Archive for the ‘Libros’ Category

Emilio Salgari, recuerdos de un suicida

Lunes, Junio 10th, 2019

En mi adolescencia me dio por leer novelas de aventuras, un género al que recurro de tanto en tanto porque me permite viajar a otros territorios si levantarme de la cama o del maltrecho sofá del salón. Este tipo de literatura, tan prejuiciada por lectores que huyen como de la peste ante la sola mención de la palabra entretenimiento ignoran que los libros de aventuras ofrecen a quien se refugia en ellos caminar por el sendero de la experiencia tras la búsqueda de tesoros, forjar amistades y enamorarse en los puertos donde el barco en el que navega por los siete mares hace escala.

En aquellos días no sé si más felices era habitual ver en la mesa de noche novelas de Verne, Conan Doyle, Dumas y más tarde H.P. Lovecraft y compañía, que también escribió novela de aventuras aunque en clave fantástica, pero si había tres autores en los que invertí más tiempo y dinero –un hecho que probablemente puede explicar el estado de mi salud mental– estaban R.L. Stevenson, siempre vivo y presente en mis lecturas; H. Rider Haggarth, autor de dos grandes novelas de aventuras como son Las minas del rey Salomón y Ella, y Emilio Salgari, el creador de Sandokán y el único novelista europeo de aquel entonces y también ahora profundamente anticolonialista, tanto, que señaló a los ingleses como los villanos de sus historias.

Salgari fue uno de los escritores más vendidos de su tiempo pero murió en la indigencia mientras sus editores se enriquecían a costa de su trabajo.

Escrito en los últimos años de su vida, Mis memorias (Parsifal Ediciones, 1989) es uno de los libros más tristes y amargos que he leído recientemente. Se trata, a primera vista, de una autobiografía breve que no llega a las doscientas páginas y que el escritor entregó con el fin de que su editor le diera una “compensación a los beneficios que le he dado a ganar” para pagar su funeral. “Le saluda –se despide Salgari nada más comenzar el texto– destrozando la pluma”.

Enviado el manuscrfito, parece ser que unos días más tarde Emilio Salgari se rebanaría el cuello y el vientre con su navaja de afeitar. Un harakiri que puso final a su vida.

Como libro Mis memorias es una apasionante novela de aventuras en las que el escritor más que mentir, imagina su vida. Su vida en estas páginas se transforma en el relato imaginado de un hombre henchido de coraje, ese mismo coraje que tan bien transmitió en sus novelas, y relata sin que se le caiga la cara de vergüenza sus viajes, imaginados aunque en el texto asegura que fueron así, por los siente mares. En uno de estos viajes, cuenta cómo conoció al pirata Sandokán , que más tarde sería el protagonista de muchas de sus novelas, y cómo cuajó en él su desprecio a todo lo anglosajón por culpa de un primer amor. Una inglesita que le fue arrebatada por una civilización que lo miraba como a un ciudadano de tercera. Casi a la misma altura que a Sandokán, solo que el rey de los piratas los combatía con toda la fiereza del mundo en sus novelas.

Tal fue el desprecio que tuvo Emilio Salgari por todo lo que fuera anglosajón que en una de sus novelas, La capitana del Yucatán, que se desarrolla en Cuba a finales del siglo XIX, se pone del lado de los españoles que hacen la guerra de guerrillas al ejército norteamericano que había desembarcado en la playa de Daikiri, en el oriente de la isla.

Estas memorias escritas con premura y la sensación para nada vaga que sería lo último que registraría, domina prácticamente las páginas de un libro en el que el escritor hace el notable esfuerzo por contar otra vida, más pegada a sus apasionadas historias que a su existencia real, bastante grisácea a tenor de lo que narran los biógrafos oficiales de Salgari

No obstante, estas páginas repletas de viajes por mar, amores frustrados, piratas malayos y combates descritos con una celeridad que quita el hipo, se tornan oscuras y siniestras cuando se llega a su final, ya que revela la verdadera faz del escritor, quien como si ante un espejo se observara, explica la deplorable situación económica en la que se encuentra y su desesperación por no alcanzar de dar de comer a los suyos.

Tras varias tentativas de suicidio, el epílogo que añade el autor de El león de Damasco es uno de los textos más estremecedores de la literatura de principios del siglo XX y en el que bajo el título de Los últimos años de mi existencia, no es otra cosa que el grito de alguien que ha llegado al límite de las fuerzas. Físicas y espirituales.

“Me siento próximo al derrumbamiento: ¡¡La ceguera llama a mis puertas!!”, escribe Salgari, siempre tan económico en el lenguaje, estilo que subraya el anuncio de que a continuación pondrá fin a su vida. Estas páginas que en contra de las otras que forman sus memorias parecen que forman parte de un diario personal saben a batacazo para quien se atreva a acercarse a ellas. Mis memorias se transforma así en una obra rara en la producción de Emilio Salgari pero quizá sea la más auténtica pese a las licencias literarias que se permite para dar color a una existencia que entregó demasiado joven a la literatura.

Mis memorias, como ya se apuntó, es un libro amargo, casi me atrevería a decir que recomendable no solo para los iniciados en la fantástica literatura del escritor sino también para los que una vez lo dejaron de lado a conciencia. En este libro encontrarán a un periodista y escritor con todas sus letras que supo transmitir al lector no solo el lado amable del autor que producía y producía relatos de aventuras para sus explotadores sino el hombre, el padre de familia que, pese a vender y vende,r apenas tenía dinero para mantener a los suyos.

Mis memorias despiertan así una piedad absoluta ante un escritor de talento que lo dio todo y al que le arrebataron casi todo. Un autor de éxito que murió en la indigencia mientras el mundo entero, Inglaterra incluida, devoraba las hazañas de sus tigres del Mompracem, el Corsario Negro y el Capitán Tormenta.

Saludos, leed, hijos mìos, desde este lado del ordenador

En honor de Domingo López Torres. En honor de los desaparecidos

Viernes, Junio 7th, 2019

Son muchas las familias canarias que guardan un discreto silencio por sus muertos, muchos de ellos en vida tras escapar de la durísima represión franquista. Ese no fue el caso, entre otros muchos que sí desaparecieron para siempre en las simas de las islas o en el fondo del océano Atlántico, de Domingo López Torres, el poeta asesinado en febrero de 1937. Tenía entonces 26 años, apenas faltaban tres meses para que cumpliese 27.

Desde ese entonces cayó sobre su obra, breve pero muy intensa, una losa de silencio hasta que pasado el tiempo y muerto el dictador, unos y otros en Canarias lo recuperaron como personaje literario en El fondo de los charcos, una novela de Javier Hernández Velázquez y como objeto de un documental en Los mares petrificados de Miguel G. Morales y en el que el cantautor Pedro Guerra musicaliza e interpreta algunos de sus poemas.

Por lo que se ve, una recuperación imaginada y muy tímida pero interesante por recobrar la memoria de uno de los nuestros, de un vecino más de la capital tinerfeña que fue además de agitador y poeta, un modesto chicharrero que se crió en la calle de Ángel Guimerá.

Santa Cruz de Tenerife pagó ayer la deuda que mantenía con el hombre y con el poeta con una plaza que lleva su nombre y en la que, quiero pensar, además de rendirle tributo también recuerda a todos los que murieron en esta isla, islas y país que hoy se desangra, por razón de una guerra fratricida. Unos por inocentes y otros persiguiendo una bandera, una ideología.

El acto de ayer fue sencillo y reunió a bastante gente, algunos del barrio de Los Gladiolos, que fueron los menos, y sí políticos y tipos que escriben, lo que resulta milagroso. Y hubo, o eso noté, buena sintonía entre todos pese a los estirados.

Quizá fue lo imprevisto porque vi como pasaba de mano en mano un ejemplar precisamente de Lo imprevisto, los versos que escribió López Torres desde la cárcel. Ese de mano en mano va me hizo pensar un momento que era una edición facsímil que iban a repartir entre los presentes pero no. No, no. Lo había traído un familiar del poeta asesinado.

El acto lo inició y terminó el grupo de cámara de la Banda Municipal de Música de Santa Cruz de Tenerife que interpretó un fragmento de Cuadros para una exposición de Modest Músorgski  y otro fragmento de El amor brujo de Manuel de Falla.

Me fui, cuando se disolvió el acto, con el agradable sonido de los metales sonando en mi cabeza y con la idea de cuántos de los que estábamos allí, y que no somos vecinos de Los Gladiolos, volvería a pasar por esa plaza.

Una plaza que desde ayer lleva el nombre de Domingo López Torres, poeta. Y una plaza que, qué quieren que les diga, lleva para mi el nombre de un tío abuelo al que por cenetista arrojaron al mar con una piedra atada en los tobillos.

Mi tío abuelo, natural de San Andrés, no fue poeta pero se merece como Domingo López Torres el nombre de una plaza, una calle para que su fantasma, ¿y qué familia de esta tierra no tiene un fantasma fruto de aquella guerra?, descanse por fin en paz.

En el acto de ayer, jueves 6 de junio, intervinieron además del alcalde en funciones de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez, la concejala en funciones por Sí se puede, Yaiza Afonso Higuera, la impulsora de que la plaza lleve el nombre del poeta y el hispanista Brian Morris, quien resaltó la juventud con la que murió López Torres, una muerte que cercenó la evolución que como poeta y persona hubiera tenido si llega a sobrevivir aquellos dramáticos días en los que prendió el infierno en su tierra. Días aquellos en los que sus vecinos se dedicaron a denunciar a sus vecinos. A sacarse las tripas, a robar bajo el amparo de la ley, a contaminar de miedo el espíritu de una tierra que hasta ese entonces había sido de naturaleza generosa.

“Rompe el sueño, la risa, los colores,
la dolorosa acelerada espera
pródiga en la promesa, el ala, el premio:
verse ascender, ligero, en pleno vuelo,
hacia un cielo, otro cielo, y otro cielo.
Mientras la oscura cloaca de desdenes
insuficiente para tanta ofrenda
salta sobre la geometría de los bordes
inventando rizados carrouseles”.

Fragmento de Los retretes (3 de la mañana)

Claudia Gatzemeier: “La cultura de la memoria estudia el pasado a través de la literatura”

Jueves, Junio 6th, 2019

Claudia Gatzemeier estudió filologías románicas (española/portuguesa) en la Universidad de Leipzig. Se doctoró en la misma universidad con una tesis sobre Ramón José Sender y actualmente trabaja como colaboradora científica en el Instituto de Romanística de la Universidad de Leipzig.

Claudia Gatzemeier impartió en marzo pasado una conferencia en el Ateneo de La Laguna con el título De fantasmas, agujeros negros y núcleos de disturbio. La trayectoria de la literatura fantástica a partir del siglo XIX.

- Sus líneas de investigación abordan la cultura de la memoria y la literatura fantástica
.

“La cultura de la memoria se refiere a las posibilidades de tratar el pasado dentro del marco de la literatura, el arte y a través de otros medios para estudiar cómo nos enfrentamos a nuestro pasado. En este aspecto, las claves de la cultura de la memoria de cualquier sociedad son los acontecimientos más traumáticos por lo que hay que debatir cómo podemos narrar lo pasado para encontrar un futuro común”.

- ¿Podría poner algunos ejemplos?

“Es un tema que encontramos en la literatura alemana y en la española y latinoamericana también. En cuanto a la literatura española trato de analizar algunos textos claves, novelas sobre todo. Algo parecido lo he realizado en mis publicaciones sobre textos de la literatura latinoamericana, sobre todo la del cono sur. Respecto a literatura española he publicado algunos textos sobre novelistas como Isaac Rosa, quien ha tratado el pasado de la Guerra Civil y el franquismo para cuestionarlo y explicar cómo se constituye la memoria porque ésta no cae del cielo sino que es lo que narramos, lo que contamos de ella”.

- ¿Y desde que punto de partida parten para estudiar estos casos?

“Escogemos lo que tenemos en primer plano y después de plantear cómo categorizar lo que ocurrió en el pasado, estudiamos los aspectos que se han puesto en cuestión numerosas ocasiones. Isaac Rosa lo hace en la novela El vano ayer. En literatura latinoamericana me he dedicado a estudiar textos de autores que ahora tienen cuarenta años más o menos. En el caso chileno estos autores, como Alejandro Zambra, no vivieron la dictadura del general Pinochet porque todavía eran niños. Sin embargo, es una generación que tiene ahora que posicionarse en una sociedad que, por supuesto, continúa marcada por el paso de la dictadura. Estas y otras cuestiones son las que marcan el establecimiento de una cultura de la memoria. Es decir, cómo actuamos ante lo que han vivido de diferente manera unos y otros”.

- ¿Se puede uno fiar de esa cultura de la memoria?

“Lo de fiar es un tema que va más allá pero podemos debatir aspectos, ponerlos en cuestión lo que no significa que al final logremos estar de acuerdo”.

- Otra de las líneas de su trabajo es la literatura fantástica pero ¿qué es para usted la literatura fantástica?

“Hay que tratar de definir el término ya que el mercado editorial muchas veces lo usa de manera muy generalista para incluir los cuentos de hadas y los textos de ciencia ficción. Tenemos que analizar ciertos grupos de textos para marcar el terreno y definir eso de literatura fantástica porque no existe un término fijo.El empleo del término varia pero cuenta con algunas constantes con las que podemos trabajar para categorizar los textos. La mayoría de las teorías coinciden en argumentar que lo fantástico es la oposición a un sistema expuesto como real con otro orden impuesto como irreal. Muchos de los textos fantásticos se encuentran en esa oposición de mostrar como real algo representado como irreal, como insólito. No tiene que ser una referencia directa a la realidad exterior, a la que vivimos todos los días sino que se trata de una realidad expuesta como real dentro de la ficción. Por ejemplo en un relato donde las flores saben cantar, lo insólito es que una de ellas no cante porque no sabe”.

- ¿Considera que hay países más dados a la literatura fantástica que otros?

“Hay literaturas que tienen una tradición más fuerte que otras en cuanto a literatura fantástica se refiere y entre las literaturas en lengua española yo diría que la literatura con más impacto dentro de la fantástica es la Argentina aunque en la literatura española peninsular también hay libros cuando ésta se consolida como género en el XIX aunque es en Argentina donde se observa una tradición más amplia y fuerte de la literatura fantástica”.

- ¿Por qué?

“Hay varios factores que influyen. Se debe tener en cuenta que en el siglo XIX la situación política y social, la que influye en su literatura, en el pensamiento de la época y en el debate cultural es otra y eso impidió un fortalecimiento de la literatura fantástica en la literatura peninsular”.

- Su tesis doctoral se ocupa del escritor Ramón J. Sender.

“La tesis se elaboró en los años 80 y la escribí a raíz de la impresión que me produjo la lectura de Réquiem por un campesino español, una novela corta impactante y literariamente bien hecha. Comencé entonces a tratar el tema, a buscar textos, materiales sobre Sender. A medida que fui conociendo al escritor me impresionaron algunos de los aspectos biográficos de su vida, sobre todo tras la lectura de Crónica del alba, una serie de nueve novelas que me posibilitó incluir determinados aspectos literarios e históricos en mi investigación”.

- ¿Está trabajando en otras líneas de investigación?

“Sigo con la literatura fantástica reciente aunque ahora tengo poco tiempo para dedicarme a la investigación. Un tema que me interesa mucho trabajar, aunque solo estoy en una primera fase, es el despoblamiento de las regiones rurales no solo en España, un asunto que nos va a preocupar a todos en el futuro. La pregunta es ¿cómo van a actuar las sociedades ante una diversidad tan amplia de conceptos de vida”.

- ¿Hay en Alemania interés por la literatura española?

“Sí que hay interés pero me resulta difícil clasificar su dimensión. Hay autores de novelas españolas muy conocidos en Alemania, como Ruiz Zafón e Ildefonso Falcones pero también hay otras presentes en el mercado del libro pero me resulta muy difícil decir el impacto que tiene”.

Saludos, game over, desde este lado del ordenador

Una plaza llevará el nombre del poeta Domingo López Torrez

Miércoles, Junio 5th, 2019

Primero en Fyffes y más tarde en un barco prisión atracado en el puerto de Santa Cruz de Tenerife tras el golpe militar de julio de 1936, el poeta Domingo López Torres desapareció en el mar por orden de la autoridad para convertirse en una leyenda. Leyenda que alimenta la edad con la que fue ejecutado, apenas 27 años y una obra que pese a su brevedad da una idea de hacia dónde podria haber evolucionado.

Miembro del equipo fundacional de Gaceta de arte, editor de revistas como Índice, que solo editó dos números; y firmemente comprometido con la izquierda, Domingo López Torres fue silenciado durante los años de la dictadura franquista, silencio que ahora rompe el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife con la inauguración este jueves, 6 de junio y a partir de las 19.30 horas de una plaza que llevará su nombre en el barrio de Los Gladiolos, concretamente entre las calles de Ángel Ganivet y de Juan Ramón Jiménez.

Esta iniciativa que impulsó en su día la concejal en funciones de Sí se puede, Yaiza Afonso, como instructora del expediente, hace justicia a la memoria del poeta asesinado y de paso a todas las víctimas de la represión franquista en la capital tinerfeña.

Está previsto que en el acto participen el hispanista Brian C. Morris, catedrático emérito de Literatura Española en la Universidad de California, coeditor de las obras completas de López Torres –publicadas en 1993, tras el rescate de su poesía a partir de 1982—, junto al catedrático de Literatura Española de la Universidad de La Laguna, poeta y crítico Andrés Sánchez Robayna.

Saludos, ya era hora, desde este lado del ordenador

Tiempo extraño, cuatro novelas cortas de Joe Hill

Martes, Junio 4th, 2019

Tiempo extraño (Nocturna Ediciones, 2018) reúne en un mismo volumen cuatro novelas cortas del escritor norteamericano Joe Hill, pseudónimo de Joseph Hillstrom King, a quien por su apellido reconocerán sus seguidores por ser hijo de quién es, el reconocido Stephen King, un escritor de novelas monumentales que continúa en activo y que no ha perdido la capacidad de atrapar a millones de lectores.

Fenómeno parecido está pasando con Joe Hil, quien además de nadar en las mismas fuentes genéricas del padre, ha sabido construir un universo personal que no tiene nada que ver con el de su progenitor salvo que bucea en las aguas del fantástico con una serie de obras que tienen esa misma capacidad de atrapar la atención del lector.

Como en toda antología que se precie, y ésta lo es, Tiempo extraño ofrece cuatro historias independientes muy bien construidas y agradecidamente entretenidas. Tres de ellas pertenecen al género que ha hecho famoso al escritor y una cuarta, quizá la mejor para quien ahora escribes estas líneas, de tono policíaco que revela a un narrador perfectamente capacitado para dar el salto a ese territorio que continúa dominando el mercado editorial para enfado de unos y alegría de otros.

Las novelas fantásticas que se encuentran en este volumen son bastante interesantes. En la primera, y con la que se abre este volumen, Instantánea, plantea la inquietante historia de una máquina de fotografías polaroid que se hace con los recuerdos de todos aquellos a los que reproduce en sus imágenes y si bien no termina de estar bien cerrado –Joe Hill no es un escritor que cuadre sus finales– no deja de resultar inquietante y hasta cierto punto perverso. Elementos que juegan a favor de una narración contada con esa sencillez que parece ser un sello de estilo tan norteamericano. Sobre todo cuando estos libros se dirigen a un mercado mayoritario y no restringido.

La segunda novela, En el aire, es un imaginativo relato que transcurre, literalmente, en una nube sólida a la que viene a caer un paracaidista. La nube puede ser el camuflaje de un objeto volador no identificado y en ella habita una extraña criatura que más que odiar quiere que se quede el protagonista para no estar solo mientras flota en el aire.

La historia sabe enganchar y convertir en real lo que es mera fantasía. Sirve además para asistir al proceso de redención de sus protagonista y para reflexionar sobre el hecho de estar solo. Mientras lo leía no dejaba de pensar lo bien que quedaría como una película de dibujos animados para adultos la aventura que propone, ya que la variedad de momentos extraños y de mágica belleza quedaría mejor en uno de estos filmes que interpretados por personajes de carne y hueso, que también.

Lluvia, la tercera novela corta que contiene el libro, parte de un acontecimiento anómalo y con repercusiones catastróficas para la humanidad y todo signo de vida de este plantea en el que vivimos.

La historia plantea como del cielo cae una lluvia de cuchillas, lo que genera el caos porque no pasa una vez sino varias, y si bien la explicación que brinda el escritor para explicar este fenómeno resulta algo grotesca antes de llegar a la verdad, digámoslo así, se encuentra en un relato donde el papel protagónico lo asume una serie de personajes que no eran hasta el día de ayer habituales en este tipo de literatura.

Cargado, la última de estas historias, no tiene nada que ver con el fantástico sino que está muy pegado a esa oscura realidad que se concentra en Norteamérica.

La protagonista es una joven de raza negra que vio en su adolescencia cómo asesinaba la policía por una confusión que no es tal a uno de los suyos.

La investigación que emprende para meter en la cárcel a los autores de esa muerte está notablemente armada y quien lee la historia es consciente de que todo cuando cuenta Hill más que poder, es real. En esta novela se abordan además otros temas que van más allá del racial que, por otro lado, es el central, y resulta ser de todas las historias la más incómoda y crítica contra el sistema, lo que refuerza un acabado que, mucho me temo, no gustará a los que busquen un final feliz.

En conjunto y pese al abultado número de páginas, Tiempo extraño es una buena oportunidad para conocer las constantes de un escritor que si por su algo se caracteriza es por su mirada personal y la facilidad que tiene para que el lector acepte lo fantástico cuando este irrumpe en sus páginas, como cuando se pone objetivo y se limita a describir las enfermedades que anidan en el vientre de su país. Muchas de ellas, como el racismo y el miedo a lo diferente, tan presentes también en otros países que, dicen, se han curado de esos males por ser más civilizados.

Saludos, a un lado y al otro, desde este lado del ordenador

Ángel de la Calle: “Las palabras no son inocentes”

Martes, Mayo 28th, 2019

Escritor,ilustrador, crítico de cómics, Ángel de la Calle (Molinillo de la Sierra, Salamanca, España, 1958) es también director de contenidos de la Semana Negra de Gijón, uno de los mayores festivales que se celebran en el mundo sobre literatura de géneros con la particularidad de haber fusionado cultura con ocio, una fórmula que se ha imitado pero sin el éxito de un encuentro que este año celebra su XXXII edición.

Como dibujante y guionista de cómics, Ángel de la Calle es autor de Tina Modotti. Una mujer del siglo XX y Pinturas de guerra así como de los ensayos Hugo Pratt. La mano de Dios y El hombre enmascarado: En el sendero.

- La Semana Negra de Gijón cumple este año su XXXII edición, ¿cómo nace el mayor encuentro con la literatura que se celebra en España?

“Nace por una casualidad. En aquel entonces se había creado la Asociación Internacional de Escritores Policíacos cuyo vicepresidente, Paco Ignacio Taibo II, un hijo de la inmigración política y económica de los años 50 que llega a México y que procede de una familia muy arraigada en Asturias con una tradición cultural y política muy importante desde el siglo XIX, viene a España para intentar poner en marcha junto a Manuel Vázquez Montalbán en Barcelona el tercer encuentro internacional de escritores policíacos cuando el por aquel entonces alcalde de Gijón, Vicente Álvarez Areces, les preguntó que por qué en Barcelona y no en Gijón, ya que los catalanes estaban más centrados entonces en los Juegos Olímpicos”.

- ¿Cómo se plantea un festival que combina, y tan bien, lo cultural con lo lúdico?

“Porque pensamos que un encuentro solo con escritores era lo más aburrido del mundo así que se maduró la idea de hacer otra cosa. Taibo II, que acababa de vivir seis años en Nueva York, dijo entonces que se tenía que hacer algo espectacular y lo consiguió porque es un genio. En aquel entonces, los géneros populares no estaban en la centralidad de la literatura –lo que no ocurre ahora– por lo que en aquellas primeras ediciones de la Semana Negra, a la que asiste Jean Patrick Manchette, dice algo que me parece clave para entender este fenómeno: los escritores de novela negra corren el riesgo de convertirse en respetables así que lo mejor es dedicarse a escribir novela pornográfica, una reflexión que en aquel momento sonó a marciano en España. La idea del Festival fue desde sus inicios hacer de la lectura una fiesta por lo que pensamos que lo mejor era crear una fiesta alrededor de la literatura porque leer es diversión. Una diversión que conduce a la reflexión”.

- Esa mezcla de cultura y fiesta ha sido clave para el éxito del Festival.

“Y entonces parecía una locura porque hablamos de algo que sucedió hace 32 años. El escenario fue el puerto industrial de Gijón ya que la Semana Negra tenía que tener atracciones de feria y un circo, y así se fueron sumando cosas y la gente respondió.Sin embargo y pasado todo este tiempo y convertido en lo que se ha convertido la Semana el objetivo por el que nació sigue siendo el mismo: el fomento de la lectura”.

- ¿Qué tipo de públicos busca el Festival?

“Buscamos públicos accidentales porque son los que nos interesan. Es decir, los que no leen, los que han ido a la Feria solo a tomarse una cerveza y subir a la noria pero que de repente se sienta y escucha como un escritor promociona su libro y decide llevárselo con la firma de su autor. Ese es el tipo de público que tratamos de capturar”.

- El Festival ha defendido desde sus orígenes la literatura de géneros.

“Porque evadirse no es malo. Te evades de la realidad que desprecias y nos interesa que los jóvenes pierdan el miedo a la lectura porque es fundamental formar ciudadanos críticos”.

- Ya son 32 ediciones.

“Gracias a las sinergias que se crean. La historia, a veces, también te ayuda. Cuando Ángel González dice que quiere leer poesía por la noche, celebrar una velada poética después del concierto de Mano Negra y antes de que se vaya la gente a los puestos de alrededor para tomar copas, Ángel González se trae a Sabina y a Retamar a leer poesía a la una de la madrugada y esa misma gente que está de copas se detiene a escuchar a los poetas. Y ahora se suman más poetas. Es probable que esto pase porque España es un país de poetas sociales lo que explica que en este momento tengamos más poetas sobre el escenario de la Semana Negra que nunca y que arrastran a quinientas personas para escucharlos a la una de la madrugada. Se ha ido creando la sinergia de que la literatura es democrática”.

- ¿Cree que ha sido clave que la Semana Negra se celebre en Gijón?

“Un festival de estas características es más fácil que funciones en una ciudad como Santa Cruz de Tenerife que en Barcelona”.

- ¿Por qué?

“Porque en una ciudad como Gijón sus habitantes lo toman como propio”.

- El Festival no escapa, sin embargo, de los vaivenes políticos?

“Hacemos un Festival enorme con un presupuesto muy pequeño. Cuando coincide con la llegada de Álvarez Cascos al Ayuntamiento perdemos tres de cada cuatro euros de ayudas públicas al Festival. El Festival es una actividad cultural y como tal es política en el buen sentido de la palabra si es que lo tiene malo. Para nosotros es fundamental que más allá de ser una actividad que pone a la ciudad en el mapa del mundo está defender el hecho de que leer es importante y te lo vas a pasar bien”.

- ¿Y qué tiene la literatura de géneros y la negra en particular para despertar tanto interés?

“Creo que la literatura criminal se convirtió en la novela social actual en el sentido de que vivimos en una sociedad muy criminalizada. Ser casi el relator te convierte en novelista negro. Ricardo Piglia decía que solo hay dos temas en una novela: o alguien sale de viaje o alguien tiene que encontrar algo. La ventaja de la intriga que se crea en la lectura es muy importante también. Una novela de referencia para una generación es Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, pero en el libro no hay detectives aunque el título te incita a creerlo. En la novela lo que hay son poetas buscando a poetas y eso significa algo. A finales de los años 70, Vázquez Montalbán escribe La soledad del mánager donde cuenta lo que va a ser la Transición en España, no lo que fue sino lo que va a ser. Trata de eso y no de un ejecutivo de una multinacional en Barcelona, que también. Lo extraño es que a día de hoy, Montalbán se encuentra en el canon de poetas porque fue uno de los nueve novísimos pero no en el de novelistas”.

- El Festival, además de la literatura negra, se ha ido ampliando a otros géneros.

“Era inevitable porque los géneros están para saltárselos. Las fronteras no existen, eso decían Taibo II y Montalbán. Y lo mismo pasa en la novela histórica como en otros géneros”.

- Otro de los aciertos del Festival son los premios que entrega, además del Hammett.

“Los premios tienen que ser dados por críticos, lectores y escritores a sus pares aunque Flaubert dijera que los honores deshonran. En nuestro caso y sabiendo que los premios no son muy fiables, quisimos que fueran justos por lo que para llegar a la final necesitas de 50 votos. 50 que dan los críticos, 50 los lectores y 50 los escritores. Además, hemos hecho que tú sepas que formas parte del jurado pero no sabes quienes son los otros hasta el día de la deliberación”.

- Cambiando de tercio, ¿no cree que está saturado el mercado del libro con tantas novedades al mes?

“Las librerías reciben medio centenar de novedades por semanas y los grandes monstruos, para qué negarlo, tienen dinero para colocar sus ejemplares en las grande superficies. Luego están las librerías independientes, que es algo que viene o va aunque si la librería es buena tiene la ventaja de generar públicos a su alrededor porque crea la idea de que la lectura es diversión, lo que no hacen las grandes superficies. Es complicado porque en la actualidad hay que elegir entre Amazon y la librería de siempre”.

- En los últimos tiempos y con la proliferación de escritoras y escritores que escriben novela policíaca creo que el género se ha hecho cada vez más conservador, con tanto guardia civil, mosso de s’quadra o ertzaintza de protagonista.

“Lo que es curioso porque este género nació desconfiando de lo que representan los agentes de la ley comenzando con las historias de Auguste Dupin, el detective creado por Poe y continuando con el Marlowe de Chandler y las novelas donde el delincuente es el protagonistas. Nunca las fuerzas del poder son confiables por lo que ver tanto guardia civil, mossos o policía floral me hace preguntar ¿por qué? ¿Qué ha pasado para que esto suceda en un país donde la policía es tan corrupta como en cualquier país del mundo?”.

- Cómic, tebeos, aquí en Tenerife colorines, en La Palma chistes, en Cuba muñequitos… ¿Con qué término se queda?

“Y en México monos. Yo uso cómic salvo que me pidan novela gráfica. No empleo tebeos por el hecho de que las palabras no son inocentes. Tampoco los llamo historietas porque el Diccionario dice que es una historia pequeña sin pretensiones y yo cuando escribo y dibujo cuento una historia con todas las pretensiones del mundo. El tebeo está ligado a la infancia aunque cuando mi generación llegó al cómic lo hizo para contar historias lo que nos diferencia de los que nos precedieron porque los dibujantes venían en ese entonces de otros medios. En Norteamérica los cómic comenzaron a publicarse en los periódicos. Un dibujante como Alex Raymond venía como ilustrador de las páginas deportivas de los diarios y como él otros tantos que fueron entrando en este espacio para crear algo nuevo. Los artistas españoles encontraron un nicho en los cómics aunque tuvieron una doble censura, la censura en sí, la del régimen y la censura porque sus obras iban dirigidas a los niños. Al final solo quedaba el producto Disney, no tenía sexo ni violencia aunque lo de la violencia habría que ver. Publiqué en la revista Star en 1977 a la que llegué con otros con la idea de contar nuestras historias en revistas. Revistas que eran de género. Star, underground, Zona 84 de contenido fantástico. En la última época ya somos parte de la cultura popular que es la que se generó en los kioscos aunque ahora se encuentra en las librerías”.

- ¿A qué le da más importancia en un cómic, al dibujo o a la historia?

“No creo que haya dibujos malos. Los niños dibujan maravillosamente, lo que sucede es que el cómic es un lenguaje diferente aunque los que nos dedicamos también a la crítica de cómics recurrimos a palabras de otros medios como el cine cuando estamos más cerca de los libros, salen del mismo lugar. Además, el tiempo de lectura y visualización lo determina el lector mientras que en el cine eso es función del director. Son dos lenguajes diferentes que coinciden en algunas cosas como en los planos y la puesta en página, que llamamos montaje cuando no lo es. Tenemos mucho batiburrillo en los cómics. En los años 20 ya existían revistas especializadas en cine pero no en cómics, que solo aparecen en los años 60 y en las que se afirmaba que lo mejor fue lo que dieron origen a Flash Gordon, El Príncipe Valiente frente a los que defendían a Guido Crepax y Hugo Pratt. El primer cómic español que refleja la realidad de su tiempo es Love Strip, de Luis García y Víctor Mora”.

- ¿Pero cómo explica que hoy los cómics estén en librerías, muchas de ellas especializadas. Y qué opina de que haya gente que siga diciendo que es el cine de los pobres?

“Desprecio eso de que es el cine de los pobre porque es cultura de masas. No, no me gusta esa frase. En cuanto al salto a librerías no es lo mismo leer dos páginas por semana como se hacía antes que leer la aventura completa. Borges decía si me dices cómo se va a leer en el en año 2019 yo te diré que tipo de literatura se está haciendo. Ahora se lee a tu ritmo, la lectura ha cambiado mucho. Además, si leíste Los tres mosqueteros a los quince años te acordarás de ella para siempre y recordarás el uno para todos, todos para uno que tiene un mensaje político impresionante. El ritmo de lectura actual es muy diferente. El cómic ha tenido además la suerte en España en los últimos años de contar con un Premio Nacional porque antes no existía nada aunque hecho en falta la parte popular, que es fundamental y básica”.

- ¿Noveno arte?

“A mi me da igual en el sentido de que es una reivindicación muy francesa, su revista oficial teórica se llama así, Noveno Arte pero me gustaba más la otra, Les Cahiers de la Bande Dessinée. Lo de noveno arte es como lo de novela gráfica que los norteamericanos llaman Graphic Novel y en la que se da más importancia a la parte literaria que la gráfica y los franceses Roman Graphique, que da más importancia a la parte gráfica que a la literaria”.

- ¿Recuerda el primer cómic que leyó?

“Digo siempre que mi lengua materna es el cómic porque recuerdo que cuando aún no sabía leer estaba con el TBO mirando una de Coll en la que solo había texto en la viñeta final y, sin saber leer, entendí lo que me estaba contando. Más adelante lo que más me impactó fue Delta 99 y 5 por el Infinito, de Carlos Giménez y Esteban Maroto y después Dani Futuro porque mis héroes son ellos y no Flash Gordon ni El teniente Blueberry.

- ¿Y qué cómic se atrevería a recomendar al profano?

“Tratando de no ser el fan que soy: Maus y Persépolis y en cuanto a españoles uno de nuestros mejores libros es Trazo de tiza de Miguelanxo Prado que da un paso más allá en lo que a literatura dibujada se refiere. Y cómo no La balada del mar salado de Hugo Pratt. La mejor novela de aventuras del siglo XX”.

- Es autor de Modotti, una mujer del siglo XX y Pinturas de guerra.

“Modotti es en el fondo la historia de la cultura en los años 20. Tina Modotti fue una mujer que conoció a todo el mundo. Trabajó en cuatro películas en Hollywood, conoció a Diego Rivera, Pablo Neruda. Fue amante de Edward Weston, el padre de la fotografía norteamericana. Ella misma fue una de las mejores fotógrafas del siglo XX y la amante de uno de los fundadores del Partido Comunista Cubano, Juan Antonio Mella, a quien asesinaron mientras paseaba con ella del brazo. Ahora ya se sabe quien ordenó su asesinato. Modotti también fue una heroína de la Guerra Civil española, una mujer, en definitiva, que luchó muchas veces por causas justas pero en otras bajo banderas equivocadas. Estalinista feroz hasta la firma del pacto entre la Alemania nazi y la Unión Soviética, para mí Tina Modotti es una artista muy importante que te permite contar muchas cosas importantes de su tiempo”.

- ¿Y Pinturas de guerra?

“Es la historia de los años 60 y 70, que es cuando se hace el mejor cine y el mejor cómic, la mejor música y pintura. La época en la que la gente salió a la calle en París, Milán, Berkeley, Praga. Es como un ya está bien al que acompaña una revolución en las costumbres que ahora mismo se discu y a la vez es historia del arte”.

- ¿Del arte?

“Me gusta mucho el arte contemporáneo. Siempre digo que es algo que no te llevas a casa sino que es algo que sucedió y deja rastro. No es una cosa que se pueda poner en un sitio. La obra de arte contemporáneo más importante del siglo XX es una fotografía en la que unas señoras con un pañuelo blanco en la cabeza sostienen una fotocopia que reproduce una foto de alguien que te mira. Es la imagen de un desaparecido que puede ser su hijo, su nieto, su sobrino. Esas mujeres exponen lo que mejor expone el arte contemporáneo, el cuerpo. Y para contar lo que significó para una generación me baso en una actriz, Jean Seberg, que fue como Tina Modotti muchos años después. Y lo cuento como si fuera una autoficción y a partir de dos libros que parea mi son básicos: Rayuela y El hombre en el castillo, de Julio Cortázar y Philip K. Dick”.

La imagen está tomada del periódico El Paìs y esta firmada por DANIEL MORDZINSKI

Saludos, Asturias, patria querida…, desde este lado del ordenador