¿Quién vigila a los culpables?

watchmen_smiley.gif

Hay películas que esperas a una edad con la misma emoción de cuando eras un joven insolente. La juventud se pierde con el paso de los años (qué me lo digan a mí) pero la insolencia aprendes a controlarla aunque de tanto en tanto se te escape un ramalazo, una salida de tono con la que al final convives porque entiendes que forma parte de tu carácter. El problema, sin embargo, brota cuando ves esas películas que alimentan las emociones de tus sueños más juveniles y cuasi adolescentes y terminas por darte cuenta que el cine suele traicionar casi todo lo que toca cuando lo lleva a la pantalla. Esta especie de frustración por no haber sabido llevarme a las mismas emociones que sentí (y que siento todavía cuando leo el tebeo) fue la que me encadenó al contemplar la anunciadísima Watchmen en una de esas multisalas que huelen a cotufas industriales y a refrescos de cola.

De todas formas qué iba a esperar de Zack Snyder, un cineasta que parecía tan prometedor con el todavía epatante remake de El amanecer de los muertos y tan poco imaginativo con su excesiva (bien es cierto que el cómic que la inspira es igual de excesivo) 300.

No es Watchmen la película una adaptación que le rinda justicia al colorín que hace tantos años cayó en mis manos. Tiempos de estudiante donde aún podías creerte el rey del mundo.

La historia original de Alan Moore sí fue, sin embargo, de esas que me llegaron a la cabeza y al corazón. De las que te marcan de una manera sobrecogedora y te agitan por el cuello gritándote que el cómic merece ocupar el noveno puesto de la lista de las artes que hacen nuestra existencia un poco más feliz. O interesante. Porque te hace pensar en lo pequeño que somos y en lo grande que somos.

Veo la película, ya digo, en una de esas multisalas repleta de público devorador de golosinas y cotufas. Bebedores de refrescos y con la manía de dejar el móvil encendido. De los que se no se cortan un pelo en hablar como si estuvieran en el salón de su casa, y pese a que soy partidario de este circo en ocasiones, porque siempre tengo la vana esperanza de que la película que se proyecte congele diálogos en la sala y el crunch, crunch de las papas fritas al ser masticadas, me doy cuenta que la versión de Snyder es tan irregular, asquerosamente trascendente, que entiendo al señor Moore que mande a paseo a todos los cineastas del mundo que se empeñan en traicionar el espíritu de sus obras en pantalla.

Watchmen, el filme, es un ladrillazo con todas sus letras. Y eso pese a que calca plano por plano los dibujos de Dave Gibbons. Pero no llega, no cuela, no se te mete en las entrañas, no sabe despertar el colocón que disfruté cuando me leí el tebeo (los doce números originales que publicó en su día Zinco, ya amarillentos y carcas). Y me digo,  no pongan sus sucias manos en nuestros sueños. No me lo mastiquen con la boca abierta como el espectador despistado en la sala. No me borren el asombro que sentí cuando bebía (literalmente) cada cuaderno. Y no cuando era joven e inocente, sino también viejo y cascarrabias. No me hagan esto con un clásico.

Por Dios, tened un poco de respeto por las únicas cosas buenas que nos alegran esta existencia condenada a la cola del INEM. Dejen que sea feliz con lo que me hizo feliz. No quiero traductores que traicionen mis sueños.

Que alguien vigile a los culpables.

No más comediantes.

Dejad a los clásicos vivir en paz.

Saludos sin máscaras a este lado del ordenador.

No Responses to “¿Quién vigila a los culpables?”

  1. Eve Harrington Says:

    Siempre me he preguntado qué lleva a alguien a creerse con la capacidad de mejorar algo que ya de por sí es una obra maestra. ¿Es eso arrogancia o absoluta estupidez? ¿O ambas cosas?

  2. editorescobillon Says:

    Ambas cosas.

Escribe una respuesta