N Negra de Arona: La primera balacera

Miércoles, Mayo 9th, 2012

Arona se ha cubierto de un manto de tinta negra desde este miércoles, 9 de mayo.

La escena del crimen se encuentra en la sala Guaza, del Centro Cultural de Los Cristianos, donde una serie de escritores y unos individios que más que apasionados son locos por el género, se encuentran reunidos para hablar de los que más le gusta –la novela negro criminal– y compartir experiencias, títulos y autores con otros sospechosos habituales a una literatura que, afortunadamente en Canarias, ha dejado hace ya mucho tiempo su inestable y caprichosa adolescencia.

Me tocó esta misma tarde hablar de la novela que considero fundacional de lo policiaco en Canarias: El caso del cliente de Nouakchott, de Jaime Mir Payá. Y se me fue el tiempo volando porque además del discurso, el público asistente contribuyó a aligerar la velada levantando las manos y formulando preguntas muy interesantes.

Además de la novela de Jaime, reeeditada el año pasado por Oristán y Gociano, se habló de libros, editoriales y la paradójica ignorancia literaria que tanto los que viven en esta isla, Tenerife, como los que habitan en la que tengo delante de mis narices, Gran Canaria, así como las otras cinco que navegan a la deriva igual que las dos capitalinas, tenemos de los que se hace a un lado y al otro de las fronteras marinas que nos separan.

Las conclusiones fueron, como pasa casi siempre, desalentadoras.

Tras la intervención, cogió el relevo el editor Ánghel Morales, quien presentó la úlima novela de Javier Hernández Velázquez, El fondo de los charcos (editorial Baile del sol), título en el que su autor además de recuperar la memoria del poeta Domingo López Torres, rinde un hermoso y emotivo homenaje a Santa Cruz de Tenerife.

Velázquez, autor también de Factotum, La identidad fragmentada y el libro de relatos Los días prometidos de la muerte, publicará pronto El sueño de Goslar, novela en la que la ciudad que lo vio nacer y crecer vuelve a ser protagonista.

En su intervención, el escritor que es una de las voces –tiempo al tiempo– más maduras y valientes no ya de lo negro criminal en Canarias sino de la literatura que se quiere escribir en Canarias, recordó la figura de López Torres y de la gente que hizo capaz, como el mismo López Torres, Gaceta de Arte y soltó cuatro verdades que si bien no sé si comparto,  tienen la audacia de haber sido lanzadas con aplastante sinceridad en unos tiempos donde la sinceridad es un valor que está a la baja.

Así, El fondo de los charcos es El fondo de los charcos además de por López Torres un libro con ambiciones reivindicativas en la que Hernández Velázquez pero también todos los que somos de su misma quinta manifestamos nuestro orgullo por pertenecer a unas islas en la que hace ya muchos años un grupo de iluminados demasiados adelantados a su tiempo conformaron lo que se conoce como facción surrealista canaria.

Pero es que el peso de esta facción, y el peso como influencia si quieren fantasiosa de lo que hicieron, es lo que está dotando de un corpus sin prejuicios ni venenosas veleidades a esta hornada –y la que está empujando– de narradores a este lado siempre inestable del Atlántico.

Y ahí radica su grandeza.

Y su mayoría de edad.

Y capacidad de riesgo y de querer llegar a otros mercados aunque su autor resida en estas entrañables cagaditas de moscas que son las islas Canarias.

La N Negra de Arona continúa este jueves, 10 de mayo, con las intervenciones de Alexis Ravelo y José Luis Correa. El primero intentará desentrañar las claves del Noir Isleño a las 16.30 horas. El segundo presentará a las 17.30 la última novela protagonizada por su detective privado Ricardo Blanco, Nuestra Señora de la Luna.

Cuando el humo de la pólvora se disuelva en la sala Guaza del Centro Cultural de Los Cristianos intervendrá Antonio Lozano, quien dará a conocer La sombra del minotauro, novela en la que recupera al investigador José García Gago.

Saludos, bang, bang, bang, desde este lado del ordenador.

Miedo y desconcierto: ‘La lista’, de Juan Bosco

Lunes, Abril 30th, 2012

- Levántate.

Lo arrastraron al sótano de la mansión. Lo sentaron en una silla con las manos atadas a la espalda y lo torturaron hasta que dijo cuanto sabía.”

(La lista, Juan Bosco)

Leo La lista (Principial de los libros) primera novela del también cantautor Juan Bosco y las conclusiones que saco son contradictorias. Como duendes caprichosos que me dictan a un lado y al otro de los hombros esto es lo que hay y esto es lo que no hubo.

Me cuesta así mucho esfuerzo describir las sensaciones que como lector he sacado de este título cuyo mayor lastre quizá sea sus ambiciones. Su necesidad por dejar constancia escrita de un periodo ignominioso de nuestra Historia pero también por reivindicar a un puñado de héroes que sin épica pero sí mucho valor fueron capaces de sacar fuerzas de sus entrañas y enfrentarse al miedo.

La lista es una novela histórica y un retrato, en ocasiones algo notarial, de lo que significó la Guerra Civil y la postguerra en La Orotava, Tenerife.

Estructurada en 42 capítulos que se desparraman por algo más de cuatrocientas páginas, la primera experiencia literaria de Bosco –con todos sus peros– es un entrañable y emotivo homenaje a esos hombres y mujeres que pese a las adversidades y al fantasma de la represión se convirtieron en ciudadanos ejemplares en unos tiempos donde ser ejemplar era sinónimo de muerte.

Quizá sea éste, a mi juicio, lo mejor de este relato excesivo en páginas así como la capacidad del escritor para describir el sórdido ambiente de una villa, como fue La Orotava, dividida entre los de siempre y los que quisieron hacer Historia.

Pueblo chico, infierno grande.

Pueblo marcado por familias de rancio y casposo abolengo cuyo linaje les ha enseñado a ver como insectos a los que tienen debajo y que se aferran, por miedo también, a que permanezca inalterable el mismo estado de las cosas.

Aterrados a todo lo que huela a cambio.

Viento de transformación ante los que reaccionan fomentando lo que solo conocen: la salvaje represión.

El miedo.

La lista es así una novela sobre el miedo. El miedo de unos y el miedo de otros que Juan Bosco no termina de cerrar de manera adecuada abrumado, quiero pensar, por el periodo histórico en el que desarrolla su historia.

La novela peca, en este sentido además, de un número excesivo de páginas que demandaba afeitado, rasurado para afinar un relato que, finalmente, sabe a desigual. Que da la sensación que perdió la brújula en momentos perfectamente prescindibles y que en algunos casos provoca –fue mi caso– cierto sonrojo vergonzoso en algunas de sus partes.

Con todo, La lista es una novela valiente. Y que se lee muy bien pese a esos capítulos que no aportan nada al buen curso del relato.

Lo mejor, reitero, es la capacidad que tiene el autor para describir la vida en un pueblo que se ha enquistado en un sistema de castas donde es imposible crecer si no se forma parte de tan honorable sociedad.

También se agradece por parte de su autor –aunque mucho me temo que fallido– el intento de que sus protagonistas no caigan en el burdo maniqueísmo.

La lista drena así su solidez al presentar a aristócratas y falangistas como demonios perversos cuya infancia se vio castigada por otros demonios igual de perversos y a los héroes como una serie de hombres y mujeres honestos y con buenas costumbres.

Bosco, sin embargo, recula y quizás consciente de que su relato se escora demasiado del lado de los buenos presenta a un camisa azul con conciencia.

Pero es un personaje al que apenas explora y que parece que está ahí para facilitarle la operación que van a desarrollar los buenos en la segunda mitad de la obra.

Este personaje, para mi clave por su dimensión de héroe pero sobre todo de traidor a los que presuntamente son los suyos, se pierde en las emotivas páginas finales de un libro que no procura segundas ni terceras lecturas en el imaginario del lector porque da la sensación que a su autor tiene bien claro quienes fueron los buenos de La lista.

Y si bien los buenos de su historia son buenos de verdad, los malos –el yang–  parecen demasiado malvados y por lo tanto muy típicos y tópicos.

Juan Bosco, afortunadamente, corrige el desacierto en las conmovedoras y realistas últimas páginas de su novela en las que describe como hacen “desaparecer” a un grupo de buenos en un lugar indeterminado de Las Cañadas del Teide.

Como lector siento la tensión del momento.

La pólvora que flota en el aire y la crisis histérica que sufre un soldado incapaz de continuar con lo que está haciendo.

Ser un verdugo.

El protagonista de La lista es un fraile –que no sacerdote– salesiano que es destinado al colegio San Isidro del valle de La Orotava.

Lucas, que así se llama, es un hombre cultivado pero inocente que pronto se dará cuenta de donde ha ido a parar. Acaricia con las manos el miedo.

El miedo de su congregación, el miedo de la gente del pueblo, el miedo ante esas tristemente célebres Brigadas del Amanecer que a altas horas de la noche visitaban a hombres y mujeres hostiles al nuevo régimen y de los que más tarde no se volvería a hablar.

Ni a ver.

Desaparecidos.

Una lista con ochenta nominados a “desaparecer” llega a sus manos. Lo que le hará cuestionar a Lucas muchas cosas, también a descubrir el amor y de lo que es capaz de hacer cuando el sacrificio llama a su puerta.

No, no se trata de una novela religiosa –aunque tiene su pálpito–  pero sí, quiero entender, de un contenido y ocasionalmente furioso ajuste de cuentas con una villa, La Orotava, que pudo haber cambiado el signo de la historia de este país “si en junio del treinta y seis aquel tipo hubiera disparado el arma contra el general Franco. Pero no lo hizo, y por eso la noche era ahora una consecuencia de aquel desconcierto.”

Y eso es lo que concluyo tras leer La lista.

Puro, descarnado desconcierto.

 Saludos, una víctima más, desde este lado del ordenador.

“¡Mi brazo, mi brazo!”.- Gritó Nelson

Domingo, Abril 8th, 2012

Cuentan que fue Domingo Pérez Minik quien dijo en cierta ocasión que dos de los grandes errores de Canarias fue no dejar entrar a Horatio Nelson en 1797 y dejar escapar a Francisco Franco en 1936.

Ambos momentos, curiosamente, se produjeron en julio, época estival en la que el calor, entiendo, contribuyó posiblemente a multiplicar el tradicional carácter aplatanado que, opinan unos, caracteriza a los habitantes de este territorio.

Se han escrito algunas historias sobre la conjura que un grupo de hombres y mujeres planificaron para que Franco abandonara el suelo de Canarias pero en posición horizontal aquellos días de julio de 1936. Me viene ahora a la cabeza El fulgor del barranco, de Juan Ignacio Royo, así como La lista, primera novela de Juan Bosco. Respecto a lo que se conoce como la Gesta del 25 de julio, y a la espera de que Ángel Luis Marrero Delgado termine de escribir su relato sobre estos mismos acontecimientos, el aficionado puede recrearse literariamente en los mismos en dos novelones muy ajustado a los hechos tal y como lo registran las crónicas de la época como son El fuego de bronce y Entre piratas. El contralmirante Nelson y el general Gutiérrez en las islas Canarias, de Jesús Villanueva y Miguel Ángel Díaz Palarea, respectivamente.

El escritor David Galloway también hace referencia de aquellos días en La cueva de las mil momias y de manera tangecial en Los apuros de don César, una de las tantas novelas que pertenecen a la serie de El Coyote de José Mallorquí, y en la que se recuerda que uno de los antepasados del ya legendario personaje se encontró en alta mar a los navíos de Nelson cuando regresaban derrotados del ataque a Tenerife.

Es muy probable que haya otras historias cuya acción se desarrolle en esos días de julio, aunque la verdad es que tras mucho rastreo en la red y consultas en unos pocos archivos no hemos encontrado otros títulos salvo los estrictamente históricos: cartas y diarios de algunos de los protagonistas, así como artículos en prensa entre los que destaca la referencia que el escritor Ángel Guerra escribe sobre Santa Cruz de Tenerife en el número del 7 de diciembre de 1919 de Blanco y Negro: “bastaría a su gloria la heroica defensa que hizo el 25 de julio de 1797.”

Por ello me resulta cuanto menos extraño descubrir que literariamente apenas se haya explotado este momento de la historia tan trascendente para una isla que, desde ese entonces, custodia en su pequeño pero interesante Museo Militar las dos únicas  banderas del Imperio Británico capturadas en combate a su armada, aunque como lamenta Villanueva en una reseña publicada en El Cultural, no tiene nada de extraño cuando la capital de la isla donde desembarcaron sus tropas dedica una de las calles con más solera al contralmirante que perdió aquí, precisamente aquí, su brazo por la metralla de un cañonazo y una “callejuela de treinta metros” al general español, Antonio Gutiérrez Otero y Santayana, cuyas fuerzas –compuesta de soldados y milicias– terminaron por vencer a quien años más tarde se convertiría en el león de los mares británicos.

Estos hechos, que cuenta además con un final de presuntos caballeros con la entrega de regalos entre vencedores y vencidos y una carta en la que se conmina al contralmirante mutilado a no intentar de nuevo la aventura, probablemente hubiera resultado otra cosa en el universo de la ficción si quien lo hubiera narrado fuera inglés. Claro que a los anglosajones no les gusta, precisamente, recrear en sus historias derrotas por muy caballeresco que resulte su final.

Pienso, déjenme ustedes especular, en el patriótico Bernard Cornwell o en el historiador hispanista Hugh Thomas con su novela Habana. George McDonald Fraser es otra cosa, un infiltrado que dedicó su mejor serie, los papeles Harry Flashman, a desmitificar la grandeza de aquel Imperio en el que también no se puso el sol.

Al margen de otras consideraciones, sí que se puede entender y leer entonces El fuego de bronce como una de las primeras novelas sobre aquellos días de julio que vivió Santa Cruz de Tenerife en 1797. Días, cabría señalar, que aún están empañados por la leyenda. Una leyenda en la que se dan cita los elementos necesarios para escribir una buena novela histórica como es, entre otros, la derrota que sufre quien más tarde sería hidalgo de los mares británicos así como la enconada y épica resistencia que los habitantes de la plaza realizaron para no entregarla.

Villanueva aprovecha estos y otros elementos en El fuego de bronce, obra que pese a su volumen de páginas no deja de resultar entretenida. En especial porque el lector iniciado, con cierta idea de lo que pasó, espera los capítulos finales para vivir desde dentro la batalla que se desató no solo frente a las costas santacruceras sino también en sus calles y plazas.

Y en este aspecto está muy bien descrito la atmósfera, el olor de la pólvora, los muertos que caían como moscas ante las balas de mosquetes y cañones, los gritos desgarrados de los heridos… Lástima que su extensión — setecientas páginas– haga demorar ese momento. Más si tenemos en cuenta que el argumento de ficción que propone su autor entre Fermín, un joven grancanario que llega al que será el escenario del combate, y Damián y Pilar, no termina de estar bien casado, lo que a juicio de quien ahora escribe estas líneas terminó por aburrirle bastante y hacerle incluso titánica la lectura completa del libro.

No obstante, y pese a este desequilibrio que a fin de cuentas es la columna a través del cual Villanueva sostiene su relato, El fuego de bronce se convierte en la novela histórica y bélica que tuvo que haber sido en sus últimas páginas. Páginas que, como apunté con anterioridad, están escritas con pasión y a tenor de lo que cuentan los especialistas sobre este hecho de armas, muy ajustadas a lo que se cree que  fue.

Miguel Ángel Díaz Palarea mantiene esta misma línea en Entre piratas. El contralmirante Nelson y el general Gutiérrez en las islas Canarias, aunque su novela más que novela hay que leerla y entenderla como una lección de historia narrada a través de sus protagonistas.

Palarea coincide con Villanueva en destacar el protagonismo que tuvo en aquellos hechos los habitantes de la isla y logra además un relato preciso en cuanto a su cronología, todos ellos encabezados por citas de la época o por reflexiones de historiadores que se ocuparon del hecho con posterioridad.

La diferencia más destacable que separa sin embargo a ambas novelas es que la obra de Palarea se preocupa más por los hombres de a pie, los héroes y también cobardes que tomaron parte en la batalla. Pero son retratos que apenas cincela el autor porque los acontecimientos reales terminan por devorarlo.

Como lector, lo más atractivo de esta novela basada en hechos reales es su espíritu por reivindicar a un grupo de personas que siendo anónimas se lanzaron a la batalla porque así tenían que hacerse las cosas.

Se agradece también su ánimo provocador.

Su empeño en desmontar el aura de batalla bella o gesta a la derrota que sufrió Nelson en esta tierra. Más si tenemos en cuenta cuando escribe:

“- Pero amigos, no seamos rebenques que todos conocemos las prácticas del contrabando con esos desalmados; muchos acaudalados que todos conocemos tienen repletas las alforjas de negociar con el enemigo.

- Pero bobomierda, el inglés no viene precisamente a negociar. Busca las riquezas de los barcos fondeados en la dársena de Santa Cruz de La Laguna y el oro y joyas atesoradas en nuestros templos y conventos. Pero no debemos olvidar la hermosura de nuestras mujeres. Les podría contar cómo en uno de esos ataques no quedó sin tocar una sola hembra.”

Esto me hace concluir que El fuego de bronce y Entre piratas son dos títulos, pese a sus muchos defectos, recomendables y con carne para sumergirse en un periodo de la Historia que para los habitantes no solo de Tenerife sino también de Canarias así como de España y Gran Bretaña forma parte de ese enorme casillero donde las grandes potencias de aquel entonces libraron una formidable partida de ajedrez en la que peones, torres, alfiles, caballos, reinas y reyes ganaban o perdían partidas.

Vista así las cosas, nada ha cambiado desde ese entonces.

Esperando un Trafalgar al estilo Benito Pérez Galdós sobre aquellos hechos…

Saludos, y buena lectura, desde este lado del ordenador.

La novela que pudo ser y no fue

Sábado, Abril 7th, 2012

- “A mí, Sanjurjo no me inspira confianza. –afirmó Franco– Culpa suya fue, y no de otro, que el Rey abandonase el país. Le cabe la responsabilidad de haber dejado el Gobierno en manos de los republicanos. Nunca hay que huir sin lucha, nunca abandonar. El poder hay que conservarlo hasta la muerte.”

(El fulgor del barranco, Juan Ignacio Royo Iranzo)

Hace un tiempo dedicamos un post a las novelas sobre la Guerra Civil española cuya acción se desarrollaba en Canarias. Asunto que tras su publicación generó un atractivo goteo informativo de lectores y amigos en el que me daban aviso de títulos que por desconocimiento se me olvidaron reseñar en ese artículo.

Entre otros se encontraba El fulgor del barranco (Editorial Benchomo, 2008), de Juan Ignacio Royo Iranzo, una novela que no llega a las 150 páginas y que tras su lectura, a la que he llegado gracias a la generosidad de ese inquieto Puck de las letras canarias que es el editor y también escritor Ánghel Morales, ha suscitado un conjunto de ideas revueltas en mi ya de por sí desordenada cabeza.

El fulgor del barranco comienza a finales de los años veinte del siglo pasado en Mogador, Marruecos, localidad en la que nace su protagonista, un personaje que por azares del destino termina en la capital tinerfeña sirviendo a una de las familias más ricas del archipiélago: los Camacho.

La acción brinca entonces a 1931, 1933, 1935 y 1936, años trascendentales para la historia de este país que algunos nos atrevemos a llamar todavía España, y finaliza el 17 y el 18 de julio con el pronunciamiento militar que dio al traste con el sueño para unos, pesadilla para otros que fue la II República española.

Tarea pues muy ambiciosa la que emprende Royo Iranzo en El fulgor del barranco, al intentar retratar con trazo demasiado ligero momentos cuyo peso histórico resultó tan importante para la España penínsular y sus islas.

Y ello partiendo de un relato que reunía suficientes atractivos si su autor se hubiera preocupado en darle consistencia, desarrollo, preocupación por retratar un periodo de nuestra historia cuyas heridas continúan abiertas porque, pienso, aún no ha habido un cirujano capaz de cerrarlas para que las generaciones posteriores podamos de una vez dormir en paz y liberados enfrentarnos de pie y con la cabeza despejada a los conflictos de nuestro tiempo.

Noto, pese a todo, a un escritor detrás de El fulgor del barranco.

La novela contiene momentos muy bien descritos, en los que se aprecia la capacidad de su autor para crear atmósferas y cierta sensación inevitable que sabe poner los pelos de punta.

Pienso, mientras escribo, en el diálogo que mantiene el protagonista con el alcalde de la ciudad, estando los dos presos antes de que los falangistas los hagan desaparecer en el mar.

“- Ya debían de haberme soltado. Es como si nadie pensase. No he cometido ningún delito. He sido alcalde durante dos meses y en todo momento intenté hacer respetar las leyes y velar por el orden.

El moro escuchó pasos que se acercaban por cubierta. La cerradura del candando giró.

- Por fin  nos dejarán libres.

- Sidi, esto no me gusta.”

Pero me sabe esbozo, a primer borrador de la novela que tuvo que ser.

Una novela que, entre sus muchas historias, como la de ese protagonista sin pasado ni futuro que solo puede vivir un presente al que el curso de los acontecimientos ha colocado en el lugar menos oportuno, pedía más desarrollo, más carne, más sustancia para conmover a un lector que, como quien les escribe, es lo primero que le pide a una novela.

Y que a mi juicio, Juan Ignacio Royo Iranzo, no supo armar en El fulgor del barranco. Título que, reitero, sabe a borrador. A esqueleto de lo que pudo haber sido y no fue.

Es probable, de todas formas, que su autor no quisiese escribir la novela que esperaba encontrar mientras avanzaba en su lectura. De hecho, admito que dejara resbalarla de entre sus dedos mientras la redactaba porque pensó que el conjunto comenzaba a resultarle demasiado grande.

Me quedo así con El fulgor del barranco con su espíritu pulp, de relato con nervio pero que pudo haber sido mucho más.

Está escrita con una distancia gélida que apenas reblandece la ironía gruesa que imprime en algunas de sus páginas porque detrás de lo que se lee en el relato no hay poso. Sustancia.

Novela que pudo ser y no fue, El fulgor del barranco narra, fabula entre otras cosas, en la intentona de atentado que un grupo de anarquistas de salón perpetró contra quien luego dirigiría los destinos de las Españas, Francisco Franco.

“- ¿Quiero que le cuentes lo que me has dicho sobre el general Franco. Dile que lo acompañas al campo de golf en coche.  Solo será un momento.

- ¿Para qué? ¿Por qué se interesa tu hermano? Me obligan a cargar con la bolsa de los palos. Y a mirar donde caen las bolas. No me gusta contarlo. Luego tengo que esperarles mientras ellos comen y yo paso hambre. ¿Qué le importa eso a nadie? Además, yo no deseo conocerle. ¿Dónde está? Solo me interesa pasear contigo, nada más.

Candita le soltó la mano para llevarse un dedo a los labios pidiéndole silencio. Señaló un biombo de cartón junto a la ventana.  Preguntó con voz solícita:

- ¿Estás ocupado, Vicente?

Oyeron un bufido como respuesta. Tras el biombo se escondía alguien. La muchacha lo retiró para descubrir a un hombre sentado que leía un periódico tras una pequeña mesa picada por la carcoma.

- ¿Qué quieres?– masculló.”

También, y quizá aquí radique lo mejor de esta novela que pudo ser y no fue, la visión que registra un testigo inocente y sin compromisos ideológicos al que se manipula para servir a los de siempre en unos instantes que han pasado a la historia como el amanecer de una España que hoy, tanto los que afirman que la defienden como los otros continúan empeñados en que permanezca viva pese a su olor a cementerio.

Leo así El fulgor del barranco con cierto agrado frustrado, preguntándome porqué Juan Ignacio Royo Iranzo no firmó la novela que pudo haber sido y no fue.

No le falta perspectiva y distancia, también un agradecido ánimo en desacralizar a quien más tarde fuera el caudillo de aquella España grande y libre como de los extremistas de izquierdas más preocupados en emborracharse para darse ánimos y tirarle bombas que no fueron más allá de petardos bullangeros.

Insisto por ello que El fulgor del barranco pudo haber sido pero no fue la novela de la Guerra Civil de un territorio chiquito, ombliguista y tan malvadamente tontorrón como es el que habito.

Saludos, Alá es grande y Mahoma ¿su profeta?, desde este lado del ordenador.

Noticias de ese cine que tanto nos (dis)gusta

Miércoles, Abril 4th, 2012

CLAUDE RAINS (Mr. Dryden en Lawrence de Arabia): “Si nosotros hemos dicho mentiras, usted ha dicho medias mentiras. Un hombre que dice mentiras, como yo, simplemente oculta la verdad; pero el que dice medias mentiras ha olvidado dónde está la verdad.”

MIENTRAS UNOS DUERMEN, OTROS HACEN

El proyecto Mañas 2.0 comienza a calentar motores tras la firma de un convenio de colaboración entre el presidente de la Federación de Lucha, Germán Rodríguez, y la productora Arte Populi. Mañas 2.0, que cuenta con el patrocinio de Cajasiete y Canaria de Mármoles y Triturados, S.L., fusiona la Lucha Canaria con tecnología de captación de movimiento y animación gráfica en 3d. El resultado ofrecerá una colección de diez piezas audiovisuales con las mañas más utilizadas del deporte vernáculo del archipiélago. Esta iniciativa tiene un planteamiento pedagógico, y jugará con imagen real y entornos 3d con el objetivo de mostrar las posiciones, desplazamientos, toques y cogidas que componen cada maña. Mañas 2.0 contará con una edición limitada de discos en formato en la que se compilará la colección de las diez mañas interactivas multiangulares, acompañdas de un making off con las imágenes de la grabación y el trabajo de producción, así como las opiniones de los expertos, puntales y profesionales de la Lucha Canaria sobre este proyecto. Mañas 2.0 cuenta con el apoyo de la Fundación Canaria de Animática, y debe su concepción, desarrollo y dirección a Isidro J. González, quien asumirá también su realización. El diseño y la animación 3d la asumirá Ssiliuto Design; el responsable de la sonorización y banda sonora, Julio Tejera y el diseño gráfico Dorta Design bajo la producción de Pablo Navarro.

CUBILLO, SÚPER STAR

Historia de un crimen de Estado, documental de Eduardo Cubillo cuyo argumento gira en torno al Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC), ha sido seleccionado entre los treinta trabajos que serán exhibidos en el Festival de Málaga de Cine Español. Historia de un crimen de Estado es un documental histórico sobre Antonio Cubillo Ferreira, responsable del movimiento independentista canario que en la década de los años setenta del siglo pasado reivindicó la independencia del archipiélago desde la Organización para la Unidad Africana (OUA).

MARÍA MONTEZ, LA REINA DEL TECHNICOLOR

La República Dominicana ha organizado un amplio programa de actividades para conmemorar en junio de este año el centenario del nacimiento de la actriz María Montez, quien conquistó Hollywood en la década de los cuarenta ganándose el título de La reina del Technicolor. Montez, cuyo verdadero nombre fue María África Gracia Vidal, nació el 6 de junio de 1912 en Barahona (suroeste dominicano) y falleció en París el 7 de septiembre de 1951, al parecer, de un ataque al corazón mientras se bañaba. Hija de un diplomático español de origen canario, Isidoro Gracia García y una dominicana, la futura actriz se educó en un convento católico de las islas Canarias. Su carrera en el cine está repleta de trabajos de serie B como Las mil y una noches (1942), La salvaje blanca (1943) y La reina de cobra (1944), entre otras. Para conmemorar su centenario, una comisión nombrada el año pasado por el Gobierno dominicano ha diseñado un programa que incluye además de un ciclo de cine, la emisión de un sello postal en su honor y la inauguración de un busto en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, en la capital dominicana. Cabe destacar la recuperación que en España inició el investigador tinerfeño Antonio Pérez Arnay, recientemente fallecido, de la actriz con su libro María Montez, la reina de Technicolor, editado por la Filmoteca Canaria en 1990.

FIMUCITÉ  NO ENTIENDE DE CRISIS

Leo en prensa la rueda de prensa que los organizadores y las administraciones públicas implicadas ofrecen con motivo de la presentación de la sexta edición de Fimucité. Se anuncia que la Universal Pictures celebrará en el Festival su centenario con un concierto en el que se interpretará una selección de sus grandes bandas sonoras. Este encuentro, que llega a su sexta edición y que se desarrollará en Tenerife del 7 al 14 de julio, incluye un concierto inaugural de Presuntos Implicados y en días sucesivos audiciones dedicadas a Henry Mancini, que interpretrará la Big Band de Canarias, así como debates y mesas redondas que se complementan con un ciclo de cine dedicado al compositor Nino Rota. Entre los artistas invitados destaca Pete Anthony. Una pregunta: ¿de qué irá el libro que editan este año? Porque habrá libro ¿verdad?

CORTOCIRCUITO

El circuito canario Islas de Cine que programa el Gobierno de Canarias comienza esta semana en Gran Canaria, La Graciosa y Tenerife su andadura. Islas en las que se exhibirán La isla interior; Canarias, reductos de la diversidad y Ella (s), respectivamente. La iniciativa contempla el pase de nueve largometrajes en todo el archipiélago (¿se incluirá la siempre graciosa La Graciosa?) a lo largo del 2012. El circuito cuenta también con la colaboración de la Radio y Televisión Canaria, que cada mes emitirá una de las películas programadas en el ciclo. El amor se mueve, de Mercedes Afonso inaugura esta sección y su emisión tendrá lugar este miércoles, 4 de abril, a las 23.30 horas, por en Canal 2 de la TVC, con redifusión el próximo sábado, día 7, a las 18.30 horas.

 Saludos, ¡¡¡ay, mi cabeza!!!, desde este lado del ordenador.

Para apuntar en la agenda…

Martes, Marzo 27th, 2012

NO DEJEN DE IR

La segunda sesión del foro Enciende La Tierra convertirá el Espacio Cultural de CajaCanarias, en Santa Cruz de Tenerife, en un espacio de pensamiento y diálogo que invitará a la sociedad a reflexionar sobre la primavera árabe. Sami Naïr y Dima Khatib debatirán este martes, 27 de marzo, sobre lo que supuso este despertar social, a partir de las 20 horas. Este debate, con entrada gratuita hasta completar aforo, estará moderado por Lourdes Santana, directora regional de Cadena Ser en Canarias.

CORTO CANARIO EN TEA

Tenerife Espacio de las Artes acoge este miércoles, a las 20.30 horas, el estreno del cortometraje Veneno, un trabajo dirigido por Jonay García (Santa Cruz de Tenerife, 1979), producido por Digital 104. Veneno está escrito por Eugenia Arteaga y lo protagonizan Aida Folch y Pepo Oliva. La película propone una interpretación “peculiar en el género fantástico”, al contar la historia de una joven que sufre una extraña enfermedad que convierte su sangre en veneno. La entrada para ver esta cinta, de 24 minutos de duración, es libre hasta completar el aforo del Salón de Actos y previa retirada de las invitaciones en la taquilla del centro. El filme, en el que también intervienen los actores Severiano García, Juancho Aguiar, Armando Jerez y Gustavo Rodríguez, se rodó en agosto de 2011 en la Residencia Universitaria Parque de las Islas de la Universidad de La Laguna.

NUEVO LIBRO DE CECILIA DOMÍNGUEZ LUIS

El Hotel Nivaria, en La Laguna, será escenario también este miércoles, 28 de marzo, de la presentación de Los niños de la lata de tomate, de la escritora tinerfeña Cecilia Domínguez Luis. El acto, que comenzará a las 18.30 horas, lo introducirá el escritor Pablo Martín Carbajal.

ARONA NEGRA, EN MAYO

El Patronato de Cultura del Ayuntamiento de Arona prepara la sexta edición de la Novela Negra de Arona, que se desarrollará del 9 al 11 de mayo en este municipio del sur de Tenerife. El año pasado, entre otros invitados, participaron en sus jornadas el escritor Lorenzo Silva y el librero Paco Camarasa, responsable de la librería Negra y Criminal en Barcelona, toda una institución para los amantes del género.

Y EL VIERNES…

Ediciones Aguere y Ediciones Idea acaban de publicar –dentro de su colección Fantasía y Ciencia Ficción– Aislados, la nueva novela de Félix Díaz. Esta obra se presenta el viernes, 30 de marzo, a las 19.30 horas, en el Ateneo Miraflores de Santa Cruz de Tenerife, radicado en la calle Miraflores, nº 3. En el acto, intervendrá, junto al autor, el director de Ediciones Aguere, Ánghel Morales García y el escritor y abogado, Javier Hernández Velázquez.