Documental sobre Amaro Pargo en la TV Canaria

Agosto 10th, 2017

La Televisión Canaria estrena este jueves, 10 de agostpo y a las 22.15 horas, el documental Amaro Pargo: entre la leyenda y la historia. El trabajo tiene una duración de 52 minutos y en el mismo partivcipa como investigador, llevando a cabo las entrevistas y la producción, Benjamín Reyes. Priduce Rumen Justo Reyes (JR Producciones)

Muere el caricaturista Eduardo del Río, más conocido como Rius

Agosto 9th, 2017

Su nombre era Eduardo del Río aunque para todos los que lo conocieron como caricaturkista será Rius.

Algunos le debemos a Rius nuestra temprana iniciación en ciencias que no había quien las entendiera y que nos contara como un chiste  El manifiesto comunista, la historia de La joven Alemania, la de la antigua República Democrática, Cuba y la vida y muerte de Ernesto Guevara, más conocido como el Ché,  en una serie de obras en la que mezclaba pericia didáctica con socarrona voz revolucionaria.

No sé que pensaría ahora de todo aquello, pero hizo notable síntesis de procesos que dan dolor de cabeza y enseñó historia con una idea de la izquierda que a muchos les parecerá ingenua pero que caló hondo en muchos que las encontraron por el camino.

Aún conservo en lamentable estado de conservación por usado su Cuba para principiantes (Akal, 1977) y no deja de conmoverme todo aquel entusiasmo por una revolución verde y oliva que se traicionó así misma al grito de “comandante en jefe, ¡ordene!”

Pero eran otros tiempos, tiempos no sé si más inocentes pero sí que más entusiastas y colectivos que los de ahora. Ese ahora que ya no cuenta para dibujarles las cuarenta Eduardo del Río, más conocido como Rius.

Saludos, gimamos, gimamos, gimamos, desde este lado del ordenador.

Una novela de misterio

Agosto 8th, 2017

“El viejo intentó explicarle, dentro de su sonrojo, que allí prados los justos, que el hombre larguirucho se llamaba Antoñito Cruz y que se ganaba la vida cruzando a su cabrón con las cabrillas del barrio, que aquel era un oficio tan bueno como cualquiera y que se habían acostumbrado tanto a verlo callejear por La Isleta que ya nadie se sorprendía de la escandalera. La muchacha lo miró de soslayo, como buscándole grietas a su discurso. Se llevó un dedo blanco y fino a la boca y le dijo está bien, costumbres son costumbres, solo hay algo que no comprendo, don Juan, ¿qué significa escandalera?”

(La décima caja, José Luis Correa. Canarias eBook, 2017)

La décima caja es una novela que José Luis Correa publicó hace varios años con el título de La hija del náufrago, y esta nueva edición, sigue siendo la misma porque como señaló el propio autor en una entrevista temía que si la tocaba “la reharía entera o me negaría a editarla porque iba a verle todos los defectos del mundo. “

Hayan pasado diez años o cien, lo interesante de esta novela es observar cómo estaba cimentándose el estilo que marca la trayectoria literatura de José Luis Correa, esa forma de contar cosas y de plegarse con comodidad a cualquier tipo de géneros.

La décima caja es una novela de misterio ambientada en Las Palmas de Gran Canaria a comienzos del siglo XX, y en ella además de describir un escenario urbano que conoce muy bien, da respuesta literaria a uno de los grandes misterios que rodean al puerto de la capital grancanaria: ¿cuál fue el destino de la única caja que no fue rescatada de las diez que se encontraban en las bodegas del barcoAlfonso XII cuando se hundió en la baja de Gando el 13 de febrero de 1885?

Para resolverlo, José Luis Correa cuanta con una joven irlandesa que llega a la isla a principios del siglo XX para conocer cómo fue la muerte de su padre, un buzo que se ahogó intentando recuperar esa caja, y dos vecinos con los que hace amistad, Juan Cabrera y Luis Naranjo, hombres sencillos y de mar.

Durante la aventura que emprenden juntos habrá algo de violencia e incluso alguna muerte. Ttambién cómo se enamoran dos de los tres protagonistas, y como los vientos del nuevo siglo va transformando la fisonomía de una pequeña ciudad y una  isla.

Como en otros libros del escritor, La décima caja se lee de un tirón y como en otros libros del autor, es inevitable que asome la sonrisa porque José Luis Correa tiene talento para ironizar sin caer en el sarcasmo.

Y con esos instrumentos recrea literariamente unos años de cambios que no devora un relato en lo que importa son más los personajes y el paisaje que la trama detectivesca y su ambientación histórica.

Y funciona. La ficción f unciona como vehículo de entretenimiento, como folletín de época, como novela en la que perderse y divertirse para pasar este verano que, como todos los veranos, tiene que ser caluroso.

Saludos, aviso a navegantes, desde este lado del ordenador.

“Nelson deja constancia de su defectuoso conocimiento de Tenerife”

Agosto 7th, 2017

Ataques británicos contra las Islas Canarias en el siglo XVIII. La visión británica es un amplio trabajo de investigación histórica de Carlos Fernando Hernández Bento y un volumen más que se añade a la cada  vez más sustanciosa biblioteca que sobre aquellos hechos se han escrito. El libro, que cuenta con un prólogo del general e historiador militar Emilio Abad Ripoll, además de revelar la versión británica sobre los ataques que la Royal Navy realizó contra Canarias en el siglo XVIII, es un trabajo riguroso fruto de largas consultas en archivos,  bibliográficas, hemerográficas y museísticas, muchas de ellas inéditas.

- ¿Qué objeto tenían los ataques británicos a Canarias?

“No fue siempre el mismo. Si me remito al siglo XVIII, que es el que estudia mi libro, podemos comenzar con el caso de Jennings contra Santa Cruz (1706), que lo que en realidad pretendía era rendir Cartagena de Indias, pero los vientos desfavorables lo empujaron en dirección a Santa Cruz de Tenerife, ciudad en la que trató de poner en práctica el plan que tenía previsto para la población americana. Estaban en la Guerra de Sucesión Española e intentaron la captura de Santa Cruz mediante la presencia de una formidable fuerza que obtuviese una declaración en favor de Carlos de Austria y en detrimento de Felipe de Anjou. Los ataques de Fuerteventura de 1740 fueron, en ambos casos, ataques corsarios que buscaban hacer un buen botín, al igual que otros muchos del siglo. En el de Windham contra La Gomera de 1743 traían orden “dada en mano” por el Almirantazgo para interceptar unos buques de los que tenían conocimiento que iban a pasar por Canarias volviendo desde América, para ello debían ubicarse entre las islas y, de no lograr su objetivo, volver a Inglaterra haciendo daño al enemigo en alguno de sus puertos, tanto en los canarios como en los de la costa gallega. En el caso de Nelson, creo que ya estaba suficientemente probado con trabajos de otros autores, que venían a quedarse con la isla. Sin embargo, mi nuevo libro (¡Miel sobre hojuelas!) contiene “jugosos” testimonios, como uno hallado en la prensa inglesa donde hay transcrito un informe con un estudio completo de Tenerife (tamaño, altura, variedad climática, riquezas, posibilidad de terremotos, mejores zonas para vivir, etc.) ¿para qué hicieron un estudio así si no tenían intenciones de quedarse con la Isla?”

- ¿Qué fuentes ha consultado para la elaboración de esta obra?

“Pues de la más variada índole. Como explica la propia reseña del libro: la presente obra es un intento de profundizar en los ataques que los británicos realizaron contra las Islas Canarias a lo largo del siglo XVIII, desde su propia óptica. Para ello se estudiaron sus fuentes archivísticas, bibliográficas, hemerográficas y museísticas, que en muchos de los sucesos analizados son en buena medida inéditas, aunque en dos de los más relevantes casos, esta afirmación, sin dejar de ser cierta, haya que matizarla: el ataque de Charles Windham contra La Gomera de 1743 – suceso al que ya habíamos dedicado un libro completo: 1743. La Royal Navy en Canarias. La derrota de Charles Windham…, y el de Horacio Nelson contra Santa Cruz de Tenerife del año 1797: en realidad el único hecho del que ya teníamos documentación en inglés y al que hemos continuado aportándole en esta lengua. Dichas fuentes son de dispar valor a la hora de aportar algo nuevo a los distintos episodios. Mientras que en unas ocasiones nos pueden ayudar a su mejor comprensión, otras veces sólo sirven para enriquecer, corroborar o puntualizar lo ya conocido. Sin embargo, creemos que se puede afirmar que siempre serán valiosas de por sí. La energía dedicada al análisis de este conjunto de documentos y la amplitud del mismo, conllevan que el estudio haya quedado centrado, de forma natural y en mayor medida, en los aspectos más marinos de los ataques, quizá los más desconocidos hasta hoy, dado el gran peso que ha tenido siempre el uso de la documentación local, enfocada, como es lógico, a los aspectos más terrestres.”

- ¿Cómo reflejan los documentos consultados entre ellos los cuadernos de a bordo de los oficiales, estos ataques?

“Dentro de las fuentes archivísticas hemos de destacar, precisamente, los cuadernos de a bordo de las naves que realizaron los ataques, los cuales ofrecen una tipología directamente relacionada con el oficial que tenía encomendado elaborarlos. Para los ataques de Jennings (1706) y Windham (1743) encontramos una surtida muestra de estos cuadernos, aunque los más ricos en detalles son, sin duda, los referentes al ataque de Nelson (1797) ya que, con el pasar de los años, estas series documentales fueron ganando en pormenores. Estos documentos son capaces de aportarnos por sí mismos una visión bastante coherente y completa de lo ocurrido. Todo ello de una forma muy secuenciada que, en algunos casos, llega a ser de media a media hora. Además, en algunos casos nos ofrecen datos bastante precisos sobre la posición de algunas naves con respecto a las poblaciones en distintos momentos de los días del ataque. En definitiva, la visión de muchos oficiales participantes en los ataques, con su sello personal, profesional y, lo más importante quizás, inmediato a los hechos. Las fuentes bibliográficas nos han ayudado, en gran medida, a localizar las biografías de la práctica totalidad de los oficiales que comandaban las naves de la Marina inglesa durante los distintos ataques, así como los nombres y características de sus navíos, proporcionándonos detalles acerca de la fuerza armamentística a la que se enfrentó el Archipiélago en cada momento. Con respecto al uso de la hemerografía, hemos de decir que es en el siglo XVIII cuando surgen los primeros periódicos británicos con un sentido completamente moderno, siéndonos de gran ayuda para documentar, en todo o en parte, muchas acciones en aguas canarias, algunas de las cuales permanecían desconocidas, incluso, para nuestra historiografía. Sin embargo, la prensa nos ha interesado, antes que nada, para conocer cuál fue la “opinión pública” británica sobre los distintos sucesos bélicos que protagonizaron. Por último, las fuentes escritas nos permiten la identificación posterior de las museísticas, es decir, de las imágenes de algunos de los capitanes y muchos de sus barcos; destacando, por su riqueza, el National Maritime Museum de Greenwich (Londres), pues atesora importantes colecciones de todo tipo alusivas a la Royal Navy.”

- ¿Se sabe el papel que desarrolló la población británica que residía en la isla ante el ataque del contraalmirante Nelson?

“Nelson deja constancia de su defectuoso conocimiento de algunos aspectos importantes de la plaza que iba a asaltar. Sabía que se abastecía de agua por unos canales que, si se destruían, harían más fácil su caída, pero por el contrario, no tenía un conocimiento pleno del régimen de vientos. Conocía que las colinas que cercan la población se podían capturar por no estar fortificadas, pero no tuvo en cuenta la gran dificultad del terreno para acceder a ellas. Todo este cúmulo de desconocimiento, a la hora de la verdad, constituyó una suma insuperable de hándicaps, que desembocaron en su fracaso. No en vano, según la crónica de Miller, el plan fue elaborado a través de la imperfecta información facilitada por gente que no había estado en Santa Cruz en los cinco últimos años. Esa fue su “ayuda”.”

- ¿Qué poder de fuego y en hombres tuvieron los británicos en estos combates?

“La respuesta podría ser muy prolija de dar. Por cálculos realizados con la documentación inglesa en la mano podríamos decir, por ejemplo, que Jennings contra Santa Cruz de Tenerife en 1706 traía una fuerza total de 4.100 hombres y 692 cañones (dos navíos de 80, tres de 70, tres de 64, tres fragatas de 42, y una bombardera de 8). En cuanto a los ataques contra Fuerteventura de 1740, en el primero de ellos Willes era capitán de un corsario, el Vernon, y puso en tierra a 50 hombres; y en el segundo Charles Davidson era capitán del St. Andrew, barco de 24 cañones y 125 hombres. Si hablamos de Windham contra La Gomera en 1743 encontramos dos navíos de línea de 70 y 60 cañones y una fragata robada de 24, y unos 350 hombres de desembarco. Para Nelson, según lo hallado para este libro, un control de la armada inglesa para fechas de entre el 1 de julio y el 1 de agosto de 1797 dice, si hacemos la suma, que contaban con un total de 3.000 hombres y 393 cañones.”

- Hablemos ahora de 1743. La Royal Navy en Canarias. La derrota de Charles Windham en La Gomera y otras acciones en el archipiélago…

“Pues, ¿qué le puedo decir? Es mi primera obra y le tendré siempre un cariño muy especial. Los recuerdos de su elaboración se me agolpan en la memoria y ya están archivados en ella para siempre: el telefonazo de mi profesora Gloria Díaz Padilla desde La Gomera al lugar en el que estaba yo en ese momento: principio de la calle Triana de Las Palmas mirando en dirección al parque San Telmo, año 2010, para preguntarme si podía averiguar porqué eran rojas las banderas del mural del ataque de Windham que figura en Ntra. Sra. de la Asunción de San Sebastián de La Gomera. El intento y el esfuerzo de dar una respuesta a esa pregunta constituyó mi Big bang particular. El inicio de todo. De estos, de momento, siete años y dos libros. Parece mentira cómo una simple pregunta puede llegar tan lejos y marcar la vida de una persona por años… quizá para siempre. Otro momento memorable fue cuando ya tenía todos los datos que me hablaban de la existencia y localización del retrato de Charles Windham, del cual no teníamos su imagen física. Después de las pertinentes averiguaciones documentales me puse en contacto con la Eleanor Ingle, la manager del palacio familiar de Windham, Felbrigg Hall, en Norkfolk, y le pregunté si era verdad que encima de la puerta del comedor del palacio estaba el retrato de un tal Charles Windham, miembro de la familia y marino. Me comentó que así era y que enfrente estaba el de su padre. Entonces le pedí que, por favor, que me lo enviara por correo electrónico, sino tenía inconveniente. El momento del despliegue del retrato del capitán en mi pantalla de ordenador es indescriptible. Le miré a los ojos y le dije: “¡Conque fuiste tú?” No hay dinero en el mundo que pague un momento así. Se lo aseguro.”

¿Es una continuación Ataques británicos contra las Islas Canarias en el siglo XVIII”?

“Mi primera obra inauguró la que ya se ha convertido en mi forma de trabajar, consolidada durante siete años. El intento de pergeñar y rescatar todo lo que sea inglés y tenga que ver con nuestros enfrentamientos con ellos. En un combate siempre hay dos partes y, por tanto, para poder acercarnos a la verdad, que es lo que debe intentar siempre un historiador, hay que ver qué es lo que decía el otro, cuál era su visión de las cosas, cuáles eran sus capacidades de combate, por dónde se movían, qué querían de nosotros, etc., etc.”

Ataques británicos contra Canarias

Carlos Fernando Hernández Bento destaca que su nuevo libro, Ataques británicos contra las Islas Canarias en el siglo XVIII. La visión británica, estudia y hace comparaciones entre cinco ataques “principales”: John Jennings contra Tenerife (1706); Willes contra Fuerteventura (octubre de 1740); Charles Davidson contra Fuerteventura (noviembre de 1740); Charles Windham contra La Gomera (1743) y Horacio Nelson contra Tenerife (1797). Pero apunta que en el volumen figuran otros combates en  tierra o en alta mar aunque “es difícil dar un número exacto, pues depende de qué consideremos ataque, además de que habrá algunos, casi con seguridad, que no quedaron documentados y, por tanto, no existen para nosotros. En cuanto a la isla más castigada, probablemente fue la de Tenerife, siendo la de El Hierro, la única de la que no hallé referencia alguna. Y en cuanto al momento de más cantidad de ataques, quizá fue el de la Guerra hispano-inglesa de 1739 a 1748, la llamada por ellos como “Guerra de la Oreja de Jenkins”. Estoy hablando, claro está, del marco del libro, que no podemos perder de vista: ataques británicos y del siglo XVIII.”

El Gobierno de Canarias “piensa”

Agosto 4th, 2017

Pues no, el martes pasado, 1 de agosto, no se hizo publico el nombre del nuevo director del Festival Internacional de Música de Canarias al declararse desierto una convocatoria en la que se seleccionó a nueve candidatos (*).

No obstante, el Gobierno regional “piensa”, así se lee, que esta responsabilidad la asuma Víctor Pablo Pérez, que formó parte del jurado que descartó a esos nueve finalistas.

Víctor Pablo Pérez cuenta con un inmaculado currículo y fue además el director oficial de la Orquesta Sinfónica de Tenerife hace años.

No se sabe, todavía, que debe “pensar” Víctor Pablo Pérez de lo que “piensa” proponerle, o ya le propuso, el Gobierno regional pero lo natural es que el hombre esté considerando los pros y los contras de semejante reto.

Más si se tiene en cuenta que apenas falta medio año para que se celebre la trigésima edición de la joya de la corona de los momentazos culturales que se celebran en el archipiélago y que, a fecha de hoy, cuenta solo con tres contrataciones cerradas: Orquesta Filarmónica de Múnich, Orquesta Novosibirsk y una orquesta de cámara de Viena.

Puestas así las cosas, lo tiene muy difícil el director, Víctor Pablo Pérez o quien sea, para reconducir un Festival que fracasó en su última edición. Este fracaso le costó el cese “a petición propia” a la anterior consejera de Turismo, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, María Teresa Lorenzo, quien a partir de ahora será la directora de la Oficina del Gobierno de Canarias en Madrid.

Sin dirección y con agosto por delante, el Festival Internacional de Música de Canarias navega sin rumbo por esa mar que rodea a la islas mientras el reloj continúa acelerando las horas porque enero, como quien dice, ya está a la vuelta de la esquina.

(*) David Abrahamyan Grigoryan, Fernando Álvarez Catanese, José Luis Chan Sabido, María Isabel Costes Rodríguez, Leandro Martín Quinteros, Rubén Jesús Mayor González, Candelaria Rodríguez Afonso, Esther Ropón Mesa y Jaime Ruiz Lobera.

Saludos, se escucha la Novena, desde este lado del ordenador.

Ley de (des)Orden

Agosto 3rd, 2017

La literatura de Don Winslow está poblada de personajes de una sola pieza a los que describe con frases cortas y directas. Hurga, sin bisturí, en las heces  de la condición humana para contar cómo ha terminado por adaptarse a una sociedad y un sistema que se han vuelto corruptos.

Don Winslow es uno de los autores de cabecera de la realidad negra y criminal de estos agitados y confusos tiempos gracias a excelentes novelas como El poder del perro, El Cártel y ahora Corrupción policial en la que propone un ambicioso fresco de las cloacas de Nueva York que poco o nada tienen que envidiar con sus retratos sobre el narcotráfico.

Corrupción policial está protagonizada por un policía, Denny Malone, al que se conoce como el rey de la zona norte de Manhattan, un escenario que controlan bandas, policías corruptos y la mafia.

Unos y otros combaten por hacerse los amos de este territorio y para ello emplean estrategias que han terminado por difuminar la frontera que los separa del bien y del mal.

Explica, con letra muy clara, cómo funcionan las entrañas del sistema, en cómo se lo montan algunos para imponer la ley y el orden, y de paso lucrarse, en unos barrios marginales y extremadamente pobres.

El norte de Manhattan, según Don Winslow en esta novela, es la jungla de asfalto. Una parte de la Gran Manzana devorada por gusanos con forma de  miseria y droga.

Este territorio mantiene la calma sin embargo gracias a tipos como Malone y los suyos, gente que recurre a métodos poco ortodoxos para imponer la paz.

Toda esta cruenta pero de momento soterrada guerra se vive en Nueva York, una ciudad a la que ama y odia el autor de la novela, Don Winslow. Este canto contradictorio pero emocionado a Manhattan tiene algo del realismo sucio a lo The Wire y mucho del ambiente lumpen con el que James Ellroy presenta a sus servidores de la Ley, pero filtrados por un escritor al que se le puede acusar de muchas cosas pero no de original y adictivo.

Pesimismo en crudo, violencia y desolación son algunos de los ingredientes de la novela, a los que habría que añadir un tristísimo romanticismo y un contradictorio retrato de la amistad.

La novela cuenta muchas historias y una de ellas es la redención de su protagonista. No se trata, sin embargo, de una epifanía en favor de la familia y los seres queridos sino de sí mismo. Esa es la tarea final que emprende Denny Malone, un tipo que se creía muy duro hasta que traiciona todo lo que más honra: su amante, su familia, sus amigos y su placa.

La fauna que vive en esta zona de Manhattan es multirracial y en ella se habla hasta cinco idiomas distintos. Es un territorio al borde del caos en el que cada uno va a lo suyo aunque se acercan cuando hacen negocios con las drogas o se matan entre ellos también por las drogas. A su alrededor se mueve un ejército de enfermos y yonquis, también de policías que han perdido la noción de lo que está bien y de lo que está mal. Policías que se han convertido en mercenarios y que  recurren a la extorsión, los sobornos e incluso el asesinato para que todo siga igual.

Denny Malone se mueve como el rey de la jungla en este caótico escenario. Lo respalda un escogido grupo de hombres con los que ha forjado lazos de hermandad. Una hermandad que se sostiene porque en ella no hay piedad para el narcotraficante como para el que traiciona al clan.

En este mundo cerrado a los chivatos se les expulsa a patadas y son sentenciados a muerte, a que reciban un balazo en la cabeza. Se dirá entonces que lo hizo un pandillero o un yonqui aunque todos saben que habrá sido la misma policía.

Don Winslow indaga en esta hermandad y observa cómo actúa a través de las fisuras que poco a poco se van abriendo en el alma de Denny Malone.

Su proceso de degradación y su posterior redención es lo mejor de un libro ambiguo e incómodo porque no se puede estar del lado de gente como Malone. Tipos que recurren a maniobras retorcidas y muchas veces delictivas para limpiar su reino de drogas.

Como pasó en El poder del perro y El Cártel, Corrupción policial termina como un western, aunque más un espagueti western que uno de John Ford pese al que el escritor mencione al director de Centauro del desierto pero se sospeche que se refería a Sergio Leone.

La catarsis sirve de todas formas para digerir el progresivo deterioro de su protagonista. Ese momento en el que abre los ojos a la realidad de una ciudad castigada desde dentro por pandillas y grupos criminales pero también por policías y una administración municipal igual de corrupta.

El fantasma de las Torres Gemelas afecta al protagonista (uno de sus hermanos murió ese día en la Zona Cero) así como su acusado sentido de la culpa que tiene lecturas católicas. Denny Malones pertenece a esta religión aunque no la practique demasiado.

Don Winslow dedica la novela a los agentes que fallecieron en acto de servicio mientras la escribía y penetra y asume las contradicciones de su personaje y de la policía a la que sirve.

También es la historia de un hombre que intuye en qué se ha convertido y en qué se ha transformado la policía en la que trabaja.

Esta es la historia de Denny Malone, el hombre que reinó en Manhattan Norte.

Saludos, basta, desde este lado del ordenador