Amor loco

Jueves, Marzo 1st, 2012

He oído decir a personas muy bienintencionadas que mi abuela se murió de melancolía después de la muerte de mi abuelo, y eso a pesar de que alguien con muy buenas intenciones vino a ponérselo todo patas arriba. Así que cojo la tacha que encuentro en un cajón del armario y escribo en la pared con letras bien grandes: OJO CON LOS BUENOS, QUE NO TE JODAN LA VIDA con su caridad. Y luego firmo con las iniciales de mi abuela. Con suerte creerán que su fantasma habita la casa y se quedará sin alquilar. Tiro la tacha por una ventana, para que crean que mi abuela lo ha escrito con sus propias uñas.”

(El futbolista asesino, Nicolás Melini)

He vuelto a leer El futbolista asesino con una mirada distinta a como lo hice la primera vez y mis conclusiones continúan siendo más o menos las mismas. A mi juicio, El futbolista asesino, pese a sus tics, continúa siendo una de las mejores novelas de la literatura escrita en Canarias de los últimos tiempos. Un título, además, que pese a su equilibrado y nunca identificado localismo, nació con ganas de trascender fronteras.

En esta nueva lectura de El futbolista asesino me ha interesado, sin embargo, mucho más que el personaje, el loco romance loco que se derrama en algunas de las mejores páginas de este el libro. Circunstancia que ha hecho que deseche los materiales que en el pasado me llamaron, por una u otra razón, la atención.

Es decir, que si ayer me descolocaba el retorcido humor con que su autor, Nicolás Melini, presentaba a su personaje: una estrella del fútbol de Tercera División demasiado huraño porque percibe resignado su condición de ídolo regional; lo que más me ha atraído ahora de la novela es su poderosísima y transgresora historia de amor.

Un amor loco y envenenado. Un amor en el que Silvia, la novia –probable víctima de la furia de la que se alimenta su protagonista– se transforma en descarnado igual e incluso verdugo de un hombre sin contradicciones, atrapado por un furor asesino con el que el lector solo puede mantener una discreta distancia.

Pero me arrastro hasta tu cuerpo, lentamente, me desplazo hasta ti y de pronto este se me antoja un trayecto interminable, como si tú fueras el horizonte y yo te persiguiera en vano.”

Y todo ello pese a que El futbolista asesino está narrado en una primera persona donde, supuestamente, se nos desnuda lo que piensa y desea su protagonista.

Lo mejor así de esta novela, recientemente editada por Casa de Cartón, es la relación que ata y sobre todo se desata en esta pareja, muy bien narrada por Nicolás Melini en las últimas e intensas páginas del libro y repletas de un romanticismo que no cae en lo banal ni en lo cursi por su delicada y hermosa crueldad.

Y he aquí, en ese amor loco y desesperado, donde se encuentra, reitero, algunos de los mejores pasajes de una novela a la que el paso del tiempo apenas araña y por lo tanto  que continúa transpirando la misma frescura que la primera vez que cayó en mis manos, hace ahora exactamente doce años en la cuidada y reivindicable colección La Caja Literaria.

Escribo que no pasa el tiempo para El futbolista asesino porque, entre otras cosas, resulta una novela arriesgada y también un enfermizo relato sobre la frustración, el amor entendido a la octava potencia y, ya ven que cosas, la redención. Y todo ello localizado en una geografía –un barranco, un estanque, una plaza, la casa donde reside,  el piso vacío de sus abuelos, el estadio y siempre el mar– que sin ser identificada en ningún momento remite a una pequeña y asfixiante capital de provincias donde aparentemente no pasa nada y en la que todos nos conocemos.

La primera novela de Melini reúne así, en apenas un centenar de páginas, una serie de alertas que no dejan descansar la atención de lector. Alambica además situaciones que, como espectador, se viven con desconcertante sorpresa.

Nada más arrancar la historia, el autor ya nos pone sobre aviso de por donde irán los derroteros de su relato al describir con la precisión de un cirujano el primer crimen del futbolista, conocido con el apodo de Falo (un apodo, por otro lado, a tener muy en cuenta porque no parece gratuito) al ejecutar más que con sangre fría con asombro y una pervertida curiosidad a un taxista con unas extrañas protuberancias en la cabeza. Este crimen, que se describe con puntillosa laboriosidad y hasta descarnado sentido del humor, será el responsable de abrir la caja de Pandora que, hasta ese momento, había mantenido cerrada su protagonista. Un deportista leído, un deportista frustrado, un deportista que, se intuye, quiere llevar hasta las últimas consecuencias su vida antes que transformarse en una persona mediocre, que acepta su fracaso.

Falo es así un rabioso individualista que, curiosamente, trata de ganarse la vida en un deporte de equipo y que, hasta ese momento, llevó una existencia como se esperaba.

Entre los momentos más desarmantes, destaco el segundo crimen que comete el futbolista a una joven en un callejón estrecho y oscuro y que tiene como único testigo a un invidente. O la fabulosa e irónica descripción que hace el protagonista mientras intenta despistar a una pareja de  policías que lo persigue entre una multitud de fanáticos religiosos.

Hay más momentos en esta novela repleta de escenas redondas cuyo andamiaje se sustenta en las aparentemente despreocupadas e irónicas –nunca frías, nunca cínicas por mucho que esfuerce– reflexiones de su protagonista. También, un sobresaliente interés por sacar a la luz las mediocres miserias que lo corroen por dentro. Sus ganas de matar siguiendo el dictado de sus impulsos más primitivos. Impulsos que al final se tambalean cuando el depredador se encuentra con una víctima que tiene un narcisismo mucho más profundo y menos hipócrita que el suyo.

Y todo ello narrado con un estilo sencillo, que va directo al grano y sin borracheras barrocas.

Melini apunta que en El futbolista asesino planea la sombra de Charles Bukowski –la novela, de hecho, se inicia con una frase del escritor norteamericano y de La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela– pero también detecto destellos de Brett Easton Ellis y su fallida American Psycho. Solo que Nicolás Melini tuvo la inteligencia de aligerar su historia de las tonterías con la que el escritor norteamericano engordó el título que más fama le dio en su carrera tras la curiosa –solo curiosa– Menos que cero.

No, a mi juicio lo que a Nicolás Melini le interesa es el personaje y mostrarnos a través de sus ojos la rebeldía de un asesino impetuoso, algo cobarde y moral que al llegarle la hora final pone fin a lo que más detesta: él mismo.

Saludos, ha sido una agradable reencuentro, desde este lado del ordenador.

Vaya, vaya con los amigos de Señor Ojo

Martes, Febrero 21st, 2012

Esta mañana temprano, mientras iba a comprar una barra de pan rústico, me encontré a Señor Ojo durmiendo la mona en uno de los bancos de la Rambla. Resultó curioso encontrarme a Señor Ojo dormido ya que nunca le había visto con el párpado cerrado por lo que debo escribir que me resultó algo inquietante y monstruoso contemplarlo así.

Más que Señor Ojo parecía un cadáver.

No me llamó la atención sin embargo que en una de sus manos descansara una botella semillena (o semivacía, para Señor Ojo) de ginebra.

¿Qué por qué supe que se trataba de ginebra? Pues porque el agua, precisamente el agua, no huele a endrina quemada.

Me acerqué al cuerpo y lo agité.

Señor Ojo soltó un bufido, se removió en el banco y luego abrió el ojo. Un Ojo turbio e inyectado en sangre.

- Despierte usté que ya es hora.- le dije sacudiéndolo un poquito más.

Señor Ojo me miró con una mirada en la que intentaba procesar ¿lo conozco? hasta encenderse la luz de su cerebro flotante en alcohol.

- Oh, es usted… Por un momento pensé….- Chasquó la lengua y dio un trago a la botella mientras movía la cabeza a un lado y al otro.

- ¿Qué tal esos Carnavales?- le pregunté con las manos en los bolsillos.

- ¿Carnavales?- se dijo señor Ojo.- ¿Estamos en Carnavales?

Me puse a reír como un tonto. Señor Ojo aprovechó el tiempo muerto para beber otro trago.

- Joder con el puto Sol.- escupió haciéndose sombra con la mano izquierda.

- ¿Se puede saber onde ha estado usté?- le pregunté.

- Estar… BrrrrrZzzzz… Estar…

- Señor Ojo, ¿se encuentra usté bien?

Me respondió acabándose de un trago lo que quedaba de ginebra.

- Tráigame otra de éstas.- señaló tirando la botella vacía al jardincillo.

- Acompáñeme usté, carajo.- solté algo cabreado.

Señor Ojo se puso en pie como pudo, luego se inclinó sobre el suelo y vomitó.

- Ahhhh.- que bien me siento ahora.- apuntó frotándose el estómago mientras caminábamos al bar El Ruedo.

Entonces, recuerdo ahora que fue entonces, cuando Señor Ojo me contó estas historias.

 I.- FUERA DE JUEGO

 - Ayer ¿o fue anteayer? tuve que darle dos bofetones a Falo. El muy cretino, pese a que ya no mete goles, está que se sale. Se sale porque la editorial madrileña Casa de Cartón acaba de publicar una nueva edición de El futbolista asesino, ese libro que cuenta su historia y que escribió haciendo de negro Nicolás Melini. Falo no dejó de darme la vara de lo contento que estaba. El tipo se cree un killer, ¡ja! Luego me explicó que esta es la cuarta ocasión en que le publican la historia ya que la primera, contaba el muy idiota, lo hizo Ediciones La Palma en colaboración con CajaCanarias, más tarde Ediciones Idea y el año pasado –porque estamos en 2012 ¿verdad?– para el mundo digital la editorial Musa a las 9. El futbolista asesino regresa ahora a las librerías de la mano de un sello editorial independiente creado por el editor peruano José Luis Torres Vitolas y…

- ¿Y, Señor Ojo?

- Pues que ya no me acuerdo.- contestó acomodándose en la barra del bar El ruedo donde pidió una ginebra.- La peor que encuentre.- le exigió al camarero.

Tras saborearla exclamó:

 II.- Y DALE CON LA COMIDA

 - Juan Bas me acaba de mandar Ostras para Dimitri, donde insiste en sus temas de siempre… Ya sabe, la comida, el berbecio…

- Parece un vasco.- dije bebiendo mi carajillo.

- Es que es vasco, imbécil.- Me cortó Señor Ojo posando su ojo en la barra metálica y, sin hacer caso de mi cara de payaso, continuar con su discurso.

- Además, el protagonista Pacho Murga se le parece a usted. Solo que Murga es un señorito bilbaíno pero igual de pijo y venido a menos que usted. Y no me mire así, que sabe que le digo la verdad. Murga, que protagonizó Alacranes en su tinta y Voracidad, cumple en Ostras para Dimitri condena en la prisión de Salto del Negro, donde conoce a Dimitri Urroz, una mezcla de ruso y navarro, que se convierte en su protector y de paso le complica la vida. ¿Me sigue?

- No.- comenté terminando mi carajillo.

- Pues váyase usted al carajo.

 III.- JUANCHO

Señor Ojo cogió en ese momento de una de las mesas un ejemplar arrugado del ABC, al colocarlo sobre la barra comenzó a pasar las páginas del suplemento cultural deteniéndose en el artículo de J. J. Armas Marcelo.

- ¿Lo conoce?- me preguntó pidiendo otra ginebra.

- No tengo el gusto.

- Pues aquí pone algo de Joyce, ese Ulises pegado a la botella como quien le habla, y Mario Domínguez Parra

- ¿Mario Domínguez Parra?

- Sí, aquí leo que ha traducido un libro del viejo Ulises pegado a la botella.

- Déjeme el suplemento…

- No se me ponga pesado que aquí tiene usted… Por cierto, una pregunta.

-Cuente, cuente.- respondí leyendo el artículo de Armas Marcelo.

- ¿Puede invitarme a otra ginebra?

 Saludos, Ende, desde este lado del ordenador.

A partir de ahora ‘El Perseguidor’ se publica todos los miércoles en ‘Diario de Avisos’

Miércoles, Noviembre 30th, 2011

El sábado 26 de noviembre El Perseguidor anunció en su portada el cambio de día que, a partir de la próxima semana, iba a caracterizar la periodicidad semanal del suplemento cultural del periódico tinerfeño Diario de Avisos y que coordino desde su aparición, el 10 de julio de 2010.

Informamos así, y para que quede constancia, que El Perseguidor continúa editándose con el decano de la prensa en Canarias, aunque a partir de ahora su aparición será todos los miércoles mientras el cuerpo aguante.

De esta manera, este miércoles, 30 de noviembre, iniciamos una nueva etapa en el calendario del suplemento.

Los contenidos que ofrecemos en el número 74 incluyen, entre otros, una extensa entrevista con el traductor José Aníbal Campos González, un atractivo reportaje firmado por el escritor Nicolás Melini y en la sección El vuelo de Ícaro, que coordina Coriolano González Montañez,  dos poemas del poeta estadounidense Stephen Ellis traducidos y con notas de Mario Domínguez Parra.

Así que ya lo saben, a partir de ahora El Perseguidor todos los miércoles con el Diario de Avisos.

Saludos, apúntenlo en sus agendas, desde este lado del ordenador.

Ser o no ser

Martes, Octubre 25th, 2011

He seguido con atención la polémica que se ha suscitado en torno a la escasa presencia de editores y escritores canarios en el SILA porque quien puso el dedo en la llaga es uno de esos amigos a los que además de respetar profesionalmente me une una relación que, con sus naturales encuentros y desencuentros, para mí es un hermano. Me refiero a Alfonso González Jerez, uno de los escasos referentes de los medios de comunicación de Canarias que por su cruda objetividad invita a la reflexión a través de sus columnas periodísticas que hoy publica el Diario de Avisos pero que ayer también enriquecieron las cabeceras de periódicos como La Gaceta de Canarias, Canarias 7 y La Opinión de Tenerife. Lean, lean la que escribe hoy en el periódico. Podía haberla titulada Historias para no dormir.

En su primer artículo, del que nos hicimos eco en este mismo blog así como de la respuesta del escritor Nicolás Melini, Alfonso lamentaba con buen criterio –y bien es cierto que con ácidas palabras– sobre la pobre presencia de editores, narradores y poetas de las islas en el Salón Internacional del Libro Africano, encuentro que quien ahora escribe estas líneas ha estado vinculado desde hace unos años, aunque en su tercera edición ha tenido la oportunidad de vivirlo desde dentro para constatar el enorme esfuerzo que se hace por hacer realidad un proyecto en el que, obvia decirlo, quien ahora les escribe cree y en la medida de sus posibilidades ha intentado respaldar desde sus comienzos.

Me sorprende por ello el lado por el que se están escorando las críticas a las ausencias que planteó en un principio González Jerez, a quien parece que quieren crucificar por expresar libremente su opinión.

El refranero popular dice que quien se pica es porque ajos come, y a tenor de lo que he leído en blogs de poetas y escritores canarios la verdad es que, efectivamente, quien se pica es porque ajos come ya que nadie de los que ha levantado la tizona para arremeter contra González Jerez esgrime argumentos que desmonten las reflexiones del articulista.

Y es que algunos (no todos, afortunadamente) de los que escriben y editan en Canarias han preferido obviar su asistencia a las tres ediciones celebradas del SILA como quien no quiere beber de una fuente que emana en pleno desierto.

Vayan ustedes a saber sus extrañas razones. Ya saben, esa manía de pasar sed para estar quejándose todo el santo día de que tienen sed.

A mi, qué quieren que les diga, y como buen beduino que busca agua en el desierto, me parece insólito.

Será porque no me gusta pasar sed.

He tenido la suerte de asistir a encuentros con los libros celebrados en distintos puntos de este país llamado Expaña y en uno de ellos, tan cultural y festivo como es la Semana Negra de Gijón, he visto entre el público diariamente a editores, poetas y escritores asturianos a los que no se les caían los anillos por asistir a las numerosas mesas redondas, presentaciones y conferencias que allí se impartían

SILA no es la Semana Negra de Gijón, obviamente.

Sus objetivos, y el presupuesto que maneja, son radicalmente distintos.

En SILA se dan a conocer las múltiples realidades literarias que hoy por hoy se están cocinando en el continente africano y también es un foro que promueve, a través del Encuentro de Editores, el intercambio no solo con el universo editorial africano sino también europeo y latinoamericano.

Este año, por ejemplo, SILA acogió la IV Cumbre de Editores Independientes Latinoamericanos, un espacio abierto a los profesionales de la edición en Canarias…

Lamento escribir que el número de profesionales del libro del archipiélago que asistieron a este encuentro no fue, digamos, el que se esperaba.

Cuando alguien me preguntó los por qué, solté aquello que somos un pueblo aplatanado. Domesticado, feliz en una inquietante indiferencia de canario. Ese pajarito que canta muy bien siempre y cuando esté enjaulado. Dale de comer alpiste.  

En las dos mesas redondas que organizó la Alianza Internacional de Editores Independientes, salvo dos responsables editoriales canarios, lo que allí se dijo, lo que allí se expresó con mesura cuando tenía que haberse dicho a gritos, fue revelar las claves de cómo se lo montan en otros países para editar y que los libros que publican de manera independiente –fuera de las cadenas multinacionales– lleguen a su gente. A sus lectores potenciales.

Esta mañana, hablando con un editor canario al que estimo y respeto porque se ha convertido en algo así como un canario con necesidad de mover las alas, le comentaba esto mismo cuando me interrumpió diciéndome que no lo habían invitado al SILA.

¿Invitado? Pregunté.

El editor al que estimo y aprecio se quedó un buen rato mirándome.

¿Invitado? Volví a repetir.

SILA está abierto al público en general. Pero sobre todo está abierto a que los editores y escritores canarios además de hacerse una idea de lo mal que está publicar y escribir fuera de este ombligo peludo que es Canarias, aprendan escuchando las realidades de otros escritores y editores que realmente lo tienen muy duro para escribir y editar en sus territorios, e invita a que conjuntamente planifiquen futuras iniciativas editoriales.

Conocer cómo lo han hecho es, al menos para quien ahora les escribe, una respuesta  para aprender a sortear las dificultades que nos amenazan en este apocalíptico 2012 que ya se nos viene encima.

Respecto al escritor que ha dado el paso adelante al sentirse airado en nombre de otros escritores que no se han sentido airados debo decir que la producción literaria de Nicolás Melini es, a mi juicio, y sobre todo en el territorio del relato corto, excelente.

Ya he escrito que Melini es, reitero que a mi juicio, eficaz para contar mucho en apenas seis o siete páginas.

Su último libro de cuentos, Pulsión del amigo, logró lo que muy pocos libros canarios leídos en los últimos tiempos ha hecho: que me llegara al corazón, que me conmoviera. Que me dejara turulato y que supiera, no ya intuya, que detrás había un escritor que trascendía sus intenciones de futbolista asesino.

Melini, con muy buen criterio, vive en Madrid y por razones obvias no pudo asistir al SILA pero sé, no intuyo, que se sentiría muy cómodo en el Salón. Que sería uno de esos escritores canarios que asistirían –libre de prejuicios y paranoias– si no a todos al menos a la mayoría de las mesas redondas, presentaciones y conferencias que el Salón ofrece –es oro puro, creánme–  a lo largo de los cinco intensos días de su desarrollo.

Algunos opinarán que está mal que lo diga porque este año formé parte de esa familia que lo hace posible, pero pese al trabajo y los nervios, SILA es un milagro. Un oasis que invita al pensamiento y al intercambio. También al descubrimiento de un universo literario que pese a la censura y a la pobreza, está haciendo todo lo posible para competir contra un Primer Mundo que hoy más que nunca tiene los pies de barro.

De esto y otras cosas hablaron Boubacar Boris Diop o Sami Tchak, entre otros escritores, en SILA 2011.

Y como razonó Alfonso González Jerez apenas encontré a editores y escritores canarios sacando provecho de estas experiencias.

Sus razones tendrían, pienso.

Aunque no son tiempos, pienso otra vez, para mirarnos el ombligo y sí la de aprovechar las oportunidades que ofrece un espacio que invita al intercambio y al debate sensato. A tender puentes.

Por ello, que algunos de los integrantes del puchero narrativo canario se sientan molestos porque alguien les diga “esto es lo que pienso que son” me asombra. Claro que al sentirse algunos reflejados en ”esto es lo que pienso que son” se ha logrado al menos que despierten momentáneamente de su habitual letargo.

Allá ellos pero no sus lectores.

Saludos, esa es la cuestión, amigos, esa es la cuestión, desde este lado del ordenador.

Dando la nota. Don’t worry, be happy

Miércoles, Octubre 5th, 2011

BLUE MOON

El espacio Ámbito Cultural del Corte Inglés en Santa Cruz de Tenerife acoge este jueves, 6 de octubre, a las 19.30 horas, la presentación de la novela Hija de Lobos (Minotauro) de Víctor Conde. Conde avisa que en el acto no solo hablará de la novela gótica como tal, sino también de las tendencias que en la actualidad caracterizan al género del horror en el mercado español. El escritor publicará muy pronto en la colección G21 una ficción en la que se aleja de los cánones de la ciencia ficción y el terror en los que se ha movido hasta ahora. Su título: Malpaís.

HACEN MÁS GRACIA EL GORDO Y EL FLACO

Diario de Avisos publica en la edición del miércoles 5 de octubre la respuesta del escritor Nicolás Melini a un artículo publicado en este mismo periódico por el periodista y también escritor Alfonso González Jerez. Si pinchan los nombres de cada uno podrán leer ambos artículos, así que espero saquen sus propias conclusiones.

ESTOY AQUÍÍÍÍ

Aunque todavía es pronto, aviso que el 14 de octubre el desinquieto Javier Hernández Velásquez presenta a las 19 horas en la MAC su última novela, El fondo de los charcos. El escritor Alexis Ravelo oficiará de maestro de ceremonias. Hernández Velásquez dio a conocer este título el sábado 1 de octubre en el Espacio Canarias, en Madrid.

¡¡¡YA ERA HORA!!!

El Área de Cultura del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz pone en marcha un boletín electrónico en el que da cumplida información sobre las actividades que en la actualidad desarrolla la Corporación en área tan maltratada. Merece la pena consultarla para tomar el pulso cultural que la capital turística pretende recuperar.

Saludos, sayonara, baby, desde este lado del ordenador.

A propósito del puchero narrativo canario

Sábado, Septiembre 10th, 2011

La colección G21 Narrativa Canaria Actual ha iniciado su andadura con la publicación de dos novelas: Murmullo de hojarasca, de José Luis Correa, y Biografía reciclada de Manolito el Camborio, de Cristo Hernández.

Ofrece la pequeña novela de Hernández –apenas un centenar de páginas–  un retrato que sabe a muy poco del protagonista que da título a su obra. Probablemente porque su autor fue consciente que el material que tenía a mano no daba para más.

Una pena.

Esto me hace pensar si será verdad que, pese a los tiempos de crisis que vivimos, estemos asistiendo a una profunda renovación de la narrativa canaria.

Actual.

Es cierto que hay variedad de títulos y que autores no faltan –algunos  dignos a destacar– pero aprecio en la mayoría una aterradora falta de complejidad que podría dar al traste con lo que temerariamente unos llaman fenómeno y yo como un ingrediente más del puchero literario canario.

Ya se ha comentado hasta la saciedad que casi todos estos escritores actuales cuentan con suficiente obra publicada, también que cultivan una variedad de géneros que hasta el día de ayer era como territorio ignoto para los escritores nacidos o educados en las islas.

Pero detecto en la mayoría de los actuales una misma desidia, un dejar o llenar páginas sin itinerario que tritura lo que podría ser un coherente discurso literario.

Estoy en mi derecho como lector de demandar historias que además de estar bien escritas, entretengan.

Que disfrute abriendo las páginas del libro para sumergirme en la profundidad del relato.

Pero algo extraño ha pasado con la Biografía reciclada de Manolito el Camborio.

Siendo una novela corta me ha parecido larga.

Larga pese a su ironía.

Pero lamento escribir que no he encontrado gracia a la ironía ni hacia donde pretendía conducirme con ella.

Esto me hace reflexionar que no encuentro entre los miembros que forman parte de la narrativa canaria actual escritores que ofrezcan una visión de la Canarias actual que me haga pensar.

La mayoría suele perderse en personajes que por norma general protagonizan historias que no van hacia ningún lado, y no porque escriban bajo la tapadera cómoda del experimentalismo sino porque –me da la inquietante sensación– no son capaces de dar el acabado que merecían sus, aparentemente, coherentes y genéricas apuestas literarias.

La Biografía reciclada de Manolito el Camborio parece, en este sentido, un borrador. O lo que comenzó siendo un cuento un ahora aforado ejercicio reciclado de novela corta que se hace larguísima.

Pero lo mismo me pasa con José Luis Correa, quien tampoco apura ni da la consistencia exigible a su Murmullo de hojarasca.

O Javier Hernández Velásquez, que engorda sin propósito alguno su El fondo de los charcos casi como si pretendiera encontrar la clave con la que poder cerrar su ambiciosa novela sobre la capital tinerfeña.

En Los tipos duros no leen poesía, Alexis Ravelo propone una curiosa pero rutinaria novela del personaje Eladio Monroy. 

¿Y?  

Y algo parecido me pasa al digerir el último negro policial de Antonio Lozano, que no es un escritor de la narrativa canaria actual pero sí un narrador canario del que esperaba algo más de su, a mi juicio, decepcionante La sombra del minotauro.

La escritora tinerfeña Yanet Acosta propone una divertida pero primeriza y endeble aventura en su El chef ha muerto.

Y si bien no he comenzado aún a leer la novela Kopi Luwak de Antonio Cabrera Cruz, admito que estoy depositando en ella mis esperanzas tras los apasionados elogios de Nicolás Melini. Un tipo, Melini, con el que comparto algunas complicidades que espero no se frustren.

Deseo que Víctor Conde no me defraude con su última novela, Hija de lobos –título que presenta el próximo 6 de octubre en el Espacio Cultural de El Corte Inglés de Santa Cruz de Tenerife– porque Conde al menos conoce y maneja muy bien las claves del género en el que se mueve…

En cuanto a El guanche en Venecia y Erich el zurdo, de Juan Manuel García Ramos y Domingo-Luis Hernández, respectivamente, encuentro en su lectura exactamente el mismo interrogante que me aqueja con el grupo de narradores canarios actuales: ¿saben de lo que están escribiendo?

Partiendo del principio solidario que está muy bien que, pese a la crisis, estemos asistiendo a un interesante momento literario de la novela escrita en Canarias ¿por qué no dudar si todo lo que se está publicando se trata de verdad de novela?

Es decir, de algo tan simple y complejo como ¿me estás contando de verdad una historia?

Solo puedo decir que, en estos últimos meses en los que he leído mucho de los de antes y actuales narradores canarios. tengo mucha hambre.

Y cuando tengo hambre es porque lo que he digerido no me ha saciado.

Luego concluyo que algo falla y le falta a al puchero literario canario.

Claro que como tituló un amigo que ya es hermano:

“¡Salvemos el puchero!”

Saludos, mis tripas protestan, desde este lado del ordenador.