Archive for the ‘Libros’ Category

Un escritor a secas

Lunes, Enero 30th, 2023

He conocido a pocas personas con el corazón de Alexis Ravelo, escritor pero sobre todo amigo que hoy nos dijo adiós para sorpresa de quienes tuvimos la ocasión de disfrutar de su amistad y de su literatura hace apenas unas semanas en Aridane Criminal, el festival de novela negra que dirigió tres años seguidos en esa entrañable ciudad de La Palma.

Como debe ser con un escritor, conocí primero a Alexis a través de su literatura. Y de aquel encuentro no guardo grato recuerdo. Cayó en mis manos Los tipos duros no leen poesía, tercera entrega de la saga protagonizada por Eladio Monroy, y recuerdo que fui bastante crítico con esta novela que no merecía el juicio que le di entonces. Claro que entonces escribía más con las tripas que con la cabeza aunque de algo tuvo que servir (quiero pensar) aquel comentario para que unos pocos meses después (¿o fueron años?, con Alexis nunca se sabía) publicara en Alrevés La estrategia del pequinés, una novela por la que recibiría y con justicia años más tarde el premio Hammett que concede la Semana Negra de Gijón.

El caso es que La estrategia del pequinés supuso un revulsivo para la novela negra y criminal que se escribía y se escribe en España. Y la razón es bien sencilla, por una vez los protagonistas de la historia trabajaban al otro lado de la ley. Es verdad que se trataban de granujas de medio pelo, de tíos de la calle que se buscaban la vida delinquiendo con menudencias hasta que en la novela planifican y ejecutan robar a un traficante de drogas y se desata la balacera.

Estos personajes que proceden de la nada más absoluta se convirtieron en una especie de constante en su literatura. Constantes a la que habría que sumar la lucha que emprenden contras los poderosos que son, en sus libros, los verdaderos delincuentes, la chusma a la que hay que señalar y, si procede, robar porque quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón.

En sus novelas policíacas, muchas de ellas inspiradas en hechos reales, Alexis se dedicó a denunciar la corrupción no solo de los de arriba sino de los que le sirven, llámalos policías corruptos, chandaleros que trabajan al precio del mejor postor e incluso periodistas que han dejado de serlo para convertirse en chantajistas. Y esto es solo una pequeña galería de villanos, de personajes torvos que no parpadean en explotar a sus semejantes sometiéndolos a toda clase de humillaciones.

La novela negra se convertía en sus manos en un arma de denuncia, de denuncia política. Sabía, además, escribir muy bien, lo que le venía de lejos. Una vez me explicó de hecho que en parte se lo debía a un taller literario en el que le dio clase Alfredo Bryce Echenique, y que su olfato para retratar a los parias de la tierra se lo debía a su oficio de portero y camarero antes de hacerse un nombre en la república de las letras.

No sé si lo sabe la gente, pero Alexis, que venía de Escaleritas, siempre tiró al barrio y presumía, cuando había que presumir, de unos orígenes muy humildes a los que supo sacar partido a través de su literatura.

Lector voraz, de esos que cuando les gusta un libro se empeña en que lo leas porque te vas a divertir con él lo mismo que se divirtió él mismo leyéndolo, con Alexis se podía hablar de muchas cosas además de literatura. También fue de esa clase de amigo, ya casi hermano, que estaba ahí. Siempre tendiendo una mano aunque como le cayeras mal, y además de los ricos y poderosos había mucha gente a la que no aguantaba, sacaba un rejo siciliano que fulminaba al instante a todos aquellos que por una u otra razón le caían lo que se dice muy gordos.

Sí, Alexis Ravelo era bastante cabezón pero no le faltaba razón para que fuera tan cabezón.

En cuanto a su forma de escribir, Alexis Ravelo conocía muy bien a los clásicos del género, de hecho, La estrategia del pequinés es una versión muy libre de La jungla de asfalto, que cuenta la preparación de un robo visto desde la perspectiva de quienes lo van a cometer. Pero Alexis, que además de conocer a los grandes de la novela negra también conocía a los grandes de la literatura universal, no quería encasillarse como un escritor de novelas policiacas sino como el escritor a secas que fue, y así escribió La otra vida de Ned Blackbird y Los milagros prohibidos, que transcurre esta última durante la Guerra Civil en la isla de La Palma.

En cuanto a su producción policial, que fue donde le llovieron los premios, Alexis Ravelo publicó una lista larga de notables novelas negras y policíacas, todas ellas protagonizadas por tíos de la calle, buscavidas, gente del arroyo. Con esta galería de perdedores que hablan con acento canario sin que chirriara, Alexis cimentó una novela policíaca canaria que gustaba no solo en su isla, Gran Canaria, sino en las otras que forman esta desestructurada comunidad autónoma y la península. También fuera de sus fronteras.

La última tumba, Las flores no sangran, La ceguera del cangrejo (que se desarrolla en Lanzarote, y que sirve de paso para recordar a César Manrique); Un tío con una bolsa en la cabeza y Los nombres prestados son las novelas que deja tras de sí, eso sin contar las que escribió con destino al público adolescente y algunos relatos que Alrevés ha ido incorporando para las cuidadas reediciones de las seis novelas protagonizadas por Eladio Monroy (Tres funerales para Eladio Monroy, Solo los muertos, Los tipos duros no leen poesía, Morir despacio, El peor de los tiempos y Si no hubiera mañana).

Con Los nombres prestados recuperó además el territorio ficticio de San Expósito, localidad en la que se desarrollan también las dos novelas que forman parte del ciclo La iniquidad, La noche de piedra y Los días de mercurio. A este repaso de las obras que nos legó, destacaría El viento y la sangre, un hard boiled que firma un tal M.A. West, un escritor que nunca existió, ya que se trataba de una broma (y qué broma) de Alexis Ravelo con la complicidad de la editorial Navona.

El bromista que llevaba dentro nos hizo creer que había descubierto esta novela en inglés en una librería de viejo, avisándonos que se trataba de un escritor olvidado de la época dorada del género en los años 40.

Tras revelar la verdad, que A. M. West era él mismo, solo lamento que no tuviera tiempo para escribir alguna novela más con ese pseudónimo aunque ahora echo de menos que no vuelve a escribir más historias pero sobre todo compartir con él mesa y mantel y echarnos unas risas. Muy estruendosas y contagiosas las suyas, por cierto.

Por eso, más que como escritor, que también, me gustaría recordar a Alexis Ravelo como el amigo y el hermano que fue. Por eso este terrible vacío que tengo dentro y la sensación rabiosa de que siempre se nos van antes los mejores. Las personas que lo dan todo sin pedir nada a cambio.

Mientras escribo estas líneas apresuradas no dejo de escuchar su risa, y así, con Alexis riendo es como me gustaría despedir estas líneas urgentes para rendir el homenaje que mi amigo, mi hermano, se merece.

Joder, qué triste es todo esto.

Francisco Juan Quevedo: “Lo que uno escribe tiene a veces algún parecido con la realidad”

Lunes, Enero 30th, 2023

Contar la historia de la capital grancanaria a través de la construcción e inauguración del teatro Pérez Galdós fue una de las pretensiones que animaron la escritura de El teatro en medio del océano, libro por el que su autor, Francisco Juan Quevedo (Las Palmas de Gran Canaria, 1961), resultó finalista del Premio Nadal en 2022.

En El teatro en medio del océano se cuenta la vida de Feliciano Silva, a quien apodan El Guirre cuando se convierte en una de las mayores fortunas de Canarias a finales del XIX y principios del XX.

- En la novela El teatro en medio del Atlántico cuenta la historia y la expansión de la capital grancanaria a través de la construcción del teatro Galdós.

“El teatro Pérez Galdós supone un termómetro para comprender la expansión y el poder económico, social y cultural de Las Palmas de Gran Canaria. La primera piedra del teatro se coloca en 1867 aunque antes existió otro, el Cairasco, pero con el paso de los años se quedó pequeño para una ciudad que empezaba a tener un crecimiento demográfico muy amplio y a prosperar cuando los buques empezaron a hacer escala en la isla, lo que es determinante para el crecimiento de la ciudad desde un punto de vista económico y social, lo que contribuyó a un mayor enriquecimiento de la burguesía y a que ésta comenzase a demandar nuevas inquietudes, y entre esas inquietudes, un teatro más amplio”.

- Según la novela el teatro dividió a la sociedad grancanaria en sus inicios.

“Sí, el teatro fue un proyecto que tuvo mucha polémica porque se construye justo al lado del mar y en aquellos días aunque ahora ya no, se encontraba junto al mar. Benito Pérez Galdós, que tendría entonces unos quince o dieciséis años, ya era un artista y fue uno de los que contribuyó a ridiculizar las obras porque la mayoría de la población dudaba que saliera adelante. Galdós se encuentra entre los más críticos y llama al teatro que ,paradójicamente años después recibirá su nombre, teatro de la pescadería por su cercanía al mar. En las viñetas que publica los actores aparecen bajo el agua”.

- ¿Quién proyecta el teatro Pérez Galdós?

“El teatro fue proyectado por el arquitecto Francisco Jareño y Alarcón, autor de la Biblioteca Nacional, entre otros espacios. Era un arquitecto de mucho prestigio y el hecho de que fuera contratado habla de la importancia que el teatro llegó a tener para la ciudad. Teatro que originalmente llevó el nombre de Tirso de Molina aunque a finales del XIX pasa a llamarse Pérez Galdós, que ya era un autor consolidado. Recibe su nombre por aclamación popular y el Ayuntamiento lo cambia. En 1918 se produce un incendio del que aún no se saben las causas aunque la rumorología apunta a extrañas maniobras de quien lo arrendaba pero nunca se demostró. Sucedió un viernes por la noche cuando el teatro, un emblema con la catedral de la ciudad, queda reducido a cenizas. Sin embargo, se había convertido en algo tan importante para la ciudad que en apenas unos diez años se reconstruyó y remodeló bajo las órdenes de los hermanos Martín-Fernández de la Torre”.

- Con esta historia, el teatro se convierte en el otro gran personaje de la novela.

“Intenté a través de este edificio que fuera como un soporte para crear una trama y sobre esa trama la historia del desarrollo de la ciudad en unos años muy importantes para el desarrollo de Las Palmas de Gran Canaria y también para Santa Cruz de Tenerife porque comienza el auge del comercio, a finales del XIX y principios del XX”.

- El personaje protagonista, Feliciano Silva, alias El Guirre, es de origen muy humilde pero termina convirtiéndose en uno de los hombre más poderosos de las islas. ¿Es tan oscuro el origen de algunas de las grandes fortunas de Canarias?

“Este personaje es creado y no tiene una base real. Las élites de Las Palmas de Gran Canaria, como imagino que las de Santa Cruz de Tenerife, surgen de una base aristocrática o burguesa. Antiguos terratenientes que se fueron haciendo con tierras desde los primeros años de la conquista y otros que a lo largo de los siglos se convirtieron en grandes fortunas. Lo que ocurre es que uno escribe y a veces, sin saberlo, lo que escribe tiene algún parecido con la realidad”.

- El Guirre hace su fortuna con la prostitución.

“Uno de los viajes más didácticos y duros de mi vida y que marcó mi experiencia personal fue el que realicé a Cuba en 2002. Nací en 1963 y en los años setenta viví la idealización de ese país y por el Che Guevara, así que cuando tuve la oportunidad de viajar a Cuba sufrí no una frustración pero sí un choque sentimental porque lo que pensaba mi generación por razones determinadas no se había materializado. Una de las situaciones que me golpearon más fuerte de ese viaje se produjo cuando visité la fábrica de tabacos Cohiba y vi en la puerta a un soldado con una metralleta. Al entrar en la fábrica me encontré con un galpón lleno de mesas con cubanos y cubanas cortando tabaco en unas condiciones muy precarias y frente a ellos, pintado en la pared, un emblema en el que se leía Si naces pobre y eres honrado no tendrás tiempo de hacerte rico. Con esto quiero decir que Feliciano Silva no se conforma con ser pobre y que la única manera de no ser pobre en aquellos tiempos era vender pescado por la calle y dedicarse a asuntos turbios que, por otra parte, existían. Y muchos”.

- Al leer la novela tuve la sensación que Feliciano Silva no tiene nada que ver con El Guirre. Y El Guirre nada que ver con Feliciano Silva.

“Son el mismo personaje pero es verdad que son también distintos. Creo que a Feliciano no le gusta El Guirre porque es un individuo muy odiado aunque el personaje tiene sentimientos, como cualquier persona. Mi literatura no es tipológica, es decir, que no creo ni en buenos ni en malos porque todos participamos de ese tótum revolutum. Por lo que mi personaje pese a que elija la vida turbia tiene momentos en los que deja ver sus sentimientos. Sentimientos como el amor a sus padres, que resulta evidente y a los que le construye un panteón; a su hija y por la música. Así que sí, si hay algo que separa el carácter de Feliciano del El Guirre”.

- ¿Cuál fue el origen de la novela?

“No fue idea mía sino que formó parte de un proyecto”.

- ¿Un proyecto?

“En el 2008 me lo propone un amigo y editor, Plácido Checa. Se le ocurrió hacer una traslación de Los episodios nacionales de Galdós a Canarias, una especie de episodios insulares que tenían dos peculiaridades. Por un lado, que esos episodios tenían que estar dirigidos al público infantil y juvenil y por otro que cada una de las novelas no estuvieran escritas por un solo autor sino varios. Y me propuso que escogiera uno y elegí el Teatro Pérez Galdós que dio origen a La noche de fuego que funcionó bastante bien”.

- La noche de fuego e refiere al incendio del Pérez Galdós.

“Sí, exactamente. Gustó tanto que los niños me animaron a que escribiera una segunda parte y pensé en un proyecto más amplio que finalizaría en 2007. En tres años escribí una quinientas páginas pero las ambiciones eran tan grandes que lo paré en 1921”.

- El teatro en medio del océano resultó finalista del Premio Nadal 2022.

“Que la novela llegara a estar entre las finalistas de un premio nacional como el Nadal significa que al jurado el espacio de Canarias le resultó atractivo literariamente, lo que no es un logro mío sino algo que se ha ido gestando a través de los años gracias a la trayectoria de otros autores que me han precedido y que han ido abriendo el paladar del gusto literario de la península a este territorio y sus gentes”.

- La novela toca pero levemente el pleito insular.

“El pleito insular no se trata de manera profunda pero sí que aparecen los futuros síntomas de rivalidad entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria. Fue una de las cosas que más me preocuparon desde el punto de vista social y cultural. En mi caso, intento siempre hacer una vinculación de la trama con otras islas. De hecho, uno de los personajes, finés y que recala en Gran Canaria siguiendo la huellas de Humboldt, quiere viajar a Tenerife. Yo me siento en Tenerife como en casa porque tenemos que estar por encima de pleitos aunque no podamos borrarlo”.

- ¿Y cuáles son los síntomas del pleito insular en la novela?

“Explico que fue una pugna entre agustinos y dominicos para obtener una gula y conseguir la Universidad. Además, la Capitanía se instala en Tenerife y a partir de ahí se genera una lucha entre las dos islas por recibir las mejores instituciones públicas y eso ha llegado hasta nuestros días. En el siglo XIX se otorga la capitalidad a Santa Cruz, lo que sienta mal a los grancanarios. Miguel de Unamuno, en una visita a la ciudad en 1908 calificó estas disputas de rencillas cabileñas, lo que no cayó nada bien a la burguesía de aquel entonces”.

DOCUMENTACIÓN

El teatro en medio del océano es una novela histórica y las novelas históricas requieren de mucha documentación para ambientar con la mayor exactitud posible la época que reflejan. En el caso de Francisco Juan Quevedo, y a pesar de que había escrito La noche de fuego que transcurre en un año concreto, 1918, reconoce que cuando comenzó la redacción de la obra por la que sería finalista al Nadal “no sabía que fuera tan complicado escribir una novela de este género porque además del proceso creativo se añade el de documentación”. La documentación lo llevó a rastrear libros y buscar calles ya que muchas de las que hubo en aquellos tiempos ya no existen o han cambiado de nombre. Este proceso, sin embargo, le permitió ir descubriendo cosas que desconocía. “Consulté periódicos, muchos de Tenerife porque buscaba noticias de ámbito regional y nacional como la visita de Alfonso XIII a Tenerife”.

Saludos, a dos días de febrero, desde este lado del ordenador

Secuestros literarios, una novela de Santiago Gil

Jueves, Enero 26th, 2023

“Me han robado todo lo que tenía varias veces. He llamado a prostitutas en la madrugada que luego desaparecen por la mañana con mi cartera, mi portátil y mi teléfono. Esos son los peores despertares. Muchas veces no recuerdo haberme acostado con ellas. Cuando estoy borracho solo quiero una mano que me sostenga en medio de ese abismo que es mi propia conciencia. Jamás he repetido con la misma prostituta dos veces”.

(Secuestros literarios, Santiago Gil, Editorial Siete Islas, 2022)

A pesar de que no lo aparente, Santiago Gil es un escritor extraordinariamente dotado para el humor. Un humor muy español porque en sus historias la risa siempre resulta torcida. Es decir, que lo cómico resulta a la postre trágico.

Estos elementos se detectan en Queridos Reyes Magos, que considero su mejor novela pero también se derrama en cantidades cada vez más reducidas en el resto de una obra que se caracteriza por su fecundidad. Es como si Santiago Gil se pasara el día escribiendo, escribiendo y guardando novelas en carpetas que va acumulando en el ordenador. Con la bibliografía que descansa hasta este momento tras sus espaldas, en torno a las dieciséis si no se equivocan mis cálculos y esto sin sumar las novelas cortas, los cuentos y poemas, creo que queda claro que estamos ante un hombre al que le gusta escribir y contar historias. Historias en las que se aprecian constantes que han ido madurando por el paso del tiempo y que de una manera u otra aparecen en la mayoría de sus libros. Una de ellas, la sombra del fracaso y lo que conlleva desprenderse –involuntariamente– de una realidad para caer en otra mucho peor. El sentimiento de pérdida y el paso inexorable de los años son también constantes en sus libros, así lo observo en dos de sus más recientes novelas históricas, las dos basadas en grandes personajes de la literatura y el arte como son Benito Pérez Galdós y José Jorge Oramas, ambos nacidos en las isla de Gran Canaria y ambos protagonistas de El gran amor de Galdós y Mediodía eterno. Resulta muy llamativo que estos dos grandes personajes en los que Santiago Gil detiene su atención estén unidos en estos relatos por la edad. Una primera juventud en la que comienzan a gestarse los primeros fracasos y las primeras ausencias.

La editorial Siete Islas publicó en 2022 Secuestros literarios, una novela que Santiago Gil escribió hace unos años y en la que late, sobre todo en su primera parte, el latido del escritor que descubrí en Queridos Reyes Magos. Es decir, al autor que sabe hacerme sonreír e incluso en ocasiones reír. Se tratan estos Secuestros literarios de estampas de la vida de un aprendiz de escritor al que le pasan muchas peripecias, las suficientes, piensa uno, para convertirlas en una novela que es lo que hace Santiago Gil sobre todo en una primera parte donde –aunque no se diga– uno se imagina quienes son los escritores a los que inoportuna el protagonista. Protagonista de una historia que, ya se dijo, está estructurada en forma de cuadros, escenas que lo llevan de un sitio a otro buscando el éxito y el reconocimiento. Que lo logre o no lo descubrirán quienes se acerquen a esta novela desprejuiciada, que nos presenta a un Santiago Gil pletórico por reír y hacernos reír, lo que consigue, se reitera, sobre todo en su primera parte.

La sonrisa primero y la risa después lo logra porque no se corta demasiado sino que se deja arrastrar por las circunstancias que le salen al paso a su protagonista. Lástima que esta libertad creadora se vaya desgastando en la segunda mitad de un libro que tiene más de experimento que de otra cosa. Y que al mismo tiempo investiga, solo que a mordiscos, sobre el arte de escribir y la condición del escritor. Esto podría explicar que los capítulos que estructuran la historia vayan decreciendo en número de páginas hasta convertirse, prácticamente, en párrafos a medida que se va aproximando el final.

Secuestros literarios
debe de leerse como un rapto al hecho de escribir. Y escribir es lo que hace, y muy bien, Santiago Gil, que es uno de esos autores a los que vale la pena seguir en las literaturas que en la actualidad se escriben en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses. Santiago Gil tiene literatura, y esa literatura tiene un mundo propio y una forma muy personal de contarlo. Y esto se aprecia en sus Secuestros literario.

Saludos, se ha dicho, desde este lado del ordenador

Presentaciones de libros

Miércoles, Enero 25th, 2023

* Diez autores canarios rinden homenaje a la generación de los actuales abuelos, las personas nacidas en las primeras décadas del siglo XX, en el libro titulado Momento de cosecha, promovido por la escritora Cristi Cruz Reyes y que tiene carácter benéfico, ya que la recaudación íntegra obtenida por la venta de ejemplares se repartirá a partes iguales con destino a cubrir necesidades de los asilos Hogar Nuestra Señora de la Candelaria y Hogar del Santísimo Cristo de La Laguna.

El volumen reúne relatos y poemas que tratan de poner en valor las vidas, talento y esfuerzo en condiciones adversas de las personas que actualmente se encuentran en edad avanzada y sin cuya importante contribución no habría sido posible el bienestar y los niveles de desarrollo que disfrutan las generaciones actuales.

La publicación se presentará el jueves 26 de enero, a las 19 horas, en el Espacio de Periodismo y Comunicación de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz de Tenerife (APT), ubicada en la Calle de San Francisco número 68 y 70 de la capital tinerfeña, y el miércoles 1 de febrero, también a las 7 de la tarde, en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, situada en la Calle de San Agustín número 23 de La Laguna.

Esta edición única incluye los relatos El sonido de las campanas de Felicidad Batista, Como si uera a desaparecer de María Teresa de Vega, ¡Trato hecho! de Agustín Gajate Barahona, Los miserables de Damián H. Estévez, María de Javier Marrero Fernández, El cigarrillo de Iván Morales Torres, Los años de María Candelaria Pérez Galván y Siete minutos por paciente de Cristi Cruz Reyes. A éstos se suman los poemas de Carmen Paloma Martínez y el titulado Dos árboles en medio del jardín de Elena Villamandos González.

* El periodista, presentador y escritor Jesús Cintora se reunirá con el público del Festival MiradasDoc para la presentación de su último libro, No quieren que lo sepas. Una obra que se adentra en cuestiones de la política y la justicia al abordar la cara oculta de los sucesos más relevantes de nuestro tiempo.
 
Cintora es reconocido por haber presentado programas de televisión como Las Mañanas de Cuatro, Cintora a pie de calle y La línea roja para Cuatro (Mediaset); Las cosas claras de TVE; y Carretera y manta de La Sexta (Atresmedia). En la radio ha trabajado en la Cadena SER desde 1996 hasta 2011, desarrollando una intensa actividad en la que ha dirigido los noticiarios Matinal, Hora 14 y Hora 25 fin de semana, además de coordinar el tramo informativo de Hoy por hoy con Iñaki Gabilondo.
 
El encuentro tendrá lugar el jueves 2 de febrero a las 11:30h en el Auditorio de Guía de Isora. Acto seguido, tendrá lugar la proyección de la película Robin Bank, con la presencia de su directora, Anna Giralt.

Saludos, ahorita, ahorita todos contentos, desde este lado del ordenador
 

Lydia Vázquez: “La literatura de Annie Ernaux funciona como la voz de nuestra conciencia”

Martes, Enero 24th, 2023

Lydia Vázquez es la traductora en español de los libros que la escritora francesa Annie Ernaux, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2022, publica en la editorial Cabaret Voltaire. Vázquez mantiene con Ernaux una relación de amistad que va más allá de lo profesional. Mucho ha llovido desde que publicó su primera traducción en Alianza Editorial, ¿Qué es el Tercer Estado?, de Emmanuel Joseph Sieyès a la que siguió Mis galerías y mis pintores, de Daniel Henry Kanhweiler, aunque guarda grato recuerdo de todas ella.

Sobre Annie Ernaux y de traducción, habló Lydia Vázquez el pasado sábado 7 de enero en la Librería de Mujeres, en la capital tinerfeña, donde mantuvo un encuentro con la catedrática de Filología Francesa de las universidades del País Vasco y La Laguna, Dulce Mª González Doreste, y de traducción y sobre la ganadora del Premio Nobel de Literatura del año pasado se habla y mucho también en esta entrevista.

– ¿Qué grado de dificultad tiene traducir a una escritora como Annie Ernaux?

“Grande porque escribe muy bien y normalmente lo que hay que hacer es intentar que el libro se traduzca al español lo más exactamente posible al original. La mayoría de los autores que traduzco son grandes escritores pero con Annie Ernaux pongo especial cuidado y voy despacio. La mayor dificultad es que su escritura a pesar de su aparente sencillez y a la que ha despojado de cualquier estilo literario, mide mucho las palabras. Es decir, que cada palabra está cargada de muchos sentidos, cuentan con varias capas y se tienen que entender todas esas capas para registrarlas en castellano. Ernaux escribe además con muchas referencias culturales, no necesariamente elitistas, y si cita una película, un libro o una canción la busco y la veo, lo leo o la escucho. Y eso me lleva tiempo. Intento traducirla lo mejor posible pero es un trabajo lento y laborioso pero al mismo tiempo muy gratificante”.

- Cuando la está traduciendo y le asalta alguna duda ¿suele consultarlo con ella?

“Suele decirles a mis alumnos de Traducción Literaria que no intenten dar el coñazo a los autores. No soy partidaria de consultar con el escritor si se tiene una duda porque entiendo que el traductor tiene que descubrir las soluciones por sí mismo. Otra cosa es cuando llega a un callejón sin salida, lo que me ha pasado alguna vez con Annie Ernaux y ella me despeja la duda pero no es algo que suceda a menudo ya que cuando hablamos, hablamos de cosas de la vida en los email que cruzamos más que de las dudas que puedan suscitarme sus textos. Suele decirme que tiene confianza en mi”.

- ¿Y como lectora que destacaría de su literatura?

“Por un lado ha sabido hacer una cosa muy difícil y por eso se la compara con Céline aunque a ella no le parezca pertinente, y es la introducción de un lenguaje que no es el lenguaje clásico, ajustado a formas clásicas. Hace lo mismo con las referencias culturales que pueden ser clásicas como populares. Es decir, que lo mismo escribe expresiones muy populares, como las que puede decir un borracho que habla como un borracho, con las de un personaje de clase acomodada y esa mezcla la domina muy bien y le da realismo a sus obras en el buen sentido de la palabra además de que nos creemos los personajes que presenta. Para mi fue una revelación. En el siglo XX se habló de Los armarios vacíos que es algo distinto de lo que por aquel entonces se promocionaba como la nueva novela y ya la admiraba por su mezcla de registros lingüísticos y por situarse en el universo del pueblo que no estaba muy presente en la literatura francesa del XX”.

- ¿Tiene Annie Ernaux algún libro que la haya marcado especialmente?

“Si hubo un libro que me marcó fue La mujer helada porque cuando lo leí no sabía si era anti o pro feminista. La novela presenta a una mujer con esperanzas de ser escritora, es un relato muy autobiográfico y tiene una pareja que parece una persona liberal, equilibrada y que cree en la igualdad pero cuando contraen matrimonio ella se convierte en un ama de casa, cuida del hogar, le prepara la cena a su marido, cuida de los niños… Cuando leí el libro entendí que esa postura, que es todo lo contrario a lo que defienden las feministas, ¡es una actitud feminista!, de verdadero feminismo. Es decir, que no tenemos que ser súper mujeres. De hecho, todas hemos estado heladas alguna vez y una feminista como Annie Ernaux reconoce que eso puede, y de hecho pudo con ella, pasar. Y eso me acercó más a este feminismo porque es más auténtico que el de las súper mujeres”.

- ¿Y otros títulos que recomendaría además de La mujer helada?

“Eso depende de la persona, de la edad y hasta del sexo del lector. A mis alumnas les gusta mucho La mujer helada y Mira las luces amor mío, que se desarrolla en un hipermercado. Desde mi perspectiva y ya con cierta edad, Los años me parece su libro más acabado ya que es la crónica popular de todo el siglo XX. Empieza cuando nace ella, en 1940 y acaba con su nieto en los brazos y cuando está escribiendo esa novela donde evoca las comidas familiares donde sus mayores rememoraban la I Guerra Mundial. Es la historia con minúscula, la de la gente normal. La historia que vive la gente de a pie. Pero me gustan todas sus novelas. Los armarios vacíos es muy, muy especial, empieza con la narración de un aborto clandestino. Hay que leerla porque no se trata de una escritora que se mire el ombligo y no practica la autoficción. Rechaza esos calificativos. En todo caso es una escritora que cuenta cosas que hemos vivido como ella. Y el aborto clandestino no es una excepción. O su cáncer de pecho y el Alzheimer de su madre o descubrir a una hermana que nunca conoció porque su familia la había silenciado. Como dice una buena amiga, la literatura de Annie Ernaux es como si fuera la voz de nuestra conciencia y tiene un poco de eso. Es como si te estuviera hablando dentro de la cabeza. Hay que leerla para ir colocando las piezas de ese fantástico rompecabezas que es el ser humano y sus vivencias”.

- Annie Ernaux recibe el Nobel de Literatura el año pasado, ¿le sorprendió que se lo otorgaran?

“En mi caso quería se lo hubieran dado el año anterior. No conozco a todos los escritores franceses que optaban al Premio, entre los que estaba Michel Houellebecq, pero entre él y ella me quedo con ella entre los que merecen recibirlo en lengua francesa. Lengua que, por otro lado, llevaba tiempo sin recibir el Nobel de Literatura cuando se trata de una gran literatura. Que el Nobel recayera en un escritor francés y encima en una escritora que no solo por ser mujer, se lo merecía es un Premio creo que popular porque tiene muchísimas lectores, y todas ellas entienden esta distinción como si se las hubieran dado a ellas. Es verdad que hay personas que han manifestado su contrariedad pero esas críticas han sido escasas”.

– Pero que tenga constancia Annie Ernaux hasta obtener el Nobel no era demasiado conocida en España.

“La editorial para la que traduzco su obra, Cabaret Voltaire, ya la estaba editando en español antes de que obtuviera el Nobel de Literatura, es una autora que les ha funcionado siempre bien. Personalmente, he hecho muchas presentaciones de sus libros y entre las feministas es un icono y tiene éxito en los ambientes universitarios. Ahora con la concesión del Nobel, la gente que la conocía oye hablar de ella y la descubre aunque es una escritora de sobra conocida en países como México, Argentina y Chile, entre otros”.

- ¿Es una escritora feminista?

“Annie Ernaux habla maravillas de Simon de Beauvoir, le marcó mucho la lectura de El segundo sexo aunque su modelo de escritora feminista es Virginia Woolf. Respeta el feminismo de los años 60 y 70 que hubo en Francia pero nunca militó en estos movimientos y sí en los que reclamaban la legalización del aborto por cuestiones casi personales pero nunca formó parte de partidos ni movimientos aunque se declara feminista pero en vez de presentarse como una mujer completamente liberada se presenta como un ser humano con todas sus contradicciones. No le gusta que la encasillen como escritora, es un escritor más porque en literatura no hay escritura masculina ni femenina. Su feminismo es otro feminismo, muy distinto al de finales del siglo XX”.

- Pero ¿cuál es su mirada dentro de un movimiento, como el feminista, movimiento que parece tan fragmentado al menos en España
?

“No sé si el feminismo está roto en España pero en Francia sí que está más dividido. En un libro de próxima aparición y en el que reflexiona sobre su escritura dice que no está de acuerdo en que se prohíba a las mujeres llevar velo en Francia aunque hay feministas que sí lo están. Con todo, es una mujer respetada por el feminismo pero muchas feministas no están siempre de acuerdo con ella”.

- Hablando de traducción, ¿qué opina de esa frase maldita que afirma que traductor es igual a traidor?

“Que es una frases que los traductores arrastraremos hasta el final de los tiempos. Hay traductores traidores pero no todos y debemos hacer lo posible por no serlo. El mejor traductor no es un escritor, que suelen ser malos traductores porque traicionan sus traducciones al añadir cosas de su propia cosecha cuando un traductor debe ser lo más transparente posible. En mi caso quiero que no se note para nada que estoy ahí, en la traducción, porque no podemos caer en la tentación de arreglar, modificar… La traducción perfecta no existe pero es que el libro perfecto tampoco existe. Por otro lado, creo que es muy importante para traducir contar con una formación literaria y universitaria. Eso sí, reivindico que se pague mejor a los traductores, que se mire a Francia donde al traductor se le paga muy, muy bien”.

- En los últimos tiempos, ¿cómo cree que ha evolucionado la traducción en España?

“La traducción en España ha evolucionado mucho desde el siglo XVIII. Lo que hizo Marchena me parece fantástico porque sabía mucho español y francés pero entonces se traducía de otra manera. En el siglo XIX más que traducir se adaptaba y salían muy buenas adaptaciones, libros que fluyen muy bien pero se manejaban unas libertades que ahora no se permiten. En el XX hay buenos traductores individuales aunque la mayoría son muy malos porque no había formación. Por ejemplo, hay una primera traducción de Los armarios vacíos que es un desastre total. El traductor era un poeta catalán que sabía catalán pero no francés. La culpa aquí no es del traductor sino de quienes le encargaron la traducción. La traducción de un libro que si lo lees resulta indigerible”.

- ¿Depende el sexo del traductor que el libro que va a traducir esté escritor por una mujer o por un hombre?

“Creo que no cambia nada. En el caso mío con Annie Ernaux es verdad que cuando la leo siento que es como la voz de mi conciencia pero eso es así porque a mi me han pasado muchas de las cosas que le han pasado a ella pero cuando la traduzco, cuando traduzco en general a cualquier autor, procuro guardar las distancias. Diderot hablaba de la paradoja del comediante y yo hablo de la paradoja del traductor. Es decir, que cuando el traductor se identifica más con el escritor tiene que olvidarse de esa identificación y mantener una distancia objetiva con el texto porque si le pone entusiasmo, el entusiasmo , ya se sabe, no va bien con el intelecto”.

En la imagen. Lydia Vázquez con camisa blanca junto a Annie Ernaux

Saludos, carraspeo, desde este lado del ordenador

El caso Lèon Sodorski, una novela de Romain Slocombe

Lunes, Enero 23rd, 2023

Francia comienza a contar su historia, sobre todo durante la II Guerra Mundial, con aires renovados. Es como si el paso del tiempo y la natural distancia que conlleva, obligara a que su mirada al pasado sea con otros ojos, casi como si se hubieran quitado las lentes que hasta ahora distorsionaban unos hechos que no han resultado tan heroicos como muchos, y sobre todo los franceses, pensaban.

Comienza en este sentido a brotar, es verdad que aún a cuenta gotas, toda una literatura que revisiona un tiempo feroz, sobre todo en un país que sufrió la humillación de ser ocupado tras una derrota que narró tan bien y con atinada pluma periodística Manuel Chaves Nogales en La agonía de Francia, un relato que no creo que entusiasme demasiado a los franceses precisamente porque cuenta los hechos que condujeron a su ejército a la derrota como se tenía que decir: sin paños calientes. Al margen de Nogales, es verdad que de un tiempo a esta parte han surgido sobre todo novelistas que han apostado por contar sus historias en un periodo tan triste para esa república europea que nos enseñó a cantar La Marsellesa y a exclamar en las barricadas libertad, igualdad y fraternidad, pero no termina por digerir el plato caliente del comportamiento que la mayoría de sus ciudadanos tomaron cuando Francia, como después de la guerra sería Alemania, resultó dividida en dos mitades. Por un lado la ocupada por el ejército alemán, con capital en París donde ondeó la bandera de la cruz gamada hasta agosto de 1944, año de la liberación de la capital francesas por las tropas aliadas.

Toda esta literatura y todo ese cine que puede rastrearse en películas tan notables como Lacombe Lucien, de Louis Malle, entre otras, y en la excelente Trilogía de la ocupación de Patrick Modiano, es una literatura a la que ahora se incorpora El caso Léon Sadorski, del escritor y guionista de cómics Romain Slocombe, una trilogía de la que ha aparecido en España de momento el primer volumen.

Protagonizada por Léon Sadorski, un inspector de la policía anticomunistas que se ha acostumbrado a vivir y convivir con los nazis, que ocupan parte de su país, hacía tiempo que no leía una historia en la que su personaje principal resultase tan antipático y odioso aunque quizá sean estos rasgos lo que lo hacen tan enojosamente humano y, que me perdonen los franceses, tan francés.

La acción se desarrolla en la primavera de 1942, y nos presenta a León como un despiadado cazador de judíos al que un mal día la Gestapo solicita sus servicios para que emprenda una misión “especial”, que lo llevará a Berlín, donde será torturado (y ya sabrán las presuntas razones si leen el libro) por la misma Gestapo en un juego de cajitas chinas donde lo que parece probable se convierte en improbable y viceversa. En esta larga carrera hacia adelante, Léon Sadorski descubre cosas inimaginables que si bien horadan su hasta ese momento plácido por rutinario mundo, mundo que afecta también a su aparentemente feliz matrimonio, servirá a Slocombe para ir mostrando las vergüenzas de una sociedad, la francesa, perfectamente instalada en un cinismo que les lleva a colaborar sin demasiados dolores de cabeza con el ejército de ocupación.

Todo en este libro (e imagino que en sus dos entregas restantes) resulta así inquietante, y no solo por la doblez de una ciudadanía que solo desea vivir en paz, sumida en una placidez burguesa que les hace mirar hacia otro lado mientras la vida siga más o menos su curso, sino también por los pensamientos que invaden el imaginario de un funcionario que se siente a disgusto cuando no le dejan que haga su trabajo. Un trabajo, el de perseguir judíos, que hace tan bien porque casi parece que nació para ello.

No es la primera vez en estos últimos años que los que perdieron la guerra se presentan en una obra literaria de ficción como los protagonistas de una historia que hace, ese fue al menos nuestro caso, que el libro tiemble en nuestras mano. Muchos recordarán la polémica que suscitó la publicación de Las benévolas, aquella voluminosa novela en la que Jonathan Littell narraba la vida de un oficial de las SS. Solo que si en este último caso la obra no aguantaba bien en su parte final, la violencia empapaba prácticamente todo este tramo hasta llegar a un Berlín rodeado por el ejército soviético, estos excesos apenas se observan en la obra de Slocombe porque lo que le interesa al autor es contarnos desde dentro la nueva moral que alimenta a su eficaz y corrupto policía, un tipo que no piensa que haga nada malo al detener a hombres, mujeres e incluso niños y niñas judíos porque así se lo han ordenado sus superiores.

No es una novela cómoda de leer, y no porque el escritor se complique con experimentos literarios sino porque su protagonista, Léon Sadorski, es un perfecto hijo de perra aunque él piense que los perfectos hijos de perra son los que persigue. Solo un problema con esta novela, y es la de esperar a la publicación (espero que pronta) del segundo y tercer volumen de una saga que ya ha hecho historia en las letras francesas. No todo en aquella Francia dividida fue resistencia sino también colaboración.

Saludos, aquí al lado, a la vuelta de la esquina, desde este lado del ordenador