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Reflexiones de un paseante con perra por La Granja

Jueves, Diciembre 20th, 2018

Por razones que sí vienen al caso últimamente suelo ir casi todos los días al parque La Granja, en Santa Cruz de Tenerife. Se trata de un parque relativamente reciente que cuenta con amplias zonas ajardinadas aunque carece del sabor clásico, a lo jardín botánico que sí posee el otro gran parque de una capital de provincias que puede presumir de contar con amplios espacios verdes en los que perderse o pasear al perro. En mi caso una preciosa perrita a la que la asamblea decidió llamar Kala, que es un nombre bastante corriente con que los humanos identificamos a nuestro, en mi caso, mejor amiga.

No había ido al parque La Granja en los últimos tiempos hasta hace unos pocos meses y he descubierto con visitas que son prácticamente diarias que por ahí desfila todo un ecosistema humano y perruno, eso sin contar con las palomas ni con las ratas que salen de noche. He visto a más de uno de estos bichos bajar por las palmeras como alma que lleva el diablo y tan grandes como putos gatos.

El parque no se parece al primer parque que conocí. Lo que ahora es una pista de patines antaño fue amplio circo con butacas labradas a su alrededor y en la que los amigos nos reuniamos para beber, fiumar y jugar a la ruleta rusa con un revólver de mixtos que me habìan dejando los Reyes. Los Reyes Magos no los Borbones. Este juego, que consistía en darle vuelta al tambor y esperar a ver a quien le tocaba el mixto, lo habíamos sacado de El cazador, la película de Michael Cimino que a todos los que nos veíamos ahí cuando caía la tarde nos había inmpresionado bastante.

Cosas de adolescentes, no tiene otra lectura.

En la actualidad esa explanada ha terminado por convertirse en un espacio donde los tipos y las tipas hacen virguerías con sus patines o biciletas. He visto además como más de uno se ha estampado en el suelo para levantarse depués con pinta de aquí no ha pasado nada por lo que creo que no son de este mundo ya que su piel es de goma.

El parque La Granja consta de dos grandes zonas acotadas a la que llevar a los perros. Uno es para los grandes, donde suele haber de tanto en tanto broncas caninas y humanas y otro para los pequeños, más civilizados en cuanto a humanos y animales se refiere. El problema de estas zonas que rodea una valla que todavía no está electrificada es que muchos de los perros, entre ellos Kala, no hacen nada. Se sientan junto ai dueño y observan indiferente su alrededor. Por ésta y otras razones, suelto cuando no hay moros en la costa a la perra en el césped que no está vallado mirando a un lado y a otro por si aparece la policía local, que pone multas como si uno fuera narcotraficante.

La fauna humana que se junta en estos espacios de libertad es bastante variopinta y las conversaciones como las mascotas que allí se reúnen es para todos los gustos aunque la conversa suele girar en torno a cuestioners perrunas. Hablar de perros es interesante un rato pero el tema se agota demasiado pronto mientras tu animales se revuelven en el césped, mean y hacen caca o se dedican a hacer hoyos en la tierra. En cuanto a hoyos, mi Kala es toda una experta.

Este ecosistema es bastanta cosmopolita porque además de los canarios con perros se cuenta también con gente de otras nacionalidades como una polaca que parece sacada de un tebeo (o colorín) con su perrito, una bolita de pelo bllanco a la que llama Rambo (es notable el sentido del humor de esta paisana de Juan Pablo II); un rumano que habla italiano y que llama a su animal Gigi y numerosos peninsulares que se quejan, últimamente, que ya no va tanta gente como antes a esa parte del parque. Esa zona sin vallas donde tanto ellos (los perros) como nosotros (los humanos) pasamos el rato entre recogida de heces, un cuidado que viene la poli y mirar al cielo porque ahora pasa el avión de las ocho de la tarde…

Es aventurado decir que esta fauna aún sin catalogar del parque La Granja es como una especie de microcosmos santacrucero pero si a eso sumanos a los humanos que utilizan sus veredas para entrenar o simplemente pasear, entenderían que no vamos muy descaminados.

El parque además es otro por la mañana, sobre todo si luce el sol, y genera (me he dado cuenta) sus propias leyendas. La más comùn es la de asegurar que han envenado a un par de perros en otro parque porque comieron restos que un desaprensivo o desaprensiva dejó bajo un laurel de indias o que hace dos sábado le dieron una paliza a un mariquita que paseaba a las tres de la mañana por la zona menos iluminada de La Granja. Hay otras, y prometo recogerlas porque tiene su no sé qué, historia viva de una ciudad varada en el tiempo porque siempre que llevo a Kala tengo la sensación de que todos los dìas son iguales. Que estoy metido en un bucle en el que me he acomodado con desarmante entusiasmo.

El otro dìa me tropecé con un vecino que me dijo que era de Las Palmas de Gran Canaria aunque llevaba tiempo viviendo en Tenerife, primero en La Orotava y luego en La Laguna y ahora en Santa Cruz de Tenerife. Su perro es una cosita estrafalaria, de raza difícil de identificar. Se llama Luna y hace buenas migas con Kala. Mientras observábamos como se perseguían por el céspèd le pregunté por qué en la capital grancanaria llaman parque lo que los chicharreros llamamos plaza y no me supo responder lo que me hace suponer que seguiré con esta duda existencial hasta el fin de los días.

Mientras tanto recorro los senderos del parque que fueron trazados como un laberinto, una bonita metáfora sobre la vida y sobre la muerte y que tal y como están las cosas me enseña que nada es más inútil que la pretensión de volver atrás.

Saludos, brindis al sol, desde este lado del ordenador

Pa ellos solos, como siempre

Miércoles, Diciembre 19th, 2018

Me acerqué a la hoguera y vi cómo estaban quemando los libros. A mi alrededor un grupo de personas se calentaba con el fuego que alimentaban entre otros las obras completas de Francisco de Quevedo y pregunté al vecino que estaba al lado de quién había sido la idea. No supo decirme, eso interpreto porque se encogiò de hombros. En fin, no sabía si estaba en un sueño o de si franqueaba la realidad pero me di cuenta no sé si demasiado tarde que aquellos libros procedían de mi desordenada y caótica biblioteca pero todo era por el bien comùn, me dije para disculparlos y disculparme (es que hacía demasiado frío). Me pregunté la razón de que no hubieran comenzado por los autores canarios.

- Es que la mayoría arden con pasmosa facilidad- me dijo un tipo con gafas de culo de botella y acento de aquí. Al escuchar su voz se me puso la piel de gallina y le pregunté cómo me hablaba si yo no le había dicho nada. Me limité a pensar y aquel oligofrénico con pinta de intelectual de los que van a TEA hizo como una sonrisa que me puso la piel de gallina.

- Chacho-dijo de pronto una voz femenina- deja en paz al caballero.

Entre la masa de gente que había en torno a la hoguera se abrió paso una señora entrada en años como un servidor. Llevaba de una correa a dos perros, una podenca de aspecto noble y un mil leches con pinta de lobo negro más bueno que el pan. Se quedó entre el tipo de las gafas y el otro tipo con gafas, que soy yo, los tres hipnotizados con el dubujo caprichoso de la llamas mientras caía el atardecer y se avecinaba la noche.

- Hace frío.- dijo la tipa de los perros.

Una mano cogiò del montón de libros canarios sendos volúmenes de XXXX, XXX y XX.

- Yo que usté no lo haría.- dije a las sombras que parecian bailar bajo la luz del fuego.

- Es que hace frío.- dijo la plebe. Y por primera vez en esta isla cavernosa comenzó a nevar en la costa. Alguien pegó ujn grito y otra voz dijo que tranquilizaran a la ñora porque era nieve. Una nieve canela, para nada blanca como el suéter que llevaba encima.

- Tira los putos libros, mano.- ladraron a un lado y al otro del corro, cada vez más nutrido de vecinos. La mano invisible obedeció y arrojó a las llamas aquellos libros, añadiendo otro de X, a la hoguera. Hubo un coneto de pelea. Al acercarme me enteré que era porque la individua de la mano anónima no quería desprenderse de un ejemplar de Como un perro rabioso de Alberto Vázquez Figueroa. No sé como terminó la cosa porque en ese momento, cuando los libros de XXXX, XXX, XX y X tocaron las llamas se produjo una explosión que barrió todo a varios metros a la redonda.

Afortunadamente no hubo víctimas mortales pero sí heridos y una noticia que cayò como un mazazo entre todos los que estábamos allí.

- ¡La hoguera se apagó!.- dijo la tipa de los perros.

- Los muy cabrones –razonó el de las gafas con pinta de oligofrénico (¿sería mi reflejo?)– querían el fuego pa ellos solos. Pa ellos solos, como siempre.

Alcé la mirada a la noche para contemplar la media luna y unos copos de nieve me cegaron la visiíon.

- Como siempre, pa ellos solo, pa ellos solo.- decía mi reflejo o el tipo de las gafas con pìnta de oligofrénico.

Érase una vez… ¡¡¡No siento las piernas!!!

Miércoles, Diciembre 5th, 2018

Paseaba a la perra cuando me encontré con Sly. Sly es Sylvester Stallone y salía de un bareto de la calle de La Marina cuando amanecía. La perra le soltó cuatro ladridos y el protagonista de Rocky me soltò en un inglés que apestaba a ron de garrafón que iba a darle una patada a la perra si no dejaba de ladrar.

- Así tratamos a los animales de donde vengo.- masculló el tipo, que resultó ser más bajo de lo que me imaginaba. Eso sì, el cuerpo parecía de acero de lo híper musculado que estaba.

- ¿Anabolizantes?.- le pregunté señalando uno de sus bíceps.

- Natural al cien por cien.- hipó Rambo, en un inglés macarrónico que ahora traduzco. A todo esto, la perra continuaba ladróndole.

- No le gusta Rambo.- le dije.- aunque sí algunas de las primeras películas que escribió y no dirigió, me refiero a FIST y Rocky, que sigue siendo una buena película de boxeo.

- ¿Cuálo?

- La primera de Rocky, aunque tengo cierta debilidad por la serie. Eso incluye las otras cuatro. ¿O son ya cinco o seis?

- No me acuerdo.- bostezó mientras se apoyaba en una pared.

- Y ahora Creed.- le dije para que viera que estaba puesto en el asunto.

Sylvester Stallone se inclinó y vomitó una masa color café con leche que apestaba a demonios, así que tuve que hacer pinza con los dedos para taparme la nariz. La perra aprovechó para lanzarse sobre aquella masa ácida y juro por los dioses que humeante. Seguidamente comenzó a lamerla antes de que tirase de la correa para que se dejara de guarradas.

- Tú dejarla, dejarla.- me dijo Sly haciendo poses de boxeador, pero resacoso como estaba daba bastante pena. Movía las piernas y los brazos y en una de éstas se tropezó consigo mismo cayendo sobre el charco de vómito que había dejado.

Kala, mi perra, aprovechó para mearle encima. Sly ni se enteró porque dormía.

- Sly, Sly…- le dije.

- Eh, cómo….- abriò los ojos y me miró un buen rato, intentando averiguar quién coño era.

- Brigitte, Brigitte.- jadeó con rabia. La perra comenzó a lamerle la cara.

- Anímese, carajo.

Stallone se puso en pie apoyándose en mi hombro. Medio se puso decente mirándose en el espejo retrovisor de un coche y me pidió que lo acompañara a su casa que no andaba lejos. Como no tenía nada mejor que hacer y a mi perra si hay algo que le gusta es eso de pasear, aunque la lleve de la correa, comenzamos a caminar los tres mientras la ciudad despertaba.

Sly se puso a cantar y yo le pregunté por Rambo, por qué un sùper soldado tan facha y ferozmente anticiomunista y el por qué de películas tan violentas y todas esas mierdecillas que se escriben para criticar al personaje y al tipo que lo llevó más allá de la novela de David Morrell, Primera sangre, que, como saben quienes la layeron, muere en el libro a manos de su oficial, ese mismo que en la tercera rescata en Afganistán de manos de un destacamento del ejército soviético.

- El único comunista bueno es el comunista muerto.- canturreó Stallone mientras daba eses por la calle de La Marina. Kala, la perra, ladró y se puso de pie, como si con ese gesto intentara que cerrara la boca.

Stallone se derrumbó entonces en el suelo y puso los ojos en blanco.

-Vamos a tomar otra. La arrancadilla, chacho.- dijo en perfecto canario.

No sabía como quitármelo de encima y estaba incómodo porque la gente que salía de las casas rumbo a sus trabajos o la escuela nos miraba con cierta curiosidad aunque no identificaban a la estrella de Hollywood, que volvió a vomitar. Esta vez sobre mis pies.

- Joder, exclamé, ahora sí que no siento las piernas.

Y de repente se hizo la luz.

Saludos, ¿esto qué es?, desde este lado del ordenador

Reflexiones de un indígena de a pie

Miércoles, Noviembre 28th, 2018

Si no encuentro un libro, o libros que me enganchen como que los daís se me hacen un poco más cuesta arriba. Leo el primer tomo de Fortunata y Jacinta, pero se me hace laaargo y algo tedioso (anatema, me crucifican los galdosianos) porque el escritor no deja de meterse en berenjenales que no tienen nada que ver con la historia principal. Vale, admito que se trata de un retrato de aquel Madrid de la primera república, una cosa pública que nació viciada y enferma, y que perdió rápidamente el sabor entre las gentes, ese pueblo del que tanto le gustaba escribir a Galdós, y proyecto político el de vivir sin rey frustrado con gusto a sopa fría…

Encuentro en una librería de viejo una biografía de José Antonio Primo de Rivera escrita por Felipe Ximénez de Sandoval y publicada en 1939, es decir, con la Guerras Civil recién terminada lo que le da más mérito a este retrato encendido y pasional del fundador de Falange Española escrito con ese ese tono engolado que tanto gustaba a los intelectuales de camisa azul.

Leyendo el libro me entero que José Antonio, a partir de ahora el Ausente, no tuvo un expediente académico brillante y que entre sus poetas de cabecera se encontraban Federico García Lorca y Rafael Alberti. A Federico lo matarían los fachas en 1936, ese mismo año matarían los rojo al Ausente. Rafael Alberti escapó de aquella borrachera de sangre, aunque dicen las malas lenguas que…

Simultaneo esta lectura con un relato narrado a través de sus protagonistas sobre la batalla de Monte Cassino, montaña con monasterio en la cima que se convirtió en una de las grandes trituradoras de sangre de la II Guerra Mundial y descubro Dictadores, de ese biógrafo que no tiene para mi la estatura de Stefan Zweig pero casi, llamado Emil Ludwig. Ya conocía al señor Ludwig a raíz de sus Conversaciones con Mussolini y sus libros dedicados a Napoleón Bonaparte y Abraham Lincoln, pero me sorprende en estos agudas y certerísimos retrato sobre Stalin, Mussolini y Hitler, se añade Prusia también y que se publicaron por primera vez en 1939, los vaticinios que anuncia el escritor. Vaticinios que desgraciadamente se hicieron realidad.

Leo con intermitencias uno de los mejores libros de viaje de todos los tiempos, Viajes con Charley, de John Steinbeck, o su recorrido con su perror por los Estados Unidos de Norteamérica en una caravana. Me gusta el libro, me gusta el profundo humanismo de Steinbeck, me hace querer también un país al que tanto le debo culturalmente además de los panfalones vaqueros.

El resto continúa como siempre aunque no deja de asombrarme que haya dejado de lado mi afición por la ficción y me dedique ahora a leer interpretaciones de la realidad que es, ya saben, lo que cada uno de nosotros piensa que es verdadero.

Saludos, me despido, desde este lado del ordenador

Recuerdo que entonces…

Miércoles, Octubre 10th, 2018

Todos los años sale a la luz un libro que suelen leer los que no leen y que evitan los que todavía pueden presumir de quemarse los ojos ante las páginas abiertas de un libro. Es un fenómeno editorial, al que me acerco bastante años después de su resonante éxito de ventas y, probablementem película, por franco intetrés. Conocer cuáles han podido ser los resortes que animaron a sus editores ha apostar por ésta y no por aquélla otra novela.

Los casos ya se cuentan por centenares. Recuerdo que entonces sonaba El código Da Vinci, y mucho más tardes las nosécuántas sombras de Grey, sadomaso para pijos me comenta una amiga que, en su día, fue seguidora del culto a Historia de O. Relacionadas con la II Guerra Mundial, se publicaron El niño el pijama de rayas, que resulta tremendamente original para que el lector empatice con elholocausto, o la matanza de judíos y otras razas y tenendeicas en los campos de exterminio de esa naciòn tan civilizada como es Alemania; La cocinera de Himler, donde lo más destacale es cómo su autor no deja de denunciar el colaboracionismo de Jean paul Sartre (qué náusea) con los nazis en la Francia ocupada y alguna más que ahora mismo se me escapa…

De momento es pronto para averiguar que novela será la que devorarán miles de lectores el año próximo aunque 2018 se ha contentado con algún título que todavía resuena en las catacumbas de los que no presumen de contar con una librería en casa. Porque sí, hay gente que presume de no contar con una librería en casa, de no leer porque no tiene tiempo, ni siquiera el periódicol. A mi me llena de pena porque es como si alguien me dijera que no vive porque espera a la muerte… Pero así son las cosas, y así todo ese mundo que nos rodea y que vive al margen del real, que no es que sea muy especial pero al menos es eso que te mantiene, que construye tus hábitos, ya sabes, ¿np? y si no loo sabes noe s tiempo ni lugar para explicarlo…

Saludos, es lo que hay, desde este lado del ordenador

La rendición (y 3)

Miércoles, Julio 25th, 2018

Tal día como hoy, en la que por aquel entonces era plaza de la Pila y hoy de la Victoria con la estatua de Horacio Nelson oteando el horizontes desde lo alto de la columna, las fuerzas españolas se rindieron a las tropas de nuestra graciosa majestad.

Un total de trescientos casacas rojas rindieron honores a los derrotados, cuyo general, un tal Antonio Gutiérrez, tan seco de carácter como la tierra castellana de la que procedía, solicitó permiso para leer una carta a viva voz que fue traducida a la tropa por Henry Nigthtmore, y en la que decía:

“No puedo separarme de esta isla sin dar a V.E. las más sinceras gracias por su fina atención para conmigo, y por la humanidad que ha manifestado con los heridos nuestros que estuvieron en su poder, o bajo su cuidado, lo que no dejaré de hacer presente a mi Soberano, y espero con el tiempo poder asegurar a V.E. personalmente cuanto soy de V.E. obediente humilde servidor
Antonio Gutiérrez”.

Tras el intercambio de presentes (queso, un barril de cerveza y otro de vino) y tras embarcar a los derrotados españoles en los barcos que ponían rumbo a las otras islas de Canarias o a la pobre España, Horacio Nelson nombró capitán militar de la plaza y dejó descanso a la tropa, ya que la intención era al dìa siguiente la de tomar otras ciudades y pueblos de la isla para anunciarles que habían dejado de ser españoles.

Se envió, no obstante, a varios mensajeros con las buenas nuevas y esa noche se preparó una gran cena en la plaza de La Pila donde además de comer y beber, se bailó hasta altas horas de la madrugada con gran desconcierto de curas, que no dejaban de mover la cabeza de un lado a otro ante la caprichosa lealtad de sus antiguos feligreses. Ayer españoles, hoy británicos y lo que era aún peor según su opinión, ayer católicos y mañana seguramente luteranos.

Desde ese día se celebra como fiesta fundacional de Nelson City, antes plaza de Santa Cruz de Tenerife, lo que llamamos con pulcra sencillez birtánica la Victoria, en la que se desarrollan una serie de actos que incluye la recreación de aquellos hechos con entusiastas aficionados y se lee bajo la reproducción del Theseus anclado en el puerto de la hoy capital de la isla los cinco puntos que el por aquel entonces contraalmrante Horacio Nelson envió a los españoles como condiciones de rendición:

Primero: “Deberán entregárseme los fuertes poniendo al momento a las fuerzas británicas en posesión de las puertas.”

Segundo: “La guarnición depondrá las armas, permitiéndose sin embargo a los oficiales que conserven sus espadas y aquélla, sin condición de ser prisionera de guerra, será transportada a España o quedará en la isla, siempre que su conducta agrade al oficial comandante.”

Tercero: “Con tal de que se cumpla con que me entreguen los cargamentos ya citados, no se exigirá a los habitantes ni la más pequeña contribución; al contrario, gozarán bajo mi protección de toda seguridad en sus personas y propiedades.”

Cuarto: “No se ejercerá intervención alguna en la Santa Religión Católica; sus ministros y todas sus órdenes religiosas estarán bajo mi especial cuidado y protección.”

Quinto: “Las leyes y magistrados vigentes continuarán como hasta aquí, a no ser que la mayoría de los isleños desee otra cosa.”

“Aceptados todos estos artículos, los habitantes de Santa Cruz depositarán sus armas en una casa al cuidado del Obispo y del primer magistrado, siendo muy honorífico para mí el consultar con estos señores todas las ventajas que puedan proporcionar a los habitantes.”

“Espero media hora para la aceptación o la repulsa.”

Y como nos cuenta esta historia que no es Historia no huibo repulsa sino aceptación…

Saludos, todo es falso de solemnidad, desde este lado del ordenador