Archive for the ‘Libros’ Category

Una novela del siglo XIX refleja la versión británica del ataque de Nelson a Tenerife

Lunes, Noviembre 12th, 2018

Rockingham o un hombre de honor se publicó por primera vez en 1840 en Gran Bretaña, donde pronto se hizo muy popular aunque se desconozca a día de hoy la autoría de la novela. Algunos opina que corresponde a una de las tres hermanas Brönte (Emily, Charlotte y Anne) pero otros, como el investigador tinerfeño José Luis García Pérez, sospechan que fue Philippe Ferdinand Auguste de Rohan-Chabot, conde de Jarnac.

La novela en principio no tendría mayor atractivo para un lector de las islas si no fuera porque en la segunda parte –capítulos primero al tercero– se desarrolla íntegramente en Tenerife, en concreto en el valle de La Orotava y el puerto de la Cruz, y en Santa Cruz, donde el protagonista de la obra, lord Edward Rockingham, un guardiamarina enrolado en la escuadra del contralmirante Horacio Nelson, participa en la batalla por la plaza con castastróficos resultados para los británicos. Y sitio, se relata, en el que resulta herido y abandonado por sus camaradas.

Que se sepa y en la todavía pequeña pero cada vez más interesante literatura que se ha escrito sobre aquellos hechos, esta es la primera vez que se conoce que esta historia sea narrada en clave de ficción a través de los ojos del enemigo, así como la primera novela que centró el bautismo de fuego de su joven protagonista en el ataque que saldó una de las primeras derrotas de quien más tarde sería el oficial más condecorado y temido de la marina de guerra de la corona británica.

La obra narra también la historia de amor romántico que nace entre el joven marino convaleciente y la mujer que lo cuida, Dolores Almansa, “supuesta sobrina en la novela del general Antonio Gutiérrez”, escribe García Pérez en la introducción del libro, y por el que obtuvo el premio Investigación Histórica Álvarez Rixo (2000) aunque se publicó al año siguiente con prefacios del periodista y entonces alcalde del Puerto de la Cruz Salvador García; del profesor de la Universidad de La Laguna José S. Gómez Soliño y del investigador Antonio Salgado Pérez.

Rockingham o un hombre de honor destaca en sus capítulos tinerfeños por sus interesantes descripciones de Santa Cruz de Tenerife durante el asalto:

Seguí a mi protector a través de algunas calles angostas y tortuosas…, hasta que por fin alcanzamos una casa ancha y baja, donde entramos juntos… cuando salimos de la casa el día iba muy avanzado. Era la hora de la siesta, y las estrechas callejuelas de Santa Cruz estaban vacías”.

La novela sitúa además al lector en el momento en que es herido el contralmirante Horacio Nelson cuando pretendía desembarcar en la costa santacrucera:

Nelson se apoyó ligeramente en mi hombro al saltar del bote pero, cuando ya había puesto pie en tierra, pesó de improviso tanto sobre mí que no pude sostenerle. Observé que cambiaba con rapidez su espada de la mano derecha a la izquierda y luego se desplomó en el suelo, aun cuando puse a contribución todas mis fuerzas para impedirlo.

Lleno de temor, miré a Thorthon, quien se encontraba a mi lado.

- El almirante está herido –murmuró– y me temo que de gravedad. Tenemos que ayudarle a regresar al bote.arma que se había escapado de sus manos y la reintegré al bote”.

Una vez trasladan a Nelson del campo de batalla al navío Theseus, se puede leer más adelante:

Apenas acababa de pronunciar estas palabras, cuando, sobre las oscuras olas, detrás de nosotros, se elevó un grito salvaje y penetrante… El grito de muerte de doscientos de nuestros más bravos corazones que, alcanzados por un solo disparo cruel, fueron arrojados a su húmeda tumba.

- ¿Qué es eso, Thorthon? -inquirió Nisbert.

– Creo que el Fox se hunde. Hace un instante que aún estaba junto a nosotros”.

El autor, o la autora, de la novela continúa describiendo la lucha encarnizada con timbre envolvente:

El muelle estaba defendido por oscuras masas de enemigos, cuyo incesante fuego escupía sobre nosotros muerte y destrucción, pero nada podía resistirse al furioso ataque de Thorthon. Un cañón después de otro caía en nuestras manos entre entusiastas ¡hurras! Y pronto fue reducida al silencio la batería completa. Pero de nuestra gente habían perecido muchos y, cuando llegamos a la mitad del muelle, un violento fuego de fusilería desde las casas más próximas tornó imposible cualquier intento de seguir avanzando”.

Tras el combate, el fin. En la novela que está escrita en primera persona se puede leer:

La rabia de los españoles se volvió entonces contra mí. Un mulato me propinó un fuerte golpe con un garrote en la cabeza y, mientras caía yo sobre las rodillas y me esforzaba por cubrir el cuerpo de Thorthon, varias espadas y bayonetas se dirigieron hacia mí, y una de ellas me hirió en el brazo. Pero un joven oficial español, que en aquel instante se acercaba, ordenó en tono irritado a sus gentes que se apartaran y, después de rogarme con cortesía que le entregara mi espada, lo cual hice inmediatamente, me invitó a acompañarle mientras daba orden de que el cuerpo de mi amigo fuera levantado y conducido con esmero detrás de nosotros”.

El protagonista de la obra, tras enterrar en el cementerio de Santa Cruz a su camarada de armas, se recupera de las heridas sufridas en La Orotava bajo los cuidados de la señora de Almansa, emparentada con el general Antonio Gutiérrez, un personaje que sale muy bien parado si atendemos a este momento:

En cuanto me sentí restablecido, rogué a don José que me proporcionara oportunidad para ofrecer mis respetos al gobernador, cuya conducta durante los últimos acontecimientos había sido, como averigüé más tarde, altamente noble y digna de encomio. Desde entonces había visitado a menudo a Antonio Gutiérrez, y este me había tomado tanto cariño que un día recibí una carta suya donde me rogaba que me trasladara a Santa Cruz para pasar algunos días en su residencia de gobernador”.

En el capítulo cuarto y con el personaje repuesto ya de sus heridas, el protagonista abandona Tenerife para regresar a su país donde proseguirán sus cuitas amorosas porque Rockingham o un hombre de honor es ante todo una novela romántica victoriana, lo que quizá hizo suponer a algunos que estaba escrita por una de las Brönte y no por el conde de Jarnac.
Sea quien fuere, la verdad es que el autor o la autora se toma muchas molestias en el retrato que hace de Tenerife y pese a muchas inexactitudes, se entrevé que quien la escribió conocía la isla.

Doña Dolores vino luego a mi encuentro. Le causó gran sorpresa mi admiración por los geranios y heliotropos, que allí crecían en cada rincón y en cada rendija entre las piedras, ya que ella los consideraba únicamente como hierbajos y plantas parásitas. Riéndose de mí ignorancia, me enseñó a diferenciar, nombrándolos por sus nombres españoles, el bananero, la higuera, la vainilla y demás nobles productos de esta islas, verdaderamente afortunadas, según el nombre que le dieron los romanos”.

Para el aficionado a la novela romántica victoriana, Rockingham o un hombre de honor responde a las expectativas. Es generosa en páginas y en lances no solo amorosos sino también bélicos si nos detenemos en los capítulos que dedica a lo que en Tenerife se celebra a día de hoy como Gesta.

Con independencia de su calidad literaria, la obra cumple con todos los preceptos que hizo mayor al género en el Reino Unido: historias sentimentales con compleja resolución y galería de personajes que obedecen a los tipos literarios de la época.

En cuanto a descripciones, resalta el color que le pone ¿el autor?, ¿la autora?, al norte de Tenerife:

La villa estaba enclavada en una suave colina, a unos cien pies sobre el nivel del mar, cuyas tranquilas y regulares olas rompían mansamente al extremo del jardín. Algo más lejos se extendían la ciudad y el puerto de Orotava, así como el hermoso valle que lleva su nombre. Sin embargo, lo más importante del paisaje era el pico del Teide que levantaba, majestuoso, su orgullosa cabeza, cuyas nieves eternas desafiaban durante todo el año los ardientes rayos de ese sol”.

Rockingham o un hombre de honor es, en definitiva, otras de esas curiosidades literarias en las que Tenerife es protagonista solo que en esta ocasión la isla y la batalla que se produjo en la plaza de Santa Cruz desencadena una acción donde la isla y por extensión las islas juegan un papel fundamental. Aquí radica uno de los atractivos de un libro que fue redescubierto a las puertas del siglo XXI por el investigador y experto José Luis García Pérez, autor del estudio de la edición que ha llegado a nuestras manos y trabajo por el que recibió el premio José Agustín Álvarez Rixo de Investigación Histórica hace ahora 18 años.

NOVELAS SOBRE LA GESTA DEL 25 DE JULIO

Escritores de las islas han ficcionado con mejor o peor fortuna lo que se conoce como Gesta del 25 de julio. Entre otros autores y novelas se encuentran El fuego de bronce, Entre piratas. El contralmirante Nelson y el general Gutiérrez en las islas Canarias y 1797. Piratas del Atlántico de Jesús Villanueva, Miguel Ángel Díaz Palarea y Luis Medina Enciso, respectivamente. David Galloway también hace referencia de aquellos días en Entre cuevas, que se incluye en el volumen La cueva de las mil momias y Ángel Luis Marrero Delgado describe la batalla sin perder el humor ni la seriedad en el díptico La amenaza de Albión y El leviatán chasqueado.

A modo de curiosidad y de manera tangecial se hace referencia de la batalla en Los apuros de don César, una de novelas de la serie El Coyote de José Mallorquí, y en la que se recuerda que uno de los antepasados del ya legendario personaje se encontró en alta mar con los navíos de Nelson cuando regresan derrotados del ataque a Tenerife. Sobre estos hechos escribió también Luis Cola Benítez, en 1797. Cinco días de julio y con el título de Tigre 1797 Carlos Miranda y Víctor Bidart acercaron esta historia a los más jóvenes mientras que Juan Carlos Mora narró la batalla en la novela gráfica La gesta del 25 de julio de 1797. En cine se han rodado varios documentales, y se refleja también en el episodio 25 de la serie de dibujos animados La historia de Canarias, que realizó la empresa BRB Internacional por encargo del Gobierno de Canarias, que invirtió en ella 478 millones de las pesetas de entonces,

Saludos, criaturas, desde este lado del ordenado

El visitante, una novela de Stephen King

Jueves, Noviembre 8th, 2018

Stephen King tiene notables defectos, entre otros el de producir novelas, antología de cuentos y ensayos de manera febril y fecunda pero cuenta también con sobresalientes aciertos como es el de poseer un estilo envolvente y una capacidad asombrosa para crear personajes creíbles, la mayoría de ellos desarrollados a lo largo de una producción literaria que se articula en torno al fantástico aunque en los últimos años y a raíz del éxito obtenido con la trilogía de Bill Hodges y que forman las novelas Mr. Mercedes, Quien pierde paga y Fin de guardia, combina dos géneros aparentemente distintos como el terror y el policíaco con resultados más que estimables, y terreno que vuelve a explorar en El visitante, título en el que recupera a uno de los protagonistas principales de las tres novelas centradas en Hodges y que aparece a mitad del libro que funciona a modo de híbrido genérico en el que el escritor se mueve mejor cuando escribe atado a la realidad que impone el policíaco que cuando comienza a desplegar el carácter fantástico que lo ha hecho rico y famoso.

Y todo eso pese a que la novela termina inevitablemente convirtiéndose en otra de Stephen King o en una obra redonda, cuidada, que atrapa la atención, pero que no aporta nada nuevo al universo de un escritor que vale su peso en oro.

El visitante resulta así dos novelas. Una primera, en la que se narra con pulso la detención del entrenador del equipo de béisbol de una pequeña localidad al ser acusado de violar y asesinar a un niño; la investigación que a continuación emprende la policía para demostrar que ha encontrado al culpable en tiempo récord porque el escenario del crimen estaba plagado de las huellas dactilares del entrenador y de cómo se desmorona como un castillo de naipes el curso de la investigación cuando el detenido demuestra con pruebas que no puede ser el culpable al encontrarse a kilómetros de distancia del lugar de los hechos para escuchar junto a unos compañeros de trabajo la conferencia de uno de sus escritores favoritos, Harlan Coben.

La segunda parte de El visitante se escora hacia el lado fantástico, ese que ha hecho rico y famoso al escritor, y del que no vamos a revelar mucho no vaya a ser que deseen leer la novela y le reventemos la clave que explica esta extraña dualidad.

No nos ha convencido demasiado sin embargo este segmento, probablemente sea por la solución que aporta el escritor para justificar lo que, aparentemente, era imposible como la bilocalización del entrenador de béisbol que no deja de decir que es inocente mientras su doble hace de las suyas por ahí. Resulta muy interesante el retrato de la descomposición familiar que sufre la familia del acusado y como de la noche a la mañana la rutina de todos los días puede volar hecha pedazos.

Otra de las claves en la que gira las novelas de Stephen King es la redención y como bien saben los lectores del escritor el transitar por el que hace pasar a sus protagonistas para intentar mejorar lo mal hecho riega de demasiados cadáveres las historias que nos cuenta.

La redención se convierte así y otra vez en pieza clave de El visitante, una novela que bucea, aunque apenas araña, la fragilidad de las clases medias norteamericanas y cómo un hecho terrible puede dar al traste con su hasta ese momento cómoda instalación en la comunidad.

Elementos ya habituales en otras novelas del escritor desfilan por las páginas de esta novela como la familia, el doble (¿recuerda alguno La mitad oscura?) y el grupo, generalmente formado por hombres y que acepta que nada es lo que parece en su mundo real cuando alguien, sobre todo una mujer, les abre los ojos para que descubran otros territorios digamos que sobrenaturales. O extraterrestres. El orden los factores no altera el producto.

El visitante no es una de las grandes novelas de este escritor pero sí un eficaz vehículo de entretenimiento, uno de esos libros que cuando los coges hace muy difícil que puedas dejarlo porque simple y llanamente atrapa. Y en esto de atrapar, todo el mundo sabe, o casi todo el mundo sabe, que Stephen King es un fuera de serie.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador

Las caricias que no me diste, una novela de Elizabeth López Caballero

Martes, Noviembre 6th, 2018

Resulta interesante observar cómoen cada novela que escribe Elizabeth López Caballero crece como escritora.

Ya llamó la atención con su primer libro, En tierra de demonios, una curiosa historia que bordeaba la peligrosa línea de lo fantástico con lo real, y en la que hablaba de una religión subterránea como es la santería en un escenario conocido como es la capital grancanaria. No estaba mal como primera novela aunque contaba con algunas irregularidades que hacían flaquear un relato que, afortunadamente, cogía aire en sus páginas finales.

Tras esta experiencia, Elizabeth López Caballero firmó un libro insólito en la literatura que en la actualidad se escribe en las islas: La niña de la Luna, una bellísima historia para jóvenes que protagoniza, entre otros, el astronauta Neil Armstrong y textos profusamente ilustrado con objetivos además de lúdicos también didácticos.

Las caricias que no me diste (Multiverso, 2018) es por ahora su última novela, título en el que se nos revela una escritora más madura y segura de sí misma que conoce el territorio que pisa y que se atreve, sin marear demasiado al lector, a diseminar varias voces narrativas para estructurar un relato donde el amor y el desamor son los grandes protagonistas.

Amor y desamor, sentimiento descritos con vigor y que no caen en trampas sentimentales sino que se muestran como un sendero repleto de contradicciones con las que la autora teje el carácter de su personaje protagonista, Carolina, una periodista que tras sufrir un desagravio del corazón comienza a evolucionar como mujer y a encarar su existencia de otra manera.

En este devenir, conocemos la voz de su abuela y la de una prostituta colombiana, Zene que ejerce su oficio en la capital grancanaria y personaje que contribuye a que Carolina abra los ojos.

La grandeza de Zene es que pese a la enorme tragedia en la que ha derivado su vida, la de amar a cambio de dinero, entre otras, es que hace recuperar la sensatez y también la sonrisa y la esperanza a Carolina, a quien conoce de manera casual cuando la segunda intenta escribir un artículo sobre las que trabajan el sexo de pago.

La novela se centra así y fundamentalmente en Carolina, un personaje que va cogiendo sustancia a medida que se avanza en las páginas.

La historia se desarrolla en las calles de la capital grancanaria, pero más que protagonista, la ciudad se convierte en escenario de un desamor contra el que parece que no va a saber salir su joven protagonista.

Estructurada en capítulos cortos, lo que da agilidad a su lectura, otra característica a destacar de Las caricias que no me diste es lo bien que se mueve la escritora Elizabeth López Caballero en los diálogos ya que además de directos son bastante creíbles. En este sentido, la prostituta, Zene, habla como una colombiana y Carolina como una canaria. El juego de acentos resulta así, cuando se encuentran, chispeantes vocalmente aunque lo que allí se cuente no sea, precisamente, para reírse.

Con todo, Elizabeth López no renuncia a un humor que, afortunadamente, hace reposar la angustia que ahoga a su protagonista y ahoga a los lectores. Al final del túnel hay luz

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador

Gonzalo Celorio: “La patria de una literatura es la lengua”

Lunes, Noviembre 5th, 2018

Gonzalo Celorio nació en el D.F,. en 1948, ciudad que forma parte indispensable de una literatura en la que también explota los recuerdos de una familia tan literaria que parece una mina inagotable de la que sacar y sacar historias.

Es autor de Tres lindas cubanas, en la que radiografía las contradicciones de la revolución cubana y que le inspiró su familia materna, su madre nació de manera casual en la capital grancanaria aunque su infancia y juventud vivió en La Habana y de la novela El metal y la escoria, en la que indaga en las interioridades de la rama paterna, menos luminosa que la materna y pródiga de territorios oscuros.

Gonzalo Celorio fue uno de los protagonistas del Festival Hispanoamericano de Escritores, que se celebró en septiembre en Los Llanos de Aridane, La Palma.

- Dicen que escribe para exorcizar a sus demonios.

“Solo sé que cada novela mía acaba por ser un exorcismo con independencia de su intención. Escribo novela sobre todo porque tengo un conflicto, un conflicto distinto para cada novela luego si no hay conflicto no hay novela. En Tres lindas cubanas, que es mi libro más conocido en España, cuento que mi madre que nació en Canarias se fue a Cuba y surge del conflicto de ser miembro de una generación que tuvo a la revolución cubana como un paradigma. La necesidad de escribir viene porque cada vez que alguien atacaba a la revolución cubana adoptaba una actitud crítica y cada vez que alguien la defendía acríticamente mi posición era muy crítica hacia ella por lo que me estaba volviendo un poco loco por esa suerte de gran ambigüedad moral más que política. Una ambigüedad de coherencia y como la revolución cubana fue algo fundamental para mi generación y para la articulación del boom latinoamericano y la generación de 1968, pensé que debería arrostrar ese asunto y abordarlo no en términos políticos ni ideológicos, ni siquiera históricos sino en términos novelísticos”.

- De ahí la historia de su madre y su familia en Tres lindas cubanas.

“Tuve una relación cercana y familiar con Cuba. Mi madre, aunque nació canaria vivió su infancia y primera juventud en La Habana y sus dos hermanas, mis tías, una se quedó en Cuba porque creyó ciegamente en la revolución y la otra partió al exilio. La familia pertenecía a la alta burguesía cubana y vivía en una casa lujosa en el barrio de El Vedado habanero. La tía que abrazó con fervor la causa de la revolución falleció en Cuba convencida de las bondades de la revolución mientras que la que se fue a Miami murió sola en un asilo de ancianos. En la novela Tres lindas cubanas las pongo a dialogar y de ahí surgió la novela en la que están los pro y los contra, la posición de cada una de ellas ante el proceso revolucionario y me sirvió para justificarme a mi mismo por lo que cuando terminé de escribirla quedé liberado de ese problema”.

- ¿Por una novela?

“A mi me dio la impresión que solo por haberlo planteado precisamente en una novela ese problema ya no me pertenecía así que creo que la literatura, en ese sentido, cumplió una función de exorcismo porque lo que saqué de mi pecho lo puse en el pecho del lector”.

- Se liberó del conflicto.

“No exactamente porque la novela no resuelve el conflicto que me motivó a escribirla pero sí que deja de pertenecer al escritor cuando se publica”.

- La familia es un tema recurrente en la mayoría de sus novelas.

“En la novela El metal y la escoria escribo sobre mi familia paterna, en Tres lindas cubanas se trataba de la materna porque mis novelas constituyen una saga. La sangre que corre en mi familia tiene que ver con el exilio, que tiene a su vez que ver con una composición itinerante de diversidad cultural que puede resultar interesante como prototipo de personajes para el lector.”

- ¿Y de qué conflicto parte en El metal y la escoria.

“De uno temible, mi hermano mayor contrajo esa terrible enfermedad que es el Alzheimer y él era el que conocía de manera privilegiada la historia de mi familia paterna que, a diferencia de la de mi madre, estaba llena de misterios, de elementos oscuros porque no resultaba una historia edificante. Mi abuelo paterno era asturiano aunque emigró a Méjico a finales del siglo XIX donde hizo una gran fortuna en la fabricación, distribución y venta de bebidas alcohólicas. Sus hijos, y eso pasa en muchas familias que heredan una gran fortuna que no han trabajado, se dedicaron a despilfarrarla, al cultivo de vicios siendo mi padre el único que se salvó porque en vez de seguir la cuerda de sus hermano escogió estudiar diplomacia en Londres, lo que hizo que años más tarde viajara a Cuba como representante del Gobierno mejicano y conociera a mi madre. Yo quería contar la historia de mi familia paterna pero mi hermano era el que la sabía porque fue el confidente de mi padre pero se estaba quedando sin memoria y esta novela es mi particular duelo entre la memoria y el olvido y gracias a que la escribí pude conocer una historia que no hubiera conocido de otra manera”.

- ¿Cuánto tiene de verdad y ficción esta novela?

“No creo en las novelas de autoficción como se dice ahora, creo en las novelas de ficción supletoria, esa que ante todo aquello que el escritor no puede investigar directamente lo puede inventar con la idea de que hay una especie de coherencia y verosimilitud que toda novela exige. Y tuve la audacia de hacerlo porque yo por genética puedo padecer la misma enfermedad que mi hermano y utilicé ese recurso de verme a mi mismo como si tuviera Alzheimer. Eso me obligó a usar una segunda persona que funciona a modo de mi conciencia lúcida. Puedo asegurar en este sentido que a partir del momento en que se publicó la novela desapareció mi temor de tener la enfermedad. Otro exorcismo literario”.

- Con respecto a Tres lindas cubanas ¿cuál es su posición frente a la Cuba de entonces y ahora?

“Me costó sintetizar lo que pienso, con sus pros y sus contras, en las quinientas páginas de esta novela aunque para responder de manera sintética a la pregunta pienso que Cuba pudo ser el futuro de América aunque ahora apenas podemos compartir el pasado de una ilusión hoy definitivamente perdida”.

- Usted tendió puentes entre la literatura cubana de dentro y de fuera. ¿Hay voluntad de diálogo en una y otra?

“Sí lo hay y puedo decir que he sido en buena medida en mi historia personal uno de los alcahuetes para que los escritores de dentro y los de afuera dialogaran. Durante muchos años fui responsable de la difusión cultural de la Universidad Autónoma de Méjico (UNAM), una especie de ministerio de Cultura alternativo del país. Se articuló entonces abrir una casa de la UNAM en La Habana pero las gestiones con las autoridades cubanas –y realicé cuarenta viajes para ello– fue un fracaso porque les dio miedo la A de Autónoma, les resultaba una ingerencia. Llegó el comandante y mandó a parar. Esta historia, la crónica de un fracaso la cuento en Tres lindas cubanas. No obstante, durante las negociaciones se pudo establecer otros puentes y cuando fui nombrado director de la editorial del Fondo de Cultura Económica pude publicar tres antologías: una de cuento, ensayo y otra de poesía cubana con una característica en cada uno de los volúmenes y es que contaban con escritores de dentro y de fuera y los antólogos lo hicieron de común acuerdo, ahí hubo un encuentro. Con anterioridad, le encargué a Leonardo Padura una antología del cuento cubano en el que se incluyó relatos de, entre otros, Reinaldo Arenas, Senel Paz y Jesús Díaz. Hay una sola literatura siempre y cuando se escriba en español porque hay una literatura cubana que se escribe en inglés pero es otra cosa porque la patria de una literatura es la lengua, por eso no se incluyeron a estos escritores, ensayistas y poetas cubanos en estas antologías ya que no pertenecen a la misma tradición. La tradición tiene que ver fundamentalmente con la lengua”.

- Parece que ahora los escritores cubanos que viven en la isla pierden miedo y se muestran muy críticos con la realidad de su país.

“Una de las razones es que muchos escritores cubanos están publicando en el extranjero y a tener un reconocimiento literario al obtener premios internacionales, como Senel Paz cuando obtuvo el Juan Rulfo o Leonardo Padura el Hammett. Pedro Juan Gutiérrez publica en España en la editorial Anagrama por lo que el sistema cubano no puede hacer nada contra ellos porque si lo hiciera la crítica internacional no toleraría otro caso Padilla. Además, la literatura no es peligrosa porque no hay lectores ni grandes tiradas en Cuba. La censura en este país se manifiesta en el periodismo porque no hay un periodismo crítico, no existe porque no hay libertad de expresión para influir en la conciencia de la población. Y mucho menos en la televisión y las radios ya que en Cuba todo es oficial. La literatura se deja para los que ya tienen una posición crítica y no les conviene a las autoridades cubanas censurar a sus autores sino más bien al contrario ya que los convierten en ejemplo de que en Cuba hay libertad de expresión.”

- ¿Han cambiado las cosas?

“Creo que las cosas han cambiado pero tampoco hay que pensar que los escritores cubanos de primera hornada practicaron todos una especie de realismo socialista. Las famosas palabras de Fidel Castro a los intelectuales de dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada se han ido matizando con el paso del tiempo”.

- ¿Cómo se refleja Méjico en su trabajo literario?

“ Todas mis novelas tienen mucho que ver con Méjico. En la primera, Amor propio, nace de un conflicto o la historia de un joven que participa en el movimiento estudiantil del 68, movimiento que se guió por la consigna política heredada de la de mayo de París de desconfía de los mayores de 30 años, lo que ocurre es que el protagonista de la historia acaba de cumplirlos. En otra, cuyo título extraje de un verso del himno de Méjico Y retiemble en sus centros la tierra, el personaje es un viejo profesor jubilado y alcohólico que recorre el centro histórico de la capital mejicana mientras toma una copa en cada cantina que se encuentra, lo que hace que se vaya emborrachando gradualmente. En un principio iba a estar acompañado de sus alumnos pero tras un desencuentro hace el itinerario en soldad. Se trata de una novela muy dolorosa en la que se relaciona al protagonista de forma alegórica con las calles que transita del centro histórico de la ciudad de Méjico. En El metal y la escoria hablo de dos España en Méjico: una fruto de la emigración española a finales del siglo XIX, de la que forma parte mi abuelo y que no fue bien recibida porque de entre todos los países latinoamericanos Méjico fue en su proceso de independencia el que adoptó la posición más furibundamente anti española. Tanto que se produjo dos expulsiones masivas de españoles en los años del general Santa Anna. Pero hay otro exilio importantísimo para Méjico como es el de los republicanos españoles al finalizar la Guerra Civil. Méjico se convierte entonces en puerto de acogida. Es decir, hay dos España enfrentadas entre sí y con pensamientos radicalmente distintos. La primera España de la emigración a Méjico es eminentemente rural, católica y poco instruida mientras que la segunda es republicana y mucho más culta, solo hay que recordar que llegaron a Méjico seis rectores de universidades españolas. Se trató, en definitiva, de dos España distintas en un contexto como el mejicano. En estos momentos escribo además Los apóstatas, una novela muy anticlerical en la que denuncio algunos problemas dolorosamente vigentes como el acoso sexual a los niños”.

-¿Ademas de Los apóstatas trabaja en otros proyectos?

“Se da el caso que cada siete años publico una novela aunque entre medias trabajo libros de ensayo. Ahora mismo y a punto de su edición, un primer volumen, De la carrera de la edad, que reúne textos fundamentalmente sobre literatura. Este libro, a la espera del segundo, son ensayos de literatura mejicana e hispanoamericana. En el libro se habla de Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes y Vargas Llosa, entre otros pero también hago un recorrido por la literatura mejicana más reciente y estudio en Un río español de sangre roja, verso de un poema de Pedro Garfias que escribió a bordo del Sinaia, el barco que trajo la mayor expedición de españoles republicanos a Méjico, la literatura española del exilio”.

-¿A quién considera su maestro o maestros?

“Al exilio español que emigró a Méjico tras la Guerra Civil”

“Gabriel García Márquez, mi amigo”

Gonzalo Celorio era mucho más joven que Gabriel García Márquez pero esto no impidió que entre los dos brotara una amistad que duró hasta la muerte del Premio Nobel de Literatura.

Su literatura le parece “formidable” y es, dice, de los que tiene la primera edición de Cien años de soledad, esa misma, la que la editorial Sudamericana publicó en 1967 sin especificar que se trataba de una primera edición porque no se sospechaba que habría una segunda y una tercera y una…

Su entusiasmo por el escritor colombiano le llevó a dedicarle su tesis doctoral, El surrealismo y lo real maravilloso americano, que tuvo oportunidad de entregarle personalmente. “Me dijo entonces si no sabía escribir”, recuerda Gonzalo Celorio, “y me quedé helado hasta que me pidió que se la dedicara no fuera a pensar la gente que se la había comprado”.

El escritor Carlos Fuentes, “alguien tan importante para mi generación como intelectual y como hombre generoso”, le presentó al autor de El otoño del patriarca. “Fueron grandes amigos”, dice Gonzalo Celorio, “solo los diferenciaba su posición ante Cuba”. Con el paso de los años, consolidó su amistad con Gabriel García Márquez, al que presentó en varios encuentros literarios aunque no le gustaba hablar en público, “escribo por eso, decía”.

Al frente de editorial Fondo de Cultura Económica

Las siglas responden al Fondo de Cultura Económica, una editorial que patrocina el Estado mejicano y que cuenta en su catálogo con más de doce mil títulos. Durante unos años, breves, pero años, Gonzalo Celorio fue director de este gigantesco aparato cultural cuando el presidente Vicente Fox le invitó a tomar el cargo, lo que le sorprendió porque “no tenía nada que ver con él ni con el partido político que lo llevó al poder”.

Solo habló en tres ocasiones con Fox, pero bastaron para que se diera cuenta de que no le interesaba el Fondo de Cultura Económica. “No entendía que el Estado la patrocinara. Su idea era que fuera rentable, por mucho que le dijera al secretario de Educación Pública, que era un hombre igual de ignorante, que si el Fondo fuera rentable no podría publicar a Sor Juana de la Cruz o Kierkegaard”. Lo importante de la editorial, destaca Gonzalo Celorio, es que puede contar con recursos fiscales “para poder hacer el trabajo que hace”.

El escritor mejicano recuerda que el Fondo de Cultura Económica tiene nueve filiales en otros tantos países y que el Gobierno Fox le ordenó que allí sí debía de ser rentable o al menos que no generara gastos. No entendían que la editorial “colaborara en la educación de Argentina, España, Colombia, Venezuela… Que su capital era político y no económico”, puntualiza.

Saludos, al borde del extásis, desde este lado del ordenador

José Esteban: “La injusticia literaria es tan grande como la injusticia social”

Martes, Octubre 30th, 2018

Editor, escritor, bibliófilo y durante muchos años librero al frente de Turner, librería legendaria en la capital de España, José Esteban Gonzalo (Sigüenza, 1935) aunque firma como José Esteban es una de esas personas que responde a la idea de pozo de profunda sabiduría.

El tiempo se va sin que uno se dé cuenta conversando con un hombre que cuenta, probablemente, con la primera colección de libros autografiada por sus autores, entre otros, Pío Baroja y su querido maestro José Bergamín, a quien no se cansa de reivindicar.

Autor de una obra extensa en la que se mezcla la novela y el ensayo, es una pena que dejara de lado y con apenas dos libros (El himno de Riego y La España peregrina) lo que anunciaba ser la serie Episodios liberales con la cual pretendía recorrer, al modo de Pérez Galdós, la vida de todos aquellos luchadores españoles por la libertad en el siglo XIX.
José Esteban fue uno de los invitados del primer Festival Hispanoamericano de Escritores, que se celebró en Los Llanos de Aridane el pasado septiembre, y enclave en el que habló y habló de otro de sus grandes escritores de cabecera,
precisamente Benito Pérez Galdós, de quien dijo que en su casa de Madrid nunca faltó el gofio y siempre “se comió a la canaria”.

- En su bibliografía cuenta con dos notables novelas históricas: El himno de Riego y La España peregrina. ¿Cómo se le ocurrió escribir novela sobre la historia de España en unos años –los ochenta– donde no estaba de moda?

“La verdad es que siempre quise ser escritor y tras pasar una temporada editando libros o llevando una librería como fue Turner en Madrid y de colaborar en revistas como Triunfo, entre otras, no había conseguido escribir una novela y pensé entonces en meterme en una pero histórica, género que no estaba de moda en aquellos años. Mientras la escribía tuve siempre presente a Galdós y en ella volqué mis ideas liberales y republicanas aunque, previamente, me había dedicado a estudiar a Valle Inclán, que entonces era un desconocido e incluso un despreciado mientras me dedicaba a publicar en mi editorial a los escritores olvidados de nuestra Guerra Civil porque creo que la injusticia literaria es tan grande como la injusticia social ya que unos escritores se hacen conocidos y otros no, lo que me hace tener la sensación de que no es otra cosa que una injusticia, así que me decidí por escribir una novela sobre uno de los grandes perdedores de la Historia de España como es Rafael de Riego, y decidí que había que reivindicarlo y me puse a investigar, a documentarme, y conociendo ya al personaje no me salía la novela hasta que un día y tras contárselo a Gabriel García Márquez que pasaba unos días en Barcelona me recomendó que olvidara lo que sabía y que me pusiera a escribir y medité aquellas palabras. En mi hay una gran intención didáctica y tras meditar que la lucha por la democracia ha sido tan importante para el pueblo español, me propuse contar esta historia a través de Rafael de Riego camino del cadalso”.

- Su admirado Galdós no deja nada bien a Riego.

“Y no sé la razón, pero es un personaje que, como dice, no pone nada bien. De hecho, escribe que Riego chilla de miedo cuando lo conducen al cadalso lo que es mentira. Galdós no fue justo con Rafael de Riego”.

- ¿Cómo calificaría a los liberales españoles del siglo XIX?

“Creo que es uno de los movimientos políticos españoles más apasionantes. Movimiento del que todavía estamos viviendo. Manuel Azaña fue heredero de todos ellos. El himno de la II República es el Himno de Riego porque Azaña adoraba a los viejos liberales, aquellos luchadores que sufren, en eso que después se conoce como las dos España, el exilio. Y hay que recordar que el exilio liberal del XIX es importantísimo. Y entonces pensé, imitando a Galdós, escribir unos Episodio liberales que incluyese La España peregrina, o los liberales españoles exiliados en Inglaterra a través de Blanco White, lo que es puro cuento aunque si es cierto que entonces estaba en Londres aunque nunca se mezcló con ellos. Entre esos liberales se encontraba el hermano de Riego, que fue un importante bibliófilo, y se describe el entierro de la esposa de Riego. La novela cuenta también la aventura de Torrijos que viene a España a combatir por las libertades. Una cosa curiosa es que mientras El himno de Riego obtuvo un gran éxito no fue así con La España peregrina lo que demuestra que en este país se perdona un éxito pero no dos y mucho menos a uno que inicia su carrera literaria. La España peregrina fue recibida con frialdad y creo yo que con cierta injusticia porque hay gente que dice que se trata de mi mejor novela. Sea por una cosa u otra, el caso es que me cansé de estudiar tanto para escribir estos libros y decidí aparcarlos”.

- ¿Las críticas negativas le hicieron abandonar entonces el proyecto de los Episodios liberales?

“En parte sí que contribuyó. El tercer libro, que iba a ser el primero de la serie estaba dedicado a los exiliados de la Guerra de la Independencia en una historia en la que intervenía mi gran amigo Bryce Echenique, quien encontraba unas memorias supuestamente escritas por Meléndez Valdés, que falleció en Montpellier, pero el proyecto no salió. Soy bastante disperso porque tengo mucha curiosidad por todo. Yo adoraba a Bergamín, me gustaba cambiar de género literario con asiduidad y me pasé de la novela histórica al cocido madrileño. Es decir, que me puse a escribir de cocina”.

- Es autor de un Diccionario de la bohemia, una de sus obras más recientes.

“Y me he dedicado a escribir sobre refranes aunque mi manía por los cambios me hizo pasar a la bohemia aunque estos saltos no son fortuitos. En el caso de los bohemios, aparece por mi obsesión por los vencidos y los bohemios españoles que fueron unos verdaderos perdedores. Me puse a buscar información y descubrí que a la vez que hay una economía sumergida existe otra que es literaria, una literatura sumergida por desconocida. Mientras buscaba las raíces del esperpento en Valle Inclán me di cuenta que hubo mucha sátira en las revistas de aquella época y que existía todo un mundo olvidado que decidí recuperar escribiendo sobre ello y ellos, lo que dio origen a Los proletarios del arte: introducción a la bohemia, que es una antología de escritores –muchos olvidados y otros desconocidos– que finalmente se convirtió en diccionario, un diccionario en el que ahora sistematizo lo que hay escrito sobre la bohemia española pese a que sea consciente que tiene ausencias porque todavía queda bastante por descubrir”.

- ¿Quién es el gran bohemio español?

“Alejandro Sawa. La bohemia española procede de París y solo se da en las grandes capitales, Viena, París, Madrid, Barcelona… El gran bohemio español es Alejandro Sawa, quien residió en la capital francesa durante largos años y en donde conoce, entre otros, al poeta Verlaine y el ambiente bohemio parisino. Luego se viene a Madrid y Valle Inclán se inspira en él para el Max Estrella de Luces de bohemia. En mi diccionario distingo además entre escritores bohemios y escritores que entendieron a los bohemios por lo que tenían de grandeza y su idea de cambiar el arte y su desprecio a lo que consideraban como arte burgués y los escritores que nunca los comprendieron como Pío Baroja, pese a que estaba obsesionado con todos ellos y que para mi ha sido una fuente fundamental para elaborar este libro”.

- ¿Y Galdós?

“Los bohemios le criticaron a Galdós no haberles dedicado una novela, lo que sí hizo Balzac con la de París. Lamentaban que el maestro no hubiera escrito un libro sobre ellos como sí había hecho con los mendigos en Misericordia”.
- También ha escrito Las mil y una palabras de casa de putas.

“Siempre he sido muy aficionado a escribir diccionarios y leyendo a los clásicos descubrí que había cientos de palabras, sobre todo en el mundo del hampa, para reconocer este tipo de establecimiento. Al mismo tiempo que investigaba descubrí que solo las putas tienen más nombres que las casas de putas. Fue un divertimento”.

- También ha estudiado y publicado algún libro sobre el refranero español.

“A mi me parece que el refranero español tiene mucha grandeza y encierra una gran sabiduría, la sabiduría popular. Es verdad que es cazurro y poco poético pero por otro lado significa una gran fuente de conocimiento que, a mi juicio, es maravillosa. Mientras los estudiaba me di cuenta que el refranero habla sobre todo mal de los curas y como soy de Sigüenza, y sobrino de obispo me dio por escribir un libro sobre refranes anticlericales que, si no me equivoco, se ha convertido en uno de los libros más vendidos de mi localidad natal”.

- ¿Vive un buen momento el refrán en España?

“El refrán no vive en este momento una época gloriosa aunque sí los aforismos que son una especie de refrán más culto”.
-¿Y qué lugar de España destaca por su mayor producción de refranes?

“Sobre todo Castilla (Salamanca, Toledo) aunque los hay en todas las comunidades autónomas”.

- Me dicen que está escribiendo sus memorias.

“Sí, y espero que el libro se publique el año que viene”.

- ¿Será una de esas memorias que no deja títere con cabeza?

“No, van a ser unas memorias muy generosas y benévolas en las que cuento la verdad. Todo es como se recuerda y yo recuerdo así las cosas, que decía Valle Inclán. Tratarán de recuerdos muy literarios en los que aparece la gente que he conocido y también como soy yo: un bibliófilo. Estas memorias se parecen un poco a las de Rafael Cansinos Assens aunque son más cortas porque en este libro yo no soy el importante, lo importante es lo que puedo contar”.

- Antes comentaba que fue discípulo de José Bergamín.

-Fue mi maestro vivo porque luego están Valle Inclán, Galdós, Baroja. Para mi los libros son tan importantes como las personas y mis memorias comienzan y terminan con Baroja a quien conocí al final de su vida.

- ¿Cómo fue ese encuentro?

“Cuando llegué a Madrid, Baroja era un ídolo para todos aquellos niños de la postguerra ya que representaba otra España, la del 98. Así que me armé de valor y fui a visitarlo a su casa. Recuerdo que la puerta la abrió su sobrino, Julio Caro Baroja, que vivía con él y estaba harto de la gente que, como yo, iba a ver a si tío pero me permitió pasar y estuve toda la tarde con el escritor quien me dedicó un libro. Cuando nos despedíamos, me rogó que la próxima vez que fuera a verlo llevase chicas”.

- Además de El himno de Riego y la España peregrina ha escrito otras novelas.

“Una que se titula El año que voló papá, un cuento para mayores y su continuación, Los gorriones del Prado. También he escrito una novelita sobre El café Gijón, que se va a reeditar y El crimen de Mazarete, que está inspirada en un hecho real y en la que se cuenta cómo un forense salva la vida de dos labriegos acusados del crimen de una persona porque demuestra que su supuesta víctima murió por suicidio. Con esta novela quise rendir homenaje a un escritor italiano que me gusta mucho, Leonardo Sciascia”.

- Antes le preguntaba por José Bergamín, un pensador que salvo un pequeño grupo no se reivindica en España.

“Bergamín ha sido el hombre más inteligente que he conocido en mi vida. Lo conocí siendo yo muy joven y me abrumaba satisfactoriamente su cultura infinita. Estuvo en el exilio pero regresó a España porque no podía vivir en otro sitio. No encajó en Méjico, ni en Venezuela, sí que algo más en Uruguay pero cuando tuvo la oportunidad de regresar no lo pensó y se vino, sería si no recuerdo mal en 1958 o 1959. Firmó un manifiesto en 1963 en apoyo de una huelga en Asturias y recibió todos los palos del régimen. Él, que nunca fue comunista sino católico, un católico que apoyó a los comunistas durante la Guerra Civil porque eran los únicos, decía, que podían hacer la guerra contra los nacionales. De ahí la confusión de que Bergamín fuera comunista”.

- Usted ha sido un editor peculiar porque lo mismo editaba a gente de izquierdas como de derechas.

“Edité de Ernesto Giménez Caballero un libro de 1934 dedicado a Manuel Azaña y en el que le pide que dirija el movimiento fascista. También le edité Yo inspector de alcantarilla en un catálogo en el que figuraban varias obras de Bergamín. El caso es que en cuestiones literarias no juzgo el pasado político sino la calidad de la obra y eso que soy un hombre de izquierdas, un hombre de izquierdas que aprecia el talento literario, talento al que pongo por encima de la política”.

– Continuemos con José Bergamín. ¿Qué le atrajo de él?

“Su compromiso. Tras firmar el manifiesto y ser amenazado de muerte por los falangistas volvió al exilio. Primero en Uruguay y más tarde en Francia donde lo apoyó Malraux, a quien había conocido durante la Guerra de España. Regresa en los años setenta y fui a verlo a su casa, entonces vivía en la calle Mayor y nos hicimos íntimos. Fue un hombre de una envergadura fascinante y con una gran valentía. Solía decir medio en broma medio en serio que todos los de la Generación del 27 se habían vendido menos él”.

- Pero su obra apenas ha trascendido.

“Yo creo que porque fue un hombre muy molesto, una especie de Miguel de Unamuno ya que lo ponía todo en duda. Cayó mal al poder porque nunca supo adaptarse a eso que llaman las reglas del juego


ME SIENTO ESCRITOR

José Esteban regentó durante varios años la librería Turner, que se encontraba situada en la calle de Génova de la capital de España. Turner, cuenta, sirvió de refugio a numerosos escritores y aprendices de escritores aunque llegó un momento en el que todo aquello “me cansó porque parecía que solo iban a verme los desocupados de Madrid”. La actividad de la librería no le dejaba tiempo para escribir cuando si algo se siente José Esteban es escritor. También editor, un oficio en el que “me lo paso muy bien editando mis obras como las de otros”

Nelson Mandela. El camino a la libertad

Lunes, Octubre 29th, 2018

La vida de Nelson Mandela sirve a Antonio Lozano para escribir una apasionante biografía novelada para públicos de todas las edades aunque el libro está dirigido específicamente a los jóvenes, ya que está editado en la colección juvenil de ediciones Anaya.

Nelson Mandela es un personaje que no parece de este mundo cuando es, precisamente, de este mundo. Seres humanos con este calibre moral, pocos, por eso su trayectoria vital sirve de lección para aproximarnos a un líder político capaz de enfrentarse a los suyos en nombre de la paz. Al final venció su constancia y su fe en cambiar el espíritu de una nación dividida entre negros y blancos como es la Sudáfrica de los años que le tocó vivir. Es probable que nadie, y cuando se escribe nadie se incluye a Nelson Mandela, fuera consciente del cambio radical que iba a transformar su nación y que él mismo, un luchador que sufrió cárcel y tortura tanto física como mental, acabaría siendo el presidente de un país contradictorio y profundamente racista hasta ese entonces.

Para acercarnos a la vida de Mandela, Antonio Lozano recurre a una serie de protagonistas reales y ficticios con la idea de contar su vida, tan repleta de logros como también de fracasos, a lectores de todas las edades. Estos personajes son el biznieto de Mandela, su abuela y el guardián del museo donde se guarda la memoria del luchador sudafricano.

En el libro se cuenta el proceso de cambio político que vivió Mandela y cómo paso a paso, con mucha paciencia, logró derribar un muro que parecía tan inexpugnable como el del apartheid.

Que el relato esté narrado a través de la mirada de otros hace que el personaje resulte inevitablemente un gigante aunque el escritor no cae en el ridículo de la glorificación sino que expone también las muchas contradicciones que marcaron la vida pública de un político capaz de perdonar a sus enemigos con el fin de que todos pudieran vivir en paz.

Si la intención del escritor era que el lector cerrara las tapas del libro con una satisfactoria sensación de que con personajes así no todo está perdido, lo consiguió ya que tras su lectura queda la sensación de que las transformaciones son posibles. Y todo gracias a una obra escrita sin alardes estilísticos (va dirigida a los jóvenes) y sí con una idea fija en la cabeza: mostrar la grandeza de un hombre que si por algo se caracterizó fue por no perder nunca su condición humana.
Rodeado de depredadores, el ejemplo de Nelson Mandela pervive porque solo actuando como hombres de bien se puede acabar con todos aquellos hombres que solo saben hacer el mal.

Saludos, agradecidos, desde este lado del ordenador