Berlín era una fiesta

Noviembre 5th, 2019

La muerte se llevó a Philip Kerr cuando el escritor se encontraba en su mejor momento. Una macabra ironía que parece sacada de cualquiera de sus novelas aunque fue una trágica realidad que dejó huérfanos a los millones de lectores que seguían con atención su literatura. Una literatura cuya maquinaria estaba perfectamente engrasada, en especial en la serie que lo hizo popular como es la protagonizada por Bernie Gunther, personaje del que han aparecido hasta la fecha catorce novelas, la última con el título de Metrópolis que, curiosa y cronológicamente, es la primera de la serie al desarrollarse a finales de los años 20.

El escenario es muy atractivo ya que la acción se centra en un Berlín guardado en la memoria gracias a películas como Cabaret, una ciudad en continuo estado de ebullición, loca, que bebe, se droga y hace el amor porque quiere olvidar que asoma otra Depresión cuyos efectos ya anuncian las peleas callejeras entre nazis y comunistas en un escenario que no olvida lo pasado en las trincheras de Europa.

Por estas calles de la capital alemana se mueve un asesino aparentemente serial que arranca el cuero cabelludo a las prostitutas y “otro” que asesina a los mutilados de guerra que piden limosnas por las plazas de Berlín, una nueva Sodoma que tiene ecos para nada disimulados con el que inmortalizó Fritz Lang en M, el vampiro de Dusseldorf, un clásico escrito por quien entonces era su compañera sentimental, la escritora y guionista Thea Von Harbour, que tiene un pequeño cameo en esta novela que, pese a todo, y pese al casi siempre chispeante sentido del humor de Gunther, no deja de resultar amarga si se tiene en cuenta que debe ser el último libro de un escritor que solo pretendió a lo largo de su carrera entretener y pasárselo muy bien con lo que escribía.

Probablemente sea Metrópolis la novela más policíaca de Philip Kerr, la más cercana al espíritu de un género que nunca pierde actualidad pese a las modas que sacuden el mundo editorial. En este libro no aparecen y si aparecen son referenciales, los nazis que sí son los otros protagonistas de las otras trece novelas que Kerr dedicó a su alucinado detective, en esta historia, miembro activo de la Krippo a la caza de un depredador que, todo parece indicar, podría tratarse de un agente de esa misma policía en la que trabaja el bueno de Bernie.

Quizá la trama no esté bien armada y es probable que el lector iniciado en estos relatos de misterio averigüe pronto quién es el asesino pero al margen del caso policial lo interesante, lo atractivo en estas historias no es lo que se debe resolver sino el ambiente en el que se mete Gunther sin que nadie lo llame.

De su mano, el lector conocerá los bajos fondos del Berlín de aquellos años, las numerosas asociaciones delictivas que operaban en una ciudad que contaba con otra ley y que mueve a un ejército de hombres y mujeres para encontrar a ese asesino que arranca cabelleras y acuchilla hasta la muerte a los mutilados de guerra.

La prensa berlinesa lo denomina Winnetou, el indio de las novelas de Karl May que hacían furor en aquellos años locos, locos de verdad y en los que cuajaron las ideas extremas con el arte más extremo. Casi como si ambos olfatearan en el aire la nueva guerra que se avecinaba, conscientes de que la I, aquella que iba a terminar con todas, dejó las suficientes heridas abiertas para que los que venían del frente, muchos mutilados, pidieran venganza, un yo no luché para esto. Exijo mi tributo de sangre como ciudadano.

Philip Kerr nos aproxima en este libro a un Berlín enloquecido que no ha encontrado rumbo. Visita algunos de los cabaret que se encontraban en la capital alemana, varios de ellos realmente extravagantes, y no olvida recordar al lector que todo se desarrolla en un ambiente de amoralidad y combate político. Berlín era una fiesta, ese es el escenario y el otro personaje de la novela.

A Bernie como a su ciudad, Berlín, y a su país le acosan fuerzas internas y externas que lo van devorando. Solo lo diferencia que él no cree en nada ni en nadie.

Como todas las novelas de la serie, Metrópolis no decepcionará a los seguidores de Bernie Gunther ni a los que se inician en el fascinante universo de este perdedor con gracia y alto sentido de la supervivencia. No cree demasiado en lo que hace, pero lo hace muy bien. Tanto que se pondrá al servicio de los nazis cuando reclamen sus capacidades.

Es una pena que ya no se publiquen más novelas del personaje imaginado por Kerr aunque es probable que alguien continúe con la serie por imperativo editorial aunque, somos consciente, ya no será lo mismo.

Y no será lo mismo porque Bernie no será el mismo. Por muy buena que sea la fotocopia, quedará el personaje de Philip Kerr y su capacidad de hacer creíble que un antinazi como Gunther trabaje para los nazis y al servicio de su vergonzoso sentido de la justicia. Es un antihéroe de los de antes.

Saludos, sol, nubes, calor, humedad, desde este lado del ordenador

El cortometraje Selfie, de Nayra Sanz Fuentes, participa en IDFA

Octubre 30th, 2019

Tras su estreno nacional en la 16ª edición de DocumentaMadrid y de su participación en la 51ª edición de Alcances (Cádiz), la cineasta canaria Nayra Sanz Fuentes será la única directora española que competirá con Selfie en la Sección Oficial de Cortometrajes de la 31ª edición del prestigioso IDFA, donde presentará el film el próximo 21 de noviembre.

Selfie participará antes en la Sección Divergencias de Alcine (Alcalá de Henares), el 8 y el 10 de noviembre en la 61ª edición de Zinebi (Bilbao).

Selfie, Sub Tearre y En esas tierras así como el que completará el cuarteto, Derivas, se relacionan entre sí por su acercamiento formal.

En todos ellos la directora ha querido acercarse “a espacios abiertos y públicos en los que, sin hacer un proceso de intervención, me han permitido reflexionar sobre temas temporales como los límites entre la vida y la muerte, la conformación histórica y presente de nuestras (no) identidades, el choque entre una sociedad egotista y otra omnisciente y sobre la deriva que implican profesiones milenarias frente a otras contemporáneas”.

Saludos, cruzamos los dedos, desde este lado del ordenador

No tan decepcionantes

Octubre 29th, 2019

Diecisiete relatos sobre la decepción y otros tantos sencillamente decepcionantes (Baile de Sol, 2019) de Naira Marco descubre a una escritora a la que habrá que seguir los pasos porque rompe esquemas, indaga en las dobleces del alma humana y nada en un extraño océano que en ocasiones termina mezclándose con las agitadas aguas de la ironía.

El libro que ahora presenta Baile del Sol fue seleccionado en el concurso con Editores del Festival Índice y se lee con emocionante rapidez no solo por la brevedad de algunas de sus historias sino porque la mayoría terminan por enganchar, despertar la curiosidad de un lector sorprendido ante la forma y el fondo de estos relatos escritos, casi parece, como si salieran a trompicones del alma de su autora.

Los cuentos que configuran este volumen tratan varios asuntos aunque el que planea sobre todos ellos es la decepción que ya se advierte en el título de una recopilación de piezas que si bien pueden leerse de manera independiente se recomienda hacerlo de forma alterna, como si se jugara a la rayuela con el libro. En este aspecto, no funciona igual si se lee de principio a fin.

Muchas de las historias que contiene se desarrollan en Canarias pero Canarias y en concreto la isla de Tenerife es un escenario que opera más como marco que como geografía que determina el carácter de una galería de personajes que andan a la deriva en unas historias escritas más con el corazón que con la cabeza.

Esta sensación de que estén escritos desde las tripas es lo que hace que la mayoría de los relatos resulten tan auténticos y en ocasiones desarmantes por los conflictos que proponen. En la contraportada se informa que con estos 34 relatos, 17 sobre la decepción y los restantes sobre otras cosas, más allá del humorístico subtítulo con el que la escritora pretende redondear esta obra, se revela un talento que indaga en las miserias humanas sin desdeñar cierto apunte existencial que redondea un libro que genera cierta controversia por los retratos, en ocasiones casi instantáneas, que dibuja de sus protagonistas. Muchos de ellos seres a la deriva, náufragos que van de un sitio a otro con un inquietante automatismo.

Dicen que la escritora quiere rendir tributo a la decepción pero no lo veo tan claro. La decepción es una excusa para añadir una retahíla de historias que más que decepcionantes, en el sentido literario y no literal del término, plantean un juego el que Naira Marco más que radiografiar decepciones visualiza frustraciones. Esas frustraciones que salpican la vida cotidiana. Las zancadillas invisibles a las que nos enfrentamos el día a día y una y otra vez porque, dice el dicho, el hombres es el único animal que tropieza dos veces.

Al margen de leer estas historias se recomienda también leer una contraportada que bebe de la misma fuente de contradicciones ingeniosas que inundan los relatos. Les dejo un ejemplo que no hay que tomarse demasiado en serio quizá porque se intuye que está escrito con toda la seriedad del mundo:

“Al leerlas pueden ocurrir dos cosas: que resulten efectivamente defraudadoras, o que no parezcan tan inconsistentes como se esperaba, lo cual sería fuente, asimismo, de decepción. El éxito en la consecución de su propósito está pues garantizado. Se felicita por ello a la espera de que otros tengan a bien felicitarla más adelante. Podrá no gustar, pero este libro, ténganlo por seguro, decepcionará”.

El volumen incluye relatos con distinta extensión y se equivoca la contraportada cuando asegura que decepcionará porque si bien hay unos menos logrados, los más extensos, sí que cuenta con otros que se meterán al lector en el bolsillo ya que además de lo que cuenta, cuentan con un subtexto que llega y en ocasiones incluso golpea con la fuerza necesaria para descubrir que no se tratan solo, solo, de pequeñas y decepcionantes historias sobre decepciones.

El libro incluye entre otros Una historia de amor crepuscular que relata no en uno sino en varios cuentos distribuidos de manera alterna lo que puede suceder con la puesta de Sol. Otras de las narraciones discurren en escenarios diferentes que bien pueden ser los de la isla de Tenerife –me agrada sobre todo Caminando por Tegueste no solo por su oscuro naturalismo– como París, escenarios donde una serie de personajes obligan a observar con atención a una narradora que posee mirada.

Una mirada opuesta a la que en un principio podía imaginarse, lo que manifiesta la notable capacidad que tiene para adentrarse y explorar el cuento corto y hacer que el lector se adentre y explore ese universo a través de su escritura. Una escritura que se adapta a cada uno de los relatos, lo que hace que en conjunto el resultado final sea rico por variado.

Los protagonistas, por otro lado, se adaptan al curso de la historia. Historias que hablan sobre decepciones y fracasos con una sobresaliente capacidad de conmover y esperar, se ha dicho ya, por dónde irá la literatura de esta escritora.

Saludos, después de la lluvia, el sol, desde este lado del ordenador

Pesadillas con niños para adultos algo adolescentes

Octubre 28th, 2019

El instituto, la nueva novela de Stephen King, vuelve a escarbar en las entrañas de un escritor que parece que ya lo ha dado todo en el género de terror, género que puso patas arriba hace ya varias décadas. Esperar por lo tanto algo nuevo del escritor es como buscar agua en el desierto lo que no importa si uno se pliega a su forma de contar historias por muy repetida que resulte la fórmula que lo mantiene como indiscutible rey de lo extraño.

La novela cuenta con unos capítulos iniciales aterradores pero a medida que avanza la trama –bastante retorcida cuando describe el funcionamiento de la institución en la que están confinados los niños– no termina de estar bien armada lo que la coloca en otra de las obras con piloto automático que jalonan la carrera de un autor que ahora se mueve mejor en ficciones realistas que en las fantásticas, aunque no por ello resulte interesante observar cómo da la enésima vuelta a su universo narrativo, repleto de claves netamente del escritor.

En El instituto vuelve a reunir a unos protagonistas que son menores de edad y a plantear un mundo adulto que tiene dos caras bien diferenciadas. La familiar y la oscura y envenenada que representa en la novela los adultos que trabajan en una institución que se sirve de niños con poderes especiales, la telequinesis y la telepatía, para utilizar sus facultades con siniestros objetivos políticos y militares.

Luke Ellis, de doce años, es secuestrado por una extraña organización que asesina a sus padres. El joven no lo sabe cuando despierta en unas instalaciones donde pronto descubre que está con otros compañeros de más o menos las mismas edades a los que se someten a pruebas y torturas si se niegan a colaborar con sus captores. En este instituto a los niños se les invita a beber alcohol y fumar ya que son más obedientes si recaen en uno de estos vicios.

La novela cuenta con éste y otros elementos para incomodar al lector, quien se pregunta qué diablos quiere esa gente y en qué están convirtiendo a estos chavales. El edificio en el que se encuentran posee otras alas que son zonas prohibidas y en la que desaparecen de tanto en tanto algunos de los internados. Se supone que regresan a casa, se les dice, pero todo es demasiado raro para que Luke y sus grupos de amigos se lo crean.

Contado así parece un cuento infantil, una versión siglo XXI de Pinocho, solo que en manos de King se convierte en un relato con niños para adultos algo adolescentes.

El libro se toma lo suficientemente en serio para que uno acepte las reglas del juego que dispone el autor, las mismas de siempre. Así que no generará sorpresa al lector iniciado en su universo, quien lee con una medida distancia otro libro que se saca de la chistera el autor de El resplandor, otra historia con niño, otro cuento de fantasmas para adultos algo adolescentes.

Si se conoce la producción literaria de King, El instituto le sabrá a ejercicio rutinario de un hombre al que ya se le publica todo lo que escribe. No por ello, la novela fracasa en el intento pero no deja satisfecho del todo. Lo que cuenta es conocido aunque los escenarios y los protagonistas sean otros.

La literatura de Stephen King se ha vuelto con el paso de los años más compacta, y se agradece que dentro de ese estilo que es suyo, simultanee el horror con un sabroso sentido del humor que ha ido puliendo con el tiempo.

Ofrece, en este sentido, una lectura teñida de sátira sobre la actualidad de su país y su actual presidente, Donald Trump, un personaje que parece sacado de cualquiera de sus novela solo que es real pero que le sirve para cuestionarse hasta donde se puede llegar si nos mueve el interés personal. En la novela, se llega al secuestro y explotación de niños.

La organización que se encarga de toda esta tarea está bajo las órdenes de un grupo de poderosos que cuenta con otros institutos repartidos en varios lugares del mundo, uno de ellos en España. Se supone así, que la rebelión que se describe en el libro podría ser la primera de una cadena que, probablemente veamos en próximas novelas si King decide continuar con la senda abierta en El instituto.

La novela explora por otro lado la historia de un adolescente con poderes. Ya lo hizo en Carrie, en Ojos de fuego, también en El resplandor y en otras tantas solo que ahora mezclado y vestido con un disfraz hecho con retales de de sus libros anteriores. Queda la extraña y nada sutil sensación de que esto ya lo he leído yo solo que no en ningún libro de Stephen King y sí de John Farris en La furia, una novela que fue llevada al cine por Brian de Palma, director también de Carrie y en la que contaba la historia de dos adolescentes con poderes encerrados en… un instituto especial.

La nueva novela de King funciona porque hay oficio, oficio para mostrar la facilidad con la que se mueve en el terror con niños para adultos algo adolescentes

Saludos, démonos la paz, desde este lado del ordenador

Leonardo Padura, protagonista hoy de Periplo 2019

Octubre 25th, 2019

Periplo el Festival Internacional de Literaatura de Viajes y Aventuras de Puerto de la Cruz acogerá hoy en el patio del Museo Arqueológico de la ciudad turísticas tres encuentros con escritores que no deberían de perderse. A las 17,30. el ensayista Javier Cacho será entrevistado por la periodista y viajera Meritxell-Anfitrite Álvarez Morales. Cacho presenta en Periplo el libro Héroes de La Antárida, en el que adentra al lector en la necesidad del ser humano por explorar el mundo que lo rodea por muy inhóspito que resulte. Finalizado el diálogo esta previsto que los periodistas Salvador García y José Naranjo hablen con José Manuel Peruyera, un asturiano que estuvo internado ocho años en campos de concentración en Francia y Alemania. Hijo de padres republicanos a los que perdió durante la Guerra Civil, Peruyera reside desde los años sesenta en la capital grancanaria.

Cierra esta jornada de charlas el escritor cubano Leonardo Padura, autor de más de veinte libros y de unas doce novelas entre las que se encuentran las correspondientes a la serie protagonizada por Mario Conde, la última de las cuales, La transparencia del tiempo, se publicó en 2018.

A las 20 horas se entregarán los Premios Periplo al escritor Leonardo Padura, la activista Asha Ismail, José Manuel Peruyera y al periodista Alfonso Armada.

Saludos, es para no perdérselo, desde este lado del ordenador.

Estamos de viaje, estamos en Periplo

Octubre 23rd, 2019

El Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras de Puerto de la Cruz continúa su periplo a lo largo de esta semana así que hacen muy mal si no se acercan a este encuentro con las letras arriesgadas, las que cuentan experiencias en lugares remotos y no tan remotos. Para esta tarde, el programa incluye a partir de las 17,30 una entrevista con Fran Torrens bajo el título de Burung, de Austrralia a Nepal viendo pájaros; el periodista José Naranjo que presenta a las 19 horas el libro El rìo que desafía el desierto y otras crónicas africanas y, por último a las 20,15, Pilar Tejera que hablara de la obra Reinas de la carretera en la que explica cómo las primeras mujeres ciclistas, a lomos de una motocileta o en automóvil contribuyeron a la liberación femenina.

Y mañana mas. Mucho más en Periplo.

Saludos, recorriendo el mundo sentado en una silla, desde este lado del ordenador