Madrid. Ofrenda y homenaje a Benito Pérez Galdós

Julio 3rd, 2019

El 4 de enero de 2020 se conmemora el centenario de la muerte del escritor Benito Pérez Galdós, lo que ha generado cierto revuelo y expectación no solo en los galdosianos irredentos sino también en algunos lectores que, sin ser demasiado proclives a la literatura del maestro, comienzan a buscar en muchas de sus novelas claves que expliquen esta pasión por un autor que, sin lugar a dudas, es el cronista oficial del Madrid de finales del XIX y principios del XX. O mejor uno de los grandes escritores españoles de su tiempo que puso su talento al servicio de la Historia de España (Los episodios nacionales) y de una amplísima galería de personajes con los que describe las formas y el carácter de la burguesía y las clases menos favorecidas que cohabitaban en la capital de España de aquel entonces.

En torno a la figura de Benito Pérez Galdós se ha escrito y se escribirá más el próximo año. Sabemos que trabaja en una biografía sobre el personaje la profesora emérita y catedrática por la Universidad de Gran Canaria, Yolanda Arencibia; el escritor aparece también como personaje en una novela de misterio y me entero que hay alguien que quiere reeditar La incógnita, titulo que califican los entusiastas como la primera novela policíaca de la literatura española.

Si ya este año la sombra de Galdós se cernió sobre muchos de nosotros y nadie acierta a explicar aún de quien salió la leyenda negra que asegura que cuando tocó tierra peninsular el autor de Fortunata y Jacinta se sacudió los zapatos para desprenderse del polvo de Gran Canaria, polvo que es de Canarias, si hay un libro que nos enseñó a ver a Galdós con otros ojos, ojos más humanos, fue El gran amor de Galdós, una pequeña novela, pequeña por el número de páginas y no por las cosas que cuenta, de Santiago Gil en la que reconstruye el primer flechazo que sintió (¿sufrió?) el escritor al conocer a su prima cubana Sisita.

La novela, que edita Ediciones La Palma, se ha convertido en una de las más leídas en Gran Canaria, tierra natal de don Benito y de Santiago Gil, a quien no le damos tratamiento de don porque es un hijo de una época que se desprendió de don y dones, y tras presentarse en el archipiélago, la última vez en la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife a finales de mayo, se dará a conocer en Madrid este mismo sábado 6 de julio y a las 11 ante la estatua de don Benito que se encuentra en el parque de El Retiro de Madrid.

El acto mezcla ofrenda y homenaje a Galdós ante la estatua que le hizo en vida Victorio Macho, y rodearán a Gil escritores, escritores amigos y amigos, así como público en general para recordar la obra y no sé si la vida, algo errática en su juventud, de quien es sin lugar a dudas el gran cronista de Madrid del siglo XIX.

Saludos, quién pudiera…, desde este lado del ordenador

Un manual revela las claves y los secretos de una buena crítica de cine

Julio 2nd, 2019

No es habitual encontrarse con un libro teórico sobre crítica cinematográfica escrito y publicado en Canarias. Hubo intentos en el pasado y uno de los protagonistas de aquel intento fue David Fuentefría, quien suma junto a sus obras anteriores Espacio y libertad-Examen crítico de una porción de cine, Visto y comprobado y Gestión de talentos y audiovisual interpretativo, Tu alma por medio dólar. Manuel de crítica de cine para periodistas culturales (Colección Libros de Cine, Ediciones Idea, 2019), que recoge además textos de Luis Fernando de Iturrate y Carlos Javier Eguren.

Tu alma por medio dólar. Manuel de crítica de cine para periodistas culturales se trata de un libro que ofrece una visión de la crítica cinematográfica con ánimo pedagógico, por lo que orientará a los estudiantes y aficionados que quieran comentar películas.
De lectura fácil, la obra ofrece una serie de reglas y recomendaciones a seguir pero no sienta cátedra, algo que se agradece. El libro bascula entre lo pedagógico y lo ortodoxo para dar su visión de los elementos que son necesarios para comentar con mejor o peor acierto un largometraje.

No sé si finalmente este libro pondrá orden en este género o subgénero literario pero sí que se ha convertido desde el momento de su publicación y difusión en librerías en un trabajo a tener en cuenta. Tengo la esperanza de que se continúe explotando un filón tan necesario para contar con críticos cabales y no solo con espectadores que escriben sobre cine.

La crítica cinematográfica en Canarias dio un salto a finales de los años ochenta y principio de los noventa. En ese período fueron muchos los periódicos de las islas que apostaron por publicar críticas de cine. El panorama fue tan intenso y variopinto que se podría hacer un estudio sobre aquellos textos, la mayoría escritos más con el corazón que con la cabeza por aficionados que por normal general se caracterizaban por sus conocimientos cinematográficos.

Si se escarba en algunas de esas críticas el lector avisado encontrará un poco de todo porque, como se dice, cada maestrillo tiene su librillo. Este librillo se hace extensivo a la crítica de otras artes como la pintura, la música, las novelas gráficas, la literaria… y suelen coincidir en sus fines que no objetivos, comentar de buen grado la obra con independencia de que funcione o no.

Tu alma por medio dólar, el título reinterpreta un comentario que se le atribuye a Marilyn Monroe sobre su experiencia en Hollywood, está avalado por el currículo de quienes lo escriben: Fernando de Iturrate es profesor titular y director del Departamento de Ciencias de la Comunicación y Trabajo Social de la Universidad de La Laguna; David Fuentefría es profesor del Área de Comunicación del mismo centro universitario y Carlos Javier Eguren es profesor de Lengua Castellana y Literatura, tres miradas, tres voces que dotan a este manual de una agradecida solidez académica.

El libro sienta así las bases de un género o subgénero sujeto a tantas interpretaciones como es el de la crítica.

Los artículos que firma David Fuentefría van desde cómo enfrentarse a la crítica de cine y audiovisual a la que se practica en prensa y en su versión digital. Fuentefría es el responsable además de Matemática del producto: una fórmula para sistematizar la obra cinematográfica y de una Metodología para futuros especialistas. El libro incluye ocho críticas del periodista y profesor universitario en las que destripa las películas que analiza (La gata sobre el tejado de zinc, Los siete samuráis, El Último, Raíces profundas, El resplandor, entre otras) y en las que explica los elementos que se han de destacar y la estructura que sostiene su discurso crítico. Por su carácter didáctico y por la originalidad de muchos de estos análisis, destacaría este capítulo como uno de los más interesantes del libro. Las razones son varias. Por un lado razona cómo hay que hacer las cosas, cómo se debe educar la mirada para ver lo que hay más allá del celuloide. Por otro, aprovecha para enseñar con ejemplos cómo se debe escribir una crítica cinematográfica y el armazón que utiliza para narrar sus impresiones sobre éste o aquél largometraje. Todo ello sin olvidar el contexto histórico en el que se rodó el filme y otras fórmulas con las que centrar el discurso crítico.

Igual de interesante pero por otras razones son la unidad ¿El imperio del cine está podrido? Analizando la web de crítica cinematográfica Rotten Tomatoes, de Carlos Javier Eguren Hernández y el relato que hace Fernando de Iturrate de “un experimento en el Aula de Cine de la Universidad de La Laguna” que, para los que estamos ya fuera de círculos académicos, resulta muy instructivo.

Si hay que criticar un libro que habla, reflexiona y analiza la crítica de cine es que sus autores no hayan fijado su mirada en algunas de las películas que se ruedan a este lado del Atlántico. Las islas, por sus políticas fiscales y la variedad de sus paisajes, se han convertido en platós de rodaje de producciones extranjeras y nacionales. Muchos naturales o residentes en las islas están rodando además películas con una dignidad que crece con el paso de los años.

La Universidad debería de atender una realidad que ya no es fenómeno con el fin de generar críticos no solo con el cine extranjero y nacional sino con el nuestro. Con todo, Tu alma por medio dólar da lo que ofrece. Y lo que ofrece son recomendaciones que invitan a ver películas de una manera crítica y objetiva sin que el espectador, el crítico y futuro crítico, renuncie a juzgarlas también por sus emociones.

Lo viene a decir el título de un libro que debería llegar para quedarse: vender el alma ¿al diablo? es muy barato, solo cuesta “medio dólar”.

Saludos, encadenados, desde este lado del ordenador

Apuntes sobre la (in)sumisión a las antologías

Julio 1st, 2019

NOTA: EL ESCOBILLÓN reproduce íntegramente un texto firmado por Ernesto Suárez, Carlos Bruno y Daniel Bellón en el que reflexionan sobre la antología Insumisas, un libro editado por Baile del Sol que ha generado cierta polémica en el mundillo literario canario al no incluir a ninguna poetisa de las islas.

APUNTES SOBRE LA (IN)SUMISIÓN A LAS ANTOLOGÍAS, SOBRE CÓMO LAS LEEMOS Y SOBRE LAS RELACIONES (LITERARIAS) ENTRECANARIAS Y ESPAÑA

1.
El 4 de junio de 2019 echa a andar una interesante polémica desde las redes sociales. Creemos que se inicia con un comentario de Rafael José Díaz en su muro de Facebook. Unos días más tarde, el 11 de junio, y de la mano de Sergio Lojendio, periodista de El Día, la prensa se hace eco. El titular y las primeras líneas del artículo periodístico son las siguientes: “Una antología poética editada en Canarias excluye a autoras isleñas. La editorial canaria Baile del Sol ha sacado al mercado la obra ‘Insumisas’, una compilación que recoge el trabajo de 78 escritoras entre las que el antólogo no ha recogido ninguna voz insular“. Hablamos por tanto de Insumisas, antología cuyo responsable Alberto García-Teresa.

A partir de este momento, poetas, mujeres y hombres, algún que otro periodista y distintas lectoras y lectores alientan el debate sumándose o abriendo nuevos hilos de discusión en la red, particularmente en Facebook. También lo hace el editor de Baile del sol. No así, hasta donde sabemos, el antólogo. Esto podría ser una somera y neutra descripción de lo acontecido hasta este momento. Cuatro cuestiones más para comenzar.

La primera. Parte de los comentarios en la red han consistido en alabanzas a la trayectoria y el trabajo editorial de Baile del sol a lo largo de sus casi treinta años de existencia. Pueden añadirse a estos comentarios de apoyo al Baile del sol, aquellos otros de quienes, valorando negativamente la antología, también precisaban que sus críticas se circunscribían a la misma, sin pretender poner en cuestión en su totalidad ni a la editorial ni al esfuerzo de sus responsables.

Segundo. Algunas intervenciones por parte de seguidores y seguidoras en la red del editor de Baile del Sol en tierras peninsulares mostraban cierta extrañeza cargada de tonito condescendiente ante la queja de la inexistencia de autoras isleñas en una antología editada por una editorial radicada en Canarias.

Tercero. Algunos de los comentarios recogidos en los diferentes hilos abiertos, y algún artículo en prensa sobre el asunto estaban “salpimentados” con calificativos gruesos, tanto entre aquellos que critican la antología como entre los que “defienden” a la editorial. El uso de la descalificación no pasa de ser una fórmula frecuente en la red para mantener sobre ascuas vivas cualquier discusión. También es cierto que no emplear adecuadamente las formas de “netetiqueta” termina por impedir un cruce interesante de opiniones, pudiendo llegar incluso al insulto y la descalificación personal y, como consecuencia, enconando también posiciones.

Cuarto. Mientras se desarrolla el debate, la antología es presentada en la Feria del libro de Madrid, aún no ha llegado a las librerías insulares, sólo podía ser adquirida electrónicamente y, por tanto, apenas es conocido su contenido entre los posibles lectores canarios.

2.
Este hecho, es decir, que la discusión y la crítica a Insumisas se produzca, en apariencia, al margen del contenido de la misma, parece plantear que el debate está más allá de lo estrictamente poético y que tiene que ver, sobre todo, con aspectos culturales preexistentes. Estos aspectos se refieren además exclusivamente a la incuestionable ausencia en la antología de autoras canarias. El primer elemento crítico por tanto se fundamenta en la idea de las proporciones y del ángulo desde el que se observa la figura geométrica de esta antología.

Entre 78 poetas, ni una de ellas desarrolla su actividad literaria en las Islas Canarias. La crítica más repetida entre los comentarios en la red a la antología Insumisas es el olvido de las poetas canarias ¿No hay entre las poetas radicadas en las islas ninguna cuya obra pueda ser caracterizada como “poesía crítica”? Atendamos sin embargo y por un instante a un aspecto previo. Nos referimos a cómo tendemos a “interpretar” las antologías.

La historiografía literaria española nos ha acostumbrado a describir la evolución y cambios poéticos del siglo XX (y también del XXI) a golpe de antología. Todos estudiamos con la antología del 27; todos supimos de la antología de Castellet sobre los novísimos y de ahí en adelante. Tal práctica -la descripción a través de una antología de lo que sucede en la poesía- se vuelve además particularmente inflacionaria a partir de los años 80 de la mano de críticos como Luis Antonio de Villena o José Luis García Martín. Por supuesto, no son los únicos, de hecho, en el siglo XXI el fervor antológico se dispara. Así, en España, el panorama poético actual parece haberse dirimido en el espacio de las antologías. Claro que hay distintas fórmulas de antología. Están, por un lado, aquellas antologías que buscan definir la nómina, el catálogo del quién es quién poético en un determinado momento. Se diseñan con el fin de fijar la fotografía de los cambios (frecuentemente generacionales), sin que en ellas se refleje, al menos explícitamente, un claro alineamiento estético. No obstante, son las antologías preferidas desde el periodismo y la gestión cultural: evitan tener que hacer un trabajo lector y de investigación demasiado concienzudo (y extenuante). Aunque no lo expresemos abiertamente, buena parte de los autores y autoras actuales asumimos que es en estas antologías donde hay que estar ¿La razón? A estas antologías y a sus antólogos se les confiere la capacidad de designar presencia y asignar, por tanto, valor.

Por otro lado, tal y como quiso ser aquella de los Nueve novísimos (poetas españoles), están las antologías interpretadas expresamente como programáticas o como contra-programáticas. Entre las segundas, una en concreto fue planteada abiertamente desde el contexto insular como intento de contravenir al canon vigente. Nos referimos a La otra joven poesía española, que reunió en 2003 a catorce poetas, todos nacidos entre 1962 y 1974, cinco de los cuales eran tinerfeños, y donde se incluyeron también los propios antólogos, Francisco León y Alejandro Krawietz. La antología entonces como una forma de intervención cultural más o menos interesada.
Porque, en cualquier caso, ambos tipos de antología pueden servir de plataforma a partir de la cual se distribuya un cierto tipo de prebendas literarias en forma de invitaciones a eventos, de concesión de premios o de presencia en medios periodísticos y audiovisuales, las antologías son piezas clave en lo que podríamos denominar el canon contemporáneo como juego de estrategia. Un matiz importante: las selecciones de poetas son limitadas. El club nunca ha de ser numeroso en exceso, precisamente porque, de serlo, dañaría las opciones para alcanzar la tan anhelada visibilidad.

También, sin embargo, es posible encontrar antologías que buscan presentar en extenso. Esto es, frente a las restricciones selectivas, son aquellas que usan un mecanismo contrario. Se trata de acoger bajo el concepto o tópico de interés la gama más amplia posible de textos y autores -“joven poesía”, “poesía del siglo XX”, “poesía escrita por mujeres”, “treinta años de poesía”, “poesía canaria contemporánea”, lo mismo da el ejemplo-. En este caso, la persona responsable de la antología no elige activamente; podría decirse que de alguna manera se deja llevar generosamente por una especie de “todo vale”. Pese a que utilicen un acercamiento diferente, estas antologías ómnibus (guagua, en canario) con sus entre setenta y ochenta autores y sus respectivos poemas pueden responder al mismo interés prescriptivo que las antologías selectivas.

Imaginen la siguiente situación. Si bajo el título de “poesía confesional española” se agrupasen, 50, 70 o, incluso más, hasta 90 autores y autoras, no resulta descabellado pensar que quienes leyeran tal hipotética antología terminaran por aceptar que la poesía española es poesía confesional y que no hay otra forma de concebir la poesía española. También es posible pensar que los poetas se vieran tentados a sumarse a ese “mayoritario signo de su propio tiempo”. ¿Quién no tendría tres o cuatro poemas confesionales para que pudiera ser incluido en la susodicha propuesta? ¿Y para el antólogo o la antóloga, qué depararía este tipo de trabajo? Sin duda podría convertirse en alguien “indispensable para interpretar” la evolución de la poesía: sería toda una autoridad, la más cualificada experta en el tema. Recuerden no obstante que sólo estamos planteando un ejemplo ficticio, ¿verdad?

El afán por delimitar territorios y por asentar alineaciones ha contribuido a la inflación antológica. En apenas diez años, sólo en lo que a mujeres poetas se refiere, se han publicado, que tengamos detectadas: 23 Pandoras (Baile del Sol, 2009), que, en cierto modo inauguró este subgénero, La manera de recogerse el pelo: Generación Blogger (Bartleby, 2010), (Tras)lúcidas (Bartleby, 2016), y las muy recientes Decir mi nombre: muestra de poetas contemporáneas desde el entorno digital (ed. Milenio, 2019) y la que ha dado pie a esta intervención: Insumisas (Baile del Sol, 2019). Seguramente se nos escapa alguna más.

3.

Volvamos, pues, a Insumisas. Es cierto, la antología no incluye poemas de autoras insulares. Habría no obstante que decir que la reclamación sobre dicha ausencia no pretende considerar estrictamente el lugar de nacimiento sino el entorno desde el que se desarrolla estéticamente y editorialmente una obra poética. De ahí que, si bien Yaiza Martínez o Ana Pérez Cañamares, ambas seleccionadas por el antólogo, han nacido en las islas, a ninguna de las dos se les puede considerar “poetas canarias”, en el sentido de responder a una tradición que se autoidentifica como diferente (volveremos sobre este asunto). Esta apreciación nos lleva a plantear una cuestión que no atañe exclusivamente al hacer de García-Teresa en Insumisas sino que enmienda la manera habitual de buena parte de las prácticas literarias en el estado español. Nos referimos a la invisibilidad de los criterios territoriales en la configuración de eso que se denomina poesía y literatura españolas.

El canon poético español tiende a ser representado de forma desterritorializada. Es decir, parte de la premisa de que el lugar desde el que se escribe no aporta diversidad o singularidad destacables. Tampoco, en el mismo sentido, parece reseñable la existencia, vinculadas a algunos enclaves, de ciertas tradiciones particulares, o la confluencia y acceso a determinadas lecturas, incluso, el uso en el poema de formas lingüísticas territorialmente específicas. En apariencia, se escribe desde un no lugar poético.

Así, se asume de manera escasamente crítica que la poesía española “se escribe en castellano” y que los programas estéticos se distribuyen homogéneamente en todas y cada una de las regiones y comunidades del estado. Esto es, que cuando, por ejemplo, la poesía de la experiencia se planteaba como la poética española dominante se presuponía que lo era entre los poetas de cualquier lugar, peninsular e insular. Los hechos, sin embargo, refutan esta idea. La poesía de la experiencia tuvo su principal foco irradiante en Andalucía (particularmente en Granada) para conjugarse también en Valencia. En cualquier caso, es difícil hallarla en lugares como el norte castellano y León, donde la influencia y presencia de autores como Antonio Gamoneda o Juan Carlos Mestre dará lugar a poéticas muy alejadas de la escuela andaluza (pensamos en la escritura de Olvido García, Miguel Casado, Miguel Suárez, Ildefonso Rodríguez), o, desde una posición aparentemente menos territorializada, pero más políticamente delimitada, en el caso de la llamada “poesía de la conciencia crítica” (Falcón, Riechmann, Orihuela, entre otros nombres). Por supuesto, tampoco es posible identificar a ningún poeta canario que se haya sumado a la poética de la experiencia, al menos en la etapa que va de los años 80 a mediados de los 90 del siglo XX, periodo de desarrollo y consolidación de la misma.

Ese “no lugar” canónico es disputado por las diversas “comunidades” o “círculos” de poetas a cuchillo, porque jugar desde el centro del tablero ofrece ventajas tangibles e intangibles, y esa disputa ha estado en el cogollo de los debates “poéticos” españoles, más allá de las tendencias estéticas de cada cual. Si se conocen los nombres y los entornos, no es difícil convertir en grafos los diferentes “circuitos poéticos” que atraviesan la península, y ver cómo raramente se cruzan. En estos circuitos, tan importante como ser es estar (participar en lecturas, convocatorias, reuniones, encuentros, verse en los mismos bares…). Sin embargo, estar desde una distancia de 1000 kilómetros (la que separa las Islas Canarias de las costas peninsulares más cercanas), a pesar de la “desterritorialidad” que ha podido suponer internet, es bastante difícil, a decir verdad.

De una manera tal vez inevitable, los y las poetas canarias se ubican en la periferia de esos circuitos. (No son las y los únicos, habría que hablar de la poesía escrita en otras lenguas del estado, que viene a ser tratada mayormente como literatura extranjera, o de la escrita por poetas inmigrantes) Y es de justicia recordar y reconocer que la única empresa cultural canaria que mantuvo una estrategia seria de difusión de los autores isleños a nivel nacional e internacional ha sido Baile del Sol, con sus actividades “Acercando orillas” y con un catálogo entreverado de autores canarios junto a las y los de otras latitudes. Una estrategia inteligente que ha permitido a la editorial situarse más allá de la tradicional “editora isleña de poesía”, por así decirlo, y sobrevivir (los que hemos vivido en nuestras carnes el trabajo editorial sabemos que sobrevivir es una victoria) con mucha dignidad, precisamente, por haber dado ese salto.

4.

Quizá uno de los argumentos más certeros en el debate alrededor de Insumisas es el aportado por Aida González Rossi en un comentario en el muro de Facebook de Rafael-José Díaz:

“una antología de mujeres pretende paliar o corregir los fallos que la mirada sesgada de la industria cultural ha provocado en la representación de las y los artistas. Mirar hacia lo que se ha convertido en “lo otro” precisamente porque se ha impedido mirarlo. Entonces, si estamos apoyando lo que desgraciadamente se ha colocado en un lugar periférico, ¿cómo es posible que impidamos, de nuevo, el paso a algo que también se ha convertido en periférico? O sea, corregir la exclusión con más exclusión. (…) si entendemos los mecanismos de exclusión de la industria cultural en un sentido, si entendemos las hegemonías en un sentido, también deberíamos entender otros procesos y hacer un esfuerzo por no continuar con los vicios de la representación. Por desgracia, ser mujer + ser canaria es igual a doble otredad”.

González Rossi plantea así que en el caso de las autoras canarias les afecta una doble invisibilidad: su condición femenina y su condición de habitantes de la ultraperiferia, y que trabajos como Insumisas vienen a ahondar en esa invisibilidad. Porque, hay que decirlo, la única razón que se nos ocurre para que no aparezcan en una obra que se quiere exhaustiva (o eso da a entender el alto número de poetas que recoge), voces femeninas de calidad evidente y que escriben desde Canarias, es el puro desconocimiento. Las poetas canarias no están en el punto de mira del investigador (ni de este ni de los autores de las otras antologías mencionadas) porque las autoras isleñas no han publicado en las editoriales correctas, ni han participado en los eventos adecuados. Punto. Y por parte de los diferentes antólogos no se ha hecho el esfuerzo de asomarse a ver “qué hay por ahí”. Cabría pensar que, tal vez, el sesgo “crítico” con el que se subtitula Insumisas vino a ser la raya que fijó quién y quién no, lo cual vendría a ser el ejercicio del criterio que se supone a un trabajo de selección. Aceptemos, habida cuenta de que no tenemos Insumisas en nuestras manos, ya sea incluso provisionalmente, la definición de poesía “crítica” explicitada por Alberto García-Teresa en otra antología ómnibus (81 poetas fueron allí seleccionados), Disidentes (La Oveja Roja, 2015):

“(…) todas esas voces que, de manera central, constante, o bien en tramos amplios de su trayectoria, y no sólo de forma puntual o circunstancial, ni reservada a declaraciones y manifiestos, han hecho en su práctica poética del verso una expresión de disidencia y de antagonismo; una crítica a la estructura socioeconómica actual, a su ideología y a los valores que la sustentan. En su diversidad de abordajes, en su multiplicidad de registros, reside una de las potencias de la poesía crítica española contemporánea, como manifiesta el conjunto de textos aquí reunidos. Se revela, entonces, que la perspectiva crítica del presente no conlleva una opción estética determinada, sino que da pie a diferentes modos de enunciar, transmitir y provocar un cuestionamiento del orden actual de la sociedad. De este modo, en los poetas críticos contemporáneos descubrimos la utilización de dicción clara, lenguaje directo, registro narrativo, discursivo y referencial, captura de hablas populares, ampliación del campo referencial a lo excluido, tono menor y cercano, refuerzo de los explícito pero también expresión surrealista, decir descompuesto, ritmo disruptivo, lenguaje desarticulado, potenciación de la evocación , discurrir filosófico, concisión, torrencialidad, reconstrucción lírica, apoyo en la sensorialidad metafórica, potenciación de la evocación, collage, acercamiento irónico, búsqueda de lo contradictorio, juego con lo elíptico, carácter épico, anclaje conceptual”.

Visto así, es difícil llegar a comprender cómo ese amplio “sesgo crítico” ha podido excluir la obra de poetas como la propia González Rossi, Alba Sabina Pérez o Belén Lorenzo, por hablar de las más jóvenes. Insistimos, sólo se explica tal exclusión desde el desconocimiento. El mismo desconocimiento que obvia a Tomás Morales, Alonso Quesada y Saulo Torón cuando se escribe sobre modernismo español, o que desconoce a revistas como Gaceta de Arte y La rosa de los vientos cuando se habla de la vanguardia española, o deja de mencionar a los poetas de Antología Cercada cuando se trata de la poesía social española de los años 50 (y no son los únicos olvidos aunque sí los más flagrantes). Esa invisibilidad, ese ser parte de un secreto, es la que, en cierto modo, está en la base de una tal vez identidad propia de la poesía escrita en las islas respecto al mainstream peninsular. Si bien podemos adherirnos con una antorcha bien cebada a la correspondiente hoguera (San Juan acaba de pasar), hay que reconocer que la invisibilidad de las escrituras poéticas radicadas en las islas no es, desde luego, una novedad y tiene muchos, sonoros y tristes antecedentes. Se trata de una carencia estructural en la visión de muchos críticos y prescriptores peninsulares olvidar que las islas existen, que los territorios existen, pero también se trata de una carencia estructural de la propia vida literaria y cultural en las islas, que parece impedir, primero, ser influyente en su propia comunidad, y segundo, dar a conocer lo que de valor se desarrolla.

Hay otra cuestión a dilucidar respecto a la poesía canaria. Tal vez haciendo de la necesidad virtud, como decíamos antes, la poesía isleña ha ido construyendo cierta identidad propia sobre los hombros de autores y autoras muy relevantes. Estos poetas, mujeres y hombres, sin la merecida repercusión en el exterior, han quedado como una especie de tesoro escondido, tesoro que, sin embargo, en las islas manoseamos, más que tratarlo crítica y activamente. Nos referimos entonces a la necesidad de decidir cuál es nuestro lugar en el mapa de la poesía escrita en el español de las diferentes orillas del Atlántico: ¿Somos una provincia ansiosa de una pizca de reconocimiento metropolitano y nos duele el displicente silencio? ¿Tiene la poesía isleña una identidad propia y diferenciada y, por tanto, no asimilable por la visión “estatal”? ¿Sabemos o queremos saber dónde estamos? Las nuevas tecnologías ¿nos ayudan o nos acaban de enterrar? Pensamos que el que cabe llamar “Incidente Insumisas” puede ser una buena oportunidad para volver a debatir todas estas preguntas, más allá de las polémicas en redes sociales, esas que por su propia dinámica suelen llevar a la descalificación personal y al enfrentamiento cainita.



5.

Una de las cuestiones que interesaría plantearse es el peso canónico de las antologías de autores y autoras contemporáneas en el actual momento inflacionario: si su publicación tiene un sentido básicamente comercial, al modo de los discos de recopilación de “éxitos del año”, en el que el papel de la investigación, y, en especial, de la reflexión, se reduce a su mínima expresión. Si esto fuese así, sería bueno preguntarse también por su valor a la hora de ofrecer pistas sobre cuáles son las o los poetas de referencia en un momento dado. Basta con repasar algunas de las antologías publicadas en los 90 para empezar a preguntarnos dónde están a día de hoy buena parte de aquellos autores seleccionados: dónde su obra, dónde sus libros.

Cabría decir, en defensa de los antólogos de entonces y ahora, que esas selecciones reflejan un momento, una instantánea de la escritura de poesía en un tiempo concreto. Y entonces deberíamos plantearnos si la sobreabundancia actual de este tipo de libros no es sino parte del fenómeno social del selfi o de la foto de móvil que se comparte entre los participantes de la fiesta y que se borrará en cuanto se vaya llegando al tope del límite de datos acumulables en la correspondiente “nube” (otro concepto que nos habla de la fragilidad y provisionalidad). Y si así fuese, que pudiera ser, ¿merece la pena luchar por ocupar un breve espacio, una esquina de la foto? Auden comentaba en su “El poeta y la ciudad” lo siguiente: “Hasta la Revolución Industrial la forma de vida de los hombres cambiaba tan lentamente que cualquiera podía pensar en sus bisnietos e imaginarlos como personas que compartirían sus mismas necesidades y satisfacciones. La tecnología, con sus transformaciones cada vez más aceleradas, nos ha clausurado la posibilidad de imaginar cómo serán las cosas dentro de veinte años. El artista, en consecuencia, ya no cuenta siquiera con la seguridad de que su producción pueda ser disfrutada o comprendida por la generación siguiente. No puede evitar el deseo de un éxito inmediato, con todos los peligros que esto implica para su integridad.” El fervor editorial antológico-temático de los últimos tiempos (por ahí hemos visto una de poetas suicidas en la que ninguno de los abajo firmantes tiene gran interés en participar) habría que identificarlo como parte de este fenómeno/modelo social y creativo centrado en la obsesión por la presencia cristalizada en el concepto de “marca personal” y en la provisionalidad. Quizá convenga pues preguntarse, antes de seguir este ritmo de pollos sin cabeza, si todo eso tiene sentido. Si merece la pena enfadarse, o pelear por el huequito ante la cámara.

6.
Una hipótesis de trabajo (acaso incómoda) que combina el concepto de poesía crítica y el modelo social dominante de sobreexposición personal. Todas (y todos) sabemos escribir, todos (y todas) tenemos móviles inteligentes, todos (y todas) podemos opinar sobre todo y, además, estamos expuestos a un grado extremo de flujos comunicativos, informacionales y de propaganda. Luego, cualquiera tiene derecho a expresar(se) y todo “tema”, “contenido”, “mensaje” “reivindicación”, “problema” es “ineludible”, a la par que una oportunidad perfecta para poder ser/estar/mostrar(se) socialmente comprometido/a. A elegir entonces: guerras, terrorismos, discriminaciones, pobreza, represiones, crisis, migraciones, violencias, explotaciones.

En cualquier caso, si quieres ser relevante más allá de tu grupo de amistades, amiga, amigo poeta, te lo tienes que trabajar: participa en foros, alinéate (sin excesos), analiza los diferentes circuitos -no hace falta un bot para hacer eso, sólo afinar la vista y realizar las oportunas conexiones-, participa en todos los eventos relacionados con la poesía posibles aquí, y si puedes (ya hemos visto que es absolutamente importante) allí. Gestiona la agenda de concursos con profesionalidad (no hay premio pequeño), Trabaja tu imagen, que forma parte de tu Marca Personal, aunque tal vez vaya contra tus principios pero es que algunos pelos hay que perder en la gatera. Déjate ver. Haz branding. Ah, bueno, y cuando todo esto te deje tiempo, trata de escribir algún poema que valga la pena aunque, bien mirado, tampoco es imprescindible.

En este contexto, cierta actitud escritural y pose vital “crítica”, no deja de ser otra etiqueta más, como la de “poeta youtuber”, o “intensitos” , “de la experiencia”, “del silencio” o “fragmentaria”… tras las cuales hay un vacío de reflexión colectiva documentada. Sí, quizá también por eso haya tanta y tanto poeta de cualquier cosa. Desde esta ultraperiferia bendita y ante el contenido vacío de buena parte de esas etiquetas, no acabamos de entender qué valor aportan a la escritura de poesía, más allá de una sencilla clasificación para ordenar (y estar en) los correspondientes circuitos.

7.
Hemos visto que la poesía escrita en Canarias tiene un problema de visibilidad exterior, algo que, de nuevo, una antología como Insumisas no hace sino a recordarnos. Es decir, viene a rozar la escocedura, vaya, y ese resquemor que viene de viejo es incomprendido desde miradas externas. Pero, siendo ese un problema, creemos que existe uno mayor: la falta de visibilidad y repercusión en el interior, en el propio territorio isleño, de las escrituras canarias. Y ante ambos problemas la pregunta es siempre la misma ¿Qué hacer?
Asistimos con cierta inevitable ilusión a un cambio político en las islas tras cinco lustros de “nacionalismo” de base clientelar. Resulta paradójico que el periodo de tiempo (en realidad, casi todo el vigente ciclo democrático) en que una opción “nacionalista” ha gestionado las políticas culturales públicas en la mayor parte del archipiélago sea, también, la etapa en la que entre en crisis profunda el concepto mismo de “literatura canaria” como clave diferenciadora.

Anticipando las también inevitables decepciones (porque ya estamos mayores), quienes escribimos esto no podemos dejar de pensar que, tal vez, se abra lo que llaman una “ventana de oportunidad” para la literatura y el arte hecho en Canarias. Tal vez. Y tal vez también debería plantear la comunidad algunas propuestas prácticas y útiles al comienzo de este nuevo ciclo. Aunque quizá haya que hacerse unas preguntas previas: ¿existimos aún como comunidad, como un conjunto de escritoras y escritores que nos reconocemos en tanto partícipes de algo en común? ¿Seríamos capaces de citarnos, hablar y proponer esas iniciativas colectivas, realistas y creativas a las nuevas administraciones canarias para fomentar la producción poética y literaria en las islas y, si somos ambiciosos, internacionalizar su difusión? Probablemente de cómo contestemos a este tipo de preguntas dependerá el cariz que tome ese futuro propio. Eso sí, también podemos esperar tranquilamente a la próxima antología.

Víctor Álamo de la Rosa revela las claves de El pacto de las viudas

Junio 27th, 2019

El escritor Víctor Álamo de la Rosa hablará este viernes, 28 de junio y a partir de las 18 horas, sobre su última novela, El pacto de las viudas (Editorial Siete Islas, 2019) y sobre lo divino y lo humano si se tercia. El encuentro será en la sala Domingo Pérez Minil, en la Casa de la Cultura, Santa Cruz de Tenerife, dentro de la actividad que desarrolla el Club de Lectura Agustín Espinosa en colaboración con la Biblioteca Püblica del Estado.

El pacto de las viudas describe un mundo devastado por una pandemia de suicidios donde Danilo Porter, un investigador privado, buscará la verdad de lo que está ocurriendo, adentrándose en una realidad distópica en la que el planeta está gobernado por las esposas de los más célebres dictadores del siglo pasado.

La novela se construye como un diálogo con la obra La tempestad, de William Shakespeare, y no se conforma con narrar una realidad más o menos presente sino que se adentra en un futuro distópico donde las viudas han sido capaces de viajar en su vehículo espacial a Marte y fundar allí una nueva ciudad, un nuevo mundo, alejado de la contaminación de la Tierra, un planeta acuciado por el cambio climático, la lluvia ácida y los desastres naturales.

El pacto de las viudas es la octava novela publicada por Víctor Álamo de la Rosa, autor nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1969, aunque su infancia transcurrió en El Hierro, isla que ha marcado su literatura. Ha publicado ocho novelas: El humilladero (1994), El año de la seca (1997), Campiro que (2001), Terramores (2007), La cueva de los leprosos (2010), Isla nada (2013), Todas las personas que mueren de amor (2015, Premio Benito Pérez Armas 2013) y El pacto de las viudas (2019).

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Una pesadilla con olor a algas y salitre

Junio 26th, 2019

Muchos lectores de H.P. Lovecraft ignoran que uno de los escritores que más influyó en su obra fue William H. Hodgson, un escritor de vida extraña que observa el mar con otra mirada. Una mirada metafísica que transforma en pesadilla con olor a algas y salitre.

Algunas fuentes aseguran que Locecraft tomó de él su idea de un cosmos terrorífico, también el de las monstruosas criaturas marinas que aparecen en algunas de sus novelas. Novelas que leídas mucho tiempo después y con otras preocupaciones resultan igual de entretenidas que entonces. Igual o más, porque ahora descubre cosas nuevas, claves que en su momento pasaron desapercibidas. Señales que todavía funcionan sin que haya que hacer un ejercicio notable de concentración.

Los botes del Glen Carrig
fue su primera novela, se publicó en 1907 y en ella ya aparecen las obsesiones de un escritor que continuaría explotándolas en sus siguientes libros.

La principal y más llamativa es el mar. Otro mar en las novelas de Hodgson.

La novela cuenta la historia de los supervivientes del Glen Carrig, quienes en dos embarcaciones llegan tras pasar un manto de niebla a un mar cubierto de algas y una isla extraña, de suelo movedizo, setas gigantes y un inmenso agujero excavado en el centro.

Por la noche, se verán atacados por cangrejos gigantes y unas criaturas que describe con rasgos humanos y de calamar. Esas criaturas salen del mar pero también del inmenso agujero que hay en tierra, lo que desencadena batallas demenciales entre humanos y monstruos. El protagonista de la obra,y cuya historia narra en primera persona, es un pasajero del navío naufragado pero las circunstancias, medirse con el resto de sus compañeros al terror todos los días lo va cambiando, se hace un miembro más de la comunidad en la que se encuentra.

La aparición de un barco varado en el mar de algas y próximo a la isla, y en el que se encuentran otros supervivientes, es otro elemento atractivo de una novela en la que el escritor enfrenta a los protagonistas no solo con las criaturas sino con su capacidad de resistencia para comunicarse con los supervivientes del barco varado y juntos resolver cómo escapar del extraño mundo en el que están anclados.

Escrita con un estilo sencillo, lo interesante de un escritor como Hodgson es su capacidad para inventar extraños territorios y hacerlos creíbles en sus novelas. No se detiene ante el artificio, rechaza cliches y se deja desbordar por su inventiva. Una inventiva trágica, pero en la que sus protagonistas se enfrentan al peligro y no rehuyen ante él.

Es una pena que su obra haya sido tan corta, aunque afortunadamente está traducida al español. Tras Los botes del Glen Carrig, William H. Hodgson escribió La casa en el confín de la tierra, uno de los títulos que determinó el imaginario de H. P. Lovecraft u otra terrorífica fantasía marina, Los piratas fantasmas.

El mar está presente también en la mayoría de sus cuentos.

La última novela del escritor fue El reino de la noche, publicada en 1912, quizá su obra más chiflada y varios relatos protagonizados por Thomas Carnacki, un detective de lo oculto que tienen su gracia.

William H. Hodgson, que se había reenganchado a la edad de 40 años en el ejército británico para combatir por su país en la I Guerra Mundial, murió en el frente en abril de 1918, la muerte que es así de irónica se lo llevó a él y a otro millón de muertos más seis meses antes de que los cañones dejaran de rugir en Europa.

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Kiko Amat: “Uso la comicidad para extirpar dolores que están ahí, dentro de lo que escribo”

Junio 25th, 2019

Kiko Amat (Sant Boi de Llobregat, 1971) participó en la XXXI Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife donde presentó Antes del huracán (Anagrama, 2018), su libro más reciente y novela que considera la más redonda de su carrera. El escenario vuelve a ser el mismo de sus obras anteriores, Sant Boi de Llobregat, “una ciudad satélite” que en Antes de huracán retrata en dos años cruciales en la vida de Curro, su protagonista, 1982 y 2017.

- Antes del huracán se desarrolla en su localidad natal, Sant Boi de Llobregat, un lugar del que dijo “se puede salir pero no sale dentro de uno”.

“El lugar del que vengo es extraño pero no más extraño que otros sitios. Procedo de un lugar que es el extrarradio de una gran urbe y, por definición, una tierra media porque no es rural ni tampoco una gran ciudad. Es una ciudad satélite, así que yo crecí en un satélite, un sitio en el que miramos desde fuera al estar iluminados por la luz de una gran ciudad. Crecí en ese ambiente, en el de una ciudad satélite hija del aluvión industrial. Era un lugar extraño y violento. Allí pasé los años 70 y mi adolescencia en los 80 y es mi pueblo natal en el que desarrollo todas mis novelas”.

- ¿Por qué?

“Porque uno tiene que hablar de lo que sabe y su infancia es su patria, como dice el cliché. El influjo que tiene sobre mi se ha ido magnificando con el paso de los años. Sant Boi cuenta con el hospital psiquiátrico más grande de Cataluña, y antes fue uno de los más grandes de España así que crecí rodeado de locos en un sitio donde la locura era lo cotidiano. Los locos estaban en la calle y en los bares con nosotros. El paisaje de Antes del huracán es ese mundo, un mundo de dementes, demencial en el que, para cargar las tintas, mi madre, enfermera del psiquiátrico, me llevaba por alguna equivocada idea pedagógica. Le debo a mi madre uno de los primeros traumas de mi vida. Tenía entonces nueve años”.

- La crítica coincide y destaca que se trata de su novela más madura.

“Vengo de una cultura pop y de rock and roll y mis primeras novelas hablaban de aquéllo. Eran novelas con la misma hondura solo que a medida que fui escribiendo comencé a quitarme clichés que estaban influenciados sobre todo por las música y los escritores anglosajones que escuchaba y leía. Escribía entonces de un modo más pop y era como un niño híperactivo, los textos contenían muchas onomatopeyas y mayúsculas que fui perdiendo con el tiempo. Así que no lo entiendo como una cuestión de madurez ya que por un lado tiras de esas herramientas y por otro haces cosas nuevas. Antes del huracán es una novela que requería un tono sobrio, preciso y sin grandes aspavientos porque las cosas que suceden son así de reales y enloquecidas. La parte real de la historia es más bestia y enloquecida que la de ficción por lo que necesitaba una voz más calmada, que es la del protagonista que está loco de atar. Una parte transcurre en el Hospital Psiquiátrico y otra durante su infancia, que es la que está escrita en primera persona y explica con la mayor naturalidad del mundo lo que para él es normal”.

- En la parte de la novela que transcurre en 2017 el protagonista se encuentra en el Psiquiátrico, donde mantiene una relación muy especial con otro paciente, Plácido, que hace de su mayordomo. Forman una pareja que recuerda a la de don Quijote y Sancho Panza.

“Mi cultura es anglosajona. Hay muchos autores de humor ingleses que escriben novelas quijotescas pero para mi es P. G. Wodehouse la mayor influencia. Wodehouse escribió una serie de novelas muy alucinantes que son el lugar al que voy a reposar. Las historias tratan de un joven ocioso y rico y su mayordomo, que es más rápido que él y lo saca de todos los entuertos. Estas novelas son para mi lugares seguros, así que lo peor que puede pasar en una de ellas es un malentendido por un jarrón. Son novelas donde nadie te va a engañar. La primera parte de mi libro, quizá la más oscura y dura que es la del Psiquiátrico, quise que resultara cómica porque utilizo el humor como un recurso crucial para hablar de la tristeza pero sin resultar victimista. El humor te da la posibilidad de contar algo terrible riéndote ya que de alguna forma es como si te rieras de ello. La gente explota sus desgracias con chascarrillos porque es la única forma de enfrentarse al horror”.

- Es una forma curiosa de entender el humor.

“Siempre he sido así, soy el fulano que se carcajea en los bares mientras se lamenta por dentro. Mis libros son así, uso la comicidad como una forma de extirpar dolores que estaban ahí dentro y que vuelco en lo que escribo”.

- ¿Cuándo comenzó a escribir?

“Yo publiqué tarde, a los treinta años, pero llevaba esa necesidad de contar historias que arrastro desde que era pequeño. Más tarde me di cuenta que en mi mundo no había nadie que supiera deletrear la palabra escritor. Me parece que John Lydon, de los Sex Pistols, dijo que lo más sucio del pop venía de otro planeta y a mi me pasó lo mismo con la literatura porque tenía la idea de que para ser escritor tenías que ser inglés, educado en una academia y estar muerto. Durante muchos años seguí escribiendo y mejorando mis herramientas mientras intentaba entender que era aquello de escribir pero no creía que iba a desembocar en una carrera hasta que publiqué mi primer libro

- ¿Y cómo eran aquellas primeras historias que escribía?

“Se trataban de crónicas, críticas, una manera enorme para aprender a escribir ya que entendía qué hace gracia, qué cosas funcionan. Y todo eso lo aprendí con la no ficción”.

- ¿Y cómo termina dedicándose a escribir ficción

“Hasta que tuve la necesidad de contar historias. Vengo de un mundo donde la gente contaba historias y contar historias lo hacía todo el mundo pero era tan poco épico contar lo de la noche anterior que tenías que aderezarlo con la mayor cantidad de épica y comicidad posible. Todo el mundo asumía que era inspirador y nos enseñó a que amásemos a todas aquellas falsas novias que enumerábamos. Todo era medio mentiras, invenciones muy adobadas. Por eso me hice escritor, que es una manera de ganarse la vida inventando historias”.

- La infancia de Curro, el protagonista, está muy bien conseguida.

“La novela contiene algunas historias reales. Una de ellas, de las cosas más inquietantes, sucedió al lado de mi casa en una tienda de patatas fritas porque en el pueblo no teníamos ni para una de pollos asados. Un día uno de los tíos que trabajaba en ella perdió la razón y blandió un cuchillo con el que comenzó a atacar a la gente. Llegó a apuñalar a uno hasta que vino la policía, se produjo un tiroteo hasta derribarlo y detenerlo. La historia me la contó mi padre, no sé que tipo de enseñanza había en esa explicación con tanto detalle gore a mis siete años, pero lo cierto es que cuando pasaba delante del establecimiento lo hacía con una inquietud que me recorría por dentro. Así que pensé un día tengo que escribir sobre esto, ¿qué le había pasado al pavo del cuchillo?, ¿por qué la policía le pegó un tiro en la pierna?, y así hasta que apareció el personaje. La novela en un principio iba a ser cómica, sobre un loco que está en el manicomio por haber matado a gente pero me fui decantando por conocer cómo cambian las personas, cómo llega uno a su verdad mientras narra una serie de sucesos terribles que fueron los que lo destruyeron por dentro y desencadenó un brote psicótico. El libro nació al principio al modo de una narración actual pero añadí el flash back de la infancia de Curro que se desarrolla en 1982 y que conformó finalmente el libro de verdad”.

- ¿Durante la escritura tuvo algún momento que le resultara especialmente complicado de narrar?

“La anomalía es que la novela fluya de manera normal y que se escriba en seis meses sin necesidad de retocar porque nunca es así. La novela pasa por muchos estadios de escritura y de desesperación. La neurosis que es pareja a escribir novelas tiene que ver con este cambio diario de tu relación con la obra. La aparición del mayordomo se me ocurrió cuando ya terminaba el libro pero pensé que era atractivo que se hablara de otros, que tanto Curro como su mayordomo, que puede ser un personaje ficticio, fruto de su imaginación, representaran la mirada del lector y que éste observara lo que ellos le cuentan. El libro pasó a una nueva fase cuando introduje este personaje; se iluminó con una nueva luz pero a todas esas cosas llegas a base de trabajar”.

- ¿Con cuáles de los personajes de Antes del huracán se siente más atraído?

“Diría que Curro, el protagonista, ya que soy un poco yo mismo pero es su relación con Plácido la que me interesa. Este es un libro en el que no abundan personajes particularmente positivos pero mi intención no era resultar maniqueo ya que el objetivo era que no hubieran malos obvios y sí que todo el mundo apareciera como lo ve la gente. La gente tiene lados oscuros y más o menos agraciados. Los lectores detestan en esta novela al padre de Curro pero procuro que se le entienda porque hay personas que llegan, sin alcanzar a entenderlo, a la desesperación, el patetismo y la locura. También te encuentras en la novela con la desesperación de la madre, desesperación que quise que fuera comprensible. Tuve la idea de que todos estos personajes se entendieran y fueran atractivos porque los comprendes bajo cualquier punto de vista”.

- Y está la relación que mantiene Curro con Plácido, una relación bastante divertida y que funciona como amo y criado.

“Plácido es como el único amigo de Curro. La única persona que le ha tratado con amor. Es como su amigo de la infancia aunque ésta tiene un puntito de traición, celos y apostasía y de negarle al alba, como dice La Biblia. Quería que el mejor amigo del protagonista en su niñez fuera un nerd cobarde que cuando zurran a Curro sale corriendo porque no quiere defenderlo. De todos los personajes reales del libro a los que quiero más son a los cobardes porque la cobardía forma parte del ser humano”.

- Para Kiko Amat el escritor ¿nace o se hace?

“La academia es esencial para la cirugía pero no para la escritura creativa. La academia no es el sitio para aprender a escribir aunque te da trucos y todos los trucos son bienvenidos pero llegas o no llegas a ser escritor. Si no tienes la inclinación de contar historias todo el rato es que esto no va contigo. A mi me ha ido bien como escritor autodidacta y no me avergüenzo de ninguna de mis novelas aunque sí que cambiaría muchas cosas. No pertenezco al mundo literario en cuanto a festejos y vida social; mi mundo ya estaba hecho cuando publiqué mi primer libro así que no me interesa demasiado ese mundo literario que no juzgo pero que no es mi mundo y no veo que puedo sacar de él además de los canapés. No tengo relación con ese universo pero tampoco me resulta hostil y si no hay conflicto, no me interesa. Probablemente se deba a que todos mis autores favoritos escriben en estado de conflicto. En mi caso, ser autodidacta y venir de la clase social de la que vengo no me facilitó la entrada pero es que tampoco me interesa pertenecer al mundo literario”.

- Por último, ¿qué libros de Kiko Amat recomendaría Kiko Amat?

“Cuando escuchas a los que hacen rock and roll que su último disco es el mejor de su carrera y tú sabes que ellos saben que es el peor en mi caso no fue así. Antes del huracán es el libro en el que lo he puesto todo y el que más trabajo me ha dado. Depuré el lenguaje y trabajé mucho más la historia que en mis anteriores novelas. Entre los libros que he escrito Antes del huracán y Rompepistas son mis mejores novelas”.

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