Mercedes Monmany: “El crítico literario escribe, por lo tanto es un escritor”
Escritora, traductora, crítica, editora y probablemente muchas cosas más, Mercedes Monmany (Barcelona, 1957) es un referente para muchos lectores españoles que un momento dado de sus vidas lectoras descubrieron las literaturas que se escriben en Europa. Su vocación europeísta domina gran parte de su obra, y se manifiesta, entre otros títulos, en Por las fronteras de Europa, del que surgieron, explica en esta entrevista, “mis dos libros siguientes, por eso suelo llamarlo “una trilogía europea”: en primer lugar, Ya sabes que volveré y en segundo lugar, Sin tiempo para el adiós.
Mercedes Monmany fue una de las invitadas a participar en el Festival Hispanoamericano de Escritores, que este año estuvo dedicado a España y que lleva acogiendo Los Llanos de Aridane (La Palma) desde su primera edición, hace ahora siete años. La escritora acaba de terminar un libro que saldrá en la editorial Galaxia Gutenberg, a comienzos del año próximo. La obra reúne diez semblanzas de mujeres que participaron “activamente en la resistencia frente a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, en distintos países y con distintos orígenes políticos y sociales” y como se observa, el mapa en el que se desarrolla vuelve a ser Europa. La vieja Europa.
- Por las fronteras de Europa es un libro que invita a viajar al lector por las literaturas europeas, ¿hasta que punto cree que sigue viva esa tradición y cómo calificaría lo que en la actualidad se escribe en el viejo continente?
“¡Espero que esta tradición siga viva! Como la de visitar museos y catedrales europeas, monumentos, ciudades y centros culturales. Es lo mismo. Venimos de grandes tradiciones nacionales, cada país por separado, y me imagino que las nuevas generaciones seguirán alimentándose siempre, mezclándolo a su manera, ya que ahora se viaja mucho más que hace un siglo, de este rico legado. Es nuestra identidad: son las historias actuales y del pasado, los conflictos y guerras que cada cual ha atravesado, los sufrimientos o hazañas colectivas. También los dilemas morales que se plantean a cada paso en una sociedad, se tengan o no unas determinadas creencias. Por otra parte, la educación que hemos recibido en nuestras escuelas, en todas las del continente, participan, con sus particularidades lingüísticas y culturales, de unos mismos valores democráticos y de respeto a los derechos humanos y a las libertades. Todo esto está reflejado en nuestras novelas, nuestros ensayos, nuestros poemas. Y se cuenta, por supuesto, de distinta forma siempre, intimista o bien colectiva, pero no de una manera uniforme y monocorde. Por esta razón es siempre interesante seguir leyendo, no solo a los grandes escritores del XIX o del Siglo de Oro (que cada país lo ha tenido de distinto modo) sino también a los autores que van surgiendo en la actualidad. Tenemos una red de traductores excelente, en todas las lenguas, y eso nos facilita mucho el acceso”.
- ¿Cómo nace esté libro, cuál fue el punto de partida de Por las fronteras de Europa?
“El punto de partida yo diría que fue simple, querer reunir algunos, tan solo algunos (aunque al final se convirtieron en 320 nombres) de mis autores preferidos, dentro del campo de los europeos, formen parte o no “formalmente” de la Unión Europea actual, ya que incluí un grupo de escritores de la riquísima literatura turca contemporánea. Soy una firme europeísta, vengo además de una familia en parte francesa y en parte española, y desde adolescente leí en las dos lenguas por igual. Mi abuela francesa, como sabía que era una lectora voraz, me abonó desde los 17 años al Magazine Littéraire, que fue en su tiempo una revista mítica, ahora algo menos, y leía fervorosamente todos los comentarios que se iban publicando de la literatura europea (la alemana, la británica, la francesa por supuesto, y otras más minoritarias, además de los principales autores del mundo hispanoamericano y también español) así que todo me era muy familiar desde siempre. También tengo que decir que me animó mucho una conversación que tuve con mi amigo Claudio Magris una vez que vino a Madrid. Recuerdo que estábamos en un café de la Calle del Prado de Madrid y le dije, de pasada, “Claudio, estoy pensando en reunir algunos de mis autores y lecturas predilectas, porque sé que dentro de poco las literaturas europeas seremos, una especie en extinción”. Claudio, gran europeísta como yo, enseguida lo entendió y me dijo: “Mercedes, ese prólogo lo quiero hacer yo”. Así que me puse y surgió Por las fronteras de Europa. Tengo que decir que gracias también a un admirable editor, sumamente cómplice y culto, Joan Tarrida, que aceptó generosamente la idea. Ahora sale en Galaxia Gutenberg una nueva edición actualizada del libro”.
- ¿Qué elementos comunes destacaría de los libros que estudia en Por las fronteras de Europa?, ¿y por cuáles de sus literaturas siente una especial debilidad?
“Es muy difícil decir unos cuantos elementos comunes, todos los escritores, como pasa en España, en Canarias, o en cualquier lugar, vienen de ideas estéticas y tradiciones diferentes, de diferentes maestros y lecturas. Pero tengo que decir que de Por las fronteras de Europa surgieron mis dos libros siguientes, por eso suelo llamarlo “una trilogía europea”: en primer lugar, Ya sabes que volveré, que recibió el Premio Internacional de Ensayo José Manuel Caballero Bonald, donde a través de tres grandes escritoras muertas en Auschwitz (Irène Némirovsky, Etty Hillesum y Gertrud Kolmar, esta última prima de Walter Benjamin) pude hablar de un tema fundamental, y desgraciadamente transversal, de muchos países de Europa, el Holocausto; en segundo lugar, en mi libro Sin tiempo para el adiós traté otro tema que me interesaba mucho y que atravesaba todos los países, no solo España, de distinta forma y con distintos orígenes: el exilio. Por otro lado, no sabría decir por cuál literatura siento más debilidad. Me guío siempre por la calidad. Y los autores excelentes van surgiendo aquí y allá, dependiendo de las épocas”.
- Ejerce también la crítica literaria, la pregunta es ¿cómo debe recibir el crítico las críticas que le hacen otros críticos a los libros que publica?, ¿cómo encaja usted los comentarios que hacen otros de sus obras?
“Yo creo que cualquier persona sensata, y también agradecida con alguien que se haya tomado la molestia en leer su libro o libros, debe recibirlo, no sé si de forma entusiasta, porque puede no estar de acuerdo, pero al menos con interés y respeto por la opinión ajena, tomando nota de lo que se le comenta, si tiene esto una perspectiva inteligente y bien fundada, claro. En general, he recibido siempre buenos comentarios. Me imagino que si son comentarios maliciosos, que no tienen nada que ver con la obra, enseguida se detectan. Con ignorarlos basta, no creo que se tengan ni que contestar.”
- ¿Es el crítico un escritor frustrado?
“Esto es un viejo lugar común que ignoro si tiene mucha base. En principio, el crítico literario escribe, por lo tanto es un escritor. Me imagino que ese cliché antiguo se refiere a “obras de creación” sobre todo: a novelas, a obras de teatro, a películas dirigidas por uno mismo si el crítico es un crítico de cine. En mi caso, no lo he sufrido nunca. Sé que no tengo una imaginación “novelesca”, para urdir ficciones, y desde siempre he escrito ensayos. Eso sí, dándoles el toque lo más “literario” posible, para que la lectura fuera fluida, ágil, y no demasiado árida, inútilmente compleja o artificialmente embrollada”.
- ¿Es necesaria la crítica?
“Creo que en cada país, en todas las épocas, ha sido una función y labor muy necesaria. En nuestros días, y refiriéndome solo a las obras escritas, no a otras artes creativas, dado el volumen cercano a lo infinito de lo que se publica en nuestro país, es necesario, en la medida de lo posible, orientar, explicar, aconsejar y separar el grano de la numerosa cantidad de paja. No siempre se acierta, pero desde luego todo el día, continuamente, siempre hay alguien que me pregunta: “¿Qué me recomiendas que me pueda leer?” Esto existirá siempre”.
- ¿Y cómo observa a los que hacen el papel de críticos en las redes sociales?, ¿no tiene la sensación que la crítica y el comentario cultural se escucha hoy más que se lee?
“Siempre que alguien comenta un libro, de forma inteligente, es de agradecer. A mí personalmente me da igual el soporte o vía en que lo lea: en redes sociales, blogs, revistas digitales, periódicos. Da igual con tal de que sea provechosa e interesante la reflexión”.
- ¿Cree que está reconocido la figura del traductor en España?
“Creo que, a diferencia de otros países donde tienen reservado un lugar siempre estelar en los libros que traducen, aquí se ha tardado mucho en reconocer el inmenso y costoso trabajo, la dificultad que entraña, traducir obras literarias. Una profesión que, por otra parte, no suele estar demasiado bien pagada. Digamos que, poco a poco, se empieza a reconocer y respetar esta importantísima profesión. Pero aún falta”.
- En cuanto a su labor como traductora, ¿traductor es igual a traidor?
“Hace mucho que no me dedico a traducir, siempre lo hice de manera ocasional y muy puntual. Del francés y del italiano. Pero sí, defiendo las traducciones creativas y no estrictamente literales. Cada lengua tiene su ritmo, su ámbito, la belleza o no de las palabras que se tiene que verter, las frases que se tienen que elaborar para resultar comprensibles”.
- ¿Recuerda el primer libro que tradujo?
“La sentencia memorable, de Leonardo Sciascia. Un autor que admiro mucho.”
- ¿En que se encuentra trabajando ahora?
“Acabo de terminar un libro que saldrá en la editorial Galaxia Gutenberg, a comienzos del año próximo. Como aún no hemos decidido el título, aún no puedo decirlo. Son diez semblanzas de mujeres que participaron activamente en la resistencia frente a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, en distintos países y con distintos orígenes políticos y sociales, y que admiro mucho por una u otra razón”
Ñ de EspaÑa
Mercedes Monmany fue una de las invitadas en la séptima edición del Festival Hispanomericano de Escritores, cita que como años anteriores se desarrolló en Los Llanos de Aridane, y que este año estuvo dedicado a España. Para la escritora este encuentro “goza de un prestigio, yo diría que internacional, muy importante” y aunque era la primera venía, le hacía “una especial ilusión. Creo desde luego que será una cita apasionante, con encuentros cada día magníficos y estupendas propuestas, para entrar en contacto con el público, para dialogar con otros escritores e intercambiar ideas, y en general para tomar el pulso a lo mejor de nuestra literatura española actual”.
Saludos, Europa, desde este lado del ordenador
