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Fallece el escritor y poeta José Carlos Cataño

Viernes, Agosto 9th, 2019

El escritor y poeta José Carlos Cataño (La Laguna, Tenerife, 1954) falleció en la madrugada de hoy, viernes, 9 de agosto. Cataño, que desde hace años había fijado su residencia en Barcelona, viajó en junio a la isla para presentar un nuevo libro, Obra poética (1975-2007), editado en Pre-Textos y con prólogo de Ana Arzoumanian, por lo que la noticia de la muerte coge a todos los que le conocieron por sorpresa.

En una reciente entrevista publicada en Diario de Avisos, el escritor y poeta manifestaba que era “un poeta sin libros”, aunque apuntaba que siempre estaba escribiendo, poemas en su mayor parte que guardaba en el interior de una gaveta. O cajón.

José Carlos Cataño se había convertido al judaísmo en Marruecos, y mantuvo siempre una relación de amor y odio con Tenerife y por extensión con Canarias.

En su producción literaria se mezcla la novela, con la poesía y el ensayo aunque si se le preguntaba, solía decir que se sentía más poeta que otra cosa. Entre sus poemarios se encuentran títulos como Disparos en el paraíso, El cónsul del mar del Norte, El amor lejano. Poesía reunida, 1975-2005, Lugares que fueron tu rostro y en 2019 Obra poética, 1975-2007, libro que como ya se dijo presentó en Tenerife el pasado junio en un acto que fue presentado por el también poeta y escritor Iván Cabrera Cartaya.

Como narrador fue autor de Madame y De tu boca a los cielos. También de la novela El exterminio de la luz, que escribió junto a Carlos Eduardo Pinto y que firmaron con el heterónimo Pórfido Santos Johns, que obtuvo el premio de edición Benito Pérez Armas en 1974.

Como ensayista destacan los textos Cien de Canarias. Una lectura de la poesía insular entre 1950 y 2000, Casi tal cual. La fotografía de Humberto Rivas y Algunas mínimas de José Carlos Cataño frente al volcán de la isla de Corvo.

José Carlos Cataño fue autor también de una colección de diarios que inició con Los que cruzan el mar. Diarios, 1974-2004 y que continuó en De rastros y encantes, La próxima vez (2004-2007) y La vida figurada (2008-2009).

Lo entrevisté, y quiero pensar que lo conocí, a raíz de la publicación del segundo de estos diarios. La noche anterior había presentado la obra y después del acto se había ido de cena con un grupo de amigos, por lo que, confesó, se sentía con resaca lo que no fue obstáculo para que se explayara a lo largo de una conversación en la que se habló de literatura, de amistades que él creía traicionadas y de judaísmo, religión que profesaba desde finales de los años setenta.

Respecto a su visión de las islas desde la distancia apuntò que a veces las observaba “con mucho dolor por su nivel político, los casos de corrupción en las instituciones, el falso nacionalismo canario” pero también con agrado “por lo que está haciendo mucha gente joven que desde el punto literario escribe muy bien y cuenta con una formación muy bien armada. Me fastidia mucho que no se conozcan fuera de Canarias el trabajo que hacen. Como me fastidia que no se conozca en la península a poetas como Maccanti y Padorno, entre otros”.

Abro al azar su ya último libro publicado en vida, Obra poética, 1975-2007, y me aparece un poema que en parte sintetiza al poeta y al hombre que fue José Carlos Cataño:

El resentimiento

El resentimiento
No es más que el goce de un anticipo,
Tocar ahora lo postergado.
Entonces no era el momento.
Lo único tangible
La penuria de la carne,
Que vuelve plena en la creencia
De un futuro ya asestado.

José Carlos Cataño: “Si pretendo ser algo es poeta”

Viernes, Agosto 9th, 2019

José Carlos Cataño (La Laguna, 1954) presentó a finales de diciembre en Tenerife La próxima vez (2004-2007), segunda entrega de los diarios que inició con Los que cruzan el mar (1974-2004), y que constarán de dos entregas más si el entusiasmo por esta fórmula en la que puede ser poeta y narrador a la vez, no se extingue en un escritor marcado por un doble, y probablemente premeditado, exilio. Cataño, que además de cultivar la poesía, la narrativa y el ensayo, también ha celebrado exposiciones individuales de dibujos y fotocollages, es autor de El cónsul del mar del Norte, A las islas vacías y Lugares que fueron tu rostro (poesía) y las novelas El exterminio de la luz, que escribió junto a Carlos Eduardo Pinto y que firmaron con el heterónimo Pórfido Santos Johns, que obtuvo el premio de edición Benito Pérez Armas en 1974; Madame y De tu boca a los cielos, entre otros títulos. Desde enero de 2009 es miembro honorario de la Academia Canaria de la Lengua.

- Poeta, escritor…

- Yo creo que soy poeta. Un poeta que ha hecho incursiones en narrativa y la novela donde he sintetizado mi relación con la isla aunque la pulsión por la prosa la tengo ahora encauzada hacia los diarios porque es un género que te permite la reflexión psicológica, el poema y el pequeño relato ya que un diario no deja de ser pequeñas historias de un día. No creo que sea novelista por lo que en todo caso, y si se me permite, soy narrador.

- En los diarios que lleva publicados añade algo de ficción o solo reflejan su percepción de la realidad.

- Creo que toda escritura es subjetiva así que mis diario son una reflexión de lo que me pasa pero no diariamente porque hay días que resultan insulsos. Quiero decir con esto que no soy una persona que anota algo todos los días porque muchos de esos días y muchas de esas notas carecen de interés. Mis diarios recogen las vivencias de un día que pasa a convertirse en algo en el que cualquier lector puede verse reflejado y que en principio es mi vida. Sí admito que en Los que cruzan el mar hablo de cosas más cotidianas pero con la edad hay días en los que no saco nada porque no me dicen nada, pero en estos diarios no hay ficción sino el esfuerzo por buscar una estructura en la que existe un principio, un desarrollo y un final.

- ¿Qué le animó a publicarlos?

- Cuando publiqué Los que cruzan el mar me sentía bastante aislado los primeros años en Cataluña y yo siempre he estado muy vinculado al paisaje de las islas porque soy canario, así que cuando escribo el diario es para resarcirme de los ninguneos, del hecho de estar solo, lo que hace evocar y que hable constantemente de las islas. Estas impresiones me la transmitieron además algunos lectores, que me preguntaban la razón de que escribiera tanto sobre Canarias y de ese empeño por recrear sus paisajes, aunque con los diarios reunidos en La próxima vez me he vuelto más correcto.

- ¿Más correcto?, ¿por qué?

- Hay un poeta de aquí que no sale muy bien parado en mis diarios, aunque éste no se ha dado cuenta que un diario es una impresión y no son dogmáticos. Cuando se publicó Los que cruzan el mar se me criticó no por el lado literario sino personal y más tarde me fui enterando de algunas cosas que ese mismo poeta estaba haciendo como impedir que se publicase mi poesía reunida porque ese poeta dijo que Cataño no existe y hacer lo que se ha hecho conmigo es de mafiosos.

- Y todo esto viviendo usted en Cataluña.

- Sí, vivo en Cataluña pero estoy al margen porque no soy catalán ni hablo catalán, por lo que no existo. También en España aunque en Canarias, y de momento, digamos que aún estoy pero eso no evita los vetos que recibo de las editoriales y que por ello a veces me sienta como un personaje de Kafka.

- ¿Es tan poderoso ese veto?

- Mucho. Y entiendo que esa persona tiene derecho a la réplica pero una réplica a nivel literario pero no a pasar la consigna a sus secuaces de aquí, Madrid y Barcelona de que a Cataño ni agua porque eso es para denunciar y pienso hacerlo en un libro porque me parece tremendamente fuerte.

- No he tenido la oportunidad de leer lo que escribió sobre ese poeta pero imagino que tuvo que ser muy duro.

- Fue una opinión del día tal y del año tal en unos diarios donde muestro también mis miserias y me expongo con la carne abierta aunque hay una serie de autores como ese poeta por ejemplo, que me parece un impresentable en muchos aspectos porque es un trepador que incluso ha traicionado los principios que defendía cuando lo conocí en Barcelona, cuando contaba con unos principios que estaban muy bien armados pero con su evolución posterior me dije a mi mismo que la poesía no era eso. No era eso me refiero a necesitar que te aplaudan o que te den un premio o que te hagan hijo adoptivo. Así que lo que me fastidia es que esa persona que va de puro haga precisamente eso. A mi no me digas que solo te interesa la literatura y la poesía cuando estás todo el día trajinando con la agenda para escalar e incluso vetar, como ha sido mi caso.

- ¿Esa explica que en La próxima vez se haya vuelto más correcto políticamente hablando?

- He madurado. Es decir, para que voy a perder el tiempo con esas cosas. En el segundo y tercer volumen volveré de todas formas a los orígenes aunque ya no tengo la inquietud de la juventud.

- Algunos dirán que se ha vuelto más cauto.

- No, no es cautela, es que ya no estoy tan pendiente de determinadas personas. Soy consciente de la cultura en la que vivo porque en una cultura como la francesa o la alemana unos y otros se pueden decir cosas y hay libertad para opinar pero en España, y recomiendo la lectura de El cura y los mandarines, de Gregorio Morán, no. Yo mientras tanto escribo diarios, unos diarios donde creo que debo decir cosas y si eso me granjea enemigos a estas alturas de mi vida no me importa. Es más, me fortalece.

- Pero publicar sus diarios, algo tan personal, revela que usted es una persona sin demasiado pudor.

- En La próxima vez me he cansado de hablar de las noches locas que ya conté en un libro anterior. Así que no son diarios íntimos en el sentido estricto de la palabra sino una mezcla de varias cosas. En La próxima vez escribo más sobre literatura, mi vida, los paisajes que me rodean, por lo que más que una falta de pudor son un grito, solo que ahora he decidido silenciar ciertas cosas porque ya las he contado muchas veces.

- El título de Los que cruzan el mar tiene algo de exilio…

- Me marché de Tenerife en 1974 para estudiar en la península por lo que ahora, es cierto, me siento desarraigado aunque descubrí en el judaísmo de la diáspora no en el sionista, un sistema de vida que se ajustaba a mi, y por eso me hice judío, un judío de la diáspora porque si bien amo a Canarias, aquí ya casi nadie me conoce y en Barcelona, que es una ciudad en la que me siento muy a gusto, no siento que pertenezca a ella. Y ese sentimiento lo conjugo con la filosofía judía que dice que el judío es alguien que se desplaza constantemente y que está en todas partes aunque, por otra parte, defiendo el sionismo porque defiendo Israel aunque no me gustaría vivir en Israel.

- ¿Cómo ve a las islas desde la distancia?

- A veces con mucho dolor por su nivel político, los casos de corrupción en las instituciones, el falso nacionalismo canario, pero también gratamente sorprendido por lo que está haciendo mucha gente joven que desde el punto literario escribe muy bien y cuenta con una formación muy bien armada. Me fastidia mucho que no se conozcan fuera de Canarias el trabajo que hacen. Como me fastidia que no se conozca en la península a poetas como Maccanti y Padorno, entre otros.

- ¿Y por qué no se los conoce?

- Porque lo que no pasa por Madrid no existe. Luis Feria, Juan Pedro Castañeda en narrativa; Isaac de Vega, son tantos los nombres y seguimos siendo como una gente extraña, que no existe más allá de las islas.

- Si no me equivoco, usted intentó poner solución a esto organizando una serie de encuentros de escritores canarios en Barcelona. ¿Qué sucedió con aquella iniciativa?

- Pues que fracasó por razones políticas. El ciclo se denominó El papel de Canarias y tuvo una buena acogida porque se quería conocer nuestra literatura y llevé a Barcelona a escritores como Manuel Padorno, Arturo Maccanti e incluso a Isaac de Vega con la finalidad de presentar la literatura canaria. El ciclo duró tres años pero tras un cambio de gobierno se decidió quitarlo aunque resultara barato, justo en el momento en que estaba suscitando el interés porque el invitado canario lo entrevistaba un escritor catalán. Con todo, pienso que fue una experiencia muy positiva.

- Pero hablemos de resultados, ¿cómo entendían esos escritores catalanes a los escritores canarios?

- Pues me decían que estaban sorprendidos y celebraban su nivel poético y se preguntaban por qué sus libros no estaban distribuidos en la península. Claro que la distribución es uno de los grandes problemas de las islas.

- ¿Y qué son las islas para usted?

- Las islas forman parte de mi ser y si bien decía antes que el Mediterráneo era un charco comparado con el Atlántico, ahora ya no pienso igual porque el mar es igual en todas partes, es universal. Aún así, yo crecí aquí y veo los riscos y se me ponen los pelos de punta porque forman parte de mi educación estética.

- Antes comentaba que habrá nueva entrega de sus diarios tras La próxima vez…

- Está pendiente publicar la tercerea entrega, La vida figurada, que corresponde al 2008-2010 que están esperando un editor…

- ¿Purga mucho sus diarios antes de publicarlos?

- Mucho pero eso es porque cuentan con una estructura novelística y si hay observaciones que a mi no me dicen nada, entiendo que menos para el lector. Hago anotaciones muy primarias y subjetivas que a veces decido eliminar porque no son diarios en el sentido estricto. Los reescribo y me detengo en frases, cambio los verbos.

- Graham Greene decía que no se veía reflejado en ninguna de sus novelas. Que cuando las releía, tenía la sensación de que habían sido escritas por otra persona. ¿Le pasa a usted igual aunque se traten de diarios?

- Hay momentos en que sí, y luego me digo si no será eso atrevido pero un diario no es la vida de un autor porque los diarios parten de tu vida pero no es tu vida. Hay fragmentos en los que no me reconozco, en los que pienso ¿qué he escrito ahí?, pero hay otros en los que me reafirmo y sostengo y si es preciso vuelvo a insistir pero eso sucede incluso en un libro de poesía porque en la medida en que el libro se conforma en un objeto ya deja de ser tuyo y sigues por otro lado.

- Leyendo La próxima vez entiendo que más que un diario son observaciones subjetivas. Que intenta dar razón a su vida, emoción a la rutina.

- Eso es muy bonito. Cuando me fijo en alguien y aprecio que está cansado me llama la atención pero no tanto por la persona sino por lo que entiendo que hay detrás. Igual es un espejo de uno mismo, ¿no? Soy muy pesimista aunque ha vivido muy bien, intensamente, pero tengo una visión –si quieres como la de Pessoa– de tristeza, de que las cosas son inevitables, de que el tiempo pasa y que los amigos se mueren, que te vas quedando solo, la edad… y me pregunto si me queda poco y es inevitable que todo eso se refleje en lo que escribo.

- ¿Cuándo retomará la poesía?

- Por ahora no, pero espero retomarla. Mi último libro de poemas, Lugares que fueron tu rostro, se publicó en 2008 aunque a veces escribo poemas y me gustaría abrir esa gaveta virtual y enfrentarme a ellos porque si pretendo ser algo es poeta.

- ¿Y relatos, novelas?
- Lo he intentado algunas veces pero requiere un esfuerzo que no siento con los diarios porque son microhistorias y hacen que me sienta más cómodo. Tengo, no obstante, una novela pendiente que contar y esa novela es la de mi familia, una novela de iniciación.

(*) Entrevista publicada en las páginas de El Perseguidor, suplemento cultural del Diario de Avisos, el 29 de diciembre de 2014

Adiós al rey, una novela de Pierre Schoendoerffer

Miércoles, Agosto 7th, 2019

Continúa siendo un gran desconocido en España y mucho me temo que sea un escritor olvidado en Francia, país que ha dado notables narradores de aventuras más allá de escuelas y movimientos literarios.

Se llamó Pierre Schoendoerffer y simultaneó a lo largo de su carrera profesional la vida como aventurero, militar y corresponsal de guerra. Veterano paracaidista de la guerra de Indochina y preso tras la derrota de Dien Bien Phu en las cárceles vietnamitas, regresó a la ex colonia francesa para narrar en tercera persona, periodísticamente, cómo los Estados Unidos de Norteamérica se estallaban contra aquel muro de resistencia contra el que años antes se habían aplastado los franceses.

Schoendoerffer se especializó en la literatura bélica con un puñado de trabajos entre los que destaca la novela Adiós al rey, en la que narra el encuentro de un comando británico en la isla de Borneo durante la II Guerra Mundial con un marino estadounidense que se ha convertido en el dueño y señor de las tribus de la zona y al que los británicos invitan a que se una para combatir a lo japoneses. Lo insólito de este encuentro es que finalizada la contienda, el rey se alía con los japoneses que encuentra en sus territorio y que resisten como los últimos de Filipinas contra el ahora invasor ejército británico lo que genera un interesante retrato entre los tres grandes protagonistas de esta historia: el marino que fue rey, el jefe del comando británico con el que combate hombro con hombro para después combatirlo como enemigo, y el oficial nipón que tras ser enemigo, ahora es la mano derecha del señor de esa parte remota de la selva, territorio que pretende que continúe igual de olvidado que antaño con el fin de que sus gentes no pierdan ni su cultura ni sus señas de identidad. Una interesante reinterpretación del Corazón de las tinieblas, también un notable retrato del ocaso colonial a finales de la primera mitad del siglo XX.

Esta novela dio como resultado una película igual de atractiva que la novela, probablemente sea una de las mejores de su director, John Milius y uno de los trabajos más notables de su actor protagonista, Nick Nolte, quien interpreta al monarca de esta historia de héroes reales, de seres humanos en la que se mezclan sentimientos que no son tan contradictorios como el amor a los suyos y al honor en unos tiempos y en una guerra en la que esos ideales ya no funcionan, han quedado caducos.

Si por algo se caracteriza Adiós al rey, la novela y la película de Milius, es que por encima de las naciones, por encima de los países, el protagonista es el soldado que se enfrenta todos los días a la muerte en el campo de batalla. Soldado que se debe a sus camaradas. Una actitud que hoy hace chirriar e incluso tomarse a la broma, pero que marca el carácter de los personajes de este relato que más allá de las escaramuzas bélicas contra japoneses y británicos en las selvas de Borneo, es un canto a la amistad, al respeto de tus compañeros y de los camaradas de armas que luchan al otro lado de la trinchera. Un código de honor que si se traiciona despojará al hombre de todas las cualidades que lo hacen hombre.

Esta y no otra es la principal característica que diferencia la producción literaria de Schoendoerffer de otro gran escritor francés de novelas bélicas post II Guerra Mundial, Jean Lartéguy, este último más radical en sus obras y por supuesto más belicista que el autor de Adiós al rey, quien se preocupa por sus compañeros de armas, por el miedo que se siente al vacío y la soledad de la muerte.

Ya mencioné que el argumento de Adiós al rey recuerda en líneas generales a Joseph Conrad, aunque el escritor francés no conduce a los personajes a su personal corazón de las tinieblas sino que más bien utiliza la hostilidad de la selva y la fiereza primitiva de su guerra para redimir a los protagonistas de un libro que no pierde influencia con el paso de los años, y en el que más que el discurso que propone Schoendoerffer transmite con brillante pulso periodístico los combates contra hombres y contra la misma naturaleza que representa la jungla de Borneo.

Pierre Schoendoerffer, que perdió a su abuelo y su padre en la I y II Guerra Mundial, respectivamente, se convirtió en escritor gracias a las lecturas de las novelas de Joseph Kessel, otro de esos escritores olvidados que cuenta con una prolija producción de novelas de aventuras y viajes, muchas de ellas inspiradas en sus experiencias como enfermero y soldado en la I y II Guerra Mundial, y más tarde como corresponsal de guerra que viajó por medio mundo.

Joseph Kessel fue quien animó a Schoendoerffer a continuar con su carrera, y que formara parte del equipo de filmación en Afganistán de El paso del diablo, película que finalmente dirigió y que dio comienzo a una nueva trayectoria no ya como escritor sino cineasta y en la que cuenta con títulos como Dien Bien Phu, la gran derrota del ejército francés en Indochina, y La sección Anderson, película que recibió el Oscar al mejor documental en 1967, y en la que narra el día a día de un pelotón del ejército norteamericano de exploración por la selva durante la guerra del Vietnam.

La edición que tengo de Adiós al rey está publicado en la legendaria editorial venezolana Monte Ávila en 1970. Se trata de una versión, se anuncia así, de Susana Palermo. El libro se reeditaría años más tarde, a finales de los ochenta, en Versal, con traducción de Juan Gabriel López Guix. Me temo así que hoy resulte muy difícil de encontrar un ejemplar aunque si tienen ocasión de descubrirlo en rastros o alguna librería de viejo y de ocasión, les animaría a que se hiciesen con él porque Schoendoerffer es uno de los últimos grandes escritores de novela de aventuras en el sentido clásico de la palabra.

Después de él, el género no ha vuelto a levantar cabeza, quizá con Paul Theroux y solo a veces, ya que ha terminado siendo absorbido por la literatura de viaje o el reportaje de guerra periodístico.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador

Nombramientos

Martes, Agosto 6th, 2019



Juan Márquez Fandilño
(Las Palmas de Gran Canaria, 1984) estrena responsabilidad como viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias. Una Viceconsejería aquejada en los últimos años de cierto e inquietante inmovilismo y una política de acciones patética, sin rumbo. Alguno podrá achacarlo al dinero, y tambièn, pero sobre todo a la falta de imaginación de los que hasta ahora han asumido tan alta responsabilidad.

Márquez Fandiño ocupa así el cargo que en la Adminstración anterior ocupó Aurelio González, así que hay expectativas de cambio, de cambio bruco de timón y nuevas propuestas y apuestas tras años de vaguedades, quiero y no puedo para estimular la Cultura en una región desvertebrada como la canaria, tan acostumbrada a que se le vaya el baifo.

De formación musical y bastante mucho más joven si lo comparamos con quienes le anteceden en el cargo, Márquez Fandiño tiene la difícil tarea de activar desde el Gobierno eso que llaman Cultura y satisfacer sin peligrosos equilibrios –se espera– a unos y a otros con la toma de decisiones que, deseamos desde este lado del ordenador, no resulten demasiado políticas. El talante debe ser otro. Centrado en la realidad de las cosas con el fin de defender la Cultura. Esa entelequia que él mismo define como “pilar fundamental de cohesión social y desarrollo”.

Bajo sus órdenes actuarán Rubén Pérez Castellano y María Antonia Perera Betancor como directores generales de Cultura y Patrimonio Cultural, respectivamente.

En cuanto al Cabildo de Tenerife Concepción Rivero (Ciudadanos o no) asume las competencias en Educación, Juventud, Museos, Cultura y Deportes mientras que en el Ayuntamiento de la capital tinerfeña Matilde Zambudio (Cs o no) se ocupa de las áreas de Promoción Económica, Sociedad de Desarrollo, Cultura y Patrimonio Histórico además de ser primera teniente de alcaldesa de la capital tinerfeña.

En el Cabildo de Gran Canaria, Guacimara Medina Pérez se encuentra al frente de Cultura. En el Ayuntamiento de la capital grancanaria descansa esta responsabilidad en Encarnación Galván González.

Saludos, veremos, desde este lado del ordenador

Francisco Estupiñán: “Franco usó a la masonería para quitarse enemigos del medio”

Lunes, Agosto 5th, 2019

Francisco Estupiñán recupera un trozo muy importante de ka historia de España en El águila de San Juan, una novela que protagoniza Gerardo Martel, marino y masón canario, al que el conflicto coge en el lado de los rebeldes. Ocultando su pasado como miembro de esta sociedad discreta, Gerardo Martel irá escalando puestos en el régimen franquista durante la Guerra Civil, y más tarde como estado neutral en la II Guerra Mundial, formando parte de los partidarios de la causa aliada frente a los que se declinaban del lado Alemán.

Gerardo Martel asiste en la novela a varios momentos trascendentales de la Historia de España como el británico Plan Pilgrim de invadir Gran Canaria, operación que se congeló y también cómo escapó Carmen Polo de Francoy su hija de Gran Canaria mientras su marido volaba a Marruecos en el Dragon Rapide.

- ¿El protagonista de la novela está inspirado en un personaje real?

“La obra cuenta con tres categorías de personajes. Están los que tienen valor histórico, como los hermanos palmeros González Pérez, Franco o Leslie Howard. También hay, en segundo lugar, personajes reales a los que cambié el nombre por no ocupar páginas en la historiografía. Por último, un tercer grupo de personajes de ficción, como el protagonista, Gerardo Martel; sus familiares y amigos próximos, como el inglés Steward. Por lo tanto, el protagonista es un personaje de mi imaginación”.

- ¿ Porqué el título, El águila de San Juan?

“San Juan, con su evangelio tan mistérico, es de gran importancia tanto para la masonería, que es parte fundamental de la novela, como para la reina Isabel de Castilla, que lo consideraba su protector y tenía en su heráldica el águila que lo representa. Esa águila es la misma del escudo de España durante el franquismo”.

- Gerardo Martel es masón. ¿Hasta que punto cree que fue importante la masonería en Canarias en los años 30 del siglo XX?

“La masonería, la logia Añaza en particular, fue importante en Tenerife hasta la guerra civil. Participaban en ella personajes locales principales e hizo una labor filantrópica destacada, como por ejemplo promover la alfabetización de la población”.

- El personaje tiene miedo de que alguien delate su pasado como masón, sin embargo muchos militares masones se sumaron a los rebeldes. ¿Cómo explica esta contradicción?

“Los militares masones que se sumaron a los sublevados fueron exonerados por sus servicios, pero existía en la posguerra una ley específica de persecución a la masonería y el comunismo. Muchos personajes políticos importantes del régimen se vieron expulsados del poder al aparecer en los archivos de la masonería española de la época. Puede parecer una contradicción, pero está condicionada por el pragmatismo”.

- ¿Y qué cree que sentía realmente Franco hacia la masonería, más cuándo su hermano Ramón fue masón?

“Según Pilar Franco, su hermano siempre se ocupó del bienestar de todos los suyos, aunque Ramón fuera vitalmente bastante estrafalario. Pero su aversión a la masonería era auténtica, por un lado, y un cajón de sastre para quitarse enemigos del medio, incluso en su propio bando. Hay un personaje histórico germanófilo, que aparece en el relato, que ejemplifica esto que digo”.

- Cuenta del grupo canario que rodeó a Franco. ¿Podría hablarnos de algunos de ellos, los más importantes?

“Lorenzo Martínez Fuset, granadino yerno de Benito Pérez Armas, Blas Pérez González y Rafael Díaz Llanos formaron parte del gabinete jurídico del dictador durante la guerra. Eran gente de su confianza. De hecho, hay un libro, Los válidos de Franco, que señala como tales a Martínez Fuset, Blas Pérez y Carrero Blanco, sucesivamente”.

- ¿Cuál fue el capitulo más difícil de escribir, y por qué?

“El último. El cierre de la novela es de recolección. Reaparecen personajes reales de principios de la guerra y la posguerra y se dice qué fue de ellos hasta los años 70. Tampoco fue fácil afrontar la carga simbólica masónica con que concluye la obra a través de dos personajes tinerfeños, el pintor José Aguiar y el arquitecto Marrero Regalado”.

- La novela transcurre durante la Guerra Civil y la II Guerra Mundial, en este último conflicto los militares franquistas se dividen entre aliadófilos y germanófilos…

“Así fue. Falangistas y carlistas eran germanófilos. Otros, monárquicos o no, repudiaban el fascismo. De hecho, el régimen desconfiaba de los canarios de la época por anglófilos”.

- ¿Novela histórica o novela política?

Creo que las dos cosas. La trama de ficción está contextualizada sobre hechos estrictamente históricos. Y también hay un mensaje con cierto cariz político: el bloque de los sublevados no era un grupo fascista homogéneo, sino que reunía diversas sensibilidades a las que unía dar por fallida la república española por el extremismo de cierta izquierda, esa que repudia el Estado y rechaza la democracia y el pluralismo político. Eso, en cierta medida, se vuelve a repetir en la España del presente”.

- ¿Por qué fracasó el plan Pilgrim de invasión de Gran Canaria?

“No fracasó. Lo que sucedió es que Franco no permitió que Hitler usara España para invadir Gibraltar y también que no entrara como fuerza combatiente al lado del Eje durante la II Guerra Mundial. Salvo la División Azul, claro”.

- ¿Hubo planes de invasión de las islas que barajaron los nazis?

“Los nazis expresaron más de una vez sus deseos de tener Canarias como una plataforma operativa propia. Pero les bastó que Franco permitiera que la usara como base de aprovisionamiento”.

- ¿Qué personajes destacaría de aquellos años?

“Si te refieres a los personajes históricos que aparecen en la obra, sin duda que Blas Pérez. Tuvo muchísimo poder tanto en toda España como en Canarias durante muchos años. Uno de los canarios más importantes e intelectualmente brillantes de la historia política española”.

- ¿Y realmente fue fundamental la acción de la masonería inglesa para inclinar el favor de España hacia los aliados?

“No me consta. La vinculación con la masonería inglesa en la novela forma parte de la ficción que he creado en torno a Gerardo Martel”.

- ¿Qué fue primero, la historia o el personaje?

“En realidad, nacen en simbiosis. Quería crear esta historia dejando atrás las visiones novelescas al uso sobre la contienda civil y la posguerra. Siento rechazo hacia los prejuicios ideológicos y los maniqueísmos de cualquier clase, contra lo irracional. No todos eras malos en un bando o buenos en el otro. Había de todo a cada lado, en su mayoría gente inocente que se vio arrastrada por la fuerza de las circunstancias. Sólo hay que leer Homenaje a Cataluña, de George Orwell, que luchó en España con el POUM trotskysta, para entender lo que digo. Ahí también hay otro aspecto político en El águila de San Juan.”

Saludos, tres golpes, desde este lado del ordenador

Con destino a la gloria, una autobiografía de Woody Guthrie

Jueves, Agosto 1st, 2019

Al cantautor Woody Guthrie se le debe el renacimiento de la canción de autor en Norteamérica, canción que disfrutó de notable influencia entre las clases más desfavorecidas en los años duros de la Depresión.

Letras con contenido pacifista y muy pegadas a la realidad para los que cantaban, familias en busca de trabajo y un lugar en el que caerse muerto, vagabundos que vagaban por el país como pasajeros clandestinos en los vagones de carga de los trenes, la vida de Guthrie dio origen a una novela autobiográfica, Con destino a la gloria, en la que el compositor y guitarrista cuenta sin pelos en la lengua su historia. Una historia que es también la historia de todos los parias de la tierra con independencia de la nación de la que procedan.

Las fronteras, los que no separa y divide es una fantasía que nos han vendido como una realidad. La verdad es que no existen dice el cantautor, una voz con conciencia y aliento de protesta y que va dirigida a todos pero especialmente a los más humildes.

En su viaje por los diferentes estados de Norteamérica, Guthrie tiene ocasión de pintar un retrato bastante realista de lo que ve pero sobre todo es una lección en cuanto a describir el carácter de la gente con la que se encuentra en la carretera, los vagones de trenes y los campamentos improvisados en los que han buscado refugio hombres y mujeres sin nada en los bolsillos salvo. en muchos de los casos, una desarmante dignidad.

Estos retratos hacen recordar a los mismos hombres y mujeres que John Steinbeck dio a conocer en Las uvas de la ira, De hecho, Con destino a la gloria tiene un eco de John Steinbeck, aunque el cantautor los hace hablar en su jerga algo que, lamentablemente, no puede recoger la traducción que tengo en mis manos.

El libro, el primero y el último que escribió el cantautor, fue llevado al cine en una estimable película que dirigió con sentimiento Hal Ashby a finales de los años setenta y estuvo protagonizada por David Carradine en el papel de Guthrie. Probablemente sea uno de los mejores trabajos de Carradine, quien además de tocar la guitarra e interpretar algunas canciones, imprime de humanidad al personaje que interpreta.

Woody Guthrie, el nombre de Woodrow se lo pusieron por el vigésimo octavo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Woodrow Wilson, recorre los caminos haciendo auto stop y colándose en los vagones de carga de los trenes mientras huye de los vigilantes, tipos pagados por las compañías con la misión de pegar palizas a los vagabundos que, como Guthrie, intentan seguir su camino sin nada en los bolsillos.

Woody Guthrie vive de lo mejor que sabe hacer, cantar mientras toca la guitarra en recitales que se celebran en los campamentos en los que hace escala. También de conciertos improvisados al pie del camino.

Su mujer arma, su guitarra. Esa máquina que mata fascista, dejo escrito en ella.

La autobiografía que se reseña está editada por Star Books en 1977 por lo que temo que será difícil acceder a algunos de sus ejemplares. A estas alturas deben de quedar muy pocos, una lástima porque su espíritu ha ido adquiriendo valor moral con el paso de los años.

Entre lo más llamativo de este libro, más allá de la descripción de una época y la épica sin altavoces de sus recitales, está la dignidad que el cantautor refleja entre quienes lo rodean, una gran hermandad de sufrientes, de parias, de gente sin techo, de indigentes que buscan a la desesperada alguna oportunidad para salir adelante.

El estilo es sencillo, parco en palabras. Directo, tan directo que te hace estar allí, ser uno más de la famélica legión que grita basta a través de las canciones de un hombre que no le pidió demasiado a la vida, salvo la de cantar con su guitarra para los que necesitan canciones.

La biografía comienza en 1912 y termina em 1942, y en ella se revela una manera de ver y entender la vida, así como una mirada inocente sobre un gran país como es Norteamérica al borde entonces –y mucho me temo que ahora– del desastre que no he visto en otros escritores, seguro que más sesudos pero también más aburridos.

Escribe Guthrie en el libro que más que ganar dinero con su guitarra lo que hacía era arañarlo. Una buena definición para entender el estado casi siempre ruinoso de sus finanzas.

La influencia Woody Guthrie en el mundo de la música se expandió en los años sesenta. Fallecería a finales de esa década a los 55 años. Entre otros, sedujo por su poesía de arrabal y su estilo liquidador a Bob Dylan, Tom Paxton y Phil Ochs, entre otros.

Su biografía, más allá de sus canciones, tiene alma, el alma de los parias de la tierra, la legión de los hombres y mujeres con destino a la gloria.

Saludos, protesta, desde este lado del ordenador