Archive for the ‘Literatura’ Category

Viajes con Charley, John Steinbeck recorre Norteamérica a lomos de Rocinante

Miércoles, Junio 12th, 2019

Uno de los libros más hermosos de viaje está escrito por un premio Nobel. Un Nobel norteamericano que perteneció, creo yo que más que por entusiasmo de estudiosos que por él mismo, a la generación perdida. Una generación ésta que reunió a los más grandes escritores norteamericanos (y es probable que alguna mujer no vaya a ser que…) de su tiempo, que se dedicaron en sus libros a radiografiar el cuerpo y el alma de un gran país. Se escribe lo de gran porque es grande en extensión y también porque es grande en su espíritu pese al retroceso que parece que vive. Pero este fenómeno involucionista no es solo norteamericano sino también mundial. Es una enfermedad contagiosa que invade no solo a las naciones más pobres de la tierra sino también a las más ricas.

Decíamos pues que uno de los libros más hermosos de viaje está escrito por un Nobel norteamericano. Un escritor por el que particularmente siento cariño y aprecio y que no deja de sorprenderme con sus monumentales obras, muchas de las cuales fueron llevadas al cine con mano maestra; así como por sus crónicas y reportajes, porque también hizo de periodista acompañando a los soldados de su país cuando desembarcaron en Europa para aplastar a la Alemania nazi.

Este escritor, al que todavía no hemos descubierto porque diseminanos pistas no tan vagas como alguno pudiera suponer, es John Steinbeck, y el libro al que me refiero no es Las uvas de la ira ni La perla ni Al este del Edén, novelas que darían para varios artículos escritos más con el corazón que con la cabeza, sino Viajes con Charley, relato en el que el escritor narra su periplo por Norteamérica en una caravana acompañado por su perro, el Charley del título, un viejo caniche francés de pelo azulado que va cogiendo protagonismo en estas páginas a medida que se avanza en la lectura y a medida que el escritor va consumiendo kilómetros y estancias en ciudades y pueblos de ese país del que tan mal se sigue hablando en España. De España habla y bien el escritor en este libro. La caravana que conduce lleva el nombre de Rocinante, el caballo de don Quijote, y recuerda su estancia en Madrid, donde visitó el Museo del Prado.

Viaje con Charley reúne todos los elementos que debe tener un libro de viaje. O al menos tiene todos los elementos que le reclamo a un libro de viaje ya que voy a viajar con el autor y su pequeño Sancho Panza (Charley) por tierras americanas. La obra cuenta así las pequeñas miserias y alegrías del día a día, los encuentros fortuitos que mantiene con algunos de sus paisanos a lo largo de este gigantesco recorrido y sobre todo las observaciones e interpretaciones que hace de los habitantes con los que se va cruzando en su deambular. El libro revela así la diversidad de una nación en continua construcción así como muchas de sus contradicciones, la mayoría de las cuales estaban ahí presentes cuando el escritor emprende este apasionante itinerario a finales de los años cincuenta y principio de los sesenta. No obstante, sí que describe algunos de los cambios que se están produciendo entre aquellas gentes, pero no carga las tintas con el reverso tenebroso del pueblo americano porque en general estamos ante un libro amable. Como amable son todos los libros de viaje que se precien.

Además de los escenarios que retrata y de las gentes con las que mantiene conversación, Viajes con Charley refleja el proceso de transformación que vive el escritor a medida que avanza con Rocinante por las interminables carreteras y autopistas del Norte. En este recorrido, John Steinbeck como si de un don Quijote moderno se tratara se plantea preguntas, muchas preguntas. Estas preguntas cuentan a veces con respuestas y en otras se quedan solo como preguntas. Es interesante la reflexión que propone sobre el viaje, al margen de otras cuestiones, ya que entiende que hay personas que están dispuestas a partir y a vivir en otra parte, a buscar la fortuna, a tener aventuras, y otras que no. El escritor recuerda, en este aspecto, que su país se formó gracias a la enorme emigración que a mediados del siglo XIX se lanzó al Oeste para tener una nueva vida y prosperar, dejando atrás, en el Este, sus casas y sus familias. La búsqueda de todos estos emigrantes, gentes de todas nacionalidades y procedencia social, era la felicidad aunque para conseguirla tuvieron que trabajar duro y seguir adelante sin girar nunca la cabeza para mirar atrás, lo que se dejó.

Dicho esto, volvemos al principio de este texto: Viajes con Charley es uno de los mejores libros de viaje que se hayan escrito nunca. Y no solo por los paisajes naturales y humanos que describe el escritor que hizo camino al andar, sino por cómo narra el lento proceso de transformación que vive a medida que avanza por la carretera y deja pueblos y ciudades atrás. Pueblos y ciudades en donde conoce una amplia galería de personas que componen un fantástico lienzo humano de los Estados Unidos de Norteamérica, territorios tan diferenciados pero que sin embargo permanecen unidos al contar con una tradición común.

Libro de obligada lectura para los que puedan recorrer aquel y otro país, Viajes con Charley es una de esas sorpresas que animan a ser leídas. Se trata de un libro sin demasiadas ambiciones que contiene muchas sorpresas, Casi parece que uno se encuentra al lado del escritor cuando emprende este fascinante pero también cruel viaje que es la vida. Y lo reconcilia, quizá sea lo más importante en mi relectura de este clásico de la literatura, con mi existencia. Por muy sedentaria y alejada de preocupaciones que resulte.

Saludos, viajen con nosotros, desde este lado del ordenador

Emilio Salgari, recuerdos de un suicida

Lunes, Junio 10th, 2019

En mi adolescencia me dio por leer novelas de aventuras, un género al que recurro de tanto en tanto porque me permite viajar a otros territorios si levantarme de la cama o del maltrecho sofá del salón. Este tipo de literatura, tan prejuiciada por lectores que huyen como de la peste ante la sola mención de la palabra entretenimiento ignoran que los libros de aventuras ofrecen a quien se refugia en ellos caminar por el sendero de la experiencia tras la búsqueda de tesoros, forjar amistades y enamorarse en los puertos donde el barco en el que navega por los siete mares hace escala.

En aquellos días no sé si más felices era habitual ver en la mesa de noche novelas de Verne, Conan Doyle, Dumas y más tarde H.P. Lovecraft y compañía, que también escribió novela de aventuras aunque en clave fantástica, pero si había tres autores en los que invertí más tiempo y dinero –un hecho que probablemente puede explicar el estado de mi salud mental– estaban R.L. Stevenson, siempre vivo y presente en mis lecturas; H. Rider Haggarth, autor de dos grandes novelas de aventuras como son Las minas del rey Salomón y Ella, y Emilio Salgari, el creador de Sandokán y el único novelista europeo de aquel entonces y también ahora profundamente anticolonialista, tanto, que señaló a los ingleses como los villanos de sus historias.

Salgari fue uno de los escritores más vendidos de su tiempo pero murió en la indigencia mientras sus editores se enriquecían a costa de su trabajo.

Escrito en los últimos años de su vida, Mis memorias (Parsifal Ediciones, 1989) es uno de los libros más tristes y amargos que he leído recientemente. Se trata, a primera vista, de una autobiografía breve que no llega a las doscientas páginas y que el escritor entregó con el fin de que su editor le diera una “compensación a los beneficios que le he dado a ganar” para pagar su funeral. “Le saluda –se despide Salgari nada más comenzar el texto– destrozando la pluma”.

Enviado el manuscrfito, parece ser que unos días más tarde Emilio Salgari se rebanaría el cuello y el vientre con su navaja de afeitar. Un harakiri que puso final a su vida.

Como libro Mis memorias es una apasionante novela de aventuras en las que el escritor más que mentir, imagina su vida. Su vida en estas páginas se transforma en el relato imaginado de un hombre henchido de coraje, ese mismo coraje que tan bien transmitió en sus novelas, y relata sin que se le caiga la cara de vergüenza sus viajes, imaginados aunque en el texto asegura que fueron así, por los siente mares. En uno de estos viajes, cuenta cómo conoció al pirata Sandokán , que más tarde sería el protagonista de muchas de sus novelas, y cómo cuajó en él su desprecio a todo lo anglosajón por culpa de un primer amor. Una inglesita que le fue arrebatada por una civilización que lo miraba como a un ciudadano de tercera. Casi a la misma altura que a Sandokán, solo que el rey de los piratas los combatía con toda la fiereza del mundo en sus novelas.

Tal fue el desprecio que tuvo Emilio Salgari por todo lo que fuera anglosajón que en una de sus novelas, La capitana del Yucatán, que se desarrolla en Cuba a finales del siglo XIX, se pone del lado de los españoles que hacen la guerra de guerrillas al ejército norteamericano que había desembarcado en la playa de Daikiri, en el oriente de la isla.

Estas memorias escritas con premura y la sensación para nada vaga que sería lo último que registraría, domina prácticamente las páginas de un libro en el que el escritor hace el notable esfuerzo por contar otra vida, más pegada a sus apasionadas historias que a su existencia real, bastante grisácea a tenor de lo que narran los biógrafos oficiales de Salgari

No obstante, estas páginas repletas de viajes por mar, amores frustrados, piratas malayos y combates descritos con una celeridad que quita el hipo, se tornan oscuras y siniestras cuando se llega a su final, ya que revela la verdadera faz del escritor, quien como si ante un espejo se observara, explica la deplorable situación económica en la que se encuentra y su desesperación por no alcanzar de dar de comer a los suyos.

Tras varias tentativas de suicidio, el epílogo que añade el autor de El león de Damasco es uno de los textos más estremecedores de la literatura de principios del siglo XX y en el que bajo el título de Los últimos años de mi existencia, no es otra cosa que el grito de alguien que ha llegado al límite de las fuerzas. Físicas y espirituales.

“Me siento próximo al derrumbamiento: ¡¡La ceguera llama a mis puertas!!”, escribe Salgari, siempre tan económico en el lenguaje, estilo que subraya el anuncio de que a continuación pondrá fin a su vida. Estas páginas que en contra de las otras que forman sus memorias parecen que forman parte de un diario personal saben a batacazo para quien se atreva a acercarse a ellas. Mis memorias se transforma así en una obra rara en la producción de Emilio Salgari pero quizá sea la más auténtica pese a las licencias literarias que se permite para dar color a una existencia que entregó demasiado joven a la literatura.

Mis memorias, como ya se apuntó, es un libro amargo, casi me atrevería a decir que recomendable no solo para los iniciados en la fantástica literatura del escritor sino también para los que una vez lo dejaron de lado a conciencia. En este libro encontrarán a un periodista y escritor con todas sus letras que supo transmitir al lector no solo el lado amable del autor que producía y producía relatos de aventuras para sus explotadores sino el hombre, el padre de familia que, pese a vender y vende,r apenas tenía dinero para mantener a los suyos.

Mis memorias despiertan así una piedad absoluta ante un escritor de talento que lo dio todo y al que le arrebataron casi todo. Un autor de éxito que murió en la indigencia mientras el mundo entero, Inglaterra incluida, devoraba las hazañas de sus tigres del Mompracem, el Corsario Negro y el Capitán Tormenta.

Saludos, leed, hijos mìos, desde este lado del ordenador

Una cuestión de honor: Alonso de Contreras

Viernes, Mayo 17th, 2019

“Llegamos aquel día a Alcalá de Henares, y habiendo ido a una iglesia donde le tenían gran fiesta al Príncipe Cardenal, había un turronero entre otros muchos, con unos naipes en la mano. Yo, como aficionadillo, desaté de la falda de la camisa mis cuatro reales y comencé a jugar a las quínolas. Ganómelos, y tras ellos la camisa nueva, y luego los zapatos nuevos, que los llevaba en la pretina. Díjele si quería jugar la mala capilla. En breve tiempo dio con ella al traste, con que quedé en cuerpo, primicias de que había de ser soldado. No faltó allí quien me lo llamó y aún rogó al turronero me diese un real, el cual me lo dio, y un poco de turrón de alegría, con que me pareció que yo era el ganancioso. Aquella noche me fui a palacio, o a su cocina, por gozar de la lumbre, que ya refriaba. Pasé entre otros pícaros, y a la mañana tocaron las trompetas para ir a Guadalajara, con que fue menester seguir aquellas cuatro leguas mortales”.

(Alonso de Contreras: Vida del capitán Alonso de Contreras, Alianza Editorial, 1967)

Hay un libro por ahí escondido, del que rara vez se habla y apenas se menciona que se titula Alonso de Contrera: Vida, nacimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras, obra en la que se narra la extravagante –según la mirada de un residente del siglo XXI– historia de un soldado del XVII con el aplomo de un hombre hecho a sí mismo.

Hecho así mismo en unos tiempos donde había que tenerlos muy grandes para salir adelante. El escenario en el que se desarrolla la acción, porque todo en ella es acción, se trata de una jungla en la que se mueven toda clase de personajes vistos a través de los ojos de un hombre que ha hecho de las armas su oficio y por lo tanto viajero por el convulso mundo de su tiempo.

Cuentan que fue Lope de Vega quien animó a Contreras a que contase el relato de su vida, “una narración sobremanera inverosímil, a la cual acontece la gracia de ser la pura verdad”, apunta José Ortega y Gasset en el prólogo de la edición que dispongo, un libro cuajado de arrugas y al que recurro de tanto en tanto para perderme en otra época arrullado por un español intermitente, nada seguido, que obliga a una lectura con pausas.

Alonso de Contreras escribe que nació en el 6 de enero de 1582 en Madrid, que sus padres eran muy pobres y que a los quince años entra en el ejército como mozo de cocina de un batallón con el que más tarde y ya como soldado combate en Italia y Malta. En los puertos de las islas griegas, de Libia y de la costa tunecina.

Todo esto, el gran fresco de su vida, contado en un tono que desarma por lo franco y directo que resulta y que da una idea del carácter del personaje, un aventurero que como tal se busca la vida como puede, y de cómo hablaba y pensaba la tropa, el hombre de a pie, el que hoy tiene algo en los bolsillo aunque mañana vuelvan a estar vacíos…

Resulta cuanto menos extraño la capacidad que tiene este libro para absorber al lector si entra en él y acepta con entusiasmo que don Alonso le relate lo que recuerda de esos viajes y de esas batallas que lo hicieron conocido y no sé si temido en su tiempo.

Impulsivo pero también tremendamente imaginativo, Alonso de Contreras resume el prototipo de soldado español del XVII, ese que reivindica Arturo Pérez Reverte en la serie Alatriste, solo que contado por un hombre de verdad, alguien que sí vivió aquellos años turbulentos y violentos.

El libro es además un valioso testimonio de un peón que participa en la gran partida de ajedrez que los dos grandes imperios de aquel momento, el español y el turco, juegan por el Mediterráneo oriental y si bien la calidad del texto parece “escasa y poco original” como aseguran unos, la azarosa vida del capitán Alonso Contreras merece la pena leerla. O repasarla para disfrutar de las viñetas que arman este singular tesoro de la literatura española.

Logra en el lector la evasión y que viaje a otro tiempo en un castellano pasado que no caduco, época en la que el honor era una palabra sagrada. Uno aprende además a conocer mejor que es eso de ser hidalgo y a luchar y defenderse con las herramientas que mejor conoce, en el caso del bravo capitán con la espada y las letras. A abrirse camino sin pensar demasiado en el fin ese que justifica los medios porque se es partidario de la acción por la acción y no de meditar con calma las convulsiones y las frenéticas transformaciones que lo rodea.

Puestas así las cosas, y sea verdad o mentira lo que cuenta el capitán, sus agitadas vivencias bien merecen un acercamiento y disfrutar y amargarse con el soldado que tras lanzarse a las Indias, regresó a España para descansar de una existencia plagada de vaivenes.

Tiene un enorme pozo de amargura el Alonso Contreras que escribe unas memorias en las que intenta justificar unos hechos, y sobretodo un hecho, que lo hiere por dentro y por fuera. Se trata de un hombre acostumbrado a pelear y a resolver con violencia cuestiones de honor.

Todo esto y más en un libro pequeño que hace que la Historia sea real ya que reproduce con las claves de entonces sucesos de aquel entonces. Un viaje, ya se dijo, de la mano de un hombre de acción, que actúa antes de pensar.

El cine español, tan ciego al enorme filón de su literatura, no ha mostrado demasiado interés en este personaje aunque existe una película que poco o nada tiene que ver con el caballero. Se titulada La otra vida del capitán Contreras y cuenta en clave cómica qué pensaría el legendario soldado si un día abre los ojos y se encuentra en el Madrid de los años 50 del pasado siglo XX. La idea es notable y se refleja en poderoso blanco y negro. Alonso de Contreras está interpretado por un Fernando Fernán Gómez que casi siempre estuvo en estado de gracia cuando había que interpretar, dar la cara en teatro, cine y televisión.

Una cuestión de honor como las idas y vueltas de nuestro valeroso y buen capitán.

Saludos, ¡¡¡hermanos!!!, desde este lado del ordenador

Felicidades, don Benito

Viernes, Mayo 10th, 2019

Si viviéramos en un pueblo en el que se honra a sus artistas e intelectuales hoy sería lo que se dice un Día Grande. Sin embargo, como no vivimos en un pueblo en el que se honra a sus artistas e intelectuales tal dìa como hoy será como ayer y probablemente mañana. No obstante, desde este lado del ordenador nos resistimos al silencio de una sociedad que parece que solo se activa cuando hay carnaval y romeria, fiestaaa en definitiva aunque no se han dado cuenta quienes tienen que darse cuenta que honrar a sus artistas e intelectuales tambièn puede ser una fiesta, así, rotundo y sin aes que sobren. Nosotros, desde este lado del ordenador, llevamos ya unos años celebrando que tal día como hoy vino al mundo don Benito Pérez Galdós, ese escritor imprescindible para conocer las alegrías y miserias de aquel Madrid de finales del XIX y sin lugar a dudas el mejor escritor de novela histórica que haya parido este país que ahora se nos fragmenta. Lean, lean sus Episodios Nacionales y griten con nosotros sin vergüenza alguna ¡¡¡viva, viva, viva Gabriel de Araceli!!!.

Saludos, libemos, libermos, libemos, desde este lado del ordenador

Elsa López: “Ediciones La Palma nunca ha recibido un duro de gobierno alguno”

Martes, Febrero 12th, 2019

Del amor imperfecto, poemario por el que Elsa López (Fernando Poo, Guinea Ecuatorial, 1943) obtuvo el Premio Ciudad de Melilla en 1987 y El Camino dorado de Nicolás Melini, ambos editados en 1989 fueron los primeros títulos que abrieron la caja de Pandora de Ediciones La Palma.

Desde ese día y hasta hoy han pasado 30 años que para algunos no son nada pero sí que son muchos para una escritora y poeta que lleva desde entonces liándose la manta a la cabeza para que La Palma, su isla, suene por el mundo porque representa el sello distintivo de una editorial que ha hecho, y vaya que sí lo ha hecho, mucho camino al andar desde ese entonces.

Se ha procurado en esta entrevista separar a la Elsa López escritora y poeta de la Elsa López editora de Ediciones La Palma, un proyecto editorial que celebra en 2019 su treinta aniversario con la emotividad que un cumpleaños así se merece.

Cuenta la responsable de un proyecto que apostó desde sus inicios por la poesía que recuerda a todos los autores y los títulos que componen el ya amplio y nutrido catálogo de Ediciones La Palma y que “lo bueno y lo malo que aprendí con ellos me acompañarán siempre mientras pueda repetir sus nombres y los títulos de los libros que me encomendaron”.

- ¿Qué resumen hace de estos 30 años al frente de la editorial?

“No puedo hacer un resumen. Uno lo hace cuando termina una obra y considera que una etapa se cierra para siempre y para mí la editorial es un continuo que sigue haciendo, construyendo, que tiene etapas buenas y etapas no tan buenas, pero se mantiene a pesar de los avatares económicos y de las pérdidas humanas. No quiero resumirlo como si fuera una etapa. Prefiero hablar de lo que hemos hecho y se sigue haciendo; de lo que hemos construido y de lo que seguimos construyendo. Si usara las palabras que cierran elegiría que ha sido una buena cosecha; que aún recogemos los frutos que sembraron los viejos amigos. Que sobrevivimos gracias a ellos y a su fe en el trabajo que realicé durante años; que gracias a escritores que empezaron conmigo y se ofrecieron a ayudarme y a colaborar no he perdido la ilusión por editar. Ellos me ayudaron, me animaron y me acompañaron en aquellos primeros años en los que todo parecía un juego, un capricho de una enamorada de la poesía. Hablo de Pepe Hierro, de Claudio Rodríguez, de Pablo García Baena, de Carlos Sahagún, de Antonio Gala, Tonino Guerra, Rafael Morales, Benito de Lucas, y muchos más. Ellos fueron el origen y el empujón de lo que consideraban una locura, una hermosa locura”.

- ¿Cómo nace la editorial?

“Nace en Madrid. Estaba destinada como profesora de Filosofía en un instituto del centro, el Isabel La Católica. Había ganado el Ciudad de Melilla y por las tardes participaba en los cursos de etnología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en un seminario de Julio Caro Baroja. Cuento esto porque ellos fueron los que me dieron la idea de reeditar Del amor imperfecto que se había agotado y lo seguían pidiendo en las librerías. En la misma imprenta donde hacían los textos para el Consejo y para el Museo de Antropología al que iba dos días a la semana a unos seminarios de medicina y de música popular, me empujaron a hacer una pequeña editorial donde publicar lo que me diera la gana. La imprenta Taravilla en la calle Mesón de Paños donde trabajaba Antonio, un castizo del antiguo Madrid. Un clásico. Así apareció el primer libro de Ediciones La Palma”.

- ¿Y por qué Ediciones La Palma?

“No había otra. Era mi isla, mi utopía, mi deseo de existir y respirar la isla fuera de ella. Le puse el nombre y le busqué un logo que la representara. Elegí el que usaba el Cabildo de La Palma y pedí permiso para disponer de él al que era entonces presidente del Cabildo, José Luis González Afonso, que me autorizó por escrito (carta fechada el 6 de octubre de 1989) a hacerlo y que hemos mantenido hasta este año en que nos han denunciado por el empleo indebido del mismo. Me extrañó después de treinta años en los que hemos difundido el logotipo que la isla utiliza para tantos eventos. Deduzco que es un tema económico o personal, pero no importa, hemos hecho un cambio para los próximos treinta años. He vuelto a elegir la isla como logotipo, la que emerge de verdad en el mar, su contorno y su realidad. Lo otro era sólo un garabato. Ahora nadie me la podrá quitar”.

- ¿Cuáles fueron sus criterios fundacionales?

“Editar poesía, poesía y poesía. Editar a quienes no tuvieran posibilidad de hacerlo. Poetas que comenzaban una andadura difícil y que merecía la pena darles una posibilidad de ver su obra en las librerías y encontrar lectores que disfrutaran con ella. Sacar adelante aquellos libros que estaban olvidados y no habían vuelto a imprimirse (de ahí surge la colección Retorno). Manolo Romero, yerno de Pepe Hierro, se hace cargo de la dirección de esa colección y buscamos libros perdidos y comienzan a aparecer nombres, amigos, títulos de libros que se fotocopiaban porque nadie los había reeditado. Y así aparecen esos primeros títulos: Como si hubiera muerto un niño de Carlos Sahagún, Enemigo íntimo de Antonio Gala, Catorce bocas me alimentan de Sagrario Torres, El vuelo de la celebración de Claudio Rodríguez, Cuánto sé de mí de José Hierro, Antiguo muchacho de Pablo García Baena, Poemas del toro de Rafael Morales, Cristal de Pino Betancor, y una larga lista de títulos que van apareciendo año tras año. En esos primeros años yo me dedicaba en cuerpo y alma a la edición de jóvenes poetas que empezaban a dar sus primeros pasos. Canarios fundamentalmente. Distribuía yo misma y visitaba las librerías personalmente. No paraba. Eran otros tiempos. Luego aparecieron las distribuidoras en mi vida y algunas fueron bien y otras robaron a mansalva dejándome en la estacada con deudas de seis y siete millones hasta que apareció UDL que nos acogió con verdadero cariño y que respetaba nuestra forma de trabajar: una pequeña editorial de poesía sin grandes ínfulas, pero muy respetable a nivel nacional”.

- Estos criterios ¿han variado con el paso de los años?

“No. Hemos crecido en colecciones y he ido dando paso a nuevos criterios de edición. Ya no hay solo poesía, hay colecciones concretas con nombres concretos y dirigidas por quienes saben hacerlo mejor que yo. Tierra del poeta, por ejemplo, dirigida por Andrés Sánchez Robayna fue una apuesta por darle a la editorial una nueva configuración con criterios concretos y nombres determinados elegidos por el director de la colección. Sánchez Robayna la diseñó a su gusto, y a su gusto fueron los autores elegidos. Tuvo la libertad de hacerlo como la tuvo Manolo Romero y como la tienen hoy día Nicolás Melini y Nuria Ruiz de Viñaspre. Yo sigo al pie del cañón, pero sólo me ocupo de Ministerio del Aire. una colección especial para mí que no ha sufrido ningún cambio y que sigue siendo la perla de la editorial dirigida en sus inicios por Bernardo Chevilly y diseñada por él. La conservo como una pequeña joya. Lo demás está en manos de nuevos criterios y nuevas metas”.

- ¿Celebrarán algo especial con motivo del 30 aniversario?

“David Cabrera, coordinador general de la editorial y Nicolás Melini, director de la colección La Palma quieren celebrarlo por todo lo alto. Una fiesta en Madrid reuniendo en ella a autores de la casa con recitales, memorias, mesas redondas etc. Una fiesta de la literatura en la que estén presentes todos aquellos que durante años han sido parte de la editorial. Luego cerraremos los actos en La Palma con una verdadera fiesta de cumpleaños que nos va a dar el Cabildo de La Palma. Una fiesta con música, tarta, y una piñata enorme llena de libros y poetas venidos de todas las islas”.

- ¿Cómo se sostiene una editorial que publica sobre todo poesía?

“Pues a trompicones. Editando pocos ejemplares para poder distribuirlos adecuadamente y haciendo muchos actos y presentaciones donde poder venderlos. Dirigiéndonos a un público determinado haciendo campañas individuales en las que cada autor aporta lo necesario desde viajes hasta organizar actos donde se lean sus poemas y la editorial busca sitios, libreros, territorios donde puedan llegar y ser conocidos los noveles o donde los ya conocidos puedan encontrarse con su público. La editorial vende en los puntos que tiene la distribuidora y los publicita en los medios ofreciendo nuevos canales de difusión en su página web donde cuelga críticas, eventos y da posibilidad de comprar a quienes están fuera del país y quieran leer nuestros libros”.

- Es reciente, relativamente, la apuesta editorial por otros géneros literarios como la narrativa. ¿Continuarán con esta línea?

“Al principio de su andadura hice algunos intentos por editar novelas y ensayos, pero tuve claro que no podía hacerlo o no debía hacerlo porque la editorial no tenía la potencia necesaria para lanzarse a un mercado como ese. Lo comprendí y abandoné la idea. Ahora han cambiado mucho las cosas y el mercado es más propenso a adquirir obras de editoriales pequeñas y, por otra parte, la editorial tiene un nombre ya consolidado, un público que la sigue y un mercado donde se ha hecho un sitio y la respetan. Eso ayuda a su difusión y a que los autores que editan en ella pueden ver sus libros en diferentes espacios”.

- Ediciones La Palma destaca también por su apuesta por publicar autores canarios.

“Desde el principio. Siempre he defendido la posibilidad de encontrar un lugar donde los autores que no residen en centros concretos en los que se mueve el mundo editorial pudieran tener esa oportunidad. Canarias con más razón. Por cercanía con mis criterios y por voluntad de que así fuera y, fundamentalmente, porque siempre he sabido la buena literatura que se hacía en las islas y que se sigue haciendo. Editar a Pino Betancor, a Luis Feria a Andrés Sánchez Robayna, a Alicia Llarena o a Eugenio Padorno, por poner sólo un par de ejemplos, no es un capricho ni una casualidad, es un criterio basado en la calidad de sus obras”.

- Cuentan con colecciones de poesía y colecciones de mujeres poetas. ¿Era necesario este distingo?

“No estuve muy de acuerdo al principio. Me gustaba la idea y dije que sí pero no andaba yo muy segura de que fuera necesaria esa distinción cuando ya la editorial había tenido el criterio de publicar tanto a mujeres como a hombres teniendo en cuenta exclusivamente su obra sin distinciones de sexo. Pero la visión de Nuria Ruiz de Viñaspre en la que confiaba y sigo confiando, me pareció la adecuada en aquellos momentos y creo que, vistos los resultados y la capacidad con la que funciona la colección EME, fue un acierto desde el punto de vista de la eficacia porque hay un mercado compuesto exclusivamente por mujeres que demandan esos nombres y esos títulos. La editorial Torremozas lo ha hecho siempre y nunca ha sido motivo de discusión o de duda su acierto editorial”.

- ¿Qué diferencia a la editorial de otras ofertas editoriales canarias y nacionales?

“Que hago lo que me da la gana. Que nunca he tenido un duro que me haya sido dado por gobierno alguno. Que he editado sin estar sometida a criterios o a ideologías y que puedo dejarla en herencia a aquellos que han crecido a mi lado y que aún creen en la literatura y en el papel que la contiene; gente que ama los libros como si fueran reliquias y, sobre todo, que todavía puedo acercarme a un poeta desconocido y al escuchar sus poemas puedo decirle que me deje sus textos, que aquí estoy para darle una primera oportunidad. Porque, a pesar de algunos sinsabores y traiciones de escritores en los que alguna vez confié, puedo seguir presumiendo de haber levantado un pequeño espacio donde son recibidos desde afamados escritores a jóvenes que inician su andadura en el mundo de la escritura”.

- ¿Hay muchas dificultades por editar en Canarias?

“Como en todas partes. Los editores se repliegan a la hora de editar un libro porque no hay superficies donde colocarlos; se cierran librerías y las que quedan ya no tienen estanterías para colocar lo que les llega; porque hay exceso de auto ediciones y ya no puedes pensar en editoriales sino en títulos, en caras, en nombres debidamente publicitados, etc. Y las editoriales no tienen dinero para cubrir los resultados de una edición: pagar viajes, pagar hoteles, pagar fiestas, publicidad, presentaciones… Las distribuidoras se llevan una buena parte de los ingresos, los libreros, otra, y el editor y el autor tienen que buscarse la vida. Así de crudo. Yo, hace años, que pago en especias. Libros. El autor cobra sus derechos en libros. Tantos editados, tanto por ciento de derechos, tantos ejemplares para él. El espacio en Canarias queda reducido a determinados puntos de venta y dar el salto a la península para promocionar a un autor es difícil. El mar es demasiado ancho y las distancias se pagan en monedas de distinto valor. Parece que hay ayudas, pero a la hora de buscarlas, el camino se hace cuesta arriba. Pocos casos conozco de instituciones que se preocupen verdaderamente de la literatura. Hubo un tiempo que el Gobierno Canario lo intentó y editó una colección que hoy es una prueba de que aquello fue posible, pero ya quedan pocos cabildos que tengan servicio de publicaciones o ayuden a las editoriales de su isla. La Palma lo hace y se arriesga en la compra de títulos determinados que pueden nutrir sus bibliotecas. Lanzarote tiene un buen servicio de publicaciones, Gran Canaria organiza el concurso Dolores Campos Herrero con muy buen criterio, Tenerife promociona eventos para dar salida a nuevos autores como el Festival Índice, etc. Pero todo esto resulta esporádico y sin seguro de continuidad”.

- ¿Qué anécdotas, momentos más interesantes recuerda en estos 30 años al frente de la editorial?

“Recuerdo el día que Hierro me entregó un libro de Tonino Guerra, La miel, y se puso a leerme en alto los poemas que quería que yo editara. Y la llegada de Tonino a Madrid a presentarlo, y todo el mundo sin creerse que fuera yo su editora. Y cómo llegamos a querernos los dos. Y recuerdo cuando iba de librería en librería por Madrid preguntando por mis libros. Pasaba por una de Serrano y siempre les preguntaba por una edición bilingüe en griego y castellano que había editado de Cavafis. Siempre me decían que no les había llegado. Y un día me dicen “señora, ya nos llegó el libro”. Me lo compré porque no me atreví a decir que yo era la editora”.

- ¿Y qué libro, o libros, le hubiera gustado publicar y no ha podido?

Cumbres borrascosas de Emily Brontë, Lolita de Nabókov, Destierro de Saint John Perse, El Cantar de Los Cantares, y dos mil más”.

- ¿Y de los que ha editado, por cuál siente especial cariño?

“Me cuesta elegirlo porque dependo de los autores y del afecto que nos une al margen de las bondades de su literatura. Pero es posible que eligiera Cuanto sé de mi de José Hierro”.

- Recientemente, han publicado enciclopedia cine cubano. ¿Cómo llegaron a este acuerdo?

“Hay un apartado de la editorial que dirige un antiguo alumno mío del instituto de Isabel La Católica de Madrid y que tiene muy buenas relaciones con Cuba lo que posibilita que editemos libros de autores cubanos, antologías de poesía y ensayo. Se distribuyen en Cuba y en España y el acuerdo es bueno para ellos y para nosotros porque nos abre caminos en América del Sur”.

- Lo decíamos porque cuentan también con antologías de cuentos y alguna novela de escritores cubanos ¿Continuará esta línea?

“Sí. Hay que abrirse, y abrirse en muchas direcciones. La literatura necesita respirar y extenderse. Mi madre, en África, compraba los libros que llegaban en los barcos a Rio Muni. Lo compraba todo y no recuerdo que jamás preguntara de qué país venían. A ella le daba igual. Lo importante era leer, leer hasta caer rendida. Yo soy igual. La única pena que tengo es no poder leer en lenguas diversas y verme sometida a las traducciones”.

- ¿Podría adelantarnos los próximos lanzamientos?

“Acabo de sacar un libro de poemas de María José Alemán Bastarrica Nada de lo que puedo ofrecer me pertenece, otro de Alba Sabina Personne, Falconetti sobre fondo rosa de Daniel María, La canción del olvido de Ángeles Mora, El gran amor de Galdós de Santiago Gil, Asombrosas aventuras de Ismael Belda y Escena de terraza con suicida de José Luis Correa. Los tres últimos en la colección que dirige Nicolás Melini y que es quien se arriesga constantemente. Y hay dos libros en la puerta dispuestos a salir en primavera: uno de Covadonga García Fierro y otro de Sergio Barreto”.

- ¿Cómo valora la poesía actual que se está produciendo en las islas en los últimos años?, ¿encuentra constantes, temas recurrentes entre las autoras y autores canarios?, ¿observa que se mantiene cierta tradición o predomina la ruptura?

“Hay nuevas voces no por nuevas sino por estar recientes sus libros que han dado un salto realmente importante en lo que se refiere a temas, propuestas, formas y maneras de decir lo que quieren decir. Hablo de Yapcy Bienes, de Daniel María, de Ricardo Hernández, de Eugenia Paiz y de las autoras ya mencionadas como María José Alemán o Alba Sabina”.

FOTO 1: Elsa López junto al poeta JOSÉ HIERRO

FOTO 2: Elsa López junto al poeta italiano TONINO GUERRA

FOTO 3: Elsa López junto al poeta JOSÉ HIERRO

Saludos, amanece, desde este lado del ordenador

Fallece el escritor Antonio Lozano

Domingo, Febrero 10th, 2019

Comienza el 2019 con noticias amargas para la república de las letras. Si hace un mes nos hacíamos eco del fallecimiento del artista y agitador cultural Alfonso Delgado, este domingo 10 de febrero anunciamos la triste noticia del fallecimiento del escritor Antonio Lozano (Tánger, Marruecos, 1956-Las Palmas de Gran Canarias, 2019).

Con Antonio Lozano desaparece una de las voces más destacadas de la literatura escrita desde las islas en los últimos años, así como uno de los introductores más entusiastas de la literatura africana en España y de los primeros autores canarios en apostar por la novela negra y criminal con títulos como Preludio para una muerte y La sombra del minotauro, ambas protagonizadas por el detective privado José García Gago; Harraga, su primera incursión en el género y obra por la que obtuvo el Premio Novelpol a la mejor novela negra publicada en España en 2002 y el Prix Marseillais du polar 2008.

Antonio Lozano fue el autor también de El caso Sankara, por la que recibió el Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona en mayo de 2006; Las cenizas de Bagdad, que obtuvo el XXIII premio de novela Benito Pérez Armas, Donde mueren los ríos y Un largo sueño en Tánger, que dedicó a Tánger, ciudad en la que nació y ciudad a la que tanto amó. Fue autor además del relato de viaje Issa Ver, un viaje por el río Níger.

El escritor cultivó la literatura infantil, intentando que en libros como Me llamo Suleimán y Nelson Mandela. El camino a la >libertad los jóvenes recibieran en primera persona una visión diferente del continente africano. La biografía que dedicó al líder sudafricano puede considerase como su último libro publicado, una obra que presentó en la sexta edición del Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras del Puerto de la Cruz en octubre del año pasado, y encuentro en el que formaba parte de su consejo asesor.

Profesor, escritor y amante de las letras, la palabra y el intercambio cultural, Antonio Lozano estudió Magisterio en Granada y trabajó en las escuelas españolas de Uxda y Nador.

En 1984 se trasladó a Agüimes (Gran Canaria) y se licenció en Traducción e Interpretación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. En 1987 se incorporó al equipo de gobierno municipal como concejal de Cultura y Desarrollo Local, donde inició el Festival del Sur-Encuentro Teatral Tres Continentes y puso en marcha el Festival Internacional de Narración Oral Cuenta con Agüimes, el de mayor antigüedad de cuantos se celebran en España.

Antonio Lozano fue también traductor y autor de teatro, fue autor de la adaptación de Me llamo Suleimán y junto a Alexis Ravelo de El crimen de la perra Chona aunque al margen de su impresionante currículum lo recuerdo personalmente por los fuertes abrazos que nos dábamos cuando nos volvíamos a encontrar ya que con Antonio tuve siempre la sensación del reencuentro.

Los que los conocimos echaremos en falta su sentido del humor y el placer de su conversación y su más que enorme, gigantesca generosidad.

Lo vi por última vez en octubre del año pasado en Periplo, ese milagroso festival literario que se celebra en el Puerto de la Cruz, y nos despedimos con ese abrazo fuerte con el que sellábamos el nos volveremos a ver que, como un bucle, repetíamos año tras año.

Nos queda ahora el consuelo de su obra y el homenaje que un hombre de su altura merece.

Antonio Lozano, fue un privilegio conocerte.