Concurso de guiones

Mayo 14th, 2019

La Universidad de La Laguna abre la convocatoria del XXIV Certamen Internacional de Guiones Cinematográficos de Cortometrajes 2019. Para más información pincha aquí.

Saludos, más breve imposible, desde este lado del ordenador.

Escena de terraza con suicida, una novela de José Luis Correa

Mayo 13th, 2019

José Luis Correa recupera músculo como escritor en Escena de terraza con suicida (Ediciones La Palma, 2019), un libro que mantenía durmiendo en el disco duro de su ordenador y que rescató y revisó para esta edición, un experimento que invita a ser leído de corrido y a participar en el curioso juego literario que propone.

Éste, que es uno de sus mayores aciertos, obliga a que el lector haga el esfuerzo de participar en la apuesta y embarcarse junto al escritor en más que una aventura, en un ejercicio estilístico y metaliterario que ya de entrada avisa que nada será a partir de ese momento lo que parece. Todo es fruto –o no– de la imaginación de un hombre roto que fantasea –o no– con las alegrías y miserias, la vida en definitiva de sus vecinos de mesa en la terraza de un café.

Los personajes que rodean al protagonista se han refugiado en ese bar porque llueve en la calle y son náufragos que hacen examen de conciencia sobre sus errores y aciertos. Un microcosmos en el que sus historias se entremezclan unas con otras al modo de Las mil y una noches.

“Y es que en nuestra terraza, quien más quien menos le tiene miedo a algo. Dionisio a sus recuerdos. Doña Virtudes, a su futuro. Fidel, a su soledad. Elizabeth, a perder el amor de Aday. Aday, a perder el calor de Elizabeth. Nadia, a perder su trabajo. Yo, a la ausencia de Adriana. Y Casanova, al silencio. Es incapaz de mantenerse callado un minuto”.

La novela, que aparentemente nada tiene que ver con las que el escritor dedica a Ricardo Blanco, mantiene en común con las de la serie el estilo, un estilo netamente José Luis Correa, a quien siempre se le agradece su visión irónica que no sarcástica cuando describe la realidad que rodea, y nos rodea, a sus personajes y se decanta por narrar más que contar una historia. En este caso, historias.

La novela, en la que su autor abandona las servidumbres del género negro, le sirve para explorar la penosa realidad de nuestro tiempo: crisis, inmigración, soledad, miedos en definitiva con los que dota de presencia a una galería de secundarios cuyos pensamientos y reflexiones terminan por confundirse con las del protagonista, tragedias de la vida vulgar, como diría Wensceslao Fernández Flórez que el escritor emplea como acompañantes del más que suicida, hombre que no deja de pensar con desánimo en la nada, la muerte, el fin en una terraza ubicada en cualquier ciudad que puede ser la nuestra.

Este desaliento resulta a la larga contagioso aunque José Luis Correa tiene la virtud de matizar los efectos demoledores con un humor que hace que tomemos las cosas en serio. Esta novela invita a jugar con ella, a explorar un mundo que se multiplica en otros que son los que gravitan alrededor de un protagonista, Fabio Méndez, que mientras espera su agua con gas advierte que está pensando “seriamente en la muerte”.

Si se entra dentro de la apuesta literaria que propone José Luis Correa el lector no abandonará el terreno de juego. Es más, seguirá adelante porque el libro, la historia, las historias que confluyen en él, terminan por contagiar ya que se ensamblan hasta llegar a un final que sorprende por el guiño y que pone de manifiesto que, pese a sus prontos, a pasar de puntilla por los diálogos y sus ganas de marear la perdiz, José Luis Correa continúa siendo unos de los escritores más personales que en la actualidad escriben en y desde Canarias.
Un autor que lo mismo invita al lector a adentrarse en una telaraña que se va desenredando a medida que avanza la historia, como en un rompecabezas donde lo que comienza siendo una cosa termina siendo otra.

En este itinerario por Escena de terraza con suicida se despliega una serie de reflexiones con bastante gracia. Una de ellas es la afición por el cine que mantiene el escritor lo que provoca en esta novela una divertida situación en la que se habla sobre la cinefilia y la decisión de ver películas dobladas o en versión original con subtítulos en español. También hay otros momentos en los que José Luis Correa describe a lo largo del libro esas piedras en el camino que nos enseñan que nuestro destino es rodar y rodar.

Se nota, por otro lado, la influencia de algunos escritores claves en la biblioteca del escritor. Mientras la leía, por ejemplo, no dejaba de pensar en Julio Cortázar por encerrar al personaje junto a otros personajes en un solo escenario aunque lo que parece teatro se abre a otras posibilidades que, imaginadas o no, que cada cual saque sus conclusiones, resultan atractivas por atreverse a jugar con el lector. Por esto, se trata de un libro que no dejará indiferente a nadie.

Y eso recurriendo a una estrategia narrativa que no es nueva ni producto de su invención ya que solo, ¿solo?, es una manera de contar esta historia. La historia de un escritor, un hombre vulgar, rodeado de demonios, sus peculiares demonios.

Saludos, hermanas y hermanos, desde este lado del ordenador

Felicidades, don Benito

Mayo 10th, 2019

Si viviéramos en un pueblo en el que se honra a sus artistas e intelectuales hoy sería lo que se dice un Día Grande. Sin embargo, como no vivimos en un pueblo en el que se honra a sus artistas e intelectuales tal dìa como hoy será como ayer y probablemente mañana. No obstante, desde este lado del ordenador nos resistimos al silencio de una sociedad que parece que solo se activa cuando hay carnaval y romeria, fiestaaa en definitiva aunque no se han dado cuenta quienes tienen que darse cuenta que honrar a sus artistas e intelectuales tambièn puede ser una fiesta, así, rotundo y sin aes que sobren. Nosotros, desde este lado del ordenador, llevamos ya unos años celebrando que tal día como hoy vino al mundo don Benito Pérez Galdós, ese escritor imprescindible para conocer las alegrías y miserias de aquel Madrid de finales del XIX y sin lugar a dudas el mejor escritor de novela histórica que haya parido este país que ahora se nos fragmenta. Lean, lean sus Episodios Nacionales y griten con nosotros sin vergüenza alguna ¡¡¡viva, viva, viva Gabriel de Araceli!!!.

Saludos, libemos, libermos, libemos, desde este lado del ordenador

Kábila, una novela de Fernando González

Mayo 8th, 2019

Desconocía hasta hace apenas unas semanas la existencia de Kábila, una novela del escritor y periodista Fernando González Martín que publicó en los años ochenta del siglo XX en la editorial Debate.

La obra, que llegó a mis manos por uno de esos milagros que me reconcilian con el azar, debe de estar ya descatalogada pero si tienen la oportunidad de hacerse con ella no deberían de perder el tiempo y leerla ya que se trata a nuestro modesto entender de una de las mejores que se han escrito sobre la Guerra del Rif, conflicto que el autor no vivió pero sí que conocía a fondo.

Kábila, así, con acento, está narrada en primera persona no por un soldado español perdido en una situación a la que ha sido llamado por eso que algunos gritan como patria sino por un combatiente rifeño que da su particular versión de aquellos hechos así como lo que representa para su cultura la defensa de su gente y de su clan.

La novela llega hasta julio de 1936, donde nos encontramos al guerrillero a punto de cruzar el Estrecho para llegar a la España peninsular junto a las tropas rebeldes, lo que casi parece una broma del destino pese a que la Historia fuera así ya que las temidas tropas moras de Franco se nutrieron de muchos combatientes que pasaron a cuchillo a muchos de aquellos españolitos que habían venido al mundo y terminaron con sus huesos en lo que por aquel entonces se conocía como Protectorado de Marruecos.

Este cambio de bandera no afecta lo que se dice demasiado al protagonista del relato, ya que su misión en España, participa también en la represión de Asturias de 1934, sigue siendo la misma que cuando estaba en su tierra; acabar con cuantos españoles se pongan en el punto de vista de su fusil, ya que quien narra la historia es un paco, un francotirador, que ahora aprieta el gatillo para asesinar a los españoles que defienden la II República en los campos de batalla que van dejar la segunda mitad de los años treinta la superficie de España como la bola de un queso de Gruyer.

Entre las cualidades de Kábila están, entre otras, la de ser una novela que además de excelentemente documentada está muy bien escrita ya que su autor nos cuenta los hechos que marcaron su vida con un lenguaje poético de tintes orientales que le sirve para atenuar muchas de las crudezas de la guerra y de paso y nunca de manera tangencial mostrarnos un mundo que se encuentra en permanente estado de desaparición.

Kábila arremete contra el militarismo y la doble moral que llevaron los españoles en esta colonia en la que gobernaron aplicando la política de una de cal y otra de arena.

Fernando González desgraciadamente murió muy joven por lo que no dejó una amplia producción literaria aunque sus colaboraciones periodísticas se pueden encontrarse en la prensa y la radio como El País, Doblón, Posible y Radio Nacional de España, entre otros. Es autor de un ensayo sobre la naturaleza africanista del franquismo, lo que obliga a buscar de inmediato un ejemplar de esta obra, y de otros libros como Memorias de un fascista español y Liturgias para un Caudillo, que son anteriores a Kábila, novela que fue publicada en 1980, el mismo año que falleció víctima de un cáncer.

No cuesta imaginar demasiado por donde habrían ido sus inquietudes literarias, sin embargo, ya que se trata de un escritor que supo diluir su rabia a través de críticas demoledoras a un sistema, el franquista, que no dudó en utilizar a los moros para ganar una guerra.

Este discurso no tiene nada que ver con el protagonista de la novela, un hombre sencillo que simplemente acata lo que se le viene encima. Esa disciplina ruda la aplica también en su vida personal, plagada de hechos que van forjando su carácter y su desprecio callado a los españoles que va conociendo a lo largo del camino, la mayoría de ellos militares o esposas de militares.

Novela teñida de tristeza, Kábila cuenta una historia común en cualquier literatura, como es la de un hombre que no sabe adaptarse a los tiempos, a un mundo cambiante donde ya no se respetan los modos de vida ni las tradiciones heredadas del pasado. Pero hay otros mensajes diseminados en un libro escrito desde la honestidad, en el que no se quiere hacer sangre sino revelar las cosas como pudieron ser vistas desde el otro lado, el del primero combatiente rifeño, más tarde hombre que intenta vivir en paz tras perder la guerra y la del nuevo soldado que viste ahora el uniforme de los que fueron sus enemigos.

Los hechos que desgrana Fernando González atrapan enseguida la atención del lector, quien se sentirá hechizado ante una novela que mira la realidad de la paz y la guerra con la mirada de un hombre sencillo que un día se rebeló contra el orden oficial establecido. Tiene sustancia, miga esta novela que debe de estar junto a las otras grandes novelas escritas en este país sobre aquellos dramáticos días. La lista es larga, afortunadamente, y su calidad más que excelente, afortunadamente también.

Saludos, Alá es grande, desde este lado del ordenador

María Elvira Roca: “Hace falta contar otra Historia de España”

Mayo 7th, 2019

María Elvira Roca Barea (Málaga, 1966) ha conseguido con su libro Imperiofobia y la leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español un hito en este país al llevar vendidos hasta la fecha más de cien mil ejemplares. La obra propone una vuelta a lo que hasta este momento se estudia y se aprende sobre la Historia de España, un relato, afirma, que lleva reproduciendo palabra por palabra y argumento por argumento lo escrito anteriormente por franceses e ingleses lo que explica, dice la historiadora, que temas tan candentes y polémicos como la leyenda negra sean ahora reinterpretados por los historiadores desde una perspectiva actual. Ha llegado la hora de “sacudir las alfombras”.

María Elvira Roca Barea estuvo recientemente en Tenerife para impartir la conferencia Martín Lutero y su mundo, título de una exposición en la que colaboró el Gobierno de Canarias y que hasta ayer, sábado, pudo verse en la sala Joaquín Amigó del Real Casino de Tenerife.

- Imperiofobia y la leyenda negra va ya por las 26 edición, más de cien mil ejemplares vendidos, ¿cómo explica el éxito de un libro de estas características en España?

“Esa es una pregunta que le planteo a la gente porque lo veo desde dentro y no termino de encontrarle una explicación. No lo sé, tengo hecho un repertorio de explicaciones y unas me dicen que porque el libro se lee bien y otras porque responde un poco a algo que siempre sospecharon y es que todo no pudo ser tan malo y le confirma que todavía queda algo por contar”.

- En el libro repasa el imperio Romano, el Ruso, el Norteamericano y el Español, ¿por qué?

“Porque era necesario explicar el fenómeno de la imperiofobia antes de entender qué fue la leyenda negra y para hacerlo necesitaba de cierto armazón conceptual teórico previo ya que no se puede entender la leyenda negra si no se conocen otros fenómenos semejantes. Simple y llanamente parece que no tiene parangón, que no hay ningún fenómeno como éste en la historia occidental. Era importante explicar que esa razón y reacción contra los imperios se trataba de un fenómeno universal. Lo que sucede es que la gente cree que en Europa occidental han habido muchos imperios pero no es cierto: solo hubo un imperio que fue el español. Han habido otros fenómenos de expansión pero eso no es un imperio”.

- ¿Y qué entiende usted por imperio?

“La consolidación de una situación hegemónica que dura siglos aunque tiene otras características fundamentales a mi modo de entender como el mestizaje, que engendra una realidad que es nueva porque no existe previamente y el mundo no vuelve a ser el mismo. Ahí está el imperio Romano y es igual en el caso del imperio Español por lo que tenía que ubicarlo al lado de otros imperios de naturaleza semejante y no de cualquier clase de expansión europea porque desenfocaba completamente el fenómeno”.

- ¿Se conoce dónde y cuándo nace la leyenda negra?

“Es un proceso larguísimo de, digamos, decantación. Empieza a manifestarse en Italia porque la primera expansión imperial española es aragonesa y se hace en el Mediterráneo. Se produce durante el Quattrocento cuando los humanistas italianos comienzan a decir que los españoles son malos cristianos, marranos, que son un pueblo de bárbaros. A principios del siglo XVI aparece el factor religioso que es cuando la hispanofobia cobra un carácter nuevo con las guerra santas. Es un momento en el que los españoles se transforman en los demonios del mediodía, que es la expresión que se usaba popularmente al referirse a Felipe II y por extensión a todos los españoles. Las honduras del componente religioso en la hispanofobia son muy profunda en la Europa occidental y luego nos encontramos ya en el siglo XVIII con una versión muy vinculada a los franceses y en la que los españoles no son marranos ni bárbaros en el sentido de godos, que es como los franceses concebían a los españoles: un individuo de sangre impura. Esa idea se trasmuta de la época de los conflictos religiosos al siglo XVIII como el español ignorante y antilustrado. Es decir, propaga la idea de que España no ha tenido cultura, ni ciencia y se va dando una visión de los españoles como el gran malo de Europa occidental durante su etapa hegemónica aunque cuando deja de existir esa hegemonía el fenómeno permanece porque esta escrito en los mitos fundamentales de las grandes naciones europeas y en algunas religiones”.

- La sensación es que en España pesa mucho todavía esa piedra que se llama la leyenda negra.

“Cuando se produce el cambio de dinastía en España durante el siglo XVIII, la cultura francesa se convierte en la gran ventana en la que los españoles ven el mundo y, por imitación, lo que en aquel momento es el estilo cortesano, el de la corte. España tiene afrancesados, ningún país de Europa tiene afrancesados y sí ilustrados. Lo de afrancesado tiene además una especial categoría intelectual por lo que a partir de la primera oleada de intelectuales españoles que imitan en todo a los franceses, también reproducen su sentido de la hispanofobia con el que denigran a su propio país”.

- A raíz de su libro parece que en España los lectores comienzan a demandar a que se cuente su Historia de otra manera por lo que da también la sensación de que esos lectores comienzan a plantearse la leyenda negra de otra manera.

“Creo que algo se mueve pero si cuaja en una corriente histórica no es trabajo de una sola persona. Hay que fabricar otra casa para tener una nueva. La Historia de España no ha sido contada desde dentro sino que está copiada de la de los franceses e ingleses. Hemos reproducido sus tópicos con asuntos relacionados con España como, por ejemplo, la derrota de la Armada Invencible que para los españoles no es tan importante como para los ingleses y se le presta menos atención a la victoria que sí obtuvo contra los ingleses en Cartagena de Indias. Hemos estudiado aquellos hechos que fueron importantes y significativos para los franceses e ingleses en función de sus egos y de sus necesidades nacionales en contraposición con las nuestras. En este sentido, hay que escribir una Historia de España desde un ángulo completamente diferente, lo que está por hacer y que no es tarea para una sola persona sino de varias generaciones de historiadores para que seamos capaces de levantar las alfombras y sacar los muertos de los armarios y quitar las telarañas de las lámparas. Yo he enseñado solo la punta del iceberg. Se tiene que escribir también una historia religiosa en Europa occidental para poner en su sitio a la Inquisición, que no es el peor ni el más grave fenómeno religioso de occidente”.

- Y según usted, ¿cuál fue el más grave?

“Está por escribir una historia religiosa de la Europa occidental aunque por citar solo un dato murieron más personas en la Noche de San Bartolomé que a manos de la Inquisición a lo largo de toda su historia pero claro, ¿quién va a escribir una historia de la intolerancia religiosa en Europa?”

- Usted defiende que los españoles no son cainitas.

“Lo he dicho muchas veces, los españoles no son cainitas, o más cainitas que otros pueblos. En este país hemos tenido pocos enfrentamientos si lo comparamos con las guerras civiles que se producen en Francia a lo largo del siglo XIX, que son constantes. O la Revolución Francesa, en el XVIII. El lado positivo de la Inquisición es que sometía a sistema y a juicio de delito la intolerancia religiosa. El médico forense es una creación de la Inquisición”.

- En este país se puso de moda durante unos años leer Historia de España escrita por historiadores británicos porque parecían más objetivos, sobre todo en temas como la Guerra Civil que estalla en julio de 1936.

“Esa tendencia viene de atrás. En el siglo XVIII ocupa el poder en España una nueva dinastía lo que lleva aparejado un cierto desconocimiento. Sin embargo, si bien cuando llegaron los Habsburgos tuvieron que enfrentarse a la Rebelión de los Comuneros, la nueva dinastía que reina en el XVIII, los Borbones, sí que es enemiga mortal de los Habsburgos. Cuando los borbones reinan en España consideraban a la anterior casa real un enemigo secular desde hacía dos siglos y eso tuvo que producir un enorme desajuste porque cuando desaparece el período Habsburgo estos dejan de existir y no se escribe en España una historia sobre ellos a lo largo de un siglo aunque sí que hay biografías de Carlos I y Felipe II publicadas esos años en Francia e Inglaterra”.

-Recientemente ha publicado Seis relatos ejemplares, seis, en el que escribe sobre “los luteranos del norte y los católicos del sur”.

“Son seis historias muy concretas con una trama real y una base histórica que vienen a reflexionar sobre el hecho de ¿por qué se piensa que el norte protestante es más virtuoso, más decente, trabajador y el ramillete de virtudes que quieras frente a ese sur que es mal pagador, indigno y falto de confianza?”.

– ¿Y con qué personaje de esa época siente mayor sintonía?

“Por Tomás Moro porque no ha perdido brillo con el paso del tiempo. Encarna de alguna manera la materialización de aquello que se asume con todas sus consecuencias y hasta el final sin doblegarse y sin ser desleal a su rey. Aceptó la muerte con valentía”.

– ¿Está trabajando en algún nuevo libro?
“Estoy trabajando en algo que tiene un poco que ver con el fenómeno de la absorción de la leyenda negra pero aún no tengo ni el titulo”



NI OLVIDO NI PERDÓN

La historiadora María Elvira Roca se lleva simbólicamente las manos a la cabeza cuando se le pide que dé su interpretación sobre la carta que el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, envió al rey de España, Felipe VI para que se disculpara de los agravios cometidos durante la conquista de América. Ese tipo de planteamientos es “una estupidez”, dice, “es como si le exigiéramos a los italianos que nos pidieran perdón porque vino a esta tierra Escipión el Africano. Es una forma infantil, ridícula y perversa que tiene esa maldad de los niños y que causa tanto daño porque no son conscientes de lo que están haciendo”. Este argumento lo extiende igualmente a algunos canarios que, sin la sonoridad del presidente de México, han exigido perdón por las muertes violentas y por enfermedad que sufrieron muchos de los primeros pobladores de las islas cuando se enfrentaron a los conquistadores europeos en el siglo XV.

“Es un intento de borrar la Historia pero no se puede porque entonces habría que eliminar también la tradición, la lengua común que nos une desde hace ya tantos siglos”.

Saludos, aún recuerdo…, desde este lado del ordenador

Todo bien, una novela de Gregorio Duque

Mayo 6th, 2019

Escribe Boris Vian en un libro imprescindible, Escritos de jazz, que lo mejor para tomarse las cosas en serio es reírse de ellas, Gregorio Duque lo hace, y cómo lo hace, en su primera novela Todo bien (Círculo Rojo, 2019), ya que orbita desde la primera hasta la última página con el humor para articular un relato en el que cuenta con una sonrisa en la que muestra los colmillos la realidad de una isla, Tenerife, y por extensión de un archipiélago, Canarias, con saludable ironía. Una irónica mirada de sano sainete que bordea lo burlesco para contar un relato en el que confluye además una variedad de géneros más que estimables y muy bien ensamblados que le sirven para contar mostrar las miserias y sobre todo las sombras de un territorio que alguien vendió con seguro de sol.

Gregorio Duque ya había demostrado que se mueve muy bien en la comedia con mensaje demoledor en un libro de cuentos, Pequeños homenajes, en el que daba la vuelta al viaje que el otorrino-oftalmólogo William Wilde escribió sobre su visita a la capital tinerfeña en noviembre de 1837, solo que en este cuento jugaba con otro punto de vista. En esta historia no es el médico ni padre del escritor Oscar Wilde quien da su descripción de lo que ve sino la de un vecino, un chicharrero que hace de su cicerone durante su recorrido por las calles y plazas de lo que por aquel entonces era más bien una pequeña localidad con olor a salitre.

Ahora en Todo bien cuenta más o menos una historia con las mismas claves críticas tamizadas bajo el velo del humor, aunque en ésta tiene mayores ambiciones por demoler las entrañas de una capital de provincias y de su paisanaje mesmerizado por pasotismo donde nada está mal, nada resulta equivocado porque todo, ya saben, está bien.

La novela cuenta el alunizaje, más que llegada, que emprende Antonio, un fiscal con sordera cuando se traslada a la isla una semana antes de incorporarse a su destino laboral, lo que sirve a Gregorio Duque para describir también en los primeros capítulos del libro sus reacciones al conocer a sus gentes.

Estas páginas están escritas con sobresaliente sorpresa, lo que enciende la hilaridad de un lector al que termina, ese fue nuestro caso, por convencer ya que a partir de ese momento no deja de sonreír y en ocasiones soltar la carcajada ante las situaciones en las que se enfrenta su desubicado protagonista, un hombre que no sabe si ha caído en tierra de locos o el loco es él mismo. De aquí su sorpresa ante lo que descubre y ya asumiendo sus tareas profesionales lo que observa de un territorio en el que a sus paisanos parece que les falte nervio para mantener la ilusión de que todo va bien.

El particular deambular que inicia el protagonista por Santa Cruz de Tenerife termina por absorberlo dentro de una realidad más cercana a lo surrealista que a otra cosa, mientras conversa con gentes que, no es que sean raros, sino que son habitantes de un mundo pequeño que mira con aparente indiferencia casi todo, incluso el mar que baña sus costas.

Muchas de estas situaciones provocan carcajada pero también obligan a reflexionar sobre lo que pasa en una geografía donde, damas y caballeros, todo no es que esté bien es que está muy mal.

La visión que ofrece Gregorio Duque es bastante redonda ya que mete el dedo en la llaga con intenciones de hurgar en los problemas reales que aguijonean una capital de provincia que además de morir en soledad, cuenta con una sociedad que asiste impávida o mira hacia otro lado ante fenómenos como la corrupción política y urbanística que escora la obra hacia las agitadas aguas de la novela negra aunque es de justicia advertir que Todo bien no es una novela de temática criminal sino un artefacto literario que se desliza por este género para fusionarse con otro que, a su vez, se adentra en otro más. Un juego de matrioskas en las que el escritor sale con la cabeza muy alta.

En Todo bien desfila además una galería de personajes en los que se mezclan los inventados por el escritor con otros perfectamente reconocibles por muchos de los vecinos de la capital tinerfeña.

“-¿Quién es?

Uno de los mejores escritores vivos de las islas. No si el alcohol fue la causa o la consecuencia, pero ahora vaga por los bares a la espera de una invitación que antes hacia él”.

El diálogo continua, y en el mismo parece que Gregorio Duque se transmuta en un personaje más de su ficción literaria para dar una visión bastante interesante de la ciudad y de sus vecinos.

Hacen falta más novelas como Todo bien, hacen falta lecciones tan sincera para que los lectores riéndose se tomen las cosas en serio. El autor de la novela lo tiene claro y el lector también, en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses nada pero que nada de nada está bien.

Saludos, decíamos ayer…, desde este lado del ordenador