Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Los Hernández hacen carrera en Hollywood

Lunes, Marzo 26th, 2012

¿Qué pasaría por la cabeza de Domingo Hernández Bethencourt cuando descubre en un concurso de belleza a Raquel Tejada?

¿Intuiría Domingo Hernández Bethencourt que esa chiquilla de arrogantes encantos se convertiría años más tarde en Raquel Welch?

La imponente protagonista de Hace un millón de años, cinta dirigida por Don Chaffey en la misma tierra, Tenerife, donde muchísimos años antes había nacido Domingo Hernández Bethencourt…

Me pregunto, de hecho y por derecho, si alguien de los que conoció en el nuevo mundo lo llamaría así: Domingo.

Domingo, conocido en San Diego (California) como don Diego, el maestro de ceremonias de la Feria anual de la localidad y en Hollywood, donde intenta introducirse en el mundo del cine, con el nombre artístico de Tom Hernández.

Sea Tom o Domingo, la misma persona nació en el Puerto de la Cruz en 1915 y, según informa la cuestionada Wikipedia, se trasladó con su familia a los Estados Unidos a comienzo de los años veinte para instalarse en Los Ángeles, ciudad donde inicia su carrera en el cine antes de transformarse en don Diego.

La carrerea cinematográfica de Tom no es que digamos muy reseñable. Fue lo que se conoce como un actor con ocasiones línea de diálogo, aunque si se le reconoce está ahí. En pantalla, fugazmente, casi siempre haciendo de hispano.

Dicen que su hermano José Hernández Bethencourt, que respondía al nombre de Pepe/Pep Hern en la Meca del Cine más o menos por los mismos años, tuvo más suerte.

A la espera de que Alfonso Reyes –probablemente la persona que más sepa de la vida y milagros de estos dos canarios adoptados por Hollywood– termine la formidable recopilación de datos que trabaja sobre ellos, y recabando información de un lado y del otro, permítanme que a mi manera los recuerde a través de los largometrajes y series de televisión en las que se aventuraron mientras hacían que jugaban a las cartas en polvorientos saloon.

Abran los ojos.

Tom Hernández aparece como una centella en Chicago años 20 (Nicholas Ray, 1958), Los cuatro jinetes del Apocalipsis (Vincente Minnelli, 1961); Suave es la noche (Henry King, 1962) y El ídolo  de Acapulco (Richard Thorpe, 1963) entre otras películas. 

En televisión interviene con papeles muy episódicos en series como Mis adorables sobrinos –me encantaba cuando aún no alcanzaba a encender ni apagar el interruptor de la luz, con Brian Keith haciendo de adorable y paciente tío y Sebastián Cabot como eficaz mayordomo); Misión imposible y Daniel Boone, de la que aún recuerdo la primera frase de la canción de su sintonía: Daniel Boone was a man…

Hernández compagina sus apariciones en el cine haciendo de don Diego en la feria del condado de San Diego, escribe Bernardo Cabo en su interesante blog Puerto de la Cruz. Sus gentes y sus cosas. Y Feria en la que Tom/Domingo/don Diego recibe a los visitantes con un ¡Bienvenidos Amigos!

Estamos en 1946. Hace un año que finalizó la II Guerra Mundial. Los soldados norteamericanos regresan a casa y tienen muchas ganas de pasárselo bien.

Pasa el tiempo y Tom/Domingo hace visitas esporádicas al Puerto de la Cruz.

En una de éstas, lo conoce el periodista Salvador García, quien evoca que a la estrella de Hollywood le gusta pasear y conversar con amigos en la plaza del Charco.

“Hablaba un español macarrónico, al cabo de tantos años en los Estados Unidos. Lo puso de manifiesto cuando intervino en el acto de inauguración del cine Timanfaya, invitado por sus propietarios: agradeció vivamente al matrimonio “Perrggy and Terrgge” (Pedro González y Teresa Cruz) su gesto e hizo un breve y apresurado recorrido de su trayectoria artística.”

La luz que encendió a Tom Hernández se apagó el 2 de julio de 1984 en la ciudad de Los Ángeles.

Su hermano José Hernández Bethencourt, o Pepe Hern o Pep Hern, también intenta hacerse un hueco en Hollywood.

Lo pueden ver en Llamad a cualquier puerta, una flojísima versión de la excelente y voluminosa novela social del escritor afroamericano Willard Motley, dirigida sin mucha imaginación por Nicholas Ray e interpretada por Humphrey Bogart y John Derek, quien más tarde se haría famoso por sus matrimonios con Ursula Andress, Linda Evans y Bo Derek.

Pep Hern también se deja ver en Los siete magníficos (John Sturges, 1960), donde interpreta a un honrado campesino que colabora con el grupo de mercenarios que capitanea Yul Brynner; y en Joe Kidd (1972), dirigida también por Sturgess con Clint Eastwood y Robert Duvall como protagonistas.

Sin embargo, donde la carrera de Hern parece que fue más intensa es en la pequeña pantalla.

Ahí está, fugaz en capítulos de El hombre del rifle, El fugitivo, Bonanza, La mujer biónica y Los ángeles de Charlie, entre otras.

Pep Hern  se reunió con su hermano el 28 de febrero de 2009.

Se podría escribir una novela sobre sus experiencias en Hollywood. Un relato, imagino, a medio camino entre las Luces de Hollywood, de Horace McCoy, y Como plaga de langosta, de Nathanael West, solo que bajo una mirada irónica y empapada de humor.

Veo a los dos hermanos sentados, comiendo un emparedado en un descanso de rodaje.

Glen Ford, con el pelo engominado saluda a Tom. Y Steve McQueen desefunda su revólver de atrezzo mientras se tropieza con Pep.

- Buenos días, amigo- dicen ambas estrellas en un español macarrónico.

- Buenos días, amigo.- le contestan Tom y Pep en un español igual de macarrónico.

The End aparece en pantalla.

Telón pues sobre el patio de butacas.

Saludos, tarareando Koko, desde este lado del ordenador.

¿La familia del padrino? Muy bien, gracias…

Viernes, Marzo 16th, 2012

El abuelo, que viste de manera modesta, juega a perseguir a uno de sus nietos por el pequeño huerto de su casa cuando un ataque al corazón lo derriba. Un aspersor derrama gotas de agua sobre el cadáver de ese hombre entrañable…

Fundamos a negro…

Y preguntémonos, ¿realmente merece la pena conocer la vida de ese hombre bueno y amante de los niños?

Si nos acercamos al cadáver observaremos el rostro de un jubilado que vivía tranquilo y feliz rodeado de entre los suyos…

Así comienza El padrino, probablemente una de las últimas grandes películas del cine norteamericano. Con un viejo jugando con su nieto… El resto es historia.

El padrino cumple cuarenta años y lo celebramos los cinéfilos y cinéfagos del mundo con reverencial y sagrado respeto. Se escriben artículos en prensa, se menciona la película en programas de radio y televisión… Y todos adoran un título que desde ese entonces se ha convertido en referencia.

Loas y más loas a El padrino.

Loas y loas a esa historia que comienza con un viejo llamado Vito Corleone (Marlon Brando) que se derrumba en su pequeño huerto de hortalizas. Loas a un largometraje que, visto ahora desde la distancia, parece un milagro.

Atención, pregunta ¿qué tiene El padrino que despierta tantas pasiones encontradas?

No me canso de plantearme esta cuestión mientras veo y vuelvo a ver El padrino.

El padrino habla fundamentalmente de la familia.

Y también del mal.

Y de la ambición.

Y de la amistad.

Y de los negocios.

Y de la lealtad.

Pero sobre todas las cosas habla de la familia.

De los que son los tuyos.

Por sangre.

El padrino es una de esas películas que forma parte de ti cuando la ves por primera vez.

Y sabes que es tan buena porque tras verla no por segunda ni por tercera ni cuarta vez sino, probablemente, por veinteava vez, compruebas que es una película diferente que la primera, la segunda, la tercera, la cuarta y la veinteava vez que te quemaste los ojos mirando fijamente la pantalla.

Casi como si pareciera que el filme crece contigo.

La primera vez, entusiasmado, comentas con los amigos la escena de la cabeza del caballo; la violenta muerte de Sonny Corleone (James Caan) en el puesto de peaje o el paso al lado oscuro que emprende su hermano Michael cuando, tras el atentado que ha sufrido su padre, don Vito, decide acabar con la vida de quien ha ordenado su muerte en esa inolvidable escena del restaurante…

Cuando la ves más veces, compruebas que sumas a esas escenas otras que se te pasaron desapercibidas.

Y que ya no te quedas con los protagonistas de la cinta sino también con los secundarios de un filme que habla de la familia.

Y descubres otra película que sigue siendo la misma.

Ahora estoy en un centro comercial donde venden la trilogía completa de El Padrino, más un disco repleto de extras, que te llevas a casa sin hacer caso del dinero que has desembolsado.

Y te pasas una tarde entera contemplado las casi nueve horas de metraje redescubriendo nuevas claves de una cinta que supo crecer en su segunda parte y, desgraciadamente, empequeñecer en su capítulo final.

Pero incluso así, asumes que no ha sido tiempo perdido el de sumergirte contemplando la trilogía completa de un filme (que ya es unidad) que habla de, entre otras muchas cosas, la familia.

La familia

¿Qué te pasa?, ¿se te ablandó el cerebro? Nunca dejes que nadie de fuera de la familia sepa lo que estás pensando.”

La amistad lo es todo. La amistad vale más que el talento. Vale más que el gobierno. La amistad vale casi tanto como la familia.”

La familia.

Esta misma mañana, mientras hablaba con un amigo sobre El padrino a propósito de su cuarenta aniversario concluimos lo mismo: “Ya no se hacen películas así.”

Aunque coincidimos que Francis Ford Coppola, su director y coguionista junto a Mario Puzo, repetiría la jugada en Apocalypse now!

Un filme, Apocalypse now!, que habla también de la familia aunque desde otra perspectiva: un grupo de soldados tiene la misión de matar al padre.

Todo lo contrario a El Padrino, donde la clave, lo que hace grande a esta revolucionaria película, es el traspaso de responsabilidades –la heredad– en la familia cuando fallece su fundador.

Y pienso en esa escena final en la que los miembros de la Honorable Sociedad rinden lealtad al nuevo cabeza de familia besando su mano.

Un Michael Corleone (Al Pacino) que sabe que un hombre que no vive con su familia no puede ser un hombre.

Saludos, “algún, día, y puede que ese día no llegue nunca, iré a pedirte un favor”, desde este lado del ordenador.

Mundo bizarro: las intrépidas adaptaciones al cine de las novelas de Alberto Vázquez Figueroa

Miércoles, Marzo 14th, 2012

INTRO

A parte de don Benito Pérez Galdós no creo que haya escritor canario más adaptado al cine que Alberto Vázquez Figueroa.

Amado por unos y detestado por otros, la producción literaria de este narrador tinerfeño debe de figurar sin embargo con letras destacadas en los escasos tanteos que en España se ha hecho en el género de la aventura pura y dura. Sobre todo en los primeros títulos de su carrera, con novelas aún tan potentes y eficazmente resueltas como son Como un perro rabioso, Manaos y Tuareg, libros en los que su supo combinar con habilidad aventuras bizarras en tierras exóticas con un entretenido, y osado para la época, discurso denuncia.

Escritor al que muchos no consideran escritor por su portentosa capacidad de sacar títulos y más títulos mientras otros pierden el tiempo contemplando a las musarañas, y que en su momento contó con el favor del público al situarse algunos de sus libros en la lista de los más vendidos, en este post pretendemos aproximarnos a las adaptaciones cinematográficas que se han realizado sobre sus historias, algunas de las cuales estuvieron firmadas por cineastas de la solvencia de Richard Fleischer, el rebelde Monte Hellman y el artesano Enzo G. Castellari, así como protagonizadas por actores de la dimensión de Michael Caine, Jason Miller y Peter Ustinov, entre otros. 

Antes de repasar las películas basadas en las novelas de Vázquez Figueroa, tenemos que señalar que el escritor colaboró como guionista en varios proyectos y que en dos ocasiones incluso se puso tras las cámaras para dirigir Oro rojo (1978) y Manaos (1979). El primero una historia original para el cine y el segundo adaptando una de sus novelas de mayor éxito.

Dicho esto, les invitamos a que se adentren con nosotros en el fascinante, chiripitifláutico, bizarro mundo cinematográfico del maestro Alberto Vázquez Figueroa.

LA LISTA

 

 

El perro (Antonio Isasi-Isasmendi, 1976).- Antes de leer ninguna novela de Vázquez Figueroa, autor que descubrí por mediación de un entusiasmado amigo, probé a ver esta película en un cine de la capital tinerfeña (¿fue el hoy desaparecido Rex o quizás en el Numancia?) recibiendo una mezcla de emociones que iban desde el más rancio orgullo regionalista –porque el filme estaba basado en una novela de un escritor que había nacido en el mismo territorio que este apuntador– y, por otra parte, porque este largometraje de evasión estaba interpretado por Jason Miller (a quien había visto años antes como el padre Karras en El exorcista), que se pasa casi todo el metraje que dura la cinta perseguido por un perro que solo tiene un solo objetivo en su perruna cabeza: darle caza. Junto a Miller comparte protagonismo la atractiva, la grandiosa  Lea Massari.

Ashanti (Ebano) (Richard Fleischer, 1978).- No es una de las mejores películas de Richard Fleischer. De hecho, creo que con esta película inició el declive de una prodigiosa carrera como director que tocó techo con la incómoda y todavía feroz Mandingo (1975). Compruebo, descompuesto, por eso, que Ashanti (Ébano) no ha superado la prueba del tiempo, aunque si se la ve con ojos bondadosos tiene su no sé qué. Es decir, una película de acción y aventuras sin mayores quebraderos de cabeza. Lo mejor de esta película sobre trata de esclavos continúa siendo el impresionante reparto de viejas glorias que participan en ella, como el incombustible Michael Caine, Beverly Johnson, Peter Ustinov, Rex Harrison, Kabir Bedi (¡el Sandokán televisivo!), Omar Shariff y William Holden.

Manaos (Alberto Vázquez Figueroa, 1979).- Manaos no pasará a la historia del cine aunque no creo que fuera ésta la pretensión que circuló por la cabeza de su director y guionista. Con todo, es un título recomendable para cinéfagos con estómago indestructible, algunos de los cuales podría incluso a animarse a leer una novela en la que, sin embargo, Vázquez Figueroa supo moverse muy bien. Pienso, de hecho, que Manaos es uno de los mejores títulos de su carrera como escritor. La cinta la protagonizan sin ponerle demasiada convicción los atractivos galanes latinos Fabio Testi y Jorge Rivero y la explosiva Florinda Bolkan.

Tuareg (Enzo Castellari, 1984).- Cineasta fogueado en el espagueti western (fue director de Keoma, un clásico del subgénero) y más tarde lo que le echaran encima, como la cinta bélica Aquel maldito tren blindado que tanta gracia le hizo a Quentin Tarantino, Castellari lograría uno de los mayores éxitos de su carrera con Tuareg, probablemente la novela de más éxito de Vázquez Figueroa. Su protagonista fue Mark Harmon, un actor de televisión a quien recuerdo más encarnando al atractivo y siniestro asesino en serie Ted Bundy en el telefilme Deliberate Stranger y como coprotagonista de la serie Navy, investigación criminal que como Tuareg en Tuareg. Un título, no obstante, que hay que ver como lo que es: un western al dente. Solo que las planicies del oeste americano que fueron recreadas en su día en la rocosa geografía de Almería es sustituida aquí por las arenas eternas del desierto del Sahara.

Iguana (Monte Hellman, 1988).- Promesa del cine independiente norteamericano, la carrera como realizador del rebelde Monte Hellman visualiza muy bien su descenso como director en la industria de Hollywood. Algo que resulta insólito, sobre todo si tenemos en cuenta que Hellman fue un cineasta muy reivindicado por la crítica especializada y casposa por títulos como Carretera asfaltada en dos direcciones (1971) y Gallos de pelea (1974). No he leído Iguana, pero por lo que me informó en su momento el amigo deslumbrado por los libros de Figueroa, se trata de un título que pedía a gritos su adaptación al cine. Iguana de Hellman, como otras producciones basadas en las novelas del escritor tinerfeño, tuvo una errática carrera comercial y cuenta la historia de un marinero deforme que se ha convertido en rey de las islas Galápagos.

Océano (Ruggero Deodatto, (1989).-  Firmada por Ruggero Deodatto, el director de esa obra maestra del cine macabro que es Holocausto caníbal, si por algo se recuerda Océano es por la polémica que suscito en su momento en el aún incipiente mundillo cinematográfico de las islas cuando el Gobierno de Canarias le asignó “aleatoriamente la cantidad de 400 millones de las antiguas pesetas”. La serie, cuya carrera comercial fue, digámoslo con palabras suaves, casi nula, circula ahora en una edición dvd. Coproducida además de por el Gobierno Canario por un grupo italiano en el que se encontraba el ya fallecido Giovanni Bertolucci, no confundir con el cineasta italano del mismo apellido, Océano estuvo protagonizada por un excelente reparto de grandes secundarios del cine internacional como Irene Papas, Martin Balsam, Senta Berger, Marisa Berenson, Ernest Borgnine y Mario Adorf, entre otros actores… canarios. La serie se rodó en Lanzarote y Venezuela y narra las peripecias de los Perdomo, una familia conejera que se ve obligada a emigrar huyendo de la pobreza. Cabe reseñar, que se intentó repetir años más tarde la misma operación con la anunciada y frustrada adaptación al cine de una de las novela más mediocres del escritor tinerfeño, Ciudadano Max, pero que se frenó el proyecto cuando el Gobierno de Canarias a través de su Consejería de Turismo –dirigida entonces de Miguel Zerolo– optó por destinar los 1.700 millones de pesetas que había previsto para la puesta en marcha de la Televisión Canaria en un concurso audiovisual al que acudieron, como a un panal de rica miel, productoras que brotaron de la noche a la mañana ante la llamada del dinero, poderoso caballero. El concurso, que se conoció entre las gentes del gremio como Zeroloto, al final repartió la cifra entre 71 proyectos, muchos de los cuales todavía estamos esperando ver. La historia de este escándalo me anima a que algún día escriba el post que se merece ya que tengo la teoría de que ahí, precisamente ahí, se encuentra en parte el origen de todos los males que ha venido caracterizando desde entonces las políticas audiovisuales que dicta el Gobierno canario.

Rottweiler (Brian Yuzna, 2004).- Este filme es resultado de ese audaz y extravagante proyecto llamado Fantastic Factory, que capitaneó en España Brian Yuzna, productor de la delirante y, oh yeahh, cult movie Re-Animator. Rottweiler nació como una nueva versión pero en clave de ciencia ficción de El perro, aunque viendo la película más que inspirarse en la novela de Vázquez Figueroa uno saca la conclusión como espectador que lo que se intentó hacer fue una versión canina de Terminator. Con todo, me parece un título a tener en cuenta porque, pese a todos sus peros, tiene su algo. Y si a este algo le unimos la parquedad de su presupuesto y que, entre otros actores, uno pudiera ver a ese monstruo de la pantalla que fue Paul Naschy, (o Jacinto Molina para los amigos), Rottweiler tiene su punto, qué digo punto, su dimensión cafre que la convierte en un título imprescindible en las adaptaciones al cine de las novelas de Alberto Vázquez Figueroa.

Saludos, ¡¡¡exigiendo veinte Premios Canarias a nuestro escritor más internacional!!!, desde este lado del ordenador.

Noticias sobre ese cine que tanto nos (dis)gusta

Lunes, Marzo 12th, 2012

TRÁILER DE HIROKU Y LOS DEFENSORES DE GAIA

Ya circula en la red el primer tráiler del largometraje de dibujos animados en 3D Hiroku y los defensores de Gaia. Si pinchan este enlace podrán ver el avance –en inglés– de un trabajo de animación que ha sido realizado íntegramente en Canarias. Hiroku y los defensores de Gaia cuenta la historia de un grupo de jóvenes que unen sus conocimientos científicos para enfrentarse a la Corporación. Su misión: salvar a la Tierra. Según se informa en su página web, el proyecto abarca además del largometraje (con una duración de 72 minutos), una serie con capítulos de 26 minutos cada uno, a través de los cuales se pretende transmitir al público valores ecológicos, así como concienciarlos sobre la necesidad de que vivan en un mundo sostenible. El equipo que conforma Hiroku y los defensores de Gaia son, entre otros, Manuel González Mauricio (producción, guión y dirección); Saúl Barreto Ramos (dirección técnico-artística, animación, composición); y Raúl Capote (producción de música original, banda sonora, efectos salas, grabación, locuciones).

RECUPERAR EN LOS ARROZALES

Aguere Espacio Cultural acoge este martes, 13 de marzo, y a las 20.30 horas la exhibición del largometraje En los arrozales, de Josep Vilageliú. Rodado en 2007 en La Laguna, este trabajo está protagonizado por Miguel Ángel Rábade, Fátima Luzardo, Natalia Ruiz y Germán Prieto, y trata sobre dos parejas que conversan en la distancia por medio de la webcam. Luis es un escritor que busca la inspiración para su única y definitiva novela mientras charla con Fátima, su pareja, que viaja por diversas ciudades como productora de un spot sobre calzados deportivos. Alicia, mientras atiende las llamadas de auxilio que le llegan por teléfono, espera el regreso de Chicho, que trabaja en una ONG en Dakar, Senegal.

 LA ESPERANZA ME MANTIENE

Declaraciones del director del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, Claudio Utrera, al periódico Diario de Avisos. Destacamos las reflexiones que hace sobre la evolución del Foro Canario: “Es una sección que se refuerza por sí misma. Era necesario crear un espacio estrictamente consagrado al cine canario, tanto es así que el año pasado, por primera vez hicimos extensible el concurso a los largos. Ya hay suficiente producción de largometrajes: este año se presentan siete al certamen, además de 14 cortos. Hemos contribuido a elevar el nivel de autoexigencia de los cineastas canarios como proyección de la propia autoexigencia que nos imponemos a nosotros. Tanto es así que el comité de selección de la sección informativa y oficial es el mismo que también selecciona el Foro Canario, con lo cual no hay ningún tipo de discriminación ni positiva ni negativa hacia el cine que se realiza en el Archipiélago. Algunos lo consideran negativo, pero creo que flaco favor hacemos al cine de aquí si empezamos a verlo desde la perspectiva del paternalismo. Hay que apoyar el buen cine canario, no el cine canario”.

UNA SIMPÁTICA RAREZA

Tenerife Espacio de las Artes TEA acoge el jueves, 17 de marzo, la exhibición del largometraje Réquiem por amor y sangre (David dl Rosa) de cuyo estreno ya nos hicimos eco en este mismo El Escobillón. El resumen que proporciona la web de Objetivo Canarias  es el siguiente: “Una película de bajo presupuesto que para algunos es un esperpento cinematográfico y para otros una historia de pasión en todo su sentido concebida al modo de las grandes tragedias, con un toque shakesperiano, donde una aparente felicidad y una existencia anodida se tornan en violencia, sangre y muerte. La soledad del hombre en un mundo que se desmorona, la pérdida de valores, la superficialidad, la amistad, la lealtad, el sentido del honor, la pérdida de la inocencia, la ternura… Donde la violencia es parte del protagonismo.”

KAPUT!

En declaraciones oídas a Claudio Utrera el viernes 9 de marzo en Canarias Radio La Autonómica nos enteramos que, finalmente, el equipo que ha hecho posible MiradasDoc tira la toalla ante la imposibilidad de continuar con un encuentro en el que ya se habían hecho a la idea de reducir costes pero no sus ambiciones. El director del Festival Internacional de Las Palmas de Gran Canaria expresa su consternación y resalta que es un mal día para la Cultura en las islas. Para nosotros también.

AQUELLOS SALVAJES INDEPENDIENTES

Tras el interesante ciclo dedicado al cineasta norteamericano Robert Aldrich, la Filmoteca Canaria inicia en abril una muestra bajo el título de Independientes. USA, 1950-1990. Los filmes, que se podrán ver entre abril y mayo en los multicines Renoir y Monopol de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, respectivamente, incluye trabajos de Paul Morrissey y Alan Rudolph, entre otros. A nuestro juicio, entre los títulos más atractivos se encuentra Trash de Morrissey, pese a que el paso del tiempo haya despedazado a dentelladas el espíritu transgresor con el que fue realizada. Produce esta pese a todo rareza, Andy Warhol, y la protagoniza Joe Dallesandro.

Saludos, cut!, cut!, desde este lado del ordenador.

Con la marca de Cain

Jueves, Marzo 8th, 2012

Si le preguntan a cualquier aficionado a la novela negra sobre James M. Cain les responderá, probablemente, citando  dos o tres títulos de sus novelas más famosas: El cartero siempre llama dos veces, Mildred Pierce y Pacto de sangre (Doble Indemnización), la primera llevada al cine en varias ocasiones –aunque destaque sobre todas ellas la que dirigió Tay Garnett en 1946 con Lana Turner y John Garfield como protagonistas–; la segunda  una excelente película de Michael Curtiz (1945) y una interesante teleserie con la firma de Todd Haynes (2011), y la tercera por ese policiaco aún perturbador que filmó Billy Wilder, un pequeño y rechoncho judío vienés que además de moverse muy bien en los territorios de la comedia también lo hizo en los del drama.

James M. Cain es autor, sin embargo, de otras tantas novelas, muchas de las cuales han sido traducidas al español aunque aún no se le reivindica con el valor que se merece entre los iniciados y neófitos de la literatura negro criminal probablemente porque a su autor, quien comenzó a fabular historias a la edad de cuarenta años, le interesaba más el sexo y las relaciones que suscita, que las tramas policíacas con la que visitó a sus todavía potentes relatos.

Con motivo del 120 aniversario de su nacimiento, que tendrá lugar el próximo 1 de julio, reivindicamos desde El Escobillón el trabajo de un escritor al que se le ha colocado bastante a la ligera la etiqueta de noir, con la esperanza de que algún día un editor con ganas de riesgo se anime a recuperar su obra menos conocida y, sobre todo, la que aún no ha sido traducida a nuestro idioma con el objetivo de rendirle justicia. Pasado el tiempo, Cain es un  autor inclasificable, que abrió su propio camino dentro del género.

Escritor que utilizaba sus relatos para exprimir sus obsesiones sexuales, muchas de sus historias leídas en la actualidad pueden interpretarse como escandalosas y de un erotismos casi rayano en la pornografía, donde sus protagonistas femeninas son, por norma general, mujeres de carácter, fuertes, que en ocasiones responden al tipo de la femme fatale que tanto explotó la novela negra en los años 40, y que no es otra cosa que una especie de sublimación masculina de la mujer como elemento dominante y dominador. O, en otros casos, de una Eva inocente que conduce a su pareja, Adán, a devorar la manzana del árbol de las ciencias.

El caso es que en las novelas de M. Cain si hay personajes interesantes, perturbadores y con una capacidad de manipulación que las convierte en figuras que están más allá del bien y del mal estas son sus protagonistas femeninas. Protagonistas que en otras novelas del mismo escritor, representan exactamente lo contrario pero nunca sin perder su alto octanaje sexual. Esta circunstancia es lo que ha hecho que muchas de sus novelas todavía sigan respirando una insólita actualidad porque James M Cain como excelente escritor clásico que es, tuvo la capacidad de que el paso de los años apenas arrugara la mayoría de sus trabajos literarios.

No obstante, y a mi juicio, la obra maestra de este sin embargo irregular escritor y guionista es Más allá del deshonor, una novela ambientada en el estado de Virginia durante los días de la Guerra de Secesión y en plena edad de oro de los grandes burdeles.

Más allá del deshonor cuenta la historia de un joven que se enamora locamente de una prostituta que trabaja en uno de ellos, y de cómo asesina por amor a un multimillonario que desea casarse con la mujer de su vida dando como resultado que la pareja termine por huir ante la venganza que reclaman los amigos y secuaces de la víctima a través de un país sacudido por la guerra.

Se trata Más allá del deshonor de una novela repleta de giros cainianos, y en la que a su autor, al margen del momento histórico en el que transcurre su acción, le importa más la evolución de ese hombre y mujer locamente enamorados que son capaces de todo –incluso llegar al asesinato– por continuar estando juntos.

Pero que nadie se llame a error. James M. Cain no es un escritor romántico. De hecho, las parejas que viven hasta el último segundo su romance que nace del fuego de un sexo libre y salvaje, suelen terminar irremediablemente mal. Como si su transgresión al final fuera severamente castigada por una sociedad hipócrita pero fuertemente atada a los convencionalismos que imponen las jeraquías.

En este aspecto, el autor fue un poco más lejos en la todavía polémica La mariposa, una historia que se desarrolla en ambientes mineros donde un padre se enamora perdidamente de su hija, con la que llega incluso a mantener una relación carnal, y en las extravagantes Una serenata y Carrera en Re Mayor, que se desarrolla en el mundo de la música y en la que quizás se encuentren los personajes masculinos más débiles que salieron de la imaginación de su autor.

Una serenata cuenta con una atractiva versión cinematográfica dirigida por Anthony Mann en 1956 e interpretada por Mario Lanza, Joan Fontaine, Sarita Montiel y Vincent Price.   

En cuanto a estilo, James M. Cain se caracteriza por sus frases cortas y diálogos ágiles, lo que hizo que algunos lo encuadrarán dentro de la categoría de escritor hard boiled, denominación con la que nunca estuvo muy de acuerdo. Sus historias, además, van más allá de la cruda violencia boiled, ya que Cain más que un escritor de género negro es un escritor de novelas que trasciende el género.

Albert Camus no se cansó de elogiarlo, lo que significativamente le hacía bastante gracia al escritor norteamericano que como todo gran escritor cuenta también con títulos tan olvidables como Al final del arco iris y Galatea, aunque recupera su espíritu bronco y transgresor, siempre marcadamente sexual, en la estupenda Ligeramente escarlata, que quizá sea su novela más negro criminal junto El estafador, El cartero siempre llama dos veces y Pacto de sangre (Perdición/Doble Indemnización).

Regresó a los agitados años de la Guerra de Secesión en Mignon, pero es un título que no terminó de convencerme en su momento lo que hace que no descarte una segunda lectura para comprobar si se trata de un Cain con todas sus letras o de una más de las novelas alimenticias que escribió a lo largo de su vida.

Saludos, hoy recuperando a los clásicos, desde este lado del ordenador.

¡¡¡Malditos comunistas!!!

Viernes, Marzo 2nd, 2012

El miedo es como el fuego

Rocky Balboa

INTRO

El mundo ha dejado de ser el mismo desde que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas dejó de ser Socialista y Soviética. Claro que, afortunadamente, el cine ha dejado buena constancia de aquel periodo de la Historia que marcó la política global a través de un puñado de películas que vistas hoy conservan todavía un siniestro atractivo. En este post voy a mencionar solo algunos de los títulos que me parecen más significativos sobre lo que ha pasado a conocerse como Guerra Fría, dejando de lado con discreción y mucha alevosía las numerosas cintas que en clave de espionaje también quisieron contar aquellos sucesos.

He preferido decantarme en este artículo que no pretende presentar cátedra por todas aquellas cintas que los especialistas denominan como de política ficción.

Consciente que me dejó numerosos títulos en el tintero y que la lista solo reseña películas norteamericanas, se agradecerá a quienes les resulte interesenta el tema suscitado por este post que  incorporen títulos de otras nacionalidades así como estadounidenses que hayamos –siempre involuntariamente–  olvidado

LA HORA FINAL (Stanley Kramer, 1959).- Probablemente se trate de una de las películas más desasosegante de la historia del cine y filme cuya grandeza no ha logrado ser enturbiada por telefilmes como El día después (Nicholas Meyer, 1983) y la triste y maravillosa cinta de dibujos animados Cuando el viento sopla (Jimmy T. Murakami, 1986). Stanley Kramer, un cineasta comprometido y de ideas liberales, se anticipó además en La hora final a lo que más tarde haría el cine de catástrofe en los setenta, contar una historia –en este caso sobre el fin de la humanidad–  con un reparto de estrellas del viejo y nuevo Hollywood como fueron Gregory Peck, Fred Astaire, Ava Gadner y Anthony Perkins. Basada en una novela de Nevil Shute, La hora final cuenta como se aproxima una nube radioactiva a Australia tras un holocausto nuclear tras arrasar el resto del planeta. Mientras los personajes esperan resignados su última hora, un submarino del ejército de los Estados Unidos trata de buscar supervivientes en una Tierra que ya tiene sus días contados. Una de las mejores escenas de la película tiene lugar cuando por radio la tripulación del sumergible escucha una señal en una ciudad donde ya no quedan personas. Y más cuando se descubre el origen de esa señal.

EL MENSAJERO DEL MIEDO (John Frankenheimer, 1962).- A pesar de su feroz discurso anticomunista, a mi juicio El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate) es una de las mejores películas sobre esa desviación de la mente humana que es la paranoia. Está dirigida además por un cineasta sobresaliente, y protagonizada entre otros por Frank Sinatra, Laurence Harvey y Janet Leigh. Basada en una estupenda y delirante novela de Richard Condon, El mensajero del miedo cuenta la historia de un héroe de la guerra de Corea que regresa a casa convertido en otra persona. La clave, lo interesante del asunto, es que el héroe no sabe que actúa para el enemigo al ser víctima de un lavado de cerebro cuando fue capturado por el ejército norcoreano. Pese a que el paso del tiempo la haya empequeñecido un poquito, reivindico que esta aún formidable película es una obra maestra sobre la paranoia. Paranoia que salpica a la mayoría de los personajes excepto al pobre candidato de los manchuarianos, inconsciente de que se ha transformado en una máquina de matar. Jonathan Demme rodó una nueva versión en 2004 pero sin la gracia ni la voluntad inquietante que tan bien supo explotar Frannkenheimer en la cinta original.

TELÉFONO ROJO, ¿VOLAMOS HACIA MOSCÚ? (Stanley Kubrick, 1964).- Excesiva, apoteósica comedia sobre el cataclismo nuclear dirigida por el más tarde gélido Stanley Kubrick, quien contó en esta ocasión con un libreto escrito por el subversivo escritor y guionista Terry Southern, pionero de lo que se conoció como Nuevo Periodismo y de quien se puede encontrar en español algunos de sus artículos más libertarios en la legendaria colección Contraseñas de Anagrama bajo el título de A la rica marihuana y otros sabores. ¿Qué podemos contar que no se haya contado ya de Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú?, prácticamente nada salvo la de volver a incidir que quizá se trate de la película más conocida de política ficción que se rodó sobre aquella Guerra que fue tan Fría. Protagonizada por Peter Sellers, que interpreta a tres de los personajes de esta película coral –el capitán Lionel Mandrake, al presidente Merkin Muffley y al ya legendario doctor Strangelove, que da título original al filme, Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb–, Sterling Hayden, George C. Scott y Slim Pickens en un papel que en un principio iba a protagonizar el mismo Sellers, entre otros actores, Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? es una corrosiva sátira antibelicista que todavía deja con la boca abierta. La película cuenta con numerosas escenas que ya se han convertido en canónicas en esta clase de filmes. Yo me quedo con la de Muffley/Sellers hablando con su homólogo ruso a través del dichoso teléfono rojo o con la ya mítica de Slim Pickens cabalgando en ese falo gigante que es la bomba mientras grita al estilo tejano el inevitable fin del mundo.

PUNTO LÍMITE (Sidney Lumet, 1964).- Quizá sea, junto a La hora final, una de las películas  más desasosegante que he visto en mi vida. El primer visionado, siendo aún un adolescente con granos en la cara y ganas de rebeldía me dejó literalmente noqueado. Es imposible si se ve esta película no ponerse en la piel de Henry Fonda, que hace de ese presidente de los Estados Unidos que todos quisiéramos ver algún día –seamos o no norteamericanos–  en la Casa Blanca. Como diría Javier Hernández Velásquez es imposible resistirse a los ojos puros de Fonda, aunque sea en blanco y negro y perdamos de vista su azul celeste. Punto límite arranca cuando un escuadrón de bombarderos del SAC es enviado a destruir Moscú por un error informático. Fonda intenta convencer a su homólogo ruso que no contraataque y ofrece una solución salomónica para que el mundo no se vaya a la mierda: sacrificar una ciudad de los Estados Unidos si los pilotos estadounidenses no terminan su trabajo. La película, tan teatral como otras tantas cintas de Lumet, se desarrolla en escenarios cerrados, como el despacho Oval donde, entre otras cosas, el presidente y sus asesores se plantean qué ciudad norteamericana borrar del mapa para dejar a los soviéticos tranquilos si al final el Kremlin salta por los aires. Stephen Frears rodó una nueva versión en formato telefilme y más teatral si cabe de Punto Límite con, entre otros actores, George Clooney, pero no supera a la original. Así que vean la de Lumet. A mi me sigue pareciendo una de las mejores películas de esta lista improvisada.

SIETE DÍAS DE MAYO (John Frankenheimer, 1964).- Como habrán observado 1964 fue un excelente año en películas sobre esta temática. Algo así como el Vega Sicilia de las cintas de política ficción sobre la Guerra Fría. Dirigida por el ya citado Frankenheimer, la clave que hace grande a esta película y también al cine norteamericano cuando era una voz libre y no temía la feroz dictadura que impone el mercado, es que el enemigo, además de la URSS, puede estar en casa. Y no como integrante de una quinta columna como refleja Mike Spillane en algunas de sus impetuosas novelas policíacas o Samuel Fuller en su aún atractiva Manos peligrosas, sino por un grupo de militares derechistas poco o nada convencidos de cómo está llevando el presidente de los Estados Unidos (Fredric March) su política contra los soviéticos. El enfrentamiento entre dos militares, Kirk Douglas y Burt Lancaster, el primero un soldado que, pese a lo que piensa acata obedecer a su jefe –que es el presidente de los Estados Unidos– y el segundo, un profesional de la guerra cansado de saludar a un civil –el presidente de los Estados Unidos– al que considera un pusilánime por su actitud ante los rusos y que lo lleva a encabezar unn golpe de Estado es de lo mejor de una cinta en la que vuelve a aparecer el animal más bello del mundo: Ava Gadner.

ALERTA MISILES (Robert Aldrich, 1977).- Quizá no sea una de las mejores películas de Robert Aldrich, pero si se la ve con el corazón bien podría pasar a la historia como una cinta donde las viejas glorias de Hollywood quisieron decir algo así como su última palabra. Protagonizada por Burt Lancaster,  Richard Widmark, Melvyn Douglas y Joseph Cotten, entre otros gigantes que en aquellos días ya les daba ocho que ochenta, el filme es un alegato antimilitarista firmado por un cineasta veterano que no confundía ideología con sentido del espectáculo. Un ex general degradado de las Fuerzas Aéreas norteamericanas y cuatro hombres okupan una base militar y amenazan con lanzar misiles atómicos Titán contra la URSS, si el presidente –además de pagarles cien millones de dólares y garantizarles la impunidad– no hace público en la televisión un documento secreto relativo a la guerra de Vietnam, redactado por su predecesor, un tal Nixon. Al final… al final…

JUEGOS DE GUERRA (John Badham, 1983).- El cine norteamericano explotó en los años ochenta una serie de películas protagonizadas por adolescentes que ya estaban en su primera juventud que, en este título de Badham, explotaba lo que hoy podríamos considerar como aquellos locos pioneros piratas informáticos. En la cinta de Badham, que tiene ese encanto ochetentero de que cualquier mundo podía ser  mejor gracias a estas máquinas procesadoras de datos, su protagonista, interpretado por Mattehew Broderick, se introduce en el sistema informático de Defensa de los Estados Unidos y se pone a jugar a la guerra con su súper ordenador sin darse cuenta que la travesura puede llegar a mayores. En la cinta interviene una actriz, Ally Sheedy, que rompió corazones en la adolescencia de aquellos tiempos ya tan remotos y aún a sabiendas que se trata de una película que solo tiene interés para los que éramos una muchachada con acné y demasiados complejos, en contra de las otras cintas comentadas con anterioridad, creo que el paso del tiempo logrará que Juegos de guerra –pese a resultar demasiado viejuna– se convierta en un título a tomar en cuenta ante en ese futuro que nadie sabe donde nos va a llevar.

AMANECER ROJO (John Milius, 1984).- Ronald Reagan se convirtió en el cuadragésimo presidente de los Estados Unidos en 1981, ganándole las elecciones al demócrata y probablemente uno de los más marcianos y progresistas mandatarios que ha tenido ese país en su ya larga historia, Jimmy Carter. Cuento esto para poner al lector en antecedentes. Durante la era Reagan el cine americano sacó de sus entrañas sus peores fantasmas con la obsesión de quitarse de encima la presunta debilidad de la Administración Carter con una serie de películas donde se reivindicaba lo que allí conocen como el espíritu americano: una mezcla de profundo individualismo que no le hace asco a la labor de equipo. Estimulando el miedo comunista, uno de los cineastas más interesantes pero también ultra conservadores de su cine presentó, acogiéndose también a la moda de cintas protagonizadas por adolescentes, Amanecer rojo, una película donde se planteaba una hipotética invasión de los Estados Unidos por fuerzas hostiles y combinadas soviéticas, cubanas y nicaragüenses (¡!). Con todo, Amanecer rojo es una película que el paso del tiempo ha ubicado en su lugar: el de las rarezas. Y a ello contribuye el sentido épico que caracteriza el cine de su director y guionista, John Milius, quien en esta película de política ficción alambica un discurso propagandístico que visto hoy día solo puede generar una y salvaje y tambiém comprometedora carcajada.

ROCKY IV (Sylsvester Stallone, 1985).- Quizá se trate de uno de los mejores traillers de la historia del cine: en pantalla dos puños enfundados en guantes de boxeo y con la bandera de Los Estados Unidos y de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se golpean dando origen a una apoteósica y, quiero pensar, nuclear explosión. Tras dar la vara con Rambo, Stallone recupera a su personaje más agradecido, Rocky Balboa, en la cuarta entrega de la serie enfrentándolo a un púgil ruso que más que ruso parece una fantasía aria hitleriana:  el feroz y robótico Iván Drago (Dolph Lundgren). Drago, que acaba de machacar hasta la muerte al primer contrincante y luego mentor de Balboa, Apollo Creed (Carl Weathers), jura venganza sobre su cadáver. El combate del siglo, el combate que resolverá de una vez la puñetera Guerra Fría se celebra en Moscú donde Rocky medirá sus fuerzas con Drago en el ring y ante un público tremendamente hostil.

¡Viva el espíritu americano!

¿Hace falta que cuente el final?

Baste decir que el Muro de Berlín se vino abajo cuatro años después de tan histórico combate.

Y que si bien la historia dice que ganaron los buenos – los del Mundo Libre– quien ahora les escribe no lo tiene nada claro.

Cosas de la Guerra Fría

Saludos, God Bless America, desde este lado del ordenador.