Juan Cruz conversa con 31 escritores (alguno de ellos Nobel de Literatura) en Inolvidables

Septiembre 8th, 2026

Juan Cruz Ruiz es lo que se dice un espíritu inquieto y preguntón. Inquieto porque no para y preguntón porque parte de su trabajo implica hacer preguntas. Y preguntas son las que plantea y muchas en Inolvidables. La pasión de entrevistar (Galaxia Gutenberg, 2026) que recopila 31 con escritoras y escritores con los que conversó a lo largo de una vida profesional que solo puede levantar envidias. Envidias que nunca son sanas, no se dejen llevar por las frases hechas, porque el periodista tinerfeño ha conversado prácticamente con todos con los que tenía que conversar en el revoltoso mundo de las letras.

En Inolvidables aparecen varios premios Nobel de Literatura y una galería de poetas y narradores que a quien ahora les escribe –y tras leerlos– le han hecho la vida un poco más feliz. El periodista tinerfeño tiene además la capacidad de dar un pasito más allá de la entrevista al uso, la de la pregunta y respuesta, y logra lo más difícil que es conseguir que lo que nació entrevista termine siendo conversación. Una charla a veces entre amigos (lo que es un privilegio para el lector, porque detecta el aprecio que hay entre el entrevistado y el entrevistador, caso de Luis Eduardo Zúñiga o Mario Vargas Llosa) y otra entre desconocidos que se encuentran para hablar.

Juan Cruz tiene además la franqueza de hacer notar en las introducciones de cada una de estas entrevistas que son conversaciones, las sensaciones que le provocó el entrevistado, y de revelar cómo en el caso de Carlos Fuentes, la petición que le hizo el escritor mexicano de leer antes de que se publicara el conversatorio. Lo que puede resultar insólito, que le pida no exija al periodista que le envíe la entrevista transcrita antes de su publicación, que es una práctica que se emplea a veces en este oficio.

Al margen de estas anécdotas, anécdotas que revelan que quien pregunta es además de periodista una persona que sabe plantear preguntas aunque a veces esas preguntas que incomoden al entrevistado, Inolvidables me parece un agradable paseo por lo que piensan y opinan estos 31 personajes, cada uno un universo aparte que se muestra en ocasiones cómplice y en otras reservado en dar a conocer el mundo literario que llevan a cuestas. El caso es que en estas entrevistas se habla también de política, de Europa pero sobre todo de literatura. Literatura de la buena.

Se me dieran a escoger entre todas las que se reúnen en el libro me decantaría por la que Juan Cruz hace a Miguel Delibes que quizá no sea para el autor de Crónicas de la nada hecha pedazos de las mejores que incluye en esta obra pero para quien firma estas líneas sí que se trata de una conversación (más que entrevista) que satisface al seguidor del escritor vallisoletano, que aún somos muchos los que militamos en esa comarca.

Hay otros encuentros que me han llamado mucho la atención como hay otros que no terminaron de convencerme porque para gustos no hay nada escrito, pero en general el tono de Inolvidables es más que notable. Se produce además un hecho que me llamó poderosamente la atención a medida que leía el libro y es la capacidad que tiene Juan Cruz de despistar a la persona con la que habla cuando suscita preguntas que igual no tienen nada que ver con el trabajo que realiza el entrevistado y que si bien desconcierta en un principio, finalmente dan humanidad a ese diálogo que se aleja momentáneamente de la novedad literaria que promociona el escritor/a en ese encuentro que mantiene con el periodista.

Inolvidables. La pasión de entrevistar es uno de esos libros recomendables no solo para estudiantes de Ciencias de la Información por si la Información fuera una ciencia, que no sé yo, sino también para el aficionado a la literatura. Esa persona que se pasa el día leyendo o el que lee cuando la actividad laboral le deja algo de tiempo. Creo que en ambos casos nadie saldrá decepcionado. En mi caso, leí Inolvidables en muy poco tiempo. Las entrevistas capturan la atención porque más que preguntas y respuestas se tratan en la mayoría de los casos de conversaciones.

No es el primer libro que Juan Cruz dedica a recuperar su producción periodística, pero en este caso se trata de entrevistas que fueron realizadas a lo lago de toda una carrera como periodista, ya saben, esa “gente que le cuenta a la gente cosas que interesan a la gente”. Y Juan Cruz hace preguntas a la gente incluso cuando no pregunta.

Sí que noto en falta en el libro fotografías. Fotografías de los entrevistados. Se apunta por lo de ponerles caras a cada uno de ellos aunque en estos tiempos se acude a Internet para resolver una ausencia que en una edición tan cuidada y cómoda de leer como es la que presenta Galaxia Gutenberg me pregunto cómo obviaron este aspecto. El libro gana, por otro lado, con la portada, la silueta de un árbol con tronco de pluma en cuyas ramas aparecen los nombres de los 31 protagonistas a los que entrevistó Juan Cruz. El periodista, el hombre que pregunta y que sabe que hablando, efectivamente, se entiende la gente.

Saludos, hablamos, hablemos, hablamos, desde este lado del ordenador

David Baute: “El cine de realidad lleva a la reflexión, al pensamiento, a conocer otros mundos con un lenguaje crítico”

Septiembre 7th, 2026

David Baute (Garachico, Tenerife, 1974) se ha convertido en uno de los protagonistas del cine que hacen canarios en su tierra tras recibir el Goya a la Mejor Película de Animación por Mariposas negras en la 39 edición de estos premios. Sin embargo, antes de este largometraje, Baute ya contaba con una trayectoria consolidada como cineasta y pionera en el terreno de la coproducción de proyectos independientes de documental y animación a través de Tinglado Film, reforzando alianzas y compromisos con profesionales de África e Iberoamérica. David Baute asumió además la dirección de MiradasDoc, un festival que puso a Guía de Isora en el mapa pero que por falta de visión política del actual equipo de gobierno municipal, se le puso fin sin dar explicaciones.

Por fortuna, el mismo espíritu que alimentó este certamen alimenta DOCanarias. Festival Internacional de Cine de Realidad que a partir del 8 hasta el 12 de septiembre desarrolla su segunda edición en el teatro Timanfaya del Puerto de la Cruz con una apretada programación en la que destacan estrenos canarios, como El mapa para tocarte y La Berma, de Mercedes Afonso y Agustín Díaz Cordero, respectivamente; documentales de Cabo Verde, país invitado de esta edición, así como foros, mercados y charlas en las que se abordarán, entre otros temas, 20 años de cine de realidad en Canarias.

- ¿Cuál ha sido el planteamiento de la segunda edición de DOCanarias?

“Estamos muy contentos que el Festival vaya avanzando en el Puerto de la Cruz. Creo que es un espacio ideal para la cultura pero también para el cine. Vamos a ver si logramos generar una cierta estabilidad y a partir de ahí rearmar este encuentro en Canarias en un espacio donde el cine vea la vida porque el cine de realidad es un cine que conduce a la reflexión, al pensamiento, a conocer otros mundos con un lenguaje crítico y que tiene su público en Canarias”.

- ¿Y en cuánto a la programación?

“Hemos diseñado una programación para este año vinculada a la que trabajamos en MiradasDoc, con África y Latinoamérica y Canarias en medio. Y hemos encontrado grandes películas que programaremos este año como Che Guevara: the last companions, que se estrena por primera vez en España, lo que es muy importante para nosotros y en la que se mezcla animación con documental, una manera de rodar que hemos tratado de trabajar en este Festival. Se exhibirá además El Partido, que es una película que dialoga entre lo que sucedió entre Inglaterra y Argentina en el Estadio Azteca, en la Ciudad de México, ese famoso mundial de 1986, y el conflicto que hubo detrás. También veremos Un hijo propio,de Maite Alberdi, cineasta que el año pasado fue premio Narrativa Personal-DOCanarias y directora que cuenta con una cinematografía muy interesante de cine documental pero también de falso documental ya que se abre a otras experiencias dentro del cine de realidad. Destacaría otras películas, como Kikuyu Land, que es otro estreno de DOCanarias y que habla de cuestiones que tienen que ver con lo colonial, una constante en nuestro Festival. En cuanto a películas canarias, el Festival estrena El mapa para tocarte, de Mercedes Afonso, que fue galardonado como Mejor Documental en el Festival de Cine de Málaga, y que para nosotros es muy estreno muy especial porque venimos acompañando esta película desde sus inicios, hace ya muchos años, cuando comenzó a germinar el proyecto en uno de los laboratorios que se desarrollan en este encuentro. Hemos estado con Mercedes en todo ese proceso, por lo tanto es una película que sentimos un poco nuestra también y para todos nosotros es muy importante que Mercedes haya querido estrenarla en DOCanarias y participar en la charla que habrá a continuación que creo que va a ser muy intensa. Se estrena también La Berma, de Agustín Domínguez Cordero, película que pasó con nosotros varios procesos de desarrollo y que se trata de un filme que cobra mucha relevancia hoy en día ya que habla de la situación del pueblo saharaui, el conflicto que mantiene con Marruecos y en cierta manera con España. La película cuenta la historia de una mujer que se dedica a desactivar minas de las cientos de miles que hay sembradas en el desierto. Ella es la protagonista de un filme complejo y difícil pero muy poético también”.

- El país invitado es Cabo Verde.

“En Cabo Verde se está posicionando un tipo de cine muy combativo y con un discurso muy político. Se exhibirán Amílcar y Nós Povo das Ilhas, de Miguel Eek y Lara Sousa, películas que nos acercan al pasado reciente de este país a nivel político y social, y sesiones en las que contaremos con la asistencia de ambos cineastas, quienes participarán en un debate con el público tras la proyección”.

- A lo largo de la entrevista habla de cine de realidad. ¿El cine de realidad es lo mismo que el cine documental?

“Hay opiniones diversas, el cine documental, el cine de no ficción, el cine de realidad, convergen siempre más o menos en una misma línea pero sí que intentamos que quede claro que no es documental televisivo, que para nosotros viene siendo más un reportaje. Por eso intentamos diferenciarlo con el cine de realidad o cine de no ficción. El cine de realidad tiene unos inicios muy interesantes en Francia y en ciertos países africanos y se trata de un cine que está vinculado al trabajo de lo real, del día a día, de la cotidianidad, pero con un discurso muy cinematográfico, muy cuidado con el lenguaje. En la actualidad, vemos una película de ficción que tiene parte documental o viceversa. O que tiene imagen real y de animación porque las fronteras se han quedado diluidas. En DOCanarias mantenemos una mirada abierta a un cine que es un poco híbrido dentro de lo que es el documental ya que explora otros géneros como el de animación y el de ficción. El cineasta es libre en plantear sus historias pero en nuestro caso desde un hecho real”.

- ¿Cómo se seleccionan y valoran las películas que entran en la programación del Festival?

“Lo primero es que la historia de alguna manera nos atraviese. Es decir, que algo te conecte con esa historia y ahí se produce una primera barrera. Luego el valor cinematográfico, la propuesta, que la película trate algo nuevo en la manera de construir capas, de generar montajes que hagan dialogar a todas esas secuencias porque a veces las películas documentales se construyen a través de un retrato familiar o de una historia social o política o un material de archivo. Más o menos todo está creado y muchas temáticas ya las hemos visto, entonces ¿qué aporta esa película de novedad en lo cinematográfico?, ¿cómo se construye ese relato, ese tratamiento literario y visual?, ¿plantea cuestiones que te sorprenden? Y es muy bonito porque seguimos encontrando películas por suerte todos los años que dan respuestas a esas preguntas y que cuentan con un discurso que, lógicamente, respalda de alguna manera la línea del festival, o sea, me refiero a la temática de África, de Latinoamérica, las cuestiones que tienen que ver con el colonialismo, temas sociales….”.

- DOCanarias se celebra desde el año pasado en Puerto de la Cruz, ¿cómo cree que ha permeado en una ciudad que, por otro lado, se preocupa tanto por la cultura?

“Creo que ha encontrado un espacio ideal, porque es cierto lo que dices, Puerto de la Cruz es un lugar donde se ha ido construyendo poco a poco espacio a la cultura. Tenemos esa referencia de la ciudad turística pero sin embargo debajo de todo eso existe un armazón cultural, con varios encuentros que se han convertido en referentes y que todos conocemos, y que son festivales internacionales a los que acude mucho público pero es que aparte de todo eso la ciudad mantiene un diálogo cultural con la sociedad. Me encuentro muy cómodo también con la parte que tiene que ver con la administración pública, con los técnicos. Mantenemos un diálogo cercano, lo que no siempre pasa cuando tratas con las administraciones. En el Puerto de la Cruz te encuentras dentro de tu ambiente, y eso ya genera como una base sólida para trabajar, y luego también las facilidades, porque esto también a veces es difícil encontrarlo en otros lugares, y aquí como que se generan facilidades para que todo salga bien”.

- ¿Cuál cree que es el nivel del documental en Canarias?

“Creo que es increíble, el de los autores canarios porque hay que diferenciar. Para mí la obra cinematográfica canaria es la obra artística de un autor canario, que no tiene nada que ver, aunque ahora todo esté metido en el mismo saco, con la producción audiovisual canaria, que es el certificado que da el Gobierno de Canarias y que reconoce a una inversión seguramente, un gasto financiero, una infraestructura empresarial en Canarias, pero que para mí no tiene nada que ver con la obra artística e intelectual que se vincula al autor canario. En el caso de la obra cinematográfica canaria, la de un autor canario, estamos en un nivel muy alto, y no lo decimos nosotros sino que ves el resultado de películas que están yendo a grandes festivales de cine, a autoras y autores canarios cuyos trabajos están presentes en sesiones oficiales de grandes festivales de cine. Creo que los festivales han sido aquí como escuelas muy interesantes para generar ese tipo de autores y que muchos de estos autores nos hemos criado en ese ambiente. Citaría a Miguel Morales, Mercedes Afonso, Octavio Guerra, José Alayón, Víctor Moreno, Macu Machín, José Víctor Fuentes, David Pantaleón y otros cineastas que tienen un nivel muy alto, sobre todo en ese cine vinculado al documental o a un cine más autoral. Pienso que somos una de las regiones con mayor potencial en este sector”.

- Creo que DOCanarias se celebrará el próximo año en enero y no septiembre, ¿por qué?

“Porque septiembre es un mes muy complejo para este tipo de festivales, sobre todo a nivel europeo, ya que casi todos los encuentros se desarrollan en el segundo semestre del año, y hay un embudo terrible para que podamos traer sobre todo a la gente del mercado, o sea, las televisiones, los distribuidores, los fondos. En enero y febrero estos profesionales están más liberados así que volveremos a finales de enero del 2027. Nos encontramos ahora armando esa edición”. 

- Su primera película fue Rosario Miranda, un documental cuando la mayor parte de los cineastas empiezan con películas de ficción, ¿cuál es para usted el atractivo del cine documental?

“Sí, desde mi época de estudiante me gustaba más el cine documental o a veces un cine que se vinculaba con lo documental. A mí me gustaba mucho el Neorrealismo italiano, que es mucho de lo real, de esos cineastas que decían no, yo no quiero actores, quiero a la gente del pueblo y vamos a trabajar con ellos. O sea que todo ese cine que también se dio mucho en los países del Este me encantaba. Eran películas con temáticas sociales, rodadas con luz natural. Ese tipo de cine me fascinaba y fui encaminando mis estudios hacia el cine documental. Casi todas mis películas son de cine documental y empecé con Rosario Miranda, que para mí fue como una historia de inicio en el cine pero de alguna manera también de acercamiento a personas y a lugares donde crecí y de los que tenía cosas que contar. El círculo se cierra ahora con Benigno, que es mi última película y que presentamos hace un mes en el Festival Internacional de Shanghái y que trata de una persona mayor de mi pueblo y su relación con su entorno y que para mí tiene la hermosura de ir descubriéndolo a él y a las personas y el lugar que están a su alrededor cuando te enfrentas a ellos con una cámara. Estas películas no las planteamos como un rodaje de ficción. Es decir, que el equipo no va a estar junto cuatro o cinco semanas para rodar el guion sino que vamos descubriendo. De repente estamos dos semanas con la persona, semanas en las que vemos qué es lo que sucede y a partir de ahí reflexionamos, pensamos, volvemos a ir a ese lugar y vamos construyendo una historia, una película en la que cuidamos la parte escenográfica y el diseño sonoro que al principio no veíamos bien”. 

- ¿David Baute ve películas de ficción o solo documentales?
“Sí, sí, sí que veo películas de ficción, tengo además muchas amigas y amigos, compañeros, productoras que hacen un gran cine de ficción. Me gusta Sorogoyen y aquí en Canarias hay películas como La lucha de José Alayón, que me parece un trabajo muy redondo. Me gusta el cine de ficción, es verdad que veo más documental porque tengo que programar pero me gusta ver cómo a veces se rompen las fronteras y se juega a mezclar géneros”.

Saludos, a mañana mañana más, desde este lado del ordenador

El quiromante, una novela de Carlos D. Gutiérrez Robayna

Septiembre 3rd, 2026

Carlos D. Gutiérrez Robayna cuenta con una novela anterior, Tres tes, que a mi en su momento me desarmó. Sobre todo cuando descubrí que se trataba de la segunda novela que publicaba el autor. De eso hace ya unos cuantos años, no los suficientes, pero sí unos cuantos años en los que elogié la capacidad del narrador majorero en contar una historia en la que se mezclaba lo histórico con lo policíaco. Lo histórico porque la historia tenía lugar los últimos días en que el Sahara dejó de ser español y policíaca porque a esa zona se había destacado un investigador para que descubriera quién estaba asesinando a prostitutas en ese territorio geográfico tan pegado a Canarias.

La lectura de este libro me hizo descubrir a un escritor que se manejaba bien en la construcción de personajes y en el retrato de ambientes, todo ello sin perder su dependencia de una Canarias, y en concreto de una de sus islas, Fuerteventura, tan unida aquellos años a los destinos ya pactados del Sahara, tierra que de la noche a la mañana cambió de dueños, solo que los nuevos no resultaron ser los nacidos en aquel territorio, los que por derecho tenían que haber heredado ese pedazo de rocoso desierto que sigue levantando pasiones. Es una lástima que la posición de España desde entonces ante este territorio rico en recursos minerales haya dado un giro de 180 grados, en especial con el gobierno “progresista” que en la actualidad dirige y administra los destinos de este país al que continuamos llamando España.

El Quiromante (Alia ediciones, 2026) es la nueva novela que presenta a los lectores Carlos Gutiérrez Robayna, más un thriller que una novela policíaca a diferencias de como sí lo fue las Tres tes, ya que ahora propone un viaje a las tripas de las artes de la adivinación, tarot, horóscopos, quiromancia para responder preguntas sobre la familia, la pareja, el dinero y la salud que en Internet han alcanzado un gran éxito explotando un negocio que no mengua sino que va creciendo con el paso de los años.

El Quiromante como bien avisa su título cuenta la historia de un proyecto que pretende meterse a la humanidad en el bolsillo ya que gran parte de esas humanidad cree en los vaticinios que propone sobre su futuro la Inteligencia Artificial. También escora su crítica (es verdad que demasiado inocente) a la credibilidad del ser humano, a que piense que todo lo que se le dicta desde Internet deben ser verdades aplastantes y anuncios de lo que vendrá… El Quiromante es una novela en la que aprecio que su autor tiene que habérselo pasado muy bien mientras la escribía, ya que cuenta con varios capítulos que con independencia de si ayudan o no a que avance la acción, están muy bien escritos aunque resienten más que benefician el seguimiento de un relato que no termino de ver definido. No obstante, me revela a un escritor al que le están saliendo colmillos en la literatura y al que le gusta crear atmósferas y dibujar retratos que saben visibilizarse bastante bien, lo que da mucho contenido a una historia que repleta de ideas buenas no terminan de explotarse por esa ebriedad que a veces embarga al escritor por demostrar y demostrarse a sí mismo que es un narrador con todas sus letras, algo que no era necesario porque ya lo habíamos descubierto en las Tres tes y si nos apuran en Sangre de perros, que es su primera novela publicada, y que ambienta en los inestables años de la Transición española.

Los escenarios de El Quiromante son variados aunque la novela comienza en el santacrucero barrio del Toscal, donde aparece en una de sus viviendas el cadáver de un joven que, diecisiete años después, vuelve a ser actualidad cuando cae en manos de la inspectora Isadora Monteblanco, que cumple destino en la isla de Fuerteventura, en la que tiene que resolver un misterio “rodeado de silencios y supersticiones”.

Si tiene un problema El Quiromante, que tiene algunos, es que como lector no termino una vez finalizo el libro de explicarme qué fue lo que quiso contar Carlos Gutiérrez Robayna. El caso, por llamarlo de alguna forma, acaba por desdibujarse y perderse en complicadas tramas que me dicen que se cruzan en la novela pero que no llego a seguir como probablemente si lo vio el autor. Esto se debe a los tiempos muertos entre capítulos en los que se cuenta con notable brillantez narrativa poca cosa. Cosas que ayuden al buen seguimiento de la novela. También a que no termino de creer que el escritor tuviera muy claro lo que quería denunciar porque entiendo que El Quiromante es una novela que nació con vocación de denuncia. Y a veces esta denuncia parece que cuaja pero no, no acaba de asentarse porque da la sensación que todo se deja al aire.

Puede que al tratarse de un thriller mi interés por la novela quizá haya menguado porque no soy consumidor de thrillers, que a mi modo de ver es una género o subgénero donde el problema o el caso a averiguar necesita ser contundente para no despistar al lector, lector acostumbrado a historias que están sembradas de trampas, lo que deja en un segundo plano el retrato social de una época. La crítica a un sistema para el que sus súbditos, que somos todos, no valemos demasiado.

Lo ambicioso de la propuesta (mezclar suspense y misterio con creencias ancestrales y alta tecnología) no termina de cuajar por lo que tengo más preguntas que respuestas en torno a una historia que en manos de un escritor como Carlos Gutiérrez Robayna esperaba que resolviera. Pero no pierdo la esperanza, ya que se trata de un escritor que tiene talento y que me sigue pareciendo una de las apariciones más prometedoras e interesantes de la literatura con y sin acento policíaco que se escribe en la actualidad en Canarias.

Saludos, septiembre, desde este lado del ordenador

Andrea Abreu presenta Pajaritos preñados el 10 de septiembre en la capital tinerfeña

Septiembre 2nd, 2026

La semana próxima concretanente el jueves 10 de septiembre, la escritora tinerfeña Andrea Abreu presenta Pajaritos preñados (Anagrama, 2026) a las 19 horas en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife. La autora de Panza de burro conversará con la fotógrafa Lilia Ana Ramos Martín, una de cuyas imágenes ilustra la portada de Pajaritos preñados.

La novela se pone hoy, miércoles, 2 de septiembre a la venta en librerías, y está protagonizada por Cathaysa, que dieciséis años y El Tiznado, el padre de Cathaysa, un espíritu hedonista marcado por la precariedad, la ausencia y la culpa. Otros personajes que intervienen en la historia son Engracia, la madre, espejo en el que Cathaysa no quiere mirarse; Tío Aurelio; las amigas, La Macha y Chaxiraxi, que se quieren como hermanas y se entienden “a macanazos”, y un primo que la reclama como si le perteneciera.

La editorial avanza que con Pajaritos preñados Andrea Abreu construye “un universo donde el lenguaje late al ritmo de los cuerpos y del paisaje. Lejos de cualquier mirada complaciente, Pajaritos preñados se sostiene en la complejidad de aquello que rara vez se nombra y se adentra magistralmente en la intimidad de los personajes para mostrar la crudeza de lo cotidiano y la fragilidad de quienes intentan, a pesar de todo, cambear, imaginar otra vida”.

Saludos, shit!, desde este lado del ordenador

La Loca del Frente contra el dictador Pinochet

Septiembre 1st, 2026

“Tantas cosas que había hecho por Carlitos, y era capaz de hacer muchas otras, nada más que por su deliciosa compañía, meditó solitaria en el altillo, horadando con sus ojos la perspectiva de la calle que hacía tres días lo vio desaparecer. Cada vez que Carlos se perdía, un abismo insondable quebraba ese paisaje, volviendo a pensarlo tan joven y ella tan vieja, tan hermoso y ella tan despelucada por los años. Ese hombrecito tan sutilmente masculino y ella enferma de colipata, tan marilaucha que hasta el aire que la circundaba olía a fermento mariposón”.

(Tengo miedo torero, Pedro Lemebel, editorial Las afueras, 2021)

La reedición de Tengo miedo torero del chileno Pedro Lemebel por Seix Barral con un prólogo que firma Alana S. Portero recupera la primera y única novela que escribió este escritor y activista, creador del colectivo Yeguas del apocalipsis, que desarrolló un extenso trabajo plástico en fotografía, vídeo, perfomance e instalación, así como de varios libros, muchos de los cuales resultaron muy críticos con la sociedad chilena durante la dictadura de Augusto Pinochet y la democracia que vino después. Entre estos libros se encuentra una colección de relatos, Incontables, y los que reúne sus trabajos periodísticos como La equina de mi corazón, Loco afán. Crónicas del sidario, Adiós mariquita linda y Mi amiga Gladys, que se publicó tras la muerte de Lemebel.

Tengo miedo torero es una gran novela, por eso me extraña que apenas haya sido reivindicada da en España pasado todo este tiempo. Espero que la nueva edición que presenta ahora Seix Barral corrija este error, porque estamos ante una obra singular, de una brevedad que abruma (apenas supera las doscientas páginas) y que revela a un narrador de tonelaje que va más allá del discurso reivindicativo para contar, entre otras muchas cosas que cuenta, una historia de amor entre su protagonista, que no tiene nombre y que se autodenomina la Loca del Frente, y un joven que pertenece a la guerrilla urbana en una ciudad de Santiago de Chile con cielos plomizos (como el uniforme de sus militares) y en continúa agitación para arrebatar el poder a un dictador anciano que vive sus últimas boqueadas haciendo lo único que supo hacer a lo largo de su penosa vida: mandar a reprimir a los marxistas, que así es como conoce a los rebeldes, a los que van a la contra en esta novela que deja poso y más de un suspiro.

Hay elementos que son recurrentes en Tengo miedo torero, el primero de ellos es una emisora de radio clandestina que emite noticias del cambio que se avecina en Chile, y en la que se lanzan mensajes que van directos a erosionar el poder en el que se ha enrocado el dictador. También, y forma parte de los capítulos más hermosos de la novela, la relación que la Loca del Frente mantiene con Carlos, un amor platónico que nace cuando el joven le pide su piso para esconder una serie de cajas y herramientas que, aunque no se diga, aunque no lo explique el escritor, se sospecha que van a ser utilizadas por los guerrilleros contra el régimen militar que se hizo con el poder tras derrocar el 11 de septiembre de 1973 al presidente Salvador Allende y a su gobierno (marxista) de la Unidad Popular. Pero no se me asusten los que no soportan novelas políticas, aunque la mayoría lo sean por mucho que lo neguemos, porque Tengo miedo toreo da un paso más allá, sirviéndose de aquellos días de dolor y plomo para plantearse preguntas en torno a la militancia pero sobre todo la disidencia sexual.

Lemebel, que por desgracia falleció en 2015, se sirve de esta disidencia para contar una historia de amor entre una loca vieja como ella (así mismo se define) y un joven y apuesto rebelde que la utiliza para los fines de su organización. Me resulta en este aspecto llamativo porque el escritor además de no mostrarse para nada amable con el régimen totalitario de Pinochet, tampoco dedica demasiadas palabras de afecto a esa izquierda que irrumpe en su casa a través de un joven apuesto que milita en una formación marxista cuyos miembros mantienen distancia con la protagonista porque no terminan de aceptarla. La Loca del Frente no lo quiere tampoco. Asume que esa misma izquierda está tan llena de prejuicios como la derecha que pretenden derrocar. Esos marxistas están tan llenos de moral burguesa que son incapaces de ver a la Loca del Frente como una compañera. Además, ella asume el riesgo de guardar el material que le entrega Carlos a través de la organización guerrillera. Organización que no da respuestas a sus razonadas preguntas. Entre otras las más obvias: ¿qué hay en esas cajas que esconden en su casa?, ¿qué es esa tubería de metal que le han pedido que guarde en cualquiera de las habitaciones de su hogar?

La novela está narrada desde distintos puntos de vista así que podemos seguir a nuestro protagonista, conocer como se le acelera el corazón cuando está muy cerca de Carlos, y también a través de la cabeza de la esposa del dictador. Una mujer, aquí, entre nosotros, inaguantable. Pinochet también tiene su espacio, lo retrata como un hombre viejo y acabado, solo que se resiste a un final anunciado por mucho que lo evite, por mucho que mire a otra parte. Por mucho que se empeñe en sostener que lo que hizo, derrocar al anterior gobierno y matar a su presidente, fue por el bien de una patria que no es la de todos los chilenos sino la suya propia. Un egoísta que justifica su violencia y la represión para mantener a raya al enemigo. Los marxistas en los que paradójicamente casi parece que se ve reflejado por su sentido de la disciplina y sacrificio por una causa que no queda bien explicada. Claro que todas las causas políticas al final son tremendamente confusas, contradictorias, nada buenas para la persona de a pie que lo único que pide o aspira al menos es vivir el tiempo que le quede en paz.

La música tiene también un papel importantísimo en esta historia que cuenta muchas historias. Son boleros y canciones melódicas de un país cuyos versos se reproducen en algunas de las páginas de la novela, textos que apuntalan un poco más el modo de pensar de su protagonista y de algunas de sus amigas. Todas ellas viven como pueden en un país que se ríe de los mariquitas pero que no los persigue porque no resultan peligrosos a un sistema que solo busca a marxistas, la mayoría de ellos universitarios heterosexuales que no tienen nada mejor que hacer que enfrentarse en las sombras a un régimen que comienza a hacer aguas, que se le escapa de entre los dedos a su jefe, Augusto Pinochet. Un bruto que esconde sus ojos bajo gafas de cristales oscuros y al que le encanta escuchar marchas militares y que no soporta a su mujer. Siempre recriminándole cualquier cosa, siempre encima de él… Casi da pena ver al dictador en su vida familiar porque parece que es un hombre muy pequeñito.

Todo esto y más en un libro cuajado de palabras chilenas que le dan más color al texto y que se entienden por el contexto en el que se expresan. Hay también algo de sexo, aunque algo me dice que Lemebel se mostró bastante cauto. Vaya uno a saber el por qué. Igual temía escandalizar a unos lectores que siendo chilenos o no, hoy se escandalizan de cualquier cosa menos de los enfermizos males que arrastramos del pasado.

Saludos, léanla, desde este lado del ordenador

El mirón

Agosto 31st, 2026

El periodista Gay Talese (Ocean City, Nueva Jersey, 1932) es uno de esos grandes periodistas que más que interesarse por los hechos, se interesa por las personas que provocan esos hechos. Sus libros, y por fortuna contamos en español con varios de ellos traducidos, son lecciones de un oficio que todo periodista que se precie debería de leer y reeler llegado el caso. Tuve la fortuna de descubrirlo por el que quizás se trate de sus libros más raros. Raro por su protagonista, Gerald Foos, que regentaba un motel en el que espiaba a sus huéspedes a través de los conductos de ventilación, en los que instaló una plataforma de observación. El caso es que Foos dejó constancia escrita de lo que vio a lo largo de los años en que fue propietario del motel. Un informe que fue enviando a Talese, a quien invitó a quedarse en su motel, invitación que el periodista aceptó.

Lo que observó a través de aquellos conductos de ventilación pero sobre todo el retrato de Foos, lo narra en El motel voyeur (Alfaguara, 2016), la edición definitiva de un reportaje que debería de estudiarse en todas las facultades de periodismo.

El libro revela no solo las dotes de observación de Gay Talese, sino también el retrato de un mirón, Gerald Foos, que se casó dos veces (sus esposas conocían y participaron en el secreto de su esposo) tuvo hijos y resultaba un tipo agradable que nunca se sintió un bicho raro sino más bien una especie de científico sin título universitario que estudiaba las relaciones de pareja, porque las habitaciones que Foos espiaba eran siempre las que ocupaban parejas.

El motel del voyeur no culpa al mirón sino que expone un caso sin añadidos sentimentales ni prejuicios morales. Además, no se puede tomar muy en serio las anotaciones de Foos porque como viene a decir Gay Talese, a veces terminaba por confundir la realidad con la ficción. Subyace en este reportaje la idea de hacer periodismo, y literatura también en torno a un personaje que para la mayoría es un enfermo, aunque al final esa “enfermedad” quede un poco disuelta ya que como razona Foos, todos, sobre todos los varones, son voyeur. Justifica además su confesa adicción a mirar sin ser visto por su voluntad de estudio, una justificación poco creíble, concluye Gay Talese, que se hizo amigo de Foos y de su familia.

La mirada de Talese sobre el mirón es la de un observador, la de un periodista que cuenta objetivamente lo que vio.

Saludos, no se lo pierdan, desde este lado del ordenador