Archive for the ‘Óbitos’ Category

Fallece el cantautor y poeta Alberto Cañete

Domingo, Octubre 11th, 2020

El mundo de la Cultura solo se pone de acuerdo cuando desaparece “uno de los nuestros”. Es la sensación amarga que tengo con el anuncio del fallecimiento de Alberto Cañete del Toro, primero cantautor y poeta y después concejal de Educación, Juventud y Desarrollo Local del Ayuntamiento de La Laguna, en representación de Unidas Podemos.

No fueron muchas las ocasiones en las que conversé con Alberto Cañete pero en todas aquellas oportunidades salí con la agradable sensación que aquel tipo era un buen tipo. No sé si les pasará a los que continuamos en este valle de lágrimas pero hay gente que te cae bien y otra que no te cae nada bien. A los primeros llegas incluso a quererlos aunque no hayas compartido momentos siempre gozosos de ocio mientras que con los segundos prefieres (intuición lo llamo) mantenerlos alejados sin que te hayan hecho nada. A ambos los saludas por las calle pero el saludo en uno es sincero y en otros solo una formalidad, un acto mecánico de buena educación.

La primera vez que hablé con Alberto Cañete del Toro fue cuando trabajaba en la ya desaparecida CajaCanarias para hablar con Alberto Delgado del por aquel entonces Festival de Jazz. Creo que fue la edición en la que tocó Chick Corea que no recuerdo ahora si fue la misma en la que vimos actuar al vibrafonista Milt Jackson, toda una leyenda como leyenda me resulta todo aquel pasado de fastos culturales con nombres y apellidos y de una ciudad, la de La Laguna, que todavía era capital cultural no sé si de Canarias pero sí de Tenerife.

Como debe de saber todo el mundo, La Laguna se despojó de aquella aureola de prestigio porque las fiestas del Cristo y la Semana Santa son demasiado sagradas y el relevo lo cogió la capital de la isla, testigo que como todo el mundo sabe ya, se le olvidó en alguna parte. Miro hacia atrás y pienso, es inevitable, que sin lugar a dudas para Santa Cruz de Tenerife cualquier tiempo pasado fue mejor. Mejor porque la ciudad disfrutaba además de su teatro de toda la vida, el Guimerá, con el Pérez Minik que se encontraba en ese parque que hoy está en ruinas, el Viera y Clavijo. También estaba abierto el Círculo de Bellas y el Ateneo en la vecina La Laguna y se celebraban conciertos en la plaza de toros que, mira tú que siniestra casualidad, está en ruinas como lo está el antiguo templo masónico de la calle de San Lucas de la capital chicharrera. Creo a veces, cuando paso delante de su todavía señorial fachada, que los responsables municipales hacen pactos con Satanás para que venga una tormenta de esas y termine por desmoronar lo que no es sino pasado de esta humilde capital de provincias.

Pero hablaba de Aberto Cañete del Toro y se me va el baifo, algo habitual cuando escribo necrológicas porque no me gusta escribir necrológicas. Su tono es demasiado triste, uno evoca momentos con el que se fue y siente rabia porque piensa que son siempre los mejores los que se van antes.

De Cañete del Toro nos queda al menos su trabajo como artista y político aunque nunca lo vi como esto último, lo que es un piropo viniendo de alguien que recela de toda esta gente.

Un amigo también ausente me advertía siempre que iba a cubrir algún pleno en el Parlamento de Canarias que llevara las manos en los bolsillos por si acaso. Ese acaso implicaba que si nos las metías lo más probable que es saliera sin la cartera ni las llaves de casa. Le hice caso, por lo que no perdí “accidentalmente” la cartera ni las llaves cuando entraba en aquella casa de vanidades… pero, oh, ¿lo ven?, vuelvo a irme por las ramas aunque algo me dice que es lo que a Alberto Cañete del Toro le gustaría que hiciera.

En fin, no llegué a conocerlo como leo ahora que lo conocía todo el mundo de la cultura que, como dije al principio, se pone siempre de acuerdo cuando “uno de los nuestros” desaparece pero es que en el caso de este caballero es una verdad de esas que resultan aplastantes.

Un buen tipo que debe de estar tocando la guitarra y cantando sus canciones si existe un más allá. Detrás deja discos como el de Nueva Canción Canaria, junto a Pedro Guerra, Rogelio Botanz, Andrés Molina, Marisa Medina y José Luis Calcines, su etapa como fundador de Tríptico y grabaciones donde compartió micrófonos con miembros destacados de la llamada nueva trova cubana como Silvio Rodríguez y Vicente Feliú.

En fin, y como ya se dijo, se nos ha ido un hombre bueno.

Saludos, gimamos, gimamos, gimamos, desde este lado del ordenador

Qué buena pareja hacen, dirán los ángeles

Domingo, Julio 26th, 2020

La actriz Olivia de Haviland cumplió el pasado 1 de julio la respetable edad de 104 años y se nos fue hoy, 26 de julio, llevándose con ella a la última representante del Hollywood clásico.

La mayoría la recuerda por su trabajo en Lo que el viento se llevó, donde interpreta a la candorosa y sureña Melanie Hamilton, la joven que se casa con Ashley Wilkes, la obsesión de su íntima amiga Scarlata O’Hara, que es la protagonista de este intenso dramón ambientado en la Guerra de Secesión de los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, y antes de verla en este largometraje que se ha convertido en una leyenda –leyenda que aún vive en la actualidad por razones que no tienen nada que ver con el cine– Olivia de Havilland siempre estará presente en mi memoria cinéfila por las películas que protagonizó junto al apuesto Errol Flynn porque, saben ustedes, hacían muy buena pareja.

Están juntos en Robin de los bosques, El capitán Blood, La carga de la brigada ligera, Dogde, ciudad sin ley, La vida privada de Elizabeth y Essex, Camino de Santa Fe y Murieron con las botas puestas, y la química que tienen los dos registra la misma intensidad con independencia de cual sea el filme. Cuando estaban juntos parece que solo una mujer como ella fuera capaz de, si no domesticar, sí que serenar al impetuoso actor gallardo y calavera.

Olivia de Havilland demostró con el paso de los años que no por ser estrella se había acostumbrado a interpretar siempre el mismo papel. Si la ven en La heredera no la reconocerán. Se trata de un clásico con todas sus letras del cine, y un filme donde compartió gracias y desgracias románticas con Montgomery Clift en una adaptación al pie de la letra de la novela de Henry James que dirige con talento William Wyler; trabajó también a las órdenes de Robert Aldrich en Canción de cuna para un cadáver (Hush, hush… Sweet Charlotte) y terminó su carrera en el cine en grandes producciones con grandes repartos de viejas glorias de Hollywood, entre otras Aeropuerto 77 y El enjambre, cine de catástrofe en estado puro aunque como películas no hayan resistido bien el paso del tiempo.

Hermana de Joan Fontaine,Rebeca, con Olivia de Havilland desaparece la última leyenda de Hollywood y con ella un cine irrepetible que ya no volverá. La pena por tanto que sienten los aficionados es sincera. Así que respetad las muestras de condolencia y en distintos idiomas que ha pronunciado un mundo que tampoco volverá a ser el mismo. Y eso que hace tiempo habíamos perdido la inocencia, o eso decían. Y dicen los agoreros que más que ver especulan sobre el futuro que nos espera.

Los que crecimos y la amamos sin conocerla como Olivia de Havilland sino como actriz sentimos su marcha como cuando se va alguien muy querido y venerable. Querido por lo feliz que nos hizo con sus películas, sobre todo junto a Errol Flynn, y venerable porque más que nuestra abuela se convirtió en la bisabula de generaciones de espectadores que, sobre todo cuando rebasó la barrera de los cien años, pensábamos que iba a vivir eternamente.

Olivia de Havilland nació un año antes que los Estados Unidos de Norteamérica entrara en la I Guerra Mundial y su carrera dio un gigantesco giro como estrella de la Warner durante los 40, en plena II Guerra Mundial y lo que restó de la década. Los años cincuenta también fueron generosos con ella hasta que se fue retirando del cine con apariciones esporádicas en los sesenta y setenta hasta despedirse definitivamente de la pantalla grande en los 80.

En ese momento, la actriz desapareció del mundo del espectáculo aunque se llevó a casa dos premios Oscar y la satisfacción del deber cumplido.

Fallece, ya se dijo, este domingo 26 de julio del 2020 y espero, si existe el más allá, que se encuentre con Erroly Flynn.

“Qué buena pareja hacen”, dirán entonces los ángeles.

* La imagen corresponde a Murieron con las botas puestas (Raoulk Walsh, 1941)

Saludos, adiós, desde este lado del ordenador.

Fallece el escritor, músico y periodista Manuel Almeida

Martes, Julio 14th, 2020

Martes de fuertes vientos. Y de una noticia que cae como una pieda en las aparentemente tranquilas aguas de la república de las letras canarisa: fallece el escritor, músico y periodista Manuel Almeida (Las Palmas de Gran Canaria, 1962) tras una larga enfermedad.

En el campo de las letras, Manuel Almedida trabajó para los periódicos La Tribuna de Canarias, El Mundo/La Gaceta de Canarias, La Provincia o Canarias7 y puso en marcha un blog de referencia Mangas verdes, por el que obtuvo varios premios como el de Mejor Comunicador en Internet, otorgado por la Asociación de Usuarios de Internet (AUI) en 2010, Mejor Blog Español en los premios 20Blogs, del periódico 20minutos en 2008 o el Premio Especial del Jurado de los premios bitacoras.com en 2008. Publicaba sus relatos y poemas en otro blog mmedia.

Autor de novelas como El Manifiesto Ñ y Evanescencia y de libros como Tres en raya y El líder de las alcantarilla y doce psicorelatos ilustrados, dirigía desde 2017 la revista digital literaria Dragaria. Publicó dos discos como cantautor, Nueva Semilla y En Movimiento Presentó y dirigió además el programa de radio dedicado al pop rock canario Canarias a 100.

Llámala Janet, Janet Leigh

Lunes, Julio 6th, 2020

Un día extraño y triste para la comunidad cinéfila que se ha despertado con el anuncio de la muerte del compositor italiano Ennio Morricone, ese artista que tuvo la particularidad de que casi todo el mundo se quedara con lo que estaba sonando por extravagante que resultara la sintonía. Dicho esto, y recordando a la afición que no nos gusta lamentar a nuestros muertos porque son ya demasiados los que cargamos en la mochila y con la esperanza de que, probablemente, todos se hayan ido a un lugar mejor, celebremos hoy que tal día como hoy (y van) abrió los ojos al mundo Janet Leigh (Merced, California; 6 de julio de 1927 – Beverly Hills; 3 de octubre de 2004), una discreta actriz de arrolladora presencia que protagonizó un puñado de títulos de gran importancia dentro del cine norteamericano. La filmografía llegó a su colofón con su actuación como protagonista en la primera parte, la mejor sin duda, de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) y la recordada por terrorífica escena de la ducha. Asesinato, el agua que se mezcla con sangre y se cuela por el sumidero…

La carrera cinematográfica de Janet Leigh cuenta también con otras películas. La pueden ver en Colorado Jim, que es uno de los más grandes western de la Historia del cine; en Sed de mal, donde acompaña a un Charlton Heston disfrazado de mexicano entrando y saliendo de la frontera; Scaramouche, que es una deliciosa película de aventuras que no deberían dejar de ver y Los vikingos, ¿Quién era esa chica? y El gran Houdini, que son filmes en los que compartió protagonismo con quien fue su marido, Tony Curtis. Resultado de esa unión, otro milagro: Jamie Lee Curtis.

El papel de su vida fue, sin embargo, el que protagoniza en Psicosis donde interpreta a una atractiva mujer que llega al siniestro motel Bates para descansar de un largo viaje que no es otra cosa que una huida, una escapada porque ha robado no sé cuántos dólares a su jefe… Imagino que a estas alturas no habrá nadie por aquí que no haya visto Psicosis que es de lo mejor que firmó el maestro del suspense. Si no es así, corran y vean la que, probablemente, sea la cinta madre de un subgénero (psicokillers) cuyas películas ni de lejos llegan a la altura de esta obra maestra.

Muchas felicidades, Janet. Felicidades que hacemos extensivas a Sylvester Stallone y Geoffrey Rush, dos maneras de actuar y entender el cine que, ya ven, nacieron también tal día como hoy. Un hoy triste, lastimoso y en el que suena desde primeras horas de la mañana la chirriante banda sonora de La muerte tenía un precio.

Saludos, wacha wacha wacha wauuuu, desde este lado del ordenador

Notas con mucho de agridulce

Viernes, Junio 12th, 2020

* El Ayuntamiento de La Laguna acordó este jueves, 11 de junio, una moción institucional para el inicio de un expediente de distinciones y honores al poeta y escritor José Carlos Cataño (La Laguna, 1954-Barcelona, 2019).

* Una triste noticia, fallece esta semana en Madrid el actor Chicho Castillo a la edad de 58 años. Castillo formó parte del reparto de la serie Hierro e intervino en diversos episodios de El Juramento de Punta Brava, Balas Perdidas, Al salir de clase, Física o química y Ana y los siete.

* Antonio Martín Piñero obtiene con Amarillos el XII Premio Bienal de Poesía Joven Emilio Alfaro Hardisson que convoca el Ateneo de La Laguna. El poeta nació en la capital tinerfeña en 1998 y estudia cuarto curso de Filología Hispánica en la Universidad de La Laguna además de colaborar en la revista y los simposios organizados por la Asociación cultural Cipsela.El jurado de esta edición estuvo formado por los escritores y poetas Antonio López Ortega, Verónica Aranda y Yapci Bienes, quienes deliberaron el fallo telemáticamente.

Saludos, game over, desde este lado del ordenador

En recuerdo de Rubem Fonseca, vastas emociones y pensamientos imperfectos

Jueves, Abril 16th, 2020

Recuerdo que a Ezequiel Pérez Plasencia le gustaba mucho el libro de relatos El cobrador, de Rubem Fonseca, el escritor que nos dejó un poco más huérfanos ayer, miércoles, cuando nos enteramos de su fallecimiento… Por el contrario, yo me había acercado a la obra del escritor brasileño por sus novelas negras aunque no sé si es correcto acuñar lo de negro en la producción de un hombre que siempre fue un paso adelante del resto.

El caso es que Fonseca gustaba tanto a lectores que cultivaban con devoción de cartujo el género policíaco como a los que no. Y Ezequiel Pérez Plasencia no era de los seguidores de este tipo de literatura aunque sí que conocía a Hammett, pero era próximo a él más por las elogiosa palabras que le dedicó su admirado Albert Camus al escritor norteamericano que a sumergirse en la lectura de El halcón maltés, Cosecha roja o La llave de cristal que, a mi modesto entender, es la obra maestra de este detective privado que antes de dedicarse a la literatura trabajó a las órdenes de la patronal para reventar huelgas. Y no, no era algo que a Hammett le gustara recordar.

Tengo en casa varios libros de Rubem Fonseca. Cuando me enteré ayer de su fallecimiento los saqué de la estantería donde estaban apilados y me puse a ojearlos porque esa es una manera que tengo de recordar las sensaciones que me provocaron cuando los leí por primera vez.

No descarto ahora releer a este genial escritor brasileño que fue poco amante de dar entrevistas y salir en los papeles. Lo que quizá poca gente sepa es que don Rubem antes de ser escritor fue abogado. Alguien me dijo que también policía pero no he encontrado ese dato mientras me documentaba para escribir estas líneas que quieren servir de homenaje.

A Fonseca y a mi amigo Ezequiel Pérez Plasencia, con el que mantuve largas conversaciones sobre el escritor brasileño, los imagino dándole la brasa a don Rubem en ese otro mundo en el que recalan los escritores gigantes que no fueron reconocidos como merecían en este planeta Tierra mordido por la enfermedad.

Quien lee a Fonseca ama a Fonseca. Esta es una verdad tan grande como que estamos en casa confinados para evitar que nos pille el monstruo invisible. Repaso los libros que tengo justo a la izquierda del ordenador: El cobrador, Pasado negro, Lucía McCartney (cuentos); El gran arte, Vastas emociones y pensamientos imperfectos, Los prisioneros (cuentos) y El caso Morel.

El gran arte,
Pasado negro y Vastas emociones y pensamientos imperfectos son sus tres obras mayores aunque esto no desmerece los otros libros que escribió. Fonseca además se movía muy bien en la novela como en el cuento, lo que no suele ser habitual, pero recomendaría con mucha humildad a los interesados por conocer su trabajo que se aproximaran al escritor con El gran arte, Pasado negro y Vastas emociones y pensamientos imperfectos.

Ahora que tengo los ejemplares a mano recuerdo con agrado el momento que les dediqué hace ya tiempo. Mucho tiempo. Tanto, que ahora me parece que nunca existió ese tiempo porque entonces era anormal pensar que alguna vez podríamos llegar a la situación en la que nos encontramos ahora.

Viajé en varias ocasiones a Brasil pero nunca visité el estado en el que nació don Rubem, Minas Gerais. El escritor ubica algunos de sus libros en su tierra natal, que es un territorio gigantesco que no tiene salida al mar. Fonseca muere sin embargo en Río de Janeiro, que sí que da al mar y que quizá sea la ciudad más conocida del país, mucho más popular en nuestro imaginario carioca que Sao Pablo, Salvador de Bahía o Brasilia.

En algunos viajes que hice a ese país, cuando me atrevía a hablar brasileño que no es portugués, me preguntaban si yo era paulista por aquello del acento… En fin, conociendo más o menos un poquito Brasil, su afición a la fiesta, al carnaval y al fútbol, es natural que entre caipirinha y caipirinha mi corazón tenga desde entonces mucho de verde y amarillo que son los colores de su bandera, moteada además con un círculo azul cruzado con una banda blanca en la que se lee Ordem e progresso...

Si uno lee las novelas de Fonseca descubre, no obstante, la realidad aplastante de aquel país, ni hay orden ni progreso sino corrupción escandalosa y escalonada. Brasil, me dijo una vez uno de allí, solo se moviliza cuando hay fútbol (doy fe porque lo vi, las calles desiertas mucho antes de que apareciera el Covid-19) y carnaval… Es además el único país del mundo que he visitado donde sentí que me decía todo el tiempo que me quedara, que dejara mi pasado anclado y que comenzara una nueva vida allí, en esa tierra de verdes brillantes, música que emborracha y amaneceres que parecen que serán para siempre…

Muere Rubem Fonseca y me acuerdo de Ezequiel Pérez Plasencia hablándome atropelladamente del escritor, de los fascinantes cuentos que encontraba en El cobrador, y pienso también en mis viajes a una tierra que siempre encontré generosa. De gentes que solo le pedían una cosa a la vida: vivirla.

Rubem Fonseca falleció este miércoles en un mundo completamente diferente al que conocimos hace unas semanas. Me pregunto que pensaría mientras se lo llevaba al otro lado la Señora e imagino, permitan esta licencia, su encuentro con uno de sus reconocidos admiradores, ese Ezequiel Pérez Plasencia al que sigo echando de menos después de tantísimo tiempo…

Muere Rubem Fonseca

Muere…

Saludos, que cansino, reitero, es todo esto, desde este lado del ordenador