Archive for the ‘Libros’ Category

Unos invasores verdes tocapelotas

Miércoles, Septiembre 9th, 2020

Educado una buena época de mi vida por escritores norteamericanos que cultivaron la literatura de baratillo, Fredric Brown siempre ha sido uno de mis autores de cabecera clásicos. He cometido el error de leerlo traducido y en ocasiones muy mal traducido, pero sus historias estén bien o mal vertidas a mi español de andar por casa, suelen capturar mi atención. Es decir, que no suele defraudarme.

No es un escritor que se publique demasiado ahora mismo en España, y si se publica son sus novelas más conocidas y los cuentos de ciencia ficción que firmó a lo largo de una larga carrera tecleando en la máquina de escribir, por lo que quizá vaya siendo hora de rescatarlo en ediciones asequibles, de precios razonables para que llegue tanto a iniciados como a profanos de la obra de un autor, porque Brown es un autor, que malvivió caso toda su vida vendiendo sus novelas y cuentos a editoriales sin escrúpulos y a revistas que tardaban en pagarle sus colaboraciones.

Fredric Brown cultivó casi todos los géneros que alimentaron la literatura de kiosco, y en casi todos ellos fue un maestro de la originalidad, de saber contar historias y de buscar finales que dejaran noqueado al lector. Cultivó antes que lo llamaran microrrelato, el microrrelato con El final y escribió una serie de novelas de misterio que a mi, particularmente, me parecen muy atractivas como La bestia dormida y La viva imagen. También La noche a través del espejo, novela que traduce al género policíaco las aventuras de Alicia… a través del espejo. Muchos de estos libros estaban protagonizados además por dos detectives atípicos y muy originales. Dignos acompañantes de ese lugar donde acaban Sherlock Holmes, Hercules Poirot y Miss Marple como son Ann y su sobrino Ed Hunter. Se tratan de novelas lentas, que obligan a centrar la atención en los detalles para desentrañar la maraña que oculta el caso que deben de resolver.

Brown cuenta además con un libro de cuentos de misterio traducido al español, lleva por título ¡No mires atrás! Y está publicado por una editorial nacional que adoro por sus portadas y su catálogo: Ediciones Molino.

Como autor de ciencia ficción, Brown que pertenece a la vieja escuela da más prioridad a la historia y a los personajes que a la coherencia científica del relato. Coherencia que justifica con dos brochazos y para adelante. Este, personalmente, es uno de los mayores valores del escritor, y por eso comparte un generoso espacio dentro de mi memoria literaria y en el apartado de clásico porque, precisamente al no preocuparle la cuestión científica, su obra no ha envejecido sino que sigue viva ya que le interesa mucho más los personajes y la trama en la que se desenvuelven.

Una de las novelas más conocidas de Fredric Brown es ¡Marciano, vete a casa!, una divertida anomalía dentro del género de la ciencia ficción porque está escrita como una novela de humor y al mismo tiempo propone una divertida invasión de los vecinos del planeta rojo.

Cuenta la historia de un escritor de novelas y cuentos de kiosco (¿les suena?), llamado Luke Deveraux, que un buen día y mientras se recupera de una resaca de caballo se encuentra a un diminuto hombrecito verde que le dice toda clase de cosas, algunas de ellas verdades hirientes. El bicho lo suelta por mala leche y el protagonista se dará cuenta pronto que estos extraterrestres están por todas partes jodiéndole la vida a la humanidad entera, lo que provoca una enorme crisis que parece no terminar nunca.

Lo de la crisis es un tema a tomar en cuenta porque Brown describe perfectamente el caos que provoca una economía que se hunde y la psicosis que se extiende entre las personas.

No vamos a revelar como termina esta historia pero sí decirles que cuenta con un final tremendamente original que tiende a la confusión. Una confusión premeditada por el escritor que se convierte en protagonista de esta batalla para librarse de tan pesados como antipáticos invasores.

¡Marciano, vete a casa! tiene además una lectura que podrá parecer a unos peligrosamente reaccionaria y a otros peligrosamente progresista ya que, como las dos caras de una monedad, facilita este tipo de lectura política según las creencias que uno tenga en sus ideologías. No se preocupen por ello en que le sorprenda aunque masque ideas que no comparte ya que el objetivo del libro, escrito recuerdo en una década marcada por la Guerra Fría, es la de divertir al lector.

La novela tiene además la habilidad de leerse de una sentada. No es extensa, va directa al grano y los invasores más que marcianos son los duendes que dictan nuestra conciencia solo que son los gamberros y no los que nos llevan por el buen camino.

Se recomienda por eso leerla si no ve muy claro el rumbo que toma el planeta que vivimos. Todavía conserva su animosidad por ridiculizarnos como civilización. Y lo mejor es que metiendo el dedo en la llaga, hurgando en tu desgastadas ideas… solo que en vez de enfadarte te ríes aunque lo que cuente maldita gracia que tiene.

Saludos, pórtense mal, desde este lado del ordenador

Ejercicios espirituales para ‘yuppies’

Martes, Septiembre 8th, 2020

“Todo el mundo tiene que ser igual y reaccionar de idéntica forma ante una obra de arte concreta, un movimiento o una idea, y si te niegas a sumarte al coro de aprobación serás tachado de racista o de misógino. Es lo que pasa a una cultura cuando deja de importarle el arte”.

(Blanco, Bret Easton Ellis. Traducción: Cruz Rodríguez Juiz, Literatura Random House, 2020)

Bret Easton Ellis se está haciendo viejo y no le gusta. No le gusta ser viejo y no entender a las nuevas generaciones que nacieron a finales del pasado siglo XX e inicios del XXI.

Los seguidores del escritor, y no me considero un animal que pertenezcan a esta fauna, no les ha sentado muy bien su último libro, Blanco, un puñado de reflexiones en las que habla sobre sí mismo, que es lo mejor que sabe hacer, y del signo de los tiempos que nos marca como especie que vive en eso que llaman Primer Mundo. El librito, no obstante, no deja de desconcertar sobre todo por algunas de las pullas que vierte pero se queda en eso, pullas más que en una crítica razonada y objetiva de aquello que no le gusta y que ha configurado, se reitera, el sistema que se organizó a raíz del atentado terrorista a las Torres Gemelas.

Su país ya no es el mismo aunque su presidente, Donald Trump, quizá pueda hacer el milagro. En fin, eso concluye un Easton Ellis que al menos permanece leal al espíritu depredador de los años 80 del pasado siglo XX, ese espíritu voraz que intentó reflejar en American Psycho y en el que, precisamente, gente como Trump se abrió paso aplastando las cabezas que fueran necesarias.

La segunda parte del libro trata así de explicar cómo ha degenerado la raza con los millennial o generación gallina, que es como los llama; la neo censura que ha instaurado la izquierda de su país, fiscalizando cualquier sospecha que ataque la inclusión y una reivindicación a una libertad de expresión que dice que está perseguida aunque sea paradójicamente la que hace posible que su libro se publique.

Blanco está estructurado en ocho partes (Imperio, Actuar, Álter ego, Postsexo, Gustar, Tuitear, Post imperio y Hoy día) y se lee con apetitosa curiosidad porque, como casi todo lo que hace este escritor, quiere buscar pelea. Una pelea verbal, una polémica insiste que respetuosa ante un contrincante que es cualquier cosa menos respetuoso, afirma, pero idea con la que se permite arremeter contra gente (entre ellas un novio suyo millennial) y elogiar a su presidente porque es un tío con dos narices. Un caballero que dice las cosas a la cara. No como los que están enfrente, en permanente estado de guerra utilizando armas como una “autoridad moral” que, según Easton Ellos, ejercen con modos fascistas.

Lo mejor de estos escritos más que ensayos o por lo menos los más atractivos son todos aquellos en los que Easton Ellis cuenta su vida. Como muchos de su generación, esa generación X que todavía luchaba con uñas y dientes para conseguir lo que quería, el escritor confiesa que echa de menos a los yuppies y el cine de una década, los 80, que supo reflejar aquel modo de vida: ganar dinero al precio que fuera, y que reflejan filmes como American gigoló y Wall Street , películas que le sirven como referentes para justificar lo que escribe que no es solo de dinero y éxito y de fiestas regadas con alcohol y cocaína, sino de pertenecer a una clase social que mira con asco a los miembros de esa generación gallina que demasiado sensible y acostumbrada, escribe, a que le den todo hecho.

“Una vez más, mi reacción tuvo que ver con el hecho de que contemplaba a los millennial desde el punto de vista de una de las generaciones más pesimistas e irónicas que han pisado el planeta. Dependiendo de las clasificaciones de referencia, soy de los primeros miembros de la Generación X, de modo que cuando escuchaba que el ciberespacio afectaba tanto a los millennial como para llegar a convertirse en una invitación al suicidio, lo admito, me costaba procesarlo: ¿era broma? Sin embargo, hasta mi novio estaba de acuerdo en que la Generación Gallina se pasaba de sensible, en especial a la hora de aceptar las críticas”.

Si hubo un capítulo del libro que logró que al menos durante un rato llegara a comprenderlo como persona y no como escritor de éxito, millonario porque me lo gané, es el primero, que titula Imperio y en el que recuerda cómo le gustaba el género de terror (¿y a quién no si fue joven en los setenta y ochenta?). En otro segmento, se dedica a citar sus podscat donde no suele dejar títere con cabeza y más adelante escribe sobre sus novelas de más éxito: Menos que cero y American Psycho y de algunos escritores de su generación como David Foster Wallace.

Blanco es como una especie de ejercicios espirituales del cronista literario de los yuppies, un intento por racionalizar lo irracional y una mirada desagradecida a una generación, los millennial que si se merece algo es su soberano desprecio.

No sé cómo habrá sido recibido el libro en Norteamérica ya que está escrito para buscar pelea, sobre todo pelea con esa izquierda millonaria que aísla, hace el vacío, a quien no crítica a Donald Trump, el hijo predilecto, dice Bret Easton Ellis, de los ochenta. El gran triunfador de una época que fue todo menos prodigiosa.

Saludos, ¿a dónde vas, Easton Ellis?, desde este lado del ordenador

G21: Nuevas novelistas canarias, en octubre

Viernes, Septiembre 4th, 2020

La publicación de G 21: nuevos novelistas canarios significó un antes y un después en la agitada historia de la literatura escrita en las islas. El libro reunía doce relatos de doce escritores de las islas que dio a conocer en mucho de los casos a autores que, viviendo en el mismo archipiélago, no se conocían, así que también sirvió para que tomaran contacto unos con otros porque además de haber nacido en la misma década, los sesenta del pasado siglo XX, los unía mismas inquietudes creativas pese a que sus orígenes literarios fueran diversos.

El libro dio a conocer a escritores radicalmente diferentes y algunos han conseguido consolidar su trayectoria literaria no solo en las islas sino también en el ámbito nacional.

G21, la apuesta, había ganado la partida.

Una decena de años después el mismo editor, Ánghel Morales, repite la experiencia con G21: nuevas novelistas canarias, un proyecto que Morales iba mascando desde hace varios años y en el que ahora presenta doce relatos de doce escritoras que ya cuentan con un notable bagaje de publicaciones en su biografía y volumen que está previsto que se presente el 21 de octubre en el Casino Principal de Tenerife, en la capital tinerfeña, por Miriam Z. Albéniz en un acto que arroparán, probablemente, las doce narradores que participan con sus historias en el libro.

Ellas son (en cursiva el título del cuento con el que colaboran):

Felicidad Batista con Suite para un faro

Cristi Cruz Reyes con Páginas aladas

María Teresa de Vega con Caciquismo literario

Cecilia Domínguez Luis con Y en eso llegó Ariadna

Pilar Escalona con Ayoze en la Punta del Hidalgo

Ana Joyanes Romo con Úrsula, de consuegra

Elizabeth López Caballero con Bajo la piel

Mayte Martín con La vida te empuja, Julieta, te empuja

Fátima Martín Rodríguez con Espejismo

Maca Martinón con Tres golpes capitales

María Candelaria Pérez Galván con Por nada del mundo

Elena Puchalt Ruiz con El caso del artista

Saludos, a la espera un vez más, desde este lado del ordenador

Alejandro Madrigal: “Escribir una historia familiar es una actividad casi detectivesca”

Miércoles, Septiembre 2nd, 2020

José Alejandro Madrigal Fernández (México D.F, 1953) simultanea su actividad como escritor con la de director científico del Anthony Nolan Research Institute en Inglaterra y catedrático titular del departamento de Hematología en el Royal Free Hospital de la Universidad de Londres.

De ascendencia palmera, Nosotros (Ediciones El Drago, 2020) narra el épico viaje que emprendieron sus familiares desde Canarias hasta establecerse en México, el gran país centroamericano. Como escritor, José Alejandro Madrigal Fernández cuenta con una novela anterior, Días de rabia, en la que describe el compromiso y sacrificio de un joven doctor en un pueblo olvidado de la sierra mexicana.

- ¿Qué rasgos de carácter destacaría de las familias Fernández y Madrigal?

“Los rasgos de las dos ramas de mi familia, Madrigal y Fernández, se representan en la obra Nosotros a través de personajes con fuerte carácter como, en el caso de los Fernández, mi abuelo Domingo, un hombre honrado y trabajador y de una entereza enorme. Josefa, la abuela, que fue una mujer buena y la Nena Fernández, muy enamoradiza y dedicada a su familia y que vivió en un mundo de fantasías y recuerdos. En el caso de los Madrigal está la abuela Librada, muy enérgica y luchadora que nunca se dejó vencer ni por la Revolución mexicana ni por la enfermedad que sufrieron su esposo y sus hijos y Luis Madrigal, que fue un hombre recto, cantor, bohemio y bondadoso que, a pesar de perderlo todo, se enfrentó con entereza a las vicisitudes”.

- ¿Y qué lecciones familiares lo han forjado como persona?

“Las bases morales en las que crecí se fundamentaban en el amor y el respeto por la familia, la entereza y la lucha contra toda adversidad”.

- ¿Fue importante la presencia de emigrantes canarios en México?

“Los emigrantes españoles forman una fusión y una nueva cultura con el mestizaje que durante siglos ha trasformado a México como lo refleja tan sabiamente Octavio Paz en su libro Laberinto de la Soledad. En el caso de los emigrantes canarios y asturianos que formaron mi familia y conocidos de ellos en San Andrés Tuxtla jugaron un papel muy importante en la economía, en el desarrollo del cine y del comercio en la región”.

- ¿Conservó su familia canaria costumbres de las islas residiendo ya en el país que los acogió?

“Sin duda, el acento de mi abuela se trasmitió a sus hijos que tenían ese tono de habla de las Islas Canarias, pero también en la comida, en los bailes, en las festividades, en el amor a la tierra y a la gente”.

- ¿Cómo surge la idea de escribir este libro?, ¿cuáles cree que fueron las razones que lo motivaron para contar la historia de cuatro generaciones de su familia?

“Mi madre era una excelente cuentera y recuerdo que, desde que éramos pequeños mis hermanos y yo, nos contaba las historias de sus padres y de la vida en San Andrés Tuxtla, aunque ya vivíamos en la Ciudad de México. Con mucho detalle y alegría nos narraba cómo su papá le rememoraba sus pérdidas y ganancias, la historia del Hotel Fernández y de algunos de sus huéspedes. Mi padre, por otro lado, viajaba mucho y no tenia tantas anécdotas de la familia Madrigal que contarnos por eso cuando escribí Nosotros, eso se refleja en el libro, hay un desequilibrio de lo que narro de una familia con respecto a la otra. Además, al iniciar la narración de la obra, lamentablemente mi madre, mi padre y todos sus hermanos habían fallecido así que me tomé el libro como una forma de revivirlos a todos ellos. En esta tarea conté con la ayuda de mis primos, amigos de mi madre y oriundos de San Andrés, así como de la familia de mi padre. Conseguí, además, documentos, actas de nacimiento, defunción o matrimonios y cientos de fotografías para apoyar gráficamente la historia. Viajé también a La Palma y a Cantabria y Asturias para buscar familiares lejanos que nunca encontré”.

- ¿Qué momentos cree que fueron determinantes en el periplo que inicia su familia palmera hasta llegar a México?

“Hay muchos factores en la historia que se deben a cambios inesperados, como la invención de los colorantes artificiales a mediados del siglo XIX a partir de la anilina impura por el inglés William H. Perkin que remplazó la gran producción de cochinilla (7 mil toneladas de cochinilla anuales) en Canarias lo que condujo junto a fenómenos climatológicos como el que arrasó los plantíos de tabaco del abuelo, a que muchos paisanos de las islas, entre ellos mi familia, emigrara a otras tierras. Pero hay relatos, como el de mi otro abuelo que se vio obligado a salir de Asturias. Estas y otras experiencias configuran Nosotros”.

- ¿Por qué decidieron partir a México y no Venezuela, Cuba, Uruguay donde era más común la emigración de canarios?

“No lo sé del todo bien pero el desarrollo de plantíos de tabaco en Cuba y la posibilidad de explorar la fertilidad de las tierras mexicanas creo que fue una razón determinante, así como el conocimiento que otros paisanos le transmitían de esa región mexicana. Sé que mi bisabuelo era masón y por lo que descubrí en mis visitas a La Palma, se trataba de una sociedad muy activa en aquel entonces y en la que sus miembros procuraban ayudarse mutuamente”.

- ¿Cómo los recibe México?

“Yo creo que bien, ellos con su trabajo y entereza se ganan el cariño y el afecto de los locales pero existe en ese entonces un resentimiento contra los españoles y así lo refleja el episodio de la visita del presidente Obregón a San Andrés Tuxtla en 1923 después del huracán, cuando se hospeda en lo que vendría a ser el Hotel Fernández. Obregón, cuando mi abuelo le enseña el hotel, ve una placa en la que se lee: “Fábrica de puros La Honradez”, por lo que le preguntó al abuelo “¿honradez, no sabía que un gachupín fuera honrado?” y a lo que mi abuelo le respondió “y yo no sabia que un presidente en México fuera manco (Obregón había perdido un brazo en una batalla de la Revolución) cuando necesita dos manos para robar”. Esto casi le cuesta la vida pero al final terminaron jugando al ajedrez”.

- ¿Hubo otras razones que provocaran que su familia dejase La Palma para trasladarse a México?

“La situación económica en las Islas cambió mucho económicamente con la producción de los colorantes artificiales que reemplazaron a la cochinilla pero también afectó que mi bisabuelo regresara a La Palma a por su familia después de diez años y se encontrara que su esposa, la bisabuela Faustina tuviera otra pareja. Muy disgustado, el bisabuelo se llevó a los suyos menos a la bisabuela y una hija. Cuento esta historia en el libro y cómo la bisabuela llega a México muchos años después”.

- ¿Qué sensaciones recibe la primera vez que visita La Palma?

“Fue emocionante recorrer la tierra de mis ancestros. Tuve la oportunidad de visitar la isla con mi amigo el profesor Manuel Nicolás Fernández, y visitarla de norte a sur y de este a oeste. Me encantó la Caldera de Taburiente, su gente, la comida, las tradiciones, los paisajes de la isla…”

- ¿Y qué fuentes además de las familiares utilizó para escribir este libro?

“Durante esas visitas a la Palma y al norte de España pude ir a registros, iglesias, hablar con la gente para obtener información con la que documentar la obra. Así mismo en San Andrés Tuxtla fui a los panteones y a la iglesia e investigué en los registros donde conseguí más material. Un familiar, mi primo Ramón, tenia muchos de los documentos originales como actas de matrimonio, defunción.. Y lo mismo con la historia de los Madrigal, pero en esa rama como comenté fui menos afortunado en rescatar información pero aún así está repleta de historias”.

- ¿Qué personajes destacaría de estas cuatro generaciones que comprime en el libro?

“Son muchos. Están el abuelo, la abuela, Luciano Macip, mi madre, mi padre, la tía Mati, cada uno de ellos representa algo muy importante e intento transmitirlo en el libro”.

- ¿Hubo algún capítulo más difícil que otros?

“En algunos tuve menos información y me inspiré con fotografías y los recuerdos de las cosas que nos contaron de la familia. En otros sí conté con datos cronológicos pero hubo que contrastar fechas. En fin, escribir una historia familiar es una actividad casi detectivesca si lo comparas con la novela pura donde puedes dar vuelo a la imaginación”.

- ¿Qué preguntas les suscitó Nosotros cuando escribía el libro?

“¿Por qué no la empecé a escribir antes, cuando mis familiares vivían?, ¿cuántas dudas surgieron que se quedaron en asunciones o en invenciones? Un consejo que le doy a todos los jóvenes que tienen familia es que les pregunten a ellos sobre su vida, sobre sus ancestros. Cada historia es una novela en sí misma”.

- En Días de rabia cuenta la historia de un médico que llega para trabar en un pueblo perdido de la sierra de Méjico.

Días de rabia es una novela sobre los problemas a los que se enfrenta un joven médico al iniciar su profesión en un pueblito perdido de las montañas de México, donde la pobreza y la desigualdad marcan la vida de sus pobladores. Yo uso la palabra rabia con un doble sentido: aludir al terrible mal incurable y a la manifestación social ante la injusticia, el abuso y la corrupción de los gobernantes. En la comunidad donde se desarrolla la novela, el protagonista conoce a un escritor, Julio Fontela, y a través de sus conversaciones describo la vida cotidiana en el pueblo y se conocen los distintos puntos de vista de una realidad social muy deteriorada. El médico protagonista de esta historia está seguro de que hay otras opciones además de callar o huir: que no es difícil ser solidarios, que se puede y se debe luchar por cambiar las condiciones del país. La novela narra una enfermedad física, pero también una enfermedad moral que contagia a una comunidad y a un México donde parece que la violencia es su único lenguaje”.

- ¿Qué encuentra en la literatura que no encuentra en la medicina?

“Siempre me he preguntado la razón que llevaron a escribir a médicos como M. Bulgakov, A. Chejov, G. Marañón, M. Torga, M. Azuela, A.J. Cronin. No es mi intención compararme con ellos pero para mi escribir es una necesidad creativa que me llena de alegría. Vargas Llosa dice que las novelas no están escritas para contar la vida real, sino para trasformar la realidad añadiendo algo más. Así, en cierto modo, la ficción desempeña un papel en el cumplimiento de las necesidades de la vida. La lectura ocupa muchas horas de mi vida y esos momentos están llenos de historias que ahora espero transmitir a los lectores con Nosotros”.

Saludos, ¿calima?, desde este lado del ordenador

El Cabildo de Gran Canaria reabre su Librería mientras el de Tenerife “no sabe, no contesta”

Viernes, Agosto 28th, 2020

Mientras ese fantama hecho realidad que es la Covid-19 recorre el mundo y las administraciones públicas y privadas se muestran incapaces de dar un paso hacia adelante para frenar lo que se avecina, sorprende gratamente que el Cabildo de Gran Canaria anuncie para septiembre la reapertura de su Librería mientras el de Tenerife continúa sin saber qué hacer con ella. La Librería, me refiero.

¿Previsión?, ¿capacidad de trabajo y organización? La verdad es que lo ignoro pero la isla vecina se ha puesto las pilas mientras que la tiene enfrente sigue en babia, mirando a otro lado, simulando que está en otras cosas.

En fin, visto lo visto, y tal cómo ha reaccionado el Cabildo tinerfeño ante el cierre indefinido de su Librería, situada si no lo recuerdan en la avenida de las Islas Canarias, junto al antiguo cine Teatro Baudet y cerrada desde enero de este año primero por inventario, más tarde por el confinamiento y en la actualidad porque “no sabemos que hacer con ella“, el Cabido de Gran Canaria presentará en septiembre la nueva imagen de su librería coincidiendo con el 25 aniversario de su apertura, en abril de 1995.

Aprovecho pues este espacio para plantear la misma pregunta que planteé en este mismo espacio hace unas semanas: ¿Qué va a hacer el Cabildo de Tenerife con su librería? Si ha muerto definitivamente ¿a qué esperan para comunicarlo púiblicamente? ¿Existe, como se dice, un informe sobre su estado? y si es así ¿por qué no lo conoce la opinión pública?

Se rumorea ahora que el anterior director insular de Cultura, Leopoldo Santos Elorrieta, contaba con un informe que hizo llegar a la Consejera Insular del Área de Educación, Juventud, Museos, Cultura y Deportes, Concepción María Rivero Rodríguez, adscrita a ese partido que se hace pedazos, Ciudadanos, y que este informe debe seguir cerrado sobre la mesa de su despacho. Pero son rumores, palabras que agita el viento en una y otra dirección.

Sea o no verdad, la verdad objetiva es que la Librería del Cabildo de Tenerife continúa cerrada. Invito a que pasen delante de lo que fue y observen con atención la capa de suciedad que se va acumulando en la entrada. Así que ya podrían adecentarla un poco, dice uno que agita la mano en señal de despedida a otro espacio cultural que desaparece de la isla.

De momento, seguimos preguntando qué ha pasado con todos los libros que tenía dentro. ¿Dónde han acabado? Las informaciones que me llegan son contradictorias y algunas de ellas no quiero ni creerlas porque hablan de cenizas que agita ese mismo viento que comentábamos antes… A la espera de una respuesta concreta y coherente, no “el Cabildo de Tenerife no sabe qué hacer con la Librería”, nos replegamos a nuestros cuarteles de invierno con la intención, eso sí, de asomar la nariz cuando alguien tenga la decencia de aclarar la situación de un espacio que sigue siendo del Cabildo y por tanto de todos los tinerfeños.

Saludos, ¿continuará?, desde este lado del ordenador

Julio Cortázar, alguien que anda por ahí

Miércoles, Agosto 26th, 2020

Julio Cortázar (Ixelles, 26 de agosto de 1914-París, 12 de febrero de 1984), aunque parezca insólito, ya no tiene demasiado pegada en los tiempos infernales que vivimos. No hace demasiado, unos estudiantes universitarios me dijeron que se había inflado la fama de un escritor que, a su juicio, no lo merecía. Se agradeció con respetuoso silencio que al menos aquellos dos lo conocieran porque el resto de la clase no dejaba de preguntarse ¿Cortázar, quién es Cortázar?

El olvido, que es tremendo, se ha extendido y son pocos, muy pocos, los que vuelven a la obra de un escritor que quizá, yo mismo soy de los que no he vuelto a sumergirme en sus cuentos y novelas, ha quedado aplastado por el paso del tiempo pero permítanme que sospeche que me equivoque ya que le debo más de lo que pensaba a este escritor que no renunció a lo que pensaba en vida y que después de muerto elevaron a los altares para ser sepultado por la mala memoria en un siglo, reitero, tan nefasto que nos ha tocado vivir.

Además de sus relatos y novelas le debo a Cortázar el descubrimiento de dos autores fundamentales también en mi atestada biblioteca: Daniel Defoe y Edgar Allan Poe ya que ejerció también de traductor. Siempre tuve la sospecha mientras leía El gato negro o las desventuras Robinson Crusoe que se hace amigo de Viernes que las versiones de aquellos cuentos y de esa prodigiosa novela dividida en dos partes eran más interpretaciones del señor Cortázar que traducciones modélicas en el sentido más estricto de la palabra. Que el autor de Rayuela o Los premios, del mismo modo que hacía Jorge Luis Borges, escribía sus versiones de aquellos clásicos literarios pero es probable que me equivoque porque suelo equivocarme demasiado con lo que me rodea. Aunque algo me dice que esta vez, amigo mío, no vas desacertado.

El primer libro que leí de Cortázar fue Alguien que anda por ahí, volumen que reunía un puñado de relatos en los que nadé sin salvavidas. Más tarde llegó la novela Los premios, El libro de Manuel y otros recopilatorios de relatos entre los que descubrí El perseguidor que es un emocionante homenaje al saxofonista Charlie Parker, que aquí se llama de otra manera pero que es Bird, hasta llegar a Rayuela que fue una conmoción en mis tiempos mozos, aquellos en los que todo el mundo leí esta novela o decía que la había leído y los más atrevidos se dejaban la barba (barbita más bien) para parecerse al legendario escritor argentino que solo se sacaba fotografías con un cigarrillo colgando entre sus labios.

Hace mucho tiempo, tanto que ya se confunde en la memoria, hubo una librería en la la pequeña capital de provincias en la que vivo. Estaba localizada en la calle de El Pilar, a mano izquierda si se baja del parque García Sanabria. La librería se llamaba La internacional y la llevaba uno de esos libreros que amaba a los libros. Creo recordad que llevaba melena y una barbita a lo Cortázar. También que era un digno representante de esa tribu que ahora se conoce como progre. Este, en todo caso, era un progre de los de antes. Es decir, un tío al que le entusiasmaba incitar a los demás a que leyeran. Y más si se trataba de un renacuajo que se dedicaba a perder el tiempo en las por aquel entonces nutridas librerías que se desparramaban por la ciudad en la que nació y aún vive. O hace que vive.

El caso es que aquel clon de Cortázar nos recomendaba libros (me regaló, así como lo oyen, el primer Bradbury que cayó en mis manos, El hombre ilustrado) y autores que, según él, no deberíamos dejar pasar y uno de ellos, claro está era el argentino. Pero no el argentino Borges, que también, sino Julio. Julio Cortázar.

La librería, como todas las cosas buenas que hubo en mi ciudad, desapareció demasiado pronto pero aún conservo los libros que adquirí allí en tardes, más que mañanas, en las que deambulábamos como almas sin pena por sus calles y plazas. Más tarde compartiría mi entusiasmo por Cortázar con un amigo irremplazable que se murió demasiado pronto. Uno de los libros que escribió rinde, de hecho, homenaje al escritor en su título: Decena de un cronopio. Si aún no saben de quién se trata les revelo el nombre Ezequiel Pérez Plasencia. Con esta obrita, muy autobiográfica, recibiría el Premio Internacional de Cuentos Juan Rulfo pero mucho me temo que Ezequiel como Julio, Julio Cortázar, son hoy dos perfectos desconocidos para esa inmensa minoría que lee. O dice que lee.

Con todo, sí que podría afirmarse que, contra todo pronóstico, vivimos en la actualidad dentro de un cuento de Cortázar. Este 2020 parece sacado de hecho de su imaginación aunque el hubiera subrayado las relaciones de unos con otros. Los lazos que se hacen y deshacen entre tanto calor, la calima que sume a una ciudad un caluroso y no gélido febrero. La descripción de dos meses largos de confinamiento y la vuelta a una normalidad que las autoridades anuncian como “nueva”.

Pero basta ya y entiéndase todo esto como cosas de alguien que anda por ahí…

Saludos, hasta la próxima, desde este lado del ordenador