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Planean publicar una novela inédita de Alfonso García-Ramos

Martes, Junio 15th, 2021

La editorial Tamaimos planea publicar Las islas van mar afuera, una novela inédita de Alfonso García-Ramos y Fernández del Castillo (Santa Cruz de Tenerife, 24 de febrero de 1930 y fallecido en San Cristóbal de La Laguna el 4 de marzo de 1980) que su autor presentó al premio literario Benito Pérez Armas sin alcanzar el éxito aunque en 1970 se haría con el galardón con la novela Guad.

El anuncio coincide con la reciente reedición de otras obras del autor como Guad en Baile del Sol y Teneyda y otros cuentos en Nectarina Editorial. Se anuncia, además, la recuperación de Tristeza sobre un caballo blanco, lo que vuelve a poner de actualidad la obra literaria de un escritor y periodista para el que parece que no pasa la sombra del tiempo.

La posibilidad de editar Las islas van mar afuera comenzó a perfilarse hace diez años cuando el catedrático de Literatura Española de la Universidad de La Laguna, Nilo Palenzuela, se puso en contacto con la hija del escritor, Liti García-Ramos Medina, para que conociera a la investigadora Thenesoya Vidina Martín de la Nuez, que en ese momento se encontraba trabajando en una tesis sobre literatura y emigración.

Las islas van mar afuera cuenta la historia de un joven, que podría ser el mismo Alfonso García-Ramos, que reside en La Laguna mientras cursa sus estudios universitarios a los que no presta suficiente atención. Los problemas se multiplican no solo por el abandono que hace de su vida académica sino también por varios conflictos familiares. El protagonista para escapar de esta realidad sueña con emigrar aunque lo más lejos que llega es a un pueblo del norte de la isla donde recala para ejercer como abogado.

Liti García-Ramos sospecha que este pueblo del norte de la isla puede tratarse de Garachico, lugar hasta el que le persiguen los problemas al protagonista y le lleva incluso a romper con su novia y soñar con emigrar.

Como novedad, se prevé que la publicación de la novela cuente con un estudio crítico de Thenesoya Vidina Martín de la Nuez.

Para la hija del escritor Las islas van mar afuera sería reescrita años más tarde por Alfonso García-Ramos en Tristeza sobre un caballo blanco, novela que no cuenta en sus distintas ediciones con un estudio pormenorizado hasta la fecha.

Liti García-Ramos dice que siente “mucha rabia” por no haber podido hablar con su padre de literatura claro que entonces no tenía curiosidad por estos temas”. Años después, cuando leyó su obra descubrió que en novelas como Tristeza sobre un caballo blanco el autor escribe cosas sobre su vida y la de la familia que “ni siquiera nos contó a nosotros. La primera vez que leí Tristeza sobre un caballo blanco pensé que mi padre había intentado imitar a Alejo Carpentier”.

Respecto al origen de Guad, la mejor novela del escritor y uno de los grandes títulos de lo que podría denominarse “literatura canaria”, recuerda que el embrión de la idea apareció durante un reportaje que Alfonso García-Ramos escribió sobre las galerías de explotación acuífera de Tenerife. Su hija no se atreve a afirmarlo sin embargo con rotundidad pero dice que Guad se trata de uno de los libros de su padre a los que tiene más cariño.

Quizá sea, explica, por la construcción de la novela. Por las distintas voces que intervienen en ella pese a que en ocasiones la lectura se enrede. No obstante y con el paso de los años sí que ha encontrado partes que ahora cobran otra dimensión.

Varios años antes, el escritor gallego Juan Farías había publicado otra novela con el telón de fondo de las galerías en Los buscadores de agua, que consta de dos partes, la primera desarrollada en Tenerife y la segunda en la isla de La Palma.

Alfonso García-Ramos escribió Tristeza sobre un caballo blanco al final de su vida, cuando ya se encontraba enfermo. Cuenta que la redactó con prisas, como si tuviera la impresión de que el tiempo se le acababa.

En cuanto a Teneyda, cuento por el que obtuvo el premio Santo Tomás de Aquino a finales de los años 50, se trata de un relato sencillo que refleja lo que, según su hija, solía decir, que quería huir del “regionalismo” aunque otras voces opinan lo contrario. Aarón León Álvarez incluye en el prólogo que escribió en el libro que recupera este relato y algunos más del escritor tinerfeño y que Nectarina Editorial ha recuperado en 2021 la siguiente reflexión que García-Ramos expuso sobre ella en un periódico de la isla:

“Teneyda es un intento serio de profundizar en la psicología del campesino canario, un tanto hermético y difícil. No es sin embargo una novela regional, ni mucho menos una estampa folclórica estereotipada. Su argumento es válido aquí como en otro sitio cualquiera”.

El cuento debe entender así como un intento por reflejar la idiosincrasia del hombre de campo canario, callado y muy metido para dentro. Caracteres que quizá reproducen los que conoció siendo niño en los campos de Tacoronte.

La primera edición de Teneyda contó “unos buenos dibujos” –en opinión de Domingo Pérez Minik– de Fernando García-Ramos y se trata de un libro con un realismo crudo, “independiente y, a veces, hasta acerbo. Todas las figuras carecen de idealización”, destaca Pérez Minik en un artículo publicado en abril de 1960 en las páginas del suplemento cultural Gaceta Semanal de las Artes, inserto en el periódico La Tarde.

Las novelas de Alfonso García-Ramos son “muy masculinas”, y al serlo, hace que se resientan los personajes femeninos porque “están poco construidos”, opina Liti García-Ramos.

El caso es que tras recibir el Premio Benito Pérez Armas 1970 por Guad, la literatura que en aquellos días se estaba escribiendo en Canarias comienza a vivir un interesante proceso de transformación. Muchos de los nuevos títulos que aparecen a partir de ese momento comienzan a ser premiados, son los años del boom de la narrativa canaria.

En 1971 recibe el Benito Pérez Armas el también periodista y escritor Juan Cruz Ruiz con Crónica de la nada hecha pedazos, novela que estimuló la participación a este certamen de otros compañeros de generación.

Alfonso García-Ramos acostumbraba a trabajar en el garaje de su casa, que había convertido en biblioteca y despacho. Mientras escribía no le molestaba que entrara en la habitación cualquier miembro de su familia. Su concentración, ejercitada por su trabajo en las redacciones de los periódicos, no se descuidaba mientras andaba absorto tecleando con dos dedos en su máquina de escribir. “Mi padre nunca se enfadaba era más bien un bonachón”, recuerda su hija.

Respecto a su otra vocación, el periodismo, Liti García-Ramos dice que quiso dejarlo a lo largo de su carrera. Que su idea era montar un despacho de abogados donde ella le ayudaría cuando terminara Derecho. Al final se quedó en nada cuando Liti apostó por dejar estos estudios en favor de los de Filología.

Liti García-Ramos cree que su padre podía “estar cansado del periodismo” y le atrajera más escribir literatura. El caso es que “le obligaron a que estudiara Derecho pero él lo que quería es ser escritor”. Que se dedicara finalmente al periodismo se debe a que así podía hacer lo que más le gustaba: escribir.

Uno de los cuentos que recoge la nueva edición de Teneyda, El opositor, es marcadamente autobiográfico y explica un poco la evolución existencial y también creativa de Alfonso García-Ramos. “Creo que no llegó a prepararse oposiciones”, explica su hija, quien añade que “le angustiaba la idea de opositar. La Reválida la suspendió por el Latín”.

La literatura de Alfonso García-Ramos es la mirada del canario a la emigración. La emigración entendida como la esperanza de rehacerse en otro sitio y, al mismo tiempo, la única manera de salir de una situación que se ha estancado y por lo tanto evita que uno salga de ella.

En este aspecto, sus libros describen la desolación del campo canario durante la postguerra, y el consuelo que significó para muchos soñar con emigrar. La obra del escritor propone también una denuncia social, un elemento que es muy clave en el desarrollo de Guad.

Antes de morir en marzo de 1980, Alfonso García Ramos se encontraba trabajando en unas memorias que no acabó. Dejó escritos seis episodios de estos recuerdos, casi todos referidos a su infancia.

¿Existe la posibilidad de publicarlos?

La hija del escritor dice que les han recomendado que no lo haga “porque mi padre no habría querido” aunque parece que estos fragmentos sí que se reprodujeron en su día en un periódico de las islas.

Alfonso García-Ramos murió muy joven por lo que no tuvo apenas tiempo para consolidar una trayectoria literaria aunque una de sus novelas, Guad, se ha convertido en un referente para generaciones de escritores y lectores que surgieron después de su muerte.

En el obituario que le dedicó el escritor y también periodista Juan Cruz lo recuerda como “uno de los seres más generosos que dio el periodismo de aquellas islas, fue maestro de un considerable número de profesionales”. También que sus tres grandes vocaciones fueron la literatura, el periodismo y la política, ya que fue consejero de Cabildo Insular de Tenerife donde desarrolló, en palabras de Cruz Ruiz, “una labor original y desprendida”.

Tras su fallecimiento, Alfonso García-Ramos dio nombre a un premio literario que llegó a convocar el Cabildo de Tenerife aunque su singladura desgraciadamente ha sido tan errática como las que suele emprender la institución en materias culturales.

Saludos, a la espera, desde este lado del ordenador

El trío calavera

Jueves, Mayo 27th, 2021

Tengo tres tíos estupendos de los que no me canso de hablar porque siempre han estado donde los pudiera necesitar. Por eso, antes de comenzar quisiera pedirle disculpas al tito Cushing, Peter Wilton Cushing (Kenley, Londres, 26 de mayo de 1913-Canterbury, Kent, 11 de agosto de 1994) porque fue ayer y no hoy su onomástica pero él sabe, conoce, entiende que si bien no se nos pasó, venció al final la idea de celebrar su natalicio un día después, este jueves 27 de mayo, porque coincide con el cumpleaños de dos compañeros de fatigas cinematográficas unidos por un mismo género: el fantástico y el de terror como son Christopher Frank Carandini Lee (Londres, 27 de mayo de 1922-ib., 7 de junio de 2015) y Vincent Leonard Price, Jr. (San Luis, Misuri; 27 de mayo de 1911-Los Ángeles, California; 25 de octubre de 1993) ya que cada uno de ellos forma los vértices de un triángulo que representa un cine de pesadilla que ya no se hace y del que probablemente casi nadie se acuerda.

Afirmo con rotundidad que Peter Cushing no solo fue el mejor doctor Frankenstein de la Historia del Cine sino también el mejor Abraham Val Helsing, el infatigable cazador de vampiros. Especialmente, del rey de los vampiros: el conde Drácula. Peter Cushing fue, además, uno de los mejores Sherlock Holmes aunque me consta que la mayoría lo recordará como el Gran Moff Wilhuff Tarkin de La guerra de las galaxias, sí, el malvado que no se empequeñecía ante el gigantón de lord Darth Vader y que dirigía con mano de hierro la Estrella de la Muerte… Mi devoción por este actor no tiene límites y es inevitable que lo vea estaca en mano a punto de clavársela en el muerto corazón del conde transilvano cuando escribo estas líneas apresuradas. Un reto a modo de final, comparad su Van Helsing con el que intepreta (¿?) Anthony Hopkins en el Drácula, más esteta que leal a la novela de Bram Stoker, de F. Ford Coppola… No hay color, no hay grandeza, no hay, en definitiva, nada que le haga sombra al personaje que encarnó ese tío, mi tío, que fue Peter Cushing.

Lo mismo me pasa con Christopher Lee cuando pienso en Drácula. Y que me perdone Bela, Bela Lugosi pero es que el personaje con las estilizadas formas de Lee representa una demoníaca elegancia para la que no está preparado nadie. O casi nadie. Vedlo en las versiones que rodó sobre el rey de los no muertos para la factoría de la Hammer. Y asociarán para lo que queda que Drácula en el cine solo hay uno. Y ese uno es Christopher Lee con permiso de Lugosi. El actor no vivió solo de Drácula ya que cuenta con otras películas. Entre otras, una de las entregas de La guerra de las galaxias y como malvado o mejor equivocado hechicero Saruman en la versión de El señor de los anillos de Peter Jackson. Aparece también en un filme que no puedo ni debo olvidar, Pánico en el Transiberiano, una de terror española donde comparte cartel con su amigo Peter Cushing y un Telly Savallas que ya entonces la plebe asociaba con el detective Kojack.

En cuanto a Vincent Price sobran las palabras. Antes de convertirse en un habitual en las producciones de bajo presupuesto que Roger Corman dedicó a los cuentos de Poe, Price había trabajado como actor de reparto en cintas tan inolvidables como Laura. Entró en el cine de terror a través de Los crímenes del museo de cera, de mi venerado André de Toth, luego vino La mosca y House of Haunted Hill y The Tingler, esta dos últimas bajo las órdenes de William Castle. Después y de cabeza, se hizo un habitual del universo Corman y con él rodó como quien rueda montaña abajo una serie de filmes que están inspirados, más que basados, en cuentos de Poe como La caída de la casa Usher, La máscara de la muerte roja y El péndulo de la muerte. Fue además el protagonista de la mejor de las versiones que se han rodado hasta la fecha de Soy leyenda y ya en los floridos y revolucionarios 60 del doctor Phibes, que dio origen a dos deliciosas películas pop y del actor de teatro que asesina a sus críticos según obras de Shakespeare en la igualmente pop Matar o no matar, ese es el problema que pide a gritos un edición digna y no la que circula en la actualidad.

En fin… tres actores que ocupan un espacio de honor en mi memoria cinéfila. Tres vértices de un mismo triángulo. Sociedad a la que pertenecemos tras terrorífica iniciación un puñado de hermanos y hermanas que gustan del aullido de los lobos, de la luna llena y de noches con niebla donde por no escucharse, ni se escucha el croar de las ranas.

Saludos, hemos dicho, desde este lado del ordenador

Teresa Arozena, directora artística de Fotonoviembre 2021

Sábado, Marzo 13th, 2021

La profesora de la Universidad de La Laguna y también artista Teresa Arozena (Tenerife, 1973) será la directora artística de las exposiciones y actividades paralelas que conformarán la Sección Oficial de la XVI edición de la Bienal Internacional de Fotografía Fotonoviembre.

Según Arozena, esta edición deberá ser “como un encuentro que pretende contribuir a un llamado crítico e interpretativo, tan necesario en un mundo que deviene imagen. Las imágenes son nuestra verdadera caja negra. Las fotografías particularmente están atravesadas por el espacio y el tiempo, por el territorio y la historia. Desde una responsabilidad civil, se pretende visibilizar trayectos, descubrir y presenciar relatos desde la fotografía, para proponer así nuevas lecturas y encontrar también nuevas preguntas”.

Teresa Arozena, que expuso en la primera edición de Fotonoviembre en 1991, espera ahora “poder aportar lo que he aprendido y experimentado en estos años, y también espero que, en este momento social complejo que atravesamos, podamos vivir el encuentro con alegría y energía intensificada.

La nueva directora artística de Fotonoviembre es doctora por la Universidad de La Laguna y docente en la Universidad Europea de Canarias.

Su trabajo como artista se desarrolla en torno al medio fotográfico, y las nuevas tecnologías en el marco de los nuevos medios digitales. Realizó sus estudios de Bellas Artes entre Tenerife (Universidad de La Laguna), Madrid (Universidad Complutense) y Francia (École des Beaux Arts de Toulouse).

Su obra se ha expuesto en distintos centros y museos, tales como el CAAM en Gran Canaria, el Centro de Arte La Regenta, el Centro de Arte Juan Ismael, en Fuerteventura, el MIAC en Lanzarote, TEA, el Nabi Art Center en Seoul, Corea, en la Primavera Fotográfica de Barcelona, la Bienal de Dakar o en los Encuentros de Fotografía de Arles. Sus dos últimas muestras individuales, Menos es nada y Parade pudieron verse en la sala de la Fundación Mapfre en Tenerife (2016) y en el Centro de Arte La Regenta (2017), respectivamente.

Saludos, suerte porque la va a necesitar, desde este lado del ordenador

Christopher Plummer, hiciera lo que hiciera

Viernes, Febrero 5th, 2021

En la ya larga constelación de actores británicos Christopher Plummer (Toronto, Ontario, 13 de diciembre de 1929–Weston, Connecticut, 5 de febrero de 2021) brilló con luz propia.

No hay otro Lord Wellington en el cine que el de Christopher Plummer ni un ladrón como su Eddie Chapman, que es lo contrario al hombre que derrotó a Napoleón en Waterloo. Estos dos personajes son opuestos pero el actor los interpreta con un rasgo común: solo obedecen a una disciplina, la suya.

Afortunadamente, la vida profesional del actor fue larga, rodó su última película en 2019 y hasta el final de sus días daba clase a cualquier cosa que hiciera. Imagino que recurrieron a él en Todo el dinero del mundo (Ridley Scott, 2017), cuando tuvo la misión de sustituir a Kevin Spacey, por aquel entonces acusado de abusos sexuales. Y clava al personaje, J. Paul Getty. Tanto, que le hace a uno olvidar cómo lo hubiera hecho Spacey. Mejor, imposible.

Hay, sin embargo, una serie de papeles por los que lo recuerdo sin emociones encontradas. Todos ellos son de carácter histórico y en todos ellos está igual de bien que siempre. Unos los hizo en los inicios de su carrera, cuando era un joven y atractivo actor que se quería comer el mundo, otros ya en pleno crepúsculo, y en los que se le nota seguro de sí mismo. La edad no declina su poderoso y elegante atractivo.

Lo recuerdo y muy vivo en mi memoria, por su caracterización de Lord Wellington en la kilométrica pero recomendable Waterllo por la recreación que hace de la batalla (Serguéi Bondarchuk, 1970). O como Rurdyark Kipling en El hombre que pudo reinar (John Huston, 1975). También como el desvalijador de cajas de caudales Eddie Chapman en la muy bondiana Triple Cross (Terence Young, 1976) y en el otoño de su vida como Leon Tolstoi en La última estación (Michael Hoffman, 2009) y el Káiser Guillermo II en El último beso del Káiser(David Leveaux, 2016).

En todos estos trabajos interpreta a un personaje real que hace suyo. Y no pierdo a su Cómodo en la fascinante La caída del imperio romano (Antohny Mann, 1964) ni de vista al capitán Georg Ludwig von Trapp del musical Sonrisas y lágrimas (Robert Wise, 1965).

Hiciera lo que hiciera, Christopher Plummer fue un actor convincente.

Hiciera lo que hiciera.

Christopher Plummer coge el tren

Saludos, llueve, desde este lado del ordenador.

Pánico al amanecer, una novela de Kenneth Cook

Martes, Enero 26th, 2021

“Curioso rasgo de la gente de por aquí, pensó Grant: puedes dormir con sus mujeres, aprovecharte de sus hijas, gorronearles, estafarlos, hacer casi cualquier cosa que en una sociedad normal te llevaría, cuando menos, a sufrir el ostracismo. Aquí, en cambio, casi ni se dan por enterados. Ahora, baste con que te niegues a beber con ellos para que pases de inmediato a convertirte en su enemigo mortal. ¿Cómo demonios era posible? Pero no tenía ganas de seguir pensando en la región ni en las peculiaridades de su gente. Que hicieran lo que quisieran”.

(Pánico al amanecer, Kenneth Cook. Traducción: Pedro Donoso. Sajalín, 2020)

No conocía la obra de Kenneth Cook, un escritor australiano con sobresaliente sentido del humor… australiano pero tras leer Pánico al amanecer (Sajalín, 2020) asumo como tarea aproximarme a sus novelas humorísticas como agua de mayo. Más en unos tiempos como los actuales (a la pandemia se suma ahora el caos en los Estados Unidos de Norteamérica) tan necesitada de lecturas que te hagan si no reír si al menos sonreír. Boris Vian decía además que el humor era la mejor manera de tomarse las cosas en serio y en este 2021 que comienza ya con alertas rojas se reitera que la risa puede ser el mejor antídoto para derrotar la tristeza, el fracaso, la frustración de un mundo y unas sociedades en continua ebullición.

Pánico al amanecer es una novela que derrocha humor, pero humor si no negro lo que viene después. Relata Jordi Amat en el excelente prólogo de esta edición que cuando se exhibió la película que se realizó sobre la novela (una película asegura Amat de culto ya que son muy pocos los iniciados que la han visto) el público australiano se enojó en la sala porque no se sentía identificado con el retrato que hace el escritor de la Australia profunda, lo que tiene su lógica aunque no creo que esta fuera solo la intención de Kenneth Cook cuando escribió el libro. Su mirada va más allá del retrato extravagante de los habitantes de Tiboonda, pequeña ciudad perdida en el desierto australiano, en la que imparte clases el protagonista de la historia, John Grant, un tipo que odia estar en ese purgatorio en la tierra que es Tiboonda y del que espera escapar en vacaciones rumbo a Sidney para contaminarse de civilización.

Sin embargo, y como en el Ángel exterminador, aquella extraordinaria película de Luis Buñuel en la que sus protagonistas no pueden salir de una habitación, a John Grant le pasará lo mismo aunque no sean fuerzas invisibles las que lo petrifiquen sino las mismas gentes de Tiboonda. Sobre todo porque no perdonan que Grant no quiera que lo inviten a una cerveza que no será una sino varias.

En esta novela donde a todo el mundo le falta un tornillo, incluido su protagonista, un tipo no demasiado simpático, todo se resuelve con cerveza. Esta y no otra es su hospitalidad. La comunidad entera vive en una apacible cogorza que termina por afectar a John Grant, primero cuando pierde el dinero en un juego que por absurdo resulta catastrófico y que llaman Two-up; y segunda cuando inicia una enloquecida cacería nocturna de canguros en la que el salvaje sentido del humor se mezcla con un desagradable y muy conseguido sentido de la violencia. Tanto, que casi parece que te salpica la sangre.

No había leído hasta la fecha una escena tan real y enloquecida de una cacería nocturna rodeado de unos personajes que parecen salidos de un frenopático. La cerveza se distribuye generosamente entre la pandilla que va a bordo de la furgoneta mientras dan caza a a los canguros (un símbolo australiano) a los que abren en canal para abandonar sus cadáveres porque así es como se las gastan los vecinos de Tiboonda.

Por las páginas de Pánico al amanecer desfilan toneladas de sangre, sí, pero también de alcohol, como la cerveza que debe de ser la bebida nacional de Australia, y algo de sexo que no llega a buen fin porque el protagonista de la novela no es, que digamos, un héroe en el sentido estricto de la palabra.

El corazón que bombea en estas páginas –no llega a las doscientas– es una huida hacia adelante que siempre termina en el mismo sitio. También un retrato extremo de un pueblo que, más que estar situado en el gran desierto australiano, parece ubicado al borde del infierno. Se palpa la agresividad de John Grant por todo lo que lo rodea aunque su entusiasmo por regresar a Sidney sea otra farsa a la que añadir a su historial personal.

Y todo este tormento narrado con un sentido del humor negro que hacía tiempo que no encontraba en lectura alguna. El humor que transmite da miedo, rompe con lo políticamente correcto que nos han impuesto. Kenneth Cook no estaba para tonterías y sí muchas ganas de reírse de que todo lo que puede ir mal puede ir peor que aún retiembla en mi garganta con la forma de carcajadas muy salvajes.

La única pega que le puedo criticar a Pánico al amanecer es que por una vez esta divertida pesadilla me haya resultado tan corta, que sus disfrute me parezca tan breve.

¿Qué novela o libro de cuentos recomendaría de la reina del crimen?

Martes, Enero 19th, 2021

Patricia Highsmith será la gran protagonista de los festivales y encuentros de novela negra que se celebren en 2021 aunque no se la recuerde. Con todo, su sombra sigue siendo igual de alargada que cuando estaba entre nosotros ya que su literatura es un punto y aparte. Una anomalía dentro de la literatura criminal porque le interesó siempre más los personajes con carácter equivocado que los domesticados. Fue además una escritora que exploró la mentalidad criminal con una serie de personajes que, como Tom Ripley, a quien le dedicó cinco novelas imprescindibles, justifican una producción narrativa en la que destacan obras que no son de misterio como El diario de Edith y Carol pero sí igual de perturbadoras.

Con motivo del centenario de su nacimiento,tal día como hoy, 19 de enero pero de 1921, le propusimos a algunos de los invitados de Aridane Criminal que escogieran de uno a cinco libros de Patricia Highsmith con independencia de que fueran cuentos como novelas. Los títulos seleccionados son una buena muestra para aproximarse al universo de la reina del crimen: Patricia Highsmith.

Rosa Ribas lo tuvo muy claro: El cuchillo, El talento de Mr. Ripley, El temblor de la falsificación, Crímenes imaginarios (cuentos) y El grito de la lechuza mientras que Yanet Acosta explicó que el primer libro que leyó de la escritora fue Extraños en un tren.

“Era joven y fue por inspiración de la película de Hitchcock. Aluciné. Me voló la cabeza. Su dilema quedó plantado en mi subconsciente”, recuerda. Años más tarde se acercó a sus novelas de Ripley, lectura que le resultó “fascinante” por su ambigüedad. Para concluir, Yanet Acosta recomienda leer Carol y sus libros de cuentos.

El escritor y director de Aridane Criminal, Alexis Ravelo, coincide con Acosta al señalar que llegó a Patricia Highsmith a través de Extraños en un tren aunque también con El grito de la lechuza, que leyó siendo un adolescente. Si tuviera que elegir, apunta, “me quedaría con las dos primeras novelas de Ripley (El talento de Mr. Ripley y El juego de Ripley)” y asegura que relee sus cuentos, no necesariamente criminales y que en especial le gustan Once y Los Pequeños cuentos misóginos. Ahí muestra una ironía y un humor negro que solo pueden surgir de una lúcida inteligencia”.

Extraños en un tren ocupa también una de las preferencias que como lector recomienda José Luis Correa para acercarse a Patricia Highsmith. Coincide también en recomendar Carol y El talento de Mr. Ripley. Por último, el escritor, guionista y editor Carlos Álvarez aconseja leerse los volúmenes de cuentos Los cadáveres exquisitos y Catástrofes así como acercarse a las novelas El talento de Mr. Ripley, Las dos caras de enero y El cuchillo.

Saludos, lean a Patricia Highsmith, desde este lado del ordenador