“Todo lo abarca y con furor lo aterra”. Literatura sobre las epidemias en Canarias

Martes, Marzo 31st, 2020

“En esta infausta isla del Atlante,
Si desde el mar á la enriscada sierra
Tiende su brazo el cólera gigante,
Y sin dar tregua á su execrable
Todo lo abarca y con furor lo aterra
”.

No se trata de una estrofa para recordar pero sí que es, hasta donde hemos podido indagar en estos tiempos confusos, uno de los primeros testimonios literarios que intenta reflejar los efectos devastadores de una epidemia en las islas. En este caso, la del cólera en la isla de Gran Canaria en 1851 que diezmó al 10 por ciento de la población, censada entonces en 58.943 personas de las que 5.593 fallecieron por el brote de cólera.

El poema lleva el título de El cólera-morbo y fue escrito ese mismo año por Ventura Aguilar, poeta romántico que dedica esta obra a la memoria de su sobrino “y caro amigo el licenciado d. Esteban Cambreleng” y que puede consultarse en la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, que reproduce en pdf la versión impresa en la imprenta de M. Collina. Esta misma imprenta publicó “el que puede ser el primer relato de los acontecimientos, firmado por el jurista Antonio López Botas en la temprana fecha del 15 de agosto]. El folleto de 12 páginas no lleva título, y muestra en primer lugar el terror incomparable que sintieron la noche del 5 de junio los facultativos que identificaron la epidemia y comunicaron a la Junta de Sanidad que se trataba del cólera morbo”, explica el artículo Memorias del cólera. Plegaria de Juan M. Doreste publicado en la revista digital 7iM.

No existe, sin embargo, una bibliografía extensa y con carácter de ficción que trate las distintas epidemias que a lo largo de los siglos sacudieron al archipiélago canario, aunque rastreando hemos podido encontrar algunos títulos que quizá sirvan a los preocupados en estos asuntos para conocer con mayor amplitud cómo se enfrentó la ciudadanía a estos ataques invisibles que solían propagarse como la pólvora por toda las islas.

Ambientada el mismo año que el poema de Ventura Aguilar, 1851, Verano de Juan El Chino, de Claudio de la Torre fue escrita en 1971 y aprovecha la epidemia de cólera morbo que asoló la isla de Gran Canaria para narrar a través de su personaje, “sano” en toda esta debacle, las miserias y grandezas del ser humano. Más que la enfermedad, a Claudio de la Torre lo que le interesa destacar en la novela es cómo el mal afecta al carácter de sus semejantes, ya que la mayoría aprovecha la situación para sacar lo peor de sí mismos aprovechándose del vacío de poder.

En este mismo marco histórico localiza José Miguel Alzola algunos momentos de su Don Chano Corvo Crónica de un jardinero y su jardín (1973) mientras la fiebre amarilla es la protagonista de la novela Días de paso, de Javier Estévez, relato en el que describe cómo su protagonista recala en la isla de Gran Canaria para refugiarse en el interior, en un pueblo de nombre Lucena. Escrita en forma de diario, el libro se desarrolla entre 1811 y 1812, Días de paso es en palabras de su autor: “un hermoso viaje vital por la geografía inesperada del destino”.

Ambientada en Tenerife la segunda década del siglo XX, El sepulcro vacío (2015) de Cecilia Domínguez Luis se hace eco de la gripe española que segó la vida de Diego Ponte del Castillo, marqués de la Quinta Roja, y la construcción del mausoleo con claves masónicas que su madre ordenó erigir en su honor en La Orotava.

Inspirado en hechos reales aunque adaptados a su universo literario, Sabas Martín probó también el aliento de la epidemia en Nacaria, inspirándose en hechos reales que se desarrollaron en la isla de Tenerife cuando se propagó la peste negra. La enfermedad, que se cebó con los más débiles como con los más fuertes, se unió a la crisis de la cochinilla lo que resultó dramático no solo para las familias de la isla sino también para su economía.

Ángel Sánchez trata el asunto de manera episódica en sus Crónicas de Artemi, volumen cuya nueva edición a cargo del Gobierno de Canarias se presentó el año pasado. Lástima que, como otros libros que auspicia la Viceconsejería de Cultura apenas haya tenido recorrido.

Los leprosos son los protagonistas de La cueva de los leprosos, de Víctor Álamo de la Rosa, historia que se desarrolla en Isla Menor, territorio mítico en el que se ambientan muchas de las novelas de este escritor y que no es sino un trasunto literario de la isla de El Hierro. En esta obra el escritor explota una vez más su vena romántica y si bien no se trata la enfermedad como epidemia, sí que subraya la diferencia que existen entre los que están aquejados de ese mal y viven recluidos en un lugar apartado de la isla. Álamo de la Rosa insistiría ahora sí con una pandemia, aunque una pandemia imaginaria que provoca suicidios masivos, en su más reciente novela, El pacto de las viudas.

Personajes aislados por la enfermedad son los protagonistas de La umbría, de Alonso Quesada, obra que cuenta con una interesante adaptación cinematográfica dirigida por Pepe Dámaso y El silencio de Los Abades, de Juan Alberto Reyes Cornejo. En ambos casos, sus protagonistas sufren aislamiento por tubercolosis.

En el terreno de la anticipación y el fantástico, varios autores han escogido las islas como escenario para sus propuestas literarias. Los muertos vivientes, que como un virus se extienden entre los vivos que le sirven de alimento, son los protagonistas de Caminarán sobre la tierra, de Miguel Aguerralde, novela que transcurre en una isla de Gran Canaria igual de distópica que la pesimista y futurista Pasa la tormenta y Anturios en el salón, de Tomás Felipe y Juan Ramón Tramunt, respectivamente, aunque ni el primero ni el segundo justifican sus propuestas por causa de una pandemia sino por catástrofes que para nada resultan naturales.

Otras novelas fantásticas serían Evanescencia (2017), de Manuel Almeida, El despertar (2012) de Elio Quiroga y Los espectros de Nuevo Ámsterdam (2019), también de Aguerralde aunque salvo la primera no se desarrollan en las islas como tampoco recurre a Canarias como escenario Víctor Conde en su Naturaleza muerta.

Sí que se cuenta en la isla con una nutrida y sólida producción historiográfica sobre las diferentes epidemias que han asolado el archipiélago a lo largo de la historia y todo hace asegurar que tras la pandemia del Coronavirus se publicarán trabajos en el que se analizarán su impacto en Canarias. A la espera de que esta pesadilla acabe, de que las cosas vuelvan a la normalidad, los interesados pueden consultar obras tan interesantes como las epidemias del cólera del siglo XIX vistas por Benito Pérez Galdós, a quien por cierto el coronavirus ha deslucido los fastos organizados para celebrar el centenario de su fallecimiento.

En este apartado destacaría El barco de la viruela. La escala de Balmis en Tenerife, de Víctor García Nieto y escogiendo entre otros títulos que no deslucen interés, Del Río de La Plata a Tenerife de Paolo Mantegazza, quien tuvo que ser internado al llegar a la isla en el Lazareto de Santa Cruz de Tenerife.

Antropólogo darwinista –mantuvo correspondencia con el autor de La teoría de la evolución de las especies– desembarcó en Tenerife en 1858 y cuestiona en la obra las leyes de cuarentena de la época impuesta ante los riesgos de epidemia así como los lazaretos, centro en los que se concentraba a los contagiados.

Las epidemias en Canarias dieron origen además a dos novelas muy diferenciadas. La primera es Los argonautas, de Vicente Blasco Ibáñez, que narra la escala de un trasatlántico en el puerto de la capital tinerfeña. Escrita en 1914, su lectura puede evocar a la novela Los premios de Julio Cortázar ya que sus protagonistas –en el caso de la novela de Blasco Ibáñez emigrantes– tienen prohibido bajar a tierra.

En su libro Entrada y salida de viajeros, el crítico tinerfeño Domingo Pérez Mink afirma que Santa Cruz de Tenerife siempre estará en deuda con el escritor valenciano ya que escribió una de las páginas más hermosas dedicadas a la capital tinerfeña.

La segunda novela está cuenta con una interesante adaptación cinematográficas de la que damos amplia información en otro artículo.

Finalizamos este recorrido por novelas que nos recuerdan la vulnerabilidad de Canarias ante estos casos el anuncio hace unas semanas y en este mismo periódico de un nuevo libro en el que está trabajando en la actualidad el escritor tinerfeño Alberto Vázquez Figueroa quien no revela su título pero sí el subtítulo que con toda probabilidad llevará: Cien años después y en la que el coronavirus es uno de sus más señalados protagonistas.

Si omitimos Gran Canaria, el filme que Irving Cummings dirigió en los años treinta y que adapta la novela de A.J. Cronin, Canarias ha servido de plató de varias películas que tratan los efectos devastadores en la sociedad ante una pandemia tan feroz pero afortunadamente ficticia como es la de los zombies.

Y en el cine

Aunque no se desarrolla en las islas destacamos 28 semanas después (2007), ya que está dirigida por el tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo y Generación Z (Steve Barker, 2015) porque pese a que a no está rodado en las islas sino en Mallorca, transcurre en un resort que se ubica en Canaria (¡!).

REC 4: Apocalipsis
(Jaume Balagueró, 2014) se rodó entre Gran Canaria y Barcelona mientras que La mansión de los muertos vivientes (1985) cuenta con varias escenas filmadas en las islas. La película está dirigida por un cineasta todoterreno en el cine español, Jesús Franco, pero no se trata de uno de sus más inspirados trabajos. Como en otras de sus películas, la actriz protagonista es Lina Romay, compañera sentimental de este hombre que era capaz de rodar cualquier historia por mínima que fuera con dos centavos.

Rodada en paisajes naturales de las islas es también No crezcas o morirás (Thierry Poiraud, 2015), una cinta que propone una interesante vuelta de tuerca al género de los muertos vivientes en el cine ya que no se trata de que los muertos se levanten de sus tumbas para acabar con sus semejantes, los vivos, sino de no crecer ya que cuando se cumple la mayoría de edad y sin que se explique en ningún momento en la película, los adultos enloquecen y solo desean matan a los más jóvenes.

El filme da bastante importancia al paisaje, ya que prácticamente transcurre en exteriores, pero su función es la de servir solo de marco estético. La idea, por otra parte, revisa con nota la propuesta que ya en los setenta había anotado Narciso Ibáñez Serrador con ¿Quién puede matar a un niño?

Por último y en el terreno del cortometraje, una curiosidad, 21-Z, el primer corto canario zombi de la historia del corto canario y que fue rodado íntegramente con un teléfono móvil. Dirigen: Aitor Padilla y Eduardo Gorostiza.

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Víctor Álamo de la Rosa revela las claves de El pacto de las viudas

Jueves, Junio 27th, 2019

El escritor Víctor Álamo de la Rosa hablará este viernes, 28 de junio y a partir de las 18 horas, sobre su última novela, El pacto de las viudas (Editorial Siete Islas, 2019) y sobre lo divino y lo humano si se tercia. El encuentro será en la sala Domingo Pérez Minil, en la Casa de la Cultura, Santa Cruz de Tenerife, dentro de la actividad que desarrolla el Club de Lectura Agustín Espinosa en colaboración con la Biblioteca Püblica del Estado.

El pacto de las viudas describe un mundo devastado por una pandemia de suicidios donde Danilo Porter, un investigador privado, buscará la verdad de lo que está ocurriendo, adentrándose en una realidad distópica en la que el planeta está gobernado por las esposas de los más célebres dictadores del siglo pasado.

La novela se construye como un diálogo con la obra La tempestad, de William Shakespeare, y no se conforma con narrar una realidad más o menos presente sino que se adentra en un futuro distópico donde las viudas han sido capaces de viajar en su vehículo espacial a Marte y fundar allí una nueva ciudad, un nuevo mundo, alejado de la contaminación de la Tierra, un planeta acuciado por el cambio climático, la lluvia ácida y los desastres naturales.

El pacto de las viudas es la octava novela publicada por Víctor Álamo de la Rosa, autor nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1969, aunque su infancia transcurrió en El Hierro, isla que ha marcado su literatura. Ha publicado ocho novelas: El humilladero (1994), El año de la seca (1997), Campiro que (2001), Terramores (2007), La cueva de los leprosos (2010), Isla nada (2013), Todas las personas que mueren de amor (2015, Premio Benito Pérez Armas 2013) y El pacto de las viudas (2019).

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Lecturas con acento de aquí

Jueves, Abril 11th, 2019

El Pacto de las viudas (Siete islas, 2¡19) es una novela de Víctor Álamo de la Rosa en la que recrea un mundo en el que las mujeres han logrado manejar los hilos del poder aunque ahora ese universo vive una pandemia de suicidios en la que Danilo Porter, un investigador privado, buscará la verdad de lo que está ocurriendo, adentrándose en una realidad distópica en la que el planeta está gobernado por las esposas de los más célebres dictadores del siglo pasado. El escritor, cuya última novela publicada obtuvo en 2013 el premio Benito Pérez Armas, despliega la historia de amor de Danilo Porter y Eleonore para demostrar que hay amores que no cura el paso del tiempo. Danilo Porter se niega a aceptar su divorcio y se dedica a espiar a su exmujer, convencido de que el tiempo no cura las heridas, de que hay amores que no se olvidan. Las viudas intervendrán para ayudarle. La trama, ambientada en Madrid, Río de Janeiro y en una extraña isla inventada llamada Calibán, describe las peripecias de Danilo Porter y sus investigaciones al mismo tiempo que reconstruye su fallido matrimonio y su obsesión por recuperar a Eleonore.

Santiago Gil es el autor de El Gran amor de Galdós (Ediciones La Palma, 2019), un libro en el que relata la historia del primer amor que vivió y sufrió el autor de, entre otras grandes novelas, Los episodios nacionales. En la contraportada se avisa que “Benito Pérez Galdós fue un hombre con muchos amores que, sin embargo, renunció siempre a la convivencia marital y al compromiso. Se encerró a escribir como un galeote y creó personajes en los que fue dejando rastros de su propia biografía. En sus memorias insiste en que no hay nada reseñable antes de 1864, pero quienes conocen su vida hablan de un primer amor con María Josefa Washington Galdós Tate que marcó toda su existencia”. La publicacion de esta novela se inserta en las conmemoraciones del denominado Bienio Galdosiano, comprendido entre 175 aniversario de su nacimiento, que se celebra desde mayo de 2018, y del centenario de su muerte, en enero de 2020.

Todo bien (Círculo Rojo, 2019) es una divertida novela de Gregorio Duque en la que repasa la actualidad que han vivido las islas que forman el archipiélago canario en los últimos años. El libro se plantea asì y entre otras cuestiones ¿podemos sustraernos a todos los hechos negativos de la vida o, por el contrario, se convierten en condicionantes y elementos que marcan la vida, la forma de pensar, la ética, la ideología y sus aficiones? A esta pregunta responde el autor mediante una novela peculiar, a través del humor, y de una serie de personajes que hablan en presente del pasado más reciente, encabezados por Antonio, fiscal sordo que llega a Santa Cruz de Tenerife una semana antes de incorporarse a su destino, y un grupo coral en el destacan Rafael, Jesusa y Chano.

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Víctor Álamo incursiona en la novela juvenil con Omar, el niño cangrejo

Viernes, Marzo 31st, 2017

La editorial Siete Islas presenta Omar, el niño cangrejo, una novela de Víctor Álamo de la Rosa en la que incursiona en la literatura infantil y juvenil. Con esta nueva obra, recupera a un personaje, Omar el cangrejo, que ya había protagonizado un cuento publicado en 2004.

Omar es un niño que está convencido de que es el hijo del mar porque tiene un brazo que parece una pinza de cangrejo y extraños poderes, como hablar con las olas y los peces o respirar bajo el agua. Disfruta de una vida apacible y divertida en El Hierro pero pronto comienzan los líos con otros muchachos y se verá envuelto en un misterio, hasta el punto de que se verá obligado a luchar contra los terribles conjuros de un extraño brujo para poder recuperar su vida, y a su novia.

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Todas las personas que mueren de amor, una novela de Víctor Álamo de la Rosa

Lunes, Julio 6th, 2015

“La tristeza no. La tristeza está hecha del dolor que hay detrás del dolor  Cuando ya no se siente. Cuando ya no se siente nada es la tristeza. Atrás de atrás de atrás, trascendido de todo cuanto duele. La tristeza, lo que aparece cuando ya no hay dolor, cuando el arrasamiento. Eso es la tristeza, hecha d amores, desamores, humores y fantasmas,  voluta hinchada, perplejo posicionamiento de la última capa del alma. La tristeza.”

(Todas las personas que mueren de amor, Víctor Álamo de la Rosa, Salto de Página, 2015)

Víctor Álamo de la Rosa cuenta con una trayectoria literaria consolidada. Creador del territorio mítico de Isla Menor, geografía que prácticamente ha monopolizado casi toda su narrativa y que es un trasunto –explica Álamo de la Rosa– de la isla de El Hierro, ha obtenido el último premio Benito Pérez Armas de Novela con Todas las personas que mueren de amor, obra que, curiosamente, no transcurre en Isla Menor sino en una realidad brumosa, que juega caprichosamente con los sueños, para narrar el relato de un desamor.

Estructurada en dos partes y un final en el que se fusiona realidad y fantasía, Todas las personas que mueren de amor es una novela que busca su tono empleando para ello varias voces narrativas, todas ellas en primera persona, pero no termina de cuajar en sus ambiciones.

Con esta estructura, la primera propone la versión de un joven profesional que piensa que ha encontrado el amor de su vida, solo que tras sufrir una enfermedad, y mientras espera ser sometido a una complejísima intervención quirúrgica, descubre que no es oro todo lo que reluce.

La novela gira, pero no plantea, la búsqueda del amor del protagonista. Un amor muy particular que en su relato se transforma en fuente de la que emanarán todos los conflictos. El narrador explica su desamor –a veces en clave poética–  en torno a la mujer que pensó era la de su vida.

Planteado así, el argumento de Todas las personas que mueren de amor no deja de tener su atractivo romántico aunque la mirada del protagonista antes-durante-después de la operación que decidirá su vida o su muerte resulta demasiado turbia al estar trufada de reproches contra esa mujer que lo cegó y que le robó el alma.

Para destacar esta actitud, Víctor Álamo de la Rosa presenta a un protagonista inmaduro cuya visión del amor declina hacia el sexo en encendidos encuentros eróticos que describe a lo largo del libro.

En este sentido, le falta a Todas las personas que mueren de amor precisamente amor y le sobra demasiado sexo.

Eso al menos es lo que evoca el protagonista de esa relación, quien dibuja a su novia, Gladys, como una vamp de andar por casa. O lo que es lo mismo, una chica caprichosa a la que le gusta el sexo.  No hay nada más profundo entre los dos, aunque el protagonista bastante ingenuo y egoísta reclama una complicidad que, por lo que explica en la novela, solo se ha dado en almuerzos y cenas; escapadas al mar y sobre todo entre sábanas revueltas.

El protagonista más que amor por Gladys lo que siente es un deseo que se convierte en adicción. Gladys, que pertenece a un mundo radicalmente diferente al suyo, sí que sabe estimularlo para el placer efímero pero no le proporciona –parece que no lo busca tampoco– tranquilidad emocional.

La primera parte de Todas las personas que mueren de amor se trata más que de una confesión de un alegato en el que su protagonista no deja de plantear un desengaño desconcierto entendemos que egoísta:

“¿Cómo después de todo lo que me había pasado, esas mujer no daba el paso de venirse conmigo y cuidarme y amarme sin reservas? Me lo preguntaba a diario, aunque ella me llamara y me enviara SMS amorosos.”

Todas las personas que mueren de amor debe ser leída entonces como una crítica que el autor  emprende contra un chico que no entiende la razón de ¿por qué las cosas le van tan mal? pero sin darse cuenta que quizá sea él el origen de todo ese mal.

El escritor retrata la visión del mundo que tiene su personaje como un territorio muy limitado en el que no asume culpabilidad alguna ante sus acciones. La situación se complica cuando al borde de la muerte ingresa en el hospital para que le extirpen otro mal que tiene la forma de un lagarto.

Mientras tanto, el narrador continúa con su victimismo y cataratas de reproches:

“Mi cabeza no podía admitir ese hecho, había que tener demasiado estómago. Mentir y engañar despiadadamente a su novio enfermo.”

Y líneas más abajo, resaltar:

“Me moría en serio.”

Al margen de la frustrada relación de pareja, lo mejor de la primera parte de esta novela se encuentra en la descripción de la vida cotidiana que desarrolla en el hospital y en cómo acomoda su existencia con la de otros enfermos igual de graves que él a la monotonía de un centro que funciona con un horario espartano y en el que salir a escondidas para fumar un cigarrillo en una habitación olvidada se convierte en algo así como un signo de libertad.

Será también en este hospital donde vea y hable con dos hijas supuestas. Las hijas que pudo tener con Gladys y la necesidad de construir una familia.

Los celos, sin embargo, contribuyen a su desgaste sentimental y minan su alterada conciencia cuando concluye que “Gladys es mala, no puede haber otra explicación.

La segunda parte de Todas las personas que mueren de amor está narrada por Gladys pero su relato es también un reproche en el que más que explicar las razones de porqué actuó así, sirve para manifestar que más que mala es una chiquilla manipuladora. Se resuelve por lo tanto la duda que tiene el protagonista masculino mientras se cincela el carácter igual de inmaduro de ella. A modo de cierre, irrumpe entonces un tercer personaje que no revelaremos pues ofrece otra mirada moral sobre la misma historia.

En la tercera parte, por último, interviene el jefe de Neurocirugía del hospital donde ha estado ingresado el joven y las niñas que son productos de la imaginación, o fantasmas según se prefiera.

Con ellos se pone candado a un relato coral que, sospecho, no es de lo último en la producción narrativa de Álamo de la Rosa así que su lectura resulta muy desconcertante y deja la sensación de que necesitaba de paciente revisión para imprimirle el sello que caracteriza su literatura. Esa literatura que en su universo de Isla Menor tanto le debe a lo que se conoce como realismo mágico.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

Víctor Álamo de la Rosa gana el Premio de Novela Benito Pérez Armas por ‘Todas las personas que mueren de amor’

Lunes, Noviembre 3rd, 2014

La Fundación CajaCanarias ha hecho público hoy, lunes 3 de noviembre, el título de la obra ganadora del Premio de Novela Benito Pérez Armas 2014, distinción que recae en  Todas las personas que mueren de amor, del escritor Víctor Álamo de la Rosa. El galardón, dotado con 12.000 euros, lleva aparejado la publicación de la obra en 2015.

Se presentaron al certamen un total de 64 obras originales, de los que se seleccionaron cuatro para la final. El jurado de esta edición estuvo formado por la escritora y poeta Cecilia Domínguez Luis, el profesor y escritor Juan-Manuel García Ramos y el periodista y también escritor Juan Cruz Ruiz.

Todas las personas que mueren de amor es “una indagación muy literaria en las sensaciones del desamor, porque narra la historia de un personaje capaz de morirse de amor nada menos que siete veces”, avanza Álamo de la Rosa en una nota informativa. Añade, además, que se trata de un libro “muy literario porque está en las antípodas de las novelas de género, tan en boga por estrictos parámetros comerciales, ya que tiene una escritura muy elaborada y fragmentaria, y además presenta guiños a obras tan emblemáticas de la tradición literaria canaria como Fetasa, de Isaac de Vega”.

Para Víctor Álamo de la Rosa esta novela será “un giro sorprendente” para sus lectores. “Estoy muy feliz porque esta novela no habría tenido salida si no llega a ganar un concurso como éste, donde se busca premiar obras con valores literarios, artísticos, y no se utilizan criterios meramente comerciales”.

La novela premiada, Todas las personas que mueren de amor, es la séptima en la trayectoria de este narrador, después de haber publicado las obras El humilladero (1994), El año de la seca (1997), Campiro que (2001), Terramores (2007), La cueva de los leprosos (2010) e Isla nada (2013), su última novela hasta la fecha, recientemente destacada por el periódico El Mundo como “la novela de un gran contador de historias universales”.

Saludos, muchas felicidades Víctor, desde este lado del ordenador.