Un conflicto de identidades

Lunes, Febrero 6th, 2017

Pasito a pasito y sin estridencias, Josep Vilageliu y Daniel León Lacave no fallan cuando se trata de presentar sus últimos trabajos. Hoy por hoy, se podría decir que ambos son los más constantes cuando se trata de presentar sus películas en Canarias, lo que explica que estos estrenos se hayan convertido en una tradición porque, como apuntó Vilageliu el jueves 26 de enero, día de la puesta de largo de La Otra y Al borde del agua, su exhibición se ha convertido en una excusa para reunir a un grupo de amigos y también anónimos seguidores para ver un cine hecho netamente aquí, en estas tierras alejadas de la mano de los dioses.

La otra y Al borde del agua coinciden, más allá de ese truco publicitario de denominarlas leves, en estar protagonizadas solo por mujeres; en desarrollarse en un mismo espacio: una presa y un velero, y en explorar, casi como una excusa, las geografías del género fantástico.

La sesión comenzó con la exhibición de La otra que es un curioso entretenimiento firmado por Daniel León Lacave que incursiona en el cine fantástico con claves vagamente inspiradas en el cine de terror japonés en cuanto a su efectismo y el universo de Kubrick en cuanto a su formulación como historia de fantasmas.

Kubrick está  presente incluso en el nombre de la protagonista de este ensayo sobre el más allá, sea real o figurado. Wendy, que así se llama el personaje que interpreta Cristina Piñero, está tomado de la película El resplandor, aquel personal punto y aparte del género que se inspira, vagamente en la novela del mismo título de Stephen King.

No obstante, y al margen del tono al que recurre Daniel León Lacave para sumergirse en esta insólita e inquietante pesadilla, La otra  propone una incursión en lo extraño que  logra transmitir gracias a una atmósfera que domina un relato que resulta (in)creíble gracias al excelente trabajo de sus actrices protagonistas, Saida Fuentes, Yazmina Guerra, Sol Mendoza y la mencionada Cristina Piñero, y que refuerza la música de Jonay Armas.

La otra rompe, además, una regla del género ya que está rodada prácticamente en exteriores (por otro lado, una de las señas de identidad de los trabajos de León Lacave), paisaje que se convierte en un personaje más de esta pesadilla sobre la identidad.

Un conflicto de identidad planea también en Al borde al agua, mediometraje que se desarrolla prácticamente en un pequeño velero y que protagonizan Leonor Cifuentes, Judith Klejn, Idaira Santana, Laura Gómez, Rebeca Campo y Bibi Rodríguez.

Al borde del agua, como otras películas de Vilageliu, invita al espectador a adentrarse en un laberinto de difícil salida. Por eso, durante su exhibición lo mejor es dejarse llevar y no esperar atajos en una película que dispersa sus claves –voluntarias e involuntarias– para  armar una historia que es abstracción. La idea es dejarse llevar y no buscar una lógica, que sin embargo tiene, si se admiten que no hay reglas en el universo mágico y sexual de Vilageliu.

Es una pena, a modo de final, que estos trabajos solo se vean en Tenerife y no en Gran Canaria aunque se espera La otra y Al borde del agua obtengan el recorrido y los espectadores que se merecen.

Saludos, fundamos a encadenado, desde este lado del ordenador.

‘Los días vacíos’, un lúcido retrato generacional

Lunes, Junio 27th, 2016

Dirección y guión: Daniel León Lacave Fotografía: Pablo García Gallego Música: Jonay Armas Producción: Samuel Dávila Sonido: Borja Viera – Dani Mendoza Intérpretes: Iván Álamo, Cathy Pulido, Ragüel Santa Ana, Cristina Piñero, Néstor Luzardo, Pino Luzardo, Ángel Pérez y Tonono González

Hay dos características, aunque más que características son cualidades, que definen el trabajo cinematográfico de Daniel León Lacave: constancia y verdad. La verdad explica que su cine haya encontrado tan escaso eco oficial aunque, paralelamente, este ninguneo, este vacío, arrastra cada vez a más público para contemplar sus películas, algunas de ellas imbuidas por una ingenuidad ideológica que desconcierta, y otras porque al margen de su mensaje, a nuestro juicio Daniel León Lacave se crece cuando apuesta por hacer crónica de su generación.

Estas señas de identidad y la mirada que emplea para traducirla en imágenes configuran una filmografía plagada de cortos y ahora, con Los días vacíos, dos largometrajes –somos conscientes, sin embargo, que podría haber un tercero y si nos apuran un cuarto antes de que finalice el año–  en los que se puede rastrear un cine de marcado carácter autobiográfico y el retrato teñido de desencanto de una generación, la suya, que aún transita por el bulevard de los sueños rotos.

Cineasta que lo mismo rueda en interiores como exteriores, aunque se sospecha más querencia por rodar en exteriores que en interiores, además de los actores que colaboran en Los días vacíos el otro gran protagonista de esta película es la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, capital de provincias cuyas calles y plazas refuerzan esa dramático choque con la realidad, una realidad mediocre e impuesta por las fuerzas que orbitan invisibles a nuestro alrededor, mientras las esperanzas puestas en el futuro se desmoronan como se desmorona el primer amor.

Esta tragicomedia se desarrolla, como se ha dicho, en Las Palmas de Gran Canaria, una ciudad que no he visto hasta la fecha mejor fotografiada que en esta película. Y belleza que se transmite a los personajes que intervienen en su historia. La capital grancanaria se transforma así en una especie de Manhattan (ya saben, es obra maestra de Woody Allen, otro cineasta, por cierto, igual de constante que León Lacave y que aparece, no sé si inevitablemente en mi cabeza, mientras veo Los días vacíos) que el realizador refuerza con insólito aliento poético en algunas escenas que trascienden la pantalla.

Por desgracia, este tono no se mantiene todo el tiempo ni la textura que, presumo, quiso imprimir el autor a una película que a veces resulta enojosamente pueril y otra, reiteramos, tan desconcertantemente adulta.

Los días vacíos es un relato de iniciación y sueños rotos, sí, pero también un fresco en el que se quiere mostrar cómo gente normal y corriente perdieron sus anhelos de cambiar si no el mundo, sí al menos su realidad a través de un puñado de jóvenes que de pronto, y tras finalizar su servicio militar, son llamados a buscarse la vida.

Ya hemos dicho que no se trata de una película redonda, pero incluso los errores que plagan el relato, y que son muchos, se intentan resolver con puntería cinéfila. Escenas con enorme carga dramática como la muerte y entierro del abuelo no terminan de emocionar como debiera así como la deriva en la que se sumerge el protagonista no resulta estar lo suficientemente amarrada, o atada, que se quisiera.

Con todo, la película sí que cuenta con situaciones y diálogo brillantes. Más de una escena nos hizo sonreír e incluso soltar la carcajada… Lo que se agradece, sea dicho de paso, a medida que se desarrollan las relaciones entre unos personajes que, sin caer en la indigencia, sí que pertenecen a esa gran parte de la sociedad que sabe lo que cuesta llevar un plato de comida a la mesa.

Los días vacíos pone de manifiesto que Daniel León Lacave es un cineasta que se mueve muy bien, cómodamente nos atreveríamos a decir, en películas de ajustados presupuestos y que, ojo, sabe dirigir a sus actores, todos espléndidos y convincentes, en especial Cathy Pulido y Cristina Piñero, esta última con una notable vis cómica que ilumina la pantalla.

Esta combinación de factores hace que este aplastante retrato generacional sobre quienes fueron jóvenes en los noventa, náufragos más que zombis que deambulan por la ciudad, su ciudad, sin saber lo que quieren, no lo tienen todo perdido cuando se enamoran. Aunque sea precisamente el amor, y el deseo de llevar una vida en común, lo que provoque el fin de una relación.

Las mujeres en esta película aprenden a hacerse mayores mucho antes que los hombres, como la vida misma.  Eso explica la actitud del protagonista, un personaje al que le cuesta salir de la crisálida de su adolescencia, donde está cómodamente instalado hasta que le dicen basta.

Saludos, fundido encadenado, desde este lado del ordenador.

¡¡¡No te lo pierdas!!!

Jueves, Mayo 26th, 2016

* TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge desde el viernes 27 de mayo y hasta el 11 de septiembre una exposición de fotografías de Juan Carlos Fresnadillo, titulada Limbo. La muestra estará abierta de martes a domingo de 10 a 20 horas. En la exposición se refleja cómo el acto instantáneo de fotografiar se repite, se reproduce y se enlaza tantas veces como le es necesario al artista para que alcance la forma de una película. Pero es el acto inicial, el acto de fotografiar, el que resulta ser piedra angular de esta su primera colección. Y es que ante todo, para ello, suceden dos cosas. La primera, que Juan Carlos Fresnadillo (Santa Cruz de Tenerife, España, 1967), es fotógrafo antes que cineasta; y la segunda, que ésta es una muestra de rebeldía, de desobediencia ante la aceleración a la que  obligan los 24 fotogramas por segundo.

* También en TEA Tenerife Espacio de las Artes se proyecta desde el viernes 27 y hasta el lunes 30 de mayo la película Los días vacíos (2015), dirigida por Daniel León Lacave. Del viernes al domingo habrá dos pases diarios, que comienzan a las 19 y 21.30 horas, mientras que el lunes, coincidiendo con el Día de Canarias, tendrá lugar otro pase a las 20 horas. Iván Álamo, Cathy Pulido, Ragüel Santa Ana, Cristina Piñero, Néstor Luzardo, Pino Luzardo, Ángel Pérez y Tonono González protagonizan este filme. Los actores Ragüel Santa Ana, Iván Álamo y Cristina Piñero presentarán la película en todos los pases previstos.

* El historiador cinematográfico Jorge Fonte es el autor de un trabajo sobre el cine de Ridley Scott que ha sido publicado por Cátedra. La filmografía del cineasta consta hasta la fecha de 23 títulos y cuenta con dos obras, Alien, el octavo pasajero (1979) y Blade Runner (1982), cuya fama, éxito y calidad artística han superado e, incluso, sobrepasado a su propio director. Mientras que el resto de sus películas apenas ha despertado el interés de los historiadores. Y eso a pesar de ser títulos de la calidad de Los duelistas (1977), Thelma & Louise (1991), Gladiator (2000), El reino de los cielos (2005) o American Gangster (2007). O tal vez, porque también es autor de otros filmes de dudosa maestría, como Black Rain (1989), La teniente O’Neil (1997) o Un buen año (2006).

Saludos, terrícolas, desde este lado del ordenador.

Nadie visita los paraísos un viernes negro

Sábado, Febrero 14th, 2015

Paraísos.- Director y guión: Josep Vilageliu. Producción: Laly Díaz, Eduardo Gorostiza. Fotografía: Eduardo Gorostiza. Sonido y Música original: René Martín. Vestuario y maquillaje: Leonor Cifuentes. Ayudantes producción: Macario García, Bibiana Rodríguez. Foto Fija: Leonor Cifuentes. Fechas de rodaje: mayo- junio 2013. Duración: 27 min. Rodada en La Esperanza y en Santa Cruz de Tenerife. Intérpretes: Rebeca Campos, José Sosa. Sinopsis: La llegada de una extraña carta rompe la apacible vida de una pareja.

Lost in Black Friday.- Creado por: Gabriel García, Adrián Rosales y Eduardo Gorostiza. Año: 2014. Duración: 9:58. Sinopsis: Lost in Black Friday narra la visita del gran cineasta Pierre Rochemback a Tenerife para localizar exteriores para su nueva creación audiovisual.

Nadie.- Director y guión: Daniel León Lacave. Producción: La Elipsis, Maylam, Mandalai, Sonovisión. Fotografía: David Delgado. Sonido: Paco Perdomo. Música: Jonay Armas. Montaje: Daniel León Lacave. Maquillaje: Any Rodríguez Liria. Ayudante de rodaje: Iván Martín. Intérpretes: Penélope Acín,  Lamberto Guerra y Abraham Santacruz. Duración: 12minutos. Sinopsis: Una chica queda con dos chicos distintos en la misma cafetería. Asistimos a las dos citas.

Lo del cine leve parecía una broma cuando irrumpió en el panorama audiovisual en las islas. Entonces eran tiempos en los que manaba la leche y la miel y la aparición de este grupo de cineastas, en los que se mezclaban veteranos y noveles, se tomó a risa porque estaban decididos a rodar sin apenas presupuesto y a presentar sus películas sin contar con aquellas millonarias subvenciones oficiales.

Con esa actitud lo normal era pensar que no iban a durar mucho.

Más cuando generaban e intervenían en otros debates en los que se podía estar o no de acuerdo. Sin embargo, el paso de los años ha demostrado que han hecho sostenible la insoportable levedad del ser. Calculo que hoy por hoy son los más constantes en alimentar ese cine que se crea en Canarias, esa tierra abandonada de la mano de los dioses.

TEA Tenerife Espacio de las Artes acogió el pasado 12 de febrero sus últimos tres trabajos. Trabajos en los que se aprecia una notable coherencia con sus principios. Principios que no son cerrados sino abiertos, además de muy personales. Y en los que hay cabida para todo tipo de estilos: desde una cierta poética pasando por una travesura gamberra a, también, un desconcertante existencialismo.

O la insoportable levedad del ser.

Los tres trabajos eran Paraísos, de Josep Vilageliu; Lost in Black Friday, de Gabriel García, Adrián Rosales y Eduardo Gorostiza y Nadie, de Daniel León Lacave.

Y la sesión comenzó con Paraísos, un trabajo de Joseph Vilageliu que forma parte de su trilogía Naturalezas muertas y que vuelve a mostrar a un director al que le gusta pintar paisajes humanos. Personajes a los que envuelve en situaciones que quiere que se expresen visualmente por sí mismas. En Paraísos, además, muy conectada con la siniestra realidad de estos tiempos que vivimos, pero renunciando a presentarlo con dramatismos extremos lo que justifica la ausencia de diálogos. Es una cinta resignadamente triste y a su manera lírica sobre lo que significa ser expulsado del Edén.

El siguiente cortometraje, Lost in Black Friday, es una entusiasta y libertaria viñeta de amor al cine. Su rasgo más característico es la espontaneidad con la que está realizado. Y el tiempo que ocupa, leve para no resultar cansina.

Daniel León Lacave, que no pudo estar presente en el estreno al parecer por problemas con el vuelo que lo traía de Gran Canaria a Tenerife, escribe y dirige Nadie. Vilageliu comentó en la presentación que Lacave es un cineasta al que le gusta trabajar con actores. Y tres actores, dos habituales además, son los que protagonizan un corto redondo, eficaz y demoledoramente conmovedor sobre, precisamente, la insoportable levedad del ser.

Saludos, escandalera que es Carnaval, desde este lado del ordenador.

Tres cortos canarios en TEA

Miércoles, Febrero 11th, 2015

Estaba preocupado porque hacía tiempo que no tenía noticia de alguno de ellos. Vamos, que comenzaba a notar en falta esas sesiones en las que ves tres cortos realizados por tres cineastas diferentes y bronco amor al arte en TEA Tenerife Espacio de las Artes, más cuando recibo un whatsApp de esos y se me informa que yo, este quien les escribe, dirige una de las piezas.

“Será la primera película que dirijo y sin enterarme”, respondo y a los pocos segundos suena la campanilla del whatsApp ese: “Pues eso es lo que me han contado a mi”. Y yo sigo lo que ya sospecho es una broma: “las cosas del doble, de mi entrañable Hyde”.

Al final cierra la conversación el fulano recurriendo a uno de esos socorridos emoticonos. En concreto el de la carita que sonríe y se le saltan lágrimas por los ojos. “Vete pal’carajo”, le contesto cuando entonces, oh, oh, oh, recibo en mi bandeja de correo electrónico un mensaje con el asunto: “Sesión de cine en TEA”.

Y leo que este jueves, 12 de febrero y a las 20 horas se exhiben tres cortos. Pero no sé si serán leves o no leves. Y pienso lo que escribí en la primera línea de este comentario: me alegran el día porque me tenía preocupado esta gente. Pero que ya no, vaya, porque sí exhiben sus últimos trabajos es porque continúan aquí. Y regresan.

Estiro los dedos, preparados para redactar esta previa cuando me llama por el móvil un tipo cabreado que me cuenta una milonga a la que no presto demasiada atención. Los dedos descansan ahora sobre el teclado.

Sesión de cine de aquí en TEA Tenerife Espacio de las Artes.

El programa incluye:

Nadie, de Daniel León Lacave; Paraísos, de Josep Vilageliú y Lost in Black Friday, de Gabriel García, Adrián Rosales y Eduardo Gorostiza.

Tres trabajos rodados el año pasado pero que se estrenan en 2015.

Paraísos (Josep Vilageliú) es una producción de La Mirada Gorostiza. Produce Laly Díaz y Eduardo Gorostiza y está escrita por el mismo Vilageliú. La fotografía corre a cargo de Eduardo Gorostiza mientras que el sonido y la música original es de René Martín. En cuanto a vestuario y maquillaje: Leonor Cifuentes y los ayudantes de producción: Macario García y Bibiana Rodríguez. Tiene una duración de 27 minutos y está protagonizada por Rebeca Campos y José Sosa. Sinopsis, como toda sinopsis que se precie, sencilla: La llegada de una extraña carta rompe la apacible vida de una pareja.

Nadie (Daniel León Lacave) esta producida La Elipsis, Maylam, Mandalai y Sonovisión. Firma la fotografía: David Delgado y el sonido: Paco Perdomo. La música es obra de Jonay Armas; el maquillaje de Any Rodríguez Liria. El reparto artístico lo forman habituales del director, los actores Penélope Acín, Lamberto Guerra, Abraham Santacruz. Nadie va sobre una chica que queda con dos chicos distintos en la misma cafetería.

Lost in Black Friday (Gabriel García, Adrián Rosales y Eduardo Gorostiza) va directo al grano. Nada de ficha técnica ni artística. Ná más y ná menos. El corto narra la visita de un cineasta, Pierre Rochemback, a Tenerife para localizar exteriores para su nueva creación audiovisual.

Más leve imposible.

Recibo otro whatsApp de esos: “¿vas a ir?”

Uno treinta segundos de silencio ya que espero asistir si otras tareas no requieren el concurso de mis modestos esfuerzos. Esto último lo pienso así que contesto al whatsApp ese con el emoticono de la carita con ojos asombrados y un grito mudo en letras mayúsculas: “VÉTETE PAL’CARAJO”.

Saludos, el jueves, desde este lado del ordenador.

Cinco personajes en busca de redención

Lunes, Octubre 13th, 2014

Crónicas del desencanto.- Dirección: Daniel León Lacave / Guión: Daniel León Lacave, Borja Texeira, Lamberto Guerra / Fotografía: Pablo G. Gallego, Mario Blanco / Intérpretes: Cathy Pulido, Lamberto Guerra, Penélope Acín, Borja Texeira, Fátima Luzardo, Leonor Cifuentes, Abraham Santacruz, Tamara Déniz, Víctor León y José Antonio González.

Daniel León Lacave es uno de los cineastas más inquietos y audaces, por constante, que trabaja en esta región desestructurada que llamamos Canarias. Su cine, porque ya cuenta con una filmografía generosa con todos sus aciertos y desaciertos se caracteriza por una mirada muy personal que pone al servicio de la historia, historias que hasta Crónicas del  desencanto, su primer largometraje, podíamos entender como relatos cortos y medianos en los que subyace en ocasiones una vena de ironía que, a nuestro juicio, debería de explotar más esta especie de hombre orquesta del cine que se rueda por esta tierras.

Si siguen con atención su recomendable bitácora Algo que se parece a cine, Lacave es, precisamente, un personaje de cine. Cansado y harto de estamparse contra el muro de los que dirigen hasta el día de hoy con fantástico estrabismo la política audiovisual en Canarias, el cineasta se sumó a la corriente del denominado cine leve que no es otra cosa, entiendo, que la de fabricar películas muy profesionales pero con presupuestos que rayan el coste cero. Al límite, ya saben, de la indigencia.

Sin embargo, no es ésta una buena razón para relegar el conjunto de su obra al cajón de los cineastas aficionados ya que posee una filmografía compacta y objetivamente personal que gira sobre unas mismas constantes. Es decir, que no le resta interés la escasez de recursos con las que pone en pie sus producciones ya que su cine es un cine que se adapta a estas circunstancias.

Y ese entusiasmo lo asume con rigor, tanto que a veces se traduce en sus películas.  Películas que se suceden unas a otras porque apenas respira entre un rodaje y otro lo que  lastra, a veces, unos cortos y ahora un largo que en ocasiones parecen ejercicios leves pero en otras relatos intimistas, muy humanos, que le otorga a Lacave una denominación de origen dentro de esa filmografía tan cacareada que se intenta articular en Canarias.

Como ya se ha dicho, Crónicas del desencanto es su primer largometraje. Un largometraje insiste Lacave en calificar como leve y que está dedicado a sus actores, todos ellos habituales en otros trabajos de su director.

El filme cuenta la historia de cinco personajes no en busca de autor sino de la redención y se apoya en ellos, gente de la calle que se reúne para someterse a una terapia de grupo que dirige un profesional que también arrastra, aunque reprime, sus frustraciones lo que lo vincula al resto de los cuatro protagonistas porque Crónicas del desencanto es una película de y sobre personajes que, afortunadamente, se preocupa más por mostrar emociones que por destripar sus costuras psicológicas.

Y la cosa funciona. Y funciona incluso cuando parece que la historia se escora al melodrama aunque la película recupera el tono gracias al comedido trabajo de sus actores, todos ellos convincentes: Borja Texeira interpreta a un tipo con la cadena de la culpa alrededor del cuello (metafóricamente), casi un masoquista que encuentra en esa reunión de tarados (con perdón) el otro lado de la moneda en el personaje que protagoniza Cathy Pulido, una chica de barrio exaltada y mal hablada que no encuentra su lugar en el mundo. Y Penélope Acín, una enfermera con vocación de madre Teresa de Calcuta y Fátima Luzardo, una madre que por las convicciones religiosas de su esposo se responsabiliza pero no asume la muerte de su hijo. Escucha sus historias de desamparo el terapeuta, papel que interpreta Lamberto Guerra.

Al tratarse, como se observa, de una película de actores, el filme de Lacave podría entenderse como un cálido homenaje a todos estos actores que han trabajado con el cineasta. Y todos ellos, sus actores, lo hacen, la verdad, que muy bien. Cada uno explota emocionalmente las trabas de sus personajes sin demasiados histerismos y esto los hace creíbles por cercanos. Éste y no otro es uno de los rasgos más destacables de una película que solo se hace, a nuestro juicio, un poco larga en su media hora final, cuando se intenta cerrar el círculo que se propone metafóricamente en el primer plano con el que se inicia el filme: una sala con cinco sillas en las que van apareciendo los personajes, y un plano final que muestra esa misma sala y esas mismas sillas solo que ahora vacías, como si todos ellos, los cinco, hubieran vencido finalmente a sus fantasmas aunque probablemente quede en alguno severas secuelas.

Daniel León Lacave cuenta estas historias con agilidad y pese a la economía de medios los forzados recortes apenas se traducen en pantalla. Sigue, y el espectador sigue con él, esas cinco tragedias de la vida vulgar como diría Wenceslao Fernández Flores no con ojo clínico pero sí una discreta y en ocasiones hasta documental distancia que pone de manifiesto la madurez con la que está narrada esta película. Una historia modesta pero arriesgada en sus ambiciones que lo aleja de otros trabajos que realizan otros compañeros en los territorios del cine con y sin subvenciones en Canarias.

No es raro, visto el resultado de Crónicas del desencanto, preguntarse hasta dónde podría llegar el director y sus películas con un presupuesto respetable. Tiene una mirada que no descansa pese a las limitaciones económicas porque le gusta rodar al precio que sea. De ahí, quizá, que Daniel León Lacave se haya convertido en el cineasta más leve de los leves aunque no sea la levedad, precisamente, el mensaje que transmite en muchos de sus filmes. Y Crónicas del desencanto es uno de ellos.

Es inevitable por ello subrayar como una virtud la modestia e incluso la pudorosa humildad que alimenta este largometraje. Un largometraje que conmueve y que logra que el espectador se identifique con cada uno de sus personajes. Contribuye a ello, resaltamos de nuevo, un trabajo actoral que es de lo más a atractivo de una película que fue concebida con ese fin. Ya lo anuncia el mismo Lacave en los títulos de crédito: “A mis actores”. Y ese  respeto y esa complicidad se reflejan en la pantalla.

La fuerza de Crónicas del desencanto reside así en que se trata de una película que se toma muy en serio el trabajo de sus actores. Y eso que el largometraje no es, en contra de lo que diga alguno, teatro filmado. Hay variedad de escenarios no solo cerrados sino en espacios abiertos y su factura es elegante lo que hace que sumado a sus pretensiones, ninguna de ellas estéticas sino actorales, resulte como una isla dentro de ese cine que también es una isla y que quiere ser pretendidamente canario.

Lacave cuenta una historia y la cuenta con las escasas herramientas que tiene a su alcance con desconcertante convicción y sin renunciar a un estilo que, entiendo, define la filmografía de un cineasta que se ha fogueado en el cortometraje y que se ha acostumbrado a mover en producciones de costes muy bajos.

Uno concluye tras ver su primera y espero que no última incursión en los territorios del largometraje que es un cineasta que se ha ganado a pulso el sello de autor. Una etiqueta que me produce escalofríos pero que sí encuentro en un director que cuenta con estilo y una mirada propia. Esa firma que hace que sus películas resulten cien por cien de Daniel León Lacave.

NOTA: El Escobillón.com agradece la generosidad de Daniel León Lacave de hacer posible el visionado de Crónicas del desencanto.

Saludos, sin desencanto, desde este lado del ordenador.