Archive for the ‘Óbitos’ Category

Fallece el escritor y poeta Juan José Delgado

Viernes, Septiembre 8th, 2017

El escritor Juan José Delgado falleció la noche de ayer, 7 de septiembre. Su desaparición ha conmocionado a la comunidad literaria de Canarias, donde era uno de sus referentes.

Poeta, escritor y periodista, recuerdo a Juan José Delgado como una persona generosa y dispuesta siempre a echar una mano. También alguien extremadamente tímido y discreto que repartía su magisterio sin pedantería y con ojo crítico. Pueden apreciarlo si leen Por lugares de la modernidad literaria (2008) y en el completo estudio que escribió sobre Rafael Arozarena en los cuatro tomos que recogen su Obra Completa (Ediciones Idea,).

Como agitador cultural, Juan José Delgado fue el coordinador del suplemento de Las Artes y las Letras que editó en su momento ese milagro periodístico que fue La Gaceta de Canarias; así como de Fetasa y de los Cuadernos del Ateneo de La Laguna.

En cuanto a su creación, deja una una obra potente y consolidada en la que destaca sobre todo su mirada interior.

Juan José Delgado nació en Valle de San Lorenzo (1949) y era doctor en Filología Española por la Universidad de La Laguna.

Como narrador fue autor de Estantigua, por el que recibió el Premio de Cuentos Ciudad de Santa Cruz, 1988; Canto de verdugos y ajusticiados, Premio de Novela Ciudad de La Laguna, 1988 y de La fiesta de los infiernos (2002). Cultivó además la novela juvenil en Viaje a las tierras perdidas (2002) y de los libros de poemas como Tres gritos favorables bajo las nubes, Comensales del cuervo, Un espacio bajo el día, entre otros.

Juan José Delgado fue autor también de varias antologías como El cuento literario del siglo XX en Canarias (1999) y de Los mejores relatos canarios del siglo XX (Alfaguara, 2004) y junto a Sabas Martín y Juan Pedro Castañeda de Doce novelas que se pueden leer.

Su último libro de poemas Los cielos que escalamos, lo presentó hace apenas unos mese, el 22 de junio, en el Ateneo de Laguna en un acto en el que estuvo acompañado por su buena amiga Cecilia Domínguez Luis, quien escribió: “Lo poemas de Los cielos que escalamos son, ante todo, un ajuste de cuentas, un hermoso ajuste de cuentas, pero también una lucha entre el deseo de ascender y la realidad del barro sobre el que estamos y al que volveremos.”

Para Sabas Martín, amigo también del escritor y poeta, con este libro lo que transmitió fue “interrogarse a sí, y en sí, para descifrar la verdad del ser, la índole de su condición, la esencia del existir sobre la tierra. Esta es su respuesta: vivir a contratiempo contra el tiempo. Y estremece reconocernos en tamaño destino.”

En julio de este año se publicó Cáscaras, libro en el que Juan José Delgado reúne veintidós cuentos y que edita Baile del Sol.

Saludos desde este lado del ordenador

Fallece el escritor Laureano de Lorenzo

Martes, Septiembre 5th, 2017

Ha muerto Laureano de Lorenzo, escritor y escultor autodidacta que nació en Valcabado del Pan (Zamora) el 4 de diciembre de 1938 y falleció en Tenerife en verano de 2017.

Me entero de la triste noticia por Ánghel Morales y es inevitable que el primer recuerdo que se me venga a la cabeza de Laureano sea con su cámara al hombro retratando cualquier acto de carácter literario que se produjera en la isla.

A Laureano Lorenzo lo conocí en Los Cristianos, en aquellos tiempos en los que se celebrara la desaparecida N Negra de Arona que llevaba con espartano entusiasmo Alexis Ravelo y que trajo a tantos, y tan grandes escritores del género como Andreu Martín o Rora Ribas, y al pope, a uno de los que más sabe del género en España, Paco Camarasa, el fundador de la ya mítica librería Negra y Criminal en la hoy más castigada que nunca Barcelona.

Laureano Lorenzo fue autor del poemario Ventanuco, traducido al alemán por la editorial Konkurbuch, y del libro Viajando entre cañas y copas, un completísimo trabajo sobre la historia, la elaboración y características de las bebidas alcohólicas. También escribiño la novela Puñetera casa, de estructura muy cortaziana.

Laureano de Lorenzo fue el responsable, además, de la página web Bienvenidos a cocteleemos, en la que recogía datos biográficos de bastantes escritores nacidos y/o residentes en las islas.

Ahora que no etá entre nosotros el tópico me obliga a escribir que solo espero, si hay un más allá que este en el que vivimos, que el escritor y barman aficionado se encuentre en el paraíso detrás de una barra preparando fantásticas mezclas de bebidas espirituosas mientras habla y habla con quien sea (en el paraíso no debe de haber clientes sino personas de verdad, sin carne ni huesos, pero de verdad) sobre literatura y de cómo nos cargamos de problemas los que aún continuamos en esto que llaman Tierra.

Saludos, va por usted, Laureano, desde este lado del ordenador.

Brian W. Aldiss, uno de los nuestros

Martes, Agosto 29th, 2017

La literatura británica siempre se tomó muy en serio la fantasía. En todas sus acepciones. Cuenta con maestros en la literatura de terror como Bram Stoker, irlandés, cierto, pero británico aunque sea de provincias; el abismo insondable y cósmico de Machen y Hodgson, entre otros, y la épica ecológica y guerrera de Tolkien. En el campo de la ciencia ficción, marcaron territorio narradores tan talentosos como Wells, Wyndham, J.G. Ballard y Brian W. Aldiss, que falleció el pasado sábado 19 de agosto a la edad de 92 años dejando detrás una obra irregular por productiva, pero en la que cuenta con sobresalientes novelas y cuentos en los que derrocha mucha imaginación.

Brian Aldiss fue de los primeros escritores del género que se atrevió a proponer versiones muy personales de novelas como Frankenstein. El moderno Prometo y La isla del doctor Moreu.

Frankenstein desencadenado fue la primera que leí del autor y la que me animó a continuar con otros trabajos suyos porque su Frankenstein resultó ser una digna aportación al universo gótico que describió Mary Shelley tras la apuesta que se dio en aquella cena legendaria en la villa Diodatti. El escritor regresaría a estas versiones lúdicas que siempre tomaron muy en serio el material original en La otra isla del doctor Moreau, una arriesgada puesta al día de la reconocida novela de H. G. Wells.

Pero estas historias eran eso, solo interpretaciones de un escritor agradecido con sus clásicos, ya que donde Brian Aldiss se crece es cuando se vuelca en la ciencia ficción, aunque más que ciencia, fueran novelas donde la imaginación está por encima de la ciencia.

En este género cuenta con obras como Un mundo desvastado, Invernáculo y Criptozóico y con una novela realista, por decirlo de alguna forma, tan excelente como es Mano dura.

Brian Aldiss fue además un escritor que se manejó muy bien con los cuentos, recopilados en libro como El árbol de la saliva y La estrella imposible. De uno de estos cuentos sacó Stanley Kubrick material para la que sería su próxima película Inteligencia Artificial que más tarde llevaría al cine con más o menos discreto acierto Steven Spielberg.

Con los libros de Brian Aldis se pueden sacar muchas conclusiones al mismo tiempo que nos pone sobreaviso. Era un hombre muy preocupado por el ecologismo y en muchas de sus obras en la que aborda este trema, resulta aún un visionario.

El escritor ocupa junto a Theodore Sturgueon, Bradbury, Wyndham, Ballard y por encima de todos ellos H.G. Wells esa peculiar galería de escritores a los que tanto les debo. Y a los que de tanto en tanto recurro para evadirme del mundo.

Como era de esperar, Brian Aldiss fue despreciado por la crítica pedante, esa que piensa que asomarse a la ciencia ficción es perder el tiempo si quien la escribe no es Orwell o Huxley

No sentirse reconocido por ellos le amargó una tarde, pero él continuó escribiendo fantasía porque se encontraba cómodo fabulando historias que a pesar de sus contexto estaban muy pegadas a la realidad.

La originalidad de un escritor como Brian Aldiss es que casi siempre fue el mismo aunque sus novelas y cuentos contaran historias en escenarios muy diferentes. Si se lee, las preocupaciones en la mayoría de ellas son similares y eso ayuda al lector a reconocerse en ellas y a tomar conciencia de hacía donde vamos si continuamos jugando con lo que tenemos.

El hombre, ya lo dijo alguien, es demasiado insignificante para creer que puede ser Dios.

Saludos, hasta la pròxima, desde este lado del ordenador.

Tope Hooper, un artista de los 80

Domingo, Agosto 27th, 2017

Ha muerto Tobe Hooper, un cineasta que dicho así no llamará la atención de casi nadie que no esté iniciado en el cine fantástico y de terror de los ochenta, que fue una buena añada de directores, guionistas y actores antes de que el género se convirtiera en el circo que es hoy, días infames para fabular a través del horror en los miedos que nos aquejan como sociedad y, dejen que me apure, civilización.

Desgraciadamente, el terror ya no necesita de criaturas de ultratumba, venganzas del más allá y familias trogloditas con instintos asesinos para hacernos temblar en la butaca. El terror, de hecho, se ha instalado en occidente y se emite en directo en nuestros televisiones.

Con el miedo inoculado en nuestras venas, el género ha salvado la cabeza con nuevas fórmulas que me cuesta entender que se empeñen en mostrar tan creíbles. Es difícil, cosas de la edad, que me conmocione ante lo que veo, por lo que echo de menos aquella emoción ante lo imprevisto. O lo insólito porque el terror, como dijo aquel, se ha instalado ya entre nosotros. Y lo que cuenta es el susto y no la creación de atmósferas. Lo inmediato por encima de la construcción del relato.

Tobe Hooper se hizo un hueco en el género por una película primeriza, La matanza de Tejas, que no ha perdido todavía su poder de hacernos pasar miedo. Es probable que sea, como apuntan unos, porque fue rodada con cuatro pavos y con actores más o menos aficionados, lo que le da cierta pátina de macabro realismo.

Película de alcantarilla, tras su estreno generó una corriente de seguidores que lo elevaron a la categoría de culto en unos tiempos donde muchas películas del género fueron etiquetadas así, de culto. Contó además con una fotografía que desmejoró cuando se hinchó a 35 mm aunque ese carácter granulado de la imagen le da, si cabe, mayor entidad como un filme que raya lo documental y que muestra cómo unos chicos son asesinados por una familia de carniceros caníbales que vive en un lugar perdido de Tejas.

Terror rural y con desagradable acento gastronómico, La matanza de Tejas puede verse hoy como un musical en el que prima por encima de otros instrumentos de matarife el sonido de la sierra mecánica que en manos de Leatherface, probablemente el miembro más terrorífico del clan de garrulos, adquiere la dimensión de solista. Y la imagen más socorrida de una película que, como toda buena película de terror, no invita a demasiados visionados porque el espectador lo pasa mal.

El mismo Hooper potenciaría el espíritu de esta película en una segunda parte que pasó sin pena ni gloria aunque el cineasta contó con más presupuesto y actores de peso, entre ellos Dennis Hooper, para rodar la que probablemente sea una de las versiones más delirantes sobre tan extraña como carníviora familia.

Para conocer las interioridades de esta película les animo a que consulten el imprescindible volumen Sesión sangrienta, de Jason Zineman, una apasionante historia del cine de terror de los años 80 escrito con las mismas claves periodísticas que otro gran libro imprescindible sobre elcine de los setenta, Moteros tranquilos, toros salvajes, de Peter Biskind.

En esta obra, Zineman dice que lo que caracteriza La matanza de Tejas de otras películas es “la pasión pura” que sentía Hooper por el género. Y este capítulo, como el resto de la obra, merece ser leído porque aclara muchas cosas sobre ese fenómeno por el miedo que prendió en muchos jóvenes cineastas norteamericanos empeñados aquellos años en revelarnos las pesadillas que habitaban en sus cabezas enfermas. Monstruos y pesadillas que, curiosamente, retroalimentaba su país.

Es verdad que en contra de otros cineasta de su más o menos generación Tobe Hooper no fue uno de sus representantes más aplaudidos aunque tuvo un tosco talento que explotó en la mayoría de sus películas, todas ellas de terror.

En Trampa mortal contaba cómo el dueño de un motel de carretera (Neville Brand) da de comer a su mascota, un caimán que tiene en la piscina, con los huéspedes que ocasionalmente se alojan en su establecimiento y en El misterio de Salem Lot, una miniserie que adaptaba la novela del mismo título de Stephen King, centraba la epidemia de vampiros que se propaga por una pequeña ciudad estadounidense en un señor de la noche con pintas del Nosferatu de Murnau.

No gustó este terrorífico homenaje a los seguidores de la novela pero a mi, personalmente, me parece una digna película de miedo donde incluso hasta David Soul, el Hutch de los televisivos detectives Starky y Hutch, está bien.

La filmografía de Hooper cuenta también con una de terror para adolescente que mantiene el tipo, La casa de los horrores, y con una nueva revisión de los vampiros en su incomprendida Lifeforce, basada vagamente en una novela del escritor ocultista y tan querido en esta casa escobillonera como es Colin Wilson.

Más tarde rodó una nueva versión de una película de los años cincuenta, Invasores de Marte, aunque su estilo había quedado seriamente dañado tras rodar Polstergeist a las órdenes como productor de Steven Spielberg. Con todo, Poltergeist cuenta con escenas que todavía hacen sudar la gota gorda como la del muñeco con pinta de payaso que se encuentra debajo de la cama.

Que esta película fue un éxito, nadie lo pone en duda, y menos la taquilla, e hizo célebre el ya están aquí que más tarde sería utilizado millones de veces en contextos bien diferentes.

Las últimas aportaciones al cine de género que realizó el cineasta no respondieron sin embargo a las expectativas que muchos aficionados que habían crecido con su cine tenían depositado en él. Y no porque se volviera blando, precisamente, sino porque ya no aportaba mucho al género que tanto contribuyó a construir.

Con todo, el cineasta continuó en activo pero sus películas ya no se adaptaban a los nuevos tiempos, lo que hizo que la mayoría de ellas no se estrenaran y pasarán directamente al mercado del vídeo.

Tobe Hooper falleció este sábado, 26 de agosto, en su Austin, natal, Tejas, ese estado que dio título a una de las película de referencia de un género que, como se dijo al principio, hoy va por otros derroteros.

Nadie puede negarle, sin embargo, que gracias a su talento, a su capacidad para crear atmósferas, sentara cátedra y todavía aún hoy se le imite porque dejó huella.

Entre otras cosas, Tobe Hooper deja como legado a un matarife con cara de piel humana que dio origen a otros monstruos, con independencia de que estos vinieran del territorio de los sueños, celebraran Hallowen o pasearan enmascarados por campamentos de verano.

Solo sé, y ya es mucho para alguien que no sabe nada, que con Tobe Hooper desaparece un clásico reciente del género que provoca inquietud y de paso reparte buenos sustos. Y que su cine, por personal, ya es eterno.

Como sus vampiros.

Saludos, gimamos, gumamos, gimamos, desde este lado del ordenador.

>Fallece el actor Will More

Sábado, Agosto 12th, 2017

Se llamaba Joaquín Colmenares-Navascués García-Loygorri de los Ríos aunque su nombre artístico fue Will More. Los más cinéfilos lo recordarán por ser uno de los protagonistas de Arrebato (Iván Zulueta, 1979), título de culto, por si existe ese cine de culto del que tanto se habla, del cine español y película que reflexiona sobre el vampirismo y las drogas adelantándose a toda esa tropa de vampiros y yonquis postmodernos, y película cuyo visionado todavía desconcierta y abduce… Y en la que Will More aparece y desaparece como un fantasma que resiste el paso inevitable del tiempo.

La biografía oficial cuenta que procedía de una familia de abolengo del País Vasco, aunque Will More fue la oveja negra al hacerse artista.

Gracias precisamente a Arrebato disfrutó durante unos años de un éxito que no le reportó demasiadas recompensas sino trabajos esporádicos como secundario y de protagonista en cortometrajes en los que se le pedía que fuera él mismo, esa especie de fantasma, de tipo ido o metido en sí mismo incapaz de entender sus contradicciones.

Vivió durante unos años en la plaza de Ópera, Madrid, uno de los lugares con más encanto de la capital de España, y en la que, cuando recibía invitados, declamaba versos entre trago y trago de cerveza.

Era raro que no cayera bien. Contaba con un punto de locura libertaria que solo tienen los que transitan con naturalidad en el mundo de los vivos como en el de los muertos.

El actor fue protagonista de dos cortometrajes dirigidos por cineastas canarios, y gracias a estos cineastas canarios se tuvo la oportunidad de conocerlo.

Lo pueden ver en Por los viejos tiempos (Miguel Ángel Toledo, 1990), una producción canaria que se rodó fuera de las islas y en la que intervinieron también Luis Suárez y Goya Toledo.

En la película, que cuenta con una excelente factura técnica aunque un guión de traca repleto de diálogos escritos por el enemigo, Will More se interpreta así mismo haciendo de fantasma, que fue el papel de su vida, el de un fantasma que solo busca un lugar en el que desaparecer (derretirse) para la eternidad. Will More está muy bien como muy bien están Luis Suárez y Goya Toledo.

No hace de fantasma, pero sí de un extraordinario e inquietante Mefistófeles en El extraño pacto (Juan Carlos Fresnadillo, 1991), película que está rodada en la fuente del Ángel Caído en el parque del Retiro, también en Madrid.

Como actor aparece en largometrajes como Entre tinieblas, La venganza y Berlín Blues. Su último papel destacado fue en Martín H. (Adolfo Aristarain, 1997), luego y lentamente desapareció del cine español.

Falleció el jueves pasado, justo un día antes de Terele Paz.

Los dioses, dicen, los han acogido en su Gloria.

Saludos, por los viejos tiempos, desde este lado del ordenador.

Muere el caricaturista Eduardo del Río, más conocido como Rius

Miércoles, Agosto 9th, 2017

Su nombre era Eduardo del Río aunque para todos los que lo conocieron como caricaturkista será Rius.

Algunos le debemos a Rius nuestra temprana iniciación en ciencias que no había quien las entendiera y que nos contara como un chiste  El manifiesto comunista, la historia de La joven Alemania, la de la antigua República Democrática, Cuba y la vida y muerte de Ernesto Guevara, más conocido como el Ché,  en una serie de obras en la que mezclaba pericia didáctica con socarrona voz revolucionaria.

No sé que pensaría ahora de todo aquello, pero hizo notable síntesis de procesos que dan dolor de cabeza y enseñó historia con una idea de la izquierda que a muchos les parecerá ingenua pero que caló hondo en muchos que las encontraron por el camino.

Aún conservo en lamentable estado de conservación por usado su Cuba para principiantes (Akal, 1977) y no deja de conmoverme todo aquel entusiasmo por una revolución verde y oliva que se traicionó así misma al grito de “comandante en jefe, ¡ordene!”

Pero eran otros tiempos, tiempos no sé si más inocentes pero sí que más entusiastas y colectivos que los de ahora. Ese ahora que ya no cuenta para dibujarles las cuarenta Eduardo del Río, más conocido como Rius.

Saludos, gimamos, gimamos, gimamos, desde este lado del ordenador.