Aarón León Álvarez: “El ‘contradiscurso’ a la investigación histórica ha llevado a la desinformación”

Julio 22nd, 2026

Aarón León Álvarez es doctor en Historia por la Universidad de La Laguna y autor de numerosos libros y artículos, varios escritos en colaboración con investigadores y otros en solitario. Desde hace años, su línea de trabajo se ocupa especialmente de la Guerra y la represión en Canarias.

- Noventa años después ¿qué traumas cree que siguen pesando en la sociedad canaria?

“Lo peor siempre recae sobre las familias que no han podido recuperar a sus familiares o simplemente saber dónde están, qué sucedió con ellos, etc. En general, la sociedad actual más que un trauma tiene un déficit de conocimiento, en muchos casos, y de aceptación de lo que sucedió y cómo se desarrolló, en otros. El contradiscurso a la investigación histórica ha llevado a la desinformación y en otros casos a tratar de contraponer los hechos frente a otros, tratando así de “equilibrar” ciertos hechos, es decir, si había represión franquista en un sitio, la republicana fue peor o de una dimensión que justifica la otra”.

- ¿Hasta que punto la represión ha condicionado el carácter de los habitantes de las islas?, ¿Cómo explicar la polémica que aún suscita en Tenerife el monumento a Franco?

“El monumento no preocupa, creo yo. Preocupan los debates políticos de retirarlo, de ataques políticos de unos contra otros, entre instituciones, etc. Pero no hay un debate sosegado y claro de cuáles son los elementos que deben definir nuestro espacio público y si el monumento a un dictador debe estar en las calles. ¿Es un monumento que genera consenso o simplemente nadie sabe realmente cómo actuar ante un monumento de esas dimensiones? Es insultante para los investigadores que se diga que no se sabe si es Franco o cosas por el estilo: pueden visitar un archivo y consultar la documentación (documentos históricos, prensa, reportajes audiovisuales…)”.

- ¿Cree que la sociedad canaria conoce lo que pasó antes, durante y después de la Guerra Civil?
“Cada vez se conoce más, pero es cierto que en un marco de tensión política que ha condicionado los debates y consensos sociales en torno a este tema. Hay más acceso a información que nunca y se han multiplicado las posibilidades: investigación histórica, literatura, documentales, etc”.

- ¿Qué destacaría de la II República, la Guerra y la represión, y la postguerra en Canarias?

“Son tres periodos distintos, con sus desarrollos y fases pero que siempre se ven juntos. La primera democracia en la Historia de España, el recurso a la violencia y la intervención del ejército en la vida política y pública y la ausencia de libertad que se conecta con el hambre, la escasez y la emigración. Es el momento de resolución histórica de numerosas problemas que existen en el país y que tienen como punto final la depuración de la sociedad; el desequilibrio social y la ausencia de cultura democrática en España está en la raíz de ese problema”.

- ¿Qué significó la Guerra Civil para el archipiélago?

“Un momento de fractura y de depuración social que afectó a miles de familias. A unos por el asesinato de sus familiares (desapariciones, fusilamientos….), pérdida de propiedades, de trabajos, etc. Se unió a ello el temor y la desaparición de espacios de participación pública. Para otros supuso ir al frente de guerra peninsular; pérdida de familiares en la guerra, etc. Para una minoría supuso recuperar el control de las instituciones y, por supuesto, acabar con el movimiento obrero, para poner fin así a la etapa de mayor contestación social de la historia del archipiélago.”

- ¿Cómo cree que afectó a la cultura y la educación en Canarias?, ¿qué protagonistas e intelectuales destacaría de aquellos años?

“Puso fin a un periodo de auge cultural y de extensión de la educación como no se había producido antes y que estaba suponiendo que la cultura, en sentido amplio, llegara a sectores de la sociedad que habían estado alejadas de la misma. Supuso que todo el grupo de personas que participaron en Gaceta de Arte prácticamente desaparecieran de la vida pública, con casos como el de Domingo López Torres que fue desaparecido; maestros depurados, artistas que acabaron en prisión, etc”.

- ¿Cuál fue el papel de la mujer antes y después de la Guerra?, ¿qué mujeres destacaría?

“Es uno de los temas que resultan necesarios poder investigar para saber realmente hasta dónde llegaron las reformas republicanas, pero también la participación de las mujeres obreras, más allá de casos reconocidos como Isabel Hernández Marichal, Carmen Goya o Isabel González “Azucena Roja”. A su vez, durante la guerra, el papel de la mujer como sustento de la retaguardia para la guerra, o el impacto de su nula participación política”.

- ¿Por qué resulta tan difícil abordar con cierta objetividad la Guerra Civil en Canarias como en España?

“Creo que se aborda con objetividad, al menos desde la historiografía. Por mi experiencia la mayor dificultad la he encontrado a la hora de ver como el resto de la población, por sus tendencias políticas actuales, puede asumir la dimensión de la violencia en Canarias contra sectores sociales concretos y que su uso respondió a la necesidad de acabar con cualquier oposición a las élites tradicionales. Claro está, en otros ámbitos, puede haber esa falta de objetividad, pero la creatividad o la investigación siempre puede venir condicionada desde el mismo momento en que se elige el tema a trabajar”.

- ¿Qué es lo que cree que aún queda por investigar de la Guerra Civil en Canarias?

“Actualmente solo tenemos dos tesis doctorales sobre la Guerra en Canarias (Ramiro Rivas en Tenerife y Salvador González en La Palma). Nos hace falta una visión de conjunto que de verdad integre a todas las islas y en aspectos concretos, por ejemplo, de la represión sería necesario un estudio de las causas militares y sus múltiples efectos, incautación de bienes, la depuración de las mujeres, etc”.

- Como historiador ¿qué momentos considera que deben de destacarse del conflicto en el archipiélago?

“Todos los procesos van entrelazados, como el golpe y los posteriores actos de resistencia, destacando especialmente en las islas no capitalinas como La Palma o La Gomera. El proceso inicial de estancia de Dolla en Canarias y la brutalidad de la represión especialmente por la desaparición de personas. La partida hacia el frente de guerra peninsular de jóvenes sin militancia política y por obligación que quedarían marcados para el resto de sus vidas. La apertura de Fyffes y la colaboración del capital extranjero…”

Saludos, más nunca o nunca más, desde este lado del ordenador

Manuel Ferraz Lorenzo: “La dictadura fue la negación de la propia persona y de su decisión soberana para poder pensar y actuar libremente”

Julio 21st, 2026

Manuel Ferraz Lorenzo es catedrático de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de La Laguna y autor y coautor de varios libros, monografías y artículos de investigación publicados en revistas españolas y extranjeras; sus temas de interés versan sobre aspectos de historiografía de la educación, la construcción social y educativa de la ciudadanía, y la historia de la educación contemporánea en España (especialmente en Canarias).

- Noventa años después ¿qué traumas cree que siguen pesando en la sociedad canaria de aquel periodo de nuestra historia?

“No sé si “traumas” sería la expresión más correcta, pero al menos, sí siguen existiendo “secuelas” de los acontecimientos posteriores al 18 de julio de 1936. Fundamentalmente dos: la secuela debido a la injusticia que se cometió, porque 90 años después sigue sin haber reparación real a la víctimas, pese a la ley de Memoria Histórica de 2007 y a la Ley de Memoria Democrática de 2022 (que, sin lugar a duda, han supuesto un paso importante en el reconocimiento de las atrocidades cometidas); y la secuela de la equidistancia, porque parece que todos tuvieron las mismas responsabilidades al cometer las atrocidades, tanto en el rol de victimas como de victimarios. Y nada más lejos de la realidad. Unos cumplían las leyes de las que se habían dotado democráticamente para salvaguardar el orden establecido y otros actuaban a través del “ordeno y mando” y del atropello otorgado por la fuerza de las armas y de las homilías vociferadas desde los púlpitos de la Iglesia (recuérdese la carta colectiva del Episcopado español a los obispos del mundo entero firmada el 1 de julio de 1937). En Canarias estas secuelas se han podido palpar”.  

- ¿Hasta que punto piensa que la represión ha condicionado el carácter de los habitantes de las islas? Se pregunta por qué no nos explicamos como tanto tiempo después la polémica está presente cuando se habla de que el monumento a Franco desaparezca de la capital tinerfeña.

 “Lo ha condicionado tanto que, prácticamente, hasta bien entrados los años 80 no se hablaba de asesinados, desaparecidos, huidos, exiliados, marginados socialmente, etc. porque el control, la depuración y la represión ejercida por el ejército, por Falange, por la Iglesia y por las fuerzas ciudadanas paramilitares, fue durísima tras el golpe de Estado y la cruenta guerra civil. Por cierto, a estas alturas de la historia no se puede hablar del alzamiento nacional y, menos aún, de cruzada contra el comunismo. Fue todo mucho más complejo y estos términos surgieron como invención propagandística de los sublevados. Aquel terror del que hablaba el general Mola se fue transmitiendo generación tras generación hasta perdurar en la conciencia colectiva actual, azuzada por determinados partidos políticos y por evidentes intereses económicos y financieros”.   

- ¿Cuáles son los temas que más les cuesta superar a los canarios de su pasado guerracivilista?

“El aceptar que previamente al golpe de Estado se vivió una forma de gobierno democrática y constitucional, legítima y aceptada por la mayoría de la población en España y en las Islas, aunque conflictiva (fue la reacción de algunos grupos de poder ante la pérdida de sus privilegios históricos). La guerra civil acabó con los derechos civiles, políticos y sociales conquistados a partir de 1931. La mujer pasó a ser una figura decorativa en el hogar y una servidora de la Patria. No hubo libertad de pensamiento y menos de expresión. Canarias se convirtió en una cárcel para los que no se adhirieron al régimen desde los primeros momentos. La dictadura fue mucho más que la negación de los derechos conquistados unos años antes, fue la negación de la propia persona y de su decisión soberana para poder pensar y actuar libremente”. 

- ¿Cree que la sociedad canaria conoce lo que pasó antes, durante y después de la Guerra Civil?

“La historia de Canarias sigue sin conocerse a pesar del tiempo transcurrido. Nos basamos en tópicos y generalizaciones, pero no se ha estudiado y divulgado el pasado de las Islas como prioridad. Ni siquiera los libros de texto de nuestros niños y jóvenes abordan las temáticas canarias y, cuando lo hacen, se convierten en temas marginales, casi residuales. Las manipulaciones, tergiversaciones, visiones parciales y populistas han estado a la orden del día. De ahí, la aceptación “inocua” de las propuestas totalitarias defendidas actualmente por partidos políticos autoconsiderados patrióticos. Solo ha habido un momento histórico en Canarias en el que esto pareció superarse: durante el quinquenio 1978-1982 de la Transición a la democracia, cuando en las Islas resurgieron las propuestas nacionalistas de izquierdas y se intentó descorrer el velo del pasado más reciente. Ahora la polarización y el revisionismo lo inunda (casi) todo”.

 - ¿Qué destacaría de la II República, la Guerra y la represión, y la postguerra en Canarias?

“Es un período muy extenso, diverso e intenso. Se pasó de una democracia parlamentaria con una amplia pluralidad ideológica, a una etapa de fuertes enfrentamientos y de una cruel y ejemplarizante represión. La lucha de clases y la afinidad ideológica determinaban la posición de cada uno en la vertebración de la nueva sociedad. En este sentido, la miseria económica, la mediocridad intelectual y el fanatismo religioso reemplazaron, a partir del 18 de julio, a los derechos laborales, al fomento de la ciencia, la cultura y la educación, y a la libertad de expresión. En Canarias, por su configuración como sociedad isleña, estos contrastes fueron especialmente evidentes y calaron notablemente en la personalidad de su población”.  

- ¿Qué significó la Guerra Civil para el archipiélago?

“La Guerra Civil generó una crisis sin precedentes en las Islas Canarias. Y no me refiero solo a los aspectos más específicamente económicos, sino, sobre todo, a una profunda fractura social y personal (de identidad, si se quiere). La Islas se militarizaron desde sus inicios y hubo un colapso económico y social que se intentó mitigar con las cartillas de racionamiento (que no fueron ni justas, ni equitativas, ni distributivas), el estraperlo y el chantaje patronal. La represión, que ya he citado en apartados anteriores, se convirtió para los sublevados en la única medida viable de control social. Se prohibieron y persiguieron referentes intelectuales, señas culturales, tradiciones, avances científicos… la disidencia a estos retrocesos sociales, políticos y morales se intentó mitigar a través de los bandos militares, los dogmas de fe y las rejas carcelarias, aumentando su número ante la avalancha de detenidos a través de la creación de las temidas prisiones flotantes”.    

- ¿Cómo cree que afectó a la cultura y la educación en Canarias?, ¿qué protagonistas e intelectuales destacaría de aquellos años?

“La cultura y la educación, además, de las personas que las encarnaron, junto a otros líderes obreros y sindicales, fueron los grandes damnificados de los acontecimientos bélicos. Canarios universales como Blas Cabrera Felipe o Agustín Millares Carlo, entre otros cientos más, tuvieron que salir al exilio. Otros optaron por el exilio interior. La cultura, el arte, la ciencia, la educación, etc. fueron literalmente cercenadas. Algunos maestros fueron fusilados por ocupar cargos políticos: Manuel Illada Quintero en Tenerife y Juan Santana Vega en Las Palmas. Otros, los más renovadores en cuanto a contenidos educativos y metodologías pedagógicas, fueron despojados de sus títulos y tuvieron que vivir en precario: Juan B. Caparrós Morata. Pongamos otro par de ejemplos más: en La Palma, la Agrupación Cultural Octubre que se había creado en 1934 y que llegó a congregar a medio millar de personas en sus excursiones y manifestaciones artísticas y literarias, fue literalmente decapitada y sus responsables, como ocurrió con el maestro y líder obrero José Miguel Pérez, fusilado. La misma isla contaba en 1930 con 107 escuelas, a comienzos de 1936 con 165 y en 1939 con 167 (de ellas, 70 permanecieron cerradas por la contundente represión ejercida sobre el magisterio). En resumen, que en 1939 había menos escuelas, menos niños escolarizados y más maestros adocenados y mediocres que en 1930. En el resto del Archipiélago ocurrió algo parecido al haber sido represaliados, según cifras oficiales de los sublevados, 1.566 maestros en las dos provincias canarias (decreto de cese colectivo fechado el 27 de setiembre de 1936. Unas cifras que tampoco se ajuntan a la realidad porque no había tantos maestros y maestras en activo)”.

 - ¿Cuál fue el papel de la mujer antes y después de la Guerra?, ¿qué mujeres destacaría de aquel entonces?

“La mujer antes de la guerra civil había conquistado el derecho al voto (recordemos el debate parlamentario entre Clara Campoamor y Victoria Kent, el 1 de octubre de 1931), el derecho al divorcio, la despenalización del aborto en territorio republicano no ocupado en 1937, la igualdad social y jurídica con los hombres, etc. Tras el golpe de estado se recluyó en el hogar para pasar a ser hija, esposa y madre ejemplar (siguiendo los cánones establecidos por el nacionalcatolicismo de la época). Su dependencia de una figura referencial masculina fue total y la que lo incumpliera era señalada, reprendida, recluida en reformatorios, prisiones especiales o en el Patronato de Protección a la Mujer, gestionado por las órdenes religiosas al servicio del régimen. Siempre padeció una doble marginación: de clase y de género, se convirtió en un ser dependiente, maltratado y cosificado. Ejemplos de mujeres que lucharon por defender sus derechos podemos citar en Canarias, entre otras muchas, a Isabel González (Azucena Roja) o Sara Pérez”. 

-  ¿Por qué resulta tan difícil abordar con objetividad la Guerra en Canarias?

“Por la enorme propaganda y manipulación de los hechos que se ha realizado y que todavía continúa haciéndose por parte de ideologías y los estómagos agradecidos con el régimen anterior. También hay que comentar la enorme dificultad que hemos tenidos los investigadores para entrar en determinados archivos y consultar su información. Hay tesis doctorales que se han abandonado porque resultaba más cómodo y ventajoso investigar temas de carácter general que aspectos concretos de los años 30, 40 o 50. La historia de Canarias ha estado cargada de glorificaciones o de satanizaciones y, como consecuencia, exenta de la comprensión necesaria para interpretarla adecuadamente. Por suerte, hace algunas décadas que esto ha comenzado a cambiar. Algo que habría que seguir potenciando desde las instituciones públicas y académicas”. 

- ¿Qué es lo que queda por investigar de la Guerra Civil en Canarias?

“Todo. Bueno, maticemos. Si bien es cierto que hay aspectos que han sido abordados por destacados especialistas en la materia y que han arrojado mucha luz sobre las sombras de la guerra (represión, delaciones, enfrentamientos, militarización, Falange, retaguardia, cultura, educación, etc.), todo es susceptible de someterse a nuevos análisis y a complejas interpretaciones para hacerlas más inteligibles. Como diría el historiador británico Peter Burke, “aunque el pasado no cambie, la historia debe escribirse de nuevo en cada generación para que el pasado siga siendo inteligible en un presente cambiante” (2000: 239). Por eso debemos animar a nuevos investigadores a que sigan indagando en temáticas de referencia histórica como la república, la guerra civil, el franquismo, la Transición democrática, el respeto a los derechos humanos, etc. En resumen, buscar respuestas para crear mundos y sociedad más habitables, potenciando la conciencia colectiva y la acción humana para desactivar el artificio que pone en cuestión las sanas relaciones personales”.  

- ¿Qué momentos destacaría del conflicto en el archipiélago?

“Hay momentos muy especiales, como los posteriores a la insurrección golpista por la terrible represión, los encarcelamientos con torturas, las famosas sacas, las fosas clandestinas (los asesinados en la Sima de Jinámar), los juicios sin garantías procesales (sumarísimos), las violaciones físicas y la conculcación de todo tipo de derechos humanos, los sometimientos a los que pensaban distinto, los métodos perversos de sufrimiento (incrustación de lascas de tea en las uñas de los presos para que delataran a compañeros…), etc. Sin duda, el momento más valiente y arriesgado para detener estas atrocidades tuvo lugar en La Palma durante la denominada Semana Roja (del 18 al 25 de julio de 1936) donde la Isla se mantuvo fiel a la legalidad republicana vigente. La represión sufrida por sus promotores fue pagada con sus vidas, con el exilio, con el encarcelamiento y con el escarnio permanente a sus familiares y descendientes”.

Saludos, contra viento y marea, desde este lado del ordenador

A sangre y fuego

Julio 20th, 2026

Noventa años después del estallido de la Guerra Civil, aquel sábado 18 de julio de 1936, los historiadores Ricardo Guerra Palmero, Aarón León Álvarez y Manuel Ferraz Lorenzo responden a una serie de preguntas en la primera entrega de una serie que finaliza el domingo próximo, con la que los encuestados dan a conocer sus opiniones en torno a lo que significó aquella catástrofe para el archipiélago canario. Esperamos que sus respuestas y reflexiones contribuyan a serenar un debate que sigue ahí, provocando discusiones encendidas que no llegan a ningún lado.

A partir de este martes y hasta el jueves, iremos subido a este su blog El Escobillón las tres primeras entrevistas de un total de seis que hemos realizado para recordar lo que significó esta fecha para el archipiélago.

Manuel Ferraz Lorenzo es catedrático de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de La Laguna, departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia, la Educación y el Lenguaje y es autor y coautor de varios libros, monografías y artículos de investigación.

Ricardo Guerra Palmero y Aarón León Álvarez son doctores en Historia de la ULL, e investigadores que han dedicado gran parte de su trabajo a publicar libros y artículos especializados en los antecedentes, la guerra y la postguerra en el archipiélago. Ricardo Guerra es autor de La Falange en Canarias (1936-1950) y Guerra y economía en Canarias (1936-1945), entre otros.

Aarón León colaboró con Luana Studer Villazán y Victorio Heredero Gascueña en La recuperación de la memoria histórica en Tenerife: un estudio multidisciplinar sobre los desaparecidos durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y es autor por citar un título de Consenso y resistencia en Canarias durante el primer franquismo.

La semana próxima participarán en este especial las escritoras Cecilia Domínguez Luis y María del Mar Rodríguez y el cineasta Miguel A. Morales. Los tres cuentan en su trabajo con títulos que se desarrollan en este periodo trágico para las islas.

FOTO: El 17 de junio de 1936, el general Francisco Franco se reunió en Las Raíces, en el monte de la Esperanza (Tenerife) de forma semisecreta con los principales mandos militares de la isla para planificar el golpe de estado que desencadenó la Guerra Civil. La imagen que reproducimos fue tomada por el fotógrafo tinerfeño Adalberto Benítez.

Saludos, y hasta mañana, desde este lado del ordenador

Israel Díaz Reinado: “Me evado gracias a los libros que escribo”

Julio 14th, 2026

La almadraba, esa red que tiene forma de laberinto, es una excelente metáfora para revelar la historia que cuenta El fin de ninguna parte (HarperCollins, 2026), una novela en la que su autor, Israel Díaz Reinado (Cádiz, 1973), mezcla, y con habilidad, thriller y método procesal en el escenario de una ciudad y de una provincia como es Cádiz. Los protagonistas de la historia son el inspector de origen asturiano Hugo Monforte y su compañera Candela Martín. Él representa el frío del norte y ella el calor del sur, dos personajes muy diferentes que tienen que trabajar juntos para resolver un caso en el que se ve envuelto un ambicioso empresario de la industria conservera.

- Esta es su primera novela.

“Efectivamente se trata de mi primera novela, novela que he escrito con 53 años aunque lo de escribir me viene de pequeño pero por causas del destino, entre el trabajo y los estudios, nunca tuve la oportunidad de lanzarme en serio a publicar. Tampoco es fácil penetrar en el mundo editorial. Ya había escrito varios borradores que había enviado a editoriales y a agentes literarios pero sin mucho éxito y casi me había rendido pero con el paso de los años y la irrupción de las redes sociales, se me abrieron un poco las puertas. Cuento con varios perfiles en redes sociales y en ellos cuelgo relatos, algunos de los cuales se han vuelto virales y esa comunidad es la que ahora, digamos, me respalda de cara a publicar en editoriales grandes”.

- ¿Y su afición al género policíaco?

“Está unida al amor que siento por mi propia tierra y al género literario policíaco, que más que policíaco diría que es thriller de suspense. Lo que hice fue unir estos dos cauces para dar pie a la obra. Me gusta Cádiz, me gusta hablar sobre Cádiz, de sus tradiciones y costumbres. También de su gastronomía y de sus playas paradisíacas. Era natural que todo eso se convirtiera en el escenario de este libro que, al fin y al cabo, es un thriller de suspense, un thriller policíaco tradicional ambientado en un sitio totalmente diferente, con un escenario completamente diferente al que estamos habituados en este tipo de literatura o de películas”.

- ¿En la novela se preocupó por respetar el acento gaditano?

“No, pero sí las peculiaridades propias del lugar y el tipo de personajes que te puedes encontrar en Cádiz, una capital que tiene bastante personalidad, además de ser un sitio muy pintoresco. Cádiz es un crisol de muchas culturas al que avala tres milenios de historia. Es decir, que por esta tierra pasaron muchos pueblos (fenicios, cartagineses, romanos, árabes) y mantuvo comercio con las Américas. En Cádiz te encuentras una mezcla de costumbrismo y de cosas que no encuentras en otros sitios. Es caldo de cultivo para buscar una historia original, divertida y con pasión”.  

- ¿Qué importancia tiene Cádiz en la novela?

“Pues es fundamental, porque el protagonista es un chico del norte, de Asturias, que tras pasar una etapa de formación en Madrid lo destinan a Cádiz y allí se encuentra en un sitio completamente diferente al que él había conocido de pequeño. El mar de Cádiz es muy diferente al de su Asturias natal, que es un mar agitado y de aguas frías y con días de cielos plomizos pero en Cádiz se encuentra con todo lo contrario: clima cálido, viento de levante y aguas azules. Y ese contraste de escenarios acompaña a nuestro personaje que necesita dejar atrás su lastre emocional ya que aparte del caso que está investigando, en el libro mostramos su vida personal y que atraviesa un mal trago, y esa diferencia, esos contrastes, pues benefician al conjunto de la novela. Trabaja en Cádiz junto a su compañera Candela, que es una chica del sur, divertida, sin ningún tipo de lastre emocional. Así que tanto el escenario de aquí, de las playas, y la gastronomía, las costumbres son los que obligan a Hugo Monforte a salir de su agujero”.

- Hugo Monforte y Candela Martín parecen muy reales, ¿están inspirados en personas que conoce?

“El personaje de Hugo Monforte no es una invención al cien por cien mía porque uno se inspira en lo que ha vivido, amado o experimentado. En mi caso, soy muy fan de Pepe Carvalho, y de Pepe Carvalho hay mucho en Hugo Monforte. El personaje de Manuel Vázquez Montalbán es un solitario, alguien que no tiene ataduras sentimentales aunque hay por ahí un romance con una mujer que no termina en nada serio. Carvalho ama mucho el vino y la comida e incluso es cocinero, y mi Hugo Monforte también es un gran amante de la gastronomía. En el libro se describen los platos que le gustan, y de una manera muy minuciosa porque Hugo también es cocinero. Soy un gran admirador también de las novelas de Domingo Villar y admito que en cierto modo también me he inspirado en sus personajes, que allí donde los sitúa en Galicia tienen una relación muy fuerte con los vinos y con la gastronomía de la zona, y con el mar. En lo que respecta a Candela no me he inspirado exactamente en ningún personaje sino más bien todo lo contrario, porque hasta ahora en las novelas negras, o de ficción policíaca, todos los personajes que me había encontrado, tanto masculinos como femeninos, cuentan con un pasado tumultuoso y casi siempre con divorcios o salen de un trauma familiar grave, y con Candela quise hacer todo lo contrario. Es decir, crear un personaje positivo, que todo en ella sean ganas de tirar para adelante. El enemigo, el villano de esta novela se conoce desde el principio. Es el empresario Parraverde.”

- Llama la atención que de a conocer tan pronto quién es el villano de la historia.

“Parraverde aporta al libro mucha riqueza y si bien al principio parece el malo, luego en ciertos momentos es muy humano. En la novela le dice a Monforte que quien actúa mal es Hugo y no él. Parraverde es un hombre que defiende a su familia y a sus trabajadores hasta la muerte mientras el policía tiene una hija a la que apenas conoce. Me gusta jugar con esa dualidad y con esas luces y sombras donde los malos no son tan malos y los buenos no son tan buenos”.

 - Antes comentaba que a Hugo Monforte le gusta cocinar, la pregunta es ¿qué piensa Hugo Monforte de la cocina gaditana?

“Hugo se refugia en la comida, y para él es como una especie de parque temático ya que lo que descubre aquí no tiene nada que ver con lo que él conocía hasta ahora. Es decir, en Cádiz es muy típico el pescado frito pero tiene otros productos vinculados a la vid y al vino de aquí, y está el ajo caliente o el mosto, además de los platos típicos de fritura marinera, como la tortillita de camarones, que desconoce y descubre. He intentado que Cádiz sea como una especie de refugio para Monforte, aunque el paisaje esconde muchas cosas malas. La cocina es como su pequeño refugio, el lugar donde olvida los problemas”. 

- ¿Y para usted?

“No soy en absoluto gastrónomo ni cocino, pero me gusta mucho comer. Me gusta mucho comer bien y para llevar a cabo esta novela y las que vendrán me gustaría que mantuvieran el mismo tono. En cuanto a cocinar, no, no suelo cocinar, o no suelo cocinar de una manera elaborada, es decir, que no soy una persona que me dedique a pasar horas en la cocina realizando platos elaborados porque yo cocino sobre la marcha”.

- Es ingeniero de datos y ha dedicado su vida profesional al análisis financiero. ¿Escribir le sirve para olvidar su trabajo?

“Sí, la verdad es que sí. Son cosas totalmente opuestas. Escribir me sirve de alivio, de descanso, porque toda la labor que conlleva escribir, no solo escribir, sino investigar, buscar escenarios, estar horas imaginando personajes y apuntarlos en una libreta, todo lo que conlleva la creación de una obra literaria, me relaja y me aleja de lo que es mi trabajo habitual. Yo me evado gracias a los libros que escribo pero hay otros que dedican sus ratos libres a tocar la guitarra o a recitar poemas”.

- ¿Cómo se asesoró para escribir la novela?

“Tengo algunos amigos, casualmente, que trabajan en el ámbito de la justicia, o son funcionarios de prisiones, o bien trabajan de secretario judicial o bien son de la guardia civil, es decir, que tengo varios amigos a los que les pregunto este tipo de tecnicismos cuando tengo algún tipo de duda. En la página final del libro les muestro mi agradecimiento a todos ellos”.

- Una vez comentó que si Vázquez Montalbán hubiera cambiado Barcelona por Cádiz, sus libros habrían sido aún más universales, ¿por qué?

“Por el carácter universal de Cádiz. Cádiz y San Fernando fueron hace dos siglos el punto neurálgico de la política en España. En 1812 nace la primera constitución española que fue promulgada en Cádiz. Cádiz es una ciudad abierta y multicultural que actúa como un resorte e impulsa cualquier tipo de obra, no solo la de Pepe Carvalho”.

- Y al escribir la novela ¿qué ha descubierto de Cádiz que no sabía?

“Nunca se termina de conocer Cádiz. Sus calles son estrechas y sus locales tienen alma y personalidad. Hay ultramarinos centenarios, negocios que han ido pasado de padres a hijos desde los tiempos en que las mercancías venían de América. He disfrutado mucho buscando información para este libro, y no solo de Cádiz capital. También investigué la cultura del atún del almadraba que se describe en la novela, y que desconocía o conocía de una manera muy tímida. He visto el ronqueo, que es el acto de despiezar el atún para cocinarlo”.

- ¿Y de usted?

“Bueno, lo primero que he descubierto es que nada es imposible y que con el esfuerzo y con el tesón se llega a todos sitios. Jamás pensé que publicaría una novela en el grupo editorial más grande del mundo, como es HarperCollins, así que encontrar mi libro en todas las librerías y en todos los centros comerciales de España es un sueño cumplido”.

- ¿Esta novela inicia una saga?

“Ahora mismo tengo en mente otra, una segunda novela con los mismos personajes, y que transcurre en la provincia de Cádiz, pero en un escenario completamente diferente, que ya conoceréis, porque lo que quiero es mostrar la provincia en todas sus facetas, y quién sabe si Hugo y Candela también llevan a cabo algún tipo de investigación en la tercera o en la cuarta fuera de Andalucía. Podría ser perfectamente factible. Hay rincones de España que me enamoran y me gustaría que algunos de ellos fueran escenarios de estas historias”.

- Comentaba antes que en esta novela escribe sobre la cultura de la almadraba, de la que se ha empapado a fondo.

“Hablamos de una cultura que procede de los fenicios y que potenciaron los romanos. Se aprovechan de la corriente del trasiego del atún que cruza el estrecho de Gibraltar para reproducirse y en ese camino se encuentran con la almadraba que es un laberinto de redes que están ahí de tres a cuatro meses y en ese laberinto quedan atrapados los atunes hasta que los pescadores levantan las redes. Se pasa de padres a hijos y tiene su propio vocabulario e idiosincrasia. Es una cultura muy aferrada a la tierra porque nos encontramos en una zona donde apenas hay tejido empresarial y muy poca infraestructura económica. Hablamos de la zona de Barbate, de Los Caños de Meca, de Trafalgar, de Zahara de los Atunes, zonas donde solo hay pesca y turismo, no cuenta con ninguna infraestructura económica que haga que los jóvenes se quieran quedar”.

Saludos, viva Cádiz, desde este lado del ordenador

El cine según Joseph Roth

Julio 13th, 2026

Joseph Roth describe en la primera reseña de De Cine (Casimiro Libros) la exhibición de una película en una pequeña ciudad germano-morava. El dibujo que hace de los espectadores que asisten a la proyección es cuanto menos pintoresco:

“La sala estaba a rebosar y entre el público reinaba el ambiente de expectación propio de los estrenos. Había chicas jóvenes de mirada apasionada. Escolares de digna gravedad seguían en vilo los acontecimientos del drama. Los jóvenes espectadores devoraban el gesto más insignificante de la mano, el más mínimo parpadeo del héroe o de la heroína. Y comprendí el influjo pedagógico del cine en la juventud de esta pequeña ciudad. Lo percibí del golpe: era el motivo de que las mujeres mostraran esa expresión coqueta, esa forma majestuosa y condescendiente de inclinar la cabeza cuando se las saludaba. La chica de los recados se comportaba como una dama. La rubia dependienta de la papelería de la esquina imitaba a una princesa. Lo cotidiano se había convertido en película. El episodio minúsculo y prosaico, en escena. Y ellos mismos, todos esos hombrecitos y todas esas mujercitas eran héroes y heroínas. Asta Nielsen y Henry Porten, Harry Walden y Valdemar Psilander en diez mil copias”.

Este fragmento es también una declaración de principios sobre lo que el gran escritor pensaba sobre el cine escritas con un tono que media entre lo irónico y lo festivo, entre la crítica y la opinión lúdica, que fueron redactadas y publicadas en la prensa entre 1919 y 1931. Un periodo que ya es casi arqueológico para los estudiosos del cine silente, ese gran desconocido para el público aunque el acto de asistir al cine sigue siendo, en esencia, el mismo que describe Joseph Roth en esta reseña, titulada El cine como manual de conducta.

De cine recoge veinte de estos comentarios, más que críticas, aunque alguna hay escrita siempre con la voz de Roth, ajena por fortuna a los formulismos académicos, y que quizá por eso se disfruta si se lee de manera pausada y no de un tirón. Más allá de lo que describa o de lo que opine, este paquete de reseñas son alta literatura y periodismo cultural de prestigio. Están escritas por un hombre que retrató la Europa que conoció. El esplendor del imperio austrohúngaro y su final con la I Guerra Mundial.

Si en sus novelas y cuentos emana una luz desconcertante en torno a unos tiempos a la deriva y con el que se observa algunos inquietante puntos de contacto con los que vivimos, De cine disfruta de ese resplandor solo que costreñido al espacio del periódico o la revista en el que terminaron publicándose estos comentarios sobre cine. Una mirada irónica y feroz cuando despierta su instinto dormido y afilada si la película no tiene nada más allá del oropel de la producción. Eso opina de Los nibelungos (Fritz Lang, 1924) que le cansa y le cabrea porque “tiene el ritmo de una ceremonia fúnebre, una formidable lentitud”. Roth no solo va a por Lang en su reseña. Critica a quien por entonces era la guionista y compañera sentimental de Lang, Thea von Harbou, quien según el escritor: “se inventa una campaña de los hunos contra Roma para que puedan aparecer imágenes de un campamento militar”.

Al final concluye que la película “suministra ilustraciones a un libro folclórico de la señora von Harbou”, y que se trata de una súper producción en la que le resulta muy duro “tener que decirle a un director como Fritz Lang que su “afán ha sido mayor que el respeto demostrado por el tema en cuestión”.

Si en conjunto todas las reseñas son estupendas es inevitable que recuerde unas más que otras. Puestas así las cosas me gustaron un poquito más que otras El entierro de Lenin en el cine, en que escribe las posibilidades de la cámara cinematográfica tomando como modelo el rostro momificado de Lenin en la pantalla o manifiesta su estupor porque el cine le muestre cómo son otros lugares del mundo.

“El rostro de Lenin no se ha visto alterado por la muerte. Es la faz de un durmiente incapaz de relajarse incluso durante el reposo, como de alguien cuyo sueño es la prolongación del día. No es la transfiguración metafísica que revela, por ejemplo, la máscara mortuoria de Goethe. La gran voluntad de vivir ha sido mayor que la gran metamorfosis”.

El artículo que escribe de Nanuk, el esquimal (Robert J. Flaherty, 1922) con el titulo de El huésped que viene del norte, es una de las reseñas más sentidas de cuantas reúne este libro. El largometraje entusiasmó a Roth, fascinado porque el cine le hiciera conocer la historia de un inuit que de otra manera no hubiera conocido.

Escribe de Nanuk, el esquimal su asombro por ver en pantalla y en un cómodo cine de Viena un día en la vida del protagonista de la película, y el asombro que siente por un medio, como es el cine, que permite aproximar a espectadores de todo el planeta otros espacios y culturas que poco o nada tienen que ver con la suya. Entre las muchas grandezas de este libro se encuentra la visión adelantada a su tiempo que tuvo el escritor en torno al cine como arte y como industria. Y la necesidad que tenía entonces de encontrar su lugar en el mundo.

Estas reflexiones sobre cine finalizan con otro de esos artículos excepcionales que hacen de Joseph Roth el gigantesco escritor que fue. Lleva por titulo Chaplin y Gandhi, y se trata de un admirable estudio de dos hombres aparentemente opuestos pero tan parecidos cuando se trata de defender la paz. Está escrito sin concesiones. Va directo al grano así que cuando uno lo termina respeta mucho más a Chaplin, Gandhi y por supuesto a Joseph Roth.

Saludos, the end, desde este lado del ordenador

El final de un dictador

Julio 8th, 2026

El profesor de literatura y escritor Antonio Scurati pone fin a su ambiciosa pentalogía sobre el dictador italiano Benito Mussolini en M. El fin y el principio, en la que narra los tres últimos años en la vida de un hombre que convirtió la política en arcilla con la que manipular el pasado y el presente de una nación. Un arte inspirado en una retorcida improvisación con la que salir del paso, con la de salvar cualquier problema político recurriendo a la hipocresía con todos y con todas ya que los daba por tontos. Método hoy por desgracia al que sigue recurriendo el poder (por minúsculo que sea) combinándolo con el miedo. ¿El fin? El fin es cambiar la historia en su propio beneficio. Se niega cualquier oposición, la oposición en todo caso debe manar de un único partido, el Fascista, que deja la decisión final al jefe.

Bajo ese sistema se rigió Italia una veintena de años y entre sus logros visibles, además de crear una sólida industria cinematográfica que produjo películas bastante mediocres, fue conseguir en un país de la Europa mediterránea que los trenes salieran y llegaran puntuales a la estación. Lo dijo Churchill, uno de los más entusiastas defensores del régimen mussoliniano antes de que comenzara la II Guerra Mundial.

El quinto y último volumen de esta serie mantiene el mismo tono acusador con el que Scurati inició este ambicioso proyecto hace unos años, es decir, señala y muestra las vergonzosas contradicciones del fascismo y de quien fue su creador, solo que en esta quinta y última parte asistimos al drama final, al desmoronamiento de un proyecto político que se tomó demasiado en serio, tan en serio que terminó gangrenándose en una terrorífica guerra civil claro que qué guerra civil no es terrible, qué guerra en general no es brutal y terrible… Uno de los atractivos de M. El fin y el principio es su aire de tragedia. Y que una de las voces que narran esta tragedia sea la del protagonista de esta historia: Mussolini. Solo que un Mussolini derrotado, una sombra de aquel que aparece en la letra de You’re the top, de Cole Porter. Un hombre que de la nada llegó hasta lo más grande. Un genio político que fue capaz de rodearse de lo peor y de lo mejor para ser el duce de una Italia imperial que nunca se creyó demasiado lo del sueño romano.

Este es el capítulo final de un socialista que tras cambiar la camisa por una negra, hizo creer al mundo que de él dependía la paz en Europa y que fue recibido con alfombra roja por uno de sus alumnos más aventajados, Adolf Hitler, con el que selló un alianza que terminó por convertirse en una maldición. Maldición que le persiguió hasta el final de la guerra.

Me pregunto mientras leo la ¿novela? si se trata de un libro recomendable a quien no conozca o no le interese la figura del dictador italiano, pero me aventuro a recomendarlo incluso a los profanos en su biografía porque el mensaje que transmite el escritor y profesor va más allá de los hechos que marcaron el devenir existencial de un oportunista. En las páginas de esta monumental novela que se inspiran en hechos reales, se denuncia y advierte de los grupos de conductas fascista que hoy se han instalado con comodidad en las democracias europeas bajo el disfraz del populismo, que también lo es de izquierda. Es decir, que estos comportamientos ya no corresponden solo a las derechas sino también a las izquierdas. Y que este fenómeno haya despertado de su larga derrota en los tiempos que corren es porque la ciudadanía se siente huérfana de fe. Fe en sus representantes políticos, fe en un sistema donde solo medra el mediocre. Fe en seguir ciegamente a un líder, a un duce, que hace público en sus discursos el malestar de un país sin proponer soluciones, solo señalando probables culpables (los judíos y comunistas para unos, los inmigrantes irregulares y la extrema derecha para otros) para los que plantea soluciones radicales que justifica por el daño que le hacen a la nación.

En el caso de Mussolini, empleando la violencia como arma política, y a sus escuadrones de camisas negras como ejecutores de esta dialéctica de los puños y las pistolas. El fin es asaltar el poder y una vez instalado en él, silenciar a los divergentes como hicieron con el diputado socialista Matteoti, a quien golpearon hasta la muerte en Roma cuando el fascismo mantenía todavía un rostro amable de cara a la galería.

Los libros que componen esta pentalogía observan el fascismo, y encarna su ideario en la figura de su jefe, Benito Mussolini, belicoso socialista que hizo carrera política al finalizar la I Guerra Mundial hasta poner las bases de un movimiento radical que terminó convirtiéndose en partido y traicionándose a sí mismo.

Scurati estudia esta corriente deteniéndose en los momentos estelares como más oscuros del régimen mussoliniano, pero pasa de puntillas por otros hitos que marcaron el devenir de los últimos días del dictador italiano como fue su espectacular rescate a cargo de un comando de paracaidistas alemanes a las órdenes de Otto Skorzeny. Sí que detiene su mirada en la descomposición que sufre el líder por dentro y por fuera a medida que se aproxima la derrota y a medida que la Alemania nazi se hace con el control de media Italia cuando los aliados desembarcaron por fin en el sur. Esa reconstrucción del personaje es una de las claves de esta obra mayor con la que el profesor pone punto y final a un proyecto que ha provocado airados debates en su país. Se esfuerza además en ofrecer un retrato humano de un hombre cruel cuando llevaba las riendas del destino, y débil y cobarde cuando la suerte cambió de lado, arrinconado en su pequeña república de Saló, acosado por alemanes como por italianos que se echaron al monte para combatir los últimos rescoldos del fascismo, a la espera del avance anglo-norteamericano. Se asiste en esta última entrega además al final de un romance de tan honda resonancia shakesperiana como fueron los últimos días de vida que Mussolini pasó junto a su amante, Clareta Petacci, que moriría y sería colgada de la misma viga tras su fusilamiento en abril de 1945 en una plaza de la ciudad de Milán. Todo esto y más en una novela, la quinta de la serie, que cierra con un mensaje que a veces se desdibuja en estas páginas y que tiene la pretensión de advertir del renacer de la serpiente, una serpiente que como aquel fantasma, hoy recorre no solo las tierras de Europa.

Saludos, ¿creer, obedecer, combatir?, desde este lado del ordenador