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Mitos Atlánticos, un libro de Ulises Martín

Martes, Septiembre 27th, 2022

“A riesgo de trabucar en aquel surgidero revuelto, Tavira decide tomar tierra para apurar la sorpresa. Abriéndose paso entre la maleza, los gomeros por delante, avanzaron barranco arriba sin saber exactamente a dónde, guiándose por su intuición de cazadores expertos”.

(Piratas y poetas, relato incluido en Mitos Atlánticos, Ulises Martín Hernández. Colección Sitio de Fuego, Baile del sol, 2022)

Tras la aparición del libro Ritos y leyendas guanches (Miraguano Ediciones, 1985), del escritor y poeta Sabas Martín, se desató una moda, vamos a llamarlo así, por escribir y ocasionalmente fabular sobre el aún desconocido mundo de los aborígenes canarios. La moda, como todas las modas, tuvo su momento aunque rápidamente quedó sepultada por otras tendencias que desviaron la atención del público hacia otros asuntos no sé si con mayor interés, pero sí que atractivos para lectores tanto de nuevo como viejo cuño.

Desde la publicación de aquel volumen inicial, de aquel libro para aprendices sobre los secretos no revelados de los antiguos canarios, aparecen ahora con carácter eporádico libros que con el mismo espíritu que el de Sabas Martín nos cuentan a trozos aspectos significativos de la Historia de Canarias. Se tratan de textos que en su mayoría no terminan por encontrar un nexo entre lo estrictamente real con lo imaginario. Entre lo que entendemos según la fuente que pudo y lo que sabemos a ciencia (in)cierta que no fue. En esta nube densa de contradicciones, han aparecido otros materiales literarios que han continuado explotando el filón que en su día dejó abierto Sabas Martín con resultados nada notables en mucho de los casos aunque sí que se detecta en otros voluntad por ser rigurosos, lo que destruye su capacidad como artefactos literarios, esos en los que la verdad y la ficción se mezclan sin estridencia, fusionando ambos territorios como si fuera uno solo.

Descubrí la facultad para viajar al pasado de Ulises Martín Hernández a través de la novela Atis Tirma, publicada en la editorial tinerfeña Baile del Sol, y confieso, ya dejé constancia escrita de ello, que aquel libro me entusiasmo por varios motivos. El primero de ellos el estilo, destacable sobre todo por su exquisito gusto literario. El segundo, la capacidad de su autor para recrear sin caer demasiado en dobleces indigenistas, una batalla que resultó tan importante en la conquista de Gran Canaria.

Otro valor añadido de esta novela es que para contar este relato, un relato que conoce la mayoría que sabe aunque sea por encima cómo fue la conquista de este archipiélago, no necesitó de demasiadas páginas como sí que parece que necesita (es un decir) el género de la novela histórica para contar sus historias. Si se conoce las claves de este tipo de literaturas cuyos orígenes se remontan a los inicios de la literatura, el género parece que necesita de páginas y más páginas para contarnos un relato que debe, en todo momento, estar muy bien arropado y ceñido rigurosamente a la documentación histórica que se tiene sobre el periodo en el que se desarrolla la historia.

Ulises Martín Hernández regresa a esta literatura con Mitos Atlánticos (Baile del Sol, 2022), un libro que apenas araña las cien páginas y que se lee, como su Atis Tirma, con entusiasmada devoción aunque en ocasiones el entretenimiento se despiste por causas externas lo que no es obstáculo para que el lector continúe disfrutando con la imaginación que desbordan estos relatos, muchos de los cuales son retratos que ha dejado la leyenda sobre Canarias.

Mitos Atlánticos es una recopilación de momentos singulares que nos sitúa desde la misteriosa Atlántida a llevarnos de la mano, siempre de la mano, a geografías de una Canarias primigenia, aquella en la que aún late un corazón ancestral que le sirve al escritor para fabular unas historias que si bien están basadas en los mitos que han contribuido a forjar las islas, manipula con elasticidad con el fin de hacer literatura con todos ellos.

En Mitos atlánticos se reúnen once historias sobre leyendas y mitos del archipiélago y debe de leerse como lo que es, un libro de cuentos en los que se mezcla con habilidad realidad y fantasía. Estos Mitos le permiten además recrear paisajes humanos en escenarios que forman parte de un pasado que todavía sigue habitando el territorio de las brumas.

Si en conjunto me han gustado todos los cuentos por igual sí que destacaría entre otros Príncipe de la fortuna, ya que plantea un problema que sabe resolver en el menos canarios de los relatos y San Diego de Betancuria que me reafirma en algo que ya había descubierto con la novela Atis Tirma, que Ulises Martín Hernández en un sólido escritor de historias basadas en la Historia. Aunque la Historia en sus manos es arcilla con la que dar contenido a su historia.

En busca del oxicalco, Canaria. La crónica del destierro, Lancelot Maloisel, Príncipe de la fortuna, Iko, San Diego de Betancuria, Piratas y poetas, Los guanches de La Madera, Ana Sánchez, Fábula del ingenuo Jacomar y La isla de San Blandán son los títulos de las once piezas que constituyen estos Mitos Atlánticos que ha encontrado en Ulises Martín a uno de sus más significativos pregoneros. Una voz que hace soñar con un mundo que si existe, es solo en nuestra imaginación.

Saludos, a leer, que son dos días, desde este lado del ordenador

Fernando Delgado: “Vivimos en unos tiempos trastornadillos”

Lunes, Septiembre 26th, 2022

Autor de una de las mejores novelas escritas sobre Santa Cruz de Tenerife, Ciertas personas, junto a La ciudad tiene otra cara, de Luis Gálvez Monreal, Guad, de Alfonso García-Ramos y Los puercos de Circe, de Luis Alemany, Fernando Delgado (Santa Cruz de Tenerife, 1947) publica la primera entrega de sus memorias de infancia y juventud con el título de De la radio a las letras (Nectarina, 2022), un libro en el que repasa un tiempo pasado teñido por la nostalgia.

Estos recuerdos, dispersos como son todos los recuerdos que recuperamos, toman el pulso a una ciudad a través de una serie de personas que contribuyeron a cimentar en su momento lo que se conoce como esplendor intelectual chicharrero. Un esplendor que tuvo pero no retuvo la capital tinerfeña.

El escritor y periodista tenía previsto presentar este libro hoy, lunes, 26 de septiembre, en el Círculo de la Amistad XII de enero, en Santa Cruz de Tenerife, pero las condiciones climatológicas han obligado a aplazar un acto en el que también estarían Alberto Omar, el periodista y escritor Juan Cruz y el portavoz y consejero de Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad del Gobierno de Canarias, Julio Pérez.

Fernando Delgado es autor de una importante producción literaria en la que se encuentran título como Tachero y Exterminio en Lastenia a novelas que lo han consolidado como escritor y entre las que se encuentran La mirada del otro, por la que recibió el premio Planeta 1995; Sus ojos en mí, que obtuvo el premio Azorín en 2015 y ahora Todos muertos, una sátira demoledora contra el mundo que vivimos. Ese mundo que para el escritor y periodista anda ahora mismo “trastornadillo”.

- Escribe De la radio a las letras…

“En realidad se trata de un ejercicio de memoria que surgió cuando me encontraba en una clínica. Me ha gustado mucho este ejercicio de la memoria porque lo fue también de la lectura y de no quedarme solo en la descripción de hechos ni de la sospecha, esa misma sospecha que solo contribuye al ruido mediático que nos impide pensar. Por ejemplo, recuerdo ahora cómo Juan Benet, que detestaba, despreciaba la obra de Benito Pérez Galdós, unos días en los que estábamos juntos paseando por las calles de Las Palmas de Gran Canaria, se detuvo, entró en una tienda de anticuarios y adquirió con remilgos una estatua del escritor que prometió regalarme pero murió y no sé qué fue de la escultura”.

- ¿Y usted coincide con Juan Benet en su desprecio a la obra de Galdós?

“No, no… Galdós fue y sigue siendo un gran escritor al que hay que leer. Un maestro verdadero de nuestras islas y de nuestro país. Fue un personaje extraordinario”.

- Estas memorias que ahora publica son de infancia y juventud. ¿Las habrá de madurez?

“Por supuesto”.

- En estas memorias reivindica el patio, ese mismo patio que me hizo recordar la canción infantil.
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“Para los que son de mi quinta y que nacieron en Santa Cruz de Tenerife el patio fue siempre una posesión común, sobre todo para los que vivieron en casas terreras, como era la mía. También los portales de aquellas modestas arquitecturas que volví a reconocer, y me emocionaron grandemente, en algunas ciudades y pueblos de nuestra América”.

- ¿Y cuáles son sus primeros recuerdos?

“Entre mis primeros recuerdos está el frescor del suelo del patio, siempre el patio, de mi casa. Y yo gateando. Cruzaba entonces del territorio de una manta que ponían en el suelo para preservarme del frío y de la eventual suciedad, y me expandía por todo el patio. En aquel patio preponderaban las helechas, las begonias, las varas de San José, que florecían por marzo; los anturios o las clavelinas que mi abuela cuidaba con sus riegos tempraneros y que estaban exultante todo el año con sus colores diferentes. El patio me servía también para aprovechar los accidentes naturales del suelo, las grietas que el tiempo había formado y que yo representaba como calles imaginarias por donde solía pasear los cochecitos que podía comprar en la plaza de Weyler por dos pesetas y entre los que recuerdo con especial cariño las guaguas, las guaguas de dos pisos que nunca tuvimos en Tenerife. Las líneas urbanas que había entonces en Santa Cruz eran escasas y yo repetía en aquellas grietas los itinerarios y pregonaba los destinos como lo pregonaban los cobradores”.

– En el libro evoca el momento en que entra en la radio, donde entra por su voz.

“Hasta los catorce años mi bachillerato fue elemental, después pase al superior y más tarde marché a la Escuela de Magisterio. Estudié también en el Colegio Tinerfeño Balear y en la Universidad de La Laguna. Más tarde, me trasladé a Madrid. En los años de adolescencia tuve un maestro, el esposo de mi madrina, Rafael Granados, un hombre extraordinario, que fue quien me propuso acercarme a la radio, Radio Juventud de Canarias, donde coincidí con Ignacio García de Talavera. Tendría como unos dieciséis años”.

-¿Qué tipo de programas realizaba?

“Era locutor y después creo que tuve algunos programas pero ya no me acuerdo de cuáles pero sí que aprendí mucho con todos”.

- ¿Y cuándo da el salto a Radio Nacional de España?

“Fue tras superar unas oposiciones cuando ingresé en RNE. Y encantado de la vida”.

- Cuenta en sus memorias que vivía muy cerca de la calle de Miraflores.

“Pasé por aquella calle, que era la calle de las putas, pero yo iba con mucho miedo porque de pequeño fui un chico muy religioso”.

– ¿Y qué sensaciones tiene de la capital tinerfeña cuando camina de nuevo por las calles de su infancia?

“La veo trastornada pero igual de trastornada que otras ciudades y pueblos de España. Estamos trastornadillo”.

- ¿Trastornadillos?

“Trastornadillos porque la vida la tenemos ahora bastante apagada, desde las clases, desde las tradiciones, desde las escrituras pero también desde la política esto está esto un poco trastornado”.

- Trastornadillo.

“Sí, mejor trastornadillo”.

- En De la radio a las letras incluye al final una serie de retratos de personas que influyeron notablemente en usted como Vicente Aleixandre, Fernando Fernán Gómez, Terenci Moix, Domingo Pérez Minik…

“Domingo Pérez Minik fue mi padre de un modo muy generoso. Éramos muy jovencitos Juan Cruz y yo, y estábamos muy vinculados a él y él con nosotros. Paseábamos juntos hasta el Puerto y más tarde, cuando iba a Madrid, nos vimos mucho también. Fue un hombre extraordinario”.

- Leo que se define como un periodista capaz de escribir novelas. ¿Hay periodistas que son incapaces de escribirlas?

“Los hay que son capaces y otros que no. Estos últimos solo se consideran periodistas pero luego están los otros, ese grupo en el que estoy metido, que son capaces de hacer las dos cosas”.

– Antes hablábamos que vivimos unos tiempos trastornadillos, ¿parte de ese trastorno lo refleja en su última novela, Todos muertos?

“En este libro lo que el lector encontrará es un territorio entre la inteligencia y la jodienda”.

- ¿Y hasta que punto su estilo literario ha quedado condicionado por su actividad como periodista?

“El estilo literario lo he vivido desde el periodismo y casi, casi, estuvo ahí desde el inicio de mi narrativa, que parte de mis vivencias. En estos momentos preparo una serie de textos con los que puedo retrotraerme y pronto se publicará un libro de poema…”

– Soy sin ser (desde lo vivido a lo pintado).

- Sí, ese es el título, que publica Pre-Textos.

- ¿Tiene Fernando Delgado un proceso de creación?

“Lo tuve pero ya no lo tengo, lo he perdido. A mi edad, 75 años, creo que de la noche que me queda de aquí al día esto va a estar muy jodido pero bueno a lo mejor desaparezco… ¿sabes?”

Saludos, un libro, recuerdos, desde este lado del ordenador

Como polvo en las alas de una mariposa

Sábado, Septiembre 24th, 2022

“No te pido que me ames siempre como ahora, pero te pido que recuerdes. En algún lugar dentro de mi siempre estará la persona que soy esta noche”.

Ernest Hemingway, que cuando no estaba dando puñetazos sacaba su alma de poeta, describió el talento de Francis Scott Key Fitzgerald (Saint Paul, Minesota, 24 de septiembre de 1896-Hollywood, California, 21 de diciembre de 1940) como “polvo en las alas de una mariposa” y algo hay de eso en el genio del escritor que fue la voz de una generación, la del jazz, y uno de los más destacados representantes de la generación perdida, término que acuñó en su retiro de país Gertrude Stein, y etiqueta que acompañó a un grupo singular de escritores norteamericanos que no tenían raíces, jugaban con el idioma y escogieron París como la ciudad en la que vivir una juventud que pensaron sería eterna durante una década, la de los años 20, en la que las mujeres comenzaron a darse codazos para decirle al mundo como flappers que ahí estaban ellas, que ya nada iba a ser como antes.

En este escenario, se movió Scott Fitzgerald, un escritor al que el éxito le llegó demasiado pronto con A este lado del paraíso, novela en la que cuenta la iniciación de un aplicado estudiante universitario, Amory Blaine, en la ciencia nunca exacta del amor.

El escritor vivió con Zelda Fitzgerald, una adorable chica del sur que cuando cambiaba de carácter se convertía en un terremoto, los mejores años de “nuestras vidas” y escribió unas cuantas novelas que le abrieron los ojos no solo a los jóvenes de su tiempo sino a los que vendrían después.

Siento aprecio y un profundo agradecimiento por la mayoría de los escritores que formaron parte de esta generación, pero siento especial debilidad por Scott Fitzgerald porque fue una especia de outsider dentro de ese grupo que integraban hombre de pelo en pecho como el autor de El viejo y el mar, o tipos de izquierdas que tras la experiencia de la guerra de España se fueron al otro lado de la balanza sin dejar de ser en ningún momento excelentes narradores como John Dos Pasos, entre otros.

En contra de lo que era natural, me inicié en la literatura de Fitzgerald leyendo Hermosos y malditos, que sigue el curso de un grupo de amigos y amigas universitarios que son, como dicta el título, hermosos, sí, pero también malditos.

Más tarde leí, o mejor, devoré que se escribe así para aquellos cretinos que quieren imponer sus reglas, El gran Gatsby, que sigue siendo no sé si la mejor pero sí que la novela más popular del escritor norteamericano, y que ha sido llevada que ahora recuerde en tres ocasiones al cine con resultados digamos que irregulares, aunque la versión de Jack Clayton con guión de Francis F. Coppola e interpretación como Jay Gatsby de Robert Redford marque un antes y un después en el revival de los años 20 que vivimos unos cuanto a finales de los 80, imitando aquellas fiestas regadas con champán mientras nos hacíamos pasar por filósofos con el corazón roto.

Después vino la lectura de su primera novela, A este lado del paraíso, la inconclusa El último magnate, que cuenta con una versión cinematográfica dirigida por Elia Kazan y que debería ser como un libro a lo Santo Grial para todo cinéfilo que se precie y Suave es la noche, que es su novela más generosa en páginas y me atrevería a decir que triste.

La historia está inspirada en la propia vida del escritor, ese amargo momento en el que tuvo que internar a su esposa, Zelda, en un sanatorio porque se le había ido la pinza.

No dejó, que ahora recuerde, otras novelas pero sí que nos legó un numeroso puñado de cuentos y algún que otro ensayo que los que aún sentimos devoción fitzgeraldiana leemos caigan o no relámpago. Les recomendaría que se leyeran Las historias de Pat Hobby, o las desventuras de un guionista sin demasiada suerte en Hollywood, Flappers y filósofos y Cuentos de la era del jazz, entre otras recopilaciones que muestran el talento que tuvo el escritor para adentrarnos en una época muy cercana, pese a los años que nos separan, de la nuestra…

Tras internar a su esposa en un hospital para chalados e intentar buscarse la vida como guionista en Hollywood con resultados catastróficos, solo aparece acreditado en un largometraje, Tres camaradas, aunque colaboró sin aparecer su nombre, en el libreto de Lo que el viento se llevó, Fitzgerald conoció a una periodista de chismes, Sheilah Graham con la que vivió los últimos años de su vida.

La versión de esos días la reflejó Graham en Días sin vida, que fue llevada al cine con Deborah Kerr, en el papel de la periodista chismosa y Gregory Peck en el del escritor, y en ella se nos describe el ocaso de una estrella que ya no reconoce nadie y su descenso a los infiernos hollywoodienses, donde todo el mundo se cree capaz de cambiar, modificar, lo que escribe aquel vejestorio llamado Scott Fitzgerald.

Esta humillación, el hecho de verse sin una cuenta bancaria que garantizara su estabilidad financiera y el abuso del alcohol fue minando la salud mental como física de un autor que no tuvo que haber tenido el final que se lo llevó al otro barrio. Ese mismo barrio en el que nos encontraremos todos un día de estos.

Pese a los esfuerzos de Sheila Graham, Fitzgerald solo tuvo una mujer en su vida, y esa mujer fue Zelda, con la que además tuvo una hija, Scottie, que fue como un sol en aquella relación que terminó por deteriorarse y que Hemingway ya vaticina su fin en París era una fiesta, que a mi me parece uno de los mejores libros del escritor aunque no sea ni un cuento ni una novela de ficción.

El autor de El gran Gatsb y animó a su esposa Zelda que escribiera. De hecho, no fue una mala escritora una mujer que, antes de que se le fuera la cabeza, era el alma de las fiestas locas, locas y locas de aquella década que tuvo el jazz como banda sonora.

“Puedes acariciar a la gente con palabras” dijo Scott Fitzgerald, también “Ven, bésame y olvidémonos de todo”, que es una solución infalible para evitar malos encuentros, rollos que se deterioran, aventuras que dejan de volar…

Mi aprecio por Scott Fitzgerald es tan gran que sé que es uno de los míos. Y es que resulta, efectivamente, de los míos. Con él aprendí a observar las cosas con otros espejuelos, dándome cuenta la mayor parte de las veces que todas las épocas son igual y que solo el amor las hace soportables porque Fitzgerald, además de ser la voz que hizo eterna a una generación también fue clave para la que pertenezco… Vivimos un tiempo que nos hizo creer que el mundo sería nuestro y nos levantamos tiempo después es un escenario que poco o nada tenía que ver con aquella felicidad que marcó nuestra existencia.

Nadie le dijo a la generación de Scott Fitzgerald como a la que pertenezco que así, con la rapidez de un chasquido, se nos iría tan pronto la juventud, la vida… Y que lo que somos es tan solo un soplo o, como escribió Hemingway, el polvo en las alas de una mariposa.

Saludos, llueve, desde este lado del ordenador

Xavier Valiño: “El rock se influencia y contamina con otros géneros musicales”

Viernes, Septiembre 23rd, 2022

Xavier Valiño, que recuerda su infancia en un pueblo de Lugo encima de un carro que arrastran dos vacas mientras chapurrea en un inglés inventado las canciones que escucha por aquel entonces en la radio, el cine y la televisiòn, presentó el jueves pasado, 22 de septiembre, sus dos últimas obras: Las 100 mejores películas del rock y Los 100 mejores documentales del rock, ambas obras editadas este mismo año por Efe Medio, y libros que gustarán por igual a los más melómanos de la casa com o a los cinéfilos, tribuis que no tienen que ir cada una por su lado cuando hay fuerzas que tienden a que converjan.

En estas dos obras, ya de referencia y que han obtenido el premio al mejor libro mnusical del año que concede Pop Eye, el especialista divida por décadas los largometrajes y series que, a su juicio, son las mejores películas y documentales de una expresión que vive en plena evolución y proceso de transformación.

- Se han estrenado varias películas de ficción y documentales sobre el mundo del rock después de la publicación de sus dos libros. ¿Hubiera añadido algunos de estos largometrajes a la lista de los 100?

“La idea en un principio fue la de confeccionar un libro sobre películas de rock pero decidimos hacer dos, uno de ficción y otro de documentales. En documentales, supe de The Beatles: Get Back y una serie sobre Aretha Franklin así que es muy probable que si el libro se publicase hoy habría añadido uno o dos de estos estrenos”.

- En los dos libros además de citar películas de rock también selecciona otras de jazz, blues, country… ¿por qué?

“Entiendo que el pop, el soul, entre otros, nacen y conviven con el rock. Se influencian y contaminan mutuamente. Public Enemy hace hip hop con elementos de rock. Pensamos en Eric Clapton y hace blues y pop rock. Considero que AC/DC hace rock. Era difícil decir no, solo voy a seleccionar películas de rock porque el rock tiene vasos comunicantes y entiendo que desde los medios, cuando se habla de rock, siempre se ha hecho en un sentido amplio. Por eso en los libros hay artistas de otros estilos y de otras latitudes, no solo anglosajones”.

- No aparece ninguna película española.

“Lo dejé para un tercer volumen… Eso si lo hago porque tengo que pensármelo. Cuando empecé a elaborar una lista no llegué a apuntar 100 películas españolas, sumando incluso las de ficción con las documentales que me resultaran interesantes. Si se escribe este libro habría que ver cómo hacerlo… En la página web podría dar salida a unas 30 películas españolas de rock y por eso mismo no me aventuro a hacer un libro, no tiene enjundia si bien hay películas tan atractivas como Un, dos, tres, al escondite inglés pero hacer un libro de películas rock españolas igual a Las 100 mejores películas del rock y Los 100 mejores documentales costaría mucho”.

- Y según usted, ¿qué condiciones debe reunir una buena película de rock?

“Los dos libros son un trabajo subjetivo y entiendo que haya gente que diga que falta una película y otra más en mis 100 pero sí que he tenido un poco en cuenta las películas mejor valoradas por la crítica aunque no me he guiado solo por ahí. Una buena película de rock, a mi juicio, debe de tener primero un buen argumento y una lenguaje cinematográfico interesante, también una buena banda sonora y la mayor parte de las películas que se incluyen en este volumen reúnen estos requisitos”.

- Hay alguna película que le hubiera gustado añadir y que por olvido no incluyó en estos dos libros?

“No, la verdad, en otras entrevistas me han dicho que le gustaban más la película sobre Queen que la que se hizo sobre Elton John pero incluyo la de Elton John porque me gusta más que la de Queen. Lo primero que hice cuando me puse a escribir el libro fue seleccionar 200 películas, 130 volví a verlas de nuevo y muchas no estaban a la altura de lo que recordaba de ellas como Gran Bola de fuego y Purple Rain, de la que guardaba buen recuerdo pero que volví a ver y su guión me pareció ahora muy endeble y las dotes como actor de Prince muy escasas. Tenía mejor recuerdo del biopic de Jerry Lee Lewis y cuando volví a verla me pasó lo mismo que con la de Prince”.

- ¿En ambos libros tuvo claro desde el principio qué película debían de aparecer en los libros?

“Tuve claro cuáles debían de aparecer pero algunas al verla otra vez se quedaron fuera. Decidí, además, ordenar las películas cronológicamente, por décadas, y en cada una destaco la película que considero más importante de esos años. Éstas salieron casi desde el principio. Al final solo hubo uno o dos cambios. El documental de Tom Pettit lo sustituí por Anvill, que trata sobre un grupo de heavy y que es uno de los cuatro mejores documentales que se han hecho en la historia de la música rock. El último vals, de Scorsese está destacadísimo, como Stop Making Sense, el concierto que Jonathan Demme grabó de los Talking Heads, y que a mi juicio son dos de los más destacables documentales de la música. Hay otro sobre Chet Baker pero al ser más jazz ocupa solo dos páginas del libro pero que también, y es mi opinión, es uno de los mejores de la historia de la música”.

- Ha explicado que el libro tiene un orden cronológico… ¿tiene especial debilidad por una década en concreto?

“El orden es cronológico y a mi me gustan las películas y no las décadas. Sí que descubrí a medida que iba escribiendo el libro que en los años 70 se hizo muchas películas de rock porque coincidió que los cineastas americanos de esa década nacieron y vivieron su adolescencia con este tipo de música”.

- ¿Y debilidad por un estilo en especial?

“Me gustan todos los estilos pero puestos a reconocer, aparece un documental sobre Led Zeppelin que a mi no me interesa demasiado pero que tenía que estar en el libro. En este sentido, hay un 10 por ciento de bandas que no sigo tanto o que escucho sus discos pero no me llaman tanto la atención en los dos libros. Es decir, que no se quedaron fuera porque preferí no tirar de mis gustos”.

¿- Recuerda la primera película que vio una película de rock?

“No puedo estar completamente seguro de cuál fue la primera pero a los catorce años vi en un cine Quadrophenia, sobre las luchas entre mods y rockers en la playa de Brighton pero la que lo cambió todo la disfruté en una sala en versión original de unos cines de Madrid: Yesterday, una película polaca de los 80 en las que unos chavales imitan a The Beatles y me supo situar en un mundo en el que me contaban historias personales y de otras latitudes que no eran anglosajonas. Yesterday fue la película que me abrió los ojos y la que me hizo que me dedicara a esto”.

-¿Y desde cuándo lleva en esto?

“Empecé a escribir sobre música con trece años hasta que un día un tipo de la radio vino por el colegio a ver quién quería hacer un programa y levanté la mano. Después escribí de música para periódicos locales y hasta el día de hoy.”

- ¿Está preparando algún nuevo libro?

“Tengo uno en proyecto que no tiene nada que ver con la música y sí con Canarias pero no puedo decir más porque me roban la idea. Es probable que lo publique yo mismo. Por otro lado y con Efe Eme estamos trabajando en otro proyecto”.

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El caso Quevedo

El éxito de una canción (BZRP Music Sessions #52) y la durísima crítica que su intérprete y compositor recibió en un periódico de difusión nacional hizo que de pronto el nombre de su autor, Quevedo, fuera reconocido por casi todos los que siguen la realidad de este país. ¿Qué opina sobre todo esto Xavier Valiño? Para el especialista refleja claramente “un cambio de paradigma” y recuerda que durante la dictadura franquista “se perseguía a los que escuchaban rock”. “Entiendo que mi generación no comprenda la música de Quevedo, que es de ahora mismo, pero tiene validez. Pasará lo mismo cuando los que tienen la misma edad que Quevedo ronden los 30 o 40 años. Entonces serán ellos los que critiquen la música que compondrán los jóvenes de ese momento”.

FIRMA FOTO: Lúa Valiño

Saludos, nubes grises y mucho calor, desde este lado del ordenador

Y para hoy…

Jueves, Septiembre 22nd, 2022

* El Ámbito Cultural de El Corte Inglés acoge hoy, jueves, 22 de septiembre la presentación dos libros que fusionan cine y rock: Las 100 mejores películas del rock y Los 100 mejores documentales de rock, del crítico Xavier Valiño. El acto comenzará a las 19 horas y forma parte de la programación de Docurock, que celebra este año su octava edición.

Nicolás Dorta dialogará sobre su libro, Doble cristal (Diegp Pun, 2022) con el periodista y escritor Juan Cruz Ruiz, a las 19,30 horas en la tienda de TEA.

Y se acabó, de momento, estos avisos.

También, por favor, háganme caso y vuelvan todos ustedes mañana.

Saludos, con cien cañones por banda, desde este lado del ordenador

¡¡¡Viva el Rey!!!

Miércoles, Septiembre 21st, 2022

Mi primer encuentro con Stephen Edwin King (Portland, Maine; 21 de septiembre de 1947) fue con La hora del vampiro, editado por Pomaire, a finales de los años 70. Tiempo después descubriría que la novela se trataba de Salem Lot pero, qué quieren que les diga, a mi me parece mil veces mejor La hora del vampiro que el título que le puso King. Eso me pasa sobre todo con algunas películas que en este país ya perdido para siempre tuvo la costumbre de españolizar sus nombres como Centauros del desierto por el original The Searchers y Cuando el destino nos alcance por Soylent Green.

La novela, que cogí digamos que saliendo de la adolescencia, me dio un puñetazo de los gordos en el estómago y por una vez, tras el Drácula de Bram Stoker, sentí miedo cuando leía sus páginas. Por aquel entonces, Stephen King comenzaba a despegar en España como escritor de novelas de miedo, que me parece un término mucho mejor que terror, y Carrie, la película de Brian de Palma que adapta la primera novela de King, era un éxito en los cines aunque yo por edad leí primero el libro y luego vi la película y como pasa con algunas historias del escritor llevadas al cine, el cine mejora el final del libro. Pasa con Carrie y pasa también con La niebla.

La segunda novela que leí de Stephen King fue así Carrie, también en Pomaire. En Pomaire leí Insólito Resplandor, título que me parece mucho mejor que el original, El resplandor. Más tarde vi la película de Stanley Kubrick, y como el escritor me cabreé porque salvo el hotel y los protagonistas, el resto no tenía mucho que ver con la película. He vuelto a ver desde ese entonces varias veces el filme de Kubrick, y la película ha terminado por enloquecerme, lo que no me pasa con la novela. Y no digamos ya de su presunta segunda parte, Doctor Sueño. Sí que reconozco que en su momento el libro me inquietó y que subrayé una frase que reproduzco:

“El mundo no nos quiere pero tampoco nos odia”.

En esta misma editorial leí El umbral de la noche, un libro de cuentos que no he vuelto a leer aunque sí que recuerdo algunas de sus historias. Por ejemplo la que inspira la portada, una mano con cinco ojos en sus dedos…

Desde ese entonces, Stephen King ha escrito no sé cuentas novelas, libros de relatos y hasta ensayos, dos de ellos no buenos sino muy buenos: Mientras escribo y La danza de la muerte. Con esto quiero decir que sigo leyéndolo y que sigo una carrera fecundísima, tanto, que a veces no tengo tiempo para terminar una y comenzar otra.

Es verdad que el escritor cuenta casi siempre la misma historia, pero se mueve muy bien tanto en el territorio de la novela como en el del cuento. Carrie y Cementerio de animales son cortas pero a mi juicio dos de las mejores obras de su carrera. Por cierto, Cementerio de animales cuenta con un final esta vez sí que terrorífico.

Creo que esta semana se publica en español su libro más reciente (Cuento de hadas) ya que con King está prohibido decir el último porque si te atreves a pronunciar la palabra ya han aparecido en el mercado una nueva. Y así hasta el infinito. La espero con el mismo entusiasmo que con sus otras novelas aunque ya conozca digamos que medianamente bien sus constantes y la galería de personajes recurrentes con que puebla sus historias pero es que con todo, aunque el final el tocho no termine de convencerme, es verdad que el resto del camino lo he hecho sin apenas interrupciones, esas que provoca el aburrimiento y te hace pensar en otras cosas cuando lees un libro.

Y sí, vuelvo a confesar que Stephen King es un escritor al que sigo. Y sé que sigo a un excelente escritor que no solo cuenta historias de miedo sino otras de miedo, pero miedo real. Es tanta su fama y su producción estajanovista, que incluso se tuvo que revelar que un tal Richard Bachman era un pseudónimo utilizado por Stephen King porque no vendía como King. Una vez que se supo la verdad y aunque la novela la firmase el tal Bachman, las obras de Richard han multiplicado sus ventas. El alias le ha dado además un filón en el que explotar historias en las que reflexiona sobre el proceso de creación y la autoría, lástima que sus finales no respondan a lo que uno esperaba con materiales tan imaginativos.

En el campo de la fantasía ha aportado su granito de arena con espíritu renovador. Nos ha sumergido en lagunas que habitan vampiros, muertos vivientes, criaturas lovecraftianas y demonios. Solo que esos demonios son personas de carne y hueso. Sus historias automáticamente se convierten en películas. Muchas de ellas muy malas, y la que se lleva la corona es Maximun Overdrive, que dirige el mismo King con resultados de espanto, pero no un espanto de miedo sino de malo a rabiar, pero también hay otras películas que son buenas o muy buenas como Carrie, El resplandor, La zona muerta, Christine, Cuenta conmigo, La milla verde y la primera Cementerio de animales entra las que ahora recuerdo… Se han hecho series de televisión por lo que existe un mundo King que supera al mismo Stephen King. Gracias a su éxito, este tipo de literatura tuvo un renacer a finales de los 70, y su estela logró que aparecieran nuevos escritores del género tan sobresalientes como Peter Straub, con el que ha colaborado, y recientemente uno de sus hijos, que firma como Joe Hill, que ha hecho que esta literatura se instalara definitivamente en los estantes de las librerías y ocupara los primeros puestos de los libros más vendidos.

Por eso y aprovechando que hoy es el cumpleaños de un tipo que me ha alegrado tanto las noches poniendo fin a tantas pesadilla, mi sincero agradecimiento por tener tan claro eso de que escribo porque me hace feliz. Escribo porque me hace estar vivo.

Viva el rey.

Saludos, un tanto monárquicos, desde este lado del ordenador