“Creo en mirar desde un rincón muy chiquitito, que soy yo”

Lunes, Abril 17th, 2017

Nicolás Melini (Santa Cruz de La Palma, 1969) se ha convertido en una de los más notables escritores de relatos de la literatura española actual. No transitan los escritores españoles por este género, aunque es un recelo que poco a poco se va desmontando en un país que, hasta el día de ayer, le gustaba tanto vivir del cuento. Bromas aparte, Nicolás Melini cuenta con una obra consolidada a sus espaldas, libro tras libro en lo que evoluciona a una síntesis del lenguaje en lo que importa, al menos así lo parece, es lo que se cuenta y no la forma de contarlo, que también.

Africanos en Madrid (Reino de Cordelia, 2017), el nuevo libro de Nicolás Meilini, reúne relatos y conferencias en los que adentra al lector en la vida cotidiana de un grupo heterogéneo de personas en la capital de España. ¿Cuáles son su miedos?, ¿sus relaciones con los demás? son solo algunas de las preguntas que este libro procuro responder con hondo acento literario.

-La línea narrativa que propone en Africanos en Madrid se separa de la de anteriores libros suyos. ¿Cómo se planteó esta obra que, finalmente, edita Reino de Cordelia?

“Se separa de los anteriores en el sentido que este no es uno de mis libros de cuentos. Tampoco es una de mis novelas. También en que parece tener un tema muy definido. No tanto en cuanto a cómo cuento o cómo es la escritura. Ahí no hay separación, me parece, aunque sobre eso puedo estar equivocado. Pero de algún modo profundizo en algo en lo que ya estaba: la fragmentariedad. La composición fragmentaria, por medio de piezas diferentes. En Cuaderno de mis mayores, en Cuadros de Hopper, en Pulsión del amigo (en la medida que es un libro de cuentos), y en alguno de los inéditos también. Sobre la fragmentariedad, creo que ha sucedido algo que es interesante y relativamente reciente: en general, nos hemos vuelto literariamente muy transparentes. Ahora casi todo está en lo dicho, como en una pantalla de cine. Por tanto, para decir algo más que lo explícito, exploramos las hendiduras entre los fragmentos. El discurso entre piezas. El único resquicio que nos queda para transmitir lo no dicho es allí donde termina un fragmento y empieza otro. Yo estoy intentando todo el tiempo unir fragmentos de mis cosas a ver si funciona. Probando, probando. Haciendo manuscritos, algunos disparatados. Buscando decir algo más que lo dicho en las piezas. En el caso de Africanos en Madrid fue muy sencillo. No hubo la menor premeditación de escribir un libro sobre este tema, y mucho menos una intención abarcadora. Comencé a escribir sobre africanos por encargo, me encargaron un cuento, y luego otro, y luego otra cosa. Luego, comenzó a formar parte de —por decirlo de algún modo— mis palos. En varios de mis libros, publicados e inéditos, se coló alguna pieza, algún fragmento con representación africana. Y, de pronto, sentí la necesidad de explorar la posibilidad de juntar las piezas y ensayar algún tipo de estructura que pudiera ser idónea para que el conjunto dijera más que lo que dicen las piezas por separado. Enseguida di con la estructura (también, gracias a lo diferentes que son los capítulos entre sí). Y, finalmente, este libro ha salido antes que cualquier otro de los que he escrito últimamente, porque ha habido un buen editor que lo ha leído y se ha interesado, y el proceso de publicación de los otros va más lento.”

- ¿Y qué necesidades le animaron a hacerlo?

“Creo que la necesidad principal es la de construir un sentido, no sé si mayor, o nuevo, o distinto del que había. Soy un adicto de la combinación de piezas. Luego, además, que me parece que es un libro que en absoluto existe.”

- El libro cuenta con historias publicadas en revistas, una conferencia, relatos inéditos y, pese a todo, la impresión que saca el lector al finalizar su lectura es de unidad. ¿Es intencionado?

“Lo que es intencionado es cómo está construido. Se suma la experiencia de haber escrito libros como los antes citados y Los chinos y Adonde marchaba, mis otros libros de poemas, que sufrieron procesos fragmentarios muy similares.  Las piezas, en este caso, son muy dispares, ni siquiera coinciden en los porcentajes de combinación de géneros que hay en unas y otras. Hay breves capítulos prácticamente confesionales. Otros son cuentos. Otro un relato largo. En cada uno de ellos, la combinación de géneros es distinta: más crónica que ficción, más ficción que crónica; confesional, prácticamente ficción pura y dura. Lo maravilloso, me parece, es que pudiera funcionar y decir algo que no se pueda decir de otra manera. Pero eso lo tiene que decir el lector.”

- El escritor mantiene cierta distancia ante las historias que cuenta. ¿Cuál es la mirada de Nicolás Melini de esos Africanos en Madrid?

“Creo en mirar desde un rincón muy chiquitito, que soy yo. Aunque lo que domina en el libro es la ficción y la crónica, no he ido a documentarme a ningún sitio, no he ido a buscar estas historias, a estos personajes. Es lo que veo desde donde estoy. Prácticamente en mi casa. No hay una pretensión abarcadora, sino una pretensión de parte que signifique. Si no me hubiese emparejado con una senegalesa, jamás habría escrito algo así. Me gusta que lo que escribo se confunda en parte con mi propia vida. Yo estoy en este libro. Es una mirada familiar y entre iguales. “

- ¿Cómo cree que los observa la sociedad española?

“Esto es muy difícil de saber y de enunciar. Seguramente hablan más las anécdotas. En el libro hay bastantes. Pero sí me gustaría decir algo: España es un país que está relativamente bien en términos de trato al inmigrante negro. El tema racial lo hemos aprendido de la cultura estadounidense, que es también la nuestra. Lo que pasa es que, mientras ellos hacen películas y literatura sobre conflictos raciales porque tienen abierta una herida racial importantísima (desde la esclavitud), que se traduce en muertes demasiado frecuentes, nosotros hemos recibido los discursos de tolerancia de manera limpia, sin tener que enfrentar ningún problema de ese tipo. Nos ha alcanzado el discurso positivo, y aquí no había debate, no había quien se opusiera a ese discurso positivo. Creo que es algo muy bueno que nos ha llegado, indirectamente, del problema racial estadounidense.”

- Y los africanos, ¿cómo observan a los españoles?

“Los que yo conozco son muy respetuosos, y se parten de risa con Aquí no hay quien viva y con Aída, ese tipo de series, es decir, lo costumbrista español. Les encanta. Luego hay cosas que les chocan mucho: por ejemplo, el trato que dispensamos a nuestros mayores. Los sienten abandonados. No les cabe en la cabeza. Son infinitamente más familiares y comunitarios que nosotros, que somos más individualistas. Alguno me ha contado las conversaciones que ha tenido con señores españoles en el banco de alguna plaza. Los adoptan, porque hablan con ellos y se interesan por sus problemas. Se pueden imaginar lo que les cuentan. “Si volviese para atrás, no tendría hijos. ¿Para que ni vengan a verme?”

- ¿Cuánto hay de realidad y ficción en Africanos en Madrid?

- En este libro hay realidad, lo que pasa es que, a menudo, la realidad se obtiene mediante mecanismos de la ficción. Salvo los dos o tres textos casi confesionales, que son fáciles de reconocer, todo lo demás tiene algún grado de ficción. A veces un grado muy alto.”

- ¿Piensa que es correcta la información que los medios de comunicación transmiten sobre los africanos que viven en España?

“Correcta sí. Otra cosa es el sesgo que toman las informaciones sobre inmigración cuando hay debate político sobre ello. Por otro lado, hay bastantes momentos en los que, me parece, los principales medios han silenciado cuestiones relevantes que se estaban produciendo, básicamente, por no concordar con los relatos que estaban ofreciendo los partidos políticos. Cosas que no se pueden decir y hacer debate sobre ellas porque influiría en la intención del voto de los ciudadanos de una manera quizás drástica. Ni siquiera creo que se haga por maldad, sino por conducir el debate según conveniencia política y de la élite económica, por estabilidad, por priorizar aspectos que se consideran más relevantes para el futuro del conjunto del país. La damnificada suele ser la verdad. Los inmigrantes que no votan también se pueden dar por damnificados, porque aún viéndose seriamente perjudicados por determinadas políticas, su perjuicio no suele contar. Ese desfase entre cómo se ha contado en los medios y lo que en realidad ha sucedido debería poderse dilucidar a través de algunos pasajes del libro.”

- Entre los relatos que incluye en el libro, ¿hubo alguno que le resultó especialmente difícil de escribir?

“Quizás el más sencillo, y por eso me acuerdo, fuese Mis padres susurran, sobre la mutilación genital femenina en el África del oeste. Lo escribí a mano, de un tirón, con mi hija al lado, leyendo en la terraza de una cafetería, y deprisita porque tenía que volver a casa a hacer la comida. Ese momento fue sencillo, pero llegar a ese momento, haber madurado todo lo que era necesario madurar para estar preparado para ese momento, fue un proceso largo, posiblemente de bastantes años.”

- ¿Cómo definiría a los africanos que conoce?, ¿Qué características destaca de su experiencia en España?

“Por lo general gente muy tranquila. Muy pendiente de su familia, de enviar dinero. Se sacrifican mucho. El sentido de su emigración fue el de encontrar una salida a sus vidas. Cuestión de dignidad, de tener una vida digna. Poder casarse, poder tener hijos. Los hombres, incluso algunas mujeres, suelen casarse con personas que se encuentran allá. Algunas veces, allá se quedan sus parejas. Allá tienen a sus hijos. Aunque en esto hay casos de todo tipo. Luego está la religión, que también es importante. En mi círculo conviven personas que son musulmanas muy creyentes, musulmanas creyentes pero de hábitos nada fervientes (muy similares a cómo son la mayoría de creyentes en España), africanos católicos y africanos ateos o agnósticos. Sin conflicto religioso alguno. Sin discusión religiosa. Sin criticarse entre ellos. Sin censurar las costumbres de unos o las de otros. Más bien con humor sobre las costumbres de unos y otros. Los musulmanes van a celebrar la primera comunión de la hija del que es católico y los católicos pueden participar en la Fiesta del Cordero (yo mismo, que no tengo religión y que soy pues como solemos ser por aquí respecto de estas cosas, puedo participar de todo con absoluta naturalidad). Supongo que en su caso hay algunos aspectos que los une por encima de cualquier consideración religiosa o cultural. Tampoco me parece que sean especialmente críticos con lo de los españoles. Y no es por que no sepan o no entiendan: generalmente saben bastante bien qué es lo que sucede. En un año o dos han aprendido la mayoría de los códigos sociales. Políticos, personajes públicos de diferentes ámbitos, discursos de los partidos…”

- En el libro queda muy bien reflejado que se mantienen fieles a su cultura y a sus tradiciones.

“Pues, es curioso, pero no tengo la sensación de haber pretendido mostrar que se mantienen fieles a su cultura y tradiciones. Déjame reflexionar. No estoy seguro de que lo que se describe en el libro… Sí es verdad que, cuando escribimos, solemos fijarnos en momentos o aspectos que son especiales, llamativos o elocuentes. Claro, no podía no mencionar la comida. Cuando se hace una celebración, por supuesto, se hace lo que mejor se sabe y, también, lo que mejor recupere de la nostalgia. En estos días he conocido en Francia, en Aix-en-Provence, a una española que emigró hace unos 10 años. Ahora tiene una tienda en la que vende productos de España: vino, queso, jamón, fuet…. Le digo, “ah, ¡entonces traficas con la nostalgia!”. “¡Exacto, eso es, no lo podías haber dicho mejor!”, me responde y echamos unas risas. Posiblemente, mucho de lo que se cuenta en el libro y pasa porque “se mantienen fieles a su cultura y tradiciones” no es más que eso. El español que odia los domingos de paella, emigrado a Australia es quien los organiza (y el grupo de españoles que se junte, todos encantados, cómo no). Yo no definiría a eso, un domingo de paella en Australia, mantenernos fieles a nuestra cultura, aunque, debido a nuestra nostalgia de paellas, tortilla española y jamón de Jabugo, habrá más de un australiano que piense que los españoles conservan sus costumbres y a su cultura. Creo que son mecanismos para sobrellevar el desarraigo. Me parece que es algo inevitable cuando se emigra y que nos pasa a todos. “

- Los africanos que protagonizan las historias del libro son senegaleses. Imagino, no obstante, que habrá diferencias con otros hombres y mujeres que proceden de otros países africanos. ¿Conoce también esas realidades?

“Este es un libro contado desde la familiaridad. Negros del África del oeste. Sobre todo senegaleses y gambianos. Pero creo que cualquier africano negro que viva en Madrid, sea del país que sea, puede sentirse reflejado de alguna manera. Lo concreto, a veces, puede ser extraordinariamente universal. He tratado a una familia de refugiados mauritanos, a un solicitante de asilo de Sierra Leona, a algún nigeriano, a algunos etíopes de los que llegan a España después de haber estudiado en Cuba, por supuesto a unos cuantos guineanos, marroquíes, argelinos, etc., etc. Me parece que se puede titular Africanos en Madrid a un libro que habla de una comunidad de negros africanos en Madrid. Y luego, en efecto, hacer la aclaración de a qué africanos nos referimos. En cualquier caso, este ni es ni podría ser un libro abarcador de los africanos que hay en Madrid. Pero eso, ¿tendría sentido? Y me parece que se entiende que es un libro sobre “unos” Africanos en Madrid. Y que es literatura, no un atlas para niños, en el que sí tendrían que estar todos representados.”

- La crisis ha despertado en los últimos tiempos cierto sentimiento racista en la sociedad española. ¿Cree que el español es racista?

“Creo que este es un país bastante aceptable en términos de racismo. Aún así, el racismo está por todos lados en este país, por activa y todavía mucho más por pasiva, casi sin que nos demos cuenta. Aquí hay negros desde siempre. El Lazarillo de Tormes tiene que ir con el ciego porque su madre se amanceba con un negro, que debe de ser lo peor que podía hacer ella en la época, y le da un hermanito pequeño, y ahí comienza la larga historia (yo creo que de prostitución) del Lazarillo. Hace poco se ha estrenado un documental sobre la influencia de los negros de Andalucía en el origen del flamenco, algo desconocido hasta ahora. Y un caso paradigmático de ninguneo lo tenemos en Canarias. Cuando los niños que éramos veíamos Raíces en la tele, nadie nos decía que Canarias había sido pieza clave en el comercio de esclavos. África nos parecía algo lejanísimo. Nos hemos llegado a ocultar, en los mapas, la cercanía de África, hasta hace poco. No hay gesto político más racista que la negación incluso de la existencia y proximidad de África, y lo peor es que salimos perjudicados allí donde más nos duele a los canarios, en la identidad. Nos falta África, estamos cojos. “

- ¿Está trabajando en un nuevo libro?

“Tengo varios libros inéditos. Y sigo trabajando en otros varios. Este mes escribo una novela corta que se va a traducir y publicar en Francia.”

Un nonbre: El Hadji Amadou Ndoye

El Hadji Amadou Ndoye (Senegal, 1947.2013) estuvo muy vinculado a Canarias por su línea de trabajo a quien Nicolás Melini rinde homenaje en el libro reproduciendo la conferencia que dictó en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria por encargo de la cátedra Mario Vargas Llosa durante la celebración de un homenaje al hispanista senegalés Nicolás Melini dice que “no he encontrado por ahora a otro africano igual. Conocimiento. Bonhomía. Respeto. Convicción. Compromiso. Discurso. Un ser humano excepcional” aunque le llama la atención que, durante décadas, “Amadou Ndoye fuese el senegalés que se interesó por la literatura canaria, porque tengo la sensación de que los escritores estudiados no se dieron cuenta de que a Ndoye le interesa la literatura de Canarias en la medida que en esta se expresan las secuelas emocionales, sociales, identitarias, de un pasado de esclavitud. Él lo dice: casi antes que los negros, se esclavizó a muchos guanches. Y Canarias jugó un papel primordial en el comercio triangular de esclavos africanos hacia América, España, Portugal, Inglaterra, la misma élite canaria tuvo sus esclavos. Y todo esto, en cierto modo, Ndoye lo detecta en Víctor Ramírez y J.J.Armas Marcelo, por ejemplo.”

Saludos, sol, sol, sol, desde este lado del ordenador.

Vidas

Martes, Abril 11th, 2017

Nicolás Melini es un especialista en historias cortas aunque cuenta con una notable novela, El futbolista asesino, y artículos diversos en los que se mueve más el escritor que el periodista, aunque mucho de periodismo literario hay en su último libro, Africanos en Madrid (Reino de Cordelia, 2017), en el que se reúne una serie de relatos y una conferencia en los que observa la vida de varios africanos que residen en el capital de España.

Los retratos que Nicolás Melini presenta en este volumen están tomados de otros libros aunque cuenta también con relatos inéditos (Sinaangas, La sartén, el mango) así como la conferencia que impartió en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria en memoria del profesor senegalés El Hadju Amadou Ndoye.

El libro revela la vida de los africanos madrileños con precisa objetividad literaria y aproxima al lector a una realidad que convive con él pero que también le resulta tan ajena. No, no es lo mismo buscarse la vida como español en Madrid, que es España, que como emigrante cuya situación no es siempre regular. Desfilan en Africanos en Madrid hombres y mujeres que no han perdido su cultura en una realidad que a veces puede ser muy hostil.

Como sucede en otros libros de cuentos, Africanos en Madrid reúne excelentes y conmovedoras historias, entre las que destaca uno de los más extensos del libro, Los negros. Esto es Madrid, por su intensidad y porque consigue transmitir emociones.

El acierto, pero también la apuesta más difícil, es que cada uno de estos relatos forma parte de una unidad pese a su aparente dispersión, y que son historias que cuenta con un narrador como testigo de algunos hechos, y como notario del relato de algunos hechos. Respira periodismo este libro, pero un periodismo que además de ser cronista es muy literario en su fondo. Las historias trascienden a otro plano.

Tiene discurso Africanos en Madrid, pero no es un discurso reivindicativo ni buenista, sino el testimonio de un escritor que conoce bien esa sociedad que vive dentro de otra sociedad que los ignora aunque ya formen parte de su paisaje y paisanaje.

Estas páginas están escritas por un notable narrador y por un escritor que conoce lo que escribe. Elementos que confluyen para que estas historias resulten creíbles, con independencia de que estén basadas en la realidad o sean fruto de la imaginación.

Africanos en Madrid reúne un conjunto de historias que transportan al lector a fiestas con mucho sonido y olor a comida, o al día a día de unos hombres y mujeres, muchos de ellos ya españoles e instalados en España. o que sufren el acoso policial por su situación no regularizada.

Hay rabia, siempre contenida, en Africanos en Madrid, pero también humor e ironía ante el qué hacer frente a las adversidades que están a su alrededor. Nicolás Melini emplea para ello una atractiva galería de personajes que se definen no solo por lo que dicen sino por lo que hacen, acciones descritas a brochazos pero claves para dar imagen a sus historias.

Historias de la vida cotidiana, dura, durísima, que muchos de estos hombres y mujeres desarrollan en la capital de Reino tan poco ilustrado.

NOTA

Africanos en Madrid está editado por Reino de Cordelia, una de esas afortunadas editoriales españolas que aún se preocupan por mimar sus libros.

Saludos, o brother!, desde este lado del ordenador.

Novedades

Martes, Febrero 7th, 2017

* Próximamente llegará a las librerías, concretamente en marzo, Africanos en Madrid (Reino de Cordelia), un nuevo libro del escritor y guionista Nicolás Melini en el que cuenta la historia de africanos de varias nacionalidades que viven y trabajan en la capital de España conservando parte de su cultura mientras se adaptan a las costumbres del país de acogida. En este libro, Nicolás Melini “relata sus festejos en un piso de Carabanchel, rodeados de literatura clásica española; su convivencia en el día a día con los españoles nacidos en España, sus conflictos laborales, sus relaciones sentimentales, el desarraigo de sus países de origen y el recuerdo traumático de una emigración, a menudo, muy dura”, informa la editorial, que añade que se trata de una ficción basada en hechos reales. Por último, la intelectualidad africana está presente a través de la semblanza de la figura del hispanista senegalés El Hadji Amadou Ndoye.

* Palabra inocente. Antología poética, 1935-1997 recoge una cuidada selección de poemas de Gastón Baquero que ha llevado a cabo Carlos Javier Morales. El libro forma parte de la colección Visor de Poesía, y en ella se ha procurado que quedase representado las diferentes zonas y épocas de la obra de Baquero, así como incluye un breve estudio introductorio sobre el poeta y cuáles fueron las líneas maestras que definen su obra.

Saludos, no corta el mar sino vuela, desde este lado del ordenador.

Un año de narrativa en Canarias

Viernes, Diciembre 28th, 2012

INTRO

* Al margen del bichado programa Santa Cruz, ciudad leída, promocionado por el Ayuntamiento de la capital tinerfeña (1), se celebró LuchaLibro, un original concurso de improvisación literaria; la Casa-Museo Pérez Galdós puso en marcha la iniciativa Archivos Literarios de autores contemporáneos y continuó el encuentro NNegra de Arona; una editorial nacional como Roca fichó para sus edición de bolsillo la trilogía iniciada con Ira Dei. La ira de Dios de Mariano Gambín, y la obra del escritor Víctor Álamo de la Rosa fue objeto de tres tesis doctorales, dos de ellas en universidades italianas y la tercera en una universidad brasileña.

* Por otro lado, la colección G21 Narrativa Canaria Actual no dejó de presentar títulos este año que se acaba; Ediciones Escalera los Escritos breves, de James Joyce, una edición bilingüe y crítica de varios textos del reconocido escritor irlandés traducidos por nuestro colaborador Mario Domínguez Parra, y el Premio Canarias de Literatura reconoció la trayectoria de Luis Alemany y el periodista y también escritor tinerfeño Juan Cruz obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Cultural.

* El Día de las Letras Canarias, dedicado en 2012 al poeta Pedro García Cabrera, pasó sin pena ni gloria. Esperemos que no sea igual en 2013, año que volverá a estar protagonizado por José Viera y Clavijo, de quien se conmemora el bicentenario de su muerte.

* En cuanto a lo malo del 2012, destaca la medida conjunta adoptada por el Ministerio de Cultura y el Gobierno de Canarias de suprimir el dinero asignado para la adquisición de novedades bibliográficas en las dos bibliotecas públicas del Estado y el traumático cierre, en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, de dos librerías que hasta el día de ayer fueron oasis y lugar de encuentro entre lectores y escritores como la lagunera Mistério y la santacrucera Tenerife.

* A pesar de estos percances, afortunadamente, las editoriales canarias supieron sortear los vientos huracanados de la crisis aunque es probable que para alguna de ellas  este 2013 sea algo así como su año de desguace. Con todo, se ha publicado bastante, y la calidad ha ido pareja por una vez con la cantidad de títulos que ha recibido el mercado

* El veterano José Rivero Vivas presentó La magua y Trova y furor, mientras que Sabas Martín regresó a su territorio mágico de Nacaria con Pleamar y Cecilia Domínguez Luis se adentró en los territorios de la novela juvenil con Los niños de la lata de tomate.

* Descubrí por mediación del escritor Jesús Castellano, Retrato de Marlou Diesel, de Marcelino R. Marichal, una novela editada en 2004 y que pide a gritos su pronta reedición. Castellano fue además autor de El libro del Cuervo, novela en la que narra sus experiencias vitales y laborales en un Gijón fronterizo, más cerca del espíritu de El asesino dentro de mí de Jim Thompson que la de otros modelos literarios considerados por los cursis como más serios.

* Víctor Conde, álter ego literario de Alfredo Moreno Santana, alejado del género por el que es reconocido en el mercado nacional, como es la fantasía y la ciencia ficción, aprovechó el año para revelarnos a un escritor experimental con su Malpaís. Conde también será noticia en 2013 porque se publicará en Alemania, Austria y Suiza su trilogía juvenil Heraldos, cuya última entrega, Heraldos del bien y el mal (Editorial Hidra) se puso a la venta en España el 14 de mayo.

* Pude leer El fulgor del barranco, de Juan Royo Iranzo, una historia que se desarrolla en la capital tinerfeña durante los años de la Guerra Civil y Puerto Santo, título que el autor presentó en 2012 y en el que se movió con sinuosa comodidad por las geografías de la novela histórica con divertido esperpento.

* Hosman Amin Torres propuso relatos en su más que recomendable Paréntesis y Jesús Villanueva se atrevió con la novela histórica con El fuego de bronce, título que puso a la venta en las navidades pasadas. Fiestas en las que coincidió en las librerías con la reedición de El caso del cliente de Nouakchott, de Jaime Mir Payá; El círculo platónico, de Mariano Gambín y Caminos de agua, de Román Morales, un volumen en el que su autor nos contó la travesía continental en kayak que realizó desde Buenos Aires al Caribe a través de los grandes ríos de sudamérica.

* Gregorio Duque y Juan Luis Calero me sorprendieron gratamente con Pequeños homenajes y El Porvenir de Juana Vizcaíno, y encontré una apasionante relectura de En el camino de Jack Kerouac en Cuaderno afortunado, de Eduardo Montelongo.

* Esther Terrón Montero saltó al ruedo con su más que interesante, reflexiva y crítica Junio; y editaron Agustín E. Díaz Pacheco, Proa en nieblas; el abogado y escritor José María Lizundia, Línea líquida (Memorias de unos años algo frívolos) y David Galloway, quien recopiló antiguos y nuevos relatos en el volumen El perfil de las esquinas.

* En la colección G21 Narrativa Canaria Actual publicaron también María Teresa de Vega y Ana Joyanes Romo las novelas Merodeadores de orilla y Noa y los dioses del tiempo.

* Arima Rodríguez Vega presentó Los crímenes de Asthon y Las pesadillas de Uriel, mientras que Juan Santana hizo lo mismo con Mujeres con gafas de luna y en los territorios de la novela negra, José Luis Correa y Antonio Lozano presentaron Nuestra Señora de La Luna y La sombra del Minotauro, respectivamente, y Alexis Ravelo publicó en  diciembre Morir despacio.

Faltan muchos más títulos, pero su ausencia es involuntaria. Nuestra intención es la de orientar y ofrecer una selección con las diez novelas que, a nuestro juicio, resultaron las más atractivas del 2012.

¿POR QUÉ ESTOS DIEZ TÍTULOS?

El futbolista asesino (Casa de cartón), de Nicolás Melini, porque pese a tratarse de una reedición significó la  recuperación de uno de los títulos clave para comprender la evolución que ha ido tomando la literatura que se escribe en esta tierra en los últimos años y porque se trata de un texto que no ha perdido todavía la vigencia, ni la rabia ni el nihilismo de cuando fue escrita.

Cucarachas con Chanel (colección G21 Narrativa Canaria Actual, Ediciones Aguere/Idea), de Dr (JRamallo), porque se trata de una de las mejores novelas que se han publicado este año en este archipiélago sin memoria. Porque sus páginas muerden, porque resulta demoledoramente crítica y ácida con una ciudad, Santa Pus, y las gentes que la habitan. Esto, y no otra cosa, es el Realismo.0.

No es la noche (colección G21 Narrativa Canaria Actual, Ediciones Aguere/Idea), de Carlos Cruz, porque la segunda novela de su autor, tras la perturbadora h. (Dilema Editorial), revela a un escritor en el que se aprecian constantes que analiza con distanciada frialdad. No es la noche transcurre en una ciudad sin identificar ubicada en el sur de una isla que podría ser Tenerife, en la que un hombre y una mujer hacen todo lo posible por resistir.

El sueño de Goslar (colección G21 Narrativa Canaria Actual, Ediciones Aguere/Idea), de Javier Hernández Velázquez, porque su autor continúa tirando de la novela negro criminal con la excusa de escribir los libros que le apetece y, de paso, rendir cariñoso y nostálgico homenaje a la ciudad donde nació: Santa Cruz de Tenerife. Tras El fondo de los charcos, Velázquez propone ahora una atractiva pop fiction con una turbadora protagonista, la pelirroja Alex Stibtings.

La isla de las palabras desordenadas (Izana Editores), de Yolanda Delgado Batista, porque es una novela sobre la soledad, sobre el desarraigo, sobre la descomposición familiar. Elementos que en otras manos no hubiera resultado tan atractivo e inquietante material de derribo existencial.

La Señora Beatriz de Bobadilla. Señora de Gomera y Fierro (Hora Antes Editorial), de Carlos Álvarez, porque el escritor hace ficción –y de la buena– con uno de los personajes más atractivos de la Historia de Canarias. Cuenta con una primera parte excelente aunque las ambiciones y los personajes que se desarrollan a lo largo de sus más de cuatrocientas páginas terminan por dañar un libro que al final no resulta redondo.

El corsario de Lanzarote (La Caja Literaria), de Francisco Estupiñán, porque se trata de una obra histórica que recupera, gracias a un notable trabajo de documentación, la recreación de unos tiempos en los que vivir en el archipiélago significaba algo así como habitar el último territorio del mundo conocido. Estupiñán nos cuenta la vida y obra de Agustín de Herrera y Rojas en una obra en la que se mezcla aventuras, hazañas bélicas, humor, psicología, política y algo de surrealismo. El escritor obtuvo por este título el Premio Benito Pérez Armas 2011.

Hola fondo sur (colección Dando Pata, Editorial Baile del Sol), de Daniel Ortiz Peñate, porque junto a Cucarachas con Chanel y La isla de las palabras desordenadas me parece uno de los mejores títulos publicados este año no ya tanto por lo que tiene de ficción, a mi juicio lo más imprescindible del relato, sino como libro de viaje y de aventuras –con ecos a lo Kerouac– que emprende su protagonista por varios países  sudamericanos.

Queridos Reyes Magos (Anroart Ediciones), de Santiago Gil, porque su aplastante crudeza, su acerada radiografía sobre la familia en fechas tan aparentemente felices como son las navidades se lee como un violento cogotazo. Leo de Gil también este año Las derrotas cotidianas, una novela anterior, en la que reflexiona con feroz realismo sobre los mismos temas, y la irregular Yo debería estar muerto (colección G21 Narrativa Canaria Actual, Ediciones Aguere/Idea), su último título hasta la fecha.

La lista (Principal de los libros), de Juan Bosco, porque su publicación ha contribuido a recuperar la memoria de los que perdieron la Guerra Civil española en una localidad cerrada y ombliguista, tan idiotizada por un sistema de castas, al que su autor pone nombre: La Orotava. Novela gruesa en páginas y que cae en un inevitable maniqueísmo, La lista cuenta con más virtudes que defectos, así como una atractiva reelectura de la pasión y muerte de Jesucristo que encarna su joven protagonista.

(1)  Tras iniciar la experiencia con fragmentos de las novelas Los puercos de Circe y La ciudad de las miradas, de Luis Alemany y Pablo Martín Carbajal, respectivamente, se prevé que después de los Carnavales continúe el programa obras de Javier Hernández Velázquez y Fernando Delgado.

(*) Sin pinchan los enlaces de los diez títulos seleccionados accederán a los comentarios que, en su momento, escribimos sobre ellos en este su blog El Escobillón.

Saludos, ¡el baile es vida!, desde este lado del ordenador.

Amor loco

Jueves, Marzo 1st, 2012

He oído decir a personas muy bienintencionadas que mi abuela se murió de melancolía después de la muerte de mi abuelo, y eso a pesar de que alguien con muy buenas intenciones vino a ponérselo todo patas arriba. Así que cojo la tacha que encuentro en un cajón del armario y escribo en la pared con letras bien grandes: OJO CON LOS BUENOS, QUE NO TE JODAN LA VIDA con su caridad. Y luego firmo con las iniciales de mi abuela. Con suerte creerán que su fantasma habita la casa y se quedará sin alquilar. Tiro la tacha por una ventana, para que crean que mi abuela lo ha escrito con sus propias uñas.”

(El futbolista asesino, Nicolás Melini)

He vuelto a leer El futbolista asesino con una mirada distinta a como lo hice la primera vez y mis conclusiones continúan siendo más o menos las mismas. A mi juicio, El futbolista asesino, pese a sus tics, continúa siendo una de las mejores novelas de la literatura escrita en Canarias de los últimos tiempos. Un título, además, que pese a su equilibrado y nunca identificado localismo, nació con ganas de trascender fronteras.

En esta nueva lectura de El futbolista asesino me ha interesado, sin embargo, mucho más que el personaje, el loco romance loco que se derrama en algunas de las mejores páginas de este el libro. Circunstancia que ha hecho que deseche los materiales que en el pasado me llamaron, por una u otra razón, la atención.

Es decir, que si ayer me descolocaba el retorcido humor con que su autor, Nicolás Melini, presentaba a su personaje: una estrella del fútbol de Tercera División demasiado huraño porque percibe resignado su condición de ídolo regional; lo que más me ha atraído ahora de la novela es su poderosísima y transgresora historia de amor.

Un amor loco y envenenado. Un amor en el que Silvia, la novia –probable víctima de la furia de la que se alimenta su protagonista– se transforma en descarnado igual e incluso verdugo de un hombre sin contradicciones, atrapado por un furor asesino con el que el lector solo puede mantener una discreta distancia.

Pero me arrastro hasta tu cuerpo, lentamente, me desplazo hasta ti y de pronto este se me antoja un trayecto interminable, como si tú fueras el horizonte y yo te persiguiera en vano.”

Y todo ello pese a que El futbolista asesino está narrado en una primera persona donde, supuestamente, se nos desnuda lo que piensa y desea su protagonista.

Lo mejor así de esta novela, recientemente editada por Casa de Cartón, es la relación que ata y sobre todo se desata en esta pareja, muy bien narrada por Nicolás Melini en las últimas e intensas páginas del libro y repletas de un romanticismo que no cae en lo banal ni en lo cursi por su delicada y hermosa crueldad.

Y he aquí, en ese amor loco y desesperado, donde se encuentra, reitero, algunos de los mejores pasajes de una novela a la que el paso del tiempo apenas araña y por lo tanto  que continúa transpirando la misma frescura que la primera vez que cayó en mis manos, hace ahora exactamente doce años en la cuidada y reivindicable colección La Caja Literaria.

Escribo que no pasa el tiempo para El futbolista asesino porque, entre otras cosas, resulta una novela arriesgada y también un enfermizo relato sobre la frustración, el amor entendido a la octava potencia y, ya ven que cosas, la redención. Y todo ello localizado en una geografía –un barranco, un estanque, una plaza, la casa donde reside,  el piso vacío de sus abuelos, el estadio y siempre el mar– que sin ser identificada en ningún momento remite a una pequeña y asfixiante capital de provincias donde aparentemente no pasa nada y en la que todos nos conocemos.

La primera novela de Melini reúne así, en apenas un centenar de páginas, una serie de alertas que no dejan descansar la atención de lector. Alambica además situaciones que, como espectador, se viven con desconcertante sorpresa.

Nada más arrancar la historia, el autor ya nos pone sobre aviso de por donde irán los derroteros de su relato al describir con la precisión de un cirujano el primer crimen del futbolista, conocido con el apodo de Falo (un apodo, por otro lado, a tener muy en cuenta porque no parece gratuito) al ejecutar más que con sangre fría con asombro y una pervertida curiosidad a un taxista con unas extrañas protuberancias en la cabeza. Este crimen, que se describe con puntillosa laboriosidad y hasta descarnado sentido del humor, será el responsable de abrir la caja de Pandora que, hasta ese momento, había mantenido cerrada su protagonista. Un deportista leído, un deportista frustrado, un deportista que, se intuye, quiere llevar hasta las últimas consecuencias su vida antes que transformarse en una persona mediocre, que acepta su fracaso.

Falo es así un rabioso individualista que, curiosamente, trata de ganarse la vida en un deporte de equipo y que, hasta ese momento, llevó una existencia como se esperaba.

Entre los momentos más desarmantes, destaco el segundo crimen que comete el futbolista a una joven en un callejón estrecho y oscuro y que tiene como único testigo a un invidente. O la fabulosa e irónica descripción que hace el protagonista mientras intenta despistar a una pareja de  policías que lo persigue entre una multitud de fanáticos religiosos.

Hay más momentos en esta novela repleta de escenas redondas cuyo andamiaje se sustenta en las aparentemente despreocupadas e irónicas –nunca frías, nunca cínicas por mucho que esfuerce– reflexiones de su protagonista. También, un sobresaliente interés por sacar a la luz las mediocres miserias que lo corroen por dentro. Sus ganas de matar siguiendo el dictado de sus impulsos más primitivos. Impulsos que al final se tambalean cuando el depredador se encuentra con una víctima que tiene un narcisismo mucho más profundo y menos hipócrita que el suyo.

Y todo ello narrado con un estilo sencillo, que va directo al grano y sin borracheras barrocas.

Melini apunta que en El futbolista asesino planea la sombra de Charles Bukowski –la novela, de hecho, se inicia con una frase del escritor norteamericano y de La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela– pero también detecto destellos de Brett Easton Ellis y su fallida American Psycho. Solo que Nicolás Melini tuvo la inteligencia de aligerar su historia de las tonterías con la que el escritor norteamericano engordó el título que más fama le dio en su carrera tras la curiosa –solo curiosa– Menos que cero.

No, a mi juicio lo que a Nicolás Melini le interesa es el personaje y mostrarnos a través de sus ojos la rebeldía de un asesino impetuoso, algo cobarde y moral que al llegarle la hora final pone fin a lo que más detesta: él mismo.

Saludos, ha sido una agradable reencuentro, desde este lado del ordenador.

Vaya, vaya con los amigos de Señor Ojo

Martes, Febrero 21st, 2012

Esta mañana temprano, mientras iba a comprar una barra de pan rústico, me encontré a Señor Ojo durmiendo la mona en uno de los bancos de la Rambla. Resultó curioso encontrarme a Señor Ojo dormido ya que nunca le había visto con el párpado cerrado por lo que debo escribir que me resultó algo inquietante y monstruoso contemplarlo así.

Más que Señor Ojo parecía un cadáver.

No me llamó la atención sin embargo que en una de sus manos descansara una botella semillena (o semivacía, para Señor Ojo) de ginebra.

¿Qué por qué supe que se trataba de ginebra? Pues porque el agua, precisamente el agua, no huele a endrina quemada.

Me acerqué al cuerpo y lo agité.

Señor Ojo soltó un bufido, se removió en el banco y luego abrió el ojo. Un Ojo turbio e inyectado en sangre.

- Despierte usté que ya es hora.- le dije sacudiéndolo un poquito más.

Señor Ojo me miró con una mirada en la que intentaba procesar ¿lo conozco? hasta encenderse la luz de su cerebro flotante en alcohol.

- Oh, es usted… Por un momento pensé….- Chasquó la lengua y dio un trago a la botella mientras movía la cabeza a un lado y al otro.

- ¿Qué tal esos Carnavales?- le pregunté con las manos en los bolsillos.

- ¿Carnavales?- se dijo señor Ojo.- ¿Estamos en Carnavales?

Me puse a reír como un tonto. Señor Ojo aprovechó el tiempo muerto para beber otro trago.

- Joder con el puto Sol.- escupió haciéndose sombra con la mano izquierda.

- ¿Se puede saber onde ha estado usté?- le pregunté.

- Estar… BrrrrrZzzzz… Estar…

- Señor Ojo, ¿se encuentra usté bien?

Me respondió acabándose de un trago lo que quedaba de ginebra.

- Tráigame otra de éstas.- señaló tirando la botella vacía al jardincillo.

- Acompáñeme usté, carajo.- solté algo cabreado.

Señor Ojo se puso en pie como pudo, luego se inclinó sobre el suelo y vomitó.

- Ahhhh.- que bien me siento ahora.- apuntó frotándose el estómago mientras caminábamos al bar El Ruedo.

Entonces, recuerdo ahora que fue entonces, cuando Señor Ojo me contó estas historias.

 I.- FUERA DE JUEGO

 - Ayer ¿o fue anteayer? tuve que darle dos bofetones a Falo. El muy cretino, pese a que ya no mete goles, está que se sale. Se sale porque la editorial madrileña Casa de Cartón acaba de publicar una nueva edición de El futbolista asesino, ese libro que cuenta su historia y que escribió haciendo de negro Nicolás Melini. Falo no dejó de darme la vara de lo contento que estaba. El tipo se cree un killer, ¡ja! Luego me explicó que esta es la cuarta ocasión en que le publican la historia ya que la primera, contaba el muy idiota, lo hizo Ediciones La Palma en colaboración con CajaCanarias, más tarde Ediciones Idea y el año pasado –porque estamos en 2012 ¿verdad?– para el mundo digital la editorial Musa a las 9. El futbolista asesino regresa ahora a las librerías de la mano de un sello editorial independiente creado por el editor peruano José Luis Torres Vitolas y…

- ¿Y, Señor Ojo?

- Pues que ya no me acuerdo.- contestó acomodándose en la barra del bar El ruedo donde pidió una ginebra.- La peor que encuentre.- le exigió al camarero.

Tras saborearla exclamó:

 II.- Y DALE CON LA COMIDA

 - Juan Bas me acaba de mandar Ostras para Dimitri, donde insiste en sus temas de siempre… Ya sabe, la comida, el berbecio…

- Parece un vasco.- dije bebiendo mi carajillo.

- Es que es vasco, imbécil.- Me cortó Señor Ojo posando su ojo en la barra metálica y, sin hacer caso de mi cara de payaso, continuar con su discurso.

- Además, el protagonista Pacho Murga se le parece a usted. Solo que Murga es un señorito bilbaíno pero igual de pijo y venido a menos que usted. Y no me mire así, que sabe que le digo la verdad. Murga, que protagonizó Alacranes en su tinta y Voracidad, cumple en Ostras para Dimitri condena en la prisión de Salto del Negro, donde conoce a Dimitri Urroz, una mezcla de ruso y navarro, que se convierte en su protector y de paso le complica la vida. ¿Me sigue?

- No.- comenté terminando mi carajillo.

- Pues váyase usted al carajo.

 III.- JUANCHO

Señor Ojo cogió en ese momento de una de las mesas un ejemplar arrugado del ABC, al colocarlo sobre la barra comenzó a pasar las páginas del suplemento cultural deteniéndose en el artículo de J. J. Armas Marcelo.

- ¿Lo conoce?- me preguntó pidiendo otra ginebra.

- No tengo el gusto.

- Pues aquí pone algo de Joyce, ese Ulises pegado a la botella como quien le habla, y Mario Domínguez Parra

- ¿Mario Domínguez Parra?

- Sí, aquí leo que ha traducido un libro del viejo Ulises pegado a la botella.

- Déjeme el suplemento…

- No se me ponga pesado que aquí tiene usted… Por cierto, una pregunta.

-Cuente, cuente.- respondí leyendo el artículo de Armas Marcelo.

- ¿Puede invitarme a otra ginebra?

 Saludos, Ende, desde este lado del ordenador.