La banda de los tres
Lunes, Octubre 18th, 2010En mi ya larga trayectoria como lector de novelas y relatos fantásticos si hay tres autores británicos a los que seguí con cierta regularidad en las décadas de los 80 y 90 del pasado siglo fueron los perturbadores Ramsey Campbell, Clive Barker y James Herbert. Escritores todos ellos cuyos libros disfrutaron de buena distribución en España, en especial cuando los vientos de lo macabro se hizo un hueco en nuestras editoriales tras el arrollador éxito de Stephen King y su peculiar retrato de las pesadillas del sueño americano.
Acostumbrados como estoy a digerir las infernales ensoñaciones de escritores estadounidenses de nuestro tiempo (uno de los hijo de Stephen King, Joe Hill, se suma también a esta ya amplia nómina de cultivadores del horror) cuando me tropezaba –y aún tropiezo pero cada vez menos– con la obra de algunos de sus aventajados primos británicos descubría nuevas y en ocasiones apasionantes lecturas de la Pérfida Albión solo que en los casos de Campbell y Barker agradecía más sus extravagantes relatos cortos que sus novelas, a mi modesto entender tochos pesados de desordenadas pesadillas.
Con James Herbert la digestión se me hacía más complicada. Porque si bien me costaba entrar en sus historias cuando al final lograba desenmarañar sus en apariencias complicadas tramas disfrutaba bastante con sus imaginario. Quizá sea porque Herbert se trata del más facilón de los tres. También por sus temáticas, en ocasiones tan obsesivas como la de recurrir a sectas secretas adoradoras de deidades primigenias.
En todo caso, la literatura de estos tres mosqueteros cuya obra solía subvertir el espíritu de su graciosa majestad me sabían a diferente. Y en ocasiones extrañamente coincidente, caso de Campbell y Herbert. En algunos de sus mejores libros ofrecían una visión apocalíptica de Londres. Un territorio urbano al que sometían a todo tipo de vejaciones no sé si como involuntario reflejo de lo que sufrió la city durante los amargos y trágicos bombarderos de la II Guerra Mundial.
Campbell inició su carrera influenciado notablemente por el universo lovecraftiano en una serie de novelas donde reactualizó los mitos de Cthulhu con originalidad y cierta agradecida charcutera. Más tarde exploró otros senderos de los territorios de lo macabro, metiendo sus pezuñas en sectas prohibidas de las que salieron excelentes (aunque algo largas) historias como Los Sin Nombre, llevada al cine con irregulares pero también inquietantes resultados por el español Jaume Balagueró, director de la exitosa Rec.
Clive Barker sorprendió a propios y extraños con sus Libros de sangre, antología de cuentos de terror donde dio un paso hacia adelante al explorar nuevos paisajes que hasta ese momento no habían sido investigados en demasía por otros autores residentes en el género. Su éxito se hizo llegar, aunque se disparó al contar con el espaldarazo del gran pope Stephen King, quien dijo aquello de “he visto el futuro del horror y su nombre es Clive Barker” a raíz de la lectura de los aún perturbadores cuentos que se incluyen en Libros de sangre. Lástima que las incursiones del sobresaliente escritor de Liverpool se dispersaran cuando tanteó la novela y el cine, donde la mayoría de sus obras no dejan de resultar efectistas pero también muy toscos artefactos para generar miedo.
James Herbert fue un novelista que gozó de bastante reconocimiento en los años 80 con una serie de novelas donde explotaba temas tan queridos por los aficionados como el gigantismos (La invasión de Las ratas), adoradores de deidades prohibidas (Sepulcro) o los espectros (El superviviente) pero planteandos como una curiosa y en ocasiones enloquecida vuelta de tuerca.
El espíritu que emana de sus historias no deja de ser el de una novelita de todo a cien, plagada de lugares comunes y personajes de una pieza pero que su autor, Herbert, manejados muy bien consciente de que su talento es bastante limitado y por lo tanto poco dado a extraños experimentalismos.
Por ello considero una injusticia que Herbet continúe siendo una especie de tonto en este triángulo diabólico que nos vino de la Union Jack. Casi como un Ringo Starr de la literatura de terror anglosajona relativamente apagado por el talento más serio e innovador de Campbell (¿George Harrison?) y Baker (¿Paul McCartney?) en lo que fue la gloriosa e irreverente fantasía británica de las dos últimas décadas del siglo pasado.
Décadas que no encontró a su peculiar John Lennon como cabalista del género. Claro que quien sabe, igual un día de estos Stephen King desde Maine vuelve a anunciarnos que ha visto el futuro del género y que su nombre es…
Saludos, rememorando agradables lecturas de pesadilla, desde este lado del ordenador.









