Archive for Enero, 2018

Guarapo, treinta años después

Miércoles, Enero 17th, 2018

La iniciativa Charlas de Cine arranca 2018 con una nueva propuesta enmarcada en su programación dedicada al cine canario que consistirá en la proyección de la película Guarapo este jueves 18 de enero, a las 20:30 horas en Multicines Tenerife, y un coloquio posterior protagonizado por sus directores, los hermanos Teodoro y Santiago Ríos.

Tres décadas después del rodaje de la película que marcó un hito en el cine de producción canaria, los responsables de Guarapo que estuvieron nominados al Premio Goya en 1990 en la categoría de Mejor Dirección Novel por este título, recordarán la gestión de su proyecto, su filmación en localizaciones de Tenerife y La Gomera y lo que ha supuesto en su trayectoria.

La historia de Guarapo tiene lugar en la isla de La Gomera, tras la Guerra Civil Española, y gira en torno a la represión franquista y la emigración de canarios hacia tierras americanas en busca de un futuro mejor. El reparto de la película está encabezado por Patricia Adriani, Juan Luis Galiardo, Luis Suárez, José Manuel Cervino y Julio Gavilanes.

Las entradas ya se encuentran a la venta en la taquilla de Multicines Tenerife (C. C. Alcampo, La Laguna).

Charlas de Cine es una asociación de ex alumnos y seguidores del Aula de Cine de la Universidad de La Laguna. Desde 2013 ofrece actividades relacionadas con la recuperación de clásicos del cine en pantalla grande, charlas con expertos y colaboradores, debates en torno a películas de estreno, entrevistas y encuentros con cineastas y técnicos. La proyección de ‘Guarapo’ cuenta con la colaboración de Multicines Tenerife, la revista del audiovisual canario Alisios, la Fundación Cine+Cómics, además de TumbaAbierta.com, KsaMario, “Días de Radio, Noches de Cine” y Radio Club Tenerife – Cadena Ser.

Saludos, aún en proceso de recuperación, desde este lado del ordenador.

Puta gripe

Domingo, Enero 14th, 2018

Tropezarte en la calle con uno de esos amigos a los que sueles ver no tanto como quisieras tiene sus recompensas pero también sus catastróficas desgracias.

Sucedió un 5 de enero de este recién estrenado año, y quien les escribe salía de unos grandes almacenes cuando se topó con ese colega que, sinceramente y ahora que no me lee, tenía un estado bastante deplorable. Una gripe, me dijo el pibe mientras me invitaba a coger un taxi. De paso, eso concluyo, le ayudaba con los paquetes que llevaba encima.

El caso es que mientras conversábamos dentro del automóvil y la taxista, porque se trataba de una taxista, pretendía meter baza en lo que nos decíamos, el colega no dejaba de toser y de contarme sus desgracias. Que si la noche de ayer sobrepasé los 40 grados de fiebre, que si tengo el cuerpo molido, que el Frenadol no es la panacea de hace años… ese tipo de charla que mantienen dos personas enfermas, que al fin y al cabo es lo que somos el amigo y yo, mientras el taxi atravesaba una ciudad repleta de coches y de paseantes bastante alterados por la dichosa noche que se les venía encima.

El caso es que gracias a este encuentro casual yo también caí víctima de la gripe. Una gripe gradual, que comenzó con escalofríos, aumento de la temperatura corporal y una tos bronquial que, en mi caso, parece que quiere poner firme todo el área de mi pecho.

No recordaba una gripe tan larga, y mucho menos tan demoledora. Durante días he permanecido en cama a base de sopas Wan Tun y de sobre, mientras me metía en el cuerpo los fármacos que me recetó el sustituto de mi médico de cabecera.

Con todo, y si algo bueno ha tenido este punto y aparte, esta bajada a los abismos del horror, el horror… ha sido que he tenido tiempo de leer y ver varias películas mientras la sopa Wan Tun se derramaba por mis labios. Entre otros libros, una agradable sorpresa en unos tiempos donde parece que ya no son gratas las sorpresas: Arthur & George, de Julian Barnes, que es una de esas novelas que te hacen recuperar la fe en la literatura después de tanta nadería consumida últimamente.

En cuanto a películas, es que han sido tantas que no sé por donde empezar, aunque me agradó (la vejez y probablemente la gripe), La juventud, de Paolo Sorrentino, filme que me parece más redondo que su celebrada y festiva La gran belleza.

No sale uno de la gripe, mientras escribo estas líneas continua la tos, las tripas están empeñadas en interpretar la quinta sinfonía de Ludwig van Beethoven y me entran escalofríos. Ese viruje que viene de dentro y no de fuera, ese viruje que lo provoca la puta, desgraciada, vete a la mierda, gripe.

Esa gripe, recuerdo ahora, que me pasó sin querer ese amigo cargado de regalos. Ahora que lo pienso, no sé cómo habrá salido el tipo de la enfermedad pero, soy de corazón generoso, que la haya superado con la esperanza de encontrármelo un día de estos con la idea, de hacer lo que solemos hacer cuando no nos vemos por casualidad ni estamos enfermos: ver películas rematadamente malas.

Los chinos celebran este año como el año del Perro.

Griposo, con algo de moco y la garganta como en carne viva de tanto toser, me digo no delires, gañán, que otras tareas requieren todavía el concurso de tus/mis modestos esfuerzos.

Saludos, guau, guau, desde este lado del ordenador.

Trayecto a la infamia: Sima Jinámar

Martes, Enero 9th, 2018

El documental La sima del olvido, de Juan José Monzón, se estrena este jueves, 11 de enero y a las 20 horas en TEA Tenerife Espacio de las Artes.

Este trabajo muestra una de las heridas aún por cicatrizar más infames de la historia del archipiélago: el tubo volcánico al que fueron arrojados los cuerpos de los prisioneros republicanos detenidos por las fuerzas rebeldes a inicio de la Guerra Civil española. El espacio geológico se encuetra situado en Gran Canaria y fue objeto hace ya unos años de una excelente novela del periodista José Luis Morales.

Para la elaboración de este documental, el director Juan José Monzón grabó directamente su bajada al interior de la Sima, para lo cual estuvo preparándose previamente para el descenso durante dos meses en el Roque Nublo, la Sima de Cueva Grande y otros puntos de Gran Canaria con el grupo de espeleólogos Pernoctadores. La grabación se prolongó durante 90 minutos y la expedición utilizó cámaras especializadas para filmar en el interior y drones en el exterior.

Saludos, justicia, no venganza, desde este lado del ordenador.

Los olvidados: Juan Iturralde

Lunes, Enero 8th, 2018

Juan Iturralde (seudónimo de José María Pérez Prat) no dejó una producción literaria pródiga en títulos pero sí que cuenta con una novela, Días de llamas, que en palabras de Carmen Martín Gayte se encuentra entre las mejores sobre la Guerra Civil española, un juicio discutible pero que la escritora razona en la breve introducción que ediciones B presentó al público en 1987 de la novela de Iturralde, y un libro que desde entonces continúa siendo relativamente desconocido no ya por el público sino también por el iniciado en la fecunda e interesante literatura que se ha escrito sobre la Guerra de España.

El caso de Juan Iturralde es paradigmático para ilustrar como muchos de aquellos escritores quedaron sepultados bajo la losa del olvido por caprichos partidistas. Las ideas, ya se sabe, no casan con el arte ni con los artistas, por muy comprometidos que sean. Y Juan Iurralde fue un escritor comprometido, pero comprometido con él mismo. Esto lo distingue de otros narradores que volcaron en novelas, testimonios y biografías sus experiencias de la Guerra Civil española, esa guerra cuyas secuelas todavía arrastran los nietos y biznientos como si de una oxidada cadena se tratara.

Juan Iturralde, que ejerció su carrera profesional como abogado del Estado en Las Palmas de Gran Canaria y Madrid, ambienta la novela en la capital de España entre 1936 y 1939. Su protagonista es Tomás Labayen, hijo, hermano y cuñado de militares que en la guerra que desgarra a España ejerce de juez de ideas liberales. Una extraña síntesis en la que se mezclan opiniones republicanas con las que defienden los nacionales.

En esa tierra de nadie, en ese territorio en el que no apuesta ni por unos ni por otros, Tomas Labayen se mantiene leal a sus principios, lo que confiere de matices un personaje que observa alucinado cómo media España se enfrenta a la otra en virtud de unas ideas que incitan a amedrentar y acabar física y moralmente con el adversario solo porque piensa diferente.

La novela narra el renacimiento de su protagonista, Tomás Labayen, antes juez y ahora preso que limpia los retretes de la prisión vigilado por un miliciano que antes, en ese pasado que ya no exite, fue empleado de su casa.

Labayen, que ha sido condenado a muerte por los suyos, los que defienden la II República, hace examen de coinciencia mientras friega los suelos y se destroza las manos de lejía. El lector asiste a este peculiar examen de conciencia y transformación personal casi con el mismo estado de asombro que el protagonista. Un hombre culto, preparado, respetuoso con los demás que ha terminado quizá por culto, preparado y respetuoso con los demás en una cárcel republicana que bien podría ser de los facciosos si el alzamiento le hubiera tocado en el otro lado.

Tomás Labayen convive en la celda con otros presos, pero mientras estos están angustiados de saber que no habrá mañana, la mayor preocupacion del protagonista es conocer si ha tenido una buena vida. Esta y no otra es su mayor incertidumbre.

Por la novela desfilan diferentes acontecimientos de la Guerra Civil como el alzamiento en Madrid, con especial atención a los sucesos del cuartel de La Montaña; los últimos días del Toledo republicano, con el Alcázar como fondo; la llegada triunfal de las Brigadas Internacionales y las cruentas batallas que se libraron en la ciudad universitaria.

Todos estos hechos son narrados a través de la voz de su protagonista. Una voz que los evoca con una desarmante y fría distancia.

Días de llamas plantea el recorrido vital y sentimental de un hombre que se resiste a perder la lucidez en medio del caos y de la descomposición físicay moral de una ciudad y de un pueblo, el de Madrid.

España, concluye Iturralde, vive su sueño de la razón. Ese que provoca monstruos y Días de llamas.

Saludos, en pie, desde este lado del ordenador