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Esther Bendahan: “Los sefardíes pertenecen a una región de España sin territorio”

Martes, Octubre 22nd, 2019

La literatura de Esther Bendahan Cohen (Tetuán, Marruecos, 1964) gira en torno a varios temas. Uno de ellos es Sefarad, España para la amplia comunidad sefardí que está desplegada por el mundo. El otro son tres ciudades que la han marcaron como persona y escritora: Tetuán, Madrid y Tel Aviv.

Esther Bendahan Cohen es directora del Instituto de Estudios Judíos, centro adherido al Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno de España, y autora de una notable producción en la que se encuentra poesía, narrativa y ensayo.

La escritora fue una de las invitadas de la segunda edición del Festival Hispanoamericano de Escritores que se celebró en Los Llanos de Aridane, La Palma, a inicios de septiembre de este año, espacio con las letras en las que Bendahan Cohen intervino en algunas de sus mesas redondas y firmó ejemplares de sus libros.

Es autora de Tetuán, Déjalo, ya volveremos, El secreto de la reina persa, Deshojando alcachofas y Sefarad es también Europa, el otro en la obra de Albert Cohen, un escritor sefardí como ella y al que considera como “un hermano literario”.

- Tetuán, Madrid y Tel Aviv son ciudades que están presentes en su obra.

“Todas estas ciudades tienen que ver con mi relato. Tetuán fue la ciudad en la que nací y en la que oí todo el relato familiar de los míos, la familia sefardí que llega a Tetuán en 1492 y que se mezcla con otras familias de exiliados judíos y musulmanes que proceden, dicen, de Granada. Tetuán es el relato de mi padre y de cómo eran las calles, el casino de la ciudad. La recuerdo a veces con cariño y otras con tristeza porque fue allí donde asesinaron a mi abuelo. Madrid es la ciudad en la que vivo y con la que mantengo una relación extraña. Es una ciudad de acogida en la que viví toda mi infancia pero es tan grande que resulta difícil encontrar paisajes en ella. Es una ciudad que vive como en barrios. Como decía Alejandro Gándara, Madrid es a veces una línea que te une al barrio. Quiero a Madrid pero por trozos. En cuanto a Tel Aviv es una ciudad muy mediterránea, una ciudad de acogida, alegre y en la que cada vez que voy me siento muy fuerte. En estos tres espacios hay algo de imaginación y en todos ellos hay algo de mí que puedo descubrir en el futuro”.

- ¿Y de que forma aparecen estas ciudades en sus novelas?

“Tetuán ha aparecido en varios de mis libros como Déjalo, ya volveremos, que fue traducido al italiano y al francés y en la que aparece como una ciudad de ida y vuelta que para mi conserva la memoria del pasado pero también de mi presente. Tel Aviv surgió inesperadamente en un libro de poesía y Madrid es el lugar de salida de referencia, el lugar en el que escribo todo lo que escribo”.

-¿Cómo cree que observan los españoles a los judíos españoles sefardíes?

“Ahora sale un libro que trata sobre la idea que se tiene de los judíos y de lo sefardí. Sefarad significa España por lo que formo parte del pueblo judío vinculado a España, un país que nos ve de forma tradicional, estereotipada y cariñosa aunque a veces en algunos medios haya cierto antisemitismo por desconocimiento. Esto ha quedado también en costumbres residuales como la de beber matajudíos en un pueblo de León y que te duele cuando lo escuchas. Por otro lado y a nivel intelectual hay un gran trabajo de búsqueda y cercanía que ha logrado que la cultura sefardí y la judía se incorpore a la tradición española”.

- ¿Qué labor desarrolla el Instituto de Estudios Judíos?

“El Instituto depende del Ministerio de Exteriores español y forma parte de la diplomacia pública. Hay un reconocimiento del Gobierno por asumir esta parte de la cultura sefardí española. Los trabajos se realizan en varias líneas como cultura y educación sobre el Holocausto si bien España no tuvo relación directa con la Soah se está realizando un trabajo impresionante. Más de mil profesores han sido becados para que estudien la Soah, que es el término hebrero para referirse al Holocausto”.

- ¿Qué papel desarrolla la mujer en la comunidad sefardí?

“Como en todas las tradiciones es muy conflictivo pero existe una reivindicación por parte de algunas mujeres. El pueblo sefardí se ha comportado de acuerdo a sus leyes judías que son más bien igualitarias aunque diferencia roles. En el pasado el papel de la mujer tuvo más importancia en la educación y el desarrollo de las tradiciones y la transmisión de una lengua”.

- ¿Se mantiene el ladino?

“Se mantiene en países como Bulgaria y Turquía y se organizan ciclos y cursos para generar vínculos de trabajo. En mi caso, escribo en español porque la hajetia se habla en el norte de Marruecos y se ha quedado un poco en el ámbito privado pero uso el ladino en mis novelas si un personaje lo habla aunque mi lengua natural es el español mal hablado porque mezcla muchas palabras de lo que se llama el español del Estrecho que no es ladino”.

- ¿Hasta que punto pesa los sefardí en su literatura?

“Es muy importante porque cuando formas parte de una minoría pretendes incorporarla al mundo en general. A veces lamento el peso que tiene esta reflexión sobre Sefarad porque casi es un compromiso, parece que quieres explicarte por pertenecer a un grupo minoritario. Cuando a Albert Cohen lo llamaron judío en una calle de Marsella se pasó la vida escribiendo para explicar quién y de dónde venía. En mi caso, a veces siento ese peso pero creo que me he liberado ya de él porque lo que escribo ahora refleja la realidad actual. Me siento comprometida con algo que tiene que ver más con lo que vivo hoy y menos con el pasado”.

- ¿Qué significa España para los sefardíes?

“Es fundamental. Cuando se formuló la Ley de Nacionalidades muchos sefardíes solicitaron el pasaporte español como un símbolo. El escritor francés sefardí Pierre Assouline pidió la nacionalidad española como un símbolo. Assouline es autor de un libro, Volver a Sefarad, en el que cuenta su peripecia para solicitar el pasaporte como si fuera eso, un símbolo. Otro escritor que lo ha solicitado por lo mismo es Edgar Morin”.

- ¿Y qué significa para usted Albert Cohen, escritor a quien dedicó un ensayo?

“Fue como un hermano literario. Cuando empiezas a escribir buscas modelos, referencias. Albert Cohen me encantó al principio pero luego me dejó de gustar y ahora me vuelve a gustar. Albert Cohen representa muy bien el mundo sefardí, a veces exagerado, melancólico, distante y racional en otros. Reconozco en su obra a familiares y gente que conocí y un mundo que me rodeaba que refleja muy bien en sus obras. Me gusta mucho su humor y como caricaturiza lo que le rodea y la manera que tiene de representar algo que acaba más o menos en su tiempo: el conflicto de ser judío en occidente. Albert Cohen comenzó a escribir muy pronto y terminó muy tarde y durante ese proceso incorporó cosas. Sus personajes reflejan a la intelectualidad judía de su tiempo como algo muy importante”.

-¿Qué escritores sefardíes recomendaría para iniciarse en estas literaturas?

“Destacaría, entre otros nombres a Jacobo Israel, que está escribiendo una historia de los judíos que pasaron por España como Margarita Nelken y Max Aub que si bien no fueron judíos sí que lo fueron al formar parte de Sefarad que significa España”.

- ¿Qué libro cree que es el mejor para iniciarse en la lectura de la obra de Esther Bendahan?

“Recomendaría que comenzasen con Tetuán, editado en Confluencias. Se trata de un libro pequeño en el que su editor depositó mucho cariño. Es una obra fácil de leer que te lleva a un viaje de ida y vuelta”.

- ¿En qué está trabajando ahora?

“Estoy trabajando en varias cosas. Una de ellas es un libro, La autora, que propone una reflexión sobre el arte y que se plantea como una auto ficción en la que escribo sobre los vínculos que se establecen con una obra de arte y los conflictos que genera a la hora de establecer prioridades, más cuando se escribe y se tiene la obligación de guardar silencio”.

- Y por último, ¿considera que los españoles miran de otra forma a los judíos?
“No, si bien hay de algún modo una cierta diferenciación aunque el otro está cada vez más incorporado, integrado. La situación se ha normalizado. Jacob Hassan decía que ser sefardí significa pertenecer a una región de España solo que sin un territorio transversal y sobre esa idea he intentado trabajar siempre”.

SEFARDÍ Y ASKENAZÍ

Las diferencias que existen entre sefardíes y asquenazíes son mínimas, explica Esther Bendahan Cohen, aunque “para otros sean abismales”, añade.

Entiende que su cultura participa tanto de la literatura de Elías Canetti como de la de Isaac Bashevis Singer porque se nutre de ambos. Al margen de literatura, las diferencias son de vivencias y lugares. Unos se fueron a vivir a España y otros a Alemania y resultado de ello fue el ladino para los judíos de origen español y el yiddish para los de origen alemán aunque “la lengua es hebrea solo que entremezclada”.
Hay diferencia también en los sabores, los sonidos y las tradiciones. “Si oyes oraciones en sefardí reconoces en ella algo del flamenco y de español y de árabe pero sefardíes como asquenazíes celebramos las mismas festividades”. Israel ha creado una nueva tradición que une a sefardíes y asquenazíes aunque aún hay gente que afirma que las separaciones entre ambos son profundas”

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Juancho García

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Leonardo Padura, Alfonso Armada, Asha Ismail y José Manuel Peruyera, Premios Periplo 2019

Domingo, Octubre 20th, 2019

Periplo, el Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras del Puerto de la Cruz regresa esta semana a las calles y plazas del barrio de La Ranilla. Además de las charas y debates con los invitados, la organización ha apostado este año con entregar cuatro premios Periplo con lo que rendir homenaje a personalidades que hacen del mundo del viaje un arte.

El primer galardonado de este año es el cubano Leonardo Padura. El escritor, también periodista y guionista, que sigue viviendo en Cuba y relatándonos cómo es la vida en esa isla se presenta en Puerto de la Cruz como defensor de una cultura vivamente enraizada con la vida y el destino de una isla que permanece con voz propia en los corazones y el alma de miles de isleños y referencia para explicar la idiosincrasia única de Cuba.

También se ha hecho merecedor de este premio el periodista asturiano Alfonso Armada. Armada tiene una producción febril de sus viajes siempre con un pie en el continente africano, ese gran desconocido que ya no lo es tanto si profundizamos en la obra del escritor que también visita Puerto de la Cruz esta próxima semana.

Asha Ismail es otra de las galardonadas con el Premio Periplo. La activista keniata fundó en 2007 la asociación Save a Girl Save a Generation cuya misión es acabar con la mutilación genital femenina, el sistema de dotes, el matrimonio forzado y otros abusos contra las mujeres en África y Asia. Ismail fue incluida en la campaña Valiente de Amnistía Internacional, puesta en marcha en mayo de 2017 y cuyo objetivo es aumentar el reconocimiento y la protección de las personas que defienden los derechos humanos en el mundo.
Alfonso Armada

Y, por último, José Manuel Peruyera. Superviviente del holocausto nazi, el asturiano, hijo de republicanos, vio cómo la Guerra Civil española le dejaba sin familia cuando era un crío. Con apenas 14 años fue internado en los campos de concentración de Buchenwald y Mauthausen. En este último campo de exterminio, el joven tuvo el macabro cometido de seleccionar y distribuir las joyas y dentaduras de oro de los judíos que habían sido liquidados en los crematorios. Actualmente vive en Las Palmas de Gran Canaria.

Los premios Periplo se instauraron en la edición de 2018 con el objetivo de reconocer la trayectoria profesional y humana de personas que participan del espíritu y los valores de este festival dedicado a la literatura de viajes y aventura.

Un encuentro para comunicar la experiencia transformadora del viaje, el amor a la literatura y el descubrimiento de otras culturas, en ocasiones no tan lejanas, que quiere enlazar con la propia esencia de la ciudad donde se celebra. El Festival Periplo rescata esa imagen de Puerto de la Cruz como enclave pionero en la ruta de los primeros viajeros, y también turistas en el sentido moderno del término, y como referente de vanguardia en la vida cultural de las islas Canarias.

En esta línea, la organización considera que las personas premiadas en esta segunda edición son ejemplo a seguir y faro en sus ámbitos respectivos, merecedores todas ellas de esta distinción honorífica.

El premio es una creación de la artista Patricia Delgado, diseñado especialmente para esta distinción.

La historia del Cementerio de San Juan, La Laguna

Viernes, Octubre 18th, 2019

El periodista y escritor Benjamín Reyes desentierra los secretos bien guardados del camposanto de San Juan en un libro en el que estudia su historia desde 1814 a 1983.

El cementerio lleva el nombre de San Juan “porque la primera persona que se enterró en el camposanto de La Laguna fue Juan Rodríguez Toste, el 4 de julio de 1814”. 

Reyes explica que este nombre continúa una tradición popular en aquel entonces que consistía en denominar al cementerio como la primera persona enterrada en él. La tradición comenzó con el de San Rafael y San Roque en Santa Cruz de Tenerife.

Con este libro, el periodista pretende no solo contar la historia de un cementerio en el que honrar “a nuestros antepasados” sino también para descubrir “nuestra historia”, dice.

A través de este relato se pone al lector en situación ya que describe cómo era la sociedad lagunera del siglo XIX. Una sociedad, destaca, “profundamente religiosa, muy jerarquizada, donde el 87% de la población era analfabeta y la enfermedad más común “se ignora, porque se desconocía la enfermedad que lo había llevado a la muerte” . En esta línea, Benjamín Reyes afirma que se desconoce de que murió el 25 por ciento de todas las personas que fueron enterradas en el siglo XIX.

El escritor y periodista aprovecha este libro para explorar con datos otros aspectos relacionados con la cultura de la muerte en la ciudad de los Adelantados. Escribe así sobre las procesiones fúnebres en las que el finado era trasladado desde la iglesia o casa mortuoria al camposanto en una tartana tirada por caballos. Costumbre que dejó de hacerse a raíz de una epidemia de gripe, al prohibir en 1843 “el toque fúnebre de camposanto y el trasiego de procesiones de cadáveres por las calles”. Esta decisión generó tensiones entre la autoridad civil y la eclesiástica, ya que la Iglesia Católica se resistió a aceptar la nueva normativa al considerar que vulneraba sus derechos.

A modo de ejemplo, Benjamín Reyes alude al caso del presbítero Felipe González, quien sí contó con una procesión fúnebre que desafió la prohibición mientras se dirigía a la iglesia de La Concepción.

Entre otros defensores de la creación de un camposanto en La Laguna se encuentra el doctor Domingo Saviñón tras la epidemia de gripe de 1807. Tuvieron que sucederse otras epidemias como las de fiebre amarilla de 1810 y la de viruela de 1812 para que se hiciera realidad el proyecto del primer cementerio lagunero, ciudad que por aquel entonces contaba con 9.672 habitantes.

Adquirida la finca para construir el camposanto de San Juan fue necesario trasladar a lugar más conveniente el molino harinero de viento allí instalado, relata Benjamín Reyes, quien añade que hasta finales del siglo XIX podemos encontrar vestigios de estos molinos en La Laguna.
 
La ermita de San Juan Bautista, anexa al camposanto se construyó al finalizar una epidemia de peste bubónica que acabó con la vida de casi 6.000 personas (muchas de ellas están enterradas bajo la ermita).

Una década antes otra epidemia de peste bubónica costó la vida a 9.000 personas. Se tratan de dos de las epidemias más feroces que ha sufrido Tenerife, y fue tanta la devastación que las gente sencillas creían que más que una enfermedad se trataba de un castigo divino.

Entre las curiosidades que ofrece una obra netamente divulgadora fue el descubrimiento durante la investigación un registro de elefantiásicos que data de 1853. En él aparece un listado de diez personas que padecieron esta enfermedad que produce un engrosamiento de las extremidades inferiores.

La obra cuenta además cómo al llegar al máximo de su capacidad, el último enterramiento del antiguo cementerio de La Laguna se celebró el 25 de enero de 1983. El finado se llamaba Anselmo Pardo Hernández y en total, asegura Benjamín Santana, allí se encuentran “unas 55.000 almas inhumadas”.

Tres días después de su cierre, se inauguró en La Laguna el camposanto de San Luis, que se llama así porque “la primera persona inhumada era Luis López Marrero”.

Saludos, se acerca la Noche de Todos los Santos, desde este lado del ordenador

Comunistas en Canarias y profesiones y oficios en tiempos de Magallanes

Jueves, Octubre 17th, 2019

Ignacio Reyes García es el autor de Canarias en el ideario comunista (1931-1936) (Le Canarien, 2019), libro que presenta este jueves, 17 de octubre a las 19 horas, en la Cafebrería Tifinagh, en La Orotava.

El autor estudia en el libro cómo la configuración actual de la sociedad canaria se inició en el último tercio del siglo XIX con la penetración del capitalismo en el agro isleño. “Una transición hacia la modernidad que muy lejos de disolver o atemperar el régimen colonial establecido con la conquista europea en el siglo XV, utilizó este sistema de explotación para maximizar sus condiciones de realización en el archipiélago, acentuando la pauperización y expropiación de las clases trabajadoras”.

Ignacio Reyes analiza En Canarias en el ideario comunista esa realidad y analiza la trayectoria de dos de los más notables representantes del movimiento comunista en las islas: el maestro palmero José Miguel Pérez y el ingeniero gomero Guillermo Ascanio.

Enrique Carrasco es autor de un libro que rinde homenaje al 500 Aniversario de la Primera Circunnavegación de la Tierra. Se trata de un ejemplar de cien página y cincuenta ilustraciones a color que lleva por título 1519: Profesiones y oficios en tiempos de Magallanes (SoloCanarias, 2019).

Profesor de la Universidad Europea de Canarias, Enrique Carrasco rinde homenaje al 500 Aniversario de la Primera Circunnavegación de la Tierra.

Saludos, hoy por hoy, desde este lado del ordenador

Y si Nelson hubiera vencido…

Miércoles, Octubre 16th, 2019

Si algo hay que reconocer en Félix Díaz González es su constancia y lealtad a un género como el de la ciencia ficción escrito con acento canario.

A semejanza del gaditano Tomás Felipe, que centra sus cuatro novelas publicadas en distintos escenarios de las islas (Gran Canaria, Tenerife y El Hierro) en clave de anticipación y fantástico, Díaz González se ha mantenido más fiel a las constantes de un género que gana seguidores dentro y fuera del archipiélago, y al que ahora se suman escritores veteranos como novatos. Entre los veteranos se encuentran Víctor Conde, pseudónimo de Afredo Moreno Santana, y Leandro Pinto, éste último más escorado hacia los fantástico y terrorífico que lo estrictamente de ciencia ficción.

Hay numerosos subgéneros en el proceloso río de la anticipación. También una legión de escritores a los que en su momento elogió un fantástico escritor fantástico como fue Jorge Luis Borges al prologar la edición en español de Fahrenheit 451. El problema surge cuando el purista del género, que los tiene como cualquier género, pone el grito en el cielo al no creer que Ray Bradbury sea un autor de ciencia ficción por muy futuristas y distópicas que sean algunas de sus obras. Quien les escribe tampoco considera demasiado de ciencia ficción un escritor como Bradbury pero lo mismo le pasa con otros grandes clásicos del género.

En ciencia ficción es posible encontrarse con historias de aventuras espaciales, de telépatas, de contacto con inteligencias extraterrestres, de invasiones alienígenas y de viajes a través del tiempo, entre otros temas.

Kronos. Viajes por el tiempo y por el espacio, la nueva novela de Félix Díaz González se apunta a este último subgénero, dando como resultado una obra curiosa e ingeniosa en muchas de sus partes.

El libro no llega a las doscientas páginas y en él se intercalan varios capítulos sobre diferentes visitas al pasado que protagonizan los tripulantes de Kronos, una nave de pasajeros entre los que se encuentra un canario, natural del Puerto de la Cruz. Los viajes en el tiempo siempre han estado de moda dentro de la literatura de ciencia ficción, H.G. Wells fue uno de los pioneros en dar con una máquina original que transportara a sus ocupantes al futuro. Un futuro bastante triste el que retrata Wells, y en el que presenta como alegoría dos razas humanas: las de los eloi, que viven en un mundo aparentemente feliz, y los morlocks, que moran bajo tierra donde trabajan “aparentemente” para los eloi.

Mark Twain había jugado también con el viaje en el tiempo, solo que al pasado, en su divertidísima Un yanqui en la corte del rey Arturo y Poul Anderson estableció las bases de un equipo de policía que velara porque lo que conocemos siguiera siendo eso, lo que conocemos de nuestra Historia en La patrulla del tiempo, novela que inspiró la serie de televisión El ministerio del tiempo.

En la novela de Félix Díaz el viaje en el tiempo es resultado de un accidente, accidente que hace que la Kronos salte de época en época provocando turbulencias y cambios radicales en la historia tal y como la conocemos.

El episodio más interesante del libro hace retroceder y avanzar a sus protagonistas. Se tropiezan así con guanches y con la marina británica que navega para atacar la bahía de Santa Cruz de Tenerife.

En este último episodio, alguien hace entrega a los británicos de los planos correctos de la plaza con el fin de que el ataque sea un éxito ese verano de 1789.

Y resulta un éxito por una serie de motivos que invitan a leer la novela.

En otros capítulos, los protagonistas y de su mano el lector, viajará a una capital de provincias que se llama Kingston, antes Santa Cruz de Tenerife. No profundiza sin embargo el escritor en esta realidad alternativa aunque hace un esbozo creíble de algo que no pasó.
El libro contiene otros saltos temporales y cuenta con una misteriosa maleta que sirve a modo de interesante anticipo de un relato original que se bifurca.

Kronos se lee con sumo interés y se agradece que detrás haya un escritor que disemina ideas a medida que avanzan las distintas historias que lo vertebran. La novela se lee con agrado y si tiene alguna pretensión es la siempre agradecida voluntad de entretener.

Saludos, aquí, asándonos al calor de Venus, desde este lado del ordenador

Antonio López Ortega: “La ideología siempre ha comprometido la libertad de creación”

Martes, Octubre 15th, 2019

La segunda versión (poesía reunida) del poeta y escritor venezolano Guillermo Sucre se trata de un libro recientemente editado por Pre-Textos en su colección La cruz del sur. La edición está al cuidado del escritor Antonio López Ortega, quien trabajo estrechamente junto al poeta en un libro que recupera la voz de uno de los representantes más destacadas de la conocida como generación del 58.

- ¿Cómo fue trabajar con Guillermo Sucre?, ¿qué criterios emplearon en su trabajo en común?

“Aparte de un par de entrevistas hechas al comienzo del trabajo, tuvimos que comunicarnos por correo electrónico. En los proyectos literarios venezolanos de hoy estamos acostumbrados a incluir el factor distancia: no hay otra manera con el país quebrado que tenemos. Afortunadamente, pude contar con un manuscrito que él llegó a revisar. Todos sus libros de poesía estaban agotados; por lo tanto tuvimos que transcribirlos, lo que siempre es delicado porque amplía el margen de erratas. Guillermo hizo leves ajustes en su libro Mientras suceden los días (1962) y eliminó algunos poemas en Serpiente breve (1977), por sentirlos un poco vanidosos. Yo no estuve muy de acuerdo con esto último, porque es uno de sus libros más extraños, y por lo mismo interesante, pero al final privó su criterio. Aparte de esto, el libro que publicamos recoge toda su obra poética”.

- Sucre pertenece, junto a otros poetas venezolanos, a la Generación del 58. ¿Cuáles son las constantes de este grupo y qué papel tiene dentro de ella Guillermo Sucre?

“La Generación del 58 fue esencialmente renovadora. Hay que tomar en cuenta de que su surgimiento coincide con la recuperación democrática del país. Eran momentos de reafirmación y de franca apertura. En el campo literario, surgieron al menos tres importantes agrupaciones: Sardio, El Techo de la Ballena y Tabla Redonda, unas más extremas que otras. Al primero de estos grupos perteneció Guillermo Sucre, junto con Salvador Garmendia, Elisa Lerner, Ramón Palomares, Luis García Morales y otros más. Esta Generación logró una puesta al día de la literatura venezolana. Es decir, a partir de allí no hubo desfases con ninguna corriente o influencia de la literatura occidental. Los escritores del momento eran muy exigentes con los otros y consigo mismos. La crítica, como ejercicio, formaba parte del dispositivo necesario para escribir. Por tradición histórica y cultural, Octavio Paz llegó a decir que la literatura hispanoamericana era una literatura sin crítica. Pues bien, yo creo que esos fueron años en que el ejercicio crítico era consustancial al propio acto de creación.
Guillermo Sucre fue la figura inspiradora de Sardio, quizás porque ya para entonces era un gran pensador de los procesos literarios. Destacaba ya como un gran ensayista, aunque en paralelo escribía poesía. Desde Sardio también defendió la refundación democrática del país, sin dejarse cautivar por los influjos de la Revolución cubana, que ya cautivaba la mente de muchos jóvenes. Todo lo que fuera “literatura comprometida” ya alertaba a los “sardianos”, quizás porque la ideología siempre ha comprometido la libertad de creación.

- Qué características definen la poesía de Guillermo Sucre?

“Es una poesía de la observación profunda de la realidad, es una poesía que desentraña la materia a fuerza de analogías: esto es aquello. No es una poesía subjetiva (el yo brilla por su ausencia) sino una poesía de la inmanencia, del ser. Sí hay una consciencia del paso del tiempo, que definitivamente va acumulando ruina. El poeta esgrime una imagen que me impresiona: habla de las “escamas del tiempo”, dando a entender que el eterno conteo es tanto físico como metafísico. Somos peces que nadamos en un mundo abisal, perdiendo las escamas en cada uno de los tropiezos que tenemos. También es una poesía que ha buscado siempre la transparencia, como punto opuesto a la condición humana, que es siempre misteriosa y oscura. Por transparencia debemos entender un ascenso, una elevación. En la tradición aristotélica, el yo está atrapado por el pensamiento: no somos lo que somos, sino lo que pensamos. Por lo que apostar al ser, así sea por tanteos, nos acerca más a la revelación”.

- ¿Y qué características piensa que lo define como persona?

“Es una persona recatada, reservada. No se presta a la figuración y es opuesto a cualquier signo de vanidad. Se ha volcado a la docencia desde muy temprana edad, y también a grandes empresas culturales. Su opinión fue definitiva cuando se creó Monte Ávila Editores, en 1967; y también cuando se fundó el Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Simón Bolívar de Caracas, hacia 1975. Coordinó las obras completas de Mariano Picón Salas y también el equipo de investigadores que editó la Antología de la Poesía Hispanoamericana Moderna. En los últimos años se le han rendido homenajes y conferido doctorados Honoris Causa, que el maestro ha recibido más por deferencia que por convicción. El país ha respondido tarde ante una de sus grandes figuras literarias, pero al menos ha respondido. Su tenacidad, capacidad de trabajo, nivel de exigencia y compromiso moral lo ha rodeado de discípulos y seguidores, que hasta en años recientes han asistido a sus seminarios”.

- ¿Sigue siendo un poeta de culto?

“Se ha convertido en un poeta de culto, en parte, porque ha publicado poco y sus obras no se han reeditado: hablamos de seis títulos con pie de imprenta en los años 1961, 1970, 1976, 1977, 1988 y 1990, y además en ciudades distintas: Caracas, Buenos Aires, París, Sevilla y México. El hecho de que fuera un notable ensayista y crítico, reconocido a nivel hispanoamericano, volvía a su poesía más misteriosa, porque casi nadie la podía leer. Así que la compilación que hemos preparado de toda su obra poética bajo el título La segunda versión (Pre-Textos, 2019) viene a saldar una deuda importante. Sucre era un autor que, bibliográficamente, no existía, y ahora hemos recuperado su obra para el lector iberoamericano”.

– ¿Qué cree que encontrará el lector en la poesía de Guillermo Sucre?

“Va a encontrar a un gran poeta, y en gran medida desconocido. Va a encontrar una voz singular, pura, que no duda en ir a fondo para luego subir a la superficie. En el marco de la venezolana Generación del 58, la obra de Sucre, aunque breve, debe equipararse con la de Cadenas, Palomares o Montejo. Y en el ámbito más hispanoamericano, también puede ser una revelación. El hondo tratamiento del lenguaje, la pulsión metafísica, la lucha contra el ocaso del tiempo, la conciencia de que las palabras son talismanes, la musicalidad de sus versos escalonados, el amor que vive al descampado y llega a unir cuerpos con árboles, son algunas de las señales que esta poesía va marcando, o quizás absorbiendo.Un poema como “A la intemperie”, por ejemplo, logra una sorprendente fusión entre lo que se escribe (fondo) con cómo lo escribe (forma), coronando en una imagen única: “Dejas caer tus párpados/ y por un instante/ en el trasfuego/ del día/ cae la sombra/ sobre tu rostro/ mientras cae/ la mano de la lámpara/ sobre/ el papel que escribo/ buscándose/ y buscando/ en la caligrafía oscura/ la transparencia”.

- Además de su producción poética, Guillermo Sucre es un reconocido ensayista. ¿Qué destacaría de ensayos como Borges, el poeta y La máscara, la transparencia?

“De Borges se valoró siempre su narrativa, y no tanto su poesía, que el argentino consideraba esencial para entender todo lo demás. Pues me parece que Sucre, con su ensayo publicado en 1964, inicia el reconocimiento de su obra poética. Luego vendrían otros estudios importantes, que reforzarán la misma tesis. Borges es el enorme narrador que es porque en los inicios fue y siguió siendo un gran poeta. Todos sus juegos con el tiempo, todas sus espirales y jardines, todas las inquietudes filosóficas que advertimos en sus relatos, ya estaban presentes en su poesía. Sucre no sólo recuerda eso, sino que también refleja las relaciones de la poesía borgeana con la tradición poética hispanoamericana. El caso de La máscara, la transparencia es aún más admirable, quizás porque el desafío que se propone es mayor. Su estudio fue elogiado, entre otros, por Octavio Paz, y en gran medida por mostrarnos un diagrama de las influencias recíprocas que operaban en la moderna poesía hispanoamericana. Quizás hasta entonces no veíamos ese cuerpo como un mapa, sino como un archipiélago. Si algo logra Sucre es cambiar nuestra lectura del conjunto y hacernos entender que se trata de una sola trama, en la que podemos ver múltiples relaciones. Hay una continuidad y una ilación; ningún poeta o ninguna obra poética se pueden explicar por sí mismos, sino en función de una tradición, y me parece que ese punto de vista sigue vigente hasta hoy: la poesía hispanoamericana es una sola”.

- Y qué protagonismo juega en la critica literaria y qué señalaría de Guillermo Sucre como crítico y ensayista?

“Como crítico siempre ha sido agudo, consistente y exigente. Consideraba también que toda creación debe llevar su componente crítico, pues este es un legado de la modernidad. Desde muy joven, ya ejercía la crítica en reseñas y artículos, y no era nada complaciente. Digamos que siempre decía lo que pensaba, en un medio cultural acostumbrado al elogio fácil. Sucre instauraba un cierto rigor, que a la vez era una exigencia: el creador debía dar lo mejor de sí mismo, debía buscar la autenticidad. Como ensayista, su prosa era elegante, reflexiva, sustanciosa. Desplegaba un método discursivo que siempre iba interrogando, como quien aclara dudas. En su estilo reflejaba un hábito pedagógico: ir despejando la maraña significante hasta lograr nociones o respuestas claras, diáfanas. Quizás el manejo de la poesía le permitía recurrir a las metáforas para aclarar las dudas. Si el razonamiento se agotaba in extremis, una imagen poética podía surgir para arrojar luz sobre la materia oscura”.

- ¿Qué significa la Generación del 58 a los integrantes, como usted, de la Generación del 78?

“Para mi generación, los del 58 eran como nuestros mayores, nuestros padres. Eran los que nos antecedían, y los teníamos muy cerca. Se trataba de una generación prodigiosa, como pocas en el siglo, y nosotros fuimos los primeros en acoger ese legado. Los poetas eran extraordinarios: Cadenas, Montejo, Palomares, Silva Estrada, Sucre, Calzadilla, Pérez Perdomo, García Morales, Barroeta; pero los narradores no se quedaban atrás: Garmendia, González León, Lerner. Con todos ellos nos relacionamos, y a todos ellos les debemos mucho. A ellos les tocó adelantar las manecillas de nuestro reloj y ponerlas en horario planetario. A partir de ellos nuestro conocimiento de la literatura universal no podía permitirse lagunas”.

- En Venezuela las relaciones entre generaciones ha sido siempre generosa y abierta. No es el caso en otros países, donde lo habitual suele ser matar al padre. ¿Por qué ocurre esto?

“Volviendo a la Generación del 58, a través de sus plataformas grupales o de sus publicaciones se generaban polémicas interesantes. Todavía en los años 80 vimos algunos intercambios sonoros entre agrupaciones. Pero hasta allí. Estas últimas cuatro décadas han sido de convivencia entre promociones: los jóvenes respetan a los mayores, y los mayores reconocen a los jóvenes. No creo que en el pasado nos haya caracterizado la virulencia o la confrontación, al menos no en el plano cultural. En eso nuestra tradición se diferencia de la mexicana o argentina, donde las guerras llegan a ser fratricidas. Creo que en los años que van de este siglo, la armonía ha sido aún mayor: no tiene sentido forzar divorcios cuando el país se sumerge en la desgracia. La actitud de los escritores ha sido unirse, sumando voluntades y hallando causas comunes. Todo el mundo responde al más ínfimo de los llamados”.

- ¿Venezuela es tierra de poetas o de narradores?

“Es una pregunta que siempre nos hacen, y que es difícil de contestar. Creo que al cierre del siglo XX podemos percatarnos de que la nuestra ha sido una gran poesía, con maestros indiscutibles en todas las décadas. Una deuda importante sería cómo proyectar ese cuerpo plural a otras audiencias, porque la poesía venezolana merece una relectura iberoamericana, para dar cuenta de que ese corpus no tiene nada que envidiarle a las grandes del continente. El caso de la narrativa es más complejo, porque deberíamos separar novela de cuento. El cuento en Venezuela alcanza un gran nivel desde los años 40, y lo sostiene hasta este comienzo de siglo, con piezas memorables y narradores que sólo se han abocado al llamado género menor. La tradición es fuerte y los cuentistas se suceden año tras año. El cultivo de la novela, en cambio, requeriría mayor análisis, porque es indudable que contamos con grandes novelas, desde Gallegos hasta Balza, pero no con una producción estable. Hemos tenido décadas muy significativas y otras que no lo han sido tanto. A la luz de estas variaciones, deberíamos aprovechar el cierre del siglo XX para hacer un buen balance crítico de la novela venezolana y alcanzar unas conclusiones que aún no tenemos”.

- Una de las líneas de investigación de Antonio López Ortega es la poesía pero, sin embargo, no es autor de poemas, ¿por qué?

“No escribo poesía porque nunca me he considerado poeta, pero sí la leo y la valoro mucho. Para mí es el género literario por excelencia: no hay como un poema bien logrado para entender el hondo valor de la literatura y de la lengua. Al no poder escribirla, pero sí leerla, de manera natural se me ha abierto toda una línea de ensayos, investigaciones y compilaciones que dura hasta hoy. El acento lo he puesto en la poesía venezolana, compilando las obras reunidas de Alejandro Oliveros, Yolanda Pantin, Igor Barreto, Guillermo Sucre y, hacia el fin de año, Eugenio Montejo. Esto sin contar un reciente trabajo que he editado junto a mis colegas Miguel Gomes y Gina Saraceni: la antología Rasgos comunes, que es una compilación de poesía venezolana del siglo XX. En tiempos pasados, junto a las poetas Yolanda Pantin y Blanca Strepponi, mantuvimos una hermosa aventura editorial llamada “Pequeña Venecia”, que en la década de los años 90 llegó a publicar cien títulos de poesía. Allí no sólo incluimos a venezolanos e hispanoamericanos, sino que también acogimos un significativo número de traducciones, algunas de poetas que hasta entonces no se conocían bien en castellano: Delmore Swartz, Sylvia Plath, e. e. cummings, Sharon Olds, Gottfried Benn, entre muchos otros”.

FIRMA FOTO: Sergio Méndez

Saludos, ¿captan?, desde este lado del ordenador