Diez películas para pasar mucho miedo

Octubre 27th, 2026

La sombra de Halloween es alargada y para celebrar una fiesta que no es española pero sí que es muy divertida, sobre todo en cuanto a desacralizar la idea de la muerte y de el más allá, el Espacio Price, en la capital tinerfeña, acogerá del 28 de octubre al 1 de noviembre una programación especial organizada junto a ElFestiviwonder que propone cinco días de proyección de diez películas que dan mucho miedo, además de una exposición de carteles cinematográficos que reúne piezas singulares de la colección personal del productor Pedro J. Mérida.

La propuesta reúne títulos muy atractivos del cine fantástico y de terror, desde los clásicos del expresionismo alemán y el terror gótico hasta las producciones que definieron el género durante las décadas de los sesenta, ochenta y finales del siglo XX. Las sesiones dobles permitirán recorrer distintas formas de entender el miedo en la gran pantalla, “combinando obras fundamentales, películas de culto y títulos que han contribuido a construir el imaginario colectivo del género”, informa una nota de prensa.

La programación comienza mañana, miércoles 28 de octubre, con Nosferatu (1922), de F. W. Murnau, una de las grandes obras del cine de terror mudo, cuya influencia estética y narrativa sigue vigente más de un siglo después de su estreno. La jornada continuará con Dementia 13 (1963), de Francis Ford Coppola, un inquietante thriller de terror gótico que anticipa algunos de los caminos que recorrería posteriormente el cineasta.

El jueves 29 será el turno de El terror llama a su puerta (Night of the Creeps, 1986), de Fred Dekker, una singular combinación de ciencia ficción, criaturas invasoras y humor que se ha convertido en un título de culto para los seguidores del terror ochentero. La sesión se completará con La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero, película fundamental en la evolución del cine de zombis y una obra que transformó para siempre la representación de los muertos vivientes en la pantalla.

El viernes 30 de octubre, la programación reunirá dos aproximaciones diferentes al terror. A las 18:30 horas se proyectará El terror no tiene forma (The Blob, 1988), de Chuck Russell, una revisión del clásico de ciencia ficción y horror que destaca por sus efectos especiales y su imaginativa criatura. A continuación, llegará Hellraiser: Los que traen el infierno (Hellraiser, 1987), dirigida por Clive Barker, una de las películas más personales e influyentes del terror sobrenatural de los años ochenta, con su particular universo de oscuridad, transgresión y pesadilla.

La noche de Halloween, el sábado 31 de octubre, estará dedicada a dos películas imprescindibles del cine fantástico de aquella década. Noche de miedo (Fright Night, 1985), de Tom Holland, recuperará la historia de vampiros, suspense y humor que conquistó a los aficionados al género, mientras que Jóvenes ocultos (The Lost Boys, 1987), de Joel Schumacher, aportará su particular mezcla de vampirismo, adolescencia y cultura popular.

El ciclo concluirá el domingo 1 de noviembre, Día de Difuntos, con una doble sesión que combina el terror sobrenatural y el universo de los cenobitas. Terroríficamente muertos (Evil Dead 2, 1987), de Sam Raimi, desplegará su característica mezcla de horror, humor físico y exceso visual. La jornada se cerrará con Hellraiser 2 (Hellbound: Hellraiser II, 1988), de Tony Randel, continuación del universo creado por Clive Barker que profundiza en su imaginario perturbador.

Una exposición de carteles con piezas difíciles de encontrar

La experiencia cinematográfica se completará con una exposición de carteles de cine fantástico y de terror pertenecientes a la colección personal del productor Pedro J. Mérida. La muestra incluirá auténticas rarezas, piezas singulares y materiales difíciles de encontrar que permitirán acercarse al valor gráfico, artístico y coleccionista de la cartelería cinematográfica vinculada al género.

Esta propuesta amplía la experiencia más allá de la pantalla y convierte Espacio Price en un punto de encuentro para quienes disfrutan del cine de terror no solo como espectadores, sino también como aficionados a su historia, su estética y su memoria cultural.

Un homenaje a Ruymán Hernández

La programación de este ciclo tiene también un significado especial: nace como homenaje póstumo a Ruymán Hernández, una persona que redefinió en Tenerife lo que significa apoyar desde la butaca de espectador toda clase de eventos culturales. Su compromiso con la vida cultural y su manera de acompañar y respaldar las iniciativas artísticas forman parte del espíritu con el que se plantea esta experiencia.
Con este homenaje, Espacio Price y ElFestiviwonder quieren reconocer la importancia de quienes contribuyen a mantener viva la cultura desde el otro lado del escenario y de la pantalla, haciendo de la asistencia, la participación y el apoyo a las propuestas culturales una forma activa de compromiso con la comunidad.

La selección de las películas ha corrido a cargo del productor cultural Pedro J. Mérida, mientras que la coordinación técnica del ciclo corresponde a Juan Antonio Ribas. Ambos participan en una iniciativa que, bajo el paraguas de las actividades promovidas por ElFestiviwonder, nace como experiencia piloto con la voluntad de aportar a la programación de Halloween de Tenerife una perspectiva especialmente centrada en la cinefilia.

Con cinco jornadas, diez películas y una exposición de carteles singulares, Espacio Price propone una celebración de Halloween diferente: una invitación a recuperar clásicos, descubrir títulos de culto, compartir la pasión por el género fantástico y reivindicar la experiencia colectiva de disfrutar del cine en pantalla grande.

PROGRAMACIÓN

Miércoles 28 de octubre
• 18:00 h. Nosferatu (1922), de F. W. Murnau.
• 20:30 h. Dementia 13 (1963), de Francis Ford Coppola.

Jueves 29 de octubre
• 18:00 h. El terror llama a su puerta (Night of the Creeps, 1986), de Fred Dekker.
• 20:30 h. La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero.

Viernes 30 de octubre
• 18:30 h. El terror no tiene forma (The Blob, 1988), de Chuck Russell.
• 20:30 h. Hellraiser: Los que traen el infierno (Hellraiser, 1987), de Clive Barker.

Sábado 31 de octubre
• 18:00 h. Noche de miedo (Fright Night, 1985), de Tom Holland.
• 20:30 h. Jóvenes ocultos (The Lost Boys, 1987), de Joel Schumacher.

Domingo 1 de noviembre
• 18:00 h. Terroríficamente muertos (Evil Dead 2, 1987), de Sam Raimi.
• 20:30 h. Hellraiser 2 (Hellbound: Hellraiser II, 1988), de Tony Randel.

Entradas e información: www.espacioprice.com
Lugar: Espacio Price, calle Salamanca, Santa Cruz de Tenerife.
Fechas: del 28 de octubre al 1 de noviembre de 2026.

Saludos, a gritar, desde este lado del ordenador

El último gumlet, una novela de Diego Ameixeiras

Octubre 26th, 2026

A mi me parece que Diego Ameixeiras es de “nuestros” escritores de literatura negra y criminal una pieza clave para entender la evolución (en algunos casos involución) del género en España. Es, muy por encima de otros compañeros de viaje, uno de los autores más clásicos, clásico porque algunas de sus novelas son herederas de una tradición literaria norteamericana en la que aparecen nombres como Dashiell Hammett, Raymond Chandler y otros grandes e incomprendidos como Jim Thompson y James M. Cain. La sombre de M. Cain es muy alargada de hecho en El último gimlet (AdN, 2026), aunque en esta historia propone una original relectura que la aproxima más al universo de Fuego en el cuerpo, el inolvidable noir de Lawrence Kasdan, que al de El cartero siempre llama dos veces, novela convertida en varias ocasiones en película, aunque ninguna de las que se rodó después de la original, la de blanco y negro dirigida por Tay Garnett en 1946, ha logrado superar la intensidad de una historia en la que Lana Turner seduce a un duro pero en el fondo muy vulnerable John Garfield para que se convierta en su cómplice y asesinar a su marido.

Resulta así inevitable que El último gimlet, un titulo que tiene resonancias chandlerianas ya que este combinado era una de las bebidas predilectas de Philip Marlowe, evoque lecturas y autores de otros tiempos, tipos que aprendieron el oficio de escribir a base de escribir encargos y novelas de tapa blanda que se vendían como rosquillas en los kioscos de prensa, y legión de plumillas de la que salieron la mayoría de los grandes escritores del género norteamericano, autores y género que si tiene una denominación de origen es ciertamente estadounidense. De ahí que los grandes clásicos del género, que los tiene, sean en su gran mayoría ciudadanos de ese país que hoy gobierna alguien que parece un desequilibrado, y que la novela negra como más tarde pasa en el cine, resulte tan norteamericana como las hamburguesas, aunque en el caso de la literatura noir, no se trata de comida rápida sino más bien de todo lo contrario.

Diego Ameixeiras recordó en una novela anterior, La noche del caimán, a otro de los grandes escritores norteamericanos del género como fue David Goodis, y repite el tributo en El último gimlet, solo que sin mencionarlo en ninguna de las páginas, al universo pasional y profundamente erótico del mejor James M. Cain, de quien se inspira para contar esta historia de triángulo a puntito de romperse. O de hacerse fragmentos contra el suelo. De manera no sé sin consciente, o de son cosas mías, noto también y de forma muy espesa, la influencia de otro gran escritor norteamericano en esta novela, que es Patricia Highsmith, escritora que cultivó una novela policíaca que puso su acento en la psicología de los personajes, sobre todo cuando abordaba el inquietante perfil criminal de todos ellos.

Ripley, a quien dedicó cinco novelas, no es un personaje que esté del lado de la ley sino todo lo contrario. Pero aún con esas, es inevitable que el lector cuando lee algunas de las novelas de la serie se ponga de su lado aunque lo que haga esté más que mal, muy mal.
Son tres los protagonistas principales de El último gimlet, Amador, un policía al que se le invita a tomar unas vacaciones obligatorias tras romper de un puñetazo uno de los ojos de un superior. Ismael, un atractivo joven que vive a la sombra de Lola, mujer de edad que aún conserva algo del esplendor de una belleza que busca refugio, como lo busca Amador tras su ataque de ira, en un pequeño pueblo de la costa gallega, un paisaje montañoso y de escarpados acantilados que está muy presente a lo largo del relato, y que forma junto al trío protagonista el otro lado de un ahora hipotético cuadrado en el que poco a poco uno descubre que nada es lo que parece, y que lo parece al final termina por ser otra cosa.

Hay otros personajes menores que orbitan sobre todo alrededor de Amador, que se lame las heridas que le provoca su volcánico carácter en esa aldea marinera mientras intenta que se olvide su altercado con el jefe y superar que su pareja lo haya dejado por uno de sus mejores amigos, también policía. La gota que colma el vaso es cuando el protagonista descubre que su mujer está embarazada, y no de él, precisamente.

Me resulta algo incómodo reflexionar sobre El último gimlet porque no quiero revelar la vuelta de tuerca que hace el escritor para contar su particular y muy personal remake de El cartero siempre llama dos veces, reto del que Ameixeiras sale muy bien pese a que no contara con ninguna carta ganadora salvo conocer a los grandes autores/as que hicieron grande la novela negra norteamericana. En especial los que la cultivaron en su edad dorada, los 30 y 40 del pasado siglo, aunque el conocimiento del escritor gallego cubre a otros grandes escritores/as que surgieron en décadas posteriores.

Ese entusiasmo por inspirarse en novelistas de aquellos años se traduce en una novela, El último gimlet en la que además de rastrear homenajes, los hay también a Charles Williams, que es el escritor que firma la frase que abre el libro, y Jim Thompson, a quien se evoca sin mencionarlo cuando el protagonista contempla en la televisión de su departamento una película de atracos que resulta ser, aunque tampoco se mencione, La huida, basada en una de las novelas de Thompson y filme dirigido por Sam Peckinpah con guion de Walter Hill y protagonizada por Steve McQueen y Ali MacGraw. Son pequeños tributos que Ameixeiras disemina por un texto no con ánimo académico (Dios nos libre) sino de seguidor agradecido. De lector que a su manera devuelve el favor por haberlos encontrado en el camino de la vida.

La búsqueda de la felicidad es uno de los grandes temas de una novela que reflexiona también sobre el amor, la codicia, las relaciones humanas pero sobre todo del miedo a estar solos. Y del precio que somos capaces de pagar para no estarlo. Habla también de identidad sexual y normaliza relaciones entre iguales y de racismo y jazz cuando se menciona la vida de Lester Young, saxofonista que hacía milagros con el instrumento entre las manos.

Y con todos estos elementos esculpe una novela que cuenta lo que tiene que contar sin que le falten ni les sobren páginas. Es decir, que no llega a las doscientas y consigue que como lector no me sienta estafado porque Diego Ameixeiras sabe lo que hace y agrada porque es el más clásico de “nuestros” escritores de novela negra.

Saludos, a leer, que son dos días, desde este lado del ordenador

La poesía canaria de mujeres anteriores al siglo XX

Octubre 21st, 2026



Antología de poetas canarias del XVIII y XIX
es una investigación sobre la literatura de mujeres en la historia de Canarias, ya que nunca antes se había ofrecido al público una recopilación con este perfil amplio que tuviera como protagonistas a las poetas anteriores al siglo XX.

Preparada por José Miguel Perera Santana, fue se presentada por vez primera la pasada semana en la Feria del Libro de La Laguna 2026, donde el investigador grancanario estuvo acompañado por la profesora de la Universidad de La Laguna Paula Fernández Hernández. La publicación ha sido editada en dos tomos por la Academia Canaria de la Lengua en la Biblioteca Manuel Padorno, con el número 12 de esta prestigiosa colección.

El presente trabajo supone un antes y un después en el estudio y el conocimiento de las escritoras existentes en estos siglos, pues si bien algunas de ellas habían sido abordadas de forma particularizada, o bien algunos global y someramente, nunca habían sido tratadas desde una reflexión conjunta y con tan numeroso grupo de nombres y poemas. Hablamos de la selección de 25 mujeres que, con más o menos frecuencia y dedicación, según el caso, escribieron versos entre 1700 y 1900.

Según el autor de la edición, José Miguel Perera, la escritura de estas poetas es indisociable de la historia no solo de la literatura canaria (sin las que es imposible tener una visión medianamente completa de su devenir), sino de la lucha de la mujer canaria, que “comenzó hace muchísimo tiempo. Para darnos cuenta de algunas de sus armas son fundamentales las manifestaciones literarias, donde el uso del lenguaje aparentemente imaginativo y ficticio esconde, en numerosos rincones, todo aquello que por otra vía directa era imposible decir” por el machismo estructural censurante. Así fue durante los siglos XVIII y XIX en Canarias, especialmente en esta segunda centuria, cuando surgieron no pocas voces de mujeres que se expresaban públicamente en primera persona a través de sus versos.

A excepción de unas pocas, y de manera recortada, hasta hoy no se les ha dado la atención que merecen y por eso esta generosa antología desea contribuir en poner una base sólida desde la que comenzar a conocerlas y animar a profundizar en sus trayectorias. “Desea, en suma –dice la contracubierta del libro– que sor Ana Ángela Arroyo, Antonia Coronado, María Viera, Mercedes Letona, Ángela Mazzini, María del Pino de la Cruz, Agustina González, Matilde Cabrera, Victoria Ventoso, Ana Lasso, Dorotea Vizcaíno, Encarnación Cubas, Candelaria García Hervás, Fernanda Siliuto, Ramona Pizarro, Cristina Pestana Fierro, Victorina Bridoux, Isabel Poggi, Cesarina Bento (en la imagen), Isaura de las Casas, Carmen González del Castillo, Dolores Stanislas, Dolores Millares Cubas, Francisca Fleitas, Leocricia Pestana o Lía Tavío sean algo más que meros nombres para listados sin sustancia”.

El libro presenta un ensayo introductorio de Perera que profundiza en el periodo y en cada una de las poetas individualmente, y además ofrenda un generoso número de textos de las escritoras. Como anexo se añade una quincena de artículos y escritos críticos y reflexivos, de las propias autoras y con asuntos literarios y sobre la mujer, que fueron difundidos en el contexto canario de este periodo y que sirven como profundización de estas creadoras y de la temática femenina.

Los volúmenes están presentes en las librerías desde hace meses y serán presentados de nuevo próximamente en otras islas.

Saludos, quedan avisados, desde este lado del ordenador

Tras la cumbre, una pequeña pero gran novela de Juan José Dorta

Octubre 19th, 2026

“¡Parada y fonda!”, anuncia el chófer, dándole un capricho al pasaje para que vea lo que ofrece el dueño de esta industria, que maneja la máquina de café con un águila en todo lo alto ponderada por la clientela: “Tiene su cremita”, “se conoce que esta gente trabajó duro y aprendió el oficio, ¿no ve que saca hasta cuatro tazas en el brazo?”, “si cuadra la hora del almuerzo, usted comprobará que el arroz amarillo y la cantidad de potajes son ejemplos de la comida verdadera”, “de los postres más vale no hablar, aproveche ahora porque pronto se rendirá el flan y las natillas, el crocante y el rosquete de huevo, el bizcochón y la mistela”. “Aprovechen ahora –insiste el dueño–, pues ya va llegando todo empaquetado y usted solo tiene que abrirlo y chascar”. Es lo moderno, como las estanterías llenas de todo, donde el cliente paga y se va. “¿Vas pa dentro?”, pregunta la vecina. “Sí, vengo encantada, tienen hasta jamón”, usando dentro y fuera al revés del pepino, que tampoco tenía lógica, pero era la costumbre”.

(Tras la cumbre, Juan José Dorta, colección: Narrativa, Baile del sol, 2026)

Tras la cumbre (colección Narrativa, Baile del Sol, 2026) es la primera novela que escribe Juan José Dorta, un libro que he leído con emociones muy encontradas y que al finalizarlo de casi una sentada (apenas supera las 120 páginas) me ha revelado a un escritor con todas sus letras. Hábil en el manejo del estilo y en el perfil de los personajes y que sin renunciar a su forma de hablar arma un relato de viaje: el itinerario de un coche pirata del sur al norte de una isla que debe ser la de Tenerife aunque en este relato de trayectos no se menciona pero sí los pueblos y ciudades pequeñas en las que se detiene la máquina para recibir y dejar a su pasaje.

Es una novela extraordinaria, que a mi me ha evocado por su manera de contar las cosas y su amor por los protagonistas, algunos más tallados que otros, al Federico Fellini que descubrí hace ya eones en Amarcord, que en dialecto romañolo significa Recuerdos, y recuerdos son los que se mezclan en Tras la cumbre, recuerdos de personajes y de una época que tampoco precisa pero que uno imagina sucedió en un tiempo pasado. El relato se inicia con un relojero y filatélico que pasa su voz a otras voces que construyen de manera coral el retrato de una época y de unas costumbres de las que apenas quedan registro en la sociedad actual. Todo ese mundo está descrito con un derroche de palabras y una capacidad –irónica a veces– de crear metáforas que dan colorido a un tiempo de mucha escasez y represión.

El pasado septiembre comenzó fuerte en cuanto a novedades literarias canarias se refiere. Llegó a las librerías Pajaritos preñados, de Andrea Abreu, en la que curiosamente se produce un viaje solo que del norte al sur de Tenerife, y amerizó también en librerías Tras la cumbre, uno de esos libros que respira literatura por todos sus poros y en el que se nota el profundo amor que siente su autor por su tierra y por sus gentes en unos tiempos en los que existía una clara división entre el sur y el norte de la isla. Un norte verde y rico frente a un sur pobre y sediento.

En contra de Pajaritos preñados, donde Abreu juega con el lenguaje y mezcla en un mismo saco canarismos y jerga popular de la zona norte, en Tras la cumbre las palabras nuestras, nuestras antiguas palabras cuentan una serie de historias sin que apenas se note como desfilan por el texto. Se aprecia, en este sentido, que le salen del corazón.

Esta es la primera novela de Juan José Dorta, autor de un poemario, Isora, y de dos volúmenes de uso obligado para los que quieren bucear en el significado de muchas palabras canarias que, por desgracia o mejor poca fortuna, se han ido perdiendo de nuestro vocabulario común. Es autor del Diccionario Palabras de ayer y de hoy y Frases del habla canaria, donde indaga en los acentos y los giros lingüísticos que han permanecido en la tradición oral, se lee en la nota biográfica. Y se nota, sobre todo cuando usa términos que igual ya no existen entre nosotros pero que se conservan gracias al empeño heroico de gente como Juan José Dorta.
Entre lo más interesante que se encuentra en este coche pirata, como sucedía en El omnibus perdido de John Steinbeck, son los personajes que ocupan sus asientos, y Tras la cumbre nos presenta a cada uno de ellos a través de sus recuerdos o sus comportamientos dentro del mismo coche, lo que incluye a su conductor, al chófer que viaja por una carretera sinuosa y con curvas que dan a barrancos en los que no se ve el fondo. El paisaje está salpicada de poblaciones que en la novela reciben el nombre de Txi, Tam, El Val, La Cumbre, entre otras hasta llegar a destino, Iko, que cuenta con un formidable drago milenario.

En Tras la cumbre no hay un único protagonista. Hay muchos. Se trata de una novela de gente ensimismada en su mundo mientras el coche dobla curvas peligrosas por carreteras en mal estado. Cada uno de los personajes nos transmiten sus anhelos y derrotas. En algunos les pesa la férrea y represora moral católica, y en otros, asuntos de la vida cotidiana por resolver.

El único rasgo negativo que tiene el libro es que se lee con la velocidad de una centella y te quedas con ganas. Es una de las mejores novelas con acento de aquí pero también sin acento de aquí que he leído este año. Y ya son unas cuantas leídas de aquí como de allá. Tras la cumbre tiene identidad, estilo. También bondad y poesía. “¡Parada y fonda!”.

Saludos, memoria, desde este lado del ordenador

Pedro Pérez estrena el largometraje Nadie te amará en las dos capitales canarias

Octubre 16th, 2026

Pedro Pérez presentará próximamente su nueva película, Nadie te amará, con dos proyecciones especiales en Canarias que permitirán al público acercarse al proyecto antes de continuar su recorrido.

La primera presentación tendrá lugar este sábado 17 de octubre a las 18:30 horas en el Teatro Guiniguada de Las Palmas de Gran Canaria. Posteriormente, la película podrá verse en Tenerife el 9 de noviembre, también a las 18:30 horas, en el Espacio La Granja.

Nadie te amará es una película que nace con el propósito de generar reflexión, preguntas y conversación en torno a algunas de las problemáticas sociales más presentes en la actualidad. La película explora la maternidad desde diferentes perspectivas y pone el foco en cuestiones como la gestación subrogada y las desigualdades de género.

En un contexto marcado por la rapidez y la superficialidad de buena parte de los discursos que circulan en redes sociales, el proyecto apuesta por el audiovisual como un espacio para detenerse, profundizar y favorecer una mirada más crítica y empática, se lee en una nota de prensa.

En palabras del director, Pedro Pérez: “Uno de los aspectos que más representa a Canarias es la maternidad y con Nadie te amará me apetecía mucho explorar este concepto desde una perspectiva diferente. Es mi primer largometraje y siempre existe el vértigo de presentarlo en sociedad, pero tengo mucha ilusión de hacerlo y compartir el trabajo de todo un equipo detrás que ha empujado para que salga adelante”.

Pedro Pérez nació en Gran Canaria. En 2017 dirige La entrega, semifinalista en el Notodofilmfest. Más tarde firma Benito, cortometraje sobre Benito Pérez Galdós y en 2024 estrena Sin piel, un cortometraje que aborda el bullying protagonizado por la ganadora del Goya, Manuela Velasco, y el nominado Jorge Motos.

Kid Vereje, retrato íntimo de un boxeador

Octubre 15th, 2026

Ana Sánchez Gijón es conocida en los ambientes audiovisuales canarios como productora. De hecho, La Mirada Producciones es resultado de ese trabajo a veces entusiasta de hacer películas. En la década de los años 90 del pasado siglo, inauguró la senda de coproducciones con otras pequeñas empresas locales dando como resultado algunos cortometrajes que tocaron el cielo. Entre otros, Esposados, de Juan Carlos Fresnadillo, el primer corto español candidato a los Oscar de Hollywood, y proyecto en el que también intervinieron Zodiac Films y Papi Producciones; La raya, de Andrés Koppel y El último latido, de Javier Fernández Caldas.

También sacaron adelante Ruleta, debut como cineasta del escritor Roberto Santiago y de otros trabajos como la serie de animación Cleo, que también fue una de las primeras sagas animadas producidas en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses. Un libro publicado el año pasado cuenta la historia de La Mirada desde las –no iba a ser menos– distintas miradas de sus colaboradores. Es un trabajo que explica como La Mirada golpito a golpito fue pionera en hacer posible esto que algunos llaman cine canario.

Era hora que Ana Sánchez Gijón se pasara a la dirección y Kid Vereje es su ópera prima. Una película pequeña, de presupuesto muy reducido, pero que está narrada con honestidad y una mirada profesional que si se le quita el barniz poético con el que la ahora cineasta nos cuenta la historia, hubiera resultado otra cosa. La película de Ana Sánchez Gijón logra que me emocione y que descubra una serie de personajes, entre ellos el mismo Juan Fernando Pérez, Kid Vereje, que nos narra su historia a modo de autobiografía.

Kid Vereje ¿es un documental? En todo caso es una película que se suma a esa corriente que se ha desplegado en el cine canario –en ese cine canario con denominación de origen canario– que unos llaman cine de realidad, y que otros describen como un producto híbrido entre el documental y la ficción. Este cine se preocupa por lo que muestra mezclando narrativas. Estas narrativas resultan a veces muy ingeniosas, el ingenio ayuda cuando el presupuesto se resiente aunque es tan buena la historia de Juan Fernando Pérez, su antes, cuando llegó a ser Kid Vereje y la de presente, la familiar, que la película tiene un latido muy especial.

Esta es la historia de un hombre que nació con todos los boletos para ser un perdedor aunque gracias a su tenacidad y a la suerte de encontrarse en la vida con personas que le mostraron el camino correcto, Kid Vereje aprendió a ser Juan Fernando Pérez.

Esta es la historia también de un hombre que aprendió a ganarse la vida con los puños encima del ring y que pudo haberse convertido en una leyenda del boxeo canario y español si las circunstancias no hubieran sido tan adversas.

Uno de los elementos más atractivos de Kid Vereje es como nos cuenta esta historia. Y quién nos cuenta esta historia. El mismo Juan Fernando Pérez, quien a veces se dirige al espectador, o actores (leo que uno es su nieto) que lo interpretan en su niñez y juventud.

Esos años de aprendizaje son muy crudos aunque el filme se desliza por ellos sin hacer sangre. Tampoco insiste en su carrera pugilística. La película es el retrato de un hombre que además fue boxeador y al que no le faltó amor. Es verdad que el amor aparece cuando uno menos se lo espera y quiso la fortuna que así fuese en el caso de Kid Vereje, que tuvo que colgar los guantes al no contar con patrocinios que respaldaran una carrera que llevaba camino de culminar con éxito.

Pero no lo quiso el destino, aunque como enseña en la película, tiene una habitación en la que guarda sus recuerdos de vida pugilística y mantiene el vínculo con otros boxeadores a los que reúne en su casa para almorzar. Entre los compañeros, Miguel Velázquez, protagonista del documental Miguel Velázquez. El catedrático del ring (David Cánovas, 2025), filme que recuerda también la afición y el número de boxeadores que generó la cantera tinerfeña aquellos años.

Pero Kid Vereje no es, como si lo fue el documental de Miguel Velázquez, una película sobre el boxeo en esta minúscula isla del Atlántico, sino el retrato de un hombre sencillo, que no disfrutó de una infancia y adolescencia tranquila, que acarició las mieles del triunfo cuando fue boxeador y cuyo sueño se quebró al darse cuenta que tenía que colgar los guantes.

A su alrededor, orbita una serie de personajes secundarios que están muy unidos a la vida de un deportista que hoy es un hombre meridianamente feliz, o al menos satisfecho con el trabajo realizado fuera y dentro del gimnasio. Un personaje que casi parece nacido para el cine porque llena la pantalla.

Kid Vereje es una película que, pese a las limitaciones presupuestarias, se permite alguna ligereza y subrayados innecesarios (alguien dice libertad y el plano siguiente es una bandada de palomas volando) pero es indiscutible que la película tiene pegada. Y emociona y te hace viajar en el tiempo. En mi caso a una ciudad que es en la que nací y que apenas reconozco en la pantalla. Y no solo por la transformación urbana que ha cambiado el mapa de Santa Cruz en tan pocos años, sino sobre todo por cómo ha cambiado el carácter de sus vecinos.

Esta no es la historia de un boxeador sino la de un hombre que a base de golpes aprendió a vivir. Y es esa lección de vida, ese intento de presentar un retrato costumbrista tan personal y simple es lo que hace destacable Kid Vereje.

Saludos, konec, desde este lado del ordenador