Tres historias de mujeres contadas por hombres

Lunes, Septiembre 24th, 2018

No sé si premeditadamente por parte de sus autores pero observo varios puntos de contacto en los cortometrajes que hace unos días se exhibieron en TEA Tenerife Espacio de las Artes. Entre otras coincidencias y al margen de la simple y llana levedad del ser, encuentro que sus protagonistas son mujeres y que de una manera u otra las tres historias planteadas pretenden ser películas sobre mujeres aunque la mirada de los directores sea masculina.

Es cierto si se conoce el trabajo de al menos dos de los cineastas, en nuestro caso el de Josep Vilageliú y Daniel León Lacave, se observa que en su cine siempre hubo mujeres. Mujeres como fantasía, mujeres como metáfora de la dignidad e indignidad según sean los casos en los que se manifiesta la mirada travestida de dos autores que siguen explotando el mismo tema solo que con miradas diferentes. Puestas así las cosas, resultaba inevitable que ambos directores terminaran por rodar juntos una misma película, aunque la película sea un poco más de Vilageliú que de León Lacave, aunque no es recomendable intentar descubrir donde está la mano de uno y de otro.

Página en blanco habla del fin de una pareja y del asalto repentino de la soledad. Habla del desamor y de una madre que no está preparada para enfrentarse sola con su mundo. El corto descansa sobre todo en el extraordinario trabajo de la actriz Cristina Piñero, columna vertebral de una historia en la que se plantean otros discursos paralelos como el vacío que separa a generaciones que aprendieron a consumir cultura asistiendo a recitales de poesía y sesiones de cine en versión original frente a nuevas que no salen de la tecnología digital.

Tres veces Eva es un corto leve, dice Lacave, del año pasado y en él son las mujeres otra vez las absolutas protagonistas. El discurso, es curioso, gira también entre el vacío que separa a distintas generaciones, en este caso el de dos actrices veteranas y una joven, sobresalientes Cathy Pulido, Pino Luzardo y Tara Machín, que esperan obtener el trabajo de actriz protagonista en una audición. El corto toca otros temas que ya son constantes en el cine de Lacave como es la dignidad laboral y personal de sus protagonistas.

La habitación sueca, dirigida por Esteban Calderín y protagonizada por Raquel Amegashie y Yazmina Guerra, cuenta en clave Saw una historia que va más allá de la serie Saw.

Lo que se juzga, donde se pone el dedo en la llaga, es en una amistad traicionada que exige una epifanía.

Saludos, plano fijo, desde este lado del ordenador

Noticias de ese cine que tanto nos (dis)gusta

Miércoles, Septiembre 12th, 2018

* Celebramos que el cineasta tinerfeño Fran Casanova haya obtenido con Hay algo en la oscuridad el premio al mejor cortometraje en Lengua Extranjera en el Hollywood Horrorfest, celebrado en el estado de California (Estados Unidos de Norteamérica) este verano. Mientras, Casanova está inmerso en su próximo proyecto Mask of sanity, producido por Mare Films con la ayuda del ICAA y protagonizado por Paola Bontempi y Rubén Tobías, y con la colaboración especial de Jimmy Shaw.

* Este miércoles, 12 de septiembre y a partir de las 20 se presenta en TEA Tenerife Espacio de las Artes dos nuevos cortometrajes de la directora tinerfeña Beatriz Fariña Trujillo, Servicios especiales y Trans-del otro lado. La proyección de estos trabajos se completará con el pase de un corto anterior de la directora, titulado La Talega, y con el cómo se hizo de Servicios especiales


.
* TEA Tenerife Espacio de las Artes estrena a este jueves, 13 de septiembre y partir de las 20 horas, Página en blanco (2018), un cortometraje dirigido por Josep Vilageliu y Daniel León Lacave. También se exhibirán los cortos: Tres veces Eva (2017), de Daniel León Lacave; y La habitación sueca (2018), de Esteban Calderín.

Salud, que Dios reparta suerte, desde este lado del ordenador.

‘Del amor y otras necesidades’, una película de Josep Vilageliú

Miércoles, Diciembre 20th, 2017

Josep Vilageliú es un cineasta que rueda con el empuje y el entusiasmo de un guerrero espartano aunque no creo que hubiera encajado en aquella sociedad estoica y militar porque es de carácter más ateniense, como quien ahora escribe estas líneas, aunque en vez de perder el tiempo (o ganarlo, según se vea) divagando sobre la antigua Grecia lo que hace es rodar películas.

Películas que cuentan con un acento propio y que suma constantes y evoluciona con el paso de los años. No creo, por otro lado, que haya a este lado del Atlántico un cineasta que cuente con una obra cinematográfica tan abundante cuyos orígenes hay que rastrear en los años 70 y que continuó sin apenas descanso en los 80, 90 y lo que vamos de siglo XXI.

Si se conocen estos trabajos, que cubren un arco cronológico con sus tendencias y propuestas, se puede detectar la evolución de una obra que tiene mirada propia, una firma, que su visión como cineasta es muy personal e intransferible.

Del amor y otras necesidades es una película, como otras tantas del director, con un rodaje accidentado ya que una parte se grabó hace dos años. Se trata, además, del tercer título que estrena en 2017 tras Al borde del agua y Dueto, cinta esta última con la que mantiene más de un punto de contacto aunque en Del amor y otras necesidades la reflexión sobre la pareja se hace desde otra perspectiva y con desconcertante espíritu irreverente.

Se indaga, además, en otros temas como el peso de una soledad mal asumida, y la posibilidad de una relación. Una relación que dura una noche y en la que uno de los personajes intentará tranquilizar sus demonios interiores mientras el otro obtener un satisfactorio rendimiento económico y profesional.

La película presenta a una escort de alto standing contratada por un hombre maduro. Lo que se cuenta transcurre como se ha dicho durante la noche y en prácticamente un solo un escenario, el jardín de la casa en la que reside el protagonista masculino.

Resulta interesante observar cómo las últimas tres películas del cineasta se desarrollan en espacios acotados y en ocasiones, como en Dueto y ahora en Del amor y otras necesidades, bajo una estructura cuasi teatral que encaja en el espacio cinematográfico que propone el director.

Película de actores, porque todo el cine de Josep Vilageliú se apoya fundamentalmente en los actores, resulta muy llamativo observar cómo los personajes van cambiando papeles a medida que avanza la acción.

Si en la primera parte el hombre maduro y un poco vuelta de todo es quien domina la narración a medida que ésta se desarrolla se intercambian los protagonismos y es ella, la escort, quien asume el dominio del juego (¿qué seducción no lo es?), en especial cuando los personajes parecen desnudar sus sentimientos en ocasiones mirando directamente a cámara y por lo tanto al espectador, para revelar una vida cotidiana que necesita de emociones y riesgo.

Me ha hecho reír, sí, reír, Del amor y otras necesidades pero también me ha hecho llorar, sí, llorar, un mediometraje en el que sus protagonistas juegan con cartas que, finalmente, resultan que están marcadas.

El hombre paga por recrear una fantasía que representa con oficio una ¿profesional? La idea no la redondea, sin embargo, el final de la película ya que quiere funcionar como un guiño aunque no resta interés a un trabajo que, como otros de Josep Vilageliú, más que contar una historia disemina fragmentos de varias historias para que sea el espectador quien los recomponga a modo de rompecabezas.

Los actores contribuyen a robustecer un trabajo que, afortunadamente, nunca se define. Enzo Scala y Bibiana Rodríguez están muy bien y hacen creíble esa relación. Operan como las piezas de un engranaje que mueve un discurso que inquieta y hace reír, y que se sigue con desarmante entusiasmo porque los cambios de tono y el trasvase de un género a otro no chirría ni pierde el sentido final de la película.

Contribuye a reforzar esta sensación la música, que compone e interpreta Javier Marrero Acosta, fundamental para entrar en esta fábula que como toda fábula tiene moraleja. Josep Vilageliú la visualiza con el guiño de los faros de un coche que rompen la quietud de la noche.

Del amor y otras necesidades transcurre prácticamente en un solo escenario, el jardín de la casa, jardín que es el tercer personaje de la película porque a medida que avanza se transforma al representar los estados de ánimos de ese hombre y esa mujer que se necesitan por razones muy diferentes.

Hombre y mujer que crecen y decrecen en un magnético y chispeante juego de falsa seducción en el que amado se convierte en amante y el amante en amado.

Esto hace concluir que más que Del amor y otras necesidades quizá hubiera sido más correcto titularla Del amor y sus necesidades, pero son cosas nuestras, de espectador que comienza a sentirse un poco como el personaje que interpreta Enzo Scala.

Saludos, ¡¡¡NO AL CIERRE DEL TEATRO TIMANFAYA!!!, desde este lado del ordenador.

La vida es puro teatro

Martes, Mayo 16th, 2017

Un teatro, la vida es puro teatro, y dos personajes: un hombre y una mujer.

Están sentados y miran al ojo de la cámara, que es el del espectador y claqueta: Dueto.

Dueto es la última experiencia visual de Josep Vilageliú y una película, como casi todas las películas de este cineasta, en la que propone una aparente ruptura con su filmografía anterior.

En esta ocasión, reflexiona sobre la violencia de género a través de una pareja que, pese a la escasa distancia que los separa del escenario, se encuentran a años luz o  en mundos opuestos. En unas antípodas emocionales que, a través de lo que dicen, revela el origen y desarrollo que puso fin a esta relación.

Los actores, los personajes, se confiesan al público y se despojan a través de monólogos de todo aquello que una vez los unió. A través de las palabras se dan dos versiones diferentes de lo que pudo ocurrir. Y si bien no cae telón al final, la segunda sección del mediometraje muestra momentos felices de la pareja grabados con la cámara del móvil. En estas escenas se acercan y se tocan. Hay exteriores e interiores. Se bromea y hay complicidad entre los dos.

El espectador sabe, sin embargo, que lo que ve, que lo que observa forma parte del pasado. Un pasado en el que hubo confianza y amor.

Josep Vilageliú se demuestra como un cineasta preocupado por los personajes en Dueto. Le basta que cuenten sus versiones de la misma historia para que el espectador saque sus conclusiones y se haga una idea de su desamor.

La apuesta del cineasta es pues arriesgada porque apenas se sirve de recursos técnicos para reforzar el drama. Se apoya en sus dos actores, estupendos por convincentes Miquel Ángel Rábade e Idaira Santana, para diseccionar las causas de este fracaso sentimental que degeneró en violencia.

La obra no termina sin embargo de ser redonda porque los diálogos suenan a veces forzados. Y es en los diálogos donde se encarrila el relato, que son confesiones o mejor versiones divergentes de un mismo hecho.

Con todo, Josep Vilageliú se mueve como pez en el agua en la creación de atmósferas. Sean teatrales como las que ocupa la primera parte o “reales”, como los de la segunda. Dos unidades, paradoja, que enganchan perfectamente en la totalidad de la película porque enseñan las dos caras de una misma moneda.

Cineasta al margen de modas, francotirador independiente y creador de espíritu estajanovista, la filmografía de Josep Vilageliú no admite términos medios, o gusta o disgusta, pero revela un estilo, una marca, un sello, que hacen que todos sus trabajos se reconozcan porque tienen firma.

La firma de un director que vuelca en sus películas obsesiones que ya se han convertido en constantes, sin traicionar su forma de entender el cine. Un cine en el que la imagen prima por encima de cualquier cosa. Las emociones son visuales en un cineasta más cercano a lo lírico que a lo narrativo.

El discurso de Vilageliú no es solo estético sino también emocional. En ocasiones lo manifiesta con carácter críptico y en otras con mirada luminosa. Una mirada que afortunadamente aún no ha perdido su capacidad de asombro. De detenerse en los detalles para que el espectador vaya configurando las piezas en su cabeza.

Una ambigüedad como absorta define el cine de Josep Vilageliú, quien en Dueto lo transforma en teatro (anti-cine) para terminar decantándose por el disfrute, el goce cinéfilo.

Saludos, hermanos y hermandas, desde este lado del ordenador.

Más avisos

Miércoles, Mayo 3rd, 2017

* La Historia de Canarias, de José de Viera y Clavijo, en cinco volúmenes es una edición crítica editada por el doctor Manuel de Paz Sánchez, dentro de la colección Obras Completas de Viera y Clavijo (Ediciones Idea), que dirige Rafael Padrón Fernández.

La obra se presente este jueves, 4 de mayo y a las 19 horas, en la sede del Parlamento de Canarias en un acto que contará con la presencia del presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo Batlle, así como el director de las Obras Completas de Viera y Clavijo, Rafael Padrón Fernández, Miguel Ángel Clavijo, director general de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, y el autor de la edición crítica, Manuel de Paz Sánchez.

* El Aguere Espacio Cultural acoge también este jueves, 4 de mayo y a las 20.30 horas, el estreno de Dueto, un cortometraje de Josep Vilageliú, de quien se proyectará su primer trabajo rodado en Tenerife, Diagrama (1974), fotografiado por Teo Ríos.

Dueto, en el que un hombre y una mujer exponen los hechos que dieron al traste con su relación, está protagonizado por Idaira Santana y Miguel Ángel Rábade y está producido por Laly Díaz y sonorizado por René Martín con Eduardo Chamorro como ayudante del sonido.

Saludos, la Cruz, desde este lado del ordenador-

Un conflicto de identidades

Lunes, Febrero 6th, 2017

Pasito a pasito y sin estridencias, Josep Vilageliu y Daniel León Lacave no fallan cuando se trata de presentar sus últimos trabajos. Hoy por hoy, se podría decir que ambos son los más constantes cuando se trata de presentar sus películas en Canarias, lo que explica que estos estrenos se hayan convertido en una tradición porque, como apuntó Vilageliu el jueves 26 de enero, día de la puesta de largo de La Otra y Al borde del agua, su exhibición se ha convertido en una excusa para reunir a un grupo de amigos y también anónimos seguidores para ver un cine hecho netamente aquí, en estas tierras alejadas de la mano de los dioses.

La otra y Al borde del agua coinciden, más allá de ese truco publicitario de denominarlas leves, en estar protagonizadas solo por mujeres; en desarrollarse en un mismo espacio: una presa y un velero, y en explorar, casi como una excusa, las geografías del género fantástico.

La sesión comenzó con la exhibición de La otra que es un curioso entretenimiento firmado por Daniel León Lacave que incursiona en el cine fantástico con claves vagamente inspiradas en el cine de terror japonés en cuanto a su efectismo y el universo de Kubrick en cuanto a su formulación como historia de fantasmas.

Kubrick está  presente incluso en el nombre de la protagonista de este ensayo sobre el más allá, sea real o figurado. Wendy, que así se llama el personaje que interpreta Cristina Piñero, está tomado de la película El resplandor, aquel personal punto y aparte del género que se inspira, vagamente en la novela del mismo título de Stephen King.

No obstante, y al margen del tono al que recurre Daniel León Lacave para sumergirse en esta insólita e inquietante pesadilla, La otra  propone una incursión en lo extraño que  logra transmitir gracias a una atmósfera que domina un relato que resulta (in)creíble gracias al excelente trabajo de sus actrices protagonistas, Saida Fuentes, Yazmina Guerra, Sol Mendoza y la mencionada Cristina Piñero, y que refuerza la música de Jonay Armas.

La otra rompe, además, una regla del género ya que está rodada prácticamente en exteriores (por otro lado, una de las señas de identidad de los trabajos de León Lacave), paisaje que se convierte en un personaje más de esta pesadilla sobre la identidad.

Un conflicto de identidad planea también en Al borde al agua, mediometraje que se desarrolla prácticamente en un pequeño velero y que protagonizan Leonor Cifuentes, Judith Klejn, Idaira Santana, Laura Gómez, Rebeca Campo y Bibi Rodríguez.

Al borde del agua, como otras películas de Vilageliu, invita al espectador a adentrarse en un laberinto de difícil salida. Por eso, durante su exhibición lo mejor es dejarse llevar y no esperar atajos en una película que dispersa sus claves –voluntarias e involuntarias– para  armar una historia que es abstracción. La idea es dejarse llevar y no buscar una lógica, que sin embargo tiene, si se admiten que no hay reglas en el universo mágico y sexual de Vilageliu.

Es una pena, a modo de final, que estos trabajos solo se vean en Tenerife y no en Gran Canaria aunque se espera La otra y Al borde del agua obtengan el recorrido y los espectadores que se merecen.

Saludos, fundamos a encadenado, desde este lado del ordenador.