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Antonio López Ortega: “Hemos hecho una relectura del siglo”

Martes, Marzo 26th, 2019

El título de uno de los libros escritos por el “secreto mejor guardado de América Latina”, según Álvaro Mutis cuando se refería al poeta venezolano Juan Sánchez Peláez da nombre a Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX (Pre-Textos, 2019), obra cuya selección, notas y prólogo escriben Antonio López Ortega, Miguel Gomes y Gina Saraceni con el objetivo de transmitir la sensación, a través de los 87 autores que recopila el libro, que el mejor país es “el que aquí se expresa”.

La antología se presenta el martes 2 de de abril y a las 20 horas en el salón de actos de Caja Siete, en Santa Cruz de Tenerife donde uno de los antólogos, Antonio López Ortega intervendrá acompañado de Nieves Concepción, Ernesto Suárez y Rafael-José Díaz.

- ¿Es Venezuela tierra de poetas?

“En Venezuela la poesía ha sido un género muy sólido, muy constante. Hay una ilación que se mantiene, sin discontinuidades. Esto es aún más cierto durante el siglo XX, pues a partir de allí podemos hablar de poesía moderna. Asombra ver la profusión de poetas, la fuerza de la vocación poética. Junto al cuento, que también es un género que ha gozado de buena salud en el siglo XX, estamos hablando de dos géneros rectores, que han marcado y siguen marcando la literatura venezolana. No digo esto en detrimento de la novela, que también es un género importante, aunque no siempre constante. Volviendo a la poesía, siempre es importante preguntarse cuáles serían las razones históricas o culturales para que esta vocación sea tan vigorosa, pero las respuestas no son obvias. Tan sólo pensaría en que Venezuela ha sido siempre un país muy musical, y que con la música llega la versificación. La música tradicional venezolana está llena de poesía. No la conocemos lo suficiente: se trata de un tesoro por redescubrir”.

- En cuanto a la Antología, ¿qué criterios se han seguido para escoger a unos y no a otros poetas?

“Esta antología la hemos hecho a seis manos Miguel Gomes, Gina Saraceni y yo. Miguel es un gran narrador, al igual que gran crítico y ensayista, y hoy en día profesor de estudios hispánicos en la Universidad de Connecticut; Gina, por su parte, que se ha especializado en poesía hispanoamericana, ha estado asociada siempre al muy prestigioso Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, si bien hoy ejerce la docencia y la investigación en la Universidad Javeriana de Bogotá. En el estudio introductorio que firmamos los tres, trazamos cuatro líneas de fuerza que determinan la selección: la primera es cartografía de sujetos y cuerpos; la segunda, espacios y paisajes de la patria; la tercera, construcción de otras realidades; y la cuarta, desplazamientos de la cultura. Fueron como líneas orientadoras para ordenar la vasta creación poética del siglo. Pero volviendo a la pregunta, en estos ejercicios antológicos siempre son menos los que entran y más lo que quedan fueran; no podría ser de otra manera. Esto no es un álbum de fotos; esto es una selección razonada y discutida. Y para mayor consenso, decidimos que nuestras decisiones tendrían que ser todas por unanimidad”.

- ¿Cuáles de los autores que no han podido publicar, cree que deberían de estar en ella?

“Son varios; y es inevitable porque toda antología reduce su campo de selección a lo mínimo necesario. Siempre es difícil, y hasta doloroso, dejar por fuera a escritores que estimas; esa es la parte dura del trabajo. Pero aquí tenemos que actuar bajo criterios y consensos, que es lo que hemos hecho. Reducir cien años de creación poética a 87 nombres podría verse como un parecer rígido, pero para otros quizás sea más bien generoso. No me extrañaría que otros antólogos, enfrentados al mismo reto nuestro, hubieran optado por un número menor. Buena parte de nuestro empeño ha estado centrado en dar cuenta de la diversidad de la poesía venezolana: diversidad de referentes, temas, técnicas, propósitos, lenguajes, raíces culturales. Está comprobado que, a mayor diversidad, mayor vitalidad”.

- En la antología hay varios poetas venezolanos de origen canario…

“Sin pensarlo mucho, mencionaría a dos: Reynaldo Pérez Só y Eugenio Montejo. El primero no sólo es de ascendencia canaria, sino que ha vivido por temporadas en Tenerife. El segundo ha recordado a sus progenitores canarios en alguno de sus poemas. Montejo tiene un libro precioso llamado El taller blanco. Allí hace referencia a su padre, que era panadero. La palabra taller corresponde al espacio donde se hacía el pan, y la palabra blanco corresponde a la harina de trigo que flotaba en el ambiente. El niño Eugenio veía allí nubes o niebla. Ese espacio de elaboración del pan era también el espacio del nacimiento de la poesía”.

- ¿La poesía de estos autores con origen canario los diferencia de los otros? Y respecto a su origen isleño, creo que me dijo que uno de ellos recurría al paisaje en sus obras para revelar unas islas no muy gratas…

“No creo que sean diferentes; más bien calzan de lleno en la tradición venezolana. La diferencia pudiera estar en que, en vez de evocar antepasados andinos o llaneros, recuperan vivencias de culturas españolas o portuguesas o italianas, lo cual nos lleva a otro enriquecimiento, que es el del mestizaje y la transculturización. La diversidad de orígenes y de culturas de los poetas venezolanos no ha hecho sino engrandecer nuestra poesía. Pero volviendo a la pregunta, sí es cierto que en el caso de Pérez Só hay visiones del paisaje canario (el mar, los muelles, los barcos pesqueros, las playas volcánicas) que transmiten algo de desaliento, de desamparo. Quizás podríamos hablar del término saudade, que tanto gustaba a Montejo”.

- ¿Cómo se dividieron el trabajo los responsables de esta Antología?

“En principio, todos hicimos todo. Es decir, cada quien estaba muy al tanto de lo que estaban haciendo los otros dos. Este libro lo montamos entre 2014 y 2018, y durante todo ese período nos intercambiamos innumerables correos y nos visitábamos virtualmente al menos una vez por semana. A veces nos hemos dicho que, cuando nos toque reeditar el volumen, convendría agregar un apéndice con todos los correos que nos cruzamos, porque allí están compilados, esencialmente, todos nuestros juicios de valoración y selección. La verdad es que, en todo el proceso de trabajo, que fue extenuante por lo minucioso, nos sentimos muy a gusto, y por momentos conmovidos. Hemos hecho una relectura del siglo, y toda relectura cambia los pareceres. Ninguna antología se salva de omisiones, pero en la nuestra yo destacaría los redescubrimientos y las revalorizaciones. La selección la hicimos por etapas, y en la fase final los tres interveníamos hasta lograr la unanimidad en torno a cada poeta. En cuanto a las notas, nos las repartimos en tres bloques, pero al final todos interveníamos en la revisión y redacción. Y para el prólogo, dibujamos una especie de frankenstein al que cada quien le arrancaba un brazo o una pierna para engordarlos a adelgazarlos. Al final lo reensamblamos y lo obligamos a entrar en cintura con sucesivas ediciones”.

- ¿Cuáles son los temas y constantes entre los autores que se incluyen en la antología?

“La respuesta a esa pregunta es la propia antología: en esas mil cien páginas damos cuenta de los temas y las constantes. En todo caso, como temas deberíamos advertir la fascinación por el paisaje, que se extiende desde la generación del 18 hasta las últimas promociones del siglo; la irrupción de la ciudad como nuevo escenario del sentido, muy presente en la generación del 58; el cuerpo como superficie, que se advierte desde la precocidad de María Calcaño, pasando por Miyó Vestrini, hasta llegar a las poetas de los años 80, como Yolanda Pantin a María Auxiliadora Álvarez; también algo que, a falta de mejor nombre, llamaría terredad, para usar un término de Eugenio Montejo, presente desde Enriqueta Arvelo Larriva, hasta Ramón Palomares en los años 60 o Igor Barreto en los 90. Podríamos mencionar muchos más, hasta llegar a verdaderas singularidades: el sentido de extrañamiento, la subjetividad quebrada, el noctambulismo, el pasado visto como territorio de la orfandad. Ahora bien, en cuanto a constantes yo mencionaría el tratamiento del lenguaje, ya sea para hablar desde la exaltación o ya sea para reducirlo en pos del silencio. Siento que los poetas venezolanos, consciente o inconscientemente, han entendido desde muy temprana edad que la forma es el fondo, es decir, que tanto importa lo que se dice como cómo se dice. Las palabras son siempre peces muy vivos, que el poeta pone a nadar en un estanque en el que, sin quererlo, se refleja y lo reflejan”.

- ¿Qué poetas destacaría de los que se han escogido en este libro?

“Justamente los más desconocidos, que son la mayoría. El lector podrá reconocer a los grandes poetas del siglo: Ramos Sucre, Gerbasi, Sánchez Peláez, Cadenas, Sucre, Montejo, Pantin, Barreto, que son los árboles altos del bosque, pero yo diría que lo más importante es el bosque. Esta antología permite entender que nuestros grandes nombres son inexplicables sin esa tradición, o mejor dicho, que nuestros grandes poetas forman parte de una tradición: no salen de la nada. Y lo importante es tenerlos a todos allí, para que el lector reconozca, justamente, los rasgos comunes, que son muchos. En el bosque también hay singularidades, obras que son mundos propios, como las de Hanni Ossot, o Armando Rojas Guardia, o Edda Armas, o Santos López. Hay mucho por descubrir, por reconocer, por validar. Mi impresión, al ver el libro ya editado, es que la poesía venezolana, y en esto quisiera ser lo mas objetivo posible, es de las más importantes poesías del continente verbal iberoamericano. De esto no me cabe ninguna duda”.


- ¿Y qué etapas, y autores, cree que son las más importante por su calidad del pasado siglo XX?

“La generación del 18, incluyendo a Ramos Sucre, es de las más importantes: fueron cosmopolitas, se abrieron al mundo, tradujeron a los románticos alemanes, pero a la vez fueron grandes paisajistas verbales. Ellos se apartan de los tardomodernistas, muy europeizantes, y comienzan a hablar de nuestros árboles autóctonos: apamates, araguaneyes, bucares. Paz Castillo o Moleiro son poetas a los que regresamos porque fijan el rostro de la geografía nacional, pero no haciendo un inventario de especies, sino urdiendo una emocionalidad en torno al paisaje, esto es: el paisaje somos nosotros mismos. Luego, hacia mediados de siglo, nos hicimos vanguardistas, con obras como las de Luz Machado o Juan Sánchez Peláez. Un libro como La casa por dentro, de Machado, exige una relectura, que aquí proponemos, porque el ámbito de la domesticidad, donde se ha querido recluir a la mujer, explota en mil pedazos, por no decir en mil versos. En paralelo, la lujuria verbal de Sánchez Peláez, a mi manera de ver, parte el siglo en dos mitades: ya nunca se escribirá de igual manera a partir de su obra, que tiene la virtud de fijar un antes y un después en nuestro discurso poético. Si seguimos caminando por el siglo, llegaríamos a la generación del 58, que fue prodigiosa en muchos sentidos: allí están los nombres de Cadenas, Calzadilla, Silva Estrada, Pérez Perdomo, Sucre, Palomares, Montejo o Barroeta, poetas todos que marcaron a todas las promociones siguientes. Y como etapa final, yo señalaría la promoción que irrumpe en los años 80, que bien podríamos llamar del 78, con un protagonismo envidiable de mujeres poetas, como Yolanda Pantin, Edda Armas, Blanca Strepponi, Laura Cracco, Ana Nuño, María Auxiliadora Álvarez o Verónica Jaffé”.

- ¿Hay una poesía venezolana vinculada al mundo del petróleo?

“Curiosamente, el referente petrolero no ha sido importante en la poesía venezolana, como sí lo ha sido en la narrativa. Pero esto nos lleva a consideraciones mayores, que es la de preguntarnos por qué el pensamiento venezolano ha satanizado un hecho económico tan determinante como el petróleo. Sigue viéndosele como una riqueza mal habida. Allí tenemos un prejuicio estructural que ha campeado a través del siglo. Una economía cafetera como la de Colombia o del cobre como la de Chile han entrado de manera franca en la literatura, pero en nuestro caso, cuando ha entrado, es para maldecirla. Se diría que el paradigma agrícola es el que vale, mientras que el minero, riqueza fácil, se condena. ¡Pues ya el petróleo convive desde hace 120 años con la nación y todavía se le considera una extrañeza! Yo creo que eso habla más negativamente de nosotros que del chorro negro que sube anónimamente a la superficie. En síntesis, literariamente hablando, es una asignatura que tenemos pendiente”.

- ¿Hacia donde miran los poetas venezolanos del siglo XX?, ¿hacia España, Francia?, ¿por qué?

“Toda la poesía hispanoamericana moderna mira primero hacia Francia, que es de donde provienen movimientos tan importantes como el simbolismo o el surrealismo. Y Venezuela no escapa de eso. Esas corrientes de influencias recíprocas están bien estudiadas, y sobre todo en un libro que me parece capital: Los hijos del limo, de Octavio Paz. En cuanto a influencias literarias, los siglos XVIII y XIX de España no fueron importantes para Hispanoamérica. Todo lo importante venía de Francia: desde el pensamiento del Siglo de las Luces, que nutre las corrientes emancipadoras, hasta los poetas románticos, que siembran la poesía amorosa en el continente. Hay que esperar hasta el surgimiento de la generación del 98 para volver la cara hacia España, y esa renovación literaria peninsular provoca del otro lado del Atlántico un movimiento medular, que es el Modernismo. Luego, como otro eco, los poetas del Modernismo son una influencia determinante para la generación española del 27. Es decir, García Lorca es inconcebible sin Rubén Darío. Octavio Paz demuestra que, a partir del Modernismo, la literatura escrita en castellano comienza a contrapuntear de una orilla a otra, sin cesar, y me parece que ese danzón lo mantenemos hasta hoy, para fortuna nuestra. Volviendo a Venezuela, ya la generación del 18 leía a los simbolistas franceses, y de alguna manera rozaba los primeros brotes del Surrealismo. Pero hay que esperar hasta los poetas de la vanguardia, como Sánchez Peláez, para que ese lenguaje de la libre asociación que postulaba el Surrealismo se asumiera a fondo, con profunda convicción. La influencia surrealista llega hasta la generación del 58, y se ve claramente en las primeras obras de Cadenas o Pérez Perdomo”.

- ¿Y hacia donde creen que miran los poetas venezolanos del siglo XXI?

“Creo que miran hacia todos lados: no hay rincón del mundo que no conozcan. Leen por igual poesía hindú o náhualt, poesía griega o rusa. Están sujetos a todas las influencias, y en gran medida porque este mundo interconectado lleva información hasta las más lejanas fronteras. Son muy universales, y viven el mundo como una gran casa. Tienen por detrás una tradición que ya es muy vigorosa, y me parece que se relacionan con ella con mucha curiosidad y devoción. También son muy maduros, serios, precoces. Yo diría que surgen por generación espontánea, en todos los recodos del país, pero con un alto nivel de calidad”.

- ¿Cuál es el estado de salud de la poesía venezolana en lo que llevamos de siglo XXI?

“Desde el punto de vista de la edición, circulación y promoción de obras, estamos en uno de los peores momentos de nuestra historia, sencillamente porque no hay políticas públicas en el campo cultural. Pero en cuanto a creación poética, es un momento muy auspicioso, muy movido. Los jóvenes poetas se organizan para hacer concursos, montar recitales, hacer ediciones artesanales, colgar portales de poesía. No se amilanan con nada; más bien siguen con una energía que no se apaga. Han crecido en el peor país posible, en el país que les ha negado toda ayuda, y sin embargo persisten, porque la fe es inquebrantable. A mí me parece una generación admirable, que dará mucho que hablar en los tiempos venideros. Los nombres de Willy Mckey, Graciela Yáñez Vicentini, Jairo Rojas, José Delpino, Natacha Tiniacos, Alejandro Sebastiani, Santiago Acosta, Franklin Hurtado, Néstor Mendoza, Alejandro Castro, Adalber Salas, Camila Ríos y Raquel Abend serían referencias ineludibles en una eventual antología poética del siglo XXI.”

- En los tiempos de Maduro qué poesía se escribe, ¿una poesía contestataria?

“Más que contestataria, yo hablaría de otras persistencias. Una es la reconstrucción de la memoria, en tiempos en que el discurso oficial la quiere borrar; otra es la persistencia de la subjetividad, en tiempos en que todo se mide en términos masivos; otra es la vigilancia del lenguaje, en tiempos en que se nos quieren imponer neolenguas; otra es la afirmación de la libertad expresiva, en tiempos en que se censura; otra es la pulsión estética, en tiempos en que el lenguaje se corroe; otra es el hambre de universalidad, en tiempos en que se cierran fronteras; otra es una cierta reivindicación ética, en tiempos en que el poder es un nido de corrupción; y una última podría ser la apuesta ciega por recuperar los legados culturales, en tiempos en los que se nos quiere llevar a la anonimia. La poesía plural que se está escribiendo es el mejor antídoto contra la intención de borrarnos del mapa”.

Saludos, sol, otra vez sale el sol, desde este lado del ordenador

Hija de revolucionarios, un libro de Laurence Debray

Lunes, Marzo 25th, 2019

“Mi padre salía cabizbajo de la cocina y se enfrascaba, aliviado, en sus libros y manuscritos; al menos estos no tenían estado de ánimo. En esas circunstancias, preveía un pollo demasiado hecho para la cena y una crisis de lágrimas a la hora de acostarse. Las veladas con el Che en plena selva debieron ser menos complicadas que aquellas noches con su hija recalcitrante y su cocinera temperamental. Cuando nace un bebé, no viene acompañado de un manual de uso. Y sin manual de uso, mi padre estaba perdido”.

(Hija de revolucionarios, Laurence Debray. Traducción: Cristina Zelich, colección Panorama de narrativas, Anagrama, 2018)

Resulta cuanto menos curioso y extraño según el parecer de cada cual que los hijos de la revolución hayan cambiado las ideas de sus padres por una nube en la que se mezcla un poco de todo, liberalismo y socialismo más de derechas que de izquierdas con el que, a su manera, han terminado más que por matar, por desembarazarse de las ideas del padre aunque no tanto de las enseñanzas de la madre.

Hija de revolucionarios, de Laurence Debray, es uno de esos títulos, título de notable interés para entender cómo han envejecido los que una vez lucharon con la palabra y las armas por la venida de un mundo que creían sería mejor.

Hija del intelectual marxista Régis Debray, que acompañó al Ernesto Guevara por las selvas bolivianas y quien, tras ser detenido y torturado por el ejército fue otro más de los que reveló que el comandante Ramón no era otro que el Che Guevara, el libro describe cómo fue desvelando la casi prohibida historia del pasado como revolucionario de su padre con el fin de conocer el fondo y la forma de un hombre al que parece que devoraron sus impetuosos años en los que intentó cambiar el mundo.

Criada prácticamente por sus abuelos, una buena parte de la obra narra cómo fue gracias al trabajo realizado por los padres de Régis Debray y la presión que ejercieron para que la república francesa mediara en su liberación, para que éste, finalmente, saliera de la cárcel boliviana. Al mismo tiempo, la escritora relata cómo su padre se convirtió desde ese momento en una persona marcada tanto para las derechas como para las izquierdas, lo que le obligó a permanecer en una especia de purgatorio hasta que fue nombrado asesor del presidente Miterrand.

Las conclusiones de este libro no se enmascaran, lo que dice mucho de su autora, una mujer, hoy madre pero también hija, que no quiere hacer sangre sobre los suyos aunque sí que muestra, en ocasiones de refilón, las contradicciones de su progenitor, un Régis Debray que pertenece a la burguesía francesa de izquierdas y que como tal y, probablemente a consecuencia de su fracasado proyecto por convertirse en un auténtico revolucionario, terminó por acatar las normas de su sociedad y contagiarse de sus vicios una vez que regresó a Francia años después de la muerte del Che en La Higuera, Bolivia, en octubre de 1967.

El libro no indaga de todas formas lo suficiente en estos hechos que conmovieron al mundo, pero sí que retrata cómo oxidó las relaciones de una familia instalada hasta ese momento en cómodos algodones.

La traición de Debray al hombre que a partir de ese momento se convirtió en icono de la revolución es, en este aspecto, el gran eje de un testimonio en el que se repasa con un lenguaje que huye del efectismo porque pretende ir al grano, cómo afectó a su niñez la ausencia de un padre que estuvo marcado desde ese entonces por un lado y el otro del espectro político con el estigma de Caín.

No obstante, no deja de sospechar al lector iniciado en las revoluciones y, concretamente, en la cubana y en el espectral viaje al corazón de las tinieblas que realizó el Che Guevara con sus guerrilleros en Bolivia, que Laurence Debray se ha dejado muchas cosas, claves, en el bolsillo probablemente por pudor. Se intuye que en todo caso lo que persigue es dar su perdón y el perdón de todos al padre. A su padre. Un padre que no fue el traidor que pintan sus adversarios de izquierdas y derechas sino la víctima involuntaria de una causa que ya no despierta atractivo alguno para sus hijos.

Saludos, ¿patria o muerte, venceremos?, desde este lado del ordenador

De pruritos

Viernes, Marzo 22nd, 2019

Reproducimos a continuación el texto que firma el traductor José Aníbal Campos en el que contesta a una de las respuesta que el escritor austríaco Wolfgang Hermann planteó a una de las preguntas de la entrevista que subimos ayer, jueves, a este su blog.

Con sorpresa, y no poca decepción, he leído las declaraciones de Wolfgang Hermann acerca de mi traducción (en proceso) de su poemario Sombras en el camino de un bosque de ámbar. Sorpresa, porque jamás pensé que, aun legítimamente defraudado por no haber visto aún materializada la publicación de su libro, Hermann optase por ofrecer datos falsos en una entrevista que yo mismo animé. Decepción, porque acusarme de que he «estado tomándole el pelo» es, como mínimo, una calumnia.

Pero entiendo a Wolfgang Hermann. Entiendo ese prurito (que no llamaré vanidad) de autor, para el que la publicación de un libro propio está por encima de cualquier otra consideración. Ese prurito de autor (vanidad en muchos) que tan bien conocemos los traductores cuando trabajamos con ciertos escritores vivos. (No era para mí el caso de Hermann.)

Porque el descubrimiento de la poesía de Wolfgang Hermann (y las primeras traducciones de cualquier texto suyo al castellano) tuvo lugar en La Habana, hace ya más de veinte años, cuando traduje y publiqué dos poemas en una revista cultural dedicada íntegramente a la literatura austriaca contemporánea. Porque mi apasionamiento con su obra (especialmente la poética) se ha materializado en una labor (callada, muchas veces) de recomendación a otros escritores, poetas o traductores, de publicaciones parciales, de establecimiento de contactos para que esa obra sea más conocida.

Cuando en el 2015 Wolfgang Hermann visitó Tenerife, coordiné un encuentro en la Librería de Mujeres al que fueron invitados autores de la isla, entre ellos el extraordinario poeta Iván Cabrera (que más tarde escribió una hermosa nota en el diario La Opinión), y un traductor que ahora se encarga de la traducción de un nuevo libro suyo.

Pero entiendo a Hermann. Para él lo que cuenta es la publicación de su libro, no tanto lo hecho en favor de que su obra se conozca lo mejor posible. Dice en su entrevista, en cambio: «Muchos libros que merecerían ser leídos [...] no llegan a conocerse. A no ser que un traductor interesado descubre un libro y se lo recomienda a una editorial comprometida».

Supongo que al referirse a «traductores interesados» Hermann habla (con razón) de quienes han conseguido que un libro suyo se publique. A mí, que traduzco hace sólo 3 años (en ningún caso 5) el poemario de marras, aún inédito, me atribuye más bien el intento de una «tomadura de pelo».

Pero entiendo a Wolfgang Hermann y su prurito (aún no lo llamaré vanidad) de autor. Entiendo su desconocimiento de lo que implica traducir, de la situación penosísima de la profesión del traductor en España (y más específicamente en Tenerife), de la lucha que muchos hemos emprendido para trabajar en mejores condiciones, para obtener paga por nuestro trabajo, para garantizar el máximo de calidad y sentar precedentes que eliminen de una vez y por todas la falta de profesionalidad, el clientelismo tantas veces reinante en nuestra vida cultural. Wolfgang Hermann, en sus apresuradas atribuciones, ignora que un libro de poemas no se traduce como se fríen churros, que un traductor a tiempo completo sólo puede dedicar un tiempo limitado a un trabajo de filigrana poética por el que, en el caso de ese contrato que menciona el autor, ni siquiera se preve el cobro por su trabajo, porque la subvención otorgada al libro fue muy reducida.

Ignora Hermann, por lo tanto, que la demora se debe a cuestiones que incluso le benefician: la búsqueda de mejor financiación y mejor distribución para el libro, de una publicación que garantice sus derechos (y los derechos del traductor).

Wolfgang Hermann ignora algo más: que en España no es necesaria la excelencia para figurar en cualquier corrillo como «poeta», como «escritor» o «intelectual». Ignora, quiere ignorar, que este, su traductor, ha luchado y seguirá luchando contra eso, y que esa lucha no le trae amigos en un entorno donde la mediocridad es el caldo de beneficio de todos, o de tantos, y es tapada por todos, o por tantos, porque a todos (o a tantos) conviene.

En junio del pasado año, en el Templo de Teseo vienés, tuve junto a Wolfgang Hermann un recital de poemas suyos. Otro evento para el que propuse su obra. Un amigo y colega me escribía luego que «una amiga traductora [...] había quedado impresionada por [mis] traducciones de la poesía de Wolfgang  Hermann. La amiga traductora tiene oído y sapiencia».

Hermann afirma que yo «nunca traduciré este libro», y añade que su poemario «no existirá en español». Su profecía, ahora, habrá de cumplirse, pero sólo en parte. Completaré esa traducción, aunque nunca se publique. Porque, a fin de cuentas, yo me debo a esa colega y lectora «impresionada» muchísimo más que al prurito (¿o será vanidad?) de un simple autor.
Colegio Europeo de Traductores (Straelen), marzo de 2019

Wolfgang Hermann: “Escribir tiene muchos rostros”

Jueves, Marzo 21st, 2019

El escritor Wolfgang Hermann (Bregenz, Austria, 1961) cuenta de momento con un solo libro traducido al español, Despedida que no cesa (Periférica, 2016), obra que, por otro lado, centró el debate que el pasado 26 de febrero sostuvieron con él en el Ateneo de La Laguna Sandra Santana y Rafael-José Díaz, poeta y escritor al que le agradecemos la traducción de esta entrevista.

- ¿Quién es Wolfgang Hermann?

“Wolfgang Hermann es alguien que debe leer para mantenerse erguido”.

- ¿Y cómo llega a la literatura, qué fue lo que le incitó a ser escritor?

“Al principio no leía, hasta que a la edad de once años fui atropellado por un coche. Permanecí dos mesese en el hospital y mi tío me surtió de libros. Descubrí que podía cabalgar con Gerónimo a través de la tierra de los Apaches mientras yacía en mi lecho de enfermo. A partir de ahí quise también escribir libros”.

- Despedida que no cesa es el primero de sus libros que se traduce al español aunque pronto se publicarán también en nuestra lengua Sombras en el camino de un bosque ámbar y París Berlín New York. Transformaciones. ¿Qué va a encontrar el lector español en estas dos obras?

“El traductor de Sombras en el camino de un bosque ámbar me ha estado tomando el pelo desde hace cinco años. Nunca traducirá este libro, a pesar de haber firmado un contrato de traducción. Así pues, este libro no existirá en español. En cuanto a París Berlín New York, cuenta las transformaciones por las que pasa el narrador mientras se mueve entre estas tres ciudades”.

- ¿Ha mantenido contacto con los traductores de ambos libros? Y, si es así, ¿cuál ha sido su relación con ellos?

“Sí, con Richard Gross, el traductor de Despedida que no cesa, mantuve estrecho contacto. Me planteó preguntas que intenté contestar con la mayor exactitud posible“”.

- Y, como traductor, ¿cuánto cree que se va a perder en estas traducciones del contenido original?

“Mi español, por desgracia, no es lo suficientemente bueno como para juzgar las traducciones. Pero varias personas cuya opinión me merece confianza me han dicho que Richard Gross tradujo Despedida que no cesa maravillosamente bien”.

- ¿Qué significa para usted escribir, expulsar a sus demonios personales?

“Escribir tiene muchos rostros. Es, entre otras cosas, un ancla que nos sujeta al mundo, una orientación interior, a la vez que ofrece un espacio para vivir otra vida. Ensancha, en cierto modo, nuestra vida”.

- En sus obras, ¿a qué da más importancia: al lenguaje, a la historia, a la estructura del relato?

“Sigo la imagen interior que me lleva de una frase a otra, de aliento en aliento”.

- Su literatura se ajusta al formato corto, ¿por qué?

“No soy realmente un autor épico. Mis libros surgen más bien como series de imágenes. No divago, busco la imagen precisa, en el fondo como un poeta que escribe prosa”.

- Nos gustaría que nos contara cómo fue el proceso de escritura de Despedida que no cesa.

“Esperé muchos años antes de poder escribir este libro. La muerte de mi hijo abrió en mí un abismo que no toleraba palabra alguna”.

-¿Qué autores lo han influenciado, han marcado su carrera como escritor?

“Hay muchos nombres, no sé por dónde empezar. Juan Carlos Onetti, Marcel Proust, los primeros románticos, Goethe, Kleist, Hölderlin, Peter Handke, René Char… tantos nombres que significan para mí muchísimo como lector”.

- Leo que lo califican como un escritor de ficción filosófica, ¿se siente cómodo con esta etiqueta?, ¿qué es un escritor de ficción filosófica?

“Los críticos se refieren con ello sobre todo a mis novelas sobre el señor Faustini, que con los ojos abiertos percibe las cosas y los seres humanos, como si los viera por primera vez”.

- Llega a cuentagotas a España lo que se escribe actualmente en los países de habla alemana, imagino que sucederá lo mismo en esas naciones con la literatura que se escribe en la actualidad en español. ¿Cómo se podría resolver esta situación?, ¿hay falta de interés en lo que se produce creativamente fuera de las fronteras de nuestros respectivos países?

“La literatura no es generalmente un “negocio” y se vende lentamente al margen de los bestsellers. Muchos libros que merecerían ser leídos por un buen número de lectores no llegan a conocerse. A no ser que un traductor interesado descubre un libro y se lo recomienda a una editorial comprometida. No debe olvidarse que cada vez hay más libros y menos lectores”.

- Por último, dice que siempre le ha gustado ser un extraño, un extranjero… ¿por qué?

“Escribir significa para mí liberarme completamente y asomarme al mundo para asimilar dentro de mí su sound e intentar anotarlo. Esto he podido hacerlo sobre todo cuando he estado de viaje, cuando he sido un extranjero en una pequeña habitación desde la que me he asomado al mundo”.

Saludos, la paz sea con vosotros, desde este lado del ordenador

El laberinto griego, la última novela de Bernie Ghunter

Lunes, Marzo 18th, 2019

La última, porque fue la última novela que Philip Kerr escribió de la serie protagonizada por el detective berlinés Bernie Gunther, no acaba de ser el testamento que algunos seguidores de la saga esperaban sobre tan peculiar como atractivo personaje, aunque no deja de ser una novela, como las anteriores doce, notable y en la que Kerr se vuelve más negro y pesimista consigo mismo y el mundo que le rodea.

En Laberinto griego expresándolo a través de la descripción descarnada de cómo nació la Comunidad Económica Europea, viciada desde sus cimientos originales; la transformación de una nueva Alemania, la República Federal de aquel entonces, construida en gran parte por algunos nazis que apenas cumplieron condenas al finalizar la guerra y la brutal ocupación alemana de Grecia y el exterminio de los judíos, la mayoría sefardí, de Tesalónica. Bajo este escenario, se cruza también una historia de amor que termina mal como terminan mal muchas de las historias de amor de la literatura y que cuenta con una despedida que narra bajo la inspiración cinematográfica de El tercer hombre: Dos amantes se cruzan en la calle como si de dos desconocidos se trataran.

La novela como las anteriores de la serie nos la cuenta el mismo Bernie Gunther en primera persona, aunque ya no es Gunther sino otra persona a la que el azar lo lleva a ser contratado por una compañía de seguros que lo envía a Atenas para comprobar la reclamación por un barco hundido, propiedad de un alemán.

Estamos a finales de los años cincuenta y Europa está recuperándose del zarpazo de la guerra mientras mira con asombro el reconocido como milagro alemán y la paulatina conquista económica que Alemania inicia para propagar su influencia en Europa. Una guerra silenciosa y expansiva que ya no necesita de la violencia de los cañones.

Como en otras de las novelas protagonizadas por Bernie Gunther nada es lo que parece, aunque esto no es suficiente para que el detective privado con pasado nazi a su pesar, tropiece una y otra vez en la misma piedra. Los hechos reales se confunden, como sucedió en otros libros, con los que son resultado de la imaginación del autor, quien sabe crear ambientes que resulten creíbles para un lector con algunas nociones de Historia y de historia de los años en los que se desarrolla la novela.

El relato policial pasa a un segundo plano aunque esté continuamente presente pero muy al fondo, donde no haga demasiado ruido. Lo interesante, como en otras novelas protagonizada por Bernie Gunther, es la amplia galería de secundarios que rodea a un hombre con corazón roto y empeñado e inmolarse para pedir perdón como alemán de los asesinatos que cometieron los nazis no tanto por intentar creerse que eran miembros de una raza superior sino para enriquecerse apoyándose en la legalidad criminal de ese régimen.

Grecia, el país en el que transcurre gran parte de la historia, es una geografía que refuerza la crítica que vuelca Kerr en el libro hacia los alemanes que están participando desde las grandes empresas y la banca en un nuevo rapto de Europa así como denuncia la hipocresía con la que se construyó la CEE. Mientras tanto, en la tierra donde nació la democracia las cosas andan realmente mal en aquellos años de la postguerra. No dedica lo que se dice palabras amables a los griegos, un pueblo que duerme en sus laureles y fácilmente corruptible aunque esta visión xenófoba se va mitigando a medida que avanza el relato, un relato con tibio paisaje a lo Eric Ambler aunque en el que se impone Philip Kerr, un escritor que conocía la época en la que sitúa las historias.

En Laberinto griego hay continúas alusiones a la II Guerra Mundial pero estos hechos no hacen retroceder al lector al pasado sino que se cuentan de manera dispersa claves para hacerse una idea de la brutalidad de los nazis en la patria de la democracia. Alrededor de Bernie Gunther opera mientras tanto una legión de secundarios entre los que se encuentran sus aliados griegos, una veterana agente del Instituto, el Mossad, los servicios secretos israelíes; y nazis que viven dentro como fuera de Alemania sin sombra de arrepentimiento que les moleste la existencia.

Sí, quizá no termine por redondearse Laberinto griego y quizás resulte un tanto complicada si se quiere seguir el caso que se cuenta pero donde radica su grandeza, la grandeza de Philip Kerr es que supo cincelar en cada una de las trece novelas que dedicó a este personaje autenticidad aunque acabe triste, solitario y final.

Saludos, Unos y otros, desde este lado del ordenador

Nicolás Melini y la ‘Transcripción. ¿Qué está pasando con el feminismo?’

Miércoles, Marzo 13th, 2019

ATTK Editores publica el libro Transcripción. ¿Qué está pasando con el feminismo? Dilema entre el feminismo dogmático y el feminismo predogmático (y otras cuestiones culturales), del escritor Nicolás Melini.

El escritor ofrece en estas páginas, una “visión independiente de lo que sucede con el feminismo siguiendo la actualidad de los principales acontecimientos que han tenido lugar durante el llamado Año Feminista, 2018″.

Entre otros temas, Nicolás Melini reflexiona sobre el feminismo dogmático y el fascismo político y cultural y expresa que “En un mundo donde las condiciones cambian con mayor velocidad, poder modificar las propias creencias sin perder la coherencia depende (todavía más que antes) de la solidez de los valores”.

El libro se puede adquirir en formato electrónico a un precio de 5 euros a través de la plataforma Amazon en el siguiente enlace https://amzn.to/2HhoNNZ

* Portada del libro, una obra del pintor Augusto Vives,

Saludos, prosit, desde este lado del ordemador