Archive for the ‘Reflexiones’ Category

La rendición (y 3)

Miércoles, Julio 25th, 2018

Tal día como hoy, en la que por aquel entonces era plaza de la Pila y hoy de la Victoria con la estatua de Horacio Nelson oteando el horizontes desde lo alto de la columna, las fuerzas españolas se rindieron a las tropas de nuestra graciosa majestad.

Un total de trescientos casacas rojas rindieron honores a los derrotados, cuyo general, un tal Antonio Gutiérrez, tan seco de carácter como la tierra castellana de la que procedía, solicitó permiso para leer una carta a viva voz que fue traducida a la tropa por Henry Nigthtmore, y en la que decía:

“No puedo separarme de esta isla sin dar a V.E. las más sinceras gracias por su fina atención para conmigo, y por la humanidad que ha manifestado con los heridos nuestros que estuvieron en su poder, o bajo su cuidado, lo que no dejaré de hacer presente a mi Soberano, y espero con el tiempo poder asegurar a V.E. personalmente cuanto soy de V.E. obediente humilde servidor
Antonio Gutiérrez”.

Tras el intercambio de presentes (queso, un barril de cerveza y otro de vino) y tras embarcar a los derrotados españoles en los barcos que ponían rumbo a las otras islas de Canarias o a la pobre España, Horacio Nelson nombró capitán militar de la plaza y dejó descanso a la tropa, ya que la intención era al dìa siguiente la de tomar otras ciudades y pueblos de la isla para anunciarles que habían dejado de ser españoles.

Se envió, no obstante, a varios mensajeros con las buenas nuevas y esa noche se preparó una gran cena en la plaza de La Pila donde además de comer y beber, se bailó hasta altas horas de la madrugada con gran desconcierto de curas, que no dejaban de mover la cabeza de un lado a otro ante la caprichosa lealtad de sus antiguos feligreses. Ayer españoles, hoy británicos y lo que era aún peor según su opinión, ayer católicos y mañana seguramente luteranos.

Desde ese día se celebra como fiesta fundacional de Nelson City, antes plaza de Santa Cruz de Tenerife, lo que llamamos con pulcra sencillez birtánica la Victoria, en la que se desarrollan una serie de actos que incluye la recreación de aquellos hechos con entusiastas aficionados y se lee bajo la reproducción del Theseus anclado en el puerto de la hoy capital de la isla los cinco puntos que el por aquel entonces contraalmrante Horacio Nelson envió a los españoles como condiciones de rendición:

Primero: “Deberán entregárseme los fuertes poniendo al momento a las fuerzas británicas en posesión de las puertas.”

Segundo: “La guarnición depondrá las armas, permitiéndose sin embargo a los oficiales que conserven sus espadas y aquélla, sin condición de ser prisionera de guerra, será transportada a España o quedará en la isla, siempre que su conducta agrade al oficial comandante.”

Tercero: “Con tal de que se cumpla con que me entreguen los cargamentos ya citados, no se exigirá a los habitantes ni la más pequeña contribución; al contrario, gozarán bajo mi protección de toda seguridad en sus personas y propiedades.”

Cuarto: “No se ejercerá intervención alguna en la Santa Religión Católica; sus ministros y todas sus órdenes religiosas estarán bajo mi especial cuidado y protección.”

Quinto: “Las leyes y magistrados vigentes continuarán como hasta aquí, a no ser que la mayoría de los isleños desee otra cosa.”

“Aceptados todos estos artículos, los habitantes de Santa Cruz depositarán sus armas en una casa al cuidado del Obispo y del primer magistrado, siendo muy honorífico para mí el consultar con estos señores todas las ventajas que puedan proporcionar a los habitantes.”

“Espero media hora para la aceptación o la repulsa.”

Y como nos cuenta esta historia que no es Historia no huibo repulsa sino aceptación…

Saludos, todo es falso de solemnidad, desde este lado del ordenador

Descubren un relato inédito de Joseph Conrad en el que narra el ataque liderado por Nelson a Santa Cruz de Tenerife en verano de 1797 (2)

Martes, Julio 24th, 2018

La noticia ha sorprendido al mundo académico británico porque nadie podía sospechaba encontrar un relato corto de Joseph Conrad que había permanecido oculto durante años y años.

El inédito se descubrió en una carpeta que alguien escondió –se ignoran los motivos– en el interior de una vivienda en obras de rehabilitación en lo que hoy es el centro de Londres.

Los expertos en las caligrafía del escritor de origen polaco pero nacionalizado inglés coinciden en que se trata de un original del autor de El corazón de las tinieblas y si bien se trata de un texto primerizo, escrito probablemente cuando el escritor era adolescente, destaca porque la temática marinera monopoliza los contenidos de una narración en la que se atisba “al mejor Conrad”, dijo el profesor de Literatura de la Universidad de Oxford, Bernard Frasier.

El relato lleva por título Inglés y cuenta en unas pocas páginas el combate que Horacio Nelson emprendió contra el puerto de la isla de Tenerife entre el 23 al 25 de julio, días en los que perdió el brazo, aunque no la esperanza de conquistar la plaza.

El cuento describe un puerto, el de Santa Cruz de Tenerife, defendido heroicamente “por franceses, españoles y canarios”, así lo escribe Conrad, defensores que fueron cogidos por sorpresa ante el ataque británico que fue brillantemente ejecutado. La estrategia, relata el escritor, se diseñó días antes por Horacio Nelson y sus capitanes.

Con estos antecendentes, poco se podía hacer frente a la potencia de fuego y el entusiasmo de los infantes de marina de su graciosa majestad, aunque uno de los hombres, Jimmy Kurtz, deserta cuando pone pie en tierra lo que desencadena un ambicioso retrato psicológico que prefigura lo que más tarde elaboraría en novelas como Lord Jim y El pirata.

Inglés se centra en la historia de este personaje desubicado tanto moral como espiritualmente y describe aquellos acontecimientos que, desde entonces, no han dejado de producir abundante literatura y algunas que otra película y obra de teatro. El relato intenta, además, explicar las razones por las que Nelson decidió tomar esta plaza.

Bernard Frasier admite que quizá no sea el mejor cuento de Joseph Conrad, pero sí que cuenta con algunos elementos que más tarde serían determinantes en la producción del escritor, como una indagación psicológica con la que explicar, no justifica, las acciones del protagonista, así como pinceladas que centran su atención en el carácter del joven Nelson, entonces contraalmirante, y la de algunos de sus oficiales.

La escena de la refriega en la que pierde el brazo está “muy bien descrita”, dice el profesor quien se encuentra en estos momentos preparando una edición de las obras completas del que, probablemente y según su opinión, “es uno de los mejores escritores sobre el mar que hemos tenido en la Gran Bretaña”.

Saludos, una auténtica exclusiva falsa, desde este lado del ordenador

Nelson victorioso (1)

Lunes, Julio 23rd, 2018

Michael Caine estaba en Tenerife para rodar una nueva película sobre la vida de Horacio Nelson. En la cinta, el actor hacía de veterano cirujano británico, aunque nos reconocía mientras tomábamos unos whiskies con él que no se había roto demasiado la cabeza para interpretar este papel.

- ¿Sabía usted que Nelson casi pierde la batalla por tomar esta isla?.- le preguntó Paterson Benchomo.

El señor Caine negó con la cabeza, más preocupado creo por su whiskie que por la cuestión. Alguien llamó a la camarera para que pusiera otra ronda.Íbamos, si no me equivoco, por la tercera y ya comenzaba a ver doble a los que tenía a mi alrededor.

Además de Michael Caine y Paterson Benchomo estábamos Ventura Rayco Smith, Yaiza Perdomo, Gloria McAlister y quien escribe estas líneas. Nos habíamos reunido en los jardines del Hotel Queen Elizabeth II, que había sido construido en los años cuarenta justo delante del parque birmano. Había que cruzar un bonito paseo bordeado de palmeras para llegar de un sitio a otro claro que ya nada de esto queda, salvo en fotografías, por la radical transformación que sufrió Nelson City (antes Santa Cruz de Tenerife) en los años setenta.

Cuando la camarera dejó los whiskies y los gin tonic sobre la mesa Paterson Benchomo continuó con su explicación sin importarle que al resto de los presentes nos interesara su lección de Historia, aunque no abrimos la boca porque sabíamos que le entusiasmaba este tipo de cosas, cosas que ahora exhibía ante una estrella de cine que, nos reconocía antes de que nos sentáramos a tomar las bebidas, era la primera vez que visitaba la isla.

- Afortunadamente y en un golpe audaz, el león de la marina de su graciosa majestad se repuso de su error y maniobró con talento para sofocar el contraataque de los españoles. La batalla quedó setenciada cuando una de sus baterías le cercenó la pierna derecha al general de la plaza, de cuyo nombre no quiero acordarme, y exigió que le prestásemos a nuesttro cirujano porque no se fiaba de los que tenìa a su alrededor. Hombre de honor, Nelson le envío a su médico personal siempre y cuando se rindiese y partiera a España con sus leales al día siguiente. No creo quen haga falta decir lo que sucedió luego –dijo Paterson Benchomo metiéndose en la boca un puñado de manises–. La huida de aquel general y de otros militares, sacerdotes y algún civil, a bordo de un navío de bandera francesa.

El señor Caine asentía con esa sonrisa que ha hecho célebre en muchas de sus películas. Esa sonrisa con la que parece que se está burlando del mundo entero pero también de sí mismo. De un trago se tomó lo que quedaba de whiskie y dando un chasquido con los dedos le indicó a la camarera que le llenara el vaso, ahora vacío.

- Muy interesante.- murmuró sin demasiada convicción.- ¿Y qué pasó con el restro de las islas?- preguntó cuando le llenaron el vaso.

- Oh.- exclamó Paterson Benchomo.
- Oh.- le imitamos los demás.
- Es una historia muy triste y muy larga que voy a intentar resumirle…
- Mientras haya whiskie tengo todo el tiempo del mundo.- dijo el señor Caine.
Paterson Bencomo agitó el hielo que aún quedaba en su vaso…

- Después de la batalla de julio (del 22 al 25) y tras marcharse las autoridades españolas, la Corona se comprometió con España a no tomar el resto de las islas Canarias siempre y cuando no amenazaran un territorio que, desde ese glorioso día, pertenece a la Gran Bretaña, quien no ha dejado de velar por ella desde entonces.
- ¿Y las otras?.- preguntó Michael Caine pidiendo otro whskie por señas.
- Pues continuaron siendo españolas, sumidas en la ignorancia y la pobreza.
- Pobres.- suspiró el actor.
- Dígamelo a mi que tengo que envíarle a unos familiares un dinerito de vez en cuando.- le informó Ventura Rayco Smith.
El señor Caine, tras beberse la copa, se levantó tratabillando para desearnos las buenas noches. “Mañana tengo que trabajar”, dijo mientras cogía el ascensor y ponía fin, con su ausencia, a aquella reunión que claudicaba a altas horas de la madrugada.

Acompañé a Yaiza Perdomo y Gloria McAlister un buen trecho, y me despedí de ellas en la plaza que imita la de Trafalgar Square con la reproducción de la columna en la que desde su altura nos observa la estatua de Horacio Nelson. Me detuve, como cada año y por estas mismas fechas, para leer la leyenda inscrita en la placa de bronce que descansa en su base: “mañana mi cabeza será coronada de laureles o cipreses“, y me pregunté qué hubiera pasado si en vez de laureles cubre su cabeza la rama del ciprés y si la bala del cañón no hubiera destrozada la pierna del general español de cuyo nombnre ahora no quiero acordarme y sí cercena la metralla el brazo de nuestro liberador…

Me pregunté, entre los vapones del whiskie, cómo sería esta isla bajo la bandera de España y me la figuré como la que tenía delante, tan pobre y casquivana.

Me dio entonces un escalofrío aunque no soplaba del mar algo de brisa fresca.

Saludos, God save the Queen, desde este lado del ordenador.

Fragmentos de la autobiografía de un hombre de nuestro tiempo

Lunes, Junio 11th, 2018

El siguiente fragmento, porque de un fragmento se trata, se descubrió dentro de un sobre apaisado en un libro de ilustraciones de cine que se adquirió en una librería de libros usados situada en pleno corazón de la capital tinerfeña.

Se trata el hallazgo de hojas dispersas de las que al parecer se han encontrado “alguna más” en otros volúmenes que los responsables del establecimiento recibieron de mano de la hermana del autor de estas líneas. Líneas, si se atreven a leerlas, en las que se recuerda y reflexiona sobre lo habido y por haber y se comenta, con músculo sarcástico, novedades literarias, musicales, pictóricas y cinematográficas.

Desgraciadamente, desconocemos el nombre del autor de estas páginas dispersas ni su orden cronológico ya que no están fechadas. Con todo, entendemos que se trata de una curiosidad con la que de tanto en tanto nos tropezamos cuando rebuscamos en cajones que almacenan libros, paseamos por el rastro o investigamos en los estantes a la busca y captura de rarezas. Rarezas como estas hojas escritas a máquina o bien con letra personal muy menuda que hace un tiempo, o quizá fue ayer, escribió un tipo que, según sabemos, fallece dejando como legado el eco de su existencia con la forma de una biblioteca impresionante.

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“Muy bueno…. bueno. Una excelente persona”.

La anciana comenzó a reírse aunque, recatadamente, se tapó la boca con una de sus manos.

“Sí, muy bueno… bueno”, repitió como una cantinela la vieja mirando al otro lado.

Cada vez que abre el libro le rodea el olor de las páginas viejas. Tras narcotizarse con el aroma, lee sin darse cuenta sus páginas canelas, pero de un canelo enfermo, y el libro deja de tener edad para ser lo que solo es: un libro. Un libro antiguo, que consiguió mientras rebuscaba como un hambriento en los estantes de una librería de viejo.

La traducción es de otra época, y resulta hoy engolada aunque apetecible para recitar en alto mientras se pasea por los pasillos de la casa. Así gasta el tiempo que le queda de vida. Una vida que ya tiene su olor y probablemente ese color canelo, el mismo del libro que ahora lee y que probablemente sea resultado del carácter que ha ido tallando la experiencia. Una experiencia en la que ahora prevalece cierta pereza y un miedo extraño, casi como si le alentara a proteger con recelo la soledad en la que se ha instalado por las circunstancias.

Cierra el libro y lo deja en el estante. Pasa un ángel, y otro, hasta que el aroma casi parece que se deposita en sus hombros y recuerda aquel profesor de religión católica que les daba clase, era muy pequeño, y mosca porque nadie se sabe otra oración que el Padre Nuestro y el Ave María, castiga a los alumnos a permanecer una hora fuera del aula y en fila para que el resto, profesores y estudiantes, sepan que ninguno de ellos conoce el Credo, el Por mi culpa y otras del Catecismo.

La verdad es que los pibes se lo toman a guasa, y mejor una hora de pie y en vago silencio que escuchar al sacerdote y sus lecciones de moral cristiana.

Franco ha muerto hace apenas unos meses, y en España comienza a amanecer aunque en clase cuelgan todavía los carteles con el último discurso del dictador y el primero del Rey Don Juan Carlos.

Saludos, misterio, desde este lado del ordenador

Odio el frío

Martes, Enero 30th, 2018

Odio el frío, no lo soporto… Me fastidia la lluvia y las calles mojadas y los cafés repletos de personas que aprovechan para tomar chocolate con churros. Esto último en La Laguna, que probablemente sea una de las ciudades más frías del planeta.

Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, me tiembla el cuerpo.Y eso que estoy en Santa Cruz que es una capital de provincias de clima bastante generoso. Pienso en el cuento de Lovecraft, Aire frío, y me gustaría cerrar los ojos y estar en verano, donde además de más horas de luz hay calorcito, calorcito, calorcito.

Odio, odio, definitivamente el frío. Los dos Polos no son destino de mis vacaciones, turista accidental que prefiere el cobijo de países con altas a baja temperaturas.

Definitivamente, si el infierno existe es frío, frío, frío…

Saludos,anoche sí que luché contra mis demonios, desde este lado del ordenador.

Papo, papo

Martes, Enero 23rd, 2018

Al final el virus, o lo que sea que llevo dentro, se ha instalado con cierta comodidad en el organismo para marcar unos tiempos de actuación y dejarme otros para mi solo.

Sobre las seis de la tarde me sube la temperatura, no sé cuántos grados, pero me tumba literalmente y me deja como una marioneta sin hilos sobre la cama mientras pasa el tiempo, inexorable, que no admite pausas sino avance, avance…

Me da tiempo de ver mientras bebo un tazón de menta poleo regado con miel y varias gotas de limón, un remedio que es mano de santo me asegura una amiga que se sacó el título de Medicina en la prestigiosa universidad de la vida, La noche de San Lorenzo, de Paolo y Vittorio Taviani.

La película transcurre durante la guerra de liberación, y no he visto una metáfora que represente mejor el fascismo en el cine que en esta película de eminente carácter social.

El fascismo lo representa un padre camisa negra y su hijo de quince años, también camisa negra, balilla, como se les conocían, y que no deja de llamar a su padre, papo, papo, para que vea lo bien que hace las cosas: engañar, torturar, recoger la cosecha…

Junto a otros fascista recorren la región para “limpiarla” de guerrilleros mientras colaboran con las tropas alemanas.

No se revelará que pasa con estos dos personajes, padre e hijo unidos por la sangre y una misma idea que se inspira, dicen, en la patria pero la conclusión es muy amarga.

Los hermanos Taviani necesitan solo de estos dos personajes para contarnos en dos o tres escenas lo que Bertolucci necesitó en un centenar con miles de extras en Novecento, una película que ha dejado de ser lo que fue con el paso del tiempo.

Papo, papo resuena en mi cabeza una vez finaliza la película de los hermanos Taviani, cineastas que cuentan con una filmografía muy irregular pero entre las que destacan obras poderosísimas, inmunes al esclavista paso del tiempo.

Una vez la sensación de calor se atenúa, y que el tazón vacío me recuerda que debo de encontrarme mejor, continuó con la biografía de Bram Stoker, el autor de Drácula, un libro que me resulta fascinante no porque la vida del escritor lo fuera especialmente, sino por las vicisitudes que tuvo que sufrir como burgués –antaño te acusaban de pequeño burgués, nunca gran burgués– y que lo arrastraron a escribir primero informes y más tarde cuentos y novelas con el fin de aportar algo más al esquelético saldo de su cuenta corriente.

El resfriado que me acompaña desde las últimas semanas de 2017 y que continúa ahí, aferrado a mi persona como una lapa me ha hecho pensar mucho en mi vida, mis relaciones y el paso de los años. Y las conclusiones en contra de lo previsto no son malas.

Voy a la cocina en busca de un vaso de agua y me detengo en el pasillo cuando suena dentro de mi cabeza otra vez la cantinela del niño fascista: papo, papo…Y chasqueo los dedos porque así, de pronto, como quien no quiere la cosa, conozco el nombre del invitado que llevo dentro…

Papo, papo... maldita sea tu espampa.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador,.