Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Tres películas basadas en novelas de Ed Bunker

Viernes, Abril 21st, 2017

Los escritores con pasado criminal tienen tirón en el mercado. La historia no es nueva ya que viene de atrás. Algunos de estos tipos se hicieron millonarios contando sus experiencias como ladrones tenaces, Henri Charrière lo hizo con Papillón o malvivieron de sus historias policíacas con la intención de enterrar un pasado muy turbio. Pienso en el escritor José Giovanni, uno de esos hampones de derechas que se cebó mientras duró la ocupación de la Alemania nazi en Francia.

Pero calidad como escritor, el saber mostrar la rabia de vivir que tienen los que se han curtido en las cloacas, es una característica en la literatura de Edward Bunker, un delincuente que como escritor se ganó su puesto en la sociedad mostrando cómo vive y cómo son esos ejemplares al margen de la ley.

Las novelas de Bunker, no dejó muchas, seis más un libro de memorias, son relatos de una huida hacia adelante extremadamente amargas y protagonizadas por personajes con pasado equivocado y adictos la mayoría a cualquier sustancia. Hombres, porque el universo Bunker es extremadamente masculino, que conocen mejor la cárcel que la calle, y que en libertad intentan abrirse paso en ambientes  que los tolera pero que los mira con sospecha. Eso los empujará a volver a ser lo que fueron, a delinquir para sobrevivir.

Es la crónica desesperada de los que viven el día a día, para los que no existe futuro sino solo un presente depredador y tremendamente malvado. Sin alma.

Las novelas de Edward Bunker están editadas en España por Sajalin, lo que incluye sus memorias que, previamente, publicó Alba Editorial con el título de La educación de un ladrón, relato en el que narra como terminó siendo guardaespaldas de uno de los grandes magnates de Hollywood y sus primeros pasos en el mundo del cine.

Bunker trabajó en el cine, donde además de escribir guiones como El tren del infierno, hizo pequeños papeles como actor. Para el cine adaptó también varias de sus novelas, aunque los resultados fueron muy desiguales.

Libertad condicional (Ulu Grosbard, 1978).- Protagonizada por Dustin Hoffman y Theresa Russell adapta No hay bestia más feroz y continúa siendo la mejor película basada en una novela de Edward Bunker. Profunda y directa, expone el retrato de un criminal que, recién salido de la cárcel, y no ver futuro, vuelve a robar bancos. El filme respira cierto espíritu fatalista muy de los setenta así como una estética muy de aquellos años. Merece mucho la pena volver a verla o descubrirla si se da el caso.

Animal Factory (Steve Buscemi, 2000).- Se trata de una rareza. Rareza porque la dirige y es uno de sus actores protagonista, Steve Buscemi. También porque acertó en su reparto, que forma gente como Willem Dafoe, Tom Arnold y Edward Furlong. También  Mickey Rourke, que interpreta a un preso travestido y que pone el espíritu “femenino” al mundo cerrado de una cárcel masculina. Animal Factory no mantiene el tono sin embargo a lo largo de toda la cinta, aunque sí que resulta realista su mirada sobre un mundo violento donde solo sobreviven los más fuertes. Relato de iniciación, aunque todas las novelas de Bunker son de una u otra manera iniciáticas, Animal Factory tiene chispa pero su fuego no es suficiente para encender la pantalla.

Como perros salvajes (Paul Schrader, 2016).- Reunía todos los elementos para  provocar un incendio. Por un lado, se combinaba el desprecio de Bunker y el cine  con aureola de redención de Paul Schrader, un cineasta que cuenta con excelentes películas cuando no se la va el baifo y se pierde por los cerros de la fe calvinista. Como perros salvajes, aunque el título original es Perro come perro, funciona a ratos laaargos y no ayudan a animarla Nicholas Cage y Willem Dafoe que vuelve a repetir en una película basada en una novela de Edward Bunker, aunque sí que está muy bien Christopher Matthew Cook, un tipo con un físico imponente. La película trata sobre la amistad entre bandoleros, otro tema recurrente en las novelas del escritor, y sobre la traición. Cuenta, no obstante, con un final kitch y religioso de pena.

Saludos, ¡viva el señor Azul!, desde este lado del ordenador.

Destripando ‘la sangre fría’ de Richard Brooks

Miércoles, Marzo 15th, 2017

El cine fórum de Tenerife Noir exhibe esta noche, a partir de las 20.30 horas, en TEA Tenerife Espacio de las Artes A sangre fría (Richard Brooks, 1967), película que celebra su cincuenta aniversario manteniéndose igual de fresca e innovadora que entonces.

Milimétrica adaptación de la novela no ficción de Truman Capote, y rodada en impecable e implacable blanco y negro, los actores protagonistas de esta historia son: Robert Blake, Scott Wilson, John Forythe y Paul Stewart y cuenta el asesinato de la familia Clutter a manos de dos expresidiarios y la investigación posterior que emprendió la policía para dar con ellos.

Con música de Quincy Jones y fotografía de Conrad Hall, A sangre fría es una película redonda a medio camino del documental dramatizado. Una de esas joyas que de tanto en tanto –ya no tanto, la verdad– nos regala el cine norteamericano cuándo realmente esta inspirado.

Tras la finalización de la película, que tiene una duración de 135 minutos, Manuel Díaz Noda, conductor de esta iniciativa, y quien les escribe ahora mismo destriparemos una cinta clave en la historia del género policíaco y del cine.

Saludos, ¿nos vemos?, desde este lado del ordenador.

‘El camino’, según Mel Gibson

Lunes, Diciembre 19th, 2016

Mel Gibson, he ahí al hombre, es un cineasta que al margen de su carrera como actor y director, levanta entre los aficionados pasiones y odios desatados. Ha logrado, y sin que nadie lo invitara, pertenecer a ese club tan exclusivo que solo admite a tipos y tipas extravagantes y como a Mel Gibson se le quiere o se le odia sin términos medios, que no deja indiferente a nadie, lo han ubicado en esa especie de purgatorio en la tierra donde quieren que pagues por los pecados de los demás hasta que suene la campana y te lleven los ángeles y demonios al otro barrio.

Mel Gibson encarna además al prototipo de americano que ha subido a lo más alto (el cielo que da la fama y el reconocimiento, por ejemplo) para descender a lo más bajo (el infierno del alcohol y la juerga diaria, por ejemplo) y volver a recuperarse aunque en su caso algunos no le perdonan ser quién es y que se mantenga fiel a quién es.

Como cineasta, Mel Gibson cuenta con una trayectoria de interesantes películas. Se puso delante y detrás de las cámaras en la intimista El hombre sin rostro y propuso una nueva versión de Espartaco pero en clave nacionalista en Braveheart.

Selló el pacto con su fe, la católica, en la sorprendente La pasión de Cristo y más tarde dio el do de pecho en la que, a nuestro juicio, es su mejor película hasta la fecha, Apocalypto, un sobresaliente filme de aventuras en la que se muestra el choque de civilizaciones.

Hasta el último  hombre es su nuevo trabajo cinematográfico y para alguien que debe de tener El camino, pero no el de Jack Kerouac sino el de José María Escrivá de Balaguer como libro de cabecera, la película es una fusión perfecta entre el cristianismo que respiraba La pasión de Cristo con el paganismo que rezumaba Apocalypto, señas que revelan la identidad que va tomando el cine de un director al que le gusta el exceso –y no se corta un pelo en colar mensajes de un radicalismo desarmante–  y que entiende que el mundo se divide entre buenos y malos. Su cine gira además en torno al significado de la palabra sacrificio y hasta dónde somos capaces de sacrificarnos por los demás. A darlo todo, no admite su creencia en términos medios, por los demás.

¿Cómo alcanzar esa perfección? Mel Gibson nos cuenta en Hasta el último hombres como en La pasión de Cristo y Braveheart y Apocalypto, que a su manera son también relatos sobre el sacrificio, que el único camino para llegar a esa perfección, a esa entrega de corazón, es a través del sufrimiento.

Basada en una historia real, y casi como si recogiera el testigo de aquellos relatos cristianos a lo Vidas ejemplares, el protagonista de la película, Desmond T. Doss, es un héroe atípico en las películas bélicas porque no toma colinas ni acaba con un batallón de enemigos.  No, él intenta salvar a sus camaradas heridos de una y otra trinchera del campo de batalla porque es un soldado, un soldado sanitario que se ha negado a llevar un arma.

Mel Gibson es un cineasta que siente una extraña adicción por mostrar la violencia en sus películas. Lo comprobamos en La pasión de Cristo, conta en la que visualiza con descarnado realismo el sufrimiento de Jesús a manos de los romanos y en Apocalypto el que padecieron las tribus indígenas que sucumbieron ante los mayas.

Ahora, en Hasta el último hombre, escenifica y con notable alto, por cierto, una guerra en la que el enemigo –los japoneses porque Desmond T. Doss fue destinado al frente del Pacífico– no tiene identidad salvo que es el enemigo. Un enemigo al que hay que exterminar porque, objetivamente, esa campaña fue una operación de limpieza isla por isla, territorio a territorio y en la que no hubo respeto al contrario, aunque Mel Gibson muestra en unos breves segundos la ceremonia de suicidio ritual de un oficial nipón cuando todo está perdido para su ejército.

Lo insólito en todo caso de un filme como Hasta el último hombre tras su estreno en España es el debate que ha suscitado entre los seguidores y detractores del cineasta y también actor.

Cada uno de esos comentarios, los que está a favor y en contra, coinciden en resaltar la recuperación de un hombre que aún arrastra su cruz, pero poco o nada de una película que tiene cierto sabor a clásico y un mensaje, al fin y al cabo, profundamente pacifista aunque no antibelicista y mucho menos antimilitarista. De hecho, el ejército se muestra como un complejo entramado de normas que ha sido diseñado para que los hombres aprendan a matar por su país. La clave del largomentraje es cómo resulve y muestra la integración de un objetor de conciencia en esa estructura tan rígida. Y como llega a ser un héroe en la batalla sin disparar un solo tiro.

De esta pasta se forjan los héroes de Mel Gibson. Y lo desconcertante es que se tratan de héroes reales, que son de carne y huesos. Hombres (atención al trabajo de Andrew Garfield) y mujeres (atención al trabajo de la actriz Teresa Palmer) capaz de darlo todo por los demás. Y dicho así, en estos tiempos que corren, es más que un mérito todo un milagro.

Saludos, cielo azul celeste, desde este lado del ordenador.

Fidel Castro en el cine, la historia no lo absolverá

Viernes, Diciembre 9th, 2016

INTRO

El pasado 25 de noviembre fallecía en La Habana Fidel Castro, el hombre que manejó durante más de cincuenta años y con mano de hierro los destinos de  Cuba y de miles de cubanos, a quien dio escuela y hospitales pero también condenó a presidio por disentir de sus ideas. Personaje complejo, paternal, maniqueo, egocéntrico, rebelde y furioso (bravo, que dicen los de su tierra), la pregunta ahora es plantearse si la Historia –o no– absolverá al guerrillero que tras bajar de las montañas llegó a La Habana en enero de 1959.

Sea absuelto o no, la figura de Fidel Castro alcanza dimensiones históricas. Los analistas destacan que consigió convertirse en un líder mundial y recuerdan que casi provoca la tercera guerra mundial cuando estalló la crisis de los misiles. Estamos a principio de los años sesenta y el pulso que sobre la isla mantienen soviéticos y norteamericanos solo llega a su fin cuando Nikita Kruchev decide reembarcar los cohetes mientras masas de cubanos adoctrinados y encolerizados le gritan “Nikita, Nikita, lo que se da no se quita.”

Fidel Castro junto con Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos forman como la santísima trinidad de un proceso revolucionario que nació tras el frustrado ataque al cuartel Moncada en julio de 1953. Estos santos laicos, más que marxistas y leninistas, martianos en el caso de Castro y Cienfuegios, entraron en la Historia cuando un pequeño yate de nombre Granma desembarcó a un grupo de hombres en una playa de del oriente cubano. Este desembarco dio inició a lo que más tarde se conocería como revolución cubana. Una revolución que como todas las revoluciones tiene sus luces pero también sus sombras.

Este artículo no pretende ser un sesudo análisis político sobre la vida y obra del comandante en jefe sino un juego, si se nos permite, en el que hemos intentado localizar esas películas en las que un actor ha interpretado a Fidel Castro en pantalla, fuera ésta grande o pequeña.

Jack Palance, Juan Luis Galiardo y Demián Bichir han interpretado con peor o mejor fortuna al comandante, un hombre que, cuenta la leyenda, participó siendo un mozo como extra en varias películas del enemigo. O Hollywood. Los títulos son Vacaciones en Méjico y Easy to wed, filmes que no hemos tenido oportunidad de ver para localizar entre los figurantes la corpulenta silueta de quien años más tarde se convertiría en uno de los enemigos número uno de los Estados Unidos de Norteamérica.

LAS PELÍCULAS

Che!, Richard Fleischer, 1969.-  Mientras el cadáver de Ernesto Guevara aún permanecía caliente tras ser acribillado a balazos en un aldea perdida de Bolivia, el sólido Richard Fleischer rueda la que, probablemente, sea una de sus peores películas.  No ya por un discurso abiertamente proestadounidense, sino por el tono maniqueo del que se sirve para retratar la ascensión y caída del guerrillero argentino. El filme recorre la vida del Che desde las espesas selvas de la Sierra Maestra, en Cuba, hasta Bolivia. Omar Sharif interpreta al primero médico y más tarde soldado verde olivo mientras que Fidel Castro es Jack Palance.

Topaz, Alfred Hitchcock, 1969.- Tampoco se trata de una de las mejores películas del maestro del suspense ni de una de las mejores novelas ladrillo de mi respetado Leon Uris y si bien nadie interpreta a Castro en este confuso y sin embargo fascinante largometraje de espías, John Vernon encarna a un convincente revolucionario que se parece bastante a… Fidel.

Bananas, Woody Allen, 1971.- No se trata de una de las mejores películas del primer Woody Allen cinematográfico pero cuenta con algunos gags memorables y un discurso políticamente incorrecto que no gustará ni a las izquierdas, tan dignos y moralinos ellos como a las derechas, tan de misa diaria y moralinas ellas.

Matar a Castro, Chuk Workman, 1989.- Intento fallido de adaptar el clásico La caza del hombre (Fritz Lang, 1941) ya que al intercambiar los dictadores que se ponen en el punto de mira del fusil que empuña su protagonista, Walter Pidgeon en el filme de Lang y Stuart Whitman en la estrafalaria versión de Workman, no aguanta ni un asalto la segunda. Serie B o Z según se mire y al servicio de un productor demasiado pasado de rosca, esta extravagancia es lo que es, una extravagancia cuyo visionado da vergüenza ajena.

Hasta la victoria siempre, Juan Carlos Desanzo, 1999.- Alfredo Vasco interpreta al Che Guevara en esta entusiasta producción argentina recomendable solo para los que, como quien escribe este post de urgencia, sienten abierto y a su manera comprometido interés  por ese pedazo de la historia de Cuba. Orestes Pérez interpreta a Fidel Castro.

Lío en La HabanaPeter Askin, Douglas McGrath, 2000.- Si alguien la ha visto, que nos la cuente.

Fidel, David Attwood, 2002.- Miniserie de televisión de marcado signo anticastrista que interpreta en su infancia, juventud y madurez los actores Honorato Magaloni y Víctor Hugo Martín (en la imagen). Gael García Bernal hace de Che Guevara, personaje que volvería a interpretar en la mucho más luminosa Diarios de una motocicleta.

La ciudad perdida, Andy García, 2005.- Pese a que su guión estuvo escrito por Guillermo Cabrera Infante y contase con una buena producción para recrear la feliz y loca Habana de los años cincuenta, La ciudad perdida es un pretencioso y confuso largometraje que dirige sin pena ni gloria el actor Andy García, quien al asumir las facetas de director y actor de la cinta cometió uno de los mayores fiascos de su carrera. Gonzalo Menéndez interpreta a Fidel Castro en esta nostálgica y casposa cinta de oportunidades… perdidas.

Che Guevara, Josh Evans, 2005.- Película que o bien es espantosa o ha sido víctima de una conjura judeomasónica porque, que se sepa, no se estrenó jamás. La protagoniza Eduardo Noriega, que hace de guerrillero argentino y le secunda, entre otros, Enrico lo Verso como Fidel Castro. En la imagen, Noriega como el guerrillero argentino.

I love Miami,  Alejandro González Padilla, 2006.-  Lo más significativo es que presenta  a un envejecido Fidel Castro que interpreta Juan Luis Galiardo. Ese Fidel huye en balsa a Miami tras ser víctima de un atentado.

Che, el argentino, Steve Sordeberg, 2008.- Empeño personal de Benicio del Toro, que encarna a uno de los mejores Ernesto Guevara de la historia del cine, Fidel Castro lo asume con magnético y mimético oficio Demián Bichir, quien compone un personaje complejo, motor de una revolución que, ya ven, medio siglo después continúa conmoviendo al mundo.

SI YO A CUBA LA FILMARA…

Otras películas en las que no aparece Fidel Castro pero está presente porque su sombra es alargada son Cuban Rebel Girls (Barry Mahon, 1959), Piers 5, Havana (Edward L. Cahn, 1959); la fascinante Soy Cuba (Mikhail Kalatozov, 1964); El padrino II (Francis Ford Coppola, 1974); Cuba (Richard Lester, 1979); Havana (Sydney Pollack, 1999); Operación Fangio (Alberto Lecchi, 1999) y Sangre de Cuba (Juan Gerard, 2003), entre otras. La Cuba castrista ha protagonizado además algún capítulo de Mi bella genio, Los Simpson e incluso la secuencia pre créditos de Octopussy, una de las más hilarantes películas de James Bond protagonizadas por Roger Moore. No olvidamos, además, los intentos de asesinato y la frustrada invasión de Bahía de Cochinos que se narra en The Company, serie que adapta la monumental novela sobre la CIA de Robert Littell. Hemos obviado, por razones de espacio, las películas cubanas que se rodaron sobre la revolución como Historias de la revolución (Tomás Gutiérrez Alea, 1960) y Clandestinos (Fernando Pérez, 1987).

Saludos, hasta la victoria, ¡siempre!, desde este lado del ordenador.

Ciclo de cine documental ‘Cultivando el cambio’

Miércoles, Octubre 5th, 2016

El ciclo de cine documental Cultivando el cambio se inicia en octubre y de forma conjunta en las islas de Tenerife y Gran Canaria.

El ciclo gira en torno a la idea de que un cambio “no sólo es deseable, sino que es posible.” Con este objetivo, se exhibirán documentales que tras su finalización, contarán con un debate en el que se hablará de esta posibilidad, y sus temáticas van desde la agroecología, la economía, la solidaridad o el respeto al medio ambiente.

La película STOP! Rodando el cambio inicia el ciclo; seguida de En busca del sentido, Monedas de cambio, El poder de la comunidad, No estamos solos y Las cosechas del futuro, para  finalizar con Mañana.

La periodicidad del ciclo es semanal en Gran Canaria, donde las películas se proyectarán en los cines Monopol, que se han comprometido con esta iniciativa propuesta por Alborinco, grupo de productores y consumidores de Gran Canaria y el Ateneo Miraflores 3, en Tenerife, en la que su periodicidad será quincenal y los jueves.

El ciclo comienza este jueves 6 de octubre –en ambas capitales canarias– con STOP! Rodando el cambio, a partir de las 20.30 horas.

Saludos, all right!, desde este lado del ordenador.

Pero… ¿hubo hombres libres de Jones?

Martes, Septiembre 20th, 2016

En el desolado y estéril paronama de la cartelera destaca una película que sin ser cine espectacular, sí que contribuye a afianzar los cimientos que te han construido como persona.

Lo destacable de Los hombres libres de Jones es lo que cuenta, la visión sobre una Guerra Civil y la guerra silenciosa por la liberación de los esclavos en una nación –lo de gran que lo ponga el que quiera– que aún continúa cuestionándose sus defectos heredados con razonable espíritu crítico.

Los hombres libres de Jones se desarrolla durante y ya finalizada la Guerra de Secesión, y es el relato de Newton Knight (Matthew McConaughey), un desertor del ejército confederado que lidera a un grupo de iguales en el Condado de Jones, y con los que iniciará un  alzamiento armado que se convierte en otra guerra civil, pequeña, pero guerra civil en plena Guerra de Sececión.

Al director Gary Ross, responsable de las estimables Los juegos del hambre y Pleasantville, se le pueden reprochar muchas cosas pero no una mirada coherente y meridianamente distanciada sobre las historias que cuenta, relatos que coinciden en un mismo tema: la rebelión.

En Los hombres libres de Jones la que emprende un grupo de perdedores que no terminan de estar de acuerdo en considerar a los negros como iguales, pese a que forme parte del ideario de quien los conduce, Newton Knight, una especie de protocomunista al que pronto la realidad le joderá la existencia.

Es inevitable pensar en retratos de grandes rebeldes como Espartaco, William Wallace o el Benjamin Martin de El patriota, estos dos últimos interpretados por el mismo actor, Mel Gibson, pero no solo aquí se queda Los hombres libres de Jones aunque el destino de su protagonista sea el mismo de Espartaco y William Wallace: la derrota.

La derrota en Los hombres libres de Jones no tiene, sin embargo, nada de épica, aunque no es una derrota estéril. 

La segunda mitad de largometraje incide en ello, aunque muy por encima, al mostrar la ejecución silenciosa de miles de afroamericanos en los estados del sur al finalizar la Guerra de Secesión, y la aparición del Ku Klux Klan, escuadrones de la muerte cuyos miembros votaban al partido Demócrata.

La película solo tiene un problema. Y ese problema, para quien lo quiera ver así,  es Matthew McConaughey, quien eclipsa al resto del reparto. Imprime carácter al personaje, un guía iluminado pero con los pies firmes en la tierra.

Terminé yendo a verla en una de esas multisalas con olor a cotufas y que te obligan a que te compres un refresco a primeras horas de la tarde en una sala con espectadores que sabían lo que iban a ver.

Así que no percibí el masticar añorado del vecino de butaca, ni las pantallas iluminadas de los móviles cincuenta minutos después de comenzada la película. Incluso hubo gente que se quedó hasta el final de lo títulos de créditos, esa costumbre que solo se da en las salas serias y con un público, quiero pensar, agradecido.

Fue una tarde de cine, esas mismas que disfrutaste hace ya no sé cuánto y en las que te preguntas cosas tan profundas como pero… ¿hubo hombres libres de Jones?

Saludos, hay que ver, desde este lado del ordenador.