Archive for the ‘Literatura’ Category

El golpe del siglo

Martes, Marzo 21st, 2017

“Por eso he sido tan completamente franco y sincero. No pido que me aprecien. No pido que me quieran. No me importa que me detesten, si con eso algún funcionario tiquismiquis va a ser más feliz. Es una cuestión de principios. Si es necesario, llevaré mi caso ante las Naciones Unidas. Ya dieron una lección a los británicos por lo de Suez; que les den otra por mi caso. Puede que yo sea un don nadie, y a lo mejor hay quien considera que me huele el aliento, pero ahora ya no estoy meramente indignado. Estoy furioso.”

(La luz del día, colección Serie Negra, RBA. 2013. Traducción: Damià Alou)

La novela de espías sería otra cosa, y otra cosa peor probablemente, si Eric Ambler no hubiera abierto la boca y se hubiera especializado en un género que cuenta con autores de notable reputación como, entre otros, Graham Greene, quien a lo largo de su vida no se cansó de elogiar las novelas de Ambler, autor que ha sido traducido con cierta generosidad en España y hombre que además de escribir literatura se pasó también al cine, quemándose las yemas de los dedos con guiones que si bien no pasarán a la historia, sí que ocupan un espacio de honor en esa larguísima cinta de películas en lo que prima es la emoción en función del entretenimiento.

Eric Ambler es autor de una magnífica biografía, Memorias, en la que menciona su breve paso por unas islas llamadas Canarias, y de un puñado de novelas, muchas de ellas adaptadas al cine, que no pierden su condición de clásico. Se me viene a la cabeza, entre otros títulos, Viaje al miedo y La máscaras de Dimitros, las más conocidas, pero también El gran negocio de Girija, Fronteras sombrías, Una cierta angustia y Motivo de alarma, que son historias de espías que transcurre antes, durante y después de la II Guerra Mundial, y en las que se revela a un escritor de ideas progresistas, algunas de ellas adelantadas a unos tiempos igual de convulsos que los actuales.

Las ficciones de Ambler no vivieron solo del periodo de entreguerras, sin embargo, ya que escribió una serie de novelas en décadas siguiente con menos entusiasmo si se quiere, pero a las que dotó de un sobresaliente sentido del humor como pasa en No sigas mandando rosas y La luz del día, esta última inspiró la película Topkapi (Jules Dassin, 1964), que considero como una de las mejores comedias de y sobre robos desde Atraco a las 3.

Dassin, que fue director y co-guionista de Rififi (1955), filme que tuvo su réplica paródica en Rufufu (Mario Monicelli, 1958), contó con un material literario más que estimable pero que apenas se conocía en España hasta hace relativamente unos pocos años, cuando RBA apostó por este inédito de Ambler en el que se narra con mucha ironía la planificación y robo del tesoro que está custodiado en el museo Topkapi, en Estambul, Turquía, por un grupo peculiar de ladrones entre los que destaca Arthur Simpson, un granuja de medio pelo que comete el error de su vida cuando desliza la mano en la cartera equivocada.

Al servicio de la policía turca y presunto cómplice de ese grupo peculiar de amigos de lo ajeno, La luz de día plantea una serie de cuestiones morales de mucho calado que Ambler resuelve con sano sentido del humor.

Se nota la querencia que sentía el escritor por esa galería de personajes un tanto excéntricos, europeos desubicados en un país, Turquía, más civilizado de lo que ellos pensaban. Ésta, y alguna otra, son claves, fórmulas habituales en las historias de Eric Ambler, un autor viajado y, por viajado, poco o nada británico aunque corriera por sus venas esa sangre.

Los protagonistas de las novelas de Eric Ambler son personajes que han superado fronteras, es decir patrias y banderas y, por supuesto, diferencias como posición social y raza. En sus historias, los personajes con sus luces y sombras son seres humanos lo que explica que resultan tan creíbles por grandiosos y patéticos a partes iguales.

La acción de La luz del día se desarrolla en los años sesenta y transcurre mayoritariamente en Estambul,  que es una de las ciudades más fascinantes del planeta.

Eric Ambler se toma su tiempo, no obstante, en situar al lector, aunque es tal su oficio que no hace falta esforzarse mucho para adentrarse en la historia y las historias que salen de la historia principal como las ramas del tronco de un vigoroso y frondoso árbol.

En esta novela, más que el robo, lo que importan son los personajes porque el escritor fue un agudo retratista de caracteres, personajes a los que supo dotar de consistencia, son de carne y hueso.

Así que merece la pena volcarse en La luz del día y recuperar o encontrar si se da el caso con una de las novelas que forman la impresionante carrera como literato de un escritor que puso su talento al servicio de esa inmensa minoría de lectores que lee porque le va en ello la vida.

Saludos, damas y cababalleros, desde este lado del ordenador.

“Sus obras son microclimas inesperados”

Martes, Enero 17th, 2017

David Villanueva (Madrid, 1968) anuncia que Demipage publicará este año las obras completas de uno de los autores que más vende en la editorial: Félix Francisco Casanova.

El catálogo de Demipage cuenta en la actualidad con tres títulos del poeta: El don de Vorace, en una edición con prólogo del escritor Fernando Aramburu e ilustraciones de Françoise Matton; Yo hubiera o hubiese amado. Diario íntimo (1974), con una introducción que firma Luna Miguel y Cuarenta contra el agua. Antología poética, una selección a cargo de Francisco Javier Irazoki, quien también asume la dirección de esas esperadas obras completas que, avisa Villanueva pero sin revelar apenas nada, “incluirá obra inédita”.

- ¿Cómo y por qué apuesta la editorial por reeditar las obras de Félix Francisco Casanova?

“En 2010 procedimos al rescate de su obra, la mayor parte, con El don de Vorace, su novela, una antología poética, Cuarenta contra el agua (con cuarenta de sus poemas propios) y su diario, Yo hubiera o hubiese amado. Se trataba de recuperar a un autor perdido, olvidado, desconocido para los lectores de habla hispana. Años después, con el foco ya más direccionado hacia su obra, nos corresponde sacar sus obras completas.”

– En este volumen ¿se incluirán inéditos y las obras que el autor publicó en prensa y revistas que, hasta la fecha, no han sido publicado como libro?

“Estas obras completas contienen material inédito, sí.”

- ¿Y cómo se ha diseñado su estructura?, ¿similar a la de La memoria olvidada?

“No, no es similar, la estructura y contenido se desvelarán poco antes de su aparición, durante la Feria del libro de Madrid, en mayo de 2017.”

- Pero podría adelantarnos algo más. Por ejemplo,  ¿quién se ocupará de coordinar estas obras completas? y el libro, ¿contará con un estudio preliminar?

“Más que estudios preliminares contamos con voces testimonio de aquellos años y con escritores profundamente entregados a los textos y poemas de Félix Francisco Casanova. La coordinación corre a cargo de Demipage y está dirigida por el poeta Francisco Javier Irazoki.”

- A Félix Francisco Casanova se le ha relacionado en los últimos tiempos con Rimbaud. ¿Qué opina de esta relación? ¿Es justificada o desmedida?

“Las comparaciones, a veces necesarias para dar a conocer a un autor, son pistas para los lectores, sí, su poesía y quizá su vida, se acercan en ocasiones al estilo de Rimbaud. No es un título gratuito que se le otorga.”

- Y usted, ¿cómo definiría su producción poética y literaria y que fue, como editor, lo que más le llamó la atención de su obra?

“Su producción es un brote de acné más o menos autodirigido, es vitalidad, son hojas verdes en las ramas invernales, singularidades geográficas, microclimas inesperados y desprovistos de radares.”

- Ha sido calificado como poeta maldito. Piensa que fue un poeta maldito, y si es así, ¿por qué?

“Por su muerte prematura y algunos pasajes oscuros, sí podríamos acercarlo a los comentarios que dio Verlaine en Los poetas malditos, aquellos simbolistas que conoció personalmente, a cierto estilo parejo y a ciertas maneras de entender la vida, pero también a la generación Beat y a algunas figuras, malogradas o no, del rock”.

Saludos, maldito catarro, desde este lado del ordenador.

Sergio Ramírez: “Yo persigo la forma que no encuentra mi estilo”

Lunes, Diciembre 12th, 2016

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) participó el pasado noviembre en el ciclo La condición humana, que organiza la Fundación de CajaCanarias y escenario en el que desgranó algunas de las características en las que se sostiene su literatura. Una literatura que permanece muy unida a su trayectoria política ya que Ramírez tuvo un papel protagonista en la revolución sandinista, una revolución de la que hoy es junto a Ernesto Cardenal uno de sus representantes más desencantados.

- Nicaragua es tierra de poetas pero usted salió narrador.

“Es cierto que la tendencia en Nicaragua fue siempre la poesía aunque me di cuenta muy pronto que lo que yo quería era ser narrador, contar historia, entender los por qué de lo que me rodeaba. Mi primera experiencia cuando llegué a la Universidad, allí hacinado en un aula muy pequeña junto a un centenar de estudiantes, consistió en cómo sostenerme porque los que procedíamos de pueblos pequeños para continuar la carrera teníamos que empeñar los libros, que entonces eran muy caros, y los anillos de bachillerato para sobrevivir y mi primer cuento fue sobre todo eso, sentí la pulsión de contar a otros lo que a mi me parecía que era singular y de lo que no se daban cuenta los demás.”

- ¿Qué libros son los que marcan esta etapa de su vida?

“Mira, yo lo que quería era ser cuentista porque para mi la novela y el cuento no tenían nada que ver, así que comencé primero a leer cuentistas como Chéjov, O. Henry, Bierce, Horacio Quiroga, un autor hoy bastante olvidado; Rulfo no había llegado en ese momento, pero los autores que leí me enseñaron una forma moderna de expresar lo que quería decir.”

- ¿Y no leía a escritores nicaragüenses?

“No, no leía a escritores vernáculos sino a los cuentista modernos –para mi Chéjov era moderno– lo que me ayudó a ir buscando las reglas de un género muy complicado como es el cuento y a estimular la ambición de contar una historia en pocas páginas que al final tuviera un final sorpresivo. Eso era entonces lo que buscaba.”

- De los cuentistas que mencionó antes Chéjov era ruso y Bierce y O.Henry, norteamericanos. El único sudamericano es Quiroga.

“Es que en aquel entonces no conocía a Borges ni a Cortázar. Estoy hablando del año 1959 y tras graduarme el siguiente paso que di fui irme a vivir a Costa Rica, que era un país muy distinto a Nicaragua. En San José había librerías excelentes y en las vitrinas de esas librerías me encontré por primera vez con Rulfo, Borges, Cortázar. Más tarde leí en Méjico a Fuentes y Elizondo aunque mi primera novela, Tiempo de fulgor, ahora que la releo, veo que ahí está Rulfo, que fue mi modelo de entonces.”

- ¿Cuál es su desafío como escritor?

“Encontrar mi propia voz, tener un estilo, ser reconocido por un estilo. Después de tantos años de escribir esa sigue siendo mi ambición. Poder hacer una síntesis de todas las voces del pasado para decir este soy yo. Hay un poema de Rubén Darío en el que escribe: yo persigo la forma que no encuentra mi estilo. Y esa es la lucha.”

- ¿Y por qué Nicaragua es una tierra de poetas?

“Rubén Darío creó una literatura no solo nacional sino también el modernismo aunque no transformó a Nicaragua que es un país de estándares culturales y pobre pero hay una circunstancia que marcan a la literatura nicaragüense. Hay un posmodernista que representa Salomón de la Selva, que viaja becado a los Estrados Unidos de Norteamérica por el gobierno liberal del general Zelaya, el mismo que nombra a Rubén Darío embajador en España, y Salomón de la Selva se vuelve un poeta de vanguardia. En Chicago es uno de los fundadores de la revista Poetry y escribe un libro muy bello, El soldado desconocido, sobre sus experiencias en la I Guerra Mundial. Después está José Coronel Urtecho, poeta que también se va a vivir a Norteamérica y trae de vuelta a Nicaragua la poesía norteamericana moderna y crea un grupo de vanguardia… Así que cuando comienzo a escribir la poesía norteamericana es muy conocida porque ha sido traducida por, entre otros, Coronel Urtecho. La poesía busca una evolución constante en Nicaragua y eso no ocurre con la narrativa, cuyo panorama es muy desierto. Miro hacia atrás y los escritores son muy escasos, no hay demasiada tradición narrativa.”

- Entonces, ¿la sombra de Rubén Darío es muy alargada?

“Solo leemos su poesía y no la prosa y Rubén Darío es el gran prosista del modernismo y un excelente articulista. Escribió para el diario de La Nación setecientas crónicas, crónicas de dos mil palabras, crónicas en las que exploraba la modernidad y hablaba de todo, de política, teatro, vodevil, la visita de los reyes, la cocina, de los fenómenos tecnológicos de su época. Y la crónica periodística de Rubén Darío sigue siendo ignorada. Y sus cuentos, sus cuentos son estupendos.”

- Pero habrá algún narrador…

“Lizandro Chávez Alfaro, que a mi me parece que creó la novela moderna en Nicaragua y que cuenta con Trágame tierra, en la que explora el asunto del canal que iba a construirse en Nicaragua y de cómo algunos pensaban que iba a enriquecer al país y Erick Blandón-Guevara con Vuelo de cuervos y Erick Aguirre con Un Sol sobre Managua, que son novelas que observan la revolución con cierta distancia crítica y en la que se plantean cuestiones como: ¿por qué pelamos? y ¿qué resultó de todo eso?

- En este sentido, ¿hasta que punto le ha condicionado la literatura su actividad política y hasta que punto le condiciona ahora su trayectoria literaria con la política?

“Es un punto de encuentro que se da en mi vida. Cuando ingreso en la Universidad y me hago escritor descubro la literatura pero también la dictadura. Vengo de un pueblo pequeño y de una familia liberal así que cuando llego a la ciudad veo el choque diario de los estudiantes contra la dictadura y participo en manifestaciones en las que el ejército dispara y soy sobreviviente de una masacre por lo que es muy difícil separar la protesta, la vida política y la ambición por un cambio con la idea de ser escritor. Las ideas que yo concebí entonces de justicia, democracia y libertad son las que veinte años después se cristalizan en la revolución porque mi generación, la de los sesenta, es la que hace la revolución y no hay manera de apartarse de ella.”

- ¿Y cómo se compromete con la revolución?

“En Alemania, donde viví dos años, fue cuando la revolución se me vino encima y tuve que escoger entre irme a trabajar a Francia en el Centro Pompidou, donde me concedieron una beca para escribir guiones de cine, o la revolución que comenzaba a tomar una forma muy real así que regresé a Nicaragua. Pienso que eso fue lo que tuvo que pasar necesariamente porque si escojo Francia me hubiera dado cuenta del triunfo de la revolución leyendo Le Monde pero escogí la revolución, en la que tuve un protagonismo que me obligó a abandonar la escritura durante diez años.”

- ¿Y cuándo vuelve a escribir?

“A finales de 1984, cuando resulto electo vicepresidente, hice la reflexión de que durante el periodo que durara mi mandato podía dejar de ser escritor y esa idea me horrorizó y me animó al mismo tiempo a escribir. En esa etapa trabajo en Castigo divino que es mi novela más voluminosa y compleja y que escribí en los años más duros de la guerra a la contra.”

- Entiendo que escribir le sirvió de válvula de escape. Una forma de escapar a la presión política.

“Y por eso mismo me volqué en la historia de un envenenador en la ciudad de León y su juicio. No escribí sobre la revolución porque nadie que está en una posición de poder y se vuelve un relaciones públicas del poder, que era lo que representaba, puede escribir una novela justa sobre lo que estaba ocurriendo. Es imposible, sería una obra de propaganda y no creo que la literatura sea para eso. Busqué un tema muy alejado de lo que estaba pasando y escribí un libro que se desarrolla en los años 30. Fue mi respuesta literaria a esos años tan difíciles.”

- Ha explorado el género negro en varias de sus novelas, ¿qué atractivo tiene para usted?

Castigo divino es una novela que pertenece a este género pero no la escribí con el propósito de que fuera una novela negra sino una novela social, de costumbres, judicial, una novela en la que un médico hace un poco de investigador de un crimen. Otra cosa es cuando escribo El cielo llora por mi, que es una novela policíaca en la que el protagonista es un antiguo guerrillero, Dolores Morales, que pierde una pierna en el frente sur y le hacen una prótesis en Cuba y termina en el departamento antidrogas el año en que el Frente Sandinista pierde las elecciones, lo que supone un descalabro ya que no consiste en que un partido sustituya a otro en el poder sino que la revolución pierde sus mecanismos y el ejército se despoja del color sandinista y lo mismo pasa con la policía, que busca su institucionalización para salvarse. Morales y su compañero de aventuras, el subinspector Lord Dixon, observan esa realidad con cierto cinismo y humor negro mientras investigan un caso de tráfico de drogas lo que me dio la oportunidad de describir la Nicaragua de esos años.”

- Personajes que ha anunciado que quiere recuperar en una nueva novela.

“Y que se desarrolla en la Nicaragua de 2016, que es la Nicaragua de Daniel Ortega y su mujer, y en la que Dolores Morales tiene 60 años y ha sido retirado de la policía pero dirige una pequeña agencia de detectives en la que investiga casos de adulterio, pequeños robos hasta que un millonario que procede del Frente Sandinista le encarga el caso de la desaparición de su hija.”

- El nombre de Dolores Morales es muy significativo.

- Y existe.

- ¿Dolores Morales?

“Es un nombre muy simbólico. Lord Dixon dice en la novela que deberían llamarlo Placeres Físicos porque va de cama en cama. Es un nombre emblemático.”

- ¿Cuentos y novelas son ahora géneros paralelos para usted?

“Hay una tendencia, y es la de escribir cuentos para entrenarse y pasar a la novela pero  no fue mi caso. Mi padre estaba muy ilusionado con que fuera abogado pero cuando tuve veinte años reuní mis cuentos en un librito que, cuando se lo entregué él, que no era letrado sino comerciante, lo que me dijo fue: ahora tiene que escribir una novela. Y me puse a escribirla y me convertí en novelista pero nunca abandoné el cuento porque hay ideas narrativas que solo pueden resolverse en pocas páginas. La novela es un árbol proceloso y cada día te da una sorpresa mientras que el sé cómo va a terminar y no me puedo perder porque es un género que impone sus propias reglas.”

Novela y revolución

Sergio Ramírez cree que en Nicaragua pasa lo mismo que en América Latina: las reglas de la novela se están rompiendo, por lo que en la actualidad los novelistas se acercan al periodismo y el periodismo se aproxima más a la literatura. “La novela es más cervantina que nunca en el sentido que contiene muchas cosas”, dice un escritor que espera que la gran novela sobre al revolución sandinista la escriba ahora quienes no combatieron en esa revolución porque nacieron en el siglo XXI. “La estoy esperando con curiosidad porque va a definir el rumbo de esas escrituras cuando vuelva su mirada al pasado.” Sergio Ramírez explica que la revolución es un fenómeno que hoy se ha olvidado en Nicaragua y que a los jóvenes no les interesa saber quién fue Somoza o Sandino, por eso espera que la mirada hacia atrás contribuya a generar una idea sobre lo que significó la revolución para una generación desencantada que es la de sus padres y abuelos. Pero ¿y cómo es la generación de los hijos y nietos? Ramírez piensa un momento antes de contestar: “ellos son la generación global, la que está desinformada de su propio pasado e historia.”

Saludos, ya saben, desde este lado del ordenador.

El escritor de la ciudad de los prodigios

Miércoles, Noviembre 30th, 2016

Eduardo Mendoza, premio Cervantes 2016, no sería Eduardo Mendoza si no hubiera nacido en Barcelona. La llamada ciudad Condal ocupa gran parte de su producción literaria y ha terminado por convertirse en un personaje más en la mayoría de sus libros.

La relación que mantiene con Barcelona es casi una constante en sus novelas, novelas muchas de ellas en las que continúa y con la cabeza bien alta una tradición literaria en la que ha sabido combinar, y muy bien, por cierto, otros géneros venidos de fuera y los que aún nos laten por dentro. Cuando se escribe por dentro es inevitable destacar el apego profundo que siente Eduardo Mendoza por la picaresca y el hecho, singular en una literatura que históricamente tuvo excelente sentido del humor, por recuperarlo cuando inició su carrera como escritor.

Se rastrea así ese humor tan negro y español en títulos en los que mezcla con mano maestra estilos, puntos de vista y situaciones como en El misterio de la cripta embrujada, intriga en la que presenta a una especie de detective encerrado en un manicomio y personaje que protagoniza también El laberinto de las aceitunas, La aventura del tocador de señoras y El enredo de la bolsa y la vida.

En las novelas de Eduardo Mendoza se combina un poco de todo. Y ese un poco de todo está excelentemente sazonado por lo que sus libros resultan al final platos en los que el escritor recurre a la novela histórica para narrar las cruentas luchas sindicales en la Barcelona de principios del siglo XX (La verdad sobre el caso Savolta, aunque el título original fuera Los soldados de Cataluña); cómo se las gastaba el fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, en aquel Madrid alegre y juvenil de antes de la Guerra Civil (Riña de gatos) o su visión hilarante del poder de Roma en El asombroso viaje de Pomponio Flato, en la que además de  parodiar el género epistolar, cuenta las extravagantes aventuras de un filósofo romano en tierras de Nazaret tras ser contratado por un joven al que llaman Jesús.

Y esto solo en cuanto a novelas se refiere, porque Eduardo Mendoza también ha escrito teatro, cuentos, ensayos e incluso novela por entregas. Recuerdo en este último caso Sin noticias de Gurb, o las desventuras de un extraterrestre por una ciudad, Barcelona, que en sus manos se convierte en una ciudad de prodigios.

Saludos, me dicen, desde este lado del ordenador.

“La poesía es para ser oída más que para ser leída”

Lunes, Noviembre 28th, 2016

El poeta y crítico de arte José Corredor-Matheos (Alcázar de San Juan, Ciudad Real, 1929) intervino la semana pasada en la cuarta jornada del VI Encuentro Arte Pensamiento que organiza la Fundación Cristino de Vera, en Las Laguna. En este foro, el autor de Un pez que va por el jardín impartió la conferencia Espiritualidad y trascendencia en el arte contemporáneo. Premio Nacional de Poesía 2005 y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando e hijo predilecto de Alcázar de San Juan y de Castilla-La Mancha, aparte de Medalla de Oro del Ayuntamiento de Barcelona, el último libro de Corredor-Matheos son memorias que protagonizan los pintores, escultores, escritores y poetas que ha conocido a lo largo de su vida y en la que Canarias, junto a su natal Castilla-La Mancha, ocupa un capítulo especial.

- Corredor de fondo es una autobiografía, un libro de memorias…

“No es una autobiografía porque la autobiografía habla de tu vida mientras que unas memorias no hablas de ti mismo sino que das testimonio de lo que has visto, oído, presenciado aunque hables de ti en la medida que explicar el por qué estabas ahí y por qué conociste a todos esos personajes.”

- De los personajes que conoció y da cuenta en este libro, ¿cuál le llamó más la atención?

“Es difícil porque son personajes distintos, Yo, por mi cosa de supuesto poeta, he sido muy amigo de Alberti, Aleixandre, Gerardo Diego, Dámaso Alonso y José Hierro, entre otros, y de ellos el que más me impresionó fue Alberti porque además de ser el que más conocí, ya estaba envuelto por la leyenda. En el  mundo de las artes plásticas destacaría a Joan Miró, de quien fui amigo a quien le escribí tres libros; y Salvador Dalí, que si bien no fue amigo sí que traté. Pienso que la mejor etapa de Dalí como pintor es la de los años veinte y primeros treinta, lo que pintó a continuación ya no fue lo mismo. Sin embargo, sí que se reveló como un gran escritor en ese tiempo.”

- ¿Resultaba tan excéntrico en el trato personal?

- Que va, en el trato personal era muy llano y natural aunque si venía un periodista o alguien que reclamaba su presencia te decía: ‘perdonad que vuelvo a ser Dalí’, porque Dalí era teatro aunque tenía a veces grandes ocurrencias y algunas de ellas muy productivas.”

- En Corredor de fondo desfilan entonces poetas, artistas…

“Y también personajes del mundo del teatro. La poesía es lo que se ha mantenido siempre en mi persona, desde los catorce años, pero formé parte de un grupo de teatro en el que realizábamos teatro de cámara y allí conocí a Adolfo Marsillach, entre otros. En esos ocho o nueve años en los que estuve metido en teatro trabaja también en Espasa Calpe y eso hizo que conociera a gente del mundo editorial como José María de Cossío, que es uno de los grandes personajes de preguerra y que ayudó tantos a poetas como Miguel Hernández, Alberti, Lorca.”

- Canarias, en estas memorias, ocupa un capítulo muy especial.

“Hablo mucho de toda España pero capítulos especiales solo se los dedicó a dos regiones: Castilla La Mancha, porque nací en Alcazar de San Juan, y Canarias. Conozco bien las islas, tuve una época en la que viajaba bastante y tuve la oportunidad de entablar amistad con algunos de sus artistas como Juan Ismael y Pino Ojeda, allá en 1954, y ya en los setenta con Eduardo Westerdahl, junto al que preparé una exposición del grupo ADLAN (Amics de l’Art Nou, amigos del arte nuevo) que fue un movimiento de vanguardia en la España de los años treinta que tuvo tres patas: Madrid, Barcelona y Tenerife. Más tarde vine a las islas a impartir una conferencia, invitado por Rodríguez Doreste y después con Eduardo contacté con el grupo que preparaba la exposición de Esculturas en la calle, asistiendo a reuniones en La casita de madera, que era donde hacíamos la selección de los escultores que se iban a invitar, y estuve en toda su preparación. Luego  he asistido a las conmemoraciones de aquel acontecimiento artístico que fue tan importante.”

- ¿Por qué cree que hay tanto artista en estas islas?

“Por varias razones y una, quizá la más importante, es que la apertura hacia el exterior que significó el puerto y la salida y llegada de gentes de Europa, eso hizo que la isla se convirtiera en una región abierta. Otras regiones de España han sido también creativas, pero su arte resulta más introspectivo. Aquí, en las islas, hubo apertura, y eso explica que cuando nace el grupo El Paso, de los siete miembros dos sean canarios, Millares y Chirino, lo que indica que es un lugar muy productivo para poetas, artistas plásticos, arquitectos y que yo tuviera la suerte de encontrarme con muchos de ellos.”

- Este capítulo lo titula Canarias, las islas culturalmente afortunadas.

Culturalmente afortunadas gracias a los hombres y mujeres que he mencionado antes y al arquitecto Vicente Saavedra, un personaje extraordinario que pone de manifiesto que cuando hay figuras creativas que emergen es porque se cuenta con una base más o menos sólida en la sociedad de la que procede. La cultura es una pirámide que sostiene mucha gente importante y eso indica además de esfuerzo, actividad, inquietud y creatividad.”

- Tras el capítulo canario, ¿por qué titula estas memorias de Corredor de fondo?

“Los títulos los buscas y no te salen pero éste lo cacé porque me apellido Corredor y fui atleta de velocidad.”

- En alguna reseña he leído que usted es muy amable con casi todo el mundo salvo con Antoni Tàpies en el libro. ¿Por qué?

“Tàpies es un gran pintor pero como persona fue negativo para el arte catalán. En Barcelona cortó el paso a otros artistas de su generación, y fui testigo, pero sé otras cosas que me han contado pero de las que no escribo porque solo doy fe de lo que he visto y, me duele tener que decirlo, es necesario contarlo porque eso explica que no haya otro pintor catalán que sea reconocido internacionalmente.”

- Otro personaje que no sale bien parado en el libro es la segunda mujer de Alberti.

“Mi amistad con Alberti comenzó cuando organicé en los setenta el primer acto albertiano que se celebraba en España tras la Guerra Civil y lo seguí tratando cuando regresó, lo que pasa es que a medida que se fue haciendo mayor, su ancianidad fue muy fuerte y su segunda mujer, que fue una señora que estaba preparando una tesis sobre él, una tesis que ignoro si se llegó a publicar, cuando el poeta se estableció en Cádiz se le ofreció que montara una fundación, fundación a la que donó todo lo que tenía (cartas, dibujos, algunos de Picasso, libros) que esa señora se apropió al cabo de un tiempo cuando le  hizo firmar a Alberti documentos en los que le donaba todo aquello a ella. Algo que ya no era de él. Y el juez lo aceptó, y eso lo explicó en el libro porque en Cádiz se sabe y había que decirlo.”

- A los catorce años comienza a escribir sus primeros poemas. ¿Cómo nace esta vocación?

“Recuerdo que una vez estaba solo en casa de un amigo y tuve la necesidad de escribir un poema, esto ocurrió en unas vacaciones de Navidad de 1943. Así que poco a poco comencé a conocer poetas, aunque fueron unos años en los que no trataba con los poetas catalanes porque la mayoría pertenecían a la alta burguesía y no se mezclaban con los pobres, y yo en ese tiempo estudiaba y trabajaba. En 1956, ya en Espasa Calpe, me invitaron a asistir a las tertulias del café Gijón, en Madrid, y que presidía en silencio Gerardo Diego, y fui y me hice amigo del poeta que fue una especie de maestro y una persona extremadamente generosa.”

- A usted lo encasillan como poeta de la generación del 50 pero ¿se siente miembro de esa generación?

“La generación es discutible porque se habla de la del 98, el 27 y los 50 pero queda mucha gente descabalgada porque no se le ubica en esas mismas generaciones. El 98 coincidió con la crisis de la pérdida de las ultimas colonias y hubo una renovación y la necesidad de ver España de manera tradicional pero con otros ojos; la del 27 fue una generación que conectó con los movimientos internacionales mientras que la de los 50 representó a la de los niños de la guerra, los que se encontraron con los problemas de la postguerra pero entre esas generaciones hay otras generaciones no tienen una situación social o mundial que las identifique. Por eso digo que esto de las generaciones es caprichoso.”

- Y aunque para usted sea caprichoso, ¿con que poetas de la generación del 50 se identifica?

“El primer Claudio Rodríguez, que tiene un libro maravilloso, El don de la ebriedad; el último José Ángel Valente, el de No amanece el cantor, si bien Valente me parece un poeta demasiado intelectual y frío pero que con este libro reveló al gran poeta que fue. Me gusta mucho Francisco Brines y su El otoño de las rosas porque es un libro culminante y luego hay otra gente como Antonio Gamoneda, que es un grandísimo poeta y Ángel Crespo, Manuel Padorno y Luis Feria, aunque conecto más con la poesía de Padorno.”

- ¿Y José Corredor-Matheos con cual de sus libros se siente más satisfecho?

“Los que estudian mi poesía dicen que se produce un cambio sustancial a mitad de los años setenta porque mi trabajo poético no tienen nada que ver con el de mi generación. En aquellos tiempos yo era próximo a los comunistas porque sabía que no iban a ganar y escribía una poesía espiritual cada vez más alejada de la denuncia que, ya en democracia, entendí que no resultaba tan necesaria. Fue una época en la que escribía poemas influido por la poesía china y japonesa porque ese cambio del que hablan los expertos no solo fue un cambio literario sino también espiritual aunque ya desde los años cincuenta me interesaba el hinduismo.”

- ¿Le interesan las creencias orientales?

“Las creencias que más me interesan son el budismo zen y el tao lo que no querer decir que no me preocupe por el cristianismo porque los místicos cristianos en el fondo dicen lo mismo que el budismo zen y el tao.”

- ¿Y qué es lo que más le interesa de las religiones?

“Lo que más me interesa de las religiones son las creencia que hay en su fondo ya que al final se unen. Por eso cuándo me preguntan en que creo, yo digo que creo pero no sé en qué porque no sé ponerle nombre a eso.”

- Pero volvamos a la pregunta anterior, ¿aún no me ha dicho con cuál de sus libros se siente más satisfecho?

“Los que estudian mi poesía dicen que Carta a Li Po porque es un libro en el que me descubro a mi mismo. En 2004 publiqué El don de la ignorancia y al año siguiente me dieron el Premio Nacional de Poesía, que supuso un gran reconocimiento y al mismo tiempo algo así como la culminación.”

- Ha ejercido la crítica de arte. ¿Cómo se critica un cuadro, una escultura?

“Es una tarea muy difícil porque la crítica tiene a veces algo como de imposible y no debe ser un análisis frío como si lo criticado se tratara de un artefacto. Creo, más bien, que la crítica debe proponer un discurso paralelo a la obra de arte.”

- He leído que se define así mismo como una persona moderadamente apocalíptica.

“Lo de moderadamente lo decía para disimular pero ya no.”

- Pero dicho esto, ¿qué espacio le queda entonces a la poesía?

“Creo que la poesía tiene espacio aunque se trabaja demasiado y hayamos dejado de hablar entre nosotros para resolver los problemas. Es verdad que la gente no tiene la costumbre de leer poesía, ya que se requiere mucha serenidad y silencio para estar despierto pero los recitales son un éxito quizá porque la poesía es para ser oída más que para ser leída.”

PUNTO Y APARTE

“Un manchego de nación”

TEXTO

José Corredor-Matheos es un poeta manchego que lleva viviendo prácticamente toda su vida en Barcelona, donde ha reivindicado su españolidad lo que le ha granjeado algunos problemas con los independentistas que no entienden a un hombre que se define “manchego de nación, como decían los clásicos”. La mirada del escritor sobre los nacionalismos no ha dejado de ser así crítica. El nacionalismo es un concepto anticuado y romántico, y poco ayuda seguir esta bandera en unos tiempos como los actuales que están marcados por la crisis. Esa misma crisis que ha generado un mundo “desquiciado, en el que todo se quiebra, se parcela, se fragmenta.” Un mundo en el que la gente ha dejado de tener ilusiones porque les cuesta vivir. En este estado alterado de las cosas, el poeta advierte que es idóneo para que aparezcan movimientos separatistas que alimentan las esperanzas de las personas ignorantes y de buena fe que no están bien informadas, y todas ellas resultan muy fáciles de manipular. “Lo terrible es que desde el centro no lo saben porque no habla con la gente. No sabe que en Cataluña existe una franja muy amplia de gente no bien informada que es susceptible de esas manipulación”, concluye.

Saludos, estrellas, desde este lado del ordenador.

Reeditan la ‘Historia de Canarias’ de José de Viera y Clavijo

Miércoles, Noviembre 9th, 2016

Ediciones Idea publica en cuatro tomos Historia de Canarias, de José de Viera y Clavijo, un libro fundamental para conocer una de las obras más ambiciosas del humanista canario, y trabajo de referencia para acercarse a la biografía de un archipiélago que cuenta con una numerosa e interesante bibliografía que rastrea sus orígenes, el proceso de conquista y cómo los primeros pobladores de las islas fueron absorbidos por una cultura dominante y dominadora como la castellana durante la segunda mitad del siglo XV.

Entre lo que distingue esta nueva edición de Noticias de la historia general de las islas de Canaria es la interesante introducción que precede al texto, y que firma el catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, Manuel de Paz Sánchez, quien propone una nueva lectura del libro de Viera y Clavijo al desmontar muchos de los errores que continúan rodeando a este clásico de las letras canarias, y cuya edición y notas asume también de Paz.

Como recuerda el profesor, los cuatro volúmenes de la edición príncipe de las Noticias o Historia de Canarias de José de Viera y Clavijo, como se la conoce generalmente, se publicaron en Madrid en 1772, 1773, 1776 y, finalmente, en 1783. La segunda edición fue estampada en Santa Cruz de Tenerife, también en cuatro volúmenes, en los años de 1858, 1859, 1860 y 1863. “Esta edición de la imprenta y litografía Isleña tiene un mérito especial, ya que incorpora prácticamente todas las apostillas que el propio Viera introdujo en un ejemplar que, en aquel entonces, poseía don Tomás Antonio de Nava y Grimón y Pérez de Barradas (1788-1866)”.

Para Manuel de Paz, José de Viera y Clavijo fue un autor que entendió “gracias a su admirado Feijoo las ventajas de un estilo claro, conciso y directo”, enseñanzas que volcó en sus escritos históricos en los que procuró huir de la afectación al decantarse por la verdad y las lecturas para obtener una visión panorámica con la que “evitar la «pasión por lo prodigioso» y no hermosear, como el pintor, el paisaje narrativo”.

Al mismo tiempo, destaca el catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, Viera y Clavijo recomienda criticar las leyendas y desconfiar de las crónicas antiguas que son unas míseras novelas “atestadas de fábulas”.

Bajo esta declaración de intenciones, José de Viera y Clavijo construyó una historia de Canarias “ágil, clara y directa”, aunque también con errores, avisa Manuel de Paz Sánchez en la introducción, que han pasado desapercibidos en todas las ediciones.

“En el libro VII, § XLVIII, que es un epígrafe relativo a las equivocaciones de Juan Núñez de la Peña en relación con la conquista de Gran Canaria, una de sus aficiones favoritas. Me refiero a la de criticar al cronista lagunero, a pesar de lo mucho que lo cita o, tal vez, por esta misma razón. El caso es que Viera escribe al respecto: «Hace constar las huestes enemigas de más de 60 000 bárbaros, cuando las cristianas no llegaban a 800 hombres». Pero, en realidad, lo que escribió Peña fue lo siguiente: «porque los canarios eran muchos, y los cristianos muy pocos, pues eran más de seis mil canarios, no habiendo ochocientos españoles».”

Y añade el historiador: “No cabe duda del error pues, por si fuera poco, el propio Viera había escrito en su citado Borrador: «Él forma la chusma de los bárbaros de más de 6000 hombres, y las tropas cristianas de menos de 800».”

A modo de conclusión y si ya de por sí son de obligada lectura y relectura La historia de Canarias de Viera y Clavijo, la publicación de esta nueva edición al cuidado de quien puede considerarse en la actualidad sino el mayor, uno de los mayores expertos en la vida y obra del arcediano canario, marca un antes y un después de otras ediciones del mismo libro tras la muerte de José de Viera y Clavijo en febrero de 1813.

Un hombre, escribe Manuel de Paz, que no dejó de creer en la actuación de los hombres en la dolorosa evolución de la Humanidad y en cuya obra elogia a los indígenas del archipiélago y a compare –y así lo hace en el prólogo del tomo primero– la conquista de Canarias con la de América, si bien admite que: “las famosas conquistas de México y del Perú harán siempre más eco en todo el mundo que las de Canaria y Tenerife” pero sí es lícito “hacer un paralelo riguroso entre los guanches y los indios, entre las fuerzas de las Canarias y de las Américas, entre el impulso que animaba el brazo a unos y otros conquistadores.”

Saludos, a la mar fui por naranjas…, desde este lado del ordenador.