Archive for the ‘Óbitos’ Category

Fallece la poeta y escritora Olga Rivero Jordán

Jueves, Abril 15th, 2021

La larga vida de Olga Rivero Jordán (San Cristóbal de La Laguna, 24 de noviembre de 1928-14 de abril de 2021) estuvo marcada en sus inicios por la tragedia de la Guerra Civil. Su padre, Luis Rivero, primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de La Laguna,fue preso gubernativo al inicio del golpe militar producido a mediados de julio de 1936, huella que se grabó al rojo vivo en su memoria. Quizá eso explique que desde muy joven sintiera una poderosa atracción por la lectura que, según las fuentes, quedó bien alimentada gracias a las obras que contenía la biblioteca del Instituto de Canarias y que organizara año más tarde tertulias en la que se hablaba de lo divino y lo humano en el Ateneo de La Laguna.

Las crónicas subrayan de una u otra manera que la educación intelectual de Olga Rivero Jordán fue fundamentalmente autodidacta, lo que también explica que su primer libro lo publicara muy tarde, ya con cincuenta años con el título de Los zapatos del mundo, aunque previamente mantuvo una actividad como articulista en periódicos de la provincia, entre ellos Diario de Avisos.

Más narradora que poeta, su obra que forma parte de varias antologías (Escritoras canarias del siglo XX y Antología de 100 escritoras canarias) se caracterizó por una escritura que en palabras del poeta Antonio Arroyo Silva “es único e irreemplazable, producto de un mestizaje expresivo y una memoria poética que recorre desde el primer balbuceo hasta la mayor profundización en el espíritu humano. Su verso seguro va más allá de los límites académicos de escuelas, generaciones, movimientos y prosodias”.

El Gobierno de Canarias la homenajeó en octubre del 2020 en la tercera edición del Día de las Escritoras, un reconocimiento que probablemente le llegó tarde pero que intentó poner en valor la trayectoria de una mujer que antes de identificarse con generaciones sostuvo siempre que era “poeta” porque “creo en la poesía”, así lo recoge la investigadora Bárbara Rodríguez Martín cuando escribe sobre ella en el libro colectivo Escritoras canarias del siglo XX: de la invisibilidad al reconocimiento, capítulo en el que destaca de Olga Rivero Jordán “su gusto por el verso libre, el experimentalismo tipográfico, el cultivo del poema en prosa” y el eco surrealista en muchas de sus composiciones.

A modo de despedida, reproducimos los versos de su poema Sola:

Sola
con el tejido
de mi carne
compongo mariposas
alas que llegan
al final
del universo
.

Fallece el poeta y ensayosta Justo Jorge Padrón

Domingo, Abril 11th, 2021

Ha fallecido en Madrid víctima de la Covid-19 el poeta, traductor y ensayista Justo Jorge Padrón (Las Palmas de Gran Canaria, 1943). Así lo anunciaba ayer, domingo, su esposa Kleopatra Filipova en redes sociales:

“Se acabó. Se me fue el amor de mi vida, mi único marido, mi compañero de viaje. Después de 35 años, 24 horas al día juntos, el maldito Covid nos separó para siempre en el Hospital de la Paz de Madrid. Se nos truncó el futuro, se nos quedaron muchos proyectos sin acabar. Pero te prometo, mi amor, que lucharé siempre por defender tus sueños, por expandir tu gran poesía que hizo felices a tantos lectores en el mundo entero”.

Justo Jorge Padrón estudió Derecho y Filosofía y Letras en al Universidad de Barcelona y regresó a finales de los años 60 a su ciudad natal para ejercer la abogacía aunque la llamada de las letras venció, finalmente, lo que se vaticinaba como una prometedora carrera en los tribunales.

Incluido en la antología Nueva poesía española al cuidado del escritor y poeta José Agustín Goytisolo, Justo Jorge Padrón fue incluido en una gira organizada por el ministerio de Asuntos Exteriores y el Instituto de Cultura Hispánica por doce países iberoamericanos durante la primera década de los años setenta.

Recibió a lo largo de su trayectoria literaria numerosos premios (Boscán, el Fastenrath de la Real Academia Española, entre otros muchos), siendo reconocido en 1997 con el Premio Canarias de Literatura. Tuvo el honor de recoger en 1977 en Estocolmo el Premio Nobel de Literatura concedido al poeta Vicente Aleixandre, quien, por motivos de salud, no pudo asistir a la ceremonia. En los años noventa se postuló su candidatura para un sillón en la Real Academia Española, pero sin éxito.

En su intensa y sentida producción poética Justo Jorge Padrón deja títulos como Oasis de un cosmos, Los círculos del infierno, Escrito en el agua, El arte del poema, Fulgor de Macedonia y Poema a Kleo, publicado en 2020 y dedicados a quien fue su compañera sentimental hasta el fin de sus días. También fue un destacado ensayista, que se refleja en libros como Panorama de la narrativa islandesa contemporánea, La poesía nórdica de postguerra y Esta alegría te pertenece, entre otros títulos. Fue traductor además de importantes escritores escandinavos, literatura que contribuyó a aproximar al lector español.

En una ocasión y como respuesta a la manida pregunta de qué es la poesía, Justo Jorge Padrón dijo estar convencido que “es la memoria de la luz, un resplandor que canta e ilumina los instantes que hemos vivido y con los que todavía vamos a soñar. Es una emoción que recorre la rosa de los vientos del poema, y surge cuando en la palabra se desborda el misterioso asombro de la vida”.

En memoria de F.G. Haghenbeck

Lunes, Abril 5th, 2021

INTRO

Comenzamos la semana con la triste noticia del fallecimiento del escritor mexicano F.G. Haghnbeck, a quien tuvimos oportunidad de conocer en la Semana Negra de Gijón y a quien entrevistamos con motivo de la publicación de la novela Trago amargo, que se desarrolla en Puerto Vallarta durante el rodaje de La noche de la iguana. El protagonista es Sunny Pascal, a quien le encargan quue “haga de niñera” de la tropa de actores y del director que participaron en este largometraje, que adapta una obra teatral de Tenesse Williams.

Haghnbeck era un tipo delgado, con una barbita candado que hacía más afilado el rostro. Llevaba también gafas y le encantaban los cóckteles. De hecho, todos los capítulos de Trago amargo se abren con la receta de uno de estos brebajes. Además de ser el único mexicano que conozco de guionizar una aventura del Supermán de los cómics de visita en México, recuerdo que el último día en Gijón y cuando la guagua conducía a muchos de los invitados de vuelta a Madrid, el escritor reveló lo que creía que podía ser uno de los finales posibles de la serie que por aquel entonces estaba de moda: Perdidos. El secreto estaba celosamente guardado pero les aseguro que Haghenbeck dio en el clavo aunque los que hablaban con él sobre el futuro final de la serie no le hicieron lo que se dice puñetero caso.

LA ENTREVISTA

El escritor F. G. Haghenbeck (Ciudad de México, 1965) ha irrumpido con fuerza en el género de la novela negra y criminal con Trago amargo, editada en España por Roca Editorial, protagonizada por el detective con ecos chandleariano Sunny Pascal y cuya acción se desarrolla en pleno rodaje de un título mítico en la filmografía de John Huston, La noche de la iguana. Haghenbeck, que ya tiene casi a puntos dos títulos más de Pascal, es además el único autor mexicano que ha escrito una versión de Superman para DC Comics Time Warner.

- Trago amargo es una novela extraña. Un policiaco teñido de humor y un gran homenaje al cine.
- Siempre he sido un gran amante de la novela negra y sobre todo de Raymond Chandler que, pienso, es uno de los mejores escritores norteamericanos del siglo XX. La novela nace cuando me trasladé a vivir a Puerto Vallarte, donde conocí a uno de los biógrafos de John Huston, quien me contó que en La noche de la iguana y por órdenes del cineasta, regaló a los actores de la película una pistola de oro con cinco balas de plata a cada uno. Y eso se prestaba para escribir una novela negra que, además, transcurre en 1964, y yo soy un enamorado de los años sesenta.

- Su detective, Sunny Pascal, ¿está inspirado en alguien de la vida real?
- Es un personaje cien por cien de ficción aunque tiene muchos padres, entre otros, Phillip Marlowe. En la novela hago guiños a Marlowe al contar que Sunny Pascal antes de dar con sus huesos en Puerto Vallarta trabajaba en Los Ángeles en la agencia de detectives Carmady, que dio origen al primer gran detective privado chandleriano. También le debe un poco al Héctor Belascoarán de Paco Ignacio Taibo II porque es un detective mexicano muy distinto a los que había leído antes, así que pretendí crear a mi propio investigador privado, tarea en la que me ayudó bastante mi pasado como escritor de cómic, inventándolo incluso visualmente. Y me salió beatnick, con guayabera y barba crecida y amante de los cócteles. Todos estos elementos contribuyeron a que lo perfilara física y mentalmente.

- Sunny Pascal resulta, de todas formas, un personaje de frontera ya que su ascendencia es mexicana y estadounidense.
- Nace así por el inglés. La acción de Trago amargo se desarrolla en México todo el tiempo y en pleno rodaje de una película norteamericana, La noche de la iguana, por lo que el personaje protagonista  tenía que ser alguien que pudiera hablar con la misma facilidad los dos idiomas: el inglés y el español. Me he dado cuenta, además, que la novela funciona muy bien al ser traducida al inglés ya que está narrada en primera persona y el inglés, por su nacimiento forma parte de la personalidad del detective como el español.

- ¿Qué rasgos del carácter de Sunny destacaría como mexicano y norteamericano?

- Creo que su visión sarcástica y humorística es totalmente mexicana y en la novela esa  metáfora chandleriana teñida de humor tenía que ser objetivamente mexicana. En cuanto a su sangre estadounidense, destacaría la sangre fría del personaje. Esa combinación de euforia explosiva y frialdad son los dos rasgos que nivelan el carácter de Sunny.

- Cada capítulo del libro se inicia con la receta y la historia de un cóctel, ¿por qué?
- Se debe a que soy un amante de la cultura que gira alrededor de los cócteles, de la mixiología, de saber de dónde viene, cómo se sirven, qué tipo de copas hay que utilizar por esa nostalgia que arrastro de los años sesenta. Nostalgia que hago extensiva a su música, que también es un elemento importante en la novela, donde siempre hablo de música. Pienso, además, que los cócteles están unidos a la novela y al cine negro. Se me quedó grabada la escena de El sueño eterno en la que Humphrey Bogart y Lauren Bacall toman un Martini. Los cócteles forman parte de la novela negra así que pensé que sus recetas y sus historias podrían servir de segunda lectura a una narración que se organiza como una especie de muñecas rusas. Eso fue lo que me decidió a iniciar cada capítulo con un cóctel, funciona como introducción y segunda lectura porque está relacionado con lo que pasa en cada capítulo.

- Esta no será la última novela de Sunny Pascal. ¿Está trabajando ya la continuación?
- Mi idea es que se convierta en una serie. La segunda transcurrirá en el Festival de Acapulco que fue un certamen muy importante en los años sesenta. Entre otros personajes reales parecerá Johnny Weissmüller y el mafioso Sam Giancana. La tercera novela se desarrollará durante el rodaje en Almería de Por un puñado de dólares, donde Sunny buscará a la hija desaparecida de una maquilladora.

- Como en Trago amargo, donde mezcla personajes reales con ficticios, ¿cómo se pone en la piel de gente como Richard Burton, Elizabeth Taylor, Sue Lyon, Ava Gardner y John Huston, entre otros?
- Mi forma de trabajo con ellos es sencilla: todas las frases que dicen en el libro las dijeron de verdad. Para ello investigo y reproduzco sus palabras aunque descontextualizadas para poder armar un diálogo literario. Pero todas las frases de Ava Gardner, John Huston, Elizabeth Taylor, Sue Lyon, Richard Burton las dijeron en algún momento de sus vidas. Lo hice así porque creo que era la mejor manera de meterme en sus personajes.

- ¿Cuál cree que de todos ellos resulta el más negro y criminal?
- John  Huston, director de una de las mejores películas policíacas de la historia, El halcón maltés. John Huston es un prototipo de novela negra aunque lo que más me gusta de Trago amargo es que he procurado demostrar que pese a su aureola de estrellas también fueron seres humanos.

- Huston rodó también en México El tesoro de la Sierra Madre y sentía, como otros cineastas y escritores anglosajones una profunda fascinación por México. ¿Por qué fascina tanto México?
- Quizá sea el paisaje y su clima. México es un país muy hermoso y quién sabe, quizá fue eso los que llevó a que muchos de ellos se fueron a vivir allí en los años sesenta. En México no existe el invierno, su clima es como el del verano en Europa. También está la parte exótica, la  música, la comida e incluso la cultura mexicana que tiene un halo de magia.

- Es autor de otras novelas que, desgraciadamente, no se han publicado en España.

- Es un fenómeno extraño que la industria literaria en español sea local cuando la literatura debería de ser universal. Tenemos que quitarnos de la cabeza la idea de que vivimos en aldeas pequeñas porque a mí, como lector, me gustaría conocer más y mejor literaturas como la colombiana por poner un ejemplo. Sí, es verdad que nos llegan los grandes éxitos,  pero no es suficiente. Es un grave problema editorial las decisiones que les llevan a apostar a lo seguro cuando, a mi juicio, se tendría que ser más abierto y generar lectores universales.

- Su literatura, de todas formas, está como anclada en el pasado. ¿No le llama la atención los tiempos que vivimos?
- La verdad es que me siento incapaz de entender la realidad. No puedo entender la realidad que vivimos no solo en México sino en todo el mundo. Que la extrema derecha tenga la mayoría en los países más poderosos de la tierra es algo que no entiendo, así que prefiero no complicarme la vida y dedicar mis esfuerzos literarios a tiempos no sé si más sencillos pero sí que más transparentes.

- Igual era tiempos más inteligentes.
-No lo sé. No puedo decir eso porque, pese a todo, soy de los que piensan que el mejor tiempo es el de mañana porque ahí debe estar la esperanza.

- Usted se inició en la escritura a través de los comías, para muchos un arte menor.
- No sé si es un arte menor, en todo caso es otro medio. Es como decir que la radio es un apéndice del cine cuando son medios distintos. El cómic es un medio visual y tiene mucho que ver con  el cine y la literatura. Es verdad que en cómic lo visual es lo más importante y que el artista es el dibujante pero eso no quita que sea un medio tan bueno como cualquier otro. Con sus cosas buenas y malas. Para adultos y para niños. Su abanico es muy grande, tan grande como el que ofrece el cine y la literatura.

- Fue guionista de una historieta sobre Superman en México. ¿Cómo se planteó este trabajo?
- Espero que algún día los pecados se borren de la memoria. Superman es un icono de los cómics. Es un personaje de cómics por excelencia pero también un símbolo del imperialismo norteamericano. Su actitud de boy scout, esa parte que trata de explicar –y no sé si con buenos resultados– la inocencia de un súper héroe que pretende salvar el mundo a  través de una visión inequívocamente estadounidense pero que nunca se detiene a preguntarse si el mundo quiere ser salvado… No sé. Entiendo a Superman como un redentor que nunca se cuestiona si quiere ser un redentor. Cuando escribí el guión la editorial norteamericana no me dio muchas libertades, y eso que es un personaje que da juego por su tono mesiánico, es casi un Moisés que conduce al pueblo elegido –el norteamericano pese a que se trata de un extraterrestre que crece entre los hombre—cuyo único fin en la vida es rescatar a su pueblo de adopción. Esa alegoría, que fue creada por dos emigrantes judíos, me pareció muy interesante pero fue precisamente la parte que se quedó en el aire porque los editores norteamericanos cuidan con mucho mimo esta franquicia.

- ¿Pero cómo planeó su historia de Superman en México?
- Se titula Los hijos de la tierra. Superman se encuentra en México para salvarlo de un acto terrorista y ahí conoce a una serie súper héroes mexicanos que le vienen a decir que no quieren ser salvados, que ellos se arreglan  por sí mismos. Esa es la metáfora que pretendí transmitir.

- ¿Esos súper héroes mexicano están inspirados en personajes del cómic mexicano, como Kalimán?

- No. Cada uno de ellos procede de estratos sociales diferentes. Está el que trabaja para el gobierno y tiene su equipo de gadgets; otro que es anárquico, un ácrata que comulga con la izquierda y se mueve entre las sombras, que también es una alegoría; y un tercero que representa al pueblo. El hombre muerto que falleció en el temblor de ciudad de México pero ha revivido y ahora es inmortal.

- También ha escrito para cine y televisión.
- Me encuentro más cómodo escribiendo para televisión. Y eso que mi primera experiencia fue trabajando en una televisión muy barata en un programa concurso que espero que también algún día se borre de mi currículum, pero había que comer. En México no se hacen series, solo telenovelas. La televisión sigue siendo una herramienta de entretenimiento popular y de manifestación política y no tiene los niveles de otros países. 

- ¿Y proyectos?
- Estoy retornando al cómic con una serie de biografías de personajes poco conocidos en la historia mexicana. También escribo una historia muy negra ambientada en los tiempos del Renacimiento para una editorial suiza, una historia gótica. Y finalizando la escritura de las dos novelas de Sunny Pascal, con quien me siento cómodo. Ojalá pueda seguir mucho tiempo con Sunny.  

Saludos, descanse en paz, desde este lado del ordenador

Jorge M. Reverte dice adiós a la vida

Jueves, Marzo 25th, 2021

No llegué a entrevistarlo pero sí que cubrí alguna rueda de prensa cuando visitó esta tierra para promocionar algunos de sus libros. Llegué sin embargo a Jorge M. Reverte a través de su hermano, Javier, de viaje al otro lado hace apenas unos meses, al que leí primero y al que tuve la suerte de conocer después en el Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventura, Periplo, que se celebra en Puerto de la Cruz.

Comencé mi lecturas de Jorge Martínez Reverte con la primera novela, era inevitable, que dedicó a Julio Gálvez, periodista, en Demasiado para Gálvez. La historia me divirtió así que seguí leyendo otras entregas de la serie como Gálvez en Euskadi, Gálvez y el cambio del cambio, Gálvez en la frontera y Gálvez entre los leones… Me faltan otras cuantas pero recuerdo vagamente las que disfruté y eso lo hace junto a su hermano Javier alguien muy especial en mi memoria lectora, esa máquina que no se cansa de leer y que si algo lamenta es que se irá de este mundo sin haber leído todos los libros del mundo.

Leí y disfruté pero no tanto como esperaba Triple agente, una de espías que se desarrolla durante la Guerra Civil. Tiene cierto aliento de Eric Ambler y se reconoce a un escritor que ha leído y bien mucho sobre aquel conflicto que desgarró a las Españas pero no termina de conseguir ese punto de aventura y suspense, de amigos y enemigos que hubiera redondeado la historia. Creo, sin embargo, que la novela sale mejor librada que las del otro Reverte, pero no hermano, llamado Arturo ha perpetrado con Falcó, una trilogía que tiene como protagonista a otro espía pero que trabaja para el bando contrario durante esa misma Guerra Civil.

Además de novelista, Jorge M. Reverte se embarcó también en una serie de libros sobre aquella guerra que están escritos afortunadamente con pulso periodístico y cuentan con excelente documentación. Aprendí mucho con La batalla del Ebro y también con La batalla de Madrid. No terminó de convencerme Guerreros y traidores. De la guerra de España a la guerra fría, una biografía de Bill Alto, un norteamericano que formó parte de las Brigadas Internacionales y que pone nombre y apellido a los combatientes extranjeros que lucharon en las tierras de España. Hay otros libros de Jorge M. Reverte pero no llegué a ellos por una u otra razón.

Junto a su hermano Javier fue autor de una biografía sobre su padre, Soldado de poca fortuna: Jesús Martínez Tessier, periodista iguial que sus hijos y un señor con una vida que casi parece sacada de una película. Fue cabo en el ejército republicano y al finalizar la Guerrad e España y para limpiar su nombre se enroló en la División Azul marchando a la Rusia soviética donde compartió trincheras con falangistas, militares de carrera y soldados que como él querían sanear su nombre cuando regresaran a su país. El precio fue demasiado alto. Rusia, como dijo aquel, fue culpable.

Resulta cuanto menos curioso que estos dos hermanos se hayan ido al otro lado relativamente casi al mismo tiempo. Me consta que los unía además de la sangre mismos gustos y si me apuran una misma mirada sobre muchas cosas. En especial la Guerra Civil, conflicto al que Javier Reverte dedicó varias novelas, algunas de ellas sobresalientes al igual que su hermano, Jorge.

Esto me hace pensar que si hay algo más cuando nos despidamos definitivamente de la vida que tanto Javier como Jorge deben de estar en algún lado escribiendo la crónica de ese mundo que imagino envuelto de algodones. Pero es solo una esperanza. Y vagísima porque algo me dice que el sentido de la vida acaba, precisamente, cuando llega la muerta. Lo otro es un fundido a negro hacia la nada.

Por fortuna, tanto Javier como Jorge nos legaron sus libros. Volver a ellos es lo mejor que podemos hacer para que vuelvan a estar entre nosotros. Y si es ante un plato de pescado frito y una botella de vino, mejor que mejor. Me resulta ahora imposible imaginar mejor paraíso para dos periodista y escritores que ya han dejado su huella en nuestro periodismo, nuestra literatura y en defintiiva nuestra historia.

Saludos, hermanos y hermanas, desde este lado del ordenador

Jorge Lozano: “La postverdad es una prueba de la imbecilidad de nuestra época”

Martes, Marzo 23rd, 2021

INTRO

Reproducimos a continuación una entrevista que mantuvimos con el semiólogo Jorge Lozano (La Palma, 1951-Madrid, 2021) al conocer la noticia triste de su muerte. En encuentro se produjo en septiembre de 2018 y desde esta humilde atalaya podemos asegurar sin aspavientos que fue uno de los encuentros más interesantes desde que tenemos memoria en este oficio (y ya son unos cuantos años en busca y captura de noticias).

LA ENTREVISTA

Jorge Lozano es semiólogo y catedrático de Teoría General de la Información en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Su campo de trabajo se ha especializado en Semiótica de la Moda y de la Cultura y en el Análisis del Discurso.

Es autor de la introducción, selección y notas a J. Lotman y Escuela de Tartu. Semiótica de la Cultura y autor de El Discurso Histórico, con prólogo de Umberto Eco.

Jorge Lozano ha visitado Tenerife invitado por Fotonoviembre en septiembre del año pasado, donde impartió en TEA Tenerife Espacio de las Artes la conferencia ¿Cuándo es imagen?, y en diciembre de 2018, bajo el reclamo de la Real Sociedad, para que formara parte de un ciclo dedicado a la producción audiovisual en el que intervino con la charla Islas escenario. La exuberancia del límite. Jorge Lozano es director del Grupo de Estudios de Semiótica de la Cultura, catedrático de Teoría de la Información en la Universidad Complutense, ex Director de la Academia de Roma y profesor, una profesión que “le proporciona un espacio de libertad sin estar sometido a los vaivenes de la estupidez”.

- ¿Qué es la semiología?

“Es una disciplina extraña en el sentido que tiene más de dos mil años como decía Umberto Eco y luego es muy reciente porque funciona con más fuerza e intensidad en los años sesenta. Diría que se trata de una disciplina elegante porque gracias a ella se han descubierto muchas cosas y nadie lo menciona. Es imposible estudiar la imagen sin la idea de cómo se construyeron los signos y qué significa el observador como actor del mismo cuadro, como pasa en las Meninas. O el autorretrato o lo que significa un pronombre. Los estudios semióticos, lingüísticos sobre los pronombres aclaran muchas cosas sobre la ideología contemporánea. Hoy es evidente que todo gira en torno a nosotros y ellos y nuestros estudios han demostrado que cierta pasiones, por ejemplo la vergüenza y la moda, que es un campo privilegiado de la semiología, demuestra que entre nosotros hay vergüenza y ellos nos producen otra pasión, el miedo. Pero si nosotros decimos nosotros frente a ellos, llámense catalanes, vascos, musulmanes, etc, establecemos espacios semióticos de significación porque la semiótica se ocupa de cómo se produce el sentido; en los personal y lo cultural. Nos ocupamos de los sistemas de significación porque nosotros no queremos saber cuánto vale una cosa sino qué significa, y creo que eso es una preocupación que sirve a todas las ciencias humanas y sociales. Muchas de las cosas que se escriben sobre comunicación de masas no se hubieran descubierto sin la semiótica”.

- ¿En la comunicación de masas?

“La comunicación de masas ha sido obviamente un campo privilegiado. En la comunicación de masas se ha dado de todo, iconos, las modas, las epidemias, el modo de construir noticias”.

- Vivimos entonces más informados o desinformados.

“A mi más que la información me interesa la significación. A más información quizá menos interés por la información. Eco decía que la televisión era para los pobres, quienes gracias a ella se educaron, se informaron, conocieron y tuvieron acceso a una situación que sin la televisión hubiera sido imposible. Internet es para los ricos porque si no tienes un cierto patrimonio de información, qué haces con Internet que tiene grandes millones de datos y hay que ser muy rico para saber lo que se selecciona, si no, quedas aplastado por una masa de información que no sabes muy bien que hacer con ella”.

- Cuándo habla de Internet para ricos se refiere a rico culturalmente, ¿verdad?

“Claro. Los ricos con dinero ya sabemos donde están”.

- ¿Cuándo es imagen?

“ Es una cita de Nelson Goodman, profesor de la Universidad de Harvard que decía que si yo pregunto qué es arte en la respuesta encuentro frustración porque no logro saberlo bien ni determinarlo ni acotarlo. Goodman decía que convenía sustituirlo por ¿cuándo haces arte? Es una pregunta que ya determina que en un momento dado un objeto aislado es un objeto pero que ese mismo objeto puede formar parte de un procedimiento artístico como es en una instalación”.



- Usted imparte clases en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, ¿el periodista se hace en el aula o en una redacción?

“Llevo muchos años enseñando a futuros periodistas por lo que el periodista debe ser formado. El problema es de cierto estatuto o aceptación del periodista ya que sabemos qué pedirle a un médico, a un arquitecto pero el periodista está en una esfera tan amplia que opina de cualquier cosa y escribe sobre cualquiera cosa. Es tertuliano, escribe novelas… Hay que reivindicar la figura del experto en tanto en cuanto es un señor que se ha dedicado profesionalmente a aquello de lo que habla pero el periodista, evidentemente, no ha podido recoger una información para conversar sobre Afganistán, Trump, la última novela de Javier Marías y el Estatuto de Cataluña. Está sometido a una invasión de tantos bits que puede convertirse en otra cosa. No creo tanto en la discusión y diferencia, un poquito obsoleta, entre información y opinión en la medida en que la opinión es opinión y la información normalmente es un comentario que no quiere serlo. Es un problema de construcción del discurso y de cancelación de marca de subjetividad o, por otra parte, de que pareciera conveniente que aquello sobre lo que se habla se conociera. Muchas veces el periodista se arroga otros factores como ser líder de opinión para determinar y orientar lo que debe pensar el lector. Hay un exceso de rol en el periodista por lo que si se redujera su contenido profesional sería mucho mejor. Así que como ciudadano, no como semiólogo, el nivel ha ido en descenso en la profesión periodística”.

- ¿Y cuándo comenzó a percibir esa sensación como ciudadano y no como semiólogo?

“Curiosamente cuando se produjeron los atentados del 11-M tuve la sensación compartida por mis conciudadanos del extraordinario funcionamiento de los taxistas, de la disponibilidad de tantos estudiantes por participar, donar su sangre. En el extraordinario papel de las enfermeras y de los médicos. Si utilizamos todo con criterios corporativos y profesionales, lo que falló más fueron los periodistas que de repente tomaron partido, una toma de posición acelerada pero creo que es un problemas de la propia construcción de la noticia porque muchas veces sabemos que se necesitaría de un cierto tiempo para que el conjunto informativo de un acontecimiento se desplegara y orientara en una determinada dirección y sentido. Claro que la urgencia de tener que explicar inmediatamente una información y al mismo tiempo ofrecer una explicación se corre el riego de cometer equivocaciones inmensas”.

- Dicen que usted es un profesor que seduce a sus alumnos.

“He sido un privilegiado porque tuve muy buenos profesores. Mi director de tesis fue José Luis López Aranguren, que fue un gran seductor; mi profesor de Semiótica en la Universidad de Bolonia y luego colega y amigo, fue Umberto Eco. Lo mismo me pasa con el autor de Elogio del conflicto, Pablo Fabbri, semiólogo con el que sigo trabajando, que es un seductor nato. He tenido el privilegio de conocerlos y cuando digo seducción lo digo es en el sentido de atrapar la voluntad del destinatario obviamente sin que se dé cuenta, me refiero a seducir porque la intención es que entiendas que lo que te están explicando no son solo conocimientos sino que esos conocimientos pueden atraparte apasionadamente. Si hay una pasión que merezca la pena es la pasión teórica que es donde se producen todos los escenarios de desafíos, riesgos y no hay mayor satisfacción para un profesor de vengarse por la cantidad de proposiciones e impedimentos que hay. Así que como venganza, tengo un gran entusiasmo y trabajo en esa pasión teórica y el resultado es maravilloso cuando alguien te sigue. Una de mis grandes satisfacciones es que a pesar de todo mantengo un grupo, el Grupo de Estudios de Semiótica de la Cultura, en el que participan colaboradores y amigos que tenemos algo en común”.

- ¿La semiología es una ciencia?

“Nosotros solemos decir con cierta coquetería que es una disciplina con vocación científica”.

- ¿Qué textos recomendaría para iniciarse en la semiótica?

“Mitología de Rolad Barthes que si bien no es para nada semiótica, sirve para tener una mirada semiótica. Barthes cuenta en este libro cómo en un congreso de detergentes descubrió que el cuerpo tiene poros y que al ver una versión de Julio César en el cine observó que el signo de la romanidad era el flequillo. Te pongo los ejemplos más banales pero a través de ellos te das cuenta que la gente donde ve cosa los semiólogos ven signos, es una frase Barthes. Recomendaría, obviamente, cualquier libro de Umberto Eco y Obra abierta, que es un libro pre semiótico pero ahí descubres cómo se plantea la posibilidad de una obra cualquiera produzca mucha significación y esté abierta a distintos sentidos. Luego toda su vida Eco se dedicó a limitar las interpretaciones, no caben todas las interpretaciones. Es un libro escrito a la obscena edad de un veinteañero pero en él está el inicio de una gran obra de semiótica. Yo recomendaría también los libros de Yury Lotman, que ha trabajado la semiótica de la cultura y que a mi me ha atrapado porque es capaz de decir que en la Edad Media la Biblia era un libro religioso y por lo tanto verdadero y en nuestra cultura la Biblia es un libro religioso y por lo tanto de ficción. Y no es relativismo sino entender la cultura como una organización semiótica muy fuerte y como los textos pertenecen a una determinada cultura”.

- La relación entre lo verdadero y lo verosímil

·Hay situaciones en la que sabemos que es verdadero pero no suficientemente verosímil, un libro de Historia, por ejemplo. En otro caso es muy verosímil pero no verdadero y nos damos cuenta que el problema de la verdad no es la estupidez, la postverdad es una prueba de la imbecilidad de nuestra época, sino que la verdad se construye y depende como se diga. Habría que decir también cuando es verdad y no que es verdad”.

- ¿Pero quién decide cuándo es verdad?

“Es verdad lo que se consensúa como verdad. Eco decía que es verdad que Sherlock Holmes vivía en Baker Street pero no sabemos si es verdad que en 1492 Cristóbal Colón llegó a América porque estamos a expensas de que hubiere otro documento que diga que todo lo que se ha dicho sobre Colón es falso y llegue un documento verificado por una escuela histórica reputadísima que diga miren ustedes todo esto es una leyenda, una falsedad, un mito”.

- La Historia suele ser revisionista.

“Un destino de la Historia es ser revisada en el sentido de que puede haber lecturas más refinadas, análisis que permiten ser modificados. Cuando estudiaba Historia en la Universidad Complutense de Madrid se hablaba de un millón de muertos en la Guerra Civil pero a medida que se ha ido estudiando este tema, la cifra ha resultado exagerada. Los hechos son hechos pero los hechos se interpretan. Otra cosa es cómo esos hechos vienen narrados. La narración de los hechos no niega los hechos sino que hace inteligible ciertos hechos. Es decir que no son hechos de cemento armado ni por otra parte la narración elimina la solidez del hecho en favor de una cierta retórica”.

- Antes comentó que está preparando un libro de Fabbri…

- “El libro se llama Elogio del conflicto pero paralelamente preparo para Italia la introducción de los textos más antiguos de Lotman sobre los Fundamentos de la semiótica en la cultura.

MODAS

Jorge Lozano ha desarrollado gran parte de sus investigaciones en las modas, “las modas son muy serias así que no se pueden dejar en manos de estilistas y periodistas”, dice el catedrático de Teoría de la Información en la Universidad Complutense de Madrid, quien añade que “la moda determina y determina nuestro acercamiento a la Historia ya que sus maneras y modos son elementos constitutivos y regulativos de lo social, de la cultura de las pasiones. Por eso hay modas también en las pasiones, en los cuerpos, en las enfermedades”.

LAS FOTOGRAFÍAS: SERGIO MÉNDEZ

Saludos, buen viaje, desde este lado del ordenador

John Le Carré, nuestro hombre en el Circus

Lunes, Diciembre 14th, 2020

Cuatro escritores forman el cuadrado perfecto de la novela de espías británica.

Con permiso de Eric Ambler, que es un poco el padre de todos ellos, arriba, en la cúspide, Graham Greene, un escritor que no fue exactamente un escritor de novelas de espías pero sí que tiene las mejores que he leído desde que sentí afición por el género. En la otra esquina se encuentra Ian Fleming, el creador de James Bond. Sin él, la novela de espías no habría tenido tanta repercusión popular. Estas novelas más que de espías eran relatos donde se enfrentaba un atractivo funcionario al servicio de su graciosa majestad con un multimillonario con ganas de comerse el mundo.

Partamos de la base que el James Bond literario no se parece al del cine. Es un excelente gourmet y jugador de cartas, como en las películas, pero también un sentimental y lector ocasional de Raymond Chandler además de un agente que en cada misión consume puñados de dexidrinas para engañar al cansancio.

En las dos esquinas inferiores (aunque al cuadrado le podemos dar la vuelta y serían entonces las esquinas superiores) están Len Deighton, creador de Harry Palmer, el espía anti Bond, aquel que lleva espejuelos y le da más a la cabeza que a los puños y un maestro, John Le Carré, David John Moore Cornwell (Poole, 19 de octubre de 1931 – Truro, 13 de diciembre de 2020), creador como Fleming y Deighton de otro agente secreto pero sin las características de 007 y Palmer.

John Le Carré bautizó a su criatura con el nombre de George Smiley y lo describió como un hombre corriente que trabaja en el juego más peligroso. Su contrincante en esa partida de ajedrez es Karla, su contrario en la KGB.

Smiley trabaja en una oficia gris, rodeado de compañeros igual de grises, todos ellos con sus pequeñas historias personales. El Circus lo llaman. En este ambiente se desarrollan las novelas que Le Carré le dedicó, algunas tan excelentes como El Topo, en la que mide sus fuerzas contra Karla y que continuó en El honorable colegial, demasiado larga y espesa, y que concluye con la mediana La gente de Smiley. El personaje aparece pero como secundario en la que entiendo es su mejor novela, El espía que surgió del frío.

John Le Carré no escribió sin embargo solo novelas de Smiley y continuó en el género con libros cada vez más sólidos y adaptados a la realidad de su tiempo y de nuestros tiempos. En algunas de estas obras se permite un extraño sentido del humor como sucede con El sastre de Panamá, una versión y así lo explica, de Nuestro hombre en La Habana de Graham Greene solo que en el país que gobernó Noriega.

Otras de sus grandes novelas fueron Una pequeña ciudad de Alemania, muy lenta pero redonda para entender cómo pervivió el nazismo en la República Federal Alemana; El infiltrado, otra de sus obras redondas; Amigos absolutos, Un traidor como los nuestros, Una verdad delicada y La canción del misionero. Me dejo unas cuantas más.

Le Carré no fue sin embargo pese a ser un escritor de género un autor fácil. Sus historias suelen imbricarse demasiado, a veces se pierde uno en la madeja aunque tiene el gancho de lo que cuenta y cómo lo cuenta a través de sus protagonistas. Y sí, en sus novelas se reflexiona sobre la traición pero también sobre el fracaso y servir a una causa que no ta ha dado nada. Tuvo una mirada distante y amarga sobre el mundo que reflejaba en sus páginas y abarcó todos los palos cuando la Guerra Fría finalizó con el desmoronamiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y sus países satélites. El fin del comunismo (ahora dicen que vuelve) no significó el fin de John Le Carré como escritor de novelas de espías.

Publicó su último libro el año pasado y me pregunto si estaría mascando alguno nuevo relacionado con todo esto de la pandemia, esta especie de guerra silenciosa contra el virus que libran esas naciones que desconfían unas de otra.

Una post data, entre los libros de no ficción que escribió Le Carré cuenta con ¿El traidor del siglo?, en la que estudia las razones que llevaron al general suizo Jean-Louis Jeanmarie a convertirse en un traidor. Se lee con un suspiro, es una obra muy corta y precisa pero también densa. Se trata, resumamos, de un Le Carré en estado puro.

Con su desaparición, la novela de espías y la literatura pierde a uno de los más grandes. No hay, que piense ahora, nadie que lo sustituya. John Le Carré conocía demasiado bien cómo se la gasta esa otra realidad en la que se mueven hombres y mujeres que han hecho de la traición y la mentira un oficio. Todos, o casi todos, suelen terminar solos.

Observen a George Smiley que sigue siendo su personaje más popular. Un hombre casado y tan inglés que toma el té a las cinco de la tarde. Varias novelas después, su esposa lo engaña con uno de sus mejores amigos y lo abandona. Smiley, el cerebro capaz de destruir a Karla está solo. No eran lecturas fáciles. Te dejaban la mayor parte de las veces un poso de amargura que solo se curaba dejando reposar el libro unos días. Era inevitable sin embargo volver a él pasado un tiempo. Sí, no fue un escritor de acción a raudales pero sus lectores tampoco buscaban esto en sus novelas. Si buscaban algo era que nos mostrara las grandezas y miserias de hombres y mujeres que no son lo que aparentan. Los amigos se transforman en enemigos. La traición puede llegar incluso a las más altas esferas como sucede en El topo y como sucedió en la realidad en los servicios secretos británicos. La sombra de Kim Philby es alargada. Dicen que Philby obsesionó a Graham Greene como a John Le Carré. Probablemente también a Len Deighton, que escribe sobre el gran juego en su ciclo de novelas de Bernard Samson. Lástima que fuera tan prolífico y que decayera, éste sí, cuando la Guerra Fría declinó en favor de Occidente…

El caso es que ha muerto John Le Carré, nuestro hombre en el Circus.

Saludos, demasiadas ausencias, desde este lado del ordenador

(*) En la imagen John Le Carré junto a Richard Burton en una pausa del rodaje de El espía que surgió del frío (Martin Ritt, 1965)