Archive for the ‘Sin categoría’ Category

Ava Gadner: “Tardé mucho en perdonárselo al Señor”

Jueves, Diciembre 24th, 2020

“Me llamo Ava Lavinia Gadner y nací la Nochebuena de 1922 en Grabtown, Carolina del Norte. Ni en Brogden, ni en Stmithfield, como dicen muchos de los libros, sino en Grabtown, un pueblucho aburrido que ‘town’ no tenía más que el nombre. Y para colmo de la mala suerte, me toca nacer en el signo de Capricornio. Muchas veces he pensado que de todos los signos del zodíaco, el mío es el peor. Pero no importa. Yo no iba a permitir que algo tan pequeño como las estrellas me entorpeciese mi camino.

Y hablando de suerte, ¡mira que tener que pasar toda mi infancia celebrando mi cumpleaños y la Navidad casi simultáneamente! Eso significaba que por regla general me encajaban un solo regalo, en vez de los dos que yo estaba absolutamente convencida de merecer. Y las cosas fueron de mal en peor. Me enteré que existía otra persona, un tal Jesucristo, cuyo cumpleaños mucha gente tendía a confundir con el mío. Estaba indignada. Tardé mucho en perdonárselo al Señor”.

(Ava, con su propia voz. Traducción: Lucía Graves. Grijalbo Mondadori, 1995)

Saludos, ya saben, desde este lado del ordenador

El Ministerio de Cultura subvenciona con 17, 318 euros un proyecto del Clúster Audiovisual de Canarias

Viernes, Noviembre 27th, 2020

El Clúster Audiovisual de Canarias (CLAC) ha obtenido por el proyecto Canarias crece una subvención de 17,318,25 euros dentro de las ayudas que concede la Convocatoria del Ministerio de Cultura y Deportes para la acción y promoción cultural de 2020 (https://cutt.ly/mhsr0VL).

En total, se presentaron 649 proyectos de distintas organizaciones, clústeres, federaciones y entidades sin ánimo de lucro de toda la geografía nacional. De ellas, 582 fueron admitidas a trámite por la Subdirección General de Promoción de Industrias Culturales La Comisión de Valoración analizó cada solicitud, desestimando 450 y aprobando 132. El crédito total disponible en la convocatoria ascendía a 2.039.949,78 euros que se reparten entre los 118 proyectos mejor puntuados por la Comisión, entre ellos, Canarias crece que se hizo con el noveno puesto y una subvención de 17.318,25 euros.

Canarias crece se articula en dos ejes basados en la innovación y en identificar y desarrollar cambios en la cadena de producción para generar un valor añadido para el sector. El primer eje consiste en la activación y promoción de rodajes en remoto en Canarias, partiendo del éxito de la experiencia Canarias streaming film destination, desarrollada en mayo con el apoyo de PROEXCA, y otras iniciativas inmediatamente posteriores. El objetivo del proyecto es difundir internacionalmente los casos de éxito para atraer más rodajes a las Islas en un momento donde la movilidad internacional está muy reducida por el impacto de la COVID-19, así como en mejorar los aspectos técnicos y tecnológicos.

El segundo eje está centrado en el fortalecimiento de las coproducciones internacionales para propiciar un aumento del número de productoras canarias en películas y series con participación en la propiedad intelectual de esas obras. Para ello, se buscará aumentar la selección de proyectos canarios en foros de coproducción, así como en dar a conocer, entre los productores e instituciones canarias, las dinámicas de funcionamiento de los principales fondos de coproducción internacionales de la mano de sus responsables.

En este sentido, se están llevando a cabo diferentes acciones en 2020 que culminarán en el primer trimestre de 2021 con la celebración del Programa Crece, un encuentro profesional con diferentes paneles e invitados internacionales.

El Clúster Audiovisual de Canarias es una Agrupación Empresarial Innovadora (AEI) fundada en 2009 y perteneciente al sector de las industrias culturales y creativas canarias. Se trata de uno de los cinco clústeres audiovisuales españoles, con los que trabaja en coordinación. Tal y como establece la legislación europea, las AEI o clústeres son instrumentos importantes por su capacidad para promover la cooperación entre diferentes actores, y por su orientación hacia la generación de negocio y fomento de la competitividad. Actualmente está presidida por el productor José Alayón y cuenta con más de 60 empresas y organizaciones asociadas que vertebran la innovación en la industria audiovisual del Archipiélago.

Saludos, ¿luz al final del túnel?, desde este lado del ordenador

Un tío con una bolsa en la cabeza, una novela de Alexis Ravelo

Miércoles, Noviembre 25th, 2020

“Que los canarios somos así: compramos todo lo que viene de fuera, solo nos importa lo que se importa”.

(Un tío con una bolsa en la cabeza, Alexis Ravelo. Siruela Policíaca, 2020)

Comenta Alexis Ravelo que Un tío con una bolsa en la cabeza le ha servido de experimento literario. También, añadiría, de mirada fresca a un género que no le hace ascos a lo novedoso. Lo cultivan de hecho en la actualidad dos sobresalientes escritores mexicanos como son Elmer Mendoza, que escribe con un referente literario en la cabeza, James Joyce; y Jorge Moch, que cultiva y rinde tributo al gongorismo en sus barrocas historias de narcotraficantes. Hay otros ejemplos ya que lo experimental tiene cabida en lo negro y criminal para explorar caminos que transitan al filo de la navaja y en donde la forma de contar el relato es tan importante como lo que se cuenta.

Un tío con una bolsa en la cabeza pese a su carácter –se trata de un largo monólogo interior que emprende un tío que lleva, precisamente, una bolsa en la cabeza– pasa la prueba y con nota ya que no olvida –casi siempre– que tiene que convencer a quien se sumerja en ella.

El experimento resultante es apto así para toda clase de públicos. Comprensible para toda clase de lectores. Los que leen como para los que leen ocasionalmente.

La acción se desarrolla en San Expósito, una ciudad que son muchas ciudades, y en esta geografía más de personajes que de territorios, confluyen dos situaciones narrativas que circulan paralelas. En la primera, Alexis Ravelo nos introduce en la cabeza del protagonista, Gabrielo, un hombre hecho así mismo que se metió en política para medrar en aguas infestadas de tiburones. En este tramo, vamos conociendo cómo se abrió camino en la jungla de la política y los cadáveres que dejó a lo largo del camino, entre ellos los de su padre y hermano. También el de su primera esposa e, involuntariamente, el del hijo que tuvieron en común. Quizá sea esta parte, la íntima, la personal, el retrato de familia que hace de Gabrielo lo mejor de una novela donde suceden muchas cosas pero a una velocidad de vértigo que debe ser la misma que padece Gabrielo, que es el tío con una bolsa en la cabeza. A Gabrielo se le acaba el aire y el tiempo. Tiempo que aprovecha para hacer un examen de conciencia de una vida pasada que no juzga aunque sea responsable de la situación en la que se encuentra ahora: con una bolsa en la cabeza.

El otro camino, el otro tramo que va paralelo al que ya hemos comentado, consiste en describir el mecanismo que pone en marcha Gabrielo para descubrir quién pudo haber planeado el asalto. La lista de hombres y mujeres que lo odian, unos con civilizada cordialidad y otros con honestidad, es larga, lo que invita a que como lector se intente, con las pruebas que se van diseminando a lo largo de las páginas, a sospechar de unos y de otros y otras… A averiguar, con las herramientas que se dispone, la identidad no ya de los agresores –por lo que dice el tío con la bolsa en la cabeza dos macarras profesionales– sino de quién diseñó la operación para quitarlo de en medio.

El pilar de la novela lo sostiene no obstante la biografía del personaje. Su infancia y adolescencia, cómo entró en la política de la mano del que será su jefe dentro y fuera del partido. Su matrimonio, la separación; la relación que mantiene con una espectacular mulata. Los vaivenes de la política. Éxitos electorales y fracasos que desembocan en traiciones.

Todo esto y algo más explicado por el hombre que está a punto de morir de asfixia, la agonía de un personaje que determina el itinerario de una novela que, pese a que no llegue a las 240 páginas, logra que el lector siga con atención los coletazos finales de su protagonista que no es trigo limpio.

Un tío con una bolsa en la cabeza se desarrolla fuera del hábitat literario de Alexis Ravelo pero se mueve con comodidad en un territorio que cuando transita en sus otras novelas asocia con corrupción de altos vuelos, de tipos que no son para nada los granujas sin suerte que protagonizan anteriores obras del mismo autor.

Un tío con una bolsa en la cabeza
cuenta con otras constantes que han hecho de Alexis Ravelo un escritor al que merece seguirse con atención: brotan como flores sin marchitar palabros del habla canaria y se permite juegos de palabras como el de la cita que encabeza estas líneas. A su manera, insiste también en ajustar cuentas contra los poderosos. Si Eladio Monroy, esa especie de animal con conciencia de clase es un azote para multimillonarios y corruptos, Gabrielo es un corrupto que pertenece a la tribu de los corruptos solo que se ha cavado su propia tumba por una ambición desbocada.

En este aspecto, la novela queda como un punto y aparte (en una novela que curiosamente carece de puntos y aparte) en la trayectoria literaria de un escritor que busca alternativas para reinventarse y reiventar un género que no se agota porque cuenta historias.

En este proceso y con esta novela Alexis Ravelo demuestra con sus luces pero también con sus sombras que puede jugar con un género que en España él mismo contribuyó a poner patas arriba en un pasado que sigue pareciéndome que fue ayer.

Saludos, el bien más preciado…, desde este lado del ordenador

El intruso electrónico, un libro de Jorge Gorostiza

Martes, Noviembre 24th, 2020

Jorge Gorostiza, arquitecto, se ha especializado en cine, arte al que le ha dedicado varios libros que se ocupan de la vida y obra de cineastas (David Cronenberg y Peter Greenaway) o de la relación que mantiene el invento atribuido a los hermanos Lumière con la arquitectura. Cuenta además en su ya nutrida bibliografía con trabajos dedicados a los directores artísticos del cine español y al análisis de películas, entre otros.

Su libro más reciente no se ocupa sin embargo de cine sino de la televisión, pero no de la televisión como llegó este aparato en los hogares españoles. El autor ya lo advierte desde las primeras páginas de El intruso electrónico. La TV y el espacio doméstico (Newcastle ediciones, 2019) al indicar que pertenece a la generación de la televisión, a la que nació con la irrupción de este electrodoméstico y a su paulatino dominio en los hogares. También a la que vio cómo el artefacto invadía las azoteas con aquellas antenas que hacían posible el milagro de observar imágenes en casa.

El libro está estructurado en nueve capítulos, cada uno de ellos con un título que avisa del tema que trata: El lugar en el hogar, Conexiones, Pulgadas fijas, Pulgadas móviles, El espacio del telespectador, Peligros en casa, Ficción en la realidad, Fuera del hogar y El castillo de cartón, este último segmento explica la imagen de la portada y avisa de cómo Jorge Gorostiza ha abordado los temas que hilvana en cada una de las partes. Una combinación entre el ensayo y la autobiografía ya que, como insiste el autor, la televisión llega a su casa cuando él era todavía muy pequeño lo que le da pie a describir la emoción que supuso contar con una pequeña pantalla en casa y reflexionar sobre el espacio en el que terminó por ubicarse.

A nuestro juicio una de los capítulos más interesantes del libro es el que propone e intenta resolver esta cuestión: el lugar que ocupó el nuevo aparato en los hogares, también en cómo transformó la fisonomía privada de nuestros hogares como también la del exterior, con ese bosque de antenas que hoy prácticamente ha desaparecido.

No se trata así de un volumen con ánimo teórico, un manual que explique la aparición y el posterior desarrollo del electrodoméstico en la vida privada y pública de aquella sociedad española de los años sesenta, sino de un libro en el que además de reflexionar sobre la importancia física del televisor se narra lo que significó para una generación de futuros telespectadores. De ahí que ocupara un espacio privilegiado en los hogares y que solía ser el salón o el salón comedor.

Las primeras emisiones de televisión en España comenzaron en diciembre de 1956 por lo que muchas personas de la generación del autor “creció con aquel aparato incrustado en nuestras casas, por lo que aunque no lo quisiéramos fue inevitable que influyera en nuestras vidas”, escribe Jorge Gorostiza en la introducción de la obra. Esto hizo posible, evoca a continuación, que “por primera vez haya tenido que reseñar mis propios recuerdos, porque quizás por mi provecta edad ya formo parte de la historia al menos, reciente, de este país”.

En El intruso electrónico converge el material ensayístico con el de los recuerdos y el resultado es un libro con notable interés no solo para quien vivió la irrupción de aquel aparato en los hogares españoles de esos años sino su efecto en el paisaje urbano, un asunto, explica, que a “muchos profesionales les cuesta reconocer”. El autor se refiere a los “factores exteriores a la disciplina arquitectónica que influyen decididamente en las edificaciones y que deberían tenerse en cuenta en los proyectos”.

Otro momento interesante que propone la obra es cuando el escritor recuerda el momento en el que llegó por primera vez a su casa el televisor. Fue en 1963 y relata cómo gracias a este aparato hizo que “viniera más gente a mi casa”. Pero éste es solo uno de los argumentas que despliega Jorge Gorostiza para subrayar la importancia que desde entonces ha ido alcanzando el televisor, importancia que todavía mantiene pese al avance de otros dispositivos como son los ordenadores y el desembarco hace algunos años de la televisión por cable y la aparición de las grandes plataformas, monstruos audiovisuales que han cercenado en parte el monopolio que hasta bien entrado los años ochenta del pasado siglo XX todavía disfrutaba un invento que, como se dijo, entró en casa con la idea de quedarse. De formar parte del mobiliario con una función útil: entretener.

La televisión sirvió, igualmente, para reunir a la familia en torno al televisor así que actuó como elemento cohesionador pero son características que se han ido transformando con el paso de los años, despojando de su utilidad –de hoguera en torno a la cual se congregaba la tribu para calentarse y de paso contar historias– por otra cosa. La televisión que recuerda el libro de Jorge Gorostiza ya no es la televisión de estos días que nos ha tocado vivir, es como si el invento se hubiera convertido en un aparato que ha perdido su utilidad, de las atractivas tareas, más allá de las técnicas, que disfrutó en un tiempo que ahora parece que fue mucho mejor.

* TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge este miércoles, 25 de noviembre, la presentación del libro El intruso electrónico a partir de las 18.45 (entrada a partir de las 18:15). El acceso es gratuito con inscripción presencial el mismo día de la presentación. Aforo reducido a 46 personas

Saludos, una caja no tan tonta, desde este lado del ordenador

El Palmetum acogerá la 33 Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife del 3 al 8 de diciembre

Viernes, Noviembre 20th, 2020

El Palmetum acogerá la 33 Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife del 3 al 8 de diciembre. Colabora estrechamente en esta edición el V Festival Atlántico de Género Negro, que se celebrará del 25 de noviembre y el 8 de diciembre de 2020 después cambiar su calendario –que suele desarrollarse a mediados de marzo desde su primera edición–, por coincidir con la declaración del estado de alerta por la pandemia de la Covid-19.
 
En una situación histórica como la que se atraviesa, el festival, además de haber aplazado su celebración, ha dispuesto de las medidas necesarias para garantizar su compromiso con la cultura segura. El festival comienza, como ya es habitual, con la puesta en marcha de su faceta académica, con la celebración entre el 25 y el 27 de noviembre de la cuarta edición del Seminario Internacional de Investigación en el Género Negro desarrollado en colaboración con la Universidad de La Laguna (ULL), bajo la dirección del profesor de Literatura Española de esta universidad Javier Rivero Grandoso. Todas las actividades serán seguidas a través de Internet.
 
La coordinación con las administraciones públicas que colaboran con Tenerife Noir permite la ubicación de sus actividades en espacios que cumplen las exigencias impuestas por la pandemia en relación a los aforos para las actividades culturales. Las circunstancias relacionadas con estos aforos dependen de los distintos espacios designados para el desarrollo de cada actividad.


 
Está previsto el uso del Espacio La Granja, el Centro de Arte La Recova; el Gastro del Museo de la Naturaleza y la Arqueología (MUNA), Mues.ca; la Rambla de Santa Cruz y el Palmetum, el espacio donde también se celebrará la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife, evento con el que el Festival Atlántico de Género Negro coordina su programación en esta edición, del 3 al 8 de diciembre.
 
Con el fin de facilitar al público la información y el registro para asistir con seguridad a cada acto, el festival ha habilitado una herramienta digital en su página web: www.tenerifenoir.com. Estos espacios acogerán el desarrollo de las actividades literarias, cinematográficas, teatrales y musicales de Tenerife Noir este año.
 
“Hemos hecho un esfuerzo extraordinario para encontrar con nuestros colaboradores los espacios que garanticen el cumplimiento de las normas de seguridad para el público y el mantenimiento de actividades presenciales, en las que extremamos las medidas de necesarias; no obstante, hemos previsto también el desarrollo de algunas actividades que se difundirán a través de Internet”, explica el director y productor del festival, Alejandro Martín.

Saludos, ni un paso atrás, desde este lado del ordenador

La Roca

Martes, Noviembre 17th, 2020

Ha pasado ya mucho tiempo pero sigo mirando a Roy Harold Scherer, Jr. (Winnetka, Illinois, 17 de noviembre de 1925 – Beverly Hills, California, 2 de octubre de 1985) conocido como Rock Hudson, como un héroe. Héroe por enfrentarse a la muerte con la misma dignidad como la que supo imprimir a los personajes que interpretó a lo largo de una carrera que está cuajada de obras de notable interés, y héroe porque si no hubiera sido actor habría entonces que buscar a otro que estuviera a su misma altura. Una tarea imposible porque Roy –detestaba que lo llamaran por su nombre artístico– fue uno.

El actor que respondía a la perfección al estereotipo de galán, alto, fuerte, tremendamente atractivo, hizo carrera en una industria que estimulaba la doble moral. Una cosa era el personaje que los estudios construían para el público, en el caso de Roy la invención de Rock Hudson, y otro el difícil itinerario de intentar ser él mismo siempre y cuando fuera discreto.

La carrera cinematográfica de Roy está marcadas por cuatro grandes etapas. Una primera en la que participa en películas de aventuras como El capitán Panamá, La espada de Damasco y Rifles de Bengala. Estimables western como Winchester 73 (Anthony Mann, 1950) donde hace de ¡¡¡indio!!!; Fiebre de venganza e Historia de un condenado, estas dos últimas a las órdenes de Raoul Walsh y la que, personalmente, considero una de las mejores películas de desperados de la Historia del Cine: El último atardecer donde todos, Roy, Kirk Douglas, Dorothy Malone, Joseph Cotten y Carol Linney están en estado de gracia bajo la atenta mirada del cada día más reivindicable Robert Aldrich.

La segunda etapa en la cinematografía del actor se encuentran los melodramas que dirigió a las órdenes de Douglas Sirk. Se tratan de películas si quieren demenciales pero que todavía hacen estremecer. Sirk, una de cuyas primeras películas, La Habanera (1937) se rodó en mi Canarias-se-va-al-carajo, contó con Hudson como protagonista en nueve largometrajes, nueve si no cuento mal, para ver con el corazón en un puño como son Obsesión, Solo el cielo lo sabe, Ángeles sin brillo y Escrito sobre el viento, ente otros. De hecho, Orgullo de raza, del mismo director con el mismo actor, puede entenderse como el filme de transición de su cine de aventuras al melodrama. Una vez superada esa etapa, la trayectoria Roy se inclinó por una serie de comedias musicales donde contó como pareja con la cantante y actriz Doris Day y Tony Randall. Se tratan de comedias amables, de teléfono y pantalla partida, repleta de equívocos sexuales que fueron la marca de una fábrica que encumbró a Rock y no a Roy a la cúspide de su fama y popularidad.

Sus últimos trabajos ya no tuvieron que ver demasiado con el cine sino con la televisión. Fue el protagonista de McMillan y esposa, serie que se metió al público en el bolsillo y que siguió, quien ya tenga una edad digamos que provecta, con la familia reunida para ver la televisión y Crónicas marcianas, que si bien no termina de rendir justicia al clásico literario de Ray Bradbury, sí que se rodó en un archipiélago como es el que habito que hace años, muchos años perdió la noción de sí mismo.

Al margen de estas constantes, hay dos películas inclasificables que hicieron más grande el nombre de la Roca. Una de ellas es Gigante (George Stevens, 1956), en la que trabaja con una Elizabeth Taylor en la plenitud de su juventud y James Dean en el que sería el último trabajo de su fulgurante carrera y una película rara, dicen algunos que adelantada a su tiempo y de la que Roy como Rock Hudson pensó que se trataba del mejor trabajo de su filmografía, Plan diabólico (John Frankenheimer, 1966), una de cuyas imágenes apoya gráficamente estas líneas escritas como siempre de manera apresurada.

La Roca rodó muchas más películas a lo largo de su carrera. También fue protagonista de otras series de televisión que no alcanzaron el éxito de McMillan y esposa.

Comentan quienes fueron sus amigos que al conocer su enfermedad supo llevar la procesión por dentro y que entre los pocos que se quedaron a su lado cuando se conoció qué mal lo había dejado en los huesos ahí estuvo siempre Elizabeth Taylor.

Roy Harold Scherer, Jr falleció los primeros días de octubre de 1985. Rock Hudson comenzó a vivir a partir de ese día a través de sus películas. No es un mal epitafio para la carrera de un actor cuya vida parece confundirse con la leyenda.

Saludos, amén, desde este lado del ordenador