Nada reseñable, una novela de Jonás Vega Morera

Nos ha sorprendido la lectura de Nada reseñable (Ediciones Atlantis, 2026), del escritor grancanario Jonás Vega Morera porque no nos esperábamos encontrar con una novela que sí que es reseñable. Un libro que condensa en muy pocas páginas –no araña las trescientas– cuestiones tan serias como el oficio de escribir pero de escribir para otros. En España se conoce a este gremio como negros, que son todos aquellos que escriben libros que firman otros.

La existencia de negros no es nueva, y entre los escritores que recurrieron a ellos se encuentra un gigante: Alejandro Dumas si miramos al pasado sin ira. Actualmente y en España se conoce que presentadores de televisión y políticos que han dejado de ejercer o no…., contratan también los servicios de escritores fantasmas para que escriban libros que, una vez publicados, no contarán con el nombre del “negro” en portada sino el del famoso de turno que promociona en los medios de comunicación que se lo trabajó semanas e incluso meses. Lo que no dice es que el trabajo sucio, el de pasar horas interminables frente a la pantalla del ordenador lo hizo, efectivamente, otra persona.

Sobre este mercado habla Nada reseñable pero también, y he aquí para mi lo más interesante de esta novela, cuando el proceso de creación se hace con intenciones mercenarias como si no.

La historia comienza con cierto aroma de novela negra, cuando Fran, el protagonista y escritor fantasma aunque también imparte clases por las tardes, lo reclama la editorial en la que trabaja para que firme un jugoso contrato: ejercer de negro de Marcelo Durán, un político que fue ministro de Hacienda que cayó en desgracia tras ser acusado de abusos de menores.

El primer contacto que mantiene el escritor con el expolitíco resulta muy interesante aunque pronto conocerá el lector que Durán no es trigo limpio. Que como lector conozcamos que efectivamente es mala persona es un error de cálculo literario que leyendo la novela se termina por perdonar a Jonás Vega Morera ya que lo que importa no es que el expolítico sea un hombre envenenado por la fiebre del poder y por sus deseos más corruptos, sino también por el proceso de cambio que sufre Fran. El personaje evoluciona ya que además de encontrarse al final de la cincuentena, vive solo aunque los fines de semana los comparte con su pareja, sale a correr y tiene un perro para no estar solo. Estos elementos cotidianos marcan la existencia de un escritor asalariado, autor de historias que escribe para que las firmen otros.

No hay, sin embargo, una crítica despiadada a quien consiente en prestar su oficio para otros. Bien mirado y más en una sociedad como la nuestra, es de lo más lógico. El problema comienza cuando se da cuenta que está cansado de que las alabanzas o las quejas más encendidas que reciben los trabajos que escribe por contrato recaigan, precisamente, en otros. Es decir, el negro sigue siendo negro, un fantasma como lo denominan los anglosajones y término que, particularmente, me parece más adecuado para los que ejercen este oficio.

La novela está escrita sin grandes alardes de estilo aunque llegando al tramo final sí que mezcla realidad y sueños en una sucesión de momentos que sin despistar al lector nos hace conocer un poco más en profundidad el pasado de Fran, que no mantiene una relación sana con su padre pero sí con su madre y la familia de ésta. De hecho, uno de los capítulos más hermosos y vibrantes de Nada reseñable es aquel en el que el protagonista recuerda como era pasar las vacaciones en el pueblo de su abuela, donde su tío dirige una funeraria y enseña a su sobrino a arreglar los cadáveres. Puede resultar escrito así muy morboso, pero nada más alejado de la realidad porque este momento está descrito con tanto cariño que lo que pudiera parecer retorcido adquiere mucha luz y es un segmento clave para entender por dentro la tormenta que se desata en el corazón y en el espíritu de su protagonista. Además, es muy creíble la relación que Jonás Vera recrea de Fran con su abuela y su tío. La liberación que supone para ese joven que aún no tiene demasiado clara su identidad y la formación que como persona atraviesa, residir las vacaciones en un pueblo donde los suyos simplemente lo quieren por lo que es.

El escritor grancanario propone en Nada reseñable –una novela que no tiene nada que ver con El poder en la sombra, del británico Robert Harris, y en la que también aparecía un escritor fantasma que contrataba un político para que escribiera sus memorias, y que se trataba más de un thriller que dio origen a una atractiva película dirigida por Roman Polanski– una reflexión sobre el arte de escribir y todo ese pequeño mundo de miserias que orbita a su alrededor. Entiendo que por ello sería una gran injusticia que un libro con tantas lecturas “desapareciera” de las mesas de novedades entre otros títulos que las abarrotan y que por norma general no valen demasiado.

La novela aproxima al lector al proceso de creación literaria y al mundo editorial español, al que critica y denuncia sus falsedades y el oportunismo que lo caracteriza. También lo difícil que resulta ser uno mismo en una jungla repleta de depredadores, la mayoría de ellos “profesionales” que se encuentran alrededor del escritor/a que es, al final de todo el proceso, el que menos ganará una vez publicada la obra. Las trampas del mercado editorial, que no toma en cuenta que sin autores/as no existiría como tal. En cuanto a qué juega el escritor fantasma en todo este proceso, aunque más que proceso me atrevería a definirlo como juego entre las sombras, reflexiona Jonás Vega con atinado espíritu crítico. Con la sabiduría de quien conoce las reglas del juego.

Nada reseñable conmueve y hace reír a ratos. Esas cosas que no esperaba descubrir en la novela de un autor que desconocía y que ha terminado por atraparme y hacerme reflexionar.

Saludos, millones de gracias, desde este lado del ordenador

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