Archive for the ‘Literatura’ Category

Hollywood, la ciudad de los sueños rotos

Miércoles, Julio 4th, 2018

Hollywood ha dado origen a numerosas novelas y cuentos en los que se intenta contar la verdad de la llamada Meca del Cine.

Escritores como Francis Scott Fitzgerald y Budd Schulberg han contribuido con sus novelas y relatos a engrandecer literariamente una industria en la que arte y negocio se mezclan. También los protagonistas que viven y aman en un territorio que convierte los sueños en celuloide. Eso al menos es lo que ocurría en el pasado, hace años, cuando el cine todavía era cine aunque estuviera encadenado a un sistema de producción en el que sus ejecutivos eran los señores absolutos de una geografía que, tal y como la retrata Schulberg en su novela El desencantado (Acantilado, 2004), fue campo minado para escritores con talento.

La novela relata un hecho real, tal real que le costó a F. Scott Fitzgerald prosperar como guionista en Hollywood tras una borrachera histórica que relata con todo lujo de detalles Aaron Latham en Domingos locos (Anagrama, 1971) y en la que Schulberg fue testigo privilegiado.

Esta tragedia norteamericana le inspiró El desencantado, novela en la que realidad y ficción se mezclan con mano maestra.

El desencantado cuenta la historia de un gran escritor olvidado, Manley Halliday, y un joven guionista que son contratados por un productor para que escriban el guión de una película de ambiente universitario. Pese a las humillaciones y sentirse desubicado en Hollywood, Halliday continúa manteniendo el talento que lo convirtió en una estrella de la literatura en la década de los años veinte. Se ha divorciado de su mujer, el amor de su vida, y ahora vive con una montadora de películas que no le pide demasiado. Manley Halliday confía en volver a ocupar las primeras planas de los periódicos gracias a una novela en la que trabaja aunque por desgracia su dependencia al alcohol, del que lleva varios meses alejado, se convertirá en su maldición.

Retrato feroz de Hollywood, El desencantado tiene otras lecturas que enriquecen una novelas que también habla de la nostalgia, el amor, envejecer sin que uno se dé apenas cuenta, la iniciación y el talento, entre otros temas que Budd Schulberg, hijo de uno de los fundadores de la industria cinematográfica, conocía muy bien.

La novela está narrada en tercera persona y se centra en la relación de camaradería que poco a poco va brotando entre el viejo y joven escritor, así como fragmentos del pasado en los que observamos momentos esplendorosos y no tan brillantes de la vida de Manley Halliday, un hombre que se quedó colgado en una época que ahora resulta incómoda por extravagante y derrochadora.

El retrato que ofrece Schulberg de Halliday, un trasunto de Scott Fitzgerald, es generoso y tierno, aunque no por ello oculta las contradicciones de un escritor con enorme talento que no supo enfrentarse a los nuevos tiempos.

El desencantado es literatura de verdad, una novela que enciende emociones y que a ratos conmueve y en otros enfurece. Los personajes están excelentemente diseñados, tienen cuerpo y resultan reales, y la atmósfera, el glamour de Hollywood se refleja con extraordinario realismo. Detrás de toda esa lluvia de serpentinas y confetis de colores no hay absolutamente nada, la industria del cine la dirigen productores sin alma, gente que no ha leído un libro en su vida y que se permite el lujo de explotar a sus autores, escritores a los que paga generosamente aunque no sean guionistas.

Son muchas las voces que han dado su visión de Hollywood pero no conozco a casi ninguna que tenga la fuerza literaria de Scott Fitzgerald y, naturalmente, Budd Schulberg, autor este último de otra novela sobre Hollywood, la notable ¿Por qué corre Sammy?, una poderosa y descarnada autobiografía y de obras tan sobresalientes como Más dura será la caída, Un rostro en la multitud y La ley del silencio, todas ellas llevadas al cine.

Saludos, cámara y acción, desde este lado del ordenador

Jaime Siles: “La poesía es la lavandería y la tintorería del lenguaje”

Lunes, Julio 2nd, 2018

TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge hasta el 9 de septiembre la exposición Enigmas exactos: Carlos Chevilly y la naturaleza muerta moderna, una muestra que no pretende ser una antológica sobre la obra del artista canario pero sí un reconocimiento a su vida y su obra.

En este escenario y sobre su vida y su obra habló el poeta y catedrático de Filología Clásica Jaime Siles (Valencia, 1951) en la conferencia A propósito de Carlos Chevilly.

Confeso poeta metafísico, razones que explica en la siguiente entrevista, Siles es autor de una obra poética que cuenta con libros como Poemas al revés, Semáforos, semáforos, Colección de tapices y Tardes de Salamanca.

- ¿Qué le ha parecido la obra de Carlos Chevilly?

“La impresión que me produce su trabajo es la de un gran pintor metafísico, capaz de dar cuenta de una historicidad muy concreta como es la que le cuesta vivir. Su padre, masón y republicano, fallece en los años 40. Su hermano cae en la batalla del Ebro y él regresa a las islas tras combatir en el ejército nacional –porque es como lo movilizan– durante la Guerra Civil española, hecho que le permite ser profesor numerario y más tarde director de la Escuela de Artes y Oficios. Carlos Chevilly es un espíritu que nos cuenta en su pintura una infinita soledad. Es un hombre que dialoga con los objetos más que que con seres humanos y es un pintor que, siendo originariamente de género, de retratos y bodegones, convierte el retrato en bodegón y el bodegón en retrato. Es decir, que la cosificación del individuo que hacen todas las dictaduras la traslada a la pintura. Me llama la atención además la relación que mantiene con la poesía del momento, especialmente la insular. Ese mundo queda cortado sin embargo en 1936 pero no en su memoria, por lo que se pasa media vida pensando a dónde habría conducido todo aquello si no se llega a interrumpir. Me gusta también su parte teorética, es un hombre culto, que se ha formado bastante bien en la historia del arte y el taller”.

- Algunos lo califican de artesano.

“Eso es una barbaridad porque todo el grupo de Pintores Independientes Canarios (PIC) siendo buenos artesanos fueron unos pintores muy conscientes y con una poética plástica que la sociedad burguesa del momento no estaba dispuesta a apreciar. Por eso, y en el caso de Carlos Chevilly, éste desconfía de la línea y apuesta por el color y la desaparición del paisaje. Casi toda su pintura es de interiores”.

- ¿Es significativa la proyección de su obra?

“Es un pintor todavía desconocido ya que desde los años 70 no se había hecho una exposición. Esta exposición debería de hecho no quedarse solo en TEA Tenerife Espacio de las Artes sino viajar a Las Palmas de Gran Canaria, visitar el Reina Sofía y el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) ya que Carlos Chevilly es un pintor muy digno de atención y de estudio. Un estudio del que se pueden aprender muchas cosas. No soy historiador del arte pero intento comprender su trabajo desde una perspectiva poético filológica. Me conmueve la absoluta soledad y el silencio de su pintura. El silencio de sus objetos”.

- Al margen de la obra de Carlos Chevilly, en algún lado hemos leído que usted se considera un poeta metafísico e intelectual.

“La poesía metafísica es una poesía grave frente a la poesía ligera, más de chanza, más de juerga. La poesía metafísica es una poesía elegíaca y satírica. Se trata de una poesía del tiempo que medita sobre el lenguaje y que resulta necesariamente al final una poesía del pensamiento”.

- ¿Una poesía de minorías?

“La poesía es de minorías y no depende, como dice Carlos Chevilly del fracaso o el éxito de un cuadro o de un poema. El éxito o el fracaso se determina cuando se termina el poema o el cuadro”.

- Otros géneros literarios como la novela tienen más recepción entre el público que la poesía.

“Y no debe de importarnos porque en literatura la poesía, que se diferencia entre muchas cosas de la novela, se diferencia en una que creo que es fundamental en la sociedad de consumo y es que la novela tiene público mientras que la poesía tiene lectores. La poesía es lo que mantiene viva las propiedades del lenguaje. Hablamos gracias a la poesía, cantamos gracias a la poesía y narramos gracias a la novela pero si podemos cantar y tener precisión en un término lingüístico es gracias a la poesía”.

- Pero para usted ¿qué es la poesía?

“La poesía es la lavandería y la tintorería del lenguaje ya que cada generación deja el lenguaje sucio y la siguiente tiene que limpiarlo para que le sirva. Para mi, esta renovación constante del material lingüístico es la misión fundamental de la poesía”.

- No se muestra muy partidario de la novela.

“Es que en este sentido soy borgiano: la novela es un hecho del XIX que termina en la primera mitad del XX. Entre los últimos grandes novelistas están Thomas Mann, William Faulkner y Albert Camus. Ernest Hemingway es un gran autor de cuentos, género que tiene una temperatura próxima a la de la poesía pero soy, en general, mal lector de novela. De Miguel de Cervantes me gustan más las Novelas ejemplares que el Quijote”.

- Hablando de malos lectores, usted defiende que los hay buenos y malos.

“El buen lector es aquel que no va con una idea preconcebida de nada y se pone ante un poema e intenta comprender el punto de partida del autor y a dónde quiere llegar y si lo logra o no. El lector es un colaborador siempre de la obra como el espectador lo es de un cuadro y de hecho es él quien realiza el sentido de un poema o de una pintura. Creo que el protagonista de la literatura no es nunca el autor sino los lectores”.

- ¿Hay buenos lectores en España?

“En España han habido grandes lectores, solo hay que mirar a Cervantes, Quevedo, Góngora aunque pienso que la buena o mala lectura depende de la formación que se tenga en la enseñanza secundaria y en la universidad y hay que reconocer que hoy vivimos en una sociedad muy mercantilizada que desprecia e ignora el papel social de las Humanidades que forman parte de nuestra realidad por lo que al despreciarlas ¿qué sucede? pues que el lenguaje se depaupera y los jóvenes no saben articular frases porque solo juegan con grafías desvocalizadas que al final son solo signos pictográficos. Lo que diferencia a la cultura griega de la egipcia fundamentalmente es que los egipcios tenían pictogramas y con eso no se va más allá mientras que los griegos pudieron extender su cultura porque tenían el alfabeto que habían sacado de los fenicios. Hay que entender, además, cómo se extiende en las escuelas en la época del emperador romano Augusto a través de la lectura, la escritura, la gramática, la poética y la retórica. Si nosotros renunciamos hoy a la verbalización de la realidad nuestra percepción de esa realidad será errónea y eso hay que corregirlo. Y eso se corrige leyendo y escribiendo. La cultura occidental, la griega, la latina y la judía, es una cultura de la palabra y fundamentalmente de la palabra escrita porque cuando se escribe no es lo mismo que cuando se habla. La lengua hablada es mucho más fluida y la que más futuro tiene pero tiene que estar supervisada por la escritura. Hay que hablar y escribir y solo habla bien quien escribe bien y solo escribe bien quien habla bien”.

- Usted es catedrático de Filología Clásica, ¿el griego y el latín son lenguas muertas?

“Nunca he creído que el griego y el latín sean lenguas muertas porque son las lenguas más vivas de todas. Los románticos alemanes, que fueron los primeros que pudieron leer a los griegos en griego, decían que lo que caracteriza a un texto clásico es su inagotabilidad. El problema de la enseñanza del latín y el griego es otro tema. Yo presidí durante ocho años la Sociedad Española de Estudios Clásicos y tuve que vérmelas con el ministro José Ignacio Wert y hablar con todos los grupos políticos en el Congreso de los Diputados. Conseguimos corregir la Ley Wert aunque admito que gran parte del rechazo hacia el latín y el griego es por el esfuerzo que supone su aprendizaje cuando con la mitad de tiempo se puede hablar una lengua moderna. Cuando el estudiante se enfrenta al latín o al griego no pasa de una declinación o una conjugación y piensa así que está perdiendo el tiempo sin darse cuenta que no contribuye de la misma manera pedir un refresco que leer a Aristóteles o Platón. Hemos de conseguir un método de estudio y pedagógico que no sea el clásico y que permita con una economía de tiempo que los estudiantes obtengan unos resultados importantes. Hay que encontrar un sistema similar al método con el que los alumnos aprenden una lengua moderna y creo que ahí tenemos una lucha importante a la que se tiene que sumar una lucha moral. Nuestra sociedad tiene que saber lo que quiere y a donde quiere ir y las lenguas clásicas son un ejemplo de ello, un catálogo y un modelo para formar ciudadanos críticos y democráticos”.

- ¿Como llega a la literatura?

“Publiqué mi primer libro de poemas a los 18 años así que empecé muy joven y de una manera casual, precisamente cuando tuve mi primer choque con la realidad, con la realidad amorosa. En ese momento me vi escribiendo y comprobé que aquello que me causaba tanto dolor si podía darle una expresión, esa expresión me producía un cierto tipo placer. Es decir, que darle forma de poema compensaba el dolor y al mismo tiempo me generaba un placer estético y comunicativo”.

- ¿Y su gusto por el latín y el griego?

“Era un buen alumno de latín y griego y me di cuenta que necesitaba aprender esas lenguas que, al mismo tiempo, estimulaban que me interesara por otras. He traducido libros escritos en griego clásico y moderno, latín, catalán, inglés, francés, italiano, alemán y portugués”.

- Tiene facilidad para los idiomas.

“Una facilidad relativa porque lo que me gusta son los sistemas y ver cómo estas lenguas representan la realidad de forma distinta”.

- ¿Tan distintas son esas representaciones?

“En la medida en que la muerte, por ejemplo, tiene en una u otra un género diferente lo que exige un esfuerzo para ponerse en el lugar del otro lo que, pienso, es más civilizado. Las lenguas enseñan a dialogar, aspecto que los griegos entendieron muy bien con la tragedia griega. Sabían que Homero estaba bien, que te enseñaba a combatir pero tras la lucha y con sociedades y ciudades ya establecidas, aparecen otros problemas y pensamientos como ¿la verdad es una o heterogénea?, ¿quién tiene razón, Creonte o Antígona? La tragedia ática es un sistema educativo que sigue hasta nuestros días”.

- Además de poeta y traductor ha ejercido de crítico…

“Un crítico digamos de apoyo ya que me interesa saber por qué me gusta un texto teatral o literario”.

- ¿Es necesaria la crítica?

“La crítica en los tiempos actuales en los que hay tal producción sirve más bien de cedazo para focalizar una novela, una obra de teatro, una película o un libro de poemas. Su misión sería entonces la de llamar la atención sobre determinadas cosas aunque en mi caso resulta más cómodo porque lo que hago es escribir sobre poesía extranjera traducida que para mi son inoculaciones en el organismo literario español de voces foráneas que ven de otra manera las cosas. Y me gusta observar cómo ha resuelto el traductor determinados problemas que posee el texto y, al mismo tiempo, me gusta comunicar al lector la calidad y las cualidades de ese poema escrito originariamente en chino, turco, inglés o alemán”.

ESCALA EN TENERIFE

Jaime Siles obtuvo la cátedra de Filología Latina de la Universidad de la Laguna en 1983, año en el que todavía se estaba instalando en España el régimen democrático, y centro en el que encontró “un puñado de tipos estupendos y grandes helenistas y latinistas como José Luis Melena y Miguel Rodríguez-Pantoja”.

En el año de la nacionalización de la empresa Rumasa por el gobierno de Felipe González y del lanzamiento por primera vez al mercado del Compact Disc (CD), el poeta y filólogo valenciano compartió veladas con poetas y profesores como Andrés Sánchez Robayna gracias al cual, destaca, conoció a los pintores jóvenes canarios de aquel momento y “a los chicos de la Leyendecker, que trajo a toda la transvanguardia italiana y el arte del pintor checo Dokoupil”. En los ochenta, además, el Colegio de Arquitectos mantenía una actividad cultural constante por lo que su estancia en Tenerife resultó fructífera y muy activa ya que “podía encontrarme en la biblioteca de la Universidad con una edición primera de los poemas de Rilke como charlar horas y horas con los amigos de arte y literatura”.

Según Jaime Siles en Canarias se respiraba entonces un aire mucho más cosmopolita que en la península “esa península de la que venía”.

Las islas parecen de todas formas desbordar a Jaime Siles, quien escribió un poema, Quisiera ser un poeta canario, porque le inspira la tabaiba, el tajinaste, el paisaje de arena negra, el picón y la roca volcánica, elementos que permanecen unidos a su pequeño pero intenso pasado insular en el que trabó amistad con Domingo Pérez Minik, “a quien traté muchísimo. Venía una vez a la semana a casa para charlar y tomarse su whisky con agua Apollinaris. Le dediqué el poema El drago de Tacoronte y asistí al entierro de su esposa”.

Conoció también al ensayista y premio Canarias de Literatura, Sebastián de la Nuez y a los escritores y periodistas Juan Cruz y Fernando Delgado, “los canarios del exterior”, dice.

Pasado el tiempo, llevó un pedazo de Canarias a Austria cuando ocupó el cargo de agregado de Cultura de la embajada de España. La fórmula fue una exposición de jóvenes artistas canarios comisariada por Fernando Castro y en la que el creador plástico más joven era Luis Palmero”, recuerda.

INFLUENCIAS

Jaime Siles cuenta con muchos autores de cabecera. Entre otros, maestros como Vicente Aleixandre, que le dedicó el libro Cartas a Jaime Siles y Antonio Tovar, porque le enseñó “lo que sé de Filología Clásica”.

Entre sus lecturas, el poeta y filólogo valenciano vuelve continuamente a la obra de Elliot, Paul Celan, Ezra Pound, Coleridge… y confiesa su querencia por el barroco, el período más grande de la cultura española. “A los ingleses les pasa lo mismo, cuando han querido dar un salto hacia adelante regresan a Shakespeare y a los poetas metafísicos. Lo mismo pasa en Italia, ya que vuelven al marinismo y un poco antes a Petrarca aunque no es así en Francia, que ha disfrutado siempre de un buen nivel con las vanguardias.

Saludos, sol, sol, sol, desde este lado del ordenador

Ángel Sánchez: “Los canarios somos un pueblo ombliguista”

Martes, Junio 19th, 2018

La concesión del premio Canarias de Literatura 2018 a Ángel Sánchez Rivero (Gáldar, Gran Canaria, 1943) unió por una vez a las distintas y no tan complejas familias literarias del archipiélago cuando todos, absolutamente todos, manifestaron su satisfacción de que el galardón reconociera la trayectoria de un escritor cuyo sentido de lo canario, de esa posible canariedad, se desarrolló mientras estudiaba en el extranjero.

Poeta y narrador, ensayista y antropólogo, Ángel Sánchez cursó sus estudios de primaria y secundaria en el Colegio Alemán de Las Palmas de Gran Canaria y estudió francés en la Alliance Française de Las Palmas. Se especializó en filología y antropología en la Universidad de La Laguna, y también en la de Salamanca, Grenoble, la Université Paris-Vincennes y en la Universität Göttigen.

El escritor, que el pasado viernes 8 de junio recibió un homenaje por parte de sus compañeros de la república de las letras en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife, es autor de una obra variada y copiosa entre las que destacan entre otros títulos Cuchillo criollo y Calibán (narrativa); Manual de supervivencia y Teoría y práctica del vuelo (poesía) y Ensayos sobre cultura canaria y Gaceta de Arte (ensayo). Ángel Sánchez es autor además de una poesía visual que ha sido recogida en parte en un libro cuyos editores son los responsables del tributo que recibió días pasados en la capital tinerfeña, acto en el que además de leerse algunos de sus poemas se inauguró una exposición que recoge, justamente, parte de este material que transforma el verso en objeto visual.

- El mestizaje es una constante en su producción literaria.

“Propongo el mestizaje porque es una realidad que vivimos pero que no reconocemos como ontología canaria. Yo me muevo entre el pasado remoto y el presente conflictivo de modo que mi temática va desde el neolítico a la era del chip de una forma diacrónica. Esto es lo que he hecho siempre: observar, anotar, interpretar y difundir”.

- Pese a su labor, parece que a los canarios les cuesta interpretar su pasado.

“Los desconocemos porque el sistema de enseñanza no hace que el alumnado se incline sobre la realidad desde el principio y solo conoce lo que ve en los programas españoles. Un libro como Natura y Cultura de las Islas Canarias se mantuvo en las escuelas unos años pero luego se retiró y ahí tenían los alumnos todo el panorama de la realidad canaria. Desde luego que vivimos de espaldas a la introspección y el debate de la identidad y del decurso sociocultural, histórico y económico de Canarias”.

- Salvo casos aislados como el suyo parece que en estas islas se ha estudiado poco eso que podría llamarse lo canario.

“Hay cierta parcela que sí está muy desarrollada como la dialectología, la historia y la arqueología pero Canarias adolece, está aún pendiente de un estudio interdisciplinar en el que se agrupen todas las ramas del llamado campo humanístico para estudiar la realidad y la mixtificación de los modelos que se ofrecen al exterior, la folclorizaciòn de la realidad y los esquemas y arquetipos que se ofrecen al turismo”.

- Pero ¿se puede hablar de identidad canaria?

“La identidad canaria existe pero está muy sectorializada por islas. Cada isla es diferente a otras pero hay una historia común que hemos compartido durante los siglos de colonización por lo que habría que estudiarla en su conjunto, uniendo las cosas que son comunes y observando las diferencias particulares de cada isla, de cada provincia, las luchas intestinas que a lo largo de la historia nos han ido separando y eso está pendiente de hacer”.

- ¿Cuáles piensa que son las constantes que marcan su poesía, narrativa y ensayo?

“Empecé como poeta discursivo y poco a poco me he ido metiendo en una zona que pensé que necesitaba ser estudiada. En el libro Ensayo sobre cultura canaria (1983) comencé de modo diletante metiéndome en el nacionalismo, el cine, la literatura, el folclor aunque paulatinamente he ido ampliando el visor para sumergirme en lo que es mi campo referencial: la antropología, la lingüística, el etnofolclore, que es lo que ahora me ocupa y, también, la iconografía, de la que tengo un libro pendiente de publicar en tres volúmenes en el que analizo la iconografía canaria. Cuento además con novelas pendientes, ensayos sobre antropología, mis memorias, entre otros materiales que todavía son inéditos”.

- ¿El canario debe viajar?

“Por supuesto. Tenemos que relativizarnos porque somos un pueblo ombliguista. Creemos que estamos en el paraíso, en las Hespérides por la bondad climática pero ese ombliguismo hay que romperlo viajando ya que la distancia nos enseña a ver la verdad. En mi caso, he podido acercarme a la realidad canaria de modo crítico con un análisis racional distanciado precisamente por formarme fuera. Al canario le hace falta viajar para relativizar ese ombliguismo que nos caracteriza”.

- Nuestra forma de hablar está muy presente en su literatura. Usted, de hecho, fue de los primeros escritores en utilizar canarismos en sus novelas.

“He sido siempre muy natural en ese aspecto. Hablo la lengua de mis mayores y desde mi primer libro comencé a utilizar canarismos. No entiendo que haya gente que se encierre en el español normativo porque cuando uno lee literatura sudamericana ve como Rulfo, Carpentier, Gallegos, Llosa incluyen localismos sin ponerlos en cursiva porque entienden que ésta y no otra es su lengua natural. ¿Por qué no lo hacemos nosotros? Valle Inclán lo hizo y Federico García Lorca también, así que los canarios tenemos todo el derecho del mundo a describir con estas palabras nuestra realidad aunque hay que apalabrarla y escribirla bien para lo que es necesario dejar a un lado la fonética ruda y apalabrarla de modo correcto, como está en el Diccionario de canarismos”.

- Su última novela publicada es Calibán

Calibán, efectivamente, es mi última novela publicada aunque ahora tengo entre manos una sobre los 4.000 canarios que emigraron en 1774 a la Luisiana para poblarla cuando Francia se la cedió al rey de España, Carlos III. Entré en este tema por la vía lingüística al observar que los descendientes de canarios que todavía viven ahí hablan esa lengua de tiempos tan remotos y al hacer acopio de bibliografía pensé “caramba, aquí hay para una novela”, una saga que comienza con los primeros emigrantes del siglo XVIII y que termina con el huracán Katrina. Una especie de novela para la que he ido tejiendo una red de personajes a través del tiempo aunque lo más difícil es reproducir la lengua que hablaban aquellos canarios de la que conocemos algo de su repertorio léxico gracias a unos pocos fragmentos que se han conservado, hecho que me hace sospechar que estoy a medio camino de escribirla”.

PASIÓN POR EL CINE

Entre las aficiones de Ángel Sánchez se encuentra el cine, tanto, que dice que procura ver una película todos los días. Esta adicción se potenció durante su etapa en París, en la que no dejaba de visitar la cinemateca y de asistir a las conferencias que cineastas como Stanley Kubrick, por ejemplo, ofrecían en su salón de actos. Paralelamente, Ángel Sánchez se quemaba las pestañas descubriendo la cinematografía del brasileño Glauber Rocha y del italiano Michelangelo Antonioni, entre otros. Cuando finalizaba la película salía corriendo de la sala para coger el metro–recuerda con una sonrisa que evoca aquel grato momento de su juventud– transporte que nunca perdió.

De su cinefilia dan muestra centenares de críticas que en su día escribió para revistas y periódicos como el Diario de Las Palmas, reseñas que el periodista cinematográfico Claudio Utrera le anima a que recopile en un libro.

Ángel Sánchez dice que conserva todo ese material, todas esas reflexiones sobre películas a las que somete a un severo análisis como espectador y como crítico, y de la que deja testimonio en algunos de sus trabajos, como el que le dedica a F. A. Siliuto y que forma parte del libro Ensayos sobre cultura canaria (Edirca, 1983).

Saludos, luz y color, desde este lado del ordenador

Los Llanos de Aridane acogerá el Festival Hispanoamericano de Escritores

Miércoles, Junio 6th, 2018

La Fundación SGAE acogerá el próximo martes, 12 de junio, la presentación del Festival Hispanoamericano de Escritores, promovido por la Cátedra Vargas Llosa y el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane (Isla de La Palma), con la colaboración del Instituto Cervantes, la Fundación Universidad de Guadalajara, Canarias Cultura en Red, el Instituto de Astrofísica de Canarias, el CIT Tedote y el Hotel Hacienda de Abajo. 

En el acto intervendrán el senador Mariano Hernández Zapata, J.J. Armas Marcelo (director de la Cátedra Vargas Llosa), Charo González Palmero (concejal de Cultura de Los Llanos de Aridane) y Nicolás Melini (director del Festival Hispanoamericano de Escritores).

El Festival Hispanoamericano de Escritores pretende el desarrollo de la cultura en español a través de una de sus principales manifestaciones, la literaria. Además, quiere convertirse en un encuentro entre escritores españoles y americanos, con la particularidad de que concederá espacio a los escritores españoles del conjunto de las Islas Canarias.

Al acto de presentación asistirá el Premio Cervantes Jorge Edwards, el escritor e historiador José Esteban, la escritora argentina Valeria Correa Fiz y los escritores Juan Carlos Méndez Guédez, Jorge Eduardo Benavides, Olvido García Valdés, Ernesto Pérez Zúñiga, Fernando Rodríguez Lafuente, Carmen Posadas, Juan Carlos Chirinos, el crítico Willy Corral y Francisco Javier Pérez, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua, entre otras personalidades de las letras hispanas e hispanoamericanas.

(*) En la imagen los escritores Jorge Edwards y Mario Vargas Llosa

Saludos, a la expectativa, desde este lado del ordenador

Que tengan todos ustedes un buen Día del Libro

Lunes, Abril 23rd, 2018

Saludos, ya saben, desde este lado del ordenador

Réquiem por Philip Kerr

Sábado, Marzo 24th, 2018

El pasado 22 de febrero había cumplido 62 años y continuaba al pie del cañón, escribiendo novelas de género –esas que desprecia tanto la crítica casposa como sus lectores mal acostumbrados– entre las que destacaban la que protagonizaba el policía y más tarde detective Bernie Gunther primero durante la Alemania nazi y después, camuflado con otro nombre, en un mundo devastado tras la II Guerra Mundial.

Su nombre era Philip Kerr y muere demasiado joven como para justificar mi enfado.

Recuerdo que llegué a su obra por Una investigación filosófica, que no tiene nada que ver con la saga Gunther, y profundicé en ella gracias a su trilogía berlinesa (en la que Gunther sí que tiene mucho que ver, de hecho es su protagonista) y otras novelas en la que el escritor demostraba su talento para la novela popular, esa que despreciativamente se dice que se compra en los kioscos de los aeropuertos.

Cultivó además del policíaco –una de sus últimas series se desarrolla en el mundo del fútbol– la ciencia ficción y el thriller de espionajes con resultados más que aceptables aunque los puristas no opinen, quizá, lo mismo.

A mi me entretuvo Esaú, una curiosa incursión en la leyenda del abominable hombre de las nieves, y en la estupenda A tiro, donde propone una inquietante fantasía de atentados que tiene como protagonistas a J.F.K y Fidel Castro. También escribió y publicó cosas muy malas, material alimenticio con el que mantuvo cierto nivel de vida antes del éxito arrollador de las novelas dedicadas a Bernie Gunther, un personaje que ya ocupa un espacio de honor en esa amplísima galería de investigadores privados que decora el salón de la fama de la novela negra. O negra y criminal, como ustedes gusten.

Me conmueve la pronta desaparición de este escocés al que califican de hombre abierto y simpático quienes le conocieron. Como lector, solo me queda como consuelo conocer que faltan por publicar en España dos novelas más de la serie Gunther, material que iba creciendo con el paso de los años aunque se notara que el escritor estaba cansado de recrear su pasado al servicio del Mal, ese mal absoluto que encarna el nazismo por muchas vueltas y despedidas a la francesa que hiciera el protagonista en estas historias.

La muerte de Philip Kerr como la de todo escritor (de género o no) que desaparece tan pronto, demasiado pronto, la asumo como la pérdida de un buen amigo aunque me quede como recuerdo un puñado de libros que solo dejaría en el asiento de un avión para que mi sustituto de fatigas viajeras olvidara el trayecto que le espera con la lectura de relatos con tramas bien hilvanadas en la que se cuentan historias potentes, esas que enganchan y te hacen olvidar la grisura de la realidad…

Por eso aquí y ahora y con el sabor amargo de, precisamente, la realidad, solo nos queda decir gracias señor Kerr, lo vamos a echar muchísimo de menos.

Saludos, demasiado negros, desde este lado del ordenador