‘Alacrán enamorado’
Septiembre 2nd, 2010Algunos dirán que a Carlos Bardem le ahoga el apellido. Esgrimirán que su hermano Javier es mucho Javier. Javier es un actor de éxito, reconocido internacionalmente, y encima casado con la chica de sus ojos, Penélope Cruz, con la que coincidió en los inicios de su carrera en esa extraña película que explota las bajas pasiones humanas con metáforas culinarias de claro sabor celtibérico como es Jamón, jamón, del inclasificable Bigas Luna.
Sin conocer a Carlos Bardem, imagino que al actor y ahora también escritor, debe pensar que la sombra alargada de su hermano sólo contribuye a dignificar a un clan, el de los Bardem, que a su manera podría ser algo así como el de los Barrymore pero en versión española y, afortunadamente, sin ese signo trágico tan shakesperiano que caracteriza a tan noble familia hollywodiense.
Las películas en la que he visto a Carlos Bardem como protagonista (entre ellas el cortometraje Por dinero negro del tinerfeño Jaime Falero) me lo creo. Como actor sin demasiados registros es de esos que llenan pantalla, que obligan a que desvíes la atención del protagonista para que te fijes en el que hace el papel de secundario. No sé si será por su presencia física. O ese rostro que parece tallada a hachazos. Con esto quiero decir que impone el personaje.
No quería escribir de Carlos Bardem como actor, sin embargo. Sino del Carlos Bardem escritor. En la Semana Negra de Gijón adquirí Alacrán enamorado no porque estuviera escrita por él, sino por el título y el resumen de la historia que ofrecía la contraportada. Ahora bien, y una vez digerida la ficción, viene la pregunta: ¿supo envenenarme las entrañas? Pues a ratos.
Puede que fuera por su extensión.
Alacrán enamorado tiene un excelente arranque, un meridano nudo y un desenlace me temo que previsible. Aunque habrá lectores a los que sorprenda. Bardem sabe, no obstante, describir muy bien los ambientes que retrata pero le falla el fuelle en cuanto a solidez de sus personajes. Estas carencias son, a mi juicio, las que provocaron que no me metiera a fondo en las dobleces de su novela. Que no la notara de menos cuando dejaba descansar el libro, lo que no me pasa cuando un título absorbe mis neuronas y siento la necesidad de leerlo y leerlo mientras el tiempo pasa.
De todas formas creo que se trata de un trabajo muy digno, eficaz cuando penetra en la jungla de las tribus urbanas pero, reitero, excesivamente largo. Y un poco leeento. No obstante, es una más que potable carta de presentación como autor. Y uno de esos narradores sobre los que hay estar al tanto porque, si sabe desprenderse de sus taras, es más que probable que sorprenda con futuros trabajos literarios.
Saludos, hoy como lector adicto, desde este lado del ordenador.

