Archive for the ‘Literatura’ Category

El visitante, una novela de Stephen King

Jueves, Noviembre 8th, 2018

Stephen King tiene notables defectos, entre otros el de producir novelas, antología de cuentos y ensayos de manera febril y fecunda pero cuenta también con sobresalientes aciertos como es el de poseer un estilo envolvente y una capacidad asombrosa para crear personajes creíbles, la mayoría de ellos desarrollados a lo largo de una producción literaria que se articula en torno al fantástico aunque en los últimos años y a raíz del éxito obtenido con la trilogía de Bill Hodges y que forman las novelas Mr. Mercedes, Quien pierde paga y Fin de guardia, combina dos géneros aparentemente distintos como el terror y el policíaco con resultados más que estimables, y terreno que vuelve a explorar en El visitante, título en el que recupera a uno de los protagonistas principales de las tres novelas centradas en Hodges y que aparece a mitad del libro que funciona a modo de híbrido genérico en el que el escritor se mueve mejor cuando escribe atado a la realidad que impone el policíaco que cuando comienza a desplegar el carácter fantástico que lo ha hecho rico y famoso.

Y todo eso pese a que la novela termina inevitablemente convirtiéndose en otra de Stephen King o en una obra redonda, cuidada, que atrapa la atención, pero que no aporta nada nuevo al universo de un escritor que vale su peso en oro.

El visitante resulta así dos novelas. Una primera, en la que se narra con pulso la detención del entrenador del equipo de béisbol de una pequeña localidad al ser acusado de violar y asesinar a un niño; la investigación que a continuación emprende la policía para demostrar que ha encontrado al culpable en tiempo récord porque el escenario del crimen estaba plagado de las huellas dactilares del entrenador y de cómo se desmorona como un castillo de naipes el curso de la investigación cuando el detenido demuestra con pruebas que no puede ser el culpable al encontrarse a kilómetros de distancia del lugar de los hechos para escuchar junto a unos compañeros de trabajo la conferencia de uno de sus escritores favoritos, Harlan Coben.

La segunda parte de El visitante se escora hacia el lado fantástico, ese que ha hecho rico y famoso al escritor, y del que no vamos a revelar mucho no vaya a ser que deseen leer la novela y le reventemos la clave que explica esta extraña dualidad.

No nos ha convencido demasiado sin embargo este segmento, probablemente sea por la solución que aporta el escritor para justificar lo que, aparentemente, era imposible como la bilocalización del entrenador de béisbol que no deja de decir que es inocente mientras su doble hace de las suyas por ahí. Resulta muy interesante el retrato de la descomposición familiar que sufre la familia del acusado y como de la noche a la mañana la rutina de todos los días puede volar hecha pedazos.

Otra de las claves en la que gira las novelas de Stephen King es la redención y como bien saben los lectores del escritor el transitar por el que hace pasar a sus protagonistas para intentar mejorar lo mal hecho riega de demasiados cadáveres las historias que nos cuenta.

La redención se convierte así y otra vez en pieza clave de El visitante, una novela que bucea, aunque apenas araña, la fragilidad de las clases medias norteamericanas y cómo un hecho terrible puede dar al traste con su hasta ese momento cómoda instalación en la comunidad.

Elementos ya habituales en otras novelas del escritor desfilan por las páginas de esta novela como la familia, el doble (¿recuerda alguno La mitad oscura?) y el grupo, generalmente formado por hombres y que acepta que nada es lo que parece en su mundo real cuando alguien, sobre todo una mujer, les abre los ojos para que descubran otros territorios digamos que sobrenaturales. O extraterrestres. El orden los factores no altera el producto.

El visitante no es una de las grandes novelas de este escritor pero sí un eficaz vehículo de entretenimiento, uno de esos libros que cuando los coges hace muy difícil que puedas dejarlo porque simple y llanamente atrapa. Y en esto de atrapar, todo el mundo sabe, o casi todo el mundo sabe, que Stephen King es un fuera de serie.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador

Luis Goytisolo cerrará el Festival Hispanoamericano de Escritores

Miércoles, Septiembre 5th, 2018

El escritor y académico –ocupa el sillón C de la Real Academia Española desde 1994– Luis Goytisolo cerrará el Festival Hispanoamericano de Escritores que se celebra en Los Llanos de Aridane (La Palma) del 18 al 22 de septiembre, impartiendo una conferencia sobre la Barcelona literaria de los años 60 y 70.

Luis Goytisolo es autor de novelas como Antagonía, que fue publicado en cuatro entregas sucesivas y que en 2012, por primera vez, la editorial Anagrama publicó en un solo volumen: Estatua con palomas (1992), Diario de 360º (2000), Liberación (2003), Oído atento a los pájaros (2005) y El lago en las pupilas (2012). También es autor de Fábulas y El porvenir de la palabra, recopilación de ensayos. Autor de una veintena de novelas, ha obtenido el Premio Ciudad de Barcelona, el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa. Por el ensayo Naturaleza de la novela recibió el Premio Anagrama (2013).

Saludos, nos vemos en Los Llanos de Aridante, desde este lado del ordenador

Tal día como hoy…

Jueves, Agosto 30th, 2018

“Pronto –concluyó con apesadumbrado y solemne entusiasmo– moriré a mi vez y dejaré de sufrir como lo he hecho hasta ahora. Pronto se extinguirá el fuego que me atormenta. Ascenderé, triunfante, a mi pira y exultaré de júbilo en la tortura de las llamas. Lentamente su brillo se irá apagando y el viento esparcerá mis cenizas por el mar. Mi espíritu descansará en paz allí donde, si es todavía consciente, todo habrá sin duda cambiado”. (Frankenstein, el moderno Prometeo, Mary Shelley. Edición Manuel Serrat Crespo, colección Libro Amigo, editorial Bruguera, 1980)

La primera vez que leí Frankenstein de Mary Shelley me di cuenta que la novela no tenía nada que ver con las películas que, hasta ese entonces, había visto sobre el personaje y la torturada criatura que nace en su laboratorio. El libro que tenía en mis manos era una edición, sospecho que abreviada, de la obra y estaba editada en Molino. Conservaba el ejemplar hasta hace unos años y en muy mal estado por las continuas relecturas que, desde entonces, hice. Lo mismo pasa con la edición del Drácula de Bram Stoker que en su día publicó la misma editorial, famosa por editar y reeditar las narraciones de Agatha Christie.

Pasado los años, volví a leer Frankenstein en la versión que Manuel Serrat Crespo realizó para la colección Libro Amigo de la editorial Bruguera. Quiero creer que fue uno de los primeros volúmenes editados en España donde aparecía por primera vez el nombre del traductor en portada, lo que daba realce al autor de la traducción o interpretación de este clásico de la literatura británica. El caso es que fue como descubrir de nuevo la novela porque la sensación que me rodeó fue que todo lo que allí se me contaba no tenía nada que ver con lo que había digerido en el legendario libro de Molino.

Releo esa misma edición estos días en los que se celebra el doscientos aniversario de la publicación de Frankenstein y soy consciente que, pese a su tono romántico, la novela sigue respirando la misma emoción que cuando la descubrí. Y que Mary Shelley fue la primera de dar voz al monstruo. Un monstruo que es resultado de centenares de cadáveres cuyas partes se han cosido a su piel. Esa monstruosidad tiene, sin embargo, alma, y resulta a medida que avanzamos la lectura de la obra, más humano que el padre, el doctor Víctor Frankenstein, quien tras renunciar al hijo se niega a entregarle una compañera con la compartir su inevitable marginalidad.

La novela comienza y termina en tierras heladas y está construida, salvo el largo relato de su protagonista, con cartas y diarios. Fórmula que años más tarde imitaría Stoker para escribir la inmortal Drácula, que es el libro que más miedo me ha dado desde que descubrí mi afición por este tipo de literatura. El Frankenstein se Mary Shelley más que miedo lo que me provocó fue pena. Una pena inmensa por ese gigante hecho de retales que comprende que su existencia va a ser la de vagar solo por los campos y páramos de la tierra. O la de perderse en las frías geografías del polo.

Frankenstein o el moderno Prometeo debe ser una novela de lectura obligada para los que sienten atractivo por lo extrañó y sobrenatural, aunque sea ligero ya que todo en esta obra pretende ser real aunque sea mentira su ciencia, esa que explica lo necesario para regresar a la vida después de la muerte, que es la gran obsesión que arrastra Víctor Frankenstein, una obsesión que terminará por volverlo completamente loco.

Dicho esto, rcuerden que hoy, como cualquier día, es una buena ocasión para conocer al personaje a través de la palabra. Las versiones cinematográficas, incluso las pretendidamente fieles como la de Kenneth Branagh, no tienen nada que hacer frente a este clásico de la literatura.

Fantástica o no. He ahí la clave.

Saludos, tres hurras por Mary Shelley, desde este lado del ordenador

Tomás Salvador, el escritor que fue soldado de la División Azul y sirvió en la policía franquista

Miércoles, Agosto 15th, 2018

En este país de papanatas nunca será reconocido con la envergadura que se merece un escritor como Tomás Salvador. Dos manchas, entre otras, afean su impresionante trabajo literario. La primera es que combatió en Rusia y contra el comunismo en la División Azul, a él se debe, de hecho, uno de los mejores libros sobre este cuerpo expedicionario que ya escribió de vuelta a casa y mientras domesticaba como podía los demonios del frente de batalla. La segunda es que Tomás Salvador ingresó en los años cuarenta en el Cuerpo General de Policía, lo que le dio “fama de hombre del régimen” aunque no lo fuera según el también escritor Francisco Candel.

Al margen de que se cuestione su trayectoria vital pero no literaria transcurridos más de treinta años después de su muerte, es momento de recuperar una obra que no ha perdido fuelle con el paso del tiempo y en la que se detecta a un autor adelantado a su tiempo, un visionario que cuenta en su más que digna producción como novelistas con títulos de ciencia ficción (La nave y Marsuf, vagabundo del espacio) escrita la primera ¡a finales de los años 50 en una Espala todavía sumida en una amarga postguerra; policíacos muy decentes y novelas de temática carcelaria como Cabo de vara, en la que describe con atinado empuje literario las condiciones de los presos en las fortalezas prisión de la ciudad de Ceuta a finales del siglo XIX.

Estas apuestas genéricas, todas ellas muy bien escritas y con registros en los que el escritor se manejaba como pez en el agua, hacen de Tomás Salvador un escritor atípico en aquella España imperial de cartón piedra. Sus novelas iban un paso adelante de las de bolsilibros que se vendían en los kioscos, y durante la década de los 50 y 60 disfrutó de cierta popularidad entre los lectores aunque no tanta de una crítica que ya desde ese entonces se aquejaba de molicie intelectual, de cemento armado en su criterio procediera de la derecha totalitaria que gobernaba los destino de España como de una izquierda subterránea que rechazaba cualquier obra que se publicara con sello oficial, más si estaba escrita por un policía.

El hecho de que ambas corrientes por muy opuestas que resultara coincidieran en emitir el mismo juicio sobre Tomás Salvador hace verdad el dicho de que los extremos se tocan. Y en este caso fue así, aunque no creo que sean muchos los que cuestionen la calidad no ya solo literaria sino también humana que emanan de muchos de sus libros, entre otros la extraordinaria División 250, el relato escrito por un soldado que combate en un país que no es el suyo y al que no le importa reflejar el miedo y la cobardía que se le metía en el cuerpo cuando respondía a los ataques de las oleadas y oleadas de las tropas soviéticas o los casos de deserción que se produjeron en la División Azul sin que apenas se tuviera noticia de ellos en España.

En esta magnífica crónica bélica donde todo lo que se describe pasó de verdad, no obvia el regreso a casa de unos hombres que han dejado de ser quienes eran cuando salieron de España y el escaso entusiasmo con el que les recibió Franco, ya en esos años con la mirada puesta del lado aliado tras avistar el fracaso alemán en la guerra.

La producción literaria de Tomás Salvador es copiosa y como toda producción copiosa cuenta con libros sobresalientes y otros realmente insuficientes. Entre los que piden a gritos una reedición para que llegue de nuevo a quien deba de llegar se encuentra la ya citada División 250 aunque desconozco su continuación, Camaradas 74; Cabo de vara y El atentado. Sus incursiones en la ciencia ficción resultan curiosas y merecen una revisión para completistas de la ciencia ficción que se escribe en España, así como sus novelas históricas El arzobispo pirata y Las compañías blancas que están muy bien documentas y como casi todas resultan bastante entretenidas.

Si no se recupera su obra, aunque consta que han habido intentos editoriales, no es difícil encontrarse con algunas de sus novelas en rastros o librerías de ocasión. Si lo encuentran, no dejen de pasar captura tan poderosa. Una vez leído es inevitable pertenecer al club de lectores de un escritor hoy olvidado por la derecha e izquierda de este país de, decíamos al principio, papanatas.

Saludos, hemos dicho, desde este lado del ordenador

Hollywood, la ciudad de los sueños rotos

Miércoles, Julio 4th, 2018

Hollywood ha dado origen a numerosas novelas y cuentos en los que se intenta contar la verdad de la llamada Meca del Cine.

Escritores como Francis Scott Fitzgerald y Budd Schulberg han contribuido con sus novelas y relatos a engrandecer literariamente una industria en la que arte y negocio se mezclan. También los protagonistas que viven y aman en un territorio que convierte los sueños en celuloide. Eso al menos es lo que ocurría en el pasado, hace años, cuando el cine todavía era cine aunque estuviera encadenado a un sistema de producción en el que sus ejecutivos eran los señores absolutos de una geografía que, tal y como la retrata Schulberg en su novela El desencantado (Acantilado, 2004), fue campo minado para escritores con talento.

La novela relata un hecho real, tal real que le costó a F. Scott Fitzgerald prosperar como guionista en Hollywood tras una borrachera histórica que relata con todo lujo de detalles Aaron Latham en Domingos locos (Anagrama, 1971) y en la que Schulberg fue testigo privilegiado.

Esta tragedia norteamericana le inspiró El desencantado, novela en la que realidad y ficción se mezclan con mano maestra.

El desencantado cuenta la historia de un gran escritor olvidado, Manley Halliday, y un joven guionista que son contratados por un productor para que escriban el guión de una película de ambiente universitario. Pese a las humillaciones y sentirse desubicado en Hollywood, Halliday continúa manteniendo el talento que lo convirtió en una estrella de la literatura en la década de los años veinte. Se ha divorciado de su mujer, el amor de su vida, y ahora vive con una montadora de películas que no le pide demasiado. Manley Halliday confía en volver a ocupar las primeras planas de los periódicos gracias a una novela en la que trabaja aunque por desgracia su dependencia al alcohol, del que lleva varios meses alejado, se convertirá en su maldición.

Retrato feroz de Hollywood, El desencantado tiene otras lecturas que enriquecen una novelas que también habla de la nostalgia, el amor, envejecer sin que uno se dé apenas cuenta, la iniciación y el talento, entre otros temas que Budd Schulberg, hijo de uno de los fundadores de la industria cinematográfica, conocía muy bien.

La novela está narrada en tercera persona y se centra en la relación de camaradería que poco a poco va brotando entre el viejo y joven escritor, así como fragmentos del pasado en los que observamos momentos esplendorosos y no tan brillantes de la vida de Manley Halliday, un hombre que se quedó colgado en una época que ahora resulta incómoda por extravagante y derrochadora.

El retrato que ofrece Schulberg de Halliday, un trasunto de Scott Fitzgerald, es generoso y tierno, aunque no por ello oculta las contradicciones de un escritor con enorme talento que no supo enfrentarse a los nuevos tiempos.

El desencantado es literatura de verdad, una novela que enciende emociones y que a ratos conmueve y en otros enfurece. Los personajes están excelentemente diseñados, tienen cuerpo y resultan reales, y la atmósfera, el glamour de Hollywood se refleja con extraordinario realismo. Detrás de toda esa lluvia de serpentinas y confetis de colores no hay absolutamente nada, la industria del cine la dirigen productores sin alma, gente que no ha leído un libro en su vida y que se permite el lujo de explotar a sus autores, escritores a los que paga generosamente aunque no sean guionistas.

Son muchas las voces que han dado su visión de Hollywood pero no conozco a casi ninguna que tenga la fuerza literaria de Scott Fitzgerald y, naturalmente, Budd Schulberg, autor este último de otra novela sobre Hollywood, la notable ¿Por qué corre Sammy?, una poderosa y descarnada autobiografía y de obras tan sobresalientes como Más dura será la caída, Un rostro en la multitud y La ley del silencio, todas ellas llevadas al cine.

Saludos, cámara y acción, desde este lado del ordenador

Jaime Siles: “La poesía es la lavandería y la tintorería del lenguaje”

Lunes, Julio 2nd, 2018

TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge hasta el 9 de septiembre la exposición Enigmas exactos: Carlos Chevilly y la naturaleza muerta moderna, una muestra que no pretende ser una antológica sobre la obra del artista canario pero sí un reconocimiento a su vida y su obra.

En este escenario y sobre su vida y su obra habló el poeta y catedrático de Filología Clásica Jaime Siles (Valencia, 1951) en la conferencia A propósito de Carlos Chevilly.

Confeso poeta metafísico, razones que explica en la siguiente entrevista, Siles es autor de una obra poética que cuenta con libros como Poemas al revés, Semáforos, semáforos, Colección de tapices y Tardes de Salamanca.

- ¿Qué le ha parecido la obra de Carlos Chevilly?

“La impresión que me produce su trabajo es la de un gran pintor metafísico, capaz de dar cuenta de una historicidad muy concreta como es la que le cuesta vivir. Su padre, masón y republicano, fallece en los años 40. Su hermano cae en la batalla del Ebro y él regresa a las islas tras combatir en el ejército nacional –porque es como lo movilizan– durante la Guerra Civil española, hecho que le permite ser profesor numerario y más tarde director de la Escuela de Artes y Oficios. Carlos Chevilly es un espíritu que nos cuenta en su pintura una infinita soledad. Es un hombre que dialoga con los objetos más que que con seres humanos y es un pintor que, siendo originariamente de género, de retratos y bodegones, convierte el retrato en bodegón y el bodegón en retrato. Es decir, que la cosificación del individuo que hacen todas las dictaduras la traslada a la pintura. Me llama la atención además la relación que mantiene con la poesía del momento, especialmente la insular. Ese mundo queda cortado sin embargo en 1936 pero no en su memoria, por lo que se pasa media vida pensando a dónde habría conducido todo aquello si no se llega a interrumpir. Me gusta también su parte teorética, es un hombre culto, que se ha formado bastante bien en la historia del arte y el taller”.

- Algunos lo califican de artesano.

“Eso es una barbaridad porque todo el grupo de Pintores Independientes Canarios (PIC) siendo buenos artesanos fueron unos pintores muy conscientes y con una poética plástica que la sociedad burguesa del momento no estaba dispuesta a apreciar. Por eso, y en el caso de Carlos Chevilly, éste desconfía de la línea y apuesta por el color y la desaparición del paisaje. Casi toda su pintura es de interiores”.

- ¿Es significativa la proyección de su obra?

“Es un pintor todavía desconocido ya que desde los años 70 no se había hecho una exposición. Esta exposición debería de hecho no quedarse solo en TEA Tenerife Espacio de las Artes sino viajar a Las Palmas de Gran Canaria, visitar el Reina Sofía y el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) ya que Carlos Chevilly es un pintor muy digno de atención y de estudio. Un estudio del que se pueden aprender muchas cosas. No soy historiador del arte pero intento comprender su trabajo desde una perspectiva poético filológica. Me conmueve la absoluta soledad y el silencio de su pintura. El silencio de sus objetos”.

- Al margen de la obra de Carlos Chevilly, en algún lado hemos leído que usted se considera un poeta metafísico e intelectual.

“La poesía metafísica es una poesía grave frente a la poesía ligera, más de chanza, más de juerga. La poesía metafísica es una poesía elegíaca y satírica. Se trata de una poesía del tiempo que medita sobre el lenguaje y que resulta necesariamente al final una poesía del pensamiento”.

- ¿Una poesía de minorías?

“La poesía es de minorías y no depende, como dice Carlos Chevilly del fracaso o el éxito de un cuadro o de un poema. El éxito o el fracaso se determina cuando se termina el poema o el cuadro”.

- Otros géneros literarios como la novela tienen más recepción entre el público que la poesía.

“Y no debe de importarnos porque en literatura la poesía, que se diferencia entre muchas cosas de la novela, se diferencia en una que creo que es fundamental en la sociedad de consumo y es que la novela tiene público mientras que la poesía tiene lectores. La poesía es lo que mantiene viva las propiedades del lenguaje. Hablamos gracias a la poesía, cantamos gracias a la poesía y narramos gracias a la novela pero si podemos cantar y tener precisión en un término lingüístico es gracias a la poesía”.

- Pero para usted ¿qué es la poesía?

“La poesía es la lavandería y la tintorería del lenguaje ya que cada generación deja el lenguaje sucio y la siguiente tiene que limpiarlo para que le sirva. Para mi, esta renovación constante del material lingüístico es la misión fundamental de la poesía”.

- No se muestra muy partidario de la novela.

“Es que en este sentido soy borgiano: la novela es un hecho del XIX que termina en la primera mitad del XX. Entre los últimos grandes novelistas están Thomas Mann, William Faulkner y Albert Camus. Ernest Hemingway es un gran autor de cuentos, género que tiene una temperatura próxima a la de la poesía pero soy, en general, mal lector de novela. De Miguel de Cervantes me gustan más las Novelas ejemplares que el Quijote”.

- Hablando de malos lectores, usted defiende que los hay buenos y malos.

“El buen lector es aquel que no va con una idea preconcebida de nada y se pone ante un poema e intenta comprender el punto de partida del autor y a dónde quiere llegar y si lo logra o no. El lector es un colaborador siempre de la obra como el espectador lo es de un cuadro y de hecho es él quien realiza el sentido de un poema o de una pintura. Creo que el protagonista de la literatura no es nunca el autor sino los lectores”.

- ¿Hay buenos lectores en España?

“En España han habido grandes lectores, solo hay que mirar a Cervantes, Quevedo, Góngora aunque pienso que la buena o mala lectura depende de la formación que se tenga en la enseñanza secundaria y en la universidad y hay que reconocer que hoy vivimos en una sociedad muy mercantilizada que desprecia e ignora el papel social de las Humanidades que forman parte de nuestra realidad por lo que al despreciarlas ¿qué sucede? pues que el lenguaje se depaupera y los jóvenes no saben articular frases porque solo juegan con grafías desvocalizadas que al final son solo signos pictográficos. Lo que diferencia a la cultura griega de la egipcia fundamentalmente es que los egipcios tenían pictogramas y con eso no se va más allá mientras que los griegos pudieron extender su cultura porque tenían el alfabeto que habían sacado de los fenicios. Hay que entender, además, cómo se extiende en las escuelas en la época del emperador romano Augusto a través de la lectura, la escritura, la gramática, la poética y la retórica. Si nosotros renunciamos hoy a la verbalización de la realidad nuestra percepción de esa realidad será errónea y eso hay que corregirlo. Y eso se corrige leyendo y escribiendo. La cultura occidental, la griega, la latina y la judía, es una cultura de la palabra y fundamentalmente de la palabra escrita porque cuando se escribe no es lo mismo que cuando se habla. La lengua hablada es mucho más fluida y la que más futuro tiene pero tiene que estar supervisada por la escritura. Hay que hablar y escribir y solo habla bien quien escribe bien y solo escribe bien quien habla bien”.

- Usted es catedrático de Filología Clásica, ¿el griego y el latín son lenguas muertas?

“Nunca he creído que el griego y el latín sean lenguas muertas porque son las lenguas más vivas de todas. Los románticos alemanes, que fueron los primeros que pudieron leer a los griegos en griego, decían que lo que caracteriza a un texto clásico es su inagotabilidad. El problema de la enseñanza del latín y el griego es otro tema. Yo presidí durante ocho años la Sociedad Española de Estudios Clásicos y tuve que vérmelas con el ministro José Ignacio Wert y hablar con todos los grupos políticos en el Congreso de los Diputados. Conseguimos corregir la Ley Wert aunque admito que gran parte del rechazo hacia el latín y el griego es por el esfuerzo que supone su aprendizaje cuando con la mitad de tiempo se puede hablar una lengua moderna. Cuando el estudiante se enfrenta al latín o al griego no pasa de una declinación o una conjugación y piensa así que está perdiendo el tiempo sin darse cuenta que no contribuye de la misma manera pedir un refresco que leer a Aristóteles o Platón. Hemos de conseguir un método de estudio y pedagógico que no sea el clásico y que permita con una economía de tiempo que los estudiantes obtengan unos resultados importantes. Hay que encontrar un sistema similar al método con el que los alumnos aprenden una lengua moderna y creo que ahí tenemos una lucha importante a la que se tiene que sumar una lucha moral. Nuestra sociedad tiene que saber lo que quiere y a donde quiere ir y las lenguas clásicas son un ejemplo de ello, un catálogo y un modelo para formar ciudadanos críticos y democráticos”.

- ¿Como llega a la literatura?

“Publiqué mi primer libro de poemas a los 18 años así que empecé muy joven y de una manera casual, precisamente cuando tuve mi primer choque con la realidad, con la realidad amorosa. En ese momento me vi escribiendo y comprobé que aquello que me causaba tanto dolor si podía darle una expresión, esa expresión me producía un cierto tipo placer. Es decir, que darle forma de poema compensaba el dolor y al mismo tiempo me generaba un placer estético y comunicativo”.

- ¿Y su gusto por el latín y el griego?

“Era un buen alumno de latín y griego y me di cuenta que necesitaba aprender esas lenguas que, al mismo tiempo, estimulaban que me interesara por otras. He traducido libros escritos en griego clásico y moderno, latín, catalán, inglés, francés, italiano, alemán y portugués”.

- Tiene facilidad para los idiomas.

“Una facilidad relativa porque lo que me gusta son los sistemas y ver cómo estas lenguas representan la realidad de forma distinta”.

- ¿Tan distintas son esas representaciones?

“En la medida en que la muerte, por ejemplo, tiene en una u otra un género diferente lo que exige un esfuerzo para ponerse en el lugar del otro lo que, pienso, es más civilizado. Las lenguas enseñan a dialogar, aspecto que los griegos entendieron muy bien con la tragedia griega. Sabían que Homero estaba bien, que te enseñaba a combatir pero tras la lucha y con sociedades y ciudades ya establecidas, aparecen otros problemas y pensamientos como ¿la verdad es una o heterogénea?, ¿quién tiene razón, Creonte o Antígona? La tragedia ática es un sistema educativo que sigue hasta nuestros días”.

- Además de poeta y traductor ha ejercido de crítico…

“Un crítico digamos de apoyo ya que me interesa saber por qué me gusta un texto teatral o literario”.

- ¿Es necesaria la crítica?

“La crítica en los tiempos actuales en los que hay tal producción sirve más bien de cedazo para focalizar una novela, una obra de teatro, una película o un libro de poemas. Su misión sería entonces la de llamar la atención sobre determinadas cosas aunque en mi caso resulta más cómodo porque lo que hago es escribir sobre poesía extranjera traducida que para mi son inoculaciones en el organismo literario español de voces foráneas que ven de otra manera las cosas. Y me gusta observar cómo ha resuelto el traductor determinados problemas que posee el texto y, al mismo tiempo, me gusta comunicar al lector la calidad y las cualidades de ese poema escrito originariamente en chino, turco, inglés o alemán”.

ESCALA EN TENERIFE

Jaime Siles obtuvo la cátedra de Filología Latina de la Universidad de la Laguna en 1983, año en el que todavía se estaba instalando en España el régimen democrático, y centro en el que encontró “un puñado de tipos estupendos y grandes helenistas y latinistas como José Luis Melena y Miguel Rodríguez-Pantoja”.

En el año de la nacionalización de la empresa Rumasa por el gobierno de Felipe González y del lanzamiento por primera vez al mercado del Compact Disc (CD), el poeta y filólogo valenciano compartió veladas con poetas y profesores como Andrés Sánchez Robayna gracias al cual, destaca, conoció a los pintores jóvenes canarios de aquel momento y “a los chicos de la Leyendecker, que trajo a toda la transvanguardia italiana y el arte del pintor checo Dokoupil”. En los ochenta, además, el Colegio de Arquitectos mantenía una actividad cultural constante por lo que su estancia en Tenerife resultó fructífera y muy activa ya que “podía encontrarme en la biblioteca de la Universidad con una edición primera de los poemas de Rilke como charlar horas y horas con los amigos de arte y literatura”.

Según Jaime Siles en Canarias se respiraba entonces un aire mucho más cosmopolita que en la península “esa península de la que venía”.

Las islas parecen de todas formas desbordar a Jaime Siles, quien escribió un poema, Quisiera ser un poeta canario, porque le inspira la tabaiba, el tajinaste, el paisaje de arena negra, el picón y la roca volcánica, elementos que permanecen unidos a su pequeño pero intenso pasado insular en el que trabó amistad con Domingo Pérez Minik, “a quien traté muchísimo. Venía una vez a la semana a casa para charlar y tomarse su whisky con agua Apollinaris. Le dediqué el poema El drago de Tacoronte y asistí al entierro de su esposa”.

Conoció también al ensayista y premio Canarias de Literatura, Sebastián de la Nuez y a los escritores y periodistas Juan Cruz y Fernando Delgado, “los canarios del exterior”, dice.

Pasado el tiempo, llevó un pedazo de Canarias a Austria cuando ocupó el cargo de agregado de Cultura de la embajada de España. La fórmula fue una exposición de jóvenes artistas canarios comisariada por Fernando Castro y en la que el creador plástico más joven era Luis Palmero”, recuerda.

INFLUENCIAS

Jaime Siles cuenta con muchos autores de cabecera. Entre otros, maestros como Vicente Aleixandre, que le dedicó el libro Cartas a Jaime Siles y Antonio Tovar, porque le enseñó “lo que sé de Filología Clásica”.

Entre sus lecturas, el poeta y filólogo valenciano vuelve continuamente a la obra de Elliot, Paul Celan, Ezra Pound, Coleridge… y confiesa su querencia por el barroco, el período más grande de la cultura española. “A los ingleses les pasa lo mismo, cuando han querido dar un salto hacia adelante regresan a Shakespeare y a los poetas metafísicos. Lo mismo pasa en Italia, ya que vuelven al marinismo y un poco antes a Petrarca aunque no es así en Francia, que ha disfrutado siempre de un buen nivel con las vanguardias.

Saludos, sol, sol, sol, desde este lado del ordenador