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Miguel Delibes escribe y reflexiona con acento paternal sobre Tenerife

Lunes, Febrero 12th, 2018

La relación de Miguel Delibes Setién. (Valladolid, 17 de octubre de 1920 – Valladolid, 12 de marzo de 2010) con Canarias estuvo en manos del destino, y como tal, el canto del archipiélago parece el de una sirena. Llegaba, se iba, volvía a llegar… casi el movimiento de las olas cuando mueren en la arena y en las rocas de la playa.

Castilla, y con honra, es el escenario de la mayoría de sus libros. Así como los hombres y mujeres nacidos y que se han forjado en este paisaje. La Castilla profunda y fría, hermosa pero dura tanto por dentro como por fuera.

Durante la Guerra Civil española prestó servicio, precisamente, en el crucero Canarias, experiencias que recoge en la excelente novela 377A. Madera de héroe y más tarde porque dedicó al archipiélago, y concretamente la isla de Tenerife, uno de los capítulos de Por esos mundos. Sudamérica con escala en las Canarias, y con el que concluye un relato de viajes por Brasil, Argentina y Chile escrito más con nervio periodístico que literario.

Con todo, su visión de Tenerife y por extensión Canarias no deja de resultar interesante sobre todo porque se trata de un retrato de la isla a finales de los años 50.

El paisaje tinerfeño se ha transformado y mucho desde ese entonces, aunque aún conserva ciertos elementos reconocibles sobre todo para los que nacieron en ese Tenerife sin autopista al sur y que en el momento del arribo del escritor y periodista castellano era la zona más pobre y abandonada de la isla.

En el texto, Miguel Delibes pretende en todo momento mantener una mirada distante pero inevitablemente paternal así comoresultar condescendiente con los insulares, carácter que intenta definir en capítulos como El isleño no llora ni aplaude, frase apunta que toma prestada del abogado y erudito tinerfeño Tomás Cruz.

Y escribe: “ese apaciguamiento que descubrimos en el isleño –y que posiblemente para el americano, especialmente para el americano tropical pasa inadvertido– es, cómo no, otro fruto del clima. El clima del litoral tinerfeño es, ya lo hemos dicho, benigno, de una blandura enervante.Todo el que arriba a la isla queda, automáticamente, influido por él. A algunos, incluso, les produce un desequilibrio febril”.

Hasta concluir, más adelante que “el tinerfeño es un ser más bien deprimido, apagado, muy alejado de la exaltación. Mi buen amigo isleño Alfredo Reyes Darias, que se conoce el país de pe a pa (…) me decía en cierta ocasión: El tinerfeño no roba, ni mata; se suicida”,

Es una pena que no sepamos nunca las reflexiones que le sugeriría la isla y Canarias del siglo XXI. Muchas cosas han cambiado para mejor aunque otras parece que para peor.

Miguel Delibes anota también la manera en como tienen los canarios de llamar a España, Península aunque entiende que “este amor es tanto más emocionante cuanto mayor es el desapego del peninsular Hacia sus islas. Si uno, en el curso de la conversación, dice España por Península, el isleño sonreirá comprensivo, pero en lo hondo se dolerá de nuestra ligereza”.

A lo largo del texto, apenas medio centenar de páginas estructuradas en capítulos, Miguel Delibes escribe frases contundentes y con cierto colorido de Tenerife, “isla oxidada”, y sobre el volcán: “El Teide, adormecido, presidiendo majestuoso el agrio contorno de la isla, nos habla de un pasado incierto, de un ayer incensado por el humo de los volcanes y uno comprende que esas rocas detesmpladas, de una calvicie inquietante, constituye los detritus digestivos del Teide, los despojos de su voracidad secular. Tenerife es, pues, una vomitona del Teide, una pura excrecencia volcánica; y ya por el mero hecho de que el gigante duerma, la isla puede considerarse justamente afortunada”.

El escritor y periodista castellano continúa su peregrinar por una isla que lo asombra y que lo conmueve. Una isla que sabe sacar además un sentido del humor que no pretende herir a nadie aunque llame la atención de, precisamente, el canario, objeto del análisis apresurado del viajero.

Su estampa del sur de la isla es desoladora y refleja cómo era el sur de la isla a finales de la década de los 50.

“En el sur reina el patetismo, la aridez, el drama, mas, por ello, precisamente, racata un mayor valor, un interés humano inifinitamente másvivo”. Páginas más adelante escribe que en Santa Cruz de Tenerife le han comentado que “está llegando la hora de la redención del sur y que el sur, con el tiempo, conocerá una era de prosperidad que rebasará la actual prosperidad del norte”.

Este informe más que crónica de viaje, Miguel Delibes no se detiene a describir comidas aunque sí deja arrastrar su pluma en la descripción de paisajes resulta una fotografía interesante de cómo era la isla y en conjunto las islas a finales de los 50, y sirve para darse cuenta de lo que hemos avanzado no sé si como sociedad pero sí en calidad de vida en cuanto a prestaciones técnicas. El acomodo a un sistema de vida, con todo lo que lleva implícito, no hubiera sido del gusto del escritor castellano. Y no porque fuera contrario a las comodidades de la modernidad sino por el precio que había que pagar.
En su itinerario por la isla, resulta de interés el retrato que hace de la capital tinerfeña de aquel tiempo donde las cosas se hacían con otro ritmo: “Santa Cruz da la impresión de una ciudad tropical, no solo por el número, sino por la plasticidad de sus flores”. Más adelante escribe que el sol de la isla “no quema” y que la brisa es una “brisa que no curte”.

Por último le parece llamativo, como a otros viajes anteriores y contempornáeos que las calles de Santa Cruz a las nueve de la noche estén desiertas.

Este misterio, sobre el que también reflexionó Leslie Charteris en El picnic de los ladrones, continúa siendo uno de los enigmas que forman parte del pasado, presente y todo hace sospechar de esta pequeña y agradable capital de provincias.

Saludos, lunes de carnaval, desde este lado del ordenador

Inmortales

Viernes, Enero 19th, 2018

Un 19 de enero, tal día como hoy claro, nacieron dos escritores que se han convertido en autores de cabecera, en amigos que nunca te fallan cuando los reclamas con sus novelas y cuentos. Uno de ellos fue grande, intenso, terrible y quizá por ello hoy estúpidamente incorrecto: Edgar Allan Poe.

El segundo fue una mujer que se rebeló contra el mundo, tan segura estaba de sí misma, que ha pasado a la historia de la literatura como una de las mejores retratistas de la oscura mente criminal masculina. ¿Recuerdan a Tom Ripley?, pues Ripley es uno de sus hijos…¿Y a esos dos extraños en un tren?, ¿Y ese hermoso y tórrido relato de amor que es Carol?

Por mucho que lo intento, no me imagino a nadie hoy escribiendo historias sobre esta gente. Es decir, que en estos tiempos de fascismo dulce Edgar Allan Poe y Patricia Highsmith todavía resultan irritantemente fantasiosos y degenerados.

Patricia y Edgar nacieron el mismo día en años y siglos diferentes, pero les une misma mirada amarga, ciertamente, sobre el amor rebelde.

A mi me siguen fascinando.

Esta sociedad en la que vivo, corrosiva, venenosa y mediocre hace tiempo que no.

Allá ella si no entiende de gatos negros ni de corazones delatores. Tampoco del inquietante temblor de la falsificación…

¿Tengo que decirlo?

Amo, quiero, adoro a Patricia Highsmith y Edgar Allan Poe.

Los olvidados: Curzio Malaparte

Miércoles, Diciembre 27th, 2017

Probablemente uno de los escritores italianos más leídos y conocidos en España en los años 40 y 50 fue Curzio Malaparte, quien cuenta con una obra de necesaria recuperación para entender los tiempos que vivimos.

Autor de tres libros que ya son de referencia para estudiar los precedentes, la II Guerra Mundial y sus catastróficas desgracias en Técnica del golpe de Estado, Kaputt y La piel, el resto de su producción literaria es igual de interesante aunque no se trate de obras tan definitivas ni crueles como las tres anteriormente citadas.

Como muchos italianos de su época, Curzio Malaparte se hizo fascista y como muchos italianos de su época terminó cambiándose de bando para servir como traductor de los aliados al finalizar una guerra que asoló medio planeta. En Kaputt da sus impresionantes impresiones de la Guerra, un conflicto en el que participó como periodista comprometido con su país, la Italia fascista, y en el que procuró actuar como testigo y afilado cronista.

En el libro recorre media Europa del Este ocupada por la Alemania hitleriana, territorio en el que describe a su paisaje humano que vive sometido a una paz que mantiene la violencia y la muerte. Para reflejarlo, Curzio Malaparte mezcla ficción y realidad en una serie de episodios cotidianos que muestra con la distante mirada de un observador.

A lo largo de las páginas de Kaputt, Curzio Malaparte asiste al derrumbe de un sistema que, entre sus características, incitó a su población a una degeneración moral que describe con estupor conradiano, el horror, el horror de nuestro corazón de las tinieblas.

El escritor cuenta, por poner un ejemplo, cómo tras sostener una entrevista con el dictador croata Ante Pavelic, éste le muestra una colección de ojos humanos que guarda en uno de los cajones de la mesa de su despacho.

Kaputt propone un descenso a los infiernos, la crónica despiada y sin artificios de una realidad que no tuvo que haber existido nunca y tambén de cómo los pueblos se acomodan a la corrupción y la iniquidad al creer que están más allá del bien y del mal.

En este recorrido por media Europa, Curzio Malaparte apenas deja títere con cabeza, aunque si hay uno que se salva de la quema y al que el periodista y escritor italiano trata con respeto y amistad a lo largo de la obra es a Agustín de Foxá, otro de esos grandes escritores olvidados por razón de sus ideas.

El libro cuenta con numerosos episodios dantescos y da una idea bastante aproximada de cómo debían de gastársela en la retaguardia los jerarcas nazis.

Y todo este horror normalizado por el régimen lo narra Curzio Malaparte con mirada distante, consciente que esa es la única manera de caminar entre lobos. El relato, su relato de estos acontecimientos, está descrito así con refinado sentido de la ironía, el único posible para hacer soportable este itinerario por el infierno.

Son muchos los momentos que sobresalen en el libro y que se quedan grabados al rojo vivo en el disco duro de la memoria. Entre otros, es demoledor el encuentro del escritor con el gobernador general de Polonia, Hans Frank, quien le explica con entusiasmo su idea de crear cuando finalice la guerra un parque de atracciones en el que se exhiban los últimos ejemplares de las razas humanas que los nazis planean exterminar.

Curzio Malaparte, que en verdad se llamó Kurt Erich Suckert, escogió el apellido Malaparte, de mal lugar, como escritor. Y de mal lugar, lugares, son los temas y los escenarios en los que se desarrolla su literatura, libros la mayoría de ellos autobiográficos.

En La piel relata su colaboraciòn con el ejército norteamericano en Nápoles mientras comienza la reconquista del ejército aliado enl territorio italiano.

El libro contiene, al igual que Kaputt, escenas demoledoras y no ofrece un retrato benigno de los estadounidenses, más que fuerzas de liberación de ocupación de una ciudad, Nápoles, que se ha entregado a ellos con el mismo desenfreno que pudo haberlo hecho antes con los alemanes.

Técnica del golpe de Estado es un libro técnico en el que entre otros análisis incluye notables observaciones de la toma del poder en Rusia por la facción bolchevique y la que llevó adelante Benito Mussolini junto a los camisas negra en su marcha sobre Roma. Estudia, además, el fracasado putch de Hitler en Munich.

Saludos, descúbranlo, desde este lado del ordenador.

El amigo Bram, Bram Stoker

Miércoles, Noviembre 8th, 2017

Cuento en mi desordenada biblioteca con varias ediciones de Drácula, de Bram Stoker, un escritor que hoy, 8 de noviembre, hubiera celebrado sus 170 cumpleaños rodeado de su más siniestras criaturas.

Estoy seguro que muchos que lo leen –Bran Stoker es un autor que nunca muere, como su príncipe de los vampiros– festejan esta onomástica porque este hombre rechoncho y con mirada ausente que nos observa desde alguna que otra fotografía, ocupa un privilegiado espacio en la literatura. Y no solo por Drácula, que también.

Releo la primera edición de Drácula que llegó a mis manos, una edición de bolsillo que publicó en su día Editorial Molino. No se conserva bien el libro, se nota usado. Tiene varias de sus páginas incluso despegadas. Es un libro manoseado, que son los libros que de verdad se quieren porque se han leído, y que en aquella etapa ya remota de mi vida me dio miedo. Tanto, que recuerdo que lo cerraba a veces porque sentía una presencia extraña, vampírica si lo desean, a mi alrededor y dentro de mi…

Novela gótica, de terror y romances, de amistades y fe y mucho sexo victoriano, Drácula no es, sin embargo, el único brillante de un escritor brillante. Les recomiendo que se aproximen, si no lo han hecho ya, a sus otras novelas. Algunas de ellas estrictamente fantásticas como La madriguera del gusano blanco y La joya de las siete estrellas y otras no tanto, como La dama del sudario.

Afortunadamente, y gracias al éxito obtenido por Drácula, la obra del escritor está publicada relativamente bien en español. Se puede conseguir, pero es materia reservada para sotkermaniacos, un curioso ensayo sobre impostores bastante erudito e irónico que convierte esta obra, Famosos impostores, en un trabajo singular dentro de la bibliografía singularísima de un autor aún no lo suficientemente reconocido por cultivar con tanta libertad y respeto, me temo, la fantasía.

Oscar Wilde, que fue novio de su mujer, Florence Balcombe, llegó a decir de Drácula que era la novela más hermosa de todos los tiempos y desde su publicación el personaje ha ido creciendo, reinando sobre otras criaturas de la noche literaria porque todo se hace creíble en Drácula gracias a sus múltiples miradas, muchas de ellas recogidas en forma de cartas, diarios, artículos publicados en prensa… La idea es que a medida que se va desarrollando la acción y lo fantástico corroe el mundo que conocemos, el lector descubre, como lo descubren sus protagonistas, que el vampiro se hace fuerte porque nadie cree en su existencia…

Miembro de la Orden Hermética de la Aurora Dorada, Bram Stoker se movió también muy bien en los territorios del relato corto. Cuenta, en este capítulo, con pequeñas obras maestras de la literatura como La casa del juez, El entierro de las ratas, La boca del río Water y Las arenas de Crooken y un curioso libro de relatos infantiles bastante macabro, El paìs del ocaso.

Desde que lo descubrí en aquel libro de Molino tan castigado por mis relecturas, la novela y su autor, Bram Stoker me acompañan desde entonces.

Es como recurrir a un viejo amigo. Uno de los que no te olvidas aunque pase el tiempo y no lo veas.

En mi biblioteca y en otra edición de Drácula pero edita por Plaza y Janés, guardo con mucho celo un trocito de madera que un amigo me trajo del jardín de la casa en la que el escritor vivió en Dublín.

A veces observo ese pequeño trozo, que con el paso de los años se ha ido deshaciendo, y siento que la realidad no es lo que parece.

Y que la existencia de Stoker radica, precisamente, en que muchos sí creemos en su existencia.

Saludos, por Vlad, desde este lado del ordenador

Rafael Cadenas: “La filosofía está muy cerca de la poesía”

Lunes, Noviembre 6th, 2017

El poeta venezolano Rafael Cadenas (Barquisimeto, Lara, 1930) visitó Tenerife para participar en un acto literario en el que habló y recitó su poesía. Premio Nacional de Literatura de Venezuela y Premio FIL, Rafael Cadenas se mostró muy crítico con la realidad política que vive su país y agradecido con aquellos españoles que si bien se llevaron el oro a su tierra:“nos dejaron un tesoro mayor que es la lengua”.

- Usted es un escritor venezolano que se siente muy vinculado con España.

“Primero como lector. Leo a los españoles desde los quince años e impartí clases durante más de 37 años sobre los poetas españoles y el Quijote en la Escuela de Letras de la Universidad Central. Me sentía muy próximo a la Generación del 27, que fue muy leída en Venezuela por lo que recuerdo la sorpresa de Antonio Aparicio cuando le preguntaron sobre Antonio Machado porque no se imaginaba que se lo conociera tanto y tan bien en Venezuela. Esos escritores y poetas españoles como los del 98 eran conocidos y sus libros se leían. Libros que en aquel entonces resultaban muy económicos”.

- ¿Y hasta que punto influenciaron estos españoles en la cultura venezolana?

“Fue tanta la influencia que voy a intentarlo resumirlo en una anécdota. Durante un tiempo y para mantenerme como estudiante trabajé en Récord, un periódico deportivo en el que un día me ordenaron que entrevistara a Teo Caprile, que fue un gran ciclista que participó en la Olimpiada de 1936, y cómo entonces quien presidía Venezuela era Pérez Jiménez, Caprile se imaginó que era un espía porque la gente estaba muy desconfiada entonces, pero le convencí que era un poeta y un universitario que trabajaba de periodista para mantenerme y como a él le gustaba también la poesía se puso a cantar, porque además tenía buena voz, y a recitar de memoria La voz a ti debida, de Pedro Salinas, lo que reflejé tal cual en la entrevista”.

- ¿Y qué autores de la Generación del 27 leyó?
“Sobre todo a Rafael Alberti, Federico García Lorca y Pedro Salinas. A Pedro Salinas lo leo todavía y conozco casi toda su prosa que, a mi entender, es excelentes porque a veces los poetas son muy buenos prosistas. Lo mismo me pasa con Antonio Machado, de quien me gusta su poesía pero leo más su prosa. José María Valverde dijo que el gran aporte de Antonio Machado a la litera tura española fue con su prosa sin demérito de su poesía. Yo añado que Machado además fue un filósofo”.

- Y usted, ¿a qué elementos le da más importancia en su poesía?
“En muchos de mis poemas hay bastante silencio, algo que le da más trabajo al lector, presenta una mayor exigencia. Eso, lo que no se dice en el poema, es el silencio. Otra dificultad es la alusión”.

- También fue miembro del Partido Comunista Venezolano en su juventud. ¿Cuándo se distancia de sus directrices?
“Como muchos otros comunistas de aquel entonces comienzo a distanciarme tras la invasión soviética a Checoslovaquia, un hecho que provocó en Venezuela la creación del Movimiento al Socialismo (MAS) de Teodoro Petkoff, de corte socialdemócrata. Eran los años en los que se hablaba de un socialismo con rostro humano, una idea que surgió en Checoslovaquia y que aplastaron los tanques del régimen soviético”.

- ¿Y cómo era su poesía durante aquel período?
“Pues quedan los poemas del período que viví como exiliado en Trinidad y que aluden a la persecución a la que nos sometía la dictadura, la mayoría miembros de Acción Democrática y del Partido Comunista, sobre todo”.

- ¿Y cómo observa aquellos años?
“Como tiempo de fósiles. La derecha y la izquierda son fósiles, como dice Salvador Pániker. Se considera de izquierda al régimen soviético, al cubano, al de Corea del Norte y al Chino también y al mirar esos regímenes me digo ¡qué tristeza! porque ya es hora de prescindir de sistemas que, a estas alturas de la vida, carecen de sentido. Sean de derecha o de izquierda porque los dos defienden unas ideas que consiste en imponer un solo pensamiento”.

- ¿Qué piensa de los que en España rechazan cuestionar el régimen venezolano?
“Pues que es un problema serio porque no pasa solo en España. La izquierda no se da por enterada o hace como que no se da por aludida. No tiene ni idea de lo que pasa en Venezuela y si la tiene, aprueban lo que allí está ocurriendo. ¿Por qué? ¿Por odio a los Estados Unidos? Lo preocupante es que no se quiere examinar al tipo de persona que dirige mi país. Pienso hablar de esto, y criticaré a la izquierda española mientras siga manteniendo esa defensa del régimen porque no entiendo como admiten o justifican la situación actual que se vive en Venezuela”.

- Nada que ver con los tiempos en los que fue miembro de Tabla Redonda. ¿Qué fue Tabla Redonda?

“Marcos Pérez Jiménez es derrocado en 1958 por una insurrección popular que contó con una parte del ejército. Sin esa participación del ejército no hubiera sido posible. Pérez Jiménez huyó de madrugada de Venezuela porque no fue capaz de afrontar la situación, una actitud muy cobarde por cierto. Con él viajaba una maleta repleta de dólares que le permitieron vivir muy bien en España. Lo que sucedió después de su marcha es que regresaron al país muchos jóvenes que estaban entonces en el exilio y un grupo de ellos, muy cercano al Partido Comunista, forma la Tabla Redonda que fue un grupo de intelectuales, escritores y artistas que editó una revista y entre los que se encontraban Manuel Caballero, que era muy antimilitarista y que más tarde se dedicó a estudiar historia y a escribir artículos tremendos contra Hugo Chávez, al que llamaba el héroe del museo militar y Jesús Sanoja, quizá el más comunista del grupo y un excelente prosista o el poeta Arnaldo Costa Bello y Dario Lancini, que cuenta entre sus libros con uno de palíndromos: Oír a Darío”.

- ¿En qué trabaja ahora?
“Reviso todo lo que ha quedado sin publicar con el fin de ver que puedo rescatar o trabajar. Llevo años escribiendo poemas dedicados a Rilke, un poeta que ha sido muy importante para mi. Algunos de estos poemas están publicados pero otros no y toda esa obra es un estudio de años sobre su poesía”.

- ¿Y qué dicen estos poemas?

Explico lo que me pasó con Rilke estando en Barquisimeto con todos aquellos amigos. Días en los que publiqué Cantos iniciales y Salvador Garmendia El parque.

¿ Qué libro recomendaría para iniciarse en su poesía?

“Ninguno”.

- ¿Ninguno?

Rafael Cadenas se ríe.

- ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas?
“Entre otros libros, Vuelta a la patria, de Juan Antonio Pérez Bonalde y los poemas de Francisco Lazo Martí, aunque Martí no es romántico. Con Salvador Garmendia leíamos mucho a Rubén Dario, hasta tal punto que todavía conservo algunos de sus poemas en mi memoria; y el Quijote, cuya lectura dramatizaba Salvador. Otra de mis lecturas era la Historia de la Filosofía, de Will Duran aunque descubrí después que se trataba de un resumen porque la obra original tiene diez tomos, así que lo que hice fue oler la filosofía, que siempre me ha interesado. A veces lamento no haberla estudiado en la Central porque como dice Fernando Savater, es muy importante tener maestros en filosofía”.

- ¿Y qué recuerda de aquellos maestros españoles que conoció mientras estudiaba la carrera?
“Los españoles fueron muy importantes y valiosos en Venezuela en la época de los transterrados. José Bergamín estuvo bastante tiempo con nosotros pero era un hombre que no se encontraba bien en ninguna parte. En cuanto a Segundo Serrano Poncela, de quien más tarde supimos que había fusilado a gente durante la Guerra Civil, se le notaba el peso que sentía por aquellas muertes, aunque siempre fue un buen profesor y escritor. Estaba también Ángel Ronseblat, que fue compañero de algunos de los más grandes filólogos españoles, entre otros”.

- ¿Y cómo llega un poeta a interesarse por la filosofía?
“En mi caso siempre he tenido esa inclinación hacia el pensamiento algo que, por cierto, no se encuentra en muchos poetas aunque la filosofía está muy cerca de la poesía”.

- ¿Venezuela es tierra de poetas o de narradores?
“En este momento creo que hay más poetas que narradores. Quizá sea porque como dijo una escritora norteamericana, es más difícil la prosa que la poesía, una opinión muy diferente a la común y que hace que admire tanto a los que escriben prosa y artículos en los periódicos porque no es tan fácil como piensan algunos, sobre todo los poetas”.

- ¿Por qué?
“Porque el poema puede ser breve, de dos líneas solo, y a mi se me acusa, precisamente, de haber animado a mucha gente a escribir poemas breves pese a que a lo largo de la historia se han escrito así”.

- Entonces, ¿a qué cree que se escriba hoy más poemas que prosa en Venezuela?
“Es difícil saberlo pero ya puestos, quizá sea por influencia de los talleres literarios, que ahora hay muchos en Venezuela”

Evelyn Mesquida: “Un tinerfeño contribuyó a liberar París de los nazis”

Lunes, Octubre 23rd, 2017

Los españoles que formaron parte de La Nueve continúan siendo unos desconocidos en Francia, el país que contribuyeron a liberar durante la II Guerra Mundial, y en España aunque se dan los primeros pasos para que estos hombres ocupen el lugar que se merecen en la Historia gracias a trabajos como el de la periodista Evelyn Mesquida, quien visitó Tenerife para presentar una versión actualizada de La Nueve. Los españoles que liberaron París, un libro en el que destaca, entre otros protagonistas, Miguel Campos, natural de Güímar, Tenerife, y un personaje de novela al que recuerdan con elogiosas palabras quienes lo conocieron, entre otros el jefe de esa unidad, el legendario capitán Raymond Dronne en su libro de memorias.

De “Campos, el canario”, que así los reconocían sus hermanos de armas, y que obtuvo varias medallas por su arrojo y valentía en combate, apenas se sabe más, salvo su lugar de nacimiento, Güímar, y su historial como soldado y alférez en la Nueve. Miguel Campos desapareció meses antes de que finalizara la II Guerra Mundial y se trabaja ahora por esclarecer la sombras que rodean la vida de un hombre tan singular.

La Nueve. Los españoles que liberaron París incluye además del relato histórico y documentación fotográfica, entrevistas con algunos de los supervivientes de La Nueve, testimonios en los que todos coinciden en describir a Miguel Campos, el canario, “como un valiente, alguien muy especial”.

- ¿Qué conocemos de Miguel Campos?
“Tenemos muchos vacíos sobre Campos. Vacíos que vamos a intentar llenar a través de un grupo de investigadores canarios con el fin de conocer cómo fueron sus primeros años en Güímar. Yo lo descubro cuando estaba trabajando en el libro y entrevistando a los supervivientes españoles de La Nueve, que fue la primera unidad que entró y liberó París, y lo ubico primero en 1943, y está comprobado, en África y con el ejército del general Leclerc, quien está a punto de organizar la Segunda División Blindada. Miguel Campos es uno de los muchos españoles que anima a sus compatriotas que sirven en el ejército de Pétain a que se unan al de la Francia Libre. Y ahí ya aparece Miguel Campos como un personaje extraordinario por lo que cuentan de él gente como el capitán Dronne, quien en sus memorias lo llama “Campos, el canario”.

- ¿Y cómo lo recordaban los compañeros supervivientes de La Nueve que usted entrevistó para este libro?

“Coinciden en decir que fue alguien muy especial y que como alférez hizo su guerra. Era el primero en todos los combates”.

- ¿En qué operaciones intervino?
“Miguel Campos obtuvo una de sus medallas –y cabe señalar que los españoles fueron los más condecorados del ejército de Liberación, muy por encima de los franceses– tras dirigir un ataque a un castillo defendido por las SS y capturar a 129 prisioneros y liberar a nueves soldados norteamericanos así como hacerse con material bélico mucho antes de tomar París. El capitán Dronne cuenta que libró otros combates ya que fue un soldado que iba donde otros no querían ir”.

- ¿Qué pasó con Miguel Campos?
“Intento explicarlo en el libro porque es muy complicado. La Nueve se detiene cerca de París porque así se lo ordena el general Patton a Leclerc, pero éste le dice a sus hombres que avancen para ser los primeros en entrar en París, y en ese avance dejan a los norteamericanos a 40 kilómetros de distancia mientras combaten contra los alemanes sin retroceder un paso. Por fin, el 24 de agosto llegan a París y entre ellos se encuentra Miguel Campos, que entra tras la tanqueta Guadalajara. Se sabe que en París celebró la victoria con los españoles de la Resistencia y que volvió a ver al hombre que, al parecer, le salvó la vida en España, pero es unas de las historias que vamos a investigar. Sí conocemos que habían decido regresar a España cuando finalizara la guerra, y que comienzan a recoger material bélico y que Miguel Campos es uno de los que primeros que toma la iniciativa ya que durante ocho meses recogió y escondió material bélico con destino a España al volante de una tanqueta”.

- ¿Hubo más canarios en la Nueve?
“Sí, hay más canarios. Se están elaborando listas y hay bastantes canarios en todo el ejército de combate francés, en ambos, el de liberación y el de Pétain. Campos animó a muchos a que se pasaran al del general Charles de Gaulle. Todos ellos combatieron con el ejército francés en los frentes de Libia, Túnez, Egipto”.

- El gobierno francés ha olvidado tras la guerra el papel de los españoles de La Nueve. Algunos voces dicen también que se han obviado a los marroquíes, senegaleses, belgas y otros extranjeros que combatieron también por Francia…
“Esa opinión es ladina porque esas mismas voces excusan así el todavía ignorado papel de los españoles en Francia durante la II Guerra Mundial. Las otras nacionalidades que formaban parte del ejército francés y que eran más de 30, todas juntas no supera en número de hombres a los españoles. La Guerra Civil finalizó el 1 de abril y más de medio millón de españoles, entre los que marchaban unos 300.000 combatientes, cruza la frontera, esto sin contar los que lograron llegar a África. Estos hombres eran militares y soldados con experiencia bélica, experiencia que Francia aprovechará más tarde. El capitán Dronne dijo que no había visto soldados tan preparados y motivados como los españoles de La Nueve”.

- ¿Qué opinión tenía el general Leclerc de estos españoles?

“Philippe François Marie, conde de Hauteclocque, fue un militar aristócrata que siendo capitán apoyó a la causa de los nacionales durante la Guerra Civil española aunque tras la ocupación alemana de Francia, es el primer oficial que se pone a las órdenes de Gaulle que lo envía a África para que las colonias se pongan del lado de la Francia Libre, y allí conoce a los españoles republicanos con los que va a cruzar una gran parte de África y allí los llama verdaderos combatientes de libertad. El 26 de agosto y durante el desfile de la Victoria, de Gaulle es protegido por cuatro tanquetas que vigilan soldados españoles. Es una orden de Leclerc con doble sentido, uno proteger al general y otro que los españoles también reciban el aplauso de los franceses”.

- ¿Recibieron los supervivientes de La Nueve la nacionalidad francesa tras la guerra?

“Los que entrevisté no se nacionalizaron hasta que contrajeron matrimonio con mujeres francesas. Casi ninguno quiso aceptar la nacionalidad y eso que podían recibirla. Muchos pensaban que tras la II Guerra Mundial iban a regresar a España”.

- ¿Consta que algunos de los supervivientes escribieran sus memorias de la guerra?

“Si no escribo el testimonio directo de los que viven hubiera desaparecido. Sé que Amando Granell comenzó a escribir unas memorias pero falleció en España durante los años setenta en circunstancias muy extrañas”.

- En el libro incluye el testimonio de ocho supervivientes de la Nueve, ¿cuál fue el que más le emocionó?
“Todos, aunque quizá con el que más cercana me siento es con Arrure,un valenciano bruto como él solo pero que despertaba una gran ternura”.

- ¿Cómo llega usted a la historia de La Nueve?
“Yo fui uno de tantos españoles que vino al mundo en una familia de vencidos. Estudié en un colegio franquista y canté el Cara al Sol. A La Nueve la descubrí mientras trabajaba en París, donde me mostraron una fotografía de un grupo de soldados que estaba hecha en Inglaterra y me explicaron que aquel grupo de hombres que llevaba el uniforme norteamericano se trataba de una compañía francesa formada por españoles. Ignoraba la historia y me puse a buscar supervivientes para que me contaran sus experiencias y poco a poco, porque estaban desperdigados por la geografía de Francia, fui dando con ellos”.

- ¿Sabe si los veteranos de La Nueve se reencontraron tras la guerra?
“Se reencuentran en noviembre de 1947 en el entierro del general Leclerc, esta fue la primera y última vez.”

- Tras La Nueve trabaja ahora en un libro sobre lo españoles que combatieron en la Resistencia francesa.
“Con la Resistencia pasa lo mismo que con La Nueve, apenas existen los españoles en la bibliografía francesa. Hace dos años recorrí 21 pueblos de Francia para buscar esa memoria y en cada uno de ellos encontré información que he ido recopilando para demostrar que los españoles de la Resistencia no solo actuaron en el sur sino también en regiones como Bretaña. Y que muchos de los habitantes de esos pueblos aún los recuerdan por su generosidad”.

OBJETIVO: LIBERAR PARÍS

Evelyn Mesquida dice que el 24 de agosto es una fecha que no existe en el calendario que celebra la Liberación de París. Algo extraño porque ese día, y no el siguiente, fue cuando se entró en París, aunque los soldados no fueran franceses y sí españoles. “Fueron los primeros”, comenta la periodista, y el Ayuntamiento de París así lo reconoce desde 2014 en un sencillo acto que se celebra en el jardín de La Nueve. Parece, a juicio de Evelyn Mesquida, que todavía les duele a los franceses reconocer que fueron los españoles los primeros que entraron en París el 24 de agosto de 1944, una ciudad que aún defendían unos 20.000 soldados alemanes fuertemente armados, y que fue un español, el valenciano Amando Granell, el primero que pisó la capital francesa. “Existe una imagen que lo confirma”, dice la autora de La Nueve. Los españoles que liberaron París.

PARA SABER MÁS

La Nueve y los españoles que combatieron en el ejército francés y en la Resistencia cuenta con una bibliografía en español que, afortunadamente, se agranda con el paso de los años. Uno de los primeros libros publicados en español sobre este asunto es el de Antonio Vilanova, español que emigró a Méjico tras finalizar la Guerra Civil, y país en el que escribe Los olvidados. Los exiliados españoles en la Segunda Guerra Mundial. Eduardo Pons Prades es el autor de Republicanos españoles en la II Guerra Mundial trabajo que ha inspirado novelas y la notable novela gráfica Los surcos del azar, de Paco Roca. De amena lectura resultan también las memorias de Serapio Iniesta y que reúne en los volúmenes Flon-Flon. Los republicanos españoles en la Legión Extranjera francesa, París aquel verano: Los republicanos españoles en la liberación de Francia y Pie Negro, que se desarrolla en Argelia.

Saludos, libertad, igualdad y fraternidad, desde este lado del ordenador.