Archive for the ‘Reflexiones’ Category

Fragmentos de la autobiografía de un hombre de nuestro tiempo

Lunes, Junio 11th, 2018

El siguiente fragmento, porque de un fragmento se trata, se descubrió dentro de un sobre apaisado en un libro de ilustraciones de cine que se adquirió en una librería de libros usados situada en pleno corazón de la capital tinerfeña.

Se trata el hallazgo de hojas dispersas de las que al parecer se han encontrado “alguna más” en otros volúmenes que los responsables del establecimiento recibieron de mano de la hermana del autor de estas líneas. Líneas, si se atreven a leerlas, en las que se recuerda y reflexiona sobre lo habido y por haber y se comenta, con músculo sarcástico, novedades literarias, musicales, pictóricas y cinematográficas.

Desgraciadamente, desconocemos el nombre del autor de estas páginas dispersas ni su orden cronológico ya que no están fechadas. Con todo, entendemos que se trata de una curiosidad con la que de tanto en tanto nos tropezamos cuando rebuscamos en cajones que almacenan libros, paseamos por el rastro o investigamos en los estantes a la busca y captura de rarezas. Rarezas como estas hojas escritas a máquina o bien con letra personal muy menuda que hace un tiempo, o quizá fue ayer, escribió un tipo que, según sabemos, fallece dejando como legado el eco de su existencia con la forma de una biblioteca impresionante.

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“Muy bueno…. bueno. Una excelente persona”.

La anciana comenzó a reírse aunque, recatadamente, se tapó la boca con una de sus manos.

“Sí, muy bueno… bueno”, repitió como una cantinela la vieja mirando al otro lado.

Cada vez que abre el libro le rodea el olor de las páginas viejas. Tras narcotizarse con el aroma, lee sin darse cuenta sus páginas canelas, pero de un canelo enfermo, y el libro deja de tener edad para ser lo que solo es: un libro. Un libro antiguo, que consiguió mientras rebuscaba como un hambriento en los estantes de una librería de viejo.

La traducción es de otra época, y resulta hoy engolada aunque apetecible para recitar en alto mientras se pasea por los pasillos de la casa. Así gasta el tiempo que le queda de vida. Una vida que ya tiene su olor y probablemente ese color canelo, el mismo del libro que ahora lee y que probablemente sea resultado del carácter que ha ido tallando la experiencia. Una experiencia en la que ahora prevalece cierta pereza y un miedo extraño, casi como si le alentara a proteger con recelo la soledad en la que se ha instalado por las circunstancias.

Cierra el libro y lo deja en el estante. Pasa un ángel, y otro, hasta que el aroma casi parece que se deposita en sus hombros y recuerda aquel profesor de religión católica que les daba clase, era muy pequeño, y mosca porque nadie se sabe otra oración que el Padre Nuestro y el Ave María, castiga a los alumnos a permanecer una hora fuera del aula y en fila para que el resto, profesores y estudiantes, sepan que ninguno de ellos conoce el Credo, el Por mi culpa y otras del Catecismo.

La verdad es que los pibes se lo toman a guasa, y mejor una hora de pie y en vago silencio que escuchar al sacerdote y sus lecciones de moral cristiana.

Franco ha muerto hace apenas unos meses, y en España comienza a amanecer aunque en clase cuelgan todavía los carteles con el último discurso del dictador y el primero del Rey Don Juan Carlos.

Saludos, misterio, desde este lado del ordenador

Odio el frío

Martes, Enero 30th, 2018

Odio el frío, no lo soporto… Me fastidia la lluvia y las calles mojadas y los cafés repletos de personas que aprovechan para tomar chocolate con churros. Esto último en La Laguna, que probablemente sea una de las ciudades más frías del planeta.

Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, me tiembla el cuerpo.Y eso que estoy en Santa Cruz que es una capital de provincias de clima bastante generoso. Pienso en el cuento de Lovecraft, Aire frío, y me gustaría cerrar los ojos y estar en verano, donde además de más horas de luz hay calorcito, calorcito, calorcito.

Odio, odio, definitivamente el frío. Los dos Polos no son destino de mis vacaciones, turista accidental que prefiere el cobijo de países con altas a baja temperaturas.

Definitivamente, si el infierno existe es frío, frío, frío…

Saludos,anoche sí que luché contra mis demonios, desde este lado del ordenador.

Papo, papo

Martes, Enero 23rd, 2018

Al final el virus, o lo que sea que llevo dentro, se ha instalado con cierta comodidad en el organismo para marcar unos tiempos de actuación y dejarme otros para mi solo.

Sobre las seis de la tarde me sube la temperatura, no sé cuántos grados, pero me tumba literalmente y me deja como una marioneta sin hilos sobre la cama mientras pasa el tiempo, inexorable, que no admite pausas sino avance, avance…

Me da tiempo de ver mientras bebo un tazón de menta poleo regado con miel y varias gotas de limón, un remedio que es mano de santo me asegura una amiga que se sacó el título de Medicina en la prestigiosa universidad de la vida, La noche de San Lorenzo, de Paolo y Vittorio Taviani.

La película transcurre durante la guerra de liberación, y no he visto una metáfora que represente mejor el fascismo en el cine que en esta película de eminente carácter social.

El fascismo lo representa un padre camisa negra y su hijo de quince años, también camisa negra, balilla, como se les conocían, y que no deja de llamar a su padre, papo, papo, para que vea lo bien que hace las cosas: engañar, torturar, recoger la cosecha…

Junto a otros fascista recorren la región para “limpiarla” de guerrilleros mientras colaboran con las tropas alemanas.

No se revelará que pasa con estos dos personajes, padre e hijo unidos por la sangre y una misma idea que se inspira, dicen, en la patria pero la conclusión es muy amarga.

Los hermanos Taviani necesitan solo de estos dos personajes para contarnos en dos o tres escenas lo que Bertolucci necesitó en un centenar con miles de extras en Novecento, una película que ha dejado de ser lo que fue con el paso del tiempo.

Papo, papo resuena en mi cabeza una vez finaliza la película de los hermanos Taviani, cineastas que cuentan con una filmografía muy irregular pero entre las que destacan obras poderosísimas, inmunes al esclavista paso del tiempo.

Una vez la sensación de calor se atenúa, y que el tazón vacío me recuerda que debo de encontrarme mejor, continuó con la biografía de Bram Stoker, el autor de Drácula, un libro que me resulta fascinante no porque la vida del escritor lo fuera especialmente, sino por las vicisitudes que tuvo que sufrir como burgués –antaño te acusaban de pequeño burgués, nunca gran burgués– y que lo arrastraron a escribir primero informes y más tarde cuentos y novelas con el fin de aportar algo más al esquelético saldo de su cuenta corriente.

El resfriado que me acompaña desde las últimas semanas de 2017 y que continúa ahí, aferrado a mi persona como una lapa me ha hecho pensar mucho en mi vida, mis relaciones y el paso de los años. Y las conclusiones en contra de lo previsto no son malas.

Voy a la cocina en busca de un vaso de agua y me detengo en el pasillo cuando suena dentro de mi cabeza otra vez la cantinela del niño fascista: papo, papo…Y chasqueo los dedos porque así, de pronto, como quien no quiere la cosa, conozco el nombre del invitado que llevo dentro…

Papo, papo... maldita sea tu espampa.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador,.

Fantasías canarias de ayer y hoy

Miércoles, Abril 5th, 2017

El paseante cruza las piernas y observa cómo la gente pasea la rambla. Unos con prisa y otros pachorrones. Una tranquila mañana cualquiera en la capital de provincias que estropea una turba en la que algunos de sus miembros enarbolan entre las manos trozos de tela.

Son los lienzos del Parlamento de Canarias, dice un joven que le invita a unirse a la fiesta.

Un tipo con pintas de bregado reúne los trozos de tela y hace un círculo con ellas en el suelo. Con gestos le pide a un amigo que le dé una pequeña lata de gasolina, esas que se usan para encender los Zippo, y riega su contenido sobre los restos de los lienzos que, se entera ahora, deshonran la memoria de las Canarias.

“Uno representa, bueno mejor representaba a una princesa guanche que recibe el conquistador español, y el segundo la fundación de Santa Cruz de Tenerife no sé si por ese mismo conquistador”.- me informa un tipo enterado de que va la cosa. Le doy las gracias al caballero mientras observo como el que tiene pintas de bregado enciende un fósforo, un fósforo, que deja caer sobre las telas rotas.

Se produce una ligera explosión y luego arden. La gente exclama ohhhh, y se disuelve en una mañana que ha dejado de resultar luminosa y que ahora apesta a gasolina.

Y se pregunta  ”pero ¿quén carajo es el autor de las telas?”

“Un tal Manuel González Méndez, ahora dicen que el más grande de los pintores canarios del XIX”, le responde una señora que pasea al perro, quien añade susurrando: “Tenía bigote, era de otra época.”

Saludos, amén, desde este lado del ordenador.

Calima

Viernes, Marzo 10th, 2017

Dicen que lo vieron paseando sin rumbo por ahí, “como un membrillo” comentó alguien en la cafetería mientras se apreuraba a dar un buche a su agua con bolitas. Sobre la barra descansaba un periódico bastante maltratado ya a esa hora de la mañana y se puso a mirarlo, más que leerlo, mientras esperaba su té rojo con una paciencia digna del santo Job.

Alguien dijo adiós cuando salía por la puerta del bar, y se dio la vuelta creyendo que la despedida iba dirigida a él pero no, se equivocaba como casi siempre, porque quién atravesaba el umbral era un perfecto desconocido. Uno de los camareros si que correspondió al saljudo agitando la mano.

Tuvo calor de repente y la tos continuaba, ahora más fuerte por culpa de la dichosa calima que se cernía sobre la ciudad. La calima, pensó al tiempo que pasaba las páginas del periódico maltratado, esa espesa niebla de polvo que de tanto en tanto se adueña del cielo y complica la respiración.

Polvo eres y en polvo te convertirás, pensó en un día rutinario, solo roto por esa parada en un bar a tomarse un té. Un té con limón, por favor, le dijo al camarero cuando le dejó la taza a su lado. El camarero cortó un limón y le puso en el platito la rodaja.

Tras tomarse el brebaje y pagar, salió a esa calle tomada por el polvo en suspensión y descubrió que quienes lo perseguían habían desaparecido, casi como si se hubieran volatilizado en el aire. Una nube más en esa siniestra visión de una calle en la que domina un color sobre los otros: el canelo sahariano

Al llegar a su casa lo primero que hizo fue ordenar muchos de los libros de su biblioteca y preguntarse qué es la vida, si un frenesí o una ilusión, pero esas cosas le pasan cuando coloca y desplaza libros. Vaya, exclama en silencio, ese lo tengo repetido y ese también…

(*) La imagen que ilustra estas líneas es Calibán segúnFranz Marc

Saludos, calima, desde este lado del ordenador.

Mientras espero ver lo que más quiero

Jueves, Septiembre 29th, 2016

Uno tarareaba la melodía del tema principal de una banda sonora y la cosa estaba en descubrir quién era el primero que la adivinaba. La sintonía de La Guerra de las Galaxias y Supermán, las originales claro está, eran las más fáciles porque casi todos las habíamos visto. 

La cosa se complicaba cuando se tarareaba la de largometrajes como Lo que el viento se llevó o Ben Hur, no tanto con los 7 Magníficos y sí con La gran evasión, que esa era la que solía interpretar con resultados mediocres porque nunca he tenido buen oído aunque le debo a muchas películas quedarme con una canción o con un grupo que, probablemente, nunca hubiera conocido si no es porque al verla un acento sonoro conmovió ese corazón partío que los dioses me dieron…

Paso por la mañana ante el teatro Guimerá y veo un montón de chiquillos.

Imagino que debe ser una de las actividades que organiza Fimucité, que ya inició una andadura que continuó esta tarde porque, al volver a pasar ante el teatro Guimerá, vi a gente, adultos muchos, esperando ante la puerta.

Hoy ha sido uno de esos días en los que cualquier cosa se transforma en sorpresa.

Leo los periódicos mientras espero ver a lo que más quiero y muy de mañana hasta me tomo con cierta filosofía que me hagan el clásico vuelva usted mañana mientras cuelgo el teléfono sin hablar con la persona que reclamaba.

Debe ser cosa que el día amaneció con un cielo blanco y cambió a medida que danzaba el sol hacia un cielo azul, no ese azul limpio que rompe los ojos, pero sí bastante celeste.

Mientras, leo a trompicones y mientras puedo La dama de Zagreb pero se trata de una lectura premeditadamente lenta porque, de momento, me lo pide el cuerpo.

Todo resulta algo extraño pero debe ser porque la rutina está mostrándose esquiva.

Cambios.

Los mismos cambios que animaron a dejar de tararear bandas sonoras. Aunque hoy, al pasar frente al Guimerá me encontré silbando La gran evasión.

Qué cosas.

Saludos, bastante indignado, desde este lado del ordenador.