Tras el rastro de nuestro Rastro

Siempre me han gustado los rastros, que son algo así como grandes supermercados de la ocasión al aire libre. Tiene algo de moro esto de los rastros. Algo de zoco árabe. Si  usted es una persona viajada y ha estado en algún país que inspirtó Las mil y una noches sabrá más o menos lo que digo. Entre las experiencias más fascinantes de mi vida están aquellas en las que he tenido la oportunidad de sumergirme en los bazares de Estambul, El Cairo, Ammán, Damasco y Túnez. Experiencia lisérgica, en la que me he dejado arrastrar por la mezcla de olores, colores y sensaciones. Los rastros que he visitado en la península (y es algo que hago habitualmente cuando recalo en cualquier localidad de este país) no tienen el look de los árabes pero sí que mantienen algo de su desorden. Es decir, que no hay cosa que más me guste de un rastro que lo que tiene de anárquico y por lo tanto de desacralizador con el objeto consumista. Porque de esto se trata en estos grandes almacenes de los cachivaches usados.

Además, siempre he pensado que un objeto usado conserva algo de la vida de su anterior dueño. En este sentido, y con los libros que he ido recopilando gracias a los rastros que he pateado con la misma devoción de un  peregrino, creo que el perfume de su anterior propietario todavía se respira entre las páginas del volumen cuarteado. Y se percibe ese aroma al tropezarte con una frase subrayada a lápiz (nunca bolígrafo, por favor) o unas fotografías que aparecen abandonadas en la novela de tapas arrugadas y en las que encuentras, como por casualidad, unos rostros desconocidos con una ancha y satisfecha sonrisa en los labios.

Así, de repente, toda esta reflexión me la ha suscitado la noticia de que los vendedores del Rastro de Santa Cruz de Tenerife se oponen a irse a la avenida de San Sebastián porque dispersaría su oferta de alternativas, ya que los vecinos donde está instalado en la actualidad, la avenida de Ángel Guimerá, están hartos del caos que se organiza todos los domingos bajo sus viviendas.

Entiendo a los vecinos de Ángel Guimerá como entenderé a los vecinos de San Sebastián si se produce el traslado del Rastro, así que me parecería inteligente que los responsables del Ayuntamiento santacrucero se rompieran la cabeza para buscar otros espacios para no incomodar a la ciudadanía.

La Meca de los rastros españoles es, qué duca cabe, el de Madrid, localizado en uno de los barrios con más solera de la capital de España, como es el de Lavapiés y aledaños. En Madrid, el iniciado en bucear por sus callejuelas encuentra áreas muy definidas donde adquirir ropa usada, libros usados, cacharros usados y lo que haga falta. Además, como es una zona de bares, entre compra y compra de lo que sea puedes tomarte un pincho con una caña con los amigos, lo que convierte a este rastro en algo tan especial y único de cuantos he recorrido.

Así que merece la pena perder toda una mañana subiendo y bajando callejuelas en este gran zoco madrileño porque sólo en una ciudad tan extraña y atípica como Madrid, rompeolas de todas las España, se puede encontrar uno con un rastro de estas características.

Entiendo que imitarlo en Santa Cruz de Tenerife resultaría bastante difícil, sobre todo porque en esta provincia tenemos la manía de cuestionar todo lo que huele a lúdico salvo el Carnaval. Yo creo que este prejuicio ha sido determinante a la hora de marcar nuestro carácter como personas, reduciendo si cabe aún más nuestra visión del mundo. Por mucho que me aseguren, desde instancias superiores, que Canarias es tierra cosmopolita. Eso sería antes, porque ahora…

Pase lo que pase con la ubicación del Rastro de (y no en) Santa Cruz de Tenerife animo a quien sea (la autoridad competente, como dirían en una película de Berlanga de los años 50) a que ubiquen sus puestos en un espacio que dé vida a esta ciudad en estado catatónico, sobre todo los domingos y fiestas de guardar.

La idea es que el Rastro encuentra su sitio en una ciudad como Santa Cruz de Tenerife. Sobre todo porque con el paso de los años ha ido adquiriendo cierta identidad como rastro. Su estilo, en ocasiones deliciosamente caótico, pero esta es una de sus señas.

No creo que por esto afecte tanto su cambio de ubicación, aunque para que cale en la sociedad santacrucera necesita de un lugar que no esté sometido a los vaivenes de la vecindad. El Rastro no debe morir, como tampoco debe morir el cine Víctor, ni el teatro Guimerá…aunque tal y como están hoy los políticos con su campaña de ¡¡¡más madera, es la crisis!!! no sé que decirles yo del futuro de mi bendita tierra guanche.

No Responses to “Tras el rastro de nuestro Rastro”

  1. Fernando Says:

    A mi me encanta el Rastro. Voy casi todos los domingos. Es un ejercicio muy sano.

  2. Akrat Says:

    Recuerdo que el rastro estaba en ese lugar muchos años antes de que llegaran los vecinos. Lo que no se dice es que, a los vecinos les engañó la constructora diciendoles que tenían una promesa del alcalde del momento de que, se llevaría el rastro a otra parte, esto sin contar con los vendedores. Como vieron que no era verdad, cogieron la pataleta y empezaron a atacar a los vendedores que, no teniamos culpa.
    Otro tema es el de las molestias a los vecinos. Yo he subido a un piso un domingo, en pleno rastro y no se oyen ruidos ningunos porque, TIENEN VENTANAS INSONORIZADAS. En cuanto a la basura, reconozco que hay unos vendedores que son unos guarros, pero para eso estan las autoridades y por mucho que se ha llamado la atención no se hace caso y más cuando nunca se ha multado a nadie.
    Diganme en que cosa han cedido los vecinos, por cierto una minoría, en su supuesto dialogo con el rastro. Hemos desalojado trozos de calles, se han trasladado a los vendedores sin puesto a otras calles. Se ha impuesto un horario de comienzo para no hacerlo muy temprano.
    A cambio, y para ” dialogar “, los vecinos nos han insultado continuamente al pasar por los puestos, nos han arrojado objetos desde los balcones, se ha llamado a la policía contínuamente con denuncias falsas. Han puesto a orinar sus perros encima de nuestros toldos para provocar, etc..
    Esto solo es una lucha caprichosa de gente que se consideran de una calidad superior a los demás, por cierto, siempre dirigidos por GODOS FANTASMAS.

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