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Evelyn Mesquida: “Un tinerfeño contribuyó a liberar París de los nazis”

Lunes, Octubre 23rd, 2017

Los españoles que formaron parte de La Nueve continúan siendo unos desconocidos en Francia, el país que contribuyeron a liberar durante la II Guerra Mundial, y en España aunque se dan los primeros pasos para que estos hombres ocupen el lugar que se merecen en la Historia gracias a trabajos como el de la periodista Evelyn Mesquida, quien visitó Tenerife para presentar una versión actualizada de La Nueve. Los españoles que liberaron París, un libro en el que destaca, entre otros protagonistas, Miguel Campos, natural de Güímar, Tenerife, y un personaje de novela al que recuerdan con elogiosas palabras quienes lo conocieron, entre otros el jefe de esa unidad, el legendario capitán Raymond Dronne en su libro de memorias.

De “Campos, el canario”, que así los reconocían sus hermanos de armas, y que obtuvo varias medallas por su arrojo y valentía en combate, apenas se sabe más, salvo su lugar de nacimiento, Güímar, y su historial como soldado y alférez en la Nueve. Miguel Campos desapareció meses antes de que finalizara la II Guerra Mundial y se trabaja ahora por esclarecer la sombras que rodean la vida de un hombre tan singular.

La Nueve. Los españoles que liberaron París incluye además del relato histórico y documentación fotográfica, entrevistas con algunos de los supervivientes de La Nueve, testimonios en los que todos coinciden en describir a Miguel Campos, el canario, “como un valiente, alguien muy especial”.

- ¿Qué conocemos de Miguel Campos?
“Tenemos muchos vacíos sobre Campos. Vacíos que vamos a intentar llenar a través de un grupo de investigadores canarios con el fin de conocer cómo fueron sus primeros años en Güímar. Yo lo descubro cuando estaba trabajando en el libro y entrevistando a los supervivientes españoles de La Nueve, que fue la primera unidad que entró y liberó París, y lo ubico primero en 1943, y está comprobado, en África y con el ejército del general Leclerc, quien está a punto de organizar la Segunda División Blindada. Miguel Campos es uno de los muchos españoles que anima a sus compatriotas que sirven en el ejército de Pétain a que se unan al de la Francia Libre. Y ahí ya aparece Miguel Campos como un personaje extraordinario por lo que cuentan de él gente como el capitán Dronne, quien en sus memorias lo llama “Campos, el canario”.

- ¿Y cómo lo recordaban los compañeros supervivientes de La Nueve que usted entrevistó para este libro?

“Coinciden en decir que fue alguien muy especial y que como alférez hizo su guerra. Era el primero en todos los combates”.

- ¿En qué operaciones intervino?
“Miguel Campos obtuvo una de sus medallas –y cabe señalar que los españoles fueron los más condecorados del ejército de Liberación, muy por encima de los franceses– tras dirigir un ataque a un castillo defendido por las SS y capturar a 129 prisioneros y liberar a nueves soldados norteamericanos así como hacerse con material bélico mucho antes de tomar París. El capitán Dronne cuenta que libró otros combates ya que fue un soldado que iba donde otros no querían ir”.

- ¿Qué pasó con Miguel Campos?
“Intento explicarlo en el libro porque es muy complicado. La Nueve se detiene cerca de París porque así se lo ordena el general Patton a Leclerc, pero éste le dice a sus hombres que avancen para ser los primeros en entrar en París, y en ese avance dejan a los norteamericanos a 40 kilómetros de distancia mientras combaten contra los alemanes sin retroceder un paso. Por fin, el 24 de agosto llegan a París y entre ellos se encuentra Miguel Campos, que entra tras la tanqueta Guadalajara. Se sabe que en París celebró la victoria con los españoles de la Resistencia y que volvió a ver al hombre que, al parecer, le salvó la vida en España, pero es unas de las historias que vamos a investigar. Sí conocemos que habían decido regresar a España cuando finalizara la guerra, y que comienzan a recoger material bélico y que Miguel Campos es uno de los que primeros que toma la iniciativa ya que durante ocho meses recogió y escondió material bélico con destino a España al volante de una tanqueta”.

- ¿Hubo más canarios en la Nueve?
“Sí, hay más canarios. Se están elaborando listas y hay bastantes canarios en todo el ejército de combate francés, en ambos, el de liberación y el de Pétain. Campos animó a muchos a que se pasaran al del general Charles de Gaulle. Todos ellos combatieron con el ejército francés en los frentes de Libia, Túnez, Egipto”.

- El gobierno francés ha olvidado tras la guerra el papel de los españoles de La Nueve. Algunos voces dicen también que se han obviado a los marroquíes, senegaleses, belgas y otros extranjeros que combatieron también por Francia…
“Esa opinión es ladina porque esas mismas voces excusan así el todavía ignorado papel de los españoles en Francia durante la II Guerra Mundial. Las otras nacionalidades que formaban parte del ejército francés y que eran más de 30, todas juntas no supera en número de hombres a los españoles. La Guerra Civil finalizó el 1 de abril y más de medio millón de españoles, entre los que marchaban unos 300.000 combatientes, cruza la frontera, esto sin contar los que lograron llegar a África. Estos hombres eran militares y soldados con experiencia bélica, experiencia que Francia aprovechará más tarde. El capitán Dronne dijo que no había visto soldados tan preparados y motivados como los españoles de La Nueve”.

- ¿Qué opinión tenía el general Leclerc de estos españoles?

“Philippe François Marie, conde de Hauteclocque, fue un militar aristócrata que siendo capitán apoyó a la causa de los nacionales durante la Guerra Civil española aunque tras la ocupación alemana de Francia, es el primer oficial que se pone a las órdenes de Gaulle que lo envía a África para que las colonias se pongan del lado de la Francia Libre, y allí conoce a los españoles republicanos con los que va a cruzar una gran parte de África y allí los llama verdaderos combatientes de libertad. El 26 de agosto y durante el desfile de la Victoria, de Gaulle es protegido por cuatro tanquetas que vigilan soldados españoles. Es una orden de Leclerc con doble sentido, uno proteger al general y otro que los españoles también reciban el aplauso de los franceses”.

- ¿Recibieron los supervivientes de La Nueve la nacionalidad francesa tras la guerra?

“Los que entrevisté no se nacionalizaron hasta que contrajeron matrimonio con mujeres francesas. Casi ninguno quiso aceptar la nacionalidad y eso que podían recibirla. Muchos pensaban que tras la II Guerra Mundial iban a regresar a España”.

- ¿Consta que algunos de los supervivientes escribieran sus memorias de la guerra?

“Si no escribo el testimonio directo de los que viven hubiera desaparecido. Sé que Amando Granell comenzó a escribir unas memorias pero falleció en España durante los años setenta en circunstancias muy extrañas”.

- En el libro incluye el testimonio de ocho supervivientes de la Nueve, ¿cuál fue el que más le emocionó?
“Todos, aunque quizá con el que más cercana me siento es con Arrure,un valenciano bruto como él solo pero que despertaba una gran ternura”.

- ¿Cómo llega usted a la historia de La Nueve?
“Yo fui uno de tantos españoles que vino al mundo en una familia de vencidos. Estudié en un colegio franquista y canté el Cara al Sol. A La Nueve la descubrí mientras trabajaba en París, donde me mostraron una fotografía de un grupo de soldados que estaba hecha en Inglaterra y me explicaron que aquel grupo de hombres que llevaba el uniforme norteamericano se trataba de una compañía francesa formada por españoles. Ignoraba la historia y me puse a buscar supervivientes para que me contaran sus experiencias y poco a poco, porque estaban desperdigados por la geografía de Francia, fui dando con ellos”.

- ¿Sabe si los veteranos de La Nueve se reencontraron tras la guerra?
“Se reencuentran en noviembre de 1947 en el entierro del general Leclerc, esta fue la primera y última vez.”

- Tras La Nueve trabaja ahora en un libro sobre lo españoles que combatieron en la Resistencia francesa.
“Con la Resistencia pasa lo mismo que con La Nueve, apenas existen los españoles en la bibliografía francesa. Hace dos años recorrí 21 pueblos de Francia para buscar esa memoria y en cada uno de ellos encontré información que he ido recopilando para demostrar que los españoles de la Resistencia no solo actuaron en el sur sino también en regiones como Bretaña. Y que muchos de los habitantes de esos pueblos aún los recuerdan por su generosidad”.

OBJETIVO: LIBERAR PARÍS

Evelyn Mesquida dice que el 24 de agosto es una fecha que no existe en el calendario que celebra la Liberación de París. Algo extraño porque ese día, y no el siguiente, fue cuando se entró en París, aunque los soldados no fueran franceses y sí españoles. “Fueron los primeros”, comenta la periodista, y el Ayuntamiento de París así lo reconoce desde 2014 en un sencillo acto que se celebra en el jardín de La Nueve. Parece, a juicio de Evelyn Mesquida, que todavía les duele a los franceses reconocer que fueron los españoles los primeros que entraron en París el 24 de agosto de 1944, una ciudad que aún defendían unos 20.000 soldados alemanes fuertemente armados, y que fue un español, el valenciano Amando Granell, el primero que pisó la capital francesa. “Existe una imagen que lo confirma”, dice la autora de La Nueve. Los españoles que liberaron París.

PARA SABER MÁS

La Nueve y los españoles que combatieron en el ejército francés y en la Resistencia cuenta con una bibliografía en español que, afortunadamente, se agranda con el paso de los años. Uno de los primeros libros publicados en español sobre este asunto es el de Antonio Vilanova, español que emigró a Méjico tras finalizar la Guerra Civil, y país en el que escribe Los olvidados. Los exiliados españoles en la Segunda Guerra Mundial. Eduardo Pons Prades es el autor de Republicanos españoles en la II Guerra Mundial trabajo que ha inspirado novelas y la notable novela gráfica Los surcos del azar, de Paco Roca. De amena lectura resultan también las memorias de Serapio Iniesta y que reúne en los volúmenes Flon-Flon. Los republicanos españoles en la Legión Extranjera francesa, París aquel verano: Los republicanos españoles en la liberación de Francia y Pie Negro, que se desarrolla en Argelia.

Saludos, libertad, igualdad y fraternidad, desde este lado del ordenador.

¡¡¡Viva Méjico (con jota)!!!

Jueves, Octubre 19th, 2017

“Tengo el honor de informar a usted –decía un general a quien pidieron noticias del paradero del rebelde– que Francisco Villa se encuentra en todas partes y en ninguna”.

(¡Vámonos con Pancho Villa!, Rafael F. Muñoz, colección Austral, Espasa-Calpe, 1949)

La mayoría solo conoce de la Revolución Mejicana la imagen folclórica que el cine norteamericano ha mostrado de un proceso tan trascendental en la Historia de las Américas durante los primeros años del siglo XX.

Sin embargo, y como en todo gran proceso violento y transformador, se ignoran las historias que hay detrás de cada uno de los hombres y mujeres que al margen de vestir modestamente y caminar sobre alpargatas, se lanzaron a la guerra para reclamar mejores condiciones de vida en un país que tras la independencia de España no dejó de conocer guerras y más guerras internas y con su vecino del norte.

Para hablar de sus hombres y también para desmitificar a sus héroes y capitanes, en concreto Pancho Villa, Rafael F. Muñoz escribió una novela que el paso del tiempo ha convertido en un clásico no solo de la literatura sobre la Revolución sino sobre la literatura en general, con el título de ¡Vámonos con Pancho Villa!, publicada en 1931, y en la que se mezcla realidad y ficción sin que el lector aprecie la diferencia entre lo que sucedió tal y como se cuenta de lo que solo es una recreación imaginaria.

Rafael F. Muñoz, periodista y escritor y uno de los cabecillas de lo que se conoce como novela revolucionaria, ofrece un retrato sobre el legendario guerrillero con sus luces y sus sombras. Consciente de que Villa fue un hombre. Un hombre especial, pero hombre al fin y al cabo, feroz no solo contra el enemigo sino también con los suyos.

Para brindarnos este retrato cruel por humano del revolucionario, Rafael F. Muñoz presenta en el libro a seis campesinos que se suman a las tropas villistas bajo el nombre de Los leones de San Pablo. De este grupo, solo el mayor de todos ellos, Tiburcio Maya, llegará con vida a las páginas finales tras ver como su mundo se desmorona por causa de la guerra y por causa del hombre al que sigue: Pancho Villa, en una serie de encuentros y desencuentros de los que se sirve Muñoz para narrar, entre otros, algunas de las campañas más conocidas del general como fue cruzar la frontera y arrasar la población de Columbus, en Nuevo Méjico, y su retirada estratégica ante la expedicìón punitiva del ejército norteamericano al mando del general Pershing por el estado de Chihuahua.

El protagonista de la novela, Tiburcio Maya, asiste como soldado en cada uno de estos combates y a través del mismo se explica la admiración que cada uno de los hombres que combatían al lado de Pancho Villa sentían por su jefe.

Un jefe contradictorio, de origen humilde como la mayoría de los hombres que formaban parte de su ejército, y que a lo largo de su vida militar llegó a recelar incluso de los suyos, lo que le llevó a ordenar ejecuciones de inocentes para medir la fortaleza y la lealtad de algunos que lo rodeaban.

¡Vámonos con Pancho Villa! fue usado como guion cinematográfico para la película del mismo nombre realizada en 1935 y que está considerada como la primera superproducción mejicana. La dirigió Fernando de Fuentes y uno de sus carteles promocionales se ha utilizado para ilustrar este artículo.

Entre otros escritores mejicano, Juan Rulfo sintió especial aprecio por el conjunto de la obra (no es demasiado extensa, apenas dos novelas más, ensayos y unos pocos cuentos) de Rafael F. Muñoz, de quien dice que fue el mejor que representó la revolución mejicana sin olvidar su aliento poético. En cuanto a ¡Vámonos con Pancho Villa”, Juan Rulfo destaca la imparcialidad del escritor en la descripción que hace del general revolucionario, un personaje al que “trata de manera objetiva, sin conmoverse ni exaltarse.”

Desgraciadamente, no es nada fácil conseguir en la actualidad novelas de Rafael F. Muñoz aunque con suerte (y ese fue nuestro caso) se puede uno encontrar con ejemplares de ésta u otras novelas suyas en rastros o librerías de viejo. El ejemplar que tenemos está editado en la colección Austral de Espasa Calpe, en 1949 y apenas supera las doscientas páginas. Páginas intensas y trepidantes, páginas que firma un escritor y periodista con todas sus letras.

Saludos, ándale, desde este lado del ordenador

Fernando Aramburu: “Patria tiene en español una acepción con sabor a cuartelero y nazi”

Martes, Septiembre 12th, 2017

Fernando Aramburu Irigoyen (San Sebastián, 1959) presentó Patria en la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife, una novela que se ha convertido en un auténtico fenómeno de ventas en un país al que las encuestas han acostumbrado a decir que no lee, pero que sin embargo algo debe de leer si se tiene en cuenta que ya lleva vendidas más de quince ediciones.

Algo tiene Patria que ha unificado por una vez la opinión de críticos y lectores, y ese algo puede ser el sobresaliente retrato humano que propone el escritor para contar una historia muy pegada a la realidad: cómo afectó el terrorismo la convivencia de los mismos vascos y al resto de la sociedad española.

Novela sin orden cronológico pero perfectamente seguible y protagonizada por nueve personajes, cada uno de ellos con voz propia, Patria comienza el día en que ETA anuncia el abandono de las armas en un cementerio donde uno de los cuatro personajes femeninos, Bittori, le cuenta a la tumba de su marido asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. Otras novelas de Fernando Aramburu, impulsor de la publicación de las Obras completas de Félix Francisco Casanova (Santa Cruz de La Palma, 1956 – Santa Cruz de Tenerife, 1976) este año en Demipage son Vida de un piojo llamado Matías, El trompetista del Utopía, Ávidas pretensiones y Viaje con Clara por Alemania.

- Patria es el único de sus libros que no tiene un título compuesto.

“Es verdad que no había publicado antes un título con una sola palabra pero titular esta novela como Patria fue una decisión arbitraria como tantas otras en tu vida, aunque cuando las conviertes en práctica se hacen normas.”

- ¿Y por qué Patria?

“Porque fue lo primero que escribí, Patria, si bien el significado tiene connotaciones que no siempre son positivas en la lengua española, que la define con cierto sabor cuartelero o, como yo la he vivido, con cierto regusto nazi, bastante nazi he dicho. Esta fue una de las razones por las que el editor de la novela en alemán y yo acordamos que se publique en esta lengua con la palabra en español ya que traducido literariamente sonaba mal. Patria, de todos modos, tiene otras acepciones, algunas de ellas amables porque tiene relación con el espacio del que venimos, que es donde nacimos, sentimos y donde probablemente también nos enseñaron a leer, a leer el primer verso quizás. Esta vinculación con un espacio es perfectamente natural en el ser humano se quiera o no y esa acepción de Patria me parece amable; luego hay otras, cuando sacraliza ese espacio y lo convierte en una utopía, en un objetivo a cumplir a toda costa e imponiendo un filtro por el que solo pasan determinados ciudadanos con, pongamos de ejemplo, ojos oscuros y que son los genuinos porque tienen también el color de piel obligatorio. Creo que éstas y otras acepciones están incluidas en mi novela, como esa Patria vasca en la que a unos personajes les ocurren cosas. Algunas agradables y otras desagradables.”

- Pero sintió la necesidad de escribir escribir esta novela.

“Tuve una necesidad imperiosa de expresarme y compartir con los posibles lectores historias y sensaciones. Algunas de ellas con un componente muy doloroso porque he vivido cerca de ese mundo de víctimas y agresores. De personas que vivieron asustadas y de otras que fueron solidarias.”

- En la novela, tienen mucho peso los personajes femeninos, todos ellos muy por encima de los masculinos.

“En Patria hay nueve personajes y como quien coloca las piezas del tablero de ajedrez, cuatro son mujeres. Cuatro mujeres con mucho carácter porque conozco esa cultura de la mujer que gobierna la casa y decide aunque tenga un problema relativo porque es la que se dedica al hogar. Estos personajes no son fruto de la fantasía sino que están sacados de mi experiencia personal, de mi experiencia directa cuando vivía en el País Vasco.”

- Además de la madre, otro elemento que cuestiona en la novela es el papel que ha desarrollado la Iglesia en la sociedad vasca.

“La novela no va en contra de la Iglesia sino contra un sacerdote en concreto que es capaz de defender la violencia pero no todos los curas vascos son así.”

- Cuentan que cuando inicia una novela y llega a la página 50 es el momento en el que decide si seguir o no con ella. ¿Cuándo le pasó con Patria?

“Para entender porque hago estas cosas hay que entender el tipo de persona y escritor que soy. Soy una persona muy meticulosa en el trabajo y manejo una serie de normas, una de ellas es que si llegó a la página 50 es que la voy a terminar y ese es el momento en el que ya no puedo echarme atrás ni plantearme qué voy a hacer si me aburro con ella. Ahora mismo no recuerdo exactamente en que momento me pasó con Patria porque no escribo con un orden cronológico pero sí que pienso siempre en el lector. Procedo de una familia de gente humilde y trabajadora en la que me inculcaron la idea de terminar lo que se empieza. Así que cuando escribo y para evitar la tentación de navegar por Internet, me aplico un tratamiento de foca de circo que consiste en darme pequeños respiros durante el trabajo y hacer en ese momento lo que me viene en gana, por lo que al final del día siempre produzco algo, aunque sea poco.”

- Después del título, ¿qué vino antes, la estructura o los personajes?

“Los personajes son lo primero que trabajo porque con ellos tengo la mitad del camino hecho. Luego viene la estructura porque es muy importante. En el caso de Patria tenía tantos personajes que no me pareció aceptable seguir una tradición cronológica, así que me pregunté cómo podría contarla y decidí utilizar la técnica que otorga a cada personaje que sea el soporte de la novela y que sus acciones no tuvieran que ser consecutivas en el tiempo. Y me fue muy útil porque el objetivo era escribir un historia general a través de sus protagonistas. Tenía en la pared mientras la escribía los nombres de los personajes y los capítulos que protagonizarían cada uno de ellos y la escribí así y así fu avanzando. Me permitió poder condensar una novela en la que los narradores intervienen en el momento en que tienen un pensamiento o cosas que decir. Y respeté la voz de cada uno de ellos con sus defectos, ateniéndome a su personalidad y respetando su propio lenguaje lo que hace que el texto sea consciente de que se sirve de ellos para sustentar la narración que trata de ser literaria y creativa.”

- ¿Por cuál de estos nueve personajes siente debilidad?

“No creo, al menos es mi caso, que el escritor se meta en la piel de nadie. El escritor maneja palabras y no personajes reales aunque mi aspiración es lograr que el lector lo olvide y se monte su propia película en la cabeza a través de los símbolos que les doy y que forman parte del territorio de la ficción. Mientras escribía Patria me dejé arrastrar en varias ocasiones por lo que contaba, historias muy tristes que me pedían que descansara, tomara un café para más tarde volver al trabajo. Y sí, tengo una relación bastante personal con Arantxa porque me dio muchas alegrías a pesar de que tiene un destino muy cruel en el libro pero no deja de ser por ello un personaje positivo, que aprender a pesar de sus limitaciones a expresarse y luchar para que los demás se comuniquen. Sí, tengo una relación muy especial con Arantxa.”

- ¿Y cómo lleva el éxito con esta novela?

“No se puede evitar aunque el éxito no estaba presente durante mi trabajo, mientras estaba en mi escribiéndola. El escritor lo que hace cuando termina el libro es enviarlo al editor que será quien la convierta en un libro, un producto, aunque aún en este proceso puedo tomar la penúltima decisión, que es escoger la cubierta del libro y recomendar al editor, como fue el caso de Patria, que sustituyera la letra que tenía al principio, minúscula, por otra con un tamaño más grande y me hizo caso. Llegado a este punto, el escritor ya no puede hacer nada más y el libro deja de ser tuyo para ser de los lectores. Yo trabajo con palabras por lo que lo máximo a lo que puedo llegar es a recibir el agradecimiento de la gente, la opiniones de los que han dedicado parte de su tiempo a leer el libro porque les ha aportado algo. Y eso es lo máximo que puedo llegar como escritor.”

- ¿Continuará explorando el País Vasco en sus próximas novelas?

“No voy a escribir Patria 2 porque lo primero que se me ocurrió en esta novela fue el final, y Patria se encamina a ese final que fue cincelado para que no la cerrase completamente. Continuaré escribiendo de gentes vascas porque hay muchas historias, seguro, pero no publicaré inmediatamente porque se me juzgará por este libro. El éxito también tiene estas cosas, por lo que ahora estoy absorbido con Patria, lo que demorará que publique una próxima novela ya que todo el mundo se apresuraría a analizarla con respecto a Patria. Continuó escribiendo, pero otro tipo de textos y para prensa.”

- Me gustaría que hablara más de ese final que dice que cinceló para no cerrar por completo la novela.

“Es un final amable, en el que se reconoce el mal causado. Creo que estoy protegido de la vanidad, actualmente resido en Alemania, y aprecio el diálogo y el ser capaces de admitir que nos equivocamos. En este sentido, me alegra que la novela se haya convertido en materia de conversación, es secundario que haya o no gustado, porque hay que hablar para que las generaciones venideras comprendan lo que pasó en el País Vasco.”

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Félix Francisco Casanova

Fernando Aramburu siente especial querencia por Félix Francisco Casanova, poeta y escritor tinerfeño que murió demasiado pronto para revelar lo que sus primeras semillas literarias auguraban como prometedora carrera. No había terminado aún la década de los sesenta cuando conoció la obra de Félix Francisco y la revelación fue instantánea porque encontró “un alma gemela” más allá del sur.

“Él era como nosotros queríamos ser: irreverentes, anticonvencionales, surrealistas, propensos a un tipo de humor que admitía con naturalidad las gotas negras”, escribe en el prólogo de las Obras completas del poeta y escritos canario y que ha publicado en 2017 Demipage, y texto en el que explica su deslumbramiento ante una obra que califica de “valiosa por si sola” al no atenerse a tendencias poéticas ni formas métricas regulares.

Para Fernando Aramburu, lo que hizo Félix Francisco Casanova es único. “La ausencia de lastre convencional en sus textos, a un tiempo desenfados y dramáticos, perturbadores y lúdicos, ha impedido que el paso del tiempo los haya deslustrado.”

Saludos, semanas van y van, desde este lado del ordenador.

No, no es otra de piratas

Miércoles, Agosto 30th, 2017

La historia de unos niños que son secuestrados por una banda de piratas y la relación que posteriormente mantendrán en ese barco, el Clorinda, que navega por el Caribe viene a ser el resumen de Huracán en Jamaica, una novela de Richard Hughes que ha sido recientemente editada en Alba Editorial.

No es, sin embargo, la primera vez que se publica en español ya que cuenta con otras ediciones al convertirse de cierta manera en un engañoso clásico juvenil.

Se escribe engañoso porque a pesar de que sus protagonistas sean niños y los piratas personajes sin civilizar, Richard Hughes se detiene en describe la especial relación que se da entre dos miembros de esa ahora improvisada tripulación: el capitán pirata y una de las niñas secuestradas.

La novela cuenta con una excelente adaptación cinematográfica que se tituló en España como Viento en las velas y que dirigió Alexander Mackendrick y protagonizaron entre otros Anthony Quinn y James Coburn.

Viajero y escritor, no fue Richard Hughes un autor demasiado prolífico, aunque con Huracán en Jamaica ha pasado a la historia de la literatura porque supo impregnar y transcribir cómo cambia a todos los protagonistas esta aventura en la que los adultos descubren una ternura que no tenían y los niños a tomárselo como unas divertidas vacaciones sin los padres.

Los niños de esta novela son niños cualquiera. Inocentes, crueles y egocéntricos, y siguen a sus mayores “con el mismo afecto que las gaviotas a un barco.”

Huracán en Jamaica puede leerse también como una novela de aventuras e iniciación, así como una historia de peligrosa atracción amorosa.

Y es a través de esta relación que no tiene ninguna carga de morbo adiposa el eje a través del cual gira un libro en el que su autor se preocupa por describir primero la fascinación que siente el capitán de los piratas, Jonsen, Chávez en la película, por la joven Emiliy, y en sentido inverso la que siente la niña por ese hombre brutal y pendenciero.

Huracán en Jamaica, que fue escrita en los años 20, ha ganado con el paso de los años su espacio entre los clásicos de la literatura universal. Razones no faltan para continuar leyendo el libro o viendo su más que estimable adaptación cinematográfica para comprender que nuestra visión de los problema no se ha hecho más grande sino pequeña con el paso del tiempo.

Otras novelas y cuentos que se pueden encontrar en español de Richard Hughes es El zorro en la bohardilla, una entretenida novela en contra del nazismo y escrita como una alegoría y una serie de cuentos que reúne en los volúmenes En el regazo del Atlas, que transcurren en el norte de Marruecos, y las historias juveniles El perro prodigio.

Saludos, viento en popa toda vela, desde este lado del ordenador.

Brian W. Aldiss, uno de los nuestros

Martes, Agosto 29th, 2017

La literatura británica siempre se tomó muy en serio la fantasía. En todas sus acepciones. Cuenta con maestros en la literatura de terror como Bram Stoker, irlandés, cierto, pero británico aunque sea de provincias; el abismo insondable y cósmico de Machen y Hodgson, entre otros, y la épica ecológica y guerrera de Tolkien. En el campo de la ciencia ficción, marcaron territorio narradores tan talentosos como Wells, Wyndham, J.G. Ballard y Brian W. Aldiss, que falleció el pasado sábado 19 de agosto a la edad de 92 años dejando detrás una obra irregular por productiva, pero en la que cuenta con sobresalientes novelas y cuentos en los que derrocha mucha imaginación.

Brian Aldiss fue de los primeros escritores del género que se atrevió a proponer versiones muy personales de novelas como Frankenstein. El moderno Prometo y La isla del doctor Moreu.

Frankenstein desencadenado fue la primera que leí del autor y la que me animó a continuar con otros trabajos suyos porque su Frankenstein resultó ser una digna aportación al universo gótico que describió Mary Shelley tras la apuesta que se dio en aquella cena legendaria en la villa Diodatti. El escritor regresaría a estas versiones lúdicas que siempre tomaron muy en serio el material original en La otra isla del doctor Moreau, una arriesgada puesta al día de la reconocida novela de H. G. Wells.

Pero estas historias eran eso, solo interpretaciones de un escritor agradecido con sus clásicos, ya que donde Brian Aldiss se crece es cuando se vuelca en la ciencia ficción, aunque más que ciencia, fueran novelas donde la imaginación está por encima de la ciencia.

En este género cuenta con obras como Un mundo desvastado, Invernáculo y Criptozóico y con una novela realista, por decirlo de alguna forma, tan excelente como es Mano dura.

Brian Aldiss fue además un escritor que se manejó muy bien con los cuentos, recopilados en libro como El árbol de la saliva y La estrella imposible. De uno de estos cuentos sacó Stanley Kubrick material para la que sería su próxima película Inteligencia Artificial que más tarde llevaría al cine con más o menos discreto acierto Steven Spielberg.

Con los libros de Brian Aldis se pueden sacar muchas conclusiones al mismo tiempo que nos pone sobreaviso. Era un hombre muy preocupado por el ecologismo y en muchas de sus obras en la que aborda este trema, resulta aún un visionario.

El escritor ocupa junto a Theodore Sturgueon, Bradbury, Wyndham, Ballard y por encima de todos ellos H.G. Wells esa peculiar galería de escritores a los que tanto les debo. Y a los que de tanto en tanto recurro para evadirme del mundo.

Como era de esperar, Brian Aldiss fue despreciado por la crítica pedante, esa que piensa que asomarse a la ciencia ficción es perder el tiempo si quien la escribe no es Orwell o Huxley

No sentirse reconocido por ellos le amargó una tarde, pero él continuó escribiendo fantasía porque se encontraba cómodo fabulando historias que a pesar de sus contexto estaban muy pegadas a la realidad.

La originalidad de un escritor como Brian Aldiss es que casi siempre fue el mismo aunque sus novelas y cuentos contaran historias en escenarios muy diferentes. Si se lee, las preocupaciones en la mayoría de ellas son similares y eso ayuda al lector a reconocerse en ellas y a tomar conciencia de hacía donde vamos si continuamos jugando con lo que tenemos.

El hombre, ya lo dijo alguien, es demasiado insignificante para creer que puede ser Dios.

Saludos, hasta la pròxima, desde este lado del ordenador.

Dos superviviente del ‘Medusa’ dan sus impresiones sobre Santa Cruz de Tenerife en 1816

Lunes, Agosto 14th, 2017

En la historia negra de los siete mares el naufragio del Medusa ocupa un siniestro puesto de cabecera. La fragata zarpó junto con dos corbetas y un bergantín de la isla de Aix el 17 de junio de 1816 rumbo a Senegal, posesión que regresaba en aquellos días a manos francesas tras un tiempo bajo dominio británico.

La falta de experiencia del capitán del Medusa, M. Hugues Duroys de Chaumareys, un antiguo exiliado monárquico que llevaba más de veinte años sin navegar, hizo que su navío perdiera a los otros y que tras dieciséis días en el mar, embarrancase el 2 de julio de 1816 y sobre las tres de la tarde frente a la costa de Mauritania o Senegal, según las fuentes.

A partir de ese momento comenzó una de las tragedias más terribles y siniestras de la marina francesa ya que la fragata no contaba con suficientes botes salvavidas, lo que obligó a improvisar una balsa en la que se apretujaron 147 personas a las que se abandonó a su suerte cuando el capitán del Medusa, Hugues de Chaumareys, dio la orden que se soltaran las amarras que la unían a los botes salvavidas.

“En el primer momento no creímos realmente que nos habían abandonado de manera tan cruel”, recuerdan Alexandre Corréard y el cirujano Jean Baptiste Henri Savigny, dos de los supervivientes de la balsa en el libro El naufragio de La Medusa (Senegal, 1816), editado por Ediciones del Viento (2014) con traducción de Juan Carlos Martínez.

El libro narra los trece días de batalla por la supervivencia que se vivió en la balsa. Primero, por ocupar y mantener un espacio y más tarde al ser acosados por el hambre y la sed.

“Una sed ardiente” que los llevó a consumir su propia orina como a cometer actos de canibalismo.

Cuando los náufragos de la balsa fueron encontrados por la fragata Argus, de los 147 hombres solo quedaban con vida quince, cinco de los cuales fallecieron antes de llegar a tierra. Entre los supervivientes estaban los ya mencionados Alexandre Corréard, ingeniero de Artes y Oficios, periodista y geógrafo y el cirujano Jean Baptiste Henri Savigny.

El libro en el que cuentan su versión de los hechos incluye además del viaje y el relato del naufragio del Medusa cómo se reintegraron a la vida civil tras ser rescatados aunque por sus palabras se deduce que no fue nada fácil la adaptación porque desde ese momento fueron marcados con el signo de la sospecha.

Esta es una de las quejas que más se repite en estas memorias escritas con un lenguaje sencillo que a veces cae en el arrebato chauvinista. Fracasa, en este aspecto, cuando pretende ser una narración objetiva de hechos.

Leído como lo que fue, un terrorífico relato de supervivencia y el deseo de adaptación al que tenían derecho tras sobrevivir a tan dramática experiencia, el libro cuenta con chispeantes descripciones de Santa Cruz de Tenerife, puerto en el que recaló la flotilla días antes de que se produjera la tragedia.

En estos fragmentos los autores elaboran un discurso atractivo pero a la vez contradictorio. Sacan también a relucir lo peor del chauvinismo francés, al reivindicar el valor de los nativos de este país aunque tiene mucho interés, si se entiende con distancia, las impresiones que su mirada refleja de esa isla y de ese puerto del Atlántico.

Mientras se aproximan a Tenerife, los autores describen el protagonismo que tuvieron los franceses durante los ataques del contraalmirante Horacio Nelson a la isla en julio de 1797.

“El comandante decidió enviar un bote a Santa Cruz, una de las principales ciudades de la isla, para conseguir algunas cosas que necesitábamos, tales como filtros y frutas; en consecuencia, durante toda la noche dimos cortas bordadas. A la mañana siguiente costeamos parte de la isla, a la distancia de dos tiros de fusil, y pasamos bajo el cañón de un pequeño fuerte, llamado Fuerte Francés. Uno de nuestros compañeros dio saltos de alegría a la vista de esta pequeña fortificación, que fue erigida en breve tiempo por unos pocos franceses cuando los ingleses, bajo las órdenes del almirante Nelson, intentaron hacerse con la posesión de la colonia. Fue aquí, dijo él, donde una numerosa flota, comandada por uno de los más valientes almirantes de la Armada inglesa, fracasó frente a un puñado de franceses, que se cubrieron de gloria y salvaron Tenerife. Fue ahí donde estos bravos, en un combate largo y enconado, obtuvieron a cañonazos la derrota de este Almirante que perdió allí un brazo y se vio forzado a buscar su salvación en la huida.”

Este capítulo continúa explicando cómo la flotilla costea la isla y en ella dan su parecer sobre Santa Cruz, una villa, escriben, que “nos pareció presentar muy buen aspecto. Juzgamos que las casas eran de bastante buen gusto; creímos ver también que las calles eran grandes y bien alineadas.”

Tras desembarcar un pequeño grupo de hombres en Santa Cruz, conocen “un asunto bien poco honroso para algunos marinos franceses, y que la inflexible verdad nos obliga a publicar para su vergüenza. Se encontraban todavía en Santa Cruz varios infortunados franceses que durante largo tiempo fueron prisioneros de guerra y que, devueltos a la libertad, no habían encontrado aún, después de ocho años, capitán de su nación que hubiera querido admitirlos a bordo para reintegrarlos a su patria.”

En estas memorias, los supervivientes no se cansan de repartir una de cal y otra de arena y es llamativo los contradictorios sentimientos que le despiertan la posibilidad de una isla como Tenerife.

“La vista de Tenerife es majestuosa; toda la isla de compone de montañas enormes coronadas de peñascos temibles por su tamaño y que, en lado norte, parecen elevarse perpendicularmente sobre el mar y amenazar en todo instante con su caída a los buques que pasan cerca de su base. Por encima de todos estos peñascos se eleva el Pico, cuya cumbre se pierde entre las nubes.”

Los supervivientes finalizan el relato de las casi seis horas que pasan en esta “hermosa villa de África” con una desconcertante referencia al carácter de sus habitantes que hace pensar que todo cuanto vemos puede ser distinto.

A.Corréard y H. Savigny se escandalizan por las costumbres “poco laxas, como en todos los países cálidos”, de los santacruceros lo que explica, escriben, que “tan pronto se supo que habían llegado franceses a la ciudad, algunas mujeres se pusieron a las puertas e invitaron a los viajeros a entrar en sus casas con ese acento de voluptuosidad al que el cielo ardiente de África imprime una energía tan viva, y que toda su fisionomía hace comprender de lejos aun a los ojos menos experimentados.”

Esta escena ocurre en presencia de amantes o maridos que, según los autores del libro, “no tienen el derecho de impedirlo, porque la Santa Inquisición lo quiere así, y las legiones de curas que pululan por allí ponen gran cuidado en mantener esta costumbre, indigna de un pueblo civilizado.”

La edición española de El naufragio de La Medusa incluye un anexo con el juicio al que fue sometido el capitán de la fragata, M. Hugues Duroys de Chaumareys, a quien fue declarado culpable del naufragio del navío y de haber abandonado a los hombres de la balsa a su suerte. La sentencia exigió que fuera expulsado de la Marina y que pasara tres años de su vida en una prisión militar.

Los autores

Alexandre Corréard (1788 – 1857) fue un ingeniero de Artes y Oficios, periodista y geógrafo francés. Se embarcó en la fragata Medusa como ingeniero-geógrafo y es uno de los protagonistas del cuadro de Géricault al estar representado como el hombre del grupo principal que tiende su brazo hacia el horizonte.
Jean Baptiste Henri Savigny (1793 – 1843) obtuvo el título de Cirujano en la Universidad de Rochefort y el de doctor en Medicina en la de París. Ejerció como juez de paz sus últimos años en el cantón de Saint-Agnant.

El cuadro

La balsa de la Medusa es un óleo de Théodore Géricault (1791-1824) que representa el instante en el que el grupo de náufragos divisan una vela en el horizonte. En el cuadro, los muertos se encuentran en la parte inferior de la balsa mientras que en la superior, los supervivientes agitan los brazos para ser vistos. El autor de la obra, Théodore Géricault, está considerado una figura singular en el panorama de la pintura francesa y pionero del Romanticismo, ideal que encarnó también en su tumultuosa vida y en su prematura muerte, a los treinta y tres años, a causa de un accidente de equitación. Su estilo se debe en buena medida a las copias de obras maestras que realizó en el Louvre y a una estancia en Italia donde entró en contacto con la obra de Miguel Ángel y con el barroco romano. En 1819 pintó y expuso en el Salón de aquel año, en París, su pintura más famosa: La balsa de la Medusa, que ganó una medalla y produjo una profunda conmoción por ser antitética de las tendencias clasicistas entonces en boga. El óleo de La balsa de la Medusa se expone actualmente en el Museo Nacional del Louvre, París.

(*) En la imagen Théodore Géricault por Alexandre Colin

Saludos, noche, desde este lado del ordenador.