Archive for the ‘Libros’ Category

Mariano Mayer: “Las vanguardias han muerto”

Miércoles, Abril 8th, 2020

Esta entrevista se realizó hace unos meses, cuando todo parecía tranquilo, cuando suponer lo que ahora estamos viviendo sonaba a chiste o al guión de una mala película de ciencia ficción. Durante la conversación con el poeta y comisario independiente Mariano Mayer (Buenos Aires, Argentina, 1971) se habló de muchas cosas aunque la charla se centró en su último trabajo Fluxus escrito. Actos textuales antes y después de Fluxus (Caja Negra, 2019,) una de las primeras antologías de textos Fluxus publicadas en español y que recoge ensayos,
entrevistas, conversaciones y piezas textuales que revelan las motivaciones generales de este movimiento en relación al arte de acción y sus intereses por extender el concepto arte-vida.

La publicación destaca los aportes teóricos y experienciales de más de treinta artistas vinculados a Fluxus como Esther Ferrer, Juan Hidalgo, Alison Knowles, La MonteYoung, Pauline Oliveros, Benjamin Patterson, Yoko Ono, Allan Kaprow, Oscar Masotta o Mieko Shiomi.

- ¿Qué lo lleva a trabajar en un libro de estas características?

“Fue un encargo de Caja Negra, una editorial joven que me propuso que hiciese una antología de textos Fluxus lo que me tomó mi tiempo ya que deseaba estudiar con objetividad la posibilidad de armar un libro con estas características. Desde un principio, el reto me pareció atractivo pero me di cuenta a medida que iba adentrándome en él que tenía poco que aportar a la gran cantidad de libros y catálogos que existen sobre Fluxus hasta que, fruto de las investigaciones y tras encontrar material textual muy valioso y diverso, pensé que sí que había un camino que llevaba a la confección de un libro”.

- ¿Cuál fue ese camino?

“Como Fluxus unificaba tantas cosas distintas –disputa teórica y creación artística; poner en escena textos para generar partituras o piezas de danza e incluso inventar metodologías para generar otras maneras de trabajar con la realidad junto a una reflexión teórica del happening, el arte conceptual y cómo experimentar con ese tipo de ideas– ese material me pareció lo suficientemente atractivo para incluirlo en el libro”.

- ¿Qué lugar cree que ocupa Fluxus en la Historia del Arte?

“Pienso que un lugar interesante porque nace en un momento en el que los artistas demandan mitos, estamos a finales de los años 50, fin y comienzo de una década en el que se ubican estas prácticas que cuestionan qué ideas de las vanguardias se querían llevar adelante. Ellos apostaron –y con bastante claridad– por demoler el mito romántico de las vanguardias”.

- ¿Y cómo lo hacen?

“Lanzando un basta ya a la creatividad y al show por encima de la obra que fue tan determinante en los movimientos artísticos anteriores. Hay un inicio interesante a partir del letrismo y el situacionismo, allí se encuentra ese caldo de cultivo de pensar otros modos de relaciones. Es un momento de gran tensión porque hay gente que tiene ideas de constituir un grupo y por otro lado una cantidad enorme de integrantes que no tiene intención de constituirse en grupo sino de crear un tipo de obra y experimentar ciertas prácticas a solas o con otros que hace poner en marcha e ir hacia adelante al movimiento. También me parece ejemplar la noción del no listado, Fluxus nace sin nombre, se organiza sin tener una idea de nombre que los concentre y sin listado ni manifiesto”.

- Surge de manera espontánea.

“Surge de manera espontánea y sin intención de grupo ni de línea estética. Sus componentes participa de experiencias muy similares y elaboran trabajos de manera colectiva: músicos que empiezan a deconstruir la idea de la música. Artistas que vienen de las artes escénicas, de la danza, de la escultura, del cine, la pintura… Lo que ocurre es que estos elementos empiezan a intoxicarse y se ponen a hacer obras juntos en los talleres como el que tenía Yoko Ono en Nueva York”.

- Creo que la música fue muy importante para Fluxus.

“La música es muy importante pero sobre todo la idea de la nueva música y la organización de festivales en los que colaboran otros artistas. Todo fluye sin nombre hasta que en 1963 en un encuentro que se celebra en Alemania organizado por George Maciunas junto con otros artistas de música de acción, comienza a sonar Fluxus aunque el nombre ya estaba dando vueltas y se había pensado para los contextos mundiales donde iba a instalarse como Europa, Norteamérica y Asia que son los bloques más importantes en los que se produce lo que se entiende como Fluxus. Se desparrama también por otros sitios pero no con la misma intensidad que los continentes mencionados. La eclosión surge cuando en la primera revista importante del movimiento, que diseña Maciunas y en la que colaboran músicos y poetas, perciben que las piezas que contiene la publicación hay muchas partituras que se pueden interpretar”.

- Pero ¿cuál es el origen del nombre?, ¿por qué Fluxus?

“Existe mucha rumorología pero casi todos coinciden en que el nombre lo da Maciunas cuando abrió el diccionario y se encontró con esa palabra. Una palabra que iba muy bien con la idea de transformación, de recorrido. Maciunas fue una persona que no estaba bien de salud y mantuvo de alguna forma un vínculo con la enfermedad muy particular a lo largo de su vida. La mayoría coincide en darle la paternidad del nombre y no resulta difícil pensar que fue así ya que ninguno tuvo idea de grupo salvo Maciunas. Sin Maciunas no hubiera existido –como existió– la idea de Fluxus en cuanto a la representación de un modo de hacer las cosas que empieza y nunca termina si bien cuenta con unas características que implica una metodología que se puede reconocer gracias a la enorme labor de Maciunas”.

- ¿Qué tipo de textos escogió para el libro?

“Obras que mantuvieran un diálogo muy actual, que tuvieran algo que decir al arte actual y cuáles de sus artistas se caracterizan por su capacidad de continuar dialogando con el presente”.

- ¿Las vanguardias han muerto?

“Las vanguardias han muerto o felizmente ha muerto esa idea de vanguardia que se identifica con originalidad, espíritu creativo, un posicionamiento a un antes y un después. A la idea de demoler las ideas que se vinculan a otros periodos que estaban muy pegados a la modernidad. Se ha dejado de prestar atención a un arte que tuvo que ver con modos distintos, nuevos si se quiere. Me resulta interesante pensar que el arte no tiene que ver con lo nuevo porque hay otras disciplinas que se encargan de lo novedoso como la moda, por ejemplo. El arte no debe tener solo esas preocupaciones sino otras para enriquecer sus intereses”.

- ¿Qué queda de Fluxus?

“Pues los artistas vinculados al movimiento y que están vivos, Zag… Todos comparten prácticas y herencias e incluso siguen trabajando de la misma manera. Lo puedes observar en su vinculación con el arte correo, el arte postal y en el interés hacia el happening que hemos tenido en los últimos años y, cómo no, el arte de acción. Hay páginas activas donde permanentemente aparecen artistas que se vinculan a Fluxus y que organizan festivales y conciertos pero, personalmente, me interesa verlo más desde una perspectiva más próxima a la deconstrucción y no tanto como herencia”.

- Dos artistas que se sumaron al movimiento fueron Juan Hidalgo y Yoko Ono.

“Me interesa un primer momento de los dos ya que lo considero muy paralelo. Entiendo que han sido grandes escritores y que comparten la inquietud de cómo pasar a la escritura la libertad que han encontrado en el mundo del arte. Inventar formas con el uso escrito del lenguaje. Los dos son casos paradigmáticos y han influenciado muchísimo. Juan Hidalgo en el momento que publica el Juan Hidalgo de Juan Hidalgo (1961 y1991) ocupa un lugar que a mi me interesa por su valor. La otra cuestión es la inmediatez que caracteriza a estos dos artistas que parten de ideas muy sencillas que expresan con profundidad. Hay un equilibrio entre las formas de esa idea. De Yoko Ono me atrae sobre todo su libro Pomelo, una obra muy temprana y también su actividad como música que a mi me parece impresionante y que realizó antes de conocer a John Lennon y que continuó viviendo ya con él. Yoko Ono y Juan Hidalgo inician dinámicas que no vencen. En el caso de Yoko se cuenta con mucha obra donde elegir mientras que la de Juan Hidalgo resulta más compacta”.

- Usted es poeta y comisario. ¿Cuáles son exactamente las funciones de un comisario de arte?

“Del mismo modo que no hay modos de ser artista ni de producir artistas no hay un modo de hacer comisariado sino una idea de interlocutor y traductor que es muy importante. Es poder entrar en la obra del otro y comprenderla para lograr desde el diálogo una situación común. Esa sería la cuestión más epifánica del comisariado. Luego hay algo de apoyar la toma de decisiones del artista y, a partir de ahí, otras variables e intereses que son muy distintos y que van desde el comisario investigador al de tesis y aquel en el que la figura del comisario se desdobla con el fin de trabajar con otras formas de presión. Otro modo que reivindico mucho es acceder a las ideas o conocimientos del artista a posteriori” .

UN MOVIMIENTO

Mariano Mayer vino a las islas para impartir la conferencia Iconoclasia Fluxus, charla que formó parte del programa de actividades complementarias a la exposición Esther Ferrer que se exhibió a finales del año pasado en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) en la capital grancanaria. Impartió también la conferencia en Tenerife, invitado por el Ateneo de La Laguna.
En su exposición, Mayer resaltó la originalidad crítica de Fluxus, un movimiento artístico de las artes visuales, la música, la literatura y la danza que tuvo su momento más activo en los años sesenta y setenta. “Fluxus se declaró contra el objeto artístico tradicional como mercancía y se autoproclamó como un movimiento artístico sociológico”, señaló.

Saludos, tiempo de amar, tiempo de morir, desde este lado del ordenador

Calcetines revoltosos

Martes, Abril 7th, 2020

Algún día se tendrá que escribir la pequeña gran historia de la literatura infantil y juvenil que se escribe en Canarias. Son numerosos los autores de las islas que se han preocupado por contar historias a estos lectores y los resultados han sido notables. Notable porque se tratan de buenos libros y notable porque han sido leídos o devorados según los casos por los lectores a los que iba dirigido.

Entre la reciente hornada de escritores que simultanea una obra adulta con otra que se escora a la infantil y juvenil se encuentra Elizabeth López Caballero, escritora que se mueve muy bien en este territorio en el que ya cuenta con varios textos. Entre otros, La niña de la luna y ahora La lección del señor Ponozky (Mercurio Editorial, 2019), libro en formato apaisado que cuenta con ilustraciones de Ian Santana y Silvia Saavedra. El libro está prologado por el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales Méndez, y es de esas obras que nacieron para ser leídas en voz alta en momentos tan extraños como los que vivimos, de confinamiento voluntario en nuestras casas y de calles, avenidas y plazas vacías, sin transeúntes.

La lección del señor Ponozky se plantea preguntas cómo ¿dónde se esconden los calcetines cuando uno de ellos no regresa de la lavadora? y ¿a qué país viajan? y está protagonizado por dos hermanos, Lucas y Teo, que están resueltos a responder a estas cuestiones. Durante su aventura irán resolviendo misterios hasta conocer a un tipo peculiar, el señor Ponozky del título.
El cuento, porque se trata de un cuento para niños de todas las edades, no dejará indiferente a nadie. Solo basta con abrir el libro y dejarse transportar a un mundo en el que prima la fantasía.

El volumen incluye además una yincana literaria, juegos relacionados con las asignaturas de Lengua y Literatura. Se propone además un simpático reto, participar en un concurso para descubrir una palabra mágica en el que si se acierta, el lector recibirá un regalo en su casa. Para participar basta con escanear un código QR que viene incluido en el libro.

Saludos, pasan los días y crece la inquietud, desde este lado del ordenador

La Academia Canaria de la Lengua se divierte con las ‘Palabras nuestras’

Lunes, Abril 6th, 2020

El año pasado y con motivo de la celebración del XX Aniversario de la Academia Canaria de la Lengua (ACL) se publicó un libro, Palabras nuestras, en el que un total de 29 escritores y profesores reflexionaban sobre una palabra en particular del amplio y rico acervo de voces canarias. A estas voces se intentaba rendir homenaje con esta publicación que, mucho me temo, pasó igual de desapercibida que otros actos de la ACL, cuestión que la institución debería de analizar si quiere formar parte de la sociedad en la que vive.

De los 29 escritores que participaron en esta feliz iniciativa ya no está con nosotros José Carlos Cataño aunque sí que continúan en activo el resto de las 28 firmas que recoge un volumen que cuenta con ilustraciones de Patricia Delgado de la Rosa.

El libro se abre con unas palabras preliminares del actual presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, quien apunta que “el habla de los habitantes de las Islas, nuestra forma de comunicarnos, está más cerca del español de América que de cualquier otra modalidad lingüística peninsular”. Sea verdad o no, y reclamando otras maneras de mirar a la ACL, es urgente que tras estos días de confinamiento la institución se plantee nuevas fórmulas para llegar a una sociedad que prácticamente no sabe de su existencia y animarla a que sea éste y no otro su plan de objetivos prioritarios en el momento que hablar del Covid-19 sea cosa de un lejano y molesto pasado.

El presidente de la Academia Canaria de la Lengua, Humberto Hernández escribe en el prólogo que una de las razones que motivaron su publicación se debió a que por una vez se permitieron “la licencia de expresar lo que nuestras palabras nos sugieren”. Y así hicieron los profesores y escritores que recogieron el guante y que participaron con sus textos y sus palabras canarias en un volumen que resulta simpático, entrañable en muchas ocasiones y que sin caer demasiado en el sentimentalismo descubre y en otros casos redescubre términos que están desapareciendo en el archipiélago.

Si hay algo que hecho en falta de este trabajo es más sentido del humor en los artículos aunque se agradece en otros el carácter nostálgico que empapa a estos textos.

A continuación se mencionan las palabras y los autores que escribieron sobre cada una de ellas en un volumen que estaba llamado a tener mayor recorrido que el que obtuvo a finales del año pasado e inicios del que llevamos en curso. Ojalá que estas líneas sirvan para que en lo queda de 2020 y tras el angustioso paréntesis que ha supuesto la expansión del coronavirus llegue a más lectores y los ejemplares no se queden olvidados en cajas de cartón.

Abobancado (Ángel Sánchez); Alongarse (José Carlos Cataño); Aquellar (Antonio González Viétez); Arretranco (Víctor Ramírez); Beletén (Manuel Lobo Cabrera); Bichorno (Juan Cruz Ruiz); Chilín (Juan José Bacallado Aránega); Chirrimil (Marcial Morera); Coñobobo (Carmen Díaz Alayón); Empalambrarse (Gonzalo Ortega Ojeda); Faicán (Manuel de Paz); Fleje (Juan Manuel Pérez Vigaray); Folelé (Humberto Hernández); Gofio (Oswaldo Guerra Sánchez); Goro (Antonio Machado), Higo pico (Antonio Lorenzo); Jacío (Yolanda Arencibia); Jeito (Eugenio Padorno); Lajial (Sabas Martín); Machango (Nilo Palenzuela); Magua (Yeray Rodríguez Quintana); Maleta (José Antonio Sámper Padilla); Maresía (Manuel Torres Stinga); Moledo (José Antonio Martín Corujo); Nailas (Alicia Llarena); Orijama, orejama (Wolfredo Wildpret de la Torre); Perenquén (Cecilia Domínguez Luis); Tonga (Francisco Mayor Suárez) y Vidriago (Juan Manuel García Ramos).

Como sucede en textos colectivos como el presente, hay voces que están mejor que otras y ante la abrumadora presencia de profesores, cabe destacar que varios de los textos se decantan en el estudio de la palabra, algunos realmente interesantes.
Los escritores que colaboran en Palabras nuestras aportan por otro lado imaginación y algo de frescura al conjunto general. Escribieron sobre las voces que, libremente, escogieron lo que resta de seriedad y lustre académico a lo que nació, como asegura Humberto Hernández en el prólogo del libro, una licencia de la ACL. Una forma de soltarse la melena y llegar –la ocasión lo requería, el XX Aniversario– a más público del que suele llegar.

El volumen contó con una subvención del Gobierno de Canarias y es una lástima, se insiste, que pasara tan desapercibido porque aporta una perspectiva novedosa con la que observar unas palabras que organismos como la ACL intentan que no desaparezcan del vocabulario de los canarios. Por ello y pese a que la tónica general no resulte demasiado regular, Palabras nuestras merece más reconocimiento del que tuvo en su momento y un mayor alcance entre sus lectores potenciales.

Divertimentos así son los que aproximan y no alejan una institución que, como la Academia Canaria de la Lengua, nació para promover y aproximar “el estudio y la descripción de nuestra modalidad lingüística”.

Saludos, a la espera de que repitan iniciativa con más gracia, desde este lado del ordenador

“Todo lo abarca y con furor lo aterra”. Literatura sobre las epidemias en Canarias

Martes, Marzo 31st, 2020

“En esta infausta isla del Atlante,
Si desde el mar á la enriscada sierra
Tiende su brazo el cólera gigante,
Y sin dar tregua á su execrable
Todo lo abarca y con furor lo aterra
”.

No se trata de una estrofa para recordar pero sí que es, hasta donde hemos podido indagar en estos tiempos confusos, uno de los primeros testimonios literarios que intenta reflejar los efectos devastadores de una epidemia en las islas. En este caso, la del cólera en la isla de Gran Canaria en 1851 que diezmó al 10 por ciento de la población, censada entonces en 58.943 personas de las que 5.593 fallecieron por el brote de cólera.

El poema lleva el título de El cólera-morbo y fue escrito ese mismo año por Ventura Aguilar, poeta romántico que dedica esta obra a la memoria de su sobrino “y caro amigo el licenciado d. Esteban Cambreleng” y que puede consultarse en la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, que reproduce en pdf la versión impresa en la imprenta de M. Collina. Esta misma imprenta publicó “el que puede ser el primer relato de los acontecimientos, firmado por el jurista Antonio López Botas en la temprana fecha del 15 de agosto]. El folleto de 12 páginas no lleva título, y muestra en primer lugar el terror incomparable que sintieron la noche del 5 de junio los facultativos que identificaron la epidemia y comunicaron a la Junta de Sanidad que se trataba del cólera morbo”, explica el artículo Memorias del cólera. Plegaria de Juan M. Doreste publicado en la revista digital 7iM.

No existe, sin embargo, una bibliografía extensa y con carácter de ficción que trate las distintas epidemias que a lo largo de los siglos sacudieron al archipiélago canario, aunque rastreando hemos podido encontrar algunos títulos que quizá sirvan a los preocupados en estos asuntos para conocer con mayor amplitud cómo se enfrentó la ciudadanía a estos ataques invisibles que solían propagarse como la pólvora por toda las islas.

Ambientada el mismo año que el poema de Ventura Aguilar, 1851, Verano de Juan El Chino, de Claudio de la Torre fue escrita en 1971 y aprovecha la epidemia de cólera morbo que asoló la isla de Gran Canaria para narrar a través de su personaje, “sano” en toda esta debacle, las miserias y grandezas del ser humano. Más que la enfermedad, a Claudio de la Torre lo que le interesa destacar en la novela es cómo el mal afecta al carácter de sus semejantes, ya que la mayoría aprovecha la situación para sacar lo peor de sí mismos aprovechándose del vacío de poder.

En este mismo marco histórico localiza José Miguel Alzola algunos momentos de su Don Chano Corvo Crónica de un jardinero y su jardín (1973) mientras la fiebre amarilla es la protagonista de la novela Días de paso, de Javier Estévez, relato en el que describe cómo su protagonista recala en la isla de Gran Canaria para refugiarse en el interior, en un pueblo de nombre Lucena. Escrita en forma de diario, el libro se desarrolla entre 1811 y 1812, Días de paso es en palabras de su autor: “un hermoso viaje vital por la geografía inesperada del destino”.

Ambientada en Tenerife la segunda década del siglo XX, El sepulcro vacío (2015) de Cecilia Domínguez Luis se hace eco de la gripe española que segó la vida de Diego Ponte del Castillo, marqués de la Quinta Roja, y la construcción del mausoleo con claves masónicas que su madre ordenó erigir en su honor en La Orotava.

Inspirado en hechos reales aunque adaptados a su universo literario, Sabas Martín probó también el aliento de la epidemia en Nacaria, inspirándose en hechos reales que se desarrollaron en la isla de Tenerife cuando se propagó la peste negra. La enfermedad, que se cebó con los más débiles como con los más fuertes, se unió a la crisis de la cochinilla lo que resultó dramático no solo para las familias de la isla sino también para su economía.

Ángel Sánchez trata el asunto de manera episódica en sus Crónicas de Artemi, volumen cuya nueva edición a cargo del Gobierno de Canarias se presentó el año pasado. Lástima que, como otros libros que auspicia la Viceconsejería de Cultura apenas haya tenido recorrido.

Los leprosos son los protagonistas de La cueva de los leprosos, de Víctor Álamo de la Rosa, historia que se desarrolla en Isla Menor, territorio mítico en el que se ambientan muchas de las novelas de este escritor y que no es sino un trasunto literario de la isla de El Hierro. En esta obra el escritor explota una vez más su vena romántica y si bien no se trata la enfermedad como epidemia, sí que subraya la diferencia que existen entre los que están aquejados de ese mal y viven recluidos en un lugar apartado de la isla. Álamo de la Rosa insistiría ahora sí con una pandemia, aunque una pandemia imaginaria que provoca suicidios masivos, en su más reciente novela, El pacto de las viudas.

Personajes aislados por la enfermedad son los protagonistas de La umbría, de Alonso Quesada, obra que cuenta con una interesante adaptación cinematográfica dirigida por Pepe Dámaso y El silencio de Los Abades, de Juan Alberto Reyes Cornejo. En ambos casos, sus protagonistas sufren aislamiento por tubercolosis.

En el terreno de la anticipación y el fantástico, varios autores han escogido las islas como escenario para sus propuestas literarias. Los muertos vivientes, que como un virus se extienden entre los vivos que le sirven de alimento, son los protagonistas de Caminarán sobre la tierra, de Miguel Aguerralde, novela que transcurre en una isla de Gran Canaria igual de distópica que la pesimista y futurista Pasa la tormenta y Anturios en el salón, de Tomás Felipe y Juan Ramón Tramunt, respectivamente, aunque ni el primero ni el segundo justifican sus propuestas por causa de una pandemia sino por catástrofes que para nada resultan naturales.

Otras novelas fantásticas serían Evanescencia (2017), de Manuel Almeida, El despertar (2012) de Elio Quiroga y Los espectros de Nuevo Ámsterdam (2019), también de Aguerralde aunque salvo la primera no se desarrollan en las islas como tampoco recurre a Canarias como escenario Víctor Conde en su Naturaleza muerta.

Sí que se cuenta en la isla con una nutrida y sólida producción historiográfica sobre las diferentes epidemias que han asolado el archipiélago a lo largo de la historia y todo hace asegurar que tras la pandemia del Coronavirus se publicarán trabajos en el que se analizarán su impacto en Canarias. A la espera de que esta pesadilla acabe, de que las cosas vuelvan a la normalidad, los interesados pueden consultar obras tan interesantes como las epidemias del cólera del siglo XIX vistas por Benito Pérez Galdós, a quien por cierto el coronavirus ha deslucido los fastos organizados para celebrar el centenario de su fallecimiento.

En este apartado destacaría El barco de la viruela. La escala de Balmis en Tenerife, de Víctor García Nieto y escogiendo entre otros títulos que no deslucen interés, Del Río de La Plata a Tenerife de Paolo Mantegazza, quien tuvo que ser internado al llegar a la isla en el Lazareto de Santa Cruz de Tenerife.

Antropólogo darwinista –mantuvo correspondencia con el autor de La teoría de la evolución de las especies– desembarcó en Tenerife en 1858 y cuestiona en la obra las leyes de cuarentena de la época impuesta ante los riesgos de epidemia así como los lazaretos, centro en los que se concentraba a los contagiados.

Las epidemias en Canarias dieron origen además a dos novelas muy diferenciadas. La primera es Los argonautas, de Vicente Blasco Ibáñez, que narra la escala de un trasatlántico en el puerto de la capital tinerfeña. Escrita en 1914, su lectura puede evocar a la novela Los premios de Julio Cortázar ya que sus protagonistas –en el caso de la novela de Blasco Ibáñez emigrantes– tienen prohibido bajar a tierra.

En su libro Entrada y salida de viajeros, el crítico tinerfeño Domingo Pérez Mink afirma que Santa Cruz de Tenerife siempre estará en deuda con el escritor valenciano ya que escribió una de las páginas más hermosas dedicadas a la capital tinerfeña.

La segunda novela está cuenta con una interesante adaptación cinematográficas de la que damos amplia información en otro artículo.

Finalizamos este recorrido por novelas que nos recuerdan la vulnerabilidad de Canarias ante estos casos el anuncio hace unas semanas y en este mismo periódico de un nuevo libro en el que está trabajando en la actualidad el escritor tinerfeño Alberto Vázquez Figueroa quien no revela su título pero sí el subtítulo que con toda probabilidad llevará: Cien años después y en la que el coronavirus es uno de sus más señalados protagonistas.

Si omitimos Gran Canaria, el filme que Irving Cummings dirigió en los años treinta y que adapta la novela de A.J. Cronin, Canarias ha servido de plató de varias películas que tratan los efectos devastadores en la sociedad ante una pandemia tan feroz pero afortunadamente ficticia como es la de los zombies.

Y en el cine

Aunque no se desarrolla en las islas destacamos 28 semanas después (2007), ya que está dirigida por el tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo y Generación Z (Steve Barker, 2015) porque pese a que a no está rodado en las islas sino en Mallorca, transcurre en un resort que se ubica en Canaria (¡!).

REC 4: Apocalipsis
(Jaume Balagueró, 2014) se rodó entre Gran Canaria y Barcelona mientras que La mansión de los muertos vivientes (1985) cuenta con varias escenas filmadas en las islas. La película está dirigida por un cineasta todoterreno en el cine español, Jesús Franco, pero no se trata de uno de sus más inspirados trabajos. Como en otras de sus películas, la actriz protagonista es Lina Romay, compañera sentimental de este hombre que era capaz de rodar cualquier historia por mínima que fuera con dos centavos.

Rodada en paisajes naturales de las islas es también No crezcas o morirás (Thierry Poiraud, 2015), una cinta que propone una interesante vuelta de tuerca al género de los muertos vivientes en el cine ya que no se trata de que los muertos se levanten de sus tumbas para acabar con sus semejantes, los vivos, sino de no crecer ya que cuando se cumple la mayoría de edad y sin que se explique en ningún momento en la película, los adultos enloquecen y solo desean matan a los más jóvenes.

El filme da bastante importancia al paisaje, ya que prácticamente transcurre en exteriores, pero su función es la de servir solo de marco estético. La idea, por otra parte, revisa con nota la propuesta que ya en los setenta había anotado Narciso Ibáñez Serrador con ¿Quién puede matar a un niño?

Por último y en el terreno del cortometraje, una curiosidad, 21-Z, el primer corto canario zombi de la historia del corto canario y que fue rodado íntegramente con un teléfono móvil. Dirigen: Aitor Padilla y Eduardo Gorostiza.

Saludos, cuídense, háganme el favor, desde este lado del ordenador

La paciencia del peregrino, una novela de Daniel Pérez Estévez

Lunes, Marzo 30th, 2020

Antes de que estallara con toda su virulencia el Covid-19 se publicó en las islas y en la misma editorial (Ediciones Idea) dos novelas de temática parecida: El águila de San Juan y La paciencia del peregrino, de Francisco Estupiñán y Daniel Pérez Estévez, respectivamente. No sé sabe muy bien, pero probablemente por despiste del sello editor la portada de ambos volúmenes reproduce la misma imagen: la de unos pilotos de la Royal Air Force (RAF) estudiando un mapa de la isla de Gran Canaria. Se trata de una fotografía escasamente conocida de la II Guerra Mundial, y llama poderosamente la atención porque en ella se ilustran posibles ataques aéreos de la aviación británica que servirían de anticipo a un desembarco que, finalmente no se realizó.

La novela de Francisco Estupiñán, que ya comentamos en estas mismas páginas, ampliaba su radio de acción no solo a la presencia de las islas en aquel conflicto bélico sino también a los primeros días de la Guerra Civil en Canarias, capítulo en el que ofrecía una buena descripción de la marcha de Carmen Polo de Franco de Gran Canaria; de la Guerra Civil en territorio peninsular, donde el protagonista, marino mercante profesional, pasaba a formar parte del aparato de propaganda nacional y durante la II Guerra Mundial, en la que juega un importante papel en la no intervención de España en el conflicto gracias a su anglofilia y a su pasado (ahora celosamente oculto) de masón.

El libro de Daniel Pérez Estévez se ocupa también de Canarias pero durante los años 1940 y 1941, salvo un breve paréntesis al comienzo y al final del libro que el autor data en 1959. Con estos elemento, se estructura una novela de espionaje que tiene como escenario los paisajes de la isla de Gran Canaria, espacio en el que su protagonista, Miguel Miranda, actúa de agente secreto para la Gran Bretaña.

En la novela se explica la importancia que tuvo el archipiélago en aquellos años de sangre, sudor y lágrimas y se describe los preparativos de invasión que tanto británicos como alemanes estudiaron para tomar unas islas que, estratégicamente, podían haber tenido una gran importancia en el teatro de operaciones de ambas potencias.

Los británicos diseñaron para ello diferentes planes, el más conocido de ellos bajo el nombre de Operación Pilgrim, Peregrino. La Alemania nazi contó también con un plan de respuesta que, con la denominación de Félix, intentó adueñarse de Canarias con el visto bueno franquista. Visto bueno que nunca llegó a confirmarse sobre todo tras la reunión que el dictador nazi mantuvo con el dictador español en Hendaya.

La paciencia del peregrino está escrita más como novela de aventuras que como novela de espías de todas formas. No se preocupa, como sí se preocupó El águila de San Juan, en el juego político que se libró en Canarias aquellos años pero se deja leer no solo por la información que el escritor facilita al lector sino porque lo que tiene que contar se cuenta en sus más que apretadas doscientas y pico páginas. Páginas en las que personajes reales se mezclan con ficticios, resultado de la imaginación de Pérez Estévez, quien es doctor en Economía y director de la Sociedad Científica El Museo Canario.

La paciencia del peregrino comienza a finales de los años cincuenta con el arribo a Gran Canaria del yate de Aristóteles S. Onassis en el que viaja como invitado de honor sir Winston Churchill, quien fuera el premier británico durante la II Guerra Mundial y el hombre que fue capaz de unir a toda una nación para detener el avance nazi, avance que los primeros años de la guerra parecía imparable hasta la derrota del invencible ejército alemán en el frente ruso.

La novela, que pronto adquiere un tono más próximo al de los relatos de Falcó, de Arturo Pérez Reverte que a las novelas de espías de Eric Ambler, el maestro indiscutible del género de la sospecha y la traición, incluye los ingredientes necesarios para disfrute de cualquier seguidor de historias basadas en hechos reales aunque como se dijo, a Daniel Pérez Estévez le interesa más la aventura y el romance que distingue este tipo de literatura que el propio trabajo de espionaje, que lo hay y mucho. Prevalece, de todas maneras, el sentido de la aventura, una aventura que se desarrolla en escenarios que serán reconocibles para los que conozcan la isla de Gran Canarias ya que una de las misiones que debe realizar su protagonista es la de desarticular la red de abastecimiento de la flota alemana en el Puerto de la Luz.

Paralelamente, la novela cuenta la historia de amor que nace entre Miguel Miranda con una mujer que puede desbaratar la misión que se le ha asignado, aunque cuenta con el apoyo de su jefe de operaciones, un escocés de nombre Gabriel North, que hará todo lo posible para que su pupilo no cometa los mismos errores que él cometió en el pasado.

La paciencia del peregrino es una novela de fácil lectura que se desarrolla en distintos espacios geográficos (la capital grancanaria, Londres, Berlín, Madrid…) y no ahorra en acciones, lo que da mucha agilidad a su lectura. No se distingue, sin embargo, por un consistente perfil psicológico de personajes ya que apuesta más por los estereotipos, sobre todo los inspirados por Ian Fleming en su serie de novelas de James Bond, pero como producto ligero es muy recomendable para pasar el rato estos días de amenaza invisible, de confinamiento en el hogar, de guerra global a un virus que no tiene, mucho me temo, la paciencia del peregrino.

Saludos, gracias por estar al otro lado, desde este lado del ordenador

Bernd Brunner: “No formo parte de los fatalistas que lo dan todo por perdido”

Jueves, Marzo 26th, 2020

Si tuviera que recomendar un libro para aguantar estos días de cuarentena recomendaría sin dudarlo Cuando los invierno eran inviernos. Historia de una estación (Acantilado, 2020), una colección de ensayos que firma el escritor Bernd Brunner (Berlín, 1964) y en el que cuenta cómo algunas culturas han prosperado pese a las bajas temperaturas.

Bernd Brunner estudia el invierno desde múltiples perspectivas (histórica, biológica, antropológica) y se pregunta qué está pasando con una estación que, como avisa en el título, “ya no es como era”.

- ¿Cómo y por qué se plantea escribir este libro?

“Hace un par de años, cuando empecé a investigar para el libro, tenía ya la sensación de que los inviernos eran menos fríos y las diferencias entre las estaciones se igualaban. Aparte de que la primavera, por ejemplo, hacía más temprano su entrada en escena. Tengo un interés crónico por la historia, de modo que me propuse averiguar qué papel había desempeñado antes el invierno en la vida de la gente, a qué logros civilizatorios había dado lugar esa estación del año en la búsqueda del hombre por adaptarse a una vida en medio del frío. Fue así como surgió este libro”.

- ¿Tiene color el invierno?

Y si es así, que otros colores creen que representan a las otras tres estaciones del año, otoño, primavera y verano.
“Azul, blanco; también gris. La primavera es verde; un rojo intenso, radiante, es el color del verano; y un rojo más cálido y pálido, así como el gris, representarían el otoño”.

- ¿Recuerda cómo fue su primer invierno?

“No puedo recordar mi primer invierno de 1965. Pero en 1969 estuve con mis padres en la Alta Baviera, donde hice mis pinitos esquiando. Y sí que recuerdo entonces el frío cortante que sentí, o el centelleo de la nieve bajo el sol”.

- ¿Cree que afecta a los habitantes de un país el rigor del clima, que modifica el carácter de sus pobladores? ¿Que el tiempo explica que se sea de una manera en el sur y de otra en el norte?

“Un papel muy importante lo tiene tal vez el hecho de que, en el sur, la gente pasa más tiempo fuera y se reúne con otra gente. El clima más frío del norte hace que las personas se recojan en sus casas y tengan quizá más tiempo para cavilar y escribir. Basta pensar en la gran cantidad de escritores que hay en la península escandinava o en Islandia, a pesar de que allí la densidad de población no es tan elevada”.

- Alguien dijo una vez que los vientos del cambio siempre soplan del sur.

“Una idea realmente hermosa, y es probable que tenga su núcleo de verdad. El norte ha sido un sitio de acumulación del capital, pero el arte y la filosofía llegaron tradicionalmente del este y del sur. Hoy en día, muchas personas sumidas en la pobreza desean trasladarse del sur al norte. El tema, como bien sabe, tiene candente actualidad”.

- Aquí en el sur tenemos la idea de que los que son del norte son más reflexivos, también más serios. ¿Cuestión del clima? ¿Puede el clima explicar que en el norte de Europa prendiese la religión luterana en detrimento de la católica?

“Muchos estudiosos se han ocupado de las diferencias de mentalidad, y yo también creo que hay cierta tendencia a darlo por cierto. Sin embargo, soy alérgico a los clichés que van de la mano con tales ideas. Tanto en el sur como en el norte hay personas que ponen patas arriba esa presunta lógica. Francia constituye un caso muy interesante: es un país mayoritariamente católico, pero más de la mitad de su territorio, desde el punto de vista climático, tiene poco de mediterráneo”.

- ¿Es más próxima la religión protestante al frío que la católica?

“Tal vez no sea casual que el protestantismo pudiera arraigar con tanta fuerza en regiones más frías, mientras que el Papa tiene su morada en la península itálica. Pero aparte de las diferencias en relación con las doctrinas y sus interpretaciones, yo, que vengo de un entorno protestante, siempre he experimentado las misas católicas y sus celebraciones —basta pensar en las procesiones— como eventos más dramáticos y teatrales y, por lo tanto, más afines a ese temperamento meridional más abierto en el aspecto emocional. Y para que no haya malentendidos: ¡no lo digo en absoluto en sentido peyorativo! Lo que he observado en sitios de peregrinación como Lourdes o Fátima me parece inconcebible en el llamado «Norte». (También me fascina, por cierto, un lugar como Assisi, donde vivió San Francisco. Es un lugar que me atrae por su magia).”

- La nieve ocupa un papel importante en el libro.

“La nieve sigue siendo el rasgo distintivo más importante del invierno en el centro y el norte de Europa, a pesar de que cada vez la encontremos menos. Pero, claro, no podía dejar de considerarla en mi ensayo. Sin embargo, es probable que debamos aprender a concebir el invierno de otro modo y desarrollar un sentido más sofisticado para los cambios que acompañan a las estaciones. Por ejemplo, en relación con la vegetación, o con el modo en que inciden en nuestro estado de ánimo”.

- Y el invierno en el mar. ¿Cómo es un invierno en el mar?

“El oleaje es más intenso. Los peces, cuando las temperaturas son más bajas, tienden a refugiarse en las profundidades. Los mariscos, los caracoles o las ostras se ocultan en el lodo, su metabolismo disminuye, se hace más lento y, por ende, comen sólo muy poco”.

- ¿Cómo cree que está afectando el cambio climático a nuestra percepción del invierno?

“En un principio, empezamos a reflexionar cada vez más sobre lo que significa realmente el invierno, sobre lo que lo convierte en una estación del año tan especial. Ya no lo tomamos como algo dado ni obvio. Ese es, digamos, el lado positivo. Pero es inevitable que reflexionemos también acerca de los vínculos entre el cambio climático –si bien yo prefiero hablar de crisis climática—, el estado del tiempo y las estaciones”.

- ¿Cómo definiría el invierno en el trópico? Aquí donde vivo apenas conocemos qué significa esa estación. ¿Qué nos estamos perdiendo?

“En los trópicos, el invierno existe únicamente como un hecho fijado en el calendario, aparte de los monzones secos como los que se se presentan en el sur de Asia. Me parece que en vuestro caso la estación puede determinarse por la época de cosecha de los frutos, ¿no? Pero en realidad no creo que os estéis «perdiendo» nada; además, siempre podéis viajar a aquellos sitios donde hay «auténticos» inviernos. Podéis daros por afortunados de vivir en esas zonas del planeta. (En un par de ocasiones me refugié en Tenerife, Fuerteventura y Gran Canaria para abreviar el periodo de humedad del invierno alemán).”

- ¿Cómo cree que será el invierno del futuro?

“No soy profeta, pero todo indica que los inviernos serán más cortos y que las primaveras harán su aparición antes. Ello genera caos en el hábitat de animales y plantas, lo cual es muy negativo. Confío, por supuesto —como en el caso de esta crisis climática— que sepamos controlar a tiempo sus efectos. Lo he dicho antes: no integro el grupo de los fatalistas que lo dan ya todo por perdido. Al menos todavía no”.

- Por último, ¿cómo fue el trabajo con el traductor José Aníbal Campos?

“La colaboración con José Aníbal Campos fue excelente y muy intensa desde el principio. De inmediato se hizo palpable su compromiso absoluto con el libro. Es lo mejor que podría desear un autor. Otorgo un gran valor al hecho de calificar este ensayo como «nuestro» libro. ¡Más que justo que lo mencionen en portada!”

Saludos, cuídense todos, desde este lado del ordenador