Archive for Diciembre, 2018

Fundido en blanco, un policíaco de Víctor Conde

Martes, Diciembre 18th, 2018

“Historias de guionistas fracasados en la Meca del cine las hay hasta aburrir. Incluso cuando no se trataba del cine yanqui, sino del europeo, que también tuvo sus estrellas y sus estrellados”.
(Fundido a blanco, Víctor Conde, Ediciones Idea, 2018)

Con su última novela Alfredo Moreno Santana o Víctor Conde, su álter ego como escritor, demuestra que se mueve igual de bien en las aguas del género policíaco como el de la ciencia ficción, espacio este último en el que ocupa un destacado lugar en la que se escribe en España.

Fundido en blanco
es un artefacto literario que envuelve al lector, y al envolverlo lo atrapa en una vorágine narrativa donde el autor respeta las claves que dan cuerpo y alma al noir para disecarlas con la secreta pasión de un taxidermista. Esto último es una broma, permítanme un poco de ironía con la idea de que funcione como invitación a la lectura de un libro que, de eso estoy seguro, no va a dejar indiferente a nadie.

Víctor Conde, ajustémonos a su pseudónimo, construye un policíaco para deconstruirlo a medida que avanza la acción. También trata, y lo logra, en mezclar fantasía con realidad y en proponer interesantes reflexiones sobre el cine y su magia.

La novela comienza con un guionista que está en las últimas. Estamos en los años sesenta y la acción transcurre en Cinecittá, estudios cinematográficos enclavados en Roma que en esos años vivió una edad de oro no solo con el rodaje de numerosas películas italianas sino sobre todo gracias a las grandes producciones norteamericanas que convirtieron a Roma en la capital de la dolce vita. En este escenario y muy en plan giallo, ese subgénero inventado en Italia donde el asesino es el protagonista por sus refinados y rocambolescos asesinatos, comienza a actuar un criminal que se hace llamar el Taxidermista, un elemento más que se añade a una trama complicada y detectivesca en la que también interviene una hermosa estrella de cine y su padre, un mafioso.

Cada capítulo de la novela tiene un título que funciona como el encabezado de un guión cinematográfico y que tiene la función de situar al lector en el entorno en el que se desarrolla la escena, una novela que respira amor por el cine y por un género, el negro, en el que Conde se mueve como pez en el agua.

El libro cuenta además con un agradable sentido del humor que en ocasiones raya con la ironía, y logra con este pulso que no es nada fácil de mantener, una lectura muy grata, de esas que enganchan y hacen bastante difícil que se abandone su lectura.

Consigue, en definitiva, que leamos más para descubrir cómo solucionará todo el embrollo que va liando a medida que se suceden las páginas.

Con Fundido en blanco, titulo que no deja de tener ironía cuando lo habitual en cine es el fundido pero a negro, la novela propone un atractivo viaje a otra época en la que el cine era cine y el cine europeo pensaba que podía competir con el de Hollywood. Una industria por la que desfilaba toda clase de personajes, una fauna curiosa y de colores chillones que formó un ecosistema irrepetible, único e intransferible a orillas del Tíber.

El escritor se ha documentado para escribir sobre aquel mundo y sobre todo en unos estudios legendarios como fueron los de Cinecittá que, así nos lo recuerda la novela, fueron fundados en los años treinta del siglo XX y en pleno esplendor del régimen fascista. Benito Mussolini, como otros dictadores sintió fascinación por un arte, el cine, que además de entretener era un eficaz instrumento de propaganda. Altavoz que podía hacer llegar su mensaje no solo al pueblo italiano sino al del resto del mundo.

En este poderoso escenario, rodeado de cartón piedra, un guionista fracasado busca una particular redención que lo saque el callejón sin salida en el que se encuentra su existencia. En este transitar se topará por el camino con toda clase de individuos que le harán preguntarse si los sueños del celuloide no serán en todo caso pesadillas.

Saludos, ¡silencio, se rueda!, desde este lado del ordenador

El estrecho de los claveles, una novela de Juan Andrés Herrera

Lunes, Diciembre 17th, 2018

Juan Andrés Herrera es una voz narrativa original y a ratos muy inquietante. Lo demostró en su debut literario, La casa de las flores rotas, y lo reforzó con Cinco mujeres que no subirán al cielo, donde se concentran muchas de las constantes de sus novelas.

Novelas a la que ahora se suma El estrecho de los claveles, libro que tenía que haberse publicado antes que La casa de las flores rotas pero que por una razón u otra, el escritor mantuvo en hibernación hasta que la recuperó del disco duro de su ordenador. Tras revisarla y modificar alguna cosa, no demasiadas según nos informa, presenta ahora una obra que sin ser redonda casi raya la perfección del círculo y se convierte, a nuestro modesto entender, en una de las grandes novelas publicadas en Canarias este año que ya se nos va.

La acción de El estrecho de los claveles se desarrolla en el archipiélago aunque no agrupe a siete islas y sus islotes sino ocho con la inexistente Marquesa, enclave en el que tendrá lugar gran parte de la historia junto a Tenerife, con la que queda separada por un estrecho brazo de mar en el que los habitantes de la isla imaginada celebran un rito funerario en el que cubren las aguas con flores, concretamente los claveles que aparecen en el título.

Paralelamente, esta es la historia de un hombre marcado, Leonardo Culebras, con una cicatriz que recorre medio lado de su cara y la pulsión asesina que lo asalta tras una extraña sesión espiritista que mantiene con la vieja Dorita.
Narrada en primera persona, el lector conoce de primera mano los pensamientos y los razonamientos que mantiene el personaje consigo mismo. El relato puede entenderse así como una especie de justificación, de ruego a que el lector no piense que está asomándose a la mente de un monstruo sino de un hombre bastante perverso con lo que piensa y sus contradicciones.

Novela que gira sobre sí misma, el extraño universo imaginario que propone Juan Andrés Herrera refuerza de sentido un universo literario cuajado de malos entendidos, de amores no correspondidos y de amistades traicionadas. Cuenta también con una crítica para nada velada al mundo de los santeros y adivinos, en la novela creencias que se toman muy en serio y que desencadena la catarata de acontecimientos violentos que se van a desarrollar a continuación. Páginas en las que no se pierde el hilo de los hechos ni el profundo análisis que hace su autor sobre su protagonista, un hombre que es víctima de sí mismo.

La novela cuenta además con un final cuanto menos sorprendente, una de esas historias que cuando se llega a su conclusión hace replantear lo leído y plantearse si todo cuanto hemos recreado no será otra cosa que distinto…

Cruda en algunos momentos pero de una crudeza que encaja perfectamente en lo narrado porque no está escrito para provocar sino agitar, El estrecho de los claveles se desarrolla mayormente en una geografía inexistente a la que Juan Andrés Herrera ha sabido dotar de consistencia, una isla imaginaria que adquiere una vida notable en las páginas de este libro y localización que ya forma parte de esos escenarios míticos a los que nos tiene acostumbrado una literatura, como es la que se escribe en estas islas, tan necesitada ahora de ampliar sus horizontes, de navegar por otros territorios, de transitar géneros a los que manipular por las exigencias creativas.

El estrecho de los claveles mantiene así un tono comedido de apocalipsis, de reacción ante la nada cotidiana y evoca de manera continuada pero sin aspavientos una literatura como fue la del boom con agradecido acento canario. Recuerda también por la forma en que está escrita a algunos de los cuentos de Guy de Maupassant. El relato contado en primera persona de un hombre que duda si está loco, y que sostiene que si duda no puede estarlo pese a que la sociedad que lo envuelve piense lo contrario.

Ésta y otras reflexiones nos ha generado la lectura de El estrecho de los claveles, una novela que por su impronta se transforma en un afortunado rara avis en las literaturas que se escriben en la actualidad en Canarias y en la España peninsular.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador

De Historias olvidadas, El capitán Pío Pío y El Turkan

Lunes, Diciembre 10th, 2018

No cuenta Canarias con una historia holgada en cuanto a ediciones de colorines o cómic se refiere aunque la tendencia está cambiando sin demasiadas estridencias en los últimos años, conscientes quizá de que los tebeos o cómics son arte y una forma de entretenimiento que va mucho más lejos de aquel cine para los pobres que acuñara en su día el especialista Javier Coma.

Que en las islas hay interés por los chistes o cómic es algo que casi nadie puede poner en duda. Si se rebusca en las hemerotecas no creo que otra prensa local haya dejado tanto espacio en sus páginas a la crítica y el comentario de y sobre cómics. Lo inició Manuel Darias en La Tarde y continúa su entusiasta labor en la actualidad en Diario de Avisos. Quien escribe ahora mismito estas líneas lo hizo en La Gaceta de Canarias testigo que recogió Patricio Ducha para continuar con semejante labor más tarde en La Opinión de Tenerife.

Santa Cruz de Tenerife recupera este año un Salón del Cómic que se salda con un gran éxito de público y en el que se presentó una nueva colección de coloriones, chistes, tebeos que bajo el genérico de Los archivos de la Fundación Cine + Cómics presenta tres cuadernos con historietas escritas y dibujadas por canarios. Insólito, porque que sepamos, precedentes hubo pero son muy escasos. Se editó una revista de cuyo nombre ahora no puedo acordarme y los álbumes Dirección general y La venta de Floro que recopilaban las tiras de prensa que en su día se publicaron en un periódico de la isla de Tenerife.

Esta nueva colección, la que abandera los Archivos de la Fundación Cine + Cómics sale al mercado a medirse con los gigantes y recopila lo que considero curiosidades del chiste, tebeo, colorín escrito y dibujado en la tierra en la que nací: Historias olvidadas, de Eduardo González; El Turkan, del tándem Pedro Carballido y Alberto Hernández y Las aventuras del capitán Pío Pío, de Pedro Carballido.

No son historietas nuevas, novedosas, recientes sino trabajos realizados hace ya unos cuantos años pero que no han perdido su ciencia o mejor su valor. Se tratan de cómics en toda la extensión de la palabra. Lo que implica, a mi juicio, que no han perdido actualidad por lo que hoy se pueden leer igual que ayer aunque probablemente contemos con una perspectiva no sé si mejorada pero seguro que sí más madura y por lo tanto capaz de enfrentarnos con cierta objetividad “a lo nuestro”.

De Eduardo González conocía además de sus tiras de prensa, la historieta Dentro de la noche y Atobiopsia. También alguno, no todos, de los volúmenes de la colección Guanche, álbumes donde trabaja con resultados más que aceptables el color porque se trata de un autor, así, con todas sus letras, que gusta más del blanco y negro porque da prioridad a los personajes más que al decorado, principios que se amoldan muy bien a sus inquietudes artísticas que visualiza en relatos muy personales, extraños si se quiere, que no dejarán indiferente a nadie. Sus Historias olvidadas recuperan viejas historias aunque en todas ellas se mantienen las mismas constantes que han robustecido el talento de un artista que quizá si se encontrara en otros territorios dedicaría todos sus esfuerzos a un oficio que, en su caso, obliga al lector a levantar los ojos de lo que nos cuenta y pensar qué le han dado de comer a este muchacho (¡chacho!) para escribir y dibujar lo que escribe y dibuja sin recato alguno.

Pedro Carballido prescinde de lo raro y apuesta por el humor vitriólico con Las aventuras del capitán Pío Pío, un súper héroe canario que en clave paródica marveliana desata sus poderes en un archipiélago que me resulta demasiado conocido. En estas historietas se mezcla un poco de todo y se disfrutan con una sonrisa en los labios que, a veces, degenera en una sonora carcajada porque Carballido, como Boris Vian, se toma su colorín, tebeo, chiste con agradecido sentido del humor consciente de que es la mejor manera de asumir las cosas en serio. Así que no falta demoledora crítica a esa entelequia del ser canario, del canario canarión frente al canario chicharrero sin olvidar el aporte del godo, el penínsular en este curiosísimo y divertídisimo puchero que se cocina él solo en torno a este archipiélago tan alejado de la mano de los dioses.

El Turkan, del binomio Carballido/Hernández es una parodia del subgénero de la espada y brujería, historias que tiene su epígono en el Conan y otras criaturas que se fraguaron en la cabeza del escritor norteamericano Robert E. Howard. Tiene su gracia si es seguidor de este tipo de relatos aunque molesta, es un juicio particular, tanto bocadillo o globo, una tendencia que puedo disculpar en Las aventuras del capitán Pío Pío por su origen, la serie se publicó en un suplemento juvenil del periódico Canarias 7.

Solo espero, dicho esto, que Los archivos de la Fundación Cine + Cómic continúe adelante con esta iniciativa y que no tengamos que esperar demasiado tiempo para disfrutar de la obra de otros entusiastas y entusiasmados que escriben y dibujan a este lado del Atlántico y que hacen honor con su trabajo a que uno piense si será verdá que el cómic es el noveno arte.

Saludos, excelcior, desde este lado del ordenador

Diario de un terrorista, de Domi Delgado

Domingo, Diciembre 9th, 2018

En su más que elogiable labor de rescate de la obra literaria y sonora de A. Domiciano Delgado, Los 80 pasan factura ha puesto en circulación un pequeño volumen que no llega al medio centenar de páginas que reproduce una de las primeras narraciones del escritor y también músico canario, un texto que fue escrito a la edad de quince años, lo que disculpa muchas de las deficiencia y balbuceos de un cuaderno que, paradójicamente, resulta atractivo por su descarnada ingenuidad e improvisada escritura adolescente.

Bajo el llamativo título de Diario de un terrrorista, Domi, como era conocido popularmente (el artista y agitador cultural falleció en el País Vasco en 2007 a la edad de 45 años) cuenta la historia de un joven que termina formando parte de una banda que se dedica a hacer grandes atracos y en la que ninguno de sus miembros se fía del otro.

La acción se traslada a París, donde cometen varios delitos, entre otros volar con un coche bomba una comisaria de la policía francesa para huir más tarde y en un hidroavión a Tenerife, isla en la que planean otro acto delictivo en El Médano.

La hermana del músico y escritor, Ángeles Delgado, firma un prólogo en el que aclara muchas de las brumas que rodean la figura del artista tinerfeño, y advierte que estamos ante una obra primeriza que obliga, como se decía al principio, a perdonar muchas de las deficiencias que cuajan el texto. Con todo, se insiste en que este Diario de un terrorista deja entrever las posibilidades de un creador con todas sus letras, y por donde podrían haber ido algunas de sus inquietudes artísticas posteriores.

El relato debe de entenderse así como un texto en el que se avista algunas de las constantes que marcarían la trayectoria de un autor que poco a poco fue desenvolviéndose con seguridad en los pantanosos y ocasionalmente áridos caminos de la creación.

Señales que despliega a lo largo de una serie de páginas en las que sí brilla un divertido desparpajo, su admiración por Woody Allen y una improvisación que pone mucho nervio a un relato que en ningún momento decae.

Y no decae porque este cuento largo o novela demasiado corta es enervante acción, acción cuajada de violencia que se narra con una cadencia que casi raya más que en el humor, en la ironía a medida que se avanza en sus páginas.

Leer Diario de un terrorista se convierte así en un interesante texto para conocer mejor la labor que desarrollaría más tarde Domi en una ciudad, Santa Cruz de Tenerife, que cuenta con su pequeña y agitada historia en la década de los ochenta, unos años en los que pareció que se cocinaba algo a la sombra de garitos hoy desaparecidos y grupos de amigos unidos por gustos más o menos similares.

También fue una época en la que se fabricaron numerosas revistas artesanales, fanzines de páginas fotocopiadas donde se daba información sobre todo aquello que no aparecía en los medios de comunicación convencionales, y mundillo en el que destacó Domiciano Delgado con publicaciones alternativas.

A la espera de que un cronista escriba o redacte una historia de aquellos tiempos que ya cuenta con varios libros en los que se analiza con mejor y en otras ocasiones peor fortuna el rock de aquellos años, Los ochenta pasan factura han dedicado gran parte de su esfuerzo editorial ha recuperar su banda sonora con el cuidado y el mimo que se merece, sobre todo para los nostálgicos que por aquel entonces eran jóvenes de cuerpo y alma.

Más como personaje que contribuyó a agitar todo aquel universo que se concentraba prácticamente en la capital tinerfeña en torno a un pub, Diario de un terrorista presenta a un Domi Delgado adolescente que ya mordía las inquietudes culturales y con ciertas ganas de generar polémica. El título sobre todo es clave si nos atenemos al año en que fue escrito, 1977, apenas tres años después de la muerte del dictador Francisco Franco y en pleno proceso de transición a una democracia que no terminaba de consolidarse en España, y a la que se atacaba desde dentro y desde fuera. Años, la segunda mitad de aquella década, los setenta, donde ETA estaba más activa que nunca, y en la que no era raro comenzar el día con un nuevo atentado del grupo terrorista.

En ese ambiente de inestabilidad, una inestabilidad que buscaban los que estaban en contra del sistema, algo se estaba mascando paralelamente en una pequeña capital de provincias conocida como Santa Cruz de Tenerife, escenario en el que brilló con luz propia Domi Delgado hasta que se fue al País Vasco por motivos laborales y tierra en la que también puso su grano de arena de agitador cultural.

Quién iba a decirle entonces al músico y al escritor en ciernes que algún día terminaría yendo al norte de España no figuradamente, como el protagonista de este primerizo, ingenuo relato, sino para iniciar una nueva etapa de su vida que, desgraciadamente, quedó interrumpida por la muerte.

Saludos, gracias mil, desde este lado del ordenador

Érase una vez… ¡¡¡No siento las piernas!!!

Miércoles, Diciembre 5th, 2018

Paseaba a la perra cuando me encontré con Sly. Sly es Sylvester Stallone y salía de un bareto de la calle de La Marina cuando amanecía. La perra le soltó cuatro ladridos y el protagonista de Rocky me soltò en un inglés que apestaba a ron de garrafón que iba a darle una patada a la perra si no dejaba de ladrar.

- Así tratamos a los animales de donde vengo.- masculló el tipo, que resultó ser más bajo de lo que me imaginaba. Eso sì, el cuerpo parecía de acero de lo híper musculado que estaba.

- ¿Anabolizantes?.- le pregunté señalando uno de sus bíceps.

- Natural al cien por cien.- hipó Rambo, en un inglés macarrónico que ahora traduzco. A todo esto, la perra continuaba ladróndole.

- No le gusta Rambo.- le dije.- aunque sí algunas de las primeras películas que escribió y no dirigió, me refiero a FIST y Rocky, que sigue siendo una buena película de boxeo.

- ¿Cuálo?

- La primera de Rocky, aunque tengo cierta debilidad por la serie. Eso incluye las otras cuatro. ¿O son ya cinco o seis?

- No me acuerdo.- bostezó mientras se apoyaba en una pared.

- Y ahora Creed.- le dije para que viera que estaba puesto en el asunto.

Sylvester Stallone se inclinó y vomitó una masa color café con leche que apestaba a demonios, así que tuve que hacer pinza con los dedos para taparme la nariz. La perra aprovechó para lanzarse sobre aquella masa ácida y juro por los dioses que humeante. Seguidamente comenzó a lamerla antes de que tirase de la correa para que se dejara de guarradas.

- Tú dejarla, dejarla.- me dijo Sly haciendo poses de boxeador, pero resacoso como estaba daba bastante pena. Movía las piernas y los brazos y en una de éstas se tropezó consigo mismo cayendo sobre el charco de vómito que había dejado.

Kala, mi perra, aprovechó para mearle encima. Sly ni se enteró porque dormía.

- Sly, Sly…- le dije.

- Eh, cómo….- abriò los ojos y me miró un buen rato, intentando averiguar quién coño era.

- Brigitte, Brigitte.- jadeó con rabia. La perra comenzó a lamerle la cara.

- Anímese, carajo.

Stallone se puso en pie apoyándose en mi hombro. Medio se puso decente mirándose en el espejo retrovisor de un coche y me pidió que lo acompañara a su casa que no andaba lejos. Como no tenía nada mejor que hacer y a mi perra si hay algo que le gusta es eso de pasear, aunque la lleve de la correa, comenzamos a caminar los tres mientras la ciudad despertaba.

Sly se puso a cantar y yo le pregunté por Rambo, por qué un sùper soldado tan facha y ferozmente anticiomunista y el por qué de películas tan violentas y todas esas mierdecillas que se escriben para criticar al personaje y al tipo que lo llevó más allá de la novela de David Morrell, Primera sangre, que, como saben quienes la layeron, muere en el libro a manos de su oficial, ese mismo que en la tercera rescata en Afganistán de manos de un destacamento del ejército soviético.

- El único comunista bueno es el comunista muerto.- canturreó Stallone mientras daba eses por la calle de La Marina. Kala, la perra, ladró y se puso de pie, como si con ese gesto intentara que cerrara la boca.

Stallone se derrumbó entonces en el suelo y puso los ojos en blanco.

-Vamos a tomar otra. La arrancadilla, chacho.- dijo en perfecto canario.

No sabía como quitármelo de encima y estaba incómodo porque la gente que salía de las casas rumbo a sus trabajos o la escuela nos miraba con cierta curiosidad aunque no identificaban a la estrella de Hollywood, que volvió a vomitar. Esta vez sobre mis pies.

- Joder, exclamé, ahora sí que no siento las piernas.

Y de repente se hizo la luz.

Saludos, ¿esto qué es?, desde este lado del ordenador

Premonición, una novela de Mariano Gambín

Martes, Diciembre 4th, 2018

Premonición es la octava novela que Mariano Gambín dedica al ciclo que inició con Ira Dei, una serie que con el paso de los años y de las obras que la configuran, ha ido evolucionando con soltura, creciendo, casi como si se hiciera mayor.

Los ya populares personajes que intervienen en la mayoría de ellas han ido apareciendo y desapareciendo en sucesivas entregas y el paisaje, La Laguna y Santa Cruz de Tenerife, ha sido sustituido por otros territorios que no quitan sino que resaltan el interés de unos libros en los que se mezcla el thriller con elementos fantásticos, todo ello muy bien combinado por un escritor que no renuncia a su vocación de entretener al lector y de paso informarle de los sitios que visitan sus héroes.

En Premonición, Mariano Gambín invita al público a viajar con él a Río de Janeiro, París y Venecia de la mano de dos de los protagonistas de anteriores novelas del ciclo, como es ese hombre de mundo y bon vivant que es Luis Ariosto y su mano derecha, Olegario, un secundario de lujo del que conoceremos más cosas sobre su pasado leyendo las páginas de este volumen en el que los dos, junto a Antoinette, son perseguidor por agentes de los servicios secretos rusos y norteamericanos.

En la que probablemente sea la novelas más Bond de la serie, Mariano Gambín rinde otros homenajes a escritores de misterio que son de cabecera y describe con pulso narrativo las ciudades que los protagonistas recorren mientras los agentes de las dos potencias intentan hacerse con ellos.

Como en anteriores novelas del autor, el acento se pone en el halo de fantasía que recorre esta modélica historia de entretenimiento, y envuelve una acción que no desciende sino que va en continuo crescendo desde que se inicia la lectura.

Además de las ciudades que recorren los protagonistas y de que Mariano Gambín se preocupe en todo momento de que no decaiga su vertiginoso ritmo, resulta llamativo el acento gastronómico de este libro, nos referimos a los diversos platos que que disfrutan los protagonistas a lo largo de la novela y que parece que bebe de las fuentes de Ian Fleming, el hedonista creador de 007 y quien además de narrar las misiones de su agente por el mundo, ponía especial cuidado en describir la oferta gastronómica a la que se entregaba su vitaminado protagonista antes de acostarse con alguna de las chicas Bond.

Premonición
por estas razones podría definirse como la historia más internacional de la serie, aunque el escritor promete en nuevas entregas regresar al paisaje lagunero y si se tercia santacrucero mientras ahora transporta a sus seguidores por otras ciudades que abren el arco geográfico de unas novelas a la que todavía les queda mucho por explotar

Saludos, llega la noche, desde este lado del ordenador