Más allá de la isla del tesoro

La isla del tesoro no es que sea una de las mejores novelas de todos los tiempos es que es, para quien firma este artículo, la mejor novela de todos los tiempos. Al menos en cuanto al género de la aventura se refiere.

Es tanto su impacto en generaciones de lectores que han sido muchos (lo mismo pasa con ese gran clásico de la novela de aventuras que es La Odisea) que han intentado proponer segundas partes y terceras si se diera el caso, claro que a todas éstas le falta la chispa de Robert L. Stevenson, un escritor inmortal. Con todo, y no siendo tiquismiquis con esta invención editorial, la de sacar continuaciones de grandes éxitos de la literatura (algo parecido nos pasa con el cine aunque no somos partidarios de las nuevas versiones, absolutamente innecesarias), solemos leer todas aquellas que nos consta que se han escrito hasta la fecha de la celebérrima novela de Stevenson así como sus imitaciones no confesas que si bien nunca llegarán a superar al original, proporcionan al menos un interesante regreso a ese universo poblado de viajes, tesoros y piratas que se conocen al dedillo los siete mares.

Ediciones Tusquets publicó en 2012 Regreso a la isla del tesoro, una novela escrita por Andrew Morton que pese a que no se trate de un clásico del género, Morton la escribió como una segunda parte de la original aunque su protagonista Jim Hawkins, es ahora dueño de una taberna que lleva el sospechoso nombre de La Hispaniola; y el mismísimo Long John Silver, regenta en una callejuela escondida de Londres un tugurio que responde al sospechoso nombre de El catalejo. Pero tanto Hawkins como Silver solo aparecen en la primera parte del libro… ¿Que cómo continúa osando publicitarte como Regreso a la isla del tesoro? Pues porque los dos protagonistas son Jim, hijo de Hawkins, y Natty, vástaga de John Long Silver, y que efectivamente embarcan rumbo a la legendaria isla donde el capitán Flint enterró su fantástico tesoro.

La novela de Morton está plagada de guiños dirigidos a los aficionados. El legendario mapa del tesoro se encuentra en las manos de Jim y Natty, que se embarcan en la Nightingale para surcar el océano en una de las mejores partes de esta vibrante aunque en ocasiones algo lenta singladura, presentando a su capitán y marineros, uno de ellos escocés que responde al también sospechoso nombre de Stevenson. Pero si tiene algún interés para los iniciados en este gran clásico de la literatura es porque Norton regresa a los mismos escenarios que describió el novelista en su novela original pero revela –una vez más– que nunca segundas partes fueron buenas.

Long John Silver. Pirata y enemigo de la humanidad (Almayer, 2025), del escritor sueco Björn Larsson, propone una versión más inteligente sin perder de vista el sentido de la aventura que caracteriza la existencia de papel del pirata más legendario de la literatura con permiso de Sandokán y del capitán Blood.

Se trata la novela de las supuestas memorias de Long John Silver, memorias que le escribe a Daniel Defoe para que la incluya en su Historia general de la piratería. El libro incluye además, varios capítulos que están dirigidos a Jim Hawkins, con el que parece que ha hecho las paces Silver desde su dorado exilio en la gigantesca isla de Madagascar, isla que como sabe todo iniciado en la piratería, sirvió de refugio para estos hombres de fortuna a ese lado siempre agitado del océano Índico. Solo le encuentro una pega a la novela que escribe el malogrado escritor sueco Björn Larsson, y es que le sobran un puñado de páginas en su tramo final aunque previamente todo aficionado a las aventura marineras disfrutará no solo con el profundo conocimiento que tenía el escritor sobre los forajidos de los siete males, sino también de la novela del mismo Stevenson como de mi también reverenciado Daniel Defoe, ocupado en preparar su conocida Historia general de los piratas y a quien retrata de una manera bastante graciosa, lo que hace más humano al autor de Robinson Crusoe, Capitán Jack y Moll Flanders, entre otras novelas.

El libro se plantea como unas memorias en las que un ya retirado Long John Silver (el de las manos inmaculadas) repasa su vida sin perder en ningún momento la perspectiva. Estamos en el año de gracia de 1742, y en su refugio en la isla de Madagascar, Silver cuenta el relato de su existencia con humor, incluso cuando se nos pone violento. Si Stevenson elevó a la categoría de inmortal al celebrado pirata, Larsson lo que hace es echar un poco más de leña al fuego para que su leyenda continúe. Y cómo, aunque exija por parte del lector un conocimiento mediano de la novela en la que nació, La isla del tesoro. El relato comienza narrando sus orígenes humildes hasta su transformación en uno de los piratas más temidos.

Astuto y contradictorio, en estas memorias ficticias habla de sus viajes, de cómo llegó a navegar en un barco negrero (donde acaba compartiendo espacio (muy estrecho) con los esclavos que lleva a bordo cuando el capitán del navío descubre a tiempo una revuelta que prepara Silver con estos hombres y mujeres que han sido arrebatados por la fuerza de territorio africano, y en donde conoceremos al amor de su vida. También, de cómo llegó a perder una de sus piernas, y del por qué conservó unas manos inmaculadas incluso cuando le llega la hora de la muerte y, finalmente, el momento en el que conoció al capitán Flint que, como sabrán los aficionados a La isla del tesoro, es el pirata que escondió precisamente su tesoro en esa isla que unos atribuyen es la de la Juventud o Isla de Pinos, como se conocía antes del triunfo de la revolución cubana.

Como aficionado a La isla del tesoro, Long John Silver es una lectura deliciosa, poblada de referentes y guiños al iniciado. Pero también se trata de una reflexión que no ha perdido, ni perderá, sentido en estos tiempos tan idiotizados en los que vivimos: cómo llegar a ser libre.

También con el nombre del pirata de la pata de palo, Long John Silver (Norma Editorial, 2013) el equipo formado por los guionistas Mathieu Laufray y Xavier Dorison según una idea y tratamiento original de este último, y dibujos y color de Mathieu Laufray, lanzaron a navegar de nuevo a este hermano de la costa en una fascinante novela gráfica donde la presencia de su protagonista resulta ser casi absoluta en cada una de las viñetas en las que se estructura este cómic de aventuras que lleva hasta el río Amazonas a Silver en compañía de una mujer que de damisela no tiene nada y que se acerca más al universo femenino de Howard Hawks, ya que es capaz de mirar a la cara al rey de los piratas literarios, ese Long John Silver que es un villano, sí, pero qué villano. Se trata de un mal hombre, si así lo quieren ver, pero de un mal hombre con un corazón honrado. Y con las ideas muy claras de lo que suponía firmar el contrato que te convertía en un hermano de la costa.

En mi poder obra la edición integral de esta novela gráfica que si bien delira al final, añadiendo un tufillo de deidades lovecraftianas fuera de lugar, está llamado a convertirse en un clásico. El álbum incluye como remate un dossier que explora las entrañas de esta extraña aventura al mostrar esbozos de los protagonista de la historia, como el legendario Silver, la bellísima Lady Hastings e interpretaciones que otros ilustradores como Enrico Marini, Juanjo Guarnido y Pierre Akary, entre otros, dibujaron de un personaje que hace ya mucho, mucho tiempo trascendió las páginas de la novela para pertenecer a todos los lectores.
Sí quieren leer y tararear al mismo tiempo: “Quince hombres sobre el cofre del muerto. Ron, ron, ron, la botella de ron. La bebida y el diablo hicieron el resto. Ron, ron, ron, la botella de ron”, atrévanse y viajen a la isla de los sueños, la isla del tesoro.

JOHN LONG SILVER, EN EL CINE

Es una pregunta difícil aunque quien les escribe, y quizá porque lo descubrió siendo un niño, el actor que más se aproximó al viejo Long John Silver es el que interpretó Orson Welles en una versión, la de 1972, que contó con numerosos directores (John Hough, Andrea Bianchi, Anthony M. Dawson o Antonio Marghereti en casa) y de un resultado final que recuerdo con emoción. Otro Long John Silver que permanece aún fresco en mi imaginario es el que encarnó Wallace Berry en una de las primeras versiones cinematográficas de La isla del tesoro (Victor Fleming, 1934), pero también está la versión con Charlton Heston como Long John Silver, que dirigió el hijo del actor Fraser Clarke Heston en 1990. Otro L..J. Silver fue el que interpretó Robert Newton en la película que el sólido Byron Haskin dirigió para la Disney en 1950 aunque el pirata también cuenta con una divertida adaptación de los Teleñecos en las que Tim Curry hace de Long John Silver.

Saludos, no corta el mar sino vuela, desde este lado del ordenador

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