Un año de literatura en Canarias

Martes, Diciembre 31st, 2019

Ha pasado ya un año y parece que fue ayer. Literariamente esa es la impresión ya que pese a la crisis se ha seguido publicando en las islas, se celebran festivales asociados a la literatura y las escritoras y escritores nacidos o residentes en Canarias siguen escribiendo y dando su obra a conocer.

Este año ha sido también un año triste. Nada más empezar, falleció el artista y escritor Alfonso Delgado, más tarde el también escritor Antonio Lozano y la directora de la Sociedad Científica del Museo Canario, Angélica Castellano Suárez.

El escultor Martín Chirino nos dijo adiós y el escritor y poeta José Carlos Cataño, quien había publicado este mismo año y en Pre-Textos su Obra poética (1975-2007).

Nos dejaron también los artistas Juan Pedro Ayala y Enrique Cichosz Heuschkel.

Año de elecciones y cambios de gobierno, Juan Márquez estrenó responsabilidad como viceconsejero de Cultura y del Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias así como Rubén Pérez Castellano y María Antonia Perera Betancor estrenaron cargos como directores generales de Cultura y Patrimonio Cultural, respectivamente.

En 2019 se conmemoró el centenario del nacimiento del artista lanzaroteño César Manrique y el 100 aniversario de la muerte del escritor Agustín Espinosa, quien también fue protagonista del Día de las Letras Canarias.

Para rescatar su legado, se publicaron sus obras completas en la editorial Insoladas en una edición a cargo del profesor José Miguel Pérez Corrales. Del mismo autor, Siruela publicó Crimen con un estudio introductorio de Alexis Ravelo e Itineraria Lancelot 28º-7º. Guía Integral de una isla atlántica, con prólogo de Roberto García de Mesa y Pepe Betancort.

Roberto García de Mesa fue el responsable, además, de una edición crítica de Facción española surrealista de Tenerife (Ediciones Idea), de Domingo Pérez Minik y Azulia rescató el discurso que impartió Domingo Pérez Minik en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Laguna en 1968 con el título de La condición humana del insular, un librito de necesaria lectura no solo para los habitantes de las ínsulas sino también de los continentales, esos que no saben lo que es vivir (a)isla(dos) de verdad.

En recuerdo al mismo grupo en el que formó parte Agustín Espinosa y Pérez Minik, Santa Cruz de Tenerife inauguró una plaza con el nombre del poeta Domingo López Torres en Los Gladiolos gracias a una iniciativa de la concejal de Sí se puede, Yaiza Afonso. La Academia Canaria de la Lengua celebró, por otra parte, su veinte aniversario. Entre otros actos, publicó Palabras nuestras, en el que varios especialistas reflexionan en torno a una palabra canaria y la Dirección General de Patrimonio publicó en cinco tomos las obras canarias del historiador Elías i Serra Rafols.

En cuanto a festivales literarios se celebraron unos cuantos. La Feria del Libro, la segunda edición del Festival Hispanoamericano de Escritores en Los Llanos de Aridane; Periplo, Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras, en Puerto de la Cruz y Tenerife Noir en la capital tinerfeña.

Entre los poetas y escritores que recibieron premios literarios este año que termina estuvieron, entre otros, Juan Jesús Hernández López, que resultó ganador del premio de poesía Pedro García Cabrera por Un taxidermista entre jirafas; Coriolano González Montañez, premio Julio Tovar por Mapa de la nieve y mención especial Juan José Alcolea Jiménez por Y el cielo sabe a cal.

Pedro Flores recibió el Flor de Jara de poesía, premio convocado por la Diputación Provincial de Cáceres e Iván Cabrera Cartaya el premio de relato corto Isaac de Vega por Vigilia en Velora. Cabrera Cartaya reunió también en un solo volumen Westhaven Bay & La montaña amarilla (Ediciones La Palma) y Alicia Ramos obtuvo el premio de novela Benito Pérez Armas por El último vándalo (que yo sepa). Otro de los premiados fue el escritor y poeta Benito Romero, ganador del II Premio de Aforismos Isla de Siltolá por Desajustes mientras que Alejandro Coello con la obra de teatro ¿Y qué esperabas? y Daniel Bernal con el poemario Meditaciones del pez austral fueron los ganadores del concurso Nuevas Escrituras Canarias 2019.

Una noticia feliz fue que Ediciones La Palma celebró su 30 aniversario pero triste el anuncio del cierre de la librería La isla y de Canary Books en la calle de Porlier, en la capital tinerfeña. Pero no todo fueron cierres porque en la capital tinerfeña abrió la librería Islátika y en La Laguna Solican.

En cuanto a noticias dramáticas, este año fue el año en el que el Ateneo perdió el techo a causa de un incendio. Incendio que se produjo con Claudio Marrero como presidente de la institución y fue el año de la publicación de un libro fundamental El triángulo de las artes. Barcelona-Madrid-Tenerife, de la investigadora Pilar Carreño.

El profesor, poeta, traductor y ensayista Andrés Sánchez Robayna publicó El gran mar (Galaxia Gutenberg) y una reedición en la editorial Sexto piso de El libro, tras la duna.

Mario Domínguez Parra tradujo El horror de una parodia. Tres discursos sobre Amanecer Dorado (La Moderna), escrito por Savas Mijaí. Por otro lado, Ediciones La Palma publicó 20 escritoras canarias del siglo XX, una antología al cuidado de Yasmina Romero Morales y Alba Sabina Pérez y la escritora y poetisa tinerfeña Elena Villamandos publicó Egipto (Escritura entre las nubes) y Pedro Javier Castañeda García el poemario Ebria luz insepulta (Círculo rojo).

Otras publicaciones fueron Canarias y la atlanticidad, un libro de Juan-Manuel García Ramos publicado por Félix Hormiga el año pasado en el servicio de publicaciones del Cabildo de Lanzarote y en el que se recoge la última versión de este enunciado conceptual: Canarias y la atlanticidad junto a dos textos críticos que firman el catedrático de Lengua Española de la Universidad de La Laguna, Ramón Trujillo Carreño y el que fuera profesor titular de Literatura Española en el mismo centro universitario, Juan José Delgado.

Editado por Los 80 pasan factura, el escritor camuflado en el pseudónimo Cuarto Gato presentó Nuestros 80. Cuando las bandas urbanas morábamos las calles de Santa Cruz mientras que María José Alemán Bastarrica dio a conocer un nuevo poemario Nada de lo que puedo ofrecer me pertenece.

José L. González-Ruano publicó este año un singular libro de viajes: El archipiélago nómada. Un viaje libre y salvaje por las islas Canarias y en el género policíaco con acento canario aparecieron Secuestro en Hong Kong (La oveja negra), de Dulce Xerach Pérez; El desfile de los malditos (Alrevés), la última novela del escritor Antonio Lozano, fallecido este mismo año, y que protagoniza su detective privado José García Gago; La ceguera del cangrejo (Siruela), de Alexis Ravelo, autor del que Alrevés reeditó este año también Solo los muertos y Los tipos duros no leen poesía, correspondientes a la saga de Eladio Monroy mientras que José Correa publicaba en Alba una nueva entrega de la serie que protagoniza Ricardo Blanco, La noche en que se odiaron dos colores y Escena de terraza con suicida en Ediciones La Palma, aunque esta última no tiene nada que ver con lo negro y criminal.

Mariano Gambín reunió una vez más al equipo de sus novelas anteriores en Las cenizas del cielo (Oristán y Gociano) y Javier Hernández Velázquez presentó en M.A.R. Editor Baraka, por la que obtuvo el Premio de Novela Histórica Alejandro Dumas.

Ángel Marrero Delgado volvió a explorar el submundo lovecraftiano en Kaxalum. El secreto de la ciudad maldita (Círculo rojo); Víctor Conde se adentró en Lívidos (Dolmen) en una aventura de terror y Gregorio Duque propuso una aguda reflexión sobre la capital tinerfeña y vivir en islas en Todo bien, publicada en Círculo rojo.

Se presentó El ángulo de la bruma (Diputación A Coruña), por la que Fátima Martín se hizo ex-aqueo con el Premio de Novela Torrente Ballester 2017 y Yauci Fernández apostó por la reflexión irónica en Crónicas de un escritor mindundi (Ediciones Singularidad). Jonathan Allen, en Idea, fue el autor de la novela A los que leen.

Por otro lado, Ignacio Reyes García fue el autor de Canarias en el ideario comunista (1931-1936) (Le Canarien, 2019); Enrique Carrasco de 1519: Profesiones y oficios en tiempos de Magallanes (SoloCanarias) y en el territorio de los cuentos destacó la publicación de Diecisiete relatos sobre la decepción y otros tantos sencillamente decepcionantes (Baile de Sol) de Naira Marco. En la misma editorial aparecieron las novelas La vida en silencio, de Ana García-Ramos del Castillo, La prestamista, de María del Mar Rodríguez y Un verano en Atémpora, de Víctor Marrero.

María Candelaria Pérez Galván presentó en Idea/Aguere Felisa en su mudanza Entre la revolución y la utopía. Los anarquistas españoles ante Cuba y Venezuela (1958-1961).

David Suárez firmó un libro de divulgación, Rosacruces, historia y personajes (Almuzara) y el periodista José Naranjo El río que desafía al desierto (Almuzara). La periodista Irma Cervino recopiló algunas de sus columnas periodísticas en El edificio de la esquina (Idea).

Este año fue un buen año en cuanto a producción literaria para Nicolás Melini ya que además de publicar el ensayo Transcripción. ¿Qué está pasando con el feminismo? Dilema entre el feminismo dogmático y el feminismo predogmático (y otras cuestiones culturales), en la editorial digital ATTK Editores; presentó en Ediciones La Palma Aunque no sea el blanco mi color favorito y en la Editorial Nazarí El estupor de los atlantes.

Otros libros fueron Pedro García Cabrera. Suma crítica de Miguel Martinón y Fulgor romántico y Yermo destello, de José Rivero Vivas. Víctor Álamo regresó con una novela El Pacto de las viudas (Siete islas) y se reeditó del mismo autor Terramores (Idea). Santiago Gil nos contó El Gran amor de Galdós (Ediciones La Palma) y Jorge Fonte presentó la colección de relatos Un día con Milena Velba y más relatos solo para adultos.

En poesía Francisco León publicó Tiempo entero (Poesía reunida) (Idea) y el libro de cuentos Reptil con piel de jade (Ediciones Franz) y Rafael-José Díaz Umbrales donde apenas llega la luz (antología poética, 1991-2018) (El Taller Blanco Ediciones) y el libro de ensayos Al borde del abismo y más allá. Gustave Roud, Anne Perrier, Philippe Jaccottet (Editorial Mercurio).

El oro de Serendip (Editorial La vocal de Lis) fue un volumen de relatos de Teresa Iturriaga Osa y el periodista Benjamín Reyes escribió sobre el Camposanto de San Juan (1814-1983). Historia de la ciudad de La Laguna a través de su primer cementerio. Ediciones Idea/Aguere presentó el Diccionario Vietnamita-Español de Thuy Huong Mguyen Plam y Juan Carlos de Sancho Elogio de lo invisible (Mercurio Editorial, 2019) y Andrés M. de Souza Iglesias Los Nava-Grimón. Referentes de la Ilustración en Canarias. Origen y descendencia (Cultania Libros).

Otras novelas que se publicaron fueron El finlandés errante, de Carmen del Puerto; El águila de San Juan (Ediciones Idea/Aguere), de Francisco Estupiñán; Hijos del tremor (Ediciones Oblicuas), de Tomás Felipe y Kronos (Idea) de Félix Díaz González, estas dos últimas de marcado acento fantástico y de ciencia ficción.

Se presentaron el tomo 4º y 5º de Amaro Pargo. Documentos de una vida con los títulos de El hijo cubano y San Amaro bendito (Idea), que incluye estudios de Daniel García Pulido, Cristina Genovés Obón y Manuel de Paz Sánchez y publicado por el Gobierno de Canarias La casa del tesoro. Documentos sobre Amaro Rodríguez Felipe (1678-1747).

Del cielo al infierno. Miguel Cabral de Noroña. Vida y obra de un eclesiástico filomasón (Idea) fue un libro del historiador Manuel Hernández, quien también publicó Al margen de la Corona. La emigración del clero regular canario a América en la Edad Moderna (Ediciones Idea).

Y publicados entre noviembre y diciembre de 2019 Historia de Mr. Sabas, domador de leones (Pre-Textos), Anelio Rodríguez Concepción y Non corris peorum est, de Jaime Centurión.

El periodista y escritor Juan Cruz presentó En la huerta de pulsera (Diego Pun Ediciones), un libro que incluye ilustraciones de Tamara de Laval y Oliver Arenas Cruz así como el relato César de arena y sal (Le Canarien Ediciones) que está basado en las conversaciones que mantuvo con César Manrique acerca de su niñez y que el artista le “contó a su manera”. Por último, Alberto Vázquez Figueroa regresó con Los bisontes de Altamira y Años de fuego, las dos publicadas en la editorial Colima.

Somos conscientes que se dejan títulos y autores en el tintero pero este repaso quiere pese a todo ilustrar que, literariamente, las cosas van relativamente bien en este archipiélago atlántico.

¿POR QUÉ ESTOS TÍTULOS?

Terramores (Idea), Víctor Álamo de la Rosa.- Porque pese a que este año publicó una novedad, El pacto de las viudas, Terramores sigue siendo una notable novela para conocer las fortalezas y debilidades de la isla de El Hierro tras el estallido de la Guerra Civil.

El águila de San Juan (Ediciones Idea/Aguere), Francisco Estupiñán.- Porque es una entretenida novela de espías que se desarrolla entre Tenerife y Gran Canaria durante la Guerra Civil y la postguerra insistiendo en la importancia estratégica del archipiélago durante la II Guerra Mundial.

La ceguera del cangrejo (Siruela), Alexis Ravelo.- Porque además de oportuna, este año se celebra el centenario del nacimiento de César Manrique, mezcla muy bien una trama detectivesca con la vida y obra del artista lanzaroteño.

Bajo el sol de los muertos (Pre-Textos), Roberto A. Cabrera.- Porque es una novela compleja, asusta su generoso número de páginas, que convence gracias a una absorbente capacidad descriptiva para mostrar el paisaje interior y exterior que rodea al personaje.

Escena de terraza con suicida (Ediciones La Palma), José Luis Correa.- Porque es una novela que sale del ciclo Ricardo Blanco, protagonista de La noche en que se odiaron dos colores, y pone de manifiesto la capacidad de observación del escritor.

El gran amor de Galdós (Ediciones La Palma), Santiago Gil.- Porque el escritor asume el riesgo de contar un episodio poco conocido en la vida de Galdós, su adolescencia en la capital de grancanaria y el encuentro con la prima Sisita.

Felisa en su mudanza (Ediciones Aguere/Idea), María Candelaria Pérez Galván.- Porque se trata de una novela realista en la que sus dos protagonistas se trasladan a Santa Cruz de Tenerife en busca de una vida mejor.

La vida en silencio (Baile del sol), Ana García-Ramos del Castillo.- Porque la autora se mueve muy bien en la novela de época, recuperando la memoria familiar para hacer literatura con ella.

Historia de Mr. Sabas, domador de leones y admirable familia del circo Toti (Pre-Textos), Anelio Rodríguez Concepción.- porque se trata de un libro intenso y conmovedor en el que el autor propone una novelada no ficción sobre un hecho que dejó huella en La Palma de 1935 y que deja huella también en el lector.

Baraka (M.A.R. Editor), Javier Hernández.- Porque es una novela con riesgo, una apuesta que se aparta del sendero literario del autor. Ambientada en la guerra de Marruecos, se trata del título más místico en la producción de este escritor tinerfeño.

El estupor de los atlantes (Editorial Nazarí), Nicolás Melini.- Porque se trata de una novela compleja, que necesita de varias relecturas para exprimir todo el jugo posible a un libro que apenas llega al centenar de páginas.

Las cenizas del cielo (Oristán y Gociano), Mariano Gambín.- Porque el escritor no engaña y propone en esta novela misterios aderezados con algún momento fantástico, entretiene.



Nuestros 80’s. Cuando las bandas urbanas morábamos las calles de Santa Cruz
(Los ochenta pasan factura), El cuarto gato.- Porque se trata de un libro que recoge varias historias, casi novelas cortas, sobre una capital de provincias que también tuvo su movida y tribus urbanas. Muy interesante, sobre todo para los que vivieron aquellos años.



Todo bien
(Círculo rojo), Gregorio Duque.- Porque se trata de un ácido y feroz retrato de Santa Cruz de Tenerife- Humor del que quema y hace pensar.

El desfile de los malditos (Alrevés), Antonio Lozano.- Porque recupera a un personaje, José García Gago, que ah hecho historia en la novela negra española.

Diecisiete relatos sobre la decepción (Baile del sol), Naira Marco.- Porque se trata de una arrolladora recopilación de historias que no deja indiferente.

El archipiélago nómada. Un viaje libre y salvaje por las islas Canarias (Azulia), José L. González-Ruano.- Porque revela una Canarias que muchos desconocen pero que conserva su exótica belleza.

Saludos, hermanas y hermanos, desde este lado del ordenador

La colección de libros fantasmas del Gobierno de Canarias

Miércoles, Noviembre 6th, 2019

Hace unas semanas el Gobierno de Canarias presentó en Madrid tres colecciones de libros (1) que, mucho me temo, terminarán durmiendo el apacible sueño de los justos o como regalo institucional con el noble (¿?) fin de desembarazarse de ellos.

Lo extraño, lo insólito del caso es que estas colecciones, Agustín Espinosa, Poesía y Nuevas Escrituras Canarias han sido producida y editadas por ese mismo Gobierno de Canarias que luego se queja de la errática trayectoria de las editoriales insulares, pero como aquí nadie dice nada públicamente pero sí en pequeños comités, resulta escandaloso observar cómo se prescinde de los servicios locales para asumir desde 2017 una línea editorial que si bien nace para “fortalecer el apoyo y la difusión de las letras canarias”, no hay manera en que se encuentren algunos de estos ejemplares en librerías, en librerías de Canarias porque mejor no hablar de las peninsulares.

Es verdad que el Gobierno canario cuenta con su Biblioteca de Artistas Canarios y la Biblioteca Atlántica a la que no sé qué futuro le aguarda ya que partía de una iniciativa del anterior Ejecutivo regional, pero hubiera sido elogiable para un departamento como Cultura que recibe tan pocos elogios que invitara a las editoriales canarias a participar en un concurso para escoger a la mejor que podía haber llevado a cabo esta iniciativa.

Quien escribe estas líneas formó parte del jurado de la primera edición de Nuevas Escrituras Canarias y desde entonces y hace de eso tres años, sigo esperando el libro de cuentos al que le dimos el premio. Recuerdo habérselo reprochado al anterior viceconsejero de Cultura y Deportes, Aurelio González, y su espontánea respuesta: “Pásate por el despacho y coges uno”.

No creo que sea necesario decir que desde entonces no he visto ni ése ni ningún otro de los libros ganadores del concurso. La experiencia, como si de un déjà vu se tratara, se repite ahora con las otras dos colecciones que se presentaron a finales de octubre de este año en una pequeña sala, nueva le dicen, del Círculo de Bellas Artes de Madrid (2).

Entiendo que esta colección de libros canarios fantasmas que se presenta en la capital de España pero no en Canarias (¡!) es un proyecto del anterior equipo que dirigía los destinos de la Cultura Oficial del Archipiélago pero el relevo que ocupa ahora tan alta responsabilidad debería de tomar nota y estudiar la rentabilidad cultural y económica de unas colecciones con vida tan efímera porque nace, se presenta en Madrid y muere prácticamente en cuestión de unas pocas semanas. Esto hace que sea tan lógico el cabreo que tienen las editoriales canarias al haber sido ninguneadas para que hicieran su trabajo, promocionar y distribuir estos libros, antes de ser aplastadas por la lógica excéntrica que llevó Cultura con el anterior equipo de Gobierno.

A la espera de que alguien me explique por qué no se confió en ninguna editorial canaria para la publicación de estos textos y por qué se presentan en Madrid y no en Canarias, entre otras cuestiones que irán apareciendo en próximas entregas, se anuncia para 2020 la publicación de nuevas obras canarias fantasmas como las de Digna Palou y Josefina Zamora, así como la recuperación de la narrativa de Josefina de la Torre… Libros que volverán a presentarse en la sala nueva y estrecha del Círculo de Bellas Artes de Madrid y que ninguno de nosotros, de los interesados, veremos y por lo tanto tampoco tendremos oportunidad de conocer.

Canarias, ya se ha dicho, es diferente.

(1) En el acto celebrado en Madrid se presentaron los libros de existencia fantasma Crónicas de Artemi de Ángel Sánchez y La fiesta del tedio de Elisa Rodríguez Court, El libro de las horas y los días de Dolores Campos-Herrero, Poesía completa de Juan José Delgado, Ceremonia de Yeray Barroso y La muerte de Alaia Parisi de Natalia Toledo.

(2) En el acto intervinieron el viceconsejero de Cultura Juan Márquez y la profesora de la ULPGC y crítica literaria Blanca Hernández Quintana. Además de los autores y responsables de las introducciones críticas de estos títulos, Ángel Sánchez, Cecilia Domínguez Luis, Santiago Gil, y Yeray Barroso.

Saludos, peor cuando improvisas, desde este lado del ordenador

Periplo, Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras de Puerto de la Cruz

Sábado, Septiembre 14th, 2013

Doce autores se dan cita en Periplo, el Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras de Puerto de la Cruz, a partir del próximo 23 de septiembre. La primera edición de este festival, pionero en España, comienza el próximo 16 de septiembre con un taller de creación literaria en los cinco colegios del municipio, que correrá a cargo de la Escuela Canaria de Creación Literaria.

Ana M. Briongos, Reyes Calderón, Juan Cruz, Juan Gómez-Jurado, Ander Izagirre, Antonio Lozano, Julio Llamazares, Mary Morris, Javier Reverte, Enrique Reyes, Paloma Sánchez-Garnica y Marc Serena son los escritores que inauguran esta primera edición de un festival que aspira a ser un referente nacional e internacional de la literatura de viajes y que se configura como algo más que un encuentro literario, al indagar en todos los formatos que pueda adoptar el relato en otros lenguajes artísticos, como el cine, la música y el teatro.

Los autores son los protagonistas de las actividades agrupadas en las secciones Conversaciones en La Ranilla, Nada que declarar. Mujer viajando sola, Tan lejos, tan cerca y Derribando murallas: itinerarios vitales. La escritora estadounidense Mary Morris es la primera escritora que interviene en Periplo y además es la encargada de inaugurar la sección dedicada a las mujeres viajeras, que en el festival toma el nombre de uno de los relatos de viajes más reconocidos de la autora: Nada que declarar. Mujer viajando sola. Morris se encontrará con el público en el patio del Museo Arqueológico el lunes 23 de septiembre.

Las conversaciones son las que mantendrán en público –del 24 y al 28 de septiembre– Reyes Calderón, Juan Cruz, Julio Llamazares, Paloma Sánchez-Garnica y Juan Gómez-Jurado con quien firma ahora estas letras en la carpa situada en el Museo Arqueológico, en el corazón del barrio histórico de la ciudad turística del norte de Tenerife, La Ranilla.

En Tan lejos, tan cerca, el público entra en contacto directo con autores y libros cuyas tramas o experiencias personales están vinculadas a los distintos continentes, con especial énfasis en África y América; es la forma en la que Periplo rinde homenaje al papel de las Islas Canarias y especialmente Puerto de la Cruz, como encrucijada entre continentes, con contactos tanto simbólicos como reales, favorecidos por los viajes y su relato. En este espacio presentarán sus libros Ana M. Briongos: ¡Esto es Calcuta!; Ander Izagirre: Groenlandia cruje (y tres historias islandesas); Antonio Lozano: Harraga; Javier Reverte: En mares salvajes: un viaje al Ártico y Marc Serena: La vuelta de los 25.

Derribando murallas: itinerarios vitales es el ámbito en el que los protagonistas de la historia toman la palabra. Ya no se trata de centrarse en la voz del autor, sino en la experiencia vital de unos viajeros para los que precisamente el viaje ha significado la oportunidad de cambiar un destino mediante una ruptura vital, un esfuerzo de superación de inconvenientes y dificultades. En ese tránsito, el viajero encuentra en Canarias una posta, un hito que le permite recuperar fuerzas y continuar la ruta. En esta edición, el público conocerá las vivencias de Waleed Saleh, protagonista de la novela de Antonio Lozano Las cenizas de Bagdad, y de la princesa Marie Laure, centro de la historia de La princesa que emigró, del escritor canario Enrique Reyes.

Periplo es un programa cultural que incluye una agenda muy completa de actividades, más allá del encuentro con los autores y la presentación de libros. El Festival comienza con la celebración de los talleres de escritura de aventuras en los colegios de primaria de Puerto de la Cruz. La actividad, Triángulo de las Bermudas, se inicia la próxima semana, para que niños y niñas se formen y escriban sus relatos. En la semana siguiente, compartirán sus textos con sus compañeros de otros colegios. La Escuela Canaria de Creación Literaria es la encargada de esta actividad, con el escritor Víctor Conde y la directora de la escuela, Antonia Molinero.

Triángulo… es una de las dos actividades de Periplo en la escuela, que se completa con Viaje al centro del aula, donde, un encuentro entre escritores y estudiantes de secundaria en el corazón del centro educativo permite a los estudiantes conocer en profundidad a los autores, sus obras, sus motivaciones, sus experiencias y sus técnicas literarias. Este año, los autores que visitarán los tres Institutos de Educación Secundaria de la ciudad son Javier Reverte y Antonio Lozano.

El festival se lanza a la calle para incitar la participación activa de la ciudadanía y para encontrar en el espacio urbano a empresas, entidades, agrupaciones sociales que deseen compartir con la Concejalía de Cultura el esfuerzo de crear este evento cultural.

Este parte, la más amplia, del programa del Festival en la ciudad se desarrolla en el perímetro de Periplo, del 23 al 29 de septiembre. Aquí es donde se dan las citas con los autores mencionadas. El programa comienza con Periplo Explorado, la sección dedicada a la presentación de los materiales que dan testimonio del viaje. En esta ocasión se cuenta con la exposición Exotismo, tradición, modernidad, que presenta guías turísticas de Tenerife elaboradas a lo largo de un siglo, en colaboración con la red de Museos y Centros del Cabildo de Tenerife.

La agenda del primer día de Periplo incluye ya el resto de los contenidos que lo caracterizan: Periplo Audiovisual, Periplo Musical, Periplo Escena y Singladura hacia la cultura se desarrollan durante toda la semana y ofrecen una visión del viaje desde la perspectiva de disciplinas artísticas diferentes a la literatura.

Así, Periplo Audiovisual presenta viajes registrados en imágenes en movimiento, en películas de cine, de televisión o los filmes caseros generados por los viajeros. Organizado con la participación de Tinglado Films y del cineasta tinerfeño David Baute, esta sección ofrece distintos apartados en los que se presentan los distintos formatos audiovisuales sobre el viaje.

La sección Viajes Interiores, dedicada al cine de autor, posa su mirada en cineastas que han utilizado el cine para realizar un viaje personal y bucear en su pasado, su identidad, su familia… con nuevas propuestas de lenguaje audiovisual. La sección cuenta con Los viajes del viento, de Ciro Guerra (2009, Colombia), y Elena, de Petra Costa (2012, Brasil).

Canal Viajar, sección dedicada a la importancia del viaje en la programación televisiva actual y su lenguaje audiovisual, se acerca a la serie Vivir de este canal temático de televisión, que ofrece en cada episodio un recorrido urbano desde el punto de vista de la gente que conoce la ciudad porque la vive. Se presentan los capítulos dedicados a Ámsterdam y Nueva York. Pequeños viajeros es la ventana abierta para el público infantil, centrada este año en la animación, con cintas que muestran diferentes técnicas y protagonizadas por viajes increíbles, con un trasfondo de valores tejidos por la amistad. Los filmes seleccionados son En busca del valle encantado, de Don Bluth (Estados Unidos, 1990), y El viaje de Chihiro, de Hayao Miyazaki (Japón, 2000).

Orígenes es la última sección de este Periplo Audiovisual, en la que se exhiben películas de viajes tomadas con tomavistas por viajeros de ida o vuelta: residentes en Canarias que han viajado al exterior, o visitantes que han recogido imágenes del Puerto de la Cruz de hace décadas. La muestra se organiza en colaboración con la Filmoteca Canaria.

Periplo Escena es el lugar del Festival en el que el viaje cobra cuerpo y voz a través del trabajo de actores, narradores orales, clowns… Todas las propuestas escénicas hacen hincapié en el hecho viajero para acercar al público al mundo de la literatura y se organizan en Peripecias, con representaciones dirigidas al público infantil; y Zoco, para el público adulto. Singladura hacia la cultura es el resultado de un rumbo común que comparten las empresas del municipio, la ciudadanía y la Concejalía de Cultura de Puerto de la Cruz. Librerías, restaurantes, hoteles y otros centros comerciales o de servicios dan forma al sello de identidad de la gestión de esta área municipal. Las actividades de Singladura se celebran de lunes a sábado, a partir de las 21.30 horas y hasta las 24.00, en los locales implicados.

Periplo abre su propuesta de incursión en el género literario de los relatos de viajes y aventuras con una feria del libro temática, del jueves 26 al domingo 29 de septiembre, organizada por la Asociación de Libreros de Tenerife, en la calle Mequinez. El festival extiende su área formativa más allá de las aulas con Periplo Formación, destinado al público general, que este año ofrece dos actividades: Imágenes para el testimonio viajero, masterclass a cargo del fotógrafo sueco Mikael Helsing, y Blogs. Bitácoras de viajes, taller de cuadernos de viaje en Internet, a cargo de la Escuela Canaria de Creación Literaria, con Víctor Conde y Alberto Mora.

Finalmente, Periplo Diverso ofrece una visión particular que identifique las razones que han hecho de Puerto de la Cruz una ciudad referente en Canarias, de propuestas culturales, de ebullición de ideas y de una ciudad acogedora, abierta al turismo y los viajeros. Programa en esta primera edición La llave de la Isla, ruta guiada en bicicleta, organizada por Patea tus montes. En la calle de la Verdad, Puertobello homenajea la influencia británica nacida de unos vínculos estrechos y centenarios, con gastronomía, exposiciones y un mercadillo vintage.

Una suelta de libros no podía faltar en este encuentro literario. Libros en ruta se pone en marcha en Periplo con la participación de la biblioteca municipal, para hacer de las calles un espacio en el que ofrecer libros a los paseantes. Un recorrido por el barranco de Tafuriaste pone la nota científica de Periplo, gracias al Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), que facilita el reconocimiento de las características vulcanológicas de la zona con la actividad Geopuerto.

La avaricia según Frank Norris

Jueves, Agosto 29th, 2013

“Y aventuraré una profecía –continuó Jerry, mirando fijamente a su amigo–. Ross, tú eres un hombre nacido y criado en una ciudad. Esto está en tu sangre y en tus huesos. Te concedo tres años para que se borre de tu ánimo esa clase de vida que quieres emprender. Sí, ahora estás convencido de que lo mejor para ti es vivir el resto de tu existencia como un bucanero aficionado. Dentro de tres años, a lo sumo, habrás consumido tu “botín”, como lo llamas, o sus intereses al menos, para pagar los impuestos y el sastre, el alquiler y la cuota del club, y volverás a ser lo que los biógrafos llaman un miembro respetable de la comunidad”.

- ¿Has matado a alguien alguna vez, Jerry? –le preguntó Wilbur– ¿no? Bueno, ya lo matarás algún día, lo matarás en una pelea leal, y verás cómo te sientes después y qué influencia ejerce sobre ti; entonces, ven a hablar conmigo.”

(La capitana de la Lady Letty, Frank Norris)

No sé si Stephen Crane y Frank Norris se cruzaron en Cuba cuando, acreditados como periodistas, cubrían la guerra que separó los destinos de España y unió los de Estados Unidos con Cuba.

Se han compilado los relatos firmados por Crane sobre este conflicto que convirtió en noticia William Randolph Hearts, uno de los primeros grandes magnates de la prensa estadounidense y promotor de eso que se conoce como sensacionalismo.

Pero no sé si en Cuba se vieron las caras Crane y Norris, dos talentosos contadores de historias cuya obra coincide con el nacimiento como gran nación de lo que hoy son los Estados Unidos de Norteamérica.

Stephen Crane murió demasiado pronto pero dejó novelas tan imprescindibles y pegadas/adelantadas a su tiempo como La roja insignia del valor y Maggie, una chica de la calle sin olvidar sus cuentos, los que centró en la guerra hispano norteamericana y publicados en español bajo el título Heridas bajo la lluvia (Rey Lear, 2006) o los recopilados en El bote descubierto (editorial Fontana, 1983).

De ambiente marinero es, precisamente, La capitana de la Lady Letty (Ediciones Abraxas, 2002), de Frank Norris, un escritor al que la suerte se le torció cuando disfrutaba de lo mejor de la vida, y autor también de McTeague, Avaricia (La orilla negra, 2007), una novela que continúa siendo conmovedora y que explora emociones humanas con un retorcido sentido del drama que engancha y abduce.

Porque todo es extremo en esta voluminosa novela que habla sobre el lado más perverso de la condición humana

Y el sentido del amor, la lealtad, la amistad, el dinero, la envidia, la usura, la avaricia… Avaricia fue el título que acuñó Erich von Stroheim en su lastrada pero pese a todo gigantesca Avaricia (1924), una película que transmite muy bien el pesimismo y los excesos de la novela original que, en palabras del escritor Marc Saporta en su interesante Historia de la novela norteamericana, propone “una naturalización del naturalismo en suelo americano, como las novelas de Fenimore Cooper habían naturalizado a la novela gótica derivada de Walter Scott”.

McTeague/Avaricia se lee sin apenas darte cuenta, y produce ese inquietante efecto de temer que se aproxime su final.

Mientras la lees casi parece que recuperas tu adormecido espíritu y te atreves a mirar al exterior.

La aventura.

La conquista.

La del aventurero y la de la misma naturaleza.

En la novela de Norris el protagonista termina macabramente confundido con el paisaje.

El paisaje, literalmente, lo devora.

Avaricia.

No conozco más novelas de Frank Norris en español.

¿Acaso Octopus?

Octopus es el segundo volumen que junto a McTeague iba a formar parte de una trilogía que no llegó a completar el escritor.

No lo sé, y eso me hace sentir como el protagonista de Avaricia al final de la novela.

¿Por qué leer a Frank Norris?

En La capitana de la Lady Letty, su protagonista Ross Wilbur, un joven adinerado y caprichoso es secuestrado en la calle y vendido como marinero en una goleta que gobierna con mano de hierro el capitán Kitchell.

La  goleta encuentra, ya en alta mar, una nave a la deriva.

Lady Letty.

¿A bordo?

A bordo Ursula Andress.

Saludos, Norris, Frank, desde este lado del ordenador.

Sobrevivir a la isla

Miércoles, Julio 10th, 2013

Eran los años de instituto, una época que no tiene nada que ver con la que reflejan las películas y series norteamericanas, aunque algo de ese ardor juvenil se explayaba entre toda aquella tropa que se dividía en cómoda convivencia entre los que practicaban deportes y los que iban de intelectuales en unos tiempos en los que la sombra del General apenas hacía ya sombra porque había pasado a la historia, aunque el ambiente social y político que se respiraba resultaba aún demasiado complicado.

Y ese ambiente se reflejaba en el instituto, el Teobaldo Power para más señas, aunque no recuerdo peleas entre las derechas y las izquierdas pero sí encendidos debates que podían haber llegado a las manos.

Entre café con leche en el Unamuno, un bareto próximo a los institutos, o las tertulias improvisadas que nos montábamos tumbados en el césped de la plaza, los que leían compartían lecturas o bien se empeñaban en ganar prosélitos mientras se citaban títulos y autores que, por aquellos años, no solían enseñarse en clase.

Por un lado estaba la tribu que defendía a Hermann Hesse como el primer autor serio, y encima europeo que, explicaban, les había cambiado la vida.

Se mencionaba así Siddhartha, que siempre me pareció bastante hippy para mis instintos alternativos; Damien y, cómo no, El lobo estepario y Bajo las ruedas. En las filas de los lovecraftianos militábamos un reducido grupo que, náufragos en océanos sin nombre, nos empeñábamos en convencer a los hesseianos de la existencia del Necronomicón.

Luego te topabas con los que solo leían a Marx y su “fantasma recorre Europa”, y los nietzcheanos, quienes agitaban Así habló Zaratustra y El anticristo como si fuera bandera.

En mi grupo, donde siempre fuimos más angloamericanos, apenas nos atrevíamos a levantar la voz ante unos y otros para reivindicar El guardián entre el centeno y El señor de las moscas por temor a que esa pandilla nos respondieran que se trataban de naderías. Algo así como leer a una Enid Blyton que se tomaba en serio cuando yo era más de Los tres investigadores.

Otros autores que tenía que leer a escondida cuando llegaba al instituto era Ray Bradbury, y a Erich Maria Remarque, de quien adquirí su Sin novedad en el frente un Día del Libro organizado en el mismo instituto, y título que me cambió la vida. No he vuelto a leerlo otra vez, como no he vuelto a leer Guardián entre el centeno porque sé que la dicha ya no será la misma.

Un amigo me prestó un día y por aquellas mismas fechas una novela que, vino a decirme, es como la de Salinger pero en español. Se llamaba Edad prohibida, de Torcuato Luca de Tena, pero debo de confesar que a mi ese libro no consiguió abrirme ninguna puerta de la percepción, como tampoco las novelas de un autor por aquel entonces muy conocido, J. L. Martín Vigil, que le encantaba a una chica que por aquel entonces me atraía bastante.

Mucho más tarde se puso de moda leer a los sudamericanos.

Gracias a otra mano generosa pude así descubrir Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez que era el libro que estaba en boca de todos, aunque yo prefería los cuentos de Borges y Cortázar. Rayuela, de la que ahora se cumple no sé cuantos años, pues sí pero no. Entre sus novelas me quedo con Los premios

Hubo más escritores sudamericanos, pero no llegué a ellos hasta mucho tiempo después creo que movido más por el rechazo en aquel entonces a lo que presumía no era otra cosa que una moda.

Moda fueron en aquellos tiempos El principito y Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach. Puedo entender sentimentalmente el éxito del relato de Saint-Exupéry pero no el de Bach, aunque por algún lado de mi librería debe de encontrarse uno de aquellos ejemplares, profusamente ilustrado y cuya notoriedad nunca alcancé a entender por qué.

¿Quizás porque entonces se leía El arte de amar, de Erich From?

La pibada que leía mientras tanto sacaba sus fanzines artesanales, perdía el tiempo dando la brasa en el kiosco de la Rambla –por aquel entonces aún conocida como del general Franco– y se resistía –era mi caso– a tomarse en serio las novelas y escritores que le recomendaban en clase.

Las novelas que nos mandaban a leer eran, entre otras, fragmentos de Don Quijote de La Mancha, y El árbol de la ciencia y Zalacaín el aventurero, de Pío Baroja; Luces de Bohemia, de Ramón María del Valle Inclán y San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno porque en mi clase, al menos, siempre llegábamos a fin de curso hasta la generación del 98.  Y si no…

En cierta ocasión me quejé amargamente a un escritor veterano que despreciara imprudentemente a Ramón J. Sender al serme impuesto obligatoriamente porque tocaba en examen La tesis de Nancy y la más entretenida Réquiem por un campesino español.

- ¿Por qué no incluyeron El bandido adolescente?- pregunté al escritor que tomaba un güisqui en vaso corto en la barra del Metro.

El escritor me miró de reojo y mientras tragaba una generosa ración de centeno destilado contestó:

- ¿Crees realmente que así lo hubieras descubierto?

Y la verdad es que no.

Probablemente lo hubiera leído a toda pastilla horas antes del examen.

Llegué más tarde a Sender porque tenía que llegar a Sender.

Todo esto que cuento es fruto del recuerdo. Aunque más que recuerdo se traten de sensaciones de recuerdo. De fragmentos de experiencias que me mostraron otro camino. Otra forma de ver las cosas.

Faltan muchos más libros. Como El señor de los anillos, de Tolkien, pero desembarqué en Tolkien por culpa de la película de dibujos animados y quería saber como terminaba la historia. No fui, en este aspecto, un tolkenmaníaco destacado. Por aquel entonces lo mío iba sobre criaturas innombrables a lo Lovecraft. Y sobre todo Stevenson, el escritor que me enseñó por primera vez la magia de leer gracias a La isla del tesoro; y Daniel Defoe, quien con su Robinson Crusoe me enseñó que es posible sobrevivir a la isla.

Aún estando solo.

En cuanto a literatura canaria, el único eco que nos llegaba era Mararía, de Rafael Arozarena, novela que, efectivamente, me obligaron a leer en el Instituto.Ya fuera y en sus alrededores, me llegó clandestinamente Crimen, de Agustín Espinisa. Y tarde, mucho más tarde, iniciado ya en los senderos de la novela negra, conocí a poetas y escritores canarios, una pandilla que se reunía para hacer tertulia en una tasca canaria.

Pero esa es otra historia.

Han pasado los años. Pero a veces tengo la sensación de que todo sigue como antes.

Que nada ha cambiado, en especial el nauseabundo olor que los gases de la Refinería dejan flotando en el aire de esta ciudad de provincias en la que vivo.

Mi mirada hacia atrás no está lastrada por el peso de la nostalgia sino por un ligero encogimiento de hombros.

Lo mejor, eso lo sé ahora, está siempre por descubrir.

Saludos, se nos fue Concha García Campoy, desde este lado del ordenador.

Érase una vez en el oeste…

Domingo, Mayo 12th, 2013

Mientras rebusco en la pila de libros usados, algunos incluso maltratados, el tipo de rostro barbado que atiende el puesto me dice, cuando comienzo a dar media vuelta, que hoy es un día malo.

- ¿Un día malo?- respondo con la camiseta bañada en sudor.

 - Pocos clientes.- informa el tipo que atiende el puesto mientras se frota la frente con un pañuelo de papel.- Debe ser que están en lo de Expolsados…

Expolsados reproduce mi cerebro achicharrado.

Ni puta idea de que es eso del Expolsados.

Pero asiento con la cabeza y me confundo entre el gentío que sube y baja por el Rastro de la capital tinerfeña un poco como a la deriva, como pez que se deja llevar por la corriente.

Bajo el arco de las puertas del Mercado de Nuestra Señora de África me encuentro con un amigo que me comunica nada más verme:

- Ha muerto Darth Vader.

- ¿Darh Vader?- Pregunto en un día que parece va estar plagado de preguntas.

- Sí, el que le ponía voz.

- ¿James Earl Jones?

- ¿Cuálo?

- James Earl Jones.

- No, no, el que presentaba concursos.

- No jodas, el gran Constantino Romero.

- Ese tiene que ser.- dice el amigo no muy convencido.

- Puso la voz a Terminator, a Clint Eastwood, a Rutger Hauer en Blade Runner, a…

- Ese, ese mismo.- dice el amigo desapareciendo entre la gente que entra y sale del Mercado de Nuestra Señora de África.

Algo conmocionado porque esta semana que termina está repleta de nombres de ausentes me detengo en puestos atiborrados de libros y encuentro la acariciada edición que Planas de Poesía publicó en 1981 de los cuentos de Antonio Bermejo, el escritor que ha recuperado y reivindica un grupo de narradores canarios y el mismo escritor que inspira la que será la próxima novela de Javier Hernández Velázquez.

El librito, que apenas llega a las cincuenta páginas, está prologado por Víctor Ramírez e incluye una imagen de Bermejo que esa tarde, cuando se lo muestro a mi madre y a uno de mis hermanos reconocerán.

De hecho, yo mismo creo reconocerlo si doy marcha atrás en mi memoria, cruzando la calle de Salamanca y a mi padre señalándomelo.

Cae un sol de justicia sobre Santa Cruz de Tenerife.

Y hay un cielo sin rastro de nubes. Un día perfecto, no malo, para quien les escribe.

Tras dejar el mercadillo y su sinfonía de colores y aromas, enfilo a la parada del tranvía donde leo los relatos de Bermejo. Hay uno en concreto que me desconcierta, La busca.

No había aprendido a odiar. Para encontrar lo que anhelaba era condición previa odiar ferozmente. Odiar a todos y amarse a sí mismo con la adoración de un dios. Encendería su lamparilla en el templo de su persona y el odio respondería. El odio y el amor.”

Así lo escribe Bermejo, un autor que apenas dejó textos escritos y cuya errática existencia casi parece devorar al hombre que, ahora que observo su fotografía, tiene unos ojos inconfundiblemente tristes.

Es un domingo de un día cualquiera en una pequeña capital de provincias que a lo largo del día de hoy se me antoja un pueblecito del lejano oeste. No solo por el calor que se desparrama por su caprichosa geografía sino también porque respiro un aire que siendo el mismo de todos los días me resulta diferente.

¿Un mal día?

Un domingo distinto en todo caso, reflexiono mientras le doy al pedal de la Dakota rumbo a Las Teresitas…

El viento caliente estampándose contra mi rostro y haciendo equilibrio sobre dos ruedas que se deslizan sobre la carretera mientras en mi cabeza, como a latigazos, se repite un fragmento de La huida de Antonio Bermejo pero a toda velocidad, lo que hace que resuene en mi cabeza con la vocecilla de un Pitufo:

Era preciso huir. Aquella noche marcaría el punto de partida. Salir del castigo de vivir entre unos hombres que remueven torturados oleadas de inmundicia. Apartarse, con la mansedumbre del elegido, de entre unos hombres que chillan como simios, que sienten como simios y que no creen ni en ellos mismos. Huir del contagio poderoso que apaga o anula el pensamiento y la voluntad.”

¿Un mal día?

¿Un mal día un día de revelaciones?

- ¡¡¡Alabado sea el Señor!!!- grita el grupo de Evangelistas que se reúnen en el templo que han montado frente a mi casa. 

- Alabado sea.- murmuró observándolos desde la ventana.

(*) La imagen corresponde a The Crowd, Y el mundo marcha (King Vidor, 1928)

Saludos, érase una vez en el oeste…, desde este lado del ordenador.