Pesadillas con niños para adultos algo adolescentes

Lunes, Octubre 28th, 2019

El instituto, la nueva novela de Stephen King, vuelve a escarbar en las entrañas de un escritor que parece que ya lo ha dado todo en el género de terror, género que puso patas arriba hace ya varias décadas. Esperar por lo tanto algo nuevo del escritor es como buscar agua en el desierto lo que no importa si uno se pliega a su forma de contar historias por muy repetida que resulte la fórmula que lo mantiene como indiscutible rey de lo extraño.

La novela cuenta con unos capítulos iniciales aterradores pero a medida que avanza la trama –bastante retorcida cuando describe el funcionamiento de la institución en la que están confinados los niños– no termina de estar bien armada lo que la coloca en otra de las obras con piloto automático que jalonan la carrera de un autor que ahora se mueve mejor en ficciones realistas que en las fantásticas, aunque no por ello resulte interesante observar cómo da la enésima vuelta a su universo narrativo, repleto de claves netamente del escritor.

En El instituto vuelve a reunir a unos protagonistas que son menores de edad y a plantear un mundo adulto que tiene dos caras bien diferenciadas. La familiar y la oscura y envenenada que representa en la novela los adultos que trabajan en una institución que se sirve de niños con poderes especiales, la telequinesis y la telepatía, para utilizar sus facultades con siniestros objetivos políticos y militares.

Luke Ellis, de doce años, es secuestrado por una extraña organización que asesina a sus padres. El joven no lo sabe cuando despierta en unas instalaciones donde pronto descubre que está con otros compañeros de más o menos las mismas edades a los que se someten a pruebas y torturas si se niegan a colaborar con sus captores. En este instituto a los niños se les invita a beber alcohol y fumar ya que son más obedientes si recaen en uno de estos vicios.

La novela cuenta con éste y otros elementos para incomodar al lector, quien se pregunta qué diablos quiere esa gente y en qué están convirtiendo a estos chavales. El edificio en el que se encuentran posee otras alas que son zonas prohibidas y en la que desaparecen de tanto en tanto algunos de los internados. Se supone que regresan a casa, se les dice, pero todo es demasiado raro para que Luke y sus grupos de amigos se lo crean.

Contado así parece un cuento infantil, una versión siglo XXI de Pinocho, solo que en manos de King se convierte en un relato con niños para adultos algo adolescentes.

El libro se toma lo suficientemente en serio para que uno acepte las reglas del juego que dispone el autor, las mismas de siempre. Así que no generará sorpresa al lector iniciado en su universo, quien lee con una medida distancia otro libro que se saca de la chistera el autor de El resplandor, otra historia con niño, otro cuento de fantasmas para adultos algo adolescentes.

Si se conoce la producción literaria de King, El instituto le sabrá a ejercicio rutinario de un hombre al que ya se le publica todo lo que escribe. No por ello, la novela fracasa en el intento pero no deja satisfecho del todo. Lo que cuenta es conocido aunque los escenarios y los protagonistas sean otros.

La literatura de Stephen King se ha vuelto con el paso de los años más compacta, y se agradece que dentro de ese estilo que es suyo, simultanee el horror con un sabroso sentido del humor que ha ido puliendo con el tiempo.

Ofrece, en este sentido, una lectura teñida de sátira sobre la actualidad de su país y su actual presidente, Donald Trump, un personaje que parece sacado de cualquiera de sus novela solo que es real pero que le sirve para cuestionarse hasta donde se puede llegar si nos mueve el interés personal. En la novela, se llega al secuestro y explotación de niños.

La organización que se encarga de toda esta tarea está bajo las órdenes de un grupo de poderosos que cuenta con otros institutos repartidos en varios lugares del mundo, uno de ellos en España. Se supone así, que la rebelión que se describe en el libro podría ser la primera de una cadena que, probablemente veamos en próximas novelas si King decide continuar con la senda abierta en El instituto.

La novela explora por otro lado la historia de un adolescente con poderes. Ya lo hizo en Carrie, en Ojos de fuego, también en El resplandor y en otras tantas solo que ahora mezclado y vestido con un disfraz hecho con retales de de sus libros anteriores. Queda la extraña y nada sutil sensación de que esto ya lo he leído yo solo que no en ningún libro de Stephen King y sí de John Farris en La furia, una novela que fue llevada al cine por Brian de Palma, director también de Carrie y en la que contaba la historia de dos adolescentes con poderes encerrados en… un instituto especial.

La nueva novela de King funciona porque hay oficio, oficio para mostrar la facilidad con la que se mueve en el terror con niños para adultos algo adolescentes

Saludos, démonos la paz, desde este lado del ordenador

Fin de guardia, una novela de Stephen King

Jueves, Noviembre 30th, 2017

“La hora más oscura es la que precede al alba”

(Fin de guardia, Stephen King. Traductor: Carlos Milla Soler, Plaza & Janés, 2017)

Stephen King concluye con Fin de guardia la trilogía que inició con Mr. Mercedes y continuó con Quien pierde paga y que protagoniza el policía jubilado Bill Hodge. Se tratan de historias independientes pero es recomendable que se lean con orden cronológico porque los personajes que repiten evolucionan, se hacen mayores y reales.

Con independencia de que Quien pierde paga me siga resultando el mejor libro de los tres, Fin de guardia cierra con nota un experimento narrativo en el que el escritor demuestra que se mueve con notable pericia en los territorios de la novela popular. Relatos hábilmente construidos y adictivos que no dejan descanso al lector. Ahonda, además, en muchas de las claves que sostiene el universo de King, quien no deja de contar la misma historia de siempre pero desde perspectivas bien diferentes.

Objetivamente, Fin de guardia es el libro más fantástico de la serie Hodges, recupera además al siniestro antagonista de la primera entrega, para el lector Brady Hartsfield, ahora hospitalizado y en esta ado vegetativo aunque ha potenciado las capacidades de su cerebro gracias a los fármacos que le suministra su médico.

Brady Hartsfield vive encerrado en un cuerpo que ya no fuinciona pero cuenta con un poder que lo hace capaz de controlar a otras personas e inducirlas al suicidio.

Fin de guardia es la novela que, seguramente, esperaba la mayoría de los aficionados de la trilogía. Se esperaba porque en ella Stephen King parece que vuelve a ser el de siempre aunque ya no lo sea. La mirada con la que observa a sus protagonistas es la que precede al alba.

A Bill Hodges se le ha diagnosticado un cáncer terminal, pero aún le quedan unos días para derrotar a su antagonista, investigación con las horas contadas que acelera una acción que, a partir de ese momento, funciona sola y sin frenos.

Como buen escritor de novelas fantásticas y terroríficas pero también como notable retratista de las clases medias, Stephen King es un moralista para el que no existen grises en el combate entre el bien y el mal.

El bien representa las cosas buenas de la vida, la familia, los amigos, mientras que el mal es su contrario, el inadaptado y resentido, tumores que en la novela Harstfield transmite a su alrededor y en especial a los héroes de la calle (un policía jubilado y enfermo y una joven con crisis de identidad) que intentan detener su perversa influencia.

El escritor propone así una inteligente revisión del vampiro, pero no del vampiro clásico que necesita de la sangre humana para sobrevivir sino del que utiliza la mente para hacerse con la voluntad de los demás.

Mr. Mercedes, Quien pierde paga y Fin de guardia no son lo mejor de Stephen King pero tampoco forma parte de lo peor, solo manifiesta el talento y el olfato para hablarnos de nuestros miedos, los reales e irreales que en Fin de guardia tienen un abrupto final con forma de aparente suicidio.

Estas y otras cuestiones se plantean y desarrollan en un libro que, aparentemente, es otro más de Stephen King, ese fabricante de best seller que tras el atropello que sufrió hace unos años y que casi le cuesta la vida se ha vuelto un escritor mucho más oscuro y pesimista.

Saludos, ¡¡¡NO AL CIERRE DEL TEATRO TIMANFAYA!!!, desde este lado del ordenador.

No leas, es perjudicial para la salud

Martes, Noviembre 21st, 2017

“No hay mierda que importe una mierda”, Jimy Gold, John Rothstein

La literatura, los escritores y el hecho de escribir son una constante en la copiosa producción de Stephen King, probablemente uno de los autores si no más leídos, sí que más vendidos por explorar sus miedos que viene a ser el de todos nosotros.

Los escritores reciben bastantes palos en novelas como Misery, en la que una enfermera secuestra y tortura a su autor de cabecera, un escritor de novelas románticas; y en La mitad oscura, donde el pseudónimo de otro escritor de éxito cobra, literalmente, la vida.

Se dibuja sin pudor así mismo y frente a la pantalla del ordenador en Mientras escribo, un interesante retrato en el que revela cómo funciona como escritor, lector y frente a sus seguidores, y habla de su amor incondicional a la literatura en la colección de relatos El bazar de los malos sueños y también en Quien pierde paga, segunda entrega de una trilogía que inició con Mr. Mercedes y culminó con Fin de guardia.

Protagonizada por Bill Hodges, detective de la policía jubilado, Quien pierde paga propone un interesante trabajo sobre los lectores que construyen altares imaginarios a sus autores de cabecera.

El escritor de la novela se llama John Rothstein, un híbrido de John Updike y J.D. Salinger, autor que dejó varias historias inéditas de Jimy Gold antes de ser brutalmente asesinado, y novelas que solo conocen de su existencia un psicópata sexagenario y un adolescente con mucho gusto por la lectura.

Quien pierde paga no es una de las mejores novelas de Stephen King pero sí un eficaz entretenimiento que hace que uno piense sobre su papel de lector y hasta que punto la adoración por un autor/a puede ser peligrosa.

Esta relación se acentúa con notable pericia en la primera parte de la novela, y en la que todavía no ha aparecido ni Hodges ni sus socios.

Stephen King se toma su tiempo para perfilar el carácter de estos dos lectores. Por un lado, presenta a un psicópata y por otro a un adolescente, los dos chiflados por la obra de Rothstein y especial por las novelas que protagoniza Jimy Gold, una especie de cruce entre Holden Caulfield y Harry «Conejo» Angstrom, un rebelde inspirador que con frases como “No hay mierda que importe una mierda”, se ha metido en el saco a los dos lectores antagonistas de esta novela.

En Quien pierde paga el chico se lleva lo mejor, aunque sufrirá, como sufren todos los personajes de King, antes de que termine la novela. En la historia, y como de una caja de Pandora se tratara, las cosas comienzan a torcerse cuando descubre un cofre enterrado que contiene dinero y manuscritos inéditos de la serie Gold que dejó escrito y sin publicar Rothstein, un ermitaño que abandonó la carrera literaria en la cima del éxito.

El cofre fue enterrado por el lector psicópata, quien obtiene la libertad tras pasar media vida entre rejas. Ya en la calle, solo tiene una idea en la cabeza, recuperar el cofre y ponerse a leer en esos cuadernos Moleskine las novelas inéditas con el fin de evadirse de su triste realidad.

Stephen King describe en la primera parte el asesinato del genio literario, quien tiene bastante genio cuando se enfrenta a su asesino, ese lector psicópata que no le perdona lo que ha hecho con Gold. Leyéndolo, uno imagina que King observa con recelo a sus seguidores, que ser reconocido no es lo suyo, que teme la pasión de sus fans.

Quien pierde paga desacelera en su segunda mitad, que es cuando aparece precisamente el protagonista de la trilogía Bill Hodges.

Bill Hodges no es un mal personaje, pero le quita cierto espesor literario a una novela que hasta ese momento exploraba esas claves con franco pesimismo. Hodges viene a ser en Quien pierde gana como la caballería en las películas de vaqueros, así que la historia toma otro rumbo para terminar en un final fantástico que augura por donde irán los derroteros de Pie de guardia, la novela que cierra una trilogía que sin ser de lo mejor de su autor, cuenta con retratos humanos muy de King, un escritor que describe personajes y ambientes que suelen salirse de lo corriente.

Saludos, ¡¡¡NO AL CIERRE DEL TEATRO TIMANFAYA!!!, desde este lado del ordenador

Larga vida al Rey

Viernes, Marzo 24th, 2017

Los últimos libros de Stephen King que han caído en mis manos lograron algo que parecía imposible hasta el día de ayer, que esas historias largas y sinuosas, complejas como puede ser de compleja una novela de King, me desanimara como lector.

No pude con Revival, novela que dejé casi a la mitad siendo consciente que me quedaba sin saber el final del que tanto hablan los que sí lo conocen. Otros libros de King que no terminé fueron Insomnia y Buick 78, historias de las que de verdad ni me acuerdo… Así que en uno de esos raros momentos en los que pienso, me dije que la literatura de Stephen King ya me lo había dado todo.

Todo.

Todo, todo.

El bazar de los malos sueños es un volumen de cuentos que incluye relatos nuevos y otros reescritos por tan stajanovista escritor. El volumen en tapa dura cayó en mis manos porque existen las señales, las mismas señales que te advierten que no cruces la calle en ese momento, que no te fíes de esa persona y cuidado con el mar, porque esa mañana está raro… pero confieso que no tenía demasiadas esperanzas depositadas en él porque como ya he contado mis últimas experiencias lectoras con King no habían resultado satisfactorias aunque, llámalo sexto sentido, me dio un no sé qué que el autor de novelas como Carrie o Salem Lot regresara al mercado editorial con un libro de relatos, un género en el que se mueve francamente bien y en el que suele volverse más oscuro que en sus obras oficialmente mayores como El resplandor. Cementerio de animales es otra cosa, y es otra cosa fabricada con materia oscura precisamente porque continúa siendo una de sus novelas más cortas en cuanto a número de páginas se refiere.

El caso es que Stephen King no es que parezca, es otro cuando escribe relatos. Y ello sin renunciar a su estilo ni a las fórmulas hartamente repetidas en todos sus libros pero siempre narradas desde perspectivas diferentes. En los cuentos, King crece como autor, con independencia de que escriba en clave fantástica o realista, ese realismo sórdido que empaña algunas de sus mejores novelas y cuentos, relatos en los que disecciona con una pasmosa facilidad la sociedad norteamericana de su tiempo.

Además de diseccionar con mano de cirujano la sociedad norteamericana, Stephen King demuestra en las historias que disemina en este volumen que es un narrador que imita además y con notable pericia el estilo y el tono de narradores que, aparentemente, están en sus antípodas como son Philip Roth y Raymond Carver, entre otros, pero no creo que a ninguno de los dos les haya resultado molesto que un escritor tan inspirado como potente pero oficialmente abonado al fantástico como King, les imite con tanto respecto y precisión. Imitar, ya lo saben, no tiene nada que vez con plagiar, y esto es lo que hace quien nos reveló los demonios que habitan la zona muerta en El bazar de los malos sueños, en el que se reúne un puñado de historias que exploran los recovecos del alma así como presenta situaciones anómalas que terminan degenerando en inquietantes.

Una de las particularidades más llamativas de este volumen es que el mismo escritor explica antes de cada relato cuál fue su origen. En apenas unas líneas, describe cómo le apareció la idea, por norma general un suceso fortuito visto en la calle o durante la lectura de una revista o viendo un programa de la televisión. Momentos de la vida cotidiana que el escritor transforma en una pesadilla.

Y la verdad es que las historias funcionan porque están escritas a la manera de King. Un mucho de costumbrismo y personajes de la calle que, de pronto, observan como todo cuanto vemos puede ser distinto. Lo cotidiano de transforma en un campo minado, en un territorio hostil.

El bazar de los malos sueños reúne veinte relatos, y en ellos se tantea más que géneros maneras diferentes de enfocar las historias. Historias que insisten en enfrentar a los protagonistas con sucesos macabros y otras que respiran un insólito sentido del humor. Todas se leen con frenesí, e imagino que quien recale en el libro, escogerá sus cuentos favoritos. Para mi, como lector, lo fueron casi todos, incluso uno que dedica al béisbol, un deporte del que no tengo ni idea pero que imagino tremendamente interesantes tras leer esa historia que le dedica y en la que el propio escritor aparece como personaje.

Si usted es como yo, y se confiesa sin rubor lector de libros de Stephen King aunque en los últimos tiempos comenzara a pensar que al escritor se le había secado la fuente de la que mana su imaginación, lo recuperará en El bazar de los malos sueños. Es un libro completo, casi redondo, de esos que cuando termines te quedas un poco más huérfano y te peguntas ¿y ahora qué?

Ese qué, presumo, que nos asalta a todos cuando un libro te ha hecho pensar, te ha conmovido y, de alguna maneras, te ha enseñado a ser  otra persona.

Saludos, dulces pesadillas, desde este lado del ordenador.

Un monstruo sobre cuatro ruedas

Martes, Marzo 3rd, 2015

No se trata Mr. Mercedes –una de las últimas novelas de Stephen King– de un título encajonado en el género que ha hecho multimillonario y famoso a su autor como es el fantástico y el de terror, pero sí de una novela en la que el lector iniciado reconoce el estilo y la técnica de King.

No pide ese mismo lector, en este sentido, otra cosa que lo mismo que espera recibir del escritor norteamericano aunque en esta ocasión el relato se distancie del territorio de las pesadillas sobrenaturales que habitualmente ofrece para explorar, en esta ocasión, los senderos del misterio con resultados notables pese a que a la novela le sobren bastantes páginas de las casi quinientas con las que arma la historia.

Puestas así las cosas, en Mr. Mercedes la dinámica continúa siendo la misma que en sus otras novelas, solo que en esta ocasión enfrenta a sus protagonistas: un policía retirado, una cuarentona con problemas de relación y un inteligente adolescente negro contra un asesino de masas que tiene complejo de Edipo.

Los cuatro lados del cuadrado –los personajes– están por lo tanto perfectamente definidos en un relato que se inicia con una brutalidad desconocida en anteriores trabajos del escritor, unas primeras páginas en las que describe como un potente Mercedes, de ahí el título de la novela, atropella a un grupo de desempleados mientras hacen cola con la esperanza de conseguir un puesto de trabajo. El resto de la novela se dedica a explicar las relaciones que unen a los buenos, el jubilado detective y sus dos compañeros de investigación para capturar al asesino.

Planea en Mr.Mercedes muchas de las constantes del universo literario de Stephen King como es la venganza, esa venganza que se sirve en un plato frío, así como la de mezclar personajes que poco o nada tienen que ver entre sí pero que unen sus fuerzas, aparentemente escasas, en su lucha contra el mal que encarna en esta novela un psicópata de libro.

No vamos a entrar en el debate de si Stephen King es un buen o mal escritor porque su obra habla por sí misma. Para nosotros es un autor con nombre y apellido que escribe sobre lo mismo solo que con variaciones. Y muchas de estas variaciones a veces resultan redondas o casi redondas como sucede en Mr. Mercedes.

El autor de novelas como Carrie o El resplandor narrar con estilo cinematográfico esta especie de duelo en la Alta Sierra y describe paso a paso la investigación que desarrolla ese extraño trío de detectives sin apenas aburrir al lector. Por otro lado, explora la vida cotidiana que desarrolla su asesino, el malo de la historia, presentando a un hombre con aguda inteligencia pero que odia al mundo. Un criminal que resulta ser un genio de los ordenadores pero un auténtico imbécil en su vida privada. Un monstruo víctima de sus circunstancias que resulta vagamente parecido a otros monstruos –marginales, personas que no han sabido integrarse en la sociedad porque sienten que están fuera de ella– que son tan característicos en su producción.

En la literatura de Stephen King no existen nunca los términos medios. Es decir, el gris es un color prácticamente inexiste, lo que hace que esta manera de observar la realidad sea uno de los elementos claves y en verdad algo cansinos en su producción literaria.

Para los lectores iniciados en los relatos de Stephen King esta insistencia es un sello, una marca, por eso no sorprende ni irrita su maniqueísmo porque así son las cosas en sus novelas. Y el invento funciona. Si nos gustaría destacar, sin embargo, que su mirada se ha vuelto, por contra, más negra y siniestra. Un pesimismo que sin terminar por absorber sus últimos títulos, sí que es determinante para explicar cómo ha evolucionado como narrador de entretenimiento. Y esa sensación obliga a leer sus relatos, por mucho que se sepa cómo van a terminar, con nuevos y asombrados ojos. Sus tics son los mismos, pero hoy parecen estar ahogados en reflexiones muy oscuras sobre lo cotidiano. Una rutina que en sus novelas es violentada, lo que ocasiona el brusco viraje existencial de sus protagonistas.

No es Mr.Mercedes, como se ha leído por ahí, una novela negra sino de misterio. Está más próxima al espíritu de Misery, por lo que se entiende como un intento por escribir de lo mismo pero probando ahora con otra geografía genérica. Si en Misery proponía un volantazo al gótico americano, en Mr. Mercedes lo que hace es navegar en el thriller adaptando el género a su peculiar manera de contar historias.

Y el invento resultante si bien es regular, ese regular es de los que tiran a bueno porque una vez se aceptan las reglas, la novela se lee con intensa rapidez y, lo que es mejor, sorprendido por los ratos de amargo desconcierto que proporciona.

Stephen King dedica Mr. Mercedes a la memoria de uno de los pesos pesados de la novela policíaca, James M. Cain, pero no hay rastro de Cain en esta novela que si bien  apuesta por el conflicto moral no cuenta con una de esas mujeres fatales que hace enloquecer el corazón de los hombres –aunque quizás la madre del monstruo respire algo de ese aroma– sino que avanza en función de la venganza que emprende tanto el asesino como el policía retirado. Las dos caras de una misma y siniestra moneda.

Como otras novelas de su autor, Mr. Mercedes toma el pulso de la sociedad norteamericana tras los atentados del 11-S y cuenta con cierta conciencia social al reflejar cómo la crisis económica ha desmoralizado a muchos de sus ciudadanos, reflexiones que se encuentran en las que son las mejores páginas de la novela como son  las del inicio. Esas en la que describe cómo un coche de lujo, un tanque sobre cuatro ruedas, aplasta a centenares de hombres y mujeres que esperaban la oportunidad de encontrar un trabajo por insignificante que resultara.

La metáfora, como se observa, no es nada sutil, pero tras ese prólogo que entendemos nihilista, la trama pronto deriva al juego del gato y el ratón, una relación que establecen a través de una página social de Internet el policía retirado y el asesino. Y sin dejar de ser apasionante este toma y daca, sí que se tiene la sensación de que el artefacto se desinfla pese a que la novela tenga un final, ligeramente parecido al de La naranja mecánica,  sorprendente por su oscura ironía.

Una ironía cruel que revela a un escritor que ha sabido reinventarse y cuya obra evoluciona inevitablemente hacia el escepticismo.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

Aún queda resplandor

Lunes, Septiembre 15th, 2014

“La vida era una rueda, su único objetivo era girar, y siempre retornaba al lugar de donde había partido”.

(Doctor Sueño, Stephen King. Plaza & Janés Editores, S.A., 2013. Traductor: José Óscar Hernández Sendín)

Stephen King ha publicado medio centenar de libros entre novelas, antología y ensayos. De hecho, es raro el año en el que no aparece en el mercado y casi siempre en las listas de los  más vendidos algún título suyo, en especial los que cultivan un género como es el fantástico que tiene en King señas de identidad muy personales aunque su esquema literario exige un urgente volantazo para que regrese a la autopista que lo lleva a ese infierno donde machaca sus demonios más oscuros.

El año pasado se publicó con gran respaldo publicitario Doctor Sueño, una continuación de una de sus novelas de más éxito, El Resplandor. Es verdad que la adaptación cinematográfica que realizó Stanley Kubrick le robó resplandor al original literario, sobre todo si tenemos en cuenta que Kubrick apenas recurrió a la novela para contarnos su peculiar y helada historia de fantasmas, lo que parece que no le perdona todavía el escritor y que justifica en parte, y así lo señala King en el epílogo de su colosal (por las seiscientas páginas) nueva entrega sobre el devenir existencial de Danny Torrance, el niño que veía muertos en El Resplandor y que en Doctor Sueño ya adulto arrastra un serio problema con el alcohol.

Doctor Sueño, como casi todas las novelas que escribe Stephen King, se lee de un tirón aunque el lector que conoce meridianamente su obra aprecie un discreto mecanicismo que recuerda vagamente al autor de Carrie, La hora del vampiro (Salem Lot), Cementerio de animales y Duma Key.

Parece que Stephen King más que estar agotado con el género que lo hizo rico y famoso apuesta por el piloto automático o continuar explotando la fórmula de siempre –la marca King– solo que ésta comienza ahora hacer aguas, a no sorprender como antaño.

El lector tiene la sensación mientras lee la novela que eso ya lo sabe, pero de otra forma, por otras novelas del escritor, y lo mismo pasa con los personajes… Tipos para lo bueno y lo malo. Pero siempre algo más que clones.

No provoca Doctor Sueño demasiada inquietud, pero creo que esto era lo de menos cuando King escribió la novela. Una novela que narra la redención de Torrance, su combate final contra los miedos que arrastra tras la experiencia vivida en el Hotel Overlook y su sacrificio no ya solo para abandonar el alcohol sino por una adolescente que se encuentra en el ojo del huracán. O circunstancias parecidas a las que él vivió siendo un niño.

Doctor Sueño es el relato de su titánico intento de reconciliación con todo lo que dejó atrás y lo más importante, consigo mismo.

El Danny Torrance adulto debe regresar al paisaje donde se originó todo: el Hotel Overlook, en la novela convertido ahora en un hogar de caravanas de lujo y espacio en el que hacen escala los malos de la historia.

Porque Doctor Sueño es una novela de buenos y malos, aunque los malos sean unos “vampiros vacíos” como los denomina King y que se hacen llamar así mismos el Nudo Verdadero que se alimentan en comunión de la esencia de niños con el don del Resplandor a los que luego asesinan ritualmente.

Doctor Sueño es una meridiana continuación en clave fantástica de El Resplandor, solo que donde antes había espectros, un tema por el que navega cómodamente el escritor, ahora propone otra mirada, aunque en tono menor, sobre la maldad.

Lo mejor de la novela se encuentra, y debe ser cosa de la edad, en que tiene más sustancia el relato de cómo Torrance intenta salir de la cloaca que la trama sobrenatural en sí.

Resulta más interesante seguir los pasos de Danny Torrance cuando intenta olvidar su pasado bebiéndose todo lo que llega a su garganta que la aventura fantástica con la que intenta arroparla el escritor.

Imagino que debe de haber algo de King en los días sin huella de Torrance. Stephen King no se cansa de contar que tuvo una vida bastante desordenada antes de que publicara Carrie, la novela que lo descubrió cuando aún era un don nadie.

Por eso, y a mi juicio, es un escritor que casi nunca termina por decepcionar. Es como si te reencontraras con un conocido del que estás harto pero también agradecido de que continúe siendo más o menos el mismo.

Saludos, el tiempo pasa…, desde este lado del ordenador.