Archive for the ‘Cine de allá’ Category

¡¡¡Chacho, el barrio es nuestro!!!

Miércoles, Julio 11th, 2018

Hace tiempo que no sale del cine con tal subidón de adrenalina, debe ser efecto de la Purga que se le ha metido en el cuerpo a través de los ojos, de la película que hace ya la cuarta entrega de una serie en la que los blancos solían llevar la voz cantante hasta el día de hoy, donde cautivos y desarmados los negros se han hecho con el protagonismo para realizar la que, probablemente, sea la más estrafalaria y radical de todas. Estrafalaria y radical porque propone una delirante guerra entre blancos y negros en un rincón de los Estados Unidos de Norteamérica, State Island que, en la película que dirige el afroamericano Gerard McMurray se convierte en campo de pruebas y también de batalla de este brutal experimento que ya nos contaron a su manera las tres películas anteriores.

La primera purga, la noche de las bestias es un descarado homenaje a las blackexploitation que en los años setenta reivindicaron el poder negro desde las salas de cine. Shaft, Cleopatra Jones, los western ya clásicos que protagonizó el gran Jim Brown, Blácula, entre otros, generaron un atractivo sistema de estrellas entre los que figuraban el ya mencionado Jim Brown, Fred Williamson y Pam Grier, por mencionar solo algunos, y cine que ponía especial atención a la música (mucho soul con algo de blues) y al escenario en el que se desarrollaba la acción: el barrio.

Un barrio amenazado por blancos supremacistas, hijos de la gran puta que no se cortaban un pelo en aniquilar a todo negro que se le cruzara por delante infestando las aguas de la ciudad con un virus que solo afectaba a los de color o exterminándolos de otras maneras porque eran simple y llanamente negros.

Estas películas, que curtieron a toda una generación que, pese al color de su piel, estaba del lado de los negros porque eran los chicos del barrio, se caracterizan por su mensaje plano y violento, así como tremendamente racial donde lo bello es ser negro y lo malo ser blanco. Elementos que se reproducen con bastante algarabía en La primera purga: héroe cachas, novia que le canta las cuarenta al principio para rendirse finalmente a él, macho alfa de la manada mixta que lidera y secundarios entre los que se incluye además del chico adolescente problemático que quiere ganar dinero fácil como camello a una tipa que suelta los chistes necesarios pero sin puñetera gracia para relajar la situación, una situación que progresivamente se va poniendo caliente hasta eclosionar en una orgía de peleas en la que se reparte mucha leña.

Es una pena que el cine de verano de la plaza de toros haya muerto porque esta Purga era idónea para haber sido estrenada en aquel coso donde la pantalla se sacudía si había viento mientras la parroquia no dejaba de meterse con el linterna al tiempo que le gritaban a los protagonistas de la cinta. Aquellas inolvidables píldoras de sabiduría con las que se le recomendaba al héroe, en esta película el negrata, que se dejara de palabras y pasara a la acción.

Algo así como

“métele mano ya, chacho”

O

“cuidado con er nota, flaco”.

Lo curioso, no obstante, de esta recuperación del blackexploitation es que el héroe, el Che Guevara negro que arriesga su pellejo por salvar el barrio, es que es un narcotraficante del… precisamente barrio. Un mafia que toma conciencia no sé si social cuando se produce esta primera purga diseñada para acabar con los pobres –los negros, aunque otras minorías raciales aparecen tímidamente representadas en la película como la oriental pero ni asomo de la hispana– con el objetivo de consolidar la autoridad del nuevo gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica que dirigen nuevos padres fundadores cuya representación recuerda a la que inspiró al maestro John Carpenter en esa declaración de principios en favor de los derechos del individuo que es 1999: rescate en Nueva York.

Estas reflexiones y otras más suscita una película tan pequeña como deliciosamente loca y de barrio como es La primera purga, cine de clase B que parece de los años setenta porque bebe de las fuentes de la blackexploitation para mearse en los blancos y de paso reivindicar que el barrio es nuestro.

La película está trufada así de perturbadoras imágenes sacadas de esa pesadilla que forma parte del imaginario afroamericano frente al blanco: policías de piel rosada a punto de darle una paliza a un hombre de color indefenso; hombres del Klan que recorren en motocicleta y armados hasta los dientes el barrio y un tío Tom drogadicto y por eso mismo malvado al que llaman Skeletor… Por último, un ejército de blancos racistas deja de llevar máscaras (la máscara se emplea como recurso para que el espectador no sepa que se tratan de blancos, así de simple y así de contundente se las gastan en esta barriada cinematográfica) cuando el carnaval deja de ser una fiesta y pasa a convertirse en genocidio de los parias de la tierra que son los negros.

El mensaje es claro y directo: autodefensa. Y para hacerlo, se insta a actuar primero frente al agresor, el hombre blanco. Es decir, haz como él y olvida el rollo del gospel y el lamento del blues. Ahora lo que prima es cantar rap con una ametralladora aullando entre las manos.

Esto de transformarse en el otro ha dado origen a varias películas afroamericanas que procuraron que cambiara la percepción del blanco hacia la comunidad negra. Recuerdo, entre otras, la estupenda Watermelon Man, un filme de Melvin van Peebles en el que un blanco se despierta una mañana convertido en un negro y el episodio que dirigió John Landis para la películaTwilight Zone que protagonizó Vic Morrow, quien falleció violentamente durante el rodaje o la perturbadora Atrapado (Desmond Nakano, 1995) en la que se proponía un mundo dominado por los negros y en el que los blancos eran sus servidores y que protagonizaba, entre otros, John Travolta y Harry Belafonte.

La primera purga no tiene los objetivos regeneradoras de ninguna de estas cintas. Está más cerca de los filmes de explotación que en los años setenta apostaron por reflejar un black power que cuarenta años después se ha refinado como pasa en la irregular Déjame salir de Jordan Peele o bien se sale del tiesto dentro de unos límites como en La primera purga donde solo hay buenos (los negros) y malos (los blancos) porque el barrio, es una advertencia, es nuestro.

Saludos, black power, desde este lado del ordenador

La nostalgia es un puto error

Viernes, Mayo 4th, 2018

Hace tiempo que me arrancaron, porque fue así, me la arrancaron de cuajo, la adolescencia por lo que las películas de héroes Marvel o de la DC me parecen cada día más aburridas. Engendros que pergueña un cine como fue el norteamericano que antaño, tiempo a…, producía grandes películas con talento e inspiración sin recurrir a tipos y tipas recauchutados y villanos sin chispa, tanto, que temblarían ante el mismísimo Blofeld…

Pero es signo de los tiempos, y de los cómics en los que se digieren de otra manera.

Tras dar el gran salto a la grande y pequeña pantalla para disfrute de la chiquillería entre la que se cuela algún padre con serios problemas de madurez y aficionados que recrean con perfección admirable los disfraces de sus ídolos que responden a nombres como Iron Man, Capitán América, Spiderman, Hulk… llegamos a la conclusión de que estamos más solos que nunca. Que mi afición por de antes aburre a mi generación y a las que vienen a continuación porque se han dejado sorber el seso por un alien invisible que solo quiere zombies a su alrededor.

Hulk, X-Men, Iron Man… En mis tiempos, hace ya mucho, muchos años, estos personajes los conocías a través de ediciones que, literalmente los mutilaban en libros, más que revistas, en blanco y negro, y serie televisivas que vistas ya entonces daban más risa que otra cosa.

Yo llegué demasiado pronto al universo de la Marvel y de la DC, y llegué a través de esas ediciones que destrozaban los originales y a través de revistas mejicanas donde ampliaba mi vocabulario.

Por aquel entonces, venía por casa de mis padres una vez al mes un peluquero, Ángel, que tras trasquilar a mi progenitor y a los hermanos mayores, dedicaba la danza de las tijeras sobre mi cabeza.

Me gustaba el sonido de las cuchillas al cortar mi melena pero me disgustaba enormemente observar cómo el pelo caía sobre el suelo en aquellos tiempos en los que todavía disfrutaba de pelambre sobre la cabeza.

El caso es que por ser el último en ser pelado y probablemente por ser el más chico de los hermanos, Ángel me prestaba uno de aquellos cómic Vértice que reproducían aventuras de La Patrulla X (X-Men); Los cuatro fantásticos, La Masa (The Hulk);Iron Man (El hombre de hierro), Spiderman y el sargento Furia, quien antes de coronel fue sargento y blanco como la leche, no como el de las películas, que es negro como el carbón.

Le devolvía las historietas cuando pasaba un mes y tocaba de nuevo aquel pelado que nos dejaba la cabeza rasurada, casi como una bola de billar.

Al cabo de los años Ángel dejó de venir por casa porque se montó su propia peluquería de caballeros en una de las calles del barrio de la Salud. Peluquería a la que íbamos religiosamente un sábado de cada mes

Ya no leía cómics de la Marvel, por lo que la espera se hacía demasiaaado larga mientras revisabas los Hola, Garbo y Diez minutos que te ofrecía a modo de entretenimiento. Más tarde llegaría el Pronto y algún periódico local pero esto último no lo tengo tan claro. Si es claro como ela agua que Ángel conversaba con los parroquianos de lo que se suele conversar en una peluquería de caballeros: fútbol.

Los nuevos héroes le daban ahora patadas a un balón y cobraban por ello, no se dedicaban a salvar el mundo desinteresadamente como la Patrulla X o el mismo sargento Furia, que combatía con su comando de estrafalarios soldados contra nazis de expresiones desencajadas…

Recordé a Ángel mientras veía el otro día ese engendro que responde al nombre de Los vengadores. Infinity War. Y eso que la vi en un cine que es cine de verdad, aunque las butacas resulten algo incómodas para culos inquietos como el mío.

Que a la media hora de tanta pelea me distancié de la película fueron mis nada habituales visitas al baño. Dos, que así las conté, sin miedo a que me perdiera el hilo de una historia absurda, escrita por un chimpancé, con todos mis respetos por los chimpancés, y aburrida como ella sola.

Sí, sí, me consta que gusta a los niños pero eso no quiere decir nada. Yo a esa edad me tragaba como si nada Godzilla que hoy me resultan películas indigestas. Claro que, probablemente, será cosas de la edad, dirá alguno, y tendrá razón aunque nadie me quita de la cabeza de que, efectivamente y como dijo aquél, la nostalgia es un puto error.

Saludos, ¡acaba con todos ellos, Thanos!, desde este lado del ordenador

Un libro de cine diferente

Jueves, Marzo 22nd, 2018

¿Un libro de cine? Hay muchos aunque no creo que la gente compre tantos como antes… Internet y esas cosas. Los blogueros tienen parte de culpa y en España un caballero que se llama Carlos Boyero, un tipo que a base de opinar a veces con la cabeza y otras con el corazón ha generado el odio (no desprecio) de críticos y críticos apolillados que en el fondo solo piensan en ser como él. En tener su minuto de gloria, en que lo mencionen en la gala de los Goya para que el sector en peso se ría del que nadie puede reírse y esas cosas.

Todo la mercadería que genera el mundo del cine (y eso incluye los libros) suele ser bastante ligera aunque cuenta también con obras que editores bastante locos continúan publicando porque así les sale del corazón. Las facultades de Ciencia de la Información y sobre todos sus ramas especializadas en cine contribuyen también a que la edición de manuales teóricos sobre cine se mantenga y no desaparezcan como no desaparecen los filmes de Godard.

Ahora bien, si me preguntaran sobre qué libro de teoría no praxis cinematográfica recomendar escogería Filmish, un híbrido entre tebeo, colorín, chiste, cómic que escribe y dibuja Edward Ross, quien propone un apasionante repaso en clave intelectual por la historia del cine citando obras de referencia y películas que, por norma general, la mayoría hemos visto.

El libro no es otra cosa que un original ensayo sobre el cine y a través de sus páginas nos enseña las ideas y los mecanismos que se esconden detrás de algunos títulos inolvidables de eso que llaman séptimo arte.

En Filmish. Un viaje gráfico por el cine (Reservoir Books) se estudian centenares de películas y se revela la razón de porqué son tan especiales para el público en siete capítulos que con encabezados como El ojoEl cuerpoLos decorados y la arquitectura,  El tiempo, La voz y el lenguajeEl poder y la ideología y La tecnología y la tecnofobia (el cine y la tecnología siempre han estado muy unidos) dan una visión completa y compleja de sus objetivos.

Al mismo tiempo certifica la profunda historia de amor que mantiene su autor, Edward Ross, con el cine en su calidad de espectador que quiere ir un poco más lejos, investigando y leyendo obras de críticos sesudos, los que se parten la cabeza analizando una película aunque no diga nada, y volúmenes teóricos que ofrecen una visión nueva de lo que se observa.

Filmish es un libro recomendable para espectadores con curiosidad más que para cineastas aprendices o forjados. No interesará en modo alguno a los que viven del negocio gracias a las episódicas y multimillonarias ayudas que proporciona el Gobierno pero eso es otra historia.

Gráficamente, el libro no molestará a nadie. Las viñetas representan películas relativamente populares pero el tono siempre es el mismo, buen rollo para meternos en el estómago su particular visión de y sobre el cine.

Así que me pides que te recomiende un libro teórico sobre cine… No, me niego a que te leas Praxis del cine, ya llegarás a él cuando tengas más años y menos pelo sobre la cabeza… El libro, profesores y alumnos es un tebeo, un cómic, un colorín, un chiste: Filmish. Un viaje gráfico por el cine.

Y el que avisa no es traidor aunque claro, vendrá otro y bla, bla, bla…

Saludos, funde a negro, desde este lado del ordenador.

“Solo soy feliz cuando estoy enfadado”

Lunes, Diciembre 18th, 2017

COSMO VITELLI (Ben Gazzara): “Fijaos, fijaos en mí, ¿eh?
Solo soy feliz cuando estoy enfadado, cuando estoy triste, cuando me he vuelto loco, cuando puedo ser lo que la gente quiere que sea en lugar de ser yo mismo.
¿Me entendés? Sí.
Y eso requiere esfuerzo. Hay que hacer horas extras.
Sì, no importa quién seas ni qué personalidad tengas”.

(El asesinato de un corredor de apuestas chino, John Cassavetes, 1976)

Saludos, ¡¡¡NO AL CIERRE DEL TEATRO TIMANFAYA!!!, desde este lado del ordenador.

¡No al cierre del teatro Timanfaya!

Martes, Noviembre 14th, 2017

Es una pena escuchar y leer los lamentos que se cruzan ante el anunciado cierre del teatro Timanfaya como si se asumiera con resignación que, efectivamente, cierra el 1 de enero de 2018.

Es verdad que así lo ha anunciado Mónica López, la guerrillera cultural que lo abrió hace unos años, pero estos desgarros de ahora, esa oración tardía frente al muro de las lamentaciones solo certifica que, efectivamente, todos los que hoy lloran dan por supuesto su desaparición cuando lo que se reclama es un ¡Salvemos al teatro Timanfaya!

El teatro Timanfaya antes que teatro fue cine. Se inauguró en 1977 y fue con el Chimisay (1969) la otra sala de exhibición del casco del Puerto de la Cruz, una ciudad abierta y cosmopolita muy pegada al mar.

Como cine cerraron por las mismas causas que otros cines aunque el Chimisay resistió como multisalas un tiempo antes de su aniquilación.

Pasados los años, Mónica López lo reabrió como teatro, y desde entonces ha ido ofreciendo una programación que acercó la escena a una ciudad que hoy acoge Mueca, un festival de teatro que se desparrama por las calles de una ciudad que si no hay nada que lo detenga, dejará de contar a partir del 1 de enero de 2018 con su único teatro físico. El teatro Timanfaya.

Mónica Lorenzo explica en una carta las razones de su decisión, no puede afrontar los gastos y la deuda, escribe, “aumenta constantemente”, pero puestas así las cosas no debiera de entenderse como la crónica de una muerte anunciada porque este es el momento, se insiste, de evitar el cierre del Timanfaya.

De hacer posible que el 1 de enero del próximo año no baje el telón definitivamente.

Si así ocurriera algo muy grande se habrá perdido en el alma de una ciudad que hoy es punta de lanza de la cultura en Tenerife.

Aún se está a tiempo…

Saludos, ¡No al cierre del teatro Timanfaya!, desde este lado del ordenador.

Juan Francisco Urrusti Alonso: “Ruedo documentales para aprender de la gente”

Lunes, Noviembre 13th, 2017

El cineasta Juan Francisco Urrusti Alonso (Ciudad de Méjico, Méjico, 1954) presentó en Fimucinema, festival que forma parte de la programación de Fimucité, el largometraje documental Un exilio: película familiar, cinta en la que Urrusti Alonso cuenta la vida de sus abuelo y padres tras finalizar la Guerra Civil española y su exilio a Méjico, país en el que se integraron pero sin perder del todo los recuerdos que dejaron en España.

El cine de Juan Francisco Urrusti gira en torno a varias constantes, aunque la que determina el peso de su obra son sus historias sobre la gente de la calle, personas normales y corrientes que, como su familia, son las que hacen que el mundo marche.

En la filmografía de Juan Francisco Urrusti Alonso se cuentan películas como Brujos y curanderos, Encuentros de medicina maya, Tapu, El pueblo mejicano que camina y las series documentales para televisión A cruz y a espada y Los nuestros.

- ¿Un exilio: película familiar?
“Se trata de un documental que recoge en clave testimonial la historia de un exilio: el de mis abuelos, mis padres y mi tía que llegaron como refugiados a Méjico en junio de 1939 y país en el que pasarían el resto de sus vida. La película quiere conocer la razones por las que abandonaron España, y las averiguaciones que hice tras entrevistarlos de manera intermitente a lo largo de tres años y medio con muchas dificultades porque ninguno quería hablar de aquellos tiempos. Por el camino se perdieron algunas de estas grabaciones por lo que los testimonios no están completos en las siete horas de las nueve que aún conservo de ellas”.

- ¿Por qué un documental tan familiar?

“Porque mi familia no son personas a las que se hayan hecho monumentos sino gente de a pie que sufrió una guerra que les cambió la vida. Durante la investigación descubrí cosas que desconocía hasta entonces, entre otras, la procedencia de mis abuelos”.

- ¿Logró que en estas grabaciones hablaran de la guerra?
“No querían hablar de la guerra. Sobre todo mis abuelos. Con el paso de los años mi abuelo materno sí que regresó a España varias veces y en algunos de aquellos viajes lo acompañé”.

- ¿Y qué recuerda de esas visitas a España?
“Pues que en Badajoz la familia nos pedía que no habláramos ni que saliéramos a la calle por temor a que nos fuéramos de la lengua, pero claro, aún no había fallecido Franco”.

- ¿Cómo encajaron sus abuelos la nueva vida que emprendieron en Méjico?
“Cada uno tuvo una historia diferente. Mi abuelo materno era abogado pero se reinventó para sacar a la familia adelante como publicista, por lo que escribía eslóganes, entre otras cosas. Mi abuelo por parte de padre sufrió mucho, ya que como militar del ejército republicano se negó a renunciar de su nacionalidad española aunque se adaptó a la nueva vida mejicana trabajando primero en una fábrica y más tarde como químico, profesión en la que consiguió varias patentes de explosivos plásticos que vendió al ejército de los Estados Unidos de Norteamérica. Mis padres comenzaron a trabajar siendo muy pequeños. Mi tía, por ejemplo, a los 13 años en una fábrica de juguetes que se había instalado en Méjico con dinero republicano y mis dos abuelas como costureras y más tardes modistas”.

- ¿Qué fue lo más difícil, técnicamente, de este documental?
“Como iba a tratarse de una película inevitablemente política, la de encontrar las imágenes que necesitaba como las de la toma del cuartel de La Montaña, en Madrid, combates en los que participó uno de mis abuelos que entonces era maestro de la Escuela Militar de Tiro y que se mantuvo leal al Gobierno republicano”.

-¿Y sentimentalmente?
“Sentimentalmente la película en sí y la muerte de mis abuelos y de mis padres mientras lo rodaba. Continúe trabajando en él pero resultó bastante difícil porque eran muchos los recuerdos que me asaltaban en la sala de montaje. Sobre todo cuando tenía que tomar la decisión de añadir o suprimir muchas de las imágenes en las que aparecían”.

- ¿Fue largo el rodaje?
“Fue largo por la financiación. A finales del 2014 aumentó el coste de las imágenes de archivo pero estaba tan involucrado en este proyecto –y no solo por razones familiares sino personales por todas las personas a las que entrevisté– que continué adelante porque esas historias, que eran sus historias, me parecían dignas de ser escuchadas en una película”.

- En el documental además de entrevistar a su familia y amigos también habla con el hijo de Lázaro Cárdenas, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, y el juez Baltasar Garzón, ¿cómo fueron estos encuentros?
“La verdad es que resultó muy sencillo acceder a los dos. El hijo de Lázaro Cárdenas, cuyo padre fue presidente de Méjico cuando llegaron los exiliados españoles de la Guerra Civil, me concedió media hora y el juez Garzón una hora tras preguntar solo de qué iba la película y cuál sería el enfoque”.

- ¿Qué cree que le dieron estos exiliados españoles a Méjico?
“Mucho. Antes de que llegaran los exiliados se tenía en Méjico una imagen de los españoles muy negativa que cambió cuando los recibieron y que el paso de los años ha robustecido”.

- ¿Entonces, hay un reconocimiento de la sociedad mejicana a estos españoles?
“Por supuesto”.

- Y fue clave su integración…
“ Claro, y yo soy un ejemplo. Los exiliados tuvieron la oportunidad de integrarse y muchos lo hicieron.”

- ¿Qué le interesa del cine documental?
“Me interesa mostrar a la gente real. Son tantas las historias que observo a mi alrededor que merecen ser contadas y compartidas que creo que solo puedo hacerlo a través del documental. Se pueden hacer otras películas con las personas que entrevisté para Un exilio: película familiar y todas serían diferentes porque nadie, absolutamente nadie, es común y corriente. Ruedo documentales para aprender de la gente”.

- Cuenta en su filmografía con un documental sobre la lucha libre en Méjico.
“Fue un trabajo de encargo que al principio me tomé como una maldición porque no me interesaba la lucha libre mejicana aunque cuando comencé a investigarla aprendí mucho y fui cambiando de idea porque la lucha no es solo un entretenimiento popular y barato. Entrevisté a muchos luchadores, ellos son los protagonistas del documental, y los quise mostrarlos sin la máscara y debajo del cuadrilátero. Todos tienen historias, como la de una luchadora que sacó así a sus hermanas de la prostitución. O Blue Demon, que antes de ser luchador fue un sindicalista de los ferrocarriles acosado por la policía y el ejército”.

- Trabaja en algún nuevo proyecto?
“Un documental sobre mi tía, que es la única de la familia que vive y que pese a su edad, 91 años, aún se mantiene lúcida. Mi tía siempre apoyó a la familia incluso en las épocas más difíciles por lo que este documental además de mostrar lo gran pintora que es, también revela a una mujer muy valiente y luchadora. Con la película quiero dar a conocer su trabajo fuera de Méjico porque en mi país se la conoce como una de sus más grandes retratistas”.

- ¿Otro documental familiar?
“Otra película familiar, efectivamente”.

- Usted es coleccionista de imágenes.
“Inicié hace quince años un archivo de lo que se conoce como películas huérfanas sobre España y Méjico. Sirven para recordar cómo fue Méjico en contraste con el actual, tan deteriorado y mal gobernado” .

Los nuevos cronistas

Juan Francisco Urrusti Alonso dice que el cine documental mejicano vive uno de sus mejores momentos. En la nómina de directores cita, entre otros, a Juan Carlos Rulfo, hijo del escritor Juan Rulfo y a Tatiana Huezo, una salvadoreña que llegó a Méjico como refugiada y hoy es una destacada cineasta. Ellos y otros muchos que “ahora no recuerdo” han logrado contar historias que no engañan, aunque el documental como género cinematográfico, manipula.

Juan Francisco Urrusti admite esta manipulación, pero dice que funciona cuando no miente al público. “Lo que busco es que el documental sirva de documento porque somos cronistas”

Una cierta mirada

Un exilio: película familiar
/ Dirección: Juan Francisco Urrusti Alonso / Producción: Juan Francisco Urrusti Alonso / Fotografía: Mario Luna / Música: Juanra Urrusti, Ana Francisca Urrusti /Edición: Felipe Gómez / País: Méjico / Año: 2017 / Duración: 124′

Un exilio: película familiar, de Juan Francisco Urrusti es un atractivo retrato familiar de la diáspora española. Esas familias, todas con sus historias, que se marcharon de España al finalizar la Guerra Civil.

El documental se centra en la vida de los abuelos y padres del cineasta pero también cuenta con otros personajes, entre amigos de la familia, historiadores y Baltasar Garzón y Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del presidente mejicano Lázaro Cárdenas, que dan una visión aproximada y en muchas ocasiones conmovedora de cómo se adaptaron aquellas familias a un nuevo mundo que los recibía con los brazos abiertos.

El documental logra contarlo con desarmante sencillez, y este mensaje se cuela muy hondo en el ánimo del espectador. La patria se difumina y solo queda la persona. En Un exilio: película familiar hombres y mujeres protagonistas de una experiencia –la de la guerra, el exilio, adaptarse a un nuevo país y desvincularse del otro, del original– que cambió la suerte de sus vidas.

Saludos, viva Méjico, desde este lado del ordenador.