Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Bernardo Bertolucci… eran otros tiempos

Lunes, Noviembre 26th, 2018

Eran los ochenta y la pibada con la que me movía se había vuelto como muy cinéfila. La capital de provincias en la que vivo disfrutaba, además, de numerosos cines, algunos de estreno y otros de reetrenos, así que contábamos con cierta cultura cinematográfica. Una cultura inquieta, que uno aumentaba leyendo revistas especializadas y libros.

Eran otros tiempos.

Fue en una de estas salas, concretamente el cine Rex, donde me encontré con Bernardo Bertolucci, cineasta italiano que hoy dijo al mundo: ahí te quedes, joder.

Deja detrás una llamativa filmografía. La que me acercó a él fue Novecento, retrato ambicioso, con algo de lustre viscontiano, de Italia durante la primera mitad del siglo XX.

Dividida en dos partes, aún recuerdo aquella sesión como si fuera ayer. También el impacto, y el odio desatado al fascismo que despertó en la mayoría de los que que la vimos por aquel entonces.

La he revisado años después, de hecho me hice con el dvd, y salvo la media hora final del disco dos, repleto de una extravagante simbología marxista, topo incluido, la primera parte sigue siendo la mejor ya que la segunda, la que retrata la Italia fascista resulta demasiado maniquea. Osea que todos los fascistas fueron malos, servidores de la patronal y de la aristocracia. Asesinos de niños y viciosos. Donald Shuterland interpreta al camisa negra Attila y ya por el nombre uno conoce sus aviesas intenciones. Recuerdo que en una escena los campesinos lo embadurnan de mierda de vaca y caballo. Todo muy terrestre. En otra como de un cabezazo aplasta a un gato y asesina a un niño dando vueltas y vueltas. Bertolucci y sus símbolos.

Novecento cuenta con un reparto internacional. Destacados actores del nuevo y viejo Hollywood. Burt Lancaster interpreta a un príncipe de Salina de El gatopardo pero más viejo y cansado, aunque se lo hace con las criadas que eso era de rico. Al otro lado los campesinos, los herederos de la tierra. Sterling Hayden, un actor con pasado comunista, interpreta al patriarca del clan. El papel de sus nietos descansa en Robert de Niro y Gérard Depardieu, respectivamente.

El caso es que uno salía del cine con ganas de matar fascistas y maldiciendo el capitalismo. Ese sistema que había hecho posible el largometraje. En cuestiones de dinero, viva el mal, viva el capital. Que Novecento funcionara como una especie de lo que El viento se llevó rojo no hizo temblar el pulso a sus productores.

El último tango en París había hecho dinero, así que valía la pena confiar en ese cineasta italiano que iba de comunista por la vida.

Bernardo Bertolucci se movía como pez en el agua en el cine político, un subgénero que se puso de moda en los años setenta. Ahí van dos películas polticas del cineasta: La estrategia de la araña y El conformista. En estas dos películas vuelve a hablar del fascismo pero el tono, igual de radical, va más allá del buenos y malos, de los que van descamisados y con camisas negras.

Bernardo Bertolucci se formó bajo la sombra de un genio incomprendido, Pier Paolo Passolini y escribió junto a Dario Argento el guión de Hasta que llegó su hora, una ópera western, que dice James Carpenter, que dirigió el maestro Sergio Leone.

Otras películas del cineasta que vimos aquellos años en el cine es la interesante y desapercibida Historia de un hombre ridículo, con Ugo Tognazz de protagonista y La luna, que en su día me resultó bastante indigesta. Su filme más famoso, El último tango en París, no pude por cuestiones de edad disfrutarla en un cine, aunque sí que la repasé más tarde en dvd

Aún me dura una sensación contradictoria con esta película que cuenta una historia de amor. Me gustan los personajes de Marlon Brando y Maria Schneider y el desesperado romance que viven dos desconocidos bajo el subrayado musical de Gato Barbieri.

Bernardo Bertolucci regresó al cine histórico con El último emperador, filme rodado en la China, cuyo gobierno le abrió las puertas de la Ciudad Prohibida.

El filme es bastante leeento pero fascinante –en parte gracias a la fotografía de Vittorio Storaro– pero no te pones del lado de Pu Yi, el emperador que terminó siendo un chino más cuando Mao Zedong (Mao Tse Tung) tomó el poder. Otra película de Bernardo Bertolucci, El pequeño buda, mejor no hablar, como no recordamos por piedad el Kundun de Martin Scorsese.

Con El cielo protector puso nuevo de moda la literatura de un escritor que a mi, personalmente, no termina de entrarme: Paul Bowles, y eso que tiene un cuento que se desarrolla en la ciudad que me vio nacer y en la que vivo…

Al final y a regañadientes, terminé por ver del cineasta otras dos películas: Belleza robada y Los soñadores. Son filmes en los que el cineasta retrata la juiventud, juventud las de estas dos películas que, sin embargo, no tiene nada que ver con la de nuestros aciagos días. Bernardo Bertolucci pertenece a un generación donde todavía era posible pensar que soñar es posible. Que debajo de los adoquines se encontraba la playa. Que se podía perder el tiempo leyendo y viendo películas espesas. Que la Universidad era motor de ideas y encendidos debates…

Otros tiempos.

Como el cine de Bernardo Bertolucci.

EN LA IMAGEN, Bernardo Bertolucci dirige a Gérard Depardieu en Novecento (1976)

Saludos, descansemos en paz, desde este lado del ordenador

Venezuela, Venezuela…

Martes, Octubre 16th, 2018

No resulta un documental cómodo de ver El pueblo soy yo: Venezuela en populismo ya que suscita amargas reflexiones. Una de ellas es cómo un país rico como es el venezolano cayó en esa espiral de absurdos y enfrentamientos violentos que ha divido a su sociedad.

Tras el divorcio con los partidos políticos tradicionales, devorados estos por la corrupción, los venezolanos creyeron en los sueños de un militar que bajo la bandera de su revolución se comprometió a poner fin a la miseria física y moral en la que se había sumergido su país. Un país que en el pasado recibía con los brazos abiertos a emigrantes (muchos de ellos canarios) pero que no estaba acostumbrado a observar cómo partía su gente rumbo a otros destinos del mundo donde prestar el concurso de sus modestos esfuerzos.

Dirigido por Carlos Oteyza, un realizador que se ha acostumbrado a rodar documentales con los que sacar los colores a la realidad venezolano más inmediata, es más que probable que El pueblo soy yo: Venezuela en populismo sea uno de sus trabajos más amargos. Amargos porque lo que muestra es resultado de un sistema que ha perdido el norte y que ya no puede seguir abriendo el grifo del petróleo porque el oro negro ya no mana con la fluidez de antaño.

La Venezuela que se muestra, en un relato que abarca todo el período de gobierno de Hugo Chávez y que finaliza con los primeros de su heredero, Nicolás Maduro, resulta en este sentido terrible, casi parece un viaje dantesco a un mundo que ha perdido idea de lo que fue… Y que en constante cambio no deja de devorar a sus hijos, su pueblo, en pro de unas directrices tan desdibujadas que incluso se permite el lujo de transformar la imagen de su héroe nacional: el libertador Simón Bolívar.

La película cuenta con el respaldo del ensayista Enrique Krauze, e incluye entrevistas con economistas y sociólogos que dan una visión demoledora de la realidad venezolana, un país que una vez fue orgullo de América.

El relato incluye imágenes impactantes como las de familias rebuscando entre los cubos de basura para llevarse algo al estómago o la intervención del ejército y la policía para reprimir al otro pueblo que se manifesta en las calles. El mensaje es directo: Venezuela es hoy un país polarizado en el que apenas quedan viandas en los supermercados ni medicamentos para tratar a los enfermos en los hospitales.

La selección de imágenes que ilustra este camino al infierno es realmente notable, cuenta con planos espectaculares que han sido tomados por periodistas que arriesgaron su pellejo para informar ya que como comenta una periodista en el documental, este oficio se ha convertido en una profesión de alto riesgo en Venezuela. Se le puede criticar a El pueblo soy yo: Venezuela en populismo una visión sesgada sobre el cáncer que está devorando a los venezolanos, pero si no hubiera manipulación ni se recurriera a otros recursos cinematográficos, El pueblo soy yo no sería un documental sino un frío reportaje periodístico y ese no era el fin.

Saludos, en piem juventud de acero, desde este lado del ordernador

Carlos Oteyza: “El populismo constituye una amenaza potencial para la democracia liberal”

Lunes, Octubre 15th, 2018

Carlos Oteyza (Caracas, 1951) es el director de El pueblo soy yo: Venezuela en populismo, una producción mejicana que cuenta con el respaldo en la producción del escritor Enrique Krauze.

– Usted define el populismo venezolano como populismo petrolero autoritario.

“Partimos de que no hay un solo tipo de populismo, y que el populismo más que ideología es una manera de gobernar. Venezuela es ante todo un petroestado que le permite al gobierno distribuir una renta petrolera que no produce la sociedad sino que la genera el petróleo, y esta renta facilita al líder carismático ganarse el apoyo de las mayorías, no solo por la fuerza de su carisma sino por el nivel de consumo que la población adquiere. Pero cuando el petróleo baja de precio y la producción petrolera se viene abajo, el país entra en crisis y el autoritarismo se impone para seguir gobernando”.

– ¿Cómo surge la idea del documental y cómo fue la relación de trabajo con Enrique Krauze?

“Enrique Krauze me comentó su interés en trabajar el tema del populismo a través de una película documental ya que ya había adelantado una larga reflexión sobre el tema. Además, es autor de uno de los primeros libros sobre el chavismo, titulado El poder y el delirio (2009). De verdad se logro una dinámica de trabajo muy fluida, por supuesto hubo que trabajar mucho, pues el tema es amplio y complejo y no queríamos una película elemental ni confusa, sino respetuosa de la inteligencia del público”.

– ¿Se ha podido ver el documental en Venezuela?, ¿En qué circuitos se ha distribuido y cuál ha sido la reacción de los espectadores?

“La película se está estrenando este 11 de octubre en Madrid, Barcelona, Tenerife y Gran Canarias, lo decidimos así, comenzar aquí. Por cierto en estos lugares viven muchos venezolanos y por supuesto muchos españoles interesados en el tema. Luego iremos a sur América y muy posiblemente a Europa, eso lo decidirá la aceptación de la película por el público. Como mis otras películas, espero que en Venezuela su exhibición logre una intensa reflexión entre todos los venezolanos”.

– Durante la preparación, rodaje y postproducción imagino que hubo momentos difíciles, ¿cuáles recuerda especialmente de este trabajo?

“Fueron tres años construyéndola, quizás lo más difícil es decidir que queda y que no entra finalmente, pues el tema da para mucho, los entrevistados son especialistas que tienen amplia y valiosa información pero había que reducir. Aunque el tema es apasionante el público que va a verla quiere claridad y entender lo sucedido”.

– Si bien el documental recoge estas entrevistas no da voz a los especialistas que defienden pese a los hechoss el populismo. ¿Por qué?

“La película puede definirse como un ensayo documental sobre el populismo y no como un reportaje. Este ensayo parte de la premisa que el populismo constituye una amenaza potencial para la democracia liberal. Ahora bien, el sujeto principal del populismo es el líder carismático y este está presente a lo largo de la película. Los especialistas entrevistados explican el fenómeno y nos ayudan a entender lo sucedido, desde la perspectiva teórica y con los datos fieles a la realidad más allá de que nos gusten o no”.

– ¿Cuál es el papel del ejército como valedor de este sistema?, ¿es el ejército venezolano 100 por 100 populista?

“Es difícil decir que porcentaje, pero lo cierto es que el populismo venezolano tiene una característica que lo diferencia de otros y es la densa presencia del sector militar en el poder. Diríamos que el porcentaje es una incógnita”.

– El desgaste del sistema democrático conduce a la aparición de Chávez. No se ha dado cuenta la actual oposición que sin unión no hay fuerza para reconducir la situación?

“Las características del populismo petrolero ha ayudado a que su permanencia se haya mantenido, esto para mi es esencial. El estatismo tiene raíces largas en un país con más de 100 años de explotación petrolera. Hay millones de empleados públicos que dependen del gobierno y un largo etc. Por lo tanto cualquier alternativa al poder en un populismo petrolero tiene obstáculos inmensos que no siempre son fáciles de ver. Pero por supuesto la unidad de los sectores dirigentes, sociedad civil, trabajadores, profesionales, sector militar, empresarios es la vía para retomar la convivencia democrática, que la mayor parte de los venezolanos anhela”.

– Ha dicho también que Donald Trump le recuerda a Hugo Chávez. ¿Cuáles son esos puntos de contacto?

“Su manera de conectar con un grueso de la población, a la que le ofrece soluciones sencillas para los problemas complejos. Su ataque permanente a medios de comunicación, la manera de dividir a la población en dos partes desde el poder, las travesuras mediáticas, una cierta irresponsabilidad en el lenguaje, en no pertenecer a las élites políticas tradicionales etc”.

– Su filmografía se caracteriza sobre todo por el género documental. ¿Cuáles son los atractivos que tiene para usted?

“Venezuela es un país que se ha considerado por mucho tiempo un país de inmigrantes y a la vanguardia, gracias a sus posibilidades económicas. El pasado ha sido descartado del panorama de sus ciudadanos. Para mí esto ha sido un grave error, quizás esto me ha impulsado a revisar lo sucedido, a lo mejor mis trabajos ayudan a centrar y a reconocernos, con nuestro logros y equivocaciones”.


“El bien documental debe ser fiel al creador”

Cuentan quienes lo conocen que Carlos Oteyza lleva el documental en la sangre. Su filmografía aparece salpicada de este tipo de producciones centradas en la realidad venezolana. Su última aportación al género es El poder soy yo: Venezuela en populismo. Para el cineasta los elementos que forman un buen documenta son un buen trabajo de investigación y “creer en lo que hace” ya que su obra es una extensión de su personalidad, por lo tanto el buen documental debería ser tan atractivo para el público, como fiel al creador”, destaca un cineasta que anuncia que “ya estamos trabajando en un proyecto sobre un momento histórico dramático para la democracia venezolana en el siglo XX”

Saludos, cámara, acción, desde este lado del ordenador

Mick Garris, el cineasta que adapta a Stephen King, en la Isla Calavera

Viernes, Octubre 12th, 2018

El Festival de Cine Fantástico de Canarias – Isla Calavera da a conocer en el marco de la 51ª edición del Festival de Cine Fantástico de Cataluña – Sitges 2018, un nuevo avance de programación de su segunda edición, que se celebrará del 19 al 25 de noviembre. Tras anunciar la viskita del cineasta italiano Enzo G. Castellari, el otro nombre confirmado para asistir a esta fiesta con el cine más purulento es Mick Garris, guionista y cineasta conocido sobre todo por sus adpataciones al cine y la televisión de sendos novelonmes de Stephen King.

El Festival concederá al director de las miniseries de televisión El Resplandor (1997) y Apocalipsis’(1994) y de la serie antológica Maestros del terror, uno de los premios Isla Calavera de Honor de este año, en reconocimiento a su dedicación al género fantástico. Garris además presentará la proyección de su trabajo más reciente, Nightmare Cinema, antología de terror en la que comparte créditos en la dirección con Joe Dante, David Slade, Alejandro Brugués y Ryuhei Kitamura. La película se proyectará en la sede oficial del Festival, Multicines Tenerife (C.C. Alcampo, La Laguna), dentro de la Sección Oficial a concurso.

La nueva estatuilla del Premio Isla Calavera de Honor, que recibirán tanto Mick Garris como Enzo G. Castellari, ha sido diseñada por el maestro de los efectos especiales Colin Arthur (La Historia interminable), quien recogió este mismo galardón en la primera edición del certamen.

Saludos, ya con ese viruje de miedo, desde este lado del ordenador.

‘The Sea Tiger’, la película silente perdida que se ambienta en Canarias

Lunes, Agosto 20th, 2018

La historia de un pescador de las islas Canarias que se enamora de la misma mujer que su hermano sirvió de material literario y también cinematográfico para A Runaway Enchantress, un relato de Mary Heaton Vorse y del largometraje silente The Sea Tiger, un filme dirigido en 1927 por John Francis Dillon y estrenado al año siguiente en pantalla grande.

Han pasado desde entonces cien años aunque, desgraciadamente, no se encuentra ninguna copia de este trabajo que protagoniza un elenco de actores entre los que se encuentra la actriz Mary Astor, que continuó su carrera en el sonoro protagonizando entre otros filmes El halcón maltés, de John Huston; Larry Kent, Alice White, Kate Price, Arthur Stone, Emily Fitzroy y Joe Bono.

Esta película perdida de la que afortunadamente sabemos algo hoy gracias a la labor desarrollada por la coordinadora de la Filmoteca Canaria, María Calimano, es una de tantas películas extraviadas que se estrenaron en aquellos años locos.

La historia está escrita por Carey Wilson, quien se basó en el relato A Runaway Enchantress de Mary Heaton Vorse. El filme estuvo producido por la First National Pictures y cuenta como Julián, un pescador de las Islas Canarias, y su hermano menor, Carlos, se enamoran de la misma mujer.

La película es un melodrama de la época, así lo muestran las fotografías de rodaje y promocionales que se conserva, y es un producto que como muchos de aquellos años da más importancia a los elementos pasionales que a la configuración de personajes. El marco en el que se desarrolla el drama es el de unas exóticas islas Canarias, aunque la película no se rodó en el archipiélago y por edad es una cinta que pertenece al cine norteamericano pre-code, por lo que se trata de una película algo ligera de cascos.

El especialista John Francis Dillon dirige el filme, cineasta que cuenta en su filmografía con 130 películas. La historia está escrita por Carey Wilson, productor y guionista de algunos grandes éxitos del cine mudo como Ben Hur (1925) y ya en el sonoro de El motín de la Bounty (1935).

En cuanto a la autora del relato, Mary Heaton Vorse (1874-1966), fue una importante periodista y activista social norteamericana durante la década de los “felices años 20”.

La escritora nació en el seno de una familia acomodada de Nueva York que se trasladó a Amherst, Massachusetts, donde Vorse creció. Tras aprender idiomas y viajar con su familia se convirtió al feminismo, actividad que desarrolló tras casarse con Albert Vorse, el primero que la animó a escribir en lugar de dibujar. Al quedarse viuda en 1910, Mary Heton se uniría a Joseph O’Brien, un periodista radical que influyó notablemente en su pensamiento y tras su muerte en 1915, se casaría con Robert Minor (1884-1952), dibujante de periódicos y uno de los miembros fundadores del Partido Comunista norteamericano aunque el coqueteo de la escritora con el comunismo fue breve. Al parecer, parte de la culpa la tuvo un viaje que hizo a la Unión Soviética de Stalin.

La vida de Mary Heton Vorse daría para varias historias de cine ya que además de luchar por el sufragio femenino y declararse pacifista tras el estallido de la I Guerra Mundial, formó parte del Woman’s Peace Party, grupo que celebró su primera reunión en el Hotel Willard en Washington, DC en enero de 1915 y del que resultó elegida presidente Jane Addams. Otros asistentes a esta reunión fueron Alice Hamilton, Carrie Chapman Catt , Lillian Wald y Florence Kelley.

Mary Heaton Vorse escribió 16 libros, dos obras de teatro y decenas de artículos para periódicos, revistas y publicaciones periódicas. Entre sus obras se encuentran títulos como El corazón de la casa (1906), La ruptura de la mujer del navegante (1908), Una persona pequeña (1911), La autobiografía de una anciana (1911), Los Prestons (1918) y El tiempo de la ciudad: Una crónica de Provincetown (1942), entre otras sin dejar de lado su implicación como periodista social y de primera línea para informar sobre conflictos laborales como la huelga del acero de 1919 y la huelga de los trabajadores textiles de 1934.

Mary Heaton Vorse murió a los 92 años, el 14 de junio de 1966 en su casa en Provincetown, Massachusetts.

Saludos, se ha dicho, desde este lado del ordenador

¡¡¡Chacho, el barrio es nuestro!!!

Miércoles, Julio 11th, 2018

Hace tiempo que no sale del cine con tal subidón de adrenalina, debe ser efecto de la Purga que se le ha metido en el cuerpo a través de los ojos, de la película que hace ya la cuarta entrega de una serie en la que los blancos solían llevar la voz cantante hasta el día de hoy, donde cautivos y desarmados los negros se han hecho con el protagonismo para realizar la que, probablemente, sea la más estrafalaria y radical de todas. Estrafalaria y radical porque propone una delirante guerra entre blancos y negros en un rincón de los Estados Unidos de Norteamérica, State Island que, en la película que dirige el afroamericano Gerard McMurray se convierte en campo de pruebas y también de batalla de este brutal experimento que ya nos contaron a su manera las tres películas anteriores.

La primera purga, la noche de las bestias es un descarado homenaje a las blackexploitation que en los años setenta reivindicaron el poder negro desde las salas de cine. Shaft, Cleopatra Jones, los western ya clásicos que protagonizó el gran Jim Brown, Blácula, entre otros, generaron un atractivo sistema de estrellas entre los que figuraban el ya mencionado Jim Brown, Fred Williamson y Pam Grier, por mencionar solo algunos, y cine que ponía especial atención a la música (mucho soul con algo de blues) y al escenario en el que se desarrollaba la acción: el barrio.

Un barrio amenazado por blancos supremacistas, hijos de la gran puta que no se cortaban un pelo en aniquilar a todo negro que se le cruzara por delante infestando las aguas de la ciudad con un virus que solo afectaba a los de color o exterminándolos de otras maneras porque eran simple y llanamente negros.

Estas películas, que curtieron a toda una generación que, pese al color de su piel, estaba del lado de los negros porque eran los chicos del barrio, se caracterizan por su mensaje plano y violento, así como tremendamente racial donde lo bello es ser negro y lo malo ser blanco. Elementos que se reproducen con bastante algarabía en La primera purga: héroe cachas, novia que le canta las cuarenta al principio para rendirse finalmente a él, macho alfa de la manada mixta que lidera y secundarios entre los que se incluye además del chico adolescente problemático que quiere ganar dinero fácil como camello a una tipa que suelta los chistes necesarios pero sin puñetera gracia para relajar la situación, una situación que progresivamente se va poniendo caliente hasta eclosionar en una orgía de peleas en la que se reparte mucha leña.

Es una pena que el cine de verano de la plaza de toros haya muerto porque esta Purga era idónea para haber sido estrenada en aquel coso donde la pantalla se sacudía si había viento mientras la parroquia no dejaba de meterse con el linterna al tiempo que le gritaban a los protagonistas de la cinta. Aquellas inolvidables píldoras de sabiduría con las que se le recomendaba al héroe, en esta película el negrata, que se dejara de palabras y pasara a la acción.

Algo así como

“métele mano ya, chacho”

O

“cuidado con er nota, flaco”.

Lo curioso, no obstante, de esta recuperación del blackexploitation es que el héroe, el Che Guevara negro que arriesga su pellejo por salvar el barrio, es que es un narcotraficante del… precisamente barrio. Un mafia que toma conciencia no sé si social cuando se produce esta primera purga diseñada para acabar con los pobres –los negros, aunque otras minorías raciales aparecen tímidamente representadas en la película como la oriental pero ni asomo de la hispana– con el objetivo de consolidar la autoridad del nuevo gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica que dirigen nuevos padres fundadores cuya representación recuerda a la que inspiró al maestro John Carpenter en esa declaración de principios en favor de los derechos del individuo que es 1999: rescate en Nueva York.

Estas reflexiones y otras más suscita una película tan pequeña como deliciosamente loca y de barrio como es La primera purga, cine de clase B que parece de los años setenta porque bebe de las fuentes de la blackexploitation para mearse en los blancos y de paso reivindicar que el barrio es nuestro.

La película está trufada así de perturbadoras imágenes sacadas de esa pesadilla que forma parte del imaginario afroamericano frente al blanco: policías de piel rosada a punto de darle una paliza a un hombre de color indefenso; hombres del Klan que recorren en motocicleta y armados hasta los dientes el barrio y un tío Tom drogadicto y por eso mismo malvado al que llaman Skeletor… Por último, un ejército de blancos racistas deja de llevar máscaras (la máscara se emplea como recurso para que el espectador no sepa que se tratan de blancos, así de simple y así de contundente se las gastan en esta barriada cinematográfica) cuando el carnaval deja de ser una fiesta y pasa a convertirse en genocidio de los parias de la tierra que son los negros.

El mensaje es claro y directo: autodefensa. Y para hacerlo, se insta a actuar primero frente al agresor, el hombre blanco. Es decir, haz como él y olvida el rollo del gospel y el lamento del blues. Ahora lo que prima es cantar rap con una ametralladora aullando entre las manos.

Esto de transformarse en el otro ha dado origen a varias películas afroamericanas que procuraron que cambiara la percepción del blanco hacia la comunidad negra. Recuerdo, entre otras, la estupenda Watermelon Man, un filme de Melvin van Peebles en el que un blanco se despierta una mañana convertido en un negro y el episodio que dirigió John Landis para la películaTwilight Zone que protagonizó Vic Morrow, quien falleció violentamente durante el rodaje o la perturbadora Atrapado (Desmond Nakano, 1995) en la que se proponía un mundo dominado por los negros y en el que los blancos eran sus servidores y que protagonizaba, entre otros, John Travolta y Harry Belafonte.

La primera purga no tiene los objetivos regeneradoras de ninguna de estas cintas. Está más cerca de los filmes de explotación que en los años setenta apostaron por reflejar un black power que cuarenta años después se ha refinado como pasa en la irregular Déjame salir de Jordan Peele o bien se sale del tiesto dentro de unos límites como en La primera purga donde solo hay buenos (los negros) y malos (los blancos) porque el barrio, es una advertencia, es nuestro.

Saludos, black power, desde este lado del ordenador