Archive for the ‘Literatura’ Category

Mi nombre es Hammett, Dashiell Hammett

Sábado, Mayo 28th, 2022

Samuel Dashiell Hammett (27 de mayo de 1894 – 10 de enero de 1961) es uno de esos escritores que si no hubiera nacido habría que inventarlo. Sin él, no se explica la evolución de un género tan realista y preocupadamente social como es la novela negra, la que se distancia de la de suspense, la de crimen en un cuarto cerrado. Y con él, es verdad también, se instauran los clichés que a continuación han ido definiendo a un género que por mucho que insistanh sus detractores hoy goza, como gozó en su tiempo, de excelente salud. De hecho, si quieres hacerte una idea de las sombras que pueblan tu ciudad por pequeña que sea la mejor opción sigue siendo la literatura negra y criminal.

El detective privado con un alarmante problema de salud, el amigo que a la postre no resulta tan cercano y las mujeres que llevan los pantalones porque dejaron las faldas arrugadas en el suelo del cuarto de baño son solo algunos de los elementos que salieron de la máquina de escribir de un hombre que acercó la literatura de crímenes a los lectores publicando sus relatos y novelas por entregas en revistas baratas, publicaciones que se vendían en kioscos junto a periódicos que anunciaban tragedias en grandes titulares y a cinco columnas.

Hammett sabía de lo que escribía, gran parte de sus cuentos y novelas negros están inspirados en muchos de los casos que tuvo que investigar cuando fue detective privado, oficio que le llevó también a romper huelgas y hundir, si así se lo ordenaban, el cráneo de más de un trabajador. Continuó por este camino hasta que se dedicó a la literatura de andar por casa para mantener una familia que siempre vivió a trancas y barrancas. Más tarde simpatizón con ideas de izquierdas que lo llevaron a la cárcel porque se negó a delatar el nombre de amigos y camaradas de partido. Fue allí, mientras cumplía condena, cuando se agravó una enfermedad que arrastró una vez recuperó la libertad y consiguió el cariño de la escritora y guionosta Lilian Hellman. En el cine, si no me equivoco, Hammett ha sido interpretado por actores como Jason Robarts (Julia) y Frederic Forrest (Hammett) y aparece en alguna novela.

Por unanimidad y dentro del gremio de escritores se le sigue considerando como el padre de una literatura bronca, violenta, construida con frases tan cortas como el tableteo de una ametralladora Thompson. Fue elogiado por poetas como Luis Cernuda y escritores como André Malraux y Andé Gide. Raymond Chandler, que fue uno de sus discípulos más aventajados, lo dijo cuando el destino lo condujo a cultivar este tipo de literatura: la llevó sin guantes al arroyo.

Si aún no has leído nada de DH te recomendaría que comenzaras por Cosecha roja, novela que ha dado origen a todo tipo de versiones cinematográficas sin acreditar (Yojimbo, Por un puñado de dóláres, El último hombre); La llave de cristal, que a mi me parece la mejor de todas las que escribió y que cuenta con su propia adaptación al cine y que inspiró otro, Muerte entre las flores) y El halcón maltés, que dirigó John Huston y protagonizó Humphrey Bogart como el duro detective Sam Spade.

Hay otras dos novelas pero no resultan tan negras como el carbón: La maldición de los Dain y El hombre delgado, que está protagonizada por una pareja extremadamente elegante que en el cine intepretaron William Powell y Myrna Loy, como Nick y Nora Charles, y su simpático perrito Fox Terrier, Asta.

También fue el guionista de la serie Agente Secreto X-9, que ilustró Alex Raymond.

No sé a que están esperando si aún no han leído a este clásico, clásico, clásico de la literatura con mayúsculas. A este hombre que no fue ni normal ni corriente y que nos enseñó a través de sus libros que lo negro, solo a veces, resulta demasiado brillante. Tanto, que su destello llega hasta nuestros días con nombre y apellido:

Dashiell Hammett

Saludos, se ha dicho, desde este lado del ordenador

Leamos o no leamos, vivamos

Sábado, Abril 23rd, 2022

Hoy es uno de esos días que son propicios para ponernos cursis. De hecho, ya he recibido algunos mensajitos celebrando el Día del Libro, que es ese objeto inanimado que solo se activa cuando se lee.

Además de celebrar los libros, les recomiendo también que feliciten a los Jorge o Jordi, o George que conozcan porque su santo cae también un 23 de abril

La leyenda dice que fue San Jorge quien venció al dragón, y el dragón puede ser visto o entendido como todo aquel que ataca a los libros aunque pienso en el caballero de la triste figura y recuerdo que fue precisamente la lectura de libros de caballería lo que hizo que se le fuera la pinza.

Un conocido insiste sobre ello, es decir, de lo peligroso que es pasarse la vida leyendo porque así no hay quien viva, ya que se vive la vida de personajes de ficción y no la suya propia.

Me consta que Pepe Carvalho, el detective creado por Manuel Vázquez Montalbán y que este año celebra su 50 aniversario, quemaba los libros de su biblioteca por eso mismo, como reacción a los días que había dedicado a la lectura y que le impidieron vivir la vida. Carvalho comienza primero por tirar a las llamas de su chimenea el Don Quijote precisamente. Un acto poético me dice ese conocido guionista y escritor que ya está un poco pasado de vuelta.

Pensemos en los primeros libros que nos secuestraron el corazón. En mi caso y ya lo he contado en este mismo su blog El Escobillón fue La isla del tesoro, de Robert L. Stevenson y más tarde Guardián entre el centeno, de J.D. Salinger. Tuve mi racha de Ray Bradbury, Theodore Sturgueon y Alfred Bester, entre otros maestros de la ciencia ficción y cómo no, H.P. Lovecraft que es un escritor cuya obra hay que descubrir siendo adolescente. Antes, mucho antes, me había zampado las novelas de aventuras de Emilio Salgari y H.R, Haggard y mucho tiempo después vinieron Ramón J. Sender, Max Aub, Arturo Barea, Agustín de Foxá, Wenceslao Fernández Flórez… Iniciado en la literatura negra y criminal llegué a lo que escribían y después publicaban nacidos en Canarias y encontré en alguno de ellos referencia de los grandes clásicos del género.

Y me dejo a otros muchos en el tintero, cómo escritores/as españoles y canarios, italianos y británicos, norteamericanos y franceses… europeos que se medían en igualdad de condiciones con asiáticos, africanos, neozlandeses y australianos. La literatura es tan grande que me aterra pensar que me iré al otro mundo sin leer ni descubrir a viejos como nuevos escritores/as. Borges decía que se imaginaba el paraíso como una gran biblioteca y en cierto ocasión Juan Manuel de Prada me dijo que él más que escribir lo que le gustaba era leer. Lástima que no pagaran por pasar el tiempo que le quedaba sobre la tierra ocupándolo en lo que más le satisfacía.

En fin, que es verdad que los que leen pierden mucho tiempo leyendo, y que la vida se nos va como un suspiro pero igual nadie ha reparado que mientras leemos nos sentimos eternos. Sobre todo si el libro gusta. Si no gusta, tírenlo a la hoguera.

Hoy es un día para que los que leen se pongan cursis. También una oportunidad para comprar y regalar si procede un libro. Yo recuerdo algunas de mis lecturas y relecturas. Entre las relecturas no sé cuántas veces releí Diez negritos, de Agatha Christie y el Drácula de Bram Stoker que fue una de las pocas novelas con las que pasé miedo. Es decir, que necesitaba descansar la lectura de aquellas cartas y diarios porque sentía que algo maligno estaba destrás, observándome con intenciones aviesas. Guardián entre el centeno fue otro de los libros que mastiqué y digerí no recuerdo ya cuántas veces y así una lista no tan larga como pareciera. Es lo que tiene leer. Lees, te entusiasmas con lo que lees y una vez terminado el libro te olvidas automáticamente de lo leído. O lo recuerdas vagamente.

Afortunadamente tengo todavía la manía de subrayar párrafos, frases con las que me tropiezo cuando cojo alguno al azar en mi nutrida e inútil biblioteca (los libros una vez leídos solo sirven para alimentar el fuego, y mal, por cierto) y pasando las páginas me tropiezo con textos subrayados que me recuerdan lo emocionado que me sentí cuando cogí el lápiz y lo pasé por debajo de esas palabras.

Pero en fin, que hoy es un día especial, de esos que invitan a ser cursi, a celebrar la existencia de un objeto inanimado que solo despierta cuando lo lees.

Saludos, lean o no lean, vivamos, desde este lado del ordenador

Siempre Robert L. Stevenson

Sábado, Noviembre 13th, 2021

Robert Louis Balfour Stevenson, Robert L. Stevenson (Edimburgo, Escocia, 13 de noviembre de 1850-Vailima, cerca de Apia, Samoa, 3 de diciembre de 1894)

“Nací en el año de 18…, heredero de una gran fortuna y dotado además de excelentes partes. Inclinado por la naturaleza al trabajo, gocé muy pronto del respeto de los mejores y más sabios de mis semejantes y, por lo tanto, todo me auguraba un porvenir honrado y brillante. Lo cierto es que la peor de mis faltas no era más que una disposición alegre e impaciente que ha hecho la felicidad de muchos, pero que yo hallé difícil de compaginar con mi imperioso deseo de gozar de la admiración de todos y presentar ante la sociedad un continente desusadamente grave. Por esta razón oculté mis placeres, y cuando llegué a esos años de reflexión en que el hombre comienza a mirar en torno suyo y a evaluar sus progresos y la posición que ha alcanzado, ya estaba entregado a una profunda duplicidad de vida. Muchos hombres habrían incluso blasonado de las irregularidades que yo cometía, pero debido a las altas miras que me había impuesto, las juzgué y oculté con un sentido de la vergüenza casi morboso”.

El dr. Jekyll y Mr. Hyde
Traducción: Carmen Criado
El libro de bolsillo, Alianza Editorial, 1985

Fiodor Dostoievski, bicentenario

Jueves, Noviembre 11th, 2021

Fiodor Dostoievski (Moscú, 11 de noviembre de 1821 – San Petersburgo, 9 de febrero de 1881)

“Mi cólera está sometida a una especie de descomposición química, en virtud precisamente de esas malditas leyes de conciencia. Apenas distingo el objeto de mi odio, he aquí que éste se desvanece, los motivos se disipan, el responsable se volatiliza, el insulto deja de ser insulto y se presenta como obra del destino, como algo semejante a un dolor de muelas, al que todo el mundo está expuesto. Y entonces mi único consuelo es romperme los puños contra la pared. En la imposibilidad de encontrar las causas primeras, renuncio, pues, a mi venganza con un desdén afectado”.

Memorias del subsuelo, Fiodor Dostoievski. Traducción: Mariano Orta Manzano, Editorial Juventud, 1970)

Julio Cortázar

Jueves, Agosto 26th, 2021

No sé si tuvo que ser inevitable pero a veces los caprichos de la fortuna son así, coinciden fechas fundamentales en la historia para que uno venga al mundo con la mirada iluminada y la frente despejada.

Ocurre en el caso de Julio Florencio Cortázar (Ixelles, 26 de agosto de 1914-París, 12 de febrero de 1984) que vino al mundo el mismo día de la publicación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789.

Nosotros, a este lado siempre agitado del ordenador, celebramos la onomástica del escritor de Rayuela porque le debemos muchas cosas.

Una primera, que mi buque insignia lleve el nombre de uno de sus relatos, quizá el más jazzístico de todos sus relatos, El Perseguidor. Otro, que llegara a Cortázar no a través de su novela más requeteconocida ni por sus relatos. No, no, qué va, llegué a este argentino exiliado en París primero por sus traducciones de cuentos de Edgar Allan Poe y de la novela Robinson Crusoe, de Daniel Defoe y más tarde por Los premios que, si no me equivoco (y es casi seguro que me equivoque porque escribo estas líneas con el corazón y no con la cabeza), fue su primera novela. Una novela que, ya ven, me hace evocar las mismas emociones que en su día me asaltaron cuando leí Los argonautas de Vicente Blasco Ibáñez que no tiene nada que ver, que sepa uno, con Julio Cortázar. Si leen ambos libros es probable que descubran esta asociación de ideas que hago mientras mis dedos teclean este texto que si algo quiere, si algo desea, si algo promueve, es que desempolven de las estanterías los ejemplares que tienen de don Julio y se atrevan a meterse en su fascinante universo.

No creo que nadie discuta que Cortázar siga siendo el segundo escritor argentino más conocido de cuantos conocemos. Al primero, Borges, le dedicamos hace unos días un espacio más breve en este su blog porque fue, precisamente, el maestro de los maestros del relato breve. De contar todo en apenas unas pocas páginas.

Solo me queda ahora que estamos de celebración recordando que tal día como hoy vino al mundo el autor de Casa tomada que nunca es tarde para llegar a Cortázar como a ningún autor que se precie. Su obra late con o sin críticas favorables. Ese es el espíritu que perdura, lo que hace no sé si eterno pero sí que aún siga entre nosotros la literatura de un argentino que se fundió con el paisaje de París, dejando en esa capital de sueños posible el amargo aroma del mate recién hecho.

Sonreiría por eso si volviera a leerse, sobre todo porque por una vez desafió su propia profecía, esa misma en la que decía “no puede ser que estemos aquí para no poder ser”… porque él estuvo aquí y fue y sigue siendo a través de su literatura.

Saludos, de alguien que camina por ahí, desde este lado del ordenador

H.P. Lovecraft, la soledad del corredor de fondo

Viernes, Agosto 20th, 2021

No quiso pertenecer a su tiempo. Su tiempo, decía, se se remontaba al XVIII. Se imaginaba, mientras recorría solitarios cementerios, como un caballero de aquel siglo mientras no dejaba de pensar historias macabras, la mayoría de ellas protagonizadas por una galería de criaturas que, tras descansar el sueño de la inmortalidad durante eones, abrían los ojos y despertaban para castigar la cordura de hombres igual de solitarios que, por estudio o aburrimiento, habían convocado a esos titanes leyendo en voz alta las páginas del libro maldito, del Necronomicon, escrito por el árabe loco Abdul Alhazred.

El creador de esa nueva mitología poblada por deidades con nombres impronunciables como Cthulhu y Jog Sothoth, entre otros, fue Howard Phillips Lovecraft (Providence, Rhode Island, 20 de agosto de 1890-Providence, 15 de marzo de 1937), escritor norteamericano que publicó cuentos en revistas editadas con papel de mala calidad en la década de los 20 y 30 del pasado siglo XX y que se convirtió ya en vida en el centro (¿sumo sacerdote?) de un círculo de jóvenes escritores de fantasía que como el mismo Lovecraft, Robert E. Howard y Clark Asthom Smith, entre otros, cambiaron la faz del género.

Llegué a los relatos de Lovecraft y los suyos cuando hay que llegar a sus cuentos, siendo un adolescente. La lectura de aquellas historias me cambió la vida y a mi manera intenté si no convertirme en él, sí en seguir sus pasos creando un fanzine con el que pretendí rendirle tributo y al que se sumó, ya en el segundo número, un amiguito al que conseguí inyectarle el veneno Lovecraft. Un veneno realmente activo a una edad en la que comienzas a vislumbrar lo solo que permanecerás toda tu existencia.

Luego te haces mayor y dejas abandonado al bueno de Ech-Pi-El en cualquier rincón aunque de tanto en tanto ojeo sus libros intentando encontrar sin resultado el adolescente que una vez fui.

El caso es que hace unos meses intenté volver a sus historias y tuve que dejarlas a la mitad. De pronto me parecían pesadas y hasta pretenciosas. Me asqueaba la cobardía que define a todos sus personajes que suelen ser los mismos, estudiantes o investigadores que llegan a Ismouth o Arkham buscando respuestas y que terminan por abrir puertas a otros mundos que, aquí y entre nosotros, mejor era no haber abierto.

En aquella edad que llaman del pavo me leí prácticamente todo Lovecraft publicado en español. Aún conservo esos libros, en editoriales tan variopintas como Alianza, Caralt, Bruguera…

Primero llegué a HPL por Los mitos de Cthulhu y luego continúe con recopilaciones de relatos, El color que cayó del cielo, Las montañas de la locura (que a mi me sacudió, me dio por dentro, me convirtió a la hermandad lovecraftiana aunque ahora no quiera leer sus libros) mientras imitaba su universo con una serie de relatos que me dan vergüenza ajena pero en los que se observa a un niño pretencioso que ya divisaba, como certeramente entiende Michel Ouellebecq en su ensayo sobre el escritor, lo que iba a ser su lucha personal “contra el mundo, contra la vida”.

Superada la etapa Lovecraft, algunos no la han superado todavía porque no resulta fácil asesinar el síndrome de Peter Pan, todos los años me veo sin embargo en la obligación de escribir unas líneas no tanto en su recuerdo sino por lo que significaron sus cuentos en una etapa clave de mi vida. Vamos, que a través de HPL comencé a darme una idea de lo que me rodeaba. Probablemente, equivocada, pero idea al fin y al cabo.

“Que no hay muerto que yazga eternamente y con ciertos eones puede morir la muerte”. Es una de sus frases, o así ha quedado transcrita en la memoria y como tal cual la reproduzco ahora para que se hagan una idea. También esa que dice que “vivimos en una isla rodeada de plácida ignorancia” y que si no me equivoco (ya me corregirá algún lovecraftiano como lo fui yo, eso espero) proceden del Necronomicon, el libro maldito, ese que sirve para invocar a los dioses destructores y que enloquece a la gente que osa leerlo.

En fin, Lovecraft sigue estando aquí. Y no gracias al cine, precisamente, sino a los millones de seguidores que tiene en todo el mundo un escritor hasta cierto punto mediocre y que jamás imaginó que algún día su nombre compartiría estrellato con el de su admirado Edgar Allan Poe.

Pero así son las cosas, así quedó la tirada de dados en la que HPL, a quien vestían de niña cuando era infante, aprendió a leer y a tener miedo con los libros fantásticos que ocupaban las estanterías de la librería de su abuelo; el que un principio fue nativista y racista norteño y que si conoció mujer, Sonia Green, judía y liberada, fue en esa antesala del infierno que era la ciudad de Nueva York que vivía dentro de su cabeza tallaron a hachazos la personalidad de un hombre que por si algo se caracterizó fue por sus miedos y sus contradicciones. Por la búsqueda de una soledad que provocó el divorcio con su primera y única mujer y que regresara a su localidad natal como quien pretende huir de un mal sueño. Volvió a Providence, la provinciana capital del diminuto estado de Rhode Island.

Otro año y otras líneas en recuerdo de Ech-Pi-El, el hombre que contó con una amplia red de corresponsales entre los que se encontraba Bob Dos Pistolas, el texano Robert E. Howard, creador de Conan, el cimerio; Kull de Atlantis, el puritano Salomon Kane, Henry Kuttmer, Ausgust Dertleth, Frank Belknap Long y otros tantos que con sus escritos se sumaron al culto de Cthulhu. Cuentos que a su vez hicieron sumar a millones de lectores de todo el planeta a una hermandad que no solo es indiscreta sino también para nada secreta y en la que todos sus miembros se reconocen, reconocemos, llevándonos la mano derecha a la frente mientras repetimos:

“La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”.

En un mundo tan caótico como el actual, con epidemias que trastocan nuestro modelo de vida; retiradas deshonrosas, terrorimos y guerras de baja intensidad que desangran al planeta año va y año viene todo hace pensar que, probablemente, al final y tras tanta derrota, Cthulhu ganó la guerra sembrando de caos la tierra que habitamos y que nos hemos acostumbrado a destrozar con nuestras manos…

Temblad, hermanos y hermanas, es hora de marchar o morir. El fin nunca estuvo tan próximo.

He dicho.

En la imagen, H.P. Lovecraft según el ilustrador Virgil Finlay.

Saludos, reloj no marques las horas, desde este lado del ordenador