Después, una novela de Stephen King

Martes, Agosto 3rd, 2021

La portada norteamericana de Después rinde homenaje a las novelas baratas de bolsillo pero promete algo que no está en la novela. Tampoco es que diga mucho la portada de su versión española pero a los lectores de Stephen King les tiene sin cuidado ya que lo que buscan es un libro del escritor nacido en Maine.

Stephen King es uno de esos escritores que vende por su nombre y apellido. Es decir, que no se pregunta al librero por El resplandor o It, se pregunta directamente algo así como “¿tiene la última novela de Stephen King?

La obra del escritor ha creado un estante aparte en la biblioteca de la literatura norteamericana de nuestro tiempo. Un lugar privilegiado, me atrevería a decir, que ha conseguido que novelas y relatos tan tremendamente estadounidenses resulten universales para los lectores que cosecha alrededor del mundo. E insiste casi siempre en los mismos temas, también con los mismos personajes solo que estos con otros nombres y apellidos, también oficios.

A King le debemos que sacara a la luz los miedos de los jóvenes con una novela, Carrie, que ha desarrollado después y por caminos insospechados en el resto de su obra. Un personaje, casi siempre un adolescente, tiene un poder especial que solo le traerá desgracias.

Vuelve a insistir en estas claves en Después, la novela que Stephen King presenta este tórrido verano. Un King muy recomendable para los que quieran iniciarse en la obra del autor pero no demasiado para los lectores que conocen su trabajo.

Afortunadamente, no se trata de un tocho, una de esas novelas que sobrepasan las 400 páginas (y King tiene muchas, y muchas no son demasiado buenas) sino un curioso experimento que no alcanza las 250 y en el que concentra las constantes que forman parte de su universo literario. Por eso para iniciados resulta un texto recomendable pero no para los curtidos, los que llevan siguiendo al escritor desde sus comienzos. Que puede ser mi caso.

Recuerdo que la primera novela de Stephen King que leí fue La hora del vampiro, Salem Lot. Conservo aún el ejemplar de ediciones Pomaire, que hay que coger con sumo cuidado porque las páginas se despegan con facilidad. Guardo mucho cariño a este libro porque fue la novela que me convirtió en adicto del escritor. Después llegaron Carrie e Insólito esplendor, publicadas también en Pomaire. La segunda se conocería más tarde como El resplandor a secas.

Cuento todo esto porque leyendo Después se despertó la nostalgia de la primera vez. También la sorpresa que se despertara en mi este tipo de recuerdos.

Después está narrada en primera persona por Jamie Conklin, el único hijo de una madre soltera que ve a los muertos. Y sí pero no porque esta facultad no tienen mucho que ver con la del niño de El sexto sentido. Jamie Colklin puede hacerles preguntas para averiguar cosas. Los muertos, explica, solo responden con la verdad.

La historia se complica con la novia de su madre, que trabaja de policía, cuando requiere los servicios de Jamie para descubrir a un asesino serial. Pero la historia no se queda ahí, continúa por otros derroteros manteniendo en todo momento la calma. Y eso que la acción empieza a hacerse trepidante.

Cuentan que Después es deudora de It, un novelón de casi mil páginas que no es santo de mi devoción, pero sí que presenta a una entidad curiosa y lógica dentro del universo de Stephen King, una criatura que puede poseer a los muertos. Jamie conocerá por eso a su contrario, una entidad demoníaca a la que puede mantener a raya con un ritual.

Con estos ingredientes, el escritor cocina una de esas novelas que digo que escribe con el piloto automático seguro de que no va a decepcionar ni a iniciados como a profanos. Puede que a los primeros no le sorprenda pero sí que lo hará con los segundos. De todas formas, conocer el universo de este escritor lleva su trabajo porque King intentó hace ya años reproducir un cosmos literario que suele ser referencial en sus libros. Es decir, que en varias novelas aparecen como secundarios personajes que conocimos como principales en otras. Su Maine imaginario cuenta con poblaciones que no existen en la vida real y sus criaturas maléficas también suelen aparecer en muchas de sus historias. Todo esto sin contar el ciclo de novelas que protagoniza El pistolero, saga que abandoné en sus primeros libros porque a King se le puede perdonar muchas cosas pero no que narre milongas. Y El pistolero es eso, milongas.

En Después desliza algunas pullas acerca del sector editorial estadounidense, que conoce bien y que le ha servido de escenario en Misery o La mitad oscura, ya que la madre del protagonista trabaja de agente literaria. Un retrato por cierto bastante agradecido con el trabajo que hace esta gente. También describe la quiebra de la relación de dos mujeres enamoradas y, llegando al final, ofrece una vuelta de tuerca efectista pero que a muchos dejará confundido.

Después no es un libro redondo como otras novelas del escritor pero dentro de ella late el corazón de un escritor de éxito que ha demostrado con su obra (sobre todo con las serias, Eclipse total, por ejemplo) que vender libros no tiene siempre que estar asociado a literatura fácil. Esta novela, siendo menor en su producción, contiene a flashes esa luz. Y solo por quedar deslumbrado ante ella merece la pena descubrirlo o seguirlo en Después como fue nuestro caso.

Saludos, otra vez… el Rey, desde este lado del ordenador

George A. Romero, el padre de los muertos vivientes

Jueves, Febrero 4th, 2021

No recuerdo ahora si lo leí en algunos de aquellos estupendos artículos que firmaba Luis Vigil en Vampus, la primera versión española de la revista Creepy, pero en el mismo se venía a decir que 1968 fue un año inquieto no solo por el mayo que sacudiría las calles de París ni por el emergente movimiento hippy que comenzaba a ocupar las calles en rechazo a esa lejana guerra del sudeste asiático que se había desencadenado en un país llamado Vietnam, en aquel entonces dividido entre el sur y el norte, sino porque en 1968 se estrenaron tres películas que pusieron patas arriba al género fantástico.

Una de ellas fue 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick), una cinta de la que todavía se habla y de la que algunos se empeñan en descifrar su final. Otra, El planeta de los simios (Franklin Schaffner), a la que no hizo falta descifrar su final porque queda bastante claro y, por último, La noche de los muertos vivientes (George A. Romero), porque fue la película que lo inició todo, la que redescubrió un subgénero que desde entonces ha dado origen a centenares de largometrajes y series poblados por zombies que o bien caminan pasito a pasito o te persiguen a toda pastilla por ciudades que ya no son lo que fueron.

Ya no hay demasiada gente que se acuerde del impacto de La noche de los muertos vivientes, una película que por razones ignotas se estrenó en España tras la muerte de aquel general de cuyo nombre no quiero acordarme, pero cabe destacar que se trata de un filme pequeño, independiente que fue rodado en blanco y negro y con actores poco o nada conocidos porque su presupuesto resultaba entonces y ahora de risa.

Apenas contiene elementos “desagradables” que más tarde conquistaría al cine de muertos vivientes, la sangre y tripas vendrían años después con El amanecer de los muertos, cinta en la que colaboró con el maestro del cine amarillo, o giallo, Dario Argento, pero sí que contiene como todo el cine de George A. Romero (Nueva York; 4 de febrero de 1940-Toronto, Ontario, Canadá, 16 de julio de 2017) y de otros ilustres maestros del género de la fantasía, con un sustrato político que tiene una lectura muy dependiente del ir y venir de la película.

Si han visto el filme –y estoy casi seguro de que lo ha visto la mayoría que ahora mismo no nos lee– sabrán que el superviviente es un hombre de raza negra al que abate un grupo de cazadores blancos que lo derriban primero porque puede ser un muerto vuelto a la vida o segundo por el color de su piel. Se asiste también en la película a la desintegración de una familia y no se explica, lo que se agradece, cuál es la razón de que los muertos hayan despertado de su sueño eterno y qué provoca su desatado apetito por la carne humana.

George A. Romero fue el descubridor de un subgénero dentro del fantástico que desde ese entonces no ha dejado de dar dividendos. Los muertos vivientes aprendieron de hecho a caminar solos. A recorrer el ancho mundo fuera de la protección de su creador original.

No solo de zombis vivió nuestro hombre aunque sean los zombis los que elevaron a categoría de leyenda a un cineasta que sin ser John Carpenter, sí que le fue leal al género que lo hizo popular. Entre otras películas, destacaría Martin, Knighriders, The Crazies, que le debe mucho a los muertos resucitados y Atracción diabólica en las que nos enseña que igual no es muy buena idea tener a un mono como enfermero y mascota.

Adaptó una novela de Stephen King –que aparece curiosamente de extra en Knighriders– que se tituló en España La mitad oscura. Con King intentaría recuperar el estilo ácido y brutal de los E.C. Comic en Creepshow, que tuvo una o dos secuelas, la verdad es que ahora mismo no lo recuerdo, e historietas que fueron ilustradas por el gran Bernie Wrightson y película que en España, o al menos Canarias que es la tierra en la que vivo, vimos mutilada porque de los cinco episodios cortaron uno, precisamente el protagonizado por un Stephen King que hace muy bien el papel de paleto, respetando solo a los cuatro restantes. La amistad entre escritor y cineasta se consolidó con el tiempo, tanto que el autor de Christine le dedicaría una novela que no sé ahora si es la misma Christine.

Ha llovido mucho desde ese entonces.

La primera película que vi de Romero fue, por supuesto, La noche de los muertos vivientes que se reestrenó en los ochenta en un cine que ya no existe y que luego fue gimnasio para convertirse en la actualidad en ruinas. Se llamaba Yaiza Borges aunque antes fue cine Tenerife y se encontraba en la avenida del General Mola hoy de las Islas Canarias.

Fue una sorpresa que estrenaran en aquella sala una película como La noche de los muertos vivientes ya que el colectivo que estaba detrás de Yaiza Borges además de locos por el cine lo eran de un determinado cine. Se les reconoce por ello que se atrevieran a apostar por una película que no era ese otro que querían cultivar y que acogieran el estreno de un filme que, bien mirado, sí que podía presumir de independiente, de tiro al aire que entre otros tiros al aire por una vez da en la diana.

Salí de la sala conmocionado y el regreso a casa tuvo el mismo efecto que cuando vi por primera vi El exorcista en un cine de barrio: el Delta, porque en las salas del centro no me dejaban entrar ya que no tenía los 18 años de edad que se exigía.

George A. Romero me ha venido acompañando desde entonces aunque tras La mitad oscura la mayoría de sus películas las he visto en televisión.

El caso es que su cine vino para quedarse y pese a que se le pueda criticar por cierta tosquedad detrás de cámara nadie le podrá quitar de las manos el cetro de adelantado a su tiempo. De ese tan cacareado pero nunca verdadero adjetivo con el que se quiere renombrar a un artista como es el de visionario aunque en su caso, ya lo ven, sí que fue visionario cuando a mitad de los años sesenta se le ocurrió la idea de lo que podría pasar si los muertos regresaran de sus tumbas sin dejar muy claro la razón: ¿un misterioso fenómeno producido en el espacio?, ¿que el infierno está demasiado lleno de almas perdidas?, ¿un virus igual de letal que la Covid-19?

Como se dijo, el acierto del escritor y cineasta fue no explicarlo y situar al espectador uno o dos días después de producido el desastre. Los muertos revividos están ahí y han venido a morderte.

Saludos, cerebro, cerebro, cerebro, desde este lado del ordenador

La sangre manda, cuatro historias de Stephen King

Martes, Octubre 27th, 2020

La aparición de un nuevo libro de Stephen King ha dejado de ser una sorpresa porque están ahí cada dos por tres. Me pregunto cómo lo hace el escritor. Cómo logra no faltar a la cita y cumplir con sus compromisos y tareas, como la escritura de artículos, ensayos, guiones para cine y televisión. También cómics. Algunos sospechan que el escritor cuenta con un ejército de escritores fantasmas mientras que otros, entre los que me encuentro, prefiero pensar que se trata de un estajanovista de la literatura. De un escritor que no puede vivir si no escribe algunas líneas a lo largo del día.
A la espera de un nuevo libro del escritor, sobre todo porque nos acercamos a las fechas navideñas aunque sean una navidades extrañas por todo lo que estamos pasando, se edita en España un libro reciente, La sangre manda, que reúne cuatro historias de carácter fantástico.

El tono, sin embargo, no es el que el aficionado a King esperaría aunque es cierto que hay algún relato que destaca, que hace pensar que todavía habita dentro de él instinto literario. Es decir, el ímpetu y el arrojo que alimenta una extensa bibliografía en la que resaltan unos cuantos títulos que prevalecerán con el paso del tiempo cuando ninguno de nosotros estemos por aquí.

La sangre manda incluye además de los relatos y una novela corta cuyo título es el que da nombre precisamente a este volumen, La sangre manda, una nota del autor en la que explica el origen de las historias que publica. Es un atractivo añadido, sobre todo para aspirantes a escritores ya que así conocen las técnicas a las que recurre Stephen King a la hora de confeccionar sus novelas y cuentos. Da pinceladas además de cómo se le ocurren esas historias, todas ideas imprecisas que se inoculan en la fábrica de sus ideas cuando observa algo de la vida diaria que le llama poderosamente la atención. Como viene siendo habitual en el autor de Misery o El resplandor, uno de los relatos que incluye en el libro lo protagoniza un escritor en sus horas más bajas, lo que sirve de material para indagar en las neuras que atraviesa para enfrentarse al infierno de la página en blanco.

Este cuento, que significativamente está concebido como una fábula que no reniega de lo fantástico, se llama La rata y a mi, personalmente, me ha parecido el más atractivo de un libro muy irregular. Irregular porque no está bien acabada una historia como El teléfono del señor Harrigan ni La vida de Chuck, quizá el más tontorrón de un volumen que si respira algo es buenas sensaciones y de todos debe ser conocido que las buenas vibraciones no casan muy bien con lo extraño, con lo raro.

Se agradece, de todos modos, el ritmo que por norma general caracterizan a las cuatro historias que forman parte del libro, un ritmo jocoso, irónico a ratos, con el que describe las diferentes situaciones por las que deben de atravesar sus protagonistas. Recupera, además, a algunos de los personajes que aparecieron en la trilogía que inició con Mr. Mercedes (o trilogía de Bill Hodges, y que completan Fin de guardia y Quien pierde paga) y continuó con El visitante, aquella novela que prometía tanto y que se iba al garete en su recta final.

Con La sangre manda, que es la historia más extensa del libro y que se lee con agrado si uno está iniciado en la saga Hodges y, sobre todo, aún mantiene fresco en su memoria la lectura (no he visto ni creo que vea la serie) El visitante, donde presenta a una criatura que algo me dice seguirá apareciendo en el universo del indiscutible rey del terror norteamericano y, por extensión, del resto del mundo que todavía conocemos como civilizado.

Con todo y pese a que no se trate de lo mejor que puede dar de sí como narrador Stephen King, La sangre manda cumple las expectativas que todo lector conocedor de la obra del escritor espera encontrar en cualquiera de sus libros. Tampoco decepcionará a los profanos en su universo aunque, se resalta otra vez, no se trate de uno de los mejores trabajos de un narrador que hasta la fecha ha lidiado con espectros, vampiros tradicionales y renovados, hombres lobos y monstruos que no son sobrenaturales sino reales. Estos, quizás, sean los que a mi, particularmente, me suscitan más miedo.

A la espera de un nuevo libro de Stephen King que probablemente aparezca estas navidades o los primeros meses del año próximo, La sangre manda no ocupa un lugar destacado en la ya copiosa producción bibliográfica del escritor pero no es tampoco uno de sus peores libros que los tiene. Si algo lo define, si algo explica que haya conquistado el corazón de tantos lectores y logrado en algunos de los casos haber sido motivo de sus pesadillas es que el estilo de King no se busca complicaciones y su universo, ese en el que se mueven sus personajes (ancianos, maduros, adolescentes y niños) sigue todavía resultando real. Consigue que el lector tenga la sensación de que los conoce de toda la vida y esto, digan lo que digan los que niegan su talento, no es nada fácil de lograr y mucho menos de trasladarlo con palabras.

Dicho esto, y por muy mala (aunque prefiramos las buenas) que sean sus obras, son productos de un escritor que ha logrado en un género tan difícil como es el fantástico y la novela de misterio y psicológica que su nombre sea una marca. Que cuando uno entra en la librería y en la biblioteca no pregunte por uno de sus títulos sino por la última de Stephen King.
Y por ahora esa última es La sangre manda.

Saludos, lecturas atlánticas, desde este lado del ordenador

Elevación, una novela corta de Stephen King

Viernes, Diciembre 13th, 2019

Hace unos días me desprendí de los libros de Stephen King aunque me quedé con tres por razones muy personales, fueron los tres primeros que escribió y leí de él.

No creo que termine releyendo sus novelas aunque se trata de un escritor al que sigo con atención enn cada nuevo título que presenta. Y presenta más dos en un año.

Siento un profundo agradecimiento por el señor King, agradecimiento porque sus libros contribuyeron a mi afición a la lectura, y libros que, como he dicho antes, leo con la esperanza, cada vez más minimizada, de que me sorprenda como la primera vez.

Pero no hay manera. Continúa siendo el escritor que te hace leer más de quinientas páginas sin que apenas te des cuenta pero también hace que uno piense que está leyendo la misma novela con el que lo descubrió. La misma novela solo que aumentada, pero por ahí desfilan los mismos personajes, las mismas situaciones planteadas en escenarios diferentes por protagonistas de clase media y baja. En muchas de sus historias, estos personajes acabarán por unirse para acabar entre todos con lo que los asusta. En algunas ocasines el mal pierde y en otras ganas porque así se las gasta King.

Demócrata convencido, Stephen King se ha radicalizado en sus últimos libros contra Donald Trump, un tipo que parece inspirado en el candidato a presidente de La zona muerta, un lobo con piel de cordero.

No me entusiasmó demasiado El instituto, que debe ser su última novela publicada antes de que presente otra, pero King continía inundando el mercado con otros productos literarios que como Elevación me hacen cambiar tímidamente la opinión que llevo arrastrado de su trabajo estos días, ya que sigo insistiendo en que el escritor se mueve muy bien en el territorio del relato y de la novela corta, y Elevación como la simpática El visitante, es una novela corta navideña. Un librito editado con cierta mimo –contiene ilustraciones en blanco y negro– que guarda un bonito mensaje.

El libro está dedicado a Richard Mathenson, uno de los más grandes escritores fantásticos nortemericanos de la segunda mitad del siglo XX, y la novela pretende mantener ese tono mathensiano con generoso agradecimiento. De hecho, ese respeto que guarda al autor de Soy leyenda es de lo mejor de una novela en la que no faltan ingredientes tan kingneanos como un héroe que no debe serlo que se enfrenta rodeado de amigos a un problema que no tiene ninguna explicación. Puede entenderse también como su peculiar revisión de un clásico de Mathenson, El increíble hombre menguante, así que el final de Elevación tiene conexión con el que planteaba Mathenson en su historia sobre un hombre que va empequeñeciendo.

En Elevación el protagonista pierde peso (perder peso obsesiona a King, lo utilizó ya en Maleficio, una novela escrita bajo el pseudónimo de Richard Bachman) pero no masa corporal. Partiendo de esta premisa fantástica, el autor da una lección de convivencia muy estadounidense al narrar cómo con un gesto se pueden mandar a paseo los prejuicios. En esta historia, centrado la presión que una pequeña comunidad ejerce con una pareja de lesbianas aunque terminarán por implicarse en la no tan apacible ciudad de Castle Rock cuando ésta supere determinados prejuicios.

Al margen de que los prejuicios desaparezcan casi de un plumazo por un hecho que protagoniza una de las lesbianas y en la que se implica el protagonista del libro, Scott Carey, el mismo nombre del protagonista de El increíble hombre menguante, Elevación es una bonita historia de aceptación y un canto a los buenos amigos, que son aquellos que están contigo en los momentos difíciles.

Stephen King no ha escrito una novela de terror sino un cuento de Navidad sin la gracia de Dickens. Aunque Dickens no estuviera en la cabeza del escritor.

Como tributo a Richard Mathenson la novela se lee con trepidante interés y no decepciona en ningún momento. Stephen King es un gran narrador, así que se mueve muy bien en la novela realista, y esta novela tiene mucho de realista como de fantástica y el escritor sale muy bien librado de la combinación si uno cede a las buenas intenciones que plantea desde la primera página.

No decepcionará a los lectores de King pero tampoco al primero que llegue a la estajanovista producciñon de un escritor que ha hecho su literatura con el material con el que se hacen los sueños y… las pesadillas.

Saludos, que los dioses lo guarden en su gloria, desde este lado del ordenador

Pesadillas con niños para adultos algo adolescentes

Lunes, Octubre 28th, 2019

El instituto, la nueva novela de Stephen King, vuelve a escarbar en las entrañas de un escritor que parece que ya lo ha dado todo en el género de terror, género que puso patas arriba hace ya varias décadas. Esperar por lo tanto algo nuevo del escritor es como buscar agua en el desierto lo que no importa si uno se pliega a su forma de contar historias por muy repetida que resulte la fórmula que lo mantiene como indiscutible rey de lo extraño.

La novela cuenta con unos capítulos iniciales aterradores pero a medida que avanza la trama –bastante retorcida cuando describe el funcionamiento de la institución en la que están confinados los niños– no termina de estar bien armada lo que la coloca en otra de las obras con piloto automático que jalonan la carrera de un autor que ahora se mueve mejor en ficciones realistas que en las fantásticas, aunque no por ello resulte interesante observar cómo da la enésima vuelta a su universo narrativo, repleto de claves netamente del escritor.

En El instituto vuelve a reunir a unos protagonistas que son menores de edad y a plantear un mundo adulto que tiene dos caras bien diferenciadas. La familiar y la oscura y envenenada que representa en la novela los adultos que trabajan en una institución que se sirve de niños con poderes especiales, la telequinesis y la telepatía, para utilizar sus facultades con siniestros objetivos políticos y militares.

Luke Ellis, de doce años, es secuestrado por una extraña organización que asesina a sus padres. El joven no lo sabe cuando despierta en unas instalaciones donde pronto descubre que está con otros compañeros de más o menos las mismas edades a los que se someten a pruebas y torturas si se niegan a colaborar con sus captores. En este instituto a los niños se les invita a beber alcohol y fumar ya que son más obedientes si recaen en uno de estos vicios.

La novela cuenta con éste y otros elementos para incomodar al lector, quien se pregunta qué diablos quiere esa gente y en qué están convirtiendo a estos chavales. El edificio en el que se encuentran posee otras alas que son zonas prohibidas y en la que desaparecen de tanto en tanto algunos de los internados. Se supone que regresan a casa, se les dice, pero todo es demasiado raro para que Luke y sus grupos de amigos se lo crean.

Contado así parece un cuento infantil, una versión siglo XXI de Pinocho, solo que en manos de King se convierte en un relato con niños para adultos algo adolescentes.

El libro se toma lo suficientemente en serio para que uno acepte las reglas del juego que dispone el autor, las mismas de siempre. Así que no generará sorpresa al lector iniciado en su universo, quien lee con una medida distancia otro libro que se saca de la chistera el autor de El resplandor, otra historia con niño, otro cuento de fantasmas para adultos algo adolescentes.

Si se conoce la producción literaria de King, El instituto le sabrá a ejercicio rutinario de un hombre al que ya se le publica todo lo que escribe. No por ello, la novela fracasa en el intento pero no deja satisfecho del todo. Lo que cuenta es conocido aunque los escenarios y los protagonistas sean otros.

La literatura de Stephen King se ha vuelto con el paso de los años más compacta, y se agradece que dentro de ese estilo que es suyo, simultanee el horror con un sabroso sentido del humor que ha ido puliendo con el tiempo.

Ofrece, en este sentido, una lectura teñida de sátira sobre la actualidad de su país y su actual presidente, Donald Trump, un personaje que parece sacado de cualquiera de sus novela solo que es real pero que le sirve para cuestionarse hasta donde se puede llegar si nos mueve el interés personal. En la novela, se llega al secuestro y explotación de niños.

La organización que se encarga de toda esta tarea está bajo las órdenes de un grupo de poderosos que cuenta con otros institutos repartidos en varios lugares del mundo, uno de ellos en España. Se supone así, que la rebelión que se describe en el libro podría ser la primera de una cadena que, probablemente veamos en próximas novelas si King decide continuar con la senda abierta en El instituto.

La novela explora por otro lado la historia de un adolescente con poderes. Ya lo hizo en Carrie, en Ojos de fuego, también en El resplandor y en otras tantas solo que ahora mezclado y vestido con un disfraz hecho con retales de de sus libros anteriores. Queda la extraña y nada sutil sensación de que esto ya lo he leído yo solo que no en ningún libro de Stephen King y sí de John Farris en La furia, una novela que fue llevada al cine por Brian de Palma, director también de Carrie y en la que contaba la historia de dos adolescentes con poderes encerrados en… un instituto especial.

La nueva novela de King funciona porque hay oficio, oficio para mostrar la facilidad con la que se mueve en el terror con niños para adultos algo adolescentes

Saludos, démonos la paz, desde este lado del ordenador

Fin de guardia, una novela de Stephen King

Jueves, Noviembre 30th, 2017

“La hora más oscura es la que precede al alba”

(Fin de guardia, Stephen King. Traductor: Carlos Milla Soler, Plaza & Janés, 2017)

Stephen King concluye con Fin de guardia la trilogía que inició con Mr. Mercedes y continuó con Quien pierde paga y que protagoniza el policía jubilado Bill Hodge. Se tratan de historias independientes pero es recomendable que se lean con orden cronológico porque los personajes que repiten evolucionan, se hacen mayores y reales.

Con independencia de que Quien pierde paga me siga resultando el mejor libro de los tres, Fin de guardia cierra con nota un experimento narrativo en el que el escritor demuestra que se mueve con notable pericia en los territorios de la novela popular. Relatos hábilmente construidos y adictivos que no dejan descanso al lector. Ahonda, además, en muchas de las claves que sostiene el universo de King, quien no deja de contar la misma historia de siempre pero desde perspectivas bien diferentes.

Objetivamente, Fin de guardia es el libro más fantástico de la serie Hodges, recupera además al siniestro antagonista de la primera entrega, para el lector Brady Hartsfield, ahora hospitalizado y en esta ado vegetativo aunque ha potenciado las capacidades de su cerebro gracias a los fármacos que le suministra su médico.

Brady Hartsfield vive encerrado en un cuerpo que ya no fuinciona pero cuenta con un poder que lo hace capaz de controlar a otras personas e inducirlas al suicidio.

Fin de guardia es la novela que, seguramente, esperaba la mayoría de los aficionados de la trilogía. Se esperaba porque en ella Stephen King parece que vuelve a ser el de siempre aunque ya no lo sea. La mirada con la que observa a sus protagonistas es la que precede al alba.

A Bill Hodges se le ha diagnosticado un cáncer terminal, pero aún le quedan unos días para derrotar a su antagonista, investigación con las horas contadas que acelera una acción que, a partir de ese momento, funciona sola y sin frenos.

Como buen escritor de novelas fantásticas y terroríficas pero también como notable retratista de las clases medias, Stephen King es un moralista para el que no existen grises en el combate entre el bien y el mal.

El bien representa las cosas buenas de la vida, la familia, los amigos, mientras que el mal es su contrario, el inadaptado y resentido, tumores que en la novela Harstfield transmite a su alrededor y en especial a los héroes de la calle (un policía jubilado y enfermo y una joven con crisis de identidad) que intentan detener su perversa influencia.

El escritor propone así una inteligente revisión del vampiro, pero no del vampiro clásico que necesita de la sangre humana para sobrevivir sino del que utiliza la mente para hacerse con la voluntad de los demás.

Mr. Mercedes, Quien pierde paga y Fin de guardia no son lo mejor de Stephen King pero tampoco forma parte de lo peor, solo manifiesta el talento y el olfato para hablarnos de nuestros miedos, los reales e irreales que en Fin de guardia tienen un abrupto final con forma de aparente suicidio.

Estas y otras cuestiones se plantean y desarrollan en un libro que, aparentemente, es otro más de Stephen King, ese fabricante de best seller que tras el atropello que sufrió hace unos años y que casi le cuesta la vida se ha vuelto un escritor mucho más oscuro y pesimista.

Saludos, ¡¡¡NO AL CIERRE DEL TEATRO TIMANFAYA!!!, desde este lado del ordenador.