Y si Nelson hubiera vencido…

Miércoles, Octubre 16th, 2019

Si algo hay que reconocer en Félix Díaz González es su constancia y lealtad a un género como el de la ciencia ficción escrito con acento canario.

A semejanza del gaditano Tomás Felipe, que centra sus cuatro novelas publicadas en distintos escenarios de las islas (Gran Canaria, Tenerife y El Hierro) en clave de anticipación y fantástico, Díaz González se ha mantenido más fiel a las constantes de un género que gana seguidores dentro y fuera del archipiélago, y al que ahora se suman escritores veteranos como novatos. Entre los veteranos se encuentran Víctor Conde, pseudónimo de Afredo Moreno Santana, y Leandro Pinto, éste último más escorado hacia los fantástico y terrorífico que lo estrictamente de ciencia ficción.

Hay numerosos subgéneros en el proceloso río de la anticipación. También una legión de escritores a los que en su momento elogió un fantástico escritor fantástico como fue Jorge Luis Borges al prologar la edición en español de Fahrenheit 451. El problema surge cuando el purista del género, que los tiene como cualquier género, pone el grito en el cielo al no creer que Ray Bradbury sea un autor de ciencia ficción por muy futuristas y distópicas que sean algunas de sus obras. Quien les escribe tampoco considera demasiado de ciencia ficción un escritor como Bradbury pero lo mismo le pasa con otros grandes clásicos del género.

En ciencia ficción es posible encontrarse con historias de aventuras espaciales, de telépatas, de contacto con inteligencias extraterrestres, de invasiones alienígenas y de viajes a través del tiempo, entre otros temas.

Kronos. Viajes por el tiempo y por el espacio, la nueva novela de Félix Díaz González se apunta a este último subgénero, dando como resultado una obra curiosa e ingeniosa en muchas de sus partes.

El libro no llega a las doscientas páginas y en él se intercalan varios capítulos sobre diferentes visitas al pasado que protagonizan los tripulantes de Kronos, una nave de pasajeros entre los que se encuentra un canario, natural del Puerto de la Cruz. Los viajes en el tiempo siempre han estado de moda dentro de la literatura de ciencia ficción, H.G. Wells fue uno de los pioneros en dar con una máquina original que transportara a sus ocupantes al futuro. Un futuro bastante triste el que retrata Wells, y en el que presenta como alegoría dos razas humanas: las de los eloi, que viven en un mundo aparentemente feliz, y los morlocks, que moran bajo tierra donde trabajan “aparentemente” para los eloi.

Mark Twain había jugado también con el viaje en el tiempo, solo que al pasado, en su divertidísima Un yanqui en la corte del rey Arturo y Poul Anderson estableció las bases de un equipo de policía que velara porque lo que conocemos siguiera siendo eso, lo que conocemos de nuestra Historia en La patrulla del tiempo, novela que inspiró la serie de televisión El ministerio del tiempo.

En la novela de Félix Díaz el viaje en el tiempo es resultado de un accidente, accidente que hace que la Kronos salte de época en época provocando turbulencias y cambios radicales en la historia tal y como la conocemos.

El episodio más interesante del libro hace retroceder y avanzar a sus protagonistas. Se tropiezan así con guanches y con la marina británica que navega para atacar la bahía de Santa Cruz de Tenerife.

En este último episodio, alguien hace entrega a los británicos de los planos correctos de la plaza con el fin de que el ataque sea un éxito ese verano de 1789.

Y resulta un éxito por una serie de motivos que invitan a leer la novela.

En otros capítulos, los protagonistas y de su mano el lector, viajará a una capital de provincias que se llama Kingston, antes Santa Cruz de Tenerife. No profundiza sin embargo el escritor en esta realidad alternativa aunque hace un esbozo creíble de algo que no pasó.
El libro contiene otros saltos temporales y cuenta con una misteriosa maleta que sirve a modo de interesante anticipo de un relato original que se bifurca.

Kronos se lee con sumo interés y se agradece que detrás haya un escritor que disemina ideas a medida que avanzan las distintas historias que lo vertebran. La novela se lee con agrado y si tiene alguna pretensión es la siempre agradecida voluntad de entretener.

Saludos, aquí, asándonos al calor de Venus, desde este lado del ordenador

La coproducción canario-chilena Blanco en blanco, premio FIPRESCI en la 76 Mostra de Venecia

Viernes, Septiembre 6th, 2019

La producción canaria-chilena Blanco en blanco de Théo Court, ha obtenido el Premio FIPRESCI de las Secciones Paralelas (al que optaban las películas de Orizzonti y la Semana de la Crítica), en la 76 edición de la Mostra de Venecia.

El Jurado de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica ha otorgado el galardón al largometraje por el acercamiento único a un viaje hacia la modernidad y la locura en una parte remota del mundo, que combina el duro retrato de un genocidio con la expresión del alma de un artista. Según su opinión, la película brinda hermosas imágenes y una delicada interpretación de Alfredo Castro.

En el equipo técnico de Blanco en blanco destacan las aportaciones del cineasta canario José Alayón, que compatibiliza su labor de productor con la director de fotografía y que obtuvo el Premio en esa categoría en el Festival de Cine Europeo de Sevilla por La ciudad oculta de Víctor Moreno-; Manuel Muñoz Rivas -director del film premiado en Cinespaña El mar nos mira de lejos y habitual colaborador de cineastas como Mauro Herce-, como responsable del montaje; Carlos E. García, diseñador de sonido de El abrazo de la serpiente de Ciro Guerra y Pájaros de Verano de Ciro Guerra y Cristina Gallego o Ninphomaniac de Lars Von Trier; y Jonay Armas -compositor e intérprete canario, que ha creado una singular partitura-.

Blanco en blanco es una coproducción hispano-chilena entre El Viaje Films (España) y Don Quijote Films (Chile), que cuenta así mismo con la producción asociada de las compañías Filmkundschafter Filmproduktion (Alemania) y Blond Indian Films (Colombia). El film, que en su fase de desarrollo obtuvo el premio Work in Progress otorgado por Euroimage en el Festival de Les Arcs, ha contado además con el apoyo de MEDIA, ICAA -Ministerio de Cultura y Deporte, World Cinema Fund, Gobierno de Canarias y TEA (Tenerife Espacio de las Artes). Su rodaje fue una auténtica proeza, que se desarrolló a lo largo de cuatro semanas y se dividió en dos etapas: una en el frío e inhóspito territorio de Tierra del Fuego (Chile)  y otra, en Tenerife. 

Saludos, ¡Enhorabuena!, desde este lado del ordenador

Una novela del siglo XIX refleja la versión británica del ataque de Nelson a Tenerife

Lunes, Noviembre 12th, 2018

Rockingham o un hombre de honor se publicó por primera vez en 1840 en Gran Bretaña, donde pronto se hizo muy popular aunque se desconozca a día de hoy la autoría de la novela. Algunos opina que corresponde a una de las tres hermanas Brönte (Emily, Charlotte y Anne) pero otros, como el investigador tinerfeño José Luis García Pérez, sospechan que fue Philippe Ferdinand Auguste de Rohan-Chabot, conde de Jarnac.

La novela en principio no tendría mayor atractivo para un lector de las islas si no fuera porque en la segunda parte –capítulos primero al tercero– se desarrolla íntegramente en Tenerife, en concreto en el valle de La Orotava y el puerto de la Cruz, y en Santa Cruz, donde el protagonista de la obra, lord Edward Rockingham, un guardiamarina enrolado en la escuadra del contralmirante Horacio Nelson, participa en la batalla por la plaza con castastróficos resultados para los británicos. Y sitio, se relata, en el que resulta herido y abandonado por sus camaradas.

Que se sepa y en la todavía pequeña pero cada vez más interesante literatura que se ha escrito sobre aquellos hechos, esta es la primera vez que se conoce que esta historia sea narrada en clave de ficción a través de los ojos del enemigo, así como la primera novela que centró el bautismo de fuego de su joven protagonista en el ataque que saldó una de las primeras derrotas de quien más tarde sería el oficial más condecorado y temido de la marina de guerra de la corona británica.

La obra narra también la historia de amor romántico que nace entre el joven marino convaleciente y la mujer que lo cuida, Dolores Almansa, “supuesta sobrina en la novela del general Antonio Gutiérrez”, escribe García Pérez en la introducción del libro, y por el que obtuvo el premio Investigación Histórica Álvarez Rixo (2000) aunque se publicó al año siguiente con prefacios del periodista y entonces alcalde del Puerto de la Cruz Salvador García; del profesor de la Universidad de La Laguna José S. Gómez Soliño y del investigador Antonio Salgado Pérez.

Rockingham o un hombre de honor destaca en sus capítulos tinerfeños por sus interesantes descripciones de Santa Cruz de Tenerife durante el asalto:

Seguí a mi protector a través de algunas calles angostas y tortuosas…, hasta que por fin alcanzamos una casa ancha y baja, donde entramos juntos… cuando salimos de la casa el día iba muy avanzado. Era la hora de la siesta, y las estrechas callejuelas de Santa Cruz estaban vacías”.

La novela sitúa además al lector en el momento en que es herido el contralmirante Horacio Nelson cuando pretendía desembarcar en la costa santacrucera:

Nelson se apoyó ligeramente en mi hombro al saltar del bote pero, cuando ya había puesto pie en tierra, pesó de improviso tanto sobre mí que no pude sostenerle. Observé que cambiaba con rapidez su espada de la mano derecha a la izquierda y luego se desplomó en el suelo, aun cuando puse a contribución todas mis fuerzas para impedirlo.

Lleno de temor, miré a Thorthon, quien se encontraba a mi lado.

- El almirante está herido –murmuró– y me temo que de gravedad. Tenemos que ayudarle a regresar al bote.arma que se había escapado de sus manos y la reintegré al bote”.

Una vez trasladan a Nelson del campo de batalla al navío Theseus, se puede leer más adelante:

Apenas acababa de pronunciar estas palabras, cuando, sobre las oscuras olas, detrás de nosotros, se elevó un grito salvaje y penetrante… El grito de muerte de doscientos de nuestros más bravos corazones que, alcanzados por un solo disparo cruel, fueron arrojados a su húmeda tumba.

- ¿Qué es eso, Thorthon? -inquirió Nisbert.

– Creo que el Fox se hunde. Hace un instante que aún estaba junto a nosotros”.

El autor, o la autora, de la novela continúa describiendo la lucha encarnizada con timbre envolvente:

El muelle estaba defendido por oscuras masas de enemigos, cuyo incesante fuego escupía sobre nosotros muerte y destrucción, pero nada podía resistirse al furioso ataque de Thorthon. Un cañón después de otro caía en nuestras manos entre entusiastas ¡hurras! Y pronto fue reducida al silencio la batería completa. Pero de nuestra gente habían perecido muchos y, cuando llegamos a la mitad del muelle, un violento fuego de fusilería desde las casas más próximas tornó imposible cualquier intento de seguir avanzando”.

Tras el combate, el fin. En la novela que está escrita en primera persona se puede leer:

La rabia de los españoles se volvió entonces contra mí. Un mulato me propinó un fuerte golpe con un garrote en la cabeza y, mientras caía yo sobre las rodillas y me esforzaba por cubrir el cuerpo de Thorthon, varias espadas y bayonetas se dirigieron hacia mí, y una de ellas me hirió en el brazo. Pero un joven oficial español, que en aquel instante se acercaba, ordenó en tono irritado a sus gentes que se apartaran y, después de rogarme con cortesía que le entregara mi espada, lo cual hice inmediatamente, me invitó a acompañarle mientras daba orden de que el cuerpo de mi amigo fuera levantado y conducido con esmero detrás de nosotros”.

El protagonista de la obra, tras enterrar en el cementerio de Santa Cruz a su camarada de armas, se recupera de las heridas sufridas en La Orotava bajo los cuidados de la señora de Almansa, emparentada con el general Antonio Gutiérrez, un personaje que sale muy bien parado si atendemos a este momento:

En cuanto me sentí restablecido, rogué a don José que me proporcionara oportunidad para ofrecer mis respetos al gobernador, cuya conducta durante los últimos acontecimientos había sido, como averigüé más tarde, altamente noble y digna de encomio. Desde entonces había visitado a menudo a Antonio Gutiérrez, y este me había tomado tanto cariño que un día recibí una carta suya donde me rogaba que me trasladara a Santa Cruz para pasar algunos días en su residencia de gobernador”.

En el capítulo cuarto y con el personaje repuesto ya de sus heridas, el protagonista abandona Tenerife para regresar a su país donde proseguirán sus cuitas amorosas porque Rockingham o un hombre de honor es ante todo una novela romántica victoriana, lo que quizá hizo suponer a algunos que estaba escrita por una de las Brönte y no por el conde de Jarnac.
Sea quien fuere, la verdad es que el autor o la autora se toma muchas molestias en el retrato que hace de Tenerife y pese a muchas inexactitudes, se entrevé que quien la escribió conocía la isla.

Doña Dolores vino luego a mi encuentro. Le causó gran sorpresa mi admiración por los geranios y heliotropos, que allí crecían en cada rincón y en cada rendija entre las piedras, ya que ella los consideraba únicamente como hierbajos y plantas parásitas. Riéndose de mí ignorancia, me enseñó a diferenciar, nombrándolos por sus nombres españoles, el bananero, la higuera, la vainilla y demás nobles productos de esta islas, verdaderamente afortunadas, según el nombre que le dieron los romanos”.

Para el aficionado a la novela romántica victoriana, Rockingham o un hombre de honor responde a las expectativas. Es generosa en páginas y en lances no solo amorosos sino también bélicos si nos detenemos en los capítulos que dedica a lo que en Tenerife se celebra a día de hoy como Gesta.

Con independencia de su calidad literaria, la obra cumple con todos los preceptos que hizo mayor al género en el Reino Unido: historias sentimentales con compleja resolución y galería de personajes que obedecen a los tipos literarios de la época.

En cuanto a descripciones, resalta el color que le pone ¿el autor?, ¿la autora?, al norte de Tenerife:

La villa estaba enclavada en una suave colina, a unos cien pies sobre el nivel del mar, cuyas tranquilas y regulares olas rompían mansamente al extremo del jardín. Algo más lejos se extendían la ciudad y el puerto de Orotava, así como el hermoso valle que lleva su nombre. Sin embargo, lo más importante del paisaje era el pico del Teide que levantaba, majestuoso, su orgullosa cabeza, cuyas nieves eternas desafiaban durante todo el año los ardientes rayos de ese sol”.

Rockingham o un hombre de honor es, en definitiva, otras de esas curiosidades literarias en las que Tenerife es protagonista solo que en esta ocasión la isla y la batalla que se produjo en la plaza de Santa Cruz desencadena una acción donde la isla y por extensión las islas juegan un papel fundamental. Aquí radica uno de los atractivos de un libro que fue redescubierto a las puertas del siglo XXI por el investigador y experto José Luis García Pérez, autor del estudio de la edición que ha llegado a nuestras manos y trabajo por el que recibió el premio José Agustín Álvarez Rixo de Investigación Histórica hace ahora 18 años.

NOVELAS SOBRE LA GESTA DEL 25 DE JULIO

Escritores de las islas han ficcionado con mejor o peor fortuna lo que se conoce como Gesta del 25 de julio. Entre otros autores y novelas se encuentran El fuego de bronce, Entre piratas. El contralmirante Nelson y el general Gutiérrez en las islas Canarias y 1797. Piratas del Atlántico de Jesús Villanueva, Miguel Ángel Díaz Palarea y Luis Medina Enciso, respectivamente. David Galloway también hace referencia de aquellos días en Entre cuevas, que se incluye en el volumen La cueva de las mil momias y Ángel Luis Marrero Delgado describe la batalla sin perder el humor ni la seriedad en el díptico La amenaza de Albión y El leviatán chasqueado.

A modo de curiosidad y de manera tangecial se hace referencia de la batalla en Los apuros de don César, una de novelas de la serie El Coyote de José Mallorquí, y en la que se recuerda que uno de los antepasados del ya legendario personaje se encontró en alta mar con los navíos de Nelson cuando regresan derrotados del ataque a Tenerife. Sobre estos hechos escribió también Luis Cola Benítez, en 1797. Cinco días de julio y con el título de Tigre 1797 Carlos Miranda y Víctor Bidart acercaron esta historia a los más jóvenes mientras que Juan Carlos Mora narró la batalla en la novela gráfica La gesta del 25 de julio de 1797. En cine se han rodado varios documentales, y se refleja también en el episodio 25 de la serie de dibujos animados La historia de Canarias, que realizó la empresa BRB Internacional por encargo del Gobierno de Canarias, que invirtió en ella 478 millones de las pesetas de entonces,

Saludos, criaturas, desde este lado del ordenado

Miguel Delibes escribe y reflexiona con acento paternal sobre Tenerife

Lunes, Febrero 12th, 2018

La relación de Miguel Delibes Setién. (Valladolid, 17 de octubre de 1920 – Valladolid, 12 de marzo de 2010) con Canarias estuvo en manos del destino, y como tal, el canto del archipiélago parece el de una sirena. Llegaba, se iba, volvía a llegar… casi el movimiento de las olas cuando mueren en la arena y en las rocas de la playa.

Castilla, y con honra, es el escenario de la mayoría de sus libros. Así como los hombres y mujeres nacidos y que se han forjado en este paisaje. La Castilla profunda y fría, hermosa pero dura tanto por dentro como por fuera.

Durante la Guerra Civil española prestó servicio, precisamente, en el crucero Canarias, experiencias que recoge en la excelente novela 377A. Madera de héroe y más tarde porque dedicó al archipiélago, y concretamente la isla de Tenerife, uno de los capítulos de Por esos mundos. Sudamérica con escala en las Canarias, y con el que concluye un relato de viajes por Brasil, Argentina y Chile escrito más con nervio periodístico que literario.

Con todo, su visión de Tenerife y por extensión Canarias no deja de resultar interesante sobre todo porque se trata de un retrato de la isla a finales de los años 50.

El paisaje tinerfeño se ha transformado y mucho desde ese entonces, aunque aún conserva ciertos elementos reconocibles sobre todo para los que nacieron en ese Tenerife sin autopista al sur y que en el momento del arribo del escritor y periodista castellano era la zona más pobre y abandonada de la isla.

En el texto, Miguel Delibes pretende en todo momento mantener una mirada distante pero inevitablemente paternal así comoresultar condescendiente con los insulares, carácter que intenta definir en capítulos como El isleño no llora ni aplaude, frase apunta que toma prestada del abogado y erudito tinerfeño Tomás Cruz.

Y escribe: “ese apaciguamiento que descubrimos en el isleño –y que posiblemente para el americano, especialmente para el americano tropical pasa inadvertido– es, cómo no, otro fruto del clima. El clima del litoral tinerfeño es, ya lo hemos dicho, benigno, de una blandura enervante.Todo el que arriba a la isla queda, automáticamente, influido por él. A algunos, incluso, les produce un desequilibrio febril”.

Hasta concluir, más adelante que “el tinerfeño es un ser más bien deprimido, apagado, muy alejado de la exaltación. Mi buen amigo isleño Alfredo Reyes Darias, que se conoce el país de pe a pa (…) me decía en cierta ocasión: El tinerfeño no roba, ni mata; se suicida”,

Es una pena que no sepamos nunca las reflexiones que le sugeriría la isla y Canarias del siglo XXI. Muchas cosas han cambiado para mejor aunque otras parece que para peor.

Miguel Delibes anota también la manera en como tienen los canarios de llamar a España, Península aunque entiende que “este amor es tanto más emocionante cuanto mayor es el desapego del peninsular Hacia sus islas. Si uno, en el curso de la conversación, dice España por Península, el isleño sonreirá comprensivo, pero en lo hondo se dolerá de nuestra ligereza”.

A lo largo del texto, apenas medio centenar de páginas estructuradas en capítulos, Miguel Delibes escribe frases contundentes y con cierto colorido de Tenerife, “isla oxidada”, y sobre el volcán: “El Teide, adormecido, presidiendo majestuoso el agrio contorno de la isla, nos habla de un pasado incierto, de un ayer incensado por el humo de los volcanes y uno comprende que esas rocas detesmpladas, de una calvicie inquietante, constituye los detritus digestivos del Teide, los despojos de su voracidad secular. Tenerife es, pues, una vomitona del Teide, una pura excrecencia volcánica; y ya por el mero hecho de que el gigante duerma, la isla puede considerarse justamente afortunada”.

El escritor y periodista castellano continúa su peregrinar por una isla que lo asombra y que lo conmueve. Una isla que sabe sacar además un sentido del humor que no pretende herir a nadie aunque llame la atención de, precisamente, el canario, objeto del análisis apresurado del viajero.

Su estampa del sur de la isla es desoladora y refleja cómo era el sur de la isla a finales de la década de los 50.

“En el sur reina el patetismo, la aridez, el drama, mas, por ello, precisamente, racata un mayor valor, un interés humano inifinitamente másvivo”. Páginas más adelante escribe que en Santa Cruz de Tenerife le han comentado que “está llegando la hora de la redención del sur y que el sur, con el tiempo, conocerá una era de prosperidad que rebasará la actual prosperidad del norte”.

Este informe más que crónica de viaje, Miguel Delibes no se detiene a describir comidas aunque sí deja arrastrar su pluma en la descripción de paisajes resulta una fotografía interesante de cómo era la isla y en conjunto las islas a finales de los 50, y sirve para darse cuenta de lo que hemos avanzado no sé si como sociedad pero sí en calidad de vida en cuanto a prestaciones técnicas. El acomodo a un sistema de vida, con todo lo que lleva implícito, no hubiera sido del gusto del escritor castellano. Y no porque fuera contrario a las comodidades de la modernidad sino por el precio que había que pagar.
En su itinerario por la isla, resulta de interés el retrato que hace de la capital tinerfeña de aquel tiempo donde las cosas se hacían con otro ritmo: “Santa Cruz da la impresión de una ciudad tropical, no solo por el número, sino por la plasticidad de sus flores”. Más adelante escribe que el sol de la isla “no quema” y que la brisa es una “brisa que no curte”.

Por último le parece llamativo, como a otros viajes anteriores y contempornáeos que las calles de Santa Cruz a las nueve de la noche estén desiertas.

Este misterio, sobre el que también reflexionó Leslie Charteris en El picnic de los ladrones, continúa siendo uno de los enigmas que forman parte del pasado, presente y todo hace sospechar de esta pequeña y agradable capital de provincias.

Saludos, lunes de carnaval, desde este lado del ordenador

Los niños terribles

Martes, Octubre 24th, 2017

Título original: Don’t Grow Upaka / Año: 2015 / Duración: 81 min / País: Francia / Director: Thierry Poiraud / Guion: Marie Garel Weiss / Música: Jesús Díaz, Fletcher Ventura / Fotografía: Matias Boucard / Productora: Coproducción Francia-España; Inti Entertainment / Arcadia Motion Pictures / Noodles Production / Reparto: Fergus Riordan, Madeleine Kelly, McKell David, Darren Evans, Natifa Mai, Diego Méndez, Dominique Baute, Daniela Jerez, David Ojeda, Kiara Aguilar, Holly Ainsworth, Alexander Baute, Guillermo Botau, Guacimara Correa, Sol de la Barreda, Jonay Federico, Michelle García, Victor Solé

En la década de los sesenta el 68 ocupa un lugar especial. Fue un año de violentas transformaciones y de revoluciones con adoquines que el cine visualizó en extrañas producciones independientes cuyos planteamientos han evolucionado hasta los tiempos actuales.

El cine de zombis nació en los años sesenta y su padre fundador es George C. Romero. El diseñó las características que rodea al que hoy ya es un subgénero y anticipó las posibilidades que tiene para retratar tiempos en los que el miedo forma parte de nuestra vida diaria.

Los muertos vivientes disfrutan en la actualidad de una popularidad en las que sus espectadores y aficionados se mimetizan con las legiones y legiones de hombres sin alma que devoran o convierten a su causa a los vivos en las películas..

Películas, series de televisión, novelas, la mayoría de ellas bastante irregulares, que continúan explotando el filón zombi desde variadas perspectivas (terroríficas, paródicas, políticas y sociales) e incorporando nuevos elementos a su universo. Uno de ellos, el de correr, ha terminado por convertir muchas de estas películas en un corre corre que te pillo ciertamente cansino.

No crezas o morirás
, una película de Thierry Poiraud del año 2015, es otra de zombis pero su planteamiento es original: algo que no se explica hace que los adultos enloquezcan y asesinen a los jóvenes. Desafortunadamente, la idea se diluye a medida que transcurre la cinta.

Protagonizada por actores adolescentes, No crezcas o morirás se rodó en Tenerife, que en la película es una isla sin nombre en la que se encuentra un orfanato perdido en el bosque.

El filme da bastante importancia al paisaje, ya que prácticamente transcurre en exteriores, pero su función es la de servir solo como de marco estético.

El problema de los zombis, porque ya existe oficialmente un subgénero zombi, es que suele estar zombificado y la película de Poiraud es un ejemplo pese a sus pretensiones de no serlo.

El filme apuesta por el viaje, un viaje que puede tener cierto valor iniciático, pero en el que apenas se desarrolla el conflicto y sí el peligro más que el miedo que tienen sus protagonistas a crecer.

Vista con cierta perspectiva, No crezcas o morirás puede entenderse como una reinterpretación de ¿Quién puede matar a un niño? de Narciso Ibáñez Serrador, pero en el filme de Ibáñez Serrador son los adultos los que tienen que defenderse de los niños.

Han pasado los años pero ¿Quién puede matar a un niño? todavía se sostiene como una de zombis que no necesariamente están muertos por lo que la película brilla aún con luz propia en un subgénero tan zombificado como es el cine de zombis.

Saludos, Rascayú cuando mueras que harás tú…, desde este lado del ordenador.

Otra escala literaria en Tenerife

Lunes, Agosto 28th, 2017

Collen McCullough (Wellington, Nueva Gales del Sur, Australia, 1937 – isla Norfolk, Australia, 2015) es una escritora australiana que hace años saltó a la fama con la publicación de El pájaro espino, éxito que multiplicó la serie del mismo nombre y que protagonizó el actor Richard Chamberlain.

Escritora que sabía narrar, muchas de sus novelas están ambientadas en Australia. En La huida de Morgan, con traducción de María Antonia Menini (Zeta Bolsillo, 2006), cuenta cómo tras aniquilarse a la población aborigen, Australia se repobló con convictos a los que se abandonó a su suerte y de cómo estos contribuyeron a la formación y el desarrollo del nuevo territorio. Un territorio que fue forjado con sus manos.

La novela comienza en Bristol, Inglaterra, en 1787, en vísperas de una de las migraciones más importantes de la historia, la de cientos de prisioneros que fueron arrancados de su tierra natal y forzados a emprender un duro viaje por mar para poblar tierras desconocidas y hostiles.

Gran parte de la acción de la novela transcurre durante la travesía, en la que McCullough describe el trato brutal que reciben los convictos por los oficiales británicos. Son muy pocos así los que desembarcan el 19 de enero de 1788 en las nuevas tierras para buscarse literalmente la vida.

La historia continúa narrando cómo se asientan en tierras australianas a través de su protagonista, Richard Morgan, un convicto más que logra ganarse la admiración de sus compañeros porque es inteligente, seductor y de voluntad férrea.

La novela, como todas las de McCullough, está excelentemente documentada y pese a su número de páginas, más de novecientas, se lee con notable interés porque pasan muchas cosas.

Durante la travesía que lleva al protagonista hasta la lejana Australia, el barco hace escala en Santa Cruz de Tenerife, puerto en el que, sueña Morgan, tendrá “la posibilidad de bajar a tierra y tragarse todo el ron que su cuerpo pudiera aguantar…”

Sin embargo, y por orden del comandante, los marineros y presos no disfrutarán de muchos permisos, lo que cae como un jarrón de agua fría en la tripulación.

“El teniente Johnstone les comunicó con su lánguida voz que, durante el día, se tendría que montar guardia permanente, pues el gobernador Phillips no quería que los convictos permanecieran confinados en todo momento bajo cubierta. Por si fuera poco, anunció Johnstone, el gobernador Phillips y su edecán el teniente King tenían previsto subir a bordo en algún momento de la permanencia del barco en Tenerife.”

Esta medida, que si leen la novela adquiere dimensiones dramáticas porque hasta ese momento el trayecto ha sido muy exigente, se debe al “considerable número de criminales desesperados, dijo el teniente, Johnstone haciendo un cansado gesto con la mano, y Tenerife no estaba lo bastante lejos de Inglaterra para que ellos pudieran sentirse tranquilos.”

Una vez más, la isla, en este caso la de Tenerife, se presenta como una tentadora posibilidad de evasión aunque los convictos solo pueden echar un vistazo “a Santa Cruz y las restantes partes de Tenerife que se podían contemplar desde el lugar donde el barco se encontraba amarrado” mientras comen carne de cabra, calabaza hervida, “un pan muy extraño pero comestible y unas grandes y ásperas cebollas.”

La descripción que ofrece de Santa Cruz es bastante ajustada a la que reflejan los viajeros que dejaron constancia de ella a finales del siglo XIX.

Collen McCullough escribe que “la ciudad era pequeña, carecía de árboles y parecía muy aburrida”, y que la tierra que la rodeaba “era escarpada, seca e inhóspita. La montaña que tantos deseos sentía Richard de ver tras haber leído tantísimas cosas cosas acerca de ella, solo era visible por encima de una nube gris que parecía cernerse exclusivamente por encima de la isla; el cielo sobre el mar era de un intenso color azul.”

Más adelante, y ante el malecón de piedra, el protagonista siente la primera imagen “que se le ofrecía de un mundo por completo distinto del inglés.”

En el puerto, se hace acopio de provisiones y se dice que “octubre era el mes más insoportable” para recalar en la isla aunque “de julio a noviembre, soplaban desde África unos horribles vientos mezclados con una punzante arena y tan ardientes como un horno. Sin embargo, África se encontraba a varios centenares de millas de distancia.”

Richard Morgan se lleva la impresión de que Tenerife es un lugar árido y desolado aunque se sorprende que posea un “agua excelente que procedía de una ciudad del interior llamada La Laguna.”

Collen McCullough fue una escritora de novelas románticas e históricas que gozó de mediana reputación incluso en los círculos literarios más pedantes. No solo escribió historias sobre Australia sino también sobre los últimos años de la república en Roma, a la que dedicó una serie de siete novelas.

Saludos, ¿próxima escala?, desde este lado del ordenador.