Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Chad Hahne: “El transformismo en Cuba tiene un matiz clandestino y peligroso”

Martes, Junio 21st, 2022

La primera sala de fiesta gay que hubo en la revolucionaria Cuba castrista no fue en La Habana sino en Santa Clara, la ciudad que liberó el comandante de origen argentino Ernesto Che Guevara en 1958 y que desde ese día lleva con orgullo y entre otros títulos el de “ciudad heroica de la guerrilla” pero no el del lugar en el que la sociedad cubana dio un paso hacia adelante. Pero tiempo al tiempo porque los tiempos cambian de manera vertiginosa aunque en Cuba vayan con un poco de retraso.

De esta sala de fiesta y de un grupo de personas que se transforman trata el documental Transformistas, un trabajo dirigido por el cineasta norteamericano Chad Hahne que presentó hace unas semanas en Tenerife, invitado por la Filmoteca Canaria y como uno de los protagonistas de un ciclo que quiere “promover la diversidad y la igualdad, y contribuir, desde la cultura, a avanzar hacia una sociedad en la que todas las personas tengan las mismas oportunidades, libres de estereotipos de género”, informa una nota de prensa.

Esta entrevista con el director fue posible gracias a la colaboración del coproductor de Transformistas, el cubano Rockney Vega Iglesias, quien también da sus opiniones sobre la situación que la comunidad LGTBIQ+ (lesbiana, gay, bisexual, transgénero, transexual, travesti, intersexual y queer) vive en la actualidad en la mayor de Las Antillas.

- ¿Cómo surge la posibilidad de rodar el documental?, ¿Contaron con algún tipo de ayuda del gobierno cubano?
CHAD HAHNE (CH. H.): “La idea inicial del documental me vino por un documental anterior en el que colaboré hace varios años en Nueva York sobre activismo gay y la aparición del Sida en los años 80. La enfermedad del Sida era vista entonces como una “enfermedad gay” cuando, lógicamente, no era así. Si sumamos este trabajo, que nos mantuvo ocupados cuatro años, y un viaje que realicé con mis hermanos junto a mi madre a Cuba, que sentía mucho amor por el país, un amor que me transmitió, creo que se trataron de circunstancias que hicieron que volviera a la isla en 2016, año en el que conocí a unos amigos cubanos LGTBIQ+, y que comenzara a rumiar ideas que, finalmente, dieron como resultado Transformistas, un documental que quiere enseñar cómo se ve y como se siente el mundo gay en Cuba”.

- Tengo entendido que rodó todo el documental con un iphone. ¿Es cierto?

ROCKNEY VEGA IGLESIAS (R.V.I.): El gobierno cubano no dejó que entraran las cámaras y se tuvo que hace con un iphone. Un iphone 6”.

CH.H.: “Para poder filmar en Cuba tienes que inscribirte en una agencia para que te concedan el permiso pero no quería que esto pasara porque sí lo hacía iba a tener a alguien detrás mío todo el tiempo y las chicas no se iban a sentir cómodas ni sinceras en las entrevistas. Así que tomé la decisión de rodarlo por mi mismo con un iphone 6 en aquel momento. Contaba además con muchas imágenes de archivo, algunas de las cuales fui adquiriendo durante la filmación”.

– ¿Tuvieron problemas con las autoridades cubanas?

CH.H.: “No tuve problemas a la hora de filmar ya que lo hacía con un iphone y pasaba desapercibido. En este sentido, no contaba con un equipo de producción amplio aunque una de las personas que trabaja con nosotros sí que fue llamada por la policía pero se trató más de una cuestión de seguridad y no por lo que estábamos haciendo. En realidad, no hubo problemas con el gobierno cubano”.

- ¿El documental sigue un guión o fue haciéndose sobre la marcha?

CH.H.: “No, no hubo guión. No tenía demasiada información sobre las protagonistas del documental, que se rodó en la ciudad de Santa Clara, así que se trata de un trabajo hecho sobre la marcha: las entrevistas con las chicas, recabar información, hacerme con imágenes propias que pasaron a formar parte de mi archivo personal…”

- Tras rodar el documental, ¿cree que el transformismo en Cuba tiene rasgos que lo distingan de otros transformismos que se viven en el mundo?

CH.H.: “Sí, noto una diferencia entre el transformismo que se hace en Cuba con el de los Estados Unidos de América y algunos países de Europa. La diferencia es que el transformismo norteamericano y europeo están siendo ya un fenómeno popular, pop y globalizado, mientras que el que se hace en Cuba tiene un matiz mucho más undeground. Es como más peligroso, decadente, casi clandestino debido, probablemente, a la política cubana y el machismo y la homofobia que se vive en el país”.

- El documental habla, en tre otros temas, de un lugar de encuentro gay en la ciudad de Santa Clara. ¿Por qué en Santa Clara?

R.V.I.: “Porque el primer local gay que hubo en Cuba fue en Santa Clara”.

- ¿Y no en La Habana?

R.V.I.: “La Habana es la capital de Cuba y en la ciudad viven muchas personas de la comunidad LGTBIQ+ pero Santa Clara, al ser mucho más pequeña y contar con un gran número de integrantes de este colectivo digamos que en proporción su comunidad es más grande que la de La Habana. Ramón Silverio, un actor consagrado e importante además de ser miembro del Partido Comunista Cubano (PCC) creó un espacio que nació siendo una pequeña tertulia de arte y música que se celebraba sin un espacio fijo dos veces al mes. Silverio solicitó a las autoridades que le facilitara un local donde poder reunirse y le fue otorgado. El espacio se llamó El Mejunje de Silverio o El Mejunje de Santa Clara que fue creando diferentes ambientes. Allí se reunían rockeros, drags, músicos, niños… Se fue ampliando poco a poco, dejando los fines de semana para la comunidad LGTBIQ+ y más tarde una discoteca. La primera discoteca gay en Cuba nace en Santa Clara y celebra su fiesta los sábados. Durante la realización del documental, El Mejunje llevaba en activo unos 33 años, ahora debe de tener unos 35. Se trata de una iniciativa que apareció en los años 80 y que resultó muy atípica y un fenómeno que ayudó a cambiar a la sociedad cubana si bien al principio la gente se mostraba renuente hasta que se fue abriendo y ganando prestigio. Actualmente es un centro cultural de los mejores que hay en Cuba”.

- ¿Hubo algún momento especialmente difícil en la realización del documental?

CH.H.: “En general fue muy duro pero revela las historias de cada una de sus protagonistas. ¿Hubo momentos tristes?, sí que los hubo porque el documental muestra la batalla de todas estas chicas para salir adelante, a veces en contra de sus propias familias. Al final del día, cuando terminábamos de rodar, todos teníamos un sentimiento de celebración, de fiesta y esperanza lo que compensaba un poco el dolor que encierra en sí esta historia porque al final subyace un sentimiento de amor y perseverancia por parte de todas ellas y es importante que el fruto de su esfuerzo se les reconozca”
.
- El documental data de 2020, año que coincide con la pandemia y la fase de confinamiento por la Covid-19. ¿Se ha podido estrenar en Cuba?

CH.H.: “No”.

- ¿Por qué?

CH.H.: “Se ha estrenado de forma particular a las protagonistas de la película y algunas personas que trabajaron en producción. Si no se ha estrenado oficialmente es por consejo de amigos que han hecho trabajos similares en Cuba y que me aconsejaron que por el control político que existe en el país desistiera, que no lo hiciera. Tuve miedo que el gobierno tomara alguna medida de represalia contra la película”.

- ¿Y le gustó a las protagonistas del documental?

CH.H.: “Sí, las chicas estaban muy contentas y eso que durante la filmación estaba muy preocupado por ellas, no quería se que metieran en problemas por protagonizar la película”.

- ¿Creen que tras las manifestaciones del Orgullo gay que se vienen celebrando en Cuba comienza a cambiar la percepción hacia este colectivo?

R.V.I.: “Es muy complicado porque los desfiles por el Orgullo Gay ya se venían celebrando en Cuba desde años atrás gracias a la labor de Mariela Castro, que es psicóloga y está especializada en sexología y es la fundadora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) en Cuba. Mariela Castro ha hecho una labor meritoria en favor de la educación sexual pero tiene también una vinculación muy fuerte con la política al ser hija de Raúl Castro. En 2019 el desfile del Orgullo Gay fue cancelado por motivos ajenos. No se explicó la razón de que fuera suspendido aunque se dijo que fue por un problema administrativo. De todas formas, muchos sí que lo celebraron extraoficialmente en la calle donde hicieron su conga. Detrás de la labor que ha hecho Mariela Castro, que repito es muy meritoria, queda todavía mucho por trabajar. Los vestigios machistas están muy arraigados en la sociedad cubana, sociedad que debe de enfrentarse a problemas reales como son los de violencia de género aunque estos casos son mucho peor en otros países de Latinoamérica”.

- Además del transformismo ¿qué otros asuntos trata el documental?

CH.H.: “La película toca ciertas aristas pero su objetivo no es la política. Como estadounidense y como ciudadano que forma parte de la comunidad LGTBIQ+ he sentido la homofobia en mi país y vivir en una sociedad heteronormativa pero el fin de la película es que sirviera de plataforma donde las chicas pudieran contar su historia. Hice el filme con chicas cubanas y si ellas no se hubieran sentido identificadas ni deseado participar, no habría podido rodar este documental”.

– ¿Hay un cineasta que le haya influenciado a la hora de rodar esta película?

CH.H.: “Me inspira en éste y otros trabajos un documental, Paris is burning (Jennie Livinstone, 1991), que se rodó en Nueva York y estuvo nominado a los Oscars. La película habla de la comunidad gay y del Virus de la Inmunedeficiencia Humana (VIH) en los años 80. Esta película ha sido desde que la vi una inspiración en mis trabajo”.

- ¿Cómo se planteó el documental?

R.V.I.: “Chad no tenía una idea preconcebida. Iba a entrevistar a las chicas y a ver un espectáculo en El Mejunje pero la cosa se fue ampliando al poder rodar en las casas de algunas de ellas. El caso es que la historia se fue conectando lo que llevó a que el proceso de edición resultara muy largo, de dos a tres años por la pandemia. Se tenía tanta información e imágenes de archivo que lo que comenzó siendo un corto terminó por ser un largometraje de 80 minutos”.

- ¿Está preparando algún proyecto cinematográfico?

CH.H.: “Ahora no, mi trabajo es a tiempo completo en televisión. Sí que habrá alguno en el futuro, de eso estoy bastante seguro, pero ahora mismo no barajo ningún proyecto”.

FIRMA FOTO: María Calimano

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Luis Sánchez-Gijón dirige una serie sobre la Casa de Borbón en España

Lunes, Mayo 9th, 2022

El bulldog francés es una miniserie de dieciocho episodios y con una duración aproximada de siete minutos que escribe y dirige Luis Sánchez-Gijón Cañete. La serie propone un paseo por el legado de la Casa de Borbón española, desde sus orígenes en 1700 hasta el Siglo XX, contado “de manera amena y didáctica, con pequeñas dosis de humor y gran rigor histórico”.

La serie plantea una mirada ácida y mordaz sobre la Historia mientras desgrana la personalidad de los sucesivos monarcas y las consecuencias de sus respectivos reinados.

Ya se han realizado los cinco primeros episodios en los que se explica el concepto de monarquía y su desarrollo en España desde los Reyes Católicos hasta el fin de los Habsburgo. El resto estará dedicado a cada uno de los monarcas borbónicos, “aportando pinceladas sobre sus logros, sus errores, sus capacidades e incapacidades, o su psicología. Siempre en el contexto mundial (cultura, ciencia, política…) en que se desarrollaron sus respectivos reinados”.

Luis Sánchez-Gijón Cañete ha iniciado una campaña de crowdfunding en la que se puede colaborar si se pincha el enlace.

Los primeros trabajo audiovisuales de Luis Sánchez Gijón-Cañente los realizó entre los nueve y los diez años en formato Cine Nic, de ahí pasó al Super 8 y fue progresando hasta llegar, de momento, al 4K.

Tras dirigir varios cortometrajes, colaboró como ayudante de dirección en Esposados, de Juan Carlos Fresnadillo. El primer corto español nominado a los Oscar de Hollywood. En 1998 realizó para televisión la seria infantil Historias de Infoville; la serie fue emitida por la cadena autonómica Canal 9 y por Antena 3.

En 2004 realizó la serie de animación 3D Tinguaro, The Sun Lizard. Una coproducción entre España, Canadá e India y ha sido director de segunda unidad y editor de los largometrajes de Elio Quiroga La Hora Fría (2007), No-Do / The Haunting (2009), La estrategia del pequinés, y The Mystery of King of the Kinema (2014), del que es también productor asociado.

Entre 2013 y 2014 produce y dirige una serie divulgativa de 13 episodios sobre curiosidades de la ciencia titulada Science Gossip, estrenada en televisiones y webs de una decena de países.

En 2015 produce y realiza un documental dedicado a la figura de Émilie du Châtelet, con el título de Lady Newton y la Felicidad. Tras varias interrupciones, lo termina en 2018. Entre 2016 y 2017 participa como ayudante de dirección y director de segunda unidad en la serie Conqvistadores: Adventvm, producida por GlobalSet para Movistar 0#, y dirigida por Israel del Santo y en 2020 y 2021 trabaja como ayudante de dirección en las miniseries El palmar de Troya y El corazón del Imperio. Su última colaboración fue como subdirector en la miniserie documental Lola. Todas ellas dirigidas por Israel del Santo para Movistar.

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Cuando desperté… Charlot todavía estaba allí

Sábado, Abril 16th, 2022

“Charles Chaplin es, sin duda alguna, un gran artista. Siempre representa al débil, al pobre, al indefenso y al joven algo torpe a quien, sin embargo, las cosas terminan por salirle bien. Pero ¿piensan que en este papel se ha olvidado de su propio ego? No, ya que siempre se representa a sí mismo, tal como era en su juventud. Es como si no pudiera desprenderse de los recuerdos del pasado y que, hasta el día de hoy, obtuviera para sí la compensaciones por las frustraciones y humillaciones que sufrió en aquel período de su vida”.

(Sigmund Freud sobre Charles Chaplin y su Charlot)

Durante un tiempo estuvo de moda entre la cinefilia casposilla elegir entre Chaplin y Keaton para entregar la corona sin brillantes de la comedia silente y más tarde la que también se pudo oír. En un sistema donde la monarquía no existe porque es republicano por definición, nunca me decanté ni por uno ni por el otro ya que entendí que el cine de Buster frente al de Charles además de geniales eran muy diferentes en cuanto a historias y en cuanto a cálculo y composición de los gags. No dejo atrás a otros grandes nombres de la comedia sin sonido como fueron Harold Lloyd, Harry Langdon y Fatty Arbuckle entre otros gigantes, otros reyes (vamos a vacilarnos) sin corona cuando el cine aún no había aprendido a hablar.

El caso es que el cine de Charles Spencer «Charlie» Chaplin (Londres, Inglaterra, Reino Unido; 16 de abril de 1889-Corsier-sur-Vevey, Suiza; 25 de diciembre de 1977) queda ahí sin que apenas lo arañe el paso del tiempo. Bueno, sí, es cine en blanco y negro y encima mudo pero todo lo que se ve y provoca una película de Chaplin (incluyo su único filme serio, Una mujer de París), cortos y largometrajes ya como Charlot, es cine en estado puro. Una lección de lo que debe ser este arte que hoy se licua en favor de héroes enmascarados y comedias subidísimas de tono. En fin, lo que hizo Chaplin fue un cine capaz de contar historias a través de las imágenes… Y en un silencio que lo dice todo.

Repesco a veces muchos de sus cortos y reveo algunos de sus largometrajes que me siguen pareciendo conquistas sentimentales que me rompen el corazón. Contemplar al vagabundo de buen corazón que interpreta bajo el disfraz de Charlot (hoy ya todo un icono, sombrero hongo, chaleco, bastoncillo que parece casi de mimbre, bigote igual de ridículo que el de Hitler solo que el de Chaplin era falso) en filmes como El chico, La quimera del oro o Luces de la ciudad me siguen poniendo la piel de gallina o los pelos de punta… o se me eriza algo por dentro cuando suelto la primera risotada que es preludio de las otras que vendrán después. Una risa, ésta, que no tiene nada que ver con otras risas aunque la carcajada se me parezca a la que lanzo cuando veo películas de otros reyes (siempre sin corona) de la comedia silente norteamericana.

Es verdad que la llegada del sonido hizo tambalear al genio y es verdad que cuando se desprendió de su personaje, de aquel Charlot que se metía en líos, se enamoraba de invidentes o era capaz de anteponer su vida para salvar la de un niño, muchos quizá no vean la grandeza de Chaplin en sus películas habladas pero les invito a que recuperen no solo Tiempos modernos (muda en plena eclosión del sonido, la última en la que vistió el traje del desharrapado Charlot) sino otras películas que el paso del tiempo ha elevado a la categoría de obras si no maestras sí como lecciones de cómo hacer buen cine. La lista no es demasiado larga: Monsieur Verdoux (1947) y Candilejas (1955), esta última un emocionado homenaje a los cómicos que como él dejaron de prestar servicio con el paso irremediable de los años.

A propósito de Candilejas, Orson Welles, que a veces hablaba demasiado sin pensarlo dos veces antes, propagó la leyenda de la rivalidad entre dos emperadores de la comedia silente: Chaplin y Keaton. O Keaton y Chaplin, al tiempo que procuraba manchar el nombre del que interpretó al vagabundo melancólico afirmando que cortó planos en los que aparecía Pamplinas, que así se conoció a Buster Keaton en esa España que se nos perdió hace tiempo.

Recuerdo, unos pocos años después de que este país en el que nací y vivo estrenara esa democracia que los hunos y los hotros se han empeñado en no dar crédito, en revisar lo que fue una Transición que con sangre, sudor y lágrimas, construyó el espacio común en el que hoy transitamos, ver en un cine, en pantalla grande. El largometraje El gran dictador (1940), sí, esa misma en la que Chaplin hace doble papel: Adenoid Hynkel (trasunto de Hitler) y un soldado judío, ahora barbero en la capital de Tomania, que como en El prisionero de Zenda, se hace pasar por el loco de Hynkel para pronunciar al final de la película uno de los discursos más hermosos a favor de la democracia que se han dado en eso que conocí como cine.

El caso es que pude ver El gran dictador no sé cuántos años después de que muriera ese otro dictador que descansaba hasta el día de ayer en el Valle de los Caídos. Un dictador de cuyo nombre no quiero acordarme y que como todos los dictadores tuvo siempre miedo a la risa. Que prohibiera a los españolitos que vienen al mundo que vieran El gran dictador solo se explica, como me dijo alguien al que quise con toda mi alma, porque el trabajo de Chaplin se parecía mucho a él… aunque en la película el dictador tiene una voz bronca que espanta incluso a los micrófonos que tiene instalados en la tarima y cuando está a solas aprovecha para jugar mimosón con el globo del mundo.

Charles Chaplin se convirtió interpretando a un vagabundo en uno de los hombres más ricos del cine norteamericano. Su alcance fue tal que trascendió las fronteras de ese gigantesco país y hoy uno lo puede ver en toda clase de cosas. Sea una taza, un figura de porcelana, una imagen de camiseta, un plato…

Su popularidad, para que me entiendan, fue tan inmensa que aún hoy sigue estando aquí, aunque durante casi toda su vida profesional fue investigado por el FBI porque sospechaban que detrás de aquel actor multimillonario se escondía un comunista. Y claro, comunista, comunista como que no…

Esa Norteamérica repugnante y racista que hoy encarna Donald Trump, lo puso en la picota y quiso poner fin a su influjo con multas de Hacienda, acusaciones de rojo y ventilar sus gustos sexuales que ayer ni hoy resultan políticamente correctos.

Esto y otras cosas obligaron al hombre al exilio, exilio donde rodó las dos últimas películas de su vida. Filmes que mejor haber archivado aunque se traten de obras del legendario Charles Chaplin.

Un rey en Nueva York (1957) no funciona porque fue hecha con resentimiento y La condesa de Hong Kong (1967) sonroja porque nadie se cree a Marlon Brando y Sofiia Loren en esta comedia que quiso ser alta comedia…

Pero al margen de estos dos fracasos, de estas dos sombras en la carrera de un hombre que llevó literalmente el cine en las venas, Chaplin como su buen amigo Einstein fue y es un genio. Lo de genio explica que su cine siga igual de fresco que hace un millón de años… que sus películas, vueltas a ver, me sigan haciendo llorar y reír.

Me gusta Chaplin y aún admitiendo que Sigmund Freud a quien ni pudo conocer personalmente cuando llegó de gira a Viena tuvo razón con su perfil… qué demonios, sigue siendo para este republicano que ama la bandera tricolor un rey con todas sus letras.

No hagan caso de los impostores, de aquellos que pretenden comparar su genio con el de otro genio de la comedia silente. Ya saben a quien me refiero. Al cara de palo, a Pamplinas, al que casi nunca rió en sus películas… A Buster Keaton.

Y es que cuando desperté… Charlot todavía estaba allí.

Saludos, riamos, riamos, riamos, desde este lado del ordenador

El Festival Atlántico de Género Negro celebra el 50 aniversario de ‘La cabina’

Viernes, Abril 1st, 2022

Tenerife Noir conmemora el cincuentenario de La cabina y el centenario del nacimiento de su protagonista, el actor José Luis López Vázquez, este sábado, 2 de abril, con la proyección del mediometraje de Antonio Mercero, a las 20:00 horas, en el Espacio Sala R, en la Recova de Santa Cruz de Tenerife –en la plaza Isla de la Madera, frente al Teatro Guimerá-.

La cinta se emitió por primera vez en Televisión Española el 13 de diciembre de 1972, y consiguió, entre otros reconocimientos, un Premio Emmy Internacional al mejor telefilme y un Fotogramas de Plata al mejor intérprete de televisión para José Luis López Vázquez en 1973. El acceso a la exhibición es gratuito y se gestiona en la página web y la taquilla del Teatro Guimerá, en el enlace https://teatroguimera.es/ o en los teléfonos 922 60 94 50 / 922 36 46 03. La taquilla abre de martes a viernes de 11:00 a 13:00 y de 18:00 a 20:00 horas.

La presentación de la película cuenta con la presencia del director del Cinefórum noir del festival, Luis Machín, y del escritor y quionista Antonio Mercero Santos, autor habitual en Tenerife Noir que también participa en esta edición como parte del trío de escritores que usa la firma Carmen Mola, e hijo del realizador. Su proyección es uno de los actos de homenaje a esta emblemática pieza televisiva en la séptima edición de Tenerife Noir, ya que, además, el festival incorporó la cabina a su imagen de este año, como un elemento clave del cartel de esta edición, e instaló una reproducción de la cabina en el entorno del Espacio Sala R, la Recova, en la calle de Valentín Sanz de la capital tinerfeña.

La cabina fue dirigida por Antonio Mercero en 1972, escrita en un guion compartido con José Luis Garci y cuenta con un protagonista, José Luis López Vázquez, que se encarga casi en solitario de dar cuerpo a una parábola absurda y angustiosa. Esta historia kafkiana era uno de los 13 pasos por lo insólito que Antonio Mercero, Horacio Valcárcel y José Luis Garci se propusieron para trabajar juntos en un proyecto que nunca llegó a realizarse. Sin embargo, Mercero convenció a los directivos de RTVE para filmar al menos este mediometraje.

En la sociedad española del tardofranquismo, con la televisión en blanco y negro y de solo dos canales, el impacto de La cabina fue extraordinario. Tanto Mercero como Garci insistieron en que su objetivo era hacer un relato de terror cercano a la ciencia ficción, aunque tuvieron que rendirse a que fuera tomada como una parábola abierta leída en un amplio abanico de interpretaciones, desde las que la tomaron como una crítica a la dictadura franquista hasta quienes vieron en ella una película religiosa en la que un helicóptero alude al espíritu santo. El paso del tiempo la ha situado donde sus autores querían: su consideración como película de terror psicológico.

Además de los ya señalados, entre los numerosos premios recibidos destacan también el Quijote de Oro de la crítica española al Mejor Director para Mercero, el Premio Nacional de Televisión de 1973; el premio Ondas de 1973 para Mercero; el de mejor programa dramático del Canal 47 de Nueva York en 1973; el premio de la Crítica Internacional del Festival de Montecarlo 1973; Premio Marconi del MIFED de Milán 1973.

Saludos, atrapados en la cabina, desde este lado del ordenador

El cachetón

Lunes, Marzo 28th, 2022

Hace tiempo solía reunirme en casa de amigos para ver de madrugá la gala de los Oscars. Hacíamos nuestras quinielas con un único premio, invitar a cenar al que tuviera más aciertos. El año en que arrasó El silencio de los corderos fui el ganador. Todavía no me lo explico porque con el paso de los años me fui distanciado de aquella apuesta para dedicar el concurso de mis modestos esfuerzos a otras tareas…

No vi, y no es un suponer, la gala de los Oscar que tuvo lugar este domingo, 27 de marzo, pero me despierto con las portadas de los periódicos y las tertulias mañaneras en radio y televisión no hablando de la injusticia de que una película tan conmovedoramente redonda como El poder del perro solo recibiera una estatuilla a la mejor dirección ni que le robaran literalmente el Oscar a mejor actor a Benedict Cumberbatch, su protagonista, por el trabajo interpretativo que Will Smith hace en El método Williams que, por cierto, si ayer fue la noche de alguien fue la de Will por el castañazo que le soltó al actor y humorista Chris Rock en plena ceremonia cuándo éste hizo una broma de dudoso gusto sobre la mujer del protagonista de El príncipe de Bel Air, que todos tenemos un pasado del que más o menos sonrojarnos.

Lo trágico de este cachetón, sonoro además, es el cachetón en sí mismo. El acto violento de uno contra otro aunque las razones estuvieran (o no) justificadas.

Escucho en esas radios que devoran la mañana con tertulias idiotas que el bofetón probablemente forme parte de un juego, de una broma entre Rock y Williams. También que Chris mantuvo relaciones con la esposa de Will, la actriz Jada Pinkett… Uno hasta comenta entre bromas una cosa muy seria: una gala caracterizada por su solidaridad con lo que está pasando en Ucrania se viene abajo por la muestra de violencia de uno de los nominados, y personaje que finalmente recibe el Oscar balbuceando unas disculpas tardías que me hacen sentir mucha pena por el cine norteamericano que no está viviendo sus mejores momentos.

La gala es un espejo deformado de lo que fue una vez la industria, ahora dominada por esas plataformas que nos quitan el sueño. Will debería de olvidarse de su papel de Mohamed Ali y dedicarse a sus cosas, que es ganar dinero. Si John Wayne hubiera hecho algo parecido no quiero pensar en cómo lo hubiera freído a chascarrillos varios… Lo del tortazo de todas formas es un buen titular, un buen titular para una fiesta que ya no dice nada y que visto lo visto y salvo la hostia en plena cara importa a la gente muy poco.

Leo los repasos que hacen conocidos sobre la gala que aguantaron de madrugada y no sé si ponerme a reír o a llorar. En los periódicos y esas tertulias de pesadilla también así que me quedo, más con el cine, con esa fiesta que nació para promover el cine norteamericano, con el cachetón de Williams a Rock. Un plaf sonoro que de alguna manera simboliza la importancia que está perdiendo un cine como es el estadounidense que hasta el día de ayer era como ir a misa: de obligado visionado.

En fin, que no dejo de ver en redes sociales el soberano tortazo y pienso que vamos atrás como los cangrejos. Que este mundo enloqueció hace ya un buen puñado de años… Putin, Trump y ahora Biden, la Covid-18… esas siete plagas que parecen que no son siete sino muchas más… Puestas así las cosas entiendo pero no justifico el galletazo de Will a Rock, aunque me hace gracias, las cosas como son, el uayyyy que ladra el cómico norteamericano cuando la palma de Williams le calienta la mejilla.

Así que constato lo que somos y lo que somos son sacos de carne, sangre y huesos.

Dos cabalgan juntos

Martes, Febrero 1st, 2022

Nacieron el mismo día pero en distinto año y distinto estado del mismo país, unos Estados Unidos de Norteamérica que por aquel entonces comenzaba ya a tomar decisiones de alcance global sin que la victoria se le subiera a la cabeza.

Los dos, el actor y el cineasta, solo alcanzaron a trabajar juntos en una película, pero qué película madredelamorhermoso, para los que gustamos de películas que se desarrollan en un continente, África, que por aquellos años todavía era sinónimo de misterio, animales salvajes y tribus que mostraban al hombre blanco no solo la ridiculez de su piel sino también sus pretenciosa civilización, que es esa misma que ha terminado por devorarnos…

A uno le conocieron como el rey sin corona del viejo y añorado Hollywood, y el otro respondía al cariñoso nombre de Jack, aunque sin que por sus venas corriera sangre azul, fue otro de los grandes monarcas de una industria que por aquel entonces fabricaba obras de artes populares sin falsas pretensiones artísticas. Esto último lo apunta Lindsay Anderson, uno de los representantes del free cinema británico y un incondicional seguidor del hombre que fue director, del cineasta con parche en el ojo que solía presentarse allá donde lo invitaran como “Me llamo John Ford y hago western”.

El rey, el tipo de encantadora sonrisa y atractivo bigotito recortado por debajo de la nariz, se trata de Clark Gable y la película en la que los hados quiso unirlos se llamó Mogambo, que sigue siendo una de las cintas de mi vida más que por estos dos, por una pantera negra con formas de mujer que roba (lo siento chicos) literalmente el largometraje al buen Jack y al buen rey: Ava Gadner, pero eso, amigos, es otra historia porque hoy la mirada la fijamos en Gable y Ford. Ford y Gable, dos tipos a los que los hados, ya se dijo, hicieron coincidir para que vinieran al mundo tal día como hoy.

Nació como John Martin Feeney aunque terminamos por conocerlo y reverenciarlo con el nombre de John Ford (Cape Elizabeth, Maine, 1 de febrero de 1894–Palm Desert, California, 31 de agosto de 1973). Rodó, como él mismo dijo, infinidad de western pero también otra clase de películas que respiran unas constantes que son típicamentes de su cine. A mi me gustan mucho Qué verde era mi valle, Las uvas de la ira y El hombre tranquilo, entre otras muchas cintas que, como se dijo, se apartan del género que lo hizo famoso. Famoso por sus western y famoso por lanzar al estrellato a John Wayne, el duque de esa fábrica de sueños que fue Hollywood.

William Clark Gable (Cádiz, Ohio, 1 de febrero de 1901-Los Ángeles, California, 16 de noviembre de 1960), Clark Gable, será recordado durante generaciones por ser Rhett Butler, el jugador, bebedor, mujeriego protagonista de Lo que el viento se llevó, que es esa película que hoy quieren arrojar a la hoguera por racista (que lo es) y en la que intervino en su guión pero sin acreditar Francis Scott Fitgerald, entre otros escritores asalariados a la formidable maquinaria del Hollywood de aquellos años de leche y miel. Leche y miel que se agrió al declararse ese mismo año la II Guerra Mundial.

Al margen de esta epopeya sobre la derrota de los estados confederados durante la Guerra Civil, Gable trabajó en muchas otras películas demostrando al público que hacía igual de bien un papel dramático como cómico. A mi me gusta mucho en comedias como Sucedió una noche y en dramas con aliento crepuscular como la fascinante e incomprendida Vidas rebeldes, donde comparte planos con una de las almas tristes de la ciudad del pecado, Marilyn Monroe…

Pero fue Mogambo, con todas sus letras, el filme que unió al maestro de apellido Ford con el actor de apellido Gable en una película, ya lo he dicho y lo repetiré las veces que haga falta, que me sigue fascinado. Fascinando porque en ella pasea una pantera negra que reconozco como Ava, un elefante real (y no solo por sus orejas) llamado Gable así como una gacela rubia como la cerveza, Grace Kelly.

Mogambo se trataba de una nueva versión de Red Dust, que fue una película dirigida por Victor Fleming, compañero de cacerías de Clark Gable en la vida real, y el director al que contrataron para Lo que el viento se llevó cuando el rey se quejó de que George Cukor era un cineasta que prestaba demasiada atención a las actrices y es esa película de aventuras africanas que se pone como ejemplo para que uno se de cuenta de los disparates de la censura, en este caso la franquista, ya que convirtió a la pareja de recién casados de la película en ¡¡¡hermanos!!!

A mi me sigue pareciendo uno de los mejores, si no el mejor, filme de aventuras africanas que salieron de Hollywood, y con esto quiero decir que en mi memoria cinéfila está por encima de La reina de África, Las minas del rey Salomón y Hatari, por citar solo algunas de las más (re)conocidas.

La razón, ya lo dije al principio, Ava, más vital que nunca, pero también al trabajo que desarrollaron juntos un rey y un hombre tranquilo con el que me gustaría cogerme no una sino muchas juergas en la taberna del irlandés, que es esa a la que voy cuando sueño que el cine se reivindicaba como arte popular, alejado de falsas pretensiones artísticas.

Pero… ¿Y las películas que se ruedan y estrenan hoy?, como respondería Rhett Butler, “sencillamente, querida, me importan un bledo”.

En la imagen, John Ford y Clark Gable en una pausa de Mogambo.

Saludos, calima, desde este lado del ordenador