Archive for the ‘Reflexiones’ Category

Érase una vez… ¡¡¡No siento las piernas!!!

Miércoles, Diciembre 5th, 2018

Paseaba a la perra cuando me encontré con Sly. Sly es Sylvester Stallone y salía de un bareto de la calle de La Marina cuando amanecía. La perra le soltó cuatro ladridos y el protagonista de Rocky me soltò en un inglés que apestaba a ron de garrafón que iba a darle una patada a la perra si no dejaba de ladrar.

- Así tratamos a los animales de donde vengo.- masculló el tipo, que resultó ser más bajo de lo que me imaginaba. Eso sì, el cuerpo parecía de acero de lo híper musculado que estaba.

- ¿Anabolizantes?.- le pregunté señalando uno de sus bíceps.

- Natural al cien por cien.- hipó Rambo, en un inglés macarrónico que ahora traduzco. A todo esto, la perra continuaba ladróndole.

- No le gusta Rambo.- le dije.- aunque sí algunas de las primeras películas que escribió y no dirigió, me refiero a FIST y Rocky, que sigue siendo una buena película de boxeo.

- ¿Cuálo?

- La primera de Rocky, aunque tengo cierta debilidad por la serie. Eso incluye las otras cuatro. ¿O son ya cinco o seis?

- No me acuerdo.- bostezó mientras se apoyaba en una pared.

- Y ahora Creed.- le dije para que viera que estaba puesto en el asunto.

Sylvester Stallone se inclinó y vomitó una masa color café con leche que apestaba a demonios, así que tuve que hacer pinza con los dedos para taparme la nariz. La perra aprovechó para lanzarse sobre aquella masa ácida y juro por los dioses que humeante. Seguidamente comenzó a lamerla antes de que tirase de la correa para que se dejara de guarradas.

- Tú dejarla, dejarla.- me dijo Sly haciendo poses de boxeador, pero resacoso como estaba daba bastante pena. Movía las piernas y los brazos y en una de éstas se tropezó consigo mismo cayendo sobre el charco de vómito que había dejado.

Kala, mi perra, aprovechó para mearle encima. Sly ni se enteró porque dormía.

- Sly, Sly…- le dije.

- Eh, cómo….- abriò los ojos y me miró un buen rato, intentando averiguar quién coño era.

- Brigitte, Brigitte.- jadeó con rabia. La perra comenzó a lamerle la cara.

- Anímese, carajo.

Stallone se puso en pie apoyándose en mi hombro. Medio se puso decente mirándose en el espejo retrovisor de un coche y me pidió que lo acompañara a su casa que no andaba lejos. Como no tenía nada mejor que hacer y a mi perra si hay algo que le gusta es eso de pasear, aunque la lleve de la correa, comenzamos a caminar los tres mientras la ciudad despertaba.

Sly se puso a cantar y yo le pregunté por Rambo, por qué un sùper soldado tan facha y ferozmente anticiomunista y el por qué de películas tan violentas y todas esas mierdecillas que se escriben para criticar al personaje y al tipo que lo llevó más allá de la novela de David Morrell, Primera sangre, que, como saben quienes la layeron, muere en el libro a manos de su oficial, ese mismo que en la tercera rescata en Afganistán de manos de un destacamento del ejército soviético.

- El único comunista bueno es el comunista muerto.- canturreó Stallone mientras daba eses por la calle de La Marina. Kala, la perra, ladró y se puso de pie, como si con ese gesto intentara que cerrara la boca.

Stallone se derrumbó entonces en el suelo y puso los ojos en blanco.

-Vamos a tomar otra. La arrancadilla, chacho.- dijo en perfecto canario.

No sabía como quitármelo de encima y estaba incómodo porque la gente que salía de las casas rumbo a sus trabajos o la escuela nos miraba con cierta curiosidad aunque no identificaban a la estrella de Hollywood, que volvió a vomitar. Esta vez sobre mis pies.

- Joder, exclamé, ahora sí que no siento las piernas.

Y de repente se hizo la luz.

Saludos, ¿esto qué es?, desde este lado del ordenador

Reflexiones de un indígena de a pie

Miércoles, Noviembre 28th, 2018

Si no encuentro un libro, o libros que me enganchen como que los daís se me hacen un poco más cuesta arriba. Leo el primer tomo de Fortunata y Jacinta, pero se me hace laaargo y algo tedioso (anatema, me crucifican los galdosianos) porque el escritor no deja de meterse en berenjenales que no tienen nada que ver con la historia principal. Vale, admito que se trata de un retrato de aquel Madrid de la primera república, una cosa pública que nació viciada y enferma, y que perdió rápidamente el sabor entre las gentes, ese pueblo del que tanto le gustaba escribir a Galdós, y proyecto político el de vivir sin rey frustrado con gusto a sopa fría…

Encuentro en una librería de viejo una biografía de José Antonio Primo de Rivera escrita por Felipe Ximénez de Sandoval y publicada en 1939, es decir, con la Guerras Civil recién terminada lo que le da más mérito a este retrato encendido y pasional del fundador de Falange Española escrito con ese ese tono engolado que tanto gustaba a los intelectuales de camisa azul.

Leyendo el libro me entero que José Antonio, a partir de ahora el Ausente, no tuvo un expediente académico brillante y que entre sus poetas de cabecera se encontraban Federico García Lorca y Rafael Alberti. A Federico lo matarían los fachas en 1936, ese mismo año matarían los rojo al Ausente. Rafael Alberti escapó de aquella borrachera de sangre, aunque dicen las malas lenguas que…

Simultaneo esta lectura con un relato narrado a través de sus protagonistas sobre la batalla de Monte Cassino, montaña con monasterio en la cima que se convirtió en una de las grandes trituradoras de sangre de la II Guerra Mundial y descubro Dictadores, de ese biógrafo que no tiene para mi la estatura de Stefan Zweig pero casi, llamado Emil Ludwig. Ya conocía al señor Ludwig a raíz de sus Conversaciones con Mussolini y sus libros dedicados a Napoleón Bonaparte y Abraham Lincoln, pero me sorprende en estos agudas y certerísimos retrato sobre Stalin, Mussolini y Hitler, se añade Prusia también y que se publicaron por primera vez en 1939, los vaticinios que anuncia el escritor. Vaticinios que desgraciadamente se hicieron realidad.

Leo con intermitencias uno de los mejores libros de viaje de todos los tiempos, Viajes con Charley, de John Steinbeck, o su recorrido con su perror por los Estados Unidos de Norteamérica en una caravana. Me gusta el libro, me gusta el profundo humanismo de Steinbeck, me hace querer también un país al que tanto le debo culturalmente además de los panfalones vaqueros.

El resto continúa como siempre aunque no deja de asombrarme que haya dejado de lado mi afición por la ficción y me dedique ahora a leer interpretaciones de la realidad que es, ya saben, lo que cada uno de nosotros piensa que es verdadero.

Saludos, me despido, desde este lado del ordenador

Recuerdo que entonces…

Miércoles, Octubre 10th, 2018

Todos los años sale a la luz un libro que suelen leer los que no leen y que evitan los que todavía pueden presumir de quemarse los ojos ante las páginas abiertas de un libro. Es un fenómeno editorial, al que me acerco bastante años después de su resonante éxito de ventas y, probablementem película, por franco intetrés. Conocer cuáles han podido ser los resortes que animaron a sus editores ha apostar por ésta y no por aquélla otra novela.

Los casos ya se cuentan por centenares. Recuerdo que entonces sonaba El código Da Vinci, y mucho más tardes las nosécuántas sombras de Grey, sadomaso para pijos me comenta una amiga que, en su día, fue seguidora del culto a Historia de O. Relacionadas con la II Guerra Mundial, se publicaron El niño el pijama de rayas, que resulta tremendamente original para que el lector empatice con elholocausto, o la matanza de judíos y otras razas y tenendeicas en los campos de exterminio de esa naciòn tan civilizada como es Alemania; La cocinera de Himler, donde lo más destacale es cómo su autor no deja de denunciar el colaboracionismo de Jean paul Sartre (qué náusea) con los nazis en la Francia ocupada y alguna más que ahora mismo se me escapa…

De momento es pronto para averiguar que novela será la que devorarán miles de lectores el año próximo aunque 2018 se ha contentado con algún título que todavía resuena en las catacumbas de los que no presumen de contar con una librería en casa. Porque sí, hay gente que presume de no contar con una librería en casa, de no leer porque no tiene tiempo, ni siquiera el periódicol. A mi me llena de pena porque es como si alguien me dijera que no vive porque espera a la muerte… Pero así son las cosas, y así todo ese mundo que nos rodea y que vive al margen del real, que no es que sea muy especial pero al menos es eso que te mantiene, que construye tus hábitos, ya sabes, ¿np? y si no loo sabes noe s tiempo ni lugar para explicarlo…

Saludos, es lo que hay, desde este lado del ordenador

La rendición (y 3)

Miércoles, Julio 25th, 2018

Tal día como hoy, en la que por aquel entonces era plaza de la Pila y hoy de la Victoria con la estatua de Horacio Nelson oteando el horizontes desde lo alto de la columna, las fuerzas españolas se rindieron a las tropas de nuestra graciosa majestad.

Un total de trescientos casacas rojas rindieron honores a los derrotados, cuyo general, un tal Antonio Gutiérrez, tan seco de carácter como la tierra castellana de la que procedía, solicitó permiso para leer una carta a viva voz que fue traducida a la tropa por Henry Nigthtmore, y en la que decía:

“No puedo separarme de esta isla sin dar a V.E. las más sinceras gracias por su fina atención para conmigo, y por la humanidad que ha manifestado con los heridos nuestros que estuvieron en su poder, o bajo su cuidado, lo que no dejaré de hacer presente a mi Soberano, y espero con el tiempo poder asegurar a V.E. personalmente cuanto soy de V.E. obediente humilde servidor
Antonio Gutiérrez”.

Tras el intercambio de presentes (queso, un barril de cerveza y otro de vino) y tras embarcar a los derrotados españoles en los barcos que ponían rumbo a las otras islas de Canarias o a la pobre España, Horacio Nelson nombró capitán militar de la plaza y dejó descanso a la tropa, ya que la intención era al dìa siguiente la de tomar otras ciudades y pueblos de la isla para anunciarles que habían dejado de ser españoles.

Se envió, no obstante, a varios mensajeros con las buenas nuevas y esa noche se preparó una gran cena en la plaza de La Pila donde además de comer y beber, se bailó hasta altas horas de la madrugada con gran desconcierto de curas, que no dejaban de mover la cabeza de un lado a otro ante la caprichosa lealtad de sus antiguos feligreses. Ayer españoles, hoy británicos y lo que era aún peor según su opinión, ayer católicos y mañana seguramente luteranos.

Desde ese día se celebra como fiesta fundacional de Nelson City, antes plaza de Santa Cruz de Tenerife, lo que llamamos con pulcra sencillez birtánica la Victoria, en la que se desarrollan una serie de actos que incluye la recreación de aquellos hechos con entusiastas aficionados y se lee bajo la reproducción del Theseus anclado en el puerto de la hoy capital de la isla los cinco puntos que el por aquel entonces contraalmrante Horacio Nelson envió a los españoles como condiciones de rendición:

Primero: “Deberán entregárseme los fuertes poniendo al momento a las fuerzas británicas en posesión de las puertas.”

Segundo: “La guarnición depondrá las armas, permitiéndose sin embargo a los oficiales que conserven sus espadas y aquélla, sin condición de ser prisionera de guerra, será transportada a España o quedará en la isla, siempre que su conducta agrade al oficial comandante.”

Tercero: “Con tal de que se cumpla con que me entreguen los cargamentos ya citados, no se exigirá a los habitantes ni la más pequeña contribución; al contrario, gozarán bajo mi protección de toda seguridad en sus personas y propiedades.”

Cuarto: “No se ejercerá intervención alguna en la Santa Religión Católica; sus ministros y todas sus órdenes religiosas estarán bajo mi especial cuidado y protección.”

Quinto: “Las leyes y magistrados vigentes continuarán como hasta aquí, a no ser que la mayoría de los isleños desee otra cosa.”

“Aceptados todos estos artículos, los habitantes de Santa Cruz depositarán sus armas en una casa al cuidado del Obispo y del primer magistrado, siendo muy honorífico para mí el consultar con estos señores todas las ventajas que puedan proporcionar a los habitantes.”

“Espero media hora para la aceptación o la repulsa.”

Y como nos cuenta esta historia que no es Historia no huibo repulsa sino aceptación…

Saludos, todo es falso de solemnidad, desde este lado del ordenador

Descubren un relato inédito de Joseph Conrad en el que narra el ataque liderado por Nelson a Santa Cruz de Tenerife en verano de 1797 (2)

Martes, Julio 24th, 2018

La noticia ha sorprendido al mundo académico británico porque nadie podía sospechaba encontrar un relato corto de Joseph Conrad que había permanecido oculto durante años y años.

El inédito se descubrió en una carpeta que alguien escondió –se ignoran los motivos– en el interior de una vivienda en obras de rehabilitación en lo que hoy es el centro de Londres.

Los expertos en las caligrafía del escritor de origen polaco pero nacionalizado inglés coinciden en que se trata de un original del autor de El corazón de las tinieblas y si bien se trata de un texto primerizo, escrito probablemente cuando el escritor era adolescente, destaca porque la temática marinera monopoliza los contenidos de una narración en la que se atisba “al mejor Conrad”, dijo el profesor de Literatura de la Universidad de Oxford, Bernard Frasier.

El relato lleva por título Inglés y cuenta en unas pocas páginas el combate que Horacio Nelson emprendió contra el puerto de la isla de Tenerife entre el 23 al 25 de julio, días en los que perdió el brazo, aunque no la esperanza de conquistar la plaza.

El cuento describe un puerto, el de Santa Cruz de Tenerife, defendido heroicamente “por franceses, españoles y canarios”, así lo escribe Conrad, defensores que fueron cogidos por sorpresa ante el ataque británico que fue brillantemente ejecutado. La estrategia, relata el escritor, se diseñó días antes por Horacio Nelson y sus capitanes.

Con estos antecendentes, poco se podía hacer frente a la potencia de fuego y el entusiasmo de los infantes de marina de su graciosa majestad, aunque uno de los hombres, Jimmy Kurtz, deserta cuando pone pie en tierra lo que desencadena un ambicioso retrato psicológico que prefigura lo que más tarde elaboraría en novelas como Lord Jim y El pirata.

Inglés se centra en la historia de este personaje desubicado tanto moral como espiritualmente y describe aquellos acontecimientos que, desde entonces, no han dejado de producir abundante literatura y algunas que otra película y obra de teatro. El relato intenta, además, explicar las razones por las que Nelson decidió tomar esta plaza.

Bernard Frasier admite que quizá no sea el mejor cuento de Joseph Conrad, pero sí que cuenta con algunos elementos que más tarde serían determinantes en la producción del escritor, como una indagación psicológica con la que explicar, no justifica, las acciones del protagonista, así como pinceladas que centran su atención en el carácter del joven Nelson, entonces contraalmirante, y la de algunos de sus oficiales.

La escena de la refriega en la que pierde el brazo está “muy bien descrita”, dice el profesor quien se encuentra en estos momentos preparando una edición de las obras completas del que, probablemente y según su opinión, “es uno de los mejores escritores sobre el mar que hemos tenido en la Gran Bretaña”.

Saludos, una auténtica exclusiva falsa, desde este lado del ordenador

Nelson victorioso (1)

Lunes, Julio 23rd, 2018

Michael Caine estaba en Tenerife para rodar una nueva película sobre la vida de Horacio Nelson. En la cinta, el actor hacía de veterano cirujano británico, aunque nos reconocía mientras tomábamos unos whiskies con él que no se había roto demasiado la cabeza para interpretar este papel.

- ¿Sabía usted que Nelson casi pierde la batalla por tomar esta isla?.- le preguntó Paterson Benchomo.

El señor Caine negó con la cabeza, más preocupado creo por su whiskie que por la cuestión. Alguien llamó a la camarera para que pusiera otra ronda.Íbamos, si no me equivoco, por la tercera y ya comenzaba a ver doble a los que tenía a mi alrededor.

Además de Michael Caine y Paterson Benchomo estábamos Ventura Rayco Smith, Yaiza Perdomo, Gloria McAlister y quien escribe estas líneas. Nos habíamos reunido en los jardines del Hotel Queen Elizabeth II, que había sido construido en los años cuarenta justo delante del parque birmano. Había que cruzar un bonito paseo bordeado de palmeras para llegar de un sitio a otro claro que ya nada de esto queda, salvo en fotografías, por la radical transformación que sufrió Nelson City (antes Santa Cruz de Tenerife) en los años setenta.

Cuando la camarera dejó los whiskies y los gin tonic sobre la mesa Paterson Benchomo continuó con su explicación sin importarle que al resto de los presentes nos interesara su lección de Historia, aunque no abrimos la boca porque sabíamos que le entusiasmaba este tipo de cosas, cosas que ahora exhibía ante una estrella de cine que, nos reconocía antes de que nos sentáramos a tomar las bebidas, era la primera vez que visitaba la isla.

- Afortunadamente y en un golpe audaz, el león de la marina de su graciosa majestad se repuso de su error y maniobró con talento para sofocar el contraataque de los españoles. La batalla quedó setenciada cuando una de sus baterías le cercenó la pierna derecha al general de la plaza, de cuyo nombre no quiero acordarme, y exigió que le prestásemos a nuesttro cirujano porque no se fiaba de los que tenìa a su alrededor. Hombre de honor, Nelson le envío a su médico personal siempre y cuando se rindiese y partiera a España con sus leales al día siguiente. No creo quen haga falta decir lo que sucedió luego –dijo Paterson Benchomo metiéndose en la boca un puñado de manises–. La huida de aquel general y de otros militares, sacerdotes y algún civil, a bordo de un navío de bandera francesa.

El señor Caine asentía con esa sonrisa que ha hecho célebre en muchas de sus películas. Esa sonrisa con la que parece que se está burlando del mundo entero pero también de sí mismo. De un trago se tomó lo que quedaba de whiskie y dando un chasquido con los dedos le indicó a la camarera que le llenara el vaso, ahora vacío.

- Muy interesante.- murmuró sin demasiada convicción.- ¿Y qué pasó con el restro de las islas?- preguntó cuando le llenaron el vaso.

- Oh.- exclamó Paterson Benchomo.
- Oh.- le imitamos los demás.
- Es una historia muy triste y muy larga que voy a intentar resumirle…
- Mientras haya whiskie tengo todo el tiempo del mundo.- dijo el señor Caine.
Paterson Bencomo agitó el hielo que aún quedaba en su vaso…

- Después de la batalla de julio (del 22 al 25) y tras marcharse las autoridades españolas, la Corona se comprometió con España a no tomar el resto de las islas Canarias siempre y cuando no amenazaran un territorio que, desde ese glorioso día, pertenece a la Gran Bretaña, quien no ha dejado de velar por ella desde entonces.
- ¿Y las otras?.- preguntó Michael Caine pidiendo otro whskie por señas.
- Pues continuaron siendo españolas, sumidas en la ignorancia y la pobreza.
- Pobres.- suspiró el actor.
- Dígamelo a mi que tengo que envíarle a unos familiares un dinerito de vez en cuando.- le informó Ventura Rayco Smith.
El señor Caine, tras beberse la copa, se levantó tratabillando para desearnos las buenas noches. “Mañana tengo que trabajar”, dijo mientras cogía el ascensor y ponía fin, con su ausencia, a aquella reunión que claudicaba a altas horas de la madrugada.

Acompañé a Yaiza Perdomo y Gloria McAlister un buen trecho, y me despedí de ellas en la plaza que imita la de Trafalgar Square con la reproducción de la columna en la que desde su altura nos observa la estatua de Horacio Nelson. Me detuve, como cada año y por estas mismas fechas, para leer la leyenda inscrita en la placa de bronce que descansa en su base: “mañana mi cabeza será coronada de laureles o cipreses“, y me pregunté qué hubiera pasado si en vez de laureles cubre su cabeza la rama del ciprés y si la bala del cañón no hubiera destrozada la pierna del general español de cuyo nombnre ahora no quiero acordarme y sí cercena la metralla el brazo de nuestro liberador…

Me pregunté, entre los vapones del whiskie, cómo sería esta isla bajo la bandera de España y me la figuré como la que tenía delante, tan pobre y casquivana.

Me dio entonces un escalofrío aunque no soplaba del mar algo de brisa fresca.

Saludos, God save the Queen, desde este lado del ordenador.