Novedades

Martes, Febrero 7th, 2017

* Próximamente llegará a las librerías, concretamente en marzo, Africanos en Madrid (Reino de Cordelia), un nuevo libro del escritor y guionista Nicolás Melini en el que cuenta la historia de africanos de varias nacionalidades que viven y trabajan en la capital de España conservando parte de su cultura mientras se adaptan a las costumbres del país de acogida. En este libro, Nicolás Melini “relata sus festejos en un piso de Carabanchel, rodeados de literatura clásica española; su convivencia en el día a día con los españoles nacidos en España, sus conflictos laborales, sus relaciones sentimentales, el desarraigo de sus países de origen y el recuerdo traumático de una emigración, a menudo, muy dura”, informa la editorial, que añade que se trata de una ficción basada en hechos reales. Por último, la intelectualidad africana está presente a través de la semblanza de la figura del hispanista senegalés El Hadji Amadou Ndoye.

* Palabra inocente. Antología poética, 1935-1997 recoge una cuidada selección de poemas de Gastón Baquero que ha llevado a cabo Carlos Javier Morales. El libro forma parte de la colección Visor de Poesía, y en ella se ha procurado que quedase representado las diferentes zonas y épocas de la obra de Baquero, así como incluye un breve estudio introductorio sobre el poeta y cuáles fueron las líneas maestras que definen su obra.

Saludos, no corta el mar sino vuela, desde este lado del ordenador.

Un año de narrativa en Canarias

Viernes, Diciembre 28th, 2012

INTRO

* Al margen del bichado programa Santa Cruz, ciudad leída, promocionado por el Ayuntamiento de la capital tinerfeña (1), se celebró LuchaLibro, un original concurso de improvisación literaria; la Casa-Museo Pérez Galdós puso en marcha la iniciativa Archivos Literarios de autores contemporáneos y continuó el encuentro NNegra de Arona; una editorial nacional como Roca fichó para sus edición de bolsillo la trilogía iniciada con Ira Dei. La ira de Dios de Mariano Gambín, y la obra del escritor Víctor Álamo de la Rosa fue objeto de tres tesis doctorales, dos de ellas en universidades italianas y la tercera en una universidad brasileña.

* Por otro lado, la colección G21 Narrativa Canaria Actual no dejó de presentar títulos este año que se acaba; Ediciones Escalera los Escritos breves, de James Joyce, una edición bilingüe y crítica de varios textos del reconocido escritor irlandés traducidos por nuestro colaborador Mario Domínguez Parra, y el Premio Canarias de Literatura reconoció la trayectoria de Luis Alemany y el periodista y también escritor tinerfeño Juan Cruz obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Cultural.

* El Día de las Letras Canarias, dedicado en 2012 al poeta Pedro García Cabrera, pasó sin pena ni gloria. Esperemos que no sea igual en 2013, año que volverá a estar protagonizado por José Viera y Clavijo, de quien se conmemora el bicentenario de su muerte.

* En cuanto a lo malo del 2012, destaca la medida conjunta adoptada por el Ministerio de Cultura y el Gobierno de Canarias de suprimir el dinero asignado para la adquisición de novedades bibliográficas en las dos bibliotecas públicas del Estado y el traumático cierre, en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, de dos librerías que hasta el día de ayer fueron oasis y lugar de encuentro entre lectores y escritores como la lagunera Mistério y la santacrucera Tenerife.

* A pesar de estos percances, afortunadamente, las editoriales canarias supieron sortear los vientos huracanados de la crisis aunque es probable que para alguna de ellas  este 2013 sea algo así como su año de desguace. Con todo, se ha publicado bastante, y la calidad ha ido pareja por una vez con la cantidad de títulos que ha recibido el mercado

* El veterano José Rivero Vivas presentó La magua y Trova y furor, mientras que Sabas Martín regresó a su territorio mágico de Nacaria con Pleamar y Cecilia Domínguez Luis se adentró en los territorios de la novela juvenil con Los niños de la lata de tomate.

* Descubrí por mediación del escritor Jesús Castellano, Retrato de Marlou Diesel, de Marcelino R. Marichal, una novela editada en 2004 y que pide a gritos su pronta reedición. Castellano fue además autor de El libro del Cuervo, novela en la que narra sus experiencias vitales y laborales en un Gijón fronterizo, más cerca del espíritu de El asesino dentro de mí de Jim Thompson que la de otros modelos literarios considerados por los cursis como más serios.

* Víctor Conde, álter ego literario de Alfredo Moreno Santana, alejado del género por el que es reconocido en el mercado nacional, como es la fantasía y la ciencia ficción, aprovechó el año para revelarnos a un escritor experimental con su Malpaís. Conde también será noticia en 2013 porque se publicará en Alemania, Austria y Suiza su trilogía juvenil Heraldos, cuya última entrega, Heraldos del bien y el mal (Editorial Hidra) se puso a la venta en España el 14 de mayo.

* Pude leer El fulgor del barranco, de Juan Royo Iranzo, una historia que se desarrolla en la capital tinerfeña durante los años de la Guerra Civil y Puerto Santo, título que el autor presentó en 2012 y en el que se movió con sinuosa comodidad por las geografías de la novela histórica con divertido esperpento.

* Hosman Amin Torres propuso relatos en su más que recomendable Paréntesis y Jesús Villanueva se atrevió con la novela histórica con El fuego de bronce, título que puso a la venta en las navidades pasadas. Fiestas en las que coincidió en las librerías con la reedición de El caso del cliente de Nouakchott, de Jaime Mir Payá; El círculo platónico, de Mariano Gambín y Caminos de agua, de Román Morales, un volumen en el que su autor nos contó la travesía continental en kayak que realizó desde Buenos Aires al Caribe a través de los grandes ríos de sudamérica.

* Gregorio Duque y Juan Luis Calero me sorprendieron gratamente con Pequeños homenajes y El Porvenir de Juana Vizcaíno, y encontré una apasionante relectura de En el camino de Jack Kerouac en Cuaderno afortunado, de Eduardo Montelongo.

* Esther Terrón Montero saltó al ruedo con su más que interesante, reflexiva y crítica Junio; y editaron Agustín E. Díaz Pacheco, Proa en nieblas; el abogado y escritor José María Lizundia, Línea líquida (Memorias de unos años algo frívolos) y David Galloway, quien recopiló antiguos y nuevos relatos en el volumen El perfil de las esquinas.

* En la colección G21 Narrativa Canaria Actual publicaron también María Teresa de Vega y Ana Joyanes Romo las novelas Merodeadores de orilla y Noa y los dioses del tiempo.

* Arima Rodríguez Vega presentó Los crímenes de Asthon y Las pesadillas de Uriel, mientras que Juan Santana hizo lo mismo con Mujeres con gafas de luna y en los territorios de la novela negra, José Luis Correa y Antonio Lozano presentaron Nuestra Señora de La Luna y La sombra del Minotauro, respectivamente, y Alexis Ravelo publicó en  diciembre Morir despacio.

Faltan muchos más títulos, pero su ausencia es involuntaria. Nuestra intención es la de orientar y ofrecer una selección con las diez novelas que, a nuestro juicio, resultaron las más atractivas del 2012.

¿POR QUÉ ESTOS DIEZ TÍTULOS?

El futbolista asesino (Casa de cartón), de Nicolás Melini, porque pese a tratarse de una reedición significó la  recuperación de uno de los títulos clave para comprender la evolución que ha ido tomando la literatura que se escribe en esta tierra en los últimos años y porque se trata de un texto que no ha perdido todavía la vigencia, ni la rabia ni el nihilismo de cuando fue escrita.

Cucarachas con Chanel (colección G21 Narrativa Canaria Actual, Ediciones Aguere/Idea), de Dr (JRamallo), porque se trata de una de las mejores novelas que se han publicado este año en este archipiélago sin memoria. Porque sus páginas muerden, porque resulta demoledoramente crítica y ácida con una ciudad, Santa Pus, y las gentes que la habitan. Esto, y no otra cosa, es el Realismo.0.

No es la noche (colección G21 Narrativa Canaria Actual, Ediciones Aguere/Idea), de Carlos Cruz, porque la segunda novela de su autor, tras la perturbadora h. (Dilema Editorial), revela a un escritor en el que se aprecian constantes que analiza con distanciada frialdad. No es la noche transcurre en una ciudad sin identificar ubicada en el sur de una isla que podría ser Tenerife, en la que un hombre y una mujer hacen todo lo posible por resistir.

El sueño de Goslar (colección G21 Narrativa Canaria Actual, Ediciones Aguere/Idea), de Javier Hernández Velázquez, porque su autor continúa tirando de la novela negro criminal con la excusa de escribir los libros que le apetece y, de paso, rendir cariñoso y nostálgico homenaje a la ciudad donde nació: Santa Cruz de Tenerife. Tras El fondo de los charcos, Velázquez propone ahora una atractiva pop fiction con una turbadora protagonista, la pelirroja Alex Stibtings.

La isla de las palabras desordenadas (Izana Editores), de Yolanda Delgado Batista, porque es una novela sobre la soledad, sobre el desarraigo, sobre la descomposición familiar. Elementos que en otras manos no hubiera resultado tan atractivo e inquietante material de derribo existencial.

La Señora Beatriz de Bobadilla. Señora de Gomera y Fierro (Hora Antes Editorial), de Carlos Álvarez, porque el escritor hace ficción –y de la buena– con uno de los personajes más atractivos de la Historia de Canarias. Cuenta con una primera parte excelente aunque las ambiciones y los personajes que se desarrollan a lo largo de sus más de cuatrocientas páginas terminan por dañar un libro que al final no resulta redondo.

El corsario de Lanzarote (La Caja Literaria), de Francisco Estupiñán, porque se trata de una obra histórica que recupera, gracias a un notable trabajo de documentación, la recreación de unos tiempos en los que vivir en el archipiélago significaba algo así como habitar el último territorio del mundo conocido. Estupiñán nos cuenta la vida y obra de Agustín de Herrera y Rojas en una obra en la que se mezcla aventuras, hazañas bélicas, humor, psicología, política y algo de surrealismo. El escritor obtuvo por este título el Premio Benito Pérez Armas 2011.

Hola fondo sur (colección Dando Pata, Editorial Baile del Sol), de Daniel Ortiz Peñate, porque junto a Cucarachas con Chanel y La isla de las palabras desordenadas me parece uno de los mejores títulos publicados este año no ya tanto por lo que tiene de ficción, a mi juicio lo más imprescindible del relato, sino como libro de viaje y de aventuras –con ecos a lo Kerouac– que emprende su protagonista por varios países  sudamericanos.

Queridos Reyes Magos (Anroart Ediciones), de Santiago Gil, porque su aplastante crudeza, su acerada radiografía sobre la familia en fechas tan aparentemente felices como son las navidades se lee como un violento cogotazo. Leo de Gil también este año Las derrotas cotidianas, una novela anterior, en la que reflexiona con feroz realismo sobre los mismos temas, y la irregular Yo debería estar muerto (colección G21 Narrativa Canaria Actual, Ediciones Aguere/Idea), su último título hasta la fecha.

La lista (Principal de los libros), de Juan Bosco, porque su publicación ha contribuido a recuperar la memoria de los que perdieron la Guerra Civil española en una localidad cerrada y ombliguista, tan idiotizada por un sistema de castas, al que su autor pone nombre: La Orotava. Novela gruesa en páginas y que cae en un inevitable maniqueísmo, La lista cuenta con más virtudes que defectos, así como una atractiva reelectura de la pasión y muerte de Jesucristo que encarna su joven protagonista.

(1)  Tras iniciar la experiencia con fragmentos de las novelas Los puercos de Circe y La ciudad de las miradas, de Luis Alemany y Pablo Martín Carbajal, respectivamente, se prevé que después de los Carnavales continúe el programa obras de Javier Hernández Velázquez y Fernando Delgado.

(*) Sin pinchan los enlaces de los diez títulos seleccionados accederán a los comentarios que, en su momento, escribimos sobre ellos en este su blog El Escobillón.

Saludos, ¡el baile es vida!, desde este lado del ordenador.

Amor loco

Jueves, Marzo 1st, 2012

He oído decir a personas muy bienintencionadas que mi abuela se murió de melancolía después de la muerte de mi abuelo, y eso a pesar de que alguien con muy buenas intenciones vino a ponérselo todo patas arriba. Así que cojo la tacha que encuentro en un cajón del armario y escribo en la pared con letras bien grandes: OJO CON LOS BUENOS, QUE NO TE JODAN LA VIDA con su caridad. Y luego firmo con las iniciales de mi abuela. Con suerte creerán que su fantasma habita la casa y se quedará sin alquilar. Tiro la tacha por una ventana, para que crean que mi abuela lo ha escrito con sus propias uñas.”

(El futbolista asesino, Nicolás Melini)

He vuelto a leer El futbolista asesino con una mirada distinta a como lo hice la primera vez y mis conclusiones continúan siendo más o menos las mismas. A mi juicio, El futbolista asesino, pese a sus tics, continúa siendo una de las mejores novelas de la literatura escrita en Canarias de los últimos tiempos. Un título, además, que pese a su equilibrado y nunca identificado localismo, nació con ganas de trascender fronteras.

En esta nueva lectura de El futbolista asesino me ha interesado, sin embargo, mucho más que el personaje, el loco romance loco que se derrama en algunas de las mejores páginas de este el libro. Circunstancia que ha hecho que deseche los materiales que en el pasado me llamaron, por una u otra razón, la atención.

Es decir, que si ayer me descolocaba el retorcido humor con que su autor, Nicolás Melini, presentaba a su personaje: una estrella del fútbol de Tercera División demasiado huraño porque percibe resignado su condición de ídolo regional; lo que más me ha atraído ahora de la novela es su poderosísima y transgresora historia de amor.

Un amor loco y envenenado. Un amor en el que Silvia, la novia –probable víctima de la furia de la que se alimenta su protagonista– se transforma en descarnado igual e incluso verdugo de un hombre sin contradicciones, atrapado por un furor asesino con el que el lector solo puede mantener una discreta distancia.

Pero me arrastro hasta tu cuerpo, lentamente, me desplazo hasta ti y de pronto este se me antoja un trayecto interminable, como si tú fueras el horizonte y yo te persiguiera en vano.”

Y todo ello pese a que El futbolista asesino está narrado en una primera persona donde, supuestamente, se nos desnuda lo que piensa y desea su protagonista.

Lo mejor así de esta novela, recientemente editada por Casa de Cartón, es la relación que ata y sobre todo se desata en esta pareja, muy bien narrada por Nicolás Melini en las últimas e intensas páginas del libro y repletas de un romanticismo que no cae en lo banal ni en lo cursi por su delicada y hermosa crueldad.

Y he aquí, en ese amor loco y desesperado, donde se encuentra, reitero, algunos de los mejores pasajes de una novela a la que el paso del tiempo apenas araña y por lo tanto  que continúa transpirando la misma frescura que la primera vez que cayó en mis manos, hace ahora exactamente doce años en la cuidada y reivindicable colección La Caja Literaria.

Escribo que no pasa el tiempo para El futbolista asesino porque, entre otras cosas, resulta una novela arriesgada y también un enfermizo relato sobre la frustración, el amor entendido a la octava potencia y, ya ven que cosas, la redención. Y todo ello localizado en una geografía –un barranco, un estanque, una plaza, la casa donde reside,  el piso vacío de sus abuelos, el estadio y siempre el mar– que sin ser identificada en ningún momento remite a una pequeña y asfixiante capital de provincias donde aparentemente no pasa nada y en la que todos nos conocemos.

La primera novela de Melini reúne así, en apenas un centenar de páginas, una serie de alertas que no dejan descansar la atención de lector. Alambica además situaciones que, como espectador, se viven con desconcertante sorpresa.

Nada más arrancar la historia, el autor ya nos pone sobre aviso de por donde irán los derroteros de su relato al describir con la precisión de un cirujano el primer crimen del futbolista, conocido con el apodo de Falo (un apodo, por otro lado, a tener muy en cuenta porque no parece gratuito) al ejecutar más que con sangre fría con asombro y una pervertida curiosidad a un taxista con unas extrañas protuberancias en la cabeza. Este crimen, que se describe con puntillosa laboriosidad y hasta descarnado sentido del humor, será el responsable de abrir la caja de Pandora que, hasta ese momento, había mantenido cerrada su protagonista. Un deportista leído, un deportista frustrado, un deportista que, se intuye, quiere llevar hasta las últimas consecuencias su vida antes que transformarse en una persona mediocre, que acepta su fracaso.

Falo es así un rabioso individualista que, curiosamente, trata de ganarse la vida en un deporte de equipo y que, hasta ese momento, llevó una existencia como se esperaba.

Entre los momentos más desarmantes, destaco el segundo crimen que comete el futbolista a una joven en un callejón estrecho y oscuro y que tiene como único testigo a un invidente. O la fabulosa e irónica descripción que hace el protagonista mientras intenta despistar a una pareja de  policías que lo persigue entre una multitud de fanáticos religiosos.

Hay más momentos en esta novela repleta de escenas redondas cuyo andamiaje se sustenta en las aparentemente despreocupadas e irónicas –nunca frías, nunca cínicas por mucho que esfuerce– reflexiones de su protagonista. También, un sobresaliente interés por sacar a la luz las mediocres miserias que lo corroen por dentro. Sus ganas de matar siguiendo el dictado de sus impulsos más primitivos. Impulsos que al final se tambalean cuando el depredador se encuentra con una víctima que tiene un narcisismo mucho más profundo y menos hipócrita que el suyo.

Y todo ello narrado con un estilo sencillo, que va directo al grano y sin borracheras barrocas.

Melini apunta que en El futbolista asesino planea la sombra de Charles Bukowski –la novela, de hecho, se inicia con una frase del escritor norteamericano y de La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela– pero también detecto destellos de Brett Easton Ellis y su fallida American Psycho. Solo que Nicolás Melini tuvo la inteligencia de aligerar su historia de las tonterías con la que el escritor norteamericano engordó el título que más fama le dio en su carrera tras la curiosa –solo curiosa– Menos que cero.

No, a mi juicio lo que a Nicolás Melini le interesa es el personaje y mostrarnos a través de sus ojos la rebeldía de un asesino impetuoso, algo cobarde y moral que al llegarle la hora final pone fin a lo que más detesta: él mismo.

Saludos, ha sido una agradable reencuentro, desde este lado del ordenador.

Vaya, vaya con los amigos de Señor Ojo

Martes, Febrero 21st, 2012

Esta mañana temprano, mientras iba a comprar una barra de pan rústico, me encontré a Señor Ojo durmiendo la mona en uno de los bancos de la Rambla. Resultó curioso encontrarme a Señor Ojo dormido ya que nunca le había visto con el párpado cerrado por lo que debo escribir que me resultó algo inquietante y monstruoso contemplarlo así.

Más que Señor Ojo parecía un cadáver.

No me llamó la atención sin embargo que en una de sus manos descansara una botella semillena (o semivacía, para Señor Ojo) de ginebra.

¿Qué por qué supe que se trataba de ginebra? Pues porque el agua, precisamente el agua, no huele a endrina quemada.

Me acerqué al cuerpo y lo agité.

Señor Ojo soltó un bufido, se removió en el banco y luego abrió el ojo. Un Ojo turbio e inyectado en sangre.

- Despierte usté que ya es hora.- le dije sacudiéndolo un poquito más.

Señor Ojo me miró con una mirada en la que intentaba procesar ¿lo conozco? hasta encenderse la luz de su cerebro flotante en alcohol.

- Oh, es usted… Por un momento pensé….- Chasquó la lengua y dio un trago a la botella mientras movía la cabeza a un lado y al otro.

- ¿Qué tal esos Carnavales?- le pregunté con las manos en los bolsillos.

- ¿Carnavales?- se dijo señor Ojo.- ¿Estamos en Carnavales?

Me puse a reír como un tonto. Señor Ojo aprovechó el tiempo muerto para beber otro trago.

- Joder con el puto Sol.- escupió haciéndose sombra con la mano izquierda.

- ¿Se puede saber onde ha estado usté?- le pregunté.

- Estar… BrrrrrZzzzz… Estar…

- Señor Ojo, ¿se encuentra usté bien?

Me respondió acabándose de un trago lo que quedaba de ginebra.

- Tráigame otra de éstas.- señaló tirando la botella vacía al jardincillo.

- Acompáñeme usté, carajo.- solté algo cabreado.

Señor Ojo se puso en pie como pudo, luego se inclinó sobre el suelo y vomitó.

- Ahhhh.- que bien me siento ahora.- apuntó frotándose el estómago mientras caminábamos al bar El Ruedo.

Entonces, recuerdo ahora que fue entonces, cuando Señor Ojo me contó estas historias.

 I.- FUERA DE JUEGO

 - Ayer ¿o fue anteayer? tuve que darle dos bofetones a Falo. El muy cretino, pese a que ya no mete goles, está que se sale. Se sale porque la editorial madrileña Casa de Cartón acaba de publicar una nueva edición de El futbolista asesino, ese libro que cuenta su historia y que escribió haciendo de negro Nicolás Melini. Falo no dejó de darme la vara de lo contento que estaba. El tipo se cree un killer, ¡ja! Luego me explicó que esta es la cuarta ocasión en que le publican la historia ya que la primera, contaba el muy idiota, lo hizo Ediciones La Palma en colaboración con CajaCanarias, más tarde Ediciones Idea y el año pasado –porque estamos en 2012 ¿verdad?– para el mundo digital la editorial Musa a las 9. El futbolista asesino regresa ahora a las librerías de la mano de un sello editorial independiente creado por el editor peruano José Luis Torres Vitolas y…

- ¿Y, Señor Ojo?

- Pues que ya no me acuerdo.- contestó acomodándose en la barra del bar El ruedo donde pidió una ginebra.- La peor que encuentre.- le exigió al camarero.

Tras saborearla exclamó:

 II.- Y DALE CON LA COMIDA

 - Juan Bas me acaba de mandar Ostras para Dimitri, donde insiste en sus temas de siempre… Ya sabe, la comida, el berbecio…

- Parece un vasco.- dije bebiendo mi carajillo.

- Es que es vasco, imbécil.- Me cortó Señor Ojo posando su ojo en la barra metálica y, sin hacer caso de mi cara de payaso, continuar con su discurso.

- Además, el protagonista Pacho Murga se le parece a usted. Solo que Murga es un señorito bilbaíno pero igual de pijo y venido a menos que usted. Y no me mire así, que sabe que le digo la verdad. Murga, que protagonizó Alacranes en su tinta y Voracidad, cumple en Ostras para Dimitri condena en la prisión de Salto del Negro, donde conoce a Dimitri Urroz, una mezcla de ruso y navarro, que se convierte en su protector y de paso le complica la vida. ¿Me sigue?

- No.- comenté terminando mi carajillo.

- Pues váyase usted al carajo.

 III.- JUANCHO

Señor Ojo cogió en ese momento de una de las mesas un ejemplar arrugado del ABC, al colocarlo sobre la barra comenzó a pasar las páginas del suplemento cultural deteniéndose en el artículo de J. J. Armas Marcelo.

- ¿Lo conoce?- me preguntó pidiendo otra ginebra.

- No tengo el gusto.

- Pues aquí pone algo de Joyce, ese Ulises pegado a la botella como quien le habla, y Mario Domínguez Parra

- ¿Mario Domínguez Parra?

- Sí, aquí leo que ha traducido un libro del viejo Ulises pegado a la botella.

- Déjeme el suplemento…

- No se me ponga pesado que aquí tiene usted… Por cierto, una pregunta.

-Cuente, cuente.- respondí leyendo el artículo de Armas Marcelo.

- ¿Puede invitarme a otra ginebra?

 Saludos, Ende, desde este lado del ordenador.

A partir de ahora ‘El Perseguidor’ se publica todos los miércoles en ‘Diario de Avisos’

Miércoles, Noviembre 30th, 2011

El sábado 26 de noviembre El Perseguidor anunció en su portada el cambio de día que, a partir de la próxima semana, iba a caracterizar la periodicidad semanal del suplemento cultural del periódico tinerfeño Diario de Avisos y que coordino desde su aparición, el 10 de julio de 2010.

Informamos así, y para que quede constancia, que El Perseguidor continúa editándose con el decano de la prensa en Canarias, aunque a partir de ahora su aparición será todos los miércoles mientras el cuerpo aguante.

De esta manera, este miércoles, 30 de noviembre, iniciamos una nueva etapa en el calendario del suplemento.

Los contenidos que ofrecemos en el número 74 incluyen, entre otros, una extensa entrevista con el traductor José Aníbal Campos González, un atractivo reportaje firmado por el escritor Nicolás Melini y en la sección El vuelo de Ícaro, que coordina Coriolano González Montañez,  dos poemas del poeta estadounidense Stephen Ellis traducidos y con notas de Mario Domínguez Parra.

Así que ya lo saben, a partir de ahora El Perseguidor todos los miércoles con el Diario de Avisos.

Saludos, apúntenlo en sus agendas, desde este lado del ordenador.

Ser o no ser

Martes, Octubre 25th, 2011

He seguido con atención la polémica que se ha suscitado en torno a la escasa presencia de editores y escritores canarios en el SILA porque quien puso el dedo en la llaga es uno de esos amigos a los que además de respetar profesionalmente me une una relación que, con sus naturales encuentros y desencuentros, para mí es un hermano. Me refiero a Alfonso González Jerez, uno de los escasos referentes de los medios de comunicación de Canarias que por su cruda objetividad invita a la reflexión a través de sus columnas periodísticas que hoy publica el Diario de Avisos pero que ayer también enriquecieron las cabeceras de periódicos como La Gaceta de Canarias, Canarias 7 y La Opinión de Tenerife. Lean, lean la que escribe hoy en el periódico. Podía haberla titulada Historias para no dormir.

En su primer artículo, del que nos hicimos eco en este mismo blog así como de la respuesta del escritor Nicolás Melini, Alfonso lamentaba con buen criterio –y bien es cierto que con ácidas palabras– sobre la pobre presencia de editores, narradores y poetas de las islas en el Salón Internacional del Libro Africano, encuentro que quien ahora escribe estas líneas ha estado vinculado desde hace unos años, aunque en su tercera edición ha tenido la oportunidad de vivirlo desde dentro para constatar el enorme esfuerzo que se hace por hacer realidad un proyecto en el que, obvia decirlo, quien ahora les escribe cree y en la medida de sus posibilidades ha intentado respaldar desde sus comienzos.

Me sorprende por ello el lado por el que se están escorando las críticas a las ausencias que planteó en un principio González Jerez, a quien parece que quieren crucificar por expresar libremente su opinión.

El refranero popular dice que quien se pica es porque ajos come, y a tenor de lo que he leído en blogs de poetas y escritores canarios la verdad es que, efectivamente, quien se pica es porque ajos come ya que nadie de los que ha levantado la tizona para arremeter contra González Jerez esgrime argumentos que desmonten las reflexiones del articulista.

Y es que algunos (no todos, afortunadamente) de los que escriben y editan en Canarias han preferido obviar su asistencia a las tres ediciones celebradas del SILA como quien no quiere beber de una fuente que emana en pleno desierto.

Vayan ustedes a saber sus extrañas razones. Ya saben, esa manía de pasar sed para estar quejándose todo el santo día de que tienen sed.

A mi, qué quieren que les diga, y como buen beduino que busca agua en el desierto, me parece insólito.

Será porque no me gusta pasar sed.

He tenido la suerte de asistir a encuentros con los libros celebrados en distintos puntos de este país llamado Expaña y en uno de ellos, tan cultural y festivo como es la Semana Negra de Gijón, he visto entre el público diariamente a editores, poetas y escritores asturianos a los que no se les caían los anillos por asistir a las numerosas mesas redondas, presentaciones y conferencias que allí se impartían

SILA no es la Semana Negra de Gijón, obviamente.

Sus objetivos, y el presupuesto que maneja, son radicalmente distintos.

En SILA se dan a conocer las múltiples realidades literarias que hoy por hoy se están cocinando en el continente africano y también es un foro que promueve, a través del Encuentro de Editores, el intercambio no solo con el universo editorial africano sino también europeo y latinoamericano.

Este año, por ejemplo, SILA acogió la IV Cumbre de Editores Independientes Latinoamericanos, un espacio abierto a los profesionales de la edición en Canarias…

Lamento escribir que el número de profesionales del libro del archipiélago que asistieron a este encuentro no fue, digamos, el que se esperaba.

Cuando alguien me preguntó los por qué, solté aquello que somos un pueblo aplatanado. Domesticado, feliz en una inquietante indiferencia de canario. Ese pajarito que canta muy bien siempre y cuando esté enjaulado. Dale de comer alpiste.  

En las dos mesas redondas que organizó la Alianza Internacional de Editores Independientes, salvo dos responsables editoriales canarios, lo que allí se dijo, lo que allí se expresó con mesura cuando tenía que haberse dicho a gritos, fue revelar las claves de cómo se lo montan en otros países para editar y que los libros que publican de manera independiente –fuera de las cadenas multinacionales– lleguen a su gente. A sus lectores potenciales.

Esta mañana, hablando con un editor canario al que estimo y respeto porque se ha convertido en algo así como un canario con necesidad de mover las alas, le comentaba esto mismo cuando me interrumpió diciéndome que no lo habían invitado al SILA.

¿Invitado? Pregunté.

El editor al que estimo y aprecio se quedó un buen rato mirándome.

¿Invitado? Volví a repetir.

SILA está abierto al público en general. Pero sobre todo está abierto a que los editores y escritores canarios además de hacerse una idea de lo mal que está publicar y escribir fuera de este ombligo peludo que es Canarias, aprendan escuchando las realidades de otros escritores y editores que realmente lo tienen muy duro para escribir y editar en sus territorios, e invita a que conjuntamente planifiquen futuras iniciativas editoriales.

Conocer cómo lo han hecho es, al menos para quien ahora les escribe, una respuesta  para aprender a sortear las dificultades que nos amenazan en este apocalíptico 2012 que ya se nos viene encima.

Respecto al escritor que ha dado el paso adelante al sentirse airado en nombre de otros escritores que no se han sentido airados debo decir que la producción literaria de Nicolás Melini es, a mi juicio, y sobre todo en el territorio del relato corto, excelente.

Ya he escrito que Melini es, reitero que a mi juicio, eficaz para contar mucho en apenas seis o siete páginas.

Su último libro de cuentos, Pulsión del amigo, logró lo que muy pocos libros canarios leídos en los últimos tiempos ha hecho: que me llegara al corazón, que me conmoviera. Que me dejara turulato y que supiera, no ya intuya, que detrás había un escritor que trascendía sus intenciones de futbolista asesino.

Melini, con muy buen criterio, vive en Madrid y por razones obvias no pudo asistir al SILA pero sé, no intuyo, que se sentiría muy cómodo en el Salón. Que sería uno de esos escritores canarios que asistirían –libre de prejuicios y paranoias– si no a todos al menos a la mayoría de las mesas redondas, presentaciones y conferencias que el Salón ofrece –es oro puro, creánme–  a lo largo de los cinco intensos días de su desarrollo.

Algunos opinarán que está mal que lo diga porque este año formé parte de esa familia que lo hace posible, pero pese al trabajo y los nervios, SILA es un milagro. Un oasis que invita al pensamiento y al intercambio. También al descubrimiento de un universo literario que pese a la censura y a la pobreza, está haciendo todo lo posible para competir contra un Primer Mundo que hoy más que nunca tiene los pies de barro.

De esto y otras cosas hablaron Boubacar Boris Diop o Sami Tchak, entre otros escritores, en SILA 2011.

Y como razonó Alfonso González Jerez apenas encontré a editores y escritores canarios sacando provecho de estas experiencias.

Sus razones tendrían, pienso.

Aunque no son tiempos, pienso otra vez, para mirarnos el ombligo y sí la de aprovechar las oportunidades que ofrece un espacio que invita al intercambio y al debate sensato. A tender puentes.

Por ello, que algunos de los integrantes del puchero narrativo canario se sientan molestos porque alguien les diga “esto es lo que pienso que son” me asombra. Claro que al sentirse algunos reflejados en ”esto es lo que pienso que son” se ha logrado al menos que despierten momentáneamente de su habitual letargo.

Allá ellos pero no sus lectores.

Saludos, esa es la cuestión, amigos, esa es la cuestión, desde este lado del ordenador.