Karina Pacheco: “La poesía me parece una tarea de alquimista. No creo tener ese don”
Karina Pacheco Medrano (Cusco, 1969) es escritora y doctora en Antropología de América y experta en desigualdad, cooperación y desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid. Su obra literaria y académica aborda cuestiones de memoria histórica, violencia política enlazados con tramas intimistas donde casi siempre hay “secretos hondamente guardados por los personajes o sus familias”. Por El año del viento (Seix Barral, 2021) recibió el Premio Nacional de Literatura 2022 del Ministerio de Cultura de Perú.
Preocupada más por “el lenguaje y el argumento. Será porque las tramas muy planas, como lectora, no me gustan”, en estos momentos se encuentra trabajando en una nueva novela que no tenía planificada y cuya trama “me tomó por completo. Al punto que dejé a medias otra que ya llevaba bastante avanzada. Es una novela intimista y policial que navega entre un pasado reciente y una historia olvidada del siglo XVI”, explica. La escritora participó en el Festival Hispano-Americano de Literatura, que se celebró del 28 de septiembre al 3 de octubre en Los Llanos de Aridane, La Palma.
- Por El año del viento recibió el Premio Nacional de Literatura de Perú, ¿Hasta que punto cree que recibir este reconocimiento le ha dado visibilidad a su obra y a usted?
“Es una novela que indaga en una búsqueda largamente postergada, la de una joven que desapareció en los primeros años de la violencia política que asoló al Perú entre 1980 y 2000. La novela aborda ese periodo inicial y sus gérmenes (1979-1983), un tiempo en el que casi nadie, salvo quizás los grupos terroristas, entendía qué estaba ocurriendo en las zonas donde empezó el estallido, por lo que el análisis y las respuestas que se dieron desde el Estado reaccionaron más respondiendo a los prejuicios que a la realidad, lo que provocó respuestas fallidas, desató más violencia, y abonó a la propagación de la violencia en los años siguientes. La novela está narrada desde una gran distancia temporal y geográfica: una prima de la desaparecida, que recuerda y se lanza a hacerse las preguntas difíciles, en otro momento de cabeza, en el Madrid de la pandemia de 2020.
Sin duda, el que recibiera el Premio Nacional de Literatura del Perú en 2022 le dio una gran visibilidad a El año del viento y a mis libros previos. La novela fue luego publicada en España y América Latina y el año pasado se tradujo al inglés y se publicó en Estados Unidos. Hay premios y premios. Los hay, tanto en cuento como en novela, cuyos baremos están marcados por la calidad, de manera que una se puede fiar de que leerá un muy buen libro premiado, o como mínimo, un libro que merezca la pena. Por lo general, confío más en los premios dados a libros ya publicados, porque el filtro ahí suele ser más afinado”.
- Pasó su infancia y adolescencia en Cusco, continuó sus estudios en Norteamérica, regresó a Perú y marchó a España para doctorarse, ¿hasta qué punto esta variedad de escenarios ha marcado su forma de ver el mundo y, naturalmente, su literatura?
“Siempre me ha apasionado leer las literaturas del mundo y conocer sobre la diversidad de historias del mundo (por ello mi carrera universitaria la hice en Antropología). El hecho de haber vivido por largas temporadas en países distintos ayuda, de una manera natural, a ampliar el horizonte de escritores y estilos de escritura, bastante más allá de la lista de los autores más célebres que son los que se dan a conocer en Madrid, Pekín, Estambul, Canarias o Cusco”.
- De La voluntad del molle a El año del viento ¿qué ha cambiado y qué continúa igual en sus libros?
“El interés por la memoria histórica, así como el combinar tramas intimistas con historias sociales y políticas más globales, sigue presente en mis novelas. Lo que va cambiando es la exigencia. Mientras más libros publico, intento no repetir las formas de enunciación ya utilizadas, y trabajo mucho más el lenguaje. También he publicado varios libros de cuentos y estos me permiten explorar en otros estilos literarios. Si en novela escribo con un estilo más realista, los cuentos me han permitido hacer literatura fantástica, mítica, onírica, histórica”.
- Está al frente de la editorial Ceques, ¿cómo surge esta editorial?, ¿cuál es su línea?, ¿afecta a su alcance el hecho de estar radicada en Cusco y no en Lima?
“Surgió en 2013, un momento donde empezaron a surgir numerosas editoriales independientes por medio mundo. En el Perú, la mayoría de ellas estaba concentrada en Lima. (Ahora hay muchas en diferentes regiones del Perú). Nos pareció importante lanzar una desde el Cusco y que además publicara no sólo literatura, sino, principalmente, temas de Historia, Etnohistoria y Antropología, temas que tanto yo como mis socios conocemos bien y que además despiertan gran interés en nuestra región. La dificultad era la distribución;y hacer cobranzas, ¡toda una pesadilla! Ha sido un trabajo apasionante, todos los libros que hemos publicado vienen de autoras y autores estupendos, pero me fui quedando sin socios y al final me quedé sola. Así que, para poder avanzar con mis propios libros y otros trabajos, desde hace dos años la editorial está en pausa”.
- ¿Qué es para usted lo más difícil a la hora de escribir: ¿el inicio, el final?
“Mantener la pasión y el rigor para abordar un largo proceso de escritura. Esto se hace más complejo en el caso de las novelas pues suponen una suerte de largo vuelo espacial. No se puede decir necesito bajar un rato.”.
- En cierta ocasión le preguntaron si Perú ha saldado las deudas del pasado?, ¿las ha saldado?
“Lamentablemente no. Es algo que constatamos de manera continua. Por ejemplo, el racismo y las desigualdades más escandalosas siguen bastante normalizadas en la vida diaria. Pero hoy se denuncia más ese tipo de situaciones, eso es un avance”.
- ¿Sigue siendo la sociedad peruana excluyente y racista?
“Lo sigue siendo. Por ejemplo, en las ciudades está demasiado naturalizado que las poblaciones indígenas paguen las consecuencias de un desarrollo económico excluyente. Es tan frecuente escuchar decir que “son pobres porque quieren”, mientras se normaliza que sus territorios puedan ser depredados o contaminados en favor de actividades extractivas que no sólo recortan sus territorios, sino que además afectan sus economías tradicionales y su salud.”
-Algunos autores comentan que El año del viento vuelve la mirada a una época brutal, el conflicto armado entre un grupo terrorista, Sendero Luminoso, y el terrorismo de Estado. ¿Qué se puede aprender viviendo en una situación como ésta?
“Yo no escribo poesía pero me gusta mucho leer poesía, supongo que lo lírico se me impregna por esas lecturas. De otro lado, si una ha pasado la infancia y la adolescencia en un contexto de violencia política bárbara, se ve afectada profundamente. El reto a la hora de escribir (literatura, historia, periodismo) es salir de los ángulos de visión predominantes y más cómodos, que son los buenos aquí los malvados allá, y pasar a indagar en los fondos y en los rescoldos para hacerse preguntas difíciles, tratar de entender las causas, convocar a la inquietud, a ampliar la mirada”.
- ¿Qué recuerda de aquellos años?
“Recuerdo imágenes y noticias sobre cuerpos despedazados y la pregunta de cómo es posible que nos matemos así entre peruanos. También, visto a la distancia, me sorprende la capacidad que tuvimos para seguir viviendo, manteniendo celebraciones, juegos, reuniones, actividades rutinarias aparentemente “normales”, adaptándonos a circunstancias en absoluto “normales” para seguir adelante”.
- ¿Continúa siendo la sombra de Mario Vargas Llosa demasiado alargada en las literaturas que se escriben en Perú?
“Ya no. Hoy en día veo una diversidad de voces y estilos muy amplia en la literatura peruana contemporánea. Obviamente sigue siendo un autor muy leído y su literatura seguirá ejerciendo influencia, pero como ocurre en todo el continente, hay amplias exploraciones en múltiples temas, estilos y lenguajes. Cada año me sorprendo positivamente con el descubrimiento de nuevas voces y libros que abordan con suma originalidad temas desafiantes que antes apenas aparecían. Por mencionar algunos muy recientes, apuntaría Negro de Julio Arbizu y Las nerviosas de Rosa Chávez Yacila. También estamos viendo un importante despliegue de las literaturas en lenguas originarias, andinas y amazónicas, he ahí voces como las de Gloria Cáceres, Niel Palomino o Dina Ananco”.
- En este sentido, ¿Qué momento cree usted que están viviendo las literaturas peruanas?
“Creo que es un gran momento, por lo que antes mencionaba. Hay una gran diversidad de propuestas y la aparición de nuevos autores y textos (en novela, cuento, poesía, teatro) de gran calidad, además de la recuperación de otros y sobre todo otras autoras que escribieron en todo el siglo anterior y, pese a la calidad de su obra, apenas tuvieron eco en su tiempo. Ahora bien, de otro lado, ocurre que hay cada vez más editoriales cuyo único afán es hacer negocio con las aspiraciones de muchos autores noveles que aspiran a publicar un primer libro, les cobran por todo y encima no hacen ningún trabajo de edición o validación de calidad, con lo cual, un lector sin gran experiencia, puede encontrarse en los escaparates con libros de gran calidad de editoriales independientes o tradicionales, junto a otros que tienen poca o nula calidad, entonces, al escoger, pueden terminar confundiendo literatura con “productos literarios” que no han pasado por ningún, digámoslo así “control de calidad”.
- ¿Hay un renacer de escritoras peruanas como los hay en otros países de América como en España?
“Sí, es un gran momento, hay numerosas y potentes voces en todas las áreas. También hay más interés desde el público lector. De hecho, el surgimiento de muchos y entusiastas clubes de lectura, que en su mayoría está compuesto por lectoras, ha aupado la difusión de libros escritos por mujeres. También hay varias editoriales que están rescatando a autoras cuyas obras fueron marginadas, o de las que, pese al interés que suscitaron en su tiempo, no se encontraban nuevas ediciones. Es el caso de las novelas de Magda Portal, Mercedes Cabello de Carbonera o Rosa Arciniegas, que, hace un siglo fue la primera autora peruana en escribir ciencia ficción”.
- ¿Cree que los americanos y españoles conocen las literaturas que en la actualidad se escriben en español?
“Me parece que seguimos fragmentados, y es una fragmentación que, paradójicamente, se ha hecho mayor en los últimos tiempos. Sólo los libros de autores muy consagrados son publicados fuera de sus fronteras nacionales, no llegan ni a los del país hispanohablante vecino. Esto ocurre tanto con sellos grandes como independientes. Para responder a esta triste limitación, se me ocurre que podrían replicarse y ampliarse proyectos como el Mapa de las lenguas de Alfaguara y el premio “Las Yubartas”, propiciado por una serie de prestigiosas editoriales independientes: el libro ganador pasa a ser publicado por cada una de ellas en sus diferentes países. Creo que necesitamos de muchas más iniciativas como estas”.
- Cultiva la narrativa pero no la poesía. ¿Por qué?
“La poesía me parece una tarea de alquimista. No creo tener ese don”.
FIRMA FOTO: ©Adriana-Peralta
Saludos, te pregunté y respondiste, desde este lado del ordenador


