Tipologías del espectador de cine

Martes, Agosto 10th, 2010

ADVERTENCIA

Esta tipología no pretende ser científica aunque sea resultado de largos años de observación y estudio de campo en distintas salas del mundo. Somos conscientes que muchos de estos tipos han involucionado en vez de evolucionar con el paso del tiempo y que el cine como espectáculo ya no es lo que fue ayer. No obstante, hemos descubierto que aún se conservan comportamientos constantes, como si estos quisieran resistirse a morir con el paso del tiempo. El presente trabajo sólo es un anticipo de un estudio mucho más amplio que esperamos finalizar en próximos meses. 

PROFESOR FRANZ DE COPENHAGUE

EL NOSTÁLGICO.-  Aquel que sigue yendo al cine pese a su elevado precio y por norma general pésima oferta. Suele ir sólo o en parejas porque rara vez se le ve en grupo. Cada vez son menos, quizá porque conocieron una forma de cine que ya no se estila. Los cursis llaman ahora a esas salas de pantalla única. El nostálgico siempre las recordará como cines. Para estos individuos salir de casa, ver una película y después tomar una copa se convirtió en un acto casi religioso. Como hoy ya no hay religiones sino fanáticos, muchos de estos nostálgicos se han encerrado en casa donde continúan viendo cine pero en la pequeña pantalla. En la soledad de su casa se han acostumbrado a no descubrir películas sino a ver las que una vez vieron en pantalla grande.
 
EL CINÉFILO.- Los miembros de esta especie, en contra de los nostálgicos, siguen gozando de relativa buena salud. Se los reconoce porque suelen leerse todas las revistas que van de serias sobre cine que hay en el mercado y presumen de paladar refinado. Son capaces de descubrir un mundo mágico y de colores con películas la mayor parte de las veces pretenciosas y se inflan como pavos reales cuando hablan de cine raro. Pero no porque ese cine sea raro de verdad sino porque suele resultar un tostonazo. Si te toca uno al lado, lo mejor es apartarse discretamente, no por peligrosos sino porque resultan, francamente, una panda de diletantes.

EL CINÉFAGO.- Algo así como las cucarachas pero en versión aficionados al cine. Apuntamos lo de las cucarachas porque tienen igual o superior capacidad de resistencia que tan entrañables insectos. Además, y como ellas, devoran cualquier cosa que sea imagen. Les importa un pimiento que la película sea mala o buena ya que lo que buscan es alimentarse con cualquier tipo de imágenes. No es recomendable que se le pregunte a la salida del cine qué les pareció la película porque pondrán los ojos en blanco y se pasearán la lengua por la comisura de los labios.

EL COTUFERO.- Suele ser el espectador que se pertrecha de toda clase de alimentos con alto contenido en grasa para ver una película. Dudo que le importe el filme en sí pero no el refresco, el cartucho de cotufas, chocolatinas, bolsas de papas fritas o cheetos y gominolas que sea capaz de transportar. Son multitud últimamente y miran de manera asombrada a quien acostumbra a ir al cine sin su correspondiente cátering encima. Ayudan a soportar una película mala porque uno le presta más atención a su succionar y masticar  que al propio filme en sí. La cosa cambia si lo que estás viendo merece la pena. Es probable que entonces se convierta usted en un aprendiz de Norman Bates.

EL CHARLATÁN.- Francamente molestos. Son los que se ponen a hablar por el móvil o con el compañero que tenga al lado sin importarle un pimiento el resto de los espectadores. Normalmente lo que cuenta no tiene nada que ver con la película sino con una amiga que lo dejó colgado, las zapatillas de tenis que espera comprarse un día de estos o las ganas que tiene de coger vacaciones. Deberían de prohibirles la entrada porque además se ponen muy violentos si uno los manda a callar.

EL ENTERADO.- Es aquel que en medio de la película suelta un chiste o grita para que nos enteremos todos que el asesino es el mayordomo. Cuando sueltan chistes y la película no vale un euro hacen gracia. Sobre todo si es original, aunque últimamente no suelo reírme con sus chascarrillos será porque la gente ya no es tan original. El enterado se convirtió en algo así como un objeto de culto en cines de verano tan inolvidables como el de la plaza de Toros de Santa Cruz de Tenerife. Acudir a este cine era como una experiencia alucinógena, no ya por el propio cine, instalado en la arena y con la pantalla agitada por el viento, sino por la peña que perdía el rato haciendo que veía la película (¡eso sí que era cine de barrio, con la copia hecha añicos y un sonido de puta pena!). En la proyección de Lúcifer, recuerdo a un borrachito señalar a la pantalla y exclamar cuando el ángel caído levantaba a los muertos algo así como un ¡¡¡Yo a ti te conozco!!! que todavía me hace estremecer la mandíbula. Y no sé, precisamente, si de la risa. ¡Linterna!

LOS ENAMORADOS.- Parejas que van al cine no sé si a ver una película. Si son primerizos y sus intenciones aún castas, los chicos suelen meterse a ver cualquier cosa. Si no les entretiene sueles oír en voz baja a él o a ella algo así como ¿por qué no nos vamos? Ahora bien, si la cosa funciona, pueden que hasta salgan más enamorados. En mis tiempos esta especie iba al cine sencillamente a meterse mano.

EL PESADO.- O el que se te sienta al lado –independientemente de su sexo– y no para de moverse, consultar el móvil o mover las piernas como si tuviera el mal de San Vito. No hablan, pero también te puede tocar uno de esos. Si es así ¡cuidado! porque es el que llega tarde y te pide que les expliques cuánto se ha perdido de la película. O que quién es ese con la cara quemada…

EL QUE SE QUEDA HASTA EL FINAL.- Normalmente son los cinéfilos, que para ellos esto de ir al cine es como para un católico ir a misa. Cuando acaba el filme se quedan hasta el final y hacen que leen los títulos de crédito. Últimamente, y si se trata de una producción de éxito, ya no son sólo estos los que se quedan sino también todos aquellos que saben que al final hay un par de minutos de película de más.

LOS QUE SALEN NADA MÁS LLEGAR EL FINAL.- Suele ser la mayoría. Cuando acaba la sesión se levantan en tromba y como una avalancha humana se dirigen a la salida sin importarles un pimiento pisarle los callos al que se queda tranquilamente sentado en la butaca. Los más previsores escapan de la sala incluso antes de que aparezca el The End de rigor en pantalla.

EL LISTO.- Son todos aquellos que ocupan la butaca que no le corresponde pese a que la sesión sea numerada. Normalmente te cuentan una milonga para que le dejes tu sitio, como la de explicarte que no se va a llenar la sala y que hay asientos mucho mejor que el que te corresponde. Al final, o llegas a las manos o llamas al linterna (acomodador) para que se vaya a hacer puñetas.

LOS PURISTAS.- Esta especie va un poco más lejos que la de los cinéfilos. Normalmente se colocan en las butacas que estén más próximas a la pantalla y se quedan en la sala hasta que desaparecen los títulos de crédito. Son, generalmente, más hombres que mujeres y suelen ir solos al cine.

EL FRIQUI.- Se han multiplicado. Y gran parte de culpa la tiene la puñetera Guerra de las galaxias. Hoy la película puede ser Batman, Iron Man o las del Harry Potter, y siempre se tratan de segundas, terceras o cuartas entregas. Los localizas porque entran en la sala con los ojos inyectados en sangre y notas su nerviosismo a distancia considerable. Esto de estar nervioso es porque esperan como agua de mayor ver la segunda, tercera o cuarta entrega del éxito de turno. A veces, incluso, van disfrazados de sus personajes favoritos.

LOS ROMÁNTICOS.- Haberlos haylos sólo que ya son pocos. Se refiere a aquellos espectadores que si les gusta la película suelen aplaudir al final. Apenas se les hace caso, pero debo de confesar que una de mis experiencias más placenteras con esta especie me sucedió viendo en Madrid la primera parte de Érase una vez en América y Brazil. Fui de los que aplaudí.

EL CABREADO.- Cuidado con éste. O ésta. Sobre todo si te toca al lado. Se trata de un animal lleno de mala leche y si puede provocará una pelea con el que tiene al lado para amargarle a la víctima la que suponía iban a ser dos horas de relax. Recuerdo todavía como en una sesión suspendieron la función porque uno de estos cabestros se lió a puñetazos con un pobre muchacho. Al final tuvo que intervenir la policía.

LOS SUBIDOS DE TONO.- Probablemente sea una de las experiencias más agradables o desagradables que le puede pasar a uno dentro de un cine. Póngase en situación: está viendo una película y siente como una mano se coloca encima de su pierna o como un pie roza con el suyo. Mira de reojo para descubrir quién es el autor o autora de esta seducción y el chasco puede ser mayúsculo si observa que quien se le insinúa es algo así como el primo/a hermano/a de Quasimodo. Si ánimo despectivo por el tal Quasimodo.

EL DEL SHHH.- Son esos que no paran en mandar a callar. Y no sólo a los que tienen la manía de hablar sino a quien se mueve en su asiento o despega, procurando no hacer ningún ruido para no molestar, el envoltorio de un caramelo. Deben de creerse importantes. Lo mejor es responderles con otro shhh.

LAS CHICAS DE ORO.- O grupo, generalmente de señoras, de la tercera edad que va al cine porque es probable que no tengan nada mejor que hacer. Lamento decir que las que me han tocado suelen ser bastante escandalosas y que ahí he tenido que ser yo quien las llamara al orden con el dichoso shhh. No te hacen puto caso.

LOS NIÑOS.- Creo que fue Alfred Hitchcock quien dijo en cierta ocasión que detestaba rodar con niños. He llegado a la misma conclusión como espectador de cine: detesto ver una película con niños, sobre todo si van acompañados de sus padres, que es cuando los enanos se crecen ante la adversidad de todos esos adultos que también una vez fueron niños. Resulta no obstante un público inevitable si usted se mete en una de dibujos animados.

LOS BEBÉS.- No me considero un Herodes pero nunca he entendido cómo alguien puede llevar a un recién nacido al cine. No pasa nada si el crío duerme plácidamente pero si despierta y se pone a llorar soy de los que se le pone la piel de gallina. Debe ser algo que llevamos dentro, pero el llanto de un niño son de esas cosas que desarman. Ni los del shhh son capaces de decirles shhh

EL GAMBERRO.- El que va al cine a putear. Y putear de muchas formas. Habla, tira cotufas al que tiene enfrente, enciende un cigarrillo, lanza eructos en sensurround, etc, etc…  Obviamente, va al cine no por la película sino para putear. No es un tipo feliz, pero cuidado con él si va en grupo. 

Y LOS DEL GRUPO.- Generalmente son pandillas de adolescentes y hacen del cine una fiesta con sus gemidos. En la actualidad se les puede localizar sobre todo con las películas de la saga Crepúsculo. Personalmente, lo considero como un espectáculo añadido a estos filmes. Hacen hasta obligatorio que veas ésta y otras series similare en un cine.

Saludos, desde Copenhague, desde este lado del ordenador.

Abstenerse cotuferos…

Miércoles, Agosto 4th, 2010

CINCO APLASTANTES OBRAS MAESTRAS

TEA Tenerife Espacio de las Artes inicia este jueves, 15 de agosto, a las 20,30 horas con una sesión doble un ciclo de cine que gira en torno a la exposición Si quebró el cántaro. Abuso y maltrato en la infancia. En esta primera cita, las películas que se proyectarán son los clásicos Cero en conducta, de Jean Vigo, y Los 400 golpes, de François Truffaut. Ambas cintas se pasarán en versión original en francés con subtítulos en español. La entrada para ver estas películas es gratuita, previa retirada de las localidades en la taquilla de TEA Tenerife Espacio de las Artes el mismo día del pase.

El ciclo continuará el jueves 12 con la proyección de Alemania, año 0, de Roberto Rossellini, y seguirá el día 19 con La infancia de Iván, de Andrei Tarkovsky. Concluirá este programa cinematográfico con Léolo (1992), de Jean-Claude Lauzon, que podrá verse el jueves 26.

Y EN SEPTIEMBRE: CIUDADES…

La Filmoteca Canaria recupera su actividad de ciclos el próximo septiembre con Ciudades del Cine, cuyas sesiones se iniciarán el martes 14 de septiembre en los Multicines Monopol, de Las Palmas de Gran Canaria, y el jueves 16 de septiembre, en los Multicines Renoir Price, de la capital tinerfeña.

El primer título que se exhibirá es Manhattan, de Woody Allen. Al que seguirán Bienvenido a Los Ángeles, de Alan Rudolph; Brazil, de Terry Gilliam; Sostiene Pereira, de Roberto Faenza; La bicicleta de Pekín, de Wang Xiaoshuai, Innisfree, de José Luis Guerín y Alphaville, de Jean-Luc Godard.

Y ES QUE ESTE HOMBRE NO PARA, NO PARA…

Josep Vilageliu ha decidido ocupar el periodo vacacional para trabajar en la postproducción de su último mediometraje Modelo(s), un trabajo que trata sobre las obsesiones y que está producido por Laly Díaz.

En el reparto de esta película se encuentra el editor y director de fotografía canario Aitor Padilla, y seguramente la presentación oficial del mismo será en octubre en Santa Cruz de Tenerife.

Modelo(s) cuenta la historia de una chica que sueña con ser modelo y recurre a un fotógrafo para que le haga un book, pero al fotógrafo lo único que le interesa es conseguir que alguien le monte una exposición con su obra fotográfica.

“El mediometraje trata de reflejar el mundo superficial y aparente que tanto seduce a los jóvenes, la cultura del exhibicionismo y el todo vale que venden las revistas y los reallity shows, el intercambio de imágenes en el facebook y las redes sociales y la espesa red de intereses y mercadeo de favores que impregna este mundo nuestro convertido en patio de vecinos”, se informa en una nota recibida a nuestra cuchitril escobillonero.

El mediometraje está protagonizada por Chantal Rodríguez, Verónica Galán, Leonor Cifuentes, Fátima Luzardo y Miguel Ángel Rábade en el papel del fotógrafo.

Y BIENVENIDA AL BLOG  ’EL BAILE Y LAS CADENAS’

Y finalizo con el anuncio que, desde el pasado 29 de julio, el director de Tenerife Espacio de las Artes, Javier González de Durana, mantiene en activo un interesante blog que seguro termina por convertirse en punto de encuentro de los hastiados náufragos que nadamos en el océano de la red. Podrán acceder a este islote de reflexión y pensamiento pinchando en  http://elbaileylascadenas.com.

Y eso es todo por hoy.

Saludos, con el viejo Lou Reed sonando de fondo, desde este lado del ordenador.

Frío, frío, frío…

Martes, Julio 27th, 2010

Tenía interés por ver el último trabajo de Jaime Falero, cineasta al que sigo por algunos de sus cortos, casi todos ellos alejados de la corriente intimista que caracteriza a los cineastas canarios recientes aunque bien es verdad que aquejado de una tarantinitis aguda que puede tener efectos perjudiciales para su salud.

El último trabajo al que hago referencia responde al nombre de Al margen de la ley. Diez presos. Diez vidas, y se trata de un documental realizado en Tenerife II con diez de sus internos. Se exhibió esta misma tarde en TEA.

Ahora viene la primera pregunta: ¿Cuál fue tu reacción?

Y ahora viene la respuesta: No es lo que esperaba. Es más, me parece un reportaje frío, distante, sin línea narrativa continua… No emociona, por mucho que el cineasta se empeñe. Cuenta, eso sí, con escenas potentes, de esas que convierten en verdad el dicho de que una imagen vale más que mil palabras. Me quedo con una: balones de fútbol colgando en el alambre de espino.

El problema de Al margen de la ley. Diez presos. Diez vidas es que intenta abarcar demasiadas cosas en una hora escasa de duración. De hecho, da la sensación de que el documental es un resumen de lo que podría haber sido.

No supo meter a este atribulado espectador en el sufrimiento de su decena de protagonistas aunque sí me planteó una cuestión que no investiga el documental: si vivir en islas ya condena a un forzado aislamiento ¿cómo será vivir en una cárcel instalada en esa misma isla?

Al margen de la ley no contagia la sensación de soledad, ni explora en el quién, el cómo ni en los por qué de sus diez protagonistas. Será porque en su reflejo del día a día no transmite esa sensación de soledad de la que tanto se quejan  los presos.

Soledad. Es una verdad y lo dicen. Y lo repiten. Pero como espectador no te araña su vacío, ni su arrepentimiento por lo que hicieron.

Una pena. Porque los diez, hombres y mujeres, que aceptaron dar la cara para contarnos sus historias esconden historias. Historias que aprecias porque están talladas en sus rostros. En todos ellos la mirada es de una asombrada tristeza. Una mirada de perplejidad profunda que como espectador exijo que me mastiquen. No me vale sus conversaciones, cómo pasan el tiempo haciendo ejercicio o en talleres… Pido ese algo que Falero no sabe transmitir.

No ves la soledad.

La condena de no estar entre los tuyos.

No la sientes.

Me sabe a muy poco Al margen de la ley. Diez presos. Diez vidas.

No veo a esos diez presos. Tampoco veo esas diez vidas.

No siento que es vivir cómo ellos.

Al finalizar la proyección, Falero aprovecha para presentar la promo de una serie de televisión en la que actualmente trabaja. Se titula Tenerife South. Un thriller.

Y en esas imágenes encuentro al Falero que reconozco: bestia, inconoclasta, salvaje.

También al viciado por la tarantinitis.

Saludos, asilado y aislado, desde este lado del ordenador.

¡Qué perro verde!

Jueves, Julio 15th, 2010

La Semana Negra sigue… aunque falten apenas tres días para que cierre su XXIII edición. Así que imagínense a quien les escribe penetrando una vez más en una de sus habituales depresiones, aterrado con la idea del regreso, de volver a la (a)normalidad canaria. Tan canalla ella, tan dichosamente dirigista, tan anclada en sus carroñeros valores… pero en fin, ya vomitaré mi frustración el día que el sol descienda sobre la SN y me prepare para volver a mi tierra…

Mi tierra, lo escribo con una amarga sonrisa en los labios.

No quiero hablar de la SN. Hoy quiero rendir tributo tardío al guionista norteamericano Harvey Pekar, fallecido esta misma semana, y a quien descubrí gracias al cómic que Robert Crumb dibujó sobre su mundo: American Splendor, que más tarde sería llevado al cine con Paul Giamatti interpretando a este huraño enamorado del blues.

Les recomiendo con el corazón en la mano la lectura de sus historias (traducidas en historietas por distintos dibujantes tras el debut con Crumb) para que se hagan una idea de que el tebeo, los colorines, la historieta es un arte con las mismas mayúsculas que el cine o la literatura. Sumergirse en el univero de Pekar es como sumergirse en el sueño equivocado del sueño americano. Su vida, excéntrica, no deja de ser puro costumbrismo gringo, o el retrato de un friqui cincuentón demasiado acostumbrado a vivir solo.

Pese a este retrato tan demoledor, sus historias no dejan de provocar carcajadas. Carcajadas porque su visión del mundo es bastante similar a la de la gente que va de normal por la vida. Enterarme que este perro verde ya no está entre nosotros supone para el disco duro de mi memoria un doloroso golpe, aunque siempre me quedarán sus fabulosos historias, esas reflexiones de un viejo en calzoncillos que, diablos, se convirtió para muchos de sus lectores en todo un filósofo. Una especie de Diógenes de nuestro tiempo.

No sé si habrá otra vida, pero si la hay, seguro que Pekar se pasea por ella buscando a un dibujante para buscarle las cosquillas a quien lo administre…

Saludos, pekarianos, desde este lado del ordenador.

Reflexiones de un viejo que no pretende ser decente

Viernes, Julio 2nd, 2010

I was born under a wand’rin’ star…

COMPARACIONES ODIOSAS

Entre las muchas cosas que me fastidian (será cosa de la vejez, leñe) es que se compare a un tal Kaká con fulano o mengano. O que se diga algo así como: He vendido eso como un Ferrari cuando se trataba de un 600.

¿Qué pretenden?

Cuando uno de mis nietos me informa de las idioteces que tiene que soportar por esto en su puesto de trabajo me pregunto porque ninguno de sus iluminados jefes recurre a otras comparaciones. A mi, por ejemplo, me gustaría que el gritón de turno y que lo tiene agarrado literalmente por los cojones (laboralmente hablando) le soltara “joder, tío, es que pensé que eras como John Ford y al final has resultado ser Ed Wood”. O “pensé que contrataba a Ray Bradbury y me has salido un Ray Barbry”. Para quienes no lo sepan, cabestros, lo de Ray Barbry es un pseudónimo al que recurrió uno más de aquellos escritores fantasmas que en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo se ganaban la vida con su literatura de todo a cien camuflando sus verdaderos y castizos nombres por Clark Carrados, Silver Kane o ese mismo Ray Barbry que, como habrá observado el atento lector, nacía con el espíritu de despistar al personal haciéndole creer que se trataba del mismísimo Ray Bradbury.

Tal y como están las cosas y dando ya por inútil que quienes recurren a los símiles culturicen su lenguaje, debo de confesar que a mí esto de las comparaciones con jugadores galácticos o automóviles que no cortan carreteras sino vuelan me pone los pelos de mi arrugada piel de punta. Será porque cuando oigo que lo suelta el jefe o quien tiene el parné lo que amenaza es tormenta. O una manera nada elegante de señalarle la puerta y enviarle a  la puta calle para que forme parte del equipo de parados que tanto crece y se multiplica en este país llamado España.

UN FELIZ DESCUBRIMIENTO

Leo con bastante agrado un libro la verdad que inclasificable: Fuck America. Lo hago contagiado por las elogiosas críticas que leí el sábado pasado en algunos suplementos culturales y su recomendación, afortunadamente, no es equivocada. Con Fuck America de Edgar Hilsenrath te partes de la risa y también te partes con las lágrimas.

Sus capítulos finales son de aquellos que ponen la piel de gallina. Busco desesperadamente otra novela del mismo autor publicada en castellano, El nazi y el peluquero, pero me avisan en la librería en la que suelo recalar cuando no tengo nada mejor que hacer (casi todos los días) que está descatalogada. En fin.

POLÉMICA CON EL RASTRO DE SANTA CRUZ DE TENERIFE

No he seguido con mucha atención la que se está montando en torno al Rastro de la capital tinerfeña porque por aquello de la edad ya no me fijo bien en las cosas, pero si leo bien las informaciones creo entender por las críticas formuladas ahora desde la Federación de Comercio de la provincia de Santa Cruz de Tenerife (Fedeco) que se pretende –una vez más– que el mercadillo cambie de ubicación.

Coño, pienso. Y sigo leyendo pegando los ojos en la pantalla del ordenador de mi nieto.

Estos señores quieren además que se vele por las mercancías que se venden en el rastrillo aprovechando la publicación del nuevo Real Decreto que regula la venta ambulante.

Cómo no, la panda de Fedeco ha planteado igualmente que la imagen que ofrece el Rastro “quizás no sea la más adecuada para un municipio como Santa Cruz, en cuanto a que no mantiene una uniformidad estética, carece de instalaciones y la mercancía se expone en innumerables casos en el suelo”.

Y esta bobería me hace pensar como abuelo que esta gente –los de Fedeco– no han puesto la suela de sus zapatos en ningún mercadillo o rastro en su puñetera vida.

Paralelamente, la presidenta del Rastro, Carmen Tejera, ha anunciado (no sé si lo habrá hecho efectivo) que dimitirá de esta responsabilidad al no estar de acuerdo con que se obligue a que todos los vendedores ambulantes tengan que pagar una licencia para poder vender.

La señora añade que “estamos en crisis y hay muchas personas que aprovechan para sacarse un dinero vendiendo cosas de segunda mano”.

Y yo me reitero, como habitual paseante del Rastro santacrucero y sin ánimo de entrar en polémicas, que los señores de Fedeco nunca han pisado un Rastro. Y les ruego, como viejuno, que me sean inteligentes. Más que sea…

Y lo reclamo enarbolando el bastón porque el Rastro santacrucero se ha convertido para mí es un lugar magnífico en el que aventurarme precisamente porque no está ordenado.

Un domingo vas y te parece más chico. Y otro vuelves y te parece más grande, lo que me permite explorar nuevos y apasionantes territorios.

Y es que un rastro, y el de Madrid es un ejemplo, no es otra cosa que eso.

Una espontánea galería comercial en la que unos se desprenden y otros aprehenden. Intentar organizar algo así, cuya existencia vive precisamente de la improvisación, es como condenarlo a muerte.

LA INCREÍBLE HISTORIA DEL PREMIO MENGUANTE

Serán los años, carajo, pero me sorprende, la verdad, que el director, guionista y presidente de la Academia de Cine, Álex de la Iglesia, haya obtenido el Premio Nacional de Cinematografía 2010, dotado con 30.000 euros y que concede el Ministerio de Cultura a los profesionales que durante el año anterior han desarrollado la labor profesional más sobresaliente.

Y cuento esta batalla porque a juicio de este achacoso espectador la obra de Álex de la Iglesia dejó de saberle a innovadora y transgresora dentro de un cine como el español tan poco innovador como trangresor desde que estrenó en la noche de los tiempos El día de la bestia.

No pretendo con estas temblorosas líneas cuestionar la decisión del jurado, pero sí la de reflejar un asombro viejuno porque si valoro el trabajo del tal Álex como cineasta no hay que tener dos dedos de frente para darse cuenta que la filmografía de este caballero se quema con la misma facilidad con que se van los días de mi ya larga existencia. ¡Cien años como estrella errante pesan!

Al margen de que el premio valore también su “clara labor” a favor “del consenso y del acercamiento entre todos los que forman parte del cine español, y de ellos con la sociedad” como presidente de la Academia, cinematográficamente lo más interesante de la Iglesia como cineasta es, a mi modesto entender, su corto Mirindas asesinas, aquella frustrada Acción mutante que más tarde degeneró en la deplorable serie para televisión Plutón B.R.B. Nero, y su El día de la bestia. El resto, incluida La comunidad, un tostón en toda regla: Perdita Durango (1997), Muertos de risa (1999) 800 balas (2002) Crimen ferpecto (2004) y Los crímenes de Oxford (2007).

La prueba del tiempo, como el algodón, no engaña. ¡Si lo sabré yo!

ABRAN LOS OJOS

Ojo porque también me incluyo entre los que forman parte de esta odiosa estadística que revela que la venta de libros descendió en el primer semestre de este año un cuatro por ciento con respecto al mismo período de 2009.

No sé las razones de los demás, pero la mía es francamente objetiva: los libros que me gustan resultan demasiado caros para un bolsillo que por aquello de la pensión que percibo no puedo permitirme, aunque haya días en los que mi santa señora me permite un homenaje.

Espero, no obstante, que editores y libreros lean con atención este  descenso en ventas para que vayan planteándose otras políticas con respecto al libro dichoso. De hecho, y pese a mi fobia con los adelantos tecnológicos, uno de mis nietos ya me está dando clases para que aprenda a bajármelos por la Internet.

Y palabrita que aprenderé.

Y UN ÓBITO

Se nos ha muerto el dibujante Víctor de la Fuente. Dijo adiós al mundo conocido a la edad de 83 años en la localidad francesa de Le Mesnil Saint Denis. En su producción como historietista destacan series como Los Gringos, La siberiana y Los Ángeles de acero.

¡Descanse en paz, maestro!

Saludos, en esto que llaman la tercera edad, desde este lado del ordenador.

¡Toma, Moreno, toma!

Jueves, Julio 1st, 2010

PRÓLOGO

No fui un niño que tuviera pesadillas. Las vine a padecer oficialmente mayor y son tan extrañas y amargas que no merece la pena que insista en las muy jodidas. Pienso ahora que si fui una feliz criatura que solía dormir como un lirón sin que me asaltaran los miedos se debe, probablemente, a que desde muy pequeño me sedujo en el amplio universo del entretenimiento eso que se llama género de terror. Con todas sus chispeantes variantes.

Empaparme a tierna de edad de las historietas truculentas que publicaban revistas como Vampus o Rufus, Dossier negro o Espectro, así como de todas aquellas novelas y películas que se me ponían a tiro blindó mi cerebro hacia todos aquellos terrores que profanaban el sueño de mis amigos.

Reconozco, no obstante, que como espectador de esta clase de películas no soy el más recomendable ya que suelo brincar en la butaca. Recuerdo incluso que en una ocasión hasta solté un alarido.

Esto del grito sucedió hace muchos años y fue durante la proyección de una película de la que hablaré más abajo y que disfruté (porque con este género el que suscribe disfruta) en el ya legendario por desaparecido cine Greco, en la capital tinerfeña.

MIS MIEDOS INFANTILES

Si hay algo que siempre me ha producido mal rollo en las películas de terror son todas aquellas que están protagonizadas por niños y juguetes infantiles. Y si estos juguetes son muñecos la piel se me pone literalmente de gallina.

Este post me lo sugirió el visionado el otro día de un episodio de la Dimensión desconocida que pesqué en YouTube (hay que ver las tres partes) y que se titula, precisamente, El muñeco. Pueden disfrutarlo en versión original y también con doblaje sudamericano si pichan el enlace. Yo escogí la versión doblada porque me apetecía volver a escuchar aquellos acentos y recuperar mis viejos tiempos ante el televisor en blanco y negro que había en casa de mis padres (todavía me acuerdo de su marca, Pradoni) y que jubilamos cuando se impuso la tele a color sin que ningún día dejara de prestar leal servicio.

Es probable que si algunos de ustedes pinchan el enlace para contemplar este episodio de Twilight Zone se pregunten cómo demonios le produjo tal viruje a quien les escribe, pero créanme si les digo que fue verlo el otro día y no parar de mirar hacia atrás por si aparecía el puñetero muñeco del ventrílocuo.

Y PESE A TODO ME GUSTAN LOS VENTRÍLOCUOS

A mi los ventrilocuos me gustan bastante, debe ser porque los muñecos y en ocasiones quienes los manejan me dan miedo. Y ya saben que el miedo es una de las emociones más antiguas de la humanidad.

Es tanta mi pasión por los ventrílocuos que incluso me gustan malos ventrílocuos como Mari Carmen y sus detestables muñecos. Comenzando por doña Rogelia y terminando con aquel pato chulazo que se llamaba Nico. Mari Carmen sin embargo no copa el sube y baja de mis cotidianos desprecios como José Luis Moreno, un personaje que ya de por sí parece sacado de un cuento de terror por aquello de que parece ser el verdadero muñeco y no Macario o el cuervo Rockefeller, tan simpático con su reivindicativo ¡toma Moreno, toma!

Respecto a las películas con ventrílocuos como protagonistas (la mayoría curiosamente de carácter fantástico) les invito a que pinchen este enlace, ya que ha sido repasar la extensa lista de nombres que se citan para que inmediatamente volviera al pasado al recordar la primera y última vez que vi la excelente Al morir la noche, y la mejor de las cinco historias que se desarrollan en esta película protagonizada por un ventrílocuo y su muñeco. Me consta que ha sido editada recientemente en formato dvd.

EL GRITO

Como me he ido por las ramas, ya que comencé relatando mis miedos con niños en el cine  (Suspense y El otro me vienen ahora a la cabeza) o con juguetes como protagonistas, aprovecho este espacio para contarles lo que avanzaba al principio, mi primer y único grito de terror que he soltado viendo una película en pantalla grande. Con Tiburón no vale porque ahí lo que chillamos la chiquillada fue el ya mítico: “muere hijo de puta” cuando Roy Scheider manda al infierno al gigantesco escualo.

El filme al que me refiero es Poltergeist, de Tobe Ho0per macerado por Spielberg, y la escena –para quien la haya visto– es aquella en la que el niño despierta por la noche a causa de una tormenta y mira a su alrededor cuando sus ojos descubren sentado en una silla a su muñeco gigante de payaso. El chico continúa con su inspección ocular y cuando regresa a la silla descubre (glup) que el payaso ya no está. Y entonces… entonces… Brrrrr, todavía me produce escalofríos evocar esa escena.

EPÍLOGO

Les contaba al principio que no fui un niño con pesadillas. Y es verdad. Los miedos conjuraron en mi cabeza cuando dejé de llevar pantalones cortos. Miro hacia atrás quizá por la necesidad de comprender el origen de mis actuales pesadillas y ahora llego a la conclusión que cuando fui infante vi la luz: esto de ser adulto es lo mismo que convertirse en un muñeco.

Ya no sé si de ventrílocuo.

Saludos, ¡a lo toma Moreno, toma!, desde este lado del ordenador.