Archive for the ‘Literatura’ Category

Ray Bradbury vino de otro planeta

Jueves, Agosto 22nd, 2019

Hace mucho tiempo que conocí a Ray Bradbury, íntimo de otro Ray, Ray Harryhausen, y nunca me ha fallado. Comencé leyendo primero algunos relatos dispersos y más tarde obras mayores como El hombre ilustrado, Farenheit 451, “si os dan papel pautado, escribid por detrás, cita de Juan Ramón Jiménez con la que el escritor abre esta novela sobre bomberos que no apagan incendios sino que los provocan quemando libros; El vino de estío, El país de octubre, La feria de las tinieblas y unas Crónicas marcianas que prologa Jorge Luis Borges, un entusiasta de la obra de Bradbury, un escritor sin embargo con escasos seguidores de la ciencia ficción ya que consideraban el mundo fabuloso y fabulado de Ray como demasiado literario y, afortunadamente para nosotros, poco científico.

Ray Bradbruy continúa siendo un escritor al que invito a conocidos y desconocidos que descubran si todavía creen posible viajar al pasado para cazar dinosaurios, volar en cohete al espacio exterior o ser un colono en el planeta rojo.

Lo increíble en sus manos se vuleve creíble, y es muy difñicil (a no ser que uno tenga un corazón de trapo) conectar con sus relatos porque la mayoría destilan un humanismo que apenas se da hoy en la literatura, el cine, el arte en general. Pero tiempo al tiempo, porque cambian las ideas que harán poner de moda las novelas y cuentos de un escritor que, sospecho, no fue de este mundo. Es más, creo que vino del mismo planeta que el otro Ray. Ese mismo que está poblado de “románticos sin esperanza”.

Y recordad, el año que viene celebraremos los que estén y también los que no estén el centenario de su nacimiento.

Viva Ray Bradbury

* En la imagen, el escritor sentado en la máquina del tiempo utilizada en el largometraje La máquina del tiempo (George Pal, 1960)

Saludos, es un pájaro, es un avión…, desde este lado del ordenador

Fallece el escritor y poeta José Carlos Cataño

Viernes, Agosto 9th, 2019

El escritor y poeta José Carlos Cataño (La Laguna, Tenerife, 1954) falleció en la madrugada de hoy, viernes, 9 de agosto. Cataño, que desde hace años había fijado su residencia en Barcelona, viajó en junio a la isla para presentar un nuevo libro, Obra poética (1975-2007), editado en Pre-Textos y con prólogo de Ana Arzoumanian, por lo que la noticia de la muerte coge a todos los que le conocieron por sorpresa.

En una reciente entrevista publicada en Diario de Avisos, el escritor y poeta manifestaba que era “un poeta sin libros”, aunque apuntaba que siempre estaba escribiendo, poemas en su mayor parte que guardaba en el interior de una gaveta. O cajón.

José Carlos Cataño se había convertido al judaísmo en Marruecos, y mantuvo siempre una relación de amor y odio con Tenerife y por extensión con Canarias.

En su producción literaria se mezcla la novela, con la poesía y el ensayo aunque si se le preguntaba, solía decir que se sentía más poeta que otra cosa. Entre sus poemarios se encuentran títulos como Disparos en el paraíso, El cónsul del mar del Norte, El amor lejano. Poesía reunida, 1975-2005, Lugares que fueron tu rostro y en 2019 Obra poética, 1975-2007, libro que como ya se dijo presentó en Tenerife el pasado junio en un acto que fue presentado por el también poeta y escritor Iván Cabrera Cartaya.

Como narrador fue autor de Madame y De tu boca a los cielos. También de la novela El exterminio de la luz, que escribió junto a Carlos Eduardo Pinto y que firmaron con el heterónimo Pórfido Santos Johns, que obtuvo el premio de edición Benito Pérez Armas en 1974.

Como ensayista destacan los textos Cien de Canarias. Una lectura de la poesía insular entre 1950 y 2000, Casi tal cual. La fotografía de Humberto Rivas y Algunas mínimas de José Carlos Cataño frente al volcán de la isla de Corvo.

José Carlos Cataño fue autor también de una colección de diarios que inició con Los que cruzan el mar. Diarios, 1974-2004 y que continuó en De rastros y encantes, La próxima vez (2004-2007) y La vida figurada (2008-2009).

Lo entrevisté, y quiero pensar que lo conocí, a raíz de la publicación del segundo de estos diarios. La noche anterior había presentado la obra y después del acto se había ido de cena con un grupo de amigos, por lo que, confesó, se sentía con resaca lo que no fue obstáculo para que se explayara a lo largo de una conversación en la que se habló de literatura, de amistades que él creía traicionadas y de judaísmo, religión que profesaba desde finales de los años setenta.

Respecto a su visión de las islas desde la distancia apuntò que a veces las observaba “con mucho dolor por su nivel político, los casos de corrupción en las instituciones, el falso nacionalismo canario” pero también con agrado “por lo que está haciendo mucha gente joven que desde el punto literario escribe muy bien y cuenta con una formación muy bien armada. Me fastidia mucho que no se conozcan fuera de Canarias el trabajo que hacen. Como me fastidia que no se conozca en la península a poetas como Maccanti y Padorno, entre otros”.

Abro al azar su ya último libro publicado en vida, Obra poética, 1975-2007, y me aparece un poema que en parte sintetiza al poeta y al hombre que fue José Carlos Cataño:

El resentimiento

El resentimiento
No es más que el goce de un anticipo,
Tocar ahora lo postergado.
Entonces no era el momento.
Lo único tangible
La penuria de la carne,
Que vuelve plena en la creencia
De un futuro ya asestado.

José Carlos Cataño: “Si pretendo ser algo es poeta”

Viernes, Agosto 9th, 2019

José Carlos Cataño (La Laguna, 1954) presentó a finales de diciembre en Tenerife La próxima vez (2004-2007), segunda entrega de los diarios que inició con Los que cruzan el mar (1974-2004), y que constarán de dos entregas más si el entusiasmo por esta fórmula en la que puede ser poeta y narrador a la vez, no se extingue en un escritor marcado por un doble, y probablemente premeditado, exilio. Cataño, que además de cultivar la poesía, la narrativa y el ensayo, también ha celebrado exposiciones individuales de dibujos y fotocollages, es autor de El cónsul del mar del Norte, A las islas vacías y Lugares que fueron tu rostro (poesía) y las novelas El exterminio de la luz, que escribió junto a Carlos Eduardo Pinto y que firmaron con el heterónimo Pórfido Santos Johns, que obtuvo el premio de edición Benito Pérez Armas en 1974; Madame y De tu boca a los cielos, entre otros títulos. Desde enero de 2009 es miembro honorario de la Academia Canaria de la Lengua.

- Poeta, escritor…

- Yo creo que soy poeta. Un poeta que ha hecho incursiones en narrativa y la novela donde he sintetizado mi relación con la isla aunque la pulsión por la prosa la tengo ahora encauzada hacia los diarios porque es un género que te permite la reflexión psicológica, el poema y el pequeño relato ya que un diario no deja de ser pequeñas historias de un día. No creo que sea novelista por lo que en todo caso, y si se me permite, soy narrador.

- En los diarios que lleva publicados añade algo de ficción o solo reflejan su percepción de la realidad.

- Creo que toda escritura es subjetiva así que mis diario son una reflexión de lo que me pasa pero no diariamente porque hay días que resultan insulsos. Quiero decir con esto que no soy una persona que anota algo todos los días porque muchos de esos días y muchas de esas notas carecen de interés. Mis diarios recogen las vivencias de un día que pasa a convertirse en algo en el que cualquier lector puede verse reflejado y que en principio es mi vida. Sí admito que en Los que cruzan el mar hablo de cosas más cotidianas pero con la edad hay días en los que no saco nada porque no me dicen nada, pero en estos diarios no hay ficción sino el esfuerzo por buscar una estructura en la que existe un principio, un desarrollo y un final.

- ¿Qué le animó a publicarlos?

- Cuando publiqué Los que cruzan el mar me sentía bastante aislado los primeros años en Cataluña y yo siempre he estado muy vinculado al paisaje de las islas porque soy canario, así que cuando escribo el diario es para resarcirme de los ninguneos, del hecho de estar solo, lo que hace evocar y que hable constantemente de las islas. Estas impresiones me la transmitieron además algunos lectores, que me preguntaban la razón de que escribiera tanto sobre Canarias y de ese empeño por recrear sus paisajes, aunque con los diarios reunidos en La próxima vez me he vuelto más correcto.

- ¿Más correcto?, ¿por qué?

- Hay un poeta de aquí que no sale muy bien parado en mis diarios, aunque éste no se ha dado cuenta que un diario es una impresión y no son dogmáticos. Cuando se publicó Los que cruzan el mar se me criticó no por el lado literario sino personal y más tarde me fui enterando de algunas cosas que ese mismo poeta estaba haciendo como impedir que se publicase mi poesía reunida porque ese poeta dijo que Cataño no existe y hacer lo que se ha hecho conmigo es de mafiosos.

- Y todo esto viviendo usted en Cataluña.

- Sí, vivo en Cataluña pero estoy al margen porque no soy catalán ni hablo catalán, por lo que no existo. También en España aunque en Canarias, y de momento, digamos que aún estoy pero eso no evita los vetos que recibo de las editoriales y que por ello a veces me sienta como un personaje de Kafka.

- ¿Es tan poderoso ese veto?

- Mucho. Y entiendo que esa persona tiene derecho a la réplica pero una réplica a nivel literario pero no a pasar la consigna a sus secuaces de aquí, Madrid y Barcelona de que a Cataño ni agua porque eso es para denunciar y pienso hacerlo en un libro porque me parece tremendamente fuerte.

- No he tenido la oportunidad de leer lo que escribió sobre ese poeta pero imagino que tuvo que ser muy duro.

- Fue una opinión del día tal y del año tal en unos diarios donde muestro también mis miserias y me expongo con la carne abierta aunque hay una serie de autores como ese poeta por ejemplo, que me parece un impresentable en muchos aspectos porque es un trepador que incluso ha traicionado los principios que defendía cuando lo conocí en Barcelona, cuando contaba con unos principios que estaban muy bien armados pero con su evolución posterior me dije a mi mismo que la poesía no era eso. No era eso me refiero a necesitar que te aplaudan o que te den un premio o que te hagan hijo adoptivo. Así que lo que me fastidia es que esa persona que va de puro haga precisamente eso. A mi no me digas que solo te interesa la literatura y la poesía cuando estás todo el día trajinando con la agenda para escalar e incluso vetar, como ha sido mi caso.

- ¿Esa explica que en La próxima vez se haya vuelto más correcto políticamente hablando?

- He madurado. Es decir, para que voy a perder el tiempo con esas cosas. En el segundo y tercer volumen volveré de todas formas a los orígenes aunque ya no tengo la inquietud de la juventud.

- Algunos dirán que se ha vuelto más cauto.

- No, no es cautela, es que ya no estoy tan pendiente de determinadas personas. Soy consciente de la cultura en la que vivo porque en una cultura como la francesa o la alemana unos y otros se pueden decir cosas y hay libertad para opinar pero en España, y recomiendo la lectura de El cura y los mandarines, de Gregorio Morán, no. Yo mientras tanto escribo diarios, unos diarios donde creo que debo decir cosas y si eso me granjea enemigos a estas alturas de mi vida no me importa. Es más, me fortalece.

- Pero publicar sus diarios, algo tan personal, revela que usted es una persona sin demasiado pudor.

- En La próxima vez me he cansado de hablar de las noches locas que ya conté en un libro anterior. Así que no son diarios íntimos en el sentido estricto de la palabra sino una mezcla de varias cosas. En La próxima vez escribo más sobre literatura, mi vida, los paisajes que me rodean, por lo que más que una falta de pudor son un grito, solo que ahora he decidido silenciar ciertas cosas porque ya las he contado muchas veces.

- El título de Los que cruzan el mar tiene algo de exilio…

- Me marché de Tenerife en 1974 para estudiar en la península por lo que ahora, es cierto, me siento desarraigado aunque descubrí en el judaísmo de la diáspora no en el sionista, un sistema de vida que se ajustaba a mi, y por eso me hice judío, un judío de la diáspora porque si bien amo a Canarias, aquí ya casi nadie me conoce y en Barcelona, que es una ciudad en la que me siento muy a gusto, no siento que pertenezca a ella. Y ese sentimiento lo conjugo con la filosofía judía que dice que el judío es alguien que se desplaza constantemente y que está en todas partes aunque, por otra parte, defiendo el sionismo porque defiendo Israel aunque no me gustaría vivir en Israel.

- ¿Cómo ve a las islas desde la distancia?

- A veces con mucho dolor por su nivel político, los casos de corrupción en las instituciones, el falso nacionalismo canario, pero también gratamente sorprendido por lo que está haciendo mucha gente joven que desde el punto literario escribe muy bien y cuenta con una formación muy bien armada. Me fastidia mucho que no se conozcan fuera de Canarias el trabajo que hacen. Como me fastidia que no se conozca en la península a poetas como Maccanti y Padorno, entre otros.

- ¿Y por qué no se los conoce?

- Porque lo que no pasa por Madrid no existe. Luis Feria, Juan Pedro Castañeda en narrativa; Isaac de Vega, son tantos los nombres y seguimos siendo como una gente extraña, que no existe más allá de las islas.

- Si no me equivoco, usted intentó poner solución a esto organizando una serie de encuentros de escritores canarios en Barcelona. ¿Qué sucedió con aquella iniciativa?

- Pues que fracasó por razones políticas. El ciclo se denominó El papel de Canarias y tuvo una buena acogida porque se quería conocer nuestra literatura y llevé a Barcelona a escritores como Manuel Padorno, Arturo Maccanti e incluso a Isaac de Vega con la finalidad de presentar la literatura canaria. El ciclo duró tres años pero tras un cambio de gobierno se decidió quitarlo aunque resultara barato, justo en el momento en que estaba suscitando el interés porque el invitado canario lo entrevistaba un escritor catalán. Con todo, pienso que fue una experiencia muy positiva.

- Pero hablemos de resultados, ¿cómo entendían esos escritores catalanes a los escritores canarios?

- Pues me decían que estaban sorprendidos y celebraban su nivel poético y se preguntaban por qué sus libros no estaban distribuidos en la península. Claro que la distribución es uno de los grandes problemas de las islas.

- ¿Y qué son las islas para usted?

- Las islas forman parte de mi ser y si bien decía antes que el Mediterráneo era un charco comparado con el Atlántico, ahora ya no pienso igual porque el mar es igual en todas partes, es universal. Aún así, yo crecí aquí y veo los riscos y se me ponen los pelos de punta porque forman parte de mi educación estética.

- Antes comentaba que habrá nueva entrega de sus diarios tras La próxima vez…

- Está pendiente publicar la tercerea entrega, La vida figurada, que corresponde al 2008-2010 que están esperando un editor…

- ¿Purga mucho sus diarios antes de publicarlos?

- Mucho pero eso es porque cuentan con una estructura novelística y si hay observaciones que a mi no me dicen nada, entiendo que menos para el lector. Hago anotaciones muy primarias y subjetivas que a veces decido eliminar porque no son diarios en el sentido estricto. Los reescribo y me detengo en frases, cambio los verbos.

- Graham Greene decía que no se veía reflejado en ninguna de sus novelas. Que cuando las releía, tenía la sensación de que habían sido escritas por otra persona. ¿Le pasa a usted igual aunque se traten de diarios?

- Hay momentos en que sí, y luego me digo si no será eso atrevido pero un diario no es la vida de un autor porque los diarios parten de tu vida pero no es tu vida. Hay fragmentos en los que no me reconozco, en los que pienso ¿qué he escrito ahí?, pero hay otros en los que me reafirmo y sostengo y si es preciso vuelvo a insistir pero eso sucede incluso en un libro de poesía porque en la medida en que el libro se conforma en un objeto ya deja de ser tuyo y sigues por otro lado.

- Leyendo La próxima vez entiendo que más que un diario son observaciones subjetivas. Que intenta dar razón a su vida, emoción a la rutina.

- Eso es muy bonito. Cuando me fijo en alguien y aprecio que está cansado me llama la atención pero no tanto por la persona sino por lo que entiendo que hay detrás. Igual es un espejo de uno mismo, ¿no? Soy muy pesimista aunque ha vivido muy bien, intensamente, pero tengo una visión –si quieres como la de Pessoa– de tristeza, de que las cosas son inevitables, de que el tiempo pasa y que los amigos se mueren, que te vas quedando solo, la edad… y me pregunto si me queda poco y es inevitable que todo eso se refleje en lo que escribo.

- ¿Cuándo retomará la poesía?

- Por ahora no, pero espero retomarla. Mi último libro de poemas, Lugares que fueron tu rostro, se publicó en 2008 aunque a veces escribo poemas y me gustaría abrir esa gaveta virtual y enfrentarme a ellos porque si pretendo ser algo es poeta.

- ¿Y relatos, novelas?
- Lo he intentado algunas veces pero requiere un esfuerzo que no siento con los diarios porque son microhistorias y hacen que me sienta más cómodo. Tengo, no obstante, una novela pendiente que contar y esa novela es la de mi familia, una novela de iniciación.

(*) Entrevista publicada en las páginas de El Perseguidor, suplemento cultural del Diario de Avisos, el 29 de diciembre de 2014

Adiós al rey, una novela de Pierre Schoendoerffer

Miércoles, Agosto 7th, 2019

Continúa siendo un gran desconocido en España y mucho me temo que sea un escritor olvidado en Francia, país que ha dado notables narradores de aventuras más allá de escuelas y movimientos literarios.

Se llamó Pierre Schoendoerffer y simultaneó a lo largo de su carrera profesional la vida como aventurero, militar y corresponsal de guerra. Veterano paracaidista de la guerra de Indochina y preso tras la derrota de Dien Bien Phu en las cárceles vietnamitas, regresó a la ex colonia francesa para narrar en tercera persona, periodísticamente, cómo los Estados Unidos de Norteamérica se estallaban contra aquel muro de resistencia contra el que años antes se habían aplastado los franceses.

Schoendoerffer se especializó en la literatura bélica con un puñado de trabajos entre los que destaca la novela Adiós al rey, en la que narra el encuentro de un comando británico en la isla de Borneo durante la II Guerra Mundial con un marino estadounidense que se ha convertido en el dueño y señor de las tribus de la zona y al que los británicos invitan a que se una para combatir a lo japoneses. Lo insólito de este encuentro es que finalizada la contienda, el rey se alía con los japoneses que encuentra en sus territorio y que resisten como los últimos de Filipinas contra el ahora invasor ejército británico lo que genera un interesante retrato entre los tres grandes protagonistas de esta historia: el marino que fue rey, el jefe del comando británico con el que combate hombro con hombro para después combatirlo como enemigo, y el oficial nipón que tras ser enemigo, ahora es la mano derecha del señor de esa parte remota de la selva, territorio que pretende que continúe igual de olvidado que antaño con el fin de que sus gentes no pierdan ni su cultura ni sus señas de identidad. Una interesante reinterpretación del Corazón de las tinieblas, también un notable retrato del ocaso colonial a finales de la primera mitad del siglo XX.

Esta novela dio como resultado una película igual de atractiva que la novela, probablemente sea una de las mejores de su director, John Milius y uno de los trabajos más notables de su actor protagonista, Nick Nolte, quien interpreta al monarca de esta historia de héroes reales, de seres humanos en la que se mezclan sentimientos que no son tan contradictorios como el amor a los suyos y al honor en unos tiempos y en una guerra en la que esos ideales ya no funcionan, han quedado caducos.

Si por algo se caracteriza Adiós al rey, la novela y la película de Milius, es que por encima de las naciones, por encima de los países, el protagonista es el soldado que se enfrenta todos los días a la muerte en el campo de batalla. Soldado que se debe a sus camaradas. Una actitud que hoy hace chirriar e incluso tomarse a la broma, pero que marca el carácter de los personajes de este relato que más allá de las escaramuzas bélicas contra japoneses y británicos en las selvas de Borneo, es un canto a la amistad, al respeto de tus compañeros y de los camaradas de armas que luchan al otro lado de la trinchera. Un código de honor que si se traiciona despojará al hombre de todas las cualidades que lo hacen hombre.

Esta y no otra es la principal característica que diferencia la producción literaria de Schoendoerffer de otro gran escritor francés de novelas bélicas post II Guerra Mundial, Jean Lartéguy, este último más radical en sus obras y por supuesto más belicista que el autor de Adiós al rey, quien se preocupa por sus compañeros de armas, por el miedo que se siente al vacío y la soledad de la muerte.

Ya mencioné que el argumento de Adiós al rey recuerda en líneas generales a Joseph Conrad, aunque el escritor francés no conduce a los personajes a su personal corazón de las tinieblas sino que más bien utiliza la hostilidad de la selva y la fiereza primitiva de su guerra para redimir a los protagonistas de un libro que no pierde influencia con el paso de los años, y en el que más que el discurso que propone Schoendoerffer transmite con brillante pulso periodístico los combates contra hombres y contra la misma naturaleza que representa la jungla de Borneo.

Pierre Schoendoerffer, que perdió a su abuelo y su padre en la I y II Guerra Mundial, respectivamente, se convirtió en escritor gracias a las lecturas de las novelas de Joseph Kessel, otro de esos escritores olvidados que cuenta con una prolija producción de novelas de aventuras y viajes, muchas de ellas inspiradas en sus experiencias como enfermero y soldado en la I y II Guerra Mundial, y más tarde como corresponsal de guerra que viajó por medio mundo.

Joseph Kessel fue quien animó a Schoendoerffer a continuar con su carrera, y que formara parte del equipo de filmación en Afganistán de El paso del diablo, película que finalmente dirigió y que dio comienzo a una nueva trayectoria no ya como escritor sino cineasta y en la que cuenta con títulos como Dien Bien Phu, la gran derrota del ejército francés en Indochina, y La sección Anderson, película que recibió el Oscar al mejor documental en 1967, y en la que narra el día a día de un pelotón del ejército norteamericano de exploración por la selva durante la guerra del Vietnam.

La edición que tengo de Adiós al rey está publicado en la legendaria editorial venezolana Monte Ávila en 1970. Se trata de una versión, se anuncia así, de Susana Palermo. El libro se reeditaría años más tarde, a finales de los ochenta, en Versal, con traducción de Juan Gabriel López Guix. Me temo así que hoy resulte muy difícil de encontrar un ejemplar aunque si tienen ocasión de descubrirlo en rastros o alguna librería de viejo y de ocasión, les animaría a que se hiciesen con él porque Schoendoerffer es uno de los últimos grandes escritores de novela de aventuras en el sentido clásico de la palabra.

Después de él, el género no ha vuelto a levantar cabeza, quizá con Paul Theroux y solo a veces, ya que ha terminado siendo absorbido por la literatura de viaje o el reportaje de guerra periodístico.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador

Una pesadilla con olor a algas y salitre

Miércoles, Junio 26th, 2019

Muchos lectores de H.P. Lovecraft ignoran que uno de los escritores que más influyó en su obra fue William H. Hodgson, un escritor de vida extraña que observa el mar con otra mirada. Una mirada metafísica que transforma en pesadilla con olor a algas y salitre.

Algunas fuentes aseguran que Locecraft tomó de él su idea de un cosmos terrorífico, también el de las monstruosas criaturas marinas que aparecen en algunas de sus novelas. Novelas que leídas mucho tiempo después y con otras preocupaciones resultan igual de entretenidas que entonces. Igual o más, porque ahora descubre cosas nuevas, claves que en su momento pasaron desapercibidas. Señales que todavía funcionan sin que haya que hacer un ejercicio notable de concentración.

Los botes del Glen Carrig
fue su primera novela, se publicó en 1907 y en ella ya aparecen las obsesiones de un escritor que continuaría explotándolas en sus siguientes libros.

La principal y más llamativa es el mar. Otro mar en las novelas de Hodgson.

La novela cuenta la historia de los supervivientes del Glen Carrig, quienes en dos embarcaciones llegan tras pasar un manto de niebla a un mar cubierto de algas y una isla extraña, de suelo movedizo, setas gigantes y un inmenso agujero excavado en el centro.

Por la noche, se verán atacados por cangrejos gigantes y unas criaturas que describe con rasgos humanos y de calamar. Esas criaturas salen del mar pero también del inmenso agujero que hay en tierra, lo que desencadena batallas demenciales entre humanos y monstruos. El protagonista de la obra,y cuya historia narra en primera persona, es un pasajero del navío naufragado pero las circunstancias, medirse con el resto de sus compañeros al terror todos los días lo va cambiando, se hace un miembro más de la comunidad en la que se encuentra.

La aparición de un barco varado en el mar de algas y próximo a la isla, y en el que se encuentran otros supervivientes, es otro elemento atractivo de una novela en la que el escritor enfrenta a los protagonistas no solo con las criaturas sino con su capacidad de resistencia para comunicarse con los supervivientes del barco varado y juntos resolver cómo escapar del extraño mundo en el que están anclados.

Escrita con un estilo sencillo, lo interesante de un escritor como Hodgson es su capacidad para inventar extraños territorios y hacerlos creíbles en sus novelas. No se detiene ante el artificio, rechaza cliches y se deja desbordar por su inventiva. Una inventiva trágica, pero en la que sus protagonistas se enfrentan al peligro y no rehuyen ante él.

Es una pena que su obra haya sido tan corta, aunque afortunadamente está traducida al español. Tras Los botes del Glen Carrig, William H. Hodgson escribió La casa en el confín de la tierra, uno de los títulos que determinó el imaginario de H. P. Lovecraft u otra terrorífica fantasía marina, Los piratas fantasmas.

El mar está presente también en la mayoría de sus cuentos.

La última novela del escritor fue El reino de la noche, publicada en 1912, quizá su obra más chiflada y varios relatos protagonizados por Thomas Carnacki, un detective de lo oculto que tienen su gracia.

William H. Hodgson, que se había reenganchado a la edad de 40 años en el ejército británico para combatir por su país en la I Guerra Mundial, murió en el frente en abril de 1918, la muerte que es así de irónica se lo llevó a él y a otro millón de muertos más seis meses antes de que los cañones dejaran de rugir en Europa.

Saludos, loado sean, desde este lado del ordenador

Viajes con Charley, John Steinbeck recorre Norteamérica a lomos de Rocinante

Miércoles, Junio 12th, 2019

Uno de los libros más hermosos de viaje está escrito por un premio Nobel. Un Nobel norteamericano que perteneció, creo yo que más que por entusiasmo de estudiosos que por él mismo, a la generación perdida. Una generación ésta que reunió a los más grandes escritores norteamericanos (y es probable que alguna mujer no vaya a ser que…) de su tiempo, que se dedicaron en sus libros a radiografiar el cuerpo y el alma de un gran país. Se escribe lo de gran porque es grande en extensión y también porque es grande en su espíritu pese al retroceso que parece que vive. Pero este fenómeno involucionista no es solo norteamericano sino también mundial. Es una enfermedad contagiosa que invade no solo a las naciones más pobres de la tierra sino también a las más ricas.

Decíamos pues que uno de los libros más hermosos de viaje está escrito por un Nobel norteamericano. Un escritor por el que particularmente siento cariño y aprecio y que no deja de sorprenderme con sus monumentales obras, muchas de las cuales fueron llevadas al cine con mano maestra; así como por sus crónicas y reportajes, porque también hizo de periodista acompañando a los soldados de su país cuando desembarcaron en Europa para aplastar a la Alemania nazi.

Este escritor, al que todavía no hemos descubierto porque diseminanos pistas no tan vagas como alguno pudiera suponer, es John Steinbeck, y el libro al que me refiero no es Las uvas de la ira ni La perla ni Al este del Edén, novelas que darían para varios artículos escritos más con el corazón que con la cabeza, sino Viajes con Charley, relato en el que el escritor narra su periplo por Norteamérica en una caravana acompañado por su perro, el Charley del título, un viejo caniche francés de pelo azulado que va cogiendo protagonismo en estas páginas a medida que se avanza en la lectura y a medida que el escritor va consumiendo kilómetros y estancias en ciudades y pueblos de ese país del que tan mal se sigue hablando en España. De España habla y bien el escritor en este libro. La caravana que conduce lleva el nombre de Rocinante, el caballo de don Quijote, y recuerda su estancia en Madrid, donde visitó el Museo del Prado.

Viaje con Charley reúne todos los elementos que debe tener un libro de viaje. O al menos tiene todos los elementos que le reclamo a un libro de viaje ya que voy a viajar con el autor y su pequeño Sancho Panza (Charley) por tierras americanas. La obra cuenta así las pequeñas miserias y alegrías del día a día, los encuentros fortuitos que mantiene con algunos de sus paisanos a lo largo de este gigantesco recorrido y sobre todo las observaciones e interpretaciones que hace de los habitantes con los que se va cruzando en su deambular. El libro revela así la diversidad de una nación en continua construcción así como muchas de sus contradicciones, la mayoría de las cuales estaban ahí presentes cuando el escritor emprende este apasionante itinerario a finales de los años cincuenta y principio de los sesenta. No obstante, sí que describe algunos de los cambios que se están produciendo entre aquellas gentes, pero no carga las tintas con el reverso tenebroso del pueblo americano porque en general estamos ante un libro amable. Como amable son todos los libros de viaje que se precien.

Además de los escenarios que retrata y de las gentes con las que mantiene conversación, Viajes con Charley refleja el proceso de transformación que vive el escritor a medida que avanza con Rocinante por las interminables carreteras y autopistas del Norte. En este recorrido, John Steinbeck como si de un don Quijote moderno se tratara se plantea preguntas, muchas preguntas. Estas preguntas cuentan a veces con respuestas y en otras se quedan solo como preguntas. Es interesante la reflexión que propone sobre el viaje, al margen de otras cuestiones, ya que entiende que hay personas que están dispuestas a partir y a vivir en otra parte, a buscar la fortuna, a tener aventuras, y otras que no. El escritor recuerda, en este aspecto, que su país se formó gracias a la enorme emigración que a mediados del siglo XIX se lanzó al Oeste para tener una nueva vida y prosperar, dejando atrás, en el Este, sus casas y sus familias. La búsqueda de todos estos emigrantes, gentes de todas nacionalidades y procedencia social, era la felicidad aunque para conseguirla tuvieron que trabajar duro y seguir adelante sin girar nunca la cabeza para mirar atrás, lo que se dejó.

Dicho esto, volvemos al principio de este texto: Viajes con Charley es uno de los mejores libros de viaje que se hayan escrito nunca. Y no solo por los paisajes naturales y humanos que describe el escritor que hizo camino al andar, sino por cómo narra el lento proceso de transformación que vive a medida que avanza por la carretera y deja pueblos y ciudades atrás. Pueblos y ciudades en donde conoce una amplia galería de personas que componen un fantástico lienzo humano de los Estados Unidos de Norteamérica, territorios tan diferenciados pero que sin embargo permanecen unidos al contar con una tradición común.

Libro de obligada lectura para los que puedan recorrer aquel y otro país, Viajes con Charley es una de esas sorpresas que animan a ser leídas. Se trata de un libro sin demasiadas ambiciones que contiene muchas sorpresas, Casi parece que uno se encuentra al lado del escritor cuando emprende este fascinante pero también cruel viaje que es la vida. Y lo reconcilia, quizá sea lo más importante en mi relectura de este clásico de la literatura, con mi existencia. Por muy sedentaria y alejada de preocupaciones que resulte.

Saludos, viajen con nosotros, desde este lado del ordenador