Quince años

Septiembre 28th, 2022

Hace quince años pusimos en pie esta bitácora con la pretensión de recoger noticias, comentarios y demás zarandajas del mundo cultural y cultureta que se mueve sobre todo en este archipiélago alejado de la mano de los dioses. Fue un 20 de septiembre de 2007 y desde entonces demasiadas cosas han cambido y, lo que es peor, familiares muiy queridos y amigos se han marchado de este mundo dejándome un poco más solo. Un poco más huérfano.

Si de algo me he dado cuenta con el paso de los años, quince ya, es que la vida se nos va demasiado deprisa, que ya casi nada es cómo era cuando uno comenzó a gatear por este blog y que recién alcanzada la adolecencia, como toda edad del pavo que se precie, los días se suceden con su poso de amargura y de felicidad.

Todos los años, al llegar el aniversario de este su blog nos hacemos la misma pregunta, pregunta que no tiene respuesta, pero quizá sea eso mismo los que nos anima a que sigamos más o menos al pie del cañón, asomándonos cada vez con un mayor pero no involuntario retraso a nuestra cita escobillonera. Si hago repaso, la experiencia en conjunto ha sido buena y algo se ha tenido que hacer bien cuándo los que menos esperaban responden y los que sí, de los que estaba prácticamente seguro que iban a estar ahí, también, aunque con menos entusiasmo que los primeros.

El caso es que si se nos permite y con retraso, dejad que felicite este blog que flota en el inmenso mar de los sargazos que es la red, en ocasiones tirando por la borda todo ese lastre que se acumula con los años y en otras intentando hacer acopio de lo que se tiene para ponerlo a buen recaudo en las bodegas de una nave que, como aquella película de Fellini, va… navega contra viento y marea mientras los elementos y las circunstancias así lo quieran.

Toca despedirse. Muchas gracias a los que nos siguen y bienvenidos a los que nos descrubren…

Quince años, efectivamente, nos contemplan.

Saludos,vuelvan ustedes mañana, desde este lado del ordenador

Mitos Atlánticos, un libro de Ulises Martín

Septiembre 27th, 2022

“A riesgo de trabucar en aquel surgidero revuelto, Tavira decide tomar tierra para apurar la sorpresa. Abriéndose paso entre la maleza, los gomeros por delante, avanzaron barranco arriba sin saber exactamente a dónde, guiándose por su intuición de cazadores expertos”.

(Piratas y poetas, relato incluido en Mitos Atlánticos, Ulises Martín Hernández. Colección Sitio de Fuego, Baile del sol, 2022)

Tras la aparición del libro Ritos y leyendas guanches (Miraguano Ediciones, 1985), del escritor y poeta Sabas Martín, se desató una moda, vamos a llamarlo así, por escribir y ocasionalmente fabular sobre el aún desconocido mundo de los aborígenes canarios. La moda, como todas las modas, tuvo su momento aunque rápidamente quedó sepultada por otras tendencias que desviaron la atención del público hacia otros asuntos no sé si con mayor interés, pero sí que atractivos para lectores tanto de nuevo como viejo cuño.

Desde la publicación de aquel volumen inicial, de aquel libro para aprendices sobre los secretos no revelados de los antiguos canarios, aparecen ahora con carácter eporádico libros que con el mismo espíritu que el de Sabas Martín nos cuentan a trozos aspectos significativos de la Historia de Canarias. Se tratan de textos que en su mayoría no terminan por encontrar un nexo entre lo estrictamente real con lo imaginario. Entre lo que entendemos según la fuente que pudo y lo que sabemos a ciencia (in)cierta que no fue. En esta nube densa de contradicciones, han aparecido otros materiales literarios que han continuado explotando el filón que en su día dejó abierto Sabas Martín con resultados nada notables en mucho de los casos aunque sí que se detecta en otros voluntad por ser rigurosos, lo que destruye su capacidad como artefactos literarios, esos en los que la verdad y la ficción se mezclan sin estridencia, fusionando ambos territorios como si fuera uno solo.

Descubrí la facultad para viajar al pasado de Ulises Martín Hernández a través de la novela Atis Tirma, publicada en la editorial tinerfeña Baile del Sol, y confieso, ya dejé constancia escrita de ello, que aquel libro me entusiasmo por varios motivos. El primero de ellos el estilo, destacable sobre todo por su exquisito gusto literario. El segundo, la capacidad de su autor para recrear sin caer demasiado en dobleces indigenistas, una batalla que resultó tan importante en la conquista de Gran Canaria.

Otro valor añadido de esta novela es que para contar este relato, un relato que conoce la mayoría que sabe aunque sea por encima cómo fue la conquista de este archipiélago, no necesitó de demasiadas páginas como sí que parece que necesita (es un decir) el género de la novela histórica para contar sus historias. Si se conoce las claves de este tipo de literaturas cuyos orígenes se remontan a los inicios de la literatura, el género parece que necesita de páginas y más páginas para contarnos un relato que debe, en todo momento, estar muy bien arropado y ceñido rigurosamente a la documentación histórica que se tiene sobre el periodo en el que se desarrolla la historia.

Ulises Martín Hernández regresa a esta literatura con Mitos Atlánticos (Baile del Sol, 2022), un libro que apenas araña las cien páginas y que se lee, como su Atis Tirma, con entusiasmada devoción aunque en ocasiones el entretenimiento se despiste por causas externas lo que no es obstáculo para que el lector continúe disfrutando con la imaginación que desbordan estos relatos, muchos de los cuales son retratos que ha dejado la leyenda sobre Canarias.

Mitos Atlánticos es una recopilación de momentos singulares que nos sitúa desde la misteriosa Atlántida a llevarnos de la mano, siempre de la mano, a geografías de una Canarias primigenia, aquella en la que aún late un corazón ancestral que le sirve al escritor para fabular unas historias que si bien están basadas en los mitos que han contribuido a forjar las islas, manipula con elasticidad con el fin de hacer literatura con todos ellos.

En Mitos atlánticos se reúnen once historias sobre leyendas y mitos del archipiélago y debe de leerse como lo que es, un libro de cuentos en los que se mezcla con habilidad realidad y fantasía. Estos Mitos le permiten además recrear paisajes humanos en escenarios que forman parte de un pasado que todavía sigue habitando el territorio de las brumas.

Si en conjunto me han gustado todos los cuentos por igual sí que destacaría entre otros Príncipe de la fortuna, ya que plantea un problema que sabe resolver en el menos canarios de los relatos y San Diego de Betancuria que me reafirma en algo que ya había descubierto con la novela Atis Tirma, que Ulises Martín Hernández en un sólido escritor de historias basadas en la Historia. Aunque la Historia en sus manos es arcilla con la que dar contenido a su historia.

En busca del oxicalco, Canaria. La crónica del destierro, Lancelot Maloisel, Príncipe de la fortuna, Iko, San Diego de Betancuria, Piratas y poetas, Los guanches de La Madera, Ana Sánchez, Fábula del ingenuo Jacomar y La isla de San Blandán son los títulos de las once piezas que constituyen estos Mitos Atlánticos que ha encontrado en Ulises Martín a uno de sus más significativos pregoneros. Una voz que hace soñar con un mundo que si existe, es solo en nuestra imaginación.

Saludos, a leer, que son dos días, desde este lado del ordenador

El Festival Hispanoamericano de Escritores calienta motores y desafía a la tormenta tropical Hermine con un ‘Bienvenidos al volcán’

Septiembre 26th, 2022

El Festival Hispanoamericano de Escritores desafía a la tormenta tropical Hermione y presenta hoy, este lunes pluvioso de finales de septiembre, su cuarta edición. El acto, eso sí, fue a cubierto, concretamente en el Museo Arqueológico Benahoarita en Los Llanos de Aridane. El Festival comienza bajo el lema Bienvenidos al volcán y tiene el “objetivo de profundizar en el hermanamiento literario entre España y México, como país invitado”.

En la inauguración del Festival participaron el presidente del Cabildo de La Palma, Mariano Hernández Zapata, la alcaldesa de Los Llanos de Aridane, Noelia García Leal, el presidente ejecutivo del Festival Hispanoamericano de Escritores, J. J. Armas Marcelo, y su director, Nicolás Melini.

En la rueda de prensa J.J Armas Marcelo, dijo que para esta edición, “los invitados son los mejores escritores mexicanos, que además vienen entusiasmados de participar y conocer la dinámica de esta fiesta literaria.”

Armas Marcelo señaló que el FHE será un espacio de alegría y celebración de la cultura literaria, tanto mexicana como española, y que pese a las inclemencias meteorológicas, “el Hispanoamericano de Escritores va a salir adelante, y saldrá bien”.

El presidente del Cabildo de La Palma, Mariano Zapata, agradeció a los promotores del Festival el seguir contando con la Isla para su celebración, convirtiéndose, dijo, “en una unión indisoluble”.

En ese sentido, Zapata apuntó que esta cita literaria contribuye a la recuperación social de la Isla, para lo que “será un escaparate fundamental que ofrece internacionalmente”.

Además, el presidente del Cabildo destací el nuevo elemento que conforma el paisaje de esta edición del FHE, el nuevo volcán, “Algo que ya nuestros artistas y escritores están plasmando en sus obras, y que a buen seguro será un hito en la creación de estos tiempos”, comenta Zapata.

Por su parte, la alcaldesa de Los Llanos de Aridane, Noelia García Leal, reivindicó el Festival Hispanoamericano de Escritores, ya que durante estos días Los Llanos de Aridane se convierte en en el corazón de la escritura hispanoamericana.

“Es un orgullo para todos los llanenses que año tras año este Festival sea una cita ineludible para escritores del ámbito regional, nacional e internacional”, dijo.

Además, la alcaldesa también confimó que “desde el Consistorio vamos a seguir trabajando y colaborando con las entidades culturales para que Los Llanos de Aridane siga siendo un municipio referente en el ámbito cultural”.

El director del Festival Hispanoamericano de Escritores, Nicolás Melini, destacó del programa los actos dedicados a grandes escritores mexicanos. “como Octavio Paz o Carlos Fuentes, además de la gran exponente del Siglo de Oro, Sor Juana Inés de la Cruz”. Asimismo, anunció el recital de poesía que se celebra este sábado 1 de octubre, y que contará con 12 poetas, entre ellos la escritora multidisciplinar Premio Canarias de Literatura, Elsa López.

El FHE contempla un programa que abarca seis días y se desarrollará de forma gratuita en distintas localizaciones de Los Llanos de Aridane, como el Museo Arqueológico Benahoarita o la Plaza de España de Los Llanos de Aridane, además de ofrecer charlas con autores para el alumnado en diversos centros educativos.

Saludos, y el martes parece que saldrá el sol, desde este lado del ordenador

Fernando Delgado: “Vivimos en unos tiempos trastornadillos”

Septiembre 26th, 2022

Autor de una de las mejores novelas escritas sobre Santa Cruz de Tenerife, Ciertas personas, junto a La ciudad tiene otra cara, de Luis Gálvez Monreal, Guad, de Alfonso García-Ramos y Los puercos de Circe, de Luis Alemany, Fernando Delgado (Santa Cruz de Tenerife, 1947) publica la primera entrega de sus memorias de infancia y juventud con el título de De la radio a las letras (Nectarina, 2022), un libro en el que repasa un tiempo pasado teñido por la nostalgia.

Estos recuerdos, dispersos como son todos los recuerdos que recuperamos, toman el pulso a una ciudad a través de una serie de personas que contribuyeron a cimentar en su momento lo que se conoce como esplendor intelectual chicharrero. Un esplendor que tuvo pero no retuvo la capital tinerfeña.

El escritor y periodista tenía previsto presentar este libro hoy, lunes, 26 de septiembre, en el Círculo de la Amistad XII de enero, en Santa Cruz de Tenerife, pero las condiciones climatológicas han obligado a aplazar un acto en el que también estarían Alberto Omar, el periodista y escritor Juan Cruz y el portavoz y consejero de Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad del Gobierno de Canarias, Julio Pérez.

Fernando Delgado es autor de una importante producción literaria en la que se encuentran título como Tachero y Exterminio en Lastenia a novelas que lo han consolidado como escritor y entre las que se encuentran La mirada del otro, por la que recibió el premio Planeta 1995; Sus ojos en mí, que obtuvo el premio Azorín en 2015 y ahora Todos muertos, una sátira demoledora contra el mundo que vivimos. Ese mundo que para el escritor y periodista anda ahora mismo “trastornadillo”.

- Escribe De la radio a las letras…

“En realidad se trata de un ejercicio de memoria que surgió cuando me encontraba en una clínica. Me ha gustado mucho este ejercicio de la memoria porque lo fue también de la lectura y de no quedarme solo en la descripción de hechos ni de la sospecha, esa misma sospecha que solo contribuye al ruido mediático que nos impide pensar. Por ejemplo, recuerdo ahora cómo Juan Benet, que detestaba, despreciaba la obra de Benito Pérez Galdós, unos días en los que estábamos juntos paseando por las calles de Las Palmas de Gran Canaria, se detuvo, entró en una tienda de anticuarios y adquirió con remilgos una estatua del escritor que prometió regalarme pero murió y no sé qué fue de la escultura”.

- ¿Y usted coincide con Juan Benet en su desprecio a la obra de Galdós?

“No, no… Galdós fue y sigue siendo un gran escritor al que hay que leer. Un maestro verdadero de nuestras islas y de nuestro país. Fue un personaje extraordinario”.

- Estas memorias que ahora publica son de infancia y juventud. ¿Las habrá de madurez?

“Por supuesto”.

- En estas memorias reivindica el patio, ese mismo patio que me hizo recordar la canción infantil.
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“Para los que son de mi quinta y que nacieron en Santa Cruz de Tenerife el patio fue siempre una posesión común, sobre todo para los que vivieron en casas terreras, como era la mía. También los portales de aquellas modestas arquitecturas que volví a reconocer, y me emocionaron grandemente, en algunas ciudades y pueblos de nuestra América”.

- ¿Y cuáles son sus primeros recuerdos?

“Entre mis primeros recuerdos está el frescor del suelo del patio, siempre el patio, de mi casa. Y yo gateando. Cruzaba entonces del territorio de una manta que ponían en el suelo para preservarme del frío y de la eventual suciedad, y me expandía por todo el patio. En aquel patio preponderaban las helechas, las begonias, las varas de San José, que florecían por marzo; los anturios o las clavelinas que mi abuela cuidaba con sus riegos tempraneros y que estaban exultante todo el año con sus colores diferentes. El patio me servía también para aprovechar los accidentes naturales del suelo, las grietas que el tiempo había formado y que yo representaba como calles imaginarias por donde solía pasear los cochecitos que podía comprar en la plaza de Weyler por dos pesetas y entre los que recuerdo con especial cariño las guaguas, las guaguas de dos pisos que nunca tuvimos en Tenerife. Las líneas urbanas que había entonces en Santa Cruz eran escasas y yo repetía en aquellas grietas los itinerarios y pregonaba los destinos como lo pregonaban los cobradores”.

– En el libro evoca el momento en que entra en la radio, donde entra por su voz.

“Hasta los catorce años mi bachillerato fue elemental, después pase al superior y más tarde marché a la Escuela de Magisterio. Estudié también en el Colegio Tinerfeño Balear y en la Universidad de La Laguna. Más tarde, me trasladé a Madrid. En los años de adolescencia tuve un maestro, el esposo de mi madrina, Rafael Granados, un hombre extraordinario, que fue quien me propuso acercarme a la radio, Radio Juventud de Canarias, donde coincidí con Ignacio García de Talavera. Tendría como unos dieciséis años”.

-¿Qué tipo de programas realizaba?

“Era locutor y después creo que tuve algunos programas pero ya no me acuerdo de cuáles pero sí que aprendí mucho con todos”.

- ¿Y cuándo da el salto a Radio Nacional de España?

“Fue tras superar unas oposiciones cuando ingresé en RNE. Y encantado de la vida”.

- Cuenta en sus memorias que vivía muy cerca de la calle de Miraflores.

“Pasé por aquella calle, que era la calle de las putas, pero yo iba con mucho miedo porque de pequeño fui un chico muy religioso”.

– ¿Y qué sensaciones tiene de la capital tinerfeña cuando camina de nuevo por las calles de su infancia?

“La veo trastornada pero igual de trastornada que otras ciudades y pueblos de España. Estamos trastornadillo”.

- ¿Trastornadillos?

“Trastornadillos porque la vida la tenemos ahora bastante apagada, desde las clases, desde las tradiciones, desde las escrituras pero también desde la política esto está esto un poco trastornado”.

- Trastornadillo.

“Sí, mejor trastornadillo”.

- En De la radio a las letras incluye al final una serie de retratos de personas que influyeron notablemente en usted como Vicente Aleixandre, Fernando Fernán Gómez, Terenci Moix, Domingo Pérez Minik…

“Domingo Pérez Minik fue mi padre de un modo muy generoso. Éramos muy jovencitos Juan Cruz y yo, y estábamos muy vinculados a él y él con nosotros. Paseábamos juntos hasta el Puerto y más tarde, cuando iba a Madrid, nos vimos mucho también. Fue un hombre extraordinario”.

- Leo que se define como un periodista capaz de escribir novelas. ¿Hay periodistas que son incapaces de escribirlas?

“Los hay que son capaces y otros que no. Estos últimos solo se consideran periodistas pero luego están los otros, ese grupo en el que estoy metido, que son capaces de hacer las dos cosas”.

– Antes hablábamos que vivimos unos tiempos trastornadillos, ¿parte de ese trastorno lo refleja en su última novela, Todos muertos?

“En este libro lo que el lector encontrará es un territorio entre la inteligencia y la jodienda”.

- ¿Y hasta que punto su estilo literario ha quedado condicionado por su actividad como periodista?

“El estilo literario lo he vivido desde el periodismo y casi, casi, estuvo ahí desde el inicio de mi narrativa, que parte de mis vivencias. En estos momentos preparo una serie de textos con los que puedo retrotraerme y pronto se publicará un libro de poema…”

– Soy sin ser (desde lo vivido a lo pintado).

- Sí, ese es el título, que publica Pre-Textos.

- ¿Tiene Fernando Delgado un proceso de creación?

“Lo tuve pero ya no lo tengo, lo he perdido. A mi edad, 75 años, creo que de la noche que me queda de aquí al día esto va a estar muy jodido pero bueno a lo mejor desaparezco… ¿sabes?”

Saludos, un libro, recuerdos, desde este lado del ordenador

Se cancela el acto inaugural del Festival Hispanoamericano de Escritores.

Septiembre 25th, 2022

Por causas meteorológicas provocadas por la depresión tropical Hermine, el acto inaugural de la IV edición del Festival Hispanoamericano de Escritores, Bienvenidos al volcán y a la libertad de expresión, previsto para el lunes 26 a las 19:00 horas en la plaza de España de Los Llanos de Aridane, ha sido cancelado.

Desde el Festival Hispanoamericano de Escritores (FHE) se trabaja en poder retomar las actividades previstas a partir del martes 27, si la meteorología y las conexiones aéreas así lo permiten.

Saludos, el martes, que tras las lluvias salha el sol, desde este lado del ordenador.

Como polvo en las alas de una mariposa

Septiembre 24th, 2022

“No te pido que me ames siempre como ahora, pero te pido que recuerdes. En algún lugar dentro de mi siempre estará la persona que soy esta noche”.

Ernest Hemingway, que cuando no estaba dando puñetazos sacaba su alma de poeta, describió el talento de Francis Scott Key Fitzgerald (Saint Paul, Minesota, 24 de septiembre de 1896-Hollywood, California, 21 de diciembre de 1940) como “polvo en las alas de una mariposa” y algo hay de eso en el genio del escritor que fue la voz de una generación, la del jazz, y uno de los más destacados representantes de la generación perdida, término que acuñó en su retiro de país Gertrude Stein, y etiqueta que acompañó a un grupo singular de escritores norteamericanos que no tenían raíces, jugaban con el idioma y escogieron París como la ciudad en la que vivir una juventud que pensaron sería eterna durante una década, la de los años 20, en la que las mujeres comenzaron a darse codazos para decirle al mundo como flappers que ahí estaban ellas, que ya nada iba a ser como antes.

En este escenario, se movió Scott Fitzgerald, un escritor al que el éxito le llegó demasiado pronto con A este lado del paraíso, novela en la que cuenta la iniciación de un aplicado estudiante universitario, Amory Blaine, en la ciencia nunca exacta del amor.

El escritor vivió con Zelda Fitzgerald, una adorable chica del sur que cuando cambiaba de carácter se convertía en un terremoto, los mejores años de “nuestras vidas” y escribió unas cuantas novelas que le abrieron los ojos no solo a los jóvenes de su tiempo sino a los que vendrían después.

Siento aprecio y un profundo agradecimiento por la mayoría de los escritores que formaron parte de esta generación, pero siento especial debilidad por Scott Fitzgerald porque fue una especia de outsider dentro de ese grupo que integraban hombre de pelo en pecho como el autor de El viejo y el mar, o tipos de izquierdas que tras la experiencia de la guerra de España se fueron al otro lado de la balanza sin dejar de ser en ningún momento excelentes narradores como John Dos Pasos, entre otros.

En contra de lo que era natural, me inicié en la literatura de Fitzgerald leyendo Hermosos y malditos, que sigue el curso de un grupo de amigos y amigas universitarios que son, como dicta el título, hermosos, sí, pero también malditos.

Más tarde leí, o mejor, devoré que se escribe así para aquellos cretinos que quieren imponer sus reglas, El gran Gatsby, que sigue siendo no sé si la mejor pero sí que la novela más popular del escritor norteamericano, y que ha sido llevada que ahora recuerde en tres ocasiones al cine con resultados digamos que irregulares, aunque la versión de Jack Clayton con guión de Francis F. Coppola e interpretación como Jay Gatsby de Robert Redford marque un antes y un después en el revival de los años 20 que vivimos unos cuanto a finales de los 80, imitando aquellas fiestas regadas con champán mientras nos hacíamos pasar por filósofos con el corazón roto.

Después vino la lectura de su primera novela, A este lado del paraíso, la inconclusa El último magnate, que cuenta con una versión cinematográfica dirigida por Elia Kazan y que debería ser como un libro a lo Santo Grial para todo cinéfilo que se precie y Suave es la noche, que es su novela más generosa en páginas y me atrevería a decir que triste.

La historia está inspirada en la propia vida del escritor, ese amargo momento en el que tuvo que internar a su esposa, Zelda, en un sanatorio porque se le había ido la pinza.

No dejó, que ahora recuerde, otras novelas pero sí que nos legó un numeroso puñado de cuentos y algún que otro ensayo que los que aún sentimos devoción fitzgeraldiana leemos caigan o no relámpago. Les recomendaría que se leyeran Las historias de Pat Hobby, o las desventuras de un guionista sin demasiada suerte en Hollywood, Flappers y filósofos y Cuentos de la era del jazz, entre otras recopilaciones que muestran el talento que tuvo el escritor para adentrarnos en una época muy cercana, pese a los años que nos separan, de la nuestra…

Tras internar a su esposa en un hospital para chalados e intentar buscarse la vida como guionista en Hollywood con resultados catastróficos, solo aparece acreditado en un largometraje, Tres camaradas, aunque colaboró sin aparecer su nombre, en el libreto de Lo que el viento se llevó, Fitzgerald conoció a una periodista de chismes, Sheilah Graham con la que vivió los últimos años de su vida.

La versión de esos días la reflejó Graham en Días sin vida, que fue llevada al cine con Deborah Kerr, en el papel de la periodista chismosa y Gregory Peck en el del escritor, y en ella se nos describe el ocaso de una estrella que ya no reconoce nadie y su descenso a los infiernos hollywoodienses, donde todo el mundo se cree capaz de cambiar, modificar, lo que escribe aquel vejestorio llamado Scott Fitzgerald.

Esta humillación, el hecho de verse sin una cuenta bancaria que garantizara su estabilidad financiera y el abuso del alcohol fue minando la salud mental como física de un autor que no tuvo que haber tenido el final que se lo llevó al otro barrio. Ese mismo barrio en el que nos encontraremos todos un día de estos.

Pese a los esfuerzos de Sheila Graham, Fitzgerald solo tuvo una mujer en su vida, y esa mujer fue Zelda, con la que además tuvo una hija, Scottie, que fue como un sol en aquella relación que terminó por deteriorarse y que Hemingway ya vaticina su fin en París era una fiesta, que a mi me parece uno de los mejores libros del escritor aunque no sea ni un cuento ni una novela de ficción.

El autor de El gran Gatsb y animó a su esposa Zelda que escribiera. De hecho, no fue una mala escritora una mujer que, antes de que se le fuera la cabeza, era el alma de las fiestas locas, locas y locas de aquella década que tuvo el jazz como banda sonora.

“Puedes acariciar a la gente con palabras” dijo Scott Fitzgerald, también “Ven, bésame y olvidémonos de todo”, que es una solución infalible para evitar malos encuentros, rollos que se deterioran, aventuras que dejan de volar…

Mi aprecio por Scott Fitzgerald es tan gran que sé que es uno de los míos. Y es que resulta, efectivamente, de los míos. Con él aprendí a observar las cosas con otros espejuelos, dándome cuenta la mayor parte de las veces que todas las épocas son igual y que solo el amor las hace soportables porque Fitzgerald, además de ser la voz que hizo eterna a una generación también fue clave para la que pertenezco… Vivimos un tiempo que nos hizo creer que el mundo sería nuestro y nos levantamos tiempo después es un escenario que poco o nada tenía que ver con aquella felicidad que marcó nuestra existencia.

Nadie le dijo a la generación de Scott Fitzgerald como a la que pertenezco que así, con la rapidez de un chasquido, se nos iría tan pronto la juventud, la vida… Y que lo que somos es tan solo un soplo o, como escribió Hemingway, el polvo en las alas de una mariposa.

Saludos, llueve, desde este lado del ordenador