Archive for the ‘Cine de allá’ Category

La mirada perversa de Tod Browning

Domingo, Julio 12th, 2020

La primera vez que vi Freaks (1932) fue en casa de un amigo y rodeado de otros amigos. Creo que fue un sábado así que nadie quería ver una película y sí prepararse para salir de fiesta. El problema era que yo no había visto Freaks y que llevaba un tiempo con muchas ganas de verla por lo que salir de jolgorio no me convencía demasiado salvo después de haber visto aquel largometraje del que tanto había leído.

Sobre la mesa había un par de litronas y un plato de papas fritas de bolsa. Los ceniceros estaban repletos de colillas apagadas lo que explicaba que la atmósfera estuviera repleta de humo. Alguien sugirió abrir la ventana pero era tanto el frío que hacía que el resto nos negamos al unísono con un naaa que pareció flotar en el ambiente enrarecido.

Y en eso comenzó Freaks. Y si bien costaba entender algo de lo que decían en la película por las conversaciones que se tejían a mi alrededor pronto se fueron apagando como se apaga la luz de una vela, reinando un fascinante silencio en todo el grupo, grupo que tenía la mirada pendiente en el televisor, viendo aquella película en blanco y negro.

Cuando terminó la sesión el silencio reinante continuaba instalado en aquella habitación de piso de estudiantes. Nadie pudo decir nada salvo sacudir la cabeza y comentar que mejor, mejor salimos otro día, ¿verdad?

Nacido Charles Albert Browning, Jr. (Louisville, Kentucky, EE. UU.; 12 de julio de 1880 – Hollywood, California, EE. UU.; 6 de octubre de 1962) pero conocido como Tod Browning, la vida del cineasta resulta casi igual de apasionante que sus perturbadoras películas. Es probable que muchos no tengan ni idea de quien hablo pero les invito a que vean su obra maestra, Freaks, para que se inicien en el trabajo de un cineasta producto de su tiempo, los felices años treinta, una década realmente interesante dentro del cine norteamericano por excéntrica y salvaje. Sobre todo en el terreno fantástico aunque la onda expansiva alcanzó al resto de los géneros. Los treinta, sobre todo hasta su primera mitad, resultan un periodo extremadamente libertario en el cine estadounidense, un cine sin compromisos, abierto y políticamente incorrecto para los tiempos que vivimos, estos de post-corona virus.

Tod Browning practicó toda clase de oficios antes de llegar a Hollywood, uno de ellos fue en un circo así que el circo es bastante recurrente en su cine. O al menos en dos de sus más grandes películas: Freaks y Garras humanas (1927), en esta última oficia como actor Lon Chaney padre, una estrella rompe taquillas de su tiempo y con quien trabajaría en ocho ocasiones.

Drácula y Freaks son dos de las películas más reconocidas de Browning . Drácula porque contó con Bela Lugosi encarnando al rey de los vampiros aunque el filme se ha quedado bastante anclado con el paso de los años. Freaks (1931) porque todavía sigue conmoviendo, perturbando… Basada en un relato corto de Tod Robbins, un escritor de relatos y novelitas de todo a un euro, Freaks aún continúa desarmando porque además de enseñarnos que los monstruos no son los seres deformes sinos los humanos que presumen de ser gente normal y corriente, narra una trágica historia de amor y venganza que vence el paso del tiempo.

Y sí, el filme hace justicia a la tropa de criaturas extrañas que reúne y explota el circo en el que han hecho familia, una justicia que, ya lo verán si se atreven a visionarla, no deja de merecerse la bella Cleopatra, la trapecista que osó desafiar a las bestias. Bestias en su sentido figurado, claro está.

El cineasta, que cuenta con una interesante producción de cine silente en su filmografía, rodó unas pocas más películas sonoras adscritas al género. Destacaría entre otras Muñecos infernales (1936) pero le falta sin embargo el músculo de Freaks para convertirse en un clásico.

Ahora, mientras escribo esto, recuerdo cómo aquellos amigos con los que la vi la primera vez se quedaron con la vista clavada en el televisor una vez finalizado el largometraje. De pronto veíamos sin ver el aluvión de comerciales hasta que alguien apagó el aparato con el mando a distancia. Me di cuenta entonces observando el reflejo de todos nosotros en la pantalla apagada del televisor que más que vivos lo que parecíamos eran fantasmas. Gente, o gentuza como prefieran, convertidos en espectros sin rostros.

Saludos, se acabó el juego, desde este lado del ordenador

Que éramos –somos– solo sombras.

Llámala Janet, Janet Leigh

Lunes, Julio 6th, 2020

Un día extraño y triste para la comunidad cinéfila que se ha despertado con el anuncio de la muerte del compositor italiano Ennio Morricone, ese artista que tuvo la particularidad de que casi todo el mundo se quedara con lo que estaba sonando por extravagante que resultara la sintonía. Dicho esto, y recordando a la afición que no nos gusta lamentar a nuestros muertos porque son ya demasiados los que cargamos en la mochila y con la esperanza de que, probablemente, todos se hayan ido a un lugar mejor, celebremos hoy que tal día como hoy (y van) abrió los ojos al mundo Janet Leigh (Merced, California; 6 de julio de 1927 – Beverly Hills; 3 de octubre de 2004), una discreta actriz de arrolladora presencia que protagonizó un puñado de títulos de gran importancia dentro del cine norteamericano. La filmografía llegó a su colofón con su actuación como protagonista en la primera parte, la mejor sin duda, de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) y la recordada por terrorífica escena de la ducha. Asesinato, el agua que se mezcla con sangre y se cuela por el sumidero…

La carrera cinematográfica de Janet Leigh cuenta también con otras películas. La pueden ver en Colorado Jim, que es uno de los más grandes western de la Historia del cine; en Sed de mal, donde acompaña a un Charlton Heston disfrazado de mexicano entrando y saliendo de la frontera; Scaramouche, que es una deliciosa película de aventuras que no deberían dejar de ver y Los vikingos, ¿Quién era esa chica? y El gran Houdini, que son filmes en los que compartió protagonismo con quien fue su marido, Tony Curtis. Resultado de esa unión, otro milagro: Jamie Lee Curtis.

El papel de su vida fue, sin embargo, el que protagoniza en Psicosis donde interpreta a una atractiva mujer que llega al siniestro motel Bates para descansar de un largo viaje que no es otra cosa que una huida, una escapada porque ha robado no sé cuántos dólares a su jefe… Imagino que a estas alturas no habrá nadie por aquí que no haya visto Psicosis que es de lo mejor que firmó el maestro del suspense. Si no es así, corran y vean la que, probablemente, sea la cinta madre de un subgénero (psicokillers) cuyas películas ni de lejos llegan a la altura de esta obra maestra.

Muchas felicidades, Janet. Felicidades que hacemos extensivas a Sylvester Stallone y Geoffrey Rush, dos maneras de actuar y entender el cine que, ya ven, nacieron también tal día como hoy. Un hoy triste, lastimoso y en el que suena desde primeras horas de la mañana la chirriante banda sonora de La muerte tenía un precio.

Saludos, wacha wacha wacha wauuuu, desde este lado del ordenador

George Sanders: “Os dejo con vuestras preocupaciones en esta dulce cloaca”

Viernes, Julio 3rd, 2020

Lo conocerán por las películas que protagonizó, interpretando casi siempre papeles de villano que le hacía imposible la vida al héroe de turno, y trabajos en los que solía sobresalir no solo por elegancia y estilo, sino también porque pese a todo ese cinismo que destilaba en las películas terminaba por seducir como un felino tanto a hombres como a mujeres. Este semi dios de la interpretación se llamó George Henry Sanders (San Petersburgo, Imperio ruso; 3 de julio de 1906 – Castelldefels, España; 25 de abril de 1972), actor y escritor (cuenta con varias novelas de detectives muy estimables, alguna de ellas publicas en España en la legendaria colección Austral de Espasa Calpe) que se caracterizó siempre por una cultura gigantesca y un afilado sentido de la ironía que hubiera hecho reír a carcajadas al mismísimo Oscar Wilde.

Son muchas las películas donde lo pueden ver como secundario de lujo. Ahí está, y ahí roba planos como quien no quiere la cosa, en Los contrabandistas de Monnfleet (Fritz Lang, 1955); Ambiciosa (Otto Preminger, John M. Sthal, 1947) e Ivanhoe (Richard Thorpe, 1952) pero también de bueno en obras redondas del cine fantástico y de ciencia ficción como El pueblo de los malditos (Wolf Rilla, 1960) y en Soberbia (Albert Lewin, 1942), en la que se pone en la piel del vitalista pintor Paul Gauguin). Por último y si ven la versión original de El libro de la selva (Wolfgang Reitherman, 1967) ese clasicazo inolvidable de la Disney, la aterciopelada voz de Sanders es la que hace hablar a Shere Khan, el astuto tigre de Bengala que va tras los huesos de Mowgli.

Autor de una autobiografía que, si nadie me corrige, pide a gritos que se publique en español, escribe el actor en estas irreverentes memorias perlas tan cultivadas como:

“En pantalla soy usualmente un cínico de modales exquisitos, cruel con las mujeres e inmune a sus insinuaciones y caprichos. Esa es mi máscara, y me ha servido bien durante 25 años. Pero en realidad soy un sentimental, sobre todo en lo que respecta a mí mismo; siempre al borde de las lágrimas por las emociones más ridículas e invariablemente víctima de la inhumanidad que despliegan a veces las mujeres con los hombres. Es comprensible que haya adoptado esta máscara para proteger mi naturaleza ultrasensible. Y por fortuna no solo me ha protegido sino que me ha dado de comer. Si te cuento todo esto es para que entiendas que aunque en el cine soy invariablemente un hijo de perra, en la vida real soy un chico encantador”.

O la hoy más que políticamente incorrecta:

“Las mujeres son como las enfermedades infecciosas. Una recaída es siempre de enorme gravedad. Mi boda con la enloquecida bruja de Zsa Zsa fue un craso error. Me avergüenza decirlo, porque no se debe golpear a las mujeres, pero yo sí lo hice. En defensa propia, claro está…”.

Lo curioso del caso es que la misma Zsa Zsa Gabor recordaría a su ex con estas palabras:

“George fue para mí un hermano, un hijo, un amante, incluso un abuelo. Era irritante y encantador. Inteligente y educado. Un canalla y un caballero. Un hombre que sabía cómo tratar a las mujeres, y cómo torturarlas. Un príncipe desdeñoso, indiferente, remoto y elegantemente despectivo”.

Y esto es solo un aperitivo de lo que escribe y de cómo lo escribe en Memorias de un farsante profesional.

Harto de todo y de todos, lo que incluye también harto de sí mismo, George Sanders acabó con su vida en un hotel de Castelldefels el 25 de abril de 1972. Dejó una nota que refleja muy bien cómo se la gastaba. Yo la interpreto como una broma, la última ironía de uno, si no el mejor, villano de la Historia del Cine:

“Querido mundo: me marcho. He vivido demasiado tiempo, prolongarlo sería un aburrimiento. Os dejo con vuestras preocupaciones en esta dulce cloaca. Buena suerte”.

En las imagen que acompañan este comentario se puede ver a George Sanders en una de sus películas que, pienso, representa muy bien su impresionante trabajo en el cine:

Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950), donde encarna al ya legendario y probablemente modelo de crítico afilado Addsison DeWitt, quien pasea por toda la películas soltando pullas que descongelan a cualquiera mientras coge del brazo a una por entonces desconocida rubia peligrosa, Marilyn Monroe

Saludos, damas y caballeros, desde este lado del ordenador.

Nace Próxima, una asociación de distribuidores de cine independiente

Martes, Junio 23rd, 2020

La Asociación de reciente creación Próxima reúne a quince pequeñas y medianas empresas españolas que apuestan por un modelo de distribución alternativo con dos objetivos principales: promover el cine independiente de autor, nacional e internacional, de cineastas emergentes y consolidados, y dar cabida a nuevos modelos de negocio en el sector.

Próxima nace con la vocación de reconocer la labor de estos distribuidores independientes, dotándolos de voz propia, y poner en valor su contribución al enriquecimiento y consolidación del tejido industrial y cultural de nuestro país.

En su conjunto, cada año estrenan más de cincuenta títulos premiados en festivales internacionales, de gran aporte cultural y poco representados en el circuito comercial. Gracias a su trabajo han contribuido a acercar a los espectadores películas que de otra forma no habrían tenido acomodo a la cartelera.

Sus socios, que se definen por el desafío a la hora de escoger cada película y el compromiso para obtener el mejor estreno para cada una de ellas, constituyen un nexo indispensable entre las productoras, los agentes de ventas y los exhibidores de cine independiente.

Próxima apuesta por la difusión del cine en versión original subtitulada, el lanzamiento de películas de cineastas emergentes –a los que sus miembros fidelizan otorgándoles la visibilidad que merecen y reforzando su proyección internacional- y la creación de nuevas audiencias, especialmente entre el público joven.

Los quince socios que componen la asociación son: Adso Films, Atera Films, Begin Again Films, Capricci Cine, #ConUnPack Distribución, El Sur Films, Elamedia Estudios, Flamingo Films, Márgenes Distribución, Night Drive, Noucinemart, NUMAX Distribución, Paco Poch Cinema, Segarra Films y Surtsey Films.

Cuatro de esas distribuidoras tienen su origen en festivales de cine como el Americana Film Fest (Flamingo Films), el D’A Film Festival (Noucinemart), Márgenes (Márgenes Distribución) y REC (El Sur Films). Por último, NUMAX Distribución y Surtsey Films cuentan con sus propias salas de cine.

ESTRENOS

Entre los estrenos de esta temporada de los miembros de Próxima destacan: Little Joe de Jessica Hausner (Noucinemart) y Ayka de Sergey Dvortsevoy (Paco Poch Cinema) –que han obtenido el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes en las ediciones 2018 y 2019-; Tommaso de Abel Ferrara (Capricci Cine) -que ha participado en la Sección Oficial del mismo certamen-; Canción sin nombre de Melina León (Begin Again Films) -que ha participado en la Quincena de realizadores-; la producción canario-chilena Blanco en blanco de Théo Court (Elamedia Estudios) -ganadora del Premio al Mejor Director de la Sección Orizzonti y FIPRESCI de las Secciones Paralelas de la Mostra de Venecia; Sole de Carlo Sironi (Márgenes Distribución) -que también ha participado en la sección Orizzonti del prestigioso festival italiano y ha sido nominada al Premio David de Donatello a la Mejor Ópera Prima-; The woman who ran de Hong Sangsoo -premiada con el Oso de Plata a la Mejor Dirección en la Berlinale- (Capricci Cine); Hope de Maria Sødahl (Adso Films); Temblores de Jayro Bustamante (Atera Films) -que han participado en la Sección Panorama del Festival de Berlín y obtuvo el premio Sebastiane Latino en el Festival de San Sebastián-; Abou Leila de Amin Sidi-Boumédiène (Flamingo Films) -ganadora del Premio Las Nuevas Olas en el Festival de Cine Europeo de Sevilla y el Premio de la Crítica en el D’A Film Festival-; Corpus Christi (Surtsey Films) de Jan Komasa -nominada al Oscar a la Mejor Película en Lengua no Inglesa-; Once Were Brothers, de Daniel Roher (#ConUnPack Distribución) -estrenada en el Festival de Toronto y producida por Martin Scorsese, Ron Howard y Brian Grazer-; La mujer ilegal de Ramon Térmens (Segarra Films) -producción española rodada en catalán, que competirá en el FIC-CAT-; Algunas bestias de Jorge Riquelme Serrano (El Sur Films) -que ha participado en la Sección New Directors del Festival de Cine de San Sebastián-; Vitalina Varela de Pedro Costa –Leopardo de Oro a Mejor Película y Mejor Actriz en el Festival de Locarno y Premio Premio al Mejor Largometraje y a la Mejor Fotografía en el Festival de Gijón (NUMAX Distribución)-; El año del descubrimiento de Luis López Carrasco -que ha ganado el Premio al Mejor Documental en el Cinéma du Réel y el Premio del Jurado en el Festival de Jeonju, después de participar en la Sección Oficial del festival de Rotterdam- (Begin Again Films) y The Father de KristinaGrozeva and Petar Valchanov (Elamedia Estudios), película de nacionalidad búlgara ganadora del Gran Premio en el Festival de Karlovy Vary y que ha participado en la Seminci.

Saludos, enhorabuena y mucha suerte, desde este lado del ordenador

Señoíta, Scarlata, señoíta Scarlata

Jueves, Junio 11th, 2020

Qué escááándalo.

Unos se rasgan las vestiduras y atacan lo políticamente correcto que contribuyeron a fortalecer en el pasado aunque ahora es distinto. Distinto. Le tocan una película que, hablemos con el corazón en la mano, además de la historia de una caprichosa mimada del sur es racista con todas sus letras. Sí, me refiero a Lo que el viento se llevó y si viajamos en la máquina del tiempo a El nacimiento de una nación, que es un canto al KKK, a los caballeros encapuchados y de blanco que quemaban negros en cruces ardientes.

Palabras atropelladas e indignadas en las redes sociales porque HBO “retira temporalmente” de su catálogo Lo que el viento se llevó que más que una película de director (la firma Victor Fleming pero por allí estuvieron también tras las cámaras Sam Wood y George Cukor) es de actrices (de ahí que Clark Gable fulminara al amanerado Cukor por darle más protagonismo a las chicas) y sobre todo de un productor que, fuera o no visionario, dio en el clavo: David O’Selznick. El filme adapta la novela del mismo tìtulo de Margaret Mitchell, que la escribió mientras se recuperaba en un hospital y en el ladrillo describe un sur romántico, repleto de damas y caballeros, negritos agradecidos, mansiones y julepes de menta.

El filme, que fue éxito en taquilla entonces y ahora, provocó además que generaciones de madres a las que les cautivó toda aquella tragedia de amores equivocados y guerra entre hermanos; entre hermanos blancos para proteger de su idiotez a los negritos agradecidos, bautizaran a sus criaturas con los nombres de Escarlata y Melania. De hecho, conocí a dos mujeres que se llamaban así, me pregunto ahora si estarán pensando en cambiar de nombre aunque, sinceramente, queridas, me importa un bledo.

Hace tiempo, no tanto, mientras hablaba con una compañera feminista me sorprendió que por mucho que insistiera no se bajaba del burro al decirme como quien no quiere la cosa que había que quemar toda esa literatura, todo ese cine que relegaba a la mujer a una condición indignante. Salvo el policiaco, donde las chicas podían hacer de malas, en el resto de géneros estaban ahí para servir de descanso del guerrero, el macho, claro. Siempre he pensado que los radicalismo son perjudiciales para la salud mental y que lo del fuego redentor es un invento de meapilas. Así que pasado el tiempo he terminado por perdonar a aquella fanática aunque sea consciente que hubiera hecho buenas migas con los que alimentan las hogueras del odio.

El tema de Lo que el viento se llevó, que no es una película que a mi particularmente me llame la atención aunque ocupe un espacio en mi deuvedeteca, salió el otro día en el parque mientras los perros corriían por el césped. Uno dijo que era una indignidad, otro una censura miserable y un tercero que los negros son más racistas con los negros que un blanco. Vamos, que un negro ve a otro negro y lo primero que piensa es atarlo a un árbol, empaparlo en gasolina y arrojar una cerilla.

En fin, el grado de estupidez tras el confinamiento está llegando a extremos que, incluso para un tipo como yo, pide a gritos calma. Serenidad. Reflexión.

Que HBO retire temporalmente Lo que el viento se llevó por las razones que todos sabemos (¡¡¡no puedo respirar!!!) es colocar una tirita en una herida abierta durante años. Y siglos.

El largometraje, porque mira que es laaargo el metraje de esta película, se puede ver en otros sitios. De hecho hasta puedo prestarla si el demandante quiere disfrutar con ella lo que se dice ya… Pero que quede claro que la película no se quema en la plaza pública, no se retira hasta nueva orden de todos los sitios donde pueda estar, que quén lo desee pueda disfrutar de Vivian Leight como la malcriada Escarlata O’Hara y de Clark Gable como ese caballero del norte al que le gusta domesticar a las niñatas pijas del los estados del sur porque, y esto nadie lo ha dicho, Lo que el viento se llevó además de ser una película racista es una película machista. Uno de esos títulos que esa periodista ultra feminista con la que hablé no hubiera dudado en tirar a la hoguera para que no quedara constancia de ella de cara al futuro incierto que nos espera.

Esto de borrar la Historia no es nuevo. Ya lo hacían los antiguos egipcios y en el siglo XX los nazis y los comunistas. Se sigue haciendo en la actualidad. Sin ir más lejos, se acaba de publicar en Canarias un libro que descansa en los almacenes hasta nueva orden en el que han desaparecido los nombres de algunos de los que hicieron posible que ese libro existiera. Ya hablaremos más adelante de esta obra infame.

La edición que tengo en casa de Lo que el viento se llevó cuenta con una serie de discos repletos de extras que ayudan a entender no el éxito de la película sino como se fraguó la mayor producción cinematográfica de su tiempo. Como sabrán algunos en el guión intervino el mismísimo F. Scott Fitzgerald aunque no figura como tal en los créditos, y la actriz negra que interpreta a la sirvienta de Escarlata, Mammy, Hattie McDaniel fue la primera actriz afroamericana en obtener un oscar, aunque estuvo sentada aparte en la ceremonia por aquello de la segregación. Se cuenta en los mentideros de Hollywood que la señora McDaniel tuvo un lío con Tallulah Bankhead, una relación que a estas dos señoras le pudo haber costado el trabajo no ya solo por tratarse de dos señoras que echaban un polvo sino porque se trataba de dos señoras de razas distintas que echaban un polvo.

Sacudid la cabeza porque llevamos con este debate desde hace siglos y todavía no hemos cambiado nuestra forma de entender las cosas.

Solo sé que en HBO deben de estar muy preocupados porque la avalancha de cancelaciones de suscripciones se ha multiplicado desde que anunciaron que retiraban “temporalmente” Lo que el viento se llevó de su oferta cinematográfica. Lo que es una broma. O un mal chiste. O mejor uno de esos bulos que tanto se difunden hoy día cuando me refiero a que en HBO están que se suben por las paredes por las cancelaciones…

Son otras historias, ciudadanos, y mañana, recuérdenlo, será otro día.

Saludos, señoíta Scarlata, señoíta…, desde este lado del ordenador

Simplemente Judy

Miércoles, Junio 10th, 2020

Tuve la suerte de ver El mago de Oz en el Cinema Victoria, un cine que hoy es garaje y que se encontraba casi al ladito del teatro Baudet, hoy en ruinas. Ambos en la avenida de las Islas Canarias, antes del general Mola, en Santa Cruz de Tenerife.

Debe ser El mago de Oz (Victor Fleming, 1939) de las primera películas que vi solo, sin acompañantes, en un cine y todavía no me explico que hacía exhibiéndose aunque fueran otros tiempos donde pensar en ordenadores, teléfonos portátiles, video llamadas e internet era cosa de ciencia ficción. En aquellos lejanísimos años a los ordenadores se les llamaba además computadores y quien les escribe no vio ninguno hasta que en otro cine hoy desaparecido, el teatro San Martín, vio Scanner, donde aparecía un aparato que llamaban así: computador.

En fin. La cuestión es que me metí a ver El mago de Oz sin saber de qué iba la condenada película. Igual me la recomendó alguien pero se me ha borrado del disco duro. El caso es que allí estaba, en el patio de butacas cuándo comenzó la sesión y oh, oh, peligro, la película era en blanco y negro y oh, oh, peligro, me había metido en un musical.

Pensé en levantarme pero me quedé porque de pronto aparecía un huracán y se llevaba todo por los aires. Todo, todito, todo. Entre otros a la protagonista y su perrito que llegaban arrastrados por las corrientes a… vaya, vaya, vaya, un mundo a colores. Y qué colores.

En su recorrido por aquella geografía Dorothy y Totó, que hacía se llamaba la pareja protagonista, se encontraban con un león, un hombre de hojalata y otro de paja disfrazados y había un camino de baldosas amarillas y enanos. También una bruja que cuando aparecía me hacía cerrar los ojos y por fin el palacio del misterioso señor Oz que se encontraba en la legendaria ciudad Esmeralda.

No hay adjetivos suficientes para que cuente lo que aquel largometraje supuso para aquel infante. Digo poco si digo que se quedó clavado en la butaca fascinado, tarareando las canciones. Desde ese día si ya me gustaban los arcoíris a partir de entonces mucho más…

Dorothy era Judy Garland, aunque en verdad se llamaba Frances Ethel Gumm (Grand Rapids, Minnesota; 10 de junio de 1922-Londres; 22 de junio de 1969) y quiero imaginar que mucho de ese personaje llevó dentro la actriz y cantante que tuvo una vida tan rota. Y miserable. Siento arcadas pensando en lo que tuvo que sufrir aquella niña y luego mujer a la que acostumbraron a empastillarse para rodar hasta el infinito.

La carrera de Judy (no he visto la película sobre su vida que protagoniza Rene Zellweger) sumó otras películas pero ninguna alcanzó la popularidad de Oz, una novela escrita L. Frank Baum. Junto a la estrella de cine adolescente Mickey Rooney protagonizó varios musicales y compartió cartel con Gene Kelly en la actrobática El pirata. También fue clave en Ha nacido una estrella, junto a James Mason y más tarde en un insólito y pequeño papel dramático en Vencedores y vencidos, que a mi me sigue pareciendo una de las mejores películas como director de Stanley Kramer, la otra es El mundo está loco, loco, loco…

Pero si me dieran a elegir entre todas las de la filmografía de Garland me quedaría sin dudarlo un segundo con El mago de Oz, filme que tengo en dvd pero que no he vuelto a ver desde que lo adquirí.

¿Razones? Tengo reservas y algo de miedo. Y no es porque piense que la película con ojos expertos no será la misma sino por la bruja, papel que interpretaba Margaret Hamilton. ¡¡¡Todavía me da muy mal rollo!!!

Me conmueve Judy Garland y disfruto con sus canciones aunque las de su hija Liza Minnelli sonaron más en una época de mi vida, sobre todo las que interpreta en Cabaret y New York, New York… Con todo, siempre guardé especial cariño por Judy Garland, aunque más que por ella por su interpretación de Dorothy, que es irrepetible, de una inocencia que desarma y que creo que le salió más de dentro que de fuera. Eso que los cursis llaman un trabajo hecho con las tripas y no con la cabeza.

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que vi en aquel cine de reestreno El mago de Oz, pero lo que supuso para mi memoria de espectador todavía conserva su impacto. Por eso, y a modo de final, solo me queda darle una y mil veces las gracias a Judy Garland por indicarme con sus canciones cuál fue y sigue siendo el camino de baldosas amarillas.

Saludos, pasan los días, desde este lado del ordenador