El cine negro, un ensayo de Nöel Simsolo

Febrero 7th, 2023

Actor, guionista, crítico cinematográfico, Nöel Simsolo es autor de un libro de referencia para acercarse al cine policíaco que hace unos años publicó en España Alianza Editorial en su colección de bolsillo. El trabajo lleva el título de El cine negro y es una completa guía, aunque se hayan producido muchísimas más desde la publicación de este trabajo, en torno a uno de los géneros por excelencia del cine norteamericano. Tanto, que el propio Simsolo como quien ahora les escribe, compara estas películas y la literatura en la que se inspira con otro género tan norteamericano como es el western.

El crítico francés justifica esta conclusión contando que las historias y los personajes que en ellas intervienen son casi los mismos, un héroe generalmente solitario que se enfrenta a las fuerzas vivas que rigen una ciudad o una gran explotación agrícola o ganadera, aunque en el policíaco cobran vida y aire de denuncia otras constantes que no se dejan ver demasiado en las películas del oeste como son cierto entusiasmo por denuncian la corrupción (de cualquier gobierno como de un individuo, todos somos corruptibles) y la aparición de la mujer fatal, que dentro del género negro y criminal ya se ha convertido en todo un clásico.

Sin embargo, lo que me ha resultado más atractivo de la lectura de este libro es en sus inicios el relato que nos cuenta Simsolo de las disputas que sobre cine mantuvieron las revistas especializadas en Francia a mediados de los años 50, y en la que participaron críticos que más tarde se convertirían en cineastas (la mayoría influenciados por el cine norteamericano y en especial por el cine negro) como Godard o Truffaut por mencionar solo a dos de los más conocidos pero no sé yo si populares.

El especialista divide la obra en capítulos en los que va reconstruyendo la historia de un género al que pone fecha de nacimiento y también de caducidad ya que considera que son los filmes que entran en este arco temporal los que legítimamente pueden ser considerados como negros y criminales. Es una afirmación que justifica y razona pero que a mi, personalmente, no termina por convencerme ya que si por algo ha sobrevivido el género, mucho más que el werstern que no deja de ser un revival cuando se estrena alguno en la actualidad, es porque el policíaco sabe adaptarse a la realidad de los tiempos, como un camaleón sabe mimetizarse en cualquier territorio.

Como pasa casi siempre en libros de esta natujraleza, estudios más que sesudos, divulgadores, por El cine negro desfilan numerosas películas que uno descubre que no ha visto. En mi caso, la sensación de ahogo es enorme porque muchas de ellas son destacadas por el especialista como curiosidades que no deben de dejarse ver. He elaborado una lista con la idea de hacerlo un día de estos. Entre esas películas se incluyen muchas que son negras en sus diferentes aproximaciones al género.

Se habla, y Nöel Simsolo lo remarca, de un género al que le han salido subgéneros que al ser trasladados a pantalla conservan el lenguaje cinematográfico que define este cine: la fotografía, los escenarios urbanos y protagonistas que pueden ser detectives o ladrones y criminales. Otros subgéneros del policíaco podrían ser el thriller, el cine carcelario y el pugilístico así como el que se centran en periodistas, entre otros muchos.

El interesante y adictivo repaso que hace Nöel Simsolo llega incluso a reseñar dos grandes películas adscritas al género pero que nos llegaron a finales del siglo XX. Estos largometrajes se caracterizan por estar rodados en color aunque las historias que cuentan son reelecturas, puestas a punto del cine negro porque como se dijo, se trata de un género que no muere ni resucita tarado como le sucede al western, sino que se adapta a los nuevos tiempos sin traicionar su lenguaje. Estas películas son Érase una vez en América y Reservoir Dogs, dirigidas por Sergio Leone y Quentin Tarantino, respectivamente.

El cine negro recuerda también a los cineastas que contribuyeron a engrandecer el género y a los actores y actrices que rodaron algunas de sus mejores películas haciendo de buenos y malos en estas cintas que buscan, como buscaron las novelas que inspiran a la mayoría de estos largometrajes, denunciar lo que no se atrevían a denunciar los medios de comunicación en aquellos años. Y la verdad es que pasado el tiempo, esta denuncia sigue igual o más latente que antaño. Las películas negras (y aquí cabe un poco de todo) es un cine, subraya Nöel Simsolo, que tiene casi siempre mensaje. Y su mensaje, como ya se dijo, es la denuncia. Por eso resulta a la postre tan progresista en sus acciones aunque en ocasiones degenere en un cine con intenciones individualistas y ultras cuando el héroe se transforma en un héroe vengativo, en un personaje que apunta con su arma al villano de turno y ruega –más que pedir– que, por favor, le alegre el día.

Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador

La culpa transparente, una novela de Gerardo Pérez Sánchez

Febrero 6th, 2023

“Tobías nunca fue un hombre muy despierto. Era del peor tipo de tonto que existe, el que se cree listo”.

(La culpa transparente, Gerardo Pérez Sánchez, Editorial Verbum, 2022)

La culpa transparente es la séptima novela de Gerardo Pérez Sánchez, quien se desdobla en escritor cuando la ocasión y el tiempo se lo permiten. Conozco su producción literaria desde que saltó al ruedo con El peso del tiempo, a la que siguieron títulos más o menos regulares, más o menos irregulares, como Las tormentas interiores, La sonrisa Duchenne, El amor y otras vías de escape, Historia desconocida de nuestros antepasados y Amanecer en el ocaso, este último y a mi parecer el mejor libro que ha escrito hasta la fecha.

Nadie le puede negar a Gerardo Pérez que tras siete novelas haya consolidado un estilo e incluso idénticas constantes entre obra y obra. Estas constantes, este persistir en los mismos temas pero narrados bajo miradas diferentes es, a pesar de ser uno de sus aciertos, también uno de los mayores escollos de su trabajo como escritor, y es que a veces se va por la tangente cuando cuenta una historia. Parece entonces como si a Gerardo Pérez Sánchez le preocupara más el cómo que lo que quiere decir y eso es un lastre que arrastra no solo en La culpa transparente sino también en anteriores novelas.

Hay que reconocerle en todo caso la capacidad que tiene para hurgar en los géneros, también para cruzarlos y apropiárselos. Estas constantes se observan de nuevo en La culpa transparente y como suele pasar con sus otros libros, el acabado si no es perfecto, casi.

Como escritor Gerardo Pérez ha ido creciendo con el paso de los años. De hecho, se nota que no se ha dejado dormir en los laureles. Ya apreciaba esta evolución en Amanecer en el ocaso, una novela que, como todas las suyas, parece que está conectada, que es un vaso de los muchos vasos comunicantes que forman parte de la arquitectura de una literatura que ha sabido construir, con sus aciertos y defectos, un universo personal en el que destaca especialmente los personajes.

Todo esto y algo más está volcado en La culpa transparente. Una novela que, a mi juicio, supone un interesante cambio de guión en la producción literaria de un escritor que comienza a manejar con soltura las historias que retrata. Muchas de ellas mostrando algunos de los complejos que nos definen como seres humanos.

En su último libro, ha construido un personaje que además de atractivo pisa terreno sólido. Ella, Clara Durán, es la protagonista absoluta de una novela que indaga en la vida y en la obra de una mujer con problemas, y que tras una serie de vicisitudes que invitamos a que conozcan, cambia de identidad (Carla) para vivir una segunda oportunidad.

Para meternos dentro de su cabeza, Gerardo Pérez prefiere recurrir a una voz omnisciente que busca más que la complicidad, la mirada voyeur del lector en torno a las revelaciones que hace, algunas de ellas tan sorprendentes que lo dejarán desconcertados. Resulta en este aspecto un libro contundente, con matices y un retrato que indaga en las interioridades de su protagonista, un personaje que lo reúne todo y que justifica las contradicciones por las que Clara lleva una vida desordenada que le exige un cambio. Este cambio vendrá por la vía del desdoblamiento que caracteriza su comportamiento, carne de psiquiatra si quieren. De esa materia aparece primero Clara y luego Carla.
La idea es original y a medida que se va desarrollando muestra al mismo tiempo el peregrinaje de su protagonista y los amores frustrados y frustrantes que salpican su existencia a lo largo de todo el relato.

Se agradece que la voluntad de Gerardo Pérez Sánchez no haya sido la de retratar de manera unidimensional a su personaje. También que haya sabido insuflarlo de sustancia, lo que termina por reforzar que su acabado resulte redondo y sobre todo verosímil a lo largo de las más de doscientas páginas que forman el libro. Una novela que comienza muy bien, sobre todo con un prólogo rompedor que augura una tormenta que termina por expandirse a las páginas siguientes.

Ya lo hemos detectado en otras ocasiones y es que el escritor tiene afición por cruzar géneros. En La culpa transparente, por un policíaco que eleva un poquito el vuelo de un libro que termina por despegar y volar sin motor.

Son en estas páginas ligeramente negras donde encuentro al escritor que avisté en Amanecer en el ocaso. Es decir, al autor sin vendas en los ojos, el que se arriesga a adentrarse en un universo que escapa de momento a su zona de confort y que hace descubrir a un Gerardo Pérez Sánchez que si apuesta más por el riesgo podría encontrar su propio camino de baldosas amarillas. Sospecho que si llegara a final del sendero y desenmascarara al Oz que lleva dentro, asombraría a propios y a extraños.

En conjunto, La culpa transparente con todos sus peros nos descubre a un escritor más seguro de sí mismo. A un autor que evoluciona mientras se desprende poco a poco del lastre que oxidaron algunos de sus títulos anteriores, todos libros en los que sigue insistiendo, desde ángulos muy diversos, en los mismos temas: las mentiras y la verdades que alimentan nuestra vida diaria. Lo demás, la caída en desgracia, el embarazo y la redención de Clara/Carla son capítulos de una existencia literaria que uno tiene la sensación de, si no haberlo leído antes, sí al menos haberlo visto antes en un largometraje. Esto podría conformar el hecho irrefutable que la vida más que puro teatro es para Gerardo Pérez una producción cinematográfica. De sus ambiciones depende que el trabajo resultante sea A, B o Z.

Saludos, aún heridos, desde este lado del ordenador

Un escritor a secas

Enero 30th, 2023

He conocido a pocas personas con el corazón de Alexis Ravelo, escritor pero sobre todo amigo que hoy nos dijo adiós para sorpresa de quienes tuvimos la ocasión de disfrutar de su amistad y de su literatura hace apenas unas semanas en Aridane Criminal, el festival de novela negra que dirigió tres años seguidos en esa entrañable ciudad de La Palma.

Como debe ser con un escritor, conocí primero a Alexis a través de su literatura. Y de aquel encuentro no guardo grato recuerdo. Cayó en mis manos Los tipos duros no leen poesía, tercera entrega de la saga protagonizada por Eladio Monroy, y recuerdo que fui bastante crítico con esta novela que no merecía el juicio que le di entonces. Claro que entonces escribía más con las tripas que con la cabeza aunque de algo tuvo que servir (quiero pensar) aquel comentario para que unos pocos meses después (¿o fueron años?, con Alexis nunca se sabía) publicara en Alrevés La estrategia del pequinés, una novela por la que recibiría y con justicia años más tarde el premio Hammett que concede la Semana Negra de Gijón.

El caso es que La estrategia del pequinés supuso un revulsivo para la novela negra y criminal que se escribía y se escribe en España. Y la razón es bien sencilla, por una vez los protagonistas de la historia trabajaban al otro lado de la ley. Es verdad que se trataban de granujas de medio pelo, de tíos de la calle que se buscaban la vida delinquiendo con menudencias hasta que en la novela planifican y ejecutan robar a un traficante de drogas y se desata la balacera.

Estos personajes que proceden de la nada más absoluta se convirtieron en una especie de constante en su literatura. Constantes a la que habría que sumar la lucha que emprenden contras los poderosos que son, en sus libros, los verdaderos delincuentes, la chusma a la que hay que señalar y, si procede, robar porque quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón.

En sus novelas policíacas, muchas de ellas inspiradas en hechos reales, Alexis se dedicó a denunciar la corrupción no solo de los de arriba sino de los que le sirven, llámalos policías corruptos, chandaleros que trabajan al precio del mejor postor e incluso periodistas que han dejado de serlo para convertirse en chantajistas. Y esto es solo una pequeña galería de villanos, de personajes torvos que no parpadean en explotar a sus semejantes sometiéndolos a toda clase de humillaciones.

La novela negra se convertía en sus manos en un arma de denuncia, de denuncia política. Sabía, además, escribir muy bien, lo que le venía de lejos. Una vez me explicó de hecho que en parte se lo debía a un taller literario en el que le dio clase Alfredo Bryce Echenique, y que su olfato para retratar a los parias de la tierra se lo debía a su oficio de portero y camarero antes de hacerse un nombre en la república de las letras.

No sé si lo sabe la gente, pero Alexis, que venía de Escaleritas, siempre tiró al barrio y presumía, cuando había que presumir, de unos orígenes muy humildes a los que supo sacar partido a través de su literatura.

Lector voraz, de esos que cuando les gusta un libro se empeña en que lo leas porque te vas a divertir con él lo mismo que se divirtió él mismo leyéndolo, con Alexis se podía hablar de muchas cosas además de literatura. También fue de esa clase de amigo, ya casi hermano, que estaba ahí. Siempre tendiendo una mano aunque como le cayeras mal, y además de los ricos y poderosos había mucha gente a la que no aguantaba, sacaba un rejo siciliano que fulminaba al instante a todos aquellos que por una u otra razón le caían lo que se dice muy gordos.

Sí, Alexis Ravelo era bastante cabezón pero no le faltaba razón para que fuera tan cabezón.

En cuanto a su forma de escribir, Alexis Ravelo conocía muy bien a los clásicos del género, de hecho, La estrategia del pequinés es una versión muy libre de La jungla de asfalto, que cuenta la preparación de un robo visto desde la perspectiva de quienes lo van a cometer. Pero Alexis, que además de conocer a los grandes de la novela negra también conocía a los grandes de la literatura universal, no quería encasillarse como un escritor de novelas policiacas sino como el escritor a secas que fue, y así escribió La otra vida de Ned Blackbird y Los milagros prohibidos, que transcurre esta última durante la Guerra Civil en la isla de La Palma.

En cuanto a su producción policial, que fue donde le llovieron los premios, Alexis Ravelo publicó una lista larga de notables novelas negras y policíacas, todas ellas protagonizadas por tíos de la calle, buscavidas, gente del arroyo. Con esta galería de perdedores que hablan con acento canario sin que chirriara, Alexis cimentó una novela policíaca canaria que gustaba no solo en su isla, Gran Canaria, sino en las otras que forman esta desestructurada comunidad autónoma y la península. También fuera de sus fronteras.

La última tumba, Las flores no sangran, La ceguera del cangrejo (que se desarrolla en Lanzarote, y que sirve de paso para recordar a César Manrique); Un tío con una bolsa en la cabeza y Los nombres prestados son las novelas que deja tras de sí, eso sin contar las que escribió con destino al público adolescente y algunos relatos que Alrevés ha ido incorporando para las cuidadas reediciones de las seis novelas protagonizadas por Eladio Monroy (Tres funerales para Eladio Monroy, Solo los muertos, Los tipos duros no leen poesía, Morir despacio, El peor de los tiempos y Si no hubiera mañana).

Con Los nombres prestados recuperó además el territorio ficticio de San Expósito, localidad en la que se desarrollan también las dos novelas que forman parte del ciclo La iniquidad, La noche de piedra y Los días de mercurio. A este repaso de las obras que nos legó, destacaría El viento y la sangre, un hard boiled que firma un tal M.A. West, un escritor que nunca existió, ya que se trataba de una broma (y qué broma) de Alexis Ravelo con la complicidad de la editorial Navona.

El bromista que llevaba dentro nos hizo creer que había descubierto esta novela en inglés en una librería de viejo, avisándonos que se trataba de un escritor olvidado de la época dorada del género en los años 40.

Tras revelar la verdad, que A. M. West era él mismo, solo lamento que no tuviera tiempo para escribir alguna novela más con ese pseudónimo aunque ahora echo de menos que no vuelve a escribir más historias pero sobre todo compartir con él mesa y mantel y echarnos unas risas. Muy estruendosas y contagiosas las suyas, por cierto.

Por eso, más que como escritor, que también, me gustaría recordar a Alexis Ravelo como el amigo y el hermano que fue. Por eso este terrible vacío que tengo dentro y la sensación rabiosa de que siempre se nos van antes los mejores. Las personas que lo dan todo sin pedir nada a cambio.

Mientras escribo estas líneas apresuradas no dejo de escuchar su risa, y así, con Alexis riendo es como me gustaría despedir estas líneas urgentes para rendir el homenaje que mi amigo, mi hermano, se merece.

Joder, qué triste es todo esto.

Francisco Juan Quevedo: “Lo que uno escribe tiene a veces algún parecido con la realidad”

Enero 30th, 2023

Contar la historia de la capital grancanaria a través de la construcción e inauguración del teatro Pérez Galdós fue una de las pretensiones que animaron la escritura de El teatro en medio del océano, libro por el que su autor, Francisco Juan Quevedo (Las Palmas de Gran Canaria, 1961), resultó finalista del Premio Nadal en 2022.

En El teatro en medio del océano se cuenta la vida de Feliciano Silva, a quien apodan El Guirre cuando se convierte en una de las mayores fortunas de Canarias a finales del XIX y principios del XX.

- En la novela El teatro en medio del Atlántico cuenta la historia y la expansión de la capital grancanaria a través de la construcción del teatro Galdós.

“El teatro Pérez Galdós supone un termómetro para comprender la expansión y el poder económico, social y cultural de Las Palmas de Gran Canaria. La primera piedra del teatro se coloca en 1867 aunque antes existió otro, el Cairasco, pero con el paso de los años se quedó pequeño para una ciudad que empezaba a tener un crecimiento demográfico muy amplio y a prosperar cuando los buques empezaron a hacer escala en la isla, lo que es determinante para el crecimiento de la ciudad desde un punto de vista económico y social, lo que contribuyó a un mayor enriquecimiento de la burguesía y a que ésta comenzase a demandar nuevas inquietudes, y entre esas inquietudes, un teatro más amplio”.

- Según la novela el teatro dividió a la sociedad grancanaria en sus inicios.

“Sí, el teatro fue un proyecto que tuvo mucha polémica porque se construye justo al lado del mar y en aquellos días aunque ahora ya no, se encontraba junto al mar. Benito Pérez Galdós, que tendría entonces unos quince o dieciséis años, ya era un artista y fue uno de los que contribuyó a ridiculizar las obras porque la mayoría de la población dudaba que saliera adelante. Galdós se encuentra entre los más críticos y llama al teatro que ,paradójicamente años después recibirá su nombre, teatro de la pescadería por su cercanía al mar. En las viñetas que publica los actores aparecen bajo el agua”.

- ¿Quién proyecta el teatro Pérez Galdós?

“El teatro fue proyectado por el arquitecto Francisco Jareño y Alarcón, autor de la Biblioteca Nacional, entre otros espacios. Era un arquitecto de mucho prestigio y el hecho de que fuera contratado habla de la importancia que el teatro llegó a tener para la ciudad. Teatro que originalmente llevó el nombre de Tirso de Molina aunque a finales del XIX pasa a llamarse Pérez Galdós, que ya era un autor consolidado. Recibe su nombre por aclamación popular y el Ayuntamiento lo cambia. En 1918 se produce un incendio del que aún no se saben las causas aunque la rumorología apunta a extrañas maniobras de quien lo arrendaba pero nunca se demostró. Sucedió un viernes por la noche cuando el teatro, un emblema con la catedral de la ciudad, queda reducido a cenizas. Sin embargo, se había convertido en algo tan importante para la ciudad que en apenas unos diez años se reconstruyó y remodeló bajo las órdenes de los hermanos Martín-Fernández de la Torre”.

- Con esta historia, el teatro se convierte en el otro gran personaje de la novela.

“Intenté a través de este edificio que fuera como un soporte para crear una trama y sobre esa trama la historia del desarrollo de la ciudad en unos años muy importantes para el desarrollo de Las Palmas de Gran Canaria y también para Santa Cruz de Tenerife porque comienza el auge del comercio, a finales del XIX y principios del XX”.

- El personaje protagonista, Feliciano Silva, alias El Guirre, es de origen muy humilde pero termina convirtiéndose en uno de los hombre más poderosos de las islas. ¿Es tan oscuro el origen de algunas de las grandes fortunas de Canarias?

“Este personaje es creado y no tiene una base real. Las élites de Las Palmas de Gran Canaria, como imagino que las de Santa Cruz de Tenerife, surgen de una base aristocrática o burguesa. Antiguos terratenientes que se fueron haciendo con tierras desde los primeros años de la conquista y otros que a lo largo de los siglos se convirtieron en grandes fortunas. Lo que ocurre es que uno escribe y a veces, sin saberlo, lo que escribe tiene algún parecido con la realidad”.

- El Guirre hace su fortuna con la prostitución.

“Uno de los viajes más didácticos y duros de mi vida y que marcó mi experiencia personal fue el que realicé a Cuba en 2002. Nací en 1963 y en los años setenta viví la idealización de ese país y por el Che Guevara, así que cuando tuve la oportunidad de viajar a Cuba sufrí no una frustración pero sí un choque sentimental porque lo que pensaba mi generación por razones determinadas no se había materializado. Una de las situaciones que me golpearon más fuerte de ese viaje se produjo cuando visité la fábrica de tabacos Cohiba y vi en la puerta a un soldado con una metralleta. Al entrar en la fábrica me encontré con un galpón lleno de mesas con cubanos y cubanas cortando tabaco en unas condiciones muy precarias y frente a ellos, pintado en la pared, un emblema en el que se leía Si naces pobre y eres honrado no tendrás tiempo de hacerte rico. Con esto quiero decir que Feliciano Silva no se conforma con ser pobre y que la única manera de no ser pobre en aquellos tiempos era vender pescado por la calle y dedicarse a asuntos turbios que, por otra parte, existían. Y muchos”.

- Al leer la novela tuve la sensación que Feliciano Silva no tiene nada que ver con El Guirre. Y El Guirre nada que ver con Feliciano Silva.

“Son el mismo personaje pero es verdad que son también distintos. Creo que a Feliciano no le gusta El Guirre porque es un individuo muy odiado aunque el personaje tiene sentimientos, como cualquier persona. Mi literatura no es tipológica, es decir, que no creo ni en buenos ni en malos porque todos participamos de ese tótum revolutum. Por lo que mi personaje pese a que elija la vida turbia tiene momentos en los que deja ver sus sentimientos. Sentimientos como el amor a sus padres, que resulta evidente y a los que le construye un panteón; a su hija y por la música. Así que sí, si hay algo que separa el carácter de Feliciano del El Guirre”.

- ¿Cuál fue el origen de la novela?

“No fue idea mía sino que formó parte de un proyecto”.

- ¿Un proyecto?

“En el 2008 me lo propone un amigo y editor, Plácido Checa. Se le ocurrió hacer una traslación de Los episodios nacionales de Galdós a Canarias, una especie de episodios insulares que tenían dos peculiaridades. Por un lado, que esos episodios tenían que estar dirigidos al público infantil y juvenil y por otro que cada una de las novelas no estuvieran escritas por un solo autor sino varios. Y me propuso que escogiera uno y elegí el Teatro Pérez Galdós que dio origen a La noche de fuego que funcionó bastante bien”.

- La noche de fuego e refiere al incendio del Pérez Galdós.

“Sí, exactamente. Gustó tanto que los niños me animaron a que escribiera una segunda parte y pensé en un proyecto más amplio que finalizaría en 2007. En tres años escribí una quinientas páginas pero las ambiciones eran tan grandes que lo paré en 1921”.

- El teatro en medio del océano resultó finalista del Premio Nadal 2022.

“Que la novela llegara a estar entre las finalistas de un premio nacional como el Nadal significa que al jurado el espacio de Canarias le resultó atractivo literariamente, lo que no es un logro mío sino algo que se ha ido gestando a través de los años gracias a la trayectoria de otros autores que me han precedido y que han ido abriendo el paladar del gusto literario de la península a este territorio y sus gentes”.

- La novela toca pero levemente el pleito insular.

“El pleito insular no se trata de manera profunda pero sí que aparecen los futuros síntomas de rivalidad entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria. Fue una de las cosas que más me preocuparon desde el punto de vista social y cultural. En mi caso, intento siempre hacer una vinculación de la trama con otras islas. De hecho, uno de los personajes, finés y que recala en Gran Canaria siguiendo la huellas de Humboldt, quiere viajar a Tenerife. Yo me siento en Tenerife como en casa porque tenemos que estar por encima de pleitos aunque no podamos borrarlo”.

- ¿Y cuáles son los síntomas del pleito insular en la novela?

“Explico que fue una pugna entre agustinos y dominicos para obtener una gula y conseguir la Universidad. Además, la Capitanía se instala en Tenerife y a partir de ahí se genera una lucha entre las dos islas por recibir las mejores instituciones públicas y eso ha llegado hasta nuestros días. En el siglo XIX se otorga la capitalidad a Santa Cruz, lo que sienta mal a los grancanarios. Miguel de Unamuno, en una visita a la ciudad en 1908 calificó estas disputas de rencillas cabileñas, lo que no cayó nada bien a la burguesía de aquel entonces”.

DOCUMENTACIÓN

El teatro en medio del océano es una novela histórica y las novelas históricas requieren de mucha documentación para ambientar con la mayor exactitud posible la época que reflejan. En el caso de Francisco Juan Quevedo, y a pesar de que había escrito La noche de fuego que transcurre en un año concreto, 1918, reconoce que cuando comenzó la redacción de la obra por la que sería finalista al Nadal “no sabía que fuera tan complicado escribir una novela de este género porque además del proceso creativo se añade el de documentación”. La documentación lo llevó a rastrear libros y buscar calles ya que muchas de las que hubo en aquellos tiempos ya no existen o han cambiado de nombre. Este proceso, sin embargo, le permitió ir descubriendo cosas que desconocía. “Consulté periódicos, muchos de Tenerife porque buscaba noticias de ámbito regional y nacional como la visita de Alfonso XIII a Tenerife”.

Saludos, a dos días de febrero, desde este lado del ordenador

Secuestros literarios, una novela de Santiago Gil

Enero 26th, 2023

“Me han robado todo lo que tenía varias veces. He llamado a prostitutas en la madrugada que luego desaparecen por la mañana con mi cartera, mi portátil y mi teléfono. Esos son los peores despertares. Muchas veces no recuerdo haberme acostado con ellas. Cuando estoy borracho solo quiero una mano que me sostenga en medio de ese abismo que es mi propia conciencia. Jamás he repetido con la misma prostituta dos veces”.

(Secuestros literarios, Santiago Gil, Editorial Siete Islas, 2022)

A pesar de que no lo aparente, Santiago Gil es un escritor extraordinariamente dotado para el humor. Un humor muy español porque en sus historias la risa siempre resulta torcida. Es decir, que lo cómico resulta a la postre trágico.

Estos elementos se detectan en Queridos Reyes Magos, que considero su mejor novela pero también se derrama en cantidades cada vez más reducidas en el resto de una obra que se caracteriza por su fecundidad. Es como si Santiago Gil se pasara el día escribiendo, escribiendo y guardando novelas en carpetas que va acumulando en el ordenador. Con la bibliografía que descansa hasta este momento tras sus espaldas, en torno a las dieciséis si no se equivocan mis cálculos y esto sin sumar las novelas cortas, los cuentos y poemas, creo que queda claro que estamos ante un hombre al que le gusta escribir y contar historias. Historias en las que se aprecian constantes que han ido madurando por el paso del tiempo y que de una manera u otra aparecen en la mayoría de sus libros. Una de ellas, la sombra del fracaso y lo que conlleva desprenderse –involuntariamente– de una realidad para caer en otra mucho peor. El sentimiento de pérdida y el paso inexorable de los años son también constantes en sus libros, así lo observo en dos de sus más recientes novelas históricas, las dos basadas en grandes personajes de la literatura y el arte como son Benito Pérez Galdós y José Jorge Oramas, ambos nacidos en las isla de Gran Canaria y ambos protagonistas de El gran amor de Galdós y Mediodía eterno. Resulta muy llamativo que estos dos grandes personajes en los que Santiago Gil detiene su atención estén unidos en estos relatos por la edad. Una primera juventud en la que comienzan a gestarse los primeros fracasos y las primeras ausencias.

La editorial Siete Islas publicó en 2022 Secuestros literarios, una novela que Santiago Gil escribió hace unos años y en la que late, sobre todo en su primera parte, el latido del escritor que descubrí en Queridos Reyes Magos. Es decir, al autor que sabe hacerme sonreír e incluso en ocasiones reír. Se tratan estos Secuestros literarios de estampas de la vida de un aprendiz de escritor al que le pasan muchas peripecias, las suficientes, piensa uno, para convertirlas en una novela que es lo que hace Santiago Gil sobre todo en una primera parte donde –aunque no se diga– uno se imagina quienes son los escritores a los que inoportuna el protagonista. Protagonista de una historia que, ya se dijo, está estructurada en forma de cuadros, escenas que lo llevan de un sitio a otro buscando el éxito y el reconocimiento. Que lo logre o no lo descubrirán quienes se acerquen a esta novela desprejuiciada, que nos presenta a un Santiago Gil pletórico por reír y hacernos reír, lo que consigue, se reitera, sobre todo en su primera parte.

La sonrisa primero y la risa después lo logra porque no se corta demasiado sino que se deja arrastrar por las circunstancias que le salen al paso a su protagonista. Lástima que esta libertad creadora se vaya desgastando en la segunda mitad de un libro que tiene más de experimento que de otra cosa. Y que al mismo tiempo investiga, solo que a mordiscos, sobre el arte de escribir y la condición del escritor. Esto podría explicar que los capítulos que estructuran la historia vayan decreciendo en número de páginas hasta convertirse, prácticamente, en párrafos a medida que se va aproximando el final.

Secuestros literarios
debe de leerse como un rapto al hecho de escribir. Y escribir es lo que hace, y muy bien, Santiago Gil, que es uno de esos autores a los que vale la pena seguir en las literaturas que en la actualidad se escriben en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses. Santiago Gil tiene literatura, y esa literatura tiene un mundo propio y una forma muy personal de contarlo. Y esto se aprecia en sus Secuestros literario.

Saludos, se ha dicho, desde este lado del ordenador

Presentaciones de libros

Enero 25th, 2023

* Diez autores canarios rinden homenaje a la generación de los actuales abuelos, las personas nacidas en las primeras décadas del siglo XX, en el libro titulado Momento de cosecha, promovido por la escritora Cristi Cruz Reyes y que tiene carácter benéfico, ya que la recaudación íntegra obtenida por la venta de ejemplares se repartirá a partes iguales con destino a cubrir necesidades de los asilos Hogar Nuestra Señora de la Candelaria y Hogar del Santísimo Cristo de La Laguna.

El volumen reúne relatos y poemas que tratan de poner en valor las vidas, talento y esfuerzo en condiciones adversas de las personas que actualmente se encuentran en edad avanzada y sin cuya importante contribución no habría sido posible el bienestar y los niveles de desarrollo que disfrutan las generaciones actuales.

La publicación se presentará el jueves 26 de enero, a las 19 horas, en el Espacio de Periodismo y Comunicación de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz de Tenerife (APT), ubicada en la Calle de San Francisco número 68 y 70 de la capital tinerfeña, y el miércoles 1 de febrero, también a las 7 de la tarde, en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, situada en la Calle de San Agustín número 23 de La Laguna.

Esta edición única incluye los relatos El sonido de las campanas de Felicidad Batista, Como si uera a desaparecer de María Teresa de Vega, ¡Trato hecho! de Agustín Gajate Barahona, Los miserables de Damián H. Estévez, María de Javier Marrero Fernández, El cigarrillo de Iván Morales Torres, Los años de María Candelaria Pérez Galván y Siete minutos por paciente de Cristi Cruz Reyes. A éstos se suman los poemas de Carmen Paloma Martínez y el titulado Dos árboles en medio del jardín de Elena Villamandos González.

* El periodista, presentador y escritor Jesús Cintora se reunirá con el público del Festival MiradasDoc para la presentación de su último libro, No quieren que lo sepas. Una obra que se adentra en cuestiones de la política y la justicia al abordar la cara oculta de los sucesos más relevantes de nuestro tiempo.
 
Cintora es reconocido por haber presentado programas de televisión como Las Mañanas de Cuatro, Cintora a pie de calle y La línea roja para Cuatro (Mediaset); Las cosas claras de TVE; y Carretera y manta de La Sexta (Atresmedia). En la radio ha trabajado en la Cadena SER desde 1996 hasta 2011, desarrollando una intensa actividad en la que ha dirigido los noticiarios Matinal, Hora 14 y Hora 25 fin de semana, además de coordinar el tramo informativo de Hoy por hoy con Iñaki Gabilondo.
 
El encuentro tendrá lugar el jueves 2 de febrero a las 11:30h en el Auditorio de Guía de Isora. Acto seguido, tendrá lugar la proyección de la película Robin Bank, con la presencia de su directora, Anna Giralt.

Saludos, ahorita, ahorita todos contentos, desde este lado del ordenador