Archive for the ‘Literatura’ Category

Manuel Borrás: “La poesía hace mejores ciudadanos”

Lunes, Abril 10th, 2017

El director literario de Pre-Textos, Manuel Borrás (Valencia, 1952), protagonizó recientemente un encuentro en Santa Cruz de La Palma en el que habló de su trabajo como editor y de sus relaciones con varios escritores.

Pre-Textos tiene ya cuarenta años y su historia es la del trabajo bien hecho. Bien hecho porque no es fácil que una editorial española alcance esa edad y bien hecho porque ha mantenido desde sus inicios la misma línea. Una línea que apuesta, entre otros géneros literarios por la Poesía, en la que Pre-Textos se ha convertido en referencia.

Pre-Textos cuenta en la actualidad con un fondo de más de mil quinientos títulos y ha obtenido el Premio Nacional del Ministerio de Cultura de España a la labor editorial (1997) y el reconocimiento como editorial del año en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (2008) y en la Feria Internacional del Libro de Lima (2009). Pre-Textos cuenta también con la Orden Alejo Zuloaga, que concede la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo, Venezuela (2012).

Manuel Borrás fundó con Manuel Ramírez y Silvia Pratdesaba en 1976 Pre-Textos, un sello editorial que, desde ese entonces con pretextos, continúa apostado por la literatura de calidad.

- ¿Cómo fue la gestación y el parto de Pre-Textos?

“Pre-Textos la fundamos Manuel Ramírez, Silvia Pratdesaba y yo cuando estábamos en la Universidad y como respuesta a la carestía de determinadas lecturas que afectaban a nuestras afinidades electivas. Veníamos de un proyecto editorial universitario anterior que se frustró ya que quien la animaba, un amigo al que veíamos entonces y que nos parecía muy mayor, teníamos entonces dieciocho años, el notable poeta Eduardo Hervás, se suicidó así que quizá fue él quien nos introdujo el gusanillo de la edición. Siempre digo que Pre-Textos nació con pasión por la literatura escrita y decepción por la experiencia universitaria. Además, nunca quisimos ser hombres tristes, como otros.”

- ¿Recuerda el primer libro que editaron?

- El primer libro que editamos en Pre-Textos fue Materiales para la historia de las ciencias en España: siglos XVI-XVII, y fue el primero porque un colaborador nos dijo que ya estaba en prensa y tras discutir entre nosotros si teníamos que editarlo o no, al final lo reconsideramos. Se trataba de un libro con gran aparato técnico en el que, entre otras cosas, decía que un catalán se había adelantado a Galileo en 40 años. En aquel entonces, vivíamos en un tiempo muy complicado, eran los años de la Transición.”

- ¿Y qué objetivos se marcaron como editorial?

“Nuestro objetivo era la recuperación de la literatura escrita por el exilio español, con autores como María Zambrano, Jorge Guillén y Juan Larrea, entre otros. Y ellos mismos nos animaron a seguir adelante con este proyecto aunque salvo Larrea, que nos confió un libro, el resto esperó a que tuviésemos catálogo. En esa primera etapa recurrimos también a las traducciones.”

- Durante todos estos años Pre-Textos se ha caracterizado por su colección de poesía. Insólito, si tenemos en cuenta que España es un país en el que se lee poco, y si se lee poco, menos poesía.

“Creo que la poesía hace mejores ciudadanos porque los sensibiliza. No sé si es un género menos leído pero lo pongo en duda ya que pese a que la gran industria editorial apuesta por la prosa, la poesía continúa colándose por sus fisuras. En nuestro caso, han pasado más de cuarenta años y nuestra colección de Poesía continúa pese a que apenas da dinero aunque la plusvalía que generan otras colecciones nos permite seguir porque sabemos que los lectores de poesía son una inmensa minoría, y que se trata de un lector que sabe lo quiere y al que resulta muy difícil darle gato por liebre.”

- ¿Y cuál es la historia de un editor literario como usted y el perfil del lector de los libros que edita Pre-Textos?

“La historia de un editor es la historia de un solitario aunque de vez en cuando baja al mundo. En una Feria del Libro observé por primera vez al lector de libros de Pre-Textos y desde entonces es una experiencia que procuro repetir porque percibo el cambio generacional entre nuestros lectores. Observo un relevo intelectual dinámico y vivo pese a que vivamos en una época perezosa en la que la Sociología está por encima de la realidad.”

- Y en sus años de editor, ¿cuáles han sido los momentos más difíciles, esos en los que estuvo a punto de tirar la toalla?

- Los momentos tristes son todos aquellos en los que conoces que ha muerto un amigo porque Pre-Textos se ha constituido en una casa común. Respecto a lo de tirar la toalla, la verdad es que lo pienso con cierta frecuencia porque a veces editas libros que no obtienen los resultados que esperabas. Hacer un libro es relativamente fácil pero una buena edición muy difícil.”

- ¿Y los momentos más satisfactorios?

“Entre los más satisfactorios están aquellos en los que descubres a un joven escritor porque piensas que lo que escribe resulta valioso. ¿Para qué sirve, si no, un editor literario? Un editor literario está para descubrir a valores que aún no están consensuados.”

- ¿De ahí viene el nombre de Pre-Textos?

“El nombre de Pre-textos nació más bien como un pequeño chiste. En aquellos años, los setenta, teníamos que darle nombre a la editorial en la oficina de patentes y nos reunimos los cuatro amigos alrededor de una botella de whiskey y comenzamos a proponer nombres y ahí, ya avanzada la discusión, dije que teníamos que sacar un nombre, un nombre  ‘sin pretexto alguno’ y alguien decidió ponerle un guión a esos pretextos para que quedara en Pre-textos.”

- Como editor literario, ¿qué le pide usted a los textos que llegan a sus manos?

“Que esos textos tengan vida porque la literatura es una manifestación más de la vida.”

- Y cómo observa como editor la irrupción de las nuevas tecnologías en el mundo del libro.

“La irrupción violenta del libro virtual se ha demostrado algo perversa y previsible. Ya se intuía entonces que tenía fecha de caducidad. En uno de los países más consumidores del mundo como son los Estados Unidos de Norteamérica la demanda de libros electrónicos ha descendido, así que el cambio de paradigma que anunciaban los agoreros son zarandajas y demuestra una vez más que el libro molesta, que siempre ha molestado. Entiendo que la literatura en pantalla es literatura pero la diferencia que tiene con la que se publica en papel es que somos muchos los editores que nos preocupamos por cuidar la edición.”

- En estos ya más de cuarenta años al frente de Pre-Textos ¿qué momentos han sido los más importantes para la editorial?

“Entre los momentos más entrañables están los de haber conocido a algunos de los autores a los que admiro y que esos mismos autores me dijeran que los libros de la editorial contribuyeron a su formación intelectual.”

- Y antes, mucho antes ¿hubo editoriales que influenciaron en la forma de hacer libros de Pre-Textos?

- Pre-Textos sin sus hermanos mayores no hubiera sido posible. Lumen, Tusquet, Anagrama, sin ellos nosotros no hubiéramos podido existir, nos abrieron un camino preciso pero no representaron un modelo porque en Pre-Textos dimos preferencia a la intuición basada en la experiencia. Andrés Trapiello dijo de Pre-Textos que no es solo una editorial sino un modo de estar en el mundo.”

- ¿Y que libro que no ha editado le gustaría editar?

“Los ensayos de Montaigne, que lo ha hecho y muy bien Acantilado, y a Benito Pérez Galdós, a quien antes de morir espero hacerle un homenaje.”

- Pre-Textos continúa apostando por la poesía pero ¿cuál es el estado de la poesía que se escribe en España?

“Muy bueno. En este país hay muy buena poesía. Hoy, la gran poesía se escribe en inglés y en español, ese español que hablan quinientos millones de hispanohablantes. Y en su proporción, también en portugués.”

- Y por último, otra curiosidad, ¿recuerda cuál fue el primer libro que le marcó?

El cartero del rey, de Rabindranath Tagore, que leí en la edición de Zenobia Camprubi y Juan Ramón Jiménez. Nací en el seno de una familia burguesa en la que mi madre nos influyó para leer. En mi casa trabajaba además una señora, Eugenia, que nos contaba siempre historias maravillosas, así que con estas dos mujeres ¿cómo no iba a estar abocado a la literatura?

Novedades

Manuel Borrás se muestra satisfecho con la edición, en colaboración con la Fundación de CajaCanarias, de la obra completa de Manuel Padorno (2016). Una edición de Alejandro González Segura que se suma a la que en 2000 presentaron sobre la obra poética y cuentos de Luis Feria con el patrocinio entonces del Gobierno de Canarias y al cuidado de Carlos Eduardo Pinto. Estos autores se suman a un catálogo en el que también figuran otros autores de las islas en una editorial que está en continúa búsqueda de nuevas voces. Al margen de la relación que la editorial mantiene con Canarias, novedades recientes de Pre-Textos son Cartas a sus amigos de Ramón Gaya y la poesía completa de Gerardo Diego. La editorial ha publicado también varios libros de Erika Martínez, que este año presenta Chocar con algo. Manuel Borrás cuenta que conoció la poesía de Erika Martínez siendo jurado en un concurso de poesía joven y que desde entonces ha tenido la oportunidad de observarla “en su crecimiento como poeta.”

Saludos, cada día más sorprendido, desde este lado del ordenador.

El editor de Pre-Textos, Manuel Borrás, en Santa Cruz de La Palma

Jueves, Marzo 30th, 2017

La Casa Principal de Salazar en Santa Cruz de La Palma acoge este viernes, 31 de marzo y a partir de las 20 horas, una intervención del editor de Pre-Textos, Manuel Borrás, quien hablará sobre la labor editorial  y los vínculos de su casa editora con la literatura española, hispanoamericana y canaria. El editor estará acompañado en este encuentro por Rafael-José Díaz.

Manuel Borrás nació en Valencia, en 1952 y es licenciado en Filología moderna en la Universidad de Valencia en las especialidades de alemán e inglés. En 1976, fue uno de los fundadores, junto a Manuel Ramírez y Silvia Pratdesaba de la editorial Pre-Textos, de la que es director literario.

Esta editorial cuenta con un fondo de más de mil quinientos títulos y ha obtenido el Premio Nacional del Ministerio de Cultura de España a la labor editorial en 1997, fue nombrada editorial del año en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2008 y en la Feria Internacional del Libro de Lima de Lima en 2009 y fue galardonada con la Orden Alejo Zuloaga en la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo, Venezuela, en 2012.

En 2015, Borras publicó una selección de las 100 mejores poesías en español. En 2016, obtuvo la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Saludos, cielo muy azul, desde este lado del ordenador.

Rey Vidor

Martes, Marzo 28th, 2017

Hollywood al desnudo es una curiosa autobiografía de King Vidor en la que relata  sus experiencias en la Meca del Cine.

No creo que a nadie se le escape a estas alturas que Vidor es una de las grandes leyenda del cine norteamericano, un hombre preocupado por mostrar la pequeñez del individuo en el mundo y la lucha que establece para ocupar, precisamente, un lugar en ese mundo, en el que parece que está desubicado.

Mi relación con Vidor comenzó de manera casual, que es la manera en cómo se forjan las verdaderas relaciones ya que crea una espontánea, nada fingida, influencia. A lo largo del tiempo, y siguiendo sus películas, me he dado cuenta que muchos de sus largometrajes dejaron una huella que el paso de los años no ha podido borrar.

Siempre aprendo algo viendo las películas de este director, un hombre con notable sentido del humor si se lee este libro publicado en los años cincuenta en español por A.H.R, con traducción de Luis Solano Costa y que, sospecho, debe de ser la primera edición de un libro que en 2003 presentó Paidós Ibérica con el título de Un árbol es un árbol. Se dice esto porque en la edición de A.H.R. que cae en mis manos gracias a la generosidad de un amigo, no consta el título original de la obra pero sí el nombre de su traductor.

Hollywood al desnudo no deja de resultar mal título aunque induce a pensar en otra cosa. En sus páginas se muestra cómo se trabajaba en el cine en la época silente y principios del sonoro desde dentro, desde la perspectiva de un profesional que se forja en un arte que comenzaba a bocetarse como la gran industria del entretenimiento en que se convirtió años más tarde, y periodo en el que el King Vidor, como otros compañeros de generación, se desarrolló como cineasta.

A entender el cine no ya solo como producto de entretenimiento sino también como vehículo para contar las historias de sus personajes.

El director comenta muchas de las películas que levantó y también sus accidentadas relaciones con algunos productores y estrellas del Hollywood de su tiempo, y la amistad que mantuvo con leyendas del cine como Chaplin cuando no hacía de Charlot.

King Vidor no juzga a nadie en este libro, se limita a repasar un pasado marcado por el cine, un arte que contribuyó a engrandecer gracias a su talento para trabajar en equipo.

El libro está repleto de anécdotas y también de lecciones magistrales sobre el cine. El cineasta describe el Hollywood dorado de los años 20 y 30 con la mirada de un profesional, sin prestar mucha atención al glamour (el glamour forma parte del paisaje) y sí una realidad que mostró con cruda intensidad.

El Rey Vidor pertenece a esa venerable familia de hombres y mujeres que procuraron con el arte no perder la mirada crítica sobre la realidad de su tiempo.

Ya conocía la fuerte personalidad del cineasta gracias a otro libro vinculado con el cine pero concebido como una investigación policial. A la muerte de King Vidor, se encontró entre sus papeles un trabajo detectivesco en torno al asesinato del director de cine mudo William Desmond Taylor, documentos que el investigador Sidney Kirkpatrick novelizó en Un elenco de asesinos, un libro sobre el viejo Hollywood protagonizado por personajes reales y que denuncia un caso malamente resuelto. Esa es la conclusión a la que se llega al final de una obra que cierra con una convincente conclusión unos de los escándalos más sonados de la Meca del Cine.

La edición de Hollywood al desnudo que está en mis manos ha envejecido como envejecen muchos libros, no tiene sobrecubierta y está algo estropeado por la edad y, probablemente, el mal uso.

Pero quizá sea esta combinación física otro de los encantos que acompañan un libro que ya ocupa un lugar privilegiado en mi mefistofélica biblioteca.

Saludos, hombres y mujeres de paz, desde este lado del ordenador.

El golpe del siglo

Martes, Marzo 21st, 2017

“Por eso he sido tan completamente franco y sincero. No pido que me aprecien. No pido que me quieran. No me importa que me detesten, si con eso algún funcionario tiquismiquis va a ser más feliz. Es una cuestión de principios. Si es necesario, llevaré mi caso ante las Naciones Unidas. Ya dieron una lección a los británicos por lo de Suez; que les den otra por mi caso. Puede que yo sea un don nadie, y a lo mejor hay quien considera que me huele el aliento, pero ahora ya no estoy meramente indignado. Estoy furioso.”

(La luz del día, colección Serie Negra, RBA. 2013. Traducción: Damià Alou)

La novela de espías sería otra cosa, y otra cosa peor probablemente, si Eric Ambler no hubiera abierto la boca y se hubiera especializado en un género que cuenta con autores de notable reputación como, entre otros, Graham Greene, quien a lo largo de su vida no se cansó de elogiar las novelas de Ambler, autor que ha sido traducido con cierta generosidad en España y hombre que además de escribir literatura se pasó también al cine, quemándose las yemas de los dedos con guiones que si bien no pasarán a la historia, sí que ocupan un espacio de honor en esa larguísima cinta de películas en lo que prima es la emoción en función del entretenimiento.

Eric Ambler es autor de una magnífica biografía, Memorias, en la que menciona su breve paso por unas islas llamadas Canarias, y de un puñado de novelas, muchas de ellas adaptadas al cine, que no pierden su condición de clásico. Se me viene a la cabeza, entre otros títulos, Viaje al miedo y La máscaras de Dimitros, las más conocidas, pero también El gran negocio de Girija, Fronteras sombrías, Una cierta angustia y Motivo de alarma, que son historias de espías que transcurre antes, durante y después de la II Guerra Mundial, y en las que se revela a un escritor de ideas progresistas, algunas de ellas adelantadas a unos tiempos igual de convulsos que los actuales.

Las ficciones de Ambler no vivieron solo del periodo de entreguerras, sin embargo, ya que escribió una serie de novelas en décadas siguiente con menos entusiasmo si se quiere, pero a las que dotó de un sobresaliente sentido del humor como pasa en No sigas mandando rosas y La luz del día, esta última inspiró la película Topkapi (Jules Dassin, 1964), que considero como una de las mejores comedias de y sobre robos desde Atraco a las 3.

Dassin, que fue director y co-guionista de Rififi (1955), filme que tuvo su réplica paródica en Rufufu (Mario Monicelli, 1958), contó con un material literario más que estimable pero que apenas se conocía en España hasta hace relativamente unos pocos años, cuando RBA apostó por este inédito de Ambler en el que se narra con mucha ironía la planificación y robo del tesoro que está custodiado en el museo Topkapi, en Estambul, Turquía, por un grupo peculiar de ladrones entre los que destaca Arthur Simpson, un granuja de medio pelo que comete el error de su vida cuando desliza la mano en la cartera equivocada.

Al servicio de la policía turca y presunto cómplice de ese grupo peculiar de amigos de lo ajeno, La luz de día plantea una serie de cuestiones morales de mucho calado que Ambler resuelve con sano sentido del humor.

Se nota la querencia que sentía el escritor por esa galería de personajes un tanto excéntricos, europeos desubicados en un país, Turquía, más civilizado de lo que ellos pensaban. Ésta, y alguna otra, son claves, fórmulas habituales en las historias de Eric Ambler, un autor viajado y, por viajado, poco o nada británico aunque corriera por sus venas esa sangre.

Los protagonistas de las novelas de Eric Ambler son personajes que han superado fronteras, es decir patrias y banderas y, por supuesto, diferencias como posición social y raza. En sus historias, los personajes con sus luces y sombras son seres humanos lo que explica que resultan tan creíbles por grandiosos y patéticos a partes iguales.

La acción de La luz del día se desarrolla en los años sesenta y transcurre mayoritariamente en Estambul,  que es una de las ciudades más fascinantes del planeta.

Eric Ambler se toma su tiempo, no obstante, en situar al lector, aunque es tal su oficio que no hace falta esforzarse mucho para adentrarse en la historia y las historias que salen de la historia principal como las ramas del tronco de un vigoroso y frondoso árbol.

En esta novela, más que el robo, lo que importan son los personajes porque el escritor fue un agudo retratista de caracteres, personajes a los que supo dotar de consistencia, son de carne y hueso.

Así que merece la pena volcarse en La luz del día y recuperar o encontrar si se da el caso con una de las novelas que forman la impresionante carrera como literato de un escritor que puso su talento al servicio de esa inmensa minoría de lectores que lee porque le va en ello la vida.

Saludos, damas y cababalleros, desde este lado del ordenador.

“Sus obras son microclimas inesperados”

Martes, Enero 17th, 2017

David Villanueva (Madrid, 1968) anuncia que Demipage publicará este año las obras completas de uno de los autores que más vende en la editorial: Félix Francisco Casanova.

El catálogo de Demipage cuenta en la actualidad con tres títulos del poeta: El don de Vorace, en una edición con prólogo del escritor Fernando Aramburu e ilustraciones de Françoise Matton; Yo hubiera o hubiese amado. Diario íntimo (1974), con una introducción que firma Luna Miguel y Cuarenta contra el agua. Antología poética, una selección a cargo de Francisco Javier Irazoki, quien también asume la dirección de esas esperadas obras completas que, avisa Villanueva pero sin revelar apenas nada, “incluirá obra inédita”.

- ¿Cómo y por qué apuesta la editorial por reeditar las obras de Félix Francisco Casanova?

“En 2010 procedimos al rescate de su obra, la mayor parte, con El don de Vorace, su novela, una antología poética, Cuarenta contra el agua (con cuarenta de sus poemas propios) y su diario, Yo hubiera o hubiese amado. Se trataba de recuperar a un autor perdido, olvidado, desconocido para los lectores de habla hispana. Años después, con el foco ya más direccionado hacia su obra, nos corresponde sacar sus obras completas.”

– En este volumen ¿se incluirán inéditos y las obras que el autor publicó en prensa y revistas que, hasta la fecha, no han sido publicado como libro?

“Estas obras completas contienen material inédito, sí.”

- ¿Y cómo se ha diseñado su estructura?, ¿similar a la de La memoria olvidada?

“No, no es similar, la estructura y contenido se desvelarán poco antes de su aparición, durante la Feria del libro de Madrid, en mayo de 2017.”

- Pero podría adelantarnos algo más. Por ejemplo,  ¿quién se ocupará de coordinar estas obras completas? y el libro, ¿contará con un estudio preliminar?

“Más que estudios preliminares contamos con voces testimonio de aquellos años y con escritores profundamente entregados a los textos y poemas de Félix Francisco Casanova. La coordinación corre a cargo de Demipage y está dirigida por el poeta Francisco Javier Irazoki.”

- A Félix Francisco Casanova se le ha relacionado en los últimos tiempos con Rimbaud. ¿Qué opina de esta relación? ¿Es justificada o desmedida?

“Las comparaciones, a veces necesarias para dar a conocer a un autor, son pistas para los lectores, sí, su poesía y quizá su vida, se acercan en ocasiones al estilo de Rimbaud. No es un título gratuito que se le otorga.”

- Y usted, ¿cómo definiría su producción poética y literaria y que fue, como editor, lo que más le llamó la atención de su obra?

“Su producción es un brote de acné más o menos autodirigido, es vitalidad, son hojas verdes en las ramas invernales, singularidades geográficas, microclimas inesperados y desprovistos de radares.”

- Ha sido calificado como poeta maldito. Piensa que fue un poeta maldito, y si es así, ¿por qué?

“Por su muerte prematura y algunos pasajes oscuros, sí podríamos acercarlo a los comentarios que dio Verlaine en Los poetas malditos, aquellos simbolistas que conoció personalmente, a cierto estilo parejo y a ciertas maneras de entender la vida, pero también a la generación Beat y a algunas figuras, malogradas o no, del rock”.

Saludos, maldito catarro, desde este lado del ordenador.

Sergio Ramírez: “Yo persigo la forma que no encuentra mi estilo”

Lunes, Diciembre 12th, 2016

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) participó el pasado noviembre en el ciclo La condición humana, que organiza la Fundación de CajaCanarias y escenario en el que desgranó algunas de las características en las que se sostiene su literatura. Una literatura que permanece muy unida a su trayectoria política ya que Ramírez tuvo un papel protagonista en la revolución sandinista, una revolución de la que hoy es junto a Ernesto Cardenal uno de sus representantes más desencantados.

- Nicaragua es tierra de poetas pero usted salió narrador.

“Es cierto que la tendencia en Nicaragua fue siempre la poesía aunque me di cuenta muy pronto que lo que yo quería era ser narrador, contar historia, entender los por qué de lo que me rodeaba. Mi primera experiencia cuando llegué a la Universidad, allí hacinado en un aula muy pequeña junto a un centenar de estudiantes, consistió en cómo sostenerme porque los que procedíamos de pueblos pequeños para continuar la carrera teníamos que empeñar los libros, que entonces eran muy caros, y los anillos de bachillerato para sobrevivir y mi primer cuento fue sobre todo eso, sentí la pulsión de contar a otros lo que a mi me parecía que era singular y de lo que no se daban cuenta los demás.”

- ¿Qué libros son los que marcan esta etapa de su vida?

“Mira, yo lo que quería era ser cuentista porque para mi la novela y el cuento no tenían nada que ver, así que comencé primero a leer cuentistas como Chéjov, O. Henry, Bierce, Horacio Quiroga, un autor hoy bastante olvidado; Rulfo no había llegado en ese momento, pero los autores que leí me enseñaron una forma moderna de expresar lo que quería decir.”

- ¿Y no leía a escritores nicaragüenses?

“No, no leía a escritores vernáculos sino a los cuentista modernos –para mi Chéjov era moderno– lo que me ayudó a ir buscando las reglas de un género muy complicado como es el cuento y a estimular la ambición de contar una historia en pocas páginas que al final tuviera un final sorpresivo. Eso era entonces lo que buscaba.”

- De los cuentistas que mencionó antes Chéjov era ruso y Bierce y O.Henry, norteamericanos. El único sudamericano es Quiroga.

“Es que en aquel entonces no conocía a Borges ni a Cortázar. Estoy hablando del año 1959 y tras graduarme el siguiente paso que di fui irme a vivir a Costa Rica, que era un país muy distinto a Nicaragua. En San José había librerías excelentes y en las vitrinas de esas librerías me encontré por primera vez con Rulfo, Borges, Cortázar. Más tarde leí en Méjico a Fuentes y Elizondo aunque mi primera novela, Tiempo de fulgor, ahora que la releo, veo que ahí está Rulfo, que fue mi modelo de entonces.”

- ¿Cuál es su desafío como escritor?

“Encontrar mi propia voz, tener un estilo, ser reconocido por un estilo. Después de tantos años de escribir esa sigue siendo mi ambición. Poder hacer una síntesis de todas las voces del pasado para decir este soy yo. Hay un poema de Rubén Darío en el que escribe: yo persigo la forma que no encuentra mi estilo. Y esa es la lucha.”

- ¿Y por qué Nicaragua es una tierra de poetas?

“Rubén Darío creó una literatura no solo nacional sino también el modernismo aunque no transformó a Nicaragua que es un país de estándares culturales y pobre pero hay una circunstancia que marcan a la literatura nicaragüense. Hay un posmodernista que representa Salomón de la Selva, que viaja becado a los Estrados Unidos de Norteamérica por el gobierno liberal del general Zelaya, el mismo que nombra a Rubén Darío embajador en España, y Salomón de la Selva se vuelve un poeta de vanguardia. En Chicago es uno de los fundadores de la revista Poetry y escribe un libro muy bello, El soldado desconocido, sobre sus experiencias en la I Guerra Mundial. Después está José Coronel Urtecho, poeta que también se va a vivir a Norteamérica y trae de vuelta a Nicaragua la poesía norteamericana moderna y crea un grupo de vanguardia… Así que cuando comienzo a escribir la poesía norteamericana es muy conocida porque ha sido traducida por, entre otros, Coronel Urtecho. La poesía busca una evolución constante en Nicaragua y eso no ocurre con la narrativa, cuyo panorama es muy desierto. Miro hacia atrás y los escritores son muy escasos, no hay demasiada tradición narrativa.”

- Entonces, ¿la sombra de Rubén Darío es muy alargada?

“Solo leemos su poesía y no la prosa y Rubén Darío es el gran prosista del modernismo y un excelente articulista. Escribió para el diario de La Nación setecientas crónicas, crónicas de dos mil palabras, crónicas en las que exploraba la modernidad y hablaba de todo, de política, teatro, vodevil, la visita de los reyes, la cocina, de los fenómenos tecnológicos de su época. Y la crónica periodística de Rubén Darío sigue siendo ignorada. Y sus cuentos, sus cuentos son estupendos.”

- Pero habrá algún narrador…

“Lizandro Chávez Alfaro, que a mi me parece que creó la novela moderna en Nicaragua y que cuenta con Trágame tierra, en la que explora el asunto del canal que iba a construirse en Nicaragua y de cómo algunos pensaban que iba a enriquecer al país y Erick Blandón-Guevara con Vuelo de cuervos y Erick Aguirre con Un Sol sobre Managua, que son novelas que observan la revolución con cierta distancia crítica y en la que se plantean cuestiones como: ¿por qué pelamos? y ¿qué resultó de todo eso?

- En este sentido, ¿hasta que punto le ha condicionado la literatura su actividad política y hasta que punto le condiciona ahora su trayectoria literaria con la política?

“Es un punto de encuentro que se da en mi vida. Cuando ingreso en la Universidad y me hago escritor descubro la literatura pero también la dictadura. Vengo de un pueblo pequeño y de una familia liberal así que cuando llego a la ciudad veo el choque diario de los estudiantes contra la dictadura y participo en manifestaciones en las que el ejército dispara y soy sobreviviente de una masacre por lo que es muy difícil separar la protesta, la vida política y la ambición por un cambio con la idea de ser escritor. Las ideas que yo concebí entonces de justicia, democracia y libertad son las que veinte años después se cristalizan en la revolución porque mi generación, la de los sesenta, es la que hace la revolución y no hay manera de apartarse de ella.”

- ¿Y cómo se compromete con la revolución?

“En Alemania, donde viví dos años, fue cuando la revolución se me vino encima y tuve que escoger entre irme a trabajar a Francia en el Centro Pompidou, donde me concedieron una beca para escribir guiones de cine, o la revolución que comenzaba a tomar una forma muy real así que regresé a Nicaragua. Pienso que eso fue lo que tuvo que pasar necesariamente porque si escojo Francia me hubiera dado cuenta del triunfo de la revolución leyendo Le Monde pero escogí la revolución, en la que tuve un protagonismo que me obligó a abandonar la escritura durante diez años.”

- ¿Y cuándo vuelve a escribir?

“A finales de 1984, cuando resulto electo vicepresidente, hice la reflexión de que durante el periodo que durara mi mandato podía dejar de ser escritor y esa idea me horrorizó y me animó al mismo tiempo a escribir. En esa etapa trabajo en Castigo divino que es mi novela más voluminosa y compleja y que escribí en los años más duros de la guerra a la contra.”

- Entiendo que escribir le sirvió de válvula de escape. Una forma de escapar a la presión política.

“Y por eso mismo me volqué en la historia de un envenenador en la ciudad de León y su juicio. No escribí sobre la revolución porque nadie que está en una posición de poder y se vuelve un relaciones públicas del poder, que era lo que representaba, puede escribir una novela justa sobre lo que estaba ocurriendo. Es imposible, sería una obra de propaganda y no creo que la literatura sea para eso. Busqué un tema muy alejado de lo que estaba pasando y escribí un libro que se desarrolla en los años 30. Fue mi respuesta literaria a esos años tan difíciles.”

- Ha explorado el género negro en varias de sus novelas, ¿qué atractivo tiene para usted?

Castigo divino es una novela que pertenece a este género pero no la escribí con el propósito de que fuera una novela negra sino una novela social, de costumbres, judicial, una novela en la que un médico hace un poco de investigador de un crimen. Otra cosa es cuando escribo El cielo llora por mi, que es una novela policíaca en la que el protagonista es un antiguo guerrillero, Dolores Morales, que pierde una pierna en el frente sur y le hacen una prótesis en Cuba y termina en el departamento antidrogas el año en que el Frente Sandinista pierde las elecciones, lo que supone un descalabro ya que no consiste en que un partido sustituya a otro en el poder sino que la revolución pierde sus mecanismos y el ejército se despoja del color sandinista y lo mismo pasa con la policía, que busca su institucionalización para salvarse. Morales y su compañero de aventuras, el subinspector Lord Dixon, observan esa realidad con cierto cinismo y humor negro mientras investigan un caso de tráfico de drogas lo que me dio la oportunidad de describir la Nicaragua de esos años.”

- Personajes que ha anunciado que quiere recuperar en una nueva novela.

“Y que se desarrolla en la Nicaragua de 2016, que es la Nicaragua de Daniel Ortega y su mujer, y en la que Dolores Morales tiene 60 años y ha sido retirado de la policía pero dirige una pequeña agencia de detectives en la que investiga casos de adulterio, pequeños robos hasta que un millonario que procede del Frente Sandinista le encarga el caso de la desaparición de su hija.”

- El nombre de Dolores Morales es muy significativo.

- Y existe.

- ¿Dolores Morales?

“Es un nombre muy simbólico. Lord Dixon dice en la novela que deberían llamarlo Placeres Físicos porque va de cama en cama. Es un nombre emblemático.”

- ¿Cuentos y novelas son ahora géneros paralelos para usted?

“Hay una tendencia, y es la de escribir cuentos para entrenarse y pasar a la novela pero  no fue mi caso. Mi padre estaba muy ilusionado con que fuera abogado pero cuando tuve veinte años reuní mis cuentos en un librito que, cuando se lo entregué él, que no era letrado sino comerciante, lo que me dijo fue: ahora tiene que escribir una novela. Y me puse a escribirla y me convertí en novelista pero nunca abandoné el cuento porque hay ideas narrativas que solo pueden resolverse en pocas páginas. La novela es un árbol proceloso y cada día te da una sorpresa mientras que el sé cómo va a terminar y no me puedo perder porque es un género que impone sus propias reglas.”

Novela y revolución

Sergio Ramírez cree que en Nicaragua pasa lo mismo que en América Latina: las reglas de la novela se están rompiendo, por lo que en la actualidad los novelistas se acercan al periodismo y el periodismo se aproxima más a la literatura. “La novela es más cervantina que nunca en el sentido que contiene muchas cosas”, dice un escritor que espera que la gran novela sobre al revolución sandinista la escriba ahora quienes no combatieron en esa revolución porque nacieron en el siglo XXI. “La estoy esperando con curiosidad porque va a definir el rumbo de esas escrituras cuando vuelva su mirada al pasado.” Sergio Ramírez explica que la revolución es un fenómeno que hoy se ha olvidado en Nicaragua y que a los jóvenes no les interesa saber quién fue Somoza o Sandino, por eso espera que la mirada hacia atrás contribuya a generar una idea sobre lo que significó la revolución para una generación desencantada que es la de sus padres y abuelos. Pero ¿y cómo es la generación de los hijos y nietos? Ramírez piensa un momento antes de contestar: “ellos son la generación global, la que está desinformada de su propio pasado e historia.”

Saludos, ya saben, desde este lado del ordenador.