Archive for Marzo, 2020

Corre, corre… que te pillo

Sábado, Marzo 28th, 2020

Uno de los atractivos del confinamiento, por buscar algo positivo, es que las lecturas con las que entretengo el tiempo no tienen nada que ver con la realidad en la que vivo. Soy consciente que fuera, en la calle, corro peligro. Corremos peligro y que dentro de casa, en esta especie de útero materno, tengo cierta seguridad mientras la nevera esté llena y pague el alquiler. Por Facebook repaso cómo lo llevan los demás. Unos proponen historias que se muerden la cola y otros se ponen a filosofar imitando involuntariamente los absurdos diálogos de Groucho Marx. Los disculpo porque los fraguan en soledad, soledad que es mala compañera para ponerse uno a pensar en cosas intrascendentes.

Sobre la mesa un libro que ni sabía que tenía y con el que entretengo estos días de abulia: A tumba abierta, atobiografía de un grifota. Lo firma Oriol Romaní y se supone que son las confesiones de un laja, así se llaman o llamaban en mi tierra, recogidas por este señor licenciado en Filosofía y Letras. Lo mejor de estas memorias de la calle es que están escritas con el estilo de un tipo de la calle, así que pese a que el argot esté muy limado, se disfrutan las taras del idioma hablado a lo largo y ancho de este recorrido por España, Marruecos, Holanda y Suecia de un españolito que vino al mundo a fundirse la cabeza con grifa. O chocolate o costo que también…

Releo más por aburrimiento que por otra cosa Mondo Bulldog que fue un libro que publicó hace años, cuando todo parecía tranquilo, el crìtico Jordi Costa. Me resulta inaudito que no recordara nada pero nada de los contenidos de la obra y me pregunto dónde estará metido el Costa, ahora que no escribe crìticas cinematográficas en el diario El País que es donde solía seguirlo.

El tercer libro aún no lo he abierto pero descansa en la mesilla de noche. He puesto muchas expectativas en él tras conocer quién fue su autor, S. Serrano Poncela, dicen que fue uno de los que se hartó de firmar penas de muerte para los desgraciados que los comunistas fusilaron en Paracuellos del Jarama. Escapó de Espala cuando el triunfo de las fuerzas rebeldes y tras dar tumbos por América terminó en Venezuela. Alguien me lo mencionó, creo que un escritor o poeta venezolano, en una entrevista…

En la televisión he desempolvado los dvd de V de Vendetta y Rebelión en el planeta de los simios, dos películas que tienen bastante en común, más allá de su discurso antisistema. También veo Europa, de Lars von Trier, que a mi me parece el mejor trabajo de este cineasta al que se le fue la pinza hace años, cuando todo era anormal o por lo menos que carecía de la siniestra normalidad de ahora…

A dos pasos de llegar a casa me tropiezo con una cola de gente que espera pacientemente para entrar en el Mercadona del barrio. Asoman las cabezas varios vecinos desde sus ventanas y en la frutería me dicen que se les han acabado los plátanos y las mandarinas lo que para mi es algo así como una tragedia griega. Mientras tanto, acumulo otros libros en la mesilla de noche que ya está bastante atestada de volúmenes varios: Victoria del maestro Conrad, Historia del diablo, del maestro Defoe, algunos títulos canarios para no perder músculo y cuyos títulos me reservo y Yo, el Vaquilla, una especie de autobiografía del mítico quinqui que escribió en su día José Antonio de la Loma, el cineasta que lo rescató del arroyo. Cosas de la vida, el navajero volvió a la mala vida cuando se le acabó lo del cine… Da que pensar, aunque hoy la tragedia sea global porque llega a todo el mundo.

Saludos, repasando que es gerundio, desde este lado del ordenador

Espartaco es tan mono

Viernes, Marzo 27th, 2020

En estos días de confinamiento y gestapo vecinal, rebusco en mi videoteca películas con las que devorar el tiempo. Y sí, soy de esos que no tiene Netflix, ni HBO ni la madre que los parió… Soy de los que por no tener, ni siquiera tiene antena para ver lo que ofrece la televisión de toda la vida, ahora imagino que sumergida en el caos del puto coronavirus.

Tengo una perra, una perra a la que amo con locura y que me mira con asombro porque no entiende nada de lo que está pasando, de porqué diablos se ha roto su rutina de todos los días, pero con todo, se adapta a las circunstancias mientras no me vea tirarme por la ventana.

Esto último es una broma… o no, vaya uno a saber.

Son tiempos extraños por mucho que uno se adapte a esta rareza. A no ver a casi nadie en la calle, a cruzar de acera si alguien viene en sentido contrario (¿podría alguien explicarme por qué son tan estrechas las aceras de la ciudad en la que nací y resido?), a acostumbrarme a coches de la policía y a que me paren y me pregunten que a dónde voy… Pues a mi casa, respondo, donde quiere usted que vaya, hombre de Dios…

A medida que pasan los días siento la tensión en el aire. A veces casi puedo cogerla entre las manos… En mis paseos con Kala, siento que la perra también lo siente porque no agita la cola como hace unas semanas… cuando todo parecía tranquilo.

Parece mentira con que facilidad se desmoronan las cosas. Cruzando la Rambla que antes se llamaba como un general de cuyo nombre no quiero acordarme, escucho a un tipo que pasea a su perro lamentarse de sus escasos ahorros y de que está a punto de no quedarle nada en la cuenta corriente del banco. El tipo no se lo dice a nadie en especial, va dando esos gritos mientras el perro tira de la correa porque quiere mear o cagar.

En una de las viviendas de mi calle alguien toca el violín. No demasiado bien pero siempre es agradable escuchar las notas de este instrumento. En el kiosco en el que voy a comprar el pan suena música soul y felicito al kiosquero por su gusto musical. Casi me dan ganas de hablar con él de todo eso pero detrás de mi hay otros clientes que esperan pacientemente, unos con máscaras y guantes en las manos, su turno.

Estaba ayer, decía, rebuscando en mi videoteca y encontré La rebelión de los simios la cuarta cinta de la serie simia y la primera película que vi de ese planeta al revés que es el nuestro en un cine. Me harté de verla entonces y por supuesto desde entonces estuve del lado de los simios.

Mientras seguía la historia me di cuenta que ahora, no sé cuántos años después, sigo estando con los simios. Y sigo estando porque esta película, que casi es una especie de El club de la lucha, es la historia de una rebelión de los desheredados de la tierra que son los monos en el filme y mucho me temo que en la vida real.

La película se sitúa cronológicamente en un futuro que ya fue, 1991 y en unos Estados Unidos de Norteamérica que ya son, nazis.

En la cinta vemos que se ha erigido en una pequeña plaza un monumento a perros y gastos que fueron exterminados por una especie de coronavirus que afectó solo a las mascotas, lo que llevó al hombre a domesticar como animales de compañía y de paso como esclavos a los simios. En el filme chimpancés y gorilas, los orangutanes no tienen el protagonismo intelectual que adquieren en las otras películas de la serie, sobre todo la primera, El planeta de los simios.

Veo el largometraje bastante tarde, otras obligaciones requieren el concurso de mis modestos esfuerzos, pero no despego la vista de la pantalla pese al sueño. La veo pues hasta que finaliza porque, pese a que me la sé de memoria, me resulta extraordinariamente actual en estos tiempos que corren y eso la hace grande, asombrosamente grande aunque note los fallos de guión y las costuras de su estética futurista pero esas taras son parte de su encanto y si me permiten de su glamour.

La película se toma en serio y la rebelión, el hasta la victoria siempre de los simios, resuena con altavoz y violenta contundencia.

Los únicos humanos decentes de este filme prosimio son el mentor de César o el Espartaco de los monos, un empresario de circo que se suicida antes de confesar donde se encuentra su pupilo mientras lo tortura la policía fascista; y la mano derecha del gobernador, que es de raza negra.

Hay, en este sentido, similitudes se dice en el documental que viene en los extras, involuntarias con los prejuicios racistas de la Norteamérica de aquellos años, los setenta que fue cuando se realizó y estrenó el filme y que coincidió con revueltas raciales en varias ciudades de ese país.

La cuestión es que, probablemente fruto de este confinamiento, la película adquiere otra dimensión y que la veo con otra mirada que no contradice a la de hace ya un puñado de décadas.

Si tienen la oportunidad les invito a que vean o revean según los casos este largometraje que no desmerece el conjunto de la saga simia. De hecho y puestos a comparar, soy de los que piensa que junto a la primera, la ya inmortal El planeta de los simios, es la mejor de las cinco que se realizaron.

Mientras escribo estas líneas confundo la realidad con la ficción cinematográfica cuando escucho un aviso de la policía nacional por altavoz que recomienda quedarse en casa. Kala se acurruca entre mis pies y me mira pidiéndome que salgamos y me da miedo, sí, miedo, que los vecinos que tengo enfrente me delaten a las autoridades porque saco a la perra a la calle y de paso aprovecho para comprar el pan nuestro de cada día. Ayer cuando la paseaba un vecino no me quitó el ojo desde el balcón y por unos momentos me sentí como el chimpancés César, con ganas de rebelión y pelea. De gritarle cuatro verdades a ese ciudadano que ha asumido la delación como un deber ciudadano.

En La rebelión de los simios, cuando todo el mundo de los humanos se va al carajo, César suelta un discurso probablemente muy poco inspirado pero que a mi, sensible que estoy en mi encierro voluntario, me pone la piel de gallina. César, entre las llamas y el griterío de los suyos proclama que ese y no otro es el verdadero amanecer de los simios…

Me quedé con ganas de soltárselo al vecino gestapo. Arriba, en el cielo, un helicóptero de la Policía Nacional me recordó que la lucha, de momento, no ha comenzado.

Pero es que, ay, Espartaco es tan mono.

Saludos, confinado, desde este lado del rodenador

Bernd Brunner: “No formo parte de los fatalistas que lo dan todo por perdido”

Jueves, Marzo 26th, 2020

Si tuviera que recomendar un libro para aguantar estos días de cuarentena recomendaría sin dudarlo Cuando los invierno eran inviernos. Historia de una estación (Acantilado, 2020), una colección de ensayos que firma el escritor Bernd Brunner (Berlín, 1964) y en el que cuenta cómo algunas culturas han prosperado pese a las bajas temperaturas.

Bernd Brunner estudia el invierno desde múltiples perspectivas (histórica, biológica, antropológica) y se pregunta qué está pasando con una estación que, como avisa en el título, “ya no es como era”.

- ¿Cómo y por qué se plantea escribir este libro?

“Hace un par de años, cuando empecé a investigar para el libro, tenía ya la sensación de que los inviernos eran menos fríos y las diferencias entre las estaciones se igualaban. Aparte de que la primavera, por ejemplo, hacía más temprano su entrada en escena. Tengo un interés crónico por la historia, de modo que me propuse averiguar qué papel había desempeñado antes el invierno en la vida de la gente, a qué logros civilizatorios había dado lugar esa estación del año en la búsqueda del hombre por adaptarse a una vida en medio del frío. Fue así como surgió este libro”.

- ¿Tiene color el invierno?

Y si es así, que otros colores creen que representan a las otras tres estaciones del año, otoño, primavera y verano.
“Azul, blanco; también gris. La primavera es verde; un rojo intenso, radiante, es el color del verano; y un rojo más cálido y pálido, así como el gris, representarían el otoño”.

- ¿Recuerda cómo fue su primer invierno?

“No puedo recordar mi primer invierno de 1965. Pero en 1969 estuve con mis padres en la Alta Baviera, donde hice mis pinitos esquiando. Y sí que recuerdo entonces el frío cortante que sentí, o el centelleo de la nieve bajo el sol”.

- ¿Cree que afecta a los habitantes de un país el rigor del clima, que modifica el carácter de sus pobladores? ¿Que el tiempo explica que se sea de una manera en el sur y de otra en el norte?

“Un papel muy importante lo tiene tal vez el hecho de que, en el sur, la gente pasa más tiempo fuera y se reúne con otra gente. El clima más frío del norte hace que las personas se recojan en sus casas y tengan quizá más tiempo para cavilar y escribir. Basta pensar en la gran cantidad de escritores que hay en la península escandinava o en Islandia, a pesar de que allí la densidad de población no es tan elevada”.

- Alguien dijo una vez que los vientos del cambio siempre soplan del sur.

“Una idea realmente hermosa, y es probable que tenga su núcleo de verdad. El norte ha sido un sitio de acumulación del capital, pero el arte y la filosofía llegaron tradicionalmente del este y del sur. Hoy en día, muchas personas sumidas en la pobreza desean trasladarse del sur al norte. El tema, como bien sabe, tiene candente actualidad”.

- Aquí en el sur tenemos la idea de que los que son del norte son más reflexivos, también más serios. ¿Cuestión del clima? ¿Puede el clima explicar que en el norte de Europa prendiese la religión luterana en detrimento de la católica?

“Muchos estudiosos se han ocupado de las diferencias de mentalidad, y yo también creo que hay cierta tendencia a darlo por cierto. Sin embargo, soy alérgico a los clichés que van de la mano con tales ideas. Tanto en el sur como en el norte hay personas que ponen patas arriba esa presunta lógica. Francia constituye un caso muy interesante: es un país mayoritariamente católico, pero más de la mitad de su territorio, desde el punto de vista climático, tiene poco de mediterráneo”.

- ¿Es más próxima la religión protestante al frío que la católica?

“Tal vez no sea casual que el protestantismo pudiera arraigar con tanta fuerza en regiones más frías, mientras que el Papa tiene su morada en la península itálica. Pero aparte de las diferencias en relación con las doctrinas y sus interpretaciones, yo, que vengo de un entorno protestante, siempre he experimentado las misas católicas y sus celebraciones —basta pensar en las procesiones— como eventos más dramáticos y teatrales y, por lo tanto, más afines a ese temperamento meridional más abierto en el aspecto emocional. Y para que no haya malentendidos: ¡no lo digo en absoluto en sentido peyorativo! Lo que he observado en sitios de peregrinación como Lourdes o Fátima me parece inconcebible en el llamado «Norte». (También me fascina, por cierto, un lugar como Assisi, donde vivió San Francisco. Es un lugar que me atrae por su magia).”

- La nieve ocupa un papel importante en el libro.

“La nieve sigue siendo el rasgo distintivo más importante del invierno en el centro y el norte de Europa, a pesar de que cada vez la encontremos menos. Pero, claro, no podía dejar de considerarla en mi ensayo. Sin embargo, es probable que debamos aprender a concebir el invierno de otro modo y desarrollar un sentido más sofisticado para los cambios que acompañan a las estaciones. Por ejemplo, en relación con la vegetación, o con el modo en que inciden en nuestro estado de ánimo”.

- Y el invierno en el mar. ¿Cómo es un invierno en el mar?

“El oleaje es más intenso. Los peces, cuando las temperaturas son más bajas, tienden a refugiarse en las profundidades. Los mariscos, los caracoles o las ostras se ocultan en el lodo, su metabolismo disminuye, se hace más lento y, por ende, comen sólo muy poco”.

- ¿Cómo cree que está afectando el cambio climático a nuestra percepción del invierno?

“En un principio, empezamos a reflexionar cada vez más sobre lo que significa realmente el invierno, sobre lo que lo convierte en una estación del año tan especial. Ya no lo tomamos como algo dado ni obvio. Ese es, digamos, el lado positivo. Pero es inevitable que reflexionemos también acerca de los vínculos entre el cambio climático –si bien yo prefiero hablar de crisis climática—, el estado del tiempo y las estaciones”.

- ¿Cómo definiría el invierno en el trópico? Aquí donde vivo apenas conocemos qué significa esa estación. ¿Qué nos estamos perdiendo?

“En los trópicos, el invierno existe únicamente como un hecho fijado en el calendario, aparte de los monzones secos como los que se se presentan en el sur de Asia. Me parece que en vuestro caso la estación puede determinarse por la época de cosecha de los frutos, ¿no? Pero en realidad no creo que os estéis «perdiendo» nada; además, siempre podéis viajar a aquellos sitios donde hay «auténticos» inviernos. Podéis daros por afortunados de vivir en esas zonas del planeta. (En un par de ocasiones me refugié en Tenerife, Fuerteventura y Gran Canaria para abreviar el periodo de humedad del invierno alemán).”

- ¿Cómo cree que será el invierno del futuro?

“No soy profeta, pero todo indica que los inviernos serán más cortos y que las primaveras harán su aparición antes. Ello genera caos en el hábitat de animales y plantas, lo cual es muy negativo. Confío, por supuesto —como en el caso de esta crisis climática— que sepamos controlar a tiempo sus efectos. Lo he dicho antes: no integro el grupo de los fatalistas que lo dan ya todo por perdido. Al menos todavía no”.

- Por último, ¿cómo fue el trabajo con el traductor José Aníbal Campos?

“La colaboración con José Aníbal Campos fue excelente y muy intensa desde el principio. De inmediato se hizo palpable su compromiso absoluto con el libro. Es lo mejor que podría desear un autor. Otorgo un gran valor al hecho de calificar este ensayo como «nuestro» libro. ¡Más que justo que lo mencionen en portada!”

Saludos, cuídense todos, desde este lado del ordenador

Alberto Uderzo (Astérix) y Juan Padrón (Elpidio Valdés), dos irreductibles

Miércoles, Marzo 25th, 2020

En estos días de confinamiento, de dar vueltas como una peonza, duchas frías si lo requiere el caso y buscar y rebuscar en la biblioteca un libro que ocupe el tedio leo que ha muerto dos tipos que me hicieron mejor persona.

Los dos eran dibujantes y a uno lo descubrí antes y en familia y al otro después con otra familia. Los dos, probablemente, pensaban distinto aunque los dos, probablemente, dibujaban con el corazón

Alberto Uderzo nació en la nación que exportó el mensaje de libertad, igualdad y fraternidad, y como la bandera tricolor transmitió parte de esta idea en sus historietas, en especial con la del personaje que le dio fama y dinero: Astérix el galo, aunque para los que llegamos a él siendo niños nos gustara más la fortachona candidez de su amigo íntimo, Obélix, que además cuidaba con mimo a Ideáfix, su perrito, aquel que lloraba cuando se derribaban los árboles…

Gracias a Astérix quise devorar un jabalí y darle de cachetones a los romanos, aquellos tipos que según Astérix estaban locos. Locos porque seguían, derrota tras derrota, intentando aplastar a la irreductible aldea de los galos, feroces guerreros que se achantaban, eso sí, ante sus mujeres. Algunas espectaculares como la de Edaddepiédrix, el anciano del pueblo.

La primera historia de Astérix que entró en casa fue la de Astérix y los normandos y desde ese entonces es uno de mis álbumes favoritos junto a Astérix legionario, La cizaña y El caldero mágico. En verdad me gustan todas las historias que Uderzo, el dibujante, dibujó con los guiones de René Gosciny, un auténtico genio. Un maestro del tebeo francés que encontró en Uderzo al compañero ideal para sacar adelante un cómic que si por algo se define es por ser tan francés.

No termina de convencerme sin embargo la historieta que transcurre en España, pero es por esa visión que ofrece de este país: tipos rudos y pendencieros, a los que les gusta bailar flamenco y torear (olé) pero al margen de esta historieta, no terminan tampoco de convencerme las que llevan a sus protagonistas a otros territorios como Gran Bretaña, Bélgica, Helvecia…, ya que salvo La vuelta a La Galia, que es una deliciosa guía turística por Francia, la visión que reflejan en clave cómica de aquellos pueblos resulta demasiado tópica.

Entre mi hermano y yo comenzamos a completar la serie cuando aquel Astérix y los normandos, que nos llegó por un regalo, uno de esos regalos que te cambian la vida que para eso están los regalos, estuvo en nuestras manos. Más tarde y como podíamos, cumpleaños, reyes, reuniendo como hormiguitas el dinero suficiente para adquirir algunos de esos libros porque estaban a un precio prohibido entonces a nuestros bolsillos, fuimos leyendo su encuentro con Cleopatra (cuando estuve en Egipto lo primero que pensé cuando vi la Gran Esfinge de Guiza fue que Obélix le había roto la nariz); su cara a cara con el mismísimo Julio César y cómo tomarse a guasa lo que dicta un adivino. Eso entre otros cómics de la serie que comencé a dejar de lado tras el fallecimiento de Gociny.

A partir de entonces los dibujos eran los mismos (continuaba Uderzo) pero los guiones no eran lo mismo. La abandoné por completo cuando el dibujante le cedió la creación a Jean-Yves Ferri (guionista) y Didier Conrad (dibujante) porque ya no me decía nada. Y eso que el mimetismo que han conseguido estos autores con el trazo de Uderzo es perfecto pero ya no me veo en ellos, ya no estoy acompañando a Astérix y Obélix en sus aventuras. Con o sin poción mágica.

Muere Uderzo en unos días terroríficos para todos. Personalmente, mis relaciones con los demás ya no son las mismas. Hablo con los que más quiero en videollamadas. Con otros a través de diálogos interminables y a golpe de whatsap. A veces quisiera, cuando termine este jaleo enfermo, que todos los que quiero nos sentemos alrededor de una mesa y no descansemos hasta el amanecer. Eso sí, con Asurancetúrix colgando de un árbol y los piratas maldiciendo su mala suerte en alta mar por haberse vuelto a encontrar con los galos.

Descubrí a Juan Padrón tarde y en un viaje a Cuba. Estaba charlando con una familia en su casa y mientras tomábamos café cuando en la pantalla del televisor apareció Elpidio Valdés.

Las aventuras del bravo mambí se desarrollan durante la guerra de independencia con España.

En ella, los villanos pero villanos simpáticos, son los españoles que hablan con acento peninsular solo que en cubano, lo que da más gracia a los personajes. Me asombró la agilidad de aquel episodio y el amor que los niños que había en la casa tenían con el bueno de Valdés.

Disfruté con otros episodios de la serie que vi más adelante y ahora lo sigo haciendo de tanto en tanto gracias a Internet. No dejen pasar uno de sus últimos largometraje, aquel en el que los españoles dejan de ser los villanos, papel que asumen los yanquis, los gringos, los norteamericanos que son los malos, malos de verdad. El final de esta película es muy esclarecedor y resume el espíritu de una serie muy cubana pero abierta al mundo. A toda clase de públicos.

Si se conoce fuera a Juan Padrón no es, sin embargo, por Elpidio sino por Vampiros en La Habana que es una película deliciosa sobre un grupo de no muertos de chiste que llegan a la capital cubana en los locos, locos, locs años 30.

El filme recoge bien el ambiente que había entonces en esa ciudad que sedujo a Gabriel García Infante, su mejor cronista, hay fiesta y gangsterismo a partes iguales y en ese escenario de clubs nocturnos y de mala nota aparecen los vampiro y ¡ay, asere, q’ bolá!

Durante unos años llevé en mi llavero, ese en el que van las llaves, una figurita de Elpidio. Me daba fuerza aquel canijo. Luego, un día, se fue en busca de otros caminos que quisieran contar con el concurso de sus modestos esfuerzos y espero que lo haya conseguido porque un tipo como ése se lo merece todo.

Me pregunto, si existe algo más allá de esto que conozco, si Uderzo y Padrón se habrán visto. Y si se han visto qué se habrán dicho.

Quiero pensar que los dos se habrán inclinado y que después (porque en ese más allá imagino que no llega el corona virus) se habrán dado las manos y si me apuran hasta un abrazo.

Seguro que observan con preocupación el mundo que dejan. Y seguro que nos alientan a enfrentarnos al mal con arrojo y valentía. Con mucho arrojo y valentía. Ya ven, igual de irreductibles que sus dos creaciones más famosas.

Saludos, hasta la próxima, desde este lado del ordenador

La sorriba, una novela de Cecilia Domínguez Luis

Martes, Marzo 24th, 2020

Están apareciendo en los últimos tiempos novelas escritas en Canarias en las que se reivindica el protagonismo de la mujer en la construcción de lo que podría denominarse carácter de un archipiélago que, por fin, no baja la cabeza cuando quiere reconocerse en su pasado.

Algunas de estas historias se desarrollan durante la Guerra Civil española y la postguerra y se tratan de relatos en los que se describe cómo era ser mujer en aquel entonces. Ser mujer con pensamiento propio que a ojos de las autoridades entonces gobernantes resultaban inequívocamente rebeldes.

La lucha por salir adelante con dignidad forma así un gran tema que, se insiste, comienza a proliferar en una literatura como es la canaria tan desprejuiciada como es la que se escribe y publica en estos tiempos enfermos, y no solo por el covid-19.

Esta tendencia literaria, novelas históricas escritas por mujeres y protagonizada por mujeres se caracteriza en cierta manera por su entusiasmo revisionista y se preocupa por auscultar su pasado como sexo. El resultado de esta reflexión, una reflexión que mezcla corazón y cabeza, temperamento y sensatez, son una serie de novelas que han aparecido recientemente escritas por escritoras muy próximas generacionalmente.

El año pasado se publicaron varias novelas generosas en páginas que abordaban este asunto. Entre otras, destacaría La prestamista, de María del Mar Rodríguez, que se desarrolla en la isla de La Palma en un arco temporal amplio, 1850-1946, y en la que se reflejan las grandezas y miserias de sus protagonistas y Felisa en su mudanza, de María Candelaria Pérez Galván, en la que se recrea la vida de dos jóvenes canarias que viven en un pueblo perdido en las montañas de la isla que deciden ir a la ciudad para labrarse una vida mejor. En esta obra, tanto el pueblo como la ciudad no existen en la realidad aunque no es difícil encontrar similitudes con los que motean la geografía de las islas solo que se deja a la inventiva del lector que los identifique como desee aunque una de las claves de la obra es no buscarse problemas por reconocerlos sino dejarse llevar por una narración que fluye con voz propia. Esa voz propia se detecta también en La prestamista y continúa ahora la estela Cecilia Domínguez Luis con La sorriba (Ediciones Idea, 2020), novela en la que se tocan temas si no iguales muy parecidos a los títulos con anterioridad mencionados.

La sorriba se desarrolla durante la postguerra y transcurre en un pueblo perdido en la montaña de nombre Los Eriales. La narración comienza con el arribo de la maestra a este grupo diseminado de casas y los primeros capítulos subrayan la diferencia de mundos a los que pertenece esa mujer joven, con ideas liberales en la cabeza resultado de muchas lecturas, y las mujeres del pueblo, la mayoría de ellas ancladas en el medievo. Es decir, mujeres dedicadas al hogar y a la crianza de los hijos y de sus respectivos maridos en una sociedad que apenas evoluciona y que asiste con sorpresa a los avances de la técnica como la aparición del primer teléfono en el pueblo.

Por contra, y en un mundo dominado por el hombre, los personajes masculinos salvo el doctor que se desplaza al pueblo cuando tiene que atender a enfermos de gravedad o mujeres a punto de parir, se describen como tipos feroces, que emanan hostilidad y con una sola idea en la cabeza. En especial el alcalde y el cura del pueblo. El primero como responsable público de Los Eriales y el segundo como el responsable espiritual de sus vecinos. Lamentablemente, no son los personajes mejor acabados de la novela. Resultan demasiado trillados, vistos. Se dibujan como encarnaciones maléficas, muy tópicas de ese franquismo que nos ha retratado cierta literatura y cine tras la muerte del dictador en noviembre de 1975.

En este sentido, basta imaginar al alcalde vestido con camisa azul, obseso, con bigote estrecho, al modo falangista con el pelo estirado para atrás con brillantina. El sacerdote asume la función de representar la autoridad de la Iglesia, una Iglesia castradora, que vela además por el mantenimiento de las jerarquías en la comunidad.

Una comunidad que, ya lo dice el nombre del pueblo, resulta un erial.

El sacerdote tiene así la misión de castrar simbólicamente a las mujeres de la congregación mientras el alcalde abusa de su poder sin que nadie le rechiste. Este poder hace que incluso y sin disimulo acose a una de las jóvenes que tiene a su servicio en el Ayuntamiento.

Si hay heroínas en la novela son las seis mujeres protagonistas. Todas, instruidas o analfabetas, se abren paso como buenamente pueden en un mundo de hombres. Se subraya su capacidad de sacrificio en unos tiempos donde lo habitual era que el marido emigrara a las América para trabajar y enviara parte del dinero a la familia. Dinero que, al cabo de los meses, dejaba de llegar cuando se dejaba de tener noticias de él. La sorriba quiere en este aspecto ser un homenaje a todas esas mujeres que solas ante el peligro se enfrentaron a un mundo hostil y aprovechado. Y que pese a las adversidades, lograron salir adelante gracias a su arrojo y hondo sentido de la dignidad.

La novela de Cecilia Domínguez es un relato muy emocional sobre todo en la segunda parte, de un grupo de mujeres que hace todo lo posible para sobrevivir en tiempos de escasez y penuria. Son mujeres solas aunque en la novela unas y otras terminan por conocerse y ayudarse para salir adelante. Como es obvio, no es una tarea que resulte fácil y el libro pone el acento en esas tragedias cotidianas que, pese a todo, hizo que la mayoría de ellas llevara bien alta la cabeza. Lástima que la obra caiga en el error, bastante habitual en novelas de este tipo, de resultar excesivamente maniquea ya que distingue sin grises quiénes son los buenos y quiénes los malos.
Novela coral, las protagonistas de esta historia son mujeres. Mujeres enteras, francas, que miran al futuro sin pestañear aunque la procesión la lleven por dentro.

La sorriba cuenta a mi juicio con un interesante hallazgo que si bien dificulta la lectura la hace tremendamente atractiva no solo para los lectores nacidos o residentes en las islas y es el esfuerzo de la autora por reproducir gráficamente el habla “canaria” de sus protagonistas con independencia de su sexo. Se entiende que se hizo así para distinguir el nivel cultural entre los personajes y aporta colorido y hasta belleza sonora (se recomienda leer estos diálogos en voz alta) al tiempo que dota de peso psicológico a los personajes. El libro contiene un glosario de canarismos así como de expresiones y vulgarismos con el fin de que el lector no pierda el sentido de unas voces que aún permanecen muy vivas en determinados rincones del archipiélago.

Saludos, lecturas, lecturas, lecturas, desde este lado del ordenador

Marto Pariente obtiene el Premio Novelpol 2020 por La cordura del idiota

Sábado, Marzo 21st, 2020

La Asociación de Amigos de la Literatura Policiaca Novelpol ha anunciado este sábado a través del Festival Atlántico de Género Negro Tenerife Noir el fallo de su premio Novelpol 2020, que ha recaído en La cordura del idiota, de Marto Pariente (Versátil ediciones, 2019), según el resultado de la votación de los miembros de la asociación para escoger la mejor novela negra publicada en 2019.

La asociación anunció el fallo a través de los recursos informativos del Festival Atlántico de Género Negro, que tenía previsto concluir este sábado, 21 de marzo, y que finalmente, debido a las consecuencias de la crisis provocada por la pandemia de coronavirus ha aplazado su celebración hasta el próximo otoño. Así, Novelpol mantiene una costumbre arraigada hace unos años, por la que anuncia el fallo en Tenerife Noir y lo entrega en la Semana Negra de Gijón, prevista este año para la primera quincena de julio. Así será “si todo va bien, evidentemente”, ha asegurado el presidente de Novelpol, el escritor José Ramón Gómez Cabezas.

La cordura del idiota está ambientada en lo más profundo de la campiña de Guadalajara, en un lugar en medio de la nada camino de los pantanos, poblado de unos personajes extraordinariamente singulares. Con una narración de guion cinematográfico, Marto Pariente narra una crónica sobre la soledad, la corrupción urbanística, los traumas infantiles y el amor incondicional entre hermanos.

La elección como novela ganadora del Premio Novelpol ha sido “un proceso largo, de cerca de dos meses”, explica el presidente de la asociación en un video publicado en las redes sociales de Tenerife Noir. Tras proponerse como aspirantes inicialmente 60 novelas, el proceso de votación desembocó en la elección de seis obras finalistas, “muy buenas novelas”, destaca Gómez Cabezas.

A lo largo de este último mes, colaboradores de Novelpol han ido votando, de forma que resultó vencedora la obra de Pariente, “que fue sumando ventajas prácticamente desde el principio”, añade, y acabó la primera sobre las otras finalistas: Soledad, de Carlos Bassas del Rey (Editorial Alrevés); Los señores del humo, de Claudio Cerdán (Ediciones B); Los miércoles salvajes, de Susana Hernández (Editorial Milenio); Un asunto demasiado familiar, de Rosa Ribas (Editorial: Tusquets) y Una bala con mi nombre, de Susana Rodríguez Lezaun (Harper Collins).

Protagonizada por Toni Trinidad, un atípico policía de pueblo, solitario e imperturbable, pero que se desmaya si ve una sola gota de sangre, la novela muestra cómo la tranquila existencia de su protagonista está a punto de cambiar y su puesto de trabajo pende de un hilo mientras su hermana Vega no puede pagar una deuda contraída con un cruel narcotraficante. Trinidad comprobará que no es fácil mantener el tipo rodeado de narcos, policías, sicarios y políticos corruptos, sobre todo, cuando las circunstancias to obligan a verse rodeado de sangre y de crímenes violentos.

José Ramón Gómez Cabezas anima al público a quedarse en casa y lo alienta a leer “novela negra y todo lo que podáis en estos días de confinamiento”. En este sentido, es de destacar que Versátil ediciones informa en su página web que la novela premiada se puede conseguir en formato de libro electrónico en la mayoría de plataformas y que la editorial ha interrumpido temporalmente la venta del libro en papel a través de Internet hasta que vuelva estar operativo su servicio de paquetería.

Saludos, enhorabuena al ganador, desde este lado del ordenador