla romana de Britannia no podrían entenderse sin la aparición y aportación de los daneses en su territorio”.

- ¿Qué licencias son las que se permite cuando escribe novela histórica?, ¿Cómo interpreta a los personajes reales que se cruzan en sus novelas con personajes ficticios?

“En lo posible trato de ser fiel y riguroso a la Historia, intentando alterar lo menos posibles los hechos contrastados; en caso de hacerlo, siempre lo incluyo en la nota histórica. También explico en ella la razón por la que he optado por algunas fuentes en concreto sobre otras, pues en este período es habitual que las fuentes cristianas y musulmanas se contradigan en algunos asuntos. En este caso, elijo la opción que mejor me venga para la ficción. En cuanto a los personajes reales, lo cierto es que no suelo otorgarles un papel protagonista en el desarrollo de la novela, de manera que pueda hacer que aparezcan en aquellos momentos en los que sí contamos con registros. Es complicado construir la personalidad de alguien que realmente existió y del que desconocemos prácticamente todo, o del que toda la información que nos ha llegado ha sido a través de las crónicas bien de sus aduladores, bien de sus enemigos, que difícilmente harán justicia a la realidad”.

- Se ha especializado en una novela histórica que se desarrolla en la Hispania tardoromana, ¿por qué?

“Desde el punto de vista de la ficción, a mí el imperio tardorromano me lo ofrece todo. Por un lado, nos encontramos con todo tipo de conflictos en los que profundizar en la trama de ficción: religiosos, sociales, militares, étnicos, comerciales… por otro, también me ofrece algunas crónicas más o menos fidedignas, pero muchas lagunas en medio de los hitos que estas revelan, lo que también ayuda a la hora de novelar. El equilibrio justo entre información y un espacio en blanco en el que caben toda suerte de elucubraciones. Mucha gente puede pensar, precisamente por la ausencia de un gran número de fuentes contemporáneas, que se trata de una época oscura; aunque lo cierto es que, como todas, tiene sus propias luces. Además, resulta fundamental a la hora de comprender lo que ocurre en los siglos posteriores en el territorio, las relaciones entre estados, entre vecinos, etc”.

- ¿Y cuándo nace su interés por la Historia y que le llevó a escribir su primera novela histórica?

“Podríamos decir que desde siempre, desde muy pequeño, poco después de empezar a leer. En ese entonces, sin ir más lejos, todo lo que leía relativo a la historia podía transportarlo a mis propios juegos, terreno abonado para la imaginación. Ya en mi adolescencia uní estas dos aficiones, la lectura, y la historia, comenzando a leer novela histórica, y encontrando en la ficción numerosos episodios interesantes en los que profundizar más tarde. Pero fue bastante más tarde cuando me decidí a escribir, animado por mi mujer, descubriendo desde ese entonces una afición que me ha procurado muchísimas alegrías”.

- ¿Había escrito antes de publicar su primera novela histórica?, ¿qué temática abordaban esos relatos?

“Realmente no había escrito ficción antes de El Alano, más allá de alguna historia corta siendo un niño. Sí es cierto que había escrito alguna publicación técnica sobre temas de mi trabajo, pero nunca ficción.”

- ¿Y qué es lo que le resulta más difícil cuando trabaja una novela histórica?

“Todo el mundo suele decir que escribir novela histórica es muy complicado, pues se trata de un género muy exigente, con una documentación previa fundamental y difícil de conseguir. Yo tengo la fortuna de que disfruto tanto documentándome como escribiendo, pero sí considero que hay un momento clave, y es el instante en el que tienes que trasladar tu historia de ficción a la historia real. Tienes que ver que ambas se imbriquen de manera que sea creíble, pero también resulte atractiva para el lector. No se trata de narrar un tratado de historia, sino de implicar al lector en una trama de ficción a través de la historia en la que pueda empatizar con los personajes y disfrutar (o sufrir) con lo que a estos les ocurre”.

- A qué elementos le presta especial atención en sus novelas (la trama, personajes, la documentación). ¿Cuánto tarda en escribir estos libros?, ¿cuál es la faceta que le resulta más complicada de realizar durante el proceso de gestación y de escritura de la obra?

“Todos los elementos son importantes: la ambientación, que ha de ser lo más fiel posible para que el lector pueda sentirse transportado a la época elegida; la trama, que debe ser coherente a la vez que atractiva; y, por supuesto, los personajes. Si tuviera que definirme por solo una, creo que diría que soy un escritor de personajes. Mi objetivo es que el lector sufra, disfrute, sienta, siempre a través de unos personajes bien definidos y muy humanos, con los que se pueda identificar, pese a los siglos que los separan a ambos. Toda novela histórica lleva un proceso de documentación previo que es clave. Sin este, ni nuestros personajes, ni los escenarios, ni las situaciones que encuentran durante su camino podrán resultar creíbles. Como este paso es tan importante, suelo invertir alrededor de un año en él para cada novela. Un período en el que no solo me sumerjo en ensayos, artículos, tesis, sino que también trato de desplazarme a los escenarios principales que aparecerán en la novela. Después de esto, cuando ya estoy satisfecho con el conocimiento adquirido, viene la búsqueda de una trama de ficción que se adapte a lo que he aprendido en la fase previa. El tiempo necesario para conseguir esta adaptación es variable, pero a la vez clave, pues sin ella no hay novela que valga. Puede darse el caso de que un período histórico me resulte fascinante, pero que no sea capaz de tejer una historia de ficción atrayente, por lo que la investigación no terminará en lo que esperaba: una novela. Cuando lo consigo ya empieza el período de escritura que, con el esquema previo y las ideas claras, suele ocuparme entre seis y nueve meses, con algunos periodos de reposo en medio y muchos, muchos de correcciones”.

- ¿Por qué cree que está viviendo la novela histórica escrita por españoles tan buen momento en este país?

“Estamos en un momento dulce para la novela histórica, sin duda. Creo que mucha gente quiere leer y conocer acerca de lo que ha pasado en nuestro territorio en el pasado, pues es una manera de llegar de forma amena a una parte de nuestra historia a la que, por otro lado, tenemos difícil acceder. Además resulta crucial que las editoriales de nuestro país lleven ya unos años apostando por la novela histórica nacional, tanto aquella creada por autores consagrados, como por nuevos talentos. Se ha dado la oportunidad a nuevas voces que han irrumpido con fuerza en el panorama nacional, lo que es un motivo de alegría no solo para los autores, sino también para los lectores. A este respecto también tengo que apuntar que tengo el honor de pertenecer a la Asociación Escritores con la Historia, en la que comparto puesto en la asamblea con grandes autores nacionales, como Antonio Pérez Henares, Juan Eslava Galán, Santiago Posteguillo, Isabel San Sebastián o Gonzalo Giner, entre otros, cuyo fin último es poner en valor la historia de nuestro país a través de la novela histórica”.

- ¿En qué está trabajando ahora?

“Ahora mismo estoy trabajando en dos novelas, aunque todavía no he decidido por cuál de ellas decantarme de cara a una próxima publicación. Una de ellas está ambientada en casa, en Tenerife, pues tengo una deuda emocional con nuestra tierra, aunque todavía queda bastante para que pueda decir que está terminada. En la otra, vuelvo a encontrarme con mis temáticas preferidas. Ya se verá cuál es la primera en llegar a buen puerto”.

Saludos, días extraños, desde este lado del ordenador

El oro de Mauritania, una novela de Mariano Gambín

Lunes, Enero 10th, 2022

Tras consolidarse como narrador con el ciclo de novelas Ira Dei, que comenzó como trilogía para expandirse a otras nueve obras más, Mariano Gambín se distancia de ese universo y de los personajes fijos que lo protagonizan en El oro de Mauritania (Gociano, 2021), ya que solo aparece (y se escribe bien, aparece) uno de los personajes del grupo protagonista de sus trabajos literarios anteriores, la arqueóloga Marta Herrero, para centrar su atención en una intriga de alcance internacional que se desencadena y se desarrolla en este país africano.

El escritor ya había centrado la acción de una de sus novelas, concretamente El viento del diablo, en este marco geográfico, solo que al norte al desarrollar la trama al sur de Marruecos, ahora el radio de acción se desplaza a Mauritania, que es otro país que conoce bien Mariano Gambín, enfocando la atención en la expedición que financia un multimillonario canadiense de un grupo de arqueólogos de varias nacionalidades que irán custodiados por el ejército mauritano cuando se adentren en el desierto tras las huellas de la tumba de Mansa Musa, rey de Mali que vivió en el siglo XIV, y que está considerado como uno de los hombres más ricos de la Historia. Y cuando se escribe rico, es rico de verdad, tanto, que su vida está plagada de anécdotas donde la verdad se confunde con la leyenda.

Paralelamente a la expedición que parte en busca de la tumba de Musa y del posible y fabuloso tesoro que encontrarán allí enterrado, Gambín tiene la habilidad como en sus anteriores novelas de salpicar la trama con diferentes subtramas que convergen en un final sorpresa. Por las páginas del libro aparecerán y desaparecerán comandos terroristas islámicos, tropas francesas que actúan en Mali, donde intentan equilibrar la balanza de una guerra donde nunca habrá vencedores ni vencidos, así como militares de las fuerzas especiales del ejército de los Estados Unidos de Norteamérica.

Con estos elementos, Mariano Gambín firma un relato que no tiene mucho que ver con los otros diez títulos que configuraban hasta ahora sus bibliografía. Y no solo porque Marta Herrero aparezca episódicamente, sino porque el paisaje en el que se desarrolla la acción no tiene nada que ver con sus novelas del ciclo lagunero y santacrucero, tampoco los protagonistas de la serie. El oro de Mauritania es una novedad en su universo literario, más próximo a la corriente literaria de política ficción anglosajona que a la novela de misterio y acertijos con ligero acento sagrado que puso de moda Dan Brown hace unos años.

Descubro así con El oro de Mauritania a un Mariano Gambín maduro y seguro de sí mismo. Lo que se materializa en una novela eficazmente estructurada, que da saltos capítulo va y capítulo viene, para narrar lo que hacen los protagonistas de su nueva aventura. En este aspecto, y como pasa en la mayoría de sus libros anteriores el escritor tinerfeño tiende al reparto coral de personajes, prestando un poco más de atención en unos que en otros.

Destaca así el multimillonario de origen canadiense Marcel Twain (¿homenaje al escritor norteamericano Mark Twain?) que organiza la expedición y a quien un grupo terrorista islámico quiere secuestrar.

La novela quiere, y lo consigue, entretener al lector. Mariano Gambín conoce muy bien los mecanismos que animan este tipo de literaturas (de aeropuerto, la llaman algunos), y cumple los objetivos porque resulta muy fácil sumergirse en ella y vivir con sus protagonistas no solo la aventura arqueológica sino también la complicada trama geopolítica que los envuelve. La novela mantiene así la velocidad de crucero hasta el final, una velocidad con sus picos hacia arriba que en ocasiones cortan la respiración. El entretenimiento está garantizado.

Esta novela es la tercera donde la acción no se desarrolla en Tenerife. Mariano Gambín ya escogió a algunos de sus personajes para situarlos en otros escenarios como sucede en El viento del diablo y también en Premonición. Fiel a su estilo, El oro de Mauritania cuenta con continuos saltos temporales y la acción se reparte además de en Mauritania, en Bamako, Mali; Yamena, Chad; Lisboa, Portugal; Langley, Virginia, Norteamérica; París y Bayona, Francia, entre otros.

El resultado final es notable. Evoca al mejor Ken Follet, que no es el de las novelas ladrillo tipo Los pilares de la tierra sino el que se sumerge en las aguas siempre turbias de la geopolítica. En este sentido, El oro de Mauritania no va a dejar indiferente a nadie. Es decir, ni a sus lectores como a los que se aproximen por primera vez al mundo literario de Mariano Gambín, un escritor que sabe contar historias y que crece con el paso del tiempo. Y así lo manifiesta en El oro de Mauritania, una novela con músculo y que además de entretener reparte información sobre un país y un continente tan cerca pero sin embargo tan lejos de Canarias.

Saludos, se ha escrito, desde este lado del ordenador