Bigas Luna

Sábado, Abril 6th, 2013

Primero Franco, luego Bilbao y ahora Luna. Tres de los ausentes que nos dejan esta semana que ya toca a su fin.

Luna. Bigas Luna

Tuvo algo diferente dentro del rutinario y mimético panorama del cine español.

Quiero pensar así que intentó siempre tirar por su camino.

Camino en ocasiones inspirado y personal.

En otro desnortado, en los que dio bandazos, casi como si quisiera encontrar su reflejo perdido.

En este sentido, digamos que sus primeras películas son las más interesantes.

Hace un ciertamente cine de género, pero un género que digiere y le da marca Luna. Leo por algún lado que su intención fue la de desconstruirlos como ha hecho con la cocina su paisano, Ferrán Adrià… Pero no sé, a mi Bilbao y Tatuaje me siguen pareciendo obras sanamente provocadoras y muy bien construidas aunque hayan quedado un poquito envejecidas.

Su lanzamiento al cine comercial, rodado en inglés, apuestas de mucho riesgo y no tan comprendidas como ahora se nos quiere hacer ver.

Me refiero a Angustia y Reborn. De Reborn conservo aún en la memoria del papel de predicador que encarna el exaltado Dennis Hopper, sombrero vaquero y en vez de revólver, una Biblia en las manos.

A mi me parece, de hecho, que cuando Luna pierde identidad es cuando nos quiso escandalizar.

Las edades de Lulú es, en este sentido, la película que inicia la regresión de un cineasta hasta ese entonces preocupado por otras cosas que no fuera solo el sexo aunque el sexo sea el centro de todas las cosas.

No encuentro complicación en Jamón, Jamón, y no digamos ya con Huevos de oro. Las dos con Javier Bardem de protagonista. Y las dos, películas en las que Luna explota los tópicos de esta España nuestra.

El guión está salpicado de diálogos que todavía estremecen: “tus besos saben a tortilla de patata…” Ya saben, cosas de esas.

Luna se recupera en la insólita La camarera del Titanic, la última película que veo del realizador en la pantalla de un cine.

Con todo, de tanto en tanto sigo su carrera alquilándolas en video clubes.

Yo soy la Juani y Di Di Hollywood son cuentos de hadas contado por un cineasta que siempre quiso ser un hortera. O al menos, revelar al mundo la grandeza del hortera, convertir en individuo a ese español que todos llevamos dentro… Pero le falta sutileza y no indaga Luna precisamente en la gran verdad, aunque la intuye.

Quienes le conocen dicen que fue un hombre vitalista, que amaba los placeres.

Creo que esa sensación logra transmitirla en alguna de sus películas, aunque casi siempre se decantara por el lado perverso con la intención de provocar. Pero su provocación es como la del arañazo despreocupado de un gato. A mi no me hizo sangre, aunque debo de reconocer que a veces sí que consiguió perturbarme.

Muere Luna demasiado joven.

Deja además una película inconclusa que aseguran se terminará aunque él ya no esté entre nosotros.

Se la dedica a su nieto.

La familia del cineasta quiere esparcir sus cenizas en soledad, alejados del circo que se produce cuando nos vamos de este mundo…

En paz pues con el protagonista de la función, Bigas Luna. 

Saludos, primero Franco, luego Bilbao y ahora Luna, desde este lado del ordenador.

Franco ha muerto

Martes, Abril 2nd, 2013

“Para mí el cine es la vida. No un modo de vida, sino un pedazo mío. Jean Renoir decía que el cine es una cuestión de amor. Una película es redonda cuando no se queda en una historia vista desde fuera, sino cuando el director se implica y cuenta sus esperanzas y fracasos. El cine y Lina son lo más importante de mi vida.” (“Mis recuerdos caben en una maleta”, entrevista con Jesús Franco, Óskar Belategui, ABC, 2-4-2013)

Tras el fallecimiento de quien fue su mujer y también musa, la actriz Lina Romay, Jesús Franco, Jess Franco, Rosa María Almirall, Clifford Brawn y otros tantos seudónimos tras los que se ocultó para rodar películas con dos euros, ya no fue el mismo.

La edad, la soledad, una abundante filmografía en la que no destacan buenas películas pero sí una pasión loca por la aventura de rodar, hizo mella en un hombre que antes de decantarse por el cine de explotación más barato, se codeó con algunos de los grandes del cine a quienes trató siempre de tú a tú.

Cuentan así que se ganó la estima de Orson Welles cuando el director de Ciudadano Kane se buscaba la vida en las tierras de España con títulos como Campanadas a medianoche y el frustrado Don Quijote. También la de compañeros de generación a los que siempre que se les preguntaba por Franco abrían los ojos y dibujaban una ancha sonrisa en su boca.

¿Por qué?

Porque el tío Jess como lo conocen sus incondicionales era capaz de rodar películas con muy poco presupuesto. La mayoría de ellas títulos que tienen el inconfundible sello Franco.

El cineasta tanteó en casi todos los géneros –terror, erótico, comedia, suspense,  aventuras–, y trabajó con grandes estrellas del cine europeo como el excelente secundario Howard Vernon, Jack Taylor, el mismísimo Christopher Lee a quien embarcó en una versión de Drácula que estaría inspirada al cien por cien en la novela de Bram Stoker que al final solo toma del original que el rey de los vampiros luzca un hermoso bigote debajo de su nariz; Fernando Fernán Gómez, Diana Lorys, Soledad Miranda y, como no, siempre Lina Romay.

Tuve la oportunidad de hablar con Franco en una de sus estancias en Tenerife aunque de esa conversación más que de cine acabamos charlando de jazz, música por la que sentía mística devoción.

Lina Romay participó bastante en ese diálogo a tres bandas, y debo de confesar que más que escuchar a Franco, escuchaba a su mujer. Su voz transmitía una paz sensual que no he vuelto a encontrar en otras personas con el paso de los años.

En la producción del director, más de un centenar de títulos y que comienza desde los años sesenta hasta ¡el año pasado!, hay un título por el que siento mucho aprecio: Noventa y nueve mujeres, protagonizada por, entre otros, Mercedes McCambridge y Herbert Lom.

No es una obra redonda, pero sí que se trata de una película muy pesimista y digamos que canalla. Podríamos ubicarla en el subgénero carcelario femenino, que tanto furor hizo en los años setenta, y como rareza no deja de ser un diamante en bruto entre tantos largometrajes que prometían pero que dejaban de prometer una vez vistos.

El cineasta cuenta con más títulos, la mayoría de ellos improvisaciones que casi parecen jazzísticas aunque no hayan sabido resistir el paso de los años.

Muchos de estos trabajos los rodó en Gran Canaria, aunque se nos fue a la tumba sin hacerlo en Tenerife, isla en la que le apetecía mucho hacerlo porque tiene más variedad de paisajes, me comentó en esa entrevista sin darse cuenta que podría herir sensibilidades por aquello del dichoso pleito insular.

Entre otros filmes que filmó en Canarias, cito Ópalo de fuego, El cementerio de los muertos vivientes, La noche de los sexos vivientes, Un capitán de quince años, La chica de las bragas transparentes, La sombra del judoka contra el doctor Wong y Bangkok, cita con la muerte. Hay muchas más, aunque las películas por las que será recordado entre sus muchos fans que hoy lloran su ausencia continúan siendo Miss Muerte (1965), sus dos Fu-Manchú (Fu-Manchú y el beso de la muerte y El castillo de Fu-Manchú) y las estrafalarias Necronomicón y Marqués de Sade: Justine, entre otras cintas de quita y pon que forjaron a generaciones de espectadores en aquellas hoy inolvidables –y por ello irrecuperables– sesiones en cine de barrio.

En una entrevista digital con los lectores de El País, comentaba el mismo Franco acerca de sus películas: “Yo orgulloso no estoy de ninguna. Mis películas a mí no me gustan porque las conozco mejor que nadie y también sus defectos. Pero hay algunas que me repugnan menos que otras: Necronomicón; una que hice en EEUU y parte en Italia, Black Angel; La Condesa Negra, una película francesa; y luego hay una de las últimas que he hecho, La Cripta de las mujeres malditas y que la hice siguiendo una especie de decálogo que ha sacado Tarantino para hacer películas a bajo coste y con unidades más largas de proyección que las del cine.”

¿Provocador?, ¿cineasta de culto?, ¿obrero del cine? Son muchas las preguntas que suscita su larga carrera como director, y todas ellas serán respondidas a partir de ahora por quienes lo conocieron y lo hicieron miembro incluso de su círculo familiar.

Yo creo que a él todas estas cuestiones se las traerían frescas, y que incluso soltaría la risa ante tanta devoción desatada. En especial porque muchos de quienes formaron parte de sus adoradores apenas habían visto dos o tres de sus películas.

El caso es que Franco ha muerto y hoy, quiero pensar, ha vuelto a reunirse con el segundo gran amor de su vida, Lina Romay.

(*) En la imagen Jesús Franco junto a Lina Romay.

Saludos, releyendo Memorias del tío Jess (Editorial Aguilar), desde este lado del ordenador.

Cine de explotación con acento canario: Oro rojo, una película de Alberto Vázquez Figueroa

Martes, Marzo 26th, 2013

Alberto Vázquez Figueroa además de escritor probó también ponerse tras las cámaras en dos películas que siendo fallidas, resultan cuanto menos trabajos interesantes para calibrar el universo personal de su autor.

Se tratan, además, de dos cintas –Oro rojo y Manaos, esta última basada en una novela del mismo Vázquez Figueroa– que respiran ese aire de salvaje libertad con la que observo ahora la década de los años setenta del pasado siglo XX. Productos muy pegados a las modas que en aquel entonces imperaba en lo que se conoce como cine de explotación –personajes de una pieza, erotismo y violencia– que vistas con la perspectiva que da los años permite aproximarse a unos tiempos que todavía estaban marcados por la rudeza.

Desgraciadamente, Manaos (1979) no pasa la prueba del algodón aunque sí que encuentro destellos y una audacia insólita que la hace nuevamente visionable Oro rojo (1978), un filme realmente atípico en el cine comercial de bajo presupuesto que se rodó en aquellos años y filmado íntegramente en los agrestes paisajes de Lanzarote.

Protagonizada por Alfredo Mayo, Hugo Stiglitz (ahora tan reivindicado gracias a Quentin Tarantino); Isela Vega, José Sacristán y Patricia Adriani, entre otros, la película de Vázquez Figueroa se desarrolla en una isla inexistente, Providencia, dominada por una familia, Los Almeida, que ha hecho su fortuna esclavizando a sus habitantes extrayéndoles la sangre, de ahí el título del largometraje y, paralelamente, la confusa pero interesante historia de un hombre que, tras escapar de unas salinas donde cumpe condena sin que se explique la razón de esa condena, pretende llevar algo así como la justicia social a ese territorio que gobierna con mano de hierro los miembros del clan Almeida, protegidos por un batallón de guardaespaldas que ¡¡¡vestidos de negro comos pistoleros del lejano oeste!!!, son conocidos por los explotados de esa isla como gorilas.

Oro rojo quiere construirse así como una metáfora que si destaca por algo es por la cobardía, o el instinto de supervivencia de su protagonista. Dispara por la espalda a uno de los Almeida sin que se le despeine la melena; sale corriendo como si llevara el diablo por dentro ante cualquier atisbo de peligro que se le cruce por el camino.

Entre los muchos atractivo de esta película, siempre y cuando se vea con estómago de hierro y se caiga rendido a su delirio, es la huida que emprende el héroe dejando tras de sí a un compañero de fugas, y su llegada a un pequeño islote habitado por dos hermanas que tiene, así lo quise ver, referencias a las Odisea.

Durante su estancia, y cosas de la naturaleza, el hombre pronto despertará los instintos dormidos de una de ellas (Isela Vega) mientras le dan de comer y aprovecha para reparar una vieja embarcación con la que espera regresar a los dominios de los Almeida.

Puesta así las cosas, es inevitable que se produzca la primera y tórrida escena de sexo al aire libre que propone la película, y que supuestamente une los destinos de Hugo Strilitz, el héroe, con una de las mujeres al tiempo que despierta –en otra de las escena más delirantes de este delirante y precisamente por ello atractivo filme– el odio furibundo de la hermana, interpretada por Terele Pávez, quien machete en mano solo quiere  castrarlo. Así, con todas sus letras.

En este aspecto, Oro rojo es una película con una extraña fascinación, que se mueve más por los instintos que con la cabeza, lo que engrandece lo que otros ojos solo podría interpretar como ridículo.

Articula además un discurso denuncia que gira en torno a explotados y explotadores, y  funciona, pese a su desorden y temo que involuntariamente, como producto que critica el hecho de habitar una isla condenada a que las cosas permanezcan como están.  A despreciar ese inmovilismo resignado que caracteriza a los explotados de Providencia, gentes a las que literalmente se le quita la sangre.

El mismo Vázquez Figueroa reflexionaba en un artículo que fue publicado en El País y con el título de Antecrítica de Oro rojo sobre su primera experiencia como director cinematográfico: “Los errores, que son muchos, los encontrará cada espectador, según sus propios gustos: Inexperiencia en el manejo de los actores o de la cámara, falta de ritmo o carencia de hilación entre una secuencia y la siguiente… No lo sé. Si lo hubiera sabido, no hubiera cometido tales errores, por supuesto. En conjunto, mi opinión es que he obtenido una película al 80% de lo que esperaba obtener antes de empezar, lo cual no es mal porcentaje, a mi modo de ver, tratándose, como digo, de la primera. Bien es cierto que he contado con uno de los mejores equipos técnicos y artísticos que se han puesto en este país al servicio de un director novel.”

Lo que justifica, quiero entender que, efectivamente, poco o nada hay que objetar del trabajo técnico y artístico de la película.

La isla de Lanzarote adquiere una belleza plástica que se debe al oficio del operador José Luis Alcaine, y en cuanto a los actores todos cumplen con su cometido como profesionales que son.

Me encanta, en especial, la labor que desarrollan un nomelopuedocreer José Sacristán y una siempre inmensa Terele Pávez, también esa tendencia que tiene el escritor y cineasta por romper moldes y resultar políticamente incorrecto.

Y todo ello explorando un territorio ficticio que transmite una sensación de pobreza demoledora que, lamentablemente, Vázquez Figueroa no acierta a desarrollar cuando apuesta por lo convencional en detrimento del carácter pesimista que planea en toda su historia.

El filme de todas maneras y pese a que no se sostenga, reúne un puñado de escenas asombrosas, en los que se ve algo de talento detrás de las cámaras, y entregado así a la causa digamos que hasta se le perdona algunos diálogos de chiste y situaciones que se resuelven con desconcertante idiotez.

Confieso de todas formas que dentro de esa corriente de cine malo que tanto gusta a mi corazón cinéfago cuando deja descansar su lado cinéfilo, sí que he encontrado en Oro rojo una película arriesgadísima y muy personal. Cien por cien Vázquez Figueroa, uno de los pocos escritores españoles que supo en sus primeras novelas revolucionar en España un género por el que siento tanto aprecio como es el de la aventura.

Entiendo así Oro rojo como la gran película frustrada de aventuras que es. Un producto muy lastrado por su empeño en ser convincente y su pretensión por armar una historia que además de sexo y violencia tuviera mensaje.

Ya saben, los explotadores extraen literalmente la sangre a los explotados.

Vampirismo real que puestas así las cosas y objetivamente, hace de Oro rojo una película de obligadísimo visionado en estos tiempos que corren.

Uno se ríe con sus torpezas, pero no deja de inquietarle que su denuncia le resulte tan estrafalariamente actual.

Saludos, buscando en el baúl de los recuerdos, desde este lado del orden ordenador.

¡Viva el Rey!

Sábado, Enero 12th, 2013

La primera película que me abrió los ojos, que me sacudió por dentro y por fuera estuvo protagonizada por un monstruo.

Era pequeño, es probable que tuviera unos diez años, y descubrirla en la pantalla de aquel televisor en blanco y negro de la marca Pradoni fue, ya digo, como una especie de revelación.

De pronto, me percaté que además de la historia que me contaban había algo que latía por dentro.

Desde ese día King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933)  ocupa orgullosa el primer puesto de esa hipotética lista de diez películas con las que podría irme feliz al otro mundo.

La razón que lo explica es que no he vuelto a sentir esa misma magia, ese mismo sobrecogimiento, esa misma sensación de aprendizaje, de estar con unos para al final estar del lado del agresor primitivo que se convierte en víctima, con otra película.

Es decir, que me pusiera del lado del monstruo.

De la bestia.

Del rey de la isla de La Calavera.

Eso justifica mi fascinación por King Kong.

Y que no me canse de verla una y otra vez.

Me la sé de memoria. De hecho, puedo narrarla e interpretarla porque me la sé de memoria. De cabo a rabo. De rabo a cabo.

Cierro los ojos y la recreo en mi cabeza con absoluta fidelidad.

Cada secuencia fantástica.

Cada fantástica secuencia de esta obra maestra de eso que se llama cine.

Y es que solo hay un Kong.

Y ese King Kong, que a partir del día de la revelación quise que representara mi presunto lado salvaje, aún gruñe dentro de mi. Está cansado de su encierro. Harto de que intente domesticarlo.

Me pregunto qué razones explican que todavía me acuerde de la primera vez que me encontré por casualidad con esta película. Y que razones mastico para entender que no recuerde otros pedazos de una infancia de la que apenas guardo memoria.

Conservo muy fresco, sin embargo, la primera vez que me encontré con Kong.

El latigazo de deseo al que en ese momento fue incapaz de ponerle nombre y apellidos cuando vi a Fay Wray ligera de ropa y el miedo que me envolvió cuando la aspirante a actriz es secuestrada por la tribu de indígenas para que sirva de ofrenda a Kong.

Y el tam tam de los tambores, y el Kong, Kong, Kong que cantan los nativos mientras Wray intenta desembarazarse de las cuerdas…

Y cómo me congelé con la primera aparición del indiscutible Rey de esa selva, jungla delirante y primigenia recreada con mucha clase en estudio.

Aún resuena en mis odios el chillido de pánico de Wray cuando el gorila gigante se la lleva entre sus manos para conducirla hasta su guarida, seguido por los hombres que capitanea Carl Denham (Robert Armstrong), el director de cine sin escrúpulos, y el primer oficial del barco (Bruce Cabot), quien cae seducido, como cae seducido Kong, ante los encantos de Fay Wray, la aspirante a actriz.

Pero es que la misma emoción que sentí entonces se repite ahora cuando la vuelvo a ver.

La escena del tronco del árbol. Los disparos que hacen cosquillas al gorila que ha recibido el primer flechazo de eso que llaman amor.

A Kong abriéndole las mandíbulas a una criatura antidiluviana que solo piensa en tomarse el aperitivo con la chica que lleva entre sus manos.

A Kong explorando esa muñequita mientras descubre el cuerpo de una mujer tan atractiva como fue Fay Wray…

Recuerdo, como si fuera ayer, como tras dormirlo y trasladarlo a Nueva York me puse del lado de Kong.

Hijos de la grandísima puta, pìenso todavía.

Pero comprendan que es aquí, en que me pusiera del lado de Kong, el rey destronado al que denominan ahora como la octava maravilla del mundo en la ciudad de los rascacielos, que entienda que aún permanezca esa pesada cadena hecha hechizo cuando el cine lo que propone es solo buenas historias.

Por disparatadas que resulte al puñetero sistema.

El final, apoteósico incluso hoy, cuando la vuelvo a ver y me quedo clavado en el sofá de mi cueva, da rienda suelta a numerosas interpretaciones.

Pero las explicaciones no valen nada cuando argo que te gusta no sabes exactamente ¿por qué te gusta?

¿Por abrirme los ojos siendo apenas un infante?

¿Un niño que jugaba a los soldaditos, que recreaba con aquellas figuras batallas que calmaban al Kong que llevaba dentro?

¿Ese mismo chaval con el que me identifico y que continúa pidiendo clemencia cuando el gorila cae abatido por los disparos de los biplanos mientras Kong está en la cima del Empire Sate Building?

Solo sé que me asaltan las lágrimas cuando contemplo en la película el cadáver aún caliente de Kong sobre el asfalto.

Y la sentencia de Denham:

 “No, no fueron los aviones. La belleza mató a la bestia.”

Así que anoche no vi King Kong.

Fue otra cosa.

Anoche volví a soñar con King Kong

Saludos, el Rey cumple ochenta años, desde este lado del ordenador.

Dando notas a las puertas del apocalipsis

Miércoles, Diciembre 19th, 2012

* La escritora Esther Terrón Montero debuta en el panorama literario con la novela Junio (colección Tid, Ediciones Idea), donde propone una ácida alegoría sobre la incomunicación y la carencia de relaciones sinceras “que vivimos en la sociedad actual.” La protagonista de la historia, una profesora que todos los días se traslada a un instituto localizado en el sur de una isla que podría ser Tenerife, relata en primera persona sus experiencias, mostrando sus emociones y todo cuanto se desarrolla a su alrededor.

* También en Ediciones Idea aunque en la colección Narrativas ha aparecido el nuevo libro de relatos del escritor Agustín E. Díaz Pacheco, Proa en nieblas, título que, en palabras del también escritor Jorge Majfud: “La cartografía tradicional de los cuentos lineales, abundantes en acción y con finales cerrados en sus propias resoluciones, nos llevará a naufragar en el más temiblemente calmo de los mares que componen este libro.” Otros libros de Agustín E. Díaz Pacheco son Los nenúfares de piedra, La cadena del agua y otros cuentos y El camarote de la memoria.

* La editorial Alhulia publica Línea líquida (Memorias de unos años algo frívolos) del escritor y abogado José María Lizundia. El autor explica que en este libro “domina el humor de principio a fin”, aunque admite que es de difícil clasificación: “Es narrativa y podría ser una novela, pero se trata de un libro de memorias que abarca dos o tres años del autor en su cincuentena, luego no parecen unas memorias; quizá podría presentarse como diarios, pero ocurre que no hay días marcados.” Lizundia es autor también de Diario de un abogado mundano, entre otros títulos.

* Noa y los dioses del tiempo, de Ana Joyanes Romo, es el séptimo título de la colección de novelas G21: Narrativa Canaria Actual, si no contamos el primero de esta iniciativa coordinada por el editor de Ediciones Aguere, Ánghel Morales, una antología de relatos que incluyó entonces a doce autores y que desde entonces se ha convertido en una especie de fenómeno literario en las islas. Noa y los dioses del tiempo transcurre en un espacio alternativo que podría ser cualquiera de las islas que forman el archipiélago canario, en el que la realidad y la magia se dan la mano. Esta novela se presenta el sábado, 22 de diciembre, en el Ateneo de Miraflores, en Santa Cruz de Tenerife, a las 20 horas. Introducirá el acto el abogado y escritor Iván González.

* Ediciones Idea ha reeditado, en su colección Narrativas, El perfil de las esquinas, de David Galloway, una recopilación de relatos que vio la luz por primera vez en 2003 y que, en esta ocasión, cuenta con un prólogo del profesor y poeta Ernesto Suárez, así como con un cuento inédito, titulado La vida en defensa propia (Pubis azul). La obra indaga en la búsqueda de la felicidad y está poblada de personajes que, a través de las experiencias vividas, terminan comprendiendo que toda ilusión, sea cual sea su cariz, su contrapartida, siempre hace mella. El volumen se presenta este jueves, 20 de diciembre, a las 19.30 horas, en la Librería de Mujeres de Canarias. En el acto intervendrán, junto al autor, el prologuista de la obra Ernesto Suárez; la directora de la librería, Izaskun Legarza; y un representante de la editorial canaria.

* La Escuela Canaria de Creación Literaria comenzará el nuevo año con un Curso de Relato Breve, que impartirá el escritor Víctor Álamo de la Rosa. Las clases tendrán lugar los jueves desde el 24 de enero al 11 de abril, de 20.30 a 22 horas, y en el mismo se profundizará en la esencia de la narrativa, así como se trabajará con los recursos expresivos de cada alumno. El curso se completará con la realización de un relato por parte de cada alumno con la intención de hacer una publicación colectiva. Más información en la página web de la ECCL.

* Este miércoles, 19 de diciembre, se presenta El libro LuchaLibro, publicado por la editorial Baile del Sol, dentro de la colección Sitio de Fuego. El volumen, de 160 páginas, compila los más de ochenta relatos que participaron en este certamen, e incluye como no podía ser menos, el trabajo ganador, que recayó en Enrique Sicilia (primer premio) así como los finalistas Nuria López, Alejandra Allueva y Hugo Clemente. El libro de LuchaLibro se distribuirá en las principales librerías de la isla y a través del blog de LuchaLibro Canarias. La presentación tendrá lugar a las 21 horas en  el Malavida, “ideas y copas”, en Santa Cruz de Tenerife.

* El Espacio Cultural Aguere de La Laguna acoge desde este miércoles, 19 de diciembre, hasta el 9 de enero del 2013, un ciclo dedicado a la actriz de origen canario Maria Montez. También se inaugurará una exposición coordinada por Aron Benchetrit y compuesta por paneles y material gráfico perteneciente a la colección de Antonio Pérez Arnay, fallecido el 1 de enero de este año y al que se le rendirá un homenaje. El ciclo Maria Montez incluye la exhibición a las 20.30 horas de La reina de Cobra (1944); Alí Babá y los cuarenta ladrones (1944) y Las mil y una noches (1942), el 19, 20 y 21 de este mes, respectivamente.

* La Filmoteca Canaria recupera sus ciclos el próximo año, entre enero y febrero, con una atractiva retrospectiva dedicada al cineasta Ernst Lubitsch. Entre otros títulos se exhibirá Ninotchka y To Be or not To Be.

Saludos, escobilloneros antes del fin, desde este lado del ordenador.

¿Insisten en tomarnos el pelo?

Jueves, Noviembre 29th, 2012

La matrioska es una muñeca de origen ruso que se encuentra hueca por dentro, de tal manera que en su interior alberga una nueva muñeca, y ésta a su vez a otra, y ésta a su vez otra, y otra…

En su ya tradicional política de marear la perdiz el Gobierno de Canarias ha hecho lo mismo que la tradicional matrioska en cuanto a los recursos dinerarios destinados a su área de Cultura.

La historia comenzó el año pasado, cuando fijó en un 60 por ciento el recorte levantando la protesta de parte del sector.

Una parte del sector que redactó un manifiesto, organizó un presuntuosamente revolucionario Gabinete de Crisis que fue incapaz de aglutinar a todos los afectados aunque hizo algo de ruido en la calle…

Días antes, el 24 de octubre, el poco inspirado viceconsejero de Cultura, Alberto Delgado, mantenía una reunión con parte de los afectados para transmitirle la dramática noticia del tijeretazo.

Ignoro si Delgado ha vuelto a reunirse con parte del sector este año para comunicarles el nuevo recorte –la matrioska– que contemplan los Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma para 2013.

Aunque algo me dice que no.

El Ejecutivo regional intenta matizar el feo afeitado anunciando que se trata “solo” de una reducción del 0,9 para sus políticas activas en materia cultural el año próximo.

Es decir, que se contará, chicos y chicas, con 5.879.548 frente a los 5.933.540 euros “empleados” –así está escrito en una nota de prensa– en 2012.

Cabe destacar –otra matrioska– que en esta cifra desaparecen los Presupuestos Generales del Estado que hasta ahora aportaban ayudas y subvenciones, entre otras, las destinadas a la movilidad de los artistas y creadores canarios.

Es decir, que la cantidad de 505.750 euros que pasaba Madrid será cero en 2013.

El Gobierno canario, que no sale de su natural indignación ante este nuevo atentado de la Metrópoli, responde sin embargo con un rapto de generosidad sin precedentes al anunciar que, don´t worry, be happy, aportará de su propio bolsillo, que es el nuestro, 200.000 euros para que los creadores de la isla no jueguen con desventaja frente a los artistas y creadores que residen en la parte continental de ese territorio que aún me atrevo a llamar España, aunque cada día con la boca más pequeña.

Mientras tanto, la mayor preocupación del departamento que dirige la consejera de Cultura del Gobierno de Canarias, Inés Rojas, es la de crear un chiripitiflatulento Observatorio Canario de la Cultura que nadie sabe cuanto nos costará a los que vivimos en estas islas abandonadas de la mano de los dioses.

Casi parece, reflexiono, que a mamá Inés y a su escudero Alberto Delgado, felizmente recuperado de una enfermedad, le parece más importante mirar antes que pasar a la acción

Septenio, oh, Septenio.- Lo que me llama poderosamente la atención si se hace un desglose de las cantidades que se distribuirán por los distintos programas que vertebra el departamento que hoy dirige Delgado bajo la atenta mirada de su consejera, Inés Rojas, es el anuncio de que Septenio –que en 2013 estará dedicado al Turismo– contará con una partida de 780.000 euros.

Entiendan mi asombro.

Más si tenemos en cuenta que el Gobierno de Canarias aplazó recientemente este año la misma convocatoria, dedicada en 2012 Al suelo.

En su momento, el departamento que dirige Inés Rojas y su escudero Alberto Delgado, confiaba en un escrito remitido a los afectados que presentaron proyectos para su edición 2012: “En poder retomar esta convocatoria en próximos ejercicios.”

¿2013?, ¿2014?, ¿2084?

¿Adiós Al suelo y bienvenido Turismo?

La idea de Turismo en contra de la del Suelo, nos vende la cada día menos creíble Consejería de Cultura, es la “de valorar y analizar el estado de Canarias en el ranking turístico mundial y planificar nuevas estrategias futuras, apostando por el turismo cultural como nueva etiqueta para las Islas.”

Mmmm

Y Pienso, porque a veces me da por pensar, ¿qué se hará con los proyectos que se presentaron a la convocatoria de 2012?

¿Tirarlos Al suelo?

Claro que aquí, ya saben, nunca paaasa naaada, mano.

Cine.- El programa Canarias y el Cine dispondrá de 300.000 euros para 2013 con el fin de “seguir manteniendo el trabajo desarrollado en anteriores ejercicios, en el Plan Canario Audiovisual y en la labor de conservación y difusión del patrimonio audiovisual canario, a través de la Filmoteca”, se avisa en la misma nota de prensa…

Claro que ¿esto que cuentan es verdad?

Lo pregunto porque a un mes de que finalice 2012, este año que termina Canarias Cultura en Red aún no ha publicado convocatoria alguna para proyectos de coproducción audiovisual.

Y mucho me temo que lo mismo sucederá en 2013.

Así que ¿qué sentido tendrá la existencia de un Plan Audiovisual de Canarias cuando en Canarias los únicos que están haciendo algo parecido a cine es sin contar con el apoyo de ese mismo Plan Audiovisual de Canarias?

Empiezo a sospechar que la matrioska, a medida que se hace más pequeña también se hace más mentirosa…

O que me oculta argo… 

Para completistas.- Desgloso a continuación las cantidades dinerarias que se distribuirán entre las distintas áreas y programas que la matrioska Cultura, por llamarla de alguna manera, piensa distribuir en 2013.

¡¡¡El año de la serpiente según el horóscopo chino!!!

* Circuito islas de Música, Teatro y Danza: 1.035.000 euros.

* Canarias y la Cultura: 1.664.548 euros que se destinarán presuntamente para promocionar el desarrollo cultural “en diversos planos como la dinamización y promoción de actividades culturales, en el marco de la integración y la difusión de los valores de la cultura canaria.” (¿?)

* Canarias y el Arte: 400.000 euros que pretenden estimular los centros de producción y gestión de las artes plásticas “en los que se promocionan y fomentan la formación, la producción y la exhibición, en el terreno de las artes visuales, así como de los espacios y centros de arte dependientes del Gobierno de Canarias.”

* Canarias y la Cultura Tradicional: 200.000 euros, “con la finalidad de seguir dinamizando la cultura de raíz y el patrimonio cultural, en el ánimo de contribuir a su difusión y preservación.”

* Bibliotecas y Archivos: 4 millones de euros.

* Libro y Publicaciones: 635.651 euros.

* Patrimonio Cultural: 539.005 euros.

Por último, la aportación pública al Festival de Música de Canarias se reduce un 35 por ciento, pasando de los 2.000.000 euros en 2012, a 1.300.000 euros en 2013.

La nota informativa del Gobierno de Canarias termina con un notable pero nada agradecido sentido del humor:

“Aunque estas partidas han sufrido un importante ajuste, el Gobierno, con estas cifras, garantiza un servicio público de calidad.”

Saludos, aquí nunca paaasa naaada, desde este lado del ordenador.