Nicolás Melini, comisario de Benengeli 2023

Junio 6th, 2023

Entre el 12 y el 16 de junio más de sesenta autores de lengua española formarán parte del festival Benengeli 2023, que, organizado por el Instituto Cervantes, en su versión híbrida (presencial y digital), y comisariado por Nicolás Melini, despliega sus actividades en los cinco continentes del planeta.

Ocho son las ciudades que forman parte en esta ocasión del gran encuentro de nuestro idioma: Sídney, Tokio, Manila, Bruselas, Toulouse, Mánchester, Tánger y Los Ángeles.

Mesas redondas, diálogos, reflexiones, textos de ficción especialmente preparados para el evento, conforman este tercer encuentro en el que dentro de sus distintas modalidades participan autores de España, Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Colombia, Cuba, Ecuador, Guatemala, Guinea ecuatorial, México, Panamá, Perú, República Dominicana, Puerto Rico y Venezuela; en diálogo con autores de Australia, Bélgica, Francia y Marruecos.

La épica es el tema que caracteriza el festival en este 2023. Su presencia, su ausencia, sus posibilidades expresivas dentro del conjunto de la literatura actual, serán algunos de los puntos comunes de esta serie de acciones.

En la parte presencial, Adolfo García Ortega y Luke Stegemann desarrollarán sus actividades en Sídney; Tokio será el lugar en el que coincidirán Aixa de la Cruz y Gonzalo Robledo; en Manila se presentará la traducción al tagalo de cuentos de José Balza, Almudena Sánchez, Karla Suárez, Carlos Wynter Melo, Ana Lydia Vega y Antonio Díaz Olivo. Bruselas será el escenario en el que dialogarán autores como Aroa Moreno Durán, Brenda Navarro, Manuel Jabois, Manuel Vilas y Sergi Puertas; en Mánchester el público podrá disfrutar de Rosa Ribas y Jorge Volpi en conversación con Rob Parker; Toulouse será el lugar del diálogo entre Pablo Martín Sánche y Myriam Chirousse; en Tánger desarrollarán un jugoso intercambio de ideas María Alcantarilla,Alfredo Taján y Mohamed Abrigaich; y finalmente Los Ángeles cerrará estos encuentros con la presencia de Claudia Salazar Jiménez, Marta Gené Camps y Eva González Szigriszt.

Bajo el título de Épicos contaremos con vídeos cortos en los que varias de las voces más interesantes de la actualidad reflexionan sobre la épica en sus propias creaciones. Allí podremos disfrutar de Cristina Cerrada, Carlos Franz, Ignacio del Valle, JJ Muñoz Rengel, Miguel Ángel Zapata, Javier Serena, Ana Santamaría, Tomás Browne, Sergio García Zamora, Esther Bendaham y Ricardo Chávez.
Dos autores de gran resonancia internacional: Piedad Bonnett y Guillermo Arriaga, serán entrevistados y forman parte de la sección en vídeo: Conversaciones, con las que se indaga en la dimensión épica de sus obras más recientes.

Pero una vez más, las voces Benengeli surgen desde diversas ciudades del idioma: Ciudad de Panamá, Caracas, Bogotá, Ciudad de México, Buenos Aires, Santo Domingo, Santa Cruz de La Palma, Las Palmas de Gran Canaria y Sevilla, lugares en los que 9 emisoras de radio ofrecerán inolvidables diálogos sobre la literatura actual protagonizados por un conjunto de creadores de gran peso literario. Cabe destacar en esta sección de Benengeli en la radio la presencia del cantautor Rubén Blades, cuya influencia en la literatura latinoamericana reciente es innegable, punto del que dialogará con los escritores Gilmer Mesa y Osvaldo Reyes. También contaremos en este apartado con las voces de Luis Mateo Díez y Juan Villoro; Mariana Travacio y Silda Cordoliani; Ricardo Menéndez Salmón y Jorge Eduardo Benavides; Alejandro Zambra y Yuliana Ortiz; María García Robayo y Justo Bolekia, María Negroni e Israel Centeno, Teresa Arijón y José Luis Correa , Diego Sánchez Aguilar y Kianny Antigua. 

Una vez más, la sección en vídeo: Confieso que he leído: “epicante” del autor Fernando Iwasaki ofrecerá breves píldoras sobre algunas de los tesoros literarios más destacados del pasado y del presente de la literatura en nuestra lengua; esta vez, a partir de la insólita conexión entre lo épico y lo gastronómico. 

Una novedad de esta tercera convocatoria es la difusión en su versión original en español, pero también en su traducción al inglés y al francés, de textos especialmente preparados para el festival por ocho de los cuentistas más destacados de este momento: Socorro Venegas; Hipólito G. Navarro, Giovanna Rivero, Rubi Guerra, Carlos Cortés, Leonardo Valencia y Carol Zardetto.

El Instituto Cervantes con la colaboración de la Universidad de Los Andes de Bogotá, la Universidad Loyola de Sevilla, RNE, Radio KW Continente Ciudad de Panamá, Unión Radio 90.3 FM de Caracas, Instituto Caro y Cuervo de Bogotá, Ibero 90, 9 FM de la Universidad Iberoamericana de México, Radio 10 de Buenos Aires, Bao Radio de Santo Domingo, Onda Cero Canarias, RNE de Sevilla y Canarias, Revista Libros y Letras, Revista Letralia, Revista Zenda, Revista Vallejo and Company, revista Letras Libres, Revista Gafe, ha creado esta red literaria que refleja el más vivo presente de nuestras letras.

Se puede acceder a los contenidos a través del enlace: https:// cvc.cervantes.es/benengeli23/    Benengeli. (cervantes.es)

FIRMA FOTO: Antonio Tiedra

Saludos, ¿este es el camino?, desde este lado del ordenador

Por las calles de la vida, cuentos de Felicidad Batista

Junio 5th, 2023

Creo que Felicidad Batista, escritora tinerfeña nacida en Arafo, se mueve mucho mejor en los territorios del relato corto que en los de la novela. Es una impresión muy personal, pero tras la lectura hace ya unos años de Relatos de la Patagonia y ahora de Por las calles de la vida y de su primera y de momento única novela, Finis Mare, la sensación es que Batista se siente mucho más cómoda en el cuento, en las historias breves, que en las extensas.

Si se conoce su bibliografía, el lector iniciado percibirá también que hay una serie de constantes que se repiten en cada uno de sus libros, a los que habría que sumar Los espejos que se miran que no he tenido la oportunidad, de momento, de leer. También un país que por conocer ha dejado una huella profunda en su narrativa. Este país no es otro que Argentina, una tierra, un escenario que aparece en muchas de sus historias y que está presente en varios de los relatos que reúne ahora en Por las calles de la vida, un libro que suena a tango.

Argentina, el tango y también un estilo que busca las imágenes poderosas para imprimir de color a las historias son otras de las marcas de agua de una escritora que a veces se pierde más en las formas que en lo que cuenta.

Argentina no es el único escenario que aparece en los cuentos que recopila Por las calles de la vida pero sí que se trata de uno de los escenarios que más se repiten en un libro que deambula también por otras geografías (el viaje, pero el viaje entendido como percepción de lo que se vive estando fuera, de cómo altera nuestra forma de ver las cosas) como San Francisco (Frisco para la tribu de la Beat Generation) y Nueva York, en los Estados Unidos y Roma y Budapest en Europa. Canarias aparece también como territorio narrativo en una serie de relatos donde el escenario juega un papel importante.

Muchas de las historias proponen que las acabe el lector y en otras abundan las imágenes de una belleza contagiosa. Varios de estos cuentos me recuerdan a estampas más que a relatos tradicionales, aquellos de inicio nudo y desenlace. El caso es que los cuentos de Por las calles de la vida son originales y todos saben crear atmósfera.

Se dan cita en el libro un total de 24 cuentos, algunos de ellos inéditos y otros ganadores o finalistas en distintos concursos literarios. El libro cuenta con una nota preliminar donde la autora explica la razón de que los haya reunido ahora en forma de libro, un libro que comienza con Luz de tango, un microrrelato que gustará a los aficionados a un género literario del que no soy un confeso entusiasta.

El libro prosigue con Canción triste de country que a mi, particularmente, es el que más me ha llenado porque tiene fondo además de ser un bonito homenaje a Vidas rebeldes, una de las grandes películas de su director, John Huston, así como de las estrellas que hacen de protagonistas: Clark Gable, Marilyn Monroe y Montgomery Clift. Se trata de una historia de amor triste mientras suena de fondo la voz insustituible de Patsy Cline.

Música, cine, historias de amor, paisajes que arropan o desarropan a los personajes, literatura y mucho amor a la palabra son otras de las características de estos cuentos que no superan en la mayor parte de los casos las cuatro o cinco páginas e historias que se mezclan con otras de menos extensión como son microrrelatos, un género literario por el que no siento, reitero, especial devoción.

Por las calles de la vida continúa con Tango nocturno, La librería del Faro, otro de los mejores cuentos del libro y que nos habla de una librería que una vez existió “dentro de un faro” y en el que aparecen personajes como Alberto Rangel que “llegó con el ánimo de las estaciones de Vivaldi”.

La poeta Beat, ya advierte desde el título de que va, precisamente, de una poeta beat y, al mismo tiempo, crónica de un tierno homenaje a los años 60 en Frisco y con banda sonora de The Beatles pero sobre todo de Janis Joplin.

Los molinos del recuerdo es más que un cuento una reflexión salpicada de imágenes llamativas y Esperando a Lauren Bacall otro cuento cinéfilo con la Flaca marcando el paso.

Rincón del tango, porque el tango es la música que suena de fondo en mucho de estos cuento, parece escrito a media luz y Mambo italiano –otro de los cuentos que más me han gustado del libro– cuenta el encuentro en una fiesta de dos amantes que hace tiempo que no se veían.

El libro continúa con Sombras de tango y Dos copas que siguen la misma línea que los anteriores y Las calles de la vida, que da nombre a la obra es un nuevo homenaje a la ciudad de Buenos Aires y el tango. Ya se dijo que Argentina y la música que ha dado identidad a este país domina mucho de los contenidos de este libro.

Sinfonía allegro, Canción para un adiós, Solo un blues y La bailarina son los relatos que vienen a continuación, más estampas que cuentos. También retratos algo abstractos.

El siguiente relato, La librería Universal, uno de los más extensos, es un bonito homenaje a los libros, las librerías pero sobre todo a los que leen y Blues de luna, una historia de amor que se resuelve en muy pocas líneas, lo que constata la pericia de Felicidad Batista cuando se mueve en territorios tan acotados.

Los últimos relatos de Por las calles de la vida son Tango iluminado, Música para un sueño, Tango mar, Donde suena el mundo, La palabra habitada y Tango olvidado, piezas que no me conmovieron tanto como otros de los cuentos que dan forma y color a este libro.

Por las calles de la vida le debe mucho al tango, esa música que nació a las orillas del río de la Plata. También a los libros que ha leído pero sobre todo a los viajes que le condujeron aquellas lecturas y que luego la escritora materializó yendo, precisamente, a los escenarios de esas lecturas para tocarlos, vivirlos.

Es un libro de cuentos, de historias que saben meterse en tu bolsillo pero sobre todo estamos ante un libro escrito con imaginación y verdad.

Ciudad de los sueños, una novela de Don Winslow

Junio 2nd, 2023

Antes de dedicarse a la literatura Don Winslow (Nueva York, 1953) fue, entre otros oficios, investigador, experto en lucha antiterrorista y consultor judicial. Saltó a la fama como escritor con una novela singular, El poder del perro, que más adelante y debido al éxito alcanzado convirtió en trilogía con El cártel y La frontera, donde presenta un retrato ambicioso y muy completo de la guerra contra el narcotráfico, reproduciendo su historia prácticamente desde los inicios hasta hace unos cuantos años, cuando se recrudeció la lucha en México, donde aparecían y desaparecían bandas organizadas.

Winslow ha continuado su carrera como narrador especializado en el género negro y criminal con otros libros que sin las ambiciones de los reseñados, sin esa capacidad periodística para contarnos cómo funciona el mercado de las drogas y el multimillonario dinero que genera, ha ido configurando la trayectoria de un autor con señas de identidad muy personales, lo que hace que cualquiera de sus libros sea fácilmente identificable como una novela de Don Winslow. Ahí están entre otros títulos El invierno de Frankie Machine, Corrupción policial y Salvajes, novelas que si por algo se caracterizan es por su estilo, un estilo trabajado con frases cortas, diálogos creíbles y diseño de personajes de una pieza que pertenecen a entornos para los que no existe la ley. Su código de conducta está marcado por una serie de normas. La primera de ella en el caso de las mafias italianas e irlandesas, la familia y la religión.

Su fe está marcada por la doble moral. Sí, las dos familias son católicas pero no es lo mismo un miembro de la mafia católica italiana que de la irlandesa aunque el rito sea el mismo y las iglesias donde lo practican también… Claro que su Dios dista mucho de parecerse. Don Winslow es un escritor de novelas muy negras y si me apuran muy clásicas dentro del género. Su estilo no respeta la lentitud así que es rápido y brioso como el de un pura sangre. Adentrarse en cualquiera de sus libros, pero sobre todo en los mejores, es garantía de entretenimiento, un entretenimiento en el que también cuela su mensaje.

Se podría decir que es un escritor donde lo negro y criminal recupera el espacio que hasta la fecha dominaba James Ellroy, en la lista de los más vendidos, porque da la sensación, no tan equivocada como uno supone, de que conoce las historias de Winslow. En este aspecto, su mayor atractivo son los personajes ya que uno nunca sabe por donde van a salir.

En Winslow late además un tam tam romántico mientras que en Ellroy todo resulta bronco. Lástima que sus últimas novelas no las entienda ni su autor.

Ciudad de los sueños es la continuación de Ciudad en llamas, segundo volumen de una trilogía que protagoniza al menos en los dos primeros libros Danny Ryan. Con este nuevo proyecto literario lo que pretende Winslow es contar la Iliada, la Odisea y ahora la Eneida en clave policíaca y en un escenario urbano que no tiene nada que ver con la península del Peleponeso y mucho menos con el millar de islas que salpican el mar Egeo. Si en Ciudad en llamas asistíamos a una reintepretación de la Iliada solo que ambientada en los años 80 y con personajes de una pieza que pertenecen a las mafias irlandesa e italianas que hacen sus negocios en Rhode Island, uno de los estados más pequeños de los Estados Unidos, ahora el título que aguanta el peso de toda la trama es la Eneida, es decir, la leyenda de Eneas que guía a los suyos rumbo a occidente tras la derrota de Troya.

Ciudad de los sueñoso comienza de hecho con una caravana de automóviles que se dirigen al oeste tras perder la mafia irlandesa la guerra contra los italianos en la primera novela.

La religión no es fundamental en Ciudad de los sueños como sí lo fue en Ciudad en llamas pero está ahí, sobre todo condicionando el universo moral de su protagonista, Danny Ryan, esa suerte de Eneas/Ulises que guiando a los suyos llega a Hollywood con la idea de pasar desapercibido. Será en la Meca del Cine sin embargo donde se levante la tapa de la caja de Pandora, que deja salir todos los malos del mundo. Eso significa que pronto aparecerán demasiados cadáveres en L.A., mientras se rueda una película basada, no podía ser de otra manera, en la rivalidad entre italianos e irlandeses en Providence, capital del estado de Rhode Island.

El mundo de Hollywood, las fiestas, la mafia que controla los sindicatos de los tramoyistas, los rodajes son algunos de los escenarios en los que se desarrolla esta novela. Novela que se permite en las últimas páginas un guiño experimental. Una novela, Ciudad de los sueños que confirma porqué Don Winslow sigue siendo hoy uno de los grandes escritores del género pese a que, literariamente, sus libros no gusten a los que no gustan de la literatura de género.

Ahora solo queda esperar a ver cómo termina esta trilogía que inspira la obra del inmortal Homero, y descubrir qué nueva ciudad será la que monopolizará esta odisea que ha emprende Danny/Eneas, el jefe de un grupo ya muy limitado que busca su lugar en el mundo.

Más allá de la alta, la mediana y la baja literatura, Ciudad de los sueños como lo fue Ciudad en llamas es una inteligente y apasionante relectura de un clásico que además de animar a leerlos (a los clásicos) logra al mismo tiempo que disfrutemos de su actualización de la mano de un experto como Don Winslow. Esta es la historia de un hombre de honor que busca su lugar en un mundo que ya no es el suyo.

Saludos, ahora toca esperar la tercera entrega, desde este lado del ordenador

M. Los últimos días de Europa, una novela de Antonio Scurati

Junio 1st, 2023

En España se publicó en el año 2020 el primer volumen (y también el más extenso en páginas) de M, la monumental biografía novelada que sobre Benito Mussolini ha escrito el profesor de Literatura Contemporánea Antonio Scurati.

Bajo el título de El hijo del siglo, en aquella obra, un ambicioso fresco sobre el dictador italiano, novelaba la creación y la lucha por el poder de Movimiento y Partido Fascista, tarea que continuó en 2021 con la publicación de una segunda entrega, M. El hijo de la providencia, que se desarrolla de 1925 a 1932, y en la que describe muchas de las claves de lo que se conoció como Estado Fascista y trilogía que ahora concluye con M. Los últimos días de Europa, libro con el que concluye un proyecto que cierra un ambicioso fresco histórico en el que narra no solo la trayectoria política del Duce, el fundador de un pensamiento político que ha terminado por reducirse a un insulto, ni tampoco la de Italia, que también, sino la de un continente, Europa, que tras sufrir una I Guerra Mundial va de cabeza a una II.

El tercer gran capítulo de esta tragedia anunciada, Los últimos días de Europa, es la historia de un hombre que si por algo se caracterizó fue por su olfato político, de su intuición ante el gran tablero de ajedrez de la política de su tiempo en unos años, los 20 y los 30, que se caracterizaron en el viejo continente por la aparición de nuevas ideologías, ideologías claramente enfrentadas e igual de totalitarias: el fascismo y el comunismo, y el fin de una manera de ver el mundo que se refleja sobre todo en la gran literatura centroeuropea de aquellos años.

Pero si hay un personaje central, un protagonista a través del cual gira M es, precisamente, el hombre cuyo nombre es la inicial de este proyecto de novela biográfica que ha consagrado como escritor a Antonio Scurati. Y la clave de este éxito no solo en Italia sino en otros países de Europa como puede ser España es por el afilado retrato que hace de una idea, el fascismo, que nació y morirá siendo de cartón piedra. Tan cartón piedra como lo fue su cabecilla, su líder, su jefe: Benito Mussolini, bronco activista de izquierdas en su juventud, amante impetuoso durante su exilio en Suiza; pacifista que quedó deslumbrado por la Gran Guerra, lo que lo llevó a enrolarse en el ejército italiano; y después jefe de un grupo de excombatientes que no entienden cómo su país se encuentra en tan caótica situación cuando ganó con las potencias aliadas ese conflicto que, se pensaba, iba a poner fin a todas las guerras.

En el tercer capítulo de M. Los últimos días de Europa asistimos al final de un sistema y de un régimen a causa de otra guerra, esa II de la que tanto se ha hablado, y en la que Italia, por maniobras que no pudo controlar Mussolini, finalmente tuvo que entrar del lado de los alemanes.

Antonio Scurati no revela nada nuevo que no se sepa en este aspecto, pero lo interesante –como ya hozo en los dos libros anteriores– es la forma que ha escogido para narrarlo. Por un lado, seleccionando una serie de diarios personales (los escritor por Galeazzo Ciano, ministro de Asuntos Exteriores y yerno del Duce, son una de las fuentes fundamentales de la obra) despachos, recortes de prensa, discursos, edictos y proclamas de aquel tiempo y por otro, la reconstrucción literaria que hace de Mussolini en las reuniones que mantuvo con Adolfo Hitler antes de que comenzara la Guerra y que terminaron en un pacto que condenó a su país a una guerra para la que no estaba preparada y al que se obligó a combatir no ya por un imperio africano que costó demasiada sangre, sudor y lágrimas, sino para que Italia no perdiera su lugar como árbitro de una Europa que inevitablemente llevaba camino de un conflicto más terrible aún que el que fragmentó los suelos del viejo continente entre 1914 a 1918.

Este balbuceo, esa política de hacerse rogar, la huida que finalmente emprende hacia adelante Mussolini y los suyos ocupan gran parte de las páginas de un libro que repasa cómo terminaron los italianos hundidos en la pesadilla de la guerra por un error de cálculo político del Duce de todos los italianos. Y de una fascinación los primeros años de la guerra hacia el poder que representaba la maquinaria bélica alemana, que fue capaz entre 1939 y 1940 de derrotar a los ejércitos de Francia y Gran Bretaña.

Como en los anteriores libros, hay otros protagonistas en este relato entre los que destacan la aparición de la amante favorita del Duce, Clara Petacci y de Renzo Ravenna, podestá de la ciudad de Ferrara, íntimo amigo de Italo Balbo (uno de los pocos camisas negras que hablaba de tú a tú con Mussolini) al que se margina por judío cuando la Italia fascista aplica unas leyes racistas calcadas de la Alemania nazi para congraciarse con el nuevo aliado.

Las escenas que protagoniza Renzo Ravenna son de lo mejor de Los últimos días de Europa porque en ellas se resume las fuertes contradicciones de un sistema y de un jefe que, gradualmente y a medida que pasaban los años, fue perdiendo capacidad de liderazgo para terminar convertido en un títere de la Alemania nacional socialista.

El pacto entre fascistas y nazis nació contranatura ya que Italia era un país que vio siempre con recelo a los austriacos (por razones sobradas) y a los alemanes, enemigos de una nación, la italiana, a la que le gustaba presumir de ardor guerrero y entusiasmo hacia el combate solo que en las paradas y los desfiles a los que tanto se acostumbró el régimen mussoliniano.

Scurati subraya también más que la amistad, las fascinación que mantuvo Hitler con el Duce por haber sido el gestor de una idea que él imitó con las particularidades alemanas pero una cosa es la admiración que sentía hacia aquel hombre que hizo del cinismo una acción política (y lección que por desgracia ha terminado por contagiar a las actuales democracias europeas) y de la violencia una práxis.

No sé si el proyecto de Antonio Scurati es el de continuar con la biografía novelada del caudillo fascista de todos los italianos (interesante los capítulos en los que resuena como un eco la Guerra de España, la posterior conquista de Albania y su mirada puesta en Grecia para controlar el Mediterráneo) ya que a muchos nos encantaría aunque si lo deja en estos tres libros, que suman juntos más de dos mil páginas (¡!), el escritor puede estar tranquilo porque su retrato, tallado a machetazos, sin salirse del guión de la Historia, queda al final como una aleccionadora lección sobre lo que tenemos que hacer para detener a los enemigos del sufragio universal. A esos depredadores con piel de cordero que han hecho de la mentira su consigna política.

Saludos, ¿crecer, obedecer, combatir?, desde este lado del ordenador

La tuerta, una novela de María del Mar Rodríguez

Mayo 31st, 2023

Dedicamos hace unos meses un trabajo relativamente extenso que se preguntaba la razón de la práctica ausencia de una calle emblemática en la capital tinerfeña en “nuestra” literatura. El “nuestra” se refiere a la que se escribe en Tenerife pero por extensión también al resto de las islas que, desde tiempos donde no alcanza la memoria, apenas cuenta entre sus protagonistas con una vía que, como la santacrucera de Miraflores, fue en su momento el centro de desahogo de una capital de provincias que vivía del mar más que del turismo.

La tuerta (Baile del Sol, 2023), de María del Mar Rodríguez, constituye el segundo volumen de un, de momento, díptico que bajo el nombre de Relatos de unas islas desamparadas, la autora comenzó hace unos años tras la publicación de La prestamista, editada también por Baile del Sol, dos frescos que retratan la dura postguerra que se vivió en las islas a través de personajes femeninos que se caracterizan por sus costras y no, precisamente, por sus debilidades. Mujeres que pese a vivir en el peor de los mundos intentan no perder su dignidad porque es la dignidad, sobre todo en La tuerta, un elemento que está constantemente en boca de todos sus protagonistas, comenzando por Maruja, una militante del Partido Comunista que tras el alzamiento militar ha terminado vendiendo su cuerpo en un burdel situado en la calle de Miraflores.

La escritora, imagino que para remarcar la situación de humillación que padecen sus protagonistas, se ahorra los pseudónimos que existen sobre el oficio más viejo del mundo y lo llama con su nombre más simple: putas. Evita así los sinónimos. La sonoridad de esta palabra y el significado de todo lo que implica es tal, que es un elemento a tener muy en cuenta ya que determina sin disfraces lo que son gracias al nuevo régimen que los militares rebeldes impusieron en España. La tuerta es una novela intensa, que se preocupa por reflejar el día a día de su protagonista, quien vive dos vidas. La del prostíbulo y la de su modesta vivienda que comparte con su hija y su tía, su única familia que no sabe cuál es su trabajo. Cómo consigue el dinero que lleva con tanto sacrificio a casa.

Se agradece que la autora no caiga demasiado en el sentimentalismo y que su visión de una capital de provincias vencida nada más estallar el golpe de Estado que desencadenó la Guerra Civil, sea el de una ciudad triste y dividida no solo por los barrancos que la atraviesan. Si la postguerra tiene color, ese color debe ser el de un gris sucio, que tira más al negro que al blanco.

La tuerta se desarrolla en dos años claves: 1946 y 1947, y describe en los momentos en los que se los permite la trama, un retrato desolador de una capital de provincias, Santa Cruz de Tenerife, donde ha vencido el miedo. Y además del miedo, la hipocresía de una sociedad que mientras no se pierde una misa los domingos, los hombres dedican al menos otro día de la semana para visitar a estas mujeres que alquilan sus cuerpos.

La tuerta llega a las librerías con otra novela, Castillos de fuego, de Ignacio Martínez de Pisón, que retrata también la postguerra solo que en la capital de España. Ambos libros coinciden en narrar cómo actuaba la resistencia comunista contra la dictadura franquista y refleja las miserias de una sociedad que se adaptaba al nuevo orden.

La novela de Martínez de Pisón apuesta por ofrecer al lector un retrato de aquel tiempo a través de una amplia y variada galería de personajes; la de María del Mar Rodríguez se detiene en uno solo, Maruja, la tuerta del título aunque también están ahí, y con un papel que es más que secundario, las otras mujeres con las que comparte trabajo en esa calle que llegó a conocerse –se avisa en la contraportada– como “la calle de las Niñas”. Las niñas son las prostitutas, las putas como escribe María del Mar Rodríguez.

La tuerta logra satisfacer los propósitos que esperaba de ella cuando me entregué a su lectura. Y uno de ellos es que supo cogerme por el cuello y adentrarme en su universo. Un universo que parece iluminado bajo la luz amarillenta de una bombilla. En la que se escucha el crujir de los colchones y también el grito silencioso de estas mujeres que aprendieron a ser fuertes para sobrevivir. Tanto, que algunas de ellas continuaron con este sucio negocio, otras se quedaron en el camino y las menos encontraron acomodo junto a un hombre bueno al que no le importaba conocer su pasado. Como telón de fondo, una ciudad, una isla, una región, un país que procura salir adelante pese a que todo parezca que va en su contra.

El hambre, la iglesia, la falsa moral de la época, la delación son otros de los ingredientes que se disuelven en las páginas de este libro. Un libro que cuenta con momentos muy conmovedores y con otros de violencia más que física intelectual, que marcan el tono de unos años muy difíciles.

El retrato que hace la escritora de la calle de Miraflores es abstracto, claro que gran parte de la acción tiene lugar en un burdel imaginario que hubo en la zona. Zona que ya poco tiene que ver con la de aquellos tiempos en los que se conjuraron la represión y el miedo. Se describe un microcosmos cerrado en el que flota en el aire el hedor de la lejía y cómo, pese a las adversidades, salen adelante los personajes que luchan contra un sistema autoritario que, contando con la colaboración de la iglesia, no le tembló el pulso para imponer con sangre y fuego un régimen que, entre otros disparates, condenó al que pensara diferente.

Saludos, niñas, al salón, desde este lado del ordenador

Juan Galarza, Calasanz y la nave que va

Mayo 27th, 2023

Recuerdo que en casa de mis padres había una acuarela de Juan Galarza en la que aparecía una bailaora y un bailaor. El trazo era fuerte, y las figuras muy estilizadas parecían que iban a bailar toda la eternidad en aquel lienzo en blanco.

Estudiando en el San José de Calasanz, allá en Geneto, aquellos edificios prefabricados entre una fábrica de gas y un cuartel del ejército (recuerdo que durante unos meses nos obligaron a pasar el recreo en el que llamábamos patio de abajo (en vez de tierra, picón) que estaba cerrado porque varios compañeros habían sufrido en el de arriba el impacto de balas perdidas de las prácticas de tiro que se hacía en la instalación militar), Juan Galarza, o Galarza a secas que era y es cómo lo conocíamos a él y después a sus hijos, los Galarza, me dio clase de artes plásticas y guardo de él como profesor algunos recuerdos que no guardo de otros profesores (no profesoras, eran otros tiempos) que tuve la suerte o la desgracia de que me dieran clases en el Calasanz, aquel colegio en el que estábamos en régimen de semi interno. Es decir, uno llegaba por la mañana en las guaguas, cuyo logotipo si no recuerdo mal había diseñado Galarza, al menos los de TransMersa o algo así, te colocaban en filas y a entrar en clase. Luego se comía en el comedor una comida que tenías que comértela por cojones ya que si no, te daban dos cogotazos en la nuca, más tarde recreo, que duraba unas dos horas y pico y vuelta a clase para salir ya la tarde/noche rumbo a casa y así día sí y día no…

El caso es que en aquella clase de Pretecnología el profe, Juan Galarza, nos ordenó dibujar como ejercicio un camión de diez ruedas (no valía ponerle cinco y decir que la otra mitad estaba por el lado que no se veía en el dibujo) y clases de modelado con arcilla que a mi me encantaba porque ¿a qué niño y a qué adulto que no ha dejado de ser niño no le gusta pringarse las manos con barro?

La cosa es que había examen y tenían que traer una pieza elaborada. Mis compañeros hicieron de todo (vasos, cubos, cuadrados incluso un intento de jarrón) mientras que a mi solo me salían abstracciones, pegotes de arcilla que formaban capas sobre otras capas y así hasta el infinito…

El profesor fue pasando por los pupitres para ver el resultado de nuestro trabajo y cuando se puso a mi altura me preguntó qué demonios tenía entre las manos.

Y lo que tenía entre las manos era un imposible. Una nada que, inspiración del momento, respondí que se trataba de un marciano.

¿Un marciano? Respondió Galarza con una sonrisa.

Un marciano.- respondí ahora ya con aplastante seguridad.

Y me aprobó. Debió de hacerle gracia o quizá, lo que no creo, premió mi originalidad.

Después, más tarde, cuando me fui del Calasanz (cómo recuerdo los bocadillos de chorizo de perro que vendían en el bar… Y los de queso con chorizo de perro y aquel pan crujiente de Geneto, ñam, ñam) descubrí que Galarza era el autor de varios carteles del Carnaval de la pequeña y algo tontaina capital de provincias en la que vivo pero el paso del tiempo, la obligación de hacerte mayor, hizo que su figura y esos recuerdos que ahora transcribo se apagaran con lentitud aunque hoy han vuetlo como un tropel a mi cabeza cuando me entero que ayer, 26 de mayo, falleció el artista, el maestro, a la respetable edad de 91 años.

Mi padre y mi madre, que fueron dos personas ejemplares, siempre le tuvieron simpatía, creo que porque el artista nació en Cádiz, que fue la tierra de mi madre, aunque en su caso se vino siendo muy niño a Santa Cruz de Tenerife que no tiene nada que ver con Cádiz, que es una ciudad donde además de comerse el mejor pescaíto frito del mundo, tiene un sentido del humor que ya quisiéramos a este lado del Atlántico.

Comparen de hecho lo que cantan las chirigotas y las murgas. Los primeros casi parecen los coros de los niños de Viena con respecto a los segundos. Y todo eso interpretando canciones que encienden los colores que llevamos dentro (las chirigotas) u obligan a que nos tapemos los oídos en el caso de las murgas, pero eso es otra historia.

El caso es que ha muerto Juan Galarza, y en el chat que mantengo aunque no participe con ex alumnos del San José de Calasanz, la mayoría lo recuerda ahora con esa nostalgia de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Claro que entonces éramos niños, y todo parecía más lento y también más grande cuando no existía en tu cabeza la posibilidad de que tu mundo se iba a desvanecer. Luego creces y te das cuenta de lo equivocado que estabas pero así son las cosas. Y entre esas cosas, la de ese pasado que me construye y que desaparecerá conmigo cuando deje de estar vivo.

Juan Galarza es un personaje que forma parte de mi recuerdo, de mi memoria, de esta vida que como aquel trasatlántico que decía Bierce, hace ya mucho tiempo que navega por el mar sin ver tierra donde atracar. Y con todo, atraviesa tormentas o va a la deriva cuando no sopla el viento. El caso es que siempre la nave va… Y cómo va.

Saludos, descanse en paz, desde este lado del ordenador