“Todo lo abarca y con furor lo aterra”. Literatura sobre las epidemias en Canarias

Martes, Marzo 31st, 2020

“En esta infausta isla del Atlante,
Si desde el mar á la enriscada sierra
Tiende su brazo el cólera gigante,
Y sin dar tregua á su execrable
Todo lo abarca y con furor lo aterra
”.

No se trata de una estrofa para recordar pero sí que es, hasta donde hemos podido indagar en estos tiempos confusos, uno de los primeros testimonios literarios que intenta reflejar los efectos devastadores de una epidemia en las islas. En este caso, la del cólera en la isla de Gran Canaria en 1851 que diezmó al 10 por ciento de la población, censada entonces en 58.943 personas de las que 5.593 fallecieron por el brote de cólera.

El poema lleva el título de El cólera-morbo y fue escrito ese mismo año por Ventura Aguilar, poeta romántico que dedica esta obra a la memoria de su sobrino “y caro amigo el licenciado d. Esteban Cambreleng” y que puede consultarse en la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, que reproduce en pdf la versión impresa en la imprenta de M. Collina. Esta misma imprenta publicó “el que puede ser el primer relato de los acontecimientos, firmado por el jurista Antonio López Botas en la temprana fecha del 15 de agosto]. El folleto de 12 páginas no lleva título, y muestra en primer lugar el terror incomparable que sintieron la noche del 5 de junio los facultativos que identificaron la epidemia y comunicaron a la Junta de Sanidad que se trataba del cólera morbo”, explica el artículo Memorias del cólera. Plegaria de Juan M. Doreste publicado en la revista digital 7iM.

No existe, sin embargo, una bibliografía extensa y con carácter de ficción que trate las distintas epidemias que a lo largo de los siglos sacudieron al archipiélago canario, aunque rastreando hemos podido encontrar algunos títulos que quizá sirvan a los preocupados en estos asuntos para conocer con mayor amplitud cómo se enfrentó la ciudadanía a estos ataques invisibles que solían propagarse como la pólvora por toda las islas.

Ambientada el mismo año que el poema de Ventura Aguilar, 1851, Verano de Juan El Chino, de Claudio de la Torre fue escrita en 1971 y aprovecha la epidemia de cólera morbo que asoló la isla de Gran Canaria para narrar a través de su personaje, “sano” en toda esta debacle, las miserias y grandezas del ser humano. Más que la enfermedad, a Claudio de la Torre lo que le interesa destacar en la novela es cómo el mal afecta al carácter de sus semejantes, ya que la mayoría aprovecha la situación para sacar lo peor de sí mismos aprovechándose del vacío de poder.

En este mismo marco histórico localiza José Miguel Alzola algunos momentos de su Don Chano Corvo Crónica de un jardinero y su jardín (1973) mientras la fiebre amarilla es la protagonista de la novela Días de paso, de Javier Estévez, relato en el que describe cómo su protagonista recala en la isla de Gran Canaria para refugiarse en el interior, en un pueblo de nombre Lucena. Escrita en forma de diario, el libro se desarrolla entre 1811 y 1812, Días de paso es en palabras de su autor: “un hermoso viaje vital por la geografía inesperada del destino”.

Ambientada en Tenerife la segunda década del siglo XX, El sepulcro vacío (2015) de Cecilia Domínguez Luis se hace eco de la gripe española que segó la vida de Diego Ponte del Castillo, marqués de la Quinta Roja, y la construcción del mausoleo con claves masónicas que su madre ordenó erigir en su honor en La Orotava.

Inspirado en hechos reales aunque adaptados a su universo literario, Sabas Martín probó también el aliento de la epidemia en Nacaria, inspirándose en hechos reales que se desarrollaron en la isla de Tenerife cuando se propagó la peste negra. La enfermedad, que se cebó con los más débiles como con los más fuertes, se unió a la crisis de la cochinilla lo que resultó dramático no solo para las familias de la isla sino también para su economía.

Ángel Sánchez trata el asunto de manera episódica en sus Crónicas de Artemi, volumen cuya nueva edición a cargo del Gobierno de Canarias se presentó el año pasado. Lástima que, como otros libros que auspicia la Viceconsejería de Cultura apenas haya tenido recorrido.

Los leprosos son los protagonistas de La cueva de los leprosos, de Víctor Álamo de la Rosa, historia que se desarrolla en Isla Menor, territorio mítico en el que se ambientan muchas de las novelas de este escritor y que no es sino un trasunto literario de la isla de El Hierro. En esta obra el escritor explota una vez más su vena romántica y si bien no se trata la enfermedad como epidemia, sí que subraya la diferencia que existen entre los que están aquejados de ese mal y viven recluidos en un lugar apartado de la isla. Álamo de la Rosa insistiría ahora sí con una pandemia, aunque una pandemia imaginaria que provoca suicidios masivos, en su más reciente novela, El pacto de las viudas.

Personajes aislados por la enfermedad son los protagonistas de La umbría, de Alonso Quesada, obra que cuenta con una interesante adaptación cinematográfica dirigida por Pepe Dámaso y El silencio de Los Abades, de Juan Alberto Reyes Cornejo. En ambos casos, sus protagonistas sufren aislamiento por tubercolosis.

En el terreno de la anticipación y el fantástico, varios autores han escogido las islas como escenario para sus propuestas literarias. Los muertos vivientes, que como un virus se extienden entre los vivos que le sirven de alimento, son los protagonistas de Caminarán sobre la tierra, de Miguel Aguerralde, novela que transcurre en una isla de Gran Canaria igual de distópica que la pesimista y futurista Pasa la tormenta y Anturios en el salón, de Tomás Felipe y Juan Ramón Tramunt, respectivamente, aunque ni el primero ni el segundo justifican sus propuestas por causa de una pandemia sino por catástrofes que para nada resultan naturales.

Otras novelas fantásticas serían Evanescencia (2017), de Manuel Almeida, El despertar (2012) de Elio Quiroga y Los espectros de Nuevo Ámsterdam (2019), también de Aguerralde aunque salvo la primera no se desarrollan en las islas como tampoco recurre a Canarias como escenario Víctor Conde en su Naturaleza muerta.

Sí que se cuenta en la isla con una nutrida y sólida producción historiográfica sobre las diferentes epidemias que han asolado el archipiélago a lo largo de la historia y todo hace asegurar que tras la pandemia del Coronavirus se publicarán trabajos en el que se analizarán su impacto en Canarias. A la espera de que esta pesadilla acabe, de que las cosas vuelvan a la normalidad, los interesados pueden consultar obras tan interesantes como las epidemias del cólera del siglo XIX vistas por Benito Pérez Galdós, a quien por cierto el coronavirus ha deslucido los fastos organizados para celebrar el centenario de su fallecimiento.

En este apartado destacaría El barco de la viruela. La escala de Balmis en Tenerife, de Víctor García Nieto y escogiendo entre otros títulos que no deslucen interés, Del Río de La Plata a Tenerife de Paolo Mantegazza, quien tuvo que ser internado al llegar a la isla en el Lazareto de Santa Cruz de Tenerife.

Antropólogo darwinista –mantuvo correspondencia con el autor de La teoría de la evolución de las especies– desembarcó en Tenerife en 1858 y cuestiona en la obra las leyes de cuarentena de la época impuesta ante los riesgos de epidemia así como los lazaretos, centro en los que se concentraba a los contagiados.

Las epidemias en Canarias dieron origen además a dos novelas muy diferenciadas. La primera es Los argonautas, de Vicente Blasco Ibáñez, que narra la escala de un trasatlántico en el puerto de la capital tinerfeña. Escrita en 1914, su lectura puede evocar a la novela Los premios de Julio Cortázar ya que sus protagonistas –en el caso de la novela de Blasco Ibáñez emigrantes– tienen prohibido bajar a tierra.

En su libro Entrada y salida de viajeros, el crítico tinerfeño Domingo Pérez Mink afirma que Santa Cruz de Tenerife siempre estará en deuda con el escritor valenciano ya que escribió una de las páginas más hermosas dedicadas a la capital tinerfeña.

La segunda novela está cuenta con una interesante adaptación cinematográficas de la que damos amplia información en otro artículo.

Finalizamos este recorrido por novelas que nos recuerdan la vulnerabilidad de Canarias ante estos casos el anuncio hace unas semanas y en este mismo periódico de un nuevo libro en el que está trabajando en la actualidad el escritor tinerfeño Alberto Vázquez Figueroa quien no revela su título pero sí el subtítulo que con toda probabilidad llevará: Cien años después y en la que el coronavirus es uno de sus más señalados protagonistas.

Si omitimos Gran Canaria, el filme que Irving Cummings dirigió en los años treinta y que adapta la novela de A.J. Cronin, Canarias ha servido de plató de varias películas que tratan los efectos devastadores en la sociedad ante una pandemia tan feroz pero afortunadamente ficticia como es la de los zombies.

Y en el cine

Aunque no se desarrolla en las islas destacamos 28 semanas después (2007), ya que está dirigida por el tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo y Generación Z (Steve Barker, 2015) porque pese a que a no está rodado en las islas sino en Mallorca, transcurre en un resort que se ubica en Canaria (¡!).

REC 4: Apocalipsis
(Jaume Balagueró, 2014) se rodó entre Gran Canaria y Barcelona mientras que La mansión de los muertos vivientes (1985) cuenta con varias escenas filmadas en las islas. La película está dirigida por un cineasta todoterreno en el cine español, Jesús Franco, pero no se trata de uno de sus más inspirados trabajos. Como en otras de sus películas, la actriz protagonista es Lina Romay, compañera sentimental de este hombre que era capaz de rodar cualquier historia por mínima que fuera con dos centavos.

Rodada en paisajes naturales de las islas es también No crezcas o morirás (Thierry Poiraud, 2015), una cinta que propone una interesante vuelta de tuerca al género de los muertos vivientes en el cine ya que no se trata de que los muertos se levanten de sus tumbas para acabar con sus semejantes, los vivos, sino de no crecer ya que cuando se cumple la mayoría de edad y sin que se explique en ningún momento en la película, los adultos enloquecen y solo desean matan a los más jóvenes.

El filme da bastante importancia al paisaje, ya que prácticamente transcurre en exteriores, pero su función es la de servir solo de marco estético. La idea, por otra parte, revisa con nota la propuesta que ya en los setenta había anotado Narciso Ibáñez Serrador con ¿Quién puede matar a un niño?

Por último y en el terreno del cortometraje, una curiosidad, 21-Z, el primer corto canario zombi de la historia del corto canario y que fue rodado íntegramente con un teléfono móvil. Dirigen: Aitor Padilla y Eduardo Gorostiza.

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La paciencia del peregrino, una novela de Daniel Pérez Estévez

Lunes, Marzo 30th, 2020

Antes de que estallara con toda su virulencia el Covid-19 se publicó en las islas y en la misma editorial (Ediciones Idea) dos novelas de temática parecida: El águila de San Juan y La paciencia del peregrino, de Francisco Estupiñán y Daniel Pérez Estévez, respectivamente. No sé sabe muy bien, pero probablemente por despiste del sello editor la portada de ambos volúmenes reproduce la misma imagen: la de unos pilotos de la Royal Air Force (RAF) estudiando un mapa de la isla de Gran Canaria. Se trata de una fotografía escasamente conocida de la II Guerra Mundial, y llama poderosamente la atención porque en ella se ilustran posibles ataques aéreos de la aviación británica que servirían de anticipo a un desembarco que, finalmente no se realizó.

La novela de Francisco Estupiñán, que ya comentamos en estas mismas páginas, ampliaba su radio de acción no solo a la presencia de las islas en aquel conflicto bélico sino también a los primeros días de la Guerra Civil en Canarias, capítulo en el que ofrecía una buena descripción de la marcha de Carmen Polo de Franco de Gran Canaria; de la Guerra Civil en territorio peninsular, donde el protagonista, marino mercante profesional, pasaba a formar parte del aparato de propaganda nacional y durante la II Guerra Mundial, en la que juega un importante papel en la no intervención de España en el conflicto gracias a su anglofilia y a su pasado (ahora celosamente oculto) de masón.

El libro de Daniel Pérez Estévez se ocupa también de Canarias pero durante los años 1940 y 1941, salvo un breve paréntesis al comienzo y al final del libro que el autor data en 1959. Con estos elemento, se estructura una novela de espionaje que tiene como escenario los paisajes de la isla de Gran Canaria, espacio en el que su protagonista, Miguel Miranda, actúa de agente secreto para la Gran Bretaña.

En la novela se explica la importancia que tuvo el archipiélago en aquellos años de sangre, sudor y lágrimas y se describe los preparativos de invasión que tanto británicos como alemanes estudiaron para tomar unas islas que, estratégicamente, podían haber tenido una gran importancia en el teatro de operaciones de ambas potencias.

Los británicos diseñaron para ello diferentes planes, el más conocido de ellos bajo el nombre de Operación Pilgrim, Peregrino. La Alemania nazi contó también con un plan de respuesta que, con la denominación de Félix, intentó adueñarse de Canarias con el visto bueno franquista. Visto bueno que nunca llegó a confirmarse sobre todo tras la reunión que el dictador nazi mantuvo con el dictador español en Hendaya.

La paciencia del peregrino está escrita más como novela de aventuras que como novela de espías de todas formas. No se preocupa, como sí se preocupó El águila de San Juan, en el juego político que se libró en Canarias aquellos años pero se deja leer no solo por la información que el escritor facilita al lector sino porque lo que tiene que contar se cuenta en sus más que apretadas doscientas y pico páginas. Páginas en las que personajes reales se mezclan con ficticios, resultado de la imaginación de Pérez Estévez, quien es doctor en Economía y director de la Sociedad Científica El Museo Canario.

La paciencia del peregrino comienza a finales de los años cincuenta con el arribo a Gran Canaria del yate de Aristóteles S. Onassis en el que viaja como invitado de honor sir Winston Churchill, quien fuera el premier británico durante la II Guerra Mundial y el hombre que fue capaz de unir a toda una nación para detener el avance nazi, avance que los primeros años de la guerra parecía imparable hasta la derrota del invencible ejército alemán en el frente ruso.

La novela, que pronto adquiere un tono más próximo al de los relatos de Falcó, de Arturo Pérez Reverte que a las novelas de espías de Eric Ambler, el maestro indiscutible del género de la sospecha y la traición, incluye los ingredientes necesarios para disfrute de cualquier seguidor de historias basadas en hechos reales aunque como se dijo, a Daniel Pérez Estévez le interesa más la aventura y el romance que distingue este tipo de literatura que el propio trabajo de espionaje, que lo hay y mucho. Prevalece, de todas maneras, el sentido de la aventura, una aventura que se desarrolla en escenarios que serán reconocibles para los que conozcan la isla de Gran Canarias ya que una de las misiones que debe realizar su protagonista es la de desarticular la red de abastecimiento de la flota alemana en el Puerto de la Luz.

Paralelamente, la novela cuenta la historia de amor que nace entre Miguel Miranda con una mujer que puede desbaratar la misión que se le ha asignado, aunque cuenta con el apoyo de su jefe de operaciones, un escocés de nombre Gabriel North, que hará todo lo posible para que su pupilo no cometa los mismos errores que él cometió en el pasado.

La paciencia del peregrino es una novela de fácil lectura que se desarrolla en distintos espacios geográficos (la capital grancanaria, Londres, Berlín, Madrid…) y no ahorra en acciones, lo que da mucha agilidad a su lectura. No se distingue, sin embargo, por un consistente perfil psicológico de personajes ya que apuesta más por los estereotipos, sobre todo los inspirados por Ian Fleming en su serie de novelas de James Bond, pero como producto ligero es muy recomendable para pasar el rato estos días de amenaza invisible, de confinamiento en el hogar, de guerra global a un virus que no tiene, mucho me temo, la paciencia del peregrino.

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Juan Carlos de Sancho: “A Galdós le hubiera gustado ser más querido en su tierra natal”

Martes, Marzo 3rd, 2020

Juan Carlos de Sancho (Las Palmas de Gran Canaria, 1956) ha obtenido la exclusiva del siglo: entrevistar a Benito Pérez Galdós. Y lo ha hecho a través de un libro que es un notable ejercicio de ingenio y de amor a la literatura y, cómo no, a don Benito.

En Galdós responde (Mercurio Editorial, 2020) mantiene un largo diálogo en el que el escritor tiene que responder desde la perspectiva de su siglo una serie de cuestiones del XXI. El libro cuenta además con una selección de textos y será presentado en Casa México, Madrid, el miércoles 11 de marzo en un encuentro en el que Juan Carlos de Sancho estará acompañado del actor José Antonio González, que hará de un Benito Pérez Galdós de carne y hueso.

- ¿Qué respondería Galdós a los homenajes que recibe con motivo del centenario de su fallecimiento?

“No era un hombre al que le gustaran especialmente los homenajes, era muy tímido, muy trabajador, su obra era inmensa y necesitaba mucha intimidad. Vivía una vida muy para adentro aunque le encantaba viajar, conocer mundo, comprar libros en París, visitar el pueblo de Avon de Shakespeare, comparar culturas, contrastar estilos, leer mucho, escuchar mucho.  Él preferiría que el homenaje de sus paisanos fuera que se representaran sus obras en los teatros de todas las islas, que se creara un programa en la Televisión Canaria (La hora de Galdós) donde se debatiera durante unos años su obra y se proyectaran sus mejores películas (Nazarín, Viridiana, Tristana, El Abuelo, Doña Perfecta, Fortunata y Jacinta, etc), que se reeditaran sus cuentos con ilustraciones para los más jóvenes, que se implantara de forma oficial y permanente en los planes de estudio de Canarias ( Secundaria, Bachillerato, Universidad, etc ) la lectura de sus libros. Aunque seguro que agradecería las acciones que se están realizando en su homenaje”.

- ¿Y de esta Canarias del siglo XXI?

“Volvería a escribir una nueva versión de Misericordia ante el progresivo nivel de pobreza de las islas, el maltrato que se ejerce aquí sobre las mujeres (uno de los más altos de España), el caciquismo que aún impera en las clases más altas, el alto nivel de analfabetismo literario de sus dirigentes, el mayor fracaso escolar de España, la destrucción imparable de la naturaleza por parte del sector turístico, los bajos sueldos, los empleos precarios. Creo que entraría en un proceso de gran abatimiento aunque reconocería de inmediato a las almas nobles, a los que como Benina en Misericordia mantienen su bondad intocable. Tal vez nos daría un poco de esperanza destacando a estos seres humanos por los que siempre sintió una profunda compasión en sus obras”.

 - ¿Qué piensa que esperaría de este centenario?

“Decía Thoman Mann ante el éxito de Muerte en Venecia que su obra había creado “una corriente de simpatía”. Yo creo que Galdós desearía que sus lectores de las islas descubrieran en su obra su gran confraternidad con el ser humano (sobre todo con los más desfavorecidos), su enorme sentido del humor que abría canales de esperanza, sus ideales de Reconciliación, la importancia de la autoridad moral sobra la legítima (la legítima te la da el voto, la moral es lo que haces con ese voto). Yo creo que Galdós quiere ser más querido en su tierra natal. Todo lo mal que se habló de él salió de sus enemigos de siempre, era un hombre anticlerical y progresista, republicano y socialista, eso no se lo perdonaron muchos y lo mantuvieron en silencio durante largas décadas. Esto es imperdonable, un autor que está a la altura de Cervantes, Tolstoi, Dostoievski, Dickens”.

- En el libro las preguntas del siglo XXI le son planteadas a un hombre de finales del XIX y principios del XX. ¿Hubo cuestiones que quedaron fuera?

“Galdós responde desde su momento histórico a mis preguntas, dudas y preocupaciones del siglo XXI. Escribía Marco Aurelio que “quien supo ver su presente pudo ver la eternidad”, la condición humana no varía mucho con el tiempo, repetimos males. Galdós nos advierte de la importancia de la educación, del trabajo serio y responsable para frenar esta marabunta del mal. En un segundo libro que saldrá después del verano (que llevo trabajando desde el 2002) ampliaré mis preguntas, hablaremos del teatro, el trabajo del actor, la crítica literaria, el poder de la prensa, los krausistas, Séneca, el Renacimiento, Dante y Maquiavelo, el militarismo, la cuestión obrera, las editoriales, los clásicos, la importancia de la lectura, Rousseau, Descartes, el amor, sobre la música, las ideas de Nietzche y Freud, la importancia del humor…”

- ¿Cuál cree que fue la pregunta más difícil que le planteó al escritor?

“En el próximo libro que estoy preparando le pregunto sobre cuestiones sexuales, amorosas (tuvo muchas amantes, entre ellas la escritora Emilia Pardo Bazán). Fue muy esquivo en sus respuestas, incluso me dijo que si hay que escribir sobre sexo no entráramos en descripciones excesivamente evidentes, pensaba que mejor dejar que el lector imaginara la trastienda del encuentro erótico. En sus temas personales, pese a ser un hombre afectuoso y afable, amante de los niños y los animales, en esos temas personales se mostró glacial, reservadísimo. Con cierto humor me dijo “que se casen mis personajes, no yo”. Nunca se casó”.

- ¿Con que personaje se identifica más dentro del universo galdosiano?

“Yo creo que con El Amigo Manso, el personaje que se enfrenta a su autor. Al principio de la novela Manso declara que Yo no existo, existe gracias a su autor, un escritor que le pide que exista para seguir con su obra : “… este tal vino a mí hace pocos días, hablándome de sus trabajos, y como me dijera que había escrito ya treinta volúmenes, le tuve tanta lástima que no pude mostrarme insensible a sus acaloradas instancias añadir un volumen a los treinta desafueros consabidos”. Es una auténtica genialidad de Galdós, ese diálogo del personaje con su escritor. Máximo Manso, frágil y contradictorio, pero todo un ejemplo de dignidad, tolerancia, comprensión y suave escepticismo en un Madrid lleno de oportunistas y arribistas. Yo creo que Manso era también Galdós, un escritor superdotado, deslumbrante. Manso:” el dolor me dijo que yo era un hombre”. Manso y el poder de la educación. El Amigo Manso es asomarse al Galdós esencial y total, sin duda”.

- ¿Cómo cree que era el escritor en la intimidad?

“Muy familiar, tímido y de pocas palabras, discreto, cortés y paciente. Decían de él que era muy desprendido y una persona muy entrañable, amante de la sabiduría popular, muy tierno con los niños y animales, le gustaba cultivar sus plantas en su casa de Santander. Pero ante la aparición de sablistas y aprovechados se mostraba distante, impenetrable”.

- ¿Y cómo hubiera reflejado la actualidad de España y la Canarias del siglo XXI?, ¿merecería una nueva serie de los Episodios Nacionales?

“El decía en 1907 que “llegará la Democracia a nuestro país pero tardará cien años en instalarse…somos una Monarquía teocrática”. Lo escribió hace más de cien años, se mantienen los cismas ideológicos, el culto nacionalista y los desmanes producidos por la ambición de Poder, aumentan las desigualdades y los grandes privilegios de los que más tienen. La Iglesia quiere seguir “mandando” y la Monarquía se protege con su blindaje legal. Pero también hablaría de los misericordiosos como su personaje Benina: los que salvan emigrantes en alta mar, las ONG que van África a denunciar el hambre, los niños soldados, etc .Le daría para unos 46 nuevos Episodios, sin duda”.

 - ¿Y usted, Juan Carlos de Sancho? Leo que califica el siglo XXI de “nihilista y atemorizado”.

“Hay mucho miedo, se ha corrido la voz de que todos estamos siendo espiados por facebook, por los móviles, por nuestras tarjetas de crédito. Los medios de comunicación alientan las noticias falsas y nefastas (les dan publicidad) aumentando nuestros temores, nuestra sumisión y dependencia de la que se aprovechan dictadores y gobernantes asesinos. Ministros como Wert del PP eliminaron de las aulas la Filosofía, la Historia de la Literatura, reduciendo horas de Plástica y Música. El objetivo era claro, acabar con el sentido crítico de los estudiantes, aumentar la ignorancia. La ignorancia facilita el control de las masas, y el miedo también”.

- ¿Canarias es un escenario galdosiano?

“Sin lugar a dudas, hace años había un lema turístico que promocionaba a Gran Canaria como “pequeño continente en miniatura”. Cada isla es un pequeño continente en miniatura, todo se reproduce en igualdad de condiciones que en el Continente grande, incluso mucho peor a veces, somos un pueblo de cercanas lejanías y de lejanas cercanías”.

- Lanza la propuesta de que el aeropuerto de grancanaria lleve el nombre del escritor. ¿Cómo va la iniciativa?

“No va muy bien, los empresarios turísticos se oponen por principio, ignoran el nivel literario de Galdós, su importancia mundial. El aeropuerto de Liverpool se llama Liverpool John Lennon Airport, el de Roma Leonardo da Vinci, el de Granada Federico García Lorca. Aquí ni políticos ni empresarios turísticos parecen estar muy interesados por dar un salto cualitativo, solo defienden turismo de sol y playa; la Cultura les importa un rábano; Benito Pérez Galdós no les parece interesante, no lo valoran”.

- ¿Qué hay de canario en Galdós?

“Él hablaba de la amplia visión que tienen de los hechos y circunstancias los que vienen de ultramar. Destacaría su humor socarrón, siempre presente pese a la dureza de sus descripciones; también sus atrevimientos “surrealistas” en la denominación de sus personajes (Electra, Pedro Infinito, Hipérbolos, Fortunata, El amigo Manso, Tristana.. ) adelantando con ellos el argumento que vendrá después, el interés del lector. Sus diecinueve años de vivir en la isla le conformaron una personalidad cosmopolita, abierta a las noticias que venían de fuera, conformando un estilo literario poco egotista (daba mucha libertad a sus personajes) a diferencia de otros escritores de su época. Pero sobre todo creo que esa lejana cercanía o cercana lejanía que comenté anteriormente sobre el ser insular, imprimió a su literatura una filosofía especial, una manera de contar novedosa, siempre original e inquietante”.

- Ha entrevistado a dos grandes de la literatura en español. A Julio Cortázar cuando vivía el escritor y ahora a Benito Pérez Galdós, muerto hace cien años. ¿Encuentra puntos de contacto en uno y otro?

“Su gran amplitud de miras, su compromiso político (Cortázar defendía también el socialismo en Latinoamérica) y sobre todo su gran capacidad de invención y renovación de la Literatura del momento. Fueron grandes inventores de estilos, valientes, nunca huyeron de atreverse a escribir libros totalmente diferentes, ajenos a la opinión de críticos, periodistas o académicos. Rayuela y El amigo Manso reflejan a dos escritores sabios, únicos, incomparables, atrevidos. Eran dos cronopios universales”.

- El libro incluye una selección de textos de Galdós. ¿Por qué escogió estos y no otros?

“El libro Galdós responde incluye dos conferencias que impartí en la Universidad de Boston en abril de 2019 y en la Casa Museo Pérez Galdós. En realidad provienen de un libro más extenso que saldrá próximamente. Los textos elegidos conforman una conversación más larga”.

Saludos, leer aunque no se Galdós, desde este lado del ordenador

Manuel Hernández: “Con la familia Gálvez se pasó de la venta de cargos a criollos a la colocación de peninsulares en la América española””

Martes, Febrero 18th, 2020

Manuel Hernández González es catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna y autor de varios libros y artículos donde estudia la presencia y la huella canaria a lo largo de los años en el continente americano.

El historiador presenta ahora El círculo de los Gálvez. Formación, apogeo y ocaso de una élite indiana (Ediciones Polifemo, 2019) en la que analiza la vida y obra de esta familia de origen malagueño y de cómo se convirtió en una de las más importantes de la América colonial.

– ¿Por qué El círculo de los Gálvez?

“Porque se trata de una familia que intentó erigir un círculo de poder en el mundo americano a través de la proyección de su familia y los vínculos familiares y de paisanaje con el objeto de establecerse en América y fortalecer Andalucía y en particular Málaga a través de la continuidad del monopolio mercantil en México, Venezuela y Filipinas en compañías que tenían su eje en ese puerto andaluz”.

- ¿Quién cree que tuvo el papel más destacado en la familia de los Gálvez?

“José. José de Gálvez ya que tuvo todo el poder en Indias, no solo ejecutivo sino también legislativo y judicial como secretario y gobernador de la América española entre 1776 y su muerte en 1787”.

- ¿Cuál fue la vinculación de los Gálvez con Canarias?

“Matías, hermano de José, residió por más de veinte años en las islas. Fue administrador de una hacienda absentista en Los Realejos (La Gorvorona), donde introdujo nuevas técnicas de cultivo de la vid y lagares y novedosos acuerdos con los comerciantes extranjeros. Más tarde fue administrador de la Renta del Tabaco, castellano de Paso Alto y el primer teniente del rey de la Capitanía General de Canarias. Además fue miembro de la Real Sociedad Económica y promotor de la emigración canaria a Luisiana y Costa de los Mosquitos. Su hijo Bernardo vivió su infancia y primera juventud en las Islas. Poco antes de ser virrey de Nueva España arribó a Tenerife para recordar la isla en que vivió sus primeros años y por la que tenía un particular cariño. Fue designado socio de la Económica. Antonio, el hermano de Matías y José, vino a Tenerife como administrador de la renta del tabaco para suceder a su hermano Matías. Meses después regresó a la Corte bajo mandato del Capitán General, pero a su vuelta fue capturado por corsarios argelinos y conducido a Marruecos. Tras ser liberado fue designado comandante general de Cádiz. Su hija Rosa, célebre poetisa y autora teatral, vivió durante ese tiempo en Tenerife y le dedicó uno de sus más significativos poemas, su Viaje al Teide”.

- ¿Cómo resumiría las características fundamentales de la Norteamérica bajo dominio e influencia española?

“Era un territorio escasamente poblado que el gobierno español quiso reactivar demográfica y económicamente, máxime cuando en 1763 la Luisiana francesa pasó a manos españolas. Pese a impulsar su población, su crecimiento fue muy precario, lo que facilitó una fácil intervención norteamericana, máxime cuando en 1802 España regaló la Luisiana a Francia y Napoleón la vendió a Estados Unidos por 13 millones de dólares. Con esa compra dobló su superficie territorial y preparó el asalto a Texas y los demás territorios al norte de Río Bravo”.

- ¿Qué destacaría del gobierno de Bernardo de Gálvez en la Luisiana?

“Bernardo de Gálvez fue gobernador de la Luisiana en una época crucial en vísperas de la guerra de independencia de Estados Unidos. Se integró plenamente entre sus élites, al punto que se casó sin permiso real con la hija de un hacendado francés, al que convirtió más tarde en su teniente del rey. Quiso favorecer los intereses económicos locales y su comercio con Francia. También promovió la migración de canarios y de acadianos, franceses procedentes de una antigua colonia gala en Canadá. Los canarios se convirtieron en la base de la cultura hispana y los acadianos cimentaron la pervivencia de la francesa. De ella parte la cultura cayún. Sin embargo fracasó en la conducción de familias andaluzas porque las granadinas desertaron y solo fueron 88 personas de su Axarquía malagueña natal los que fundaron junto con acadianos la Nueva Iberia. Muy pocos frente a los más de 2.500 canarios y 1.500 acadianos”.

- Luisiana cuyo territorio no es el actual Estado… ¿qué dimensiones tenía entonces?, ¿y cuál era su población y relación con las poblaciones indígenas?

“Comprendía la parte occidental del Missisipi hasta Texas, por una parte, y por la otra hasta los Grandes Lagos. San Luis Missouri fue fundado en la época española, interviniendo en su fundación su suegro, que se dedicó a las relaciones con las comunidades indígenas intercambiando mercancías con ellos a cambio de pieles. En esa época las tribus eran todavía muy importantes incluso en las guerras”.

- ¿Cómo se recuerda a Bernardo de Gálvez en la actual Norteamérica?

“Su papel fue muy significativo en la Luisiana y en las guerras contra los ingleses durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Al apoyar a los independentistas, Gálvez se convirtió en un mito hasta el punto de contar con un cuadro suyo en el Congreso”.

- En el libro explica cómo la familia Gálvez se convierte en una de las más poderosas de la América española.

“José de Gálvez no solo fue secretario de Indias, durante su mandato fue gobernador del Consejo de Indias, una especie de tribunal supremo para América, con lo que concentraba en su persona todos los poderes. Sus reformas económicas perseguían mayor control en los impuestos y aduanas por lo que erigió las intendencias, en las que colocó a personas vinculadas a él por razones de linaje y paisanaje, desplazando a los criollos, lo que motivó rebeliones como la de los comuneros de Nueva Granada o la de Tupac Amaru. Con Gálvez se pasó de la venta de cargos a criollos a la colocación de peninsulares, particularmente malagueños y andaluces de su entera confianza”.

- Hablamos de los hombres pero ¿qué papel juegan las mujeres de la familia y las que se vinculan a los Gálvez?

“Las mujeres Gálvez son muy importantes. La tercera mujer de José de Gálvez y su única hija María Josefa son ejemplos de mujeres ilustradas con grandes preocupaciones sociales. Fueron integrantes de la Junta de Damas de la Sociedad matritense de Madrid, donde mostraron un gran interés por la educación, la mejora de las condiciones de los hospicios y la cultura en general. La esposa de Bernardo, Felicitas de Saint-Maxent, era natural de Nueva Orleáns y fue una mujer ilustrada que conoció a Humboldt y fue amiga de numerosos ilustrados como Cabarrús, Jovellanos o Moratín y de la musa de la Ilustración española, la condesa de Montijo, esposa del tinerfeño Estanislao de Lugo. Sería desterrada de la Corte acusada de afrancesada. Su hija Matilde fue pintora, actriz teatral y socia de la Económica de Aragón durante el destierro de su madre en Zaragoza. Su prima Rosa fue sin duda la más importante poeta y autora teatral española de su tiempo”.

- Usted habla en el libro de un Gálvez afrancesado, ¿qué pasó con él?

“El único hijo varón de Bernardo, Miguel, que murió soltero, sin descendencia, fue caballerizo del rey José, capitán de dragones de su ejército y premiado por su apoyo a ese monarca con la orden de España. Tuvo que exiliarse a Francia cuando los franceses fueron expulsados de España y no pudo regresar hasta el Trienio liberal”.

- En el libro escribe sobre la batalla de Pensacola, que es donde se forja el mito de Bernardo de Gálvez. ¿Qué hay de verdad y de mentira en torno a su intervención en esta batalla?

“La decisión de atacar “Yo solo” como dijo Bernardo de Gálvez estaba condenada al fracaso porque tuvo que refugiarse en la isla de Santa Rosa sin posibilidad de tomar esa plaza. La llegada de las tropas al mando de Cagigal y Solano son las que condujeron a la victoria. Pero él y su tío, que lo acababa de nombrar jefe del ejército de América, hicieron todo lo posible para que recayera en Bernardo todo el protagonismo”.

- Al parecer, el venezolano Miranda se hace independentista por la actuación de Bernardo de Gálvez en esta batalla. ¿Es cierto?

“Miranda acudió al rescate de Bernardo Gálvez junto con su jefe Juan Manuel de Cagigal y el marino José Solano y Bote cuando éste atacó Pensacola y se encontraba gravemente herido. Gracias a esa ayuda se pudo derrotar a los ingleses. Después Cagigal y Miranda conquistaron las Bahamas sin morir ningún soldado español. Esa victoria destapó los celos de Bernardo de Gálvez, que movilizó a su tío para acusar a Miranda de contrabando en su misión de espionaje en Jamaica cuando éste estaba autorizado por el mismo José de Gálvez para financiar la expedición. Se le acusó también de dar información al militar británico Campbell sobre las fortalezas habaneras, a pesar de que no se encontraba en La Habana. Fue condenado a diez años de presidio en Ceuta, lo que le llevó a desertar hacia los actuales Estados Unidos de Norteamérica y convertirse en independentista. Su amigo Cagigal estuvo cinco años preso en Cádiz sin juicio. Muchos años después cuando ya estaban muertos los Gálvez, se hizo justicia y quedaron exonerados, pero ya por esas fechas el Precursor luchaba en Europa por la emancipación americana. Lo mismo le pasó a José Solano, acusado en consejo de guerra de contrabando. Paradójicamente su suegro, Saint Maxent ,sí fue condenado por contrabando en Jamaica”.

- ¿Quedan descendientes de la familia en la actualidad?

“Matilde Gálvez se casó con un militar napolitano, con el que tuvo en Nápoles tres hijas que son las únicas descendientes directas del linaje y las herederas de la riqueza acumulada por toda la familia ya que los demás integrantes no tuvieron descendencia y José Gálvez lo había articulado de tal forma que toda la fortuna familiar debía pasar a un mismo heredero si fallaban las restantes ramas, como fue el caso. Al no tener descendencia ni sus primas ni su hermano Bernardo, Matilde se convirtió en la última heredera y murió precisamente en Málaga cuando estaba haciendo inventario de ellas”.

- Si fue tanta la importancia de esta familia ¿por qué sigue siendo tan desconocida?

“En los últimos años sobre todo Bernardo ha sido objeto de publicaciones pero en sus aspectos bélicos. En otros su conocimiento era menor. Hemos tratado de abordar su trayectoria y su proyecto como linaje y como élite de poder desde sus inicios hasta su ocaso”.

– ¿Qué descubrimientos proporciona sobre la familia?

“He analizado los orígenes y la proyección de quien fue la cabeza del linaje: José de Gálvez así como la trayectoria de sus hermanos y familiares y lo he integrarlo dentro de una estrategia común aportando documentación inédita y tratando de contrarrestar los numerosos tópicos y mitos de la forma que se tiene que hacer: con documentación que lo respalde”.

- ¿En qué trabaja ahora?

“En un libro sobre ocho dirigentes de la Primera República de Venezuela que fueron desterrados en Ceuta por Domingo Monteverde y la Regencia. Aborda un periodo controvertido de la historia de las Guerras de Independencia en América con abundante documentación inédita tanto del destierro como de la vida previa de tales dirigentes desde el 19 de abril de 1810”.

Saludos, esa gran Historia, desde este lado del ordenador

Pilar Carreño: “José Julio fue el primer artista que expuso arte abstracto en Canarias”

Martes, Febrero 11th, 2020

La obra pictórica de José Julio Rodríguez (Los Llanos de Aridane, La Palma, 1916-Madrid, 2002) continúa siendo desconocida en el archipiélago en el que nació. Para romper este silencio, la Biblioteca de Artistas Canarios incluye un extenso trabajo sobre su vida y obra que firma la investigadora de arte, Pilar Carreño Corbella, quien desvela las claves que caracterizan la producción del artista así como detalles hasta ahora poco conocidos de su vida.

El volumen, número 63 de la colección, se prevé que se presente a finales de mayo en la Feria del Libro de las dos capitales canarias y en la localidad natal de José Julio coincidiendo con la publicación de otro libro de la BAC centrado en esta ocasión en la también artista palmera Carmen Arozena.

- ¿Qué destacaría de la producción artística de José Julio Rodríguez?

“De toda su producción artística, sin duda, resaltaría su temprano paso a la abstracción, ya que en marzo de 1950 presentó en El Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria la primera muestra abstracta del archipiélago, que tituló Arte absoluto 1949/50, con obras sobre papel en las que combinaba la decalcomanía y los trazados geométricos”.

- ¿Qué etapas cree que definen su arte?

“En primer lugar, la figuración en sus inicios como pintor hasta 1946; en segundo, su militancia en los grupos de vanguardia (PIC y LADAC), en los que alcanza la abstracción y la desarrolla (1947-1953); en tercero, un periodo corto de retorno a una figuración más avanzada (1954-1955); y por último, el espacialismo y expresionismo abstracto (1957-1964)”.

- ¿Hasta que punto pudo cree que pudo influir que se dedicara a la pintura que su padre fuera fotógrafo?

“Creo, en efecto, que su padre ejerció cierta influencia: cuando vivían en La Palma, en su casa en Los Llanos de Aridane, había revistas con reportajes de arte, de esta manera conoció muy temprano la obra de Kandinsky; además en el estudio fotográfico su padre le fotografiaba a menudo y estaba familiarizado con todo lo referente a este arte; pero también en el colegio su maestra, Fernanda Pérez, le invitó a asistir desde muy pequeño a las clases de dibujo”.

- José Julio, como ha dicho, es natural de Los Llanos de Aridane, ¿se percibe en su pintura?

“Siempre me hablaba de su infancia en La Palma con cierta nostalgia, pero de ahí a trasladarlo a la pintura es otra cosa, hasta ahora no me he encontrado ninguna obra de esos años”.

- Creo que durante la redacción de este volumen tuvo dificultades para acceder al archivo del pintor, ¿por qué?, ¿y por qué se encuentra en Icod de los Vinos?

“No exactamente al archivo del pintor, porque José Julio me legó una parte de la documentación que conservaba y su familia me ha abierto de par en par las puertas de su casa. La documentación a la que no tuve acceso es a la documentación oficial que pudiera haber en el Archivo Municipal de Icod de los Vinos. Residió allí y su padre montó una fábrica de caramelos en esta localidad. Sin embargo, a pesar de realizar la solicitud con registro de entrada y hablar por teléfono con la última concejala, la respuesta fue que no tenían organizado el archivo ni tampoco un técnico”.

- José Julio conoce, tengo entendido, a Emeterio Gutiérrez Albelo en esta localidad.

“Emeterio Gutiérrez Albelo le dio clases de dibujo en Icod de los Vinos y dado la vertiente poética de José Julio se estableció una relación amistosa que perduró en el tiempo, coincidieron en la revista Mensaje”.

- Traba amistad también con Eduardo Westerdahl.

“Para José Julio fue una amistad excepcional, siempre me resaltó el papel de Westerdahl como crítico de arte, al que le mostraba sus obras y consultaba sus libros, además de ver muy a menudo su colección. Creo que esa relación fue definitiva en su pase temprano a la abstracción”.

- Eso quería preguntarle. ¿Cómo llega José Julio al arte abstracto?

“Llega al arte abstracto por la influencia de la colección y biblioteca de Eduardo Westerdahl, y por la influencia directa del crítico. En la obra abstracta de José Julio hay un lenguaje personal muy meditado, donde el color es determinante, tanto en su periodo abstracto de los años cincuenta, como el las obras espacialistas de los sesenta”.

- Antes mencionó que José Julio formó parte del grupo LADAC, ¿qué es LADAC y que espacio ocupa en este grupo?

“Se vincula al colectivo de los arqueros en 1951, cuando el grupo se forma oficialmente. Es uno de los cuatro artistas junto a Felo Monzón, Juan Ismael y Millares que expone en la sala Syra de Barcelona, unas obras que nunca recuperó. Para esta muestra realiza una serie de cuadros, en los que introduce sobre un fondo monocromo o polícromo un trazado lineal y en ocasiones rellena los espacios triangulares con arena de la playa, obras que tuvieron una muy buena acogida en la crítica catalana”.

- Sin embargo, en 1953 se establece en Madrid y vuelve a sus inicios, a la pintura figurativa moderna. ¿Qué destacaría de esta etapa?

“Este retorno a la figuración se produce por agradar a su joven esposa que prefería este tipo de obras, pero también influye su traslado de residencia a Villarejo de Montalbán, un entorno que le sirve como fuente de inspiración. Son obras frescas, de pincelada suelta y conceptualmente modernas”.

- José Julio expone en Madrid en 1962. ¿Comenzaba una nueva aventura artística o anunciaba el final de su carrera como artista?

“Las dos cosas a la vez: por un lado, inicia una nueva etapa, al recurrir a nuevos materiales, como el látex y las limaduras de zinc, y limitar la paleta cromática al negro y plata, pero no obtuvo los resultados que el pintor esperaba, y por otro, una obra tan potente que presagia su final como pintor”.

- Usted que lo conoció, ¿cómo lo recuerda, qué destacaría de él como persona?

“Logré localizarlo a través del también pintor y amigo suyo, Teodoro Ríos, cuando le entrevisté para mi tesis doctoral sobre las Vanguardias en Canarias, dado que ambos habían participado en el grupo PIC (Pintores Independientes Canarios) en 1947. Le conocí personalmente en 1984, en una primera entrevista en la que lejos de cerrarse, me explicó con todo lujo de detalles datos que desconocía y que más tarde pude contrastar con documentación, al tiempo que me iba mostrando obras de su trayectoria artística. A este primer encuentro siguieron muchos más, además de cartas y llamadas telefónicas. Se estableció una amistad, además era un hombre muy familiar, siempre optimista, vitalista, educado así que valoro muchísimo que me contestase siempre con sinceridad”.

- ¿Cuándo y dónde fue su última exposición?

“Su última exposición la organizó CajaCanarias, cuando Alberto Delgado era el responsable de la Obra Social de la entidad en 1991. José Julio donó dos obras al concluir la muestra, las únicas que se encuentran en una colección institucional en Canarias”.

- ¿Por qué se retira de la pintura?

“Estuvo pintando y dibujando hasta el final de sus días aunque de lo que se retiró definitivamente fue del mundillo artístico”.

- Antes mencionó que realizó decalcomanías, ¿cómo las definiría?

“Los referentes de estas obras son, sin duda, las de Óscar Domínguez que conoció en casa de Westerdahl, pero José Julio siempre utiliza gouache o acuarela, o bien ambas a la vez, pero nunca tinta china, y la intervención después de la transferencia de la pintura son trazados geométricos”.

- ¿Por qué sigue siendo prácticamente un desconocido en los ambientes culturales de las islas?

“Por varios motivos, principalmente, porque se marchó en los años cincuenta del pasado siglo veinte, tampoco se conservan obra suya en los museos de las islas y hasta ahora no se había publicado una monografía hasta que el director de la colección Biblioteca de Artistas Canarios, Carlos Díaz-Bertrana, me ofreció realizarla. Ahora podemos acercarnos al conjunto de su producción pero falta una exposición sobre este artista, porque no es lo mismo una imagen de una obra que la propia obra”.

Saludos, gloria transit, desde este lado del ordenador

Novelas sobre la Guerra (in)Civil en Canarias

Jueves, Julio 18th, 2019

NOTA: Este artículo actualiza el que titulamos en su día (6-VIII-2016) Novela y memoria sobre la Guerra (in)Civil en Canarias, ya que desde ese entonces se han publicado otras novelas y antologías de cuentos relacionados con este asunto. En este aspecto y salvo las aportaciones que hacemos, el texto se mantiene prácticamente igual al original.

Canarias cuenta con una interesante producción literaria sobre la Guerra Civil en la que se mezcla ficción y memoria a partes iguales. Estas líneas solo pretenden orientar al lector sobre algunos títulos que considero, a mi juicio, recomendables para hacerse una idea de lo que podríamos llamar “nuestra peculiar literatura sobre aquel conflicto”, siendo conscientes que nos dejamos muchas obras en el tintero.

Se trata pues de un artículo que no nace con vocación investigadora ni de análisis, sino como guía de una serie de volúmenes que merecen ser recuperados por todos aquellos que estén interesados en conocer cómo desde los territorios de la imaginación y también del testimonio se nos ha contado con mejor o peor fortuna el drama de la Guerra Civil a este lado del Atlántico.

Para quien les escribe si hay tres títulos claves sobre este oscuro periodo de nuestra historia son El barranco, La prisión de Fyffes y Luchar por algo digno, de Nivaria Tejera, José Antonio Rial y Pedro Víctor Debrigode, respectivamente. No puedo olvidar Sima Jinámar del periodista y escritor José Luis Morales, entre otros.

El barranco de Nivaria Tejera es un emotivo y desolador relato a medio camino entre la ficción y la memoria. La acción se desarrolla en La Laguna a principios del alzamiento y está contada a través de los ojos de una niña que asiste a la detención de su padre por ser afín a la II República, lo que supone una fractura para su infancia así como para la familia.

El barranco es para el especialista Claude Couffon la primera novela en español sobre la Guerra Civil, una reflexión muy discutible ya que se publicó antes en francés (Lettres Nouvelles, 1958) que en castellano.

El exilio interior es una de las grandes constantes en la producción literaria de su autora. Mujer que tras abandonar las islas con su familia recaló en Cuba, donde abrazó en su juventud los principios de la revolución cubana liderada por Fidel Castro hasta que ésta se escoró –ya sin máscaras– hacia el socialismo.

En una entrevista que mantuvo con el autor de este artículo (1) Nivaria Tejera reveló que una de las causas que la motivaron a escribir El barranco fue “la necesidad de despejar ese mundo interior que está tan intrincado en mi personalidad. Sentía, además, la poesía que podía extraer de todo aquello. Mi intelecto ya estaba establecido y me pareció que era un elemento de trabajo intenso para que comenzara a escribir.”

Y añadía: “Afortunadamente nunca perdemos la infancia. Lo que sí me costó fue llevarla a una posible lectura, a una escritura, a un estilo porque ya entonces quería crear un estilo agarrándome a esa terrible memoria infantil.”

La prisión de Fyffes de José Antonio Rial narra el encarcelamiento del autor en la improvisada cárcel que antaño había sido empaquetadora de plátanos y que se encontraba en aquel entonces a las afueras de la capital tinerfeña.

Novela testimonio y de ambiente carcelario, Rial escribe que mientras estuvo preso en Fyffes fue como “vivir en una cloaca” ya que los presos republicanos estaban hacinados y sobre todos ellos pendía la sombra de la muerte. En esta improvisada cárcel, el poeta Domingo López Torres escribiría el poemario Lo imprevisto, que fue sacado clandestinamente días antes de que hicieran desaparecer al poeta.

José Antonio Rial (San Fernando, Cádiz, 1911-Caracas, Venezuela, 2009) se exilió a Venezuela donde continuó escribiendo y colaborando en distintos medios de comunicación de ese país. Algunos de sus libros son Venezuela Imán, Reverón, Jezabel, Segundo naufragio, Tiempo de espera y Las nereidas del faro.

Admirado por numerosos lectores aficionados a la novela de capa y espada de a peseta, Pedro Víctor Debrigode emplea también la ficción y la memoria en su antológica Luchar por algo digno. Obra que consta de dos partes, el primer volumen se desarrolla prácticamente en Tenerife donde el estallido de la Guerra Civil coge al protagonista mientras cumple servicio militar.

Las descripciones más estremecedoras del libro son las que se desarrollan en los barcos prisión anclados en el puerto de Santa Cruz de Tenerife y en los que el protagonista cumple con la ordenanzas militares mientras contempla como día sí, día no, muchos de los cautivos salen en pequeñas embarcaciones a alta mar para no regresar jamás.

Escrita sin florituras estilísticas, Luchar por algo digno (la segunda parte se titula El espía inocente) se trata a mi juicio de la mejor novela escrita hasta la fecha sobre la Guerra Civil en Canarias. Quizá porque se trata de la historia de un hombre que sin ideologías solo quiso vivir y que lo dejaran en paz.

Otro de los títulos más conocidos sobre aquella contienda fratricida escritos en y desde Canarias es Sima Jinámar, de José Luis Morales.

Según explicó el autor en una entrevista publicada en el diario El País, la novela la comenzó a escribir en la cárcel por dos razones: “la primera, que allí tenía tiempo. Y luego, que en aquella ocasión la novela actuaba como salida y reflexión en un momento de crisis ideológica que yo sufría, era 1969, con toda la universidad española. Intentaba, por un lado, hablar de esa realidad que para mí era tan cercana, la de las islas, y por otro, dar a todo esto universalidad, romper el localismo. Porque, al final, los problemas no son exactamente locales, ¿no? Entonces ensayé con el lenguaje canario, rural y con sus ritmos. Te llamará la atención que hay mucha redundancia, que para mí es dialéctica. Y para romper el realismo elemental aparecían algunos personajes atemporales, míticos, que rompen el tiempo y universalizan la ficción.”

La novela, reeditada en 2015 por Turpin Editores, recopila una serie de atrocidades de las que se habla aún en susurros en Gran Canaria.

Según Domingo Martín en su interesante blog Noticias de Agüimes, Sima Jinámar es el relato de un hombre al que “el sistema va engullendo. Y, aunque una de las habilidades de Morales es la de inventar topónimos (Anuwania, las Siete Mil Islas o Banicado son algunos nombres), a esta Sima le respetó el nombre original para que no quedara duda. Los setenta metros de profundidad de este tubo volcánico sirvieron de tumba para disidentes durante la dictadura julita, en la que transcurre la trama de la novela. Con tanto cadáver gritando historias, ‘intentaron dinamitarla después de la guerra, pero entonces la abrieron más’, recuerda José Luis Morales. ‘Es imposible dinamitar algo que es como una catedral de grande’”.

La Guerra Civil también ha producido otras novelas como La infinita guerra, de Luis León Barreto, y ha servido de inspiración para moldear el carácter de algunos de los protagonistas de sus historias en distintos escritores de la que ya se conoce como Generación 21 como son Víctor Álamo de la Rosa (El año se la seca, Campiro que y Terramores); Al sueño polar de golondrinas, de Álvaro Marcos Arvelo y Los días de Mercurio. La iniquinidad II y Los milagros prohibidos de Alexis Ravelo.

Álamo de la Rosa se basó en un conocido político herreño, Manuel Hernández Quintero, para su Manuel el huido de Terramores. El año de la seca se ambienta en el periodo de postguerra en el territorio mítico de Isla Menor (El Hierro) mientra que en Campiro que da noticias de todas aquellas personas que al estallar la guerra buscaron refugio en cuevas y tubos volcánicos para no convertirse en víctimas de la represión militar.

Álvaro Marcos Arvelo parte de la fuga que emprendió el poeta gomero Pedro García Cabrera junto a otros presos políticos desde el campo de prisioneros de Villa Cisneros a Dakar, Senegal, en 1937, en Al sueño polar de golondrinas, una novela que discurre en dos tiempos, los años 30 y los actuales cuando llega un barco chatarra a Puerto Santo, universo imaginario del escritor y cuyo reflejo podría ser Tenerife y en cuyas oscuras bodegas viajan 152 inmigrantes subsaharianos.

En el otro extremo de la balanza se sitúa Alexis Ravelo, quien se despoja de la influencia de su investigador, el marino retirado Eladio Monroy para narrar en clave muy negra una historia de venganza en la mejor tradición del género en Los días de Mercurio. La iniquinidad II, en la que su protagonista, un hombre del bando de los derrotados descubre un secreto bien guardado por parte de uno del bando vencedor. Ravelo insistiría en la Guerra Civil en Los milagros prohibidos, novela en la que narra la que se conoció como Semana Roja en La Palma, única isla que permaneció leal a la II República esos das hasta la entrada de las tropas rebeldes y la huida de los “rojos”, los enemigos del nuevo régimen, al monte y a la costa. Javier Hernández Velázquez retoma el pasado cainita que supuso el conflicto en El fondo de los charcos e insiste en el mismo, aunque en sus páginas finales, en Baraka.

La Guerra Civil y la represión en Canarias mueve, por otro lado, la acción de La lista, de Juan Bosco, quien no se arruga en señalar con el dedo quienes fueron los asesinos y sus víctimas en La Orotava durante aquellos años. Juan Ignacio Royo Iranzo propone algo parecido, aunque en Santa Cruz de Tenerife en su interesante El fulgor del barranco. La capital tinerfeña en aquel tórrido verano de 1936 también es la protagonista de La maleta y el obelisco, de Andrés Servando Llopis

Otras obras a destacar son Mientras maduran las naranjas, de Cecilia Domínguez Luis, novela que recupera la memoria de la Guerra Civil en las islas a través de los recuerdos de Sara, una adolescente que vive el golpe de estado cuando tiene solo diez años y novela que cuenta con una primera parte, Y tú serás el río; La fiesta de los infiernos, de Juan José Delgado, que ofrece una visión sobre aquellos años escrita desde el esperpento y, de manera tangencial, El árbol del bien y del mal de Juan José Armas Marcelo, novela que junto a Las naves quemadas le sirvió para fundar su imaginario universo de Salbago.

Luis León Barreto recurrirá también a la isla-símbolo, en su caso Tamarán, para La infinita guerra, en la que profundiza en las imbricadas raíces que tejió el poder para justificar la represión a la que sometieron a la población de las Islas nada más declararse la Guerra Civil mientras que el periodista y escritor grancanario Alfonso O’Shanahan es autor de Solsticio de verano, una novela de espías ambientada en la segunda mitad de los años treinta en Canarias que ha sabido envejecer con el paso del tiempo. 

A caballo entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria se desarrolla en las postrimerías de la Guerra Civil Inmerso en la duda, de Agustín Quevedo Martín; Francisco Estupiñán aborda también aquel conflicto y la posición de la España franquista durante la II Guerra Mundial en El águila de San Juan mientras Eugenio Suárez Galván narra en Balada de la guerra hermosa la historia de dos canarios enrolados como soldados del ejército nacional en los campos de batalla que destrozan las tierras de la España peninsular.

Por otro lado, Agustín Carlos Barruz se preocupa en reflejar la represión y sus secuelas en Memoria de una isla sin memoria, que trascurre en Sacura, anagrama de Arucas, Gran Canaria mientras que la escritora Elia Barceló desarrolla la primera parte de El color del silencio en julio de 1936 en Canarias y Alberto Vázquez Figueroa retrata la feroz represión de los rebeldes en las islas en su novela Bajamar.

También son de destacar El faro y la noche, de Selena Millares, en la que se cuenta el hallazgo las memorias de un oscuro poeta y profesor represaliado tras la guerra civil española

Otros títulos que pueden sumarse a esta relación son Episodios de la Guerra Civil y otros relatos, de Francisco Rodríguez Medina, autor también de El paseo de la muerte; Pedro Padilla Quintana y su En el azul y muy tangencialmente Jonathan Allen en la iniciática El conocimiento.

Novelas sobre los primeros años de la postguerra son Los amores perdidos, de Miguel de León y Guad, de Alfonso García-Ramos, sin olvidar La isla y los demonios, de Carmen Laforet y que transcurre en la capital grancanaria en los años 40.

En cuanto a recuerdos, destacaría Añoranzas prisioneras, del anarquista Antonio Rodríguez Bethencourt, libro en el que narra las aventuras de su compañero de presidio Antonio Tejera Afonso Antoñé; Memorias de un hijo del siglo, del socialista Juan Rodríguez Doreste; Once cárceles y un destierro, de Diógenes Díaz Cabrera; …Empieza a amanecer, de Constantino Aznar de Aceved; Tránsito, de Elba García, memorias sobre el escultor y empresario Bernardino García; Sin rencor. Memorias de un republicano, de Mauro Martín Peña; Semilla de memoria, de Francisco González Tejera; Cecilio Segura, alcalde y maestro replesaliado en la Guerra Civil, de Francisco Suárez Moreno y La luz infinita, de Amílcar Morera Bravo, título en el que este escritor y médico natural de La Palma incluye varios relatos sobre su experiencia como sanitario del ejército nacional en diferentes frentes de la península.

También de un palmero es Con los parias de la tierra, memorias de quien fuera fundador de las Juventudes Comunistas de La Palma y destacado dirigente político durante la II República, Florisel Mendoza.

(1) El Perseguidor (Diario de Avisos), número 23. Entrevista con Nivaria Tejera, “Ya no me siento exiliada en ninguna parte“.

FOTOS

1) Francisco Franco desfila junto al alcalde republicano José Carlos Schwartz y el gobernador civil Manuel Vázquez Moro

2) Almuerzo de los militares golpistas en La Esperanza (Tenerife), dìas antes del golpe de Estado

3) Presos republicanos hacinados en el Lazareto de Gando

Saludos, sí, tal dìa como hoy…, desde este lado del ordenador