Presentaciones de libros

Junio 4th, 2026

* La librería Cuentos en la cabeza, calle de Callao de Lima, 48, Santa Cruz de Tenerife, acoge esta tarde, a partir de las 18 horas,la presentación de Aullido (Diego Pun, 2026), del escritor mexicano Adolfo Córdova, un álbum fascinante y poético que cuenta con ilustraciones igual de poéticas y fascinantes de Armando Fonseca. Esta obra obtuvo la Placa de oro en la Bienal Internacional de Ilustración de Bratislava en 2020.

También este viernes, 5 de junio, la librería El Refugio, sita en la calle de Maya, 21, La Laguna, acoge la presentación del libro Que arda. Tránsito femenino hacia otra fertilidad (Alkibla editoriañ, 2026), de la escritora Inma Luna. El acto comenzará a las 19 horas y en el mismo acompañará a la autora la filósofa y actriz Lourdes Reyes. En esta obra, que cuenta con un prólogo de Ángeles Caballero, Luna reflexiona sobre “el cuerpo que cambia y desde la confusión que producen esos cambios, pero también desde la lucidez que llega cuando una deja de responder a papeles heredados. El climaterio no como final, sino como otro territorio vital: incómodo a veces, revelador casi siempre, y profundamente político”.

Saludos, yo no me lo perdería, desde este lado del ordenador

Nada reseñable, una novela de Jonás Vega Morera

Junio 3rd, 2026

Nos ha sorprendido la lectura de Nada reseñable (Ediciones Atlantis, 2026), del escritor grancanario Jonás Vega Morera porque no nos esperábamos encontrar con una novela que sí que es reseñable. Un libro que condensa en muy pocas páginas –no araña las trescientas– cuestiones tan serias como el oficio de escribir pero de escribir para otros. En España se conoce a este gremio como negros, que son todos aquellos que escriben libros que firman otros.

La existencia de negros no es nueva, y entre los escritores que recurrieron a ellos se encuentra un gigante: Alejandro Dumas si miramos al pasado sin ira. Actualmente y en España se conoce que presentadores de televisión y políticos que han dejado de ejercer o no…., contratan también los servicios de escritores fantasmas para que escriban libros que, una vez publicados, no contarán con el nombre del “negro” en portada sino el del famoso de turno que promociona en los medios de comunicación que se lo trabajó semanas e incluso meses. Lo que no dice es que el trabajo sucio, el de pasar horas interminables frente a la pantalla del ordenador lo hizo, efectivamente, otra persona.

Sobre este mercado habla Nada reseñable pero también, y he aquí para mi lo más interesante de esta novela, cuando el proceso de creación se hace con intenciones mercenarias como si no.

La historia comienza con cierto aroma de novela negra, cuando Fran, el protagonista y escritor fantasma aunque también imparte clases por las tardes, lo reclama la editorial en la que trabaja para que firme un jugoso contrato: ejercer de negro de Marcelo Durán, un político que fue ministro de Hacienda que cayó en desgracia tras ser acusado de abusos de menores.

El primer contacto que mantiene el escritor con el expolitíco resulta muy interesante aunque pronto conocerá el lector que Durán no es trigo limpio. Que como lector conozcamos que efectivamente es mala persona es un error de cálculo literario que leyendo la novela se termina por perdonar a Jonás Vega Morera ya que lo que importa no es que el expolítico sea un hombre envenenado por la fiebre del poder y por sus deseos más corruptos, sino también por el proceso de cambio que sufre Fran. El personaje evoluciona ya que además de encontrarse al final de la cincuentena, vive solo aunque los fines de semana los comparte con su pareja, sale a correr y tiene un perro para no estar solo. Estos elementos cotidianos marcan la existencia de un escritor asalariado, autor de historias que escribe para que las firmen otros.

No hay, sin embargo, una crítica despiadada a quien consiente en prestar su oficio para otros. Bien mirado y más en una sociedad como la nuestra, es de lo más lógico. El problema comienza cuando se da cuenta que está cansado de que las alabanzas o las quejas más encendidas que reciben los trabajos que escribe por contrato recaigan, precisamente, en otros. Es decir, el negro sigue siendo negro, un fantasma como lo denominan los anglosajones y término que, particularmente, me parece más adecuado para los que ejercen este oficio.

La novela está escrita sin grandes alardes de estilo aunque llegando al tramo final sí que mezcla realidad y sueños en una sucesión de momentos que sin despistar al lector nos hace conocer un poco más en profundidad el pasado de Fran, que no mantiene una relación sana con su padre pero sí con su madre y la familia de ésta. De hecho, uno de los capítulos más hermosos y vibrantes de Nada reseñable es aquel en el que el protagonista recuerda como era pasar las vacaciones en el pueblo de su abuela, donde su tío dirige una funeraria y enseña a su sobrino a arreglar los cadáveres. Puede resultar escrito así muy morboso, pero nada más alejado de la realidad porque este momento está descrito con tanto cariño que lo que pudiera parecer retorcido adquiere mucha luz y es un segmento clave para entender por dentro la tormenta que se desata en el corazón y en el espíritu de su protagonista. Además, es muy creíble la relación que Jonás Vera recrea de Fran con su abuela y su tío. La liberación que supone para ese joven que aún no tiene demasiado clara su identidad y la formación que como persona atraviesa, residir las vacaciones en un pueblo donde los suyos simplemente lo quieren por lo que es.

El escritor grancanario propone en Nada reseñable –una novela que no tiene nada que ver con El poder en la sombra, del británico Robert Harris, y en la que también aparecía un escritor fantasma que contrataba un político para que escribiera sus memorias, y que se trataba más de un thriller que dio origen a una atractiva película dirigida por Roman Polanski– una reflexión sobre el arte de escribir y todo ese pequeño mundo de miserias que orbita a su alrededor. Entiendo que por ello sería una gran injusticia que un libro con tantas lecturas “desapareciera” de las mesas de novedades entre otros títulos que las abarrotan y que por norma general no valen demasiado.

La novela aproxima al lector al proceso de creación literaria y al mundo editorial español, al que critica y denuncia sus falsedades y el oportunismo que lo caracteriza. También lo difícil que resulta ser uno mismo en una jungla repleta de depredadores, la mayoría de ellos “profesionales” que se encuentran alrededor del escritor/a que es, al final de todo el proceso, el que menos ganará una vez publicada la obra. Las trampas del mercado editorial, que no toma en cuenta que sin autores/as no existiría como tal. En cuanto a qué juega el escritor fantasma en todo este proceso, aunque más que proceso me atrevería a definirlo como juego entre las sombras, reflexiona Jonás Vega con atinado espíritu crítico. Con la sabiduría de quien conoce las reglas del juego.

Nada reseñable conmueve y hace reír a ratos. Esas cosas que no esperaba descubrir en la novela de un autor que desconocía y que ha terminado por atraparme y hacerme reflexionar.

Saludos, millones de gracias, desde este lado del ordenador

Winnipeg, el barco de la esperanza, se estrena en cine el 10 de julio

Junio 2nd, 2026

Winnipeg, el barco de la esperanza, dirigida por Beñat Beitia y Elio Quiroga, cuenta con una nueva fecha de estreno en salas. Tras conocerse su participación en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, cuyo estreno tendrá lugar el próximo mes de junio, la película llegará a los cines comerciales el viernes 10 de julio.

Basada en la novela gráfica de la escritora y guionista canaria Laura Martel, la película rescata un episodio clave de nuestra memoria histórica: la travesía del carguero Winnipeg, que en 1939 trasladó a más de 2.200 refugiados republicanos españoles rumbo a Chile, pese a haber sido concebido originalmente para apenas un centenar de tripulantes.

Ambientada en los últimos meses de la Guerra Civil española y el posterior exilio republicano, Winnipeg, el barco de la esperanza cuenta la historia de Víctor y a su hija Julia, que fueron obligados a abandonar España tras la caída de Barcelona. Después de atravesar la frontera francesa y enfrentarse a la dureza de los campos de internamiento, padre e hija encuentran una última oportunidad de escapar gracias al Winnipeg, el barco impulsado por Pablo Neruda que partió hacia Valparaíso ofreciendo un futuro posible a miles de exiliados.

Más allá de la isla del tesoro

Junio 1st, 2026

La isla del tesoro no es que sea una de las mejores novelas de todos los tiempos es que es, para quien firma este artículo, la mejor novela de todos los tiempos. Al menos en cuanto al género de la aventura se refiere.

Es tanto su impacto en generaciones de lectores que han sido muchos (lo mismo pasa con ese gran clásico de la novela de aventuras que es La Odisea) que han intentado proponer segundas partes y terceras si se diera el caso, claro que a todas éstas le falta la chispa de Robert L. Stevenson, un escritor inmortal. Con todo, y no siendo tiquismiquis con esta invención editorial, la de sacar continuaciones de grandes éxitos de la literatura (algo parecido nos pasa con el cine aunque no somos partidarios de las nuevas versiones, absolutamente innecesarias), solemos leer todas aquellas que nos consta que se han escrito hasta la fecha de la celebérrima novela de Stevenson así como sus imitaciones no confesas que si bien nunca llegarán a superar al original, proporcionan al menos un interesante regreso a ese universo poblado de viajes, tesoros y piratas que se conocen al dedillo los siete mares.

Ediciones Tusquets publicó en 2012 Regreso a la isla del tesoro, una novela escrita por Andrew Morton que pese a que no se trate de un clásico del género, Morton la escribió como una segunda parte de la original aunque su protagonista Jim Hawkins, es ahora dueño de una taberna que lleva el sospechoso nombre de La Hispaniola; y el mismísimo Long John Silver, regenta en una callejuela escondida de Londres un tugurio que responde al sospechoso nombre de El catalejo. Pero tanto Hawkins como Silver solo aparecen en la primera parte del libro… ¿Que cómo continúa osando publicitarte como Regreso a la isla del tesoro? Pues porque los dos protagonistas son Jim, hijo de Hawkins, y Natty, vástaga de John Long Silver, y que efectivamente embarcan rumbo a la legendaria isla donde el capitán Flint enterró su fantástico tesoro.

La novela de Morton está plagada de guiños dirigidos a los aficionados. El legendario mapa del tesoro se encuentra en las manos de Jim y Natty, que se embarcan en la Nightingale para surcar el océano en una de las mejores partes de esta vibrante aunque en ocasiones algo lenta singladura, presentando a su capitán y marineros, uno de ellos escocés que responde al también sospechoso nombre de Stevenson. Pero si tiene algún interés para los iniciados en este gran clásico de la literatura es porque Norton regresa a los mismos escenarios que describió el novelista en su novela original pero revela –una vez más– que nunca segundas partes fueron buenas.

Long John Silver. Pirata y enemigo de la humanidad (Almayer, 2025), del escritor sueco Björn Larsson, propone una versión más inteligente sin perder de vista el sentido de la aventura que caracteriza la existencia de papel del pirata más legendario de la literatura con permiso de Sandokán y del capitán Blood.

Se trata la novela de las supuestas memorias de Long John Silver, memorias que le escribe a Daniel Defoe para que la incluya en su Historia general de la piratería. El libro incluye además, varios capítulos que están dirigidos a Jim Hawkins, con el que parece que ha hecho las paces Silver desde su dorado exilio en la gigantesca isla de Madagascar, isla que como sabe todo iniciado en la piratería, sirvió de refugio para estos hombres de fortuna a ese lado siempre agitado del océano Índico. Solo le encuentro una pega a la novela que escribe el malogrado escritor sueco Björn Larsson, y es que le sobran un puñado de páginas en su tramo final aunque previamente todo aficionado a las aventura marineras disfrutará no solo con el profundo conocimiento que tenía el escritor sobre los forajidos de los siete males, sino también de la novela del mismo Stevenson como de mi también reverenciado Daniel Defoe, ocupado en preparar su conocida Historia general de los piratas y a quien retrata de una manera bastante graciosa, lo que hace más humano al autor de Robinson Crusoe, Capitán Jack y Moll Flanders, entre otras novelas.

El libro se plantea como unas memorias en las que un ya retirado Long John Silver (el de las manos inmaculadas) repasa su vida sin perder en ningún momento la perspectiva. Estamos en el año de gracia de 1742, y en su refugio en la isla de Madagascar, Silver cuenta el relato de su existencia con humor, incluso cuando se nos pone violento. Si Stevenson elevó a la categoría de inmortal al celebrado pirata, Larsson lo que hace es echar un poco más de leña al fuego para que su leyenda continúe. Y cómo, aunque exija por parte del lector un conocimiento mediano de la novela en la que nació, La isla del tesoro. El relato comienza narrando sus orígenes humildes hasta su transformación en uno de los piratas más temidos.

Astuto y contradictorio, en estas memorias ficticias habla de sus viajes, de cómo llegó a navegar en un barco negrero (donde acaba compartiendo espacio (muy estrecho) con los esclavos que lleva a bordo cuando el capitán del navío descubre a tiempo una revuelta que prepara Silver con estos hombres y mujeres que han sido arrebatados por la fuerza de territorio africano, y en donde conoceremos al amor de su vida. También, de cómo llegó a perder una de sus piernas, y del por qué conservó unas manos inmaculadas incluso cuando le llega la hora de la muerte y, finalmente, el momento en el que conoció al capitán Flint que, como sabrán los aficionados a La isla del tesoro, es el pirata que escondió precisamente su tesoro en esa isla que unos atribuyen es la de la Juventud o Isla de Pinos, como se conocía antes del triunfo de la revolución cubana.

Como aficionado a La isla del tesoro, Long John Silver es una lectura deliciosa, poblada de referentes y guiños al iniciado. Pero también se trata de una reflexión que no ha perdido, ni perderá, sentido en estos tiempos tan idiotizados en los que vivimos: cómo llegar a ser libre.

También con el nombre del pirata de la pata de palo, Long John Silver (Norma Editorial, 2013) el equipo formado por los guionistas Mathieu Laufray y Xavier Dorison según una idea y tratamiento original de este último, y dibujos y color de Mathieu Laufray, lanzaron a navegar de nuevo a este hermano de la costa en una fascinante novela gráfica donde la presencia de su protagonista resulta ser casi absoluta en cada una de las viñetas en las que se estructura este cómic de aventuras que lleva hasta el río Amazonas a Silver en compañía de una mujer que de damisela no tiene nada y que se acerca más al universo femenino de Howard Hawks, ya que es capaz de mirar a la cara al rey de los piratas literarios, ese Long John Silver que es un villano, sí, pero qué villano. Se trata de un mal hombre, si así lo quieren ver, pero de un mal hombre con un corazón honrado. Y con las ideas muy claras de lo que suponía firmar el contrato que te convertía en un hermano de la costa.

En mi poder obra la edición integral de esta novela gráfica que si bien delira al final, añadiendo un tufillo de deidades lovecraftianas fuera de lugar, está llamado a convertirse en un clásico. El álbum incluye como remate un dossier que explora las entrañas de esta extraña aventura al mostrar esbozos de los protagonista de la historia, como el legendario Silver, la bellísima Lady Hastings e interpretaciones que otros ilustradores como Enrico Marini, Juanjo Guarnido y Pierre Akary, entre otros, dibujaron de un personaje que hace ya mucho, mucho tiempo trascendió las páginas de la novela para pertenecer a todos los lectores.
Sí quieren leer y tararear al mismo tiempo: “Quince hombres sobre el cofre del muerto. Ron, ron, ron, la botella de ron. La bebida y el diablo hicieron el resto. Ron, ron, ron, la botella de ron”, atrévanse y viajen a la isla de los sueños, la isla del tesoro.

JOHN LONG SILVER, EN EL CINE

Es una pregunta difícil aunque quien les escribe, y quizá porque lo descubrió siendo un niño, el actor que más se aproximó al viejo Long John Silver es el que interpretó Orson Welles en una versión, la de 1972, que contó con numerosos directores (John Hough, Andrea Bianchi, Anthony M. Dawson o Antonio Marghereti en casa) y de un resultado final que recuerdo con emoción. Otro Long John Silver que permanece aún fresco en mi imaginario es el que encarnó Wallace Berry en una de las primeras versiones cinematográficas de La isla del tesoro (Victor Fleming, 1934), pero también está la versión con Charlton Heston como Long John Silver, que dirigió el hijo del actor Fraser Clarke Heston en 1990. Otro L..J. Silver fue el que interpretó Robert Newton en la película que el sólido Byron Haskin dirigió para la Disney en 1950 aunque el pirata también cuenta con una divertida adaptación de los Teleñecos en las que Tim Curry hace de Long John Silver.

Saludos, no corta el mar sino vuela, desde este lado del ordenador

El Organismo Autónomo de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Teneride “desaparece” en 2027

Mayo 28th, 2026

La noticia informa que el actual Organismo Autónomo de Cultura (OAC) del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife tiene los días contados ya que terminará siendo absorbido dentro del mismo Ayuntamiento. Son declaraciones que hizo públicas el alcalde de la capital tinerfeña, el coalicionero José Manuel Bermúdez, quien calcula que la reorganización se hará efectiva a partir del 1 de enero de 2027.

El alcalde asegura que con este proceso lo que se busca es modernizar y simplificar la estructura administrativa municipal para hacerla más eficiente, coordinada y adaptada a los retos y destaca que “La cultura seguirá siendo una prioridad para este Ayuntamiento, con una gestión más integrada que permitirá optimizar recursos y mejorar la capacidad de respuesta a las necesidades del sector cultural y de la ciudadanía”, a lo que añado que espero que lo que dice no se quede en nada, que es lo que suele pasar, y que de verdad contribuya a dinamizar las actividades culturales de una ciudad que sigue careciendo de un plan estratégico para la cultura (lo mismo pasa con el Cabildo Insular pero eso es otra historia, más triste si cabe) y que ha perdido por decisiones muy mal adoptadas que algunos de los encuentros y festivales que se realizaban en su geografía se trasladaran a otros sitios o perdieran la autonomía de la que una vez disfrutaron como fue la Feria del Libro, hace unos años la de Tenerife y en la actualidad la de Santa Cruz de Tenerife y que coincide en el hermosísimo parque García Sanabria con otras ferias como son la de artesanía, plantas y productos gastronómicos. Un totum revolutum que no termino de ver, aunque admita que el tránsito de personas haya aumentado sensiblemente e imagino que el volumen de ventas también. En todo caso, la Feria del Libro insular se celebra hoy en La Laguna sin ferias anexas ajenas y el éxito de público es igual o mayor que la de Santa Cruz de Tenerife.

La noticia que el OAC desaparezca y se integre al Ayuntamiento ha sido recibida con cierta reserva en el mundo de la cultura chicharrera, aunque la mayoría celebran que ya era hora que sucediera porque tienen la esperanza que adquiera un protagonismo central y “no accesorio como hasta ahora”. De hecho, y en declaraciones a el periódico El Día, el concejal de Cultura, el popular Santiago Díaz Mejías, cree que la integración no supondrá una pérdida de identidad ni de protagonismo de las políticas culturales, “sino una oportunidad para reforzar la coordinación interna y agilizar los procedimientos administrativos”.

Como recordarán los más viejos del lugar, el Organismo Autónomo de Cultura fue concebido e impulsado a principios de los años ochenta por el entonces alcalde Manuel Hermoso Rojas y su equipo de gobierno, junto con gestores culturales de aquellos años. El organismo quedó formalmente constituido, se informó entonces, “para dotar a la ciudad de un ente independiente que gestionara la política artística, el patrimonio y los eventos locales de manera más eficiente” aunque parece que cuarenta años después, los objetivos por los que fue concebido no han terminado de cuajar por lo que a inicios del año próximo se disolverá en el aire y aquí, ya se sabe, haya paz y después gloria.

Saludos, días de vino y rosas, desde este lado del ordenador

Anatomía de un instante

Mayo 22nd, 2026

“Recibo este premio con una emoción enorme y un profundo sentido de la responsabilidad”

El instante, diciéndolo suavemente, resultó embarazoso y hasta dio algo de pena (pero también grima). Sucedió el lunes pasado, 18 de mayo, en la cuarta edición de los Premios Talía 2026 de la Academia de las Artes escénicas de España. Si quieren pasar vergüenza ajena pinchen en este enlace y busquen el minuto 1:28, donde verán corretear como una peonza y vestido de smoking al consejero de Cultura del Cabildo y presidente del Auditorio de Tenerife, José Carlos Acha, rumbo al escenario de la sala roja Concha Velasco de los Teatros del Canal, en Madrid, donde lo esperaba el actor Rafael Castejón para hacerle entrega del premio al mejor espectáculo lírico, que recayó en Yerma, coproducido además de por el Auditorio de Tenerife por el Festival Amazonas de Ópera (Manaos, Brasil), Festival de Ópera do Theatro da Paz (Belém, Brasil) y el Teatro de la Zarzuela y trabajo –basado en la obra de Federico García Lorca– que también se llevó el premio al mejor diseño de vestuario, que recogió Ana Garay.

Si ven ese instante, Castejón le hace entrega del trofeo, que Acha recoge y le devuelve para acercarse al micrófono y leer su discurso… Y he aquí cuando de produce la guasa, el chiste, el espectáculo lamentable e involuntario.

José Carlos Acha no encuentra en la pantalla del móvil las palabras que debe de dictar, pasan los segundos a toda pastilla y el consejero balbucea hasta que suelta: “una hora menos en Canarias” para justificar su torpeza a lo que el público asistente contesta con unas risas para tranquilizarlo. Algo así como “no pasa nada pero date prisa, hostias”. Al final encuentra las palabras de agradecimiento y suelta el discurso.

Pueden sufrir el involuntario espectáculo y echarse unas risas para no llorar, que fue lo que me pasó a mi, si se animan a hacerlo. Si no lo hacen, se ahorrarán pasar un mal rato pero si lo hacen, les aseguro que reirán para no llorar aunque ser torpe no signifique vivir en unas islas que tienen una hora menos con respecto a la España peninsular, pero si tienen el mismo huso horario que Portugal, Irlanda e Inglaterra.

Es tanta la vergüenza ajena que uno solo puede pensar aquello de trágame tierra claro que, últimamente, pocas cosas son las que ya no me sorprenden de José Carlos de Acha. O Pepón o Atila porque allí por donde pasa no vuelve a crecer la hierba.

Tras ver el espectáculo me asaltaron las preguntas. La primera de ellas es qué hacía José Carlos Acha recogiendo un premio que en pruridad tenía que haberlo recogido el director de escena y escenógrafo y el director musical de Yerma, Paco Azorín y Luiz Fernando Malheiro, respectivamente. O algún miembro del equipo de producción ya puestos. Fueron ellos los responsables artísticos que hicieron posible la obra y no Acha, a quien no veo como una estrella sino más bien como alguien que se estrella día sí, día no. Pero en fin, así está el nivel.

Para calentar un poco más el ambiente, las malas lenguas van contando por ahí que el director artístico del Auditorio de Tenerife, José Luis Rivero, cuando se enteró que se iba a Madrid pero no para recoger el Premio ya que lo haría en su lugar el Consejero, decidió dar un paso atrás y que fuera en su lugar el gerente del Auditorio, Daniel Cerezo. Una mala decisión, porque ver en directo el balbuceo de Acha seguro que le hubiera provocado unas de esas carcajadas que salen del estómago y uno suelta como si fueran varios cuescos…

La pregunta del millón, sin embargo, es ¿qué hacía el presidente del Auditorio de Tenerife recogiendo el premio?, ¿por qué politizar el acto? Es como si José Carlos Acha no se hubiera enterado, en el peor de los casos, que los premios los recogen los profesionales y no los políticos, y que con su gesto se pasó por el arco del triunfo una norma no escrita en el sector como es la de “no politizar la entrega de premios relacionados con el mundillo del arte”. Craso error con un tipo como José Carlos Acha que, aficionado a salir en la foto, ahora quiere aparecer en todos los saraos.

Lo malo es que no haya nadie que le diga que lo que está haciendo es el ridículo, y que entre otras cosas le pagan (y muy bien, por cierto) para que no lo haga. El ridículo. Pero a Acha le entra por un oído y le sale por el otro. Y ahí queda para la posteridad la imagen de todo un consejero de Cultura que desde el escenario busca torpemente y durante unos minutos (la vida es eterna en cinco minutos, cantaba Víctor Jara) el discurso de agradecimiento. Instante que se ha convertido junto a la ausencia de José Luis Rivero, en la comidilla del sector. Además de caer muy mal en la república independiente del Auditorio de Tenerife. Ah, si esas paredes hablaran… Claro que si hablaran, la obra de ingeniería de Santiago Calatrava se caería a pedazos. Aunque a puntito está… Tiempo al tiempo.

En fin, que el espectáculo del consejero de Cultura pasará a la historia como uno de los instantes más descacharrantes de los Premios Talía y de los más vergonzosos para los que vivimos acá, con una hora menos. Y no por torpes, precisamente, aunque algunos como el consejero sí que lo sea. Y no me vale con “son las cosas de Acha”. Que se relaje en todo caso, porque se nota, se aprecia que todo esto le viene demasiado grande y que está muy nervioso porque tiene demasiados frentes abiertos y expedientes por cerrar. Y se le agota el tiempo. Para colmo de males, el dúo sacapuntas que lo acompaña y que son “de su absoluta confianza” están más perdidos que Chuck Norris en una película de Woody Allen y mientras tanto el tiempo parece que “galopa y corta el viento” y que lo inevitable se aproxima en ná de ná, José Carlos, en ná de ná.

Saludos, yermo más que yerma, desde este lado del ordenador