Carlos Ruiz Caballero: “No seremos una sociedad decente hasta que dignifiquemos a nuestros muertos”

Julio 16th, 2024

Retrato del fin del mundo (Alba, 2024) nace a raíz de una fotografía que Carlos Ruiz Caballero (Las Palmas de Gran Canaria, 1960) encontró en un libro sobre la represión franquista en la isla de La Palma. En esa imagen que fue tomada el 6 de marzo de 1937 en el campo de concentración de Fyffes, en Santa Cruz de Tenerife, se puede observar a Margarita Rocha y Néstor Mendoza posando ante la cámara como recién casados horas antes de que Néstor fuera fusilado en la batería del barranco del Hierro.

Ella, Margarita, es la protagonista de esta novela que su autor, Carlos Ruiz Caballero, llevaba acariciando escribir durante muchos años. La historia cuenta además con el nihil obstat del hijo de Margarita y ha logrado que algunos lectores peninsulares descubran que la Guerra Civil se libró también en Canarias.

Carlos Ruiz Caballero vive en Barcelona, donde estudió la carrera de periodismo y fue profesor de la facultad de Comunicación Blanquerna, de la Universidad Ramon Lluch, donde trabajó como investigador y docente. Es autor del ensayo La torna de la torna. Salvador Puig Antich i el M.I.L.

- ¿Qué fue primero la fotografía o la historia?

“Lo primero es que se trata de un libro largamente macerado en el tiempo. Hace unos 36 años asumí el compromiso con una persona de San Andrés y Sauces, Santiago Abreu, de escribir una novela sobre la Guerra Civil y en la que hablaría de él. Conocí a Santiago Abreu a la edad de nueve o diez años porque era amigo de mi padre y salían los domingos a almorzar al campo y yo, que era el pequeño de la familia, iba con ellos y escuchaba las historias que mi padre y él se contaban pero prestaba especial atención a las que decía Santiago Abreu porque me resultaban increíbles. Al cabo de los años comencé a documentarme para escribir esa novela y fue entonces cuando me tropecé con el libro del historiador Alfredo Mederos República y represión franquista en La Palma, en el que se reproduce una fotografía que está en la frontera entre la vida y la muerte y en la que aparecen Margarita Rocha y Néstor Mendoza, este último preso en Fyffes y a quien permitieron casarse pocas horas antes de que lo fusilaran. Y si ves la fotografía entiendes que los dos lo sabían. Sabían que pocas horas después iban a matar a Néstor. Fue tanto el impacto que comencé a buscar libros por si alguien había publicado esta historia pero me pareció extraño cuando descubrí que nadie lo había hecho y me puse en ello. Más tarde conseguí ponerme en contacto con el hijo de Margarita, porque pensé que antes de escribir la novela necesitaba de su autorización moral”.

- La protagonista de la novela es Margarita pero no Néstor. ¿Por qué?

“Porque creo que a Néstor narrativamente y al ser la víctima había que matarlo desde el principio. Tiene tanta fuerza que para poder contar la historia había que matarlo, poner fin al suspense y quise trasladarlo al lenguaje ya que me pareció interesante adoptar el punto narrativo de la mujer, Margarita, para contar la historia. Ella es quien está con Néstor hasta poco antes de su muerte”.

- En la novela hay otro personaje importante, un boticario catalán, Margalit, que vive en La Palma y que conoce a la pareja.

“Era para mi el liberal indispensable, lo que representa es a la democracia. La democracia en tiempos turbulentos. Es el libre pensador y me daba la oportunidad de combinar dos escenarios que para mi son vitales y biográficos como Cataluña y Canarias. Barcelona y las islas son escenarios que en la novela se ensamblan con la realidad histórica, tanto en los inicios del libro en La Palma, donde por cierto se encuentra la Virgen de Montserrat de San Andrés y Sauces, como los anarquistas, ya en la segunda parte, en Tenerife”.

- Pero ¿de dónde viene Margalit?

“Margalit tiene ese apellido porque es el nombre de un filósofo que me gusta mucho y en especial uno de sus libros, La sociedad decente, en el que plantea que las instituciones que no humillan a los individuos dan el primer paso a una sociedad civilizada, a una sociedad en la que los individuos no humillan a las personas y creo que ése fue el proceso que llevó a la II República. La Guerra Civil significó una vulneración de la dignidad humana”.

- Me gustaría que habláramos del estilo de la novela.

“Intenté narrarla en primera persona pero es complicado mantener esa voz en las 270 páginas que tiene el libro. Con todo, intenté usar esa fórmula con honestidad”.

- Uno de los aspectos más interesantes de la novela es que sus protagonistas son anarquistas, que tuvieron mucha fuerza en Tenerife antes de la guerra.

“Los anarquista en Tenerife se notaron sobre todo en la estiba y en el sindicato de inquilinos donde organizaron una huelga importante. Estaban muy bien organizados y tenían cierto peso también en el sector del tabaco. Al mismo tiempo, Canarias fue un lugar de destierro y tierra donde ocultarse. Tiene dos caras, la del exilio forzado y la posibilidad que una persona significada en la península se hiciera invisible en las islas. Son enviados a Fuerteventura Unamuno durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera y Buenaventura Durruti en 1932, de quien se sabe que se reunió con otros anarquistas en Tenerife. Un hecho real que plasmo en la novela es el intento de los anarquista por asesinar a Franco. Fueron tres, uno tinerfeño y dos catalanes, pero el atentado fracasó”.

- ¿Hubo algún capítulo que le resultara más complicado de escribir que otros?

“Tenía que matar a Néstor de entrada y tomé otras decisiones que afectaron a la estructura de la novela. Consideré que tenía que ser un plano secuencia, y que había que escribirla de corrido. Fue algo que medité bastante antes de sentarme a hacerlo”.

- Gracias a su novela me entero que Néstor, anarquista, fue hermano de Florisel Mendoza, comunista..

“El director de la colección me dijo que la realidad es novelesca. El padre de los Mendoza fue zapatero y republicano, Néstor, anarquista, Pedro, socialista y Florisel, comunista. Florisel tiene una historia que es una novela en sí misma porque logra salir de La Palma y, tras muchas peripecias, llegar a la España republicana donde se pone a su servicio”.

- En la novela no hay villanos, sí acciones muy retorcidas y malvadas pero no villanos.

“Lo que pretendí lo explica muy bien Vassily Grosman en una escena de Vida y destino, aquella en la que se encuentran en una prisión soviética un oficial nazi con otro del ejército rojo que ha sido purgado por los comunistas. En la conversación que entablan el nazi le dice que Hitler y Stalin son muy parecidos y que él no se ha enterado que el bien no puede acabar con el mal pero el oficial soviético le responde que está equivocado porque es el mal el que no puede acabar con el bien. En Mazo, por ejemplo, dos pastores arriesgaron su vida espontáneamente para ayudar a los que habían huido al monte, así que quise resaltar que la bondad humana existe”.

- Retrato del fin del mundo es su primera novela, ¿qué le animó a dar el salto a la ficción?

“Fue un reto personal que llevo en la cabeza desde que era adolescente. Me atraía escribir y quizá porque soy un gran lector de novela,me dediqué al periodismo porque lo que quería era escribir. Comencé con el ensayo hasta que me animé a escribir esta novela. Ahora, cuando la gente que la ha leído te explica lo que significó para ellos no deja de sorprenderme”.

- ¿Siguió algún plan para escribir la novela?

“Un psiquiatra dijo que era bueno construir castillos en el aire siempre que no te quedaras a vivir en ellos pero creo que los escritores, los creadores literarios, deben construirlos y vivir dentro de ellos. En ningún momento de la escritura sentí presión porque tenía muy claro hacia donde quería ir pero también improvisé porque al final los personajes adquieren vida propia. Tú los construyen pero ellos son los que se perfilan y actúan en función de su carácter”.

- Lo que cuenta de Margarita es ficción.

“Es todo ficción. Al encontrarme con el libro de Alfredo Mederos la historia vino a mi para que pudiera contarla. Contacté con el hijo de Margarita, Juan Torres, en Caracas. Estaba a punto de jubilarse como profesor universitario y le expliqué lo que quería hacer, escribir la historia de su madre y me respondió que había pensado siempre hacerlo él mismo pero me cedió el testigo. Entre otras cosas, me contó que su madre cuando se casó por segunda vez aún seguía enamorada de Néstor. Comenzó a enviarme documentos, y comprobé que en todos ellos firmaba como Margarita Rocha, que era el primer apellido de Néstor. Investigué y supe que había trabajado cuidando niños y en un almacén y que fue con Néstor en 1935 a Tenerife pero nada más. Tuve que inventarme su historia”.

- Durante el proceso de escritura hubo autores que tuviera en la cabeza y que le sirvieran de guías?

“Hay un asunto que me obsesiona como profesor de Historia del Pensamiento y de Ética, también como lector, y es el Holocausto y la II Guerra Mundial,la naturaleza humana. A mi el realismo mágico me gusta mucho y lo leí cuando era joven, desde Ciro Alegría, El mundo es ancho y ajeno, a Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier y su dominio maestro de las subordinadas pero si hay una presencia en este libro y que afectó a su estilo es la literatura del Holocausto en la que encuentras a autores como Primo Levi e Imre Kertész, el autor de Kaddish por el hijo no nacido, un libro que tiene una forma de narrar que se parece mucho al ensayo. Es decir, es una literatura en la que está presente la reflexión y creo que de alguna manera plasmé eso en Retrato del fin del mundo, pero es una técnica que tienes que dosificar porque si crece demasiado afecta al ritmo narrativo”.

- Siente debilidad por la literatura del Holocausto y la II Guerra Mundial pero ¿y por la Guerra Civil?, ¿tiene algún libro de referencia?

“Creo que el mejor libro que he leído sobre la Guerra Civil es Homenaje a Cataluña de George Orwell”.

- Menciona solo a un escritor y es extranjero.

“Orwell dice que en España por primera vez una democracia plantó cara al fascismo y esa observación, que luego de leerla piensas que es evidente, no es tan evidente como pensabas. Cuando Orwell pregunta a la gente por qué lucha, la respuesta es la misma, sencilla e impresionante: por decencia. La mirada de Orwell es muy diferente a la de los escritores españoles quizá porque era extranjero”.

- ¿Y leyó algunas novelas sobre la Guerra Civil en Canarias antes de escribir Retrato del fin del mundo?

“Preferí no hacerlo. Tomé esta decisión para que no condicionara mi forma de narrar. Cuando apareció Los milagros prohibidos, de Alexis Ravelo, estuve tentado de leerla pero no, a final no lo hice porque quiero que pase una buena temporada antes de hacerlo”.

- Se está publicando mucha novela en Canarias sobre la Guerra Civil.

“Cuando les explicaba a los estudiantes los derechos humanos y comenzaba con las listas de muertos en la II Guerra Mundial, los millones de heridos y desplazados, no hay máquina alguna que mida el dolor humano y la humillación y les explicaba que solo la literatura podía y puede explicarlo ya que penetra en la vida de una familia y describe lo que significa que aporreen la puerta de tu casa de madrugada para detener a los que allí viven, torturarlos después y hacerlos desaparecer finalmente. Así que ¿cuántas novelas hay que escribir? Pues tantas como personas fueron silenciadas. Es una indignidad que ochenta años después tengamos que seguir peleándonos para abrir una fosa y escuchar discursos públicos de algunos políticos que niegan ese derecho con el fin de manipular la historia. Creo que tenemos que cerrar la herida porque continúa abierta y no seremos una sociedad decente hasta que dignifiquemos a nuestros muertos con decencia”.

- ¿Y cómo recibe el lector peninsular la novela?

“Pues descubren que los franquistas asesinaron en Canarias a unas 2.500 personas en lo que fue una política clara de exterminio. No tienen idea de lo que pasó en las islas durante aquellos años”.

- ¿Volverá en un próximo libro a la Guerra Civil?

“Estoy con una novela que trata uno de los temas más importantes de nuestra democracia como es la vejez, y transcurre entre Barcelona y Canarias”.

FIRMA FOTO 1: Lidia Cordero Triay

Saludos, negras tormentas…, desde este lado del ordenador

La hojarasca, una película de Macu Machín

Julio 15th, 2024

Título original: La hojarasca / Año: 2024/
Duración: 72 minutos
Dirección: Macu Machín
Guion: Macu Machín
Reparto: Elsa Machín, Maura Pérez y Carmen Machín
Música: Jonay Armas
Fotografía: José Ángel Alayón y Zhana Yordanova
Compañías: El Viaje Films

Hay una frase, entre las que se pueden escuchar en La hojarasca, de Macu Machín, que define el espíritu de esta película canaria que nace con vocación universal: “discutimos, pero nos queremos a rabiar”, se lo dice una de las tres hermanas a otra, acostadas mientras miran un futuro que como el de muchas familias de las islas, será siempre el mismo: rutina y fin.

Sorprende que para contar esta historia, una historia de mujeres porque solo son mujeres las que intervienen en ella, el paisaje de la isla de La Palma esté tan presente y representado a su vez de una forma que huye de la postal turística a la que nos tienen acostumbrados, sino que exhibe la crudeza climatológica de un entorno que no presume de seguro de sol. El tiempo es tremendamente hostil en esta película con la que aprendemos también a escuchar los silencios, silencios rotos por un sonido grave y telúrico que desemboca en el estallido del volcán Tajogaite, erupción que tiene también (o así lo quiero creer) un potente significado simbólico en una película que hay que ver con los ojos muy abiertos ya que detrás de una narración cinematográfica lenta y muy clásica (apenas, por no decir ninguno, hay movimientos de cámara) está planificada en planos que parecen cuadros en movimiento y por el que entran y salen sus tres protagonistas. La película representa fragmentos de una existencia que como la misma isla parece que no quiere despertar de su plácida ignorancia.

Si hay un protagonista en La hojarasca (las hojas que se caen de los árboles o la inútil frondosidad de algunos árboles y plantas) son las tres mujeres protagonistas. Tres hermanas que se interpretan a sí mismas con conmovedora sinceridad y a las que les pertenece este pequeño universo hecho cine que es La hojarasca. Una cinta con una plasticidad que transmite a veces congoja y casi emociona a medida que avanza la historia. La historia de tres hermanas que se encuentran para dividir la tierra que les ha tocado en herencia.

Basta mirar a los ojos, a los rostros que atraviesan las arrugas de la edad. La bondad que derraman las mayores hacia la pequeña del trío para aprobar el sincero y emocionado homenaje que hace la cineasta a tres mujeres especiales de su familia. Ellas encarnan la cultura del esfuerzo y el sacrificio que no solo caracteriza a la mujer canaria de cierta edad sino también a otras del mundo que han entregado su vida a servir a los demás porque como dice una de las hermanas, en eso consiste “quererse a rabiar”. Y en esta película las tres se quieren tanto que discuten y se ríen mientras el volcán escupe en el segundo tramo lava al aire, como si la tierra de pronto despertara y decidiera decirnos que nuestras pequeñas existencias son a sus ojos como las vidas de los insectos.

Agradezco una película que sabe a campo y que huele a campo. Que Macu Machín plantee además al espectador un desafío, como es el de invitarlo a entrar en una historia mínima que hace compleja el trío protagonista con sus miradas, sus conversaciones pero sobre todo sus silencios. Conmueve observar a la hermana pequeña escuchando en su dormitorio como las mayores murmuran de ella, y como una le explica a la otra el sacrificio que significa cambiarle los pañales porque no puede desenvolverse por sí sola. Esa mirada, esos ojos donde se mezclan sentimientos, ese rostro donde los cambios de expresión son hermosos matices, dicen más cosas que mil palabras juntas y pone de manifiesto que quien está detrás de la cámara sabe lo que hace. Que conoce esa historia porque la ha vivido en su propia sangre. Su madre y sus dos tías son las protagonistas de esta honesta y emocional carta de amor sin fisura a los suyos. Su reivindicación de tres mujeres sencillas y leales que, pese a las circunstancias, a los mosqueos familiares, se quieren a rabiar.

No es La hojarasca una película de fácil digestión ya que implica que el espectador haga un esfuerzo para meterse en ella. No es cine palomitero, ni cuenta una historia salpicada de acción. Es una película sobre tres mujeres solas pero sobre todo de dos de esas tres hermanas que aún pueden visitar la bodega y recoger la almendra. Las une la misma mirada resignada. Una mirada que eriza a veces la piel porque tengo en mi pasado una larga fila de mujeres que tuvieron esos mismos ojos que parecen paralizados en un pasado que no tuvo que ser sencillo. Quiero pensar que esta película es un canto a todas ellas además de una declaración de amor con todas sus letras a la familia y a la tradición que nos marca. Una mirada circular, porque la cinta está perfectamente cerrada, hay una llegada, un encuentro y una salida bajo la luz enrojecida de la lava del volcán que rompe la noche y cuya erupción da espesor a un relato aparentemente intrascendente y en el que aparentemente no ocurre nada. O casi nada.

Habrá que escribir en el futuro un estudio de la familia y su vinculación en el cine que hacen algunos cineastas canarios en Canarias. En el caso de Macu Machín su madre y sus tías y en el de David Pantaleón sus hermanos como actores protagonistas de la interesante Rendir los machos. La familia está también muy presente en Aitana, cortometraje que dirige Marina Alberti y que protagoniza junto a su madre, Aitana, para proponer una interesante reflexión sobre la pérdida de la memoria, y trabajo que se exhibió antes de La hojarasca en el preestreno que tuvo lugar el pasado jueves, 4 de julio, en los Multicines Price Prime, en la capital tinerfeña.

Es una pena, pienso mientras salgo de la sesión, que una película de este calado más visual que intelectual, desconcertante por su estilo sosegado, no vaya a encontrar en salas un público preparado para verla. Es una película canaria o mejor, una película con una mirada canaria teñida de sentimientos e intuición. También es una película arriesgada que parte el corazón, y de ambientación rural, de campos húmedos por el rocío de la mañana y un volcán al fondo que nos recuerda que no somos nada y por eso la urgencia de querernos. Aunque sea a rabiar como se dice en la película.

Otros espectadores ya se han dedicado a elogiarla e incluso calificarla con piropos que siempre son excesivos como el que publicó un periódico grancanario, pero al margen de estas manifestaciones excéntricas, La hojarasca con Matar cangrejos y Rendir los machos, entre otras producciones más o menos recientes, son una buena muestra de un cine canario que observa con mirada artística y ficcional –incluso si se trata de un filme que no es un documental aunque quiera parecerlo como es el caso de la película de Macu Machín– las distintas realidades de un archipiélago donde el hombre y la mujer terminan por confundirse con el paisaje y de paso hablar con franqueza y sin medidas tintas de lo que somos aunque no nos guste.

Así que mientras espero con interés el estreno de la todavía en proyecto próxima película de José Ángel Alayón sobre el mundo de la lucha canaria, comienzo a creer que de verdad existe un cine canario con todas sus letras. Un cine que, como su literatura, quiere merodear por las tripas de unas islas que necesitan con tanta urgencia productos culturales que enseñen a querernos a rabiar. Y no solo a su paisaje sino a quienes lo habitan.

Cuesta trabajo pero también es necesario. Y hoy más que nunca muy necesario.

Saludos, vimos, desde este lado del ordenador

Peor imposible

Julio 10th, 2024

Ya se puede decir “oficialmente” que TEA Tenerife Espacio de las Artes cuenta con nuevo director artístico, Sergio Rubira Gutiérrez, lo que no se va a decir “oficialmente” es en cómo se ha desarrollado todo este proceso, ni tampoco si es cierto que el nuevo director, el tercero ya de esta “santa casa”, contó entre los miembros del jurado con “amigos” que, quién sabe, los designios de los dioses son inescrutables, declinaron la balanza en su favor.

El nombramiento fue aprobado ayer, martes, por el Consejo de Administración de este centro de arte contemporáneo del Cabildo de Tenerife (ay, esas prisas) que “atendió el criterio realizado por la comisión de valoración independiente, que estaba integrada por una representación de organizaciones culturales insulares y directores de centros de creación contemporánea”, informa TEA en un comunicado.

100 acciones para TEA fue el proyecto que presentó Rubira para los próximos años, un proyecto que pretende caracterizarse “por su compromiso con el presente, dialogar críticamente con y desde el ahora” y fomentar “la comprensión del pasado reciente, hacer memoria, y proyectar los posibles futuros, imaginar aquello que está por venir”. Un poco retorcido, la verdad.

Sergio Rubira aspira además a “intentar” que TEA “se implique con la sociedad” y al mismo tiempo apostar por proyectos “experimentales, innovadores y transformadores”.

Es una lástima que todo esto que parece tan… yo qué sé… lo haya empañado quienes armaron un jurado que con dos dedos de frente se hubiera hecho de otra forma. Da la sensación…

Pero en fin, esto es lo que hay. En una sociedad decente alguien ya habría dado explicaciones “oficiales” sobre lo sucedido, les va en el sueldo, ya les vale. Me refiero al actual consejero de Cultura del Cabildo de Tenerife y al actual gerente de TEA, José Carlos Acha y Jerónimo Cabrera, respectivamente, pero permanecerán en silencio y dejarán que todo esto se olvide y termine siendo hojarasca, un mal recuerdo de una no mala sino pésima gestión. Como decía H.P. Locecraft, mejor vivir “en una isla (Tenerife) de plácida ignorancia”.

Profesor de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) desde 2008 y del Máster de estudios curatoriales de la Universidad de Navarra, Sergio Rubira fue subdirector general de colección y exposiciones del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM).

En fotos, a mi me recuerda a un surfero al que se le ha pasado el arroz. Y surfear con independencia (y sin colegas) sobre las olas es lo que va a tener que hacer a partir de ahora. Bienvenido al Atlántico, un océano imprevisible.

Mucha suerte.

La va a necesitar.

Saludos, ay pena penita pena, desde este lado del ordenador

¿Quo vadis, TEA Tenerife Espacio de las Artes?

Julio 9th, 2024

Desde el Cabildo de Tenerife comentan que siempre pasa lo mismo, que cuándo se trata de nombrar a un director de no sé qué para ese mismo Cabildo ocurre lo que ahora está pasando con la candidatura a director artístico de TEA Tenerife Espacio de las Artes y en la que el madrileño Sergio Rubira Gutiérrez (tal y como informamos ayer le pese a quien le pese) alcanzó la mayor puntuación, 97, para dirigir un centro que perdió hace ya mucho tiempo cualquier contacto con la realidad y a la sociedad a la que se debe.

El caso es que los tiras y aflojas salpican ahora a los miembros del jurado que se encargaron de las deliberaciones. La leña alcanzó a uno de ellos pero solicitó a tiempo dejar de serlo porque conocía a uno de los que optaba a este puesto goloso pero en otros casos, denuncia un whatsap “anónimo” y que hoy reproduce un periódico de la isla, continuaron como jurados otras dos personas que conocen a Sergio Rubira, al parecer porque mantienen una estrecha relación y cuyos nombres omitimos por respeto al candidato más votado como a los que, supuestamente, son sus colegas de toda la vida.

No hace falta ser muy inteligente para saber quién está detrás de ese whatsap (lo/a conozco y siempre actúa de la misma manera) por eso esa denuncia de la que se hace eco el periódico tinerfeño poco sentido tiene más cuando dice el pecado pero no menciona al pecador. No cita, para que nos entiendan, quien es la fuente, bueno, habla de “fuentes artísticas” pero no da nombres. ¿Por qué será? Me da a mi que es solo una voz la que desafina. Una voz caprichosa que se ha acostumbrado a maniobrar en la tinieblas aunque, reitero, somos ya muchos quienes lo conocemos. Basta, de hecho, comprobar los nombres de los once candidatos a ser director de TEA Tenerife de las Artes para que sepan por donde voy. Y disculpad tanto cripticismo pero…

Insto por eso al consejero de Cultura del Cabildo de Tenerife, José Carlos Acha y al mismo gerente de TEA Tenerife Espacio de las Artes, Gerónimo Cabrera, que eviten en futuras convocatorias estas molestas distorsiones y sobre todo que actúen contra estas chabacanas y muy insidiosas maniobras en la oscuridad.

Y una última pero necesaria nota. Todos los candidatos canarios que fueron seleccionados…Todos, absolutamente todos, tienen un amigo/a, un conocido/a en el jurado (1)…

¿A qué se está jugando entonces?

(1) Sabemos los nombres de los que formaron parte del jurado. Igual lo publicamos un día de estos.

Saludos, ¡¡¡si Durruti levantara la cabeza!!!, desde este lado del ordenador

El madrileño Sergio Rubira es el candidato que ha recibido más puntos para ser director artístico de TEA Tenerife Espacio de las Artes

Julio 8th, 2024

La candidatura del profesor asociado de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid, Sergio Rubira Gutiérrez (Madrid, 1975) es la que más puntos (97) ha recibido en la convocatoria pública para la contratación de la Dirección Artística de TEA Tenerife Espacio de las Artes. Le siguen de cerca dos candidatos más, ambos sumaron 94, de las once propuestas que se seleccionaron para dirigir un centro de arte que no termina de abrirse a la sociedad a la que debe servir.

El anterior director artístico de TEA, Gilberto Hernández (La Laguna, 1975) ocupó esta responsabilidad en enero de 2019 con un proyecto, Principio de la incertidumbre, que como pudo marcó la trayectoria de TEA hasta que finalizó su contrato.

A la espera del nombramiento oficial de Sergio Rubira, que posiblemente se celebre por estas fechas o a finales de verano e inicios de otoño, TEA nació primero como Instituto Óscar Domínguez de Arte y Cultura Contemporáneo (IODACC) de la mano de la por aquel entonces consejera de Cultura del Cabildo de Tenerife, Dulce Xerach Pérez, aunque tras dejar la Consejería en 2003, pasó a llamarse TEA Tenerife Espacio de las Artes en un juego de siglas que daría para varios libros de chistes. Todos ellos malos, por cierto.

El primer director de TEA fue el vasco Javier González Durana que no supo donde se metía cuando asumió las riendas del centro en 2008, y que no soltaría pese a las adversidades y una durísima campaña de acoso y derribo hasta 2011. Tras su marcha, digamos que TEA vivió una temporada en el infierno al no contar con director/a así que en otras de esas marcianas decisiones que toma TEA y el área de Cultura del Cabildo de Tenerife, se apostó por delegar esta responsabilidad en un triunvirato formado por tres trabajadores de la casa: Isidro Hernández (que aún sigue), Yolanda Peralta y Antonio Vela, que ya no están, y que hicieron lo que humanamente pudieron.

En 2018 y con el anuncio del nombramiento de Gilberto Hernández, más de uno rechinó los dientes pero la verdad es que supo maniobrar y eso que no lo tuvo nada fácil, y mucho menos con una pandemia por medio.

Sergio Rubira es de momento el candidato con más puntuación aunque se abre ahora un proceso de alegaciones porque como viene siendo habitual en TEA la elección del candidato es, digámonos con palabras amables, de todo menos transparente. El candidato madrileño impartió hace dos años en las instalaciones de TEA el taller La sintaxis del diente mutilado. Sobre las colecciones de museos, su exposición y sus significados.

Sergio Rubira fue subdirector General de Colección y Exposiciones del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM), Valencia (2017-2020), donde desarrolló el proyecto del museo como centro de producción IVAM Produce e inició diferentes programas de actividades y formación, como el Centro de Investigaciones Colaborativas (CIC), IVAM Archiva, o Variaciones sobre el plano.

Saludos, ya lo saben, desde este lado del ordenador

Robert Towne, el último clásico

Julio 4th, 2024

GITTES (Jack Nicholson): ¿Quién es? Y no me digas esa tontería de que es tu hermana porque tú no tienes hermanas.
EVELYN (Faye Dunaway): Te lo diré… Te diré la verdad.
GITTES: Bien. ¿Cómo se llama?
EVELYN: …Katherine.
GITTES: Katherine, ¿qué?
EVELYN: Es mi hija.
GITTES: He dicho que quiero la verdad.
EVELYN: Es mi hermana… Es mi hija… Mi hermana… Mi hija…
GITTES: Repito que quiero saber la verdad.
EVELYN: Es mi hermana y es mi hija… Khan, por favor, vuelve arriba. Por el amor de Dios, que ella se quede en su habitación… Mi padre y yo… ¿Comprendes? ¿O es demasiado fuerte para ti?

Fragmento de diálogo de Chinatown (Roman Polanski, 1974), una película escrita por Robert Towne

Me cuenta un empresario de cine en las islas lo mal que está el sector y le pregunto si eso se debe a las plataformas pero para mi sorpresa niega con la cabeza y responde que no, que el culpable de esta agonía lenta pero segura de lo que una vez se llamó séptimo arte se debe a la huelga que los guionistas emprendieron en Hollywood hace unos años, lo que paralizó los rodajes y los estrenos.

No sé si tiene la razón pero el caso es que estamos asistiendo a un largo extertor de un arte que apenas supera los cien años aunque se celebren tantos festivales y haya pasado la moda de las series, que también notaron el zarpazo cuando los guionistas se pusieron en huelga.

Entre los guionista que sonaban entre los aficionados (pocos es verdad, y demasiado pocos los que suenan en estos aciagos tiempos) estaba Robert Towne, que comenzó a trabajar en la industria con Roger Corman, uno de los mayores tahúres de la ciudad del cine, y un productor y cineasta que hace apenas unas semanas nos dijo también adiós para desgarro de quienes lo conocieron no personalmente sino a través de su trabajo, que incluye entre otras película una serie dedicada a adaptaciones más bien libres de cuentos de Edgar Allan Poe y en las que, salvo La tumba de Ligeia, no intervino Towne pero sí Richard Mathenson que es uno de los más grandes escritores de literatura fantástica que han dado los Estados Unidos, y mira que han dado grandes narradores que se especializaron en el género de, más que dar sustos, inquietar al lector. Que pase lo que se dice miedo de verdad.

Robert Towne fue guionista de, entre otras películas, de El PadrinoFrancis Ford Coppola llegó a decir que escribió una de las mejores escenas que luego reprodujo en la película–; El último deber y Chinatown, que fue su pasaporte al estrellato o al menos que su nombre comenzara a ser recordado entre los mandamases de la industria y algún despistado cinéfilo en la que sigue siendo, a mi juicio, el mejor guión de su carrera.

Cuenta también con colaboraciones en las historias que dieron origen a otras tantas películas que traen buenos recuerdos a los que la vieron cuando aún eran jóvenes y se creían felices y que son obras maestras como Yakuza. Dirigió cuatro largometrajes, entre los que destacan la adaptación al cine de la novela de John Fante Pregúntale al polvo, lástima que la versión cinematográfica careciera de la suciedad del libro. De la capacidad de narrar el dolor que significa el empeño siempre frustrado de su protagonistas de ser escritor.

Robert Towne da el paso al más allá unos días después de que nos dijera adiós Donald Suherland, dos caballeros que estaban hasta el día de ayer entre nosotros y que nacieron con un año de diferencia y que representan el final de una manera de hacer y entender el cine. De hecho, y como arte, me parece que el cine en vez de evolucionar ha ido hacia atrás pero esto está escrito por un espectador demasiado acostumbrado a lo que se hacía antes y no tanto a lo que se hace ahora que le suena la mayor parte de las veces a marciano y en otras a pretencioso. Cine que se viste de cierta trascendencia pero que no cubre la desnudez de su sin sentido.

Veo varias fotografías de Towne y me asombra su parecido, ya en la ancianidad, con Suherland, pero debe ser cosa de mi inaguantable manía de comparar lo que no se puede comparar, mi deseo de encontrar semejanzas en lo diferente…

El caso es que con la desaparición de Robert Towne algo se muere en el alma del cine norteamericano. Y eso que se muere es madurez, una mirada adulta al pasado y al presente a través de las historias que salían de su cabeza. Con él desaparece una manera de hacer las cosas que, visto lo visto, no ha cosechado demasiados seguidores entre el nuevo ejército de guionistas que puebla la Meca del Cine y en donde la mayoría carece de su talento y sobre todo experiencia de vida para volcar en sus historias. Y no es que el cine actual se haya vuelto adolescente (eso pasó en los años 80) ni demasiado infantil… el problema del cine estadounidense es que se ha vuelto imbécil, y esto sucede porque quienes lo escriben son unos idiotas y sus destinatarios, los espectadores, una manada de tontos. Así que sí, con la muerte de Robert Towne se nos va una forma de escribir y de hacer películas.

Saludos, hasta la próxima, desde este lado del ordenador