Archive for the ‘Literatura’ Category

Triste, solitario y final: Raymond Chandler

Jueves, Julio 23rd, 2020

Los tres grandes mosqueteros de la novela policíaca son Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Ross McDonald aunque el aficionado al género que llevo dentro tiene en su altar particular otros escritores que no se caracterizaron, precisamente, por crear un personajes que trascendiera las páginas de sus novelas como Sam Spade en el caso de Hammett, Philip Marlowe en el caso de Chandler y Lew Archer en el caso de McDonald, sino por contar historias de los que estaban al otro lado de la ley o de personajes que se enfrentan solo a un mundo y a una sociedad corrupta (James M. Cain, Horace McCoy, David Goodis, W. R. Burnett, Dorothy B. Hughes, Patricia Highsmith, Vera Caspary).

Si uno destaca de entre todos ellos por al calidad de su escritura sigue siendo ese extraño intelectual que fue Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo, 1959) quien elevó un escalón más este tipo de literatura tras ser intoxicado por el lenguaje bronco y cínico de Hammett. El impacto ante tal descubrimiento, lo dice el mismo Chandler, fue inmediato aunque su estilo resultase radicalmente diferente. De esas fuentes nace, de todas formas, el detective privado Philip Marlowe, ese caballero sin espada aficionado al gimlet, a las mujeres y a meterse en toda clase de líos. Pero dejemos que sea el propio Chandler quien describa a su investigador;

“Soy un investigador privado con licencia y llevo algún tiempo en este trabajo. Tengo algo de lobo solitario, no estoy casado, ya no soy un jovencito y carezco de dinero. He estado en la cárcel más de una vez y no me ocupo de casos de divorcio. Me gustan el whisky y las mujeres, el ajedrez y algunas cosas más. Los policías no me aprecian demasiado, pero hay un par con los que me llevo bien. Soy de California, nacido en Santa Rosa, padres muertos, ni hermanos ni hermanas y cuando acaben conmigo en un callejón oscuro, si es que sucede, como le puede ocurrir a cualquiera en mi oficio, y a otras muchas personas en cualquier oficio, o en ninguno, en los días que corren, nadie tendrá la sensación de que a su vida le falta de pronto el suelo”.

Como era inevitable, las novelas protagonizadas por Marlowe se llevaron al cine, donde fue interpretado por varios actores. Ya escribí cuál era mi favorito, Robert Mitchum, pueden encontrar este artículo en el blog El Escobillón, pero también le pusieron cara Humphrey Bogart (El sueño eterno); Robert Montgomery (La dama del lago), James Garner (Marlowe, detective muy privado) y Elliot Gould (El largo adiós), entre otros. Cuentan que ninguno de ellos convenció al escritor. El Marlowe que Chandler tenía en la cabeza era Cary Grant, pero como todo el mundo sabe Grant nunca interpretó al detective privado acostumbrado a que le partan la cabeza y el corazón.

En contra de Marllowe, la vida de Chandler no fue demasiado aventurera. Resulta más bien algo oscura. Eso podría explicar su afición al alcohol y su fatal experiencia en Hollywood, donde colaboró en guiones de películas como Perdición y Extraños en un tren. Cuentan una anécdota muy divertida sobre su relación con Howard Hawks durante el rodaje de El sueño eterno, en cuyo guión participaría por ciento un premio Nobel de Literatura, William Faulkner, pero les invito a que lo lean si navegan por la red no vaya a extenderme como pasa casi siempre. Dicho esto, solo puedo recomendarles que lean a un escritor que contribuyó a ubicar al género negro en el lugar que ocupa en la actualidad. Eso sí, los que nos iniciamos con los clásicos de este tipo de literatura siendo adolescentes hemos renunciado a encontrar hoy escritores del mismo calibre que Chandler, un tipo que cuenta desgraciadamente con demasiados imitadores, tantos como cucarachas tiene la ciudad en la que vivo… Así que hace ya tiempo tiré la toalla.

En fin, que no llega el momento de poner fin a estas líneas… ¿Cómo cerrar esta perorata? ¿Cómo despedirme de todos ustedes este 23 de julio en el que se celebra, puto Covid-19, un Día del Libro que no es del de San Jorge?

Ya está. Lo tengo tras dos lingotazos de bourbon seco:

Damas y caballeros “Decir adiós es morir un poco”, lo escribe Raymond Chandler en su obra maestra: El largo adiós.

Saludos, hijos del día y de la noche, desde este lado del ordenador

¿Por quién doblan las campanas, papá Hem?

Jueves, Julio 23rd, 2020

La primera novela que leí de Ernest Hemingway (Oak Park, Illinois; 21 de julio de 1899-Ketchum, Idaho; 2 de julio de 1961) fue Adiós a las armas y el flechazo fue inmediato. Luego devoré sus obras cubanas (El viejo y el mar e Islas en el golfo, también Tener y no tener, cuya versión cinematográfica, salvo los personajes, no tiene nada que ver con la novela original), los cuentos (el señor Hemingway fue un notable escritor de relatos cortos); sus novelas españolas (Por quién doblan las campanas, Fiesta, los cuentos que se desarrollan en nuestra Guerra Civil) y esa especie de autobiografía, aunque toda la producción literaria de Hem sea igual de autobiográfica, que es París era una fiesta, donde hace un retrato muy poético de su compañero de generación F. Scott Fitzgerald. Me queda alguna novela más y probablemente muchos de sus cuentos pero no demasiados. Tampoco las colaboraciones que realizó como periodista desde los diferentes campos de batalla que pisó a lo largo de una vida que, como muchos de ustedes saben, puso fin volándose la cabeza con una escopeta que, quién sabe, igual es la misma con la que aparece en esta fotografía.

El paso del tiempo intenta enterrar ahora la memoria de Hem porque sus libros son demasiado masculinos y por eso mismo políticamente incorrectos. Es una manera de verlo. A mi querida y admirada Patricia Highsmith le caía como una patada precisamente por eso: su machismo indomable. Machismo que no se cansaba de describir en sus obras y en representar en su vida personal mientras recorría las verdes colinas de África pero con todo sigue siendo para quien ahora les escribe uno de esos escritores que fue todo un descubrimiento. MI edición de Adiós a las armas está subrayada arriba y abajo, lo mismo pasa con los relatos que protagoniza Nick Adams y el viejo de El viejo y el mar que está, por cierto, inspirado en un pescador cubano de origen canario, Gregorio Fuentes. Todos estos mundos, todos estos personajes forman parte ya de mi selectiva memoria literaria y aunque nadie me lo haya preguntado diré, por otra parte, que la novela que sigue gustándome más del escritor es Islas en el golfo, y que llegué a ella gracias a la versión cinematográfica que dirigió Franklin J. Schaffner con George C. Scott de protagonista.

En su finca La Vigía, en La Habana, Cuba, descubrí que Hem solía escribir de pie y que su amor por la isla fue tan grande que regaló su medalla de Premio Nobel al país en señal de reconocimiento y respeto. En cuanto a España y además de correrse juergas que duraban hasta el amanecer y asistir a las plazas de toros, visitó a don Pío Baroja para rendirle homenaje. Lo que se dijeron no se sabe exactamente ya que las versiones al respecto son muy contradictorias aunque me gustaría que la escena hubiera sido la siguiente, y así la recogen algunos que la dan por auténtica:

PÍO BAROJA: ¿Qué coño hace éste aquí?

ERNEST HEMINGWAY: He venido a decirle que el Premio Nobel se lo merecía más usted que yo, incluso se lo merecían más Unamuno, Azorín o don Antonio Machado.

PÍO BAROJA: Bueno, basta, basta, que como siga usted. repartiendo el Premio así vamos a tocar a muy poco.

Hem le regaló al autor de El árbol de las ciencias una bufanda, unos calcetines y, cómo no, una botella de whiskie, y quiero pensar que horas más tarde, ya lejos de la casa de Baroja, se tomaría unos combinados en memoria de aquel representante de la generación del 98 en Chicote, uno de esos bares que convirtió en leyenda como El Floridita y La Bodeguita del Medio en su Habana del alma: “Mi mojito en La Bodeguita y mi daikiri en El Floridita”.

Hay muchas cosas que no me gustan de papá Hem pero me encantan sus novelas y cuentos. Recurro a ellas para abstraerme de la realidad que me rodea y como él siento igual emoción cuando recuerdo las calles de la capital cubana barridas por uno de esos potentísimos diluvios tropicales que limpian la atmósfera cuando sale de nuevo el sol.

Y así fue la vida del escritor, violentos diluvios que daban paso a días tremendamente soleados. ¿Por quién doblan las campanas, señor Hem? doblan por ti. Doblan por todos nosotros.

Gracias.

Saludos, se ha escrito, desde este lado del ordenador

El Cabildo de Tenerife “no sabe qué hacer” con su librería

Miércoles, Julio 1st, 2020

La librería del Cabildo de Tenerife lleva cerrada a cal y canto desde febrero de este año. Entonces y hasta hace unos pocos días, se informaba en la puerta del establecimiento que el motivo del cierre era por inventario. Tras la crisis desatada por la Covid-19 y el cierre de la mayoría de los establecimientos por la declaración del Estado de Alarma, la librería del Cabildo continúa clausurada pese a que ahora se disfrute de la “nueva normalidad”.

No se sabe de momento cuando volverá a abrir. Y mucho menos el Cabildo de Tenerife, al que parece que hablar de este tema irrita. O le quema los dedos. En definitiva, que le resulta una molestia. Intentamos conocer la posición de la institución pero el director insular de Cultura, Leopoldo Santos Elorrieta, nos respondió a través del gabinete de prensa con un seco “no sabemos qué hacer con ella”, lo que puede interpretarse como que no tenían ni puñetera idea de su existencia, que no creo, o que les importaba un pimiento su futuro, que quiero pensar que tampoco.

La librería del Cabildo de Tenerife estaba situada en uno de los extremos de la fachada del antiguo cine Teatro Baudet, en la avenida Islas Canarias, antes del general Mola, en Santa Cruz de Tenerife.

El Baudet se inauguró el 25 de mayo de 1944 y fue uno de los primeros edificios proyectados por el arquitecto tinerfeño José Enrique Marrero Regalado, arquitecto también del edificio del Cabildo Insular. El Baudet fue un cine de 1.200 butacas que estaban distribuidas en dos plantas y dejó de funcionar como sala de exhibición cinematográfica en 1985. A partir de entonces sirvió como bingo, sala de fiestas de fin de año e incluso se especuló macro discoteca, proyecto que nunca llegó a realizarse.

Tras ser declarado como Bien de Interés Cultural fue adquirido en 1999 por casi un millón y medio de euros por el Cabido Insular, presidido entonces por Adán Martín, de Coalición Canaria, con la intención de rehabilitarlo como centro cultural y sede de compañías teatrales tinerfeñas pero la iniciativa, como tantas otras, quedó en papel mojado.

De aquel plan inicial solo sobrevivió la Librería del Cabildo, cuya gestión asumió la empresa pública IDECO en 2001 con el objetivo de difundir “la cultura de nuestras islas” y ser “un espacio de encuentro de creadores, editores y profesionales canarios del sector; un espacio destinado a la lectura y a la consulta manual e informática de los fondos bibliográficos”. Al final, terminó convirtiéndose más en librería que en otra cosa. Cuenta con un notable fondo que hace temer ahora por su destino y a formular la pregunta de ¿qué pasará con todos esos libros, discos y películas?

De momento, el Cabildo de Tenerife se limita a decir que no sabe cuál será su futuro como quien se quita de encima un mosquito molesto pero deja abierto un amargo interrogante que invita a una seria reflexión sobre su porvenir. Más ahora que son días de “nueva normalidad”.

También a plantearnos unas preguntas urgentes que exigen una respuesta responsable del actual Director Insular de Cultura, ¿si cierra la librería qué pasará con todo su fondo, un patrimonio de incalculable valor no dinerario pero sí sentimental?, ¿acaso fue devorado por las llamas en las frustradas hogueras de San Juan? De momento el Cabildo responde con un escueto “no sabemos qué hacer” pero olvida que se trata de la librería de todos los tinerfeños.

Saludos, otra y otra vez, desde este lado del ordenador

Elmer Mendoza, Mónica Ojeda, Marta Sanz y Domingo Villar, algunos de los invitados de la quinta edición de Tenerife Noir

Lunes, Marzo 2nd, 2020

El escritor mejicano Elmer Mendoza, creador del detective Edgar Zurdo Mendienta; los españoles Marta Sanz y Domingo Villar y la ecuatoriana Mónica Ojeda, autora de Mandíbulas, son algunos de los invitados de la quinta edición del Festival Atlántico de Género Negro Tenerife Noir, que comenzará el próximo 14 de marzo y a lo largo de nueve días, hasta el 22 de marzo, ofrecerá la oportunidad de abordar el género negro desde diversos planos: artísticos, cultural, académico y social.

El programa de la edición de 2020 fue presentado esta mañana en una rueda de prensa que contó con la participación de la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Matilde Zambudio; la consejera de Cultura del Cabildo de Tenerife, Concepción María Rivero, la vicerrectora de Cultura y Participación Social de la Universidad de La Laguna (ULL), Emilia María Carmona, y el director y productor de esta iniciativa cultural, Alejandro Martín.

El Festival acogerá la presentación de una veintena de obras, además de encuentros literarios y reflexiones sobre la relación entre género negro y mujer en la literatura.

Elmer Mendoza, considerado uno de los padres de la conocida como “narco literatura”, participará en el seminario de la Universidad de La Laguna e impartirá una clase magistral abierta al público sobre la elaboración de un primer capítulo de novela policíaca
 
En el ámbito cinematográfico, participarán en este encuentro Pepe Coira, uno de los creadores de la serie Hierro, que rueda en estos días su segunda temporada, o Jaime Muñoz, coguionista de la película El crack cero, de José Luis Garci, que estará presente en la proyección y ofrecerá una clase magistral.

En cuanto a teatro, la Agrupación de Teatro de Filología de la ULL, representará La casa de Tócame, Roque, de Agustín Espinosa; así como un taller de fotografía con los presos de Tenerife II; el programa cine express y talleres literarios en centros de secundaria.

Tenerife Espacio de las Artes, TEA, será el centro de los actos de presentación y clausura de Tenerife Noir Express y acogerá buena parte de la presentación de las novelas, además de las proyecciones de las películas del cine-fórum. La librería de Mujeres será otro de los escenarios de este encuentro con el género negro.

(*) En la imagen el escritor Elmer Mendoza, imagen tomada de la página web El sol de México.

Saludos, a tiro limpio, desde este lado del ordenador

El cobarde heroico

Jueves, Noviembre 28th, 2019

Este ha sido un mes de transformaciones. Algunas de ellas bastante intensas. Podría decirse incluso que lo vivido y pasado ha servido para que me haga una idea más real de lo que hay a mi alrededor. Así que para ser alguien no acostumbrado a tensiones extremas, noviembre de este año que está a punto de desaparecer ha resultado definitivo para que sea un poco más sabio y probablemente un poco más imbécil.

En este mes, digo, de transformaciones, encuentro a modo de tabla de salvación flotando en el ancho mar de mis desesperanzas las novelas que sobre el militar británico Harry Flashman le dedicó el escritor George McDonald Fraser, un escocés nacido en Inglaterra y que como todo buen escritor de la isla no vio con demasiados buenos ojos la historia colonial de la añeja Unión Jack. Reencontrarme así con las apasionantes, calientes, desternillantes aventuras de Flashman ha sido como la primera vez, aunque mejor. Intentaré explicarme.

En el pasado las leía con la voracidad del hambriento, ahora la lectura se hace reposada. Más si el libro entretiene y alecciona, como es el caso de las novelas de la serie Flashman. Es una pena que, si no conoce la serie, no haga nada por remediarlo. También, si la conoce y no leyó más de dos libros, que renunciase a continuar con las restantes novelas porque estas novelas, generosas en páginas y cuidadosas en los periodos históricos en que se ambientan, prácticamente la gigantesca aventura colonial británica desde la segunda mitad del siglo XIX a los albores del XX.

El protagonista de estros relatos es el mismo Harry Flashaman, quien desgrana sus peripecias en África, Asia, América y Europa en una serie de novelas a cada cual más inspirada. Los textos sirven además al autor para diseccionar la historia colonial de Gran Bretaña a través de los ojos de un cobarde al que la buena fortuna ha convertido en héroe ante los demás pero no para sí mismo, lo que no le causa ningún conflicto moral sino, más bien, unaagradable sensación ante la fama y popularidad que disfruta a ojos de los demás. Famas y popularidad con la que intenta vivir del cuento aunque la aventura, siempre la aventura, llama a la puerta.

Las hsitorias tratan sobre un militar profesional que le tiene miedo a la muerte, la violencia y la guerra por lo que prefiere el combate en una cama con una señora o señorita que cabalgar sobre su caballo hacia el fin con la brigada ligera a las órdenes de Cárdigan, personaje real al que la memoria de Flashman no retrata con admiración sino franco desagrado, o vestido de azul y a las òrdenes de Custer en el ya legendario séptimo de caballería.

Tras la muerte del escritor en enero de 2008 nos quedamos sin más recuerdos del viejo Flashy, un personaje que pese a su condición de cobarse y traidor no deja de caer simpático quizá porque en él confluye lo mejor y lo peor de una persona. Flashman, que tiene capacidad para aprender idiomas, está inspirado en un personaje secundario literario, un personaje que aparece y le hace la vida imposible a uno de los estudiantes de la novela Los dìas escolares de Tom Brown, de Thomas Hughes que ignoro si se ha traducido al español pero que consta con una versión cinematográfica.

McDonald Fraser dejó escrita doce novelas y tres cuentos largos sobre Flashman y en cada uno de estos volúmenes narra con gracia crìtica la vida en colonias, los conflictos que provocó en algunos casos y en otros se vio forzado a participar el ejértico británico y las larga lista de batallas y guerras en las que se vio inmerso el país para hacerse con las riquezas de las naciones sometidas.

En su itinerario de éxito, este soldado que odia la guerra, conoce a ilustres personajes que existieron realmente como la reina Victoria, el duque de Wellington, Abraham Lincoln, Caballo Loco, Toro Sentado, George Amstrong Custer, entre otros muchos, para reírse y de paso mostrar que la patria suele ser eso, el último refugio de los cobardes.

Han sido días intensos y de alguna manera difíciles los de este noviembre que ya inicia su cuenta atrás aunque recuperar las novelas de Flashaman ha sido como la de encontrarme con un viejo amigo entrañable al que hacía años que no veía. Como tal, fue comenzar a releerlo para que descubriera que apenas me acordaba algo de lo que me contó en su día, lo que ha hecho que la serie me parezca igual de nueva que la primera vez.

Pierden el tiempo si no leen a Fraser. Y pierden el tiempo si continúan leyendo estas líneas sin abrir un libro de Flashman (¿a qué esperan?).

Si hay algo que me maravilla de la lectura es que está produzca reacciones por lo metido que andas en la historia. Que pongas caras mientras pasas las páginas y sueltes de pronto una carcajada, no risa, por las situaciones que plantea cualquiera de los libros de la serie aunque tenga, claro está, mis favoritos.

Es una pena que no haya terminado convirtiéndose en películas, aunque hay una de Richard Lester con Malcom McDowell en el papel de Flashman quen no es, a mi juicio, el mejor actor para interpretar al hérie más cobarde de la historia de la literatura. George McDonald Fraser apostaba por Kevin Kline, más joven, por supuesto, así que ahí dejo la cosa por si alguno sugiere otro nombre…

De momento, y desde este lado del ordenador, seguimos leyendo las aventuras de Harry Flashman, un personaje creado por un escritor cuya vida no tiene nada que ver con la mía aunque supo tender un puente, el de estas historias, para que dos perfectos desconocidos dejaran de serlo. Son, dicho esto, muy pocas las palabras para sellar mi agradecimiento y la necesidad imperiosa mientras escribo estas líneas es la de volver a la novela de Flashman que ahora, ya ven, no devoro sino que leo con infinita paciencia y gratitud en una de las habitaciones de mi fortaleza.

Saludos, elogios al cobarde heroico, desde este lado del ordenador

Leonardo Padura: “Mis novelas no mienten sobre la vida en Cuba”

Lunes, Noviembre 11th, 2019

Algo tiene la ciudad de La Habana que produce a tantos y tantos excelentes escritores cubanos. Leonardo Padura (La Habana, 1955) es en la actualidad uno de sus más reconocidos cronistas literarios ya que sitúa la acción de muchas de sus historias en la capital cubana.

Padura es autor, entre otras novelas de La novela de mi vida y El hombre que amaba a los perros, también de una primera, Fiebre de caballos y de las de momento “ocho y media” que ha dedicado a Mario Conde, policía y ahora vendedor de libros, en las que explora las calles “de la otra Habana”, la que permanece oculta en la oscuridad.

Leonardo Padura fue uno de los invitados del Festival Internacional de Viajes y Aventuras de Puerto de la Cruz, séptima edición que reconoció su trayectoria con la entrega de uno de los premios 2019 y escenario en el que habló sobre su obra, lo que es lo mismo que decir sobre su personal percepción de La Habana.

- ¿Qué tiene La Habana que la hace tan literaria?

“La Habana siempre ha tenido aliento literario. Se crea con piedra y con palabras. Un fenómeno curioso de La Habana es que tuvo un programa coordinado en 1830-1840 con el fin de crear una imagen de la ciudad y a través de ella la imagen de un país posible en un momento en el que Cuba era una de las últimas colonias de lo que fue el gran imperio español. De esto hablo algo En la novela de mi vida que va sobre José María Heredia y sobre aquella época. Fueron algunos de sus amigos quienes participaron en este programa. La Habana está muy marcada por la literatura, especialmente la novela. A lo largo del siglo XIX varios escritores reflejaron la ciudad de La Habana y en el siglo XX lo hicieron José Lezama Lima, Alejo Carpentier y Guillermo Cabrera Infante, entre otros. La Habana es una ciudad novelada y novelesca a la vez”.

- ¿Y en su literatura?

“Mi literatura es una literatura fundamentalmente urbana y las novelas de carácter policíaco y digo policíaco como podría decir también de carácter histórico, son resultado de una mezcla que observo desde la perspectiva de la novela social aunque tiene algo también de existencial. Yo escribo novelas mestizadas y La Habana es el escenario de muchas de ellas porque es mi ciudad. En agua por todas partes, escribo entre otros ensayos sobre la presencia de La Habana en mi literatura a través de una serie de elementos que califico como la necesidad de una pertenencia y yo pertenezco a La Habana. Manuel Vázquez Montalbán decía que los poetas pueden pertenecer a una lengua, a un país pero los novelistas, y sobre todo los que escribimos este tipo de literatura urbana, a una ciudad. Yo me califico como escritor de La Habana. Soy un escritor habanero y más que habanero mantillero porque Mantilla es el barrio en el que nací y en el que todavía vivo. Soy de esos tipos raros que vive en la misma casa en la que nació, y ya tengo 64 años”.

-Pero ¿qué significa La Habana en sus novelas?

“La Habana es un escenario en el que los personajes y la estructura misma de la ciudad genera conflictos que me alimentan como escritor. En mis novelas hay un recorrido por todos los estratos sociales, arquitectónicos, geográficos de la ciudad. Desde el sur hasta los barrios antiguamente aristocráticos y los que pertenecen al submundo. La Habana es como el octavo pasajero, el que no se ve pero se siente en cada una de mis novelas”.

-En la serie que protagoniza Mario Conde recorre la vida del personaje y de la ciudad desde 1989 a 2014. ¿Cómo ha evolucionado el personaje y La Habana durante todos estos años?

“Escribí la primera novela de la serie de Mario Conde, Pasado perfecto, en 1989-90 y se publicó por primera vez en Méjico en 1991. Cuando la di a leer algunos me dijeron que le gustaba el personaje así que decidí escribir tres más y ya voy por ocho y medio. Las cuatro primeras novelas se desarrollaban en 1989 y en ellas Conde y su mundo se transformaban espiritualmente. Aquella fue una década muy complicada en la vida cubana por lo que mis novelas reflejan la sociedad de esos momentos previos a la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética que, tras producirse, significó un cambio para el mundo en general y especialmente un cambio dramático para Cuba ya que a partir de entonces comenzamos a vivir una crisis profunda en la que escaseaba de todo. Se produjo una evolución aunque a veces debería decir involución en la sociedad cubana. Faltaba el transporte, la comida y empezaba un cierto proceso de degradación según el modelo establecido hasta unos años antes. Esa Habana comienza a poblarse de prostitutas, drogas y revela aspectos de una corrupción no de grandes cantidades pero sí muy horizontal y a través de la cual vive mucha gente en Cuba. Todo eso va marcando la vida de la ciudad y de los cubanos. La primera novela que escribí tras el cuarteto de La Habana fue Adiós Hemingway que es una novela que se mueve en una Habana literaria en la que Mario Conde inicia una investigación de un asesinato cometido en 1958 en la casa en la que residía Hemingway. Después vino La neblina del ayer, una novela que habla de La Habana después de la crisis y que fue la primera inmersión de Conde en los infiernos de la ciudad. Recorre los barrios del centro de la Habana que se han ido empobreciendo y en los que encuentra a gente que vive en condiciones terribles. También visita a los que viven en condiciones que van mejorando. Esto ha provocado un movimiento de dilatación en el tejido social, un tejido hasta entonces muy compacto y que ahora empieza a dilatarse. En Herejes, la siguiente novela, observo el mundo de los jóvenes cubanos a principios del siglo XXI y reflejo una Habana que tiene otras condiciones que la que retraté en La neblina del ayer, que se desarrolla los primeros años del siglo y Herejes en 2008. En La transparencia del tiempo salto al 2014 y muestro una Habana que se empieza a poblar de pequeños negocios privados que se ven como destellos de riqueza. Al mismo tiempo se describe el cansancio profundo que tiene la ciudad y una parte de la sociedad cubana. Un cansancio histórico, lo califico así en La neblina del ayer.”

- Habla de un viaje a los infierno en la capital cubana.

“Se trata de un infierno que para mi generación resultaba inimaginable que se produjera ya que vivimos en una Cuba en la que habían desaparecido prácticamente los barrios marginales de extrema pobreza, barrios que ahora reaparecen en el cinturón de la ciudad y en el que viven sobre todo los orientales de la isla y los más empobrecidos. Todos ellos se buscan la vida en La Habana. Muchos trabajan de policías y algunos viven en esos barrios. Me asombré al ver lo que vi porque jamás imaginé que estas cosas pudieran pasar en una sociedad como la cubana. Y esto es lo que trato de reflejar en la novela”.

- ¿Se ha vuelto más crítico con la realidad cubana?

“Las novelas de Conde y el ejercicio de la novela negra tiene un sentido de crónica y crítica posible de la sociedad cubana y digo posible porque hay personas que no les gusta demasiado que lo haga”.

-¿Por qué?

“Siempre digo que la verdad puede tener distintas lecturas por lo que puedo estar reflejando una verdad que no coincide con las que otros quieren ver o entender pero la mentira sí que es absoluta y ninguna de mis novelas mienten sobre lo que es la vida en Cuba”.

- Algunas de las constantes de la serie Conde son la gastronomía y los amigos que se quedaron y los que se fueron.

“La gastronomía en las novelas de Conde tiene una clave. Durante sesenta años creo que en Cuba nadie se murió de hambre pero nadie comió lo que quería comer. Cuando la crisis, todo escaseaba en el país por lo que en estas novelas la gastronomía se propone como un juego, invento platos con el fin de representar el deseo insatisfecho de los cubanos durante todo este tiempo”.

- ¿Y los amigos que se fueron y los que se quedaron?

“Mi próxima novela trata sobre lo que ha significado el exilio, el fenómeno de la dispersión de los cubanos de mi generación. Es una tema que se repite en mis otros libros porque reflejan la realidad. Me obsesiona el exilio, la distancia, la pertenencia o la pérdida de la pertenencia, todo esto está presente en La novela de mi vida y en el guión de Regreso a Ítaca y prácticamente en todas las novelas de Conde”.

- ¿Cuáles son sus otras obsesiones?
“Los novelistas tenemos en general cuatro o cinco obsesiones y trabajamos sobre ellas. En mi caso son la libertad del individuo, que es el tema central de Herejes; el fracaso de las utopías, que aparece en El hombre que amaba a los perros así como el papel del hombre ante la Historia o como la Historia puede cambiar la vida de los hombres. Este tema lo trato en La transparencia del tiempo”.

- La amistad es esencial en estas novelas.

“Tienen una función, la de reflejar una realidad. Conde tiene amigos dentro y fuera de Cuba. En La transparencia del tiempo uno de ellos piensa viajar y no sabe si regresará. Los amigos de Conde tienen una función dramática porque si la visión generacional de estas novelas tuviera la perspectiva solo de Conde sería una visión demasiado melancólica y pesimista. Los amigos ayudan a equilibrar esa mirada, dan una visión más abarcadora”.

- El eco de la presencia militar cubana en Angola tiene también peso en las novelas de Mario Conde. ¿Qué significó para su generación este conflicto?

“La guerra de Angola fue la guerra de mi generación. Los cubanos intervienen a partir de 1976 cuando el presidente angoleño, António Agostinho Neto, pidió ayuda cubana tras la invasión de Sudáfrica a su país. Los sudafricanos contaban con aliados angoleños que lideraban Jonas Savimbi y Holden Roberto. La lucha duró hasta 1989 por lo que la guerra de Angola es la más larga en la que han participado los cubanos. Más larga incluso que la de los Diez Años, que fue la primera guerra por la independencia de Cuba. He dicho públicamente, y algunos me han criticado por eso, que en Angola murieron menos cubanos de los que uno puede imaginar en todos estos años de combate. Yo estuve en Angola como periodista civil no como militar pero desde que aterricé me dieron un fusil y dos cargadores. Tengo un trauma acústico irreversible en un oído por lo de Angola, soy un afectado de la guerra de Angola aunque la afectación fundamental estuvo en un plano psicológico más que en el número de muertos. La lectura al final de la guerra es diferente a la que ha ofrecido el cine norteamericano de la de Vietnam, que perdieron mientras que la de Angola la ganó Cuba, que venció al ejército sudafricano y propició los acuerdos de paz de Angola y puso fin al Apartheid en Sudáfrica lo que resultó ser una enorme victoria en el plano diplomático aparte del militar. En cuanto a lo que dejó esa guerra en muchas familias cubanas que la padecieron es un lastre en su memoria. Yo no quería estar en Angola pero nadie me obligó a ir. Fue una experiencia que me sirvió como escritor y periodista y un lugar en el que pese a la gran tensión que se vivía me sirvió de aprendizaje porque en los momentos de tensión aflora lo mejor y lo peor del ser humano. Y solo por eso valió la pena la experiencia”.


- Su mirada se ha vuelto más crítica y amarga con la sociedad cubana en La transparencia del tiempo. ¿Qué diferencia a su generación de las más recientes?

“Hace años escribí un artículo largo, La generación que soñó con el futuro, en el que hablaba de mi generación, esa generación que nace en los años 50 o principios de los 60, la primera que se educa y crece dentro del proceso revolucionario y la primera que acude masivamente a la Universidad. Cuando nos graduamos empezamos a trabajar y a ganar un salario que resolvía los problemas fundamentales de nuestra vida. Comenzamos a tener aspiraciones, la aspiración de ser mejores aunque toda esa posibilidad de tener un futuro se quebró en los años 90, un momento en el que se produce un gran desencanto no solo porque se quiebra el sueño de futuro sino también el del pasado. Por primera vez empezamos a entender de donde veníamos y que cosa había ocurrido con la utopía igualitaria del socialismo. Nos empezó a llegar información gracias a la cual pude escribir años después El hombre que amaba a los perros, que refleja la lectura que tenía hasta entonces de la Guerra Civil española y la participación soviética. Heroica hasta que se abrieron a finales de los 90 los archivos de Moscú y se publicaron libros que cuestionaban esa ayuda soviética tan romántica y generosa. Los soviéticos vendieron armas inservibles a la II República además de escribirle los discursos a José Díaz, secretario general del PCE. Y descubrirlo nos obligó a leer el pasado de otra manera. La generación que vino después de la nuestra es más traumática porque no soñó con el futuro ni creyó en el pasado. En mi generación, y lo cuento en La novela de mi vida, que alguien te dijera que pensaba irse de cuba y tú no fueras a ver a algún dirigente para decírselo, se consideraba un gran pecado, tan grande que podía costarte tu trabajo. Hoy eso ya no es así, las nuevas generaciones ya no son así porque vivimos una realidad distinta”.

- ¿Cómo de distinta?

“Uno de los temas más complicados para entender Cuba es cómo la estructura económica de un país, una economía socialista estatalizada, ha cambiado tan poco como su estructura política, de partido único, que sigue siendo la misma. Visto así, se tiene la impresión de que en Cuba no ha cambiado nada pero sí que ha cambiado la sociedad cubana. El acceso que tenemos ahora a Internet era inimaginable hace veinte años. Ahora una parte muy importante de esa generación se está yendo de Cuba y son los mas preparados y eso deprime el capital social y económico de un país”.

- ¿No ha pensado en desembarazarse de Mario Conde?

“Tengo una relación muy buena con Conde. En esta novela, La transparencia del tiempo, le doy una posibilidad tremenda de realización personal. Con Mario Conde tengo una manera de mirar la realidad cubana contemporánea y la oportunidad de que el personaje vaya envejeciendo conmigo. Esta novela termina en 2014 con las conversaciones que mantienen Cuba y Norteamérica así que lo más probable es que la próxima de la serie la desarrolle con Donald Trump y Miguel Díaz-Canel como presidentes de Estados Unidos y Cuba”.

-En La transparencia del tiempo Mario Conde tiene 60 años

“Lo que hace que reflexione que tras lo mal que ha comido, lo mucho que ha bebido y fumado le quede como mucho un cuarto de vida así que no sé hasta cuándo tendré a Conde trotando por La Habana a la busca de historias. Es una mirada a la realidad cubana que funciona como una crónica. Yo empecé como periodista y sigo siendo más o menos un periodista. Una de las cosas que aprendí del periodismo y que me ha valido para la literatura es que el que quiere escribir tiene que comunicar algo, un ejercicio muy difícil que con este personaje lo he logrado. Las novelas de Mario Conde se han publicado en 25 idiomas y a veces pienso qué puede pensar un lector lituano de estos libros. En España ha sido una victoria increíble, si buscas en Google el Mario Conde que primero aparece es el mío”.

-Hablemos de El hombre que amaba a los perros.

El hombre que amaba los perros es una novela a la que llegué después de muchas lecturas y dudas. Creo que hubo dos elementos que me llevaron a escribirla, uno fue mi ignorancia porque en Cuba la figura de Trotsky no existía, había desaparecido. Y eso hizo que me interesara por el personaje, por conocer su vida, sobre todo cuando me enteré estudiando en la Universidad que su asesino, Ramón Mercader, caminaba por las calles de La Habana. Y aquel hecho me conmocionó porque el asesino de Trotsky es un personaje que está en la Historia. Y en la Historia de La Habana, eso fue un elemento muy importante para que escribiera el libro, un libro en el que invertí cinco años, dos dedicados a investigar y tres de escritura sin que dejara de investigar. Pensé que era una historia interminable. Creo que es una novela que tiene que ver con todos nosotros, con lo que significó el sueño utópico del siglo XX y de cómo un hombre por obedecer una orden política puede convertirse en un asesino”.

- ¿Y La novela de mi vida?

“Es de mis libros el que menos se ha leído aunque creo que es mi mejor novela. El desafío de la escritura está entre lo que uno quiere decir y lo que consigue decir. Uno se propone comunicar algo y es más o menos capaz de redondear esa idea y los argumentos que quería expresar. Aspectos que en esta novela quedaron más cerca de mis propósitos de realización. Pienso que es un libro que sirve para entender qué cosas es un cubano y de dónde venimos”.

- ¿Se venden sus libros en Cuba?

“Se venden pero en cantidades muy pequeñas en comparación con la demanda que tienen. Mi última novela, La transparencia del tiempo, no se ha publicado en Cuba pero es posible que aparezca el año que viene. La condición económica en mi país es muy compleja y mis libros caen en una cierta falta de voluntad política para promoverlos. Llevo una vida normal en Cuba, pago mis impuestos y nadie me persigue más de lo que se persigue a cualquiera. Pero soy invisible, no salgo en la televisión ni en los periódicos nacionales

LA VIEJA RELACIÓN

Los guiones de la serie Mario Conde están escritos por Lucía López Coll y Leonardo Padura y tratan de conservar la esencia de las novelas. “La diferencia entre novela y guión de cine es que la novela es el reino de la libertad y el guión es un trabajo de servicio. Raymond Chandler decía que el novelista serio cuando escribe para el cine debe ir vestido con su segundo mejor traje, el mejor hay que guardarlo para la literatura”. Leonardo Padura explica que el guionista escribe para un director y un productor, que es quien financia el filme.
“El guionista es el elemento más importante porque sin una buena historia no puede haber una buena película”, opina y añade a continuación que cine y literatura son dos lenguajes completamente diferentes. por lo que el escritor “tiene que asumir esa diferencia porque si la confundes la has liado”

MÚSICA

“En 1991 estuve en Barcelona preparando una posible historia de la música cubana, los cantos de ida y vuelta. Como sabe, en Barcelona todavía se cantan habaneras un género que en Cuba desapareció hace cien años. En La Palma el punto canario tiene una relación muy compleja con el punto cubano porque se ha perdido la certeza de qué se perdió en Canarias y en Cuba. Hubo un intercambio tan profundo que las estructuras musicales se confunden. Hay que hablar del punto y de las especificidades del cubano y del canario”

¿JORGE PERUGORRÍA ES EL MARIO CONDE IDEAL?

“Creo que sí. Es un papel que quería hacer desde hace unos años y asumió el carácter del personaje. Lo que pasa es que el lector crea a sus personajes en la cabeza y verlos después en el cine no coincide con sus expectativas. Jorge Perugorría hace un Mario Conde posible por lo que esperamos que en la segunda temporada –si por fin se hace– Mario Conde sea más viejo y cercano a la edad que tiene ahora”

CULTO A LA PELOTA

eonardo Padura es aficionado a la pelota (béisbol), deporte que está presente en sus novelas. Es seguidor de Los Industriales de La Habana aunque hace unos años tuvo un directivo que hizo lo que parecía imposible, que se pasara al de “Matanzas”. Hace dos años las aguas volvieron a su cauce así que renovó su afición por Los Industriales. Esta ruptura fue “una de las peores cosas que me han pasado en la vida”, recuerda el Leonardo Padura.

Leonardo Padura recogió el premio Periplo 2019, un galardón que también recibieron la activista Asha Ismail, en la imagen junto al escritor cubano y el alcalde de Puerto de la Cruz, Marco González; el periodista Alfonso Armada, el segundo teniente Alcalde, David Hernández Díaz y José Manuel Peruyera, quien siendo niño fue recluido en campos de concentración en Francia al finalizar la Guerra Civil española y alemanes al iniciarse la II Guerra Mundial. En el extremo izquierdo de la imagen, Dany Tabarly.

Saludos, fuimos, desde este lado del ordenbador