Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Conquistas cinéfilas, un ‘Escándalo’

Martes, Octubre 3rd, 2017

Hay películas por las que uno siete particular querencia aunque sea consciente de que no son grandes aportaciones al cine. El caso es que estas películas continúan emocionando con cada nuevo vistazo lo que hace que esa cinta, el largometraje, cuente con un algo indefinible que lo conquistó y conquista ya para los restos.

Me sucede con Scandal, una película de 1989 que firma un cineasta discreto, sin demasiadas tentaciones autorales como es Michael Caton-Jones, director de las también estimables Rob Roy, Vida de esta chico y Memphis Belle y de las olvidables Instinto Básico 2 y Doc Hollywood, entre otras.

Scandal es un afortunado milagro en su trayectoria. Es un juicio muy personal pera ya escribí antes que algo tiene esta película que me conquista. Probablemente, pienso ahora, redactando estas líneas, en su actriz protagonista, Joanne Whalley, que no ha tenido la carrera cinematográfica que se merecía; y también los actores que la rodean, John Hurt, Bridget Fonda, Ian McKellen y Jeroen Krabbé, piezas de un turbio rompecabezas político de la que se sirve Scandal para contar uno de los escándalos más sonados en Gran Bretaña en los años sesenta: la tumultuosa relación que mantuvo la modelo Christine Keller con el ministro de Defensa, John Profumo y, paralelamente también, con un agregado de la embajada soviética.

Lo interesante de esta historia que ahonda como otras historias en la doble moral de sus protagonistas, es que la película opta por el camino del centro sin renunciar al morbo político de esta relación ni al ambiente de fiestas y juergas que tomaron la ciudad de Londres aquella década prodigiosa que fueron los sesenta.

El filme de Michael Caton-Jones da un paso al frente al detenerse en la relación paterno filial que nació entre la joven Keller y el doctor Stephen Ward, una pareja que, pese a vivir junta, no mantenía relaciones sexuales pero sí una contradictoria amistad. Hay química sostenida, y bastante, entre John Hurt y Joanne Whalley, que interpretan a Keller y Ward, y son ellos dos, básicamente, los grandes protagonista de este relato cinematográfico que apenas ha arañado el paso del tiempo.

Han pasado prácticamente veinte años desde el estreno de Scandal y el filme todavía se aguanta gracias a una discreta dirección que se apoya en el trabajo de sus actores, algunos de los cuales ya no se encuentran por desgracia entre nosotros.

El filme cuenta además con una notable selección de canciones de aquellos años y una recreación de los felices sesenta que logra transportar al espectador a un universo hedonista y marcadamente masculino, en el que mujeres atractivas como Keller se hicieron espacio gracias a una suerte de casualidades, la más importante de ellas, ser descubierta por un hombre con miedo, demasiado acostumbrado a pasear por el lado salvaje de la vida.

Entre las muchas sorpresas que guarda Scandal vista hoy es que no moralice sobre ese tortuoso universo de sexo y alcohol para multimillonarios sino que se preocupa en contar una historia de amor muy atípica entre una mujer de belleza excepcional entregada sexualmente a dos hombres que no le interesan, y un tercero que sí, porque no la desea.

Saludos, decimos, desde este lado del ordenador.

Tope Hooper, un artista de los 80

Domingo, Agosto 27th, 2017

Ha muerto Tobe Hooper, un cineasta que dicho así no llamará la atención de casi nadie que no esté iniciado en el cine fantástico y de terror de los ochenta, que fue una buena añada de directores, guionistas y actores antes de que el género se convirtiera en el circo que es hoy, días infames para fabular a través del horror en los miedos que nos aquejan como sociedad y, dejen que me apure, civilización.

Desgraciadamente, el terror ya no necesita de criaturas de ultratumba, venganzas del más allá y familias trogloditas con instintos asesinos para hacernos temblar en la butaca. El terror, de hecho, se ha instalado en occidente y se emite en directo en nuestros televisiones.

Con el miedo inoculado en nuestras venas, el género ha salvado la cabeza con nuevas fórmulas que me cuesta entender que se empeñen en mostrar tan creíbles. Es difícil, cosas de la edad, que me conmocione ante lo que veo, por lo que echo de menos aquella emoción ante lo imprevisto. O lo insólito porque el terror, como dijo aquel, se ha instalado ya entre nosotros. Y lo que cuenta es el susto y no la creación de atmósferas. Lo inmediato por encima de la construcción del relato.

Tobe Hooper se hizo un hueco en el género por una película primeriza, La matanza de Tejas, que no ha perdido todavía su poder de hacernos pasar miedo. Es probable que sea, como apuntan unos, porque fue rodada con cuatro pavos y con actores más o menos aficionados, lo que le da cierta pátina de macabro realismo.

Película de alcantarilla, tras su estreno generó una corriente de seguidores que lo elevaron a la categoría de culto en unos tiempos donde muchas películas del género fueron etiquetadas así, de culto. Contó además con una fotografía que desmejoró cuando se hinchó a 35 mm aunque ese carácter granulado de la imagen le da, si cabe, mayor entidad como un filme que raya lo documental y que muestra cómo unos chicos son asesinados por una familia de carniceros caníbales que vive en un lugar perdido de Tejas.

Terror rural y con desagradable acento gastronómico, La matanza de Tejas puede verse hoy como un musical en el que prima por encima de otros instrumentos de matarife el sonido de la sierra mecánica que en manos de Leatherface, probablemente el miembro más terrorífico del clan de garrulos, adquiere la dimensión de solista. Y la imagen más socorrida de una película que, como toda buena película de terror, no invita a demasiados visionados porque el espectador lo pasa mal.

El mismo Hooper potenciaría el espíritu de esta película en una segunda parte que pasó sin pena ni gloria aunque el cineasta contó con más presupuesto y actores de peso, entre ellos Dennis Hooper, para rodar la que probablemente sea una de las versiones más delirantes sobre tan extraña como carníviora familia.

Para conocer las interioridades de esta película les animo a que consulten el imprescindible volumen Sesión sangrienta, de Jason Zineman, una apasionante historia del cine de terror de los años 80 escrito con las mismas claves periodísticas que otro gran libro imprescindible sobre elcine de los setenta, Moteros tranquilos, toros salvajes, de Peter Biskind.

En esta obra, Zineman dice que lo que caracteriza La matanza de Tejas de otras películas es “la pasión pura” que sentía Hooper por el género. Y este capítulo, como el resto de la obra, merece ser leído porque aclara muchas cosas sobre ese fenómeno por el miedo que prendió en muchos jóvenes cineastas norteamericanos empeñados aquellos años en revelarnos las pesadillas que habitaban en sus cabezas enfermas. Monstruos y pesadillas que, curiosamente, retroalimentaba su país.

Es verdad que en contra de otros cineasta de su más o menos generación Tobe Hooper no fue uno de sus representantes más aplaudidos aunque tuvo un tosco talento que explotó en la mayoría de sus películas, todas ellas de terror.

En Trampa mortal contaba cómo el dueño de un motel de carretera (Neville Brand) da de comer a su mascota, un caimán que tiene en la piscina, con los huéspedes que ocasionalmente se alojan en su establecimiento y en El misterio de Salem Lot, una miniserie que adaptaba la novela del mismo título de Stephen King, centraba la epidemia de vampiros que se propaga por una pequeña ciudad estadounidense en un señor de la noche con pintas del Nosferatu de Murnau.

No gustó este terrorífico homenaje a los seguidores de la novela pero a mi, personalmente, me parece una digna película de miedo donde incluso hasta David Soul, el Hutch de los televisivos detectives Starky y Hutch, está bien.

La filmografía de Hooper cuenta también con una de terror para adolescente que mantiene el tipo, La casa de los horrores, y con una nueva revisión de los vampiros en su incomprendida Lifeforce, basada vagamente en una novela del escritor ocultista y tan querido en esta casa escobillonera como es Colin Wilson.

Más tarde rodó una nueva versión de una película de los años cincuenta, Invasores de Marte, aunque su estilo había quedado seriamente dañado tras rodar Polstergeist a las órdenes como productor de Steven Spielberg. Con todo, Poltergeist cuenta con escenas que todavía hacen sudar la gota gorda como la del muñeco con pinta de payaso que se encuentra debajo de la cama.

Que esta película fue un éxito, nadie lo pone en duda, y menos la taquilla, e hizo célebre el ya están aquí que más tarde sería utilizado millones de veces en contextos bien diferentes.

Las últimas aportaciones al cine de género que realizó el cineasta no respondieron sin embargo a las expectativas que muchos aficionados que habían crecido con su cine tenían depositado en él. Y no porque se volviera blando, precisamente, sino porque ya no aportaba mucho al género que tanto contribuyó a construir.

Con todo, el cineasta continuó en activo pero sus películas ya no se adaptaban a los nuevos tiempos, lo que hizo que la mayoría de ellas no se estrenaran y pasarán directamente al mercado del vídeo.

Tobe Hooper falleció este sábado, 26 de agosto, en su Austin, natal, Tejas, ese estado que dio título a una de las película de referencia de un género que, como se dijo al principio, hoy va por otros derroteros.

Nadie puede negarle, sin embargo, que gracias a su talento, a su capacidad para crear atmósferas, sentara cátedra y todavía aún hoy se le imite porque dejó huella.

Entre otras cosas, Tobe Hooper deja como legado a un matarife con cara de piel humana que dio origen a otros monstruos, con independencia de que estos vinieran del territorio de los sueños, celebraran Hallowen o pasearan enmascarados por campamentos de verano.

Solo sé, y ya es mucho para alguien que no sabe nada, que con Tobe Hooper desaparece un clásico reciente del género que provoca inquietud y de paso reparte buenos sustos. Y que su cine, por personal, ya es eterno.

Como sus vampiros.

Saludos, gimamos, gumamos, gimamos, desde este lado del ordenador.

La gran belleza

Miércoles, Agosto 2nd, 2017

El soplo al corazón. Hace tiempo que repetía eso mismo, el soplo al corazón sin tener claro por qué pero una vez se lo dijo a uno que le preguntó el ¿cómo estás? de todos los días.

- Ya sabes, El soplo al corazón…

Muchos años después, resuelve el enigma con El soplo al corazón (Louis Malle, 1971)  y además de sentir una atracción por  Lea Massari, que nunca estuvo tan bien como en esta película, se le inflan los pulmones de un extraño vitalismo digamos que francés, sensaciones que  lo empapan por la ternura que emplea el guionista y cineasta para contar al espectador un acto de amor prohibido que inicia al joven protagonista (Benoît Ferreux) en el mundo de los adultos.

No, no esperaba que fuera tanta la conmoción ni la especial querencia que siente por el cine de Malle, un autor que, ahora que lo dice, no tiene películas que le hayan dejado indiferente. Si hasta ¡Viva María! ocupa un gratísimo espacio en su saturada memoria cinéfila…

¿Se estará volviendo un intelectual de esos que tanto conoce?

Naaaa, no hay que preocuparse…

Como buen francés y como buen burgués, Louis Malle le genera las mismas inquietudes y sensaciones que otro buen francés y buen burgués, Guy de Maupassant, un cronista y poeta de las miserias de la clase media.

Malle habla del amor, sí, y del suicidio, sí.

En la película, se menciona a un escritor que aparece una y otra vez en su filmografía: Pierre Drieu La Rochelle.

Y recuerda que fue Malle, precisamente, quien llevó al cine su novela más famosa, El fuego fatuo.

Louis Malle cuenta en su filmografía con varias películas donde explora la doble moral francesa durante los años de la ocupación. Recuerda las notables El mundo en silencio, Lacombe Lucien y Adiós muchachos, los dos últimos filmes reflejan a través de la mirada de un niño como Francia se acomodó a vivir con los nazis.

El soplo al corazón se ambienta en Dijon, Francia, en los años cincuenta y los ecos de la guerra de Indochina es uno de los telones de fondo de una historia que centra su atención en la relación que mantiene una madre con su hijo. Y su hijo con el padre y sus dos hermanos mayores.

El retrato, poéticamente realista, resulta simpático y piensa, tirado en el sillón, que las familias burguesas son más o menos las mismas con independencia del país del que procedan.

El soplo al corazón, suspira mientras se pierde por las calles de la ciudad en la que habita.

Hace calor. Estamos en verano.

Saludos, nunca tantos debieron tanto a tan pocos, desde este lado del ordenador.

Con el mono

Jueves, Julio 20th, 2017

Si obviamos la desafortunada versión de Tim Burton de El planeta de los simios, la nueva puesta al día que han hecho sobre las cinco películas que se rodaron a finales de los años sesenta y setenta tienen su gracia. Gracia para el iniciado en el universo cinematográfico de los monos como para el profano en estas naderías.

Tres películas, de momento, se han rodado explotando este filón: El origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt, 2011), El amanecer del planeta de los simios (Matt Reeves, 2014) y ahora La guerra del planeta de los simios (Matt Reeves, 2017) que coinciden en su discurso simiesco: ellos son los absolutos protagonistas del invento. Tras la trágica ironía final con la que concluía El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968) y la apocalíptica con la que se cerraba Regreso al planeta de los simios (Ted Post, 1970), chimpancés, orangutanes y gorilas tomaron al asalto la serie y desde entonces no admite humanos como protagonistas.

Esto se comprueba en estas tres nuevas películas sobre la revolución simiesca, y fuente que inspiró en su día la que sigue siendo, junto con la original, mejor película de la serie, La rebelión de los simios (J. Lee Thompson, 1972) que en su día –dicen– se identificó con las revueltas de la comunidad afroamericana a principios de los setenta… Así lo esucho en un documental sobre las cinco primeras películas. Películas que establecieron un sistema de castas inspirado en la excelente novela de Pierre Boullé y en el que los chimpancés hacen de intelectuales, los orangutanes de sabios y científicos, guardianes de la fe, y los gorilas en el brazo armado de la sociedad simiesca: el ejército.

Curiosamente, esta lectura por castas no existe en las tres nuevas películas, donde todos los simios se llevan relativamente bien aunque siempre aparece uno revirado.

La guerra del planeta de los simios comienza como un western de invierno en el que el protagonista, César, el caudillo de los monos rebeldes, reclama venganza tras el asesinato de su mujer y el mayor de sus hijos. La escena sirve, además, para presentar al villano, un tipo a lo coronel Kurtz que interpreta con mirada de loco Woody Harrelson, que es un tipo al que se le da muy bien poner así los ojos.

En la película, el hijo pequeño sobrevive y se llama Cornelius, un guiño para los aficionados al universo simio como más tarde lo será la aparición de una niña humana a la que los propios monos llaman Nova.

Pero la película no remonta y progresivamente va perdiendo interés pese a que el espectador esté del lado de los monos.

Ya no convencen las referencias a las anteriores películas de la serie, como que los humanos chiflados pertenezcan al clan Alfa y Omega (otro guiño) como tampoco sus a ratos espectaculares efectos digitales, en especial los que recrean a la familia de monos…

Habrá, de todas formas orangutanes que sacarán lecturas y lecturas políticas. Y gorilas a los que sencillamente les gustará porque se han divertido y la película parece cosa seria… Los chimpancés, como siempre, irán a su bola. Y habrá muchos que la defiendan y otros que se encojan de hombros porque hay que estar con los monos.

A los humanos que les dén… Ya no son tiempos de ¡Quítame tus apestosas patas de encima, maldito simio asqueroso!

Si Taylor, Charlton Heston, levantara la cabeza…

Saludos, ya nada es como era, desde este lado del ordenador.

Cine angoleño y premios con acento de aquí

Miércoles, Julio 19th, 2017

* La decimocuarta edición del Festival de Músicas Mestizas y +, MUMES 2017, acogerá dos proyecciones cinematográficas de Coreón Dú, joven artista multidisciplinar de Angola. Las películas se exhibirá en versión original con subtítulos en español. La primera de ellas se proyecta este jueves, 20 de julio, I love Kuduro y la segunda, Njinga, Reina de Angola, el 27 del mismo mes a partir de las 20 horas en TEA Tenerife Espacio de las Artes.

* Se han dado a conocer los premios de cortometrajes Manolo Villalba 2017, dotados con 3.000 euros y que este año se dividió en dos modalidades: Ficción y documental. Los trabajos ganadores fueron Amanecer, de Daniel León Lacave, como mejor cortometraje de ficción y El imperio de la luz, de Inmaculada Pérez Machín, en documental. El jurado de esta edición lo integró por parte de la Filmoteca Canaria, María Calimano; la profesora Isabel Castells, el arquitecto y especialista en cine Jorge Gorostiza y el profesor Joaquín Ayala.

Saludos, descansen, desde este lado del ordenador.

Quemados por el sol

Miércoles, Julio 12th, 2017

Pieles que cantan al trabajo

El Mercado de las Artes Performativas del Atlántico Sur (MAPAS) comienza este miércoles, 12 de julio, su andadura con Pieles, que pone en escena en escena Canto al trabajo. Será a las 19 horas en la sala sinfónica del Auditorio de Tenerife. La entrada es gratuita. En Canto al trabajo intervienen Benito Cabrera (Lanzarote), Carlos Oramas (Gran Canaria), Itahisa Darias (La Gomera), Angélica Pérez (El Hierro) y Sulay Curbelo (Fuerteventura).

Un desafío deportivo

TEA Tenerife Espacio de las Artes exhibe el jueves, 13 de julio, y en dos sesiones que tendrán lugar a las 20 y a las 21.30 horas, el documental No solo 18 horas, en el que se cuenta el desafío deportivo de 120 kilómetros de carrera en solitario en Islandia por el corredor canario Marcos Yánez. Este trabajo está dirigido por Pedro Cubiles.

Imanol, en Tenerife

Los Multicines Tenerife acogen el viernes 14 de julio el estreno de la película Despido improcedente. Su director, Lucas Figueroa, y uno de sus actores, el popular Imanol Arias, asistirán a este estreno, quienes participarán en un coloquio tras la proyección del largometraje.

Y un libro para devolver recuerdos

Javier Sachez (sin n) es un escritor extremeño que tras obtener el Premio de novela Pancho Guerra Manual de pérdidas, publica el libro con Mercurio editorial. El volumen cuenta con un prólogo del doctor en Filología Victoriano Santana.

Saludos, damos la nota, desde este lado del ordenador.