¿Verdad o consecuencia? (La cursiva es nuestra)

Martes, Abril 10th, 2012

 

LA SEÑORA

Leo la intervención de la consejera de Cultura del Gobierno de Canarias, Inés Rojas,  en esa especie de guachinche en que se ha convertido el Parlamento regional y siento escalofríos.

De hecho, el churro grasiento que estoy a punto de zamparme para que caiga como una bomba en mi estómago se queda congelado entre mis dedos cuando Rojas admite, imagino que mirando a sus aburridas señorías, que la rebaja de 1.500 millones de euros en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para políticas activas de empleo “obligará a reformular la elaboración de un plan de empleo específico para el sector cultural canario.”

Ello hace, informa la consejera, que los recortes que contemplan los PGE obliguen aplantear los objetivos –¿objetivos?– de este año y de los años en que dure la crisis.

Dejo prudentemente el churro sobre el platito y tomo un sorbo de café con leche, ya tibio.

Inés Rojas menciona el tan cacareado, el tan orquestado Plan Estratégico de la Cultura aprobado por el Ejecutivo canario el año pasado. Ya saben, aquella hoja de ruta que nació con el fin de convertirse en el documento de acción para el sector cultural los próximos años y estructurado, recuerda la consejera, en dos fases: diagnóstico y estrategia de futuro.

Es hora pues, apunta Rojas, de profundizar en la estrategia y olvidarnos del diagnóstico. Diagnóstico, cabe señalar, que se limitó a detectar las carencias pero no a detectar el cáncer que ya por el aquel entonces devoraba a un sector acostumbrado a vivir de la sopa boba de las subvenciones.

La consejera propone ahora a los empresarios de la cultura que busquen nichos de oportunidades pero, precisa, “fuera del ámbito de lo público.”

Me pregunto, mientras observo como el churro se encoge en el plato cuál será ahora el paso que darán los miembros que componen el denominado gabinete de crisis. Rojas afirma que el asunto cuenta con el consenso del sector –gabinete de crisis, que son los únicos que han mantenido conversaciones con la señora– para la elaboración de un plan de empleo específico para la cultura aunque, y aquí está el quid, éste deberá ser reformulado ante el anuncio de la rebaja del Estado para políticas activas de empleo. “Trabajaremos desde la transversalidad, con el resto de administraciones públicas y con el sector privado”, anuncia desde su tribuna la consejera quien, entre otras propuestas, reclama intensificar la coordinación con el área de Turismo para la supervivencia de los dos sectores; completar la elaboración de un mapa de equipamientos culturales en las islas y potenciar el binomio Educación-Cultura en el que apuesta — e ignoro quien la habrá asesorado, pero es para ponerse a temblar– impulsar la oferta de estudios superiores en el audiovisual, como si Canarias contara con espacio para sostener a titulados superiores en esta materia.

No hay más que estudiar esa formidable escuela de parados a nivel nacional. Con un cine y unas televisiones en franco retroceso. Reflexiono pues, manía la que se tiene para dar títulos a futuros muertos de hambre.

El churro se parte de la risa en el platito. Algo esmirriado, es la verdad.

UN HÉROE DE NUESTRO TIEMPO

Leo una entrevista con el viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias, Alberto Delgado Prieto. El hombre vuelve a recordar que cuando se anunció el recorte en un 60 por ciento de la inversión al área que gestiona casi dimite. Si uno continúa leyendo, entiendo que aquello fue un calentón porque insiste: “Claro que se me pasó por la cabeza presentar la dimisión. Todos somos humanos, y hay momentos que te encuentras desesperado” y añade más adelante: “También es cierto que desde las distintas asociaciones sectoriales se insistía en que querían tener al frente a alguien que conociera bien la actividad cultural. Y eso me animó a seguir.”

Ahhhhh, suspiro aliviado al entender que Alberto Delgado enfrió el calentón al pedirle el sector, en plural, es decir que hay que suponer que fue todo el sector y no parte del sector cultural, que ni se le pasase por la cabeza dimitir porque “más vale viceconsejero conocido que bueno por conocer…”

Delgado Prieto explica a continuación que con el raquítico presupuesto con que dispone se mantendrá el circuito de teatro, música y danza, el programa Canarias Crea Canarias y, con interrogantes, Canarias Crea. En cuanto a la joya de la corona, Septenio, lean y no se me desmayen: “Cuando no hablábamos de crisis, Septenio supuso una inyección de 4 millones de euros al presupuesto de cultura, fue una subida tremenda. Se quedan pendientes unas ideas fantásticas de cara al futuro. El presupuesto queda en 1,2 millones de euros cuando el año pasado hubo 3 millones. Si restamos los pagos de personal y alquiler, para proyectos quedará en torno a unos 500.000 euros, porque hay algunos proyectos plurianuales que aún estamos pagando, e incluso alguno que acababa el año pasado y les dijimos a los promotores que avanzaran un año para poder fraccionar las ayudas. La situación es la que es, y ya hemos dejado claro que hay que recortar en todos los frentes, no se pueden asumir esos grandes viajes. Creo que hemos puesto nuestro granito de arena en la internacionalización de la cultura canaria, cosa que hace diez años era imposible, habrá que seguir peleando en esa línea porque en las Islas tenemos un mercado de dos millones de personas y hay mucho artista para este público. Y no lo digo en sentido peyorativo (la cursiva es nuestra). Y que esto lo haga a quien le toque desde luego, porque a mí no me va a tocar tal como está el tema (la cursiva vuelve a ser nuestra).”

Hombre de verbo fácil, y refiriéndose a que ahora toca mirar hacia dentro, hacia lo que se hace en las islas, Delgado Prieto insiste en que “hay que ajustarse al dinero que tenemos. Ahora por ejemplo se programa teatro canario. ¿Qué pasa? ¿Nos ha dado el nacionalismo cultural? (la cursiva es nuestra) Pues que no hay dinero para compañías ni artistas nacionales y te llevas a Delirium Teatro y luego resulta que funciona. El sistema es perverso en sí mismo.”

Reconozco que he soltado la risa.

El sistema es perverso en sí mismo… Caray.

El maestro recula ante el sarampión de conciertazos programados en Tenerife y Gran Canaria en mayo y junio próximos. Observen como da una de cal y otra de arena. “Desde luego que hay que ayudar a los grandes conciertos pero este año no podemos. Un concierto como el de Sting el año pasado son 180.000 euros del Gobierno. Y si no es así no lo vemos, ni el público puede pagar las entradas. Lo que no se puede pretender es pagar el caché al grupo para que el empresario se infle. No vamos a intervenir en ninguno de los grandes conciertos programados, porque un gasto de 100.000 euros supone salvar a seis o siete empresas.”

Salvar a seis o siete empresas.

Un héroe, esto solo puede decirlo un héroe. Un héroe de nuestro tiempo.

Ya que un tipo que dice que pensó en dimitir pero que al final no dimite porque ante la presión de los culturetas (todos, parte o uno o dos de los culturetas) lo conveció para continuar adelante y sufrir en sus carnes los latigazos de Inés Rojas y sacrificarse para que el sector no se desintegre por completo, solo lo hace una especie de Sísifo, aquel tipo que subía sobre sus hombros una piedra a la cima de la montaña para ver como ésta volvía a rodar cuesta abajo y vuelta a comenzar… Arriba y abajo. Como la cultura oficial en este territorio desvertebrado. 

Concluyo: un héroe de nuestro tiempo.

Con todas sus letras.

Saludos, en las fronteras sombrías, desde este lado del ordenador.

Harakiri

Jueves, Febrero 9th, 2012

Vivimos en unas islas de infeliz ignorancia. Todas navegan en direcciones diferentes,  lo que ha hecho que los que  residen en una les importe un carajo lo que suceda en la otra. Y así vamos, observando como pasa la historia. Una historia en la que lo único que nos une es una infatigable capacidad para morder al que tenemos al lado.

Esta tendencia enfermiza, que se multiplica por eso que llaman pleito insular, se materializa en el curso natural de nuestra existencia con pasmosa frecuencia. Y se emplea a modo de catarsis burlona en una fiesta, los Carnavales, con la que mantengo un discreto divorcio desde hace años.

Lo escribe alguien que es víctima de la toma de la calle por la masa disfrazada y juerguista. Que escucha resignado –mientras intenta aislarse en su casa de la tenebrosa realidad que se va apoderando a su alrededor– los gritos y las canciones desafinadas de un grupo de borrachos que, ya es inevitable en estas fechas, acaban de amanecida cantando el me gusta la bandera con acento aguardentoso.

Igual de aguardentosa me parece la última polémica en la que se ha visto envuelto el área de Cultura del Gobierno Canario que no da para sustos en este 2012.

La denuncia procede, en esta ocasión, de La Asociación Amigos Canarios de la Ópera (ACO), que asienta sus reales en la vecina isla redonda, y colectivo que exige a través de una carta pública que se “aclare con suma urgencia cuánto, cómo y cuándo se va a hacer efectiva la subvención del Gobierno de Canarias a la Temporada de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria Alfredo Kraus,” ya que su continuidad “está en peligro”.

La ACO necesita pasta.

Y como que,

que no hay pasta.

O sí que pudo y puede haber pasta –entiende uno– tras leer las contradictorias declaraciones que tanto el viceconsejero, Alberto Delgado, y su jefa en cosas culturetas, Inés Rojas, han derramado sobre el asunto.  Así que si se lee con atención las noticias, parece que la segunda ha puenteado a su presunto hombre de confianza –que es el primero–  en este problema de todo por la pasta.

La ACO, incendiaria, advierte, que como siga este lío de yo dije diego pero la que tengo encima me responde lo contrario, “este Gobierno pasará a la historia con el honroso título de haberse cargado una actividad cultural de 45 años de vida, con un gravísimo perjuicio a la ciudadanía de Gran Canaria”.

Por lo que zas, el tenebroso espectro del pleito insular vuelve a instalarse en las nunca calmadas aguas que separan a unas islas de las otras.

Rojas, la consejera, ha hecho saber rápidamente que este viernes, 10 de febrero, mantendrá una reunión con los amigos de la ópera.

La pregunta que planea en el aire es si en ese encuentro estará Alberto Delgado.

Planteo la cuestión porque los de la ACO lamentan que el viceconsejero haya dejado caer que esto de la ACO es un grupo de particulares que trata de divertirse a expensas de fondos públicos. Así lo aseguran los aficionados a la ópera en el escrito.

Con la que le está cayendo a Delgado no creo que nadie le gustara estar en su pellejo.

Primero le recortan el presupuesto de Cultura, segundo le protesta parte del sector al que tanto contribuyó a alimentar constituyendo lo que llaman un Gabinete de crisis y tercero lo ningunea su propia jefa probablemente por orden del jefe supremo.

Ya saben, Paulino Rivero.

Ese hombre.

Si yo fuera Alberto Delgado los dejaba a todos colgados. A los de la ACO, a los ingratos del Gabinete de crisis, a Inés Rojas y a ese hombre. Estaría hasta la mismísima coronilla de que me estuvieran torpedeando por casi todos los lados para concluir que, efectivamente, cualquier tiempo pasado fue mejor.

Los de la ACO tiran a dar en su escrito.

Están temerosos de que se queden sin ópera no sé si Gran Canaria o ellos mismos. Brrrrr, qué viruje.

Queremos pasta, grita la panda y, en un ejercicio de inocencia patibularia, escriben: “no entendemos que diga el señor viceconsejero que no hay dinero para la ópera, cuando sí lo hay para otras actividades culturales y todo parece que se trata de una venganza personal del señor viceconsejero.”

O lo que es lo mismo, para los de la ópera Alberto Delgado se ha transformado en Berto el Malo ya que, destacan sin que se les caigan los anillos de los dedos ni las peinetas encima de la cabeza, Berto quiere  vengarse “por haberle demostrado ACO, con informes técnicos irrebatibles redactados en 1990 y actualizados en 2010, la imposibilidad de coordinar una misma temporada de ópera en ambas capitales.”

Y ah, viejo, ahí está otra raíz del problema con estos amigos de la ópera.

O lo que comentábamos al principio, que cada isla quiere seguir yendo a su puta bola.

En fin.

No sé de lo que hablarán este viernes con la Rojas, doña Iñés que no es roja sino solo de apellido. La pregunta, como apunté antes, es si en esa reunión estará presente Alberto Delgado.

Los de la ACO por lo pronto piden un pronunciamiento de Inés Rojas.

O lo que es lo mismo, del hombre.

De ese hombre.

Así que tal y como están las cosas, entendería perfectamente que Alberto Delgado se hiciera el harakiri.

En el fondo siempre sospeché que tenía vocación de samurái.

Solo que hoy se ha convertido en un ronin, o en un samurái sin amo al que servir.

Saludos, esto es cosa de locos, desde este lado del ordenador.

¡Se queda!

Martes, Enero 17th, 2012

El heraldo recorre las ciudades y pueblos de las ocho islas anunciando la buena nueva. Grita con potente voz de barítono “¡se queda!, ¡se queda!” mientras su caballo relincha casi como si subrayara el portentoso “¡se queda!, ¡se queda!” que sale de la garganta del jinete, que lleva días y noches cabalgando sin descanso alguno para dar la noticia.

- ¡Se queda!- musitan los culturos que antaño se indignaron mientras se ponen de rodillas.

- ¡No tira la toalla!- recitan los culturos antaño indignados mientras se persignan y le ponen velas a la Virgencita de Candelaria. La Virgencita cuyo rostro moreno parece que resplandece.

- ¡Sonríe la Virgencita!- exclama un teatrero.

- ¡Apartad las cabezas que esto lo grabo yo desde mi móvil!- responde una cineasta que vio el abismo y que ahora, agradecida, apunta su móvil de última generación a la figura de la Morena.

- ¡Un milagro!- coincide la mayoría de los culturos a medida que se va propagando la noticia.

¡Alberto Delgado se queda!

El heraldo, que mantiene las riendas de su alazán con fuerza, continúa gritando la buena nueva.

- ¡Se queda!, ¡Se queda!

Un músico llora emocionado.

- ¡No llores!- le consuelan unos.

- Dejadlo llorar… Llora de alegría….- contestan otros.

En las siete islas se baila y se canta. Se abren barricas de vino y de cerveza Dorada, Reina y Tropical

En el cielo sin estrellas de Canarias aparece de pronto la imagen de Alberto Delgado.

ALBERTO DELGADO (tamborileando con los dedos la superficie de una mesa): Estimados todos… Conste que han sido ustedes los que me pidieron que no dimitiera…

- ¡Con dos cojones!- chilla un exaltado.

- Shhhh.- susurran varias voces.- ¡Dejadlo hablar!

ALBERTO DELGADO (tras un fortísimo carraspeo): Compañeros todos… Una advertencia: “La situación no sólo es dramática, sino que es muy probable que lo sea más en el futuro”.

CULTURETAS: ¿Por qué? Tú puedes…

ALBERTO DELGADO (dejando de tamborilear sobre la mesa): Pues porque habrá que conocer, por ejemplo, “la actitud del nuevo Gobierno central con respecto a Canarias. Hay convenios, que compartimos con otros territorios como Baleares o Ceuta y Melilla, que permiten a nuestros creadores partir en igualdad de condiciones con los del resto del Estado. Esas ayudas son con las que articulamos Canarias Crea y no sabemos si seguirán. Estamos en un compás de espera.”

- No, no, no.- gritan unos.

- Ánimo, Alberto, que tú puedes.- gritan otros.

ALBERTO DELGADO (consultando unos papeles): Ya que entiendo que hay consenso informo que objetivo number one: tenemos que “lograr la transversalidad que plantea el Plan Canario de la Cultura ya que es indispensable trabajar con otros departamentos del Gobierno para de algún modo coadyuvar a sacar adelante los proyectos. Algunos se mantendrán sin excesivas dificultades, como el Canarias Crea Canarias, que facilita el desplazamiento entre Islas, o los circuitos de teatro y danza.”

- ¿Plan Canario de qué?- preguntan unos.

- ¿Coadyuvar?- se atragantan otros.

ALBERTO DELGADO (llamando al silencio): A callarse, coño, que no he terminado. Me pregunto si “la cultura, con toda la abstracción que reúne el término, puede conjugarse con el pragmatismo empresarial. Para muchos, Estados Unidos y su ley de mecenazgo es la panacea (sacude la cabeza algo mosquiado)”. “Nosotros tendremos que recorrer ese camino durante bastante tiempo. Cuando tengamos una ley de mecenazgo, que no digo que no sea un objetivo, nos costará 20 años que funcione. Además, este Gobierno de Canarias con la cultura nunca ha buscado ganar ningún tipo de influencia (se escuchan algunas risas entre el público). Siempre, repito, siempre hemos atendido a todos los ayuntamientos, a todos los cabildos, y nos da exactamente igual su color político. Y si algo puede superar ese riesgo es la cultura. En el caso de Canarias, el patrocinio público es de obligado cumplimiento: los costes son mucho más elevados que en la Península, y además, la gente está acostumbrada a pagar menos por el producto cultural.”

- Y Paulino, ¿ónde está Paulino?

- Eso, eso.- dicen los culturetas que miran al cielo donde la imagen de Alberto Delgado aparece y desaparece porque hay interferencias.

ALBERTO DELGADO (quitándose las gafas): “Hemos mantenido una larga conversación acerca del complejo momento que vivimos. Pero además, tengo mucho interés en que el presidente se reúna con los representantes del sector, el gabinete de crisis, y explique de viva voz cuál es la senda que quiere buscar el Gobierno. Porque el artífice de lo que hemos conseguido en estos últimos cuatro años es Paulino Rivero. Si él no hubiera estado apoyándonos, esto no hubiera salido adelante.”

- Ohhhhhhh.

ALBERTO DELGADO (visiblemente emocionado se limpia una lágrima que resbala por su ojo derecho): “El salto cualitativo en política cultural ha sido enorme, y por eso me gustaría que la gente se convenciera con argumentos de que los recortes no responden a que el presidente haya cambiado su forma de pensar en cuanto al apoyo a la cultura, no, sino a una crisis muy profunda. ¿Yo hubiera hecho otros presupuestos? Seguro, y lo más probable es que habría metido la pata. Pero está claro que habría realizado un reajuste en el documento mayor del que se hizo, aunque no sé cómo y no sé de dónde”.

- ¡Vaya!- exclama el exaltado.

- Shhhhhhh….- le ordena el resto de culturetas antaño igual de exaltados.

ALBERTO DELGADO (que se coloca las gafas): Y han de saber ustedes que “casi todos los días, e incluso, antes de que comenzara todo este jaleo, pensaba en dimitir. Este trabajo es duro y también hay mucha gente, especialmente en algunos medios de comunicación, que considera que todo es negativo, que todo está mal. Pero ha sido el propio sector cultural el que me ha dicho que no quiere que me vaya. Y eso quizás responda a que me reúno con ellos con mucha frecuencia para intentar consensuar las decisiones más importantes.”

- ¡Malditos periodistas!- gritan los más emocionados.- ¡A la hoguera con ellos!

- No te merecemos.- hablan otros.

- ¡Que ahorquen a los malos periodistas!

- Eso, eso…

- En Canarias volvería a amanecer….- recita un poeta con sospechosa camisa tricolor.

- Todo negativo, todo negativo… Son unas malas bestias, Alberto, no les hagas puto caso… Tú a lo tuyo, como siempre… No te dejes amedrentar por los juntaletras que van de ilustrados.

-Y de iluminados.- añade otra voz.

La imagen de Alberto Delgado se contrae y cuando vuelve a recuperar la forma original ésta carece de sonido. La boca de Delgado se mueve de arriba abajo sin que nadie sepa qué demonios está contando.

- ¿Alguien sabe leer los labios?- pregunta un tipo con gafas y barba bien cortada entre los miembros del gabinete de crisis.

La boca de Delgado continúa moviéndose. El Viceconsejero se encoje de hombros y ríe. Claro que su risa, cristalina como las aguas del Atlántico que bañan las costas de Canarias, no se oye.

- A reírse.- recomienda el de las gafitas y barba bien recortada.- A la de tres: Uno, dos y…

- Hahahahahahahaha…

Alberto Delgado asiente satisfecho y de pronto su imagen se desvanece dejando a  la mayoría de los culturetas con la falsa carcajada en la boca mientras miran mesmerizados el cielo.

La noche oscura vuelve a cernir sobre Canarias.

Y nadie reacciona, ni siquiera el exaltado.

Pero de pronto, en la lejanía, llega en oleadas un eco alentador:

- ¡Se queda!, ¡Se queda!- repite el heraldo que no ha dejado de recorrer las ocho islas dando noticia de la buena nueva.

- ¡Se queda!

- Jajajajajajajaja.- ríe el exaltado.

 (*) Las declaraciones entrecomilladas del viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias, Alberto Delgado, están tomadas de una entrevista que publica Diario de Avisos en su edición del 16-I-2012.

NOTA: La imagen que ilustra este post corresponde a una de las tres películas de Fantomas protagonizadas por Jean Marais y mi cordialmente detestado Louis de Funès.

Saludos, visitando San Borondón, desde este lado del ordenador.

Cuatro días de enero (Y yo que sé…)

Domingo, Enero 8th, 2012

DÍA 5 DE ENERO.- Las calles de la ciudad muerta en la que vivo están repletas de gente. Caminar por las aceras se convierte en una carrera de obstáculos. Me meto en un café donde no me hacen caso. En un periódico que cojo al azar de la barra leo que todo va bien. Por alguien a mi lado y rodeado de pequeños caimanes con forma de niños que solo saben ladrar me entero que esta noche vienen unos Reyes. Escucho en la calle los mensajes que registra el buzón de voz. Clara, claro, recita las órdenes con  su tono habitual. Ese que nada entre melodioso y amenazante. Me pregunto como será Clara. Por la voz me la imagino como un cruce entre Mercedes Milá y Belén Esteban. Solo le falta añadir cuando termina su mensaje el “Yo por lo que hago matoooo.” Trago saliva porque no sé por donde empezar.

DÍA 6 DE ENERO.- Me levanto temprano no por el despertador sino por el chillido de entusiasmo que da la niña del quinto. Algo así como “me han taido la bicleta”. Supongo que habrán sido los Reyes esos. Tras desayunar una taza de café –cargado, amargo, fuerte y espeso– salgo a la calle con mi camiseta de Homero Simpson y unos pantalones bermudas que tenía en la pila de ropa medio sucia.

Compruebo tranquilo que la ciudad ha vuelto a su estado habitual: muerta. Si me cruzo con alguien es con cansados padres y madres llevando encima bolsas de churros. La grasa le ha estropeado a un concejal la camisa rosa que lleva. Su mujer mientras le da collejas lo llama Pedazooo de Betaaadine.

Subo una pendiente y otra y otra hasta llegar a la casa de uno que dice es cineasta para ver si me puede dar pistas sobre la persona que busco.

El que dice que es cineasta vive con su mujer y cuatro hijos. Aún con esas, sospecho que es un psicópata y sospecho que él también lo sabe.

Me invita a un zumo de naranja de bote mientras nos sentamos en el salón, cuyas paredes están decoradas con pistolas y revólveres, fusiles y escopetas. Cruza las piernas mientras se hace un porro.

- Usté dirá.- me dice dando una calada al cigarrito.

Saco la foto y se la muestro.

- ¿Dónde está?.-pregunto haciendo énfasis en el dónde y en el está.

- ¿Alberto Delgado?.- se encoge de hombros.- Y yo que sé

El cineasta se levanta dando unos traspiés.

Aprovecho entonces que estoy solo para investigar en su ordenador, que está encendido y leo lo que supongo debe ser una sinopsis para una de esas películas que si se ruedan solo veremos en las islas. Con suerte.

 “La cámara sigue una bolsa de papel que revolotea caprichosamente por el viento. La bolsa se detiene en los pies de Ana, que mira fijamente a la cámara.

ANA (fría): Estoy sola.

La bolsa de papel se levanta de sus pies por una corriente de aire y se traba en los zapatos de Mario.

MARIO (frío y mirando a cámara): Estoy solo.”

Dejo de leer cuando el cineasta regresa. Ahora lleva en las manos un vaso de cerveza. Me quedo mirándolo fijamente.

Del piso de arriba una voz femenina grita:

- ¡¡¡Inútil, haz el desayuno!!!

Me encojo de hombros y más que sonreír hago una mueca.

- Me ha sido de gran ayuda. Hasta la próxima.

- Hey.- exclama el tipo.- ¿No quiere leer mi guión?

Pero cierro la puerta y deambulo por la ciudad muerta.

Llego a casa del poeta.

Éste me abre en bata y con pinta de haber pasado mala noche.

- Pase, pase.- me dice eructando.

Se sirve un vaso de agua en la cocina y deja caer dentro de él una pastilla que se disuelve con un alarmante fssssss. Me siento en una silla y despejo de migas y cucarachas mañaneras la mesa para apoyar los brazos. Saco la foto y hago la pregunta de rigor.

- ¿Alberto?.- pregunta.- Y yo que sé.

El poeta se toma el agua. Eructa sonoramente y aprovecho para escabullirme antes de que me recite su última Oda a… Cierro la puerta cuando parece que concluye con el título de la jodida oda.

Cruzo las calles solitarias bajo un sol del carajo. Las manchas de sudor dibujan manchas bajo mis sobacos.

Toco el timbre en la casa del escultor. Del teatrero y del pintor. También del músico, que me recibe con un timple entre las manos.

Me habla de sus cosas. Del dinero que ha perdido este año y de la decencia. Allá él. Cuando le muestro la foto responde lo mismo que me han respondido todos: y yo que sé. Así que cuando llego a la casa del periodista las piezas comienzan a unirse.

Aunque oh, oh… el periodista no contesta. Me asomo a la ventana porque el tipo vive en un bajo y tras limpiar el cristal de polvo con un pañuelo de papel lo veo sentado mirando la televisión.

Sé que ha muerto porque en la pequeña pantalla parpadea lo que debe ser un partido de tenis.

Me encuentro en una hamburguesería. He pedido dos perritos calientes con todo y una hamburguesa. La que sirve es una chica guapa aunque antipática. Morena, con ojos negros y curvas peligrosas. Intento ser gracioso pero no me sale ninguna tontería de la boca salvo lo de “por favor, no me ponga mayonesa en los perritos y sí mucha cebolla.”

Cuando voy a hincarle el diente a la hamburguesa suena el móvil.

Es Clara.

- Estoy a punto de dar con él.- miento.

Clara suelta algo que no entiendo pero respondo que “seguro, seguro, todo bajo control.”

DÍA 7 DE ENERO.- No he tenido buena noche. Los culpables, razono, los puñeteros perritos y la hamburguesa. Me lavo la boca y me cepillo los dientes que hieden a mostaza dulce y salsa ketchup. Preparo la cafetera y mientras se hace el café me tumbo en la cama y miro la fotografía.

“Alberto sin bigote no parece el mismo”.- pienso.

Luego me pongo a tararear una canción y me visto. Camisa de pana pasada de moda Yves Saint Lauren, pantalones vaqueros Lois etiqueta roja y mis formidables zapatos de piel de cocodrilo. Me pongo la chaqueta y me bebo el café.

Como sé que me la voy a encontrar en el callejón hago que la veo sorprendido.

- Candelaria, mujer, tú por aquí.- digo falsete.

- Trabajo encima.- me responde Candelaria con su mirada de pocos amigos.

Sonrió y la invito a otro cortado. Yo pido un vasito de agua con gas.

Saco la fotografía y le hago la pregunta.

- Hace tiempo que no lo veo. ¿Por qué?.- Responde igual de amable que siempre.

- Vamos a decir que lo hecho de menos.

- ¿Por qué?.- insiste igual de amable que siempre.

- Digamos que, pese a todo, le tengo aprecio.

- Pues pregúntale a él.

- ¿A quién?

- A él.- Y señala con el dedo hacia arriba y luego hacia abajo.

Asiento en silencio y mientras me acaricio la barbilla ella se levanta. Por el rabillo del ojo veo que paga las consumiciones.

Igual de simpática que siempre”, reflexiono.

DÍA 8 DE ENERO.- Paseo por el Rastro hasta los cojones de la versión Titanic que tocan unos indios con sus flautas. Veo cosas interesantes aunque no compro nada. Mis pasos se detienen como por arte de magia frente al búnker de presidencia del Gobierno. Le pregunto al segurita si está Paulino.

- Estar debe de estar. Pero creo que está durmiendo.- me dice el tipo, que lleva un bigote de morsa como el del camarada Stalin.

- Pues levántalo que tengo que hacerle unas preguntas.

El segurita habla por un teléfono y al cabo del rato me dice que pase. Subo en ascensor hasta el piso del presidente, quien me recibe en bata color Burdeos. En la mano lleva una copa. Me pregunta si quiero lo mismo pero le pido un té.

Sentados en un cómodo sillón le muestro la foto y hago la pregunta.

- Ah, Alberto… Alberto…–susurra Paulino agitando la copa.– Qué pesado con la reunión.

- ¿Reunión? – pregunto lamentando no haber pedido lo mismo que toma Paulino.

- Sí hombre, la reunión con los culturetas esos. Ya sabe.

- Ya sé.

Doy un sorbo al té, que me sabe frío y amargo.

- ¿Dónde está?.- vuelvo a preguntar.

Paulino se limpia los cristales de las gafas.

- Y yo que sé.

- Como que yo que sé….- respondo cabreado no por lo que me dice sino por el puñetero té.

- Se fue el muy gañán. Ya no trabaja para la Organización.

- ¿Eh?

Paulino termina la copa y se levanta para servirse otra. Estoy tentado en pedirle que me ponga una a a mí.

- Se fue. Fin de la historia.

Fin de la historia. Fin de la historia me repite la cabeza mientras camino por el Rastro con las flautas de los indios interpretando ahora –es un decir– el tema central de La Misión.

Llamo a Clara para dejar las cuentas claras.

Y cuelgo antes de que me ordene averiguar quién sustituirá a Alberto.

Compro un ramo de margaritas en la entrada del Mercado Nuestra Señora de África y llamo a un taxi.

- ¿A dónde, caballero?

- No se confunda usté y enfile directo a Santa Lastenia.

Saludos, pálido negro criminal, desde este lado del ordenador.

Sonámbulos

Sábado, Diciembre 3rd, 2011

Los cuatro representantes del Gabinete de crisis se sacuden las fatigas acumuladas tras tantos días de vivo sin vivir en mi cuando penetran en la estancia. Al fondo de una mesa irregular están sentados Inés Rojas y Alberto Delgado, que pasea entre sus dedos un bolígrafo.

- Sentarse, sentarse.- dice Delgado sin dejar de mover el bolígrafo entre sus dedos.

Los cuatro se sientan.

Primerísimo plano de sus ojos.

Primerísimo plano de los ojos de Inés Rojas.

Primerísimo plano de los dedos de Delgado moviendo el bolígrafo entre sus dedos.

El aire está tenso. Casi se puede cortar con el filo de una navaja.

- Siéntanse como en su casa. ¿Café, té, agua?

- Café.

- Agua.

- Té.

- Nada, gracias.

- Buenoooo….- exclama Delgado para romper el hielo.

- Ustedes dirán.- dice Inés Rojas.

Los cuatro se miran unos a otros.

- Yo le voy a ser sincero, señora consejera.- comienza uno que se ajusta las gafas mientras consulta unos papeles que ha dejado sobre la mesa.- La cosa está chunga. Muy chunga.

- No diga más.- le corta Inés Rojas.- Puedo prometer y prometo que vamos a hacer lo posible para arreglar lo imposible.

Otro del gabinete de crisis, aficionado a las películas del oeste, interrumpe: “Yo he venido a por mi hijo”.

Silencio.

- ¿Su hijo?

- Yo…- comienza el otro.

- Siga, siga usted con su exposición.- gritan los otros tres.

Rojas clava su mirada en los cuatro.

- Tres vías.

- ¿Tres vías?.- preguntan los cuatro.

- Tres vías.

- ¡Prestad atención!- salta Delgado.

- Primera vía: a corto plazo plantearemos por enmiendas una mejora en la aportación a Cultura en el borrador de las cuentas que se debate actualmente en el Parlamento de Canarias. Pero ojo, porque no será una subida sustancial y estará destinada a programas muy locales que han quedado desasistidos.

- ….- murmuran los cuatro.

- Segunda vía: invito a quedar a mediados de enero para poner en marcha la creación del Consejo de la Cultura y las Artes de Canarias para buscar fórmulas de viabilidad financiera de futuro para el sector.

- ¿Cuánto costará ese Consejo?, y ¿quiénes lo integrarán?.- taladra a preguntas el más desconfiado.

- ¡A callar!- le ordenan los otros tres.- Continué usted, señora consejera.

Inés Rojas toma un sorbo de agua.

- Tercera vía: transversalidad con otras consejerías para, a medio plazo, intentar llegar a los siete millones de mínimo que, añadidos a los 2,8 previstos, son necesarios, han dicho, para la supervivencia del sector.

Silencio.  

- ¿Cómo lo ven?.- dice Delgado dejando de mover el bolígrafo entre sus dedos.

-…

- ¡Qué se tenga en cuenta el Plan Estratégico de la Cultura!.- exclama uno.

- Sus palabras suenan como si el presidente del Gobierno fuera consciente de la situación….- reflexiona otro.

Alberto Delgado vuelve a mover el bolígrafo entre sus dedos.

- La cultura, ¡ay, la cultura!… Puedo prometer y prometo que la defenderé con la misma vehemencia como siempre he defendido las políticas sociales o la vivienda. ¡Viva la cultura!

Los cuatro a la vez se ponen en pie tirando las sillas al suelo: ¡viva la cultura!

Alberto Delgado, sin dejar de mover el bolígrafo entre los dedos: ¡Viva!

- Les toca mover ficha.- dice Rojas.

- Mmmmmm.- mascullan los cuatro.

Otro silencio.

Los cuatro aproximan las cabezas y comienzan a debatir en susurros.

Inés Rojas consulta la hora en su reloj de pulsera.

- Mmmmm.- siguen diciendo los cuatro.

Uno de los cuatro asiente con la cabeza. Aclara la voz con un poco de café.

- Señora consejera, aplazamos, de momento, las posibles movilizaciones planteadas en base al desarrollo de esta entrevista. A falta, claro está, del refrendo de las asambleas que se celebrarán en Tenerife y Las Palmas y que se convocarán la próxima semana para ser informadas de lo acordado y lo aprueben o rechacen.

- Lo aprueben y lo rechacen….- susurra Rojas.

El bolígrafo que se mueve entre los dedos de Delgado da un brinco y cae debajo de la mesa.

- ¡Alberto!

 (Fuente: El Día)

Saludos, sonámbulo, desde este lado del ordenador.

¿Sueños? ¿Sueños son?

Jueves, Noviembre 17th, 2011

Me parece raro.

Extraño.

En el tiempo que llevo como escribidor con aspiraciones a Baterbly recuerdo pocas notas enviadas por la Viceconsejería de Cultura en las que, entre otras cosas, se informara del coste de la actividad a la que se hacía referencia.

Me ha llamado por eso la atención que la enviada el pasado 11-11-2011 y con el título de La Orquesta de Timples de Canarias clausura su gira nacional en el Festival de Jazz de Madrid, se detallase el respaldo económico prestado por el Gobierno canario –60.000 euros– a través del programa Septenio a esta formación compuesta “por doce músicos emergentes procedentes de varias islas, bajo la dirección de Benito Cabrera.”

Escribo esto porque, curiosamente, tan solo un día antes, el 10 de noviembre, Cabrera  anunciaba públicamente su negativa a que al Ejecutivo regional usase el villancico Una sobre el mismo mar para su tradicional campaña navideña, en señal de protesta por el recorte en los presupuestos que sufrirá la Viceconsejería de Cultura en 2012.

Y que tan solo tres días después –el domingo 13– Totoyo Millares publicara en varios periódicos de las islas su feroz ataque al timplista conejero desatando la de Dios.

Claro que son coincidencias. Curiosas coincidencias las que observo en este singular y amargo culebrón que podría llevar por título El efecto de los timplistas bajo los rayos gamma.

Sin embargo, y cueste o no reconocerlo, si ha sonado en la calle la reclamación del movimiento de los culturetas afectados ha sido precisamente por el gesto de Cabrera de negar que el Ejecutivo regional emplee el dichoso villancico para las tristes navidades que se nos avecinan, así como por la incendiaria misiva de Totoyo. El totoyazo como la definió acertadamente Alfonso González Jerez en una de sus columnas.

Tras unos días de calma tensa, y mientras los representantes de parte del sector cultural movilizado visitan a los distintos grupos del arco parlamentario canario con el fin de que el Gobierno que preside Paulino Rivero recapacite y no afeite al cero el presupuesto del área que gestiona Alberto Delgado, Benito Cabrera publica hoy una carta abierta en la que reflexiona sin demasiada chicha ni limoná sobre el vitriólico escrito de Totoyo Millares.

Con razón, Benito Cabrera escribe que el totoyazo desvía la atención “sobre lo verdaderamente importante en un momento difícil”.

Se refiere obviamente al tijeretazo.

Totoyazo, tijeretazo, recortazo

Y aclara que “este año (no siempre lo hacen) me llamaron de una empresa de publicidad para autorizar el uso de mi villancico para la campaña institucional del Gobierno. Si no me hubiesen consultado, estaría sonando en diciembre por la tele y yo (que veo poca), igual ni me habría enterado. Pero me preguntaron. Y pensé “¿por qué les interesa una canción para hacer publicidad cuando han dejado casi a cero los presupuestos para cultura”? Y dije: “No”. Así de simple. Además, comenté en los medios que era un gesto personal, que no pretendía representar a nadie ni ir en contra de nadie. Sólo un gesto. Obviamente, si hubiera sabido (no soy profeta) que la deriva sería encender una chispa para ponernos a pelear entre nosotros, no lo habría hecho. No creo que nadie quiera ser noticia por polémicas.”

Cabrera se pregunta más adelante: “¿Hay que cambiar el modelo? Pues que se revise y mejore. ¿La solución para modificarlo es despojar de presupuestos a la cultura? No lo creo.”

Y añade: “El modelo lo han propuesto y lo han mantenido nuestros políticos. Además, nos olvidamos que en esta lacerante crisis nos han metido el desgobierno de los mandatarios y la falta de escrúpulos de un grupo de bancarios. Mientras, los ciudadanos de a pie, cual zombis salidos de la peli de Fresnadillo (igual se inspiró en la sociedad canaria), nos dedicamos a dar bandazos y a comernos entre nosotros.”

Y yo aclaro: no, Benito, pongo la mano en el fuego que Fresnadillo no se inspiró en la sociedad canaria para su peli. Escribo peli porque así lo escribes.

Y continúa su lamento: “Admiro y respeto el trabajo de Totoyo Millares y el de los 13.000 creadores (incluido usted, Sr. Millares) que han recibido ayudas del ejecutivo canario. Y más aún el de aquellos que, sin recibir lo que merecen, siguen en la brega.”

Y recuerda con justificada amargura: “Ya pedí –públicamente y por escrito– el Premio Canarias para Totoyo hace unos pocos años. Igual que pedí por escrito que se le concediera (al menos) la medalla de oro de Canarias a mi amigo y compañero José Antonio Ramos. Por cierto, no sé de dónde sale que yo estuve de jurado en la convocatoria en la que no se le dio el premio. Ese año estaba yo propuesto por el Círculo de Amistad XII de Enero como candidato, por lo que no podía formar parte de ese jurado.”

El resto de la carta abierta responde a los totoyazos con desgana. Sabe a carta escrita con frustración.

No percibo en ella rebeldía y sí un resignado vacío.

Benito Cabrera escribe y escribe mientras transmite, a mi juicio, algo así como “esto no se hace.”

Y al final pide que “no entremos en el juego del divide y vencerás.”

 Conclusión como lector:

Me encojo de hombros.

Alea jacta est.

Y atención, pregunta, ¿cómo afectará el recortazo a Deportes?

Lean este artículo de Luis Padillla. (Danke a quien ya sabe…)

Saludos, está escrito, desde este lado del ordenador.