Archive for the ‘Libros’ Category

El escritor francés afincado en Tenerife, Pascal Buniet, IX Premio Wilkie Collins de Novela Negra

Sábado, Enero 25th, 2020

La muerte sabía a chocolate del autor francés afincado en Tenerife Pascal Buniet se ha impuesto en el IX Premio Wilkie Collins de Novela Negra entre 174 obras recibidas desde 19 países. La acción criminal de la novela transcurre en Tenerife, entre la comunidad belga.

Resultaron finalistas El método egipcio del asturiano Juan Manuel García Llaneza y Un camerino en el María Guerrero de la madrileña Ángela Martín del Burgo.

Pascal Buniet recibirá el Premio Wilkie Collins en marzo, en el transcurso del festival de Novela Negra Tenerife Noir, de manos del escritor Javier Hernández Velázquez.

La novela ganadora La muerte sabía a chocolate cuenta la historia de un joven detective de origen belga que destrozado tras el fallecimiento de su esposa decide cambiar de aires y acepta la oferta de un empresario que pone a su disposición un alojamiento en un pueblo turístico del sur de Tenerife, donde suele pasar habitualmente el invierno. Al llegar a Tenerife Bernard se encuentra con una lujosa villa situada en un  pueblo al borde del mar, lugar predilecto de los jubilados belgas y allí descubre una comunidad de compatriotas que gira alrededor del restaurante Estrella de mar, propiedad de un personaje atípico pero popular conocido como Pepe el Belga.

Unos días después de su llegada Bernard se entera que Alfred Van Der Mersch, propietario de la fábrica de chocolate Otelo, ha sido asesinado en su casa el día en que él viajaba hacia la isla. Mientras en Bélgica el inexperto  inspector Tony Bellanger investiga quién es en realidad el fallecido, Bernard en Tenerife se incorpora al mundo de los alegres jubilados y descubre que todo no es como parece.

Saludos, muchas felicidades, desde este lado del ordenador
 

Ignacio Dean: “Soy la prueba física que el ser humano merece la pena”

Miércoles, Enero 22nd, 2020

Ignacio Dean Mouliaa continúa siendo el primer español, de una lista que incluye solo a cinco personas, en dar la vuelta al mundo caminando. Es, además, la primera que ha unido los cinco continentes a nado por lo que más que Ignacio o Nacho habría que llamarlo Heracles o Hércules. Así, dice, se lo pidió a su madre tras ver siendo muy joven una película con el héroe de la mitología griega y romana de protagonista.

Amante de la montaña y de los desiertos así como de los siete mares, Ignacio Dean cumplió hace unos años el sueño de dar la vuelta al mundo caminando.

Tras recorrer 33.000 kilómetros y cuatro continentes, la aventura le costó tres años de su vida y algunos sustos aunque mayores fueron las alegrías.

Su experiencia la reflejó en un libro Libre y salvaje (Editorial Zenith, Planeta, 2017), que ya va por su sexta edición y que el año pasado presentó en el Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras Periplo.

- ¿Cómo se prepara un viaje de estas características?

“La idea apareció cuando estaba realizando la transpirenaica. Fue el contacto con la naturaleza y estar alejado de las prisas de la ciudad cuando pasó por mi cabeza dar la vuelta al mundo caminando pero claro, una cosa es tener ideas y otra la de tomar decisiones. Dediqué nueve meses, meses que invertí en contactar con embajadas, ponerme vacunas y buscar patrocinadores. También de decidir qué material debía transportar y elaborar la web… Una vez sobre la marcha se produjeron cambios porque, inevitablemente, un viaje de estas características implica cambios, cambios que hay que hacer sobre la marcha”.

- ¿Qué tipo de cambios?

“Los que haces cuando conversas con la gente local para que te indique cuáles son las mejores rutas, países que cuando te fuiste de España vivían en paz y cuando llegas están en guerra aunque el mayor cambio fue no pasar por África”.

- ¿Por alguna razón?

“Por dos razones. América la iba a recorrer de norte a sur pero finalmente lo hice de sur a norte porque tenía que atravesar el desierto de Atacama. Cuando finalicé Australia, en junio de 2014, pensé que sería una buena idea cruzar un desierto en invierno pero luego me di cuenta que da igual el mes en el que atravieses un desierto. La segunda razón es que había vivido hasta entonces bastantes situaciones dramáticas como intentos de asaltos y que un viaje así lo haces cuando sientes la llamada de la aventura, algo inevitable que tienes que hacer y del mismo modo que empiezas terminas cuando sientes que ya es hora de poner punto y final”.

- ¿En qué país se sintió más cómodo durante su periplo?

“En muchos países aunque tuve muy buena acogida en Costa Rica, que es número uno en felicidad mundial. Se trata de un país que no tiene ejército, pura vida, que dicen allí. Recorrí Costa Rica acompañado siempre de gente. Buena acogida tuve también en Méjico, donde apuré los seis meses que me permitía el visado porque quería conocer su historia, cultura, música, gastronomía… En Eslovenia la gente fue muy hospitalaria y en otra expedición que realicé, Jordania”.

- ¿Y los peores?

“No me gusta hablar mal de ningún país pero los más complicados de cruzar caminando fueron India, por las dificultades ambientales y El Salvador por una razón de seguridad y eso que es el país más pequeño de América Central, el Pulgarcito lo llaman. En los seis días que tardé en atravesarlo me intentaron asaltar tres veces con un cuchillo”.

- Después de la aventura, ¿animaría a la gente a que hiciera lo mismo?

“Hay que tener muy claro que lo que quieres hacer es dar la vuelta al mundo y que la quieres dar caminando. Tienes que luchar por tus sueños y ser valiente o por lo menos intentar ser valiente con lo que sea. Y me refiero no solo a viajar sino a tener una familia, a montar un negocio… Un viaje de estas características te permite conocer más de cerca las políticas, las culturas y las religiones de los países que pasas porque vas caminando y aprendes y desaprendes por dentro muchas cosas. ¿Lo recomendaría? Sí, pero no me quiero hacer responsable si el viaje les sale mal”.

- Habla de aprender y desaprender por el camino.

“Van de la mano pero está claro que cuanto más sales de lo que se llama ahora zona de confort y vives situaciones como no tener comida, un lugar donde dormir, calarte hasta los huesos por la lluvia lo vives tanto fuera como por dentro y adquieres una visión global del planeta, de las culturas, de cómo funciona el mundo. Adquieres un gran bagaje personal y te vuelves una persona muy consciente de quién eres y qué quieres. Cuando vives situaciones tan extremas sueles volverte bastante tranquilo. Una de las cosas que más me costó al regresar a España después del viaje fue la de relajarme, relajar el estado de alerta en el que estaba sumido durante el viaje. Te vuelves también muy agradecido porque a mi, particularmente, me brindaron su ayuda en todos los países que pasé y gracias a esa ayuda el viaje fue posible”.

- Después de su experiencia ¿el hombre es bueno o es un lobo para el hombre?

“En la especie humana caben la bondad y la maldad. Viajar a pie es el medio de transporte más lento y expuesto que hay por lo que si la humanidad fuera mala no habría llegado ni a Francia. Soy la prueba física y demostrable que el ser humano merece la pena, la humanidad en general es bondadosa. Lo que ocurre es que no es noticia porque las noticias malas son la que suenan más y nos hacen parecer que somos así. Y no, no es cierto porque algunas personas que conocí me invitaron a su mesa como si fuera un miembro más de la familia aunque eso no quita que haya un porcentaje reducido de gente despiadada y sin escrúpulos para los que la vida no vale nada”.

- ¿Recuerda lo que sintió cuando inicia y finaliza el viaje?

“Cuando comienzo siento mucha ilusión y euforia porque estoy materializando y dando los primeros pasos de un sueño en el que llevo trabajando mucho tiempo. Fueron nueve meses, prácticamente el tiempo en el que se alumbra una vida; nueve meses con una idea fija, una obsesión en todo lo que hago, pienso e investigo y que parece ir encauzado a este objetivo. Cuando doy esos primeros pasos fueron de mucha felicidad. De hecho, en las primeras jornadas caminaba etapas de 50 o 60 kilómetros hasta que me avisaron las rodillas, lo que hizo que ralentizara la marcha y que las etapas fueran más cortas, de 30 kilómetros. Al terminar el viaje tuve una mezcla de sentimientos encontrados. Por un lado estaba feliz y satisfecho de haber dado la vuelta al mundo caminando y de haber cumplido mi sueño pero, por otro, estaba un poco descolocado, sabía que iba a costar adaptarme”.

- ¿Cómo financió esta aventura?

“Lo financié con ahorros personales porque entonces era un desconocido y me costó trabajo conseguir un poco de ayuda económica y sobre todo material como las zapatillas de deporte, el carro que transportaba. Ninguna marca quería asociar su imagen a un proyecto que pensaba estaba condenado al fracaso ya que eran escasas las probabilidades de éxito y sí bastantes de que el aventurero falleciera durante la marcha o se diera la vuelta, que tirara la toalla. No conseguí apoyos pero hay un proverbio que dice que cuando quieres algo encuentras un medio y cuando no quieres una excusa. Y yo estaba convencido de que esto era lo que quería hacer. Dediqué esta aventura a la defensa del medio ambiente porque caminar es el medio de transporte más silencioso y ecológico que existe y era una manera de transmitir y concienciar con este mensaje. Recibí además algunas donaciones e inicié una campaña de crowdfunding aunque fundamentalmente fue la gente la que me tendió una mano a lo largo del camino”.

- ¿Es más de montaña o de desierto?

“Es difícil aunque era más de montaña, de escalada, senderismo, acampada. Me gusta la nieve aunque últimamente me tira el mar. El desierto tiene otro magnetismo”.

- ¿Próxima expedición?

Estoy en ello y me gustaría contar en esta ocasión con un equipo de investigación científica. Un biólogo marino, meteorólogo y cámaras de televisión para filmar lo que hacemos porque estudio la idea de dar el salto al audiovisual”.

CONTAR EL VIAJE

Tras su experiencia recorriendo el mundo caminando, Ignacio Dean cuenta que se refugió en un hórreo en Asturias para escribir su aventura. Se tuvo que enfrentar así con los cuadernos que fue escribiendo a lo largo del camino y revivir las experiencias de ese periplo que, explica, lo ha hecho mejor persona.

“Me fui con 33 años, una edad en la que seguía siendo muy ingenuo y regresé tres años después más viejo y con un bagaje formidable”.

Todo volvió a su memoria nada más abrir el primer cuaderno, “el repiqueteo de la lluvia contra la lona de la tienda, la tinta de los bolígrafos que utilicé para escribir los cuadernos… Lo más difícil fue el proceso de filtrado, de qué cuento y no cuento. De destilar lo que pasó en esa vuelta al mundo”.

PRÓXIMA EXPEDICIÓN

Tras da la vuelta al mundo, Ignacio Dean se embarcó en una nueva expedición con mensaje, en esta ocasión la de unir los continentes cruzando a nado la costa que los separa.

La expedición Nemo se hizo con paréntesis entre junio del 2018 a marzo del año pasado, y le costó un año prepararla.

A nado cruzó el estrecho de Gibraltar para unir simbólicamente Europa con África; Grecia y Turquía para enlazar Europa con Asia así como el estrecho de Bering para unir Asia con América. Practicó además una travesía de 22 kilómetros en el mar de Bismarck, al norte de la isla de Nueva Guinea y en marzo de 2019 el golfo de Akaba, en el mar Rojo, donde nadó desde Egipto hasta Jordania con el fin de unir África con Asia. Este último trayecto fue muy delicado, explica, ya que esa parte del mar Rojo hace costa con cuatro países: Egipto, Israel, Jordania y Arabia Saudita que están situados en una zona en continuo estado de alerta.

Ignacio Dean se encuentra ahora organizando las imágenes que rodaron durante la expedición para un documental que cuente la historia de esos días, el esfuerzo que significó cumplir otro sueño. Alterna este trabajo con la preparación, aún embrionaria de otra aventura. “Tal vez en el mar, pero no lo sé todavía”.

Saludos, se hace camino al andar, desde este lado del ordenador

México, el país invitado en el III Festival Hispanoamericano de Escritores

Martes, Enero 21st, 2020

La embajada de México será el escenario el jueves 23 de enero de la presentación del III Festival Hispanoamericano de Escritores, en el que México será el país invitado.

Está previsto que participen en el acto el Presidente del Cabildo Insular de La Palma, Mariano Hernández Zapata, el agregado cultural de México en España, el novelista Jorge F. Hernández; la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane (sede del festival), Charo González Palmero, el director del festival, el escritor Nicolás Melini, el director de la Cátedra Vargas Llosa, el novelista J.J. Armas Marcelo, y los escritores José Esteban y David Toscana.

En este acto literario e institucional se presentará la colaboración de México y la isla de La Palma con la Cátedra Vargas Llosa en el desarrollo de la tercera edición del Festival, que se desarrollará en Los Llanos de Aridane del 15 al 19 de septiembre.

El Festival es una iniciativa de la Cátedra Vargas Llosa, el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane y la consejería de Turismo del Cabildo Insular de La Palma, y en las dos primeras ediciones contó con el apoyo de la Fundación Universidad de Guadalajara (México), el Instituto Cervantes, AC/E Acción Cultural Exterior del Gobierno de España y Canarias Cultura en Red, entre otros.

Se estima que 25 autores mexicanos —de una cuarentena larga de escritores– formen parte de la programación.

Cazadores en la noche, una novela de Lawrence Osborne

Martes, Enero 14th, 2020

Entre los últimos descubrimientos literarios del año pasado se encontraba Cazadores en la noche (Gatorpardo Ediciones, 2019), una novela escrita por Lawrence Osborne y que se desarrolla prácticamente en la Camboya actual. Un país que intenta adaptarse de la pesadilla jémer y convivir con una tradición y unas supersticiones muy pegadas a la tierra.

Los protagonistas de Cazadores en la noche son Robert, un turista británico de vacaciones en el sudeste asiático, y una galería de secundarios que toman tal fuerza que en muchas ocasiones le arrebatan las páginas a un personaje que inicia toda la peripecia (y son bastantes) de un libro que tiene una excelente primera y segunda parte y una tercera que desnivela el tono que había conseguido hasta entonces. Se convierte en un policíaco que tiene interés pero que carece del calado emocional de su inicio y mitad.

Es inevitable al leer Cazadores en la noche pensar en Graham Greene, que no solía desnivelar sus historias, y en escritores más de viaje que de novela como Paul Theroux, no solo por el ambiente en el que se desarrolla la historia sino también por presentar a una serie de personajes occidentales varados en un país que no es el suyo, convirtiéndose en errantes; tipos a la deriva que intentan una nueva vida en otro territorio al que terminan por corromper.

En el libro Camboya, que es el escenario escogido y un poco Tailandia, ha logrado desprenderse de las influencias del colonialismo occidental para no de las del gigante chino.

Novela con claro mensaje moral, lo que se agradece en unos tiempos donde esta palabra ha perdido razón de ser, algunos de los personajes resultan, paradójicamente, amorales.

Pero no solo son occidentales varados los protagonistas del libro, ya que cuenta también con varios camboyanos que respiran una humanidad en la que hay muchos claros y oscuros. Se retrata la vida en Camboya y cómo se intenta vivir con un pasado terrorífico en el que muchos fueron víctimas y otros verdugos.

La novela tiene, no obstante, una historia que se bifurca en otras historias sin perder de vista el objeto principal, el cambio de identidad de Robert, su deseo de ser otra persona. Esa persona no será otra que un norteamericano al que conoce. La idea, que ya narró con sobresaliente pulso Patricia Highsmith en las novelas que dedica a Tom Ripley, tiene sin embargo otras intenciones más próximas al Simenon de La huida y al Jean Patrick Manchette de Volver al redil, donde ambos autores planteaban cambios de identidad radicales, procesos de convertirse en otra persona y de iniciar una nueva vida que dé sentido a sus existencias.

Lawrence Osborne no ha alcanza con Cazadores en la noche esta dimensión pero cuando tantea con esa posibilidad se convierte en un escritor notable, dotado de nervio y mirada psicológica que sabe transmitir en sus personajes. Utiliza además la rica y fascinante geografía de Camboya así como su historia reciente para hacer presión sobre todos ellos y mostrar las debilidades y las fuerzas de un país que atravesó el infierno. Infierno en el que han aprendido a vivir sus habitantes y algunos de los occidentales varados en aquella tierra.

El escritor vive desde hace unos años en Tailandia y se nota que conoce muy bien aquella tierra como las que limitan con sus fronteras. Este conocimiento no es solo geográfico sino también humano porque los personajes que en este libro son camboyanos no chirrían ni son observados con paternales ojos europeos (un continente de todas formas que apenas cuenta ya en esta parte del mundo, según la novela) sino con naturalidad aplastante. Como Robert y el amigo americano, los camboyanos tienen sus luces y sus sombras.

Todo ellos, asiáticos y europeos, se mueven por algo. Uno intenta borrar su vida pasada, la grisácea existencia de un profesor en Inglaterra; otro olvidarse de ella metiéndose heroína en las venas y la del resto por dinero. Las mujeres, todas ellas camboyanas, funcionan de manera diferente. Osborne propone dos ejemplos, la hija de un acomodado médico y la de una prostituta que, perteneciendo a dos universos radicalmente diferentes casi se rozan en una de las historias.

No tiene la altura de cualquiera de las novelas “en otros países” de Graham Greene, pero se intuye que Osborne va cogiendo profundidad para lo que se espera sea una brillante carrera como escritor y representante de ese muy noble y tan poco apreciado equipo de escritores anglosajones que escogieron huir y refugiarse en cualquier parte del mundo antes que volver a vivir en la madre patria.

Saludos, digo hola con uan sonrisa, desde este lado del ordenador

Miguel Ángel Laredo: “La conquista de Canarias fue una revolución”

Jueves, Enero 9th, 2020

La vinculación del profesor Miguel Ángel Ladero (Valladolid, 1943) con Canarias comenzó en 1970 cuando se trasladó a vivir con su familia en Tenerife tras obtener plaza como catedrático de Historia Medieval en la Universidad de La Laguna. Fueron cuatro años “inolvidables”, explica en la siguiente entrevista, por lo que desde 1974, año en el que regresó a tierras peninsulares, no pierde la oportunidad de volver a al archipiélago, un territorio que conoce muy bien.

Miguel Ángel Ladero, que también es doctor Honoris Causa por la Universidad de La Laguna (1998), es uno de los mayores expertos del tránsito de la Baja Edad Media a la Edad Moderna en España así como del reinado de los Reyes Católicos.

El historiador regresó el pasado mes de diciembre a la isla para apoyar con su presencia la edición en cinco volúmenes de las Obras canarias de Elías Serra Ràfols, el padre, destaca, “de la historiografía canaria” y a quien pudo conocer pocos años de su muerte, en julio de 1972.

– ¿Conoció al profesor Elías Serra Ràfols?

“Llegué a Tenerife en 1970 y el profesor Elías Serra se había jubilados dos años antes aunque nos vimos en la facultad algunas veces pero una vez jubilado lo hacía poco hasta que falleció en el verano de 1972. Comencé a aprender cosas de él a través de sus colaboradores, como Juan Régulo, María Marrero y Alejandro Cioranescu pero no se puede decir que mantuviera una relación porque, como dije, lo vi muy pocas veces”.

- ¿Qué destacaría de su labor como historiador e investigador?

“Pues que tuvo una obra diría que heroica en bastante aspectos. Llegó a Tenerife en 1926, ya con su doctorado, era catedrático y se mantuvo aquí hasta su jubilación, 42 años excepto los de la Guerra Civil, así que fue prácticamente uno de los fundadores, yo diría que el principal, de la historiografia canaria actual en el ámbito de la Baja Edad Media y de la Edad Moderna (siglos XIV al XVI) y en algunos aspectos en el ámbito de la arqueología prehispánica por lo que es una figura señera para la historiografía canaria porque no hay nadie comparable. Hay historiadores magníficos pero en la siguiente generación como Antonio Rumeu de Armas, Francisco Morales Padrón, Antonio de Béthencourt pero vienen después, quince o veinte años más tarde y en circunstancias diferentes a las que Elías Serra vivió, sobre todo en sus primeros decenios ya que la facultad de Letras se funda en 1940 y la de Historia en 1967 por lo que durante algunos años Serra Ràfols fue prácticamente el único profesor de Historia de aquella Universidad y el que organizó una obra enorme que es la que se intenta poner de relieve en esta presentación de sus obras canarias porque no se trata de sus obras completas ya que escribió también sobre otros temas aunque poco en cantidad, sobre todo del tema catalán. Estos libros recogen así el 95 por ciento de su producción”.

- ¿Qué opinión tuvo Elías Serra Ràfols de lo catalán?

“Hay que tener en cuenta que él era menorquí, y que estudió el bachillerato en Gerona y la carrera en Barcelona. Él y su hermano, José de Calasanz Serra, dos años menor y que se dedicó a la arqueología y la historia del arte. Era otra época. Pienso que Elías Serra fue un catalán que sintió un gran amor por su tierra pero no sé qué grado o qué circunstancia política tuvo. En Canarias se dedicó a la Historia de Canarias fundamentalmente”.

– ¿Qué elementos destacaría de su trabajo como investigador?

“Sobre todo dos, la edición de fuentes documentales, que no había, como las Fontes Rerum Canariarum y otras que abrieron un camino que luego han seguido otros historiadores y, en segundo lugar, su visión del asunto, una visión panorámica, no localista. Hace Historia de las islas con un criterio muy muy amplio desde la arqueología y la etnología prehispánica hasta la conquista, colonización y la formación de la nueva sociedad canaria que es antecedente de la actual. Es decir, que por un lado dio a conocer una enorme cantidad de documentación inédita y desconocida con una perspectiva histórica amplia que muchas veces se pierde y que él nunca perdió”.

- ¿Cree que en Canarias se ha reconocido su figura como se merece?

“Entre los profesionales siempre hemos sabido que Elías Serra fue el padre de la criatura. Cuando vine a Tenerife en los años 70 procuré, modestamente, continuar su obra, a documentarme y comenzar un trabajo de la Historia de Canarias de fines del XV a inicios del XVI que luego continuó Eduardo Aznar, el actual catedrático que sabe de esto mucho más que yo. Para los profesionales y conocedores de la Historia Elías Serra es una figura señera. Escuché hablar muy bien de él a otros maestros en Madrid, especialmente a Antonio Rumeu. Ignoro su repercusión fuera del ámbito profesional pero creo que tuvo cierto eco en las islas porque publicó mucho en la prensa local”.

- Usted impartió clases en la Universidad de La Laguna de 1970 a 1974, ¿qué recuerda de aquellos años?

“Después de obtener la oposición de grado y convertirme en catedrático me vine a La Laguna en el momento en que la incipiente entonces facultad de Historia se trasladó del viejo edificio, que entonces no era viejo, a la facultad nueva de aquel momento. De modo que asistí y en cierto modo participé en la formación de la nueva facultad de Historia. Fui secretario y vicedecano y organizamos muchos aspectos de la vida universitaria que entonces eran nuevos. Para mi fue la primera gran experiencia profesional como catedrático de Universidad; unos años inolvidables porque vine a las islas recién casado y con hijos pequeños por lo que Tenerife, aunque parezca un poco cursi pero es que es la pura verdad, para mi siempre ha sido un lugar de recuerdo predilecto. Tanto, que no me he despegado de aquí y he procurado venir muchas veces”.

- Imagino que por aquel entonces venir a Canarias tenía que ser toda una odisea…

“La primera vez que vine a Canarias fue en un Douglas DC-6, y de isla a isla, se volaba en los DC- 3 de finales de la II Guerra Mundial, luego vinieron los reactores. Volar era entonces igual o mejor que ahora pero con menos gente. Se habrá ganado en tecnología y calidad del vuelo pero los de antes eran más cómodos y, encima, duraban menos, dos horas y 25 minutos y no dos horas y 50 minutos como ahora. No había dificultades de comunicación pero esos medios de transporte los utilizaba menos gente. Elías Serra llegó a Tenerife por mar, en barco, y la isla estaba unida en aquellos años por radiotelégrafo porque entonces no había televisión. Recuerdo que el empalme de televisión con la península lo presencié en 1972, aquello sí que eran tiempos”.

- ¿Qué investigó durante su estancia en Tenerife?

“Una de mis primeras publicaciones, de 1966, trata sobre las cuentas de la conquista de Gran Canaria que publicó el Anuario de Estudios Atlánticos que dirigía Antonio Rumeu. Aquí hice trabajitos de historia económica de Canarias de principio del siglo XVI y otros sobre el señorío de Canarias en el XV y las familias de la pequeña nobleza sevillana que fueron señores de las islas como la de Las Casas o los Peraza, así que algo hice y sobre todo me puse a preparar un proyecto grande de investigación sobre la nueva organización de Canarias a raíz de la conquista pero quien lo llevó a cabo fue Eduardo Aznar, que se vino a Sevilla conmigo para terminar allí su tesis doctoral”.

- ¿Qué visión tiene usted del proceso de colonización de Canarias?

“Hubo una comunicación continua. Canarias no era un sitio aislado ni especialmente lejano. El caso es que la sociedad canaria que yo he conocido, la tinerfeña fundamentalmente, era una forma de sociedad española con sus peculiaridades. Aquí somos todos de un denominador común, lo hispánico, y en cada parte de España se encuentra uno con singularidades muy atractivas. Yo soy de Castilla la Vieja pero me ha enriquecido mucho vivir en distintas partes de mi país y no solo en una”.

- Dice Castilla la Vieja y no Castilla León, ¿por alguna razón?

“No, simplemente porque entonces no existían las autonomías. En la cuenca del Duero, la parte leonesa y castellana no se nota ninguna diferencia en una con respecto a la otra”.

– ¿Qué le llevó a estudiar Historia y a especializarse en la Edad Media?

“El atractivo es que dentro de la historia general, o te dedicabas a historia antigua o a historia de la civilización europea, y es una civilización que arranca en la Edad Media y la Edad Media son más de mil años. Ahí están las raíces y el fundamento de la cultura y la historia europea hasta nuestros días. Tuve una formación en Valladolid mixta como medievalista y como modernista pero, todo hay que decirlo, los profesores de Medieval en aquel momento eran mejores. Al mismo tiempo trabajaba en el archivo de Simancas, a diez kilómetros de Valladolid y es el archivo histórico general de la Corona española, sobre todo de los Austria y de los Borbones, y como archivero lo que hice sobre todo es historia moderna. Mi tesis doctoral sobra la conquista y repoblación de Granada a finales del XV y XVI tiene un pie en la Edad Media y otro en la Edad Moderna. Siempre he sido más medievalista cronológicamente, siglos XII, XIII, XIV y XV pero muy volcado y una perspectiva a la Edad Moderna y a la historia americana también”.

– ¿Qué significó la conquista para Canarias?

“Fue una revolución ya que Canarias pasó de una situación cultural prehistórica a incorporarse de golpe a la Europa del Renacimiento. Aquí vinieron castellanos pero también genoveses, portugueses, flamencos, italianos… En fin, esto fue un poco un sitio que se vinculó rápidamente con los centros mercantiles europeos y recibió su influencia. Las estructuras de fondo cambian poco porque la mayoría van a durar hasta el siglo XVIII pero las formas culturales varían rápidamente, se pasa por ejemplo de la escolástica al humanismo. Se produce además grandes cambios geográficos que traen consigo un mejor conocimiento de la Tierra y el contacto con otras culturas pero pervivió en general una base que alcanza continuidad hasta el final del Antiguo Régimen”.

- Cambiando de registro, ¿fue realmente importante la presencia musulmana en la España de aquel entonces?

“Fue importante en el sentido de que se quedaron muchos aspectos de tipo técnico, de organización administrativa pero también hubo una trasmisión cultural, como por ejemplo las traducciones que se hicieron del árabe al latín pero eso benefició más a otras partes de Europa que a la misma España cristiana. Hubo, además, un cierto nivel de convivencia entre gentes de ambas culturas pero se trataban de dos culturas distintas. La nuestra no es de origen musulmán sino de raíz y cuño europeo. Hay que decirlo, no hubo una cultura mixta porque árabes y cristianos no podían mezclarse así que no hubo matrimonios mixtos. En mi opinión hay que valorar evidentemente la herencia musulmana, islámica pero en su justa medida”.

- ¿Todavía hay muchas cosas que averiguar sobre la Edad Media?

“La Historia es una actividad que aumenta sus conocimientos aplicando nuevos métodos. Incluso a veces en las mismas fuentes documentales o arqueológicas así que la renovación de conocimiento es continua. Por otro, van cambiando las perspectivas de los historiadores y si por ejemplo hace cien años lo que interesaba era la Historia política y militar que, por cierto, vuelve a interesar, más tarde se produjo una primacía de aspectos que se ignoraban como de Historia económica, social, cultural en el sentido antropológico del término, de modo que la Historia siempre será una ciencia en continua renovación porque siempre habrán fuentes nuevas que descubrir o interpretar o que cambiarán las perspectivas con las que nos hacemos las preguntas”.

- Antes comentaba que la visión de Elías Serra Ràfols fue panorámica con respecto a la Historia. ¿Cómo es su visión?

“Envidio a la generación de Elías Serra porque si bien se sabía menos entonces, la formación que recibían era mucho más generalista. Cuando comencé a estudiar la carrera estaba más enfocada a las especialidades, en mi caso la Edad Media que abarca toda Europa, el mundo islámico, Grecia, Bizancio durante más de mil años.
Lo que hay que procurar es mantener esa especialización pero seguir leyendo al mismo tiempo Historia moderna, contemporánea,

Historia de otras culturas como India, China, América. Modestamente, creo que sigo teniendo una formación generalista como historiador especializado en la Edad Media. Lo que noto ahora es que cada vez hay menos historiadores en las universidades a los que se les puede preguntar a bote pronto cualquier cosa de Historia y esperar a que sepan decirte algo, aunque sea una tontería. No me vale que me respondan que eso no es de su especialidad porque antes de ser especialista yo quiero ser historiador en la medida de mis posibilidades”.

ISABEL Y FERNANDO

Para el profesor Miguel Ángel Ladero la importancia de Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, es fundamental en la construcción de España si bien admite que hubo “mitos” en torno a su figura aunque la realidad de fondo “sí que fue trascendental. Un umbral entre la Baja Edad Media y la Edad Moderna”.

Para el historiador, los Reyes Católicos supieron conservar toda la organización institucional que se había formado en los siglos XIV y XV y darle un dinamismo que no tenía. “Fomentaron la autoridad monárquica y las perspectivas de política exterior y común. A ello hay que sumar el descubrimiento de América”.

Según Miguel Ángel Ladero, Isabel y Fernando “tuvieron una visión bastante clara de lo que querían hacer, como repensar lo que habían heredado construyendo un edificio político conjunto –la Heredad– respetando la identidad política de cada reino que unió sobre todo Fernando ya en su viudez”. Al mismo tiempo, le dio un sentido de conjunto dentro de Europa y el mundo,, por lo que en el exterior “se le llamó siempre reinos de España”.

La conclusión del historiador es que el reinado de Fernando e Isabel fue muy trascendente por su herencia política. Dejó organizado un sistema de poder y de relaciones sociales que duró siglos y que es el fundamento de lo que vino después”.

NUEVOS LIBROS

El profesor Miguel Ángel Ladero se jubiló en 2013 pero no ha dejado de trabajar desde entonces. “Ahora me dedico a escribir y publico libros de investigación y de síntesis usando mis notas de cuando era profesor de Historia Social y Económica de la Baja Edad Media a las que sumo lo que he leído en los últimos años sobre cultura europea”.

De momento, el historiador ha publicado media docena de libros de distinto tipo y seguirá haciendo lo mismo hasta que “el cuerpo aguante”.

LAS OBRAS CANARIA DE ELÍAS SERRA RÀFOLS

El Instituto de Estudios Canarios acogió a finales del año pasado diciembre la presentación de Las Obras Canarias de Elías Serra Ràfols. La edición, elaborada con el patrocinio de la Dirección General de Patrimonio Cultural de Gobierno de Canarias, reúne en cinco volúmenes los trabajos del catedrático de Historia Medieval de la Universidad de La Laguna durante casi cinco décadas y director en varias ocasiones del Instituto de Estudios Canarios.

Reconocido como padre de la nueva y moderna historiografía canaria Elías Serra
Ràfols (Mahón, Menorca, 1898-La Laguna, 1972) es un nombre imprescindible en la historia del Instituto de Estudios Canarios ya que fue director de la institución en varias etapas. En estos volúmenes se recogen las obras centradas en Canarias en las que Elías Serra Ráfols incluyó las más modernas técnicas de documentación existentes hasta el momento.

Muy comprometido con la realidad de su tiempo, sus obras principales se centran en la época de la colonización de las Islas con la inclusión de fuentes documentales como por ejemplo las datas y las primeras publicaciones de los acuerdos del Cabildo, entre otros. Asimismo, jugó un importante papel en la creación de una escuela que apostaba por la publicación de documentos históricos que, años después, seguiría la historiadora Manuela Marrero.

Las Obras canarias de Elías Serra Ràfols recogen casi 300 contribuciones en revistas especializadas así como en prensa, organizadas en cinco volúmenes. Este proyecto supone la recopilación de la obra magna de una de las figuras fundamentales en el estudio de la Historia de Canarias por su gran contribución en la creación y conservación de un corpus documental para la historia de las islas.

En la Universidad de La Laguna desempeñó el puesto de vicerrector entre 1935 y 1936, dirigió la Revista de Historia de Canarias y con su hermano inició el estudio de la presencia normanda en Lanzarote.

FIRMA FOTOS: Aarón S. Ramos

Saludos, muy agradecido, desde este lado del ordenador

Non corris peorum est, un libro de Jaime Centurión

Miércoles, Enero 8th, 2020

A principio de los años 90 del siglo XX (parece que fue ayer pero no lo es) apareció un libro que produjo una pequeña conmoción en el mundillo literario de las islas.

Su título ya anunciaba el carácter de aquella obra, una obra que nadaba entre las aguas de la autobiografía y la novela gamberra. Su manera de contar las cosas estaba teñida de un espontáneo sentido del humor que hacía más auténtica su lectura.

El libro se titulaba Tocándome los cojones y su autor Jaime Centurión, un tipo que estaba muy alejado de los círculos literarios de las islas, prácticamente en sus antípodas, por lo que era y es un espíritu libre, que vive al margen de riñas de café o de charlas cacofónicas y estériles en las redes sociales.

Tras la publicación y convertirse en una obra de culto, Tocándome los cojones generó toda clase de opiniones lo que puso de manifiesto que aquel libro no dejaba indiferente a casi nadie.

Hubo que esperar sin embargo varios años más tarde para encontrar una nueva obra de este escritor, Dos corriendo por tres calles, libro en el que repetía más o menos la misma fórmula de Tocándome los cojones: un relato en primera persona narrado con notable sentido del humor.

Esta segunda experiencia daba así algo parecido a su primer libro: un buen rato y una reflexión sobre las cadenas que nos someten y la forma de librarse de ellas.

No disfrutó Dos corriendo por tres calles del impacto del primero pero no engañó a nadie ya que dentro de las páginas latía el espíritu de Jaime Centurión, uno de esos escritores que escribe más con el corazón que con la cabeza, aunque a veces hace sostener un diálogo a su pasión con su inteligencia, bastante agudo y sensible.

Luego, inesperadamente, se volvió a producir el silencio. Los irradiados preguntaban dónde estaba Jaime Centurión y si continuaba escribiendo. Unos veinte años después de aquella sacudida regresa con un nuevo libro Non corris peorum est e insiste en su fórmula original aunque en esta ocasión también hay cambios. Cambios tan radicales como prescindir de la primera persona y volcarse ahora con la tercera aunque cuente con un protagonistas que a todas luces es Jaime Centurión, solo que aquí se llama Merino.

El libro relata un largo viaje por las islas griegas y la huida de su protagonista hacia su Ítaca particular. Detrás deja muchas cosas pero como recompensa encontrará otras sin estropear en la pequeña isla donde recala, Amorgos. Un pedazo de paraíso mediterráneo en el que se encuentra con una variopinta galería de personajes.

Con ecos que no camuflan sino subrayan la literatura de W.G. Baldes, Non corris peorum est incluye algunas fotografías que apoyan las pequeñas historias que narra este libro sin perder en ningún momento su sentido del humor, aunque el humor de Non corris peorum est resulta más serio, como más maduro respecto a sus obras anteriores. Es probable que la tercera persona sea determinante, aunque si uno entra en el juego disfrutará más que Tocándome los cojones y Dos corriendo por tres calles quizá porque ha envejecido más o menos como el autor.

En la novela se cruzan libros, como uno de Bukowski en una traducción al italiano; naturales de Amorgos y un equipo de hippies de distintas nacionalidades que conviven en un escenario rico por políglota pero en el que todos se entienden gracias al inglés.
Hay ofrendas a Palas Atenea y playa y canutos bajo el sol y bajo las estrellas. Una vida plácida y diría que feliz. Una novela cuya despedida resulta emocionante por pastoril.

La incógnita ahora es preguntarse cuándo regresará con otro libro Jaime Centurión y por dónde irá en esta ocasión. Para los tiempos que vivimos, la literatura de escritores de este fuste son tan necesarias como el agua en cualquier parte del mundo.

El humor, ya se sabe, es muy necesario para, más que tomarse, encajar las cosas en serio. La risa alivia y serena, despeja la mente y esto es lo que hace, precisamente, Jaime Centurión con sus libros. Un escritor que engancha y sabe generar lectores.

(*) En la imagen, portada del libro con el anuncio de la presentación a finales de diciembtre de 2019

Saludos, a vivir que son dos días, desde este lado del ordenador